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LA
CRÓNICA PERIODÍSTICA. EVOLUCIÓN, DESARROLLO Y NUEVA PERSPECTIVA archivo del portal de recursos
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Juan Carlos Gil González
Licenciado en Periodismo y superado
el período de docencia e investigación del doctorado en Periodismo;
Diploma
de Estudios Avanzados (DEA). Redacción periodística y políticas de comunicación.
Investigador del "Grupo de Investigación en Comunicación y Cultura."
Sevilla, España.
Facultad de
Ciencias de la Información de la Universidad de Sevilla
Resumen
El presente estudio pretende demostrar características peculiares
de la crónica periodística, un género poco estudiado por la periodística.
Procura, además, desvelar la forma en que se han moldeado influencias a dicho
género por parte de disciplinas tan disímiles como la historia y la literatura.
Esto con la finalidad de ver cuáles son las exigencias que estipula la
profesión, para definir acorde y útilmente a la crónica sin desentonar con los
nuevos tiempos. Como se observará, será inexcusable ir deshaciendo algunos
errores conceptuales que han tenido larga pervivencia en la doctrina.
Abstract
This study tries to demonstrate
the peculiar characteristics of journalistic chronicle. It also aims to reveal
the way in which influences from other disciplines such as history and
literature adjust to this not so studied genre of journalism. The final purpose
is determining the demands stipulated by the profession to give a useful
definition of chronic that matches with new times. Some conceptual errors that
had prevailed in the doctrine will be eliminated along the reading.
La hipótesis de la que parte este estudio consiste en demostrar que la crónica es un género genuinamente latino, una peculiar forma de narrar los hechos procedente de la Historia en primer lugar, posteriormente empleada por la Literatura, que la enriqueció con nuevos matices, y finalmente el periodismo la adoptó y adaptó a las rutinas y condiciones informativas.
1.- Aproximación a los
inicios de la crónica: género compartido.
1.a) La crónica y la
historia.
La crónica se utilizó desde muy pronto como herramienta
narrativa más adecuada para que una persona intelectualmente relevante relatara
a un determinado público lo que sucedía en un lugar estipulado. Con lo cual, la
crónica, entre otras muchas fórmulas, ha sido uno de los mecanismos más idóneos
que se ha manejado para la transmisión del conocimiento histórico a las
generaciones futuras.
Así pues la crónica es considerada
como forma embrionaria de la historiografía. En este sentido en el diccionario
de Covarrubias(1) se afirma: "vulgarmente llamamos crónica a la
historia que trata de la vida de algún rey o vidas de reyes dispuestas por sus
años y discurso de tiempo". Ahora bien, la consideración de la crónica como
género de la Historia no se circunscribe a unas fronteras claramente definidas ,
sino que es un fenómeno muy común en todo el occidente cristiano medieval como
prueban Carlos Alvar, José Mainer y Rosa Navarro:
La proliferación de crónicas y obras historiográficas de todo tipo, que se dan el occidente medieval desde principios del siglo XII, encuentra su cabal réplica en la Península Ibérica cien años más tarde: el Chronicon Villarense, redactado en riojano muy a comienzos del siglo XIII, constituye la primera muestra de la utilización de una lengua romance peninsular y de un género en la redacción de obras históricas (1997, p. 107).
Con el mismo matiz histórico, Corominas(2)
documenta que fue hacia 1275 la fecha en la que se utiliza este término con
dicho carácter histórico en la Primera Crónica General. La influencia de
este matiz histórico ha permanecido en la actualidad y si nos acercamos al
Diccionario de la Academia(3), observamos que su primera
acepción es "historia en la que se observa el orden del tiempo".
La
Historia fue tomando forma de crónica de muy variada temática. Las hay que
relatan el nacimiento de un príncipe, el matrimonio real entre miembros de
distintas monarquías, las defunciones de las familias más sobresalientes... de
lo que se deduce fácilmente que el gran desarrollo de la crónica como fuente de
conocimiento histórico se produjo entre los siglos IX y XIV, siendo los monjes
los encargados de su cultivo.
Una cosa es la utilización
de la crónica como primera forma de contar la historia y otra muy distinta el
servilismo al que fue sometida, puesto que no es una sorpresa el afirmar que la
crónica también fue manejada como relato propagandístico puesto al servicio de
una causa. Como botón de muestra citamos la Crónica de España dada a la
imprenta en 1483, de Diego de Valera(4), en la que se defiende
a ultranza la causa católica y se ensalza la laboriosidad de la reina Isabel la
Católica en conseguir echar a los árabes de la Península. Así pues, Bernal
afirma que "las relaciones y crónicas no se limitan al relato objetivo de los
hechos de actualidad, sino que la pura información convive con la interpretación
hasta, en ocasiones, con la propaganda, especialmente cuando el relato gira
entorno a personas regias o grandes señores." (1997. pp. 10-11).
Tener
cronista y que la crónica defienda con vehemencia una causa, familia noble o
doctrina eclesiástica era un hecho común en toda la Europa medieval. De todas
formas conviene no olvidar que en la Baja Edad Media e inicios del Renacimiento
existían otros modos de difusión de los acontecimientos. Todavía pervivían las
formas orales de comunicación, herencia de los juglares, los escritos poéticos,
como los romances, la novela pastoril... Pero como el género apropiado para la
transmisión de los hechos históricos no es ni el romance ni la transmisión oral,
los historiadores y cronistas deciden pasar el contenido histórico de esas
formas de comunicación al género idóneo, es decir, a la crónica. "Tan ciertos
están algunos cronistas e historiadores del valor histórico de algunos hechos
relatados en forma poética, que trasladan su contenido a la crónica." (1998, p.
331).
Rastreando en la génesis de la crónica no debe perderse de vista
el desarrollo y evolución de la vida urbana. Cuando en algunas ciudades,
principalmente las costeras, el florecimiento de los negocios mercantiles
empieza a ser una práctica habitual y no excepcional, surge como fenómeno
peculiar y característico la publicación de crónicas ciudadanas, cuyo primordial
objetivo es difundir a los foráneos los beneficios que ofrece dicha ciudad. "Los
gobernantes municipales, por su parte, patrocinaron las apologéticas crónicas
cívicas con el deseo de propagar la reputación de la urbe." (Brajos, 1998, p.
1993).
Si me interesan estos escritos es por una razón: casi todos se
caracterizan porque están redactados por una persona versada en letras, que
tiene soltura escribiendo, que está atenta a la actualidad de una zona más o
menos amplia y que recibe una remuneración a cambio de su trabajo.
Con
esta relación entre Historia y crónica hemos conseguido, al menos, rescatar dos
aspectos fundamentales del género que posteriormente se convertirán en uno de
los signos de identidad clave:
a) La crónica es un relato que secuencia
los acontecimientos según un orden cronológico, de ahí que sea utilizada como
utensilio de transmisión del conocimiento histórico.
A partir
de Alfonso X la historiografía en lengua romance adquiere un desarrollo
extraordinario, entre otras razones porque constituye uno de los pilares de la
formación de los nobles, que buscan en las crónicas ejemplos del pasado,
justificaciones del presente y, en algunos casos, entretenimientos dignos.
(Alvar, 1997, p. 205)
b) Destacamos la importancia que para tal
fin adquiere el autor del texto. Testigo privilegiado de los hechos, que, con
independencia de los fines ideológicos que defienda, es el encargado de
estructurar los sucesos según dictamina su creatividad, siempre y cuando
obedezca a una serie de características impuesta por la historiografía.
Además, sobre él recae la crucial labor de seleccionar los hechos,
interpretarlos, acomodarlos a sus receptores... en definitiva, labores propias,
no sólo del historiador sino también, en buena medida, del ámbito del
periodismo. Con toda la cautela imaginable y dentro de unos límites razonables,
se puede afirmar que este cronista de la historia, ya está haciendo funciones si
no periodísticas, al menos, sí preperiodísticas.
1.b) La crónica y la
literatura:
No hizo falta mucho tiempo para que la crónica
sobrepasara los escuetos límites históricos a los que se circunscribía. Si hasta
estos momentos hemos sostenido que el género guardaba una íntima relación con la
historia, su imbricación con la literatura hizo posible que agrandase su campo
semántico.
Pronto se empezaron a utilizar en el género
crónica formas típicas del relato de ficción. Además de las dos características
ya mencionadas, la crónicas dedicadas a difundir los viajes de los aventureros
renacentistas, las tomas heroicas de ciudades, los descubrimientos del Nuevo
Mundo(5) ... introducen narraciones, descripciones, creación de
mundos imaginarios y alternativos, diálogos, retratos de personajes,
comparaciones... más propios de la ficción literaria que de la rigurosidad
histórica.
En estas crónicas de tema histórico aparecen relacionados
elementos históricos junto con otros claramente inventados y fabulosos. Son
narraciones que tratan un tema concreto, caso por ejemplo de Las Cruzadas, que
se fueron enriqueciendo con abundantes materiales alejados de las fuentes y
cercanos a la imaginación de sus autores. La literatura medieval española está
salpicada de ejemplos en los que se repiten estas características, pongamos por
caso, Crónica del condestable Miguel Lucas de Iranzo, Crónica del
famoso cavallero Cid Ruy Díaz Campeador Crónica Serracina, de Pedro del
Corral... entre un amplio abanico de posibilidades. En estas crónicas la ficción
constituye una forma de representación gracias a la cual el autor plasma en el
texto mundos que, globalmente considerados, no tienen consistencia en la
realidad objetiva, ya que su existencia es puramente intencional. Son pues
textos que se escapan a los criterios habituales de verdad/falsedad y responden
a la lógica de la ficción ajustándose como criterio vertebrador a la coherencia
interna.
Teóricos, no sólo de la moderna Periodística sino también
historiadores de la literatura, han señalado que la génesis de la novela como
género literario, encuentra sus primeros retazos en este tipo de relatos en los
que se combinan los datos históricos con la tradición oral más un generoso
barniz imaginativo. En esta línea Bernal defiende que "se puede imaginar un hilo
conductor que nos lleve desde la crónica histórica medieval (narración de
acontecimientos por un testigo) pasando por la historia y los cronicones
hasta las primeras manifestaciones de la novela moderna (libros de
caballería, novelas de espacio)." (Bernal, 1997 p. 39).
También Baquero Goyanes nos
explica que "a consecuencia del éxito de los llamados documentos del tiempo
-reportajes, memorias, relatos de guerras, crónicas etc,- no pocas novelas
presentan sus mismas características, llegando a ser difícil, en algún caso,
precisar a cuál de los dos géneros pertenece los que estamos leyendo." (Baquero,
1993, p. 55).
A los rasgos ya apuntados, hay que añadir uno más y sin
duda matizar otro. Del maridaje de la crónica con la literatura destacamos la
pasión por la palabra que demuestra el cronista. Es un artesano que dibuja en
letra impresa el suceso que está viendo, del que es testigo e incluso, en
ocasiones, del que es partícipe. En la crónica novelística el lenguaje es un
elemento esencial y no promocional. No es sólo un recurso retórico sino un modo
distinto de enfrentarse a los hechos. La peculiaridad es que esa forma peculiar,
singular y diferente de crear mundos alternativos sorprende y se sitúa en un
limbo literario muy cercano al periodismo.
El mensaje se adapta al estilo
del autor y no a la inversa. El talento del escritor consiste en describir con
minuciosidad de orfebre el rasgo seleccionado sin aburrir al lector. El cronista
literario o el literato cronista emplea la retórica como artilugio para
embellecer el mensaje coloreándolo. Escribir con regusto, saboreando las
palabras, es superar la monotonía de un hecho; es ampliarlo con matices nuevos.
El lenguaje así entendido no es sólo vehículo de comunicación sino también un
artificio de deleitación.
Con este mimo hacia el lenguaje se consigue que
la suma de significados de las proposiciones sea inferior al sentido total del
texto. Es decir, como proponía Hegel, que la Totalidad sea superior a la suma de
las partes que la componen. El testimonio de González Ruano, maestro del
articulismo es esclarecedor:
A nosotros, generación universitaria, no nos gusta la miseria. Por primera vez, la literatura entró en el periódico por necesidad económica, pero sin querer renunciar a sus derechos y a sus esperanzas. Este es el secreto de una espléndida generación de cronistas, que es una auténtica generación de escritores "en periódicos." (González, 1996, pp. 402-403).
También debemos matizar la
preponderancia del firmante. Éste como ya dijimos no es una persona cualquiera,
sino que es un creador nato. El orden cronológico del suceso, la selección
ajustada a la verosimilitud y la explotación de las múltiples variables del
lenguaje deben florecer en la pluma del autor del texto.
El que firma, es
el que debe dar consistencia y coherencia a los materiales narrativos. Se le
pide que revele y manifieste el sentido de los hechos, porque gracias a su
experiencia personal, literaria, histórica, periodística... los receptores
consideran que es la persona pertinente para cumplir con éxito la función de
comunicar.
El autor, considerado no como individuo anónimo sino como
persona que escribe e inventa, tiene una gran trascendencia en la composición de
la historia difundida en papel impreso. La firma de un texto significa que
tenemos un responsable que es el encargado de reflexionar, enjuiciar o deleitar
a los receptores con su mensaje. Como bien dice Foucault, "hay que entender al
autor como principio de agrupación del discurso, como unidad y origen de sus
significaciones, como foco de su coherencia." (Foucault, 1999, pp. 29-30).
Habrá que considerar pues, que el autor particular y conocido es una
exigencia inherente al género crónica. Desde sus relaciones con la historia,
pasando por la literatura hasta desembocar en el periodismo, el cronista ha sido
siempre un sujeto que ha firmado sus escritos, hecho que conlleva una
responsabilidad añadida: esta identificación del texto con su autor facilita el
nacimiento de un compromiso, de un vínculo simbólico entre emisor y
receptor.
Así pues, aunque Acosta Montoro(6), apueste por el reportaje, es preferible defender que el nexo
de unión entre la literatura y el periodismo es la crónica. Ésta "es, entre
todos los géneros periodísticos, el que más ha contribuido a mantener la
conexión entre literatura y periodismo. Tanto que puede ser considerada como el
eslabón que ilustra el proceso evolutivo que lleva desde el terreno exclusivo de
la literatura al de la pura información." (Bernal, 1997, p. 39).
Es más
que evidente que el reportaje comparte no pocas características con la crónica,
pero no es menos cierto que este género es una invención genuinamente
periodística y por tanto dicha exclusividad impide que sea considerado como
instrumento de unión entre el relato de ficción (literario) y el factual (de
hechos). De lo que se deduce, que él no puede ser considerado el enlace entre la
literatura y el periodismo.
Este razonamiento no echa por
tierra la comunión entre el reportaje y los relatos de no ficción. A partir del
denominado Nuevo Periodismo(7) empezaron a surgir novelas en
las que predominaban las técnicas del reportaje informativo, es decir, contar
una historia impregnada de la retórica de la objetividad, con acercamiento
crítico a las fuentes...
Gracias a este plural legado, tanto histórico
como literario, se han conformando los rasgos peculiares de este género, hoy
fundamental en el periodismo tanto escrito como audiovisual.
2) La crónica
periodística: concepto y peculiaridades.
2.a) Peaje impuesto por
el periodismo.
Todavía hoy el sustento de la prensa diaria es el
mismo que hace cien años, es decir, que por muy notables que hayan sido los
avances producios en la técnica profesional de rellenar diarios, el soporte
sigue siendo el papel. Por eso, el periodismo impreso ha sometido a la crónica a
un tiempo de realización y a un espacio regular, controlado, fijo continuo e
impreso y por ende caduco. Conviene en este punto analizar cuáles han sido las
rutinas periodísticas para ver como éstas han afectado a la
crónica.
1) Finalidades. En las sociedades actuales el periodismo
exige a la crónica: a) comunicación periódica por esencia, es decir, voluntad de
compartir y poner en comunidad un mensaje, independientemente de los diversos
canales por los que se ofrezca; b) información por necesidad, lo que se pone en
común, lo que nos forma -en, lo que nos inicia en cualquier materia; c)
orientación a los receptores, deseo de darles los argumentos suficientes para
que se enfrenten a la difícil tarea de comprender política y socialmente la
realidad que les envuelve y finalmente d) entretenimiento.
2)
Producción. Estas finalidades periodísticas que se imponen a la crónica
también están sometidas, de un lado, a las condiciones de producción y de otro,
al resto de elementos informativos que componen el periódico. El cronista está
sujeto a una línea editorial que se le impone y que viene principalmente marcada
por los intereses económicos de la empresa a la que sirve. Y su texto está
completado tanto por elementos no verbales (fotografías, gráficos, infografías)
como por elementos paralingüísticos (sección en la que está ubicada, página,
titular, despiece).
3) La actualidad. Así pues, aunque las crónica
periodísticas traten los temas más diversos (deportes, política, tribunales,
toros...) el punto de unión que las identifica es la actualidad, característica,
que como propone José Francisco Sánchez "mezcla dos ingredientes fundamentales
para el periodismos: interés y tiempo." (1992, p. 159).
El valor
temporal en el ámbito periodístico es de vital importancia puesto que los medios
suelen informar de los acontecimientos del presente más inmediato. La crónica
periodística es el relato de un acontecimiento pasado pero que se toma como
presente informativo debido al reducido lapso de tiempo que media entre lo
ocurrido y lo publicado.
Dentro del periodismo impreso el concepto de
inmediatez ha tenido que ser redefinido. Debido a que los medios audiovisuales
son más rápidos en la transmisión de información que los editados en papel, la
crónica periodística impresa se centra más en dar respuesta al porqué y al cómo
sobrevino el hecho seleccionado que ha ofrecer novedades sobre lo ocurrido. Esta
última necesidad ya está satisfecha por otros canales.
4) El
referente. Si la premisa anterior imponía a la crónica una finalidad
instrumental; el referente (de lo que se habla) es el centro neurálgico del
texto, es decir, la guía que marca las pautas y a la que el autor debe
ajustarse. El discurso informativo debe dar conocimiento de ciertos hechos y
comunicar dichos conocimientos a alguien.
La interpretación acerca de un
hecho ocurrido y trascendente para el ideario colectivo es el material que
encuentra hueco en los medios. En el relato periodístico el acontecimiento del
que se habla adquiere una importancia decisiva: la información se juzgará a
partir de su correspondencia o su desajuste con aquello de lo que da
cuenta.
5) Los receptores. Por otro lado, hay que tener en cuenta
la importancia que en los nuevos paradigmas comunicativos ha alcanzado el
receptor. Tanto los actores de la información como los dueños de los diferentes
medios de comunicación conocen, gracias a los estudios sobre las audiencias, a
sus receptores potenciales. Este hecho influye de forma implícita (aunque cada
vez es más explícita) en la redacción de los textos periodísticos y determina el
sentido del mensaje.
A lo que debe aspirar un buen cronista periodístico es a reanudar
cada mañana el contacto con sus seguidores. Si finalidad última es que el
vínculo simbólico que une al autor con su público no se resquebraje por
cualquier turbulencia comunicativa. "El periodista y sus lectores viven por
fuerzan en unas mismas circunstancias de espacio y tiempo."(Lázaro, 1977, p.
11).
Si hacemos en breve balance de lo expuesto hasta estos momentos
será fácil concluir que la crónica periodística es el resultado de la
composición entre lo ocurrido (referente), la personalidad del cronistas y las
particularidades de la audiencia, a lo que debe añadirse las condiciones de
producción y organizativas.
6) La interpretación. La primera
interpretación que sobresale en la crónica periodística procede de la imperiosa
necesidad de reducir el hecho que se quiere narrar a lenguaje. Por eso Malmberg
proponía que "cualquier percepción implica la interpretación de un continuum
que puede y debe ser transformado en unidades discretas, esto es, separadas,
distintas, sólo gracias a un procedimiento lingüístico." (Malmberg, 1991, p.
41). Esta operación lingüística debe, además, encajar en el espacio periodístico
previamente elegido.
El cronista también tiene como labor hacer una
interpretación sucesiva de la realidad, es decir, debe ser capaz de
interconectar unos sucesos con otros, de posicionarse ante ellos y sobre todo,
tener el ingenio suficiente para poder prever las posibles repercusiones de los
hechos en la sociedad en general y en comunidad de lectores en particular.
Si el cronista capta bien el sentido de los hechos se ofrecerá una útil
interpretación, en caso contrario errará en su intento. Por tanto debemos saber
que "la interpretación es siempre algo que tiene dos caras o aspectos:
comprender y expresar." (Gomis, 1991, p. 36).
2.b) La crónica
periodística: un concepto esquivo y equívoco.
Consideramos que todo
intento tendente a encerrar a la crónica en unos límites fijos, no sólo sería un
error sino también un ataque a su polivalente esencia. Uno de sus rasgos
definitorio es precisamente esa polisemia inherente, es decir, la versatilidad
que muestra para adaptarse a las diferentes formas de contar un hecho, bien sea
histórico, literario o periodístico.
Tampoco se ha conseguido que dentro
del campo informativo la crónica tenga un sentido unívoco. La relativa
indeterminación del concepto, debido a los usos que de ella ha hecho la
profesión, es causa de la brumosidad de sus fronteras y consecuentemente de que
la controversia haya aumentado.
De todas formas, no es inoportuno que se
recuerde que esta pluralidad de significados y usos hunde sus raíces en un
pasado bastante remoto. Prueba de ello es que Manuel Gaña, a principios del
siglo XX, argumentaba que "el término crónica tiene una significación tan vaga y
genérica en el periodismo, que no es posible fijar sus límites."(1984, p. 120).
La complejidad y la confusión se agudiza cuando acudimos a los
diccionarios y analizamos las definiciones. Por ejemplo se defina 'crónica' de
la siguiente manera: "un artículo periodístico en el que se comenta algún tema
de actualidad.// sección de un periódico en la se trata una determinada clase de
noticias" (Gran Enciclopedia Larousse, 1987).
Definición bastante errada
y desafortunada. En primer lugar porque se equipara a la crónica con el
artículo, género que, aunque comparte con él alguna que otra similitud, se
inserta en otro nivel discursivo y con funciones totalmente diferentes. Si bien
es cierto que los dos interpretan un acontecimiento, la crónica tiene como
referente la realidad (los hechos, lo fáctico) y el artículo parte de la idea
que el articulista se ha conformado del hecho.
Además, cualquier persona
que tenga un leve contacto con los periódicos sabe que los artículos tienen como
finalidad convencer al receptor de una determinada actitud ante la vida, para lo
que se ponen en juego distintas técnicas persuasivas, mientras que la crónica,
al interpretar, busca valorar, enjuiciar, criticar argumentando.
Otro
error evidente de esta definición, bastante común por otro lado en los círculos
periodísticos, es la identificación de la crónica con la sección de un
periódico. Sección proviene de seccionar, es decir, cortar, fragmentar.
Este corte o ruptura sí tiene sentido en los periódicos, puesto que el
ordenamiento consecutivo en secciones, con su estudiada disposición interna, se
ha convertido en una práctica con la que los lectores se han familiarizado. Este
acuerdo tácito permite que la lectura del periódico pueda iniciarse por
cualquier punto sin alterar la estructura de las otras partes y sin afectar a la
comprensión de lo narrado.
La justificación a esta necesidad la defiende
Bastenier con el siguiente argumento: "hallamos una estructura de secciones de
cuya suma debe deducirse la capacidad de representar todo lo que ocurre en el
mundo, desde lo más grande y lejano a lo más pequeño y próximo." (Abstener,
2000, p. 81). Por tanto, la fragmentación de la realidad en diversos discurso
temáticos (política, cultura, sociedad, economía...) no es más que una
estrategia comunicativa para brindar a los receptores un relato finito de los
hechos. En este sentido Gomis expone que "la realidad puede fragmentarse en
unidades completas e independientes (hechos), capaces de interpretarse en forma
de textos breves y autónomos." (Gomis, 1991, p. 38).
La sección de
Internacional, por ejemplo, se presenta como un cajón de sastre en el que cabe
una multitud de géneros periodísticos (desde noticias hasta crónicas por
artículos de opinión, perfiles...) que abordan distintos temas.
Esta
pluralidad de géneros aparece esparcida por todas las páginas que conforman el
periódico, con lo cual es un error sostener que la crónica puede constituirse
como una sección propia equiparable a las convencionales (Economía, Cultura,
Deportes, Política...). Sí puede estar en varias lugares y afrontando distintos
temas, hecho que no justifica, en modo alguno, que se la pueda denominar como
sección.
Si nos aproximamos a la definición de Martínez de Sousa, el
galimatías se acrecienta. Propone: "artículo narrativo, valorativo,
interpretativo e informativo, de extensión variable y sobre temas de actualidad,
generalmente narrado según un orden cronológico de los acontecimientos, que
aparecen regularmente bajo un mismo titular o viñeta, normalmente escrito por el
mismo periodista."(1992, pp. 135-136).
Vuelve a poner en
paralelo a la crónica con el artículo, que como ya hemos comprobado es un
desatino, máxime cuando todos los teórico(8) de la clásica
concepción de los géneros periodísticos los ubicaban en planos
diferentes.
Si continuamos leyendo la definición, el equívoco no acaba en
ese párrafo. Después de haber citado a Martínez Albertos, continúa diciendo: "la
crónica es un género difícil. Hay reglas para su redacción, que en líneas
generales suelen resumirse así: síntesis (generalmente suele ocupar poco mas de
media columna), objetividad, neutralidad, fuerza expresiva, humanidad y belleza;
pero no debe olvidarse que la crónica es, también, un arte. El cronista debe ser
capaz, cuando menos, de hacer pensar al lector, de conmoverlo, de hacerle vivir
y sentir." (1996, p. 136).
Bien, las contradicciones saltan a la vista.
El artículo narrativo, valorativo, interpretativo... del primer párrafo tiene
que escribirse con objetividad, neutralidad y fuerza expresiva ¿Cómo? La
extensión variable que caracterizaba a la crónica se reduce generalmente a poco
más de media columna. Y finalmente el orden cronológico del relato, sin el más
mínimo espacio para el ingenio del cronista, tiene que hacer pensar al lector,
conmoverlo, hacerle vivir y sentir. Con estas proposiciones, me cabe duda de que
alguien supiese escribir correctamente una crónica.
Con lo que es
imposible no estar de acuerdo es con la afirmación: la crónica es un género
difícil. Con esta breve cala, queda demostrado que la crónica es un género
ambiguo, polifónico que lo mismo se esgrime para designar la sección de un
periódico, como para referirse a las noticias que envía un corresponsal a la
redacción.
2.c) El distintivo de la
crónica periodística: la información personal.
La clásica división de
géneros que se implantó en España con la llegada de las primeras facultades y
escuelas de periodismo fue aquella que distinguía entre: a) relato informativo
de un hecho (noticia) con todas sus ramificaciones (reportaje, informativo,
informe, crónica...) y b) los comentarios personales sobre lo ocurrido, en los
que destacaban el artículo, la columna, el reportaje, el perfil, el editorial...
Esto no era más que el resultado de la asimilación de la práctica anglosajona
que diferenciaba entre story y comments.
Con el paso del
tiempo no pocos teóricos han cuestionado la validez de dicha fragmentación
binaria y han ofrecido propuestas diferentes, quizá no tan encaminadas a
resaltar las diferencias entre los géneros y sí centrándose más en las funciones
que desempeñan los géneros periodísticos en el proceso comunicativo. Para Núñez
Ladeveze (1979), por ejemplo, éstos deben adecuarse a los campos del medio, que
son: el determinativo o descriptivo, el evaluativo o valorativo y el
argumentativo o retórico.
Por su parte, Miguel Ángel Bastenier, después
de reflexiona sobre la conveniencia e inconveniencia de la existencia de los
géneros, propone que el centro neurálgico para superar la vieja taxonomía debe
estar en la consideración del autor como centro de la diferenciación. "El punto
de vista que yo he adoptado para establecer una parcelación en géneros del
trabajo periodístico es el de la perspectiva del autor, de forma que su
relación, llamémosle de propiedad, con los textos, sea el principal criterios
para determinar qué es lo que tenemos entre manos. Establecemos así tres géneros
troncales: seco o informativo puro, crónica y reportaje." (Bastenier, 2000, p.
32). Con esta nueva perspectiva todos los géneros hasta ahora conocidos se ven
profundamente afectados, ya que éstos son meras variaciones de su matriz. Así,
propone que la entrevista, con todas sus múltiples variedades, es hija del
reportaje en tanto que el análisis es una variante de la crónica.
Para Héctor Borrat una nueva clasificación tendría que abandonar la
denominación tradicional tomando como punto de arranque lo que él denomina
"sistema de textos." En su tesis defiende la existencia de tres tipos de textos:
narrativos, descriptivos y argumentativos. Siguiendo a Ducrot y Todorov, el
profesor catalán propugna que el texto narrativo puede bastarse así mismo; el
argumentativo y el descriptivo, en cambio, tienen que referirse a una secuencia
que pueda narrarse (9).
En los géneros narrativos
predominarán las respuestas a las preguntas qué ha sucedido, quién
ha sido el protagonista y cuándo ha ocurrido; en los géneros
descriptivos las respuestas serán a qué ha sucedido, quién ha sido
el protagonista y dónde ha ocurrido; y finalmente en los argumentativos
las respuestas principales serán el porqué ha sucedido y cómo ha
ocurrido.
Finalmente hemos seleccionado la propuesta defendida por ofrece
José Francisco Sánchez, quien sostiene que la alternativa a los géneros debe
fundamentarse en las necesidades informativas que éstos satisfacen y lo útil que
son para los receptores. Con lo cual, formula que los textos publicados en los
periódicos se pueden dividir en tres categorías: a) textos periodísticos de
divertimento (gacetillas, noticias curiosas); b) textos periodísticos prácticos
inmediatos (farmacias de guardia, cartelera de cine, previsiones meteorológicas,
horarios, bolsa...) y c) textos periodísticos retórico-políticos (todos los
demás).
Este tercer estadio se subdivide a su vez, en dos categorías.
"Dentro de los textos clasificados como retórico-políticos se pueden distinguir:
1) los textos implícitamente argumentativos, aquéllos que parece que no
argumentan pero sí lo hacen por el modo de presentar y determinar el referente
real (narratio) y 2) los explícitamente argumentativos, es decir, los que
operan sobre datos supuestamente conocidos o que se han narrado en otros textos
y en los que las estrategias retóricas se reconocen con facilidad
(narratio+argumentatio)." (Vilarnovo y Sánchez, 1992, pp.
161-162).
Esta teoría fraguada en la diferenciación entre la
argumentación explícita e implícita coincide, en lo esencial, con la propuesta
de Lorenzo Gomis (el periodismo como método de interpretación sucesiva de la
realidad) y con la de Héctor Borrat, en tanto en cuanto, la determinación
elemental del referente en los textos descriptivos así como en los evaluativos y
argumentativos tienden a llevar al lector hacia un juicio o a suministrar los
datos respecto de un juicio.
Con estas posibilidades se pretende superar
la división convencional de los géneros instaurada en España por Martínez
Albertos (1988, p. 274). que siguiendo la tradición anglosajona, entendía que
los géneros periodísticos se fragmentaban en géneros informativos, géneros
interpretativos y géneros para la interpretación y el comentario.
Una
vez acabado este breve recorrido sobre los planteamientos de los géneros
periodísticos, nuestra reflexión comienza afirmando que todos los géneros tienen
como misión informar e interpretar, con lo cual, la crónica periodística
comparte las necesidades inherentes a la naturaleza de cualquier género.
La crónica es en esencia una información. Además dicho carácter
informativo lo arrastra, como hemos demostrado, desde sus orígenes
preperiodísiticos. El rasgo que la diferencia de los otros géneros es el marcado
protagonismo que adquiere el cronista en la ordenación de los tempos del
acontecimiento del que se da cuenta, la especificidad del tema tratado, la
riqueza léxica que la atraviesa, además de la mezcolanza de las técnicas
periodísticas (claridad expositiva, rapidez, viveza) con las literarias
(personajes inventados, diálogos, recreación de anécdotas, monólogos).
La
particularidad de la información que ofrece la crónica está en su carácter
personal. Se trata de narrar los hechos a través de una subjetividad, es decir,
el cronista es el encargado de conectar a sus lectores con los hechos, los
acontecimientos y en su caso con las obras de arte. Como acertadamente afirma
Diezhandino, la función que cumple la crónica va "más allá de la información,
que también forma parte de ésta; su esencialidad está en el juicio, el
comentario, las recomendaciones que aporta el cronista" (1994, p. 86). Si
estamos de acuerdo con estas proposiciones es difícil salvaguardar los supuestos
de Mar de Foncuberta, cuando asevera que "la crónica es la narración directa e
inmediata de una noticia con ciertos elementos valorativos, que siempre deben
ser secundarios respecto de la narración del hecho en sí."
En nuestra
opinión es todo lo contrario. Si coincidimos en que sobre el cronista recae la
responsabilidad de seleccionar algún hecho de la realidad, de ordenarlo y de
comunicarlo para no quebrantar el pacto de lectura simbólico entre emisor y
receptor, los elementos valorativos nunca podrán ser secundarios respecto del
hecho en sí. Son precisamente esos dispositivos enjuiciadores los que dan el
sentido concreto al texto, los que vehiculan las partes en las que se divide y,
en definitiva, los que dan consistencia y relevancia al mensaje.
Ese
singular lenguaje, esos juicios de valor, esas expresiones de sentimientos o
actitudes, aunque no sean verificables, no son fruto del capricho del cronista
sino de su saber y experiencia y por tanto, el autor del texto pone en juego su
prestigio y credibilidad cada día en cada crónica.
La valía del
periodista como escritor y como conocedor de la materia que se trata se
perfecciona con la presencia in situ en los hechos como testigo
privilegiado. Podrá manejar las fuentes que estima oportunas, pero lo primordial
es que el narrador se codea con los hechos, los manosea, los interroga
directamente sin intermediarios, los coteja con su cosmovisión personal del
mundo... y posteriormente, cuando ha madurado la idea la transforma en mensaje y
lo difunde.
"El cronista es un observador excepcional que otea los hechos
desde un lugar privilegiado, desde el conocimiento de los antecedentes y da su
visión personal sin engañarse a sí mismo" (Cebrián, 1992, p. 92). Crónica y
cronista conocido, género y firma que lo identifique son elementos
indisociables. Una crónica anónima sería una contradicción difícil de explicar
puesto que el cronista forma parte del texto.
Ahora bien, sería un error,
identificar lo personal de la crónica con la opinión de los géneros
argumentativos. Personal en la crónica es la presencia efectiva del autor tanto
en los hechos como en el texto, mientras que en los géneros argumentativos, lo
personal tiene que ver con la imaginación y con el estilo
principalmente.
Los artículos firmados, los editoriales, las columnas
expresan una valoración sobre una idea, un hecho, un concepto.... y apuestan por
poner en práctica una serie de técnicas persuasivas, siendo el receptor el
encargado de decidir si son equivocadas o aceptadas.
Sin embargo, en las
crónicas, la fragmentación de la realidad en diversos hechos, la selección de lo
que entra y de lo que no, su redacción.... son los elementos que conforman la
parte subjetiva de la crónica, que debe combinarse con la objetiva, es decir,
con el referente de la realidad, que se presenta en los medios como
narración.
2.d) Definición del
género.
La crónica está pertrechada de herencias, tanto históricas
como literarias. Todas esas esquirlas han dado lugar a la formación de un género
periodístico sui generis, propio, auténtico, autónomo y genuinamente
latino, ya que no tiene correspondencia con ningún género del periodismo
anglosajón (story y comments).
La crónica es una desviación
del modelo canónico del periodismo. Esta singularidad y no homologación con los
textos anglosajones es una ventaja más que un inconveniente, puesto que resalta
su ambigüedad y ambivalencia. En una época de acelerados cambios y en una etapa
eminentemente crucial del periodismo, necesitamos un género dúctil, maleable,
con capacidad para adaptarse a todas las circunstancias imaginables sin perder
su sello característico.
No es que el género esté sin definir, pero es
preciso ampliar el concepto, manidamente encasillado en ser una noticia
comentada. Las porciones de información y comentario deben estar perfectamente
equilibradas, pudiendo prevalecer una en detrimento de la otra si el cronista lo
considera oportuno.
La finalidad es unir al lector con los hechos, con lo
cual el texto debe desprender razón y sentimiento y no debe provocar perplejidad
alguna que datos contingentes se oculten, o que se altere el tiempo de los
sucesos, o que se coloree el texto con una buena dosis de literatura.
A
pesar de que el cronista goza de este amplio margen de libertad, tiene el deber
moral para con sus receptores de justificar se forma de enjuiciar, para que
éstos conozcan el porqué se ha actuado de una manera y no de otra, por qué se ha
realizado un desgarramiento de los hechos tan premeditado o fortuito. Este
mandato es imperativo porque lo que no es admisible es que el cronista falsee la
realidad, narre hechos que no ocurrieron o invente cifras y datos. Si se diese
ese fraudulento uso del género, no nos encontraríamos ante una crónica
periodística sino ante un ejercicio de propaganda.
Científicamente la
crónica es una interpretación personal e informativa de un acontecimiento
determinado, narrado por un cronista testigo, que para mantener ese vínculo
simbólico que le une con sus receptores, debe demostrar un amplio manejo del
lenguaje además de ser un experto en la materia.
El cronistas ve, oye,
fragmenta, toma contacto con los hechos, los mezcla con su sapiencia y
experiencia, a veces participa en ellos otras se mantiene en la orilla, se
acerca a las fuentes, las interroga, armoniza los datos y cuando ha reunido todo
ese material informativo, interpreta, escribe y publica.
La crónica
representa una nueva filosofía periodística. Es cultura y pensamiento expresado
en tipografía. Es la síntesis y mixtura de todo los géneros, ruptura de la
división tradicional entre story y comments. Conjunción de
opiniones e interpretaciones y comentarios, ofrece información repensada,
visiones sesgadas de las cosas, erudición en la exposición de argumentos. "La
crónica es, en esencia, una información interpretativa y valorativa de los
hechos noticiosos, actuales o actualizados, donde se narra algo al propio tiempo
que se juzga lo narrado" (Martín Vivaldi, 1987, p. 123).
A pesar de esta
aparente mezcolanza de géneros, todas las crónicas, cualquiera que sea su tema
(tribunales, política, deportiva, taurina) deben entenderse como unidad, como
una totalidad compacta, superior a la simple suma de los juicios vertidos en
ella. Texto completo, autosuficiente y en el que se dejan los intersticios
necesarios para que el receptor la complete, porque precisamente de la unión
entre autor y lector brota la fuerza expresiva de este género
periodístico.
3) Deliberación
final.
Dentro del periodismo interpretativo (etapa en la que nos
encontramos) la crónica es un género de vital importancia que paradójicamente
adolece de estudios monográficos que la indaguen en profundidad. Hay que
reconocer que Manuel Bernal ha sido de los pocos investigadores que le han
dedicado tiempo y generosidad intelectual al estudio de dicho género.
La
crónica es la estampa del tiempo en letra impresa. Es la obra del dios
Cronos condensada en un espacio previamente determinado. Si la vida está
trabada por lo que nos acontece en un tiempo, la crónica, sería la narración
ordenada de esos hechos en secuencias temporales. Por tanto, este género
histórico, literario y periodístico se caracteriza por ser una forma
inconfundible de narrar. La crónica reconstruye la realidad, trozo a trozo,
fragmento a fragmento, ordenando y desordenando el tempo de los
acontecimientos, erigiéndose en testimonio directo de una época.
Del
mismo modo que la fotografía inmoviliza una imagen que representa la parte de un
todo, la crónica, traduciendo en palabras ese acontecimiento, ofrece una
radiografía personal e interior de la totalidad. A veces es formal y solemne, en
ocasiones trasgresora y desenfadada. En una página se tiñe de seriedad y rigor y
en la siguiente destila jovialidad y ambigüedad, por lo que se debe proponer que
la crónica sólo está sujeta al ingenio del cronista.
Es el autor el que
va añadiendo los matices a la estructura general y a los convencionalismos
propios del género, así cuando es impresionista nos sumerge en la pincelada
suave de los hechos, en cambio, cuando es expresionista el nervio principal que
la atraviesa es la crítica, argumentada pero feroz.
Con lo cual su misión
es explicar la historia psicológicamente pero también ofrecer la psicología de
la historia. Es la relación de un hecho con muchas ideas o viceversa. En ella
aparece entremezclado el comentario más sabroso (lo subjetivo) con el dato más
inexpresivo (lo objetivo). La crónica nos propone, nos introduce en una senda
diferente, nos ofrece la interpretación informativa junto a la opinión como
información.
Por ser el vehículo más íntimo de la información, es el
punto de reunión de diversas intenciones narrativas y por tanto uno de los
géneros que tiene los límites más difusos. Puede haber ocasiones en que la
similitud con la noticia impida ver las diferencias, también puede ocurrir que
exista un razonable equilibrio entre opinión e información y no es raro que la
crónica utilice el referente real para que el autor exponga su punto de vista
propio, singular y comprometido sobre algún tema de actualidad.
Esta
miscelánea de texturas, de colores literarios, de matices informativos supone la
convergencia de todos los géneros en uno, así al menos lo propone Haro Tecglen,
cuando afirma que "hoy está todo despiezado: lo que a veces era una línea
continua de narración ha estallado y se encuentran trozos aquí y allá. Metido lo
personal entre lo general; la vida propia entre los datos de la historia. Esto
es una crónica." (1998, p. 12).
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Notas:
(1) Citado en Bernal Rodríguez, M. (1997). La
crónica periodística. Tres aproximaciones a su estudio. Sevilla, Padilla
Editores. P. 9-10.
(2) Véase,
Corominas-Pascual, (1981). Diccionario crítico etimológico castellano e
histórico. Madrid, Gredos
(3)
Véase Real Academia Española, (2001). Diccionario de la lengua española. Madrid,
Espasa-Calpe. 21ª Ed.
(4)
Véase Valera, D. (1567). La Chrónica de España abreviada por mandado de doña
Isabel, reyna de Castilla. Sevilla, Casa de Sebastián Trugillo.
(5) Para profundizar en el estudio de las
crónicas de Indias consúltese el trabajo de Walter Mignolo "Cartas, crónicas y
relaciones del descubrimiento y la conquista" en Madrigal, L.I. (1992). Historia
de la literatura hispanoamericana. La época colonia. T.I, Madrid, Cátedra. P.
57-111.
(6) En su clásico libro
Periodismo y literatura, Madrid, Guadarrama, 1973. T.I, P. 126-137, Acosta
Montoro considera que el género que comparte más rasgos con la literatura es el
reportaje y no la crónica. Es una postura que está bien fundamentada
teóricamente pero que, a nuestro juicio, no considera que el género genuinamente
latino y más antiguo es la crónica.
(7) Véase Wolf, T. (1992). El Nuevo periodismo. Barcelona,
Anagrama; Berna, S. y Chillón, l. (1985). Periodismo informativo de creación.
Barcelona, Mitre; Chillón, L. (1999). Periodismo y literatura: una tradición de
relaciones promiscuas. Barcelona, Universitat Autónoma de
Barcelona.
(8) Martínez Albertos,
J.L. (1983). Curso general de redacción periodística. Madrid, Mitre. Este autor
considera a la crónica como un género para la interpretación (híbrido), mientras
que al artículo lo incluye dentro de los géneros para lo opinión y el
comentario. Destacamos a este autor porque su influencia ha sido mucha y ha
habido y hay un gran número de seguidores que defienden sus mismas
tesis.
(9) Véase Borrat, H. (). El periódico, actor
político. Barcelona, Gustavo Gili.