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HISTORIAS
DE CRONOPIOS Y DE FAMAS de "Historias de Cronopios y de Famas", Julio Cortázar, 1962. © 1996 Alfaguara archivo del portal de recursos
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Julio Cortázar
Viajes
Cuando los famas salen de
viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va
al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el
color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta
declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del
contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de
los médicos de guardia y sus especialidades.
Terminadas estas diligencias, los viajeros
se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y
entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y
danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los
famas".
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los
trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o
les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen
firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen
unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche
que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se
levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan
viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a
verlas porque ellas ni se molestan.
Comercio
Los famas habían puesto
una fábrica de mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y
depósito. Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima
alegría. Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran
transparentes y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a
veces un sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y
querían bailar tregua y bailar catala en vez de trabajar. Los famas se
enfurecieron y aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento
interno. A fin de evitar la repetición de tales hechos.
Como los famas son muy descuidados, los
cronopios esperaron circunstancias favorables y cargaron muchísimas mangueras en
un camión. Cuando encontraban una niña, cortaban un pedazo de manguera azul y se
la obsequiaban para que pudiese saltar a la manguera. Así en todas las esquinas
se vieron nacer bellísimas burbujas azules transparentes, con una niña adentro
que parecía una ardilla en su jaula. Los padres de la niña aspiraban a quitarle
la manguera para regar el jardín, pero se supo que los astutos cronopios las
habían pinchado de modo que el agua se hacía pedazos en ellas y no servía para
nada. Al final los padres se cansaban y la niña iba a la esquina y saltaba y
saltaba.
Con las
mangueras amarillas los cronopios adornaron diversos monumentos, y con las
mangueras verdes tendieron trampas al modo africano en pleno rosedal, para ver
cómo las esperanzas caían una a una. Alrededor de las esperanzas caídas los
cronopios bailaban tregua y bailaban catala, y las esperanzas les reprochaban su
acción diciendo así:
¡Crueles cronopios cruentos!. ¡Crueles!
Los cronopios, que no deseaban ningún mal a
las esperanzas, las ayudaban a levantarse y les regalaban pedazos de manguera
roja. Así las esperanzas pudieron ir a sus casas y cumplir el más intenso de sus
anhelos: regar los jardines verdes con mangueras rojas.
Los famas cerraron la fábrica y dieron un
banquete lleno de discursos fúnebres y camareros que servían el pescado en medio
de grandes suspiros. Y no invitaron a ningún cronopio, y solamente a las
esperanzas que no habían caído en las trampas del rosedal, porque las otras se
habían quedado con pedazos de manguera y los famas estaban enojados con esas
esperanzas.
El almuerzo
No sin trabajo un
cronopio llegó a establecer un termómetro de vidas. Algo entre termómetro y
topómetro, entre fichero y curriculum vitae.
Por ejemplo, el cronopio en su casa recibía
a un fama, una esperanza y un profesor de lenguas. Aplicando sus descubrimientos
estableció que el fama era infra-vida, la esperanza para-vida, y el profesor de
lenguas inter-vida. En cuanto al cronopio mismo, se consideraba ligeramente
super-vida, pero más por poesía que por verdad. A la hora del almuerzo este
cronopio gozaba en oír hablar a sus contertulios, porque todos creían estar
refiriéndose a las mismas cosas y no era así. La inter-vida manejaba
abstracciones tales como espíritu y conciencia, que la para-vida escuchaba como
quien oye llover tarea delicada. Por supuesto la infra-vida pedía a cada
instante el queso rallado, y la super-vida trinchaba el pollo en cuarenta y dos
movimientos, método Stanley-Fitzsmmons. A los postres las vidas se saludaban y
se iban a sus ocupaciones, y en la mesa quedaban solamente pedacitos sueltos de
la muerte.
Inconvenientes en los servicios públicos
Vea lo que pasa cuando
se confía en los cronopios. Apenas lo habían nombrado Director General de
Radiodifusión, este cronopio llamó a unos traductores de la calle San Martín y
les hizo traducir todos los textos, avisos y canciones al rumano, lengua no muy
popular en la Argentina.
A las ocho de la mañana los famas empezaron a encender sus receptores,
deseosos de escuchar los boletines así como los anuncios del Geniol y del Aceite
Cocinero que es de todos el primero. Y los escucharon, pero en rumano, de modo
que solamente entendían la marca del producto. Profundamente asombrados, los
famas sacudían los receptores pero todo seguía en rumano, hasta el tango Esta
noche me emborracho, y el teléfono de la Dirección General de Radiodifusión
estaba atendido por una señorita que contestaba en rumano a las clamorosas
reclamaciones, con lo cual se fomentaba una confusión padre.
Enterado de esto el Superior Gobierno mandó
fusilar al cronopio que así mancillaba las tradiciones de la patria. Por
desgracia el pelotón estaba formado por cronopios conscriptos, que en vez de
tirar sobre el ex Director General lo hicieron sobre la muchedumbre congregada
en la Plaza de Mayo, con tan buena puntería que bajaron a seis oficiales de
marina y a un farmacéutico. Acudió un pelotón de famas, el cronopio fue
debidamente fusilado, y en su reemplazo se designó a un distinguido autor de
canciones folklóricas y de un ensayo sobre la materia gris. Este fama
restableció el idioma nacional en la radiotelefonía, pero pasó que los famas
habían perdido la confianza y casi no encendían los receptores. Muchos famas,
pesimistas por naturaleza, habían comprado diccionarios y manuales de rumano,
así como vidas del rey Carol y de la señora Lupescu. El rumano se puso de moda a
pesar de la cólera del Superior Gobierno, y a la tumba del cronopio iban
furtivamente delegaciones que dejaban caer sus lágrimas y sus tarjetas donde
proliferaban nombres conocidos en Bucarest, ciudad de filatelistas y
atentados.
La foto salió movida
Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.