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LA
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO COMO CIENCIA EMPÍRICA: PIAGET Y ROSENBLUETH archivo del portal de recursos
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de origen
Ricardo Guzmán
Díaz
Tecnológico de Monterrey, campus
Monterrey
Tradicionalmente se ha considerado a la teoría del
conocimiento como una rama típica de la filosofía. Sus cuestionamientos
fundamentales sobre el origen y los límites del conocimiento humano le dan esa
característica filosófica de reflexión en torno a temas que nunca tienen una
respuesta última y a los cuales se retorna irremediablemente una y otra vez. Sin
embargo, es sabido que la frontera entre la filosofía y la ciencia no es tan
clara. Existe una concepción de la filosofía según la cual los problemas que la
ocupan son en realidad pseudoproblemas en el sentido de que no tienen solución.
Cuando se dan las condiciones para que un problema filosófico se torne
solucionable entonces deja de ser tal e inaugura una ciencia en la cual los
expertos en el tema se han puesto de acuerdo en los métodos que se pueden
utilizar para buscar dicha solución. John L. Austin, por ejemplo, lo expresa
así:
En la historia de las indagaciones humanas la filosofía
ocupa el lugar de un sol central originario, seminal y tumultuoso. De tanto en
tanto, ese sol arroja algún trozo de sí mismo que adquiere el status de una
ciencia, de un planeta frío y bien regulado, que progresa sin pausas hacia un
distante estado final. Esto ocurrió hace ya mucho tiempo cuando nació la
matemática, y volvió a ocurrir cuando nació la física. 1,
2
En este sentido, no es que se menosprecie a la filosofía
por no poder resolver sus problemas, sino por el contrario, se reconoce que es
precisamente el trabajo filosófico lo que permite investigar más profundamente
un tema de interés. En la cita de Austin, este filósofo reflexiona más adelante
respecto a la posibilidad de ser testigo del nacimiento de una genuina ciencia
del lenguaje, que es el punto central de su indagación, y termina diciendo
“entonces nos liberaremos de otra parte de la filosofía (todavía quedarán
muchas) de la única manera en que es posible liberarse de ella: dándole un
puntapié hacia arriba”. De esta misma forma nos podemos cuestionar si la teoría
del conocimiento puede convertirse en una disciplina científica. Tal vez por su
carácter especial de ser la rama de la filosofía que se pregunta precisamente
por el conocimiento (incluido el conocimiento científico) resulte un tanto
paradójico y/o cíclico pensar en una ciencia que hable sobre la ciencia y por lo
tanto tenga que conservar más bien su carácter de disciplina filosófica. En todo
caso, las posibilidades de un acercamiento de este tipo son el tema de este
ensayo.
TEORÍA DEL CONOCIMIENTO VERSUS EPISTEMOLOGÍA
Antes
que nada es necesario hacer una distinción importante, ya que en ocasiones se
utilizan las expresiones “teoría del conocimiento” y “epistemología” como
intercambiables. Históricamente, la denominación “teoría del conocimiento” es
más antigua y se refiere a esa rama de la filosofía que probablemente inauguró
John Locke con su Ensayo sobre el entendimiento humano, 3
aunque estas preocupaciones por la naturaleza del conocimiento las podamos
rastrear en el pasado hasta Platón y Aristóteles, posteriormente en Bacon y
Descartes, etc. En cambio, el término epistemología es más reciente y se emplea
sobre todo para referirse a la teoría del conocimiento científico, es decir, a
la disciplina dirigida al estudio crítico de las ciencias y que tiene como
objetivo determinar el valor, el fundamento lógico y el campo de acción de
ellas.
Hacemos esta diferenciación porque, como se verá más adelante,
precisamente una de las teorías que mencionaremos, pretende eliminar esta
dicotomía entre la teoría general del conocimiento y la teoría del conocimiento
científico refiriéndose a un principio de continuidad de los procesos
cognoscitivos.
FRACASOS DEL PASADO
A lo largo de la
historia se ha intentado construir diferentes sistemas filosóficos sobre el tema
del conocimiento. Ya mencionábamos en el punto anterior a John Locke quien
representa el clásico empirismo inglés. Su tesis fundamental es que todo el
conocimiento proviene de los sentidos, es decir, el único conocimiento válido es
aquel que está debidamente apoyado en una experiencia sensible. Esta propuesta
obviamente es opuesta al racionalismo de Descartes 4 quien, por el
contrario, duda de todo lo que percibimos por los sentidos y busca entonces
partir de un principio indubitable que encontrará en la razón.
Así surge
entonces el gran debate entre el racionalismo y el empirismo, ninguno de los
cuales se puede sostener debido a su inclinación hacia sólo uno de los factores
que intervienen en el problema del conocimiento. Como una gran contribución que
tiende a sintetizar estas visiones del conocimiento, encontramos la obra
monumental del gran Immanuel Kant 5 titulada Crítica de la razón
pura. Uno de los pilares de la tesis de Kant consiste en haberle otorgado al
sujeto que conoce un papel activo en el proceso de organización de sus
interacciones con el mundo físico. Kant introduce el concepto de “categorías del
entendimiento” que son a priori y que representan estructuras o moldes
mentales que el sujeto impone a las impresiones que recibe por los sentidos. Las
condiciones para que esto ocurra son el espacio y el tiempo, que son intuiciones
propias de la sensibilidad. Sin embargo, hay un problema fundamental en esta
visión que tiene que ver con la época en que fue concebida (siglo XVIII).
Rolando García lo explica de la siguiente manera:
Hay por
consiguiente, para Kant, una forma única de concebir el espacio y el tiempo,
porque dichas formas provienen de síntesis a priori que se imponen al
entendimiento sin que ninguna nueva experiencia o especulación pudiera
cambiarlas. Pero sus características habían sido establecidas por la ciencia –la
ciencia de la época de Kant– y no podían ser otras. Había un espacio absoluto y
un tiempo absoluto, y en ellos ocurrían los fenómenos físicos tal como lo
explicaba la mecánica de Newton. Las relaciones espaciales no podían ser otras
que aquellas descritas por la geometría de
Euclides. 6
Así pues, la teoría del conocimiento de Kant
está fundada sobre la ciencia de su época, fundamentalmente la física de
Newton. 7 Kant no tenía idea de que posteriormente se desarrollarían
nuevas geometrías no euclidianas y de que la física mostraría que las
características del espacio y el tiempo no podían ser descubiertas por la pura
especulación filosófica. Es decir, la nueva física de comienzos del siglo XX
mostraba que la pura filosofía especulativa no podía responder a las preguntas
fundamentales en torno al conocimiento: ¿qué es la realidad?, ¿qué se puede
conocer de ella?, ¿cómo se accede al conocimiento? La filosofía kantiana no
podía responder a estas preguntas en el contexto de la nueva física con espacio
y tiempo relativos, pérdida de la causalidad estricta en la física cuántica,
etcétera.
Esto convocó a un grupo de grandes pensadores a la empresa de
formular un empirismo científico que se conoció como positivismo lógico, pero
cuya reacción a la filosofía especulativa y su vuelta a un empirismo radical
fueron tan excesivos que llevó a este intento de comprender los fundamentos del
conocimiento a una nueva crisis. Uno de los aspectos de esta crisis consistió en
que no puede sostenerse que el sujeto que conoce reciba las impresiones del
mundo exterior a través de sus sentidos en forma pasiva y de ellas simplemente
haga inducciones y cree así conocimiento. Por el contrario, resultó claro que
cualquier observación está cargada de teoría y por lo tanto no podemos basarnos
en un empirismo puro.
LA EPISTEMOLOGÍA GENÉTICA DE
PIAGET
Ante esta serie de fracasos podemos hacer entrar en escena a
las ideas de Piaget, quien es más conocido por sus teorías del desarrollo
cognitivo en los niños, pero en cuyo trasfondo encontramos una posición muy
clara en torno al problema del conocimiento en general. Él avala una concepción
similar a la que mencionábamos de John L. Austin, diciendo que
[...] la filosofía ha sido la matriz de la ciencia, y continúa siendo sin
duda la matriz de ciencias y de nuevas perspectivas que hoy no podemos aún
entrever, pero sólo lo será en la medida en que no se encierre en sistemas y no
crea que genera el conocimiento. 8
La epistemología
genética 9 de Piaget es una epistemología de carácter
empírico 10. A diferencia de la especulación filosófica tradicional en
torno al problema del conocimiento, Piaget formula hipótesis empíricas que
puedan ser puestas a prueba. Si nos preguntamos dónde podemos encontrar procesos
de observación puros (no cargados de teoría como se planteaba en el punto
anterior), la respuesta es clara: en todo caso en los niños. Por esta razón
Piaget busca la respuesta a sus interrogantes en el comportamiento de los
niños.
La aportación de Piaget consiste en hacer un planteamiento
constructivista del conocimiento. Al tratar de establecer el objeto de estudio y
ante la dificultad de definir “conocimiento”, es preferible hablar del complejo
cognoscitivo como el conjunto de comportamientos, situaciones y actividades que
socialmente están asociadas al conocimiento, es decir, se enfatiza el carácter
dinámico del mismo. Este complejo está formado por aspectos biológicos, mentales
y sociales. El enfoque constructivista en el estudio del conocimiento radica en
considerar dicho complejo cognoscitivo como resultado de procesos cuya
naturaleza debe investigarse empíricamente. Piaget y sus colaboradores lo hacen
a través de sus extensas investigaciones psicogenéticas. Pero podemos
preguntarnos ¿qué pasa con la caracterización del conocimiento científico?
Piaget responde con un principio de continuidad: los mecanismos de adquisición
del conocimiento son comunes a todas las etapas del desarrollo, no solamente
desde la niñez hasta la etapa adulta, sino también hasta los niveles más altos
del conocimiento científico. De esta manera, para Piaget hay sólo una teoría del
conocimiento que debe abarcar todas las etapas del desarrollo individual y
social, incluyendo el conocimiento científico. El material empírico sobre el
cual se construye la teoría es de dos tipos: la investigación
psicogenética 11 (que fue el énfasis principal en los trabajos de
Piaget) y el análisis histórico-crítico de las teorías científicas.
Según
Piaget, el desarrollo cognitivo consiste en un proceso permanente de adaptación
al medio a través de los mecanismos de asimilación y acomodación. Esto es así
tanto en el desarrollo del niño como en la evolución biológica o en el
desarrollo científico. En la asimilación lo que ocurre es una interpretación de
nuestro entorno en términos de las estructuras cognitivas existentes. La
acomodación se refiere al cambio de esas estructuras para lograr que lo nuevo
resulte significativo. En este proceso hay siempre una tendencia al equilibrio.
Cuando un niño o un adolescente (o un científico) descubren algo razonablemente
parecido a lo que ya conocen, lo asimilan al conocimiento previo. Por otro lado,
cuando encuentran algo radicalmente diferente, lo ignoran o cambian sus
estructuras mentales para lograr acomodar este nuevo conocimiento.
Pero
Piaget va todavía más allá al mostrar que los procesos constructivos del
conocimiento conducen también a la construcción de la lógica. En este sentido
nos dice que hay dos componentes del sistema cognoscitivo: el componente
endógeno (que son las estructuras lógicas utilizadas por el sujeto en cada nivel
de desarrollo) y el componente exógeno (que está constituido por los hechos y
las observaciones del mundo empírico). Entre ellos hay una dinámica en la cual
el segundo está siempre subordinado al primero, aunque se construyan
conjuntamente.
Piaget desarrolla en su teoría un sistema de pensamiento
coherente y atractivo, pero que a nuestro juicio contiene algunas lagunas.
Particularmente no queda claro qué representan para él esas estructuras mentales
y en qué consiste la adaptación de las mismas. Profundizar en estos aspecto nos
conduce al problema de la relación mente-cerebro, es decir, al sustrato
neurofisiológico involucrado.
LA RELACIÓN MENTE-CEREBRO Y LOS LÍMITES
DEL CONOCIMIENTO
En esta sección nos basaremos fundamentalmente en el
pensamiento de Arturo Rosenblueth y más específicamente en una monografía que
escribió al final de su vida.12 Arturo Rosenblueth fue un gran
científico mexicano dedicado a la neurofisiología y que siempre cultivó el tema
de la epistemología y la filosofía de la ciencia. Fue colaborador de Norbert
Wiener, con quien compartió de manera muy cercana sus intereses filosóficos.
Retomaremos ahora las interrogantes sobre el conocimiento, pero lo haremos
sin ignorar el sistema biológico que más cercanía tiene con el tema, que es de
manera general, el sistema nervioso central y de manera más particular, el
cerebro. Nuestras preguntas clave serían ahora del tipo ¿qué es la mente?,
¿existe la mente?, ¿qué significa pensar?, ¿puede una computadora
pensar?
Rosenblueth nos presenta una visión dualista en el sentido de
considerar que existen, por un lado, eventos mentales y, por otro,
eventos materiales. Los eventos mentales los asocia a las experiencias
conscientes: sensaciones, emociones, pensamientos, deseos, memorias, etc.
Adviértase que Rosenblueth no postula la existencia de “mentes” como entidades
individuales independientes, sino solamente de eventos mentales. Sin embargo, él
explica la presencia de un “yo” que permanece por medio de la inclusión de las
memorias como parte de esos procesos mentales:
El hecho de
que tenemos memorias tiene varias consecuencias: nos hace conscientes de la
sucesión temporal de los eventos, nos permite comparar las experiencias
presentes con las del pasado, y nos permite integrar una personalidad, un “yo”
mental que tiene una historia y cuya continuidad no se interrumpe a pesar del
sueño o de otros períodos de inconsciencia. 13
Para
poder plantearse el problema de los límites del conocimiento hay que precisar
cómo son las relaciones que median entre los eventos materiales y los eventos
mentales. Aquí es donde son útiles los conocimientos de neurofisiología, que
aunque en la actualidad son muy avanzados, aquí los expresaremos de forma
simple. En principio, la información que adquirimos del universo material nos
llega a través de nuestros sistemas sensoriales. Los receptores sensoriales son
células que se excitan ante un cierto tipo de estímulo (luz, calor, etc.) y
actúan como transductores al convertir esos estímulos en impulsos eléctricos que
viajan por las fibras nerviosas hacia el cerebro, donde se llevan a cabo
actividades o eventos neuronales muy complejos, que incluyen la constante
reconfiguración de ese entramado neuronal.
Nos explica Rosenblueth que existe
la siguiente cadena de eventos para nuestras percepciones: procesos materiales
–> activación de receptores sensoriales –> impulsos eléctricos codificados
–> eventos neuronales y mentales correlacionados. Aquí nos damos cuenta de
que en el proceso suceden una serie de transformaciones, de manera que en todo
caso lo único que se preserva del estímulo original es su estructura. Si me
quemo la mano, ese calor (energía del movimiento de los átomos) no llega a mi
cerebro; si veo un objeto rojo, la luz con la longitud de onda correspondiente
no alcanza a mi cerebro. Lo que recibe mi cerebro es información codificada que
no tiene nada en común con los objetos o eventos originales, salvo la
estructura, 14 lo cual significa que se conservan ciertas relaciones
que existen en el evento original. El evento mental es la sensación final que
tengo de quemarme o del color rojo.
Esto último es algo que desde luego
otros filósofos han puesto en evidencia, pero en ocasiones de manera muy oscura.
Por ejemplo Wittgenstein 15 nos habla de que un pensamiento es una
figura lógica de los hechos. La figura sería la estructura. Como vemos, parece
estar hablando de lo mismo que se planteaba en el párrafo anterior, pero de una
manera muy densa y resumida. Y de cualquier modo que se plantee, de lo que nos
habla esto es precisamente de los límites del conocimiento, pues, en última
instancia, lo único que conocemos del mundo real es esa estructura, no la cosa
en sí.
Ahora bien, lo que resulta interesante rescatar de lo dicho hasta
aquí, es la relación que tiene con algunos de los conceptos de Piaget vistos en
la sección anterior. Nos referiremos a dos aspectos:
1. Esta preservación de
estructuras que ocurre en el proceso natural de conocimiento o de nuestra
relación con el mundo sería análoga a lo que sucede al construir modelos o
teorías científicas. El modelo o la teoría no me dice lo que “es la cosa”, pero
sí preserva ciertas relaciones, es decir, la estructura. De esta manera se
explicaría el principio de continuidad de Piaget según el cual no habría que
diferenciar entre las etapas del desarrollo individual (desde la niñez hasta la
adultez) y las del desarrollo científico.
2. El proceso de adaptación del que
habla Piaget en su sustrato físico o biológico correspondería a la modificación
continua de las conexiones funcionales de las neuronas.
Por último, y
regresando a la cadena que va desde los estímulos hasta los eventos neuronales y
mentales, la pregunta es cómo se relacionan estos eventos finales de la cadena.
Según dijimos, Rosenblueth admite esta dualidad de eventos mentales y eventos
materiales, pero simplemente como eventos simultáneos, no relacionados
causalmente. Solamente los eventos materiales (los fenómenos neurofisiológicos)
están relacionados causalmente, siendo el proceso mental sólo un aspecto
distinto del mismo evento. Parece que este juicio que nos podría hacer
prescindir de los eventos mentales, es decir, hacer del problema cerebro-mente
un pseudoproblema. Sin embargo, Rosenblueth insiste en que para poder prescindir
del término “evento mental” tendríamos que tener un medio para “traducir” de un
dominio a otro, pero esto es imposible, y para mostrarlo utiliza como ejemplo el
intento de comunicar a un ciego de nacimiento las sensaciones de los
colores:
Por muy detallada que fuese la descripción de los
eventos físicos que ocurren en mi cerebro cuando veo un objeto rojo, y aunque
fuera macrocósmica o microcósmica, jamás lograría transmitir la connotación
introspectiva de la palabra “rojo”. 16
Esto podría
derivar nuestro análisis hacia muchos otros temas correlacionados como, por
ejemplo, la inteligencia artificial (si una computadora fuera tan elaborada como
para llevar a cabo procesos materiales tan complejos como los neuronales, ¿sería
consciente?, ¿estaría pensando?, ¿tendría asociados eventos mentales?), el libre
albedrío (el que la relación causal sólo se dé en el terreno material ¿significa
que no existe el libre albedrío?, ¿la voluntad como un elemento mental es sólo
un estado o implica una relación causal con el mundo material, contradiciendo
así a Arturo Rosenblueth?), etc. Todos estos temas resultan interesantísimos,
pero quedan fuera de la intención de este ensayo cuyo objeto es únicamente
mostrar la importancia que tiene tomar en cuenta elementos de las ciencias
empíricas para poder abordar con mayores probabilidades de éxito el problema del
conocimiento. 17
CONCLUSIONES
Hemos tenido la
oportunidad de mostrar cómo las posiciones meramente empiristas y/o
apriorísticas, tratadas bajo la óptica de una filosofía especulativa, no
resuelven el problema del conocimiento porque en su planteamiento asumen que el
punto de partida es algún factor específico, ya sea de carácter sensible o
intuitivo, en el cual no se puede reconocer cómo comienza el conocimiento. En
ese sentido, es necesario introducir consideraciones de carácter dinámico y ver
el conocimiento como un proceso. Existe actualmente la investigación científica
en el campo de la psicología y de la neurofisiología que aclara muchos aspectos
sobre la transición de los procesos meramente biológicos, incluyendo los
reflejos más elementales del recién nacido, hasta acciones mucho más complejas
que pueden ya ser caracterizadas como cognoscitivas. La teoría constructivista
extiende estos procesos hasta los de la actividad científica introduciendo su
principio de continuidad.
Actualmente poseemos conocimientos científicos que
no existían en la época de Locke o de Kant y que no se pueden ignorar al
intentar dar solución al problema del conocimiento. No cabe duda que abordar el
estudio de este tema es una tarea multidisciplinaria, la cual debe incluir todos
los esfuerzos intelectuales que permitan construir una teoría más completa e
integral.
NOTAS
1 Austin JL. Cómo hacer cosas
con palabras, Paidós, Barcelona (1971) 27.
2 Un ejemplo
revelador de esta transición es la obra cumbre de Isaac Newton que de alguna
manera inaugura la ciencia moderna y que en su título reconoce sus orígenes
filosóficos: Principios matemáticos de filosofía natural.
3
Para una versión abreviada se puede consultar Locke J. Compendio del ensayo
sobre el entendimiento humano, Tecnos, Madrid (1999).
4
Descartes R. El discurso del método, Editorial Océano, México
(1998).
5 Kant I. Crítica de la razón pura, Porrúa, México
(2000).
6 García R. El conocimiento en construcción,
Gedisa, Barcelona (2000) 18.
7 Por ejemplo, dice Kant, “toda
magnitud determinada del tiempo es sólo posible mediante limitaciones de un
tiempo único fundamental” .
8 Citado en García R. El
conocimiento en construcción, Gedisa, Barcelona (2000) 21.
9
El adjetivo “genético” se debe entender aquí en su acepción de génesis
del conocimiento y no en el sentido en que se usa en biología.
10
Miller P. Theories of developmental psychology, Freeman and Company, New
York (1983).
11 En estos trabajos Piaget deja ver su interés en
aspectos tradicionales de la filosofía especulativa en lo que se refiere a las
categorías básicas del pensamiento: tiempo, espacio, causalidad, etc. Él
investiga experimentalmente con niños cómo se desarrollan estos
conceptos.
12 Rosenblueth A. Mente y cerebro: una filosofía de
la ciencia, Siglo XXI, México (1970).
13 Ibid.,
85.
14 Anteriormente se había usado el término “estructura” para
referirse a las estructuras mentales que se adaptan según la teoría de Piaget.
Aquí lo estamos usando en otro sentido para referirnos a lo que se preserva de
un objeto o sensación después de que se hace un mapeo o transformación de
él.
15 Wittgenstein L. Tractatus lógico-philosophicus,
Tecnos, Madrid, (2002).
16 Rosenblueth A. Mente y cerebro: una
filosofía de la ciencia, Siglo XXI, México (1970) 129.
17 Para
ampliar el tema se recomienda consultar Penrose R. The emperor’s new mind:
concerning computers, minds, and the laws of physics, Penguin books
(1991).