|
EL ISLAM PARA UN DIÁLOGO NECESARIO archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Luis Sols Lucia
1. Occidente y el Islam
2. Evolución del Islam
3. Próximo Oriente en el siglo xx
4. El islamismo
5.
Actitudes políticas
6.
Sociedad
7. La mujer en
la sociedad islámica
8.
Conflictos recientes
9.
Los países islámicos en la actualidad
10. El Islam en el orden internacional
Notas
1. OCCIDENTE Y EL ISLAM
Al finalizar el siglo XX hay en el mundo más de 1.000
millones de musulmanes. Es previsible que a lo largo del próximo
siglo el Islam constituya la religión con mayor número de
seguidores ya que crecen a un ritmo anual cercano al 3%, muy superior al
del cristianismo, que cuenta actualmente con aproximadamente 1.900 millones
de fieles.
Su ámbito territorial crece en diversas
zonas del planeta, particularmente en el África Negra, y no se vislumbra
que pueda entrar en retroceso en ninguna parte.
La civilización occidental se encuentra también
en clara expansión. Primero fue una expansión territorial,
pero hoy es sobre todo una expansión cultural. Con sorprendente rapidez
está asimilando y homogeneizando a todas las culturas del planeta.
Impone su sistema económico, sus estructuras políticas, su
manera de vestir, sus deportes y sus esquemas mentales. Japón, China,
Africa Negra parecen orientarse claramente hacia las formas de hacer de
Occidente. Incluso la antigua y profunda civilización hindú
pudiera ser víctima de esta tendencia homogeneizadora.
Sólo
el Islam parece inmune a esta asimilación. Se perfila como la gran
alternativa a Occidente en el futuro inmediato. Durante más de un
milenio han sido culturas rivales profundamente enfrentadas. El Islam ha
mantenido su superioridad durante muchos siglos y los musulmanes tienden
a creer que esta hegemonía retornará algún día.
Pero además las diferencias son profundas. En la manera
de vivir occidental la religión constituye una parte de la realidad,
que coexiste con otras que tienen consistencia por sí mismas como
la Ciencia, la Política o el Arte. Estas áreas se influyen
y se articulan entre sí de diversos modos, pero son independientes.
Domina una concepción fragmentada de la realidad. La religión
se percibe como un asunto personal con cierta relevancia social. En el Islam
en cambio todo gira en torno a la religión: individuo, sociedad,
estructuras económicas o culturales. Los musulmanes perciben una
realidad sacra, en la que la religión abarca y unifica todas las
facetas de la vida. Para los occidentales en cambio la realidad es esencialmente
material. Para un occidental la percepción científica de la
materia es esencial y si contradice algún planteamiento religioso
éste debe ser revisado y adaptado. Los musulmanes creen que la religión
siempre predomina frente a lo material, y además está ya perfeccionada,
no cabe adaptación alguna.
La asimilación
-o el diálogo entre culturas- es aún más difícil
porque los musulmanes identifican muchos aspectos de esta homogeneizadora
cultura internacional con lo que su religión les presenta como signos
de la proximidad de la Hora Final: pérdida de la honestidad, acceso
al poder de gente indigna, degradación de las costumbres, generalización
de la usura, preponderancia de las mujeres sobre los hombres, revuelta de
los jóvenes, debilitamiento de la devoción, retroceso del
Verdadero Conocimiento...
2. EVOLUCIÓN DEL ISLAM
El Islam, como todas las civilizaciones, está profundamente condicionado por su pasado. Desde finales de la Edad Media apenas se ha adaptado a los formidables cambios que el mundo ha conocido. Por ello muchos de sus conceptos son formulados igual que antaño, y muchos de los problemas quieren ser solucionados de la misma manera que en tiempos del Islam naciente.
1. Desde sus comienzos, a principios del sigo
VII, el Islam conoció una fulgurante expansión. Tras el primer
siglo de su existencia se extendía ya desde la Península
Ibérica hasta el norte de la India. En esta época se definen
las principales variantes religiosas y filosóficas de la religión
islámica, que han perdurado hasta nuestros días. En época
de los cuatro primeros califas -los “califas bien guiados” (632-659)- se
fija el definitivo texto del Corán, poniéndose por escrito
las revelaciones que Allah había transmitido a Mahoma y que hasta
entonces se habían conservado fielmente en la memoria de los seguidores
del Profeta. También entonces se realiza la primera redacción
de la Sunna, recopilación de dichos y enseñanzas del Profeta.
El Corán y la Sunna contienen la ley islámica, la Sharía.
En esta época inicial se desarrolla el concepto de Yihad (esfuerzo
especial en favor del Islam, mal traducido como “guerra santa”). Esfuerzo
dirigido tanto contra el enemigo interior, dentro de cada musulmán,
como contra el enemigo exterior si resulta necesario, cuando el Islam se
ve gravemente atacado.
2. En torno a Alí, yerno de
Mahoma y cuarto de los grandes califas, surgen las principales divisiones
que aún perduran en la religión islámica. Depuesto
por Muawiyya -de la familia Omeya- el 659, muere asesinado dos años
después.
Surge entonces el partido de los seguidores
de Alí -la Chía-, que considera ilegítimos a los califas
Omeyas gobernantes y defiende los derechos de los hijos de Alí -Hussein
y Hassan- y de sus descendientes. Estos chiíes respetan la Sunna,
pero no aceptan su carácter sagrado como hacen el resto de los musulmanes,
los sunníes. En su lugar atribuyen gran importancia al conocimiento
que se habría transmitido oralmente entre los doce Imanes descendientes
de Alí. Parte de esta sabiduría habría llegado el clero
chií, los mullah. De entre ellos algunos muestran una capacidad especial
para interpretar la Sharía, y se les reconoce como ayatollah. Según
la tradición chií el duodécimo y último de los
grandes Imanes -el Mahdi, el “bien guíado”- no ha muerto, sino que
es el Imán oculto que ha de volver y restablecer la Justicia
3. Imán es el líder, aquel “que se mantiene delante”.
Los sunníes utilizan este nombre para referirse a ciertas autoridades
religiosas que dirigen la plegaria colectiva y no le otorgan el carácter
fundamental que tiene para los chiíes. Sus imanes no son descendientes
de Alí ni poseen ninguna sabiduría secreta transmitida por
el Profeta. Entre los sunníes -musulmanes ortodoxos- se desarrollaron
pronto las cuatro grandes escuelas jurídicas de interpretación
del Corán y la Sunna1. A mediados del siglo IX estaban ya definidas
estas escuelas, consideradas aún hoy las únicas ortodoxas
por la mayoría sunní.
4. La cultura islámica
tuvo al principio un carácter ecléctico. La propia religión
musulmana deriva en gran parte del judaísmo y el cristianismo. Los
territorios conquistados a los bizantinos y a los persas sasánidas
pertenecían a dos de las culturas más desarrolladas de su
época. Sus aportaciones se integraron con las tradiciones árabes
dando lugar a lo que denominamos civilización islámica. Ésta
fue -al margen de la lejana civilización china- la más desarrollada
del mundo durante la Edad Media. Tanto el Califato Omeya (659-750), como
el Abbasí (desde 750) conocieron un gran esplendor en una época
de oscuridad cultural en Europa Occidental.
5. Cuando la
fragmentación política parece debilitar la pujanza de la civilización
islámica surge en Al Andalus el brillante Califato de Córdoba
(929-1031), una de las cumbres culturales de toda la Edad Media. Desde el
siglo XI la irrupción de los turcos -ya convertidos al Islam- proporcionará
fortaleza militar y política a diversos estados islámicos.
Ellos son los que frenan la embestida de las Cruzadas. Jerusalén
permanecerá sólo algunos años en manos de los cristianos.
6. La emergencia de los turcos otomanos en el siglo XV abre
un nuevo ciclo de expansión territorial de los musulmanes en Europa.
Conquistan el imperio bizantino (Constantinopla, 1453) y continuan su avance
hacia Europa Central donde en el siglo XVII están por dos veces a
punto de tomar la ciudad de Viena. Es el punto culminante de su expansión
territorial en Europa.
7. Durante siglos Europa se ha enriquecido
con las aportaciones culturales -Literatura, Ciencia, Filosofía-
que le llegaban de la civilización islámica. Sin embargo desde
finales de la Edad Media en el Islam se produce un estancamiento cultural,
que contrasta con la vitalidad de la cultura europea. A partir del siglo
XV la Europa cristiana conoce una fuerte expansión económica
y comercial que acaba otorgándole una clara superioridad política
y militar frente al Islam. Las revoluciones industrial y burguesa de los
siglos XVIII y XIX consolidan y profundizan este proceso. Franceses e ingleses
en el Norte de África desde el siglo XVIII; rusos ocupando el Asia
Central en el XIX; reparto del Imperio Turco entre ingleses y franceses
en el XX: El colonialismo europeo se abate bruscamente sobre los pueblos
musulmanes, generando en ellos una profunda humillación.
8.
La religión islámica deja bien claro que los musulmanes (creyentes)
son la punta de lanza, la Vanguardia de la Humanidad. Esto fue así
durante muchos siglos. Pero cuando dejó de ser cierto, cuando se
vieron atrasados y dominados por la civilización que siempre había
sido su gran rival, se extendió entre ellos un terrible desconcierto,
una profunda crisis religiosa derivada de la contradicción entre
sus creencias y la realidad que contemplaban.
3. PRÓXIMO ORIENTE EN EL SIGLO XX
Los países árabes del Próximo Oriente
constituyen el núcleo fundamental de la civilazación islámica,
pese a encontrarse en una zona de escasa densidad de población. En
su territorio tradicional se encuentran La Meca, Medina y Jerusalén,
principales lugares sagrados en la religión musulmana. Los árabes
eran ya un grupo étnico con lengua y cultura propia antes de la predicación
de Mahoma. La expansión del Islam permitió que su lengua fuera
adoptada también por pueblos de diferente orígen, particularmente
en el Norte de África. Aún hoy todo musulmán debe tener
nociones de árabe pues es la lengua en la que realizan sus oraciones.
En algunos momentos del siglo XX los pueblos que comparten esta
lengua han desarrollado el sentimiento de pertenecer a una nación
árabe, e incluso efímeros procesos integradores. En todo caso
los árabes son conscientes de poseer una cultura propia y no se identifican
excesivamente con pueblos, también musulmanes, que hablan otras lenguas
como los turcos, iraníes, kurdos o bereberes.
3.1. DESCOMPOSICIÓN DEL IMPERIO OTOMANO Y DESCOLONIZACIÓN
1. Al comenzar el siglo XX Turquía es el “hombre enfermo”
de Europa. Un Imperio extenso pero absolutamente debilitado, que sólo
se mantiene en pie por los recelos mutuos entre las grandes potencias. Al
estallar la Primera Guerra Mundial se alía con los Imperios Alemán
y Austro-húngaro. Los pueblos árabes del Próximo Oriente
padecían desde hacía siglos la dominación de los turcos
otomanos. No resultó difícil a los ingleses pactar con Hussein,
jerife de la Meca, y provocar una amplia rebelión de las tribus árabes
frente a los turcos a cambio de promesas de independencia. Pero al mismo
tiempo franceses e ingleses acordaban secretamente un reparto de zonas de
influencia (pacto Sykes-Picot, 1916) con la mirada puesta en los recursos
naturales de la zona.
Estas zonas de influencia se concretaron
tras la guerra en un conjunto de colonias y protectorados respaldados por
la Sociedad de Naciones. Siria y Líbano quedaron bajo control francés.
Los reinos de Feisal -Irak- y Abdullah -Jordania- quedaron junto a Palestina
y Egipto bajo la influencia británica. Hussein -padre de ambos y
jerife de la Meca- no logró nunca crear el gran reino árabe
que se le había prometido. Cuando en 1924 intentó proclamarse
califa, Ibn Saud -emir del Nayed- invadió sus territorios y se proclama
rey de toda Arabia.
2. En 1923 el Movimiento Nacional Turco
dirigido por Mustafá Kemal Ataturk, tras exterminar al pueblo armenio
y aplastar a los kurdos, consigue expulsar a los ocupantes extranjeros y
establecer una República dictatorial. Un régimen nacionalista
y autoritario que impone una occidentalización forzosa, eliminando
toda presencia islámica en la política o en la cultura.
Siguiendo el modelo turco de Kemal, en 1925 el jefe cosaco Reza
Khan se proclama Sha de Persia e inicia un amplio programa de reformas de
corte occidental.
3. Tras la Segunda Guerra Mundial, el
proceso descolonizador obliga a Francia e Inglaterra a abandonar su presencia
dominante en la zona. Un socialismo nacionalista y arabizante se impone
en Siria e Irak -Partido Baas- y en el Egipto de Nasser. Es el más
serio intento de modernizar la sociedad árabe e impulsar el desarrollo
económico sin renunciar a sus raíces culturales. El fracaso
de estos proyectos deja sin alternativas a unas masas árabes cada
vez más exasperadas por la pobreza y por la reiterada humillación
derivada de la implantación del Estado de Israel.
Durante
el siglo XX se descubren inmensas reservas de petróleo en el Próximo
Oriente. Se trata de una fantástica riqueza natural que otorga una
considerable influencia política a los países islámicos
que la poseen. En 1973 el boicot decretado por la Organización de
Países Árabes Exportadores de Petróleo obliga a los
países occidentales a cambiar de actitud respecto al conflicto árabe-israelí.
Las masas musulmanas saben desde entonces que hay un instrumento poderoso
que podría devolverles el protagonismo y la dignidad perdidas, pero
que sus dirigentes lo utilizan básicamente en su propio provecho.
3.2. EL PROBLEMA DE PALESTINA
1. En el siglo
XIX en algunos países europeos se asiste a un resurgimiento de actitudes
antisemitas. La situación resulta especialmente grave en Rusia donde
en 1881 y 1882 tuvieron lugar terribles progroms. Los zares obligaban a
los judíos a vivir en ghettos y les impidían el acceso a la
propiedad de la tierra y a la educación. Miles de judíos askenazis
se vieron forzados a la emigración. Algunos de ellos se instalaron
en Palestina financiados por el banquero Rostchild. La moderada inmigración
judía fue inicialmente bien recibida y sólo generó
algún recelo cuando se hizo algo más intensa.
2.
Los judíos europeos eran en su mayoría partidarios de la plena
integración y asimilación en sus respectivos países.
Sin embargo el creciente antisemitismo hizo que algunos se plantearan la
necesidad de formar una nación diferenciada y asentarse en un territorio
donde puedieran vivir con normalidad su identidad. Nace así a finales
del siglo XIX -el siglo de emergencia de los nacionalismos- el sionismo,
un nacionalismo judío que aspira a convertir en realidad el viejo
sueño del regreso a la Tierra Prometida. En 1897 el primer Congreso
Sionista reclama el derecho del pueblo judío a tener un hogar propio
en Palestina.
3. En 1917 el ministro británico de
Asuntos Exteriores Lord Balfour respaldó esta aspiración,
sin perjuicio de los derechos de los habitantes palestinos. Con esta declaración
Lord Balfour obtiene el respaldo de la influyente comunidad judía
norteamericana a la intervención de EE.UU. en la Primera Guerra Mundial.
Esta doctrina condiciona el reparto colonial del Imperio Turco: Palestina
se segrega de Siria y Líbano y queda bajo control británico.
Desde entonces se acelera la inmigración judía y la compra
masiva de tierras. Surgen los primeros conflictos y se llega en ocasiones
a limitar la inmigración.
4. Tras la Segunda Guerra
Mundial el horror del Holocausto predispone a muchos gobiernos en favor
de las aspiraciones judías. Gran Bretaña, donde se conocía
mejor el problema, recomienda la creación de un único Estado
interconfesional. Los sionistas radicales desatan entonces una oleada terrorista
con el fin de desestabilizar y forzar una solución favorable. Ellos
fueron los primeros en introducir el terrorismo en aquella parte del mundo2.
Las Naciones Unidas acuerdan finalmente la creación de dos Estados
independientes y el estatuto de ciudad internacional para Jerusalén.
Ninguna de las partes aceptó el reparto territorial propuesto de
modo que la proclamación del Estado de Israel en 1948 dio paso a
un ataque mutuo y a un conflicto bélico. Los israelíes, menos
numerosos pero mejor preparados, consiguieron inclinar la balanza a su favor.
Se quedaron a las puertas de Jerusalén, pero evitaron la creación
del Estado Palestino. Los territorios que no lograron conquistar quedaron
repartidos entre Jordania y Egipto.
5. En 1956 Israel invade
la península del Sinaí como respuesta al bloqueo egipcio a
su comercio con el Indico. La intervención de la ONU obliga a retornar
a la situación inicial. Bajo el liderazgo del egipcio Nasser se desarrolla
un creciente nacionalismo árabe que tiene como objetivo fundamental
la destrucción del recién nacido Estado de Israel. En 1967
un nuevo bloqueo da paso a un fulgurante ataque israelí. La llamada
“Guerra de los Seis Días” termina con la ocupación israelí
de Golán, Gaza, Sinaí y Cisjordania. La totalidad de los territorios
palestinos queda bajo su control. El canal de Suez quedó cerrado.
La pérdida de Jerusalén -tercera ciudad sagrada de los musulmanes
por ser el lugar desde donde Mahoma había subido a los cielos- supuso
una terrible humillación para los musulmanes del mundo entero.
6. En 1973 son los sirios y los egipcios los que atacan con
el respaldo del boicot petrolero internacional. El apoyo masivo de los EE.UU.
salva a Israel de la derrota inicial, cuando buena parte de su aviación
había resultado destruida. En 1979 la presión de los países
árabes exportadores de petróleo fuerza a Israel a un acuerdo
con Egipto que incluye la devolución del Sinaí y la reapertura
del Canal de Suez. En 1982 Israel invade el Líbano para terminar
con los focos de actividad guerrillera palestina. Desde entonces mantienen
el control de una franja al Sur del país.
7. Desde
1964 los diferentes grupos palestinos se encuentran agrupados en la OLP
(Organización para la Liberación de Palestina), dirigida desde
1969 por Y. Arafat, líder de Al Fatah, el más poderoso de
los grupos guerrilleros. Hasta 1974 Arafat practicó el terrorismo,
pero desde esta fecha sus propuestas se han ido moderando. De la destrucción
de Israel ha pasado a defender un único Estado multiconfesional y
ha acabado por aceptar la existencia del Estado de Israel junto al deseado
Estado Palestino.
8. Los territorios palestinos permanecían
ocupados pese a las resoluciones de las Naciones Unidas que ordenan la retirada
isrelí. Cuando el extremista Partido Likkud -que defiende la anexión
total de estos territorios- accede al gobierno, implanta en ellos numerosos
asentamientos completamente ilegales según el Derecho Internacional.
Los asentamientos se pueblan con inmigrantes judíos procedentes de
Europa del Este. Estos asentamientos gozan de todas las comodidades propias
de un país desarrollado. En contraste los palestinos que habitan
estas zonas carecen de cualquier servicio estatal, no pueden establecer
una actividad económica normal y por supuesto no tienen derecho
al voto3. El resultado es la miseria y la cólera ante la injusticia.
9. En 1987 estalla la intifada, una rebelión en
la que niños y adultos se enfrentan con palos y piedras a los soldados
israelíes. Promovida inicialmente por la OLP, pronto quedó
en manos de grupos mucho más radicales. Las masas palestinas percibieron
que las propuestas moderadas de Arafat habían fracasado, de modo
que grupos terroristas o islamistas obtuvieron una influencia creciente.
10. La presión de la opinión pública mundial
obligó en 1992 a Shamir -primer ministro perteneciente a la coalición
extremista Likkud- a iniciar unas negociaciones de paz que culminan 1993
con un acuerdo firmado por el líder palestino Yasir Arafat y por
el laborista y moderado Isaac Rabin. La fórmula era “paz por territorios”:
los palestinos admitían la existencia del Estado de Israel a cambio
de la concesión de autonomía en los territorios de Gaza y
parte de Cisjordania. Jerusalén quedaba excluida de los acuerdos.
La acción combinada del extremismo árabe y judío ha
bloquedo este proceso. Isaac Rabin fue asesinado por un terrorista judío,
sin que los eficientes servicios de seguridad israelíes fueran capaces
de impedirlo. Las elecciones inmediatas dieron de nuevo el triunfo a los
extremistas del Likkud. El nuevo primer ministro Netanyahu ha reanudado
los ilegales asentamientos y en la práctica ha bloqueado el proceso
de paz.
11. El pueblo árabe sabe que sólo
el apoyo casi incondicional de los Estados Unidos ha permitido a un país
tan pequeño mantener su superioridad militar sobre países
incomparablemente más grandes. Israel recibe una importante ayuda
anual que ha venido creciendo hasta alcanzar los 4.000 millones de dólares.
Se trata de una donación, no un simple préstamo. Es mucho
dinero para un país que comenzó con un millón de habitantes
y ahora ronda los cinco millones. Israel tiene acceso a la mejor tecnología
militar estadounidense y ni siquiera las consideraciones estratégicas
permiten explicar este respaldo ilimitado. La comunidad judía americana
-muy sensible a todo lo relacionado con Israel- tiene gran influencia. Con
su rechazo resulta muy difícil que un candidato pueda ganar unas
elecciones. El Congreso -habitualmente tan hostil a cualquier gasto- acepta
anualmente esas inmensas donaciones sin apenas discusión y casi por
unanimidad.
12. Los árabes conocen está situación
mejor que la opinión pública de los países desarrollados.
Se sienten agredidos por la cristiandad occidental, su rival histórico.
Para ellos este acoso occidental es continuación de las Cruzadas,
y lo relacionan también con el expolio del petróleo. Saben
también que la solución militar hace tiempo que no es posible
porque actualmente los israelíes poseen la bomba atómica y
podrían utilizarla si se vieran en peligro. No puede extrañar
que las masas empobrecidas -heridas en su dignidad y carentes de otra alternativa-
escuchen con simpatía el discurso de los fundamentalistas.
4. EL ISLAMISMO
En los últimos siglos han proliferado movimientos que predican un retorno a la pureza original del Islam, tal como lo instituyó el Profeta y como se practicó en los primeros tiempos. Esta tendencia se ha denominado salafiya y a ella pertenecen los movimientos llamados islamistas. Veamos algunos.
4.1. ORÍGENES
1. Arabia
En Arabia en el siglo XVIII -cuando era ya evidente
la decadencia musulmana- vivió un personaje llamado Wahhab (1703-1787)
seguidor de la tendencia hanbalí (ver nota 2) la más rígida
de las cuatro escuelas jurídicas del sunnismo. Sus estudios de teología
en Medina, Irán e Irak no hicieron sino convencerle de que había
que despojar al Islam de las innovaciones añadidas para volver a
la pureza y simplicidad primitiva. Así rechaza cualquier conocimiento
no basado en el Corán, la Sunna o deducciones necesarias de la razón.
La práctica religiosa es para él una cuestión de Estado,
por lo que establece penas para los que no asistan a las plegarias comunes.
Establece la aplicación literal de todos los preceptos del Corán
o la Sunna, con lo que se hace cumplir con exactitud la Sharía, incluidos
los castigos corporales.
Este rigorismo provocó el
rechazo generalizado de los teológos, pero fue adoptado por Ibn Saud,
emir del Nayev. Su hijo y sucesor Abd al-Aziz trató de imponer el
wahhabismo en el mundo árabe: conquista y unifica toda Arabia, pero
cuando ataca al Imperio Turco resulta derrotado. Sin embargo mostró
que los árabes eran capaces de grandes hazañas cuando luchaban
movidos por su fe.
Un siglo después, ya en el siglo
XX, otro Ibn Saud -emir de Nayev y descendiente del primer Ibn Saud- retoma
su proyecto y unifica Arabia bajo el impulso del wahhabismo. Nace la Arabia
Saudita4.
2. Afganistán
Sin embargo el wahhabismo no ha arraigado fuera de
Arabia y ningún otro país ha tratado de ponerlo en práctica.
Las raíces del islamismo del siglo XX hay que buscarlas
en el siglo anterior en Afganistán. Allí vivió Djamal
ed-Din al-Afghaní (1838-1897) un activista que encuentra en la religión
musulmana los fundamentos para su lucha anticolonial. Su aversión
a lo británico nace en la India, donde los ingleses están
arrebatando el poder a la minoría musulmana. Vivió en Estambul
y en El Cairo, donde contactó con los intelectuales de la universidad
Al-Azhar, la más prestigiosa del mundo árabe. Vivió
también en Londres y en París.
Para un musulmán
formado intelectualmente y capaz de observar la realidad, comparar lo que
el Islam fue con lo que era ahora en comparación con Occidente resultaba
desolador5. Afghaní era consciente del desafío occidental.
Quería limpiar la religión musulmana de defectos acumulados
durante siglos, pero estaba convencido de que el Islam es compatible con
las innovaciones técnicas.
3. Egipto
La llamada de Afghaní a una lucha conjunta de los musulmanes de todas las tendencias, escuelas o países frente al desafío de Occidente tuvo una gran influencia en los medios intelectuales de numerosos países. Su discípulo y amigo el jeque egipcio Mohamed Abduh (1849-1905) extiende en Egipto lo que para él es la idea esencial de su maestro: Se puede ser moderno y ser buen musulmán. Ciencia y religión han de volver a hermanarse, como en la época dorada de la civilización musulmana. Abduh llega incluso a defender en muchos terrenos la igualdad de la mujer.
4. India y Pakistán
Paralelamente en la India se desarrolla otro movimiento
reformista. Muhamed Iqbal (1873-1938) estudió filosofía en
varias universidades europeas. Se rebela frente al ocaso del Islam -por
entonces los musulmanes estaban perdiendo su hegemonía frente a la
mayoría hindú- y predica el retorno a los valores morales
de la primitiva comunidad musulmana. Defiende también la aproximación
a los conocimientos modernos y a la democracia, pero afirma que hay que
contemplar todo ello a la luz del Islam.
Su discípulo
Mawdudi (1903-1979) compartió al principio las ideas modernizadoras
de su maestro. Sin embargo tras su muerte desarrolló una doctrina
más fundamentalista: según él los musulmanes debían
ser fieles a la letra de la Revelación y aplicar la Sharía,
la Ley islámica que aparece en los pasajes del Corán y la
Sunna.
4.2. LOS HERMANOS MUSULMANES
1. El movimiento que más directamente ha influido
en el actual islamismo es el de los Hermanos Musulmanes, fundado en Egipto
en 1928 por el jeque Hassan al-Banná (1906-1949).
Este
teórico del islamismo era hijo de un hombre instruido que había
sido alumno de Abduh en la universidad Al-Azhar de El Cairo. Compartía
las ideas modernizadoras de Abduh, pero también asimiló los
valores del Islam más tradicional cuando formó parte de una
hermandad sufí. Sus planteamientos -sencillos y moderados- han ejercido
una inmensa influencia en el reciente despertar islámico: La Umma
es una sóla nación. Hay que reforzar los vínculos de
fraternidad. Y la base de las reformas es el retorno a las enseñanzas
del Islam.
2. Más radical fue Sayyid Qutb (1906-1966)
que sucedió a al-Banna como principal ideólogo del movimiento.
Era un profesor universitario, bien relacionado con los occidentales, que
experimenta una “conversión” personal e ingresa en los Hermanos Musulmanes.
Perseguido por Nasser, pasó prácticamente el resto de su vida
en la cárcel y finalmente murió ahorcado. A pesar de los malos
tratos pudo escribir allí lo esencial de su obra. Qutb cree que el
mundo está viviendo la jahiliya, un estado de ignorancia comparable
al de la época preislámica. En el Islam hay recetas para resolver
los grandes problemas sociales y políticos de nuestra época
y que con él se puede lograr el ideal de la Justicia Social. Pero
no basta con defenderlo con palabras, hay que defenderlo con hechos. Hay
que hacer la revolución6.
3. Paralelamente al radicalismo
de Qutb hay entre los Hermanos Musulmanes una corriente más moderada
cuyo representante más destacado es un imán ciego de una mezquita
de El Cairo, Abd al-Hamid Kichk, nacido en 1903. Su predicación semanal
de los viernes congregaba una multitud creciente. Detenido en 1966 y liberado
dos años después, su prestigio no ha dejado de crecer a través
de la difusión por todo el mundo islámico de cassettes con
sus predicaciones. Kich renuncia a la violencia y cree que el islamismo
sólo ha de progresar a través de la predicación. Sin
embargo ataca con dureza a los “enemigos del Islam” -entre los que incluye
al imperialismo occidental- y afirma que la nación musulmana volverá
a conquistar el mundo cuando la Umma vuelva al Islam verdadero y a la práctica
de la Ley. La construcción teórica del islamismo -que hoy
ha sido asumida por amplios sectores de la sociedad musulmana- estaba ya
realizada.
4. Los Hermanos Musulmanes fueron perseguidos
por Nasser y sus sucesores con ferocidad. Sin embargo, núcleos de
la Hermandad se han ido extendiendo por todo el mundo árabe extendiendo
el pensamiento islamista. En Siria alcanzarnon un gran desarrollo pero allí
encontraron en el partido Baas y en el dictador Assad a su más feroz
enemigo. En 1982 quedaron muy debilitados tras una rebelión fallida
y una represión con más de 10.000 muertos. En Arabia son tolerados
por el régimen wahhabita -con el que coinciden en algunos aspectos-
y cuentan con apoyo y simpatía entre la población. El movimiento
islamista de Argelia está también en su origen estrechamente
emparentado con los Hermanos Musulmanes.
4.3. LA REVOLUCIÓN ISLÁMICA DE IRÁN
Desde el principio la rama chiíta del Islam
se caracterizó por cierta desconfianza -que en ocasiones se convertía
en hostilidad- hacia el poder político establecido. Por eso tuvo
gran éxito entre la población musulmana que no era árabe,
arraigando especialmente en la población iraní. Desde 1501
el chiísmo es la religión oficial en el territorio iraní.
La creencia en el retorno del Imán oculto -el Mahdi-
ha mantenido siempre en el mundo islámico una esperanza mesiánica
similar a la judía. Es una creencia esencial en el chiísmo
donde se identifica el Mahdi como el Señor del Tiempo cuya venida
se producirá en las proximidades de la Hora Final.
El
sociólogo iraní Alí Shariati (1933-1977) asoció
esta idea con planteamientos marxistas y presentó al Mahdi
como un salvador que ha de venir a liberar a los oprimidos de la tierra7.
Presenta así al Islam como una fuerza revolucionaria y progresista.
Su pensamiento ejerció gran influencia entre la juventud iraní
y predispuso a la población en favor de una revolución que
fue vista como el inicio de una serie de cambios relacionados con la posible
venida del Mahdi.
Ya se ha visto cómo tras la I
Guerra Mundial en Irán se instala en el poder la dinastía
de los Phalevi, que implantan una occidentalización forzosa. El régimen
se convierte desde 1953 en una de las dictaduras más feroces del
mundo. Como resistencia frente a este orden surgen los fedayin (combatientes
del Islam) que aparecen como el equivalente chiíta de los Hermanos
Musulmanes. Reciben inicialmente el respaldo de algunos ulemas (teólogos)
que acaban imponiendo sus planteamientos entre el clero iraní.
Entre ellos destaca Ruholláh Jomeini (1902-1989) quien
desde la ciudad santa de Qom lanzó furibundos ataques contra las
impopulares reformas del Sha. Perseguido por la policía iraní
se refugia primero en Irak y más tarde en París. Jomeini y
Shariati fueron las figuras más destacadas de la oposición
al régimen del Sha y los principales inspiradores de la revolución
que le derribó en 1979. Pero la temprana muerte del sociológo
marxista poco antes de la revolución permitió a Jomeini imponer
en el nuevo régimen sus planteamietos conservadores.
Tras
la revolución, el poder quedó teóricamente en manos
de Jomeini pero en la práctica en manos de los Comités Revolucionarios,
los Tribunales Revolucionarios y los Guardianes de la Revolución,
todos ellos islamistas radicales.
Pronto se desató
una dura represión sobre los sectores marxistas que habían
contribuido decisivamente al triunfo de la revolución. Fedayines,
mujaidines y miembros del partido comunista Tudeh fueron detenidos y muchos
de ellos ejecutados. Se implantó la Sharía, la ley islámica,
aunque recogida a través de una Constitución. Ésta
aprobó la instauración de una República islámica
cuya proclamación había sido previamente respaldada por un
referéndum. Se implantó un sistema relativamente democrático,
pero se reservó a Jomeini -su “guía espiritual”- un poder
vitalicio por encima de todas las instituciones del Estado.
El
líder chiíta utilizó su poder tratando de moderar los
excesos de los islamistas radicales que seguían sus ideas. Trató
de frenar los excesos de los Tribunales Revolucionarios, aunque no los disolvió.
Promulgó varias amnistías que apenas fueron obedecidas. Llegó
a exigir que cualquier ejecución contase con su firma, pero esto
tampoco se cumplió. Los presidentes de la República que escogió
-Bani-Sadr y Rafsandjani- fueron relativamente moderados.
Designó
como “guía espiritual” sucesor a Montazeri, un prestigioso ayatollah
de planteamientos bastante menos radicales que los suyos. Era una designación
secreta que alguien neutralizó haciéndola pública poco
antes de la muerte de Jomeini. Éste optó entonces por designar
sucesor como a Jamenei, un dirigente religioso radical pero de muy escaso
relieve, de modo que el presidente de la República, el moderado Rafsandjani,
pudiera disponer del verdadero poder.
La revolución
iraní ha tenido un enorme impacto. Ha supuesto el primer triunfo
de los islamistas y ha evidenciado que sus ideas se podían llevar
a la práctica. A comienzos de la década de los 80 parecía
que la revolución islámica podía extenderse como un
reguero de pólvora por todo el Próximo Oriente, pues la población
musulmana era receptiva a esta reivindicación de su identidad y al
enfrentamiento con Occidente. El respaldo occidental a los excesos del Estado
de Israel parecía evidenciar que el enfrentamiento histórico
entre ambas culturas aún continuaba y que se habían de adoptar
planteamientos radicales para defender al Islam.
Sin embargo
algunos factores han frenado -o ralentizado- este proceso. La revolución
iraní era de carácter chiíta, de modo que sus dirigentes
religiosos nunca podrían serlo del resto de los países islámicos,
de mayoría sunnita. De hecho la minoría chiíta de diferentes
países ha sido el sector de población que más activamente
ha trabajado en favor de la revolución islámica.
Por
otro lado las monarquías petroleras del Golfo han visto una amenaza
en los planteamientos republicanos de los chiítas iraníes
y han trabajado activamente por impedir su difusión. En general los
gobiernos del Próximo Oriente han tratado de prevenir el contagio
revolucionario islamizando muchas leyes y costumbres y realizando reformas
que les alejan del modelo occidental. De este modo la revolución
islámica -sin haber triunfado todavía- ya ha conseguido transformar
radicalmente la política y la sociedad musulmana.
La
experiencia iraní ha tenido escaso éxito desde una perspectiva
económica -padece una elevada inflación- aunque ha generado
una sociedad muy igualitaria sin las trabas de la planificación central.
Este relativo fracaso económico ha contribuido también a disuadir
a otros pueblos de imitar esta revolución8.
5.
ACTITUDES POLÍTICAS
El desafío de la sociedad moderna y occidental ha generado en el mundo islámico diversas actitudes políticas a lo largo del último siglo. La mayor parte de ellas aún tienen vigencia y configuran los principales sectores que protagonizan la política en los países musulmanes, particularmente en los países árabes.
1. Inicialmente un claro sentimiento de inferioridad llevó a algunos dirigentes a defender una occidentalización radical. Querían modernizarse y esto exigía imitar a Occidente. Es el camino escogido en Turquía por Kemal Ataturk y seguido en Irán por los Palhevi. Su modelo es el de un Estado laico que garantiza una neutralidad confesional y combate cualquier manifestación externa de religiosidad. Se trata de una verdadera capitulación cultural, con una religión reducida al ámbito de los privado, lo que chocaba con planteamientos muy profundos de la religión musulmana. Ataturk reprimió con fiereza tradiciones y costumbres islámicas -como el uso del velo por las mujeres- que pudieran afectar a esta neutralidad pública.
2. Otra tendencia optó por una modernización
más moderada para responder al desafío de Occidente, y tratar
de superarlo. Se trataba de aprovechar aquellos aspectos más válidos
de la sociedad occidental y adaptarlos a la realidad y la mentalidad de
las sociedades islámicas. Es la tendencia que ha contado con mayor
respaldo popular hasta hace pocas décadas. Dentro de este grupo destaca
sobre todo el llamado socialismo arabista, de carácter nacionalista
y de izquierdas, que llevó el protagonismo en el proceso descolonizador.
En esta línea de nacionalismo panárabe y progresista encontramos
al Partido Baas, gobernante en Siria e Irak, al régimen de Nasser
en Egipto y al FLN argelino de Boumedien.
El fracaso de
estas experiencias ha tenido consecuencias de gran alcance para la civilización
islámica. Casi siempre han derivado en dictaduras -a veces de perfil
muy cruel como la de Sadam Hussein en Irak- y en ningún caso han
conseguido sacar a sus poblaciones de la pobreza. Con la descolonización
se habían abierto grandes esperanzas que no se han visto cumplidas.
Ni siquiera la posesión del petróleo les ha traído
el desarrollo económico. Las reiteradas y humillantes derrotas frente
a Israel demuestran que su civilización continúa en estado
de prostración.
Se ha pagado un alto precio cultural
al incorporar de Occidente elementos modernizadores y el resultado es sólo
la desigualdad, la opresión y la pobreza9.
3. Ya hemos analizado anteriormente la tendencia islamista.
Dentro de ella cabe identificar dos variantes.
¾
Los integristas -como los wahhabitas o los Hermanos Musulmanes- valoran
la tradición. Pretenden volver a los Textos sagrados pero respetando
todo lo positivo que ha ido añadiendo la Tradición.
¾
Los fundamentalistas -como Jomeini o los talibanes afganos- son más
literalistas, y confían en organizar la sociedad aplicando con exactitud
los preceptos religiosos, al margen de lo diferente de nuestra sociedad
y de lo añadido por siglos de piedad religiosa.
También
habría que destacar la diferencia ya estudiada entre los sectores
más radicales que defienden la Umma mediante la violencia y los más
moderados que creen que basta con la religiosidad y la predicación.
En la práctica ambos sectores se complementan: Los planteamientos
moderados se extienden con facilidad entre una población predispuesta
a escucharlos. Más tarde algunos abandonan esta actitud moderada
y adoptan planteamientos radicales. Con sus acciones violentas otorgan entonces
al islamismo un claro protagonismo político.
Estas
tendencias islamistas comparten una relativa deslegitimación del
Estado. Creen que, como en los primeros tiempos, la Umma debería
estar políticamente unida en un sólo Estado, gobernado por
una autoridad simultáneamente civil y religiosa. Como esto no sucede,
todos los Estados son escasamente legítimos. Este planteamiento les
proporciona un gran potencial revolucionario, pero les perjudica cuando
tiene que enfrentarse a la responsabilidad de gobernar un país.
Comparten también estas tendencias la amargura
por el hecho de que Occidente se haya “adelantado”. Creen que la civilización
islámica se hará compatible con la modernidad y sobrepasará
de nuevo a Occidente, si los musulmanes vuelven a una observancia fiel de
sus preceptos.
4. Las hermandades sufíes no constituyen estrictamente
una tendencia política, pero sí una actitud ante la política
mucho más coherente con las raíces islámicas. No hacen
concesiones de ningún tipo a la modernidad. Cultivan un Islam muy
espiritualista y tradicional, con un intenso fervor religioso. Ya en la
Edad Media los sufíes promovían la experiencia espiritual
personal, relativizando las formas religiosas concretas. Se habla en ocasiones
de un “misticismo” sufí. Hoy constituyen hermandades muy variadas.
Pero la mayoría conserva con gran autenticidad la espiritualidad
islámica.
Estas hermandades se han adaptado a la
clandestinidad cuando ha sido necesario, y han mantenido su identidad incluso
en situaciones de gran represión. Son ellas las que han mantenido
la llama del Islam en la Turquía de Ataturk o en la Unión
Soviética. Tras varias generaciones de persecución emergen
con gran vitalidad y contribuyen a difundir el Islam entre el resto de la
población.
Desde el punto de vista político
el sufismo es genéricamente conservador, pero no propugna acciones
políticas concretas. Las corrientes modernistas se muestran hostiles
al sufismo, pues reprueban su distanciamiento de los valores del mundo moderno.
Se ha visto al sufismo colaborar con el poder colonial, simplemente porque
se consideraban al margen de los valores políticos. Hoy el sufismo
conoce una gran difusión y ejerce una notable influencia sobre el
resto de los musulmanes. Se encuentra muy difundido en ambientes intelectuales,
particularmente en la prestigiosa universidad de Al-Azhar de El Cairo.
6.
SOCIEDAD
Los países musulmanes del Próximo Oriente y
Norte de África presentan en general un grado medio de desarrollo.
Prácticamente todos estos países se encuentran situados en
la zona intermedia de la clasificación del Índice de Desarrollo
Humano elaborado por las Naciones Unidas10.
Sorprende este
dato dada la pobreza de algunos países. La religión islámica
promueve la ayuda a los más desfavorecidos y así atenúa
algunos de los peores perfiles de la miseria.
Sólo
se advierte gran desigualdad cuando intervienen con fuerza otros elementos
culturales o económicos, como sucede en los países musulmanes
de África Negra, del Sudeste Asiático o en las monarquías
del petróleo.
En una comunidad islámica existen mecanismos
de solidaridad que evitan la exclusión social de los más pobres.
Todos, pero sobre todo los más ricos, deben atender con la limosna
obligatoria -zakat- a aquellos que menos tienen en su comunidad. La riqueza
de unos pocos sólo es legítima si revierte en parte en beneficio
de los musulmanes menos afortunados.
En el Próximo
Oriente la sociedad no suele estar dominada por una minoría exageradamente
enriquecida. La excepción la encontramos en las monarquías
del Golfo donde -como consecuencia del efecto distorsionante del petróleo-
sí hay una élite muy enriquecida, próxima a la familia
que detenta el poder.
Sólo en los países
con mayor tradición intelectual -como Egipto, Irak, o Siria- se identifica
claramente la presencia de unas clases medias cuya existencia se remonta
a bastantes siglos atrás. Estas clases acogieron con entusiasmo las
tendencias modernizadoras y la influencia occidental. Llegado el momento
se identificaron también con el socialismo arabista, protagonizaron
el movimiento nacionalista y anticolonial, y se convirtieron en los sectores
dirigentes de los nuevos Estados.
Sin embargo la mayor
parte de la población de estos países suele estar formada
por masas campesinas que se han visto duramente perjudicadas por las transformaciones
y convulsiones del siglo XX. Las expectativas de mejora de la calidad de
vida abiertas con la descolonización no se cumplieron. La población
viene creciendo vertiginosamente y la producción agraria -con una
tecnología muy tradicional- no se adapta al ritmo necesario.
Muchos emigran a las grandes ciudades donde, ante la escasez
de industria, suelen integrarse en la llamada economía informal.
Culturalmente han sido golpeados por una civilización que les es
extraña y que no entienden. Además, como se ha señalado,
se sienten profundamente humillados por Occidente, por su superioridad militar
y económica, y por el trato injusto evidenciado en el conflicto de
Palestina.
Decepcionadas, estas masas campesinas están
volviendose hacia el islamismo, particularmente los jóvenes, que
-debido al vertiginoso crecimiento demográfico- constituyen el 65%
de la población. Encuentran que este movimiento les devuelve su dignidad
y les aporta una nueva esperanza.
Estas masas populares
odian a las monarquías del Golfo, pues reprueban que su riqueza no
revierta en beneficio de la Umma y de los pobres. Puesto que estas monarquías
están respaldadas por Occidente, las masas musulmanas sospechan que
en realidad defienden intereses ajenos a la comunidad islámica.
En unos pocos países -Túnez, Marruecos- hay
unas clases medias en expansión debido al crecimiento económico
y a una moderada modernización de sus estructuras productivas. Estas
clases se encuentran particularmente desconcertadas: Conocen los aspectos
positivos de la vida occidental -a través del comercio, el turismo,
la universidad o la emigración- pero temen perder su identidad. Y
aún temen más el rechazo de las masas desposeídas.
Por ello buscan algún tipo de compatibilidad entre el Islam y la
modernidad, y constituyen la gran esperanza de evitar una confrontación
aún más dura entre Occidente y el Islam.
7.
LA MUJER EN LA SOCIEDAD ISLÁMICA
Junto a un proceso profundo, amplio y silencioso, de promoción de la mujer musulmana, se advierten duras reacciones que aparentemente hacen retroceder en poco tiempo el avance de varias décadas. La situación de la mujer en los países islámicos -especialmente en los países del Próximo Oriente y Norte de África- constituye quizás el aspecto más polémico de la civilización musulmana.
Las costumbres islámicas relativas a la
mujer se fundamentan el Corán, la Sunna y también en tradiciones,
algunas de la cuales provienen de época preislámica. La sociedad
árabe a la que Mahoma dirigió su predicación era una
sociedad patriarcal, propia de pueblos tradicionalmente pastores. Las mujeres
estaban consideradas como bienes familiares, sometidas a la tutela masculina,
con la misión de procrear hijos varones para garantizar la continuidad
de la familia patriarcal.
El texto coránico protege
a la mujer frente a los excesos de este modelo prohibiendo matar las hijas
al nacer, limitando la poligamia y el repudio, reconociendo el derecho de
la mujer a la propiedad y a la educación, y exigiendo el consentimiento
de la mujer para el matrimonio. Estas disposiciones se encuentran en suras
-revelaciones de Dios a Mahoma recogidas en el Corán- pertenecientes
a la primera época, cuando Mahoma vive en la Meca con su mujer Jadicha
y tiene escasos seguidores.
Tras la muerte de Jadicha y
la huida a Medina las nuevas suras recogen más bien las ideas patriarcales
de preeminecia del hombre sobre la mujer. El interés por no dañar
la estructura social establecida favoreció que la aparente contradicción
se resolviera decidiendo que las suras posteriores prevalecían sobre
las primeras. Los sectores musulmanes tradicionalistas siguen defendiendo
esta interpretación, pero los reformistas reclaman la preeminencia
de las primeras suras, más favorables a la mujer11.
Los
regímenes laicos surgidos de la descolonización se mostraron
preocupados por mantener la personalidad cultural. Temiendo que cualquier
evolución de la situación legal de la mujer fuera interpretada
como pérdida de identidad, legitimaron la tradicional autoridad del
hombre sobre la mujer.
El reciente desarrollo de los movimientos
islamistas ha situado la cuestión de la mujer en el centro del debate
social. Algunos propugnan incluso apartar a la mujer del trabajo y dejar
sus puestos para los varones parados. Cabe hablar de una retradicionalización
impulsada desde el Estado como prevención frente a la expansión
islamista.
Sorprende ver a tantas mujeres adoptar con entusiasmo
este islamismo. Ahora bien, la separación de sexos podría
dar lugar a situaciones en las que la subordinación de la mujer tuviera
carácter excepcional.
Son muchas las mujeres que
apoyan tradiciones que les discriminan. A veces son tradiciones preislámicas
que carecen de cualquier base religiosa. Un ejemplo terrible es la ablación
del clítoris que en algunas zonas -musulmanas y no musulmanas- de
África mantiene su plena vigencia y afecta a decenas de millones
de mujeres.
Sin embargo la realidad social está cambiando,
especialmente en las ciudades que acogen a una proporción creciente
de la población. La explosión demogáfica, la emigración
masculina y la necesidad de aportar dinero a la familia están cambiando
el comportamiento social de aquellas mujeres que han podido acceder ya a
la formación profesional o universitaria.
El uso
del velo o hidjab tiene a veces un sentido contrario al que interpretamos
los occidentales. No sólo es una prenda tradicional cómoda
y barata, sino que además permite a la mujer que lo lleva moverse
libremente y acceder a la universidad y al trabajo.
La poligamia
está poco extendida y en franca regresión. En algunos países
está prohibida y en los demás se tiende a pactar en el contrato
matrimonial la nulidad automática si hay un segundo matrimonio. Las
bodas se conciben como un pacto entre dos familias, aunque en las grandes
ciudades los jóvenes tienen más libertad de elección.
Una vez casada la mujer debe obedecer a su marido. Asimismo la herencia
de la mujer es siempre inferior a la de sus hermanos varones. Además
la tradición coránica permite al hombre repudiar a su mujer,
mientras que ella para divorciarse precisa de la autorización de
un juez islámico.
La mujer está ampliamente
integrada en un sistema educativo generalmente de carácter mixto.
Su presencia está generalizada en la enseñanza primaria y
es bastante amplia en la enseñanza secundaria. Sin embargo las diferencias
entre países son notables y hay zonas donde se resisten a enviar
a las niñas a los centros de enseñanza secundaria. En la universidad
hay menos mujeres que hombres pero las diferencias se han atenuado. En algunos
círculos intelectuales se defiende la creación de universidades
exclusivamente femeninas como único medio de garantizar a las mujeres
una amplia presencia en los niveles educativos superiores.
La
participación de la mujer en el trabajo es normal en medios campesinos,
pero encuentra grandes dificultades en las profesiones modernas. Muchos
hombres creen que las mujeres les arrebatan ilegítimamente los escasos
puestos de trabajo.
La convivencia laboral entre personas
de diferente sexo provoca recelos en la sociedad. Algunos países
han establecido espacios separados en locales y transportes públicos.
Sólo en algunas profesiones -como maestra o enfermera,
donde la presencia femenina es masiva- se disipan estos recelos. Sin
embargo nuevos hábitos de consumo obligan a las familias a procurarse
un segundo sueldo y -pese a las resistencias- incorporar a la mujer al trabajo12.
Cuando los islamistas alcanzan el poder, la implantación
de la Sharía convierte su situación en insoportable. En Afganistán
los talibanes han impuesto una absoluta separación de hombres y mujeres,
llegando incluso a expulsar a las mujeres enfermas de los hospitales.
En el área musulmana abundan las situaciones extrañas
a la sensibilidad moderna y radicalmente contrarias a los derechos humanos.
Sin embargo el Islam no es igual en todas partes: en Europa, en Asia Central,
en Asia Meridional y en el Sudeste Asiático la presencia de otros
componentes culturales concede a la mujer musulmana una mejor condición,
comparable a la de otras mujeres de las mismas zonas.
Paradójicamente
nunca en la historia del Islam había tenido la mujer un papel tan
relevante. En 1995 había tres primeras ministras en grandes países
musulmanes: Tansu Ciller en Turquía, Benazir Bhuto en Pakistán
y Jaleda Zia en Bangladesh. Hay más mujeres poetas y novelistas que
en ninguna otra época y sorprende la energía y el valor con
que muchas mujeres denuncian los problemas que conlleva su situación
en la sociedad islámica13.
8.
CONFLICTOS RECIENTES
El avance -en ocasiones violento- del islamismo está generando conflictos en numerosos países. Los intereses del petróleo, la proliferación de dictaduras y el malestar generado por el conflicto de Palestina han convertido al Próximo Oriente y Norte de África en una de las áreas más inestables del planeta.
8.1. LA GUERRA ENTRE IRÁN E IRAK
El conflicto entre Irán e Irak es una herencia
de las disputas entre los imperios persa y turco. Las disputas se centraban
en el canal de Shatt-al-Arab -que había quedado bajo control de Irak-
y la región de Khuzestán, rica en yacimientos petrolíferos,
que quedó en poder de Irán pese a que su población
no era iraní sino árabe de religión chiíta.
Cuando en 1978 triunfa en Irán la revolución islámica
parecía que iba a extenderse por el golfo Pérsico, donde se
encuentran dos tercios de las reservas mundiales de petróleo. En
Irak los abundantes recursos procedentes del petróleo habían
permitido construir un poderoso ejército con el que el dictador Sadam
Hussein creía poder enfrentarse a Israel, y convirtirse así
en el líder de todo el mundo árabe.
Sadam Hussein venía reprimiendo ferozmente
a los chiítas del Sur, favorables a la revolución islámica
iraní. En 1980 creyendo debilitado al ejército iraní
a causa de las purgas revolucionarias ataca a Irán. Quería
así prevenir el contagio islámico y apoderarse del petróleo
de Khuzestán. Sin embargo, la inesperada resistencia de los revolucionarios
iraníes dio paso a un larga guerra que duró ocho años
y desangró a los dos países.
Las potencias
occidentales vieron en este conflicto la oportunidad de exportar armas -que
ambos países podían comprar con sus grandes recursos petrolíferos-
y de debilitar de paso a dos peligrosas potencias. En 1988 se llega a un
armisticio ante la evidencia de que ninguno de los contendientes podía
ganar esta guerra.
8.2. LA GUERRA DEL GOLFO: “SANGRE POR PETRÓLEO”
En
1990 Sadam Hussein conserva un poderoso ejército, que quiere utilizar
para convertirse en líder del mundo árabe. Convencido de que
tanto Occidente como las monarquías del Golfo le ven como el escudo
que impide la expansión de la temida revolución islamista
de Irán, se decide a invadir Kuwait. Este pequeño país,
escasamente habitado y con inmensas reservas de petróleo, formaba
parte históricamente del territorio iraquí. Al llegar la descolonización
los británicos prefirieron segregarlo para poder explotar con mayor
facilidad sus riquezas. Irak jamás aceptó una independencia
que consideraba una simple expoliación.
La revolución
del Este de 1989 había quebrado el orden internacional establecido
en Yalta. La ambición de Sadam Hussein proporcionó al presidente
Bush una excelente oportunidad de definir el marco de un nuevo orden internacional.
A la vez conseguía al fin poner bajo control militar occidental la
zona del Golfo, de la que depende el suministro energético de los
países desarrollados. La embajadora americana garantizó a
Sadam Hussein la neutralidad americana en un posible conflicto días
antes de la invasión de Kuwait.
El Consejo de Seguridad
-con Rusia y China neutralizados por sus problemas internos- dirigió
aparentemente el conflicto, enmascarando el carácter claramente occidental
de la intervención. La opinión pública de los países
musulmanes percibió desde el principio esta guerra como una agresión
a la Umma. Ciertamente Sadam Hussein era un feroz dictador, pero en el mundo
islámico apenas hay democracias. La perspectiva de que su poderoso
ejército se hiciera con el control del Golfo y sus inmensas reservas
de petróleo gozaba de grandes simpatías. La población
era hostil a unas monarquías que vivían en la opulencia mientras
el Islam era reiteradamente humillado. Un líder poderoso y decidido,
capaz de enfrentarse a Occidente y unificar el territorio del Golfo, podría
crear una potencia mundial capaz de enfrentarse a Israel y devolver a los
musulmanes su dignidad.
La exhibición de poderío
militar y la victoria de las potencias occidentales -aliadas de las impopulares
monarquías del Golfo- fue percibida por la población árabe
como una nueva derrota y agravó su resentimiento hacia Occidente.
Toda la propaganda realizada sobre las innegables crueldades de Sadam Hussein
no impidió que, en el momento decisivo, Estados Unidos evitara su
completa derrota. Su feroz dictadura no fue nunca el motivo de la intervención
y Estados Unidos seguía necesitando su escudo frente a la revolución
iraní.
8.3. LA GUERRA CIVIL DE ARGELIA
Durante la colonización francesa se trató
de eliminar de raíz la cultura argelina: el francés fue la
única lengua oficial y se eliminó el Islam de los programas
escolares. Cuando Argelia se independiza en 1962 se constata la fuerza que
el Islam conserva entre la población a pesar de las décadas
de hostilidad de los colonizadores. La lucha revolucionaria contra la colonización
fue interpretada por unos en términos marxistas, y por otros como
la Yihad frente a los enemigos de la Ummma.
Esta confusión
generó un larvado conflicto en el nuevo Estado. Se instaura un régimen
socialista y dictatorial, próximo al modelo soviético. La
proclamación del Islam como religión oficial y la construcción
de más de 10.000 mezquitas resultó insuficiente para un sector
de la población que habría visto con agrado la implantación
de algunas normas de la Sharía. El Islam era, para unas autoridades
argelinas, claramente laicas, más un signo de identidad que un modo
de vida.
La colonización legó una sociedad
escindida, con una minoría muy occidentalizada controlando el ejército
y la política, y una mayoría de la población muy tradicional,
con muy escasa presencia de la mujer en el mundo laboral.
En los años 70 aparece un movimiento, próximo
a los Hermanos Musulmanes, apoyado indirectamente por Arabia Saudí.
El ejemplo de la revolución iraní y la predicación
del egipcio Kichk -conocida a través de sus populares cassettes-
multiplicaron la influencia de este núcleo. La relativa tolerancia
de sus actividades permitió que canalizaran el descontento popular
con el régimen dictatorial. La guerra de Afganistán atrajo
a numerosos voluntarios islámicos que regresaban dispuestos a seguir
luchando en la Yihad.
Las primeras elecciones democráticas
dieron el triunfo a los islamistas moderados del Frente Islámico
de Salvación, tanto en las elecciones municipales de 1990 como en
las legislativas de 1992. Su voluntad de implantar inmediatamente la Sharía
causaba terror entre los sectores urbanos, fuertemente occidentalizados,
especialmente entre las escasas mujeres que trabajaban. La victoria de Frente
Islámico de Salvación en las elecciones legislativas fue anulada
-con el poco democrático apoyo de los países europeos-, sus
dirigentes encarceladaos y la actividad de sus mezquitas severamente restringida.
La respuesta fue la aparición del terrorismo islámico. De
una violencia selectiva -dirigida primero contra los extranjeros y luego
contra las m<%6>ujeres trabajadoras- se ha pasado a una violencia
masiva, con atroces matanzas de barrios y pueblos enteros.
La
acción de las fuerzas de seguridad -con frecuentes torturas, ejecuciones
sin juicio, campos de concentración y numerosos desaparecidos- no
ha hecho sino aumentar la espiral de la violencia. Algunos desconfían
de la incomprensible inoperancia de la policía y el ejército
durante las masacres islamistas, y sospechan que permiten estas matanzas
para justificar la represión y restaurar a medio plazo el régimen
dictatorial. Se trata de una auténtica guerra civil que ha dejado
ya decenas de miles de muertos. Esta guerra se libra a las puertas de Europa
y sus consecuencias son aún imprevisibles.
8.4. LA GUERRA DE AFGANISTÁN
Afganistán
fue un “Estado-tapón” entre las colonias inglesas del Próximo
Oriente y el Imperio de los zares. Sus fronteras integran a pueblos muy
diversos y separan artificialmente su territorio tradicional. Durante muchos
años el nomadismo ha hecho que estas fronteras no tuvieran apenas
efectividad práctica.
Cuando en 1978 estalla la revolución
islámica iraní la Unión Soviética teme que se
contagie a Afganistán -donde había un régimen prosoviético-
e incluso que pudiera influir sobre la población soviética
del Asia Central, mayoritariamente musulmana. En 1979 las tropas soviéticas
invaden Afganistán e imponen un gobernante aún más
fiel que el anterior. La acción se interpretó en el contexto
de la guerra fría y los Estados Unidos financiaron una guerrilla
anticomunista, con base en Pakistán donde llegaron a acogerse cuatro
millones de refugiados. Los islamistas vieron en el conflicto un ataque
de la Unión Soviética a la Umma y enviaron numerosos voluntarios
financiados por Arabia Saudí. En 1988 los soviéticos abandonaban
Afganistán, dejando la situación aparentemente estabilizada.
En 1991 el pacto entre la URSS y Estados Unidos para suspender
el suministro de armas, cedió todo el protagonismo a Arabia Saudí
e Irán, países que financiaban diferentes guerrillas islamistas.
En el Norte la guerrilla de tadjikos y uzbekos -Tadjikistán y Uzbekistán
son ya países independientes- presentaba un claro perfil étnico.
En el Sur la guerrilla tenía sus bases en el Pakistán islamista.
Pese a pertenecer en su mayoría al pueblo pashtú -etnia compartida
con Pakistán- esta guerrilla de mujaidines presentaba mayor acento
religioso.
La creciente debilidad del régimen -Afganistán
es uno de los países más pobres del mundo- otorgó finalmente
el poder a una coalición de varios grupos guerrilleros. Las desavenencias
convirtieron pronto a la capital Kabul en escenario de sangrientos combates
provocando el éxodo de buena parte de su población.
Surge
entonces el movimiento de los talibanes, jóvenes estudiantes de teología
formados en los campos de refugiados de Pakistán que defienden la
aplicación de la Sharía con un rigor rayano en la crueldad.
Su rígida disciplina les otorgó primero el control sobre los
mujaidines del Sur y posteriormente, en 1996, la victoria sobre los grupos
que luchaban en Kabul. Su llamamiento a la Yihad islámica contra
los gobernantes respaldados por extranjeros fue bien recibido por la población,
como también la paz que impusieron en sus territorios tras décadas
de enfrentamientos étnicos. Sin embargo su intransigencia puede acabar
por enajenarles el apoyo popular incluso entre la población pashtú
que les da el principal soporte.
Los talibanes tienen el
completo respaldo de Pakistán y en algún momento han gozado
de la “comprensión” de los Estados Unidos. Contra ellos se han posicionado
tanto Rusia -que teme su posible influencia en las repúblicas musulmanas
del Asia Central- como Irán, que recela ante el carácter expansivo
de este movimiento sunnita situado junto a sus fronteras.
9.
LOS PAÍSES ISLÁMICOS EN LA ACTUALIDAD
Algunos países musulmanes de Asia oriental conocen un crecimiento económico acelerado mientras los del África Negra parecen sumidos en el subdesarrollo. En el Próximo Oriente la explosión demográfica y la crisis de identidad cultural son los problemas más graves de unos países generalmente gobernados por dictadores.
9.1. ASIA ORIENTAL Y MERIDIONAL
En el Sudeste Asiático países musulmanes
como Indonesia o Malasia se encuentran entre los países emergentes
que comparten el acelerado crecimiento del área del Pacífico.
La población musulmana convive sin excesivos problemas con ciudadanos
de otras religiones. Sin embargo los grupos islamistas son cada vez más
activos entre la juventud y los gobiernos tienen entre sus prioridades impedir
el desarrollo de estos movimientos. Indonesia -el mayor país musulmán
con sus 200 millones de habitantes- ha evitado hasta ahora imponer leyes
islámicas a su población.
En Filipinas una
guerrilla musulmana lleva décadas tratando de forzar la independencia
de la isla de Mindanao donde la población islámica es el grupo
mayoritario.
En la India la minoría musulmana fue
hegemónica antes de la independencia, pero al llegar ésta
muchos de ellos se vieron obligados a emigrar a Pakistán víctimas
de la violencia interreligiosa. Sin embargo permanecen en el país
alrededor de 100 millones de musulmanes que padecen con frecuencia la violencia
del fundamentalismo hindú.
En Bangla Desh el Islam
ha sido declarado religión de Estado para combatir la creciente influencia
fundamentalista.
En Pakistán el conflicto latente
con la India acentúa su identidad religiosa. Durante la década
de los 80 el dictador Zia trató de imponer una islamización
a ultranza, implantando algunas leyes pertenecientes a la Sharía.
Actualmente el ejército pakistaní viene prestando un amplio
apoyo al extremismo fundamentalista de los talibanes afganos.
9.2. ÁFRICA NEGRA
En África Negra el Islam crece espectacularmente,
especialmente en aquellas zonas que -como el Sur del Sáhara o el
África Oriental- tenían contactos comerciales antiguos con
el área musulmana. En esta zona la conversión al Islam conlleva
una promoción social. Arabia Saudí financia las mezquitas
que actúan como centros culturales y educativos. Aquí el Islam
se adapta a las tradiciones y costumbres locales al tiempo que elimina las
fronteras tribales y étnicas, integrando a todos los fieles en una
sola comunidad14. En este sentido no hay que olvidar que el Islam ha sido
radicalmente antirracista desde sus orígenes15.
A
diferencia de los misioneros cristianos, la acción de los enviados
musulmanes es exclusivamente religiosa evitando participar en proyectos
de desarrollo económico. Nigeria, el mayor país de África
con sus 115 millones de habitantes, es de población mayoritariamente
musulmana.
9.3. PRÓXIMO ORIENTE Y NORTE DE ÁFRICA
Aunque son sólo una pequeña parte de
la población musulmana, los países árabes del Próximo
Oriente constituyen el corazón del mundo islámico. Incluso
los iraníes quedan al margen de este núcleo privilegiado por
su carácter chíita e indoeuropeo. Egipto, Siria e Irak son
países en los que desde hace muchos siglos ha florecido una rica
intelectualidad musulmana.
En Egipto se encuentra la universidad
de Al-Azhar de El Cairo, la más antigua e influyente institución
de estudios islámicos del mundo. Allí se ha desarrollado el
pensamiento islamista y ha nacido el movimiento de los Hermanos Musulmanes.
El régimen de Hosni Mubarak combina una dura represión de
los movimientos más radicales con el diálogo con los islamistas
moderados. El creciente radicalismo ha generado los primeros conflictos
serios con la minoría cristiana copta, hecho insólito en un
país caracterizado por una milenaria tolerancia.
Siria
e Irak son sedes de viejas civilizaciones. Están económicamente
más desarrollados que los países de su entorno, y en ellos
se advierte el protagonismo de unas clases medias de larga tradición.
Prácticamente desde su independencia han sido gobernados por ramas
rivales del partido Baas, laico, socialista y panarabista. En Siria la férrea
dictadura de Hafed el-Assad -tras dos guerras con Israel y una dura represión
de los islamistas- presenta cierta estabilidad y un apreciable crecimiento
económico. Irak padece una terrible recesión como consecuencia
del bloqueo decretado por la ONU tras la guerra del Golfo, mientras se mantienen
latentes las rebeliones de los árabes chiítas y los kurdos,
oprimidos por la minoría de árabes sunnitas.
En
esta zona se asiste al drama de los kurdos, un pueblo de orígen indoeuropeo
con más de 25 millones de habitantes que con el reparto colonial
quedó dividido entre Turquía, Irak e Irán, y que en
los tres países padece una feroz represión. Sólo las
mutuas rivalidades entre estos países les proporciona algún
apoyo esporádico.
En Turquía el ascenso de
los partidos islamistas moderados no ha modificado el carácter radicalmente
laico del régimen, garantizado por un ejército que se siente
guardián de la herencia de Kemal Ataturk. Alejada culturalmente de
sus vecinos árabes, Turquía tiene una clara vocación
europea y ha solicitado su adhesión a la Unión Europea. Pero
la constante violación de los derechos humanos de la minoría
kurda hace inviable por ahora esta incorporación. Por otro lado la
independencia de los países turcos del Asia Central han renovado
su identidad musulmana y su vocación de proyectar su liderazgo sobre
esa área asiática.
Desde la revolución
iraní la monarquía wahhabita de Arabia Saudí aplica
aún con mayor dureza la Sharía, que contiene preceptos como
la pena de azotes o la amputación de la mano para los ladrones. Las
autoridades religiosas de La Meca, a través del Consejo de Ulemas
de Arabia Saudí mantiene una incuestionable autoridad religiosa en
todo el mundo musulmán. Los abundantes ingresos del petróleo
permiten a Arabia Saudí financiar la peregrinación de millones
de musulmanes a La Meca y la construcción y mantenimiento de mezquitas
en numerosos países, especialmente los del África Negra. Además
con su dinero mantienen a los refugiados palestinos y fomentan discretamente
la expansión de los movimientos integristas por todo el mundo islámico.
En Sudán el gobierno integrista islámico ha implantado
la Sharía y mantiene con los cristianos del Sur una larga y agotadora
guerra que en algún momento ha presentado cierto aspecto de genocidio.
En Marruecos el rey Hassan II es al tiempo jefe político
y religioso. El suyo es un régimen autoritario que tolera el funcionamiento
limitado de algunas instituciones democráticas. Descendiente directo
de Mahoma, Hassan es reconocido como Comandante de los creyentes por los
fieles marroquíes. Su carácter de jefe religioso ha reforzado
siempre su poder político y le ha conferido autoridad para frenar
el desarrollo del islamismo en Marruecos. Cuando lo ha creído necesario
ha reprimido con dureza a los integristas islámicos y actualmente
mantiene sobre ellos una estrecha vigilancia ante el temor de que los sucesos
de Argelia terminen por contagiar a su país. El sentimiento de identidad
islámica está muy arraigado en Marruecos, como se evidenció
en la actitud popular favorable a Sadam Hussein durante la Guerra del Golfo.
Sin embargo es difícil prever cuál será su evolución,
ya que es también un país estrechamente vinculado a Europa
a través de la emigración y se encuentra en plena transformación
social como consecuencia de su acelerado crecimiento económico e
industrialización.
10. EL ISLAM EN EL ORDEN INTERNACIONAL
El colonialismo de los últimos siglos y el problema
de Palestina en las últimas décadas han situado a la civilización
musulmana en un estado de postración.
Sin embargo
-como se ha visto- se asiste recientemente a un cierto despertar de la identidad
islámica. Su vertiginoso crecimiento demográfico constituye
un grave obstáculo para el desarrollo de los países musulmanes,
pero les confiere unas perspectivas de creciente protagonismo en la esfera
internacional. La radicalidad de su antirracismo permite extender el Islam
entre las numerosas minorías discriminadas por su raza.
El
auge de los movimientos islamistas está generando una seria conflictividad
interna y una grave inestabilidad en estos países, pero al tiempo
está reforzando sus signos de identidad colectiva y devolviéndoles
la confianza en el valor de su cultura.
Occidente percibe al Islam como un rival de consideración
y tiene la tentación de satanizarlo.
Tras la revolución
del Este de 1989 el mundo capitalista se había quedado sin “enemigo”.
Pero su estructura ideológica y militar necesita del miedo a un enemigo
exterior para imponer cierta disciplina social y justificar muchas decisiones
políticas y económicas. La inmensa y emergente China podía
haber desempeñado este papel. Pero su clara orientación hacia
la cultura occidental y el capitalismo hace que -pese a sus innumerables
violaciones de los derechos humanos- se le vea más como un magnífico
mercado potencial que como un peligroso rival.
La resistencia
de la población musulmana a asimilar la influencia occidental hace
que el Islam resulte el candidato ideal para este papel de “enemigo”. La
proliferación de regímenes dictatoriales en los países
musulmanes y su escaso respeto a los derechos humanos favorece su demonización.
Sin embargo, más de dos tercios de las reservas mundiales
de petróleo se encuentran en países musulmanes. Se prevé
que durante mucho tiempo el petróleo seguirá siendo la principal
fuente de energía. Occidente se ha visto obligado a pactar -a veces
sin ninguna ética- con las oligarquías dirigentes de estos
regímenes autoritarios para seguir garantizando el suministro de
petróleo. Por otro lado Estados Unidos apoya masivamente a Israel,
a pesar de sus sistemáticas violaciones del Derecho Internacional
y de los derechos humanos en los territorios ocupados de Palestina.
Cabe entender, aunque no se justifique, que buena parte de la
población musulmana -sobre todo los más desfavorecidos- haya
desarrollado un sentimiento de odio a Occidente. La Umma está siendo
agredida en todos los terrenos -la reciente tragedia de Bosnia parece confirmarlo-
y el deber de los creyentes es defenderla. Muchos musulmanes se creen obligados
a lanzarse a la Yihad, interpretada ahora como una lucha armada contra la
agresión occidental. Cuando un dictador impresentable como Sadam
Hussein se atreve enfrentarse a Occidente y a las impopulares oligarquías
del petróleo, este sector de la población tiende a olvidar
sus crueldades y lo ve más bien como un héroe que defiende
el orgullo islámico.
El distanciamiento entre la
población de los países occidentales y la de los países
musulmanes es cada vez más profundo. A medio plazo quizá no
sea un problema grave para Estados Unidos o para Japón, pero sí
para Europa. Son nuestros vecinos, con una población que crece espectacularmente.
Están en clara expansión en África Negra y en los propios
países europeos a través de una creciente y necesaria inmigración.
Poseen las reservas energéticas que precisará nuestra economía
en el próximo siglo.
Nuestra prosperidad económica
y nuestra estabilidad social dependen en gran parte de que seamos
capaces de establecer una buena relación con nuestros amigos musulmanes.
Urge abrir una vía de diálogo que nos encamine por la senda
de la convivencia y de la comprensión. Sin duda las comunidades de
musulmanes que se han establecido en territorio europeo realizarán
una aportación decisiva a este diálogo.
1. La escuela hanafí (fundada por Abu Hanifa en 767)
es la más liberal; la maliquí (Malik, 767) es hoy muy minoritaria;
la shafeí (Chafii, 820), extendida sobre todo en Egipto y Arabia;
y la hanbalí (Ibn Hanbal, 855) la más rígida se origino
en Bagadad y domina actualmente en Arabia Saudí.
2. El grupo
Irgun -al que pertenecían el futuro primer ministro y premio Nobel
de la Paz Menahem Begin y el también primer ministro Isaac Shamir-
asesinó al representante de las Naciones Unidas conde Bernardotte
y voló el hotel Rey David provocando una masacre. También
atacó Deir Yassin, un poblado árabe que se había convertido
en símbolo de concordia por haber establecido buenas relaciones con
las autoridades sionistas. Mataron a todos sus habitantes -más de
doscientos cincuenta- hombres, mujeres y niños. De este modo lograron
que muchos árabes atemorizados abandonaran la zona que había
correspondido al Estado judío. Inicialmente esta zona tenía
498.000 habitantes judíos y 497.000 habitantes árabes. Se
trató pues de una “limpieza étnica” similar a la que recientemente
ha padecido la antigua Yugoslavia.
3. Especialmente dramático
es el robo del agua, recurso vital en esta zona. En 1990 de los 807 millones
de m3 de agua que se originaron en la Cisjordania ocupada, 510 millones
fueron desviados a Israel, 160 millones fueron para los colonos judíos
(unos 100.000) y sólo 137 millones de m3 fueron para los 1'2 millones
de palestinos. Mientras tanto entre el 34 % y el 55 % -según
las zonas- de los niños palestinos padecen desnutrición.
4. Pasquier, Roger du: El despertar del Islam. Desclée de Bouver.
Bilbao, 1992. Pág. 53
5. Jauregui Adell, Juan: Y en el centro,
el Islam. Ediciones 29. Barcelona, 1996. Pág. 167
6. Pasquier,
Roger du: El despertar del Islam. Desclée de Bouver. Bilbao, 1992.
Pág. 75
7. Pasquier, Roger du: El despertar del Islam. Desclée
de Bouver. Bilbao, 1992. Pág. 31
8. Santoni, Erik: El Islam.
Acento Editorial. Madrid 1994. Pág. 63
9. Ayubi, Nazih: El Islam
político. Teorías, tradición y rupturas. Biblioteca
del Islam Contemporáneo. Edicions Bellaterra. Barcelona 1996. Pág.
83
10. El PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo)
publica anualmente un informe adjudicando un IDH (Indice de Desarrollo Humano)
a cada país. Los que presentan un índice entre 0,5 y 0,8 se
considera que tienen un grado intermedio de desarrollo. En el informe de
1994 se encuentran ahí todos los países musulmanes del Próximo
Oriente y Norte de Africa, salvo Aganistán, que es uno de los países
más atrasados del mundo.
11. Martin Muñoz, Gema: Mujeres
musulmanas: Del Corán a los Códigos de Familia. “África-América
Latina. Cuadernos” n. 9. Madrid 1992. Pág. 40.
12. Jauregui Adell,
Juan: Y en el centro, el Islam. Ediciones 29. Barcelona, 1996. Pág.
49.
13. Balta, Paul: El Islam. Ed. Salvat. Barcelona 1996. Pág.
145.
14. Santoni, Erik: El Islam. Acento Editorial. Madrid 1994. Pág.
52
15. Este antirracismo es uno de los rasgos más notables de
la religión musulmana desde época de Mahoma, como muestra
el hecho de que Bilal, el primer imán que llamó a la oración
desde una mezquita, fuera un esclavo negro liberado.
© Cristianisme i Justícia, Roger de Llúria
13, 08010 Barcelona
Telf: 93 317 23 38;Fax: 93 317 10 94;
correu-e:
espinal@redestb.es ; http://www.fespinal.com