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EL MURO DE LA VERGÜENZA archivo del portal de recursos
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de origen
Matthew Brubacher
Traducción: Carlos
Alberto Zito
Una barrera irreversible contra la paz
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Para facilitar sus proyectos sobre Irak, el gobierno de
Estados Unidos relanzó un plan de paz junto a la ONU, Rusia y la Unión Europea
con miras a instaurar un Estado palestino en 2005.Pero Ariel Sharon rechaza la
propuesta de la comunidad internacional, ganando tiempo así para acelerar la
construcción de un muro que anexa parte de Cisjordania.
El "muro de seguridad" que el gobierno israelí está construyendo
alrededor de Cisjordania y de Jerusalén modificará radicalmente el paisaje
geográfico y político de Medio Oriente. Al erigir una barrera tres veces más
alta y dos veces más ancha que el muro de Berlín (que Alemania oriental llamaba
"muro de la paz" y Alemania occidental "muro de la vergüenza") Israel va a
anexar unilateralmente una parte importante de Cisjordania, a la vez que
reforzará el control militar en torno de las ciudades palestinas, en las que
mantendrá eficazmente encerrados a sus habitantes.
El Estado hebreo ya había
levantado un primer muro alrededor de Gaza, consistente en una barrera
electrificada y hermética, durante la primera Intifada (1987-1993). Ese cerco le
permitió mantener su autoridad sobre sus dieciséis colonias y al mismo tiempo
controlar los movimientos de los palestinos. Actualmente Israel mantiene bajo
control el 50% de Gaza y confina a 1.200.000 millón de personas que allí viven a
un espacio apenas dos veces más grande que Washington DC.
Los palestinos de
Cisjordania van a padecer el mismo destino que los de Gaza. La primera etapa
consiste en separar Israel de la mayor parte del norte de Cisjordania. El muro
sigue las fronteras de 1967, a la vez que anexa numerosas colonias; rodea varios
territorios palestinos clave, y divide otros en varias partes. Zonas palestinas
como la aldea de Qaffin se verán así privadas del 60% de sus tierras agrícolas,
mientras que otras, como la ciudad de Kalkilya, no sólo perderán sus tierras,
sino que el muro las aislará de Cisjordania y de Israel. Ese tramo del muro, que
le cuesta al gobierno de Israel más de un millón de dólares el kilómetro, está
fortificado con paredes de cemento armado de 8 metros de espesor, torres de
control cada 300 metros, fosas de 2 metros de profundidad, alambres de púas y
rutas de circunvalación.
La primera parte de ese muro "del norte" se extiende
a lo largo de 95 kilómetros, desde Salem hasta Kafr Kassem, y concretará de
hecho una anexión del 1,6% de Cisjordania, incluyendo 11 colonias israelíes y
10.000 palestinos. El Estado hebreo piensa incorporar esa zona a Israel, con lo
cual, cuando se reanuden las conversaciones sobre el estatuto final, dar marcha
atrás tendrá un costo político tan alto, que la anexión será considerada
irreversible. Por lo tanto se trata en realidad de una estrategia para desplazar
la línea verde.
La construcción del muro en torno de Jerusalén Este es aún
más devastadora para las aspiraciones palestinas de poseer un Estado propio.
Mientras que en el norte el muro nunca pasa más de 8 kilómetros al interior del
territorio, en Jerusalén entra de manera mucho más profunda. Esa diferencia
muestra que la lógica israelí varía según se trate del muro del norte o del de
Jerusalén. Las aspiraciones mínimas de Israel, correspondientes a las propuestas
formuladas en las reuniones de Camp David (julio de 2000) y de Tabá (enero de
2001) prueban que el Estado hebreo piensa conservar las colonias situadas en el
norte, que actualmente se hallan del otro lado del muro. Eso confirma, como lo
repitieron el primer ministro Ariel Sharon y el ministro de Defensa Benyamin Ben
Eliezer, que en esa región el muro no representa una frontera política. En
cambio, en Jerusalén su construcción refleja las aspiraciones israelíes y sí
representa una frontera política.
A fin de consolidar su control sobre el
Gran Jerusalén, el Estado hebreo concentra sus construcciones en esa región. En
el "plan de desarrollo de Jerusalén", aprobado por Sharon a principios de año,
el muro debe seguir las fronteras tal como los israelíes las definieron luego de
la anexión de Jerusalén Este en 1967, e incluir además los dos grandes bloques
de colonias de Givon y Adumim, que se hallan fuera del territorio
anexado.
Esa incorporación del Gran Jerusalén al Estado hebreo plantea
numerosos y graves problemas, pues implica la incorporación de un gran número de
palestinos, subrayando así las contradicciones entre los imperativos
demográficos y los de seguridad. Para resolver ese problema, Israel trata de
construir dos muros en torno de Jerusalén. El primero es una separación interna,
levantada principalmente en torno de las fronteras municipales definidas por
Israel. El segundo será una separación externa alrededor de los bloques de
colonias. A diferencia de las fortalezas medievales, esos muros de Jerusalén
estarán compuestos por una barrera electrificada, una ruta de circunvalación, y
en determinados lugares contarán con fosas, paredes de cemento y detectores de
movimientos.
Los dos muros son como un collar que uniera las colonias
israelíes existentes y los sitios militares. La idea es vincular colonias ya
protegidas por cordones de seguridad y reforzar así el control sobre todos los
espacios que las separan.
Por ahora, Israel se concentra en la construcción
de barreras para separar las zonas israelíes de la población palestina. En el
norte construyó un muro que atraviesa la zona de Qalandia para así disociar
Jerusalén de Ramallah. Al Este se levantó una pared de cemento a lo largo del
Monte de los Olivos para aislar las zonas palestinas de Abu Dis y Azzaria del
resto de Jerusalén. En el sur, un muro y una fosa separan Belén de Jerusalén, lo
que además implica la anexión de una parte considerable de las últimas tierras
municipales palestinas. De esa manera, Israel anexa el sitio llamado la tumba de
Raquel, sagrado tanto para los judíos como para los musulmanes, que sin embargo
se hallaba situado bien adentro de Belén y rodeado de dos campamentos de
refugiados.
Alentado por la ausencia de condena internacional a esas
acciones, el alcalde Ehud Olmert prepara también la construcción de un muro en
torno de Kufr Aqab y del campamento de refugiados de Qalandia. Los habitantes
palestinos de esa zona, situada en la parte norte de la municipalidad israelí de
Jerusalén, disponen de tarjetas de residentes de Jerusalén y pagan impuestos,
pero no tienen acceso a los servicios municipales. Además, el puesto de control
de Qalandia limita sus posibilidades de entrar a Jerusalén. Para colmo, Olmert
piensa construir un muro adicional para separar esas zonas de Cisjordania,
encerrando así a sus habitantes en una prisión virtual.
Una vez que el muro
entre el norte de Cisjordania y Jerusalén esté concluido, el Estado hebreo habrá
anexado el 7% de la banda occidental, incluyendo 39 colonias y unos 290.000
palestinos, 70.000 de los cuales no tienen oficialmente derecho a residir en
Israel, y por lo tanto no disponen de derecho a viajar ni a los servicios
sociales israelíes, aun cuando Israel les ha suprimido todo modo de existencia
en Cisjordania. Esos 70.000 palestinos padecen una situación de extrema
vulnerabilidad y es seguro que serán progresivamente forzados a emigrar. Si el
muro se extiende hacia el sur hasta Hebrón, se estima que Israel habrá anexado
otro 3% de Cisjordania.
El gobierno israelí construye el muro y extiende sus
colonias basándose en el principio según el cual "lo que construimos hoy lo
conservaremos mañana". Las negociaciones de Oslo (que no previeron ningún
mecanismo para impedir las acciones que atentaban contra la búsqueda de la paz)
y los parámetros propuestos en diciembre de 2000 por el presidente de Estados
Unidos William Clinton: "Lo que es judío en Jerusalén será israelí, y lo que es
árabe será palestino", legitimaron esa lógica, contraria sin embargo a la
legislación internacional, que incluye decenas de resoluciones de las Naciones
Unidas.
La comunidad internacional parece estar unificada tras el Cuarteto
(1) y su propuesta para reanudar las negociaciones sobre el estatuto final
dentro de tres a cinco años, pero prácticamente no ha reflexionado sobre qué
tipo de Estado palestino se podrá negociar por entonces. Para que las
negociaciones tengan alguna posibilidad de reiniciarse y de avanzar, la
comunidad internacional debe imponer no sólo un congelamiento de la
colonización, sino implementar además medidas que inciten a los colonos a
abandonar los territorios ocupados. Tal política no puede estar sujeta a
condiciones previas o a un alto el fuego. Entre los numerosos puntos que se
analizarán durante las negociaciones de paz, el de las colonias y el de la
construcción del muro encierran un peligro real y estructural para la paz en la
región, y más precisamente, para cualquier perspectiva de coexistencia entre dos
Estados independientes y viables.
Nota al pie:
1 El "cuarteto" une la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), Estados Unidos, La Federación Rusa y
la Unión Europea para tratar de definir una posición común sobre Medio Oriente.