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EL CONCEPTO DE CIUDADANÍA MUNDIAL Y LAS VANAS PRETENSIONES DE MATERIALIZAR UNA UTOPÍA archivo del portal de recursos
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Rodrigo Giraldo Quintero
Resumen
La presente ponencia pretende demostrar como el concepto de ciudadanía mundial no soluciona absolutamente nada en materia democrática universal y por el contrario se erige como una abstracción, una idea metafísica muy lejana de materializarse en la sociedad universal o cosmopolita, es más, como dicha idea no ayuda en nada a la población migrante empadronada a lo largo y a lo ancho del mundo.
Abstract
The present presentation(paper) tries to demonstrate as the concept of world citizenship does not solve absolutely anything in democratic universal matter and on the contrary it is raised as an abstraction, a metaphysical very distant idea of materializing in the universal or cosmopolitan society, is more, since the above mentioned idea does not help in anything the population migrante registered lengthways and widthways with the world.
1. Introducción
En los tiempos actuales, el discurso sobre la modernidad, se encuentra en crisis, -dicen algunos- la ciencia que durante la racionalidad separaba sujeto-objeto, siendo el sujeto propio del estudio de las ciencias sociales y el objeto el elemento de análisis de las ciencias naturales, hoy se derrumba. En la contemporaneidad, se pone en duda dicho concepto, sin saber a fondo los aportes importantísimos de ese periodo de la racionalidad, sin embargo, hablamos de esa crisis casi que por esnobismo académico, sin tener muchos elementos sobre lo que significa el concepto de modernidad. Por supuesto, si no conocemos el concepto, es aún más difícil desentrañar en que consistió su práctica y cotidianeidad, es más, si realmente existió esa racionalidad tan retumbante. No obstante, no son pocas las teorías que definen este largo periodo de la humanidad y de la ciencia, a partir de acontecimientos históricos como la revolución francesa de 1789 y su irrigación de las doctrinas ilustradas y del enciclopedismo, otros lo hacen en clave de teorías y grandes discursos académicos de autores que determinan ese esplendor denominado racionalismo, y se habla ampliamente del aporte de Kant (1781 Crítica de la razón pura y 1788 Crítica de la razón práctica) además de la obra precursora del Discurso del método (1637) de Descartes y otras obras características de la modernidad que muestran su derrotero y referentes de identidad de los tiempos de la razón.
Toda la historia de la humanidad, no son más ni menos que una serie de acontecimientos que van definiendo la realidad y el mundo en sociedad, es decir, todo aquello que es observable y vulnerable ante nuestras percepciones y lo sensible ante nuestros sentidos, somos seres sensoriales por naturaleza y desde los griegos, dicha idea de realidad se entiende en este sentido. Entonces la modernidad que ha sido tan criticada, no ha surgido de una especie de generación espontánea o de la nada, sino de una realidad específica, de la necesidad concreta de identificar el mundo a partir de razones y no de abstracciones, de la realidad de un mundo que fue teocéntrico y que era absolutamente necesario volver antropocéntrico, pues bajo la idea de Dios se camuflaban oscuras prácticas como la inquisición por ejemplo, pero más grave aún, era la invisibilización de la ciencia, lo que implicaba desconocer el propio conocimiento, primando sobre el mismo, la fe. Por el contrario, si se entendía como el centro del mundo, al hombre, caeríamos en el plano real, y ese individuo lo podemos percibir y es vulnerable, tal como pensaron los griegos con relación al mar o las aves. En la contemporaneidad, la razón que ganó terreno bajo el escenario descrito ha entrado en crisis y muchos consideran que en estos tiempos nuevos es necesario hablar más bien de la posmodernidad que nos define mucho mejor los tiempos de hoy, la posmodernidad que se encumbra en los tiempos de la globalización donde existe libertad para el tráfico de bienes y servicios, pero también para mutilar los sueños de las personas que pretenden circular libremente por el mundo.
2. De la modernidad a la globalización y de la globalización a la ciudadanía mundial.
La modernidad entre sus verdades axiomáticas nos ha hecho creer en racionalidades univocas y absolutas, casi sin posibilidad de refutación o crítica, sin embargo dichas verdades del conocimiento, tan bruñidas teóricamente, no han sido baluarte de salvación de una humanidad que pasó por dos guerras mundiales y que vive en confrontaciones bélicas al interior de los Estados, casi que como práctica constante entre muchos otros horrores. Ante lo cual, cabe la pregunta ¿habrá sido la racionalidad moderna una herramienta para vivir mejor? Evidentemente no, al contrario, si algo se desprendió de esas guerras mundiales y de los actuales enfrentamientos, es que el método científico y racional ha servido a los intereses hegemónicos imperiales (Capitalismo y Socialimpoerialismo en su tiempo) para confrontar en disputas sangrientas y con altísimos costos para la propia humanidad, por esa razón tal vez, entre ambientalistas, grupos sociales y grupos de presión, se habla de la crisis de la modernidad y la imperiosa necesidad de dilucidar un pensamiento complejo, que no separe tan tajantemente el sujeto y el objeto, como ya lo hizo la modernidad, con sus desastradas consecuencias. No obstante, es necesario modular un poco este discurso, pues si bien, la modernidad trajo consigo, algunos efectos devastadores, seguramente su idea inicial era altruista y loable, por eso se haría la revolución francesa y surgirían grandes pensadores como Galileo, Copérnico, Newton, Descartes, Kant, (por ejemplo con la paz perpetua) entre otros, que seguramente de muy buena fe, sostuvieron a la razón como eje de la modernidad sin considerar siquiera sus efectos futuros, pues los mismos se desprenden de la modernidad más no del pensamiento genial de estos filósofos y científicos.
Si algo ha quedado claro con los descubrimientos arqueológicos de la prehistoria y las grandes civilizaciones como los Incas, Mayas, Aztecas y las grandes construcciones egipcias, es que la modernidad falló en su interpretación del mundo, al no tener en cuenta los saberes ancestrales o indígenas, pretendiendo reducir el mundo a un pensamiento antropocéntrico, si antes, Dios era el centro del universo, ahora el hombre sería Dios y por esta razón, se vislumbra la pretensión universalista del querer explicar el mundo y reducirlo a verdades, las que terminan colapsando. Dicha racionalidad así entendida nos ha llevado a jugar un mundo lleno de intereses de todo tipo, económicos, políticos, y en general, mezquinos, donde prima todo por encima del conocimiento, es decir que el pensamiento es útil si sirve a algún ente político o empresarial, se habla entonces de la necesidad de una educación técnica. Las humanidades entonces, han sido relegadas por el mundo del consumo y la globalización, es el mundo de la modernidad irracional, es la burguesía ya no revolucionaria, sino especuladora y parasitaria. El mundo que pretendió ser racional, se ha abastecido de dicha pretensión para autodestruirse. En ese contexto las personas optan por huir de sus realidades nacionales, de sus pequeños infiernos y se van generando olas de inmigrantes alrededor del mundo con mayor empadronamiento en los países desarrollados, buscando la salida a las pobrezas endémicas de los pueblos en vía de desarrollo, es así como surge la idea de solucionar esas patologías y aparece como tabla de salvación el concepto de ciudadanía mundial. Pero ¿qué significa dicho concepto? El concepto de república mundial e incluso de ciudadanía mundial son conceptos vagos e indeterminados que pueden dar cuenta tanto de aspiraciones democráticas y altruistas ideas como de mezquinos intereses sujetos a exclusivas prerrogativas económicas y no de carácter emancipatorio. El concepto de ciudadanía mundial está apenas discutiéndose y en ciernes. Para estos efectos, si somos partidarios de un concepto tan conflictivo, indeterminado, abstracto y difícil como lo es el de ciudadanía mundial, habrá que establecer primero que dicha idea yendo a la práctica y a la vida como tal, debería entenderse desde una perspectiva democrática y de defensa de los derechos humanos fundamentales.
Es pertinente decir entonces, que si hablamos de la materialización de la ciudadanía mundial, tendríamos que referirnos necesariamente a la protección de derechos que se tienen bajo el goce y protección de los derechos nacionales en sociedades democráticas, pero inclusive ampliando derechos y libertades que las que hemos conocido tradicionalmente en los Estados Nación soberanos, porque si no es así, la ciudadanía mundial sería una aspiración obsoleta y carente de sentido, sin embargo, la lógica autocrática de muchos Estados y la desprotección de muchas personas en el mundo y el desmedro y desprotección de los derechos humanos a las mismas, hace pertinente que hablemos de ciudadanía mundial, entendiendo que independientemente de la ciudadanía nacional de una persona, nos referimos es a una visión cosmopolita donde habita el ciudadano del mundo y como tal por el sólo hecho de pertenecer a la humanidad tiene derechos.
El tema de la ciudadanía mundial empieza a encontrar dificultades, inclusive desde el mismo momento en que nos planteamos el siguiente interrogante: ¿de qué tipo de ciudadanía estamos hablando? Porque puede ser civil desde el reconocimiento que tengo como persona y como adulto considerado según la edad, pero la ciudadanía puede ser política y en ese sentido, no se tratará solamente de mi reconocimiento como adulto o como ser humano, sino que podré participar políticamente, ser elegido, en fin, una cantidad de elementos que me hacen pensar que no estoy situado en una simple ciudadanía mundial, sino más bien en una verdadera república mundial, lo que enredaría mucho más el concepto, incluso hasta llevarlo a un ideal bien difícil de sustentar como plausible más allá de lo teórico por irrealizable en un contexto de desavenencias y antagonismos entre los protagonistas de la política mundial, es decir, de los gobiernos. Por eso, pensar en ciudadanía mundial es más razonable en términos de obligaciones, garantías y responsabilidades jurídicas, como sucede en la actualidad con los violadores de delitos de lesa humanidad, por ejemplo; porque si nos referimos a ciudadanía política necesitaríamos órganos de carácter político y tendríamos que referirnos a ejecutivos, parlamentos, candidaturas, entre otros elementos que hacen impensable esa ciudadanía mundial y las dificultades regionales como lo ha demostrado la Unión Europea son muestra de ello. Es obvio que la adquisición de una pretendida ciudadanía mundial vendrá incorporada de luchas y conflictos en su construcción como también ha sucedido con la elaboración de las ciudadanías nacionales.
Ahora bien, si la construcción de la ciudadanía es un proceso en el cual deben ir de manera implícita los derechos y todas las cláusulas propias de las democracias, es lógico que en esa misma arquitectura de ciudadanía sean tenidos en cuenta los deberes y las obligaciones.
En lo pertinente a la construcción de la ciudadanía mundial, existe un intenso debate entre republicanos (neo-liberales) y comunitarios sobre la viabilidad de dicho concepto y el cómo podría llevarse a cabo esta idea. Pero, la viabilidad o no de la ciudadanía mundial debe pasar por determinar si dicha idea si mejora la calidad de vida de las personas, porque si no es así sería una mera pretensión o una simple quimera.
La ciudadanía mundial implicaría además igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas con independencia de su nacionalidad u origen, lo que dificulta la materialización de la idea, pues como es lógico sabemos que la igualdad real y efectiva es de difícil realización, el ejemplo de esto es el voto donde todavía existen muchas dificultades al respecto.
Para dar solución a todos los problemas que trae consigo la viabilidad de instaurar una ciudadanía cosmopolita, es pertinente subrayar que tendríamos que pensar además en un gobierno mundial con todo lo que ello implica, parlamentos, dirigentes, es decir, hablar palabras más, palabras menos, de democracia, pero la democracia o el gobierno mundial estaría sujeta a los mismos problemas que tienen los gobiernos y las democracias nacionales, incluida la manipulación política por medio de sus lideres.
En ese sentido, si queremos obstruir o frenar todas las talanqueras de manipulación de las que pueden ser objeto la ciudadanía mundial e incluso el gobierno mundial, es necesario combatir los vicios políticos de las democracias nacionales, mediante campañas que impidan la no manipulación del voto, por ejemplo.
La pretensión con la que se argumenta la viabilidad de la ciudadanía mundial se dilucida desde lo deseable que todas las personas tuviésemos los mismos derechos sin importar el origen nacional, racial o de genero y esta pretensión se cree posible a partir de la vigencia de los derechos humanos, la aceptabilidad de los mismos y su respeto transfronterizo.
Sobre la viabilidad y defensa del concepto hay dos perspectivas: una es sostenida por los republicanos –neo-liberales- que argumentan la idea de ciudadanía mundial como plausible y realizable y así mismo defienden los derechos universales y su vigencia. Por otro lado están los comunitaristas o multiculturalistas que no creen –en su mayoría- en los derechos universales, defienden las idiosincrasias y culturas nacionales autóctonas y las culturas propias de los pueblos, algunos creen en la ciudadanía mundial, pero ponen sobre dicha idea sus reservas y reparos pues dan mucha relevancia y valor a los hábitos, tradiciones y culturas nacionales.
Los enemigos de la ciudadanía mundial son el relativismo y el multiculturalismo. El relativismo es opositor de la ciudadanía mundial porque se negaría a reconocer que toda cultura que se oponga a los derechos humanos es inferior y merece ser cambiada y el multiculturalismo resistirá a la idea de ciudadanía mundial porque considera que los valores, hábitos y derechos reconocidos por cada comunidad son valiosos e inalterables.
Aquellos que criticamos la ciudadanía mundial lo hacemos pensando que la pretensión de esta idea es la de la hegemonía, pero nada más alejado de la realidad, contestarían los republicanos, pues lo que pretende dicho concepto es la protección de los derechos, la integridad física y la dignidad humana como precepto indispensable y no para atropellar a nadie. Por el contrario, la idea de protección de los comunitarios muchas veces va en detrimento de los individuos y sus aspiraciones de vida, mientras que los partidarios de la ciudadanía mundial primarían los proyectos de vida y derechos individuales inclusive sobre los de la propia comunidad. La comunidad mundial es entonces mucho más viable, teniendo en cuenta que protege los derechos de aquellos que se sienten reprimidos en sus comunidades nacionales, pero esto iría a favor de la cultura de derechos esgrimida por occidente y esa sería una objeción que plantearían los comunitaristas.
Como queda claro entonces, el debate es entre cuáles derechos deben primar o cuáles derechos son más importantes, si los derechos universales humanos o los derechos autóctonos, nacionales y propios de las comunidades (Que entre otras cosas también son humanos)
Los republicanos defienden una postura de viabilidad de la ciudadanía mundial teniendo en cuenta que los proyectos de vida de las personas deben primar sobre los derechos de las comunidades e incluso sus hábitos, pues la ciudadanía mundial es la política de inclusión máxima de unos principios y derechos universales. Sin embargo, eso estaría apenas por ser demostrado por parte de los republicanos y esto es una replica constante de los comunitarios. En conclusión el debate es vigente, pero el concepto de ciudadanía cosmopolita o mundial es endeble porque falla en dos aspectos fundamentales, primero al sugerir que todos los que se denominan comunitaristas –que bien podría traducirse el término como nacionalistas, se oponen a la ciudadanía mundial- segundo, al considerar que con una comunidad política se tenga que homogeneizar el mundo, porque se habla de tradiciones, idiosincrasias y culturas propias o autóctonas y difícilmente la ciudadanía mundial o república mundial pueda ser materializable si hablamos de una especie de uniformidad del mundo en lo atinente a cultura, tradiciones e idiosincrasias, sin duda eso la haría mucho más difícil e inviable de lo que puede llegar a ser. Considero que el concepto sólo sería posible eventualmente ( reconociendo todos los problemas y dificultades que acarrea) como una ciudadanía mundial exclusivamente protegida judicialmente y que reconozca los derechos humanos (de verdad y con sanciones a quienes no los cumplan, incluidos los gobiernos y no como lo hacen de manera ineficiente las organizaciones que ya parecen perder cada vez más legitimidad como el caso de las Naciones Unidas) a todos los habitantes del mundo por igual sin pretensiones de legislar como lo hacen los parlamentos nacionales, pues el pretender politizar esos órganos jurisdiccionales va en detrimento de tan difícil pero noble idea, pues desconocer culturas o pretender homogeneizar idiosincrasias y diversidades mediante planteamientos políticos totalizadores puede ser contraproducente, por eso la ciudadanía mundial debería entenderse en los términos de obligaciones internacionales, de judicialización, de responsabilidad, solidaridad, interdependencia e incluso como lo proponen algunos autores como Habermas en términos de democracia deliberativa, pero nunca como aculturación, o primando proyectos de vida sobre culturas autóctonas y tradiciones consolidadas.
3. El mundo de la inmigración y la fragilidad del concepto de ciudadanía mundial.
La migración y el surgimiento de la propuesta de ciudadanía mundial se enmarcan en dos grandes crisis. La primera, es la crisis natural que engendra la condición de no encontrar oportunidades en su país de origen y la segunda crisis mucho más grave es la que se encuadra en la pauperización del ser humano bajo el modelo de gobiernos desarrollados excluyentes y coartadores de la libre circulación y la libre movilidad. En este sentido el interrogante se suscribe a lo siguiente y es el ¿por qué de la agudización de los fenómenos migratorios en la contemporánea globalización? Seguramente por lo mediática que es la seducción de las vidas quiméricas que ofrece el cine y la televisión, los mass media, así mismo la precarización de la vida existente en sus lugares de origen. Pero la emigración es entre otras cosas mucho más compleja, entre otros seres humanos, obedece a la necesidad obvia –económica- de encontrar mejores ingresos y oportunidades laborales en tierras distintas a las de sus orígenes nacionales. Sin embargo en épocas de la contemporánea globalización, la vida del inmigrante, se agota en trabajos incipientes –rechazados por los trabajadores de los países de acogida- y su entusiasmo se difumina igualmente con el sometimiento de esos inmigrantes a las eras post industriales, son los tiempos esnobistas del internet y los sueños utópicos alimentados de manera desmedida por las grandes multinacionales, pero también del lucro y el desdén del capital en desmedro del ser humano.
Los ánimos de la filantropía están al orden del día y las fundaciones asistenciales de grandes deportistas y artistas suplen las prerrogativas de los pobres, quienes sin saberlo, tienen que emigrar por la ausencia de un gobierno o un Estado garantista incluso de lo más mínimo. Tal vez con el insaciable sudor de unos seres humanos –llamados inmigrantes en los países de acogida- se pueda abastecer el incontrolable mercado y el consumismo parasitario, mientras a su sazón, las multinacionales y trasnacionales, con ausencia de escrúpulos, obligan al mundo a su devenir dialéctico –el movimiento inevitable del mercado o la catalaxia de la que habla Hayeck- en su versión más horrible, los vetustos valores se convierten en eso, en vetustos, y los niños, que otrora soñaban con ser médicos, abogados, ingenieros, maestros, entre otras disciplinas, ahora quieren viajar, para conseguir unos dólares. Los referentes de identidad ya no son los científicos o escritores, sino los fetiches de turno, el comprar los mismos pantalones de la cantante favorita o tatuarse al estilo del actor de moda. Estos parámetros de la decadencia cultural, obedecen al cosmopolitismo imperante, quizás todo tiempo pasado fue mejor, lo cierto, es que todo tiempo pasado, fue eso, pasado. Lo desconcertante no es sólo el andamiaje de la globalización y sus efectos mediáticos en lo cultural, sino también en lo político, económico, social, y jurídico, cuya traducción en la emigración, no es otra cosa que el escape de mano de obra calificada de nuestros países y la ausencia de una normatividad, que en su extensa regulación, ha olvidado algo fundamental, nada más y nada menos, que lo educativo, el enseñar para que podamos ser seres sociales. No encontrando eso, lo que se hace es escapar de las sociedades propias e inmiscuirnos en sociedades ajenas.
Lo descrito anteriormente, no es más que uno de los efectos devastadores de la globalización en la posmodernidad, neo modernidad o simplemente en los tiempos actuales, pero no es lo único. Hasta aquí lo descrito, no es otra cosa que lo que se vive, es decir, el mundo neoliberal, nada realmente “alarmante”, alguien aseverará que hubo tiempos peores y no seré yo quien le quite en razón, basta con recordar las dos guerras europeas conocidas como mundiales, la guerra civil española, el holocausto nazi, las épocas de esclavitud, etc. Pero mirar al pasado, es tal vez un ensimismamiento de resignación, frente a unos tiempos derruidos, lo cierto es que las cosas cambian y lo hacen sin nosotros tan siquiera percibirlo, muchos siguen dilucidando estos temas desde la orbita de lo inevitable, pero ese anacronismo no es bueno, pues el estar en la lasitud total, cuando la decadencia cultural es evidente, viene con la incertidumbre y duda de nuestra generación, la perdida de humanidad parece acercarse de forma soslayada, pero real, quizás en forma de Coca Cola, mientras nosotros, impasibles, inmutables y mutistas, campeamos en la parvedad reinante del derecho escrito nacional, empleando los derechos humanos si son fundamentales y están positivizados, en caso contrario, negándolos, aunque en asuntos tan gaseosos como el de la globalización, su vulneración es evidente ante nuestros sentidos, la globalización en detrimento al amor a la lectura o el arte, entra por nuestros televisores, allí, vemos la migración como un asunto que no es nuestro, pensamos en Ruanda o Sarajevo, hablamos en clave de sociología o antropología, porque el derecho es otra cosa. Pero el derecho no es solo el nacional, es el internacional, y la vulneración del mismo, afecta a nuestros nacionales, no es un capricho, o el interés de estudiar una arqueología extraña a nuestros referentes de identidad compartidos, como colombianos, es que aquellos a quienes les vulneran los derechos humanos como inmigrantes, son los mismos que no les fue posible estudiar en nuestros países latinoamericanos por falta de oportunidades, ellos envían remesas a sus familias en Colombia, así se mueve nuestra economía. La vulneración de sus derechos, también es la nuestra, la normatividad internacional que les proteja a ellos sus derechos, también tiene que ser la nuestra.
En medio de nuestras sensaciones complejas se entrelazan las voces ocultas de la transnacionalización de las clases (Zemelman) y en general de la pauperización de la vida. Como lo menciona el profesor chileno a saber:
“Si se toma el tiempo donde el fenómeno del movimiento obrero está en un proceso huelguístico, fuertemente organizado por la presencia de liderazgos, con demandas en ascenso, y se hace una extrapolación se pueden cometer graves errores, porque puede haber un tiempo de observación posterior donde se percibe un reflujo. Es lo que pasó en América Latina con los estudiosos del movimiento sindical, donde el análisis se queda enmarcado en un razonamiento mecánico en el que no se tomaron los auges y los reflujos, reflejando una deficiencia de carácter epistémico-metodológica que lleva a discusiones banales o bizantinas, como decir “ya no hay más obrero”, “ya no hay más de esto o de lo otro”, en circunstancias en que sigue habiéndolo pero transformado por una nueva especificidad histórica”.
Los antagonismos siguen siendo los mismos del siglo XIX y algunos de nuestros campesinos sobreviven hoy en el feudalismo, hombres y mujeres de bien, jóvenes (pero también viejos y niños) que sustentan su trabajo en un jornal de miseria, mientras la aprobación de un TLC (Tratado de Libre Comercio) se erige como utopía de salvación en un mudo donde no podemos ser una isla aparte del juego de aranceles y el sueño de subir los PIB (Producto Interno Bruto) porque competitivamente podemos –es lo que se nos vende como idea-, hace falta convencernos, revisar las cartas zodiacales y repasar con altruismo los libros de superación. Todos hablamos de globalización, pero lo que no sabemos es que somos victimas de la misma desde el momento en que detonamos el clic o el encendido del ordenador –porque nos ordena-
En este contexto, los inmigrantes –principalmente los ilegales- son apenas un juguete del destino, de los gobiernos, una dicotomía entre el mundo virtual y el real, los sujetos que piensan en laborar, porque jamás fueron educados, porque lo cierto es que mientras las iniciativas legislativas se deshacen en conjugaciones de poder, el mundo continua su curso en la melancolía del trato degradante de las clases gobernantes, que hoy se dedican más al gobernaculum que a la jurisdictio, (Mcilwin) es decir, mucho más dados al ejercicio del poder y ha gobernar que a su equilibrio por parte del control político y jurídico, es una migración en el marco de una anarquía unidimensional, la de las vanidades políticas y mediáticas, con un déficit democrático y legal evidente, un mundo al estilo Aldous Huxley, a saber:
Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los ministerios de propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela. y más adelante agrega: Los más importantes proyectos Manhatan del futuro serán vastas encuestas patrocinadas por los gobiernos sobre lo que los políticos y los científicos que intervendrán en ellas llamarán “el problema de la felicidad”; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre…Un sistema de eugenesia a prueba de tontos, destinado a estandarizar el producto humano y facilitar así la tarea de los dirigentes.
Mientras los esbirros y monstruos de las nuevas generaciones que gobiernan sin atención al derecho o sólo al nacional –desconociendo el resto (el internacional de los derechos humanos)- pretermiten a los migrantes –o los invisibilizan- ocultando el hecho que han emprendido su propia diáspora por el mundo, van a la guerra en Irak, para adquirir la tan anhelada ciudadanía norteamericana, otros se ven obligados a venderse a la prostitución, arriesgando sus vidas y sus entidades de dignidad. Sin duda este es el mundo cosmopolita de oportunidades que ofrece la globalización, y los gobiernos son cómplices, en la medida en que no educan, ni abren las posibilidades a una educación científica y de masas, para todos. Seguramente para los entes de poder, será suficiente con que los pueblos sepan leer, escribir y ofertarse a la globalización mediante el uso mínimo de un computador a través del internet, ofertar la ciudadanía mundial entre otras utopías como medida teórica plausible pero condenada a una falta de materialidad y practicabilidad evidente, es una idea que por loable no es más que una fábula, pues hablar de ciudadanía mundial cuando los gobiernos no han saldado sus resquemores y odios es apenas una vana ilusión que bien podría ser mucho más objeto de bellas obras literarias que de un trabajo académico con pretensiones de realidad.
4. La ciudadanía mundial y los principios constitucionales
“Cuando Séneca en la Epístolas a Lucio condena la esclavitud, condición del no ciudadano, lo hace afirmando que todos “Somos miembros de un gran cuerpo. La naturaleza nos creó parientes, sacándonos del mismo origen y destinándonos al mismo fin. Ella nos infundió el amor mutuo y nos hizo sociables”. (L.A SÉNECA, Cartas a Lucilio, LibroXV, Carta XVC) En el ámbito de la cultura romana, sin embargo, Séneca distingue entre dos tipos de amor, el amor a la patria (la dimensión de ciudadano) y el amor a la humanidad (la condición de hombre). Para él, el primer tipo de amor sería espontáneo y natural, mientras que el segundo sólo puede ser como el fruto del ascetismo, del esfuerzo. Es como si la comunión con los miembros de nuestra misma cultura con los que nos están cercanos, con nuestros conciudadanos resultare algo irreflexivo, mientras que el amor por el extranjero, por aquel que está lejano o que pertenece a otra cultura sólo se pudiese alcanzar a través de la reflexión”.
En la contemporaneidad del derecho se habla comúnmente de principios, y con ellos de la constitucionalización del derecho, tanto en el contexto nacional como mundial, en la jerga jurídica se incluyen conceptos típicamente políticos y hasta morales, tales como principio democrático, Estado Social de Derecho, el principio étnico, cultural y la soberanía. Todos ellos juegan un papel preponderante en la justicia actual, tanto nacional como mundial, sin embargo, los problemas tanto locales como mundiales en materia jurídico constitucional siguen siendo objeto de los mandatos de la política y continúan al orden del día, lo que en clave migratoria es aún más palpable. Desentrañar cuáles son los derechos fundamentales y sociales fundamentales que más se le vulneran a los inmigrantes en países como Estados Unidos de Norteamérica y en el viejo continente (Europa), sin excluir otros, es simplemente tratar de contribuir a una discusión vigente y de cara a los intereses de nuestros países en vía de desarrollo en Latinoamérica, y entender el fenómeno de la inmigración desde lo sintomático de la dolencia social en que se ha convertido la circulación de personas en movimiento por el mundo.
La ciudadanía mundial e inclusive la republica mundial se han planteado como soluciones viables para contrarrestar el asunto migratorio, pero esas ideas no dejan de ser una quimera en nuestros tiempos, cuando evidentemente asistimos no a la republica o ciudadanía mundial sino que más bien damos paso a una alternativa distinta y más palpable, es decir, la de los Estados interdependientes. Ambas ideas son lo suficientemente altruistas y filantrópicas en la formulación de sus postulados básicos -cada ciudadano estaría vinculado por el deber de solidaridad, la justicia social, la satisfacción de las necesidades básicas, entre otros principios-, pero, para lograr una propuesta de solución en uno u otro sentido, debe existir una identificación previa del problema. En ese sentido, identificar cuáles son los derechos humanos más frecuentemente vulnerados en razón de la inmigración legal e ilegal, es partir del principio de una relación problemática objeto de análisis del constitucionalismo y de la teoría del derecho consistente en relacionar cuáles son los derechos humanos más vulnerados como producto del fenómeno en estudio, porque no es de negar que a muchos de estos inmigrantes no se les niega el acceso al trabajo, por ejemplo, pero si las condiciones dignas y de igualdad en el mismo ¿Cuál será allí el derecho realmente vulnerado? ¿Qué derechos fundamentales o sociales fundamentales son desconocidos de manera más reiterativa? Son cuestiones que pese a ser objeto de un análisis juicioso y sistematizado, siguen vigentes y es necesario continuar hablando de ellas, porque tomar como punto de origen la identificación de la vulneración de determinados derechos fundamentales y sus desastradas consecuencias, es un comienzo para solucionar cuestiones que ponen en duda nuestra condición de civilización contemporánea.
Los principios son aquellos que se pueden extractar de la teoría constitucional e incluso de la doctrina, sumamente importantes hoy por hoy, pues nuestro sistema jurídico constitucional se ha vuelto cada vez más axiológico, tanto en lo nacional como en lo internacional. Anteriormente, la tradición liberal clásica entendió los derechos individuales y las garantías como aspiraciones programáticas solamente desarrollables mediante el trámite legislativo. En Colombia, por ejemplo, la aplicabilidad del acto legislativo 01 de 1910 era muy limitado y de poca usanza, sólo hasta la entrada en vigencia de la Constitución de 1991 empieza a funcionar la justicia constitucional siendo muy relevante la creación de la Corte Constitucional y sus competencias. En el plano internacional, la justicia constitucional ya había tenido algunos desarrollos relevantes con constituciones cuyo contenido daban y dan cuenta de la cláusula del Estado Social de Derecho, como la Constitución italiana de 1948 y alemana de 1949, así como la española de 1978. Constituciones que sirvieron de tabla de salvación de la democracia después de los horrores de la segunda guerra mundial y el franquismo español. A partir de todos esos antecedentes se empieza a construir el constitucionalismo que contemporáneamente conocemos. Es entonces, desde allí que hemos empezado a hablar de principios como si fuesen normas, pero ¿cómo se deben estructurar los derechos de los migrantes en los Estados contemporáneos respetuosos de las constituciones? ¿Puede considerarse el concepto de ciudadanía mundial como un principio constitucional? Claramente estos interrogantes nos sitúan en enormes dificultades como veremos a continuación.
5. Las personas en movimiento y su contexto de vulneración de derechos.
“Debido a la pobreza y a las guerras, hoy más de 100 millones de personas viven fuera de su país de origen, y de este número 20 millones son refugiados. (S. Castles. “Globalization and Migration: some Pressing contradictions”, en ethnicity and Globalization, London, Sage, 2000, p. 125.) Bien puede pensarse que estas cifras representan sólo un pequeño porcentaje de la población mundial. Sin embargo, aun en estas proporciones, la migración desafía tanto a los países de origen como a los de acogida. En los primeros significa la devastación de múltiples estructuras familiares, culturales, económicas y sociales, la fuga de mano de obra y de ingenio, el escape de cerebros y la correlativa disolución de las esperanzas de desarrollo y progreso. Los países de emigrantes se hacen dependientes de las remesas provenientes del extranjero, que en la mayoría de los casos se invierten en bienes de consumo, y por ello se alejan aún más de la creación de infraestructura y de redes tecnológicas e industriales que hagan competitivas a sus economías. En los países de acogida, la inmigración varía el panorama económico y cultural, y exige redefinir la estructura de la demanda de trabajo y los valores de la comunidad. El migrante, por su parte, padece una situación de exclusión en los dos estadios. Emigra porque se considera excluido de las posibilidades de progreso en su lugar de origen, y puede experimentar también la exclusión del mercado y la sociedad a la que se desplaza.”
Las aspiraciones de la mayoría de habitantes del mundo pasan por el altruismo de muchos de querer un mundo mejor, cuasi perfecto, donde se cumpliesen los deberes y se respetarán los derechos, más aún en el mundo contemporáneo que está más o menos constitucionalizado, sin embargo, mientras las constituciones están llenas de contenido y derechos, la realidad económica y política que bordea ese escenario es muy distinta, la pobreza campea en los países subdesarrollados y en ese sentido alienta las aspiraciones legitimas de los pobres de vivir mejor, es así como muchos migran buscando una salida a la precaria situación económica y tratando de encontrar un mundo mejor para ellos y sus familias en el exterior.
El presente escrito, pretende contemplar la vulneración de los derechos fundamentales como un asunto de la humanidad misma, la vulneración como relación directa con el sujeto independientemente de su nacionalidad u origen, la violación del derecho fundamental como desmedro y violencia en contra del ser humano y demostrar como el concepto de ciudadanía mundial no soluciona ninguno de estos problemas, lo cierto, es que para identificar cuáles derechos fundamentales se vulneran con mayor frecuencia, se requiere un ejercicio exhaustivo de especificación del derecho vulnerado, si es liberal, colectivo o político y las condiciones jurídicas, políticas, sociales o culturales en que se produce la vulneración en determinados contextos, para poder hablar de vulneración de derechos humanos a migrantes es pertinente primero hablar de coyunturas normativas y el tratamiento a esos seres humanos, de allí la importancia de ejercicios de especificación e investigación en ese sentido, es por esto, que mi estudio del cual esta ponencia es un avance de investigación obedece a esa especificación, es por ello que investigo los derechos humanos vulnerados a inmigrantes colombianos en España y reviso la normatividad colombiana y española, porque cualquier otro ejercicio intelectual como el de justificar por ejemplo el asunto de la ciudadanía mundial es incompleto y estéril con relación al fenómeno migratorio, pues independientemente de justificar su conveniencia, la república mundial como ya lo he reseñado en estas páginas tiene serios problemas de materialización y vigencia a raíz, inclusive de lo que en palabras de Lasalle podríamos denominar como los factores reales de poder, básicamente porque no es posible encontrar una institucionalidad plausible internacional que derrumbe las talanqueras heredadas y egoístas –si se quiere- de los otrora Estados Nación.
Lejos de las primeras migraciones de antiguos habitantes del mundo y el desplazamiento de asiáticos por el estrecho de Bering hacia el continente americano en su afán de expansión nómada de descubrir nuevas rutas y territorios están las migraciones actuales (las primeras migraciones-modernas-tuvieron ocasión en el siglo XIX desde Europa hacia América y Oceanía) donde la vulneración de derechos fundamentales a los inmigrantes en su condición de legalidad e ilegalidad tiene unos responsables notorios que son los Estados y pensar que ellos estarían dispuestos a instaurar una república mundial o el respeto a la ciudadanía mundial no deja de ser ingenuo por las políticas que se ciernen al respecto, al contrario, hace poco, por ejemplo, se han prendido las alarmas, pues en la campaña electoral para las elecciones presidenciales italianas, el candidato de entonces, Silvio Berlusconi, (actual primer ministro de Italia) anunció su política anti inmigratoria, que hoy es una realidad en aquel país europeo, cuando en julio del año pasado (2008) se aprobó la ley que tipifica la inmigración clandestina como delito, con penas que oscilan entre seis (6) meses y cuatro años (4).
Al contrario de políticas que generen integración y cooperación, algunos países europeos cierran las puertas a los extranjeros bajo políticas de marcado contenido xenófoba, otro ejemplo es España, quien en sus normas constitucionales estipula: “Existen derechos que corresponden por igual a españoles y extranjeros y cuya regulación ha de ser igual para ambos; existen derechos que no pertenecen en modo alguno a los extranjeros (los reconocidos en el art. 23 de la Constitución, según dispone el art. 13.2. Con la salvedad que contiene) [es decir, los derechos políticos]; [y] existen otros que pertenecerán o no a los extranjeros según lo dispongan los tratados y las leyes, siendo entonces admisible la diferencia de trato con los españoles en cuanto a su ejercicio.” Lo cual, es abiertamente arbitrario, teniendo en cuenta que las causas principales del emigrante-luego inmigrante son: La guerra, el hambre, la intolerancia racial y religiosa, la persecución política, entre otros.
¿No contradicen los hechos la pretensión de instaurar o construir una república mundial? Partiendo de este interrogante, dada la importancia del tema y de la gran cantidad de personas en el mundo que sufren desmedro en el tratamiento de los derechos fundamentales por causas de su condición de inmigrantes legales e ilegales, es decir, básicamente por su no reconocimiento como ciudadanos, contextualizamos el problema, en el caso particular de aquellos quienes son considerados inmigrantes legales e ilegales, pues a razón de esta condición se esconde-a mi modo de ver- la esclavitud del siglo XXI y la restricción de derechos fundamentales estrechamente ligados al concepto de dignidad humana.
6. La ciudadanía mundial y el asunto de la interculturalidad
El análisis del concepto de ciudadanía mundial se centra en por lo menos tres perspectivas de la interculturalidad durante el proceso contemporáneo definido como globalización. La primera perspectiva es la que defienden autores como Francis Fukuyama en: El fin de la historia y el último hombre donde se dilucida la existencia de la cultura global cimentada en el crecimiento económico y las formas de vida capitalistas. La segunda encuentra eco desde un punto de vista más político en posturas como la de José María Rosales, quien denomina su propuesta como un cosmopolitismo cívico refiriéndose a la nueva ciudadanía europea, estos autores pese a los diferentes matices en sus teorías, parecen asimilar el cosmopolitismo con la globalización como si fuesen un mismo fenómeno, lo cual es inadmisible. La globalización no abarca el cosmopolitismo y la interculturalidad permite criticar la globalización y entender una muy distinta que la vigente.
En la actual globalización donde existe el movimiento de personas y la migración no se presentan los sucesos como procesos universales de integración donde la interculturalidad y el respeto por la diversidad se dan en armonía, al contrario, estos procesos antagonizan mucho más las contradicciones y patologías sociales de la compleja globalización.
Es necesario advertir con el profesor Rosales que más allá de la mirada de la filosofía y el derecho, se trata de discernir el asunto en cuestión, desde la perspectiva política, llamando la atención sobre un concepto que él acuña, bajo el nombre de “patriotismo constitucional” que originariamente se debe a los autores Dolf Sternberger y Jürgen Habermas. Sobre esto y las nuevas perspectivas democráticas, es pertinente subrayar que el nacionalismo ha sido un tema de trascendencia para la evolución de los Estados en todos los tiempos. Desde los romanos hasta hoy sigue siendo objeto permanente de debate, muchos lo consideran superado en nuestra contemporaneidad, de allí la vana ilusión, de proponer cuestiones como la denominada ciudadanía mundial, pero cuando se habla de nacionalismo, ineludiblemente es pertinente hacer retrospectiva de los horrores de la segunda guerra mundial y todos sus episodios, de la defensa de la legitimidad nacional esgrimida por estos sujetos aparece el horror, en otro sentido, se entienden episodios históricos memorables y que darían paso a los derechos de autodeterminación de los pueblos, sobre todo después de la revolución francesa y de allí la generación de las memorias más interesantes del patriotismo, pero “nacionalismo” y “patriotismo” no son un mismo fenómeno como tradicionalmente ha sido visto desde el panóptico del derecho, es algo más. Diferenciar entre esos dos conceptos y proponer un “cosmopolitismo cívico” a partir del “patriotismo constitucional” es la propuesta de Rosales cuyo estudio lo ciñe a lo propuesto en igual sentido por Stenberger y Habermas, siendo esto muy distinto a la propuesta de ciudadanía mundial que parece encontrar eco en las abstracciones irrealizables de un nuevo derecho internacional donde desaparezcan las fronteras y los Estados, lo cual no pareciera ser una propuesta seria y coherente en estos tiempos. Máxime cuando la contemporánea globalización, ha puesto en entredicho la idea misma de Estado bajo los efectos de la mundialización económica, cultural y jurídica, donde las entidades nacionales –razas, credos, nacionalidades- son inermes ante los controles hegemónicos y la falta de consideración y respeto de las identidades del primer mundo para con aquellas que sin serlo pretenden un mundo mejor en sus enormes huestes, tal cual sucede en los fenómenos migratorios, pero no precisamente de un mundo de ciudadanía mundial que se caracterice por el respeto y garantía de los derechos humanos y de la dignidad de las personas.
Un ejemplo evidente de la imposibilidad del concepto de ciudadanía mundial se refiere a la negación de derechos básicos a los migrantes y la vulneración de sus garantías y libertades bajo el statu quo global y como al contrario de tan noble idea, más bien se le está haciendo daño a los inmigrantes, tanto en los países de origen como en los países de acogida, (es decir aquellos que viajan bajo la modalidad de temporeros) pretendiendo cierto halo de legitimidad se presentan todas las formas como garantía de respeto a los derechos fundamentales, pero en realidad se les vulneran los mismos por el hecho de no poseer la ciudadanía del lugar donde laboran, y es que si se es ciudadano se es poseedor de derechos, en caso contrario, el sometimiento al Estado de facto es irreversible y las omisiones de derechos sobrepasan lo permitido, con la argumentación encubierta y de facto de las gendarmerías locales y de los excesos propiciados bajo un encubrimiento que reside en lo estrictamente legal, así moral y socialmente sea reprochable determinada conducta, aunque constitucionalmente sea prohibido y esa prohibición se sustente en los derecho humanos. De allí la necesidad del “patriotismo constitucional”, es decir de la defensa de los textos constitucionales y Cartas de derechos humanos que deberían ser racionalmente estipuladas y convertirse en una constante, yendo más allá de las legalidades de facto de los países de acogida donde se dieran estatutos que sustancial y procedimentalmente serían menos vulneradoras de las personas en movimiento o migrantes. En ese sentido, la propuesta de “patriotismo constitucional” se hace más llamativa y plausible que la ciudadanía mundial, sin embargo, no será este el espacio para llamar a engaños y pese a lo altruista de esta propuesta revestida como alternativa a la ciudadanía mundial, creo que en esta idea así como en la de ciudadanía mundial hay mucho que es fruto de una ingenuidad bien intencionada, pero al fin y al cabo ingenuidad de pretender ver el mundo como claramente no es y probablemente no sea.
7. Conclusión
Cuando pensamos como civilización que se habían superado los resquicios existentes en el mundo que instituían la esclavitud, es hoy más que evidente que muchos de ellos perviven y la otrora estructura de la economía del coloniaje europeo en nuestros países tercermundistas, mantiene hoy cierta identidad en algunos escenarios de la contemporánea globalización en lo que podríamos denominar los nuevos estadios de la inmigración. Dicha situación se presenta protegiendo las formas y “legalidades”, mientras eso sucede las potencias receptoras de inmigrantes mantienen en el discurso la lucha contra el racismo y la xenofobia, pero dilucidan en la realidad las fluctuaciones del mercado donde los nuevos escenarios postindustriales de las grandes potencias europeas y los Estados Unidos requieren de mano de obra barata e inmigrante pero a la par manejar la fachada de los vetustos nacionalismos y el combate mediante el control de fronteras, flujos migratorios y deportaciones a las personas que están –o pretenden estar- en movimiento, así mismo y desconociendo estas realidades se vislumbran en los discursos académicos abstracciones e idealizaciones de la puesta en vigencia de una pretendida ciudadanía mundial, cuyos efectos prácticos y reales se han puesto en duda en lo corrido de este escrito.
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