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Término empleado para definir el periodo de la historia de la Humanidad previo a la aparición de los testimonios escritos que relatan la historia de quién hizo qué, dónde y cuándo. Una sociedad sin escritura debe confiar en la tradición oral para conservar los rastros de su pasado. Los relatos y mitos del pasado son transmitidos oralmente a cada generación, lo que a menudo requiere una enorme capacidad de memoria por parte de algunos miembros de la sociedad. Esta narrativa memorística desaparece cuando la misma sociedad muere. La arqueología se convierte de este modo en el único medio para reconstruir la naturaleza y los sucesos de la prehistoria, a través del estudio de los restos materiales dejados por los pueblos del pasado: sus zonas de residencia, sus utensilios, así como sus grandes monumentos y sus obras de arte. La excavación de un yacimiento prehistórico, por ejemplo, aporta testimonios que permiten suponer que una tumba perteneciera a un hombre (mediante el análisis del esqueleto) y que éste hubiera sido un personaje de gran importancia (gracias a la presencia de un rico ajuar funerario). Ello no puede decirnos, sin embargo, cuál era su nombre, qué había hecho, qué lengua hablaba o qué fue lo que dijo. Por esta razón, el estudio de la prehistoria tiende a centrarse sobre aspectos más amplios, como son la evolución de los pueblos y de las culturas o el desarrollo de la tecnología y de las ideas, cuestiones inducidas a partir de los artefactos que han llegado hasta nosotros.
Edad de Piedra
Fase más
antigua de la cultura humana, en la que el instrumental empleado por el
hombre estaba construido con piedra, hueso, cornamentas de cérvidos
o madera. El término 'edad de piedra' abarca casi toda la existencia
del hombre, puesto que comienza con los útiles más antiguos
hallados por la arqueología y finaliza en algunas zonas del mundo,
como Australia y Polinesia, tan sólo hace dos siglos, cuando el uso
del metal (hito que marca el final de la edad de piedra) fue difundido por
los europeos.
A mediados del siglo XIX, los anticuarios europeos establecieron
con certeza que el hombre vivió en tiempos remotos al mismo tiempo
que una serie de animales extinguidos. Además, determinaron que las
piedras que en siglos anteriores se denominaban 'piedras del rayo', eran
útiles humanos antiguos y que la época de la piedra tallada
precedía en el registro arqueológico a la piedra pulimentada,
aún sin saber nada sobre la difusión o duración del
periodo en que fueron empleados. La edad de piedra, que precede a la edad
del bronce y a la edad del hierro, fue posteriormente subdividida por el
naturalista y político británico John Lubbock en distintas
fases. En 1865 acuñó los términos 'paleolítico'
(del griego paleo, 'antiguo', y lithos, 'piedra') y 'neolítico' (de
neo, 'nuevo') para definir los periodos de piedra tallada y pulimentada
respectivamente.
Paleolítico
El paleolítico,
que constituye casi el 99% del registro arqueológico mundial, fue
subdividido en:
* El paleolítico inferior cubre un vasto periodo
que se inicia con los primeros útiles líticos reconocibles
hallados en yacimientos de Etiopía, fechados hace unos 2,5 millones
de años. No obstante, los primeros seres humanos debieron haber usado
útiles mucho antes de esa fecha. Aquéllos fabricados con materiales
orgánicos se han desintegrado y los de piedra sin trabajar son irreconocibles
como instrumentos. Los útiles tallados a partir de piedras son los
únicos que permiten ser reconocidos como tales. Los instrumentos
líticos más simples reciben el nombre de choppers (cantos
trabajados monofaciales) y chopping tools (cantos bifaciales) que constituyen
la denominada cultura de los cantos trabajados, propia del Homo Habilis.
Fueron tallados mediante percutores con la intencionalidad de crear una
serie de útiles rudimentarios apuntados o con filos por una sola
cara, empleados para cortar, perforar o raer. A veces se denominan instrumentos
olduvainenses, por los hallazgos de la garganta de Olduvai (Tanzania), donde
se han descubierto numerosos restos de presencia humana que constituyen
los testimonios de la tecnología más antigua y duradera de
la humanidad, ya que permanecieron en uso durante millones de años.
El filo de un útil de sílex o cuarzo es extremadamente cortante;
se puede romper o embotar, pero a su vez puede ser retallado o simplemente
desechado para reemplazarlo fácilmente por otro instrumento, dada
la disponibilidad de piedra apropiada. El siguiente paso fue el tallado
de bifaces, trabajando bloques seleccionados de piedra por ambas caras hasta
darle la forma deseada, en ocasiones muy sofisticada, como la del bifaz
simétrico y piriforme, encontrado en grandes cantidades en el Viejo
Mundo, que fue probablemente un instrumento multiusos (presentaba un largo
filo puntiagudo y cortante y un extremo engrosado a modo de cabeza de martillo).
Estos bifaces hicieron su aparición durante la existencia del Homo
erectus (antepasado directo del Homo sapiens) del que se han encontrado
restos desde el sur de África hasta el Sureste asiático y
que abarca un periodo iniciado hace 1,8 millones de años y que se
extendió hasta hace unos pocos centenares de miles de años
(véase Hominización). Los bifaces debieron ser, por tanto,
unos útiles prácticos y eficientes. El achelense constituyó
una de las etapas más importantes del paleolítico inferior,
aunque no fue una etapa uniforme. Recibió tal nombre del yacimiento
de Acheul (norte de Francia), caracterizado por la presencia de bifaces,
hendedores y triedros. La denominada técnica levallois supuso un
notable avance técnico; apareció en diferentes lugares y fechas
durante este periodo, probablemente de forma espontánea y no por
aculturación. Se denominó así por el yacimiento homónimo
localizado en Francia. Esta técnica consistía en trabajar
un núcleo de sílex de grano fino, de tal forma que se obtuvieran
fragmentos denominados lascas, grandes, planas y con filos cortantes, de
tamaños y formas preconcebidas; pero fue en el paleolítico
medio cuando alcanzó su máximo desarrollo. El paleolítico
inferior comenzó en Europa a inicios del cuaternario y finalizó
con la aparición del hombre de Neandertal hace 120.000 años.
En España sobresale el yacimiento del Aculadero (Puerto de Santa
María, Cádiz). Todos los indicios señalan que la industria
hallada en tal lugar corresponde a la cultura de los cantos tallados. Se
calcula que tiene unos 700.000 años de antigüedad. Este yacimiento
muestra que existieron grupos humanos que fueron asentándose en la
península Ibérica y fueron ascendiendo hacia el norte. Otra
importante zona de ocupación humana es la zona del Guadalquivir y
la depresión de Guadix Baza (Granada), en especial el yacimiento
de Cúllar-Baza, donde aparecieron los polémicos restos del
llamado hombre de Orce. Otro yacimiento fundamental del paleolítico
inferior español es Atapuerca (Burgos), donde se han hallado numerosos
restos, investigados en la actualidad.
* El paleolítico medio
es un periodo mal definido que comenzó en distintas fechas según
las zonas. Está identificado con el llamado tecnocomplejo musteriense
(nombre derivado del abrigo rocoso de Le Moustier, al suroeste de Francia),
que se extendió desde hace 180.000 años hasta hace 40.000
años, y coincidió ampliamente con la presencia de los neandertales.
El musteriense se caracterizó por el desarrollo y perfeccionamiento
de los útiles ya conocidos, los cuales redujeron su tamaño,
y la fabricación de objetos sobre lascas: puntas, raederas y bifaces.
Este periodo es denominado en África edad media de piedra y abarca
desde hace 150.000 años hasta hace 30.000 años. Aquí
no se han localizado bifaces pero sí se han encontrado ensamblados
diversos útiles de pequeño tamaño, denominados microlitos.
Algunos de estos ensamblajes están asociados a restos humanos anatómicamente
modernos. En España, el paleolítico medio estuvo igualmente
caracterizado por su asociación a la presencia del hombre de Neandertal,
aunque hoy día se rechaza la absoluta identificación del musteriense
con esta especie. Junto al instrumental lítico, aparecen objetos
óseos. El numero de yacimientos aumenta de forma muy considerable;
existen al aire libre y en cuevas, entre las que destaca la cueva de Morín
(Cantabria).
* El paleolítico superior europeo corresponde ya
a la presencia del hombre moderno y está asociado a una amplia variedad
de útiles de piedra, hueso, cornamenta y marfil, incluidos propulsores,
arpones y agujas. El utillaje lítico de este periodo comprende una
extensa variedad de instrumentos muy especializados (leznas, raspadores,
grabadores) realizados principalmente sobre hojas y láminas (esto
es, lascas largas, estrechas, delgadas y con filos paralelos, extraídas
probablemente de un nódulo golpeado con un punzón y percutor,
más que de forma directa con un martillo). El paleolítico
superior en Europa está dividido en tres grandes etapas: el auriñacense
y perigordiense; el solutrense y el magdaleniense. En España se observan
diferencias entre la región cantábrica y la zona levantina.
Algunas fases están asociadas a magníficos ejemplares de útiles
líticos. En el sur de Europa, durante el solutrense, se fabricaron
puntas planas y delgadas en forma de hoja, trabajadas por ambas caras. En
el hemisferio norte, el paleolítico superior acabó hace unos
10.500 años con el fin de la glaciación. En África
este periodo recibe el nombre de edad de la piedra final y se extendió
hasta la edad del hierro (pocos siglos antes o después de Cristo,
según las diversas zonas) o incluso hasta tiempos históricos,
incorporándose de este modo a lo que en el Viejo Mundo se denomina
neolítico. En el Nuevo Mundo, la etapa más antigua de presencia
humana es llamada periodo paleoindio, que comenzó hace 15.000 años
(algunos autores remontan su inicio hasta hace unos 50.000) y concluyó
hacia el 5000 a.C. aproximadamente. Está caracterizado por una serie
de puntas cuidadosamente talladas en piedra como las puntas Clovis y Folsom
en el norte y las puntas de cola de pez en el sur. Un hecho destacado es
que la perduración del utillaje lítico en el paleolítico
es muy engañosa. Llega hasta nosotros gracias a su naturaleza pétrea
y su abundancia no refleja necesariamente su importancia. Se han llevado
a cabo estudios de cómo y por qué los pueblos primitivos actuales
emplean los útiles líticos, además de análisis
microscópicos que han permitido comparar modos de utilización
y las huellas de uso en el utillaje prehistórico con los actuales,
utilizados para funciones específicas con y sobre diversos materiales.
Todas estas investigaciones han sugerido que muchos de estos instrumentos
fueron utilizados para obtener y trabajar materiales orgánicos y
que el empleo de la madera fue de enorme importancia en el utillaje paleolítico.
Han pervivido hasta nuestros días pocos objetos de madera correspondientes
al paleolítico inferior y medio, como es el caso de un par de puntas
de lanza y un receptáculo en Europa y una delgada placa cuidadosamente
fabricada, en Japón.
Grupos humanos del paleolítico
A lo largo de todo el paleolítico el hombre fue cazador
y recolector aunque también se dedicó a la pesca. De hecho,
durante la mayor parte del paleolítico inferior los primeros seres
humanos (Australopithecus, Homo habilis y Homo erectus) fueron probablemente
más carroñeros que cazadores. Fue en el paleolítico
medio y superior cuando se realizaron actividades de caza propiamente dicha,
efectuadas con medios más apropiados y en batidas comunales. Los
cazadores centraron su actividad en herbívoros como caballos, bisontes,
cabras, ciervos y antílopes, dependiendo de cada región y
del clima, que fluctuó durante toda la época glacial. La caza
mayor, como el mamut, fue escasa en comparación con la caza menor,
aunque es cierto que la actividad depredadora del hombre influyó
en su extinción y en la de otras especies de megafauna en diversas
partes del mundo. En las llanuras de Norteamérica, los cazadores
explotaron las manadas de bisontes en batidas masivas, provocando estampidas
hacia barrancos donde los mataban posteriormente. Los grupos humanos del
paleolítico parecen haber sido extremadamente nómadas, desplazándose
según las estaciones siguiendo a las grandes manadas. Durante el
paleolítico inferior debieron vivir principalmente en pequeños
campamentos, de los cuales se han encontrado restos en yacimientos al aire
libre, algunos de ellos en terrazas de ríos, aunque también
ocuparon cuevas como el caso de Zhoukoudian (China) o Tautavel (Francia).
En el paleolítico medio y superior se ocuparon de forma más
intensa las cuevas y los abrigos rocosos, pero el hombre continuó
viviendo al aire libre. En el paleolítico inferior se construyeron
algunos refugios rudimentarios, como los de las dunas de Terra Amata (Niza,
sur de Francia), pero en el paleolítico superior hay testimonios
de ligeros entoldados y, en Europa central y oriental, de sofisticadas cabañas
hechas con cientos de huesos de mamuts. Se piensa que se empezó a
emplear el fuego hace 1,5 millones de años. Abundan restos de hogares
en los lugares de habitación del paleolítico medio y superior.
En principio fue utilizado probablemente como medio de iluminación,
de calefacción y de protección contra animales salvajes, pero
con el paso del tiempo se emplearía también para cocinar alimentos.
En el paleolítico superior se empleó para calentar los bloques
de piedras a fin de facilitar su trabajo, para alterar el color de los pigmentos
minerales y en algunas zonas, como Moravia y Japón, para cocer figurillas
de arcilla. Los grupos humanos del paleolítico medio practicaron
ya con toda probabilidad la navegación. El hombre llegó a
Australia al menos hace unos 55.000 años. Esto significa que cruzó
al menos 100 kilómetros de mar abierto, puesto que Australia nunca
estuvo unida al Sureste asiático, ni en los periodos en los que el
nivel del mar estuvo más bajo. El primer testimonio claro de prácticas
funerarias corresponde al paleolítico medio. No obstante hay pruebas
de que en Atapuerca (Burgos, España) tuvo lugar un rudimentario rito
funerario hace unos 300.000 años. Hasta unos 35 esqueletos humanos
del tipo neandertal fueron aparentemente depositados en una fosa en este
lugar. La ausencia de restos de ocupación y de útiles líticos
(indicando que esos hombres no vivieron allí) y la ausencia de huesos
de animales o marcas de mordiscos (señalando que no fueron víctimas
de depredadores) sugieren algún tipo de rito funerario. Al parecer
un enterramiento neandertal en la cueva de Shanidar (Irak) estuvo rodeado
de flores. Sería en el paleolítico superior cuando los enterramientos
se hicieron cada vez más complejos (la cremación más
antigua conocida es la del lago Mungo en Australia y se fecha en torno a
unos 26.000 años) en los que aparece la utilización de ocres
rojos y la presencia de un ajuar funerario y, en algunos casos, cientos
de cuentas o abalorios que probablemente estuvieron unidos a la vestimenta,
además de otras formas de ornamentación y utillaje. De igual
modo, aunque hay algunos ejemplares rudimentarios de arte en el paleolítico
inferior y medio (como una figurilla femenina procedente de Berejat Ram
en Israel, de cientos de milenios de antigüedad), fue durante el paleolítico
superior cuando apareció el arte figurativo en todos los continentes,
bien como arte parietal, bien como arte mobiliar, bajo la forma de grabados
o pequeñas estatuillas. Aunque el arte paleolítico europeo
es el mejor conocido (véase Arte paleolítico), hay ejemplos
de grabados en roca y de arte mobiliar de fecha similar en otros continentes.
Por ejemplo, en Australia existen petroglifos (grabados sobre rocas) que
se pueden datar en una fecha aproximada de hace 40.000 años. Namibia
posee pinturas rupestres polícromas de animales en la cueva Apolo
11 que se fechan en unos 27.500 años de antigüedad. En la India,
China y Japón se han encontrado grabados sobre las valvas de las
ostras, astas de animales y cantos rodados respectivamente. En Brasil se
localizan las pinturas rupestres de Pedra Furada, que se fechan al menos
en torno a unos 12.000 años, aunque es posible que tengan un mínimo
de 17.000 años de antigüedad.
Mesolítico
El periodo
de transición entre el final de la glaciación y el inicio
del neolítico, constituyó una especie de hiato en el registro
arqueológico llevado a cabo en el siglo XIX. Con el paso del tiempo
se acuñó el término mesolítico (edad de la piedra
media) para denominar este periodo de transición en Europa. Hacia
la década de 1880 ya se habían identificado algunas culturas
desarrolladas entre el 8500 y el 7000 a.C. en el Oriente Próximo,
pero en Gran Bretaña esta etapa llegaría hasta el IV milenio
(territorio en el que el neolítico procede del continente europeo).
Por lo general los grupos mesolíticos siguen siendo cazadores-recolectores,
como sus predecesores, pero ahora cazan otras especies de animales muy diferentes
(como el ciervo rojo y el cerdo en vez del reno) debido al cambio del clima,
que tras la glaciación se hizo más templado. El utillaje lítico
refleja este cambio de las condiciones ambientales y está caracterizado
por la presencia de los microlitos geométricos. Éstos no se
utilizarían solamente como puntas de flecha sino también como
elementos de instrumentos más complejos, uniendo las puntas, con
resina, a mangos de madera o astas de animales, que se emplearían
como hoces u otros tipos de aperos para la recolección. También
se emplearon hachas de piedra o azuelas para el trabajo de la madera. Fueron
los grupos paleolíticos finales (o epipaleolíticos) del Oriente
Próximo, como los de la cultura natufiense de Palestina, quienes
al parecer dieron los primeros y decisivos pasos hacia la producción
de alimentos y la adopción de la vida sedentaria.
Neolítico
El neolítico
ha estado tradicionalmente asociado a los orígenes de la agricultura,
a la vida sedentaria y al uso de la cerámica y de instrumentos de
piedra pulimentada. Sin embargo, en la actualidad se sabe que algunos de
estos rasgos son anteriores a esta etapa. La cerámica hizo su aparición
en Japón hace 16.000 años y en Australia se han encontrado
útiles pulimentados con una antigüedad de 32.000 años.
Incluso durante el neolítico estas características no siempre
aparecen de forma conjunta. Por ejemplo, en el Oriente Próximo la
producción de alimentos fue anterior a la aparición de la
cerámica, lo que ha dado origen al término de neolítico
precerámico (véase Jericó). No obstante, el vocablo
neolítico sigue en uso en algunas partes del Viejo Mundo. Sus inicios
se centran en el VII milenio en el Oriente Próximo y tiene su fin
en el II milenio en Europa septentrional dependiendo del comienzo de la
utilización del cobre. En el neolítico se produce la aparición
de los primeros poblados con casas edificadas con diferentes materiales,
en diferentes partes del mundo: casas de adobe en el Oriente Próximo
y de grandes troncos de madera en Europa central y occidental por ejemplo.
En Jericó, el neolítico precerámico coincidió
con la construcción de una monumental muralla de piedra. Pero quizá
el poblado neolítico más extraordinario sea el de Skara Brae
en las islas Orcadas, cuyas casas y su mobiliario (incluido alacenas, aparadores
y camas) están realizadas con losas. La cerámica, producto
del desarrollo natural de pueblos sedentarios, fue ampliamente utilizada
(los grupos nómadas de cazadores-recolectores del paleolítico
sabían cómo hacerla, pero no la emplearon ya que era demasiado
pesada para transportarla; sus recipientes eran, sin duda, de piel). El
cultivo de cereal y la domesticación de animales, como vacas, ovejas,
cabras y cerdos, fueron resultado no de un brillante descubrimiento, sino
de la necesidad causada por la presión demográfica. La minería
también hizo su aparición en el neolítico. Sus orígenes
se pueden rastrear en el paleolítico, al practicarse actividades
mineras para obtener ocre en África y en Australia o al excavar en
cuevas para extraer nódulos de piedra. En el mesolítico se
obtuvo obsidiana (piedra volcánica) en las islas del Mediterráneo.
No obstante, fue en Europa septentrional durante el neolítico cuando
se explotaron ricas vetas de sílex de alta calidad mediante un enorme
sistema de pozos y galerías radiales, extrayendo los bloques con
picos construidos con astas de animales. Entre las minas mejor conocidas
se encuentran las de Grimes Graves (Gran Bretaña), de Krzemionki
(Polonia) y de Spiennes (Bélgica). El sílex de estas minas,
al igual que el de otras muchas explotaciones al aire libre, fue transformado
en hachas talladas o pulimentadas, objetos de una extensa y lejana comercialización,
que se emplearon en la profunda deforestación que se produjo en Europa
en esta época. Las numerosas y alargadas casas (de decenas de metros
de longitud) construidas con grandes tablas de madera, pueden ser consideradas
como evidencia de la deforestación. En el yacimiento de Kückhoven
(Alemania noroccidental) se ha encontrado el pozo más antiguo, fechado
más allá del 5000 a.C., que estaba revestido con enormes tablas
de madera. Durante el neolítico también se construyeron carreteras
o pistas mediante tablones de madera en la Europa húmeda, como la
de Somerset (Gran Bretaña) y poblados formados por casas de madera
a orillas de los lagos alpinos, a veces palafitos, esto es, levantadas en
plataformas sobre el agua. Las excavaciones en estos poblados lacustres
han sacado a la luz gran cantidad de productos manufacturados a partir de
materiales orgánicos, como objetos de madera, de cestería
o tejidos, que normalmente se desintegran con el paso del tiempo. Ello ha
permitido vislumbrar la vida cotidiana de finales de la edad de piedra.
Este tipo de materiales también se conserva en ambientes extremadamente
áridos como el suroeste americano o las alturas andinas. La cerámica
estaba a menudo ricamente decorada mediante motivos incisos, estampillados
o pintados. El arte neolítico también presenta una amplia
variedad de figurillas (en ocasiones femeninas como en la zona euroasiática)
pero quizá los logros más importantes se encuentran en una
serie de imponentes monumentos localizados en diferentes partes del mundo.
En Europa occidental hay numerosos túmulos funerarios de grandes
dimensiones, construidos con tierra sobre las estructuras mortuorias de
piedra. Es notable el ejemplo de Silbury Hill (sur de Inglaterra), un enorme
túmulo de creta de 40 metros de altura y 160 de diámetro,
construido hacia el año 2600 a.C. Más impresionantes aún
son los monumentos megalíticos (del griego mega y lithos, 'grandes
piedras') en especial los de Europa occidental: los grandes círculos
británicos (de los que Stonehenge y Avebury son quizá los
más conocidos); los menhires, o piedras hincadas verticalmente en
el suelo, en la mayoría de los casos aislados pero en ocasiones en
conjuntos como los asombrosos alineamientos de Carnac (Bretaña, Francia);
los menhires-estatuas antropomórficos y las grandes tumbas megalíticas,
desde Escandinavia hasta Portugal. Muchas de estas tumbas estaban profusamente
decoradas con motivos incisos en sus piedras: espirales, puntas de diamante
e incluso hachas. Algunas tumbas en España y Portugal estaban pintadas
en su interior. Está bien comprobado que el trazado y la orientación
de algunos de estos monumentos estaban en relación con la astronomía.
Por ejemplo, Stonehenge está orientado según el solsticio
de verano mientras que New Grange tiene un vano a través del cual
penetran los rayos solares durante el solsticio de invierno. Aunque los
bloques de piedra levantados en algunos de los monumentos europeos son de
imponentes dimensiones, el logro probablemente más destacado de cualquier
grupo humano en la edad de piedra se encuentra en la Isla de Pascua, en
el sur del océano Pacífico, donde desde los primeros siglos
de nuestra era hasta el año 1600 aproximadamente, los nativos del
neolítico construyeron impresionantes estatuas que descansaban sobre
plataformas enormes construidas con cascajo y recubiertas con losas. Se
esculpieron unas mil de estos moai en toba volcánica con cinceles
de basalto y fueron transportadas, probablemente sobre troncos a modo de
rodillos, varios kilómetros hasta la costa donde se encontraban las
plataformas. El trabajo que supuso el labrado, el traslado y el izado de
los megalitos ha generado un profundo respeto por sus constructores y por
la inmensa capacidad del hombre, equipado tan sólo con utillaje de
piedra y materiales orgánicos.
Edad del Bronce
Periodo de tiempo
en el desarrollo de cualquier cultura humana anterior a la introducción
del hierro y en la cual la mayor parte de los utensilios y armas se fabricaban
en bronce. Cronológicamente el término tiene un valor estrictamente
local, ya que el bronce se comenzó a usar, y sería posteriormente
sustituido por el hierro, en distintas épocas en diferentes lugares
del mundo. Por lo general le precede una edad del cobre.
Los descubrimientos
arqueológicos desde 1960 han hecho dar un vuelco a las teorías
tradicionales relativas al origen de la tecnología del bronce. Se
había pensado que el uso del bronce había tenido su origen
en el Próximo Oriente , pero descubrimientos cercanos a Ban Chiang
(Tailandia) muestran que la tecnología de dicho metal era conocida
allí hacia el 4500 a.C. y esta fecha precede unos centenares de años
al empleo del bronce en el Próximo Oriente. Se han encontrado objetos
de bronce en Asia Menor que se fechan antes del 3000 a.C. Al principio esta
aleación fue usada de forma limitada, principalmente para objetos
decorativos. El estaño necesario para su fabricación no era
abundante en la región, pero la importación regular de este
material desde Cornualles en Inglaterra durante el II milenio a.C., hizo
posible un uso más amplio del bronce en el Oriente Próximo
y finalmente fue utilizado para utillaje y armamento.
El cobre natural
se empleaba ya en útiles diversos y ornamentos en fecha tan temprana
como el 10000 a.C. Posteriores descubrimientos en Rudna Glavna, en la actual
Serbia, han mostrado que el cobre se usaba allí desde el 4000 a.C.,
aunque el bronce no era conocido todavía en esa época. Hacia
el 3000 a.C. se comenzó a utilizar el bronce en Grecia. En China,
la edad del bronce no comenzó hasta el 1800 a.C. Las culturas precolombinas
de América no conocieron la tecnología del bronce hasta el
1000 d.C. aproximadamente.
La edad del bronce en el Oriente Próximo
y en el Mediterráneo oriental ha sido dividida en tres etapas: inicial,
media y última. La inicial está caracterizada por el incremento
del uso del metal, que pasa de ser esporádico a común. Fue
el periodo de la civilización sumeria y el encumbramiento de Acad
hasta su predominio en Mesopotamia; también generó los espectaculares
tesoros de Troya. Babilonia alcanzó su cumbre durante el bronce medio.
La Creta minoica y la Grecia micénica fueron las grandes civilizaciones
del bronce último. La edad del bronce acabó en esa zona hacia
el 1200 a.C., fecha tras la cual se generalizó la tecnología
del hierro.
Edad del Hierro
Periodo de la
antigüedad durante el cual el hierro reemplazó al bronce como
material de fabricación de instrumentos y armas. El término
edad del hierro hace referencia en Europa al periodo comprendido entre el
final de la edad del bronce (c. 700 a.C.) y la expansión del Imperio
romano (27 a.C.-68 d.C.), esto es, la última fase de la prehistoria
europea antes de que la cultura romana trajera la alfabetización
e impusiera una forma de vida radicalmente nueva. Desde este punto de vista,
la edad del hierro continuó en aquellas zonas de Europa a las que
las legiones romanas nunca llegaron (como Escandinavia, Alemania central
o las zonas más remotas de Gran Bretaña) durante todo el Imperio
romano. La edad del hierro comenzó en China, hacia el 600 a.C.; en
África subsahariana hacia el 500-400 a.C., y en África del
sur hacia el 200 d.C.
El trabajo del hierro
La mayor ventaja del hierro sobre el bronce
residía en el hecho de que los filones para extraer el mineral eran
mucho más abundantes y por tanto más económicos en
comparación con el bronce. No era necesaria aleación alguna
y constituía un material admirable para la fabricación de
sierras, hachas, azuelas y clavos. Era, sin embargo, mucho más difícil
de trabajar y nunca se logró obtener una temperatura suficientemente
elevada durante los tiempos prehistóricos para fundir el hierro en
molde, excepto en China. La ganga era simplemente calentada en un horno;
se separaba el hierro de la escoria; se recalentaba el hierro, convertido
en un sólo bloque, y, por último, se trabajaba el metal mediante
el uso del martillo para darle la forma requerida. Incluso se fabricaron
afiladas navajas de afeitar con filos cortantes. Como todo el proceso difería
radicalmente de la manufactura de los objetos de cobre o de bronce, no es
sorprendente que el trabajo del hierro no fuera una evolución directa
del trabajo del bronce. El bronce fue empleado principalmente para elementos
de adorno personal, como alfileres o espejos, una vez que el hierro había
sido adoptado para los instrumentos de trabajo y el armamento. El oro y
la plata continuaron siendo materiales prestigiosos, empleados para hacer,
por ejemplo, torques (pesados brazaletes que llevaban los guerreros célticos).
Ritual y religión
Los
cuerpos recuperados en turberas (donde las condiciones anaeróbicas
los han conservado perfectamente) constituyen testimonios fascinantes del
sistema religioso e ideológico a través del cual los pueblos
de la edad del hierro entendían el mundo. Unos extractores de turba
vieron en 1950 en Tollund Fen (Dinamarca) cómo un rostro humano sobresalía
de la turba. El cuerpo, que desde entonces se conoce como el Hombre de Tollund,
estaba desnudo; tan sólo llevaba un bonete de piel y un cinturón;
las piernas estaban flexionadas adoptando la posición fetal. Los
ojos del hombre estaban cerrados; alrededor de su cuello permanecía
la soga con la que fue ahorcado hace unos 2.000 años. Se han descubierto
cientos de "hombres de las turberas" en el norte de Europa, gran
parte de ellos por extractores de turba locales, desde hace décadas
o siglos. La mayoría parece haber muerto violentamente, a veces estrangulados
(ahorcados o agarrotados), otras por golpes en la cabeza o apuñalados
(y en ocasiones por más de uno de estos métodos). Es posible
que fueran ajusticiados por algún delito, pero hay pruebas que sugieren
que sus muertes fueron sacrificios rituales. Los restos de una especie de
papilla a base de cereales encontrados en el estómago de algunos
de los cuerpos quizás indiquen una comida ritual, mientras que su
muerte pudo haberse producido por unos métodos especiales de ejecución
con carácter de sacrificio. Además, es muy probable que muchas
de las víctimas pertenecieran a una alta clase social: sus manos
estaban bien cuidadas, sin callos, y sus cadáveres vestidos y aseados
antes de ser depositados en la turbera.
Se realizaron otros depósitos
rituales, especialmente de objetos metálicos, en turberas y canales,
por lo que es probable que esos lugares tuvieran algún significado
especial para los pueblos de este periodo. Los depósitos votivos
en La Tène contenían unas 150 espadas, algunas con vainas
decoradas, fíbulas, puntas de lanza y otros útiles y armas,
tanto de bronce como de hierro. Se han recuperado depósitos similares
en el Támesis; entre estos hallazgos destaca el escudo de Battersea
(en la actualidad se encuentra en el Museo Británico).
Enterramientos
El sistema de
enterramiento utilizado en la edad de hierro consistió, por lo general,
en la inhumación. Quizá los enterramientos de este periodo
mejor conocidos son los de Pazirik, en las montañas Altái
de Siberia, que están fechados en torno al 400 a.C.; contienen no
sólo unos cadáveres magníficamente conservados de personas
y de caballos, sino también numerosos tejidos y objetos de piel.
Las tumbas de Pazirik aparecen sobre el suelo como unos pequeños
montículos de tierra o túmulos recubiertos con piedras. Cada
uno de estos túmulos cubren una tumba en forma de pozo, de 4-5 m
de profundidad. Dentro de los pozos había una cámara funeraria
formada por vigas de madera, sobre las cuales se apilaban troncos y piedras
que rellenaban el pozo hasta alcanzar la base del montículo.
Los cuerpos embalsamados de un hombre y de una mujer fueron depositados
en el interior de una de estas cámaras funerarias (que estaba decorada
con colgaduras de fieltro), dentro de un ataúd construido a partir
de un tronco de pino ahuecado en el que se extendió una piel cortada
de ciervo. El ataúd también contenía una pequeña
alfombra de lana que envolvía a los cuerpos y ropas de lino. Dentro
de la cámara funeraria había más ropas y tejidos, objetos
de piel, muebles de madera, ornamentos de oro y plata y espejos. Cada una
de las tumbas albergaba entre siete y catorce enterramientos de caballos,
situados en un lado de las cámaras funerarias principales. Se ha
preservado alguno de los caballos, junto con unos accesorios extraordinarios:
bridas, sillas de montar y ropaje de abrigo para caballos. Junto con los
caballos había un gran carromato de cuatro ruedas con un toldo de
fieltro decorado con apliques en forma de cisnes.
Los pueblos que enterraron
a sus muertos en tumbas como las de Pazirik eran nómadas que usaban
el caballo como montura, poseían ovejas domesticadas y compartían
muchos rasgos característicos con los actuales nómadas del
Asia central. Desde múltiples puntos de vista, tenían mucho
en común con los escitas, quienes vivían más al oeste,
en las estepas al norte del mar Negro y quienes también enterraban
a su elite en ricas tumbas y en su arte representaban a los animales de
forma destacada. Más importante es el hecho de que los hallazgos
en estas tumbas congeladas, particularmente los tejidos, muestran que habían
logrado mantener unos contactos, en esta época, con Persia y China,
dadas las similitudes en los patrones de confección y por el uso
de materias primas como la seda.
Poblados
Los poblados de la edad del hierro en Europa tendieron
a ser núcleos fortificados. Tomaron la forma de asentamientos fortificados
en colinas, de los que Maiden Castle, al sur de Inglaterra, y Heuneburg,
en el sur de Alemania, son ejemplos notables; y de oppida, grandes centros
urbanos amurallados de carácter tribal, con casas, talleres, almacenes
y residencias para las clases dirigentes, que Julio César menciona
en el relato de sus campañas militares.
Uno de los poblados más
fascinantes de la edad del hierro europea, fechado hacia el 700 a.C., se
localiza en Biskupin, una península situada en el norte central de
Polonia, donde las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz
los restos sumergidos de un poblado fortificado con unas 100 casas dispuestas
en trece hileras, con muros de más de un metro de altura. Separando
estas filas de casas había una serie de calles pavimentadas con troncos,
mientras que todo el poblado estaba rodeado por una empalizada construida
con troncos de madera trabados entre sí y con un relleno de tierra
y piedras. Los habitantes de Biskupin (estimados entre 1.000 y 1.200 personas)
eran granjeros y pastores, que usaban los terrenos y pastos sobre suelo
firme del sur de la península. Los principales cultivos fueron el
mijo, el trigo, la cebada, el centeno y frijoles. Los huesos de animales
hallados en el poblado indican que los cerdos tuvieron un papel importante
en la alimentación, pero el ganado fue empleado para la obtención
de leche y de carne, así como animales de tiro. Los depósitos
anegados permitieron recuperar una gama extraordinaria de objetos de madera,
hueso y tela, además de piedras pulimentadas y ornamentos e instrumentos
metálicos.
"Piedra, Edad de", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 97 © 1993-1996 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
"Bronce, Edad del", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 97 © 1993-1996 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
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