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LOCKE Y HUME archivo del portal de recursos
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© Miguel Moreno Muñoz, 1998
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA (C.O.U.) - Tema 6
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* Biografía y obras
Negación de las ideas innatas
Génesis de las ideas. El psicologismo
Noción de idea en Locke
Incognoscibilidad de la sustancia
Ontología y epistemología
La importancia de Locke en el desarrollo del pensamiento político
Naturaleza y convención
La sociedad política
* Biografía y obras
Impresiones e ideas
Conocimiento de hechos y de relaciones entre ideas
El empirismo de Hume y su implicaciones
i) Idea de causa y el Cº de hechos
ii) Límites de la inferencia causal
iii) Existencia de una realidad exterior
iv)
Demostración de la existencia de Dios
v) Noción de yo e identidad personal
Fenomenismo y escepticismo
Fundamentos de la moral y emotivismo en Hume
El sentimiento, fundamento de los juicios morales
Negación del deísmo y de la religión natural
1. Introducción
Es
la segunda gran corriente filosófica de la Modernidad. Pero cualquier
filosofía es empirista si afirma que todos nuestros conocimientos
tienen su origen y valor en la experiencia, y filsofías así
ya las hubo (Aristóteles, Tomás de Aquino, Ockham...). En
este caso nos referiremos al empirismo inglés del s. XVIII, surgido
en respuesta al racionalismo del XVII. Representantes: Locke, Berkeley y
Hume.
• Obras:
Ensayo sobre el entendimiento humano (1690)
Dos tratados sobre el gobierno civil (1690)
La racionalidad del cristianismo (1695)
1. Negación de las ideas innatas
Los empiristas rechazan que existan ideas o principios innatos al entendimiento. Todo nuestro conocimiento procede de la experiencia, y el entendimiento es como una página en blanco antes de que la experiencia le proporcione conocimientos. Si hubiese conocimientos innatos, todos los hombres los conocerían desde siempre y en todos los lugares; y eso no ocurre.
2. Génesis de las ideas. El psicologismo
Si todas nuestras ideas proceden de la experiencia, es necesario precisar cómo se originan todas a partir de la experiencia y por qué nuestro conocimiento no puede ir más allá de la experiencia.
• Respecto al origen, sólo es posible determinarlo por análisis de las ideas más complejas, descomponiéndolas en sus elementos simples y estudiando sus reglas de composición/asociación. Es decir: hay que estudiar los mecanismos psicológicos de asociación y combinación de ideas.
• Realizan así un platenamiento del conocimiento psicologista. El psicologismo sostiene:
i) el valor de los conocimientos depende de su origen y génesis;
y
ii) esta génesis obliga a estudiar los
procesos psíquicos de la mente humana.
El estudio psicológico de las ideas lleva a Locke a distinguir entre:
i) Ideas simples: Son átomos del conocimiento, ideas simples que no surgen por combinación de ideas particulares. El entendimiento se limita a recibirlas pasivamente. Se dividen en:
a. Ideas de origen sensorial externo (se origina en la experiencia con objetos exteriores).
• Ideas de cualidades primarias (figura, tamaño, etc., las únicas
que existen realmente en los cuerpos).
• Ideas de cualidades secundarias (colores, olores, etc.)
b. Ideas obtenidas por reflexión (las sensaciones que tenemos de nuestro funcionamiento interno: pensamiento, dolor...).
ii) Ideas complejas: Las restantes ideas -las complejas- surgen por combinación de ideas simples. En este caso el entendimiento adopta un papel activo, combinando y relacionando ideas simples. Las ideas complejas son:
sustancia
modos
relaciones
4. Incognoscibilidad de la sustancia
De los objetos sólo percibimos cualidades aisladas, impresiones individuales, sueltas e inconexas: tamaño, color, olor, figura, etc. El objeto no se reduce a ninguna de esas impresiones, pero suponemos que debe haber algo por debajo de esas cualidades que les sirva de soporte -vuelta al sentido etimológico-. La sustancia, como soporte de las cualidades, es incognoscible, algo misterioso, inespecífico.
Consecuencia: Desconocemos la estructura profunda y la sustancia de los
objetos; sólo conocemos lo que la experiencia nos muestra de ellos:
un conjunto de cualidades sensibles. La experiencia, por tanto, es origen
y límite de nuestro conocimiento.
A diferencia de Descartes, Locke nunca dudó de que existiera una realidad exterior a nuestras ideas. El mero hecho de tener una idea ya supone, según su propia definición de «idea», la existencia de una realidad exterior que la idea representa. Los tres grandes ámbitos de la realidad son:
•
El «yo», del que tenemos certeza intuitiva (= «Pienso,
luego existo»).
• Dios, del que tenemos certeza demostrativa
(puede demostrarse a partir del principio de causalidad).
• Objetos
físicos, de los que tenemos certeza sensitiva (nuestras sensaciones
de objetos exteriores son producidas, causadas por ellos. Mientras Dios
es la causa última de nuestra existencia, los objetos físicos
provocan nuestras sensaciones.
6. La importancia de Locke en el desarrollo del pensamiento político
Además
del conocimiento, los filósofos empiristas se ocuparon, sobre todo,
de política y moral. Locke tuvo un enorme influjo en el origen de
la filosofía política liberal. Sus ideas fueron recogidas
por Montesquieu, se plasmaron en la revolución americana y en toda
la corriente liberal progresista que se opuso al absolutismo político
en el XVIII. Intentó dejar claro (en el "Tratado del gobierno
civil") que si al poder se le atribuye un origen divino, no podremos
sostener entonces que los seres humanos son libres e iguales por naturaleza,
una de las reivindicaciones políticas fundamentales en Locke.
Como
los sofistas, Locke parte de la distinción entre naturaleza y convención.
Antes de establecer las normas que regirán la sociedad política,
es preciso conocer cuál es el estado natural del ser humano.
En estado natural, los hombres son libres e iguales entre
sí ?recoge la tesis renacentista del hombre naturalmente bueno, como
Rousseau, mientras se opone a la afirmación contraria, recogida por
Hobbes del protestantismo?. Pero en un estado natural donde no existe organización
política, los humanos pueden violar derechos y libertades de los
demás -el hombre no es necesariamente bueno en estado natural-. Sin
embargo, en estado natural la razón ayuda a descubrir una ley moral
natural, que impone unos límites a la conciencia y conducta de los
seres humanos.
Además de la ley moral, los hombres poseen naturalmente ciertos derechos
como el derecho a la propiedad, cuyo fundamento es el trabajo.
8. La sociedad política
Se necesita una organización política y una ley objetiva que solucione los conflictos y deficiencias del estado natural. Por tanto:
• Locke no cree que la sociedad política sea antinatural, contraria a la naturaleza: es, más bien, algo útil y adecuado para hacer posible el disfrute de los derechos naturales.
• El consenso constituye el único fundamento racional de la sociedad política. El acuerdo, el pacto consentido por todos los individuos origina la sociedad política. Mediante este pacto, formal o implícito, los individuos renuncian a parte de su libertad para ganar en seguridad, y se someten de buen grado a la voluntad de la mayoría.
• Los representantes del poder político reciben del pueblo su poder y son responsables ante el pueblo del desempeño de su función, que consiste en promover el bien común.
Tales
ideas, por vagas y generales que parezcan, constituyen los principios fundamentales
de todo estado democrático.
• Obras:
Tratado acerca de la naturaleza humana
Investigación sobre el entendimiento humano
Investigación sobre los principios de la moral
Hume
llama impresiones a lo que Locke denominaba «ideas». Las impresiones
son las percepciones vivas que nos transmiten los sentidos cuando conocemos
objetos. Las ideas, en sentido estricto, son las representaciones o copias
de las impresiones en el pensamiento, ausente ya el objeto que originó
las
impresiones. Son más débiles que las impresiones.
2. Conocimiento de hechos y de relaciones entre ideas
La distinción entre impresiones e ideas se refiere a elementos del conocimiento. Pero Hume distingue tb diversos modos o tipos de conocimiento (~ distinción leibniziana entre VV-raz. y VV-hecho):
a. Conocimiento de las relaciones existentes entre las ideas: P.ej.: la proposición «Dos números iguales a un tercero son iguales entre sí» nos resulta verdadera basándonos simplemente en los términos que contiene, independientemente de cualquier conocimiento empírico. Este tipo de conocimiento se refiere a relaciones entre ideas, no a hechos (lógica/matemática).
b.
Conocimiento de hechos:
Es el que procede de la experiencia, en contacto con objetos y procesos
del mundo físico (p. ej.: «Llueve»; «Los serbios
son belicosos», etc.).
3. El empirismo de Hume y su implicaciones
Si
consideramos impresiones e ideas los elementos fundamentales del conocimiento,
introducimos un criterio radical de certeza: Para saber si una idea es verdadera,
basta comprobar de qué impresión procede. Las ideas sin ninguna
impresión que les corresponda serán pura ficción o
fantasía. Por tanto,
el límite de nuestros conocimientos
viene dado por las impresiones que suministran los sentidos. Consecuencias:
i) Aplicado a la idea de causa y al conocimiento de hechos:
a. Nuestro conocimiento de hechos queda limitado a las impresiones actuales ?lo que vemos, oímos, etc.? y a nuestros recuerdos de impresiones pasadas. Pero no puede haber conocimiento cierto del futuro porque no tenemos impresión alguna de lo que sucederá en el futuro.
Sin
embargo, constantemente hacemos predicciones sobre el futuro: si no estudiamos
será difícil encontrar un buen trabajo; si no buscamos cobijo
nos mojaremos, etc. Esto sucede porque continuamente hacemos inferencias
causales: ciertos trabajos existen porque hay gente preparada para
realizarlos, y sin preparación es imposible acceder a ellos; el agua
moja y llueve con frecuencia, etc. Por tanto,
b. La idea de causa es la base de todas nuestras inferencias acerca de hechos de los que no tenemos impresión alguna. Y entendemos, habitualmente, la conexión causal como una conexión necesaria entre el efecto y la causa. Después de observar en muchos casos que el fuego calienta, podemos predecir que el agua hervirá si permanece cierto tiempo sobre el fuego. Dicho efecto se seguirá necesariamente de su causa.
c.
Sin embargo, nuestra experiencia no justifica el establecimiento de conexiones
necesarias entre fenómenos: ¿En qué impresión
está basada la idea de «conexión necesaria entre fenómenos»?
En ninguna, excepto en el número de veces que hemos visto cómo
el fuego calentaba agua o la lluvia
mojaba. Pero esto sólo significa
que, en el pasado, después de un fenómeno vino otro, no que
siempre y necesariamente la misma causa produzca idénticos efectos.
Hablando con propiedad, no sabemos que el fuego calentará el agua;
sólo lo creemos. Por tanto, nuestro pretendido conocimiento del futuro
sólo es suposición y creencia, nada más. Aunque el
hábito y la costumbre nos hagan estar completamente seguros de que
tales hechos sucederán. Pero nuestras certezas no siempre se corresponden
con las leyes naturales.
ii) Aplicado a los límites de la inferencia causal
Aunque
nuestro conocimiento de hechos no observados sólo se base en creencias,
en la práctica esto resulta suficiente para vivir sin problemas.
Pero al científico le interesa saber hasta dónde puede llevar
sus inferencias causales para obtener conocimientos verdaderos sobre la
realidad. Hume
recurre en este caso a la costumbre como mecanismo psicológico
para averiguar hasta dónde pueden llegar nuestras inferencias causales:
las inferencias sólo funcionan apd impresiones: como fuego y calor
van unidos con frecuencia en la experiencia, podemos pasar de esa impresión
a otras que venían asociadas a ella. Es decir: «De unas impresiones
podemos inferir otras, pero no podemos pasar de una impresión a otra
cosa de la que nunca hemos tenido impresión».
iii) Aplicado a la existencia de una realidad exterior
Hume
rechaza el argumento lockeano que reconocía la existencia de una
realidad extramental porque era la causa de nuestra «idea» o
convicción sobre la existencia del mundo exterior. Lo rechaza porque
Locke pretende inferir de impresiones particulares una pretendida realidad
que va más allá de ellas y de la que no tenemos impresión
o experiencia alguna. Por tanto, creer que existe una realidad física
distinta de nuestras impresiones no puede justificarse apelando a la idea
de causa.
iv) Aplicado a la demostración de la existencia de Dios
Descartes
y Locke recurrieron al principio de causalidad para demostrar que Dios existe.
Pero Hume considera inválidos sus argumentos porque pretenden dar
el salto de impresiones particulares a Dios, del que no tenemos impresión
alguna. Para Hume es imposible averiguar si existe Dios o un mundo más
allá de nuestras impresiones: nuestras nociones de Dios y de mundo
exterior son un misterio,constituyen la frontera y el límite de nuestro
conocimiento.
v) Aplicado a la noción de yo e identidad personal
Tanto racionalistas como empiristas (Locke, Berkeley) habían considerado indudable la existencia de un yo o sustancia cognoscente, pensante, origen de las acciones que atribuimos a humanos. Su existencia resultaba evidente por intuición inmediata, no por inferencia causal. Pero Hume halla un punto débil en esta argumentación:
[a]
Hablar de un yo como sustancia o sujeto permenente de nuestros actos psíquicos
no tiene justificación apelando a la experiencia, porque las impresiones
son efímeras y se suceden unas a otras ininterrumpidamente. Si tuviésemos
una impresión del yo, permenecería invariable y constante
a lo
largo de toda nuestra vida, pues hablamos del yo como un sustrato
permanente de nuestras conductas y procesos mentales. Pero no existen impresiones
constantes e invariables: unas se suceden a otras y no se dan todas al mismo
tiempo. Y todos experimentamos una evolución y cambios radicales
a lo largo de nuestra vida.
[b]
No existe un yo como sustancia distinta de nuestras impresiones e ideas,
como sujeto de nuestros actos psíquicos. Aunque todos tenemos conciencia
de identidad personal mantenida a lo largo del tiempo y a través
de las múltiples ideas e impresiones, esto no es más que un
efecto de la memoria: la memoria nos permite recordar la conexión
existente entre las múltiples impresiones. Pero la memoria sólo
es un mecanismo útil para seguir la sucesión de impresiones,
no una identidad. Esto no convencía ni al propio Hume, y adoptó
una actitud escéptica al respecto.
El empirismo radical de Hume le llevó al fenomenismo y al escepticismo: las impresiones aisladas con el punto de partida absoluto de nuestro conocimiento, la única realidad incuestionable. Y entre las impresiones no cabe establecer más conexión que su contigüidad o sucesión espacio-temporal.
Es imposible encontrar un fundamento real a la conexión entre percepciones o impresiones: ni conocemos una realidad exterior distinta de la suma de impresiones ni un sujeto con identidad personal: la realidad queda reducida a mera sucesión de fenómenos (etim.: lo que aparece/se muestra).
El
fenomenismo lleva a una actitud escéptica respecto a las capacidades
de nuestro entendimiento: no podemos conocer nada más allá
de las impresiones, ni establecer conexiones verdaderas y firmes entre ideas
o fenómenos.
5. Fundamentos de la moral y emotivismo en Hume
Todo
grupo humano tiene algún código moral o conjunto de juicios
mediante los cuales expresa su aprobación o reprobación de
conductas y actitudes. Los grandes filósofos se han planteado antes
o después cuál es el fundamento de nuestros juicios morales,
cómo se originan y qué justifica nuestras
aprobaciones
o rechazos de conductas y acciones.
El fundamento tradicional de la moral, desde los griegos: el entendimiento o la razón, que puede conocer el orden natural y derivar así normas de convivencia adecuadas. Por tanto, la adecuación al orden natural fundamenta nuestros juicios morales.
Pero Hume opina que el conocimiento intelectual no puede ser el fundamento de nuestros juicios morales, porque la razón no puede determinar ni impedir nuestro comportamiento (p.ej.: por mucho que conozcamos de matemáticas, no nos sentimos obligados a aplicar ese conocimiento en la realidad).
• El conocimiento de hechos o de relaciones entre ideas es útil para la vida pero no impulsa por sí mismo a actuar.
• Y el conocimiento de los hechos simplemente nos informa de lo que sucede, pero no de lo que debe suceder o de la valoración moral que merece un suceso o actuación.
• No presenciamos cosas tales como vicios, inmoralidades o iniquidades. Sólo tenemos noticia de ciertas acciones, intereses, motivos, propósitos o pensamientos.
•
El único hecho del que tenemos impresión clara es del sentimiento
interior de aprobación o reprobación que ciertas conductas
provocan en nosotros, pero no tenemos impresión de su justificación
o fundamento racional.
6. El sentimiento, único fundamento de los juicios morales
Ni
la razón, ni el entendimiento ni el conocimiento pueden servir de
fundamento a los juicios morales: sólo el sentimiento es capaz de
explicar por qué actuamos como lo hacemos y hacer comprensibles nuestras
decisiones. Ante ciertas acciones o maneras de actuar experimentamos un
sentimiento de aprobación o reprobación moral, y ese sentimiento
es natural y desinteresado. Esta argumentación sobre los fundamentos
de la moral es típica de una corriente de filósofos moralistas
desarrollada a comienzos del XVIII en Inglaterra por Shaftesbury (1671-1713)
y Hutcheson (1694-1746), con seguidores actuales adscritos a la doctrina
que se conoce como emotivismo moral.
7. Negación del deísmo y de la religión natural en Hume
Hume niega que exita una «naturaleza humana» que pueda servir de base a la religión. Eso a lo que llamamos naturaleza no es más que un complejo de impulsos, instintos y pasiones, ordenados y fijados de cierta manera por unos principios cuya naturaleza última es en sí misma inexplicable. Hume considera la razón algo tan desconocido e inexplicable como la naturaleza o la vegetación. Consecuencias:
[a] A la religión no se le puede encontrar ni fundamento ni explicación racional. Surge de los sentimientos, y son el temor, la ignorancia y el miedo a lo desconocido lo que la alimenta.
[b] Las creencias y los principios religiosos no son «más que sueños de hombres enfermos».
[c] Pero no existe una respuesta tajante y categórica al problema de la religión: constituye un enigma, un misterio. Una vez más, el resultado de la crítica humeana es el escepticismo y la incapacidad de ir más allá de lo que él considera límites naturales del conocimiento humano.
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