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SUICIDIO EN LA ADOLESCENCIA Y PRIMERA JUVENTUD archivo del portal de recursos
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RESUMEN
SUICIDIO EN LA ADOLESCENCIA
Y PRIMERA JUVENTUD
La problemática del suicidio tiene importante
incidencia entre los jóvenes, observándose a la vez una disminución en la edad
de los sujetos para las tentativas de suicidio.
Considerando que los eventos
de parasuicidio incrementan dramáticamente el riesgo de un futuro desenlace
suicida, es menester abordar ya desde temprana edad todos aquellos aspectos que
atañen al tema.
Familia, sociedad y fundamentalmente la preparación del
propio individuo, parecen ser los canales más eficientes y eficaces para el
tratamiento del riesgo suicida.
Al considerarse el suicidio un perfil de la
salud pública, éste debe estudiarse en el contexto de las instituciones, pero no
exclusivamente de las sanitarias, sino además de las culturales, deportivas,
sociales y académicas, sin olvidar la potencia de penetración de los medios de
comunicación.
La experiencia en la labor con parasuicidas, nos ha permitido
establecer criterios para identificar perfiles y repertorios conductuales
comunes entre los jóvenes; no obstante, el dato de la realidad más concluyente
es la especificidad de la problemática según la persona afectada.
Nuestra
trabajo en el sistema de emergencia telefónica, aportó elementos comunes
manejados a nivel cognitivo por estas personas y facilitó la generación de
estrategias comunes de abordaje que son las que se tratarán en la conferencia.
La trilogía del suicida, manejo de la auto-imagen, la distorsión de
perspectivas y el beneficio de la duda hacia el futuro aparecen como las pautas
para el abordaje más rápido del acontecimiento en estudio.
ABSTRACT
SUICIDE IN THE ADOLESCENCE AND FIRST YOUTH
The problem of the suicide has important incidence among the
youths, being observed a decrease at the same time in the age of the fellows for
the suicide tentatives.
Whereas clause that the parasuicidio events increase
the risk of a future dramatically unravels he/she commits suicide, it is need to
already approach from early age all those aspects that concern to the topic.
Family, society and fundamentally the own individual's preparation, they
seem to be the most efficient and effective channels for the treatment of the
suicidal risk.
When being considered the suicide a profile of the public
health, this should be studied in the context of the institutions, but not
exclusively of the sanitary ones, but besides the cultural, sport, social and
academic, without forgetting the power of penetration of the media.
The
experience in the work with parasuicidas, it has allowed us to establish
approaches to identify profiles and repertoires behavioral comunes among the
youths; nevertheless, the fact of the most conclusive reality is the specificity
of the problem according to the affected person.
Our work in the system of
phone emergency, contributed elements comunes managed at cognitive level by
these people and it facilitated the generation of strategies boarding comunes
that you/they are those that will be in the conference.
The suicide's
trilogy, handling of the car-image, the distortion of perspectives and the
benefit of doubt toward the future appear as the rules for the quickest boarding
in the event in study.
SUICIDIO EN LA ADOLESCENCIA Y PRIMERA JUVENTUD
RELACIONES Y PARTICULARIDADES
CONCEPTOS GENERALES
INTRODUCCIÓN
El suicidio es una de las causas de muerte más
frecuente a nivel mundial, con especial incidencia entre la población
adolescente.
Según datos estadísticos de la OMS se estima que 1100 personas
se suicidan cada día.
En Europa y América del Norte el suicidio figura entre
las 5 y 10 principales causas de muerte..
En el Uruguay, según las últimas
mediciones, se estima en 1,49 suicidios consumados por día y entre 10 y 15
intentos diarios de auto eliminación.
Esta situación motivó desde 1991 la
generación de programas tendientes a la prevención del suicidio, logrando recién
en el 2000 la puesta en marcha por parte de ANDAR ONG de un programa de atención
permanente.
El Servicio preventivo se estableció para la atención permanente
de todos los grupos sociales, culturales y económicos, pero se generó un
programa especial de estudio para los casos que involucraban a niños y
adolescentes en virtud del masivo contacto con el servicio de parte de estos
grupos de la población
El acontecimiento del suicidio y el parasuicidio
adquiere características particulares en la etapa de la adolescencia y por
extensión se mantienen durante el período que llamamos primera juventud. Este
período lo establecemos entre los diecisiete y los veintidós años, donde el
individuo recorre el primer tramo de su desprendimiento de la adolescencia y
comienza a transitar con mayor nitidez la confirmación o afianzamiento de sus
perfiles cognitivo-emocionales que serán la base primera de su desempeño en la
adultez.
Entendemos que todo trabajo de prevención y promoción de
estrategias conductuales adaptativas, realizado en esta etapa de la vida del
individuo, proporciona un resultado inmediato con respecto a la prevención pero,
a la vez, establece las bases preventivas para el futuro desempeño de la persona
como adulto.
Veremos más adelante de que manera, los instrumentos y
tecnologías conductuales aplicadas, generan a nuestro entender, una base futura
de desempeño individual con un margen más confiable de racionalidad, asertividad
y técnicas de afrontamiento.
La generación de amplificadores sociales para
la prevención del suicidio, acontece al lograr acercarse a ecuaciones claras
para el manejo o reconocimiento de la situación parasuicida, de tal manera que
la búsqueda y eventual definición de un protocolo básico es crucial para el
compromiso de otros actores sociales en la tarea y fundamentalmente a nivel de
los grupos especialmente involucrados, como pueden ser los actuantes a nivel
deportivo o académico.
El presente trabajo, emana de nuestra labor
profesional en las clínicas de servicios de salud y policlínicas comunitarias,
pero se apoya especialmente en el trabajo realizado a través del “0800-4545
Urgencia Psicológica al Emergente Suicida”.
Este servicio, que comenzó con
un subsidio estatal, se basa en una guardia telefónica permanente de psicólogos
y psicólogas, que atienden a aquellas personas en situación de crisis. Al ser un
servicio de cobertura nacional y gratuito, nos permitió acceder a diferentes
niveles sociales, económicos y culturales, con la característica sumamente
importante de preservar la privacidad y anonimato de quien hace la llamada.
Brevemente expondremos el por qué esta característica es tan importante, y
lo haremos con dos ejemplos bien claros a nuestro entender, lo cual nos
clarifica aun más el valor que tiene en estos casos la seguridad de privacidad
para otorgarle a la persona el amparo suficiente y hablar por tanto con total
libertad y franqueza.
En nuestro país, el servicio telefónico denominado
“0800” es gratuito para quien llama y es muy utilizado por empresas como una
forma de captación de clientes y ventas telefónicas; no existía hasta entonces
un servicio comunitario por este medio. Por ser la llamada de cargo a quien la
recibe, el consultante no encuentra en su factura telefónica ninguna mención al
número como en el caso de los sí con cargo por minuto denominados “0900”.
Poco tiempo luego de comenzar con el servicio 0800-4545, recibimos la
llamada de una señora desde su domicilio que, antes de exponer su problemática y
la situación emocional que padecía, insistió en que se le explicara como
funcionaba el servicio telefónico y si en su factura no iba a aparecer ningún
dato que la relacionara con el servicio. Esta señora, es la esposa de un
político conocido en nuestro país, lo que explicaba su insistencia. Al entender
la dinámica y características del servicio nos dijo “Bueno, si no había pensado
en decir que había llamado para averiguar por una amiga. Mi marido siempre mira
las facturas de teléfono”
Otro ejemplo, una adolescente con intensas y
recurrentes ideaciones suicidas nos llama desde un teléfono público (desde éstos
la llamada también es gratuita), el disparador de éstas ideaciones era su temor
a estar embarazada. Con dieciséis años y con el secreto hasta de tener novio
desde hacía siete meses, en un hogar con normas muy rígidas y poca comunicación,
su perspectiva del futuro y desenlace se le presentaba caótica. Si en la factura
de teléfono hubiese aparecido el número al que había llamado, generaría un
“desastre” según sus palabras.
La llamada desde el teléfono público fue
entonces una exploración; luego volvió a llamar más tranquila y cómoda desde su
dormitorio.
Nuestro eslogan en la folletería del servicio “Antes Llama,
Total No Cuesta Nada”, le permitió un giro más popular al tratamiento del tema,
puesto que además al ser una institución civil, no encierra o genera los temores
de acercarse a un servicio de salud público o privado y la siempre presente
prerrogativa del anonimato.
Lo anterior permitió un inserción rápida en la
comunidad, por lo que a menos de un mes de vida pública, recibimos sesenta y
cinco llamadas serias entre el viernes en la tarde y la madrugada del domingo
desde diferentes puntos del país. A partir de este hecho, solicitamos más líneas
telefónicas para integrar el colectivo del 0800-4545.
Esta comunicación con
personas en plena crisis algunas y otras en la instancia primaria de las
ideaciones suicidas, sumado a las charlas y talleres que comenzamos a ejecutar
por diferentes localidades de nuestro país, en liceos, centros comunitarios,
etc, nos permitió ir generando un perfil de estrategias de abordaje más efectivo
y por tanto más rápido en la situación de crisis.
Este trabajo entonces, se
basará en estas experiencias y en lo que entendemos una suerte de denominadores
comunes actuantes en la situación suicida adolescente.
Nos detendremos en
los diferentes facilitadores de la tentativa suicida y en las estrategias de
abordaje que nos ha permitido mejorar el tratamiento de la problemática en
cuestión y, como decíamos al principio, enfocaremos el tema especialmente en la
situación adolescente, constituyéndonos en sus perfiles especiales y por tanto
su tratamiento particular. Adicionalmente, considérese que no en pocos casos, se
obtuvo entrevista personal con los consultantes telefónicos, ya que estaba
previsto por el servicio, otorgar una orientación personal y presencial también
sin costo para quienes lo solicitaran. Este hecho nos permitió profundizar en el
conocimiento de causas y en la generación de análisis funcionales de mayor
confiabilidad.
Aquí también queremos expresar nuestro interés en no manejar
estadísticas que no aporten definiciones claras de acción y desembarquen en
meros estudios numéricos del problema. El estudio estadístico puede marcarnos
eventualmente la proporción o magnitud de la problemática, pero no nos otorga un
abordaje del problema y mucho menos estrategias para el acercamiento a cada
individuo en su particularidad.
Como base metodológica, hemos manejado los
criterios de definición de modelos de caso único, a partir de los cuales
pretender la replicación de estrategias y hallazgos en la intención última de
descubrir metodologías más universales que eventualmente colaboren en la
generación de programas educativos o comunicacionales.
Acaso entonces, como
referencia establezcamos algunos datos numéricos orientadores sobre la
problemática.
Según Brent y colaboradores encontraron en pacientes muertos
por suicidio, un 22% con trastorno bipolar y un 50% de unipolar. Considera que
en adolescentes los principales factores de riesgo del suicidio son la
existencia de un trastorno bipolar asociado a toxicomanías, ausencia de consulta
profesional y disponibilidad de armas de fuego. Tómese en cuenta que muchos de
los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión.
El comportamiento de parasuicidio, es decir aquel que no concluye en
suicidio, es mayor en porcentaje en mujeres, sin embargo el que si logra el
término de la vida del joven, es mayor en hombres. Tómese en cuenta la alta
incidencia del trastorno histriónico en jóvenes del sexo femenino, el cual puede
oficiar de inhibidor final de la consumación suicida.
Sin lugar a dudas el
estudio y tratamiento diferencial de la incidencia de suicidio en los diferentes
grupos psicopatológicos merece una atención especial pero excede la extensión y
parámetros del presente trabajo.
VULNERABILIDAD ADOLESCENTE
La adolescencia proporciona perfiles particulares para la
construcción de ecuaciones conductuales de riesgo suicida, quizás como ninguna
otra etapa en la vida de la persona.
La conjugación de una corta experiencia
de vida, la presión social que los empuja a crecer, poniéndole cada vez más
responsabilidades a su paso, en concomitancia con el temor ante sus propias
capacidades y la generación de una imagen ante sus pares, establecen un amplio
menú de variables que pueden facilitar el acontecimiento suicida.
Es una
etapa en donde el joven está comúnmente a medio camino entre el logro de su
independencia y el temor a lograrla totalmente, por lo que por otro lado busca
afirmar o clarificar los niveles de amparo con los que cuenta. Puede resumirse
en lo dicho por una chica de dieciocho años, “ no soy tan chica como para que me
cuiden, ni tan grande como para que me dejen sola”. La resolución o desenlace de
esta ambigüedad es en gran parte lo que delimite la amplitud o gravedad de la
problemática en su evolución y maduración emocional.
Veremos entonces
algunos de los perfiles propios de la adolescencia y como estas mismas aristas
pueden orientarse hacia la conclusión desadaptada o desadaptativa de los
repertorios conductuales del joven.
En el hogar :
El proceso que
recorre el individuo en esta etapa, no es un proceso solitario, ya que incide
particularmente en el grupo familiar en general y en cada uno de sus integrantes
en particular.
De esta manera, el proceso evolutivo y de crecimiento de ese
o esa joven, es vivido, sentido o sufrido de diferentes formas por la madre, el
padre y los hermanos, solo por nombrar las relaciones filiales más directas. No
son pocos los hogares donde conviven además los abuelos , incluso tíos y primos,
en cuyo caso la problemática se multiplica, amplificando las conjugaciones
negativas en las relaciones interpersonales; así como merece un trato especial
la situación de aquellos jóvenes con historial o situación presente de
institucionalización.
En la dinámica familiar, actúan y se interrelacionan
los intereses, temores y preconceptos de todos y cada uno de sus integrantes,
generándose no pocas veces un perfil familiar un tanto híbrido, ya que la
conclusión y resolución de los problemas y la toma de decisiones queda
supeditada a cual de los referentes familiares actúe en cada caso. Esto es mucho
más notorio en aquellas familias en donde uno de los padres, se ausenta
regularmente por varios días por motivos de trabajo. En estos casos, es común
observar que los códigos o normas de conducta (horarios, costumbres y hasta
opiniones) cambian en esas etapas de ausencia física del padre viajante. Los
casos de separación o divorcio implican mayor dramatismo generalmente a estas
estructuras de referencia disímiles de un hogar al otro, en donde, muchas veces,
como primer consecuencia inmediata a la separación, los padres toman
comportamientos en mera oposición a los manejados por el otro padre,
estableciendo un caos de respuestas referenciales y que muchas veces facilitan
en el joven el establecimiento de una cultura tendiente a la manipulación de la
voluntad de los padres que, luego, sentará las bases para su desempeño social en
general.
Como primer elemento podemos establecer entonces desde ya, la
incoherencia en las normas reinantes en el hogar, difuminando los límites, las
referencias, los criterios de base, para el establecimiento en el joven de
parámetros claros dentro y a partir de los cuales operar conductualmente, sea en
lo manifiesto como en lo encubierto o cognitivo.
Claramente, el joven quiere
independencia pero espera o pretende mantenerse seguro, obtener el amparo del
medio familiar que, sin exigencias, le de seguridad.
La inseguridad que
siente en el seno familiar, se conjuga con la inseguridad en su propia persona,
la que, al ir generando nuevas pautas de vida, no le otorgan garantías de éxito
o acierto, reforzando los temores hacia el rechazo y el fracaso. A estos
temores, si la conflictiva familiar es de envergadura, se le suma el miedo al
abandono y la soledad. Es aquí que el concurso de sus relaciones extra
familiares es primordial y que por sus características incidentales
particulares, trataremos en especial.
Ante el espejo:
No trataremos
aquí tanto la imagen en el espejo de azogue, sino en especial la imagen en el
espejo interior.
La auto imagen irá definiendo el desempeño en la vida real,
incluso, marca la visión que tendrá de su reflejo en el espejo exterior, el de
vidrio.
Lo que el joven crea de sí mismo, marcará la diferencia ante los
problemas, desafíos y decisiones que deba afrontar, haciendo la diferencia
esencial a la hora del manejo o no de ideaciones de auto eliminación.
Sería
poco original o novedoso establecer que el joven que confía en sí mismo no se
suicida.
La concepción que tiene sobre su persona, establece uno de los
criterios cruciales para la tolerancia a la frustración y la aplicación de
técnicas alternativas ante la conclusión negativa de sus emprendimientos. Si el
joven no esta preparado para tolerar la frustración y redirigir sus conductas
hacia repertorios alternativos, se propicia la situación de riesgo de la
inmovilidad, la elevación y mantenimiento de altos niveles de ansiedad y la
generación muchas veces asociada de episodios depresivos que, sin configurarse
desde un principio, pueden gestar el establecimiento de un trastorno distímico o
eventualmente una trastorno depresivo mayor.
Vamos estableciendo entonces
una conjugación de riesgo elevado, la implicancia de la ansiedad con episodios
depresivos.
Entre los adolescentes la conclusión suicida suele tener
características más de tipo impulsivas que planificadas. Según la experiencia,
la planificación acontece en aquellos casos donde se ejecuta el ambiente
parasuicida o la tentativa y que mantiene la motivación del llamado de atención
ante otros actores de su vida. No por lo último, estamos estableciendo menor
importancia a estos casos, puesto que la tentativa, aumenta definitivamente la
probabilidad futura para la consumación del suicidio, por “error de cálculo” o
por definitiva decisión. Sí estamos estableciendo la importancia que revisten
los trabajos tendientes al control de impulsos, manejo de la ansiedad y la
dinámica cognitiva racional.
En esta etapa de la vida de la persona, podemos
establecer que a grandes rasgos se dan dos alternativas, que entre la
diversidad, tomaremos como opuestas en la intención de clarificar nuestro
planteo.
En un extremo de las posibilidades, el o la joven puede haber sido
formada con normas claras pero muy rígidas, con verdades absolutas, sin
posibilidad de establecer cuestionamientos o dudas sobre esas reglas impuestas
por ejemplo en su casa. Esto que en un principio puede darle un soporte seguro,
pronto le genera un elevado estrés ya que, la propia dinámica de su evolución en
conjunto con el aumento eventual de sus relaciones sociales, pueden marcarle
dramáticamente la inoperancia de alguna o varias de esas normas en el medio
exterior. Ante esta vivencia de fracaso, siente no solo el desamparo, sino que
asume el fracaso como personal, no como resultado de lo inapropiado u obsoleto
de las pautas de conducta tan firmemente asumidas. No admite, porque no ha sido
preparado, para cometer errores y asumiendo las consecuencias, redefinir sus
caminos de operación.
El joven que teme cometer errores, se asoma al riesgo
de no manejar las alternativas adversas de su vida, considerando los errores
como fracasos personales y por contrapartida no logrando hallar en su cultura
repertorios alternativos, vivencia que no tiene salida de la situación,
invadiéndole la desesperanza o la desesperación.
En el otro extremo podemos
establecer la situación del joven que recibe rapidamente libertades e
independencia de parte de su familia. Comúnmente ocurre que este joven carece de
referencias, puesto que al no manejar modelos cercanos, visibles en sus figuras
parentales, queda librado pura y exclusivamente al ensayo y error, pero sin
puntos de partida, propiciando esto por lo general repertorios de ansiedad
anticipatoria y una suerte de temores relacionados con su posible bajo
desempeño.
En la conformación de sus supuestos personales no obtiene apoyo o
guía familiar y por tanto se produce un vacío de identidad que buscará llenar
luego con referentes externos a la familia.
Tanto en un caso como en otro de
los supuestos que presentamos, podemos definir ya una serie de denominadores
comunes que hacen a la visión de sí mismo de igual forma en uno y en otro y que
acrecientan el riesgo de aparición de ideaciones suicidas.
Podemos
establecer una comunión de temores en ambos casos.
El miedo al fracaso, el
rechazo y la soledad son comunes, lo es también por tanto, producto además de lo
anterior, el miedo al futuro. Miedo al futuro que trataremos luego en lo que se
llama la “trilogía del suicida”.
Son comunes la generación de trastornos de
la personalidad, que dependiendo de la edad del sujeto estarán más cerca o no de
su confirmación diagnóstica, pero no hay duda de su progresivo establecimiento.
Es común detectar puntuaciones suficientes como para definir diagnósticos de
trastornos de personalidad del tipo de evitación, dependencia o limítrofes,
cuando no es que se dan combinados, situación muy común.
Ya hablamos de
trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y finalmente de la personalidad.
No establecemos aquí expresamente aquellas situaciones personales donde es
posible detectar psicopatologías asociadas del tipo esquizofrénico, las que ,
sabemos, proponen un alto índice entre los individuos con suicidio consumado.
Desde el punto de vista cognitivo, estos adolescentes demuestran una alta
participación de falacias de pensamiento o errores cognitivos, que distorsionan
su interpretación de la realidad pero, además, contribuyen directamente a la
generación, confirmación y amplificación de supuestos personales derrotistas,
negativos, cuando no inmovilizantes.
Es común detectar falacias como las de
filtraje, personalización y pensamiento dicotómico o polarizado, pero por sobre
todas las ecuaciones falaces, se posiciona la visión de túnel que, por las
características adolescentes que referimos antes, se ajusta a su visión
taquitoscópica de la problemática, la que se enfoca de tal manera sobre la
situación que no le permite alternativas de análisis.
Con estas tendencias
el joven tiende a “rumiar” sobre el problema y sus consecuencias catastróficas,
considerando incluso mayores consecuencias negativas que si el problema se lo
estuviese contando otra persona, tiende por tanto a generar la participación de
lo que llamamos “visión catastrófica”, mediante la cual cree prever que las
consecuencias serán las peores imaginadas. A esta altura del derrotero
cognitivo, la desesperanza toma lugar preponderante y por tanto se diluyen
posibles motivaciones existentes, con el consiguiente advenimiento de los
trastornos antes dichos y aquí la puesta en escena de las primeras ideaciones
suicidas, como imagen mental, frases cortas, y ya muchas veces, la fantasía de
“derrotar” al problema evitando sus consecuencias.
Con sus pares:
Para el o la joven con ingreso en repertorios cognitivos de suicidio, todos
los actores sociales son importantes, sean conocidos o desconocidos, sean sus
amigos (si es que los tiene) o no. La elevada vulnerabilidad que se establece,
los torna altamente reactivos en lo emocional al medio social que los rodea.
Esto no implica un perfil nocivo del medio social, sino que ratifica lo
esencial que resulta considerar cada caso en particular y luego establecer la
funcionalidad de la situación con respecto a la constelación cognitivo-emocional
de cada individuo. Puede ser la actuación del grupo de referencia quien marque
en última instancia la decisión o el impulso suicida o la inhiba
La imagen
que creen imprimir en la opinión ajena se torna para muchos jóvenes en un motivo
de vida, definen su comportamiento sobre la creencia de lo que esperan de él. No
obstante, la resultante es siempre la sensación de soledad puesto que el
trabajar para generar una imagen u opinión, los aleja de poder mañana recurrir a
alguno de esos amigos para contarles que se siente mal, que no encuentra goce
alguno en su vida.
La tendencia a mantener la unión de grupo, actúa en estos
casos como un inhibidor de las búsquedas de apoyo u opiniones diferentes.
Fortaleciéndose la sensación de desamparo, se acrecienta también el temor al
futuro; el joven siente realmente que lo que le pasa hoy seguirá así en el
futuro y que no lo podrá soportar.
Es con sus pares que se genera el
eventual consumo de alcohol y otras drogas, de tal forma que si el grupo no
puede o no sabe manejar este hecho, el riesgo suicida aumenta en forma
dramática.
Una muerte y mucho más aún por suicidio, dispara una suerte de
“epidemia” dentro del grupo, en estos casos el modelaje actúa como un reguero de
pólvora de ideaciones suicidas sobre la mayoría de los integrantes de ese grupo,
clase de liceo o equipo deportivo. No importando a veces el estatus social que
poseía el joven dentro de aquel grupo. El riesgo en estos casos, se apoya en que
un suicidio cercano al joven, le ofrece una alternativa conductual para salir
del problema, algo así como “si el lo hizo, yo puedo hacerlo también”, cuando no
actúa muchas veces como una desensibilización ante la presencia de la muerte,
más aún cuando sobre esa muerte se establecen parámetros de idealismo o
misticismo de cualquier índole.
No debemos dejar de mencionar otro aspecto
crucial de la vida del joven y que marca para él o ella los posibles niveles de
éxito y aceptación del grupo en particular y de la sociedad en general.
Es
sin duda un perfil que involucra su situación en todos los ámbitos de su vida
incluyendo el familiar, puesto que las opciones que tome en su desempeño y
preferencias sexuales le proporcionarán una posición en y ante el grupo.
Los
índices de suicidio entre jóvenes homosexuales son más elevados que entre los de
opción heterosexual.
Ante la perspectiva de una toma o “descubrimiento” de
la opción de homosexualidad, se ponen en juego y exacerban los miedos al rechazo
y el aislamiento, con lo que el futuro se presenta más amenazador. Si el joven
no esta preparado para asumir sus opciones con una auto dirección racional de su
vida y si, paralelamente ve su sexualidad como algo sobre lo que no puede tomar
decisiones con libertad y sin riesgo de represalias, es común la ideación
suicida.
Encontramos nuevamente la postura ante sí mismo y el mundo, como
una ecuación de todo o nada. Sin alternativas o matices en su interpretación del
mundo y su propia persona, las características que se van formando en su
personalidad pueden ser tomadas por este joven como condenas que le acompañaran
toda la vida y que esta seguro que no podrá soportar. En estos casos de
homosexualidad, es común observar una búsqueda rápida de personas con su misma
orientación y un alejamiento paulatino del antiguo grupo, de tal forma que el
amparo otorgado por la identificación de gustos e intereses, le da seguridad y
le promete un futuro en compañía, donde el rechazo del resto quedará diluido por
el amparo de sus nuevas amistades. La comunidad de intereses actúa aquí como una
contención, aunque más no sea primaria de las tendencias suicidas pero,
paralelamente puede ir generando una muy elevada dependencia hacia ese grupo y
las vicisitudes en la relación pueden generar un incremento en los temores que
le lleven a evitar los riesgos de abandono y soledad, optando por el suicidio.
Es muy difícil para un adolescente cambiar de grupos de relación cuando lo que
ha motivado el cambio previamente fue la opción sexual.
Lo anterior ratifica
el estrés personal y social generado por la vida sexual del individuo, mas aún
si tomamos en cuenta su falta de historia en este ámbito, el que ya desde el
inicio le ofrece no solo retos sino muchas veces, grandes riesgos.
INCIDENCIA DE LOS TRASTORNOS DISOCIALES Y
ANTISOCIALES EN JÓVENES CON REPERTORIOS PARASUICIDAS.
Hemos
decidido apartar el tratamiento de este grupo de jóvenes en forma especial, dado
que en nuestras sociedades fundamentalmente en las latinoamericanas y en
especial en el Uruguay, la situación socio económica con el aumento del
desempleo y las perspectivas de un mayor deterioro, estancamiento o muy lenta
recuperación económica, los grupos de jóvenes que se han volcado hacia
repertorios conductuales de supervivencia, fomentaron dramáticamente la
aparición de trastornos de tipo disocial y antisocial, asociado a la elevación
de los índices en el consumo de alcohol, marihuana inhalantes y otras drogas.
Esto como veremos a continuación, se relaciona directamente con el aumento en el
número de suicidios consumados tanto como en los parasuicidios.
El
Trastorno antisocial y disocial de la personalidad se caracterizan por un patrón
general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en
la infancia o al principio de la adolescencia continuando, eventualmente en la
edad adulta.
Las personas con este trastorno no logran adaptarse al entorno
social que los rodea, especialmente en lo referente a las normas sociales,
sintiéndose alejados y no parte de la sociedad en su conjunto, y en especial,
diferentes a los jóvenes de su edad.
Esto hace que se alejen aún más, y
progresivamente se da el desprecio de los deseos y derechos del entorno de sus
pares, engañando y manipulando, siendo por consecuencia víctimas de los mismos
actos sobre su persona.
Por todo esto, existe en ellos un tipo de manejo
cognitivo con pensamientos autoderrotantes, que generan sentimientos de soledad,
vacío, deseos de autoflagelación, que lo lleva en la casi totalidad de los casos
a consumo de drogas, conduciendo a alta velocidad y optar por actitudes donde
claramente no solo ponen en riesgo al grupo social sino a sí mismos.
Existe
una despreocupación imprudente sobre su persona, no tienden a prevenir las
consecuencias, son altamente impulsivo-agresivos, no toleran el aburrimiento, se
tornan cada vez más irritables y tercos, fanfarrones y arrogantes, abandonando
todo aquello que antes podía representar una ocupación o actividad productiva y
orientándose hacia aquellas personas con similares características y que
incluyan un modelo de líder donde tiendan a desplegar sus deseos de protección y
cuidado del entorno social, involucrando con ese tipo de agrupación que
generalmente denominamos “patotas o bandas”.
En nuestro país, es común que
se denominen incluso a sí mismo, en función de la zona de convivencia o reunión,
por ejemplo “los de la Palma, los del Cerrito, los de la Plaza, etc”.
El
manejo cognitivo se relaciona directamente en cuanto su predisposición y en
cuanto a las repercusiones emocionales y conductuales en los jóvenes, con este
tipo de trastorno disocial o antisocial con una concordancia directa con los
jóvenes que en mayor porcentaje incurren en repertorios suicidas.
Los
pensamientos relacionados al fracaso para adaptarse, los lleva conjuntamente con
la despreocupación imprudente de su seguridad, a pensamientos tales como “ no
sirvo para nada y para nadie”, “nunca lograré nada en esta vida porque no soy
parte de ella”, “los demás no me entienden por más que haga lo que haga”, “la
vida es así y nadie sirve para nada”, “todo es una porquería, así que yo no
puedo ser un estúpido para que me pasen por encima”, “no hay nada que hacer,
todo es así y seguirá de la misma forma porque a nadie le conviene cambiar
nada”.
El mecanismo de ansiedad-miedo, los eventos estresantes donde ellos
mismos se involucran, el abuso de sustancias y los cambios de estado de ánimo
repentinos; la euforia que los estimula para cometer actos trasgresores, evita
así los episodios de depresión que los sumergen en pensamientos auto
derrotantes, facilitando la aparición de ideaciones suicidas recurrentes.
Este tipo de manejo cognitivo encontrado en la amplia mayoría de los jóvenes
con trastorno disocial o antisocial, traducen una visión negativa de sí mismo,
del entorno, con improbables posibilidades de cambio en el futuro, se genera una
clara visión de túnel donde no hay camino aparente salvo el del comportamiento
trasgresor. Sin embargo, en el mismo comportamiento trasgresor, el joven actúa
con los comportamientos auto derrotantes, auto flagelantes y sintiéndose
cómplice de un futuro que no existe y no tiene posibilidades de cambio.
La
misma banda retroalimenta estos pensamientos como forma de auto fortalecimiento,
razón por la cual esta suerte de “escuela del crimen”, donde la droga y la falta
de remordimientos es un claro “vivero” de comportamientos parasuicidas. Estas
tendencias se agravan debido a que cada uno es impulsor del otro, cualquier
cambio de actitud en un integrante de la banda se considera como una violación
al “código de honor” que los identifica.
Este círculo vicioso provoca
intentos de salida del propio joven, cuando vivencia que las razones por las
cuales entró en dicho círculo no solo no logran una salida que lo aleje de sus
temores sino que agravan los mismos impulsándole a vacíos más profundos y
reforzados por todo un entrenamiento que ahora, sí, presenta en comportamientos
imprudentes, arrebatados, irracionales e impulsivos con bajísimo control sobre
estos impulsos, donde se le ha inculcado que el más valiente es el que se anima
a hacer cosas peligrosas, debiendo demostrar al entorno que es capaz de
“defender” al grupo.
Sin embargo este círculo vicioso, no permite ningún
tipo de motivación de futuro, ya que ni siquiera existe en los sujetos el deseo
de ser líder, ya que si lo lograran perderían el amparo que sienten de aquel que
supuestamente los defiende y aquel a quien no pueden fallarle y con quien no
compiten.
Las razones que hicieron que el joven se involucrase en este tipo
de agrupaciones, por ejemplo la presencia de temores sociales, inhibiciones, es
lo que permite que se encastre con mayor facilidad a grupos que presentan una
organización social diferente y que les permite iniciarse con menores
dificultades, por la necesidad del mismo grupo hacia el nuevo integrante de
quien dependen y el que dependerá de ellos desde el momento de su iniciación.
El grupo, en su conjunto, tampoco tiene motivaciones de futuro ya que los
pensamientos del grupo son que la calidad de víctimas y victimarios que ellos
mismos se adjudican los aleja de algún tipo de rol definido que los oriente
hacia algún camino concreto.
No puede considerarse que lo logrado en los
actos delictivos sea un medio para nuevos horizontes conductuales, ya que es la
forma de comprar alcohol u otro tipo de drogas que paralelamente, incrementan la
impulsividad, la desconfianza del entorno y de sí mismo y la tendencia a
actividades de mayor riesgo.
Estos sujetos presentan todos los mecanismos
cognitivos que conllevan al comportamiento parasuicida, con la complejidad y
mayor riesgo de ser agentes multiplicadores dentro de su grupo de convivencia
psicopática como de nuevos ingresos de jóvenes, hecho que día a día se potencia.
Los “bautismos” de los iniciados son verdaderas muestras de desprecio de la
propia autoimágen es decir, el desprecio por sí mismo y por su vida ya que desde
ese momento ocuparán un lugar dentro de los códigos que componen “las pruebas de
honestidad y valentía” que definen a la banda. Con la conducta autodestructiva y
de destrucción del entorno, en cuanto a valores éticos y morales, se incorporan
nuevas ecuaciones cognitivas orientadas en forma irracional hacia el
condicionamiento de respuestas parasuicidas.
Los últimos estudios de UNICEF
indican que el 51% de los jóvenes eligen estar con sus amigos, siendo que en
segundo lugar se encuentran aquellos que se deciden por la televisión.
La
familia no se encuentra en el primer ni en el segundo lugar. La televisión
inmola a los trasgresores con mensajes claramente difusos, en cuanto a la
calidad de víctima o victimario de los modelos que presenta.
Tomemos como
ejemplo, la película “El Silencio de los Inocentes” y las zaga correspondiente
del mismo actor; es claro en estas representaciones que los modelos sociales que
aparecen como más exitosos son aquellos que demuestran inteligencia, esfuerzo y
logros relacionados a : fracaso para adaptarse en sociedad, ya que suelen ser
solitarios, deshonestidad y admiración de la deshonestidad ajena, falta de
remordimientos y menosprecio absoluto por la vida humana, inclusive la propia.
Apoyan sus repertorios conductuales en una autoimágen supuestos personales y
códigos de moral basados en su propia construcción e interpretación de los
hechos y su propia vida; elaboran, defienden y promulgan su propia filosofía.
Son ampliamente conocidos los hallazgos experimentales con respecto a la
relación entre la baja empatía y los delitos de sangre o violación de los
derechos ajenos.
Como dato adicional debemos tener en cuenta que solo para
el trastorno antisocial de la personalidad la prevalencia en las muestras de la
población general es de aproximadamente el 3% en los varones y el 1% en la
mujeres.
Los suicidios en los varones, son tres veces más que en las
mujeres. Son más los varones quienes logran terminar con su vida y las mujeres
quienes hacen mayor cantidad de intento pero sin éxito.
De la experiencia
del trabajo con jóvenes que presentan trastorno disocial y antisocial de la
personalidad podemos afirmar que si se trabaja el tema del suicidio tomando en
cuenta a cada población, no solo se verifica que son víctimas propiciatorias de
comportamientos parasuicidas, sino que son modelos potenciales de nuevos
parasuicidas.
Los estudios indican que la utilización de armas de fuego es
la más común en los varones y este tipo de arma es por excelencia la más cercano
a estos grupos con trastorno disocial y antisocial.
Los modelos de
intervención deben actuar dentro de las bandas con grupos de jóvenes que hallan
pasado por la instancia de rehabilitación, pero que presenten características
que hagan posible algún tipo de identificación con ese grupo.
Las pruebas
indican que si orientamos nuestra labor preventiva exclusivamente a ámbitos como
las escuelas, liceos, etc, nos estamos olvidando de un hecho real y es que los
jóvenes se acercan a estas bandas ante el facilitador de existir en la zona en
donde viven; aunque es cierto que se da en los lugares más cercanos a los
centros de estudios. Las reuniones se realizan en las esquinas cercanas al
centro de estudio, por consiguiente el joven hasta no involucrarse directamente
en un acto trasgresor concurre al centro de estudio y visita a la vez a este
grupo de jóvenes, hasta que finalmente deja los estudios en forma impulsiva y
sin retorno, así como sucede con su familia.
Los comportamientos suicidas se
dan con mayor frecuencia en la instancia intermedia entre las visitas que
involucran progresivamente al joven y su deserción estudiantil. Sin embargo
desde el centro de estudio es difícil acceder a estos grupos, ya que si bien son
conocidos, presentan un estatus de poder tal, que antes de que el joven se
encuentre formando parte de la banda, suele temerles.
El tipo de
parasuicidio donde se incorporan procesos de mayor preparación, cálculo y
premeditación, se relacionan más a aquellos sujetos que padecen algún tipo de
trastorno esquizofrénico, especialmente de tipo paranoico. Este tipo de
comportamiento suicida se da en situación de soledad, aislamiento o en otro tipo
de agrupaciones con otros perfiles que se analizará posteriormente ya que este
comportamiento suicida se encuentra en segundo lugar en porcentajes.
En
primer lugar se encuentran aquellos suicidios consumados mediante la utilización
de armas de fuego que ya poseía el sujeto o tenía a su alcance. Es decir, a
consecuencia de actos impulsivos, arrebatados y con amplio entrenamiento en el
tipo de despreocupación imprudente de su persona y las consecuencias de sus
actos, donde el valiente es el que anima y así aporta a la continuación de la
vida del grupo, aunque no la propia.
Es así que es común observar las
fluctuaciones rápidas y persistentes entre los estados de euforia y depresión.
Los jóvenes en las bandas pasan por varios estadios donde en los comienzos el
nuevo integrante no consume vino “lija”, como se le dice vulgarmente al vino más
barato, sino que esto se da en una instancia donde el joven ya no tiene contacto
alguno con su familia ni con el centro de estudio como tampoco con antiguos
amigos, compañeros o vecinos. Este tipo de formación dentro de la banda es la
que permite que en el momento del pensamiento a la acción el sujeto esté tan
entrenado en actuar impulsivamente y obtener logros por ello, que tomar un arma,
apuntarse a la cabeza (juegos típicos de demostración de desenfado, arrogancia,
imprudencia dentro del grupo), hacen que el poner el dedo en el gatillo sea una
cuestión de segundos, mucho más si se encuentra bajo los efectos de algún tipo
de drogas.
La droga en estos jóvenes “no les mata el hambre”, sino que
estimula la euforia alternada con depresiones suicidas. Lo que marca la
diferencia de un estado u otro muchas veces solo es determinado por la cercanía
de un arma de fuego o estar en un piso alto de un edificio, es decir, la
oportunidad.
No obstante lo anterior, un error muy común es suponer que esto
ocurre solo en los estratos socio culturales y económicos bajos; por el
contrario es más común en los niveles de medio hacia arriba. A pesar de esto
quien ocupa el rol de líder del grupo, suele pertenecer a niveles socio
culturales bajos y posee a la vez, una situación abandónica o semi abandónica en
lo que respecta a su familia biológica o adoptiva.
El líder quien actúa como
verdadera “cabeza pensante” ocupa en las primeras instancias el rol de mediador
del joven con su familia, aconsejando a éste, para luego pasar a ocupar el rol
de protector, referente afectivo, logrando así que el joven se aleje por
completo de su familia hasta involucrarse verdaderamente en algún acto delictivo
que requiera de la intervención familiar para salvarlo del problema.
Generalmente debido a la alta incidencia de comportamientos suicidas entre
estos jóvenes, no llegan los líderes a abastecerse todo lo que desearían de la
familia y sus recursos, bien porque el joven ya cometió algún intento de
autoeliminación o ya ha fallecido.
La relación que el joven mantiene con el
líder se da de forma tal que el respeto y la admiración excesiva, promueve dudas
sobre su propia sexualidad instigando el temor o la duda sobre perfiles sexuales
propios.
En este momento del proceso es cuando el joven debe recibir un
verdadero salvatage, ya que es el momento de mayor riesgo debido al deterioro
que está sufriendo. A esta altura de los acontecimientos el joven ingresa en un
elevado nivel de estrés que involucra todos los perfiles de su vida, el social
el familiar y el personal, con una clara distorsión adicional en la visión sobre
su futuro.
En el proceso de integración a la banda día a día los integrantes
necesitan más del líder, del fortalecimiento del “código interno” mediante
actitudes trasgresoras cómplices y de absoluto secreto, reafirmando la idea de
que el entorno los arremete y encontrando explicaciones de por qué antes no
podían sentirse parte de un grupo y por qué la familia nunca los entendió.
Pensamientos típicos de estos jóvenes y especialmente en este momento del
proceso de autodestrucción individual.
Independientemente del objetivo
último del grupo al que pertenezca, el joven se siente amparado y recibe
contención por parte de ese grupo, la sensación de pertenencia y de ubicación
social le otorgan la seguridad relativa necesaria para que momentáneamente los
eventuales repertorios cognitivos suicidas se disipen. El joven recibe del grupo
la posibilidad que lo escuchen, que se preocupen por él, tener alguien en quien
confiar.
Otro grupo especial de jóvenes a tener en consideración, son
aquellos que tienen que ver con el accionar de las sectas religiosas.
El
proceso y los mecanismos que se ponen en acción son diferentes a los que
acontecen en el grupo delictivo, aunque nó necesariamente en lo que respecta a
las carencias y motivaciones que previamente siente el joven.
Si bien
existen mecanismos similares en cuanto a algunos de los objetivos, los métodos y
los resultados son diferentes.
En los grupos de tipo trasgresor los jóvenes
suelen presentar comportamientos suicidas en mayor porcentaje aunque son más
difíciles de detectar porque no se realizan masivamente sino que se dan
individualmente. No como forma de lograr un objetivo, sino justamente por la
carencia de motivación, consecuencia de una destrucción progresiva de su
autoimágen y del futuro, propio y ajeno.
Por otra parte las sectas
religiosas suelen estar integradas y dirigidas por una importante cuota de
personas con trastornos psicóticos, estados delirantes o tendencias del mismo
que pueden en la práctica disminuir la misma probabilidad de comportamiento
suicida por ser la propia disociación, la carencia de impulsividad y una forma
especial de terminar con su vida, un obstáculo que no existe en la configuración
suicida de los jóvenes infractores.
En el integrante de la secta religiosa,
él es tan importante para el grupo que no puede fallarle, esto mismo es lo que
muchas veces les permite algún tipo de salida y al no encontrarse su imagen tan
deteriorada obtiene recursos adicionales para no terminar con su vida, aunque
éstos vengan desde la imagen del líder o predicador.
En las sectas
religiosas se plantea el tema de la decisión y la misión de cada uno y se
entiende que esto implica una entrega de lo mejor de la persona; por
contraposición en los jóvenes trasgresores no existe en ningún momento la
inclusión del factor tiempo en todo su aprendizaje;
miedo-ansiedad-culpa-desilusión de sí mismo, se dan al mismo tiempo y a la
espera de una sola oportunidad.
PARADIGMA DE
LA CRISIS SUICIDA Y MODELO DE INTERVENCIÓN
GENESIS DE LA
IDEACIÓN SUICIDA
Hemos podido detectar, según estudios realizados
directamente con esta población; la dificultad que estos jóvenes presentan para
descubrir los pensamientos automáticos que surgen en ellos y la vivencia, por
parte de los jóvenes de no poseer ningún tipo de control de sus emociones.
Esto es causante de sentimientos ansiógenos, debido a mensajes específicos,
que parecen taquigrafiados compuestos por pocas palabras y esenciales. En
algunos casos la recurrencia de una sola palabra o imagen que el joven siente
que entra en su cabeza, como ellos mismos manifiestan y no pueden desprenderse
de ella.
Estos pensamientos que el joven vive como espontáneos, entran en él
de golpe, en forma impetuosa y son relativamente idiosincráticos ya que una
misma situación puede generar diferentes pensamientos y emociones.
Estos
pensamientos que han sido aprendidos por los jóvenes, son difíciles de desviar
ya que generan un círculo vicioso donde la única forma que vivencian de poder
escapar de los mismos es mediante algún acto impulsivo, arrebatado para escapar
de la emoción desagradable.
Los jóvenes generalmente verbalizan esta
sensación como localizada en el estómago, un dolor “raro”, conjuntamente con una
imagen de vacío y oscuridad.
El deseo, por parte del joven en ese instante
es desprenderse de ese dolor, mediante algo rápido que desplace esos
pensamientos perturbadores e imágenes condicionadas aversivamente.
En
algunas oportunidades, cuando se les pide que visualicen la imagen, comentan que
los “fantasmas”, haciendo referencia a los pensamientos automáticos; no le
permiten elegir en ese momento lo que pensar o en qué pensar, ya que no eligen
en ningún momento ni tienen la idea de que esos pensamientos los provocan ellos
mismos.
Perciben este mecanismo, como alguien o algo que en forma externa a
ellos dirige esos “misiles”, sin posibilidad de ser desviados.
El estrés que
significa la sensación reiterada de no tener control sobre este mecanismo, trae
consigo la sensación de estar dominado y no tener ni deseos ni motivaciones
propias.
El deseo del joven por hablar, en estos momentos, surge por la
necesidad de ser escuchado, no juzgado; ya que cualquier actitud que se acerque
a lo que está vivenciando como aversivo, desencadenará su irritabilidad y la
autoconfirmación de que son inevitables.
El joven desea hablar, tener un
tiempo para expresarse, debido a que en ese tiempo puede lograr no sentir lo
desagradable de la sensación de temor, vacío e ira.
No desea tener la
sensación de que será juzgado en cuanto a lo que dice o como lo dice, y aún
estando en estado de enlentecimiento mental debido al deterioro por estrés; es
sumamente hábil en detectar cualquier palabra o frase que pueda sugerirle por
interpretación de pensamiento o cualquier otra falacia, que lo están observando
y puesto a prueba.
Este sentimiento de estar dominado, perseguido, juzgado
en todo momento sin posibilidad de modificar la situación lo torna más
irritable, con mayor rigidez en sus pensamientos y un estado de mayor alerta
dirigido esto por sus miedos.
Para salir o evitar esta situación aversiva,
generalmente cae en un episodio depresivo que a su vez genera nuevas sensaciones
desagradables que para salir de ella, encuentra el camino del alcohol, la droga,
etc.
La euforia que busca mediante la utilización de estos caminos, también
aumenta la probabilidad de caer nuevamente en mayores estados depresivos y
mayores sensaciones desagradables.
Sienten que no pueden funcionar ni solos
ni acompañados. Surgen los comportamientos autodestructivos como forma de salida
de este estado que vivencian de dominio. El consumo de drogas aumenta este
estado de presencia de dirección desde fuera de ellos y los somete a mayores
niveles de estrés.
No sienten que la posibilidad de liberarse esté de la
mano de ellos, sino que buscan mediante intentos que pueden ser muy breves, que
alguien los saque literalmente de ese estado.
Si bien verbalizan que no
desean que nadie los dirijan, estos jóvenes hacen esfuerzos descomunales para
lograr que otra persona les diga qué hacer y cómo hacerlo para salir de esa
situación con una sensación de búsqueda de que posean su mente y así
desprenderse de los pensamientos perturbadores.
Sienten que cualquier tipo
de cambio les provoca irritabilidad, estrés; aunque sea un cambio que antes los
llenaba de alegría.
Se muestran como si no disfrutaran de nada, menos aún de
las cosas sencillas.
Les cuesta dar una respuesta que les resulte agradable,
todo les enfada y el menor obstáculo les parece un Iceberg en un arrollo.
No
se permiten reconocer que pueden estar equivocados en los más mínimo y son
altamente autodestructivos en cuanto a cómo se juzgan a así mismo, no en una
actitud “pobre de mí”, sino orientada hacia posturas de mayor auto agresividad.
Existe una importante necesidad de adjudicarse culpas, aunque utilicen
rebuscamientos para ello, pueden utilizar hechos del pasado, personas que ya no
estén vivas o que casi no conocieron para demostrar que los otros tenían razón y
él ya no puede hacer nada.
Es improbable que reconozcan, en este momento,
virtudes propias que puedan ser elogiadas para alguien y especialmente para
alguien a quien consideren con estatus.
No existen motivaciones en cuanto a
ayudar a otro, tienen tendencias al enfado, prefiriendo cambiar de tema en forma
brusca cuando vivencian que pueden estar ante la posibilidad de un cambio de
actitud que pueda interpretarse como de mayor flexibilidad.
Se atormentan
continuamente con la vida propia, complicando los pequeños detalles y con la
vida ajena siendo jueces implacables, haciendo continuas personalizaciones con
tendencia narcisista auto flagelante.
Totalmente dependientes del juicio
ajeno, incluso del concepto que puedan tener de ellos aquellos que ellos mismos
no consideran de importancia o que juzgan duramente.
No pueden estar solos
consigo mismo, tratan continuamente de evitarse y de evitar cualquier
acercamiento de otra persona, especialmente si existe algún tipo de lazo
afectivo.
Actúan muchas veces como “efecto resorte”, impulsándose
frenéticamente hacia el lado contrario ante cualquier aproximación física que
pueda ser interpretada como afectiva.
Se sienten absolutamente
imposibilitados ante las elecciones y surge una continua búsqueda de agresividad
orientada hacia ambos lados.
La salida debe ser ya y no creen en ella.
Según el modelo cognitivo de ansiedad generalizada de Beck (1985), se
sostiene la idea de que el sujeto a lo largo de su desarrollo ha adquirido una
serie de esquemas cognitivos referentes a las amenazas que se activan en ciertas
situaciones.
Esa activación pondría en marcha distorsiones cognitivas y
pensamientos automáticos referentes a expectativas, imágenes amenazantes,
incapacidad percibida de afrontamiento (a nivel cognitivo), que produciría a su
vez la activación-arousal emocional (a nivel conductual). Beck (1985) refiere
que la percepción del individuo es incorrecta, estando basada en falsas
premisas.
Esas percepciones se refieren a contenidos amenazantes sobre
peligros para los intereses del adolescente y su incapacidad para afrontarlos.
Los esquemas cognitivos subyacentes suelen ser ideosincráticos, aunque son
frecuentes los contenidos temáticos referentes a amenazas sobre las relaciones
sociales, identidad personal, ejecución-rendimiento, autonomía y salud (Jarret y
Rush, 1988). Beck (1985) añade que en los trastornos por ansiedad, pánico y
fóbias, la activación cognitiva de los esquemas de amenaza, produciría una
especie de "bypass cognitivo": una especie de evitación, cortocircuito o
dificultad para que operara el pensamiento racional del sujeto; el sistema
primitivo de procesamiento de la información competiría con el sistema racional
y evolucionado de procesamiento. Esto explicaría el típico "conflicto neurótico"
entre la razón y la "irracionalidad" percibida por el sujeto en sus cogniciones.
En este momento comienza a configurarse la ideación suicida que, quizá no
nueva, perteneció a su bagaje cognitivo algunas veces como juego, como una
fantasía manipulativa e incluso no pocas veces como un “dicho”, “una forma de
hablar”, por ejemplo frases como “me quise morir” “Si me pasa eso me muero”,
“Antes de vivir tal cosa prefiero morirme”. El juego fantasioso con la muerte
comienza a crecer como alternativa, participando luego en la conclusión de lo
que ha dado en llamarse “la trilogía del suicida”.
TRILOGÍA DE
LA CRISIS SUICIDA
En nuestro trabajo con potenciales suicidas,
hemos establecido como marco referencial la aplicación conceptual de la llamada
trilogía del suicida.
Esta concepción de la configuración o generación de la
crisis suicida, en nuestro estudio, se ha confirmado invariablemente, por lo que
entendemos que más allá de las consideraciones anteriores en este trabajo, la
observancia de las pautas establecidas para esta trilogía, otorgan una base
importante para la detección de la motivación o tendencia suicida, la inminencia
del acto y particularmente nos permite un paradigma para el abordaje en el
trabajo directo con el individuo.
Paralelamente, hemos observado en las
charlas y talleres que realizamos en diferentes liceos y centros comunitarios,
cómo la explicación de este paradigma es fácilmente entendido y compartido por
los jóvenes. La aceptación y comprensión del paradigma es el pilar fundamental
para una acción directa tanto como para la generación de amplificadores sociales
tal y como veremos más adelante.
Esta trilogía, conocida también como
“Tríada cognitiva de la depresión” es el mayor predictor de los intentos de
suicidio (Beck, Resnik y Lettieri ; Minkoff, Bergnan, Beck y Beck).
Las
pautas o elementos que integran la denominada tríada o trilogía son : a) la
visión negativa de sí mismo, b) la visión o interpretación negativa del ambiente
y c) la visión negativa del futuro.
Cuando estos tres elementos se dan
conjuntamente y con intensidad, estamos ante una configuración suicida. El
mantenimiento de esta tríada depresiva, lleva al individuo, casi inexorablemente
a manejar el suicidio como alternativa, generando en estos casos planes
concretos para la ejecución del acto suicida; compone en esta etapa, muchas
veces una suerte de despedidas, desprendiéndose de objetos valiosos para sí
mismo, saludando a amigos que hace tiempo que no ve, enviando mensajes. Es común
que en el último momento o día antes de suicidarse, se muestre extremadamente
cariñoso y locuaz sobre todo con su familia, como si buscara dejar la mejor de
las últimas imágenes sobre su persona y la mejor impresión y recuerdo sobre los
demás. Es común escuchar comentarios de los padres y hermanos tales como “ ayer
habló conmigo y estaba lo más bien” “ estuvimos riéndonos juntos” “ cenó con
nosotros y converso mucho, hasta preguntó como me iba en el liceo”
En otros
casos, el mantenimiento por un lapso de tiempo considerable, diferente a cada
individuo de la actuación de estos tres perfiles cognitivos, puede en
determinado momento detonar el impulso irracional de auto eliminación.
Cuando el joven se encuentra en estado depresivo está incapacitado para
lograr sus metas y a la vez le es muy difícil reconocer los logros que
eventualmente alcance. No logra detectar tampoco el avance en los procesos hacia
la consecución de sus metas y por tanto desde su visión de todo o nada, un
avance no se le presenta como tal sino como un retraso más en sus objetivos.
A medida que se exacerba este tipo de visión o análisis de la realidad, el
joven va reafirmando la visión de túnel, haciendo a esta cada vez más estrecha y
por lo tanto empieza a no poder reconocer ninguna motivación.
La carencia de
motivaciones va generando el aplanamiento emocional, la inactividad y las
fantasías de salidas rápidas, casi mágicas.
He aquí que las variables
externas, actúan diferente en cada individuo, tomando el perfil de sus propias
interpretaciones, por lo que la personalidad de base, así como los trastornos
asociados van a establecer en última instancia el método a utilizar para el
logro del desenlace de la situación. Cómo en definitiva va a “resolver” el
problema.
En la motivación del joven no aparece la intención de matarse sino
fundamentalmente la de “terminar” con el problema, “me mato y termino con todo”,
“desaparezco y termina todo”, etc..
Muchos factores contribuyen al acto de
cometer una conducta suicida. Freeman y Reinecke (1995) desde un paradigma
cognitivo.
En la línea de Beck, se destacan tres factores comunes que
colocan al sujeto en un mayor riesgo de cometer una conducta suicida:
1)La
impulsividad conductual: Tendencia a no anticipar la relación
actos-consecuencias.
No establece una generación de hipótesis para prever
las consecuencias.
2)Baja adquisición de destrezas para la resolución de
problemas: El intento de suicidio crónico y repetitivo se relaciona con una baja
capacidad para elaborar, evaluar y poner en práctica soluciones alternativas. El
uso de alcohol y drogas son intentos inadecuados de afrontamiento de las
situaciones de displacer.
3)La existencia de esquemas y significados
personales ideosincráticos del joven sobre sí mismo, el mundo y su futuro
personal.
La existencia de factores situacionales de tipo socioeconómico,
desocupación, las enfermedades crónicas o dolorosas, las situaciones de soledad,
y otros factores como la emigración, el incremento de comportamientos
delictivos, desencadenarían como contexto los tres factores personales antes
enunciados en el modelo.
Del anterior modelo se deriva que las
intervenciones con los sujetos suicidas deben focalizarse en el desarrollo de
habilidades alternativas de afrontamiento secuenciadas y la modificación de los
significados personales disfuncionales.
También hay que estimar las redes
preestablecidas en el sujeto de apoyo socio-familiar con las que cuenta. El
riesgo suicida aumenta con el retraimiento y la soledad del adolescente.
Es
importante evaluar las formas en que el sujeto ha intentado suicidarse, o lo
desea intentar en un futuro próximo. De esto forma parte los métodos para darse
muerte, los planes, hora elegida o forma impulsiva, etc. Esta información puede
servir para prevenir ciertos estímulos y contextos de riesgo.
Un factor
poderoso de determinación del riesgo suicida junto a los significados personales
y la impulsividad es el grado de carencias conductuales o de habilidades de
resolución de problemas que tiene el sujeto. Es importante determinar los
problemas en los que se encuentra inmerso el adolescente y las habilidades que
se podrían requerir para su afrontamiento, así como el grado en que las tiene el
sujeto. Sobre este aspecto se pueden integrar una serie de enfoques.
Desde el punto de vista conductual se destaca el papel de la pérdida de
reforzadores asociados a la pérdida de la persona o eventos crónicos,
produciendo un proceso de extinción (Fester, 1966, 1973) y la incapacidad del
sujeto para generar nuevas fuentes de relaciones gratificantes tras la pérdida o
estrés crónico, debido a un déficit en sus habilidades sociales (Lewinshon,
1977; 1985).
Desde el punto de vista cognitivo se destaca el papel de los
significados personales implicados en la pérdida o eventos crónicos. Seligman y
Abramson (1978) destacan la sensación del sujeto de sentirse indefenso por sus
atribuciones de incapacidad de manejar su situación. Beck (1979) destaca el
papel de la visión negativa del sujeto depresivo de su situación, de sí mismo y
su futuro (triada cognitiva), el papel de las distorsiones del pensamiento
depresivo y los significados personales disfuncionales que se activan en la
depresión.
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