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EL
EXISTENCIALISMO COMO CORRIENTE FILOSÓFICA Y SUS PRINCIPALES
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Valmis Martínez Aragón
Ada
Mercedes Peña González
Dr. Francisco J. Blardoni Folas
INTRODUCCION
En
este trabajo abordaremos el tema del Existencialismo como corriente filosófica
contemporánea de los siglos XIX y XX, aunque se pueden encontrar elementos
existencialistas en el pensamiento (y vida) de Sócrates, en la Biblia y en la
obra de muchos filósofos y escritores anteriores a la edad contemporánea. El
existencialismo en la filosofía constituye una corriente del pensamiento
moderno, movimiento filosófico que resalta el papel crucial de la existencia, de
la libertad y de la elección individual. El término existencialismo se ha
oscurecido y disuelto en una pluralidad de sentidos vagos y difusos debido al
abuso que se ha ejercido sobre él.
Como movimiento filosófico, el
existencialismo era poco sistemático y muy heterogéneo, y se desarrolló en
Europa, primero en Alemania y luego en Francia, a consecuencia de la tremenda
crisis provocadas por las dos guerras mundiales, en una Europa desgarrada por
las luchas entre intereses encontrados, donde el hombre se sentía amenazado en
su individualidad, en su realidad concreta. El mundo dejó de ser un lugar
apacible y el proyecto ilustrado de una humanidad que conquistaría la justicia y
el bienestar social con la sola fuerza de su razón, fracasó por completo ya que
ni siquiera la ciencia o la técnica se mostraban útiles para mejorar el mundo.
El hombre convertía todos los saberes en instrumentos de dominio y devastación,
los existencialistas se sintieron arrojados a un mundo que ya no ofrecía
seguridades, sino catástrofes. De ahí su énfasis en la fundamental soledad del
individuo, en la imposibilidad de encontrar la verdad por medio de una decisión
intelectual, y en el carácter irremediablemente personal y subjetivo de la vida
humana. Los temas sobre los que reflexiona el filósofo existencialista se mueven
alrededor del hombre y de la realidad humana (hombre, libertad, realidad
individual, existencia cotidiana)
Algunos filósofos existencialistas
hallaron en la literatura el camino idóneo para transmitir su pensamiento. Así,
el existencialismo ha sido un movimiento tan vital y amplio en literatura como
en filosofía. El novelista ruso del siglo XIX Fiódor Dostoievski es quizá el
mayor representante de la literatura existencialista. En Memorias del subsuelo
(1864), el enajenado antihéroe está enfadado ante las pretensiones optimistas
del humanismo racionalista. La idea de la naturaleza humana que surge en esta y
en otras novelas de Dostoievski consiste en que es imprevisible, perversa y
autodestructiva; sólo el amor cristiano puede salvar a la humanidad de sí misma,
pero ese amor no puede ser entendido desde la sensibilidad filosófica. Como dice
el personaje de Aliosha en Los hermanos Karamazov (1879-1880): “tenemos que amar
la vida más que el significado de la misma”.
En el siglo XX, las novelas
del escritor checo Franz Kafka, como El proceso (1925), El castillo (1926) y
América (1927), presentan hombres aislados y enfrentados a burocracias inmensas,
laberínticas y genocidas; los temas de Kafka de la angustia, la culpa y la
soledad reflejan la influencia de Kierkegaard, Dostoievski y Nietzsche. También
se puede apreciar la influencia de Nietzsche en las novelas del escritor francés
André Malraux y en las obras de teatro de Sartre. Los escritos de Albert Camus
están asociados a este movimiento debido a la importancia que en ellos tienen
temas como el absurdo y la futilidad de la existencia, la indiferencia del
Universo y la necesidad del compromiso en una causa justa. También se reflejan
conflictos existencialistas en el teatro del absurdo, sobre todo en las obras de
Samuel Beckett y Eugène Ionesco. En Estados Unidos, la influencia del
existencialismo en la literatura ha sido más indirecta y difusa, pero se pueden
encontrar trazas del pensamiento de Kierkegaard en las novelas de Walker Percy y
John Updike, y temas existencialistas en las obra de escritores como Norman
Mailer, John Barth y Arthur Miller.
En el ámbito español y
latinoamericano el existencialismo ha ejercido una gran influencia y, bajo la
inspiración de Heidegger y Sartre, ha planteado propuestas originales.
Especialmente en América Latina, donde la filosofía existencial se unió a la
búsqueda de una filosofía propiamente latinoamericana.
Existen dos corrientes
existencialistas una de ellas es el existencialismo italiano mantenida por el
mismo Abbagnano y la otra es la corriente de existencialismo
marxista.
DESARROLLO
No es posible dar una definición precisa
del existencialismo, pues no existe un existencialismo único, pero este siempre
reconoce la incertidumbre y el peligro, el cual es propio del hombre y este es
su punto de partida, sí pueden presentarse una serie de rasgos que ayuden a
describir el talante y el espíritu de ese movimiento filosófico.
El
existencialismo marxista trata de introducir la exigencia social del marxismo en
el existencialismo, el padre o fundador de esta corriente existencialista fue
Kierkegaard, que se vincula de forma remota con Marx en el momento de la
disolución del hegelianismo, ambos afirmaban la realidad finita del hombre
contra la reducción de este a la infinitud de la razón. Todos los
existencialistas han seguido a Kierkegaard al resaltar la importancia de la
acción individual apasionada al decidir sobre la moral y la verdad. Han
insistido, por tanto, en que la experiencia personal y la actuación según las
propias convicciones constituyen los factores esenciales para llegar a la
verdad. Así, la comprensión de una situación por parte de alguien que está
comprometido en esa situación es más elevada que la del observador indiferente,
objetivo. A pesar de su posición antirracionalista de partida, no se puede decir
que los existencialistas fueran irracionales en el sentido de negar toda validez
al pensamiento racional. Han mantenido que la claridad racional es deseable allí
donde sea posible, pero que las materias más importantes de la vida no son
accesibles a la razón o a la ciencia. Además, han sostenido que incluso la
ciencia no es tan racional como se supone.
Contra el concepto de
ineluctable necesidad de G. W. F. Hegel -la libertad es la conciencia de la
necesidad, afirmaría este filósofo-, el danés Kierkegaard, profundamente
religioso y considerado como el padre y fundador del existencialismo moderno,
opuso la interpretación de la existencia en términos de las formas de
existencialismo, la proyección del futuro sobre la base de las posibilidades que
constituyen, y reaccionó contra el idealismo absoluto y sistemático de Friedrich
Hegel, que afirmó haber encontrado un entendimiento racional total de la
humanidad y de la historia. Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad
y lo absurdo de la situación humana. La respuesta individual a esta situación
tiene que ser vivir una existencia comprometida por completo, y este compromiso
sólo puede ser entendido por el individuo que lo asume. El individuo, por lo
tanto, tiene que estar siempre dispuesto para desafiar las normas de la sociedad
en nombre de la mayor autoridad de un tipo de vida auténtica en el orden
personal. Kierkegaard abogó por un “cambio de fe” en el modo de vida cristiano
que, aunque incomprensible y lleno de riesgos, era el único compromiso que,
según creía, podía salvar al individuo de la desesperación.
El
existencialismo introduce la vivencia personal en la reflexión filosófica.
Frente a la tradición de que el filósofo debe establecer cierta distancia entre
él mismo como sujeto pensante y el objeto que considera, el existencialista se
sumerge apasionadamente en lo que contempla, hasta el punto de que su filosofía
puede llegar a ser fundamentalmente una filosofía autobiográfica. Kierkegaard
mantenía que es crucial para el espíritu reconocer que uno tiene miedo no sólo
de objetos específicos sino también un sentimiento de aprehensión general, que
llamó “temor”. Lo interpretó como la forma que tenía Dios de pedir a cada
individuo un compromiso para adoptar un tipo de vida personal válido
Tal
vez el tema más destacado en la filosofía existencialista es el de la elección.
La primera característica del ser humano, según la mayoría de los
existencialistas, es la libertad para elegir. Mantienen que los seres humanos no
tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros animales o
plantas; cada ser humano hace elecciones que conforman su propia
naturaleza.
Según Los existencialistas han expuesto que, como los
individuos son libres de escoger su propio camino, tienen que aceptar el riesgo
y la responsabilidad de seguir su compromiso dondequiera que éste les
lleve.
Heidegger, al igual que Kierkegaard, reaccionó contra el intento
de fundamentar la filosofía sobre una base conclusiva racionalista, en este caso
la fenomenología del filósofo alemán Edmund Husserl. Heidegger, autor de una de
las obras más representativas del existencialismo, El ser y el tiempo (1927),
afirmó que la humanidad se encuentra en un mundo incomprensible e indiferente.
Los seres humanos no pueden esperar comprender por qué están aquí; en su lugar,
cada individuo ha de elegir una meta y seguirla con apasionada convicción,
consciente de la certidumbre de la muerte y del sinsentido último de la vida
propia. Heidegger contribuyó al pensamiento existencialista al poner el énfasis
en el ser y la ontología tanto como en el lenguaje. Heidegger es el filósofo que
parece más alejado de esta perspectiva, que para él el problema fundamental de
la filosofía es el ontológico, es decir, el problema del ser, y, por tanto, el
problema del hombre queda subordinado a aquel problema. Sin embargo, el ser-ahí,
el ente que es el hombre, se sitúa en un lugar preferente en toda pregunta sobre
el ser. . Para Heidegger, la muerte es la última posibilidad del hombre, la
angustia posee un papel decisivo y similar en las obras del filósofo alemán
Martin Heidegger; la angustia lleva a la confrontación del individuo con la nada
y con la imposibilidad de encontrar una justificación última para la elección
que la persona tiene que hacer.
Sartre, que utilizó el término
existencialismo para definir y calificar su propia filosofía, se convirtió en el
gran difusor del movimiento a escala internacional una vez finalizada la II
Guerra Mundial. El pensamiento de Sartre, impregnado de ateísmo y pesimismo de
una forma explícita, argumentaba que los seres humanos necesitan una base
racional para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, su
existencia es “pasión inútil”. No obstante, insistió en que el existencialismo
es una forma de humanismo y resaltó la libertad, la elección y la
responsabilidad humana. Con gran refinamiento literario, intentó reconciliar
esos conceptos existencialistas con un análisis marxista de la sociedad y de la
historia. Sartre fue autor de otra de las obras claves en la historia del
existencialismo, El ser y la nada (1943). En la filosofía de Sartre, la palabra
“náusea” se utiliza para el reconocimiento que realiza el individuo de la
contingencia del Universo, y el término “angustia” para el reconocimiento de la
libertad total de elección a la que hace frente el hombre en cada momento. La
formulación del filósofo francés Jean-Paul Sartre, la existencia precede a la
esencia. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia humana y es
ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de
elección conlleva compromiso y responsabilidad. Las posibilidades que se ofrecen
a la elección existencial son infinitas y equivalentes, y, por tanto, la
elección entre ellas resulta indiferente las posibilidades que se ofrecen a la
elección existencial son infinitas y equivalentes, y, por tanto, la elección
entre ellas resulta indiferente. El hombre no es para los existencialistas un
mero objeto. El hombre es un sujeto-en-el-mundo y abierto al mundo. En términos
sartrianos, el hombre se crea a sí mismo, para Sartre, el fin de todas las
posibilidades; para todos los existencialistas, la suprema realidad
trascendente. El ser-para-la-muerte es el verdadero destino y objetivo de la
existencia humana. Las obras filosóficas de Sartre conjugan la fenomenología del
filósofo alemán Edmundo Husserl, la metafísica de los filósofos alemanes Hegel y
Heidegger, y la teoría social de Karl Marx en una visión única llamada
existencialismo. Este enfoque, que relaciona la teoría filosófica con la vida,
la literatura, la psicología y la acción política suscitó un amplio interés
popular que hizo del existencialismo un movimiento mundial.
Con la
filosofía de Sartre se produce un cierto retorno a la concepción del sujeto como
centro de significaciones. Pero le da a esta teoría del sujeto una inflexión
diferente.
Para hacer una introducción de su obra filosófica es
necesaria distinguir distintas etapas en su producción. Una primera etapa tendrá
que ver con la elaboración de una teoría de la conciencia humana, en donde se
inscriben textos como: La trascendencia del ego y sus ensayos La imaginación, Lo
imaginario y Esbozo de una teoría fenomenológica de las emociones. La segunda
etapa está marcada por su obra capital: El Ser y La Nada.
En la última
época hay un intento de establecer las bases de una antropología materialista,
tomando como dirección al pensamiento marxista y su obra más importante será: La
Crítica de la Razón Dialéctica. El tema central en la obra de Sartre será el
existencialismo o la realidad humana, es decir el hombre en su existencia
concreta y lo llama, siguiendo a Heidegger, el hombre como ser en el mundo.
Sartre, concibe a la existencia humana como existencia consciente. El ser del
hombre se distingue del ser de la cosa por ser consciente. La existencia humana
es un fenómeno subjetivo, en el sentido de que es conciencia del mundo y
conciencia de sí; en este punto se diferencia de Heidegger, quien deja fuera de
juego a la conciencia. Sartre aborda su teoría de la conciencia y que le asegura
el concepto de unidad de conciencia, desde la fenomenología de Husserl. La
fenomenología le servirá como método para elaborar una teoría de la conciencia,
que le permita comprender la existencia humana y el concepto teórico, el fin es
el de intencionalidad de la conciencia. Sartre agrega que el mundo es exterior,
por esencia, a la conciencia pero a su vez la conciencia y el mundo se dan al
mismo tiempo. Sin embargo se diferenciará de Husserl, en la existencia de un yo
unificador de la conciencia, que proponía este último. Sartre decía: La
conciencia se unifica escapándose hacia el objeto. No es necesario este yo. Es
decir que la unidad de la conciencia reside en el objeto hacia el cual se dirige
la conciencia. Este admite que en la reflexión, cuando la conciencia se vuelve
sobre sus propios actos, ocurre porque el yo es producido por la propia actitud
reflexiva de la conciencia. De la intencionalidad de la conciencia deriva en la
ontología, debido a que el ser de la conciencia indica un ser distinta a
ella.
En su segunda etapa, más precisamente en El Ser y La Nada,
distingue dos regiones del ser, que denomina: Ser para sí y Ser en sí
apareciendo el ser del existente humano en términos de nada. La nada es el ser
propio de la existencia humana como conciencia, siendo esta nada negación. El
ser para sí es el propio ser de la conciencia o subjetividad. La existencia de
la conciencia es anterior a ser conocida, no tiene nada sustancial, porque solo
existe en este aparecerse a sí mismo. El para sí define al hombre en su proyecto
original, por sus deseos. El ser en sí, es el ser del mundo, de los objetos, en
tanto existe con independencia de la conciencia. Es el ser de la objetividad,
trascendente a la conciencia. El ser en sí es el ser que es, es una totalidad y
el ser para sí es el ser que no es, es una pura nada, es negatividad. El sujeto
es un para sí que nihiliza el en sí. El sujeto es deseo de ser (porque es pura
nada), quiere ser algo que lo defina por su ser; por lo tanto es deseo de ser un
en sí, esto sería lograr la totalidad, es decir ser Dios, cosa que es imposible.
Simplemente nos encontramos existiendo, y entonces tenemos que decidir que hemos
de hacer con nosotros mismos. Como no hemos sido creados para hacer nada en
concreto, ni para realizar ningún fin, cada hombre deberá buscarse un fin
propio, válido solamente para él y realizar su proyecto particular, que tiene un
valor meramente subjetivo. Pero por el solo hecho de tener el deseo de ser, se
es libre; el sujeto elige libremente cualquier camino para definir ese proyecto
original que es el deseo de ser. El hombre está condenado a ser libre, pero
también se crea libremente los condicionamientos y los obstáculos cuando los
proyectos previamente trazados son erróneos. De la libertad derivan varias
implicaciones, de alguna manera la libertad resulta incómoda, debido a que hay
que saber que hacer con ella, por lo tanto será la causa de una gran angustia.
El existencialismo no cree en normas generales válidas para todos, no tiene un
sentido de referencia o sea que el hombre bajo su responsabilidad debe crear sus
propias normas. Cuando realiza una elección, tiene inseguridad si es buena o
mala, por lo tanto va acompañada de angustia. Puede suceder que ante este miedo
a la angustia que produce una elección, tratan de engañarse a sí mismo
depositando la responsabilidad sobre algo ajeno, ya sea Dios, el ambiente o la
herencia; a esto Sartre lo denomina la mala fe y propone la autenticidad como
guía de conducta y consiste en aceptar a la libertad, la angustia y la
responsabilidad. Pero Sartre irá más allá, diciendo que el hombre es un ser
absurdo ya que ni el nacer ni el morir tienen sentido. El absurdo de la
existencia produce el sentimiento de náusea, sentimiento que se experimenta
hacia lo real cuando el hombre toma conciencia de que es absurdo. A partir de
1949, Sartre intenta revisar el pensamiento marxista enriqueciéndolo con su
filosofía existencialista, comenzando la tercera etapa de su producción. En
Crítica de la razón dialéctica (1960), representa un gran esfuerzo para alcanzar
la síntesis de las dos concepciones. Hay un pasaje del protagonismo del para sí
al protagonismo que asume el movimiento dialéctico de la historia y la acción
concertada del grupo para trascender una determinada situación
política.
El pensamiento filosófico de Sartre, quien fue, sin duda, un
fenómeno intelectual que marcó a una generación, pero hablar de Sartre es
también hablar del escritor, que a través de sus obras literarias transmitió su
pensamiento filosófico con real maestría, convirtiéndolo en uno de los
escritores contemporáneos más importantes de Francia.
A pesar de que el
pensamiento existencialista engloba el ateísmo absoluto de Nietzsche y Sartre y
el agnosticismo de Heidegger, su origen en las meditaciones religiosas de Pascal
y Kierkegaard hizo presagiar su gran influencia en la teología del siglo XX. El
filósofo alemán Karl Jaspers, aunque rechazó las doctrinas religiosas ortodoxas,
influyó en la teología moderna con su preocupación por la trascendencia y los
límites de la experiencia humana. Jaspers, plantea que las posibilidades
existenciales, en tanto que tienen su anclaje en el pasado, de modo que sólo lo
que ya ha sido elegido puede ser elegido
Los temas fundamentales del
existencialismo
1. Definición de la existencia como modo de ser propio del
hombre.
En clara deuda con el pensamiento de Kierkegaard, para los
existencialistas lo que propiamente existe es el hombre, no las cosas, que toman
su ser en él o a través de él.
El hombre no tiene una esencia que le
determine a ser o a comportarse de una manera concreta, sino que él mismo es su
propio hacerse, su propio existir. Existir es sinónimo de hombre (el Dasein de
Heidegger o el "para-sí" de Sartre). Esto significa que el hombre es libertad y
conciencia. Libertad porque el hombre es un modo de ser que nunca es dado de
antemano (el Dasein o ser-ahí es un poder-ser que tiene constantemente que
ejercitarse) ni tampoco es puesto por algo o alguien. Conciencia porque la
existencia es lo que nunca es objeto, sino aquello a partir de lo cual me
refiero a lo otro que no soy yo y con lo que me relaciono, además de conmigo
mismo (autoconciencia).
Para Sartre la existencia precede a la esencia, y la
hace posible, ya que si no existo no puedo conquistar mi esencia ni dármela a
través de actos absolutamente dependientes de mí. Heidegger, sin embargo, no
acepta este primado de la existencia sobre la esencia, sino que identifica a
ambas: el ser (esencia) del Dasein consiste en su existencia
(existenz).
2. Individualismo y particularismo.
Lo primario es
lo singular y concreto, la existencia humana, pero no en su generalidad, sino en
la particularidad de "esta" existencia humana o "aquella otra". El yo no es el
momento de una Razón absoluta o universal, como afirmaba Hegel.
3. Las
cosas no existen, "son".
Es desde la existencia humana desde donde se
establece el valor y sentido de todo lo real. El objeto al que se dirige la
conciencia no existe. Es un "ser-en-sí" (Sartre), caracterizado por la plenitud
de coincidencia, la impenetrabilidad y opacidad. Su ausencia de relación rehuye
la temporalidad y entra en tensión con la conciencia, "ser-para-sí". Ésta desea
ser, a la vez, en-sí y para-sí, lo cual equivaldría a ser Dios, algo imposible
de realizar (ateísmo).
4. Utilización de la fenomenología como
método.
Los existencialistas parten del análisis husserliano de la
conciencia, a la que conciben como pura intencionalidad. Toda conciencia es
siempre un dirigirse hacia algo; es conciencia de, y por eso se proyecta hacia
fuera, hacia el objeto o "ser-en-sí".
La conciencia es "un poder de ser lo
que no se es y de no ser lo que se es", una intencionalidad que introduce la
nada dentro de ella: cuando conoce al objeto, se diferencia y separa de él
(enajenación). Si se intenta conocer a sí misma (autoconciencia) debe
convertirse en lo que no es (objeto), creando la nada, siendo nada.
La
fenomenología se constituye no sólo en un método de análisis de la conciencia,
sino en una ontología (Heidegger) que permite desocultar el sentido del ser:
aquello que se manifiesta (fenómeno) ante la existencia humana
(Dasein).
5. Existir es estar en el mundo.
El ser del hombre es
un ser-en-el-mundo (in-der-Welt-sein). Pero "mundo" no es un lugar, ni designa
la naturaleza. No estamos "pasivamente" en el mundo, sino de manera activa y
creadora, trascendiendo siempre hacia "lo otro" (el ser-en-sí) que no es la
conciencia, hacia el "ser-en-sí" (el hombre, la conciencia), sin poder
abrazarlo.
La existencia humana consiste en un continuo "quehacer" que tiene
que vérselas con "las cosas",”aquello que está a la mano"“: y en el que la
conciencia se realiza, el conjunto de relaciones de "las cosas" entre sí y con
el hombre.
6. Posibilidad y elección.
El hombre es posibilidad
abierta, libertad de hacerse esto y lo otro. Elección. Ahora bien, en la medida
en que el hombre está arrojado al mundo, ha de contar con aquello que le es
"dado", las circunstancias que limitan sus posibilidades y su libertad. La
autenticidad consiste en no renunciar a la libertad bajo ninguna circunstancia:
no dejarse caer entre las cosas como una más de ellas (facticidad). El hombre no
debe eludir su responsabilidad de obrar libremente, de lo contrario obrará de
mala fe y llevará una existencia inauténtica.
7. La angustia, la
náusea, la vergüenza.
Los sentimientos, al igual que la razón desvelan
nuestra existencia y nos ponen en contacto con ella, de manera más íntima y
radical que la razón.
La angustia nace de un futuro indefinido, de la falta
de esencia, de un horizonte cuajado de posibilidades al que el hombre debe
enfrentarse sin ninguna garantía, asumiendo plenamente su libertad de
"construirse a sí mismo a cada instante".
La náusea de Sartre surge de
la falta de propósito y finalidad del mundo y de los hombres. Todo está de más,
tejiendo el mismo entramado de lo absurdo del mundo. Ningún teleologismo puede
salvarnos porque la idea de finalidad es en sí misma producto de la mala fe: un
autoengaño.
La vergüenza es el sentimiento mediante el cual constatamos que
existen otros para-sí distintos al nuestro. En su presencia me convierto en un
objeto (en-sí), y quedo cosificado y privado de mi libertad. El otro puede
pensarme como quiera, anulando mi libertad de
ser.
CONCLUSIONES
Desde el punto de vista del italiano Nicolás
Abbagnano considera que las posibilidades existenciales están limitadas por las
circunstancias, pero que no determinan la elección ni la hacen indiferente. Sean
cuales sean sus posiciones particulares, todos los existencialistas afirman, sin
embargo, que la elección entre las distintas posibilidades implica riesgos,
renuncia y limitación, es posible la trascendencia del hombre mediante su
encuentro con Dios en la fe. La muerte, insoslayable, es también objeto de
atención para los existencialistas. El hombre vive para morir; cada cual muere
solo. El tiempo transcurre únicamente entre el nacimiento y la muerte; es la
vivencia por el individuo de su limitación, de su finitud. Por consiguiente,
debe considerarse como una extrapolación arbitraria la representación del tiempo
que precede al comienzo de la existencia y continúa discurriendo una vez que
ésta ha terminado.
El existencialismo, a través del análisis fenomenológico
de la conciencia, abruma al hombre con una pesada carga de responsabilidad, pero
también le muestra un camino individualmente creativo de hacerse a sí mismo, a
pesar de lo dado y de toda circunstancia.
BIBLIOGRAFIA
-
Abbagnano, Nicolás; “Historia de la filosofía”, Editorial Palma Soriano, Tomo
III, Cáp. 12, epig. 762 – 780.
- Mèlich, Joan-Carles. Fenomenología y
existencialismo. Barcelona: Editorial Vicens-Vives, 1989.
- Prini, Pietro.
Historia del existencialismo: de Kierkegaard a hoy. Barcelona: Editorial Herder,
1992.
- Sartre, Jean-Paul. El ser y la nada. Barcelona: Altaya, 1993.
-
Cohen-Solal, Annie. Sartre. Barcelona: Edhasa, 1990.
- Gaos, José. La
filosofía de la filosofía. Barcelona: Editorial Crítica, 1989.
- Fontán,
Pedro. Los existencialismos: claves para su comprensión. Madrid: Ediciones
Pedagógicas, 1994.
Ciudad de la
Habana. Enero de 2006.