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OPIOIDES:
NEUROBIOLOGÍA, USOS MÉDICOS Y ADICCIÓN archivo del portal de recursos
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Rosario Vega
Instituto de
Fisiología de la BUAP
axolotl@siu.buap.mx
Si pudiéramos inhalar o comer algo que por
cinco o seis horas cada día aboliera nuestra soledad como individuos,
reconciliándonos con el prójimo en una brillante exaltación de cariño y
realizando la vida en todos sus aspectos, no sólo en el valor de vivirla,
divina, hermosa e importante, y si esta droga celestial que transfigura el mundo
fuera tal que pudiésemos despertar al día siguiente con la cabeza clara y sin
daños, esto, me parece, podría resolver totalmente todos nuestros problemas (y
no simplemente el pequeño problema de descubrir un nuevo placer) y la tierra
podría llegar a convertirse en un verdadero paraíso.
ALDOUS HUXLEY
(1894-1963) *
Las
preparaciones curativas obtenidas de la planta de la amapola Papaver somniferum de la que se extrae el opio
han sido utilizadas desde hace cientos de años para aliviar el dolor. El cultivo
de amapola está documentado ya en Mesopotamia (3400 AC). Los
sumerios la referían como la planta de la felicidad (Hul Gil). El cultivo de la amapola pasó de los
sumerios a los asirios, continuó con los babilonios y finalmente su conocimiento
llegó a los egipcios. En Grecia, Hipócrates (460 AC), “padre de
la medicina”, reconoció su uso como narcótico y recomendó su empleo en el
tratamiento de enfermedades de mujeres y en epidemias. Para el año 1020 Avicenia
la consideró como el más poderoso de los estupefacientes y, alrededor del año
1500, los portugueses introdujeron en Europa el hábito de fumar el opio. Ya para
inicios del siglo XVII barcos de Elizabeth I transportaban opio a
Inglaterra y a mediados del mismo siglo la Compañía Inglesa de las Indias
Orientales tomó el control de la producción de opio en la India asumiendo, en
1793, el monopolio del mercado del opio. Linneo (1707-1778) clasificó a la
amapola como Papaver somniferum
–inductora de sueño– en su libro Genera
Plantarum (1737).
En 1803, el farmacólogo alemán W. Sertürner
(1783-1841) purificó a la morfina, que es el principal constituyente alcaloide
de los extractos de opio y el responsable de producir su efecto analgésico. La
denominó como morfina en honor a Morfeo –dios del sueño–. En 1827, E. Merck
& Company, de Darmstadt en Alemania, inició la producción y comercialización
de la morfina. En 1874, el químico londinense Alder Wright descubrió la heroína,
la cual fue sintetizada y comercializada como tratamiento para diversos males
pulmonares por la compañía Bayer en el año de 1897. No fue sino hasta 1925
cuando Gulland y Robinson demostraron la estructura química de la morfina. Desde
entonces se han producido distintas substancias químicas derivadas de la morfina
y se inició el descubrimiento de los opioides endógenos, así como de compuestos
capaces de antagonizar su actividad, abriendo uno de los campos de mayor interés
en la neurociencia contemporánea.
DESCUBRIMIENTO DE LAS ENDORFINAS
La idea
de que en los animales superiores existen receptores a opioides deriva del
descubrimiento de que la naloxona tritiada (radioactiva) desplaza a la morfina
de sus sitios de unión. Estos resultados fueron corroborados cuando se demostró
la presencia de receptores opiáceos en el íleon del cobayo y en el conducto
deferente del ratón. 1 Estudios posteriores demostraron
que la estimulación de la substancia gris periacueductal producía analgesia,
resultados que llevaron a pensar que existía en el cerebro una substancia
endógena “similar a la morfina” 2 y que el efecto de la
morfina era revertido por la administración de
naloxona. 3 En experimentos con homogenados de cerebro
de cerdo, se encontró una substancia que en el íleon de cobayo producía efectos
similares a los de la morfina; se trataba de oligopéptidos que difieren sólo en
el aminoácido C-terminal que, por encontrarse en el cerebro, fueron denominadas
encefalinas: metionina-encefalina (Tyr-Gly-Gly-Phe-Met) y leucina-encefalina
(Tyr-Gly-Gly-Phe-Leu). 4 Este descubrimiento marca un
hito en la historia de la neurobiología. A partir del uso tradicional del opio
se llegó hasta el hallazgo de que existen substancias en el cerebro que realizan
una función específica que es “usurpada” por alcaloides derivados de la planta
de la amapola (Figura 1). Posteriormente se ha demostrado que este caso no es
único y que también la planta de la mariguana y su principal producto activo, el
delta-9-tetrahidrocannabinol, se une en el cerebro a receptores específicos para
los que existen ligandos endógenos denominados
endocannabinoides. 5

FIGURA 1. Los péptidos opioides pueden tener su origen
en las plantas, particularmente en la amapola, pero no exclusivamente. Existen
en animales en toda la escala filogenética, desde los moluscos hasta los
mamíferos superiores, y pueden ser sintetizados en el laboratorio obteniéndose
substancias de muy alta especificidad.
En el año de 1974, el
grupo de Goldstein identificó una substancia, también de tipo polipeptídico, en
la glándula pituitaria (hipófisis) de bovino a la que denominaron b-endorfina. Posteriormente se caracterizó a
la b-endorfina como un péptido de
treinta y un aminoácidos que se une a los receptores opioides y que tiene un
potente efecto analgésico. 6 Finalmente se descubrió
una tercera clase de péptidos opioides, las
dinorfinas. 7 La purificación de la dinorfina A
demostró que es un péptido de diecisiete aminoácidos. 8
Como ya dijimos, el descubrimiento de las
encefalinas 9 en la primera mitad de la década de los
setenta sentó las bases para el desarrollo de un importante campo de
conocimiento del sistema nervioso central que ha llevado al descubrimiento de
más de cuarenta péptidos neuroactivos.
Actualmente se sabe que los péptidos
neuroactivos son sintetizados a partir de moléculas precursoras; se ha
identificado a cuatro proteínas precursoras de los péptidos opioides (Figura 2):
la proopiomelanocortina (POMC), la proencefalina A
(PENK) y la prodinorfina o proencefalina B (PDYN),
y recientemente se encontró a la pronociceptina/orfanina FQ
(PNOC). 10

FIGURA 2. Esquema de los genes que codifican
para péptidos opioides. En A, se observa la preproopiomelanocortina
(PPOMC) y sus fragmentos b-endorfina, hormona estimulante de los
melanocitos a, b y g (a, b
y g-MSH), hormona
adrenocorticotrópica (ACTH) y hormona lipotrópica b (b-LPH). En B, la
preproencefalina (PPENK) y sus fragmentos metionina-encefalina
(Met-enk), leucina-encefalina (Leu-enk), péptido E y F. En C, la preprodinorfina
(PPDYN) y sus fragmentos a y b neoendorfina, dinorfina A, B y 1-8 (DinA,
DinB y Din1-8). Y en D la prepronociceptina (PPNOC) y sus
fragmentos nocistatina, nociceptina y prepronociceptina154-181,
(PPNOC 154-181). (Modificado de Feldman
y cols., 1997.)
La proopiomelanocortina contiene 265 aminoácidos.
De su procesamiento postraduccional en la hipófisis se genera la hormona
adenocorticotrópica (ACTH), la hormona estimulante de los
melanocitos (a-MSH,
b-MSH, g-MSH) y la beta lipotropina (b-LPH), las cuales no tienen
actividad opioide. A partir del fragmento de b-LPH se producen la b-endorfina (b-end) y la met-encefalina
(met-enk), conocidas como potentes opioides.
Los péptidos de naturaleza
opioide producidos por la proencefalina se encuentran ampliamente distribuidos
en el sistema nervioso, desde la corteza hasta la médula espinal. La
proencefalina contiene cuatro copias de Met-encefalina, una Leu-encefalina, una
Met-encefalina-Arg6-Phe7 y
una
Met-encefalina-Arg6-Glu2-Leu8.
El
gene de la prodinorfina es una prohormona de 254 aminoácidos la cual, al ser
cortada enzimáticamente, puede producir tres copias de Leu-encefalina, o bien
una copia de dinofina A, dinorfina B, a
neoendorfina y b neoendorfina.
Del
nuevo precursor pronociceptina se obtienen tres péptidos, una copia de
nociceptina/orfanina FQ (noc/o FQ), una de
nocistatina (prepronociceptina125-132) y una de
prepronociceptina154-181. 11
MORFINA ENDÓGENA
Curiosamente, estudios
posteriores han demostrado que el cerebro humano y varios otros órganos producen
morfina como tal. De hecho, se ha encontrado que el mecanismo de producción de
esta morfina endógena en animales superiores es muy parecido, desde el punto de
vista bioquímico, al que se encuentra en las plantas con producción de otros
alcaloides como la codeína y la tebaína. 12
En el
cerebro, las terminales nerviosas en la corteza cerebral, los núcleos caudado y
putamen, el hipocampo y las células granulares del cerebelo presentan
inmunorreactividad a morfina. 13 Dicha morfina parece
liberarse de las terminales sinápticas en función de la concentración de calcio
intracelular.
Se ha propuesto que este sistema bioquímico de comunicación
intercelular mediado por la morfina está relacionado con la nocicepción y con la
amnesia relacionada con eventos estresantes. Se ha demostrado que su
inactivación mediante anticuerpos específicos antimorfina induce una disminución
en el umbral al dolor en ratas y que, en pruebas de evitación pasiva, también en
ratas, la inactivación de este sistema evita el decremento en la adquisición del
condicionamiento que se asocia al estrés. De hecho, la idea es que en el
hipocampo la producción de esta morfina endógena disminuye la capacidad del
sujeto para aprender y recordar eventos en condiciones de
estrés. 14 De algún modo en el hombre, si es que este
sistema es análogo al de la rata, estaría relacionado con el manejo de
situaciones estresantes. No es fácil resistir la tentación de imaginar que este
proceso esté relacionado con la represión subconsciente establecida en la teoría
freudiana.
Un caso extremo de acoplamiento evolutivo que utiliza a este
sistema de neuromensajeros y que ilustra su potencial es el del Ascaris summ, parásito de los mamíferos que
produce importantes cantidades de morfina, de forma tal que su presencia no
produce ninguna molestia –cuando no cierto placer– ya que la morfina deprime la
respuesta inmune del hospedero, asegurando así para el parásito productor de
morfina una larga y tranquila estancia en el organismo de su hospedero
. 15
Cabe hacer una nota de cautela respecto a la
existencia de la morfina endógena en los tejidos de mamíferos, ya que algunos
autores consideran que dicha morfina no es producida en el organismo a partir de
elementos más simples –de novo–, sino
que es derivada de algunos productos de la dieta que contienen morfina, o debida
a la existencia de parásitos productores de morfina en los
tejidos. 16,17
RECEPTORES A PÉPTIDOS OPIODES
Estudios
farmacológicos llevaron a la conclusión de que existen diversos tipos de
receptores a opioides. 1, 9, 18, 19, 20 Inicialmente se
propusieron tres tipos de receptores a los opioides: m, para los receptores a los que se unen
compuestos similares a la morfina; k,
para los receptores a los que se unen compuestos como la ketazocina y g, para los receptores a los que se unen
drogas como la N’alilnormetazocina. Además de estos receptores, Kosterlitz y sus
colaboradores aportaron evidencias de un cuarto receptor al que denominaron
d. 21 Estudios
posteriores corroboraron que los receptores m, d
y k eran sitios de unión específicos y
que se encontraban ampliamente distribuidos en el sistema nervioso central de
diferentes especies animales (Tabla I). Para los receptores g no existen evidencias tan claras de su
existencia y han quedado desechados de la clasificación principal.

Tabla
I. Agonistas y antagonistas de receptores a opioides.
1
H-Tyr-D-Ala-Phe-Gly.
2
H-Tyr-Pro-Phe-Pro-NH2.
3Ácido 1, 2,
3, 4-tetrahidroisoquinolina-3-carboxílico (Tic).
4 Los derivados de Dmt y Tic forman
un amplio grupo de antagonistas con alta selectividad y potencia para los
receptores d (Bryant y cols., 1998).
Los dos que señalamos son los que mantienen una buena relación
entre potencia y selectividad.
5 2’,
6’-dimetiltirosina (Dmt), DAMGO:
Tyr-DAla-Gly-[NMetPhe]-NH(CH2)2-OH
mismo que [D-Ala2,N-Me-Phe4,Gly-ol5]-Encefalina-DAGO, ctop:
DPhe-Cys-Tyr-DTrp-lys-Thr-Pen-Thr-NH2, U50488:
trans-(±)-3,4-dicloro-N-Methyl-N-[2(1-pyrrol-idinyl)-ciclohexil-benzeneacetamida,
U69593:5a,7a,b-(-)-N-Metil-N-[7-(pirrolidinil-1-oxaspiro(4,
5)dec-8-yl]benzeno acetamida, C1977: (5R)-(5a,7a,8b)-N-Metil-N(7-[1-pirrolidinil]-1-oxaspirol[4,
5]dec-8-yl)-4-benzofuranacetamida mono hidrocloruro.
El
receptor m se define operacionalmente
como el sitio de alta afinidad en que los opioides producen analgesia, aumento
del tono muscular, constipación, oliguria, fuerte depresión respiratoria e
intensa dependencia física. La morfina se une principalmente al receptor m y sus efectos son antagonizados por la
naloxona. Se han identificado dos tipos de receptores m: el m1, de alta
afinidad a la morfina y que se encuentra principalmente en el sistema nervioso
central, y el m2, de baja
afinidad a la morfina, descrito en el sistema nervioso
periférico. 22 Se ha clonado un tercer subtipo de
receptor m, el receptor m3 que parece
específico para la unión de morfina endógena.
Recientemente, en estudios en
el cerebro de humanos y de bovinos, se ha reportado la existencia de dos
péptidos endógenos de alta selectividad y afinidad para los receptores m: la endomorfina 1
(Tyr-Pro-Trp-Phe-NH2) y la endomorfina 2
(Tyr-Pro-Phe-Phe-NH2). Estos dos nuevos péptidos han
demostrado un potente poder analgésico. 23
En la
médula espinal, los péptidos opioides están presentes en grandes
concentraciones. A este nivel las encefalinas ejercen una de sus principales
funciones que es el control de la aferencia nociceptiva. La activación de
receptores m produce una modulación
inhibitoria de las corrientes de calcio dependientes de voltaje, modulando así
muy probablemente la liberación de otros neurotransmisores.
El receptor d tiene gran afinidad por todos los péptidos
derivados de la proencefalina. A este receptor se unen principalmente las
encefalinas, seguidas por el octapéptido que tiene igual afinidad por el
receptor m, y finalmente la dinorfina
1-8. La naltrexona, fue el primer antagonista selectivo y potente del receptor
d que se ha sintetizado. La deltorfina
es un péptido opioide descubierto en la piel de los anfibios y también se une al
receptor d. 24
Con base en
la potencia de los agonistas se ha sugerido la existencia de dos subtipos de
receptores d. El receptor d1, al que se une
con alta afinidad la [D-pen, D-pen]encefalina (DPDPE) y el d2 que tiene como
agonista preferencial a la [D-Ser, Leu]encefalina-trionina
(DSLET). 25 Los receptores d juegan un papel importante en la depresión
respiratoria y no parecen participar en la producción de analgesia. En diversos
sistemas celulares se ha demostrado que los receptores d modulan la excitabilidad celular
modificando corrientes iónicas de membrana.
Los receptores k se han postulado para drogas del tipo de la
ketazocina; su acción analgésica es pobre. El primer agonista para el receptor
k fue descrito por el grupo de
Kosterlitz en 1981. Ellos encontraron que cuando un péptido crece en longitud
hacia el carboxilo terminal de la leu-encefalina va perdiendo selectividad por
el receptor d e incrementándola hacia
el k. La dinorfina, la alfa y la
beta-neoendorfina son agonistas de estos receptores. Posteriormente se han
descrito tres tipos de receptores k: el
k1, al que se
une el U50488, y los receptores k2 y k3, que ligan
preferencialmente al benzomorfán.
Los receptores k participan en funciones como la diuresis,
la nocicepción, la alimentación y las secreciones endócrinas. El U50488, que es
un agonista del receptor k, modula en
forma inhibitoria a los canales de calcio en las neuronas de los ganglios de la
raíz dorsal, lo que indica su papel en el control de la aferencia sensorial. En
las células ciliadas del sistema vestibular y en las células cocleares del oído
interno, los receptores k modulan
negativamente la corriente de calcio (Figura 3), contribuyendo al control del
flujo de información al sistema nervioso
central. 26

FIGURA 3. Modulación de la corriente de calcio
en las células cocleares externas por la activación de receptores opioides tipo
k. En A, microfotografía de una célula
aislada de la cóclea de la rata. En B se observa un registro de la corriente de
calcio en condición control y luego de la aplicación de U-50488 en concentración
0.1 mM.
En relación con
el uso de las drogas es especialmente notable el hecho de que algunos agonistas
de los receptores opioides k tienen un
notable potencial alucinogénico. En particular, en años recientes se ha
demostrado que la salvinorina-A, que es el principal producto activo de la Salvia divinorum (hojas de pastora o hierba de
la virgen) es un potente agonista de los receptores k, y que es la activación de dichos
receptores lo que explica el alto potencial alucinogénico de la Salvia
divinorum. 27
La clonación de los genes que
codifican los péptidos opioides ha proporcionado pruebas claras de la existencia
de los receptores m, d, y k. La clonación del receptor d dio como resultado la identificación de las
subfamilias de genes de los diferentes receptores. Las secuencias del receptor
d codifican proteínas con siete
dominios hidrofóbicos transmembranales similares a los encontrados en otros
receptores acoplados a proteínas G. 28 Los estudios
moleculares han permitido la identificación de una nueva secuencia para otro
miembro de la familia de receptores opioides. Debido a que al momento de
identificar esta nueva secuencia no se conocía su ligando endógeno se le
denominó receptor parecido a opioide 1 o huérfano (ORL-1 por sus
siglas en inglés). 29 El receptor ORL-1
presenta una homología de entre 63 y 65% en su secuencia de aminoácidos con
respecto a los otros tres receptores, pero su segunda asa extracelular posee una
característica ácida que lo asemeja más al receptor k. Posteriormente se encontró un péptido de
17 aminoácidos, denominado nociceptina30 u orfanina
FQ el cual fue identificado como el agonista endógeno, selectivo
para este receptor. No obstante las similitudes estructurales del
ORL-1 con los otros receptores a opioides y la nociceptina con
los péptidos opioides (especialmente la dinorfina A), la noc/o FQ
y su receptor constituyen un nuevo sistema de neurotransmisión, ya que se ha
mostrado como regulador de un gran número de procesos conductuales y
fisiológicos. Farmacológicamente la noc/o FQ es única, ya que se
ha reportado que produce hiperalgesia, o en otras preparaciones o condiciones
experimentales, analgesia. La noc/o FQ tiene propiedades
ansiolíticas y participa en el aprendizaje espacial, además incrementa la
ingesta de alimento, reduce la presión y la frecuencia cardiaca y produce
diuresis.

FIGURA 4. Estructura del receptor d; cada círculo representa un aminoácido. La
barra negra representa la membrana celular. Los siete dominios transmembranales
son típicos de receptores acoplados a proteínas G, con la terminal amino en la
región extracelular y la carboxi en la intracelular. Los círculos obscuros
representan sitios de fosforilación para proteínas cinasas A y C
(PKA y PKC). Abajo, la activación de un receptor
opioide (m) por la morfina, por
ejemplo, produce una cascada de segundos mensajeros que inicia con la activación
de una proteína G que puede modular directamente canales iónicos de la membrana
celular o activar la adenilato ciclasa. Esto produce un aumento en los niveles
de adenosin monofosfato cíclico (CAMP) lo cual a su vez modula la
actividad de la proteín cinasa A (PKA). La PKA
regula diversos procesos celulares, es capaz de modificar la actividad de
canales iónicos y de regular la expresión genética uniéndose a la proteína
CREB y a otros reguladores de expresión genética.
Los receptores opioides pertenecen a la familia de receptores
acoplados a proteínas G (Figura 4), modulan conductancias de canales iónicos en
la membrana celular modificando asi la excitabilidad
celular. 31 Sus acciones a nivel celular son mediadas
por segundos mensajeros cuya activación produce muy diversas modificaciones
tanto de la excitabilidad celular como del metabolismo y la expresión
genética.
La activación de receptores a opioides involucra segundos
mensajeros celulares entre los que se encuentran: la activación de fosfolipasa
A2 (PLA2); la fosfolipasa
Cb (PLCb), posiblemente a través de la activación
directa de la subunidad bg de la
proteína G e incrementan la actividad de la cinasa MAP. En
algunos casos, participan en la potenciación de corrientes glutamatérgicas por
medio de la proteína cinasa C (PKC) o bien, inhiben la liberación
de neurotransmisor (Figura 4).
USOS
MÉDICOS Y ADICCIÓN A LOS OPIOIDES
Durante el siglo
XIX el uso de opiáceos y de la cocaína fue relativamente difuso,
y ambas, la cocaína y la tintura de opio fueron consideradas como fármacos
sumamente útiles. Sin embargo, tal como ya mencionamos, la morfina fue
identificada a principios del siglo XIX y, en 1874, se sintetizó
la acetilmorfina (heroína) que fue introducida al mercado en 1898 por la
compañía Bayer (Figura 5). Su uso y los reportes de adicciones (incluyendo los
de algunos notables como Coleridge y de Quincey, entre otros) llevaron a un
cambio significativo en la actitud de la sociedad ante estas substancias, que
pasó de una cierta aceptación a una completa intolerancia para las primeras
décadas del siglo XX.

FIGURA 5. Jarabe para la tos a
base de heroína. Fue introducido por la compañía Bayer en
1898.
El opio es un exudado que se obtiene de las cápsulas
de la semilla de la planta de la amapola (Papaver somniferum). Los principales
narcóticos opioides cuyo uso está severamente restringido en la actualidad son:
heroína, morfina, codeína, hidrocodeína, hidroximorfina, oxicodeína, metadona,
fentanil y sus análogos. Los opioides tienen su principal uso médico en la
terapia del dolor, en el tratamiento de la tos, la diarrea y como anestésicos.
Después del siglo XVI, el opio era ampliamente consumido en
Europa, frecuentemente bajo la forma de láudano, solución quizás inventada por
Paracelso. En 1660 Thomas Sydenham creó el láudano de Sydenham y popularizó la
siguiente receta:
Tómese vino de España, una libra; opio,
dos onzas; azafrán, una onza; canela y clavo en polvo, de cada uno un poco;
hágase cocer todo esto a fuego lento, al baño María, durante dos o tres días,
hasta que el líquido tenga la consistencia necesaria; fíltrese luego y guárdese
para hacer uso.
Sydenham escribía en 1680:
De entre todos los remedios que Dios
Todopoderoso le ha dado al hombre para aliviar sus sufrimientos, no hay ninguno
que sea tan universal y tan eficaz como el opio.
Los
alcaloides derivados del opio se dividen en dos grandes grupos químicos:
fenantrenos e isoquinolinas. Los principales fenantrenos son la morfina, codeína
y tebaína. Las isoquinolinas no tienen un efecto significativo en el sistema
nervioso central, el principal de ellos es la papaverina, que ha tenido un
amplio uso como vasodilatador. Un dato interesante es que la jeringa hipodérmica
se inventó en 1853 y se usó por primera vez para inyectar morfina intravenosa en
un paciente.
Los efectos del opio comienzan entre los 15 y los 30 minutos
después de su ingestión o entre los 3 y los 5 minutos después de ser fumado, y
duran entre 4 y 5 horas. En el cerebro, los alcaloides del opio ocupan los
receptores específicos a endorfinas que, como ya mencionamos, se producen de
forma natural en el cerebro. Actúan como agonistas uniéndose a las tres
categorías de receptores de opioides m,
d y k. Producen muy diversos efectos incluyendo
analgesia, sueño, constipación y alteraciones cognitivas muy importantes que
forman parte de lo que se ha denominado como “el
viaje”. 32 Los opioides provocan tolerancia y
dependencia física y psíquica.
El uso crónico de morfina produce cambios en
el funcionamiento en diversas regiones del sistema nervioso. Durante el proceso
de adicción, la producción de segundos mensajeros del tipo del
AMP cíclico y la fosforilación de varias proteínas blanco de este
mensajero se deprimen severamente. Posteriormente, durante la abstinencia, el
AMP cíclico se dispara muy por arriba de los niveles normales.
Estos cambios son particularmente acentuados en algunas regiones cerebrales como
el locus ceruleus, relacionado con la
dependencia física y el desarrollo del síndrome de abstinencia, y el área
tegmental ventral, que contribuye a la sensación de recompensa y a las
respuestas locomotoras determinadas por la droga.
El síndrome de abstinencia
puede surgir con 15 y 30 mg diarios administrados durante dos o tres meses. Sus
síntomas se presentan entre las 48 y las 72 horas posteriores al retiro de la
droga; se caracterizan por ansiedad, inquietud, irritabilidad, lagrimeo, dolores
articulares, insomnio, transpiración excesiva, dilatación de pupilas,
escalofrío, diarrea y calambres musculares. Estos síntomas duran alrededor de
una semana. 33
Según podemos apreciar en el texto de
Thomas de Quincey en este mismo número de Elementos, 34 para un
buen número de usuarios del opio éste actúa como un estimulante. Según la
edición de 1911 de la Enciclopedia Británica:
[...] si el fumador efectúa mucho trabajo
activo, parece que el opio no es más pernicioso que el tabaco. Cuando se toma en
exceso, se convierte en un hábito arraigado; pero esto sucede principalmente en
individuos de poca fuerza de voluntad, que sucumbirían igualmente ante bebidas
intoxicantes, y prácticamente imbéciles morales, a menudo adictos a otras formas
de depravación.
Quizá la descripción más acuciosa y
escalofriante de la adicción a la morfina es la que nos ofrece Mijail Bulgakov
en su libro Morfina. 35 En los
siguientes párrafos, tomados de este texto, podemos apreciar la evolución desde
el uso placentero inicial hasta la adicción y la compulsión absoluta que produce
la droga. En palabras del doctor Poliakov, personaje principal que se aficiona a
la morfina luego de recibirla como tratamiento para el dolor:
El primer minuto: una sensación de que
algo roza el cuello. Ese roce se vuelve cálido y se extiende. En el segundo
minuto una onda fría atraviesa repentinamente la cavidad estomacal e
inmediatamente después comienza una extraordinaria lucidez en las ideas y se
produce un estallido de la capacidad de trabajo. Es el punto más alto de la
expresión de la fuerza espiritual del hombre. Si yo no estuviera maleado por mi
formación de médico, afirmaría que normalmente el ser humano sólo puede trabajar
después de una inyección de morfina. [...]
Ana K. tiene miedo. La tranquilicé
diciéndole que desde la niñez me he distinguido por una extraordinaria fuerza de
voluntad.
Páginas más adelante leemos:
—¡Déme las llaves! Y se las arrebaté de
las manos.
Por una pasarela podrida y temblorosa me dirigí
hacia el blanco edificio del hospital.
En mi alma hervía la
cólera, sobre todo porque no tengo idea de cómo preparar una solución de morfina
para una inyección subcutánea. ¡Soy médico, no una
enfermera!
Caminaba y temblaba.
Cuando en
la novela han transcurrido tan sólo algunos día leemos:
No, yo, que he contraído esta terrible
enfermedad, advierto a los médicos para que sean compasivos con sus pacientes.
No es un “estado depresivo” sino una muerte lenta la que se apodera de un
morfinómano si se le priva de la morfina, aunque sólo sea por una o dos horas.
El aire pierde consistencia y se hace irrespirable... No hay una sola célula del
cuerpo que no esté ansiosa [...] No desea nada, ni piensa en nada que no sea la
morfina. ¡Morfina!
Dice luego:
Debo darle las gracias a la morfina por
haber hecho de mí un valiente. No me asusta ningún tiroteo. Después de todo,
¿acaso hay algo que pueda asustar a un hombre que sólo piensa en una cosa: en
los maravillosos y divinos cristales?
Es muy clara en la
descripción de Bulgakov la transición habida desde un efecto placentero de la
droga hasta una obsesión, aparentemente controlable. Finalmente, la búsqueda y
uso de la droga constituyen una compulsión absoluta en que la droga recibe toda
la atención del individuo. Esta descripción corresponde bastante bien con el
proceso de adicción descrito en el modelo denominado I-RISA por
sus siglas en inglés (impaired-response
inhibition and salience attribution), que implica la participación de
regiones orbitofrontales y alteraciones cognitivas y no sólo de orden emocional
en el proceso adictivo. 36
En la modernidad tiene
mucho más importancia la adicción a algunos derivados puros del opio que al opio
mismo. Tal es el caso de la adicción a la heroína que es, quizá, la de más
relevancia por ser una de las drogas de uso recreativo con más alto consumo en
el mundo y cuyo poder adictivo y destructividad están bien
documentados.
HEROÍNA
De
todas las drogas que se consumen hoy en el mundo, la heroína es quizá la única
que verdaderamente no tiene ningún uso médico. En el año de 1924 la producción o
posesión de heroína fue declarada ilegal en los Estados Unidos. En el año de
1971 cerca de 10-15% de los soldados americanos en servicio en Vietnam eran
adictos a la heroína. Estamos hablando de que las tropas americanas en Vietnam
tuvieron acceso a la droga a pesar de lo "estricta” que históricamente ha sido
la institución militar en su obediencia a la ley. Una pregunta importante es si
la adicción a la heroína es un fenómeno fundamentalmente biológico o existen
elementos importantes de tipo social en la adicción. En opinión de los expertos
se trata en cierto sentido de una farsa, probablemente encaminada a fustigar a
la familia y al medio social inmediato, ya que antes de la prohibición no
existían, o eran contadas y eventuales las adicciones tan intensas y
destructivas como las que observamos hoy. Esto no quiere decir que no exista un
proceso de adicción con importantes cambios en la actividad de diversos
neurotransmisores y segundos mensajeros en las neuronas del cerebro, sino
significa que, además, hay un componente de tipo social.
El efecto de la
heroína aparece rápidamente después de una dosis única y dura algunas horas.
Luego de la inyección de heroína se reporta un estado de euforia acompañado de
rubor de piel (rush), boca seca y
pesantez en las extremidades. Siguiendo a esta euforia inicial el usuario entra
en un peculiar “viaje” (on the nod), que
en este caso consiste en estados alternados de despertar y somnolencia. La
actividad mental es nebulosa debido a la intensa depresión del sistema nervioso.
Los usuarios crónicos presentan problemas vasculares por la inyección repetida,
que en casos extremos llevan a enfermedad valvular del corazón, abscesos, etc.
Las complicaciones pulmonares son frecuentes debido a que la heroína ejerce un
efecto depresor de la respiración y a las malas condiciones generales de salud
de los adictos. Con el uso repetido se desarrolla tolerancia, por lo que los
usuarios deben consumir dosis crecientes para obtener el efecto esperado.
Posteriormente se desarrolla el proceso de adicción severa y, en caso de no
tener acceso a la droga, se produce un síndrome de abstinencia muy grave que
alcanza su máxima intensidad alrededor de las 48-72 horas de suspender el uso de
la droga y puede durar hasta una semana. La seriedad de este asunto radica en
que, tan sólo en los Estados Unidos, se estima que existen alrededor de 250,000
adictos a la heroína.
La heroína es una droga muy tóxica. Por ejemplo, se han
reportado casos de leucoencefalopatía tóxica luego de la inhalación de heroína.
Las manifestaciones clínicas de esta severa afección, que puede llevar a la
muerte, se pueden presentar unos días luego del consumo de heroína. Los
hemisferios y pedúnculos cerebelares y el tracto piramidal son los más
afectados. Se produce una desmielinización vacuolar que puede aparecer como una
lesión hipodensa en la tomografia cerebral. La sintomatología está dominada por
un síndrome cerebeloso. Los síntomas iniciales son dificultades en el habla y la
marcha; los usuarios de heroína que presenten dichas alteraciones deben ser
atendidos como una emergencia médica. 37
La metadona
es un opiáceo sintético obtenido durante la Segunda Guerra Mundial por los
laboratorios alemanes Axis. Y esto sí que vale la pena hacerlo notar,
originalmente fue llamado Dolofina en honor a Adolfo Hitler. Se utilizaba como
analgésico en casos de dolor extremo. Después se descubrió que obstaculiza los
efectos de la heroína durante unas 24 horas. Actualmente se emplea en casi todo
el mundo como “rehabilitación y tratamiento” para adictos a los
opiáceos.
CONCLUSIÓN
No
cabe duda que la historia de los opioides representa uno de los casos más
singulares de interacción del hombre con la naturaleza. Desde el uso primitivo
de la amapola como medicamento, hasta sus usos médicos y, finalmente, a la
prohibición y a la práctica desaparición de la amapola en el mundo. En México
existen desde finales del siglo pasado regiones con importantes cultivos de
amapola. Especialmente en el estado de Sinaloa ha habido grandes sembradíos que
alcanzaron a tener una producción significativa a nivel
mundial. 38 Al respecto de la prohibición y sus efectos
en México, escribe Luis Astorga:
A casi un siglo del comienzo de la
prohibición contra las drogas que conocemos hoy en día, y a juzgar por los
resultados, la invariabilidad de los fundamentos que la sostienen lleva
necesariamente a su autoperpetuación. El fin mismo de esta llamada guerra parece
ser el mantenerla. Las guerras sin fin no las ganan las sociedades. Además de
los traficantes, quienes han sido autorizados para combatirlos tampoco están
interesados en que la guerra se termine: es su razón de ser. Hay que tener sin
duda una fe de cruzado para continuar una política de fracasos con efectos
multiplicadores e insistir en ella.[...] Desafortunadamente, la espiral de la
violencia está asegurada, pues la lógica misma de la represiva política
antidrogas de inspiración estadounidense es un callejón sin
salida.
Hoy la producción de opio y sus derivados para el
mercado mundial proviene principalmente de medio oriente; aunque la heroína del
mercado americano proviene principalmente de Colombia y México. En México,
diferentes investigaciones reportan que la cocaína, la mariguana y los
inhalables son las substancias de mayor consumo, especialmente entre
adolescentes. Se observa un incremento muy significativo (hasta 75% de
incremento en 4 años) en el uso de la cocaína. Entre los adictos, sólo el 1.4%
usa heroína y el 0.3% otros opiáceos. 39
Como sea, y
sin importar de dónde provengan las drogas, la curiosidad del hombre, aunada a
la anomia y la enajenación –hace ya tanto no se usa esta muy precisa y
significativa palabra– del hombre moderno aseguran un futuro pleno de fármacos y
drogas. Para terminar, bien vale la pena citar a Thomas Szasz:
En pocas palabras, aunque sea verdad que,
en cierto sentido, la cocaína y la heroína son drogas peligrosas, esta verdad ha
sido tan radicalmente tergiversada por su propio contexto farmacológico y social
que se ha convertido en una gran mentira. Afirmo esto porque entre todos los
productos químicos potencialmente peligrosos de nuestro entorno ninguno es más
difícil de evitar que un elemento radioactivo en el aire, el agua o la tierra; y
ninguno es más fácil de evitar que la cocaína y la
heroína. 40
NOTA
* If we could sniff
or swallow something that would, for five or six hours each day, abolish our
solitude as individuals, atone us with our fellows in a glowing exaltation of
affection and make life in all its aspects seem not only worth living, but
divinely beautiful and significant, and if this heavenly, world-transfiguring
drug were of such a kind that we could wake up next morning with a clear head
and an undamaged constitution-then, it seems to me, all our problems (and not
merely the one small problem of discovering a novel pleasure) would be wholly
solved and earth would become paradise.
Aldous Huxley
(1894-1963)
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Sitios de internet
recomendados:
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http://opioids.com/index.html
En
español: Las drogas tal cual, Karina Malpica en http://www.mind-surf.net/drogas/
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