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EL
LÍBANO, ANTES Y DESPUÉS DEL 13 DE JULIO archivo del portal de recursos
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Por Antonio Aramouni
Para LA
NACION
Hasta el 12 de julio, el Líbano exhibía una admirable consolidación de su
modelo de democracia, tolerancia, convivencia, apertura, progreso
económico-social y liderazgo cultural entre los veintidós países de Medio
Oriente. Los sacrificios extremos de su pueblo, junto al talento gerencial, las
cuantiosas inversiones para la reconstrucción y, primordialmente, su "alma de
ave fénix", habían dejado atrás diecisiete años de guerra cruel. No hubo
entonces -ni podría existir, jamás- una solución militar.
Se veía
crecer, dentro de la comunidad internacional, la fe en la estabilidad de su
futuro y en su capacidad de recuperación, capeando dramáticos desafíos y
adversidades.
Confirmando esta realidad, el Banco Mundial aprobó hace
seis meses el Plan de Asistencia Estratégica por cuatro años, destinado a
fortalecer las oportunidades macroeconómicas, sociales y de gestión
gubernamental del país. La inminente conferencia internacional de auspiciantes y
donantes Beirut I, atraería la obtención de créditos blandos de largo plazo que
conducirían a un previsible boom económico en la nación toda.
Una
inflación inferior al 4% anual en los últimos ocho años, la cotización estable
de la libra libanesa en idéntico período, como un ancla de confianza, la
preservación de la liquidez monetaria, el tradicional know how en banca
al que recurren los "importadores de conocimientos" de las entidades financieras
de la región, la extraordinaria cantidad de bancos comerciales más otros de
créditos de mediano y largo plazo, el primer grupo de los cuales contabiliza 66
mil millones de dólares en activos, el acuerdo Basilea II, concretado hace
noventa días para regir dieciocho meses después, auguraba un aluvión de fusiones
y adquisiciones empresariales con segura demanda de capitales, y la pericia
profesional del titular del Banque du Liban (Banco Central), distinguido por la
publicación internacional Euromoney como el "mejor director de Banco Central en
Medio Oriente" durante tres años consecutivos, eran datos ciertamente
auspiciosos.
Su economía de mercado, la adhesión a las normas y
estándares internacionales de contabilidad y auditoría, conferirían confianza en
la banca y los negocios. El potencial seductor de su economía desplazaba a la
"alternativa Dubai" en los proyectos de las compañías extranjeras.
Estaba a la vista su reconstruida, incrementada y reluciente
infraestructura, incluyendo el puerto y el estupendo aeropuerto internacional de
Beirut; la proliferación de obras públicas, viviendas residenciales,
condominios, rascacielos y torres por doquier, con un despliegue arquitectónico
nativo que aplauden los profesionales y amantes del arte; estadios
polideportivos; redes de informática y tecnologías de las comunicaciones;
hoteles lujosos y tiendas de marcas internacionales; un parque automotor último
modelo, atracciones; propuestas turísticas que convocarían, para este año, unos
dos millones de visitantes que pasearían fascinados por las bellezas del
territorio, gozando de su admirada gastronomía y frecuentando sus cafés,
restaurantes, night clubs, el fabuloso Casino du Liban, que envidia Montecarlo y
festivales artísticos enmarcados en lugares históricos milenarios. Hasta el
fumar sosegado registra allí un récord: en el Líbano se vende el 25% del total
de los habanos producidos en el mundo.
Los salones, concursos de belleza
y desfiles de moda y joyería mostraban la elegancia de la mujer libanesa, cuya
modernidad no se da en ningún otro lugar árabe-hablante.
Para la
atención de la salud, se levantaron hospitales y centros de especialización con
óptima calificación internacional, demandados tanto por pacientes locales como
por la mayoría de los prósperos residentes de Medio Oriente y Africa del Norte.
Su vida cotidiana gozaba de una intensa actividad cultural; afamadas
universidades e institutos superiores; veintiocho nuevos establecimientos de
educación superior creados sólo entre 1996 y 2005 (caso único en el área
medioriental); congresos y exposiciones internacionales. El Líbano es sede de la
Unesco, donde se concentran e irradian las novedosas experiencias pedagógicas y
de acción cultural, que desde Beirut se difunde a los países de lengua árabe, y
del más elevado nivel de alfabetismo de la región, con manejo corriente de tres
idiomas en la gente del común (árabe/inglés/francés), caso único en Medio
Oriente, que facilita la interacción con el mundo entero.
Fenicia,
sinónimo del Líbano, único toponímico mencionado 72 veces en la Biblia, es
madre, por 8 milenios, de una raza luminosa enraizada en una comarca de 10.452
km2 (la mitad de nuestra provincia de Tucumán), destinada a esparcir sus frutos
por el universo; cuna y hogar de pueblos asirios, babilonios, cananeos, griegos,
romanos, árabes, bizantinos y de europeos llegados con las cruzadas.
Fenicios fueron los creadores del alfabeto, en Biblos y los navegantes
del comercio primitivo del Mediterráneo y Medio Oriente, desde el 1200 a.C.,
apoyados en su dominio de la astronomía, intercambiando bienes, arte y cultura y
alcanzando reputación como mercaderes, exploradores, artesanos, arquitectos,
constructores navales y científicos. Fenicia fue la primer escuela de Derecho de
Beirut, anterior a las de Grecia y Roma; fenicio fue Cadmo, el primer maestro de
la historia; fenicio fue el primer geógrafo científico, Marino de Tiro; fenicios
fueron los apóstoles Simón y Bartolomé, al igual que los papas que dirigieron la
Iglesia entre los siglos II y VIII.
La religiosidad en este pueblo se
expresa cabalmente en la confraternidad de diecisiete credos, ejemplo exclusivo
en la región. Juan Pablo II en su visita de mayo de 1997 dijo conmovido:
"Líbano, más que una nación es un mensaje". Sabía que su anfitrión honraba el
diálogo enaltecedor expresado en mil lenguajes: el de la palabra y el canto, el
de la fe y el ejemplo, el de la iniciativa y la admirable convivencia, el de la
hospitalidad y el refugio.
Este fondo de historia antigua y sagrada, más
los hitos civilizadores de su historia moderna y contemporánea, más la
superación orgullosa de supremas aflicciones, demuestran la invariable tradición
pacífica del país, coherente y satisfecho con su minúsculo presupuesto
castrense, ya que nunca concibió amenazar, atacar o invadir pertenencia ajena.
Decía Gibrán Khalil Gibrán, el poeta libanés universal traducido en 70 idiomas:
"Desearía ser el pacificador de vuestra alma y transformar la discordia y la
rivalidad en unidad y melodía".
Esta es una semblanza parcial del Líbano
al 12 de julio pasado. Cuando irrumpió el jueves 13, comenzó otra historia. La
humanidad juzgará.
El autor es presidente de la Cámara de Comercio
Argentino Libanesa.
