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GLOBALIZACIÓN... ¿QUÉ SIGNIFICA? LA DICTADURA DEL MERCADO archivo del portal de recursos
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"Hoy por primera vez en la historia, el capitalismo ha ganado sin atenuantes. Quizás la mayor cuestión del siglo", nos dice Michael Albert en su libro Capitalismo contra Capitalismo (Editorial Paidos - 1991).
También Francis Fukuyama señala que "al llegar al final de la historia no quedan ya competidores ideológicos serios para la democracia liberal", en su libro El Fin de la Historia y el Último Hombre (Editorial Planeta - 1992); y luego reitera, "hoy en día , casi todos los países desarrollados han adoptado o están tratando de adoptar, formas institucionales de tipo democrático-liberal. Muchos de estos países se han ido desplazando, en forma simultánea, hacia una economía de mercado y una integración a la división del trabajo capitalista y global", en su libro Confianza (Trust) (Editorial Atlántida - l996).
Otros que vienen en nuestra ayuda para introducir el tema son Jean-Paul Fitoussi y Pierre Rosanvallon, que en su libro La Nueva Era de las Desigualdades (Editorial Manatial - 1997), dicen: "Vivimos ciertamente una mutación económica decisiva (la de la globalización) y vemos con claridad el agotamiento de cierto tipo de regulación económica. Pero al mismo tiempo sentimos que el problema es más amplio. Todos comprueban que, con el desarrollo de la globalización, surgen relaciones inéditas entre economía, política y sociedad. Vivimos a la vez el agotamiento de un modelo y el final de un antiguo marco de inteligibilidad del mundo. Nos encontramos por eso ante un gran punto de inflexión de la modernidad".
Sobre el momento histórico Bruce Ackerman, en su libro El Futuro de la Revolución Liberal (Editorial Ariel - 1995), afirma: "De Varsovia a Moscú, de La Habana a Pekín, un espectro recorre el mundo como si acabara de surgir del sepulcro: el retorno del liberalismo democrático revolucionario. Esta reaparición en el escenario mundial ha sorprendido a los propios liberales. El pensamiento liberal moderno ha dado un giro antirrevolucionario. Sus partidarios no están preparados para asimilar el desafío del actual momento histórico (1992)".
En cuanto a la profundidad del cambio Jean-Marie Guehenno, en su libro El Fin de la Democracia (Editorial Paidos - 1995), nos dice que: "El año 1989 no clausura una época iniciada en 1945 o en 1917. Clausura lo que se ha institucionalizado gracias a 1789. Pone fin a la era de los estados-nacionales".
Cuando la Unión Soviética abandona el escenario de la historia, el capitalismo triunfante y rampante, se libera de las ataduras y miedos -estratégicos- y deja que la "creación de riqueza " tenga la prioridad.
"Con todos sus competidores ahuyentados del campo de juego económico, ¿habrá perdido el capitalismo su capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias?", dice Lester Thurow en El Futuro del Capitalismo (Editorial Vergara - 1996).
"Liberados de la amenaza de la dictadura del proletariado, desde entonces se trabaja más duramente en la instalación de la dictadura del mercado mundial", dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann en su libro La Trampa de la Globalización (Editorial Taurus - 1998).
Cumplido el "destape" de la ideología de la globalización,
veamos -ahora- lo que dicen algunos estudiosos, sobre su alcance:
"No existirán productos ni tecnologías nacionales,
ni siquiera industrias nacionales. Ya no habrá economías nacionales,
al menos como concebimos hoy la idea, lo único que persistirá
dentro de las fronteras nacionales será la población que compone
un país. Los bienes fundamentales de una nación serán
la capacidad y destreza de sus ciudadanos. El dinero, la tecnología,
la información y los bienes traspasan las fronteras con
una rapidez y facilidad sin precedentes. El coste para el transporte
de productos y comunicación de ideas es cada vez más
bajo"........"La nueva barrera de acceso a los mercados no es
el volumen o el precio, sino la habilidad para encontrar la exacta
correspondencia entre tecnología y los mercados específicos.
Del alto volumen al alto valor."......"A medida que las compañías
se integran en redes cada vez más descentralizadas, la capacidad
de los gobiernos para ejercer control sobre las operaciones
mundiales de las que están radicadas dentro de sus naciones disminuye
considerablemente", nos dice Robert B. Reich en su libro El Trabajo
de las Naciones (Editorial Vergara - 1993).
"Los principales creadores y controladores de tecnología son compañías multinacionales cada vez más grandes y con mayor influencia global que responsabilidad global"......."Al competir con firmas rivales por sectores del mercado mundial, han desarrollado una estrategia mediante la cual dirigen la inversión y la producción de una parte a otra del planeta con la ayuda de una revolución financiera y de las comunicaciones, que ha creado un mercado global para bienes y servicios. Importantes en el mundo actual, dichas compañías lo serán mucho más en el futuro gracias al derrumbe de las barreras comerciales que había impuesto la guerra fría y la cada vez mayor integración de la economía global"......."Aunque la liberación financiera contribuyó a expandir el comercio mundial, también produjo otro efecto: la creciente separación de los flujos financieros del comercio de manufacturas y servicios. Cada vez más, las transacciones en moneda extranjera no tuvieron lugar porque una compañía estuviera pagando bienes extranjeros o invirtiendo en montaje en el exterior, sino porque los inversores estaban especulando con una moneda concreta u otros instrumentos financieros"......."La realidad hoy es que cualquier gobierno que perjudique la demanda de las finanzas internacionales de unos beneficios sin restricciones (aumentando impuestos personales, por ejemplo, o elevando los derechos sobre las transacciones financieras) encontrará que el capital se desvanece y la moneda se debilita"........"Al fin y al cabo, la teoría del mundo sin fronteras alienta a los directivos a sopesar de manera constante la ventaja relativa a la producción en una parte del planeta en relación con las otras", dice al respecto Paul Kennedy en su libro Hacia el Siglo XXI (Editorial Plaza y Janes - 1993).
"Por debajo de la nueva configuración de superficie económica de la tierra que ahora se está operando y de los más espectaculares terremotos y volcanes económicos que son tan visibles están los movimientos de las cinco "placas económicas". Cinco placas cuyas fuerzas son tan irreductibles como las de la geología:
? fin del comunismo
? un cambio tecnológico a una
era dominada por las industrias basadas en la capacidad
intelectual del hombre
? una demografía nunca antes vista
? una economía global
? una era donde no existe un poder económico,
político o militar dominante
Las economías nacionales
desaparecen. Esto causa una desconexión notable entre las empresas
comerciales con una visión mundial y los gobiernos nacionales
que tienen que concentrarse en el bienestar de "sus"
votantes" dice Lester C. Thurow en su libro El Futuro del Capitalismo
(Editorial Vergara - 1996).
"La nueva economía es una economía global. Lo nuevo es que la economía nacional ahora trabaja como unidad a nivel mundial. En este sentido no sólo estamos asistiendo a un proceso de internacionalización de la economía, sino.....interpenetración de la actividad económica y de las economías nacionales a nivel global" dice Robert Heilbroner en su libro Visiones del Futuro (Editorial Paidos - 1996).
"Desregulación, liberación y privatización: estas tres "ciones" se convirtieron en los instrumentos estratégicos de la política económica europea y americana, que el programa neoliberal (Reagan/Friedman y Thatcher/Hayek) elevó a ideología decretada por el estado (años 1979-1980)" nos dicen Hans-Peter Martin y Harald Schumann (ob. cit.).
"Una nueva civilización está emergiendo en nuestras vidas. Esta nueva civilización trae consigo nuevos tipos de familia; formas distintas de trabajar, amar, vivir; una nueva economía; nuevos conflictos políticos, y, más alla de todo esto, una conciencia así mismo diferente" nos dicen Alvin y Heidi Toffler en su libro La Creación de una Nueva Civilización (Editoral Plaza y Janes - 1995).
"Las formas particulares que ha tomado el desarrollo de la internacionalización de las mercaderías, de los capitales y de los conocimientos, que se designan hoy con el nombre de "globalización". El papel crucial, para la competitividad de las empresas, de la innovación en todas sus formas, materiales e inmateriales. La modificación de las formas de competencia, donde elementos como la calidad de los productos y la capacidad para diferenciarlos ocupan un lugar cada vez más esencial. Estas tres tendencias concentran lo que probablemente tiene de fundamental la nueva situación industrial en la cual deben operar a partir de ahora las empresas" nos dicen Benjamin Coriat y Dominique Taddei en su libro Made in France (Alianza Editorial - 1995).
"En los últimos 20 años se ha iniciado una nueva "era de la competencia", especialmente debido a la globalización de los procesos económicos. La competencia ya no explica el funcionamiento de una forma especial de mercado (un mercado competitivo) distinto del mercado oligopolístico y del monopolístico. Ser competitivo ("la competitividad") ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin. La competitividad ha adquirido la categoría de credo universal, el rango de ideología, se proclama a los cuatro vientos que se está incubando una nueva economía global, cuyos principales protagonistas son empresas multinacionales con sede en América del Norte, Europa Occidental y Japón. Ya sea mediante la localización o el traslado de instalaciones productivas y de una competencia feroz, ya sea a través de sólidas alianzas para competir con mayores posibilidades de éxito a escala mundial, las redes mundiales de las empresas multinacionales están reestructurando la configuración sectorial y territorial en todos los ámbitos de la economía, de la industria automovilística a las telecomunicaciones, de la industria electrónica a la farmacéutica, de la textil a la del transporte aéreo civil. La nueva economía global es como un campo de batalla entre gigantes en donde no cabe la tregua ni la compasión para el vencido" nos dice El Grupo Lisboa en su libro Los Límites de la Competitividad (Editorial Sudamericana - 1996).
"La estructura y la dinámica de la economía mundial cambiaron profundamente. Ya no hay un "centro económico" de la economía mundial, la fuerza laboral está cambiando rápidamente. Apenas ayer, los trabajadores industriales de las plantas de producción masiva eran el centro de la mano de obra. Hoy, su número se reduce aceleradamente, y aún más lo hace su importancia. Y en el centro de gravedad de la fuerza laboral de todos los países desarrollados se sitúan de manera creciente trabajadores con conocimientos, personas que no trabajan en modo alguno con sus manos (los trabajadores del conocimiento). Lo que subyace en todo esto es el paso al conocimiento como recurso clave de producción" nos dicen Peter Drucker e Isao Nakauchi en su libro Tiempo de Desafíos/Tiempo de Reinvidicaciones (Editorial Sudamericana - 1997).
"Un aspecto llamativo de la economía sin fronteras, aunque se pase por alto con mucha frecuencia, es que las personas casi siempre tienen mejor acceso a productos baratos y de gran calidad cuando no son "del país""......."El hecho fundamental de la vinculación a los flujos mundiales de información es uno de los hechos centrales y definitivos, o tal vez, el hecho central y distintivo de nuestro momento histórico" nos dice Kenichi-Ohmae en su libro El Fin del Estado-Nación (Editorial Andres Bello - 1997).
Los cambios motivados por la tecnología en robótica,
informática y biotecnología; la internacionalización
de las finanzas; la expansión de las comunicaciones; y la emergencia
multinacional de las corporaciones son las fuerzas o vectores principales
que impulsaron la globalización económica.
Estas fuerzas
orientaron el pasaje de la sociedad industrial a la sociedad de la información;
el poderoso avance de las telecomunicaciones; la desmasificación
de la producción en serie; la disminución de la escala de
operaciones; el desmantelamiento de las organizaciones burocráticas;
la creciente especialización del trabajo; la intangibilidad del valor
de las empresas; el conocimiento como recurso crucial de la economía;
la integración de sistemas; la aceleración del ritmo de las
operaciones y transacciones; la mundialización de las finanzas y
del capital; la globalización de los mercados y estrategias empresarias;
la homogeneización de las formas de vida y de los modelos de consumo;
el cambio en los costes o disponibilidad de los insumos; y la implantación
de la competitividad como principal regla de juego.
¿Cuándo comenzó el proceso de liberación
de las corrientes de intercambio?
El Grupo Lisboa, señala los
últimos cincuenta años, como período dominante; Ravi
Batra, indica el año 1973, como el punto clave de inflexión
para los Estados Unidos.
¿Por qué algo que tiene entre un cuarto y medio
siglo de evolución recién en los últimos 15 años
se exacerbó y en los últimos 10 años se volvió
tan extremo?
La victoria del capitalismo se logra en tres frentes,
opina Michael Albert, y en un intervalo histórico reducido. Los gobiernos
de Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en Estados Unidos;
la confrontación "galáctica" con el comunismo; y
la guerra contra Irak sirven para "liquidar" tres importantes
"limitantes" al libre mercado y alcance global del capitalismo.
La lucha contra el intervencionismo estatal, la muerte del comunismo soviético
por descomposición interna y la lección terminal dada a los
dictadores -mesiánicos- de los pueblos subdesarrollados, dejo las
"manos libres" al capitalismo y a la globalización competitiva.
El mundo como mercado, un stock de tecnología disponible y un
capital ansioso de maximizar las ganancias, fueron el objetivo y los recursos
necesarios y suficientes para iniciar el asalto global.
Al internacionalizarse
los mercados, empieza una batalla de "todos contra todos"
Al desaparecer las fronteras (barreras) comerciales, la competitividad alcanza
a todos los factores. Y comienzan a registrarse algunos efectos (deseados?
o no deseados?) en la ocupación, en los salarios, en el medio ambiente,
en los sectores industriales, en el estado del bienestar, que van derivando
en definitivos problemas económicos, ecológicos y éticos,
de gran magnitud, con alta peligrosidad, y, no solamente -aún- irresueltos,
sino en franca progresión
Era de esperar, que un "comercio sin normas", llevara
a una "competencia despiadada y sin final", que conduce a una
pérdida constante de puestos de trabajo, a una concentración
creciente de empresas multinacionales, a una pérdida de poder de
los gobiernos nacionales y a un aumento de la desigualdad.
En muchos
casos, la competencia no sólo significa la pérdida de puestos
de trabajo sino también la pérdida de fuentes de trabajo.
En su caso la tecnificación sustituye a la mano de obra y en el otro
elimina -directamente- por cierre, la posibilidad de todo tipo de ocupación.
En las próximas páginas vamos a reproducir, por
su importancia e interés, la opinión de algunos destacados
estudiosos en la materia que nos ocupa, luego se darán datos cuantitativos
que los mismos autores aportan en sus trabajos.
"Existe una bipolarización entre dos grandes
tipos de capitalismo de importancia comparable y entre los cuales el futuro
no está decidido. El modelo anglosajón y el modelo germano-nipón.
Cuanto más creador es el capitalismo de riqueza a corto plazo,
mayor es el riesgo de convertirse en destructor de valores sociales a largo
plazo, si no está lo bastante acotado por los poderes públicos,
y si no tiene la competencia de otros valores sociales que no sean monetarios.
La frontera que separa a un país en situación de
progreso de un país en decadencia está representada, en gran
medida, por la preferencia por la construcción del futuro por un
lado, el goce del presente por el otro" nos dice Michael Albert (ob.
cit.).
"El verdadero desafío económico que afrontan
los Estados Unidos para los próximos años-lo mismo que todas
las demás naciones- es incrementar el valor potencial que sus ciudadanos
pueden agregar a la economía global, al promover sus habilidades
y capacidades, y perfeccionar los recursos para compatibilizar esas habilidades
y capacidades con los requerimientos del mercado mundial.
Las compañías
líderes de Estados Unidos ya no planean ni establecen la producción
de grandes volúmenes de bienes y servicios; ya no participan ni invierten
en una amplia serie de fábricas, máquinas, laboratorios, depósitos
y otros activos tangibles; ya no emplean grandes dotaciones de operarios,
ni gerentes de mediano nivel; ya no sirven de acceso a la clase media americana.
Son cada vez más una fachada, detrás de la cual se mueve una
multitud de unidades y subunidades descentralizadas que se alían
permanentemente con otros grupos similarmente descentralizados en todo el
mundo.
Lo que se intercambia entre las naciones es con menos frecuencia
el producto terminado que la especialización para resolver los problemas
(investigación, diseño del producto, fabricación) para
identificarlos (marketing, publicidad, encuestas al consumidor) y para coordinar
los servicios y componentes de rutina, todo lo cual se combina para crear
valor.
El nivel de vida de la población de un país depende
cada vez más de lo que pueda aportar a la economía mundial
en términos del valor de sus conocimientos y habilidades. Y depende
cada vez menos de lo que posean en términos de la productividad de
las compañías en las cuales tienen los mayores intereses.
Ya no tiene sentido algo semejante a una compañía o una
industria norteamericana. La economía norteamericana no es más
que una región mundial, si bien todavía es una región
relativamente próspera", nos dice Robert B. Reich (ob. cit.)..
"Hoy nos enfrentamos, con mayor fuerza que nunca, a estos
problemas interrelacionados: superpoblación, presión sobre
la tierra, emigración e inestabilidad social, por un lado, y poder
de la tecnología para incrementar la productividad y sustituír
las ocupaciones tradicionales, por el otro.
Aunque son pocos los dirigentes
políticos -en caso de que haya alguno- que parecen dispuestos a enfrentarse
a este hecho, la mayor prueba a la que se verá sometida la sociedad
humana en el siglo XXI consistirá en el modo de utilizar "el
poder de la tecnología" para satisfacer las demandas planteadas
por "el poder de la población"; esto es, como encontrar
soluciones globales eficaces con el fin de librar a las tres cuartas partes
más pobres de la humanidad de la creciente trampa malthusiana de
la malnutrición, la hambruna, el agotamiento de los recursos, la
agitación social, la emigración forzosa y los conflictos armados;
consecuencias que, aunque menos directamente, también pondrán
en peligro a los países ricos.
El crecimiento proyectado en
la población mundial no puede sostenerse con nuestros actuales niveles
y pautas de consumo.
Existe la preocupación de que la estructura
de edad y las prioridades del gasto de un país con elevado "índice
de dependencia de los mayores" constituyan un impedimento para los
incrementos de la producción global, en especial en comparación
con sociedades con una mayor proporción de personas que trabajan
y con mayores recursos invertidos en la manufactura y la industria.
La economía mundial está volviéndose más integrada
y más rica en conjunto, si bien la creación y el disfrute
de esta riqueza es muy desigual.
Semejante visión de un orden
mundial próspero y armónico, basado en el laissez-faire, un
mercado en funcionamiento las 24 Hs. del día y la omnipresente
televisión parece asombrosamente ingenua a la luz de los problemas
demográficos, medioambientales y regionales del planeta.
Aún
cuando el dinero sea la cosa más puramente racional que existe, ello
no implica que sea inmune a la inestabilidad, los pánicos y la huida
financiera.
Por su naturaleza misma, al mercado racional no le
interesa la justicia social.
No obstante, las consecuencias a largo
plazo son perturbadoras y amenazan con exacerbar el dilema global. Si la
revolución biotecnológica puede convertir en obsoletas ciertas
formas de agricultura, la revolución robótica podría
eliminar muchas clases de puestos de trabajo en la producción industrial
y el montaje en cadena. En ambos casos, las compañías multinacionales
son las beneficiarias del valor reducido de la tierra y el trabajo.
La revolución financiera internacional plantea sus propios retos
a la supuesta soberanía del estado-nación. El mundo sin fronteras
implica una cierta cesión del control de un país sobre su
propia moneda y política fiscal. Esta cesión puede reportar
prosperidad, pero si el sistema internacional es inestable, no hay autoridad
que controle los potenciales flujos masivos de moneda.
¿Como
espera alguien salir indemne?. Aún cuando la economía global
esté creando tres bloques comerciales inmensamente poderosos y privilegiados,
Europa, Estados Unidos y Japón, ¿pueden estos bloques
-al margen de lo bien que se "preparen" internacionalmente para
el futuro- aislarse de las turbulencias causadas por el cambio mundial?,
¿pueden existir como islas de prosperidad en un mar de descontentos?",
nos dice Paul Kennedy (ob. cit.).
"En la actualidad (1994), por primera vez, el trabajo humano
está siendo paulatina y sistemáticamente eliminado del proceso
de producción. Las máquinas inteligentes están sustituyendo,
poco a poco, a los seres humanos en todo tipo de tareas, forzando a millones
de trabajadores de producción y administración a formar parte
del mundo de los desempleados, o peor aún, a vivir en la miseria.
¿Qué es lo que ocurriría si, realmente, no existieran
más empleos?
La idea de una sociedad no basada en el trabajo
resulta tan extraña respecto a cualquier idea que podamos tener sobre
la forma de organizar a muchas personas en un todo armónico, que
nos vemos enfrentados con la perspectiva de tener que replantearnos las
bases mismas del contrato social comúnmente aceptadas.
La tercera
revolución industrial fuerza una crisis económica de ámbito
mundial de proporciones monumentales; debido a que millones de personas
pierden sus puestos de trabajo a causa de las innovaciones tecnológicas,
mientras que el poder adquisitivo se desploma. Al igual que ocurrió
en la década de los años 20, nos hallamos peligrosamente cerca
de una gran depresión, mientras que ninguno de los actuales líderes
mundiales quiere reconocer que existe la posibilidad de que la economía
global se está acercando, de forma inexorable, hacia un mercado laboral
decreciente, con unas consecuencias para la civilización extremadamente
peligrosas y preocupantes.
Cada vez más los trabajadores americanos
son forzados a aceptar trabajos marginales para poder sobrevivir.
Mientras
que la primera ola de automatización tuvo impacto sobre los trabajadores
de "cuello azul", la nueva revolución protagonizada por
los procesos de reingeniería empieza a afectar a los escalones medios
de la comunidad empresarial, amenazando la estabilidad económica
y la seguridad del grupo políticamente más importante de la
sociedad americana: la clase media. Por primera vez desde la gran depresión,
son desplazados hacia los escalones inferiores de la escala social, víctima
de las nuevas formas de racionalización de la producción,
de las tendencias a una mayor automatización y de la competencia
global del mercado.
Los apartados de la gran aldea global tecnológica,
tan sólo son capaces de hallar formas de sobrevivir tomando por la
fuerza aquello que se les niega por las fuerzas del mercado. No sorprende
que la industria de la seguridad sea una de las de mayor crecimiento de
la economía americana", nos dice Jeremy Rifkin en su libro El
Fin del Trabajo (Editorial Paidos - 1996).
"El mercado y sólo el mercado manda.
........Al
parecer algo está haciendo temblar los cimientos del capitalismo...
Las verdades eternas del capitalismo -el crecimiento, el pleno empleo,
la estabilidad financiera, el aumento de los salarios reales, el dejar operar
a los mercados- parece haberse esfumado, así como los enemigos del
capitalismo.
Con todos sus competidores ahuyentados del campo de juego
económico, ¿habrá perdido el capitalismo su capacidad
para adaptarse a las nuevas circunstancias?.
Ha dejado de ser alternativa
viable.......no se ha derrumbado como el comunismo, pero en esencia se ha
debilitado. El capitalismo nunca prevé con ocho o diez años
de anticipación y por lo general sólo planea a tres o cuatro
años. El problema es simple. El capitalismo necesita desesperadamente
lo que su propia lógica interna dice que no tiene que hacer.
La ideología de la inclusión se está agotando, para
ser reemplazada por un revival capitalista de "la supervivencia del
más apto".
Los perdedores, aquellos que han quedado excluidos,
y no pueden lograr que el sistema funcione, se refugian en el fundamento
religioso, donde un mundo de certidumbre reemplaza a otro de incertidumbre.
Cuando la tecnología y la ideología no se combinan armoniosamente,
el magma económico fluctúa.
En el futuro la motivación
para la cooperación y el esfuerzo no van a ser los salarios por encima
del valor del mercado sino el "miedo", el miedo a ser despedido
en una economía de salarios reales declinantes.
Las economías
más avanzadas están produciendo lo que Marx reconocería
como un "lumpen proletariat": aquellos cuya productividad potencial
es tan baja que no son requeridos por la economía privada en ninguna
escala salarial que pueda permitirles mantenerse en nada parecido al nivel
de vida normal.
Desde el punto de vista político el lumpen proletario
no cuenta. Ellos no causan revoluciones, son inocuos. En los Estados Unidos
el pobre ni siquiera vota.
Lo que importa son las expectativas de la
clase media. La clase media está alarmada y tiene motivos para ello.
Expectativas desactualizadas. Menos hogares propios. Desigualdad creciente.
Caída del salario real. Nivel de vida decreciente (a lo largo de
sus vidas y las de sus hijos).
El rico se costeará los guardias
de seguridad privados gracias a sus más altos ingresos mientras la
clase media tendrá que vérselas con la inseguridad callejera,
los malos colegios, la no recolección de residuos y el deterioro
del transporte público.
Como indican los datos sobre la caída
salarial, los trabajadores no capacitados del primer mundo están
en vías de quedar marginados.
La era de la regulación
económica ha quedado atrás y la era de la regulación
económica mundial no ha llegado. Al menos durante un tiempo el capitalismo
se va a manejar con mucho menos regulación gubernamental.
En
un mundo multipolar sin un punto focal económico dominante, ¿quién
maneja el sistema?, ¿quién es el prestamista de último
recurso para detener el pánico financiero y los flujos de capital
si se derrumba el sistema?, ¿quién provee los mercados abiertos,
fácilmente accesibles a aquellos que desean desarrollarse?.
En un período de equilibrio interrumpido no hay líderes, ya
que nadie comprende las amenazas o las oportunidades del mercado. Todo está
en fluctuación sin posiciones constantes desde las cuales obtener
influencia política. Sin embargo, si no hay alguien que administre
el sistema comercial mundial y ejerza presión sobre aquellos que
abusan del mismo, es evidente que el sistema gradualmente se atrofiará
y, a la larga, se derrumbará.
En la economía global moderna
hay una ley inflexible de los salarios: las únicas diferencias salariales
que pueden subsistir en el largo plazo son las justificadas por las habilidades
que generan más alta productividad.
La erupción más
explosiva del volcán ha sido provocada por la demografía y
estriba en el paulatino envejecimiento de la población mundial. Se
ha creado una nueva clase de población. Por primera vez en la historia
de la humanidad, nuestras sociedades tendrán un grupo muy numeroso
de personas mayores económicamente inactivas, votantes opulentos
que requieren servicios sociales costosos, como asistencia médica,
y dependen del gobierno para gran parte de su ingreso. Ellos están
debilitando el estado de bienestar social, destruyendo las finanzas del
gobierno, y amenazando las inversiones que todas las sociedades necesitan
hacer para alcanzar un futuro de éxito. Los ancianos son votantes
unilaterales (jubilación+medicina).
Los grandes mercados globales,
electrónicamente conectados, no cambian las probabilidades de generar
burbujas financieras, sino que las hacen potencialmente más grandes
y vinculan a los mercados nacionales a una red, de modo que los mercados
son más propensos a ir juntos a la quiebra.
Al capitalismo no
le interesa la eficiencia abstracta (inculcar valores de honestidad de modo
que el sistema se maneje a un costo más bajo). Se trata de dejar
a cada uno que actúe según su máxima conveniencia ejerciendo
sus propias preferencias personales. Pretender ser un criminal es tan legítimo
como pretender ser un sacerdote.
Los individuos capitalistas promueven
las únicas cosas que les resultan provechosas: el consumo y el ocio.
La ventaja del capitalismo es su capacidad para satisfacer las diferentes
preferencias individuales. La mayor desventaja del capitalismo es su miopía.
Tiene intrínsecamente un horizonte a corto plazo.
En el capitalismo
no hay ningún análisis de futuro", nos dice Lester C.
Thurow en su libro El Futuro del Capitalismo (Editorial Vergara - 1996).
"Es cierto que el ideal de una sociedad abierta al exterior
y fundada sobre la libre asociación de individuos soberanos
se afirma de manera excluyente. Pero el triunfo es al mismo tiempo el principal
peligro que acecha a una sociedad semejante, porque parece amenazar la existencia
del hecho nacional, erosionar el vínculo social y disolver la comunidad
cívica. El sentimiento de inseguridad e incertidumbre es así,
sin duda, el fruto de la globalización económica y de la individualización
sociológica, nacidas del cumplimiento mismo del programa moderno.
Toda la dificultad está allí. El triunfo del individualismo
aporta consigo un formidable potencial de progreso y, al mismo tiempo, de
padecimientos. El mercado mundial impulsa el crecimiento y destruye puestos
de trabajo; permite financiar la economía pero limita los márgenes
de maniobra presupuestarios; multiplica las riquezas pero aumenta las desigualdades
hasta lo intolerable. Del mismo modo, el movimiento de la democracia libera
a los individuos pero atomiza el cuerpo social y deshace las solidaridades.
Salvo que se niegue la vivencia cotidiana de los individuos y su angustia
ante el porvenir, no es posible entonces contentarse con saludar esta consumación
de la sociedad individualista como si realizara los fines últimos
de la humanidad. La apología del mercado y la defensa de los derechos
del hombre no basta para construír una representación de la
sociedad que permita que ésta se reconcilie consigo misma y rechace
las amenazas.
La crisis que atravezamos es entonces, indisolublemente
económica y antropológica. Es a la vez, crisis de civilización
y crisis del individuo. Fallan simultáneamente las instituciones
que hacen funcionar el vínculo social y la solidaridad (la crisis
del estado providencia), las formas de la relación entre la economía
y la sociedad (la crisis del trabajo) y los modos de constitución
de las identidades individuales y colectivas (la crisis del sujeto).
La sociedad debe comprenderse a partir del eslabón más débil.
No tiene ningún sentido, por lo tanto, decir que "todo va bien
a excepción del desempleo". Puesto que es justamente esta "excepción"
la que constituye el problema. Del mismo modo, no importan tanto los promedios
de ingresos como su dispersión y distribución. Los indicadores
estadísticos captan poco y mal los fenómenos de precariedad,
el sentimiento creciente de inseguridad, las formas múltiples de
fragilización del vínculo social.
Si un país continúa
enriqueciéndose globalmente mientras crece la fractura social, es
sin duda porque hemos entrado en una nueva era de las desigualdades, aceptada
por algunos con mayor o menor cinismo.
La inseguridad es hoy la palabra
clave. Resulta de ello, en lo más profundo de las empresas, una extraordinaria
angustia. Los indicadores económicos no pueden dar cuenta del medio
al mañana. El desarrollo de una desocupación masiva es el
vector evidente y primordial de la sensación de inseguridad y vulnerabilidad
que tetaniza a la sociedad. La crisis es, en última instancia, de
orden estructural y compete también a una dimensión de orden
antropológico. Es a la vez crisis de civilización y crisis
del individuo.
Es central la cuestión de la identidad: ¿como
ser alguien en "una sociedad de trabajadores sin trabajo"?. Se
tiene la sensación de que toda una fracción de la generación
que tiene entre 20 y 30 años vive con la idea que se la sacrifica
por anticipado en el altar del empleo.
A medida que flaquea el apoyo
de las instituciones de encuadramiento y las normas sociales de conducta,
brota una angustia tan difusa como apremiante. Incapaces de analizar claramente
sus mecanismos, polarizamos nuestras actitudes sobre las formas más
elementales de la tranquilidad: la del retorno del gendarme y la de la respuesta
"pararreligiosa", con el desarrollo del fenómeno de las
sectas. Los tranquilizantes y las drogas permiten resolver la gran contradicción
moderna: ser uno mismo y estar a la vez liberado de si mismo.
La globalización
de la economía multiplica las incertidumbres. Se corre el riesgo
de que de origen a una sociedad aún más desigualitaria.
¿Pone en peligro la globalización, un modelo de sociedad?
La Globalización organizaría y pondría en escena
la importancia de lo político. No sería posible una
política nacional independiente en un mundo donde los países
son económicamente interdependientes.
Bajo este vocablo, "globalización"
se encuentra hoy un fenómeno complejo de dimensiones múltiples,
que mezclan el desarrollo de los países antaño pobres, la
desregulación de los mercados y la disminución de la tasa
de crecimiento. Habríamos pasado, sin transición, de un modelo
económico dirigista (en el caso Francia) a otro puramente liberal,
el de antes del keynesianismo.
Vale la pena decirlo en seguida: nadie
sabe lo que nos depara esta evolución, tanto más por el hecho
de que entramos en esta fase de la globalización sin el auxilio de
ninguna institución internacional de regulación", nos
dicen Jean Paul Fitoussi y Pierre Rosanvallon (ob. cit.).
"Ante todo está la ganancia, en función de
la cual se instituye lo demás. Sólo después se distribuyen
las sobras de las dichosas "creaciones de riqueza", sin las cuales,
se nos dice, no habría nada, ni siquiera esas migajas que por otra
parte se van reduciendo: no hay otra reserva de trabajo ni de recursos.
Así pues, tenemos un mercado libre para obtener ganancias; planes
sociales encargados de expulsar de su trabajo, al menor costo posible, a
hombres y mujeres que a partir de entonces quedan privados de medios de
subsistencia e incluso de un techo; un estado providencial que actúa
como si reparara las injusticias flagrantes, a menudo inhumanas. Y a ellos
se suman esos beneficiarios que se sienten humillados por hallarse en tal
estado (y lo están), cuando no se considerará "beneficiario",
de la cuna a la tumba, a un heredero.
Y en ese mundo (que se instala
bajo el signo de la cibernética, la automatización, y las
tecnologías revolucionarias y que desde ahora ejerce el poder), los
trabajadores, pobres diablos, aún creen poder colocar "su mercado
de trabajo".Es para llorar de risa.En otra época debían
aprender a conservarse en sus puestos. Ahora deberán aprender a no
tener puesto alguno, y ese es el mensaje que se les envía, por el
momento de manera muy discreta. No obstante, ese es el camino que se está
siguiendo.
Estamos ante una elección. A partir de ahora tenemos
la facultad de decidir -¡a la carta!- si preferimos la desocupación
a la pobreza o ésta a aquélla.
Pero nadie tenga
la menor duda: ¡tendremos las dos cosas!
Las grandes empresas
y las organizaciones mundiales, los excesos (asistencia social) de otras
épocas, culpables de todos los males (mucho más en Europa):
salario mínimo, vacaciones pagas, asignaciones familiares, seguro
social, subsidios para la educación, locuras culturales, para
citar sólo algunos ejemplos de tamaño desbarajuste;
son fondos robados a los objetivos de la economía de mercado. Para
mantener gente que no pide tanto. La búsqueda de trabajo es suficiente
ocupación para toda una vida. No hallarlo le agrega un poco
de sabor.
A la gran mayoría le queda una última función
importante que cumplir: la de consumidores. Consumir es nuestro último
recurso, nuestra última utilidad. Aún servimos para esa función
de clientes necesarios para el "crecimiento" puesto por las nubes,
tan deseado, proclamado como el fin de todos los males, esperado con tanta
ansiedad.
Por primera vez, la masa humana ha dejado de ser necesaria
desde el punto de vista material -y menos aún desde el punto de vista
económico- para esa pequeña minoría que detenta el
poder y para la cual la existencia de las vidas humanas que evolucionan
por fuera de su círculo íntimo sólo tiene un interés
utilitario, como se advierte cada día más claramente",
nos dice Viviane Forrester en su libro El Horror Económico ( Fondo
de Cultura Económica - 1997).
"La idea del comercio libre se ha convertido en un mito.
De hecho, la idea hoy se acepta como un dogma económico en todo el
mundo..........En líneas generales, los economistas proclaman la
liberación, pero hacen caso omiso de los costos que ello representa
en materia de despidos, rebajas salariales y deterioro del medio ambiente.
Para las naciones bien pobladas y dotadas de abundantes recursos naturales,
el proteccionismo es muy superior al comercio libre", nos dice Ravi
Batra en su libro El Mito del Libre Comercio (Editorial Vergara - 1993).
"Es preciso oponerse con razones claras al punto virtualmente
incontestado de que el libre comercio es bueno, crea riqueza y ayuda a los
países menos adelantados.
La visión del libre comercio
distorsiona la capacidad potencial para conseguir que el mundo sea un lugar
mejor, donde reine la cooperación y no la competencia ruinosa.
El libre comercio promete más de lo que puede dar y, como todos los
yonquis a los que le falta la droga, su única solución es
repetir la dosis.
Los defensores del libre comercio dicen que su preocupación
primaria es incrementar el tamaño de la tarta económica del
mundo y que una vez logrado esto, habrá sin duda más a repartir
entre todos y que algo les "caerá" a los más pobres.
Ni el libre comercio. Ni el viejo proteccionismo nos capacitarán
para superar los temibles desafíos con que se va a enfrentar el mundo
en el siglo XXI..
Se ha pasado de la división mercantil del
trabajo a la división industrial del trabajo, luego a la división
imperial del trabajo y actualmente a la división multinacional del
trabajo.
En su inmensa mayoría, las cada vez más abundantes
multinacionales se escapan del control estatal de los países donde
operan, y ya no suelen tener su sede en sus comunidades nacionales.
Las empresas tienen una movilidad cada día mayor y no dudan en trasladarse
a los lugares donde los recursos son abundantes y donde las leyes laborales
y la protección del medio ambiente son menos rigurosas; mejorando
la competitividad, pero empeorando por lo general las condiciones.
Hay que romper el ciclo de más comercio internacional que constituye
una amenaza para el medio ambiente, la justicia social y el empleo sostenible",
nos dicen Tim Lang y Colin Hines en su libro El Nuevo Proteccionismo ( Ariel
1996).
"El autor cita a Singer y Wildavsky que dicen: "La clave
para entender el orden del mundo real es separar el mundo en dos partes.
Una parte la constituyen las zonas de paz, riqueza y democracia. La otra
parte es la de disturbios, guerra y desarrollo. Podemos decir cosas útiles
sobre las zonas de paz; y cosas útiles sobre las zonas de disturbios,
pero si tratamos de considerar al mundo como un todo, lo que conseguiremos
son falsedades o trivialidades".
La visión de hoy está
señalada por un nuevo grado de pesimismo.
El ubicuo esfuerzo
para acumular capital introduce una presión económica que
se disemina por todo el sistema.
La resignación resume la visión
que el pasado lejano tenía sobre el futuro; la esperanza, la que
tuvo ayer; la aprensión es el talante dominante del hoy.
El
historiador y crítico social Leo Marx comenta que sólo hay
un pequeño paso desde la "destrucción de la fuerza moral"
al término "alienación" de Karl Marx y su advertencia
en 1844 de que "la devaluación del mundo humano aumenta
en relación directa con el aumento de valor del mundo de las cosas".
En concreto, la internacionalización actualmente intensifica
las ansiedades surgidas por las pobres actuaciones económicas tanto
en Europa como en Estados Unidos. Se plantea la pregunta de cómo
se hará cargo el mercado del cada vez mayor número de norteamericanos,
mexicanos o ciudadanos de cualquier país que se encuentran en paro
a causa de la gran penetración del mercado en sus fronteras.
Uno de los problemas del capitalismo es que las desigualdades de beneficios
y propiedad pueden exhibir diferencias que consideraríamos intolerables
si se aplicaran a los derechos políticos como el voto o a los derechos
civiles como la igualdad ante la ley. De ahí que mientras que el
espíritu político occidental siga desplegando su disgusto
por la desigualdad política y cívica, no es irrazonable esperar
que la tolerancia a la extrema desigualdad económica caerá
tarde o temprano. Hasta que este espíritu igualitario se revele por
si mismo ....sigue constituyendo otra causa de nuestro malestar subyacente"
nos dice Robert Heilbroner (ob. cit,).
"El liberalismo no es lo mismo que el capitalismo, cualquiera
que sea su definición. El primer compromiso de un liberal es con
una cultura política particular, con un proceso de autogobierno
en el que los cuidadanos constituyen una sociedad que les permite realizar
sus ideales personales bajo condiciones de libertad e igualdad. La propiedad
privada y los mercados competitivos, si son regulados adecuadamente, sirven
como un elemento de este ideal liberal más amplio.
Se requerirán
generaciones de esfuerzo movilizado -muchos más nuevos comienzos-
antes de que cualquier sociedad occidental empiece a aproximarse al ideal
liberal de igualdad sin dominación.
El reto es trabajar a favor
de la justicia social en la distribución de oportunidades para la
riqueza y el desarrollo individual.
Merece la pena señalar que
el liberalismo moderno no santifica los derechos de propiedad sobre todos
los demás. En oposición a los ideales del laissez-faire del
siglo XIX persigue un fin superior: permitir que todos los ciudadanos
desarrollen su propia personalidad bajo condiciones de igual libertad. Aunque
la propiedad privada y la libertad para contratar son aspectos fundamentales
de este ideal, tambien lo son una educación liberal y la genuina
igualdad de oportunidades. Los propietarios no tienen derecho a reclamar
un tratamiento especial mientras existan injusticias más grandes
a las que se otorgue una menor prioridad", nos dice Bruce Ackerman
(ob. cit.).
"En el Hotel Fairmont de San Francisco se efectuó
una reunión de notables de los negocios, universidades y gobernantes
del mundo (500 de primera línea) en septiembre de 1995; se pone en
marcha una mesa redonda sobre "tecnología y trabajo en la economía
global". Los pragmáticos de Fairmont reducen el futuro a un
par de números y un concepto: "20 a 80" y "tittytainment".
En el próximo siglo, el 20% de la población activa bastará
para mantener en marcha la economía mundial. No se necesitará
más fuerza de trabajo.
En Fairmont se esboza un nuevo orden
social: países ricos sin una clase media digna de mención..........y
nadie le contradice.
Mas bien hace carrera la expresión tittytainment,
que pone sobre la mesa el veterano Zbigniew Brzezinski; tittytainment, es
una combinación de entertainment y tits (pechos en argot americano)
al decirlo Brzezinski piensa menos en el sexo que en la leche que brota
del pecho de una madre lactante. El buen humor de la frustrada población
del mundo podría mantenerse con una mezcla de entretenimiento aturdidor
y alimentación suficiente.
¿Cómo la quinta parte
podría ocupar al resto superfluo?. Los participantes en el debate
esperan que la integración y el sentido para su vida provenga del
amplio campo de los servicios voluntarios a la sociedad, la ayuda a los
vecinos, la práctica de deportes o la participación en asociaciones
de todo tipo. "Se podrían revalorizar estas actividades mediante
una modesta remuneración y fomentar la autoestima de millones de
ciudadanos"
La dirección en la que apunta el conocimiento
acumulado de los directivos y la ciencia llevan directamente a la era premoderna.
El estado del bienestar "se ha convertido en una amenaza para
el futuro", un plus de desigualdad social es inevitable, opinan algunos
periódicos especializados ....adaptación hacia abajo.
"El continente ha estado viviendo por encima de sus posibilidades:
una nueva ola de ahorros golpea Europa" otros titulares.
Lo que hacen los reformadores que operan bajo el signo de la globalización
es mas bien denunciar el contrato social no escrito de la república
(Alemania), que mantiene la desigualdad social dentro de unos límites
mediante la redistribución hacia abajo.
En un movimiento global
de pinza, la nueva internacional del capital desquicia estados enteros y
su actual ordenamiento social. En todo el mundo desciende el porcentaje
con que los propietarios de capital y patrimonio contribuyen a la financiación
de los gastos del estado. Por otra parte los que dirigen las corrientes
globales de capital bajan continuamente el nivel salarial de sus empleados
contribuyentes.
Ninguna nación puede oponerse sola a esta presión.
Las cotizaciones en bolsa y los beneficios de los consorcios ascienden
en porcentajes de dos dígitos mientras los salarios y jornales descienden.
Al mismo tiempo el paro crece en paralelo a los déficit de los presupuestos
públicos.
Caminando hacia atrás en el futuro algunos
empresarios de máximo nivel dicen: "el viento de la competencia
se ha convertido en una tempestad, y el verdadero huracán aún
está por venir"
Pretenden hacer creer que todo esto es
por así decirlo un proceso natural, resultado de un incesante progreso
técnico y económico. Esto es absurdo. La interdependencia
económica global no es en modo alguno un acontecimiento natural,
sino que fue producido concientemente por una política orientada
a unos fines.
Desde la eliminación del mercado de divisas hasta
la constante expansión del acuerdo de comercio mundial del GATT,
los políticos gobernantes de los países industrializados de
occidente han producido sistemáticamente ese estado de cosas que
ya no pueden controlar.
Pero el turbocapitalismo, cuya victoria en
todo el mundo parece ahora imparable, destruye los fundamentos de su existencia:
un espacio capaz de funcionar y una estabilidad democrática. El ritmo
del cambio y la redistribución del poder y el bienestar erosionan
las viejas unidades sociales con mayor rapidez de lo que las nuevas pueden
desarrollarla. Los hasta ahora países del bienestar consumen la sustancia
social de su cohesión más de prisa aún que la ecológica.
Para la mayoría de los perdedores (tanto sea en Estados Unidos,
Europa, Japón, China o la India) tiene que sonar como una burla el
lema de la cumbre del G-7 en Lyon a finales de Junio de 1996: "hacer
de la globalización un éxito en beneficio de todos".
La globalización se convierte en una trampa para la democracia.
Sólo ingenuos teóricos o políticos cortos
de vista creerán que se puede, como está ocurriendo actualmente
en Europa, privar año tras año a millones de personas de trabajo
y seguridad social sin pagar en algún momento el precio político
por ello.
Al contrario que en la lógica empresarial, en las
sociedades democráticas no hay surplus people, ciudadanos superfluos.
Los perdedores tienen un voto, y lo utilizarán. No hay razón
para estar tranquilos: el terremoto social seguirá al político.
Los excluídos responden por su parte con la exclusión
(xenofobia, separatismo, aislamiento).
No es la pobreza, sino el miedo
a ella, el que pone en peligro a la democracia.
Los periódicos
especializados constatan (1995) que "la capacidad de los bancos emisores
para hacer bajar por si solos los tipos de interés había desaparecido.
También describieron la importancia de los bancos emisores frente
a las subidas y bajadas del billonario mercado de divisas, cuyo volumen
diario de negocios es casi el doble que todas las reservas de los bancos
centrales juntos.
De Estados Unidos a Australia, desde Gran Bretaña
hasta Japón el bienestar de masas desaparece con rapidez de las naciones
líderes de la economía mundial.
El miedo al futuro y
la inseguridad se extienden, el tejido social se resquebraja. Pero la mayoría
de los responsables niega su responsabilidad.
La competencia en una
economía global brutal crea un mercado de trabajo global. Ningún
empleo está seguro.
Las consecuencias de la creciente libertad
de comercio (apoyadas por la acción del GATT y la OMC) son abrumadoras.
Con la total liberación del tráfico internacional de
capital y divisas, el ataque más radical a la constitución
económica de las democracias se abrió paso sin resistencia
digna de mención.
Cuanto mejor se puede disponer sin fronteras
de producción y capital, tanto más poderosas e ingobernables
se vuelven esas organizaciones, en parte gigantescas, que hoy atemorizan
y privan de poder a los gobiernos y a sus electores por igual: los consorcios
transnacionales (TNC son sus siglas en inglés).
El Secretario
General de la OMC, Renato Ruggiero, planea incluso la definitiva eliminación
de todos los aranceles........en todo el mundo", nos dicen Hans-Peter
Martin y Harald Schumann (ob. cit.).
"En una economía global un trabajador puede ofrecer
dos cosas: habilidades o la voluntad de trabajar por salarios bajos.
La competencia cabeza a cabeza nunca es un juego de tu ganas-yo gano; en
el mejor de los casos es un juego de tu ganas-yo pierdo, y todos pueden
verlo potencialmente como un juego de tu pierdes-yo pierdo.
Para ser
eficaz, una economía mundial abierta, multipolar e integrada exige
la coordinación fiscal y monetaria entre los principales países:
Alemania, Japón, y Estados Unidos", nos dice Lester Thurow en
su libro La Guerra del Siglo XXI (Editorial Vergara - 1992).
"Ventajas efímeras. Las mismas fuerzas que han hecho que las ventajas en los factores sean menos decisivas, también han hecho que sean extraordinariamente efímeras con harta frecuencia. La ventaja competitiva que se basa en los costes de los factores es vulnerable a unos costes todavía más bajos de los mismos en algún otro lugar, o en la intervención de unos gobiernos que deseen subvencionarlos. El país que hoy en día ofrece el más bajo coste de mano de obra se verá rapidamente desplazado por el que lo ofrezca mañana. La fuente más barata para el aprovisionamiento de un recurso natural puede cambiar de la noche a la mañana en el caso de que una nueva tecnología permita la explotación de ese recurso en lugares que hasta entonces se hubieran considerado imposibles o antieconómicos", nos dice Michael E. Porter en su libro La Ventaja Competitiva de las Naciones (Editorial Vergara - 1991).
"El comercio internacional nos ha entrelazado en una dependencia y compromiso mutuos. Estamos interconectados en una red que nos atrapa" nos dicen Charles Hampden-Turner y Alfons Tronpenaars en su libro Las Siete Culturas del Capitalismo (Editorial Vergara - 1995).
"Durante las últimas generaciones, el pensamiento
económico estuvo dominado por los economistas neoliberales del libre
mercado y se asocia a nombres como Milton Friedman, Gary Becker, y George
Stigler. Podemos considerar que la economía neoliberal está
en lo cierto, digamos en un ochenta por ciento.
Los denominados neomercantilistas
(que abordan el otro veinte por ciento, según Fukuyama, que trata
de la vida social, las costumbres, la moral, los hábitos de la sociedad
en que transcurre la vida económica y que la condiciona) que han
discutido con los economistas del libre mercado durante la última
década. Quienes proponían la segunda perspectiva -incluyendo
personas como Chalmers Johnson, James Follows, Clyde Prestowite, John
Zysman, Karl Van Wolferen, Alice Amsden y Laura Tyson- han argumentado que
las economías dinámicas y de rápido crecimiento de
Asia oriental han tenido éxito por no seguir las normas de la economía
neoliberal, sino por violarlas.
Los países asiáticos
que se han desarrollado con tanta rapidez, según los neomercantilistas,
no habrían logrado sus sorprendentes altas tasas de crecimiento gracias
al funcionamiento sin trabas de los mercados libres, sino debido a la intervención
de los gobiernos de cada uno de esos países, que se ocuparon de promover
el desarrollo a través de políticas industriales.
El
debate generado por los neomercantilistas ha girado en torno a dos temas:
si en realidad fueron las políticas industriales las responsables
de las altas tasas de crecimiento de Asia y si los gobiernos son capaces
de dirigir el desarrollo económico mejor que los mercados.
La
economía neoliberal es una empresa intelectual mucho más seria
y sostenida que el neomercantilismo. Una cantidad de pruebas empíricas
confirman que los mercados son, en efecto, eficientes asignadores de recursos
y que dar rienda suelta al egoísmo promueve el crecimiento.
El problema de la economía neoliberal es que ha olvidado ciertos
fundamentos clave en los cuales se basa la economía clásica.
Adam Smith, el maestro de los economistas clásicos, creía
que el ser humano era impulsado por el deseo egoísta de "mejorar
su condición", pero nunca hubiera adherido a la noción
de que la actividad económica podría ser reducida a la maximización
utilitaria racional. El ser humano actúa con fines no utilitarios
en forma racional y con orientación grupal con suficiente frecuencia
como para afirmar que el modelo neoclásico nos presenta una imagen
incompleta de la naturaleza humana", nos dice Francis Fukuyama en su
libro Confianza (Trust) Editorial Atlantida - 1996).
"La constante más inmediata es que las personas y
comunidades favorecidas por su posición económica, social
y política, atribuyen virtudes sociales y permanencia política
a aquello de lo que disfrutan. Esa atribución se reivindica incluso
ante la abrumadora evidencia en sentido contrario. Las creencias de los
privilegiados se ponen al servicio de la causa de la satisfacción
continua y se acomodan de modo similar las ideas económicas y políticas
del momento.
Lo que es nuevo en los países capitalistas -y se
trata de un punto vital- es que la satisfacción imperante y la creencia
resultante son ahora cuestión de muchos, no sólo de unos pocos.
Operan bajo la convincente cobertura de la democracia, aunque no una democracia
de todos los ciudadanos, sino de aquellos que, en defensa de sus privilegios
sociales y económicos, acuden a las urnas. El resultado es un gobierno
que se ajusta no a la realidad o a la necesidad común sino
a las creencias de los satisfechos, que constituyen hoy la mayoría
de los que votan.
En el pasado, los afortunados económica y
socialmente eran, como sabemos, una pequeña minoría, un pequeño
grupúsculo que dominaba y gobernaba. Hoy representan una mayoría
aunque, como se ha dicho, una mayoría no de todos los ciudadanos
sino de los que realmente votan.
Les llamaremos la mayoría satisfecha,
la mayoría electoral satisfecha, en una visión más
amplia, la cultura de la satisfacción.......gobiernan bajo el cómodo
abrigo de la democracia, una democracia en la que no participan los menos
afortunados(incluye a los directores de empresas, a sus mandos medios y
superiores, a hombres y mujeres de negocios independientes, a profesionales,
agricultores (subvencionados) y pensionistas)..........es su propio
interés, naturalmente, el impulso dominante de la mayoría
satisfecha, lo que en realidad la controla.
En el centro de las ciudades
de Estados Unidos y Europa existe una amenaza constante de conflicto, delito
y desorden social de la subclase. El tráfico de drogas, los tironeos
indiscriminados y otros delitos, así como la desorientación
y desintegración de las familias son ya elementos de la existencia
cotidiana.
Esto se debe, en una parte sustancial, a que una economía
que se expande con menos vigor y una industria que se traslada a emplazamiento
económicos más favorables ha privado a la subclase de los
empleos lndustriales relativamente estables y tranquilos que
había antes en las grandes ciudades. Pero también, y sobre
todo, a que se ha paralizado la normal movilidad social de ascenso que fue
durante mucho tiempo el disolvente del descontento. La subclase se ha convertido
en un fenómeno sempiterno ya no generacional. La razón es
que lo que era un paso que iniciaba el ascenso en la vida económica
se ha convertido ahora (1989) en un callejón sin salida.
Aunque
considerando la vida sórdida a la que está abocada la subclase
moderna, sobre todo si se la compara con la mayoría satisfecha, es
asombroso en realidad que el descontento y sus manifestaciones más
violentas y agresivas no sean mayores de lo que son.
Para la economía
de la satisfacción es básico el compromiso general con el
laissez-faire. Nada que suceda en el corto plazo es contrario al bienestar
a largo plazo. La intervención del estado, con su mano que controla
o sostiene, no es precisa y, salvo cuando un banco o una gran empresa necesita
que la salven o hace falta reforzar la defensa común, nunca es beneficiosa.
El instrumento específico que garantiza la benignidad, concretamente
citado y proclamado, es el mercado.
En realidad hace ya mucho tiempo
que los economistas han admitido que el mercado no produce resultados socialmente
aptos. Hay monopolio y hay numerosas imperfecciones menores de la competencia.
Lo mismo es algo aceptado la distribución del poder notoriamente
desigual entre empleador y empleado y una distribución intrínseca
y enormemente desigual de la renta.
Lo que no se acepta y, en realidad,
no se reconoce, es la fuerte tendencia del sistema económico a volverse
perjudicialmente no contra los consumidores, los trabajadores o el público
en general, sino hacia adentro, contra si mismo.
La tendencia autodestructiva
del capitalismo moderno empieza en la gran empresa. La anomalía está
en que la dirección es la que tiene el poder y la dirección,
a pesar de ese poder, ha de supeditar, se teoriza, su propio interés
al de los accionistas, que individualmente carecen de poder.
Para servir
a la satisfacción había, y hay, tres exigencias básicas.
Una, defender una limitación general a la intervención del
estado en la economía; la segunda, es encontrar satisfacción
social para la posesión ilimitadas y desinhibidas de riqueza.; el
tercer elemento que hace falta es justificar un sentimiento menor de responsabilidad
pública hacia los pobres", nos dice John Kenneth Galbraith en
su libro La Cultura de la Satifacción (Emecé Editores - 1992).
"Actualmente (1992) y en el futuro, los conflictos sociales y políticos no serán entre el capital y el trabajo, sino entre los bien situados y los relativa o específicamente pobres. Es posible que dichos conflictos no sean pacíficos. La participación política es un disolvente de las tensiones, y, cuando no se dispone de dicha participación, la única alternativa es la violencia", nos dice John Kenneth Galbraith en su libro Un Viaje por la Economía de Nuestro Tiempo (Editorial Ariel - 1994)
"En todos los países industrializados existe un firme
compromiso con la economía de consumo -con los bienes y servicios
de consumo- como fuente primordial de la satisfacción y el placer
de los seres humanos y como la medida más visible de las consecuciones
sociales. En la economía moderna es un hecho algo extravagante que
la producción sea ahora más necesaria por el empleo que proporciona
que por los bienes y servicios que abastece.
En una sociedad buena
todos los individuos deben tener libertad personal, bienestar mínimo,igualdad
racial y étnica, y la oportunidad de acceder a una vida satisfactoria.
Debe reconocerse que nada niega tan absolutamente las libertades de los
individuos como la total falta de dinero, ni las perjudica tanto como su
suma escasez", nos dice John Kenneth Galbraith en su libro Una Sociedad
Mejor (Grijalbo - 1996).
"De los "cotos de caza nacionales" que son a menudo
el origen de las rentas de localización y de "altos grados de
monopolios" en beneficio de las firmas instaladas, lo que les permitiría
beneficiarse con márgenes estructuralmente más elevados que
el promedio.
En el plano financiero hemos asistido a un formidable
crecimiento de la internacionalización........que ha llevado a hablar
de una verdadera "financierización" de la economía.
La "mergermanía" aparece entonces como la aplicación
a la industria -pero con un propósito totalmente diferente- esta
explosión de los mercados financieros, con riesgos reales de formación
de una "economía de casino", centrada en el corto plazo
y la especulación, en detrimento de la industria y el corto plazo.
El espacio mundial se integra y se complejiza a la vez. La vieja noción
de división del trabajo norte/sur (productos manufacturados contra
materias primas) ya no permite captar la naturaleza y la realidad del dinamismo
y de los intercambios mundiales contemporáneos.
La globalización
no ha estado acompañada por la construcción de un mercado
mundial único y transparente.
Las formas actuales de la mundialización
se caracterizan por una confrontación jamás alcanzada, en
este nivel, entre modelos organizacionales, culturas de empresas y estrategias
de comportamiento, que tienen desde entonces un origen y una base de mayor
velocidad", nos dicen Benjamin Coriat y Dominique Taddei (ob. cit.).
"El mercado no puede calibrar el futuro porque es corto de
vista por naturaleza. No sólo en razón de que su mirada se
extiende hacia horizontes necesariamente cortos, sino porque carece de aptitudes
y de la lógica requeridas para incorporar problemas distintos a los
de su propia naturaleza y para moderar sus excesos. Esto es función
de las sociedades y de los estados, en una relación que no puede
ser estática, sino necesariamente dinámica y debe proveer
readecuaciones, a veces tan profundas que les quepa su definición
como un "nuevo contrato social", tanto a nivel nacional como global.
¿Puede la competencia gobernar el planeta?. ¿Es la competencia
el mejor instrumento para enfrentarse a escala mundial a los cada vez más
graves problemas medioambientales, demográficos, económicos
y sociales?.
Además de los problemas medioambientales,
la globalización se asocia cada día más -y no
sólo en la mente de las gentes- con la explosión demográfica,
el paro masivo, los movimientos migratorios, el aumento del crimen organizado
(especialmente el tráfico de drogas), la inseguridad ligado a la
proliferación de las armas nucleares y los conflictos étnicos
y religiosos, así como con las nuevas enfermedades (como el sida)
o con la reaparición de ciertas epidemias tradicionales otrora vencidas
(malaria, etc.). Por encima de todo la globalización aumenta el temor
a un posible conflicto mundial entre el decreciente número de "los
poseedores", "los ricos" o "los dominadores", y
la creciente masa de los "desposeídos", "los miserables"
y "los marginados".
Resulta chocante la divergencia entre
el fuerte proceso de globalización económica en el plano de
las finanzas y la empresa y el carácter explosivo de la mayoría
de problemas sociales, económicos, medioambientales y políticos
que conocen los países y regiones del mundo.
Lo que podríamos
llamar "economía de Madonna" es un proceso que unifica
(esencialmente a través de la homogeneización) el consumo
de "bienes" de información y comunicación según
la misma lógica (de mercado) y el mismo sistema (infraestructuras
y redes globales de publicidad masiva), tal como en su día hizo el
mundo de Coca Cola o el universo de Levis Jeans.
La liberación
de las corrientes de intercambio se han convertido en la ideología
y terapia dominante de los ultimos 50 años; y el GATT ha sido la
institución pensada para su promoción y salvaguarda en el
campo internacional.
La nueva ruptura no se plantea entre una sociedad
capitalista y una sociedad poscapitalista, ni entre el capitalismo "bueno"
de la economía social de mercado y el "malo" de la jungla
o de casino, sino entre un capitalismo nacional en declive y un capitalismo
mundial en auge.
Este fenómeno anuncia el advenimiento de un
cambio histórico: poco a poco, empezamos a salir de la era de la
riqueza de las naciones para entrar en la era de la riqueza del mundo.
El mantenimiento del estado del bienestar se ha equiparado a la pérdida
de competitividad económica. Se considera que la justicia social
y la competitividad son incompatibles.
El objetivo de una mayor competitividad
le ha ganado la partida al objetivo del pleno empleo. La búsqueda
de una mayor competitividad ha sido una de las razones principales en favor
de la sistemática reducción del empleo en todas las economías
desarrolladas", nos dice el Grupo Lisboa (ob. cit.).
"La aplicación de las diversas variantes del capitalismo
"salvaje", ha conducido a una situación dramática.
En el escenario internacional, así como también en el interior
de cada país, desarrollado o en vías de desarrollo, se puede
constatar la existencia de una tendencia a la dualización de la sociedad
que se agudiza constantemente.
El dinero informático se comporta
de modo tan distinto del dinero convencional que los economistas aún
no atinan a identificarlo (Kurtzman 1993).
La nueva forma de dinero
que está empujando el dinero histórico hacia las orillas del
sistema financiero (y económico) globalmente es una "megarred".
Abarca, alrededor del mundo acciones, bonos, futuros, tasas de interés,
opciones, etc..
Naturalmente, este sistema monetario que surge es mucho
más volátil que el antiguo.
En vez del patrón
oro, impera hoy el "patrón megabyte" (Kurtzman)",
nos dicen Naum Minsburg - Hector Valle y otros en su libro El Impacto
de la Globalización (Ediciones Letra Buena - 1994).
"Queremos continuar la verificación de los errores
del neoliberalismo con la constatación de su principal fracaso: el
desempleo. Hoy por hoy el desempleo es una consecuencia de la preocupación
excesiva por lo estrictamente financiero, con menoscabo de la economía
real.
No podemos aceptar que la competencia internacional y otras
circunstancias económicas determinen un sendero necesario de reducción
de los niveles de bienestar general que ya se habían alcanzado a
niveles inferiores de desarrollo tecnológico y de conocimiento y
conciencia social.Sólo nos faltan líderes atrevidos e imaginativos.
El dilema llevado al extremo sería el siguiente: o inventamos
la forma de mantener el estado del bienestar o contribuiremos a gestar la
próxima revolución que aspire a derrumbar para siempre el
sistema capitalista con los sufrimientos que estos intentos generan",
nos dice Luis de Sebastian en su libro Neoliberalismo Global ( Editorial
Trotta - 1997 ).
"¿Cuánto tiempo podrá mantenerse el
sistema ante el aumento continuo del número de desocupados
y ante el estancamiento del nivel de vida de los que trabajan?. Los bolsones
de pobreza y de miseria relativa (y a veces absoluta) en los países
industriales, cuyo peso hasta aquí estaba atenuado por la expansión
general y por las anticipaciones que la acompañaban (el "tercio
sumergido" de Roosevelt había sido transformado sucesivamente
en "cuarto" y luego en "quinto"), se transforman en
bolsones permanentes y crecientes poblados por gente sin recursos y sin
esperanza. Los elementos que, en la dislocación de los valores y
de las motivaciones, lograban consolidar, relativamente bien, la sociedad
(las previsiones de alza del nivel de vida y las no pocas posibilidades
de "promoción"/ascenso de escala de calificaciones y de
ingresos) se hallan en vías de extinción. Por último,
en economías capitalistas, sin crecimiento, el desempleo no puede
mas que seguir, año a año, aumentando en algunos sectores
de la población activa (corresponde al crecimiento natural de la
población, aumentado por los efectos de las inversiones labour-saving).
¿Cuál es el "ejemplo" que esas sociedades de
capitalismo liberal dan al resto del mundo?
Primero, el de la riqueza
y el poder tecnológico y militar. Pero al mismo tiempo, esas sociedades
presentan al resto del mundo una imagen que causa rechazo, la de las sociedades
en las cuales reina un vacío total de significaciones. El único
valor es el dinero, la notoriedad en los medios de comunicación o
el poder, en el sentido más vulgar e irrisorio del término.
En ellas las comunidades son destruídas, la solidaridad se reduce
a disposiciones administrativas. Frente a semejante vacío, las significaciones
religiosas se mantienen e incluso ganan poder.
Creo que vivimos la
fase más conformista de la historia moderna. Se afirma: cada individuo
es "libre", pero, de hecho, todos reciben pasivamente el único
sentido que la institución y el campo sociales les proponen y les
imponen: el teleconsumo, hecho de consumo, de televisión, de consumo
simulado vía televisión", nos dice C. Castoriadis en
su libro El Avance de la Insignificancia (Eudeba - 1997)
"La estructura organizativa y las estrategias empresarias
están de mudanza continua. La información comienza a afectar
a una y otras, a tal punto que la organización empresarial tradicional
empieza a quedar obsoleta. Pero también el concepto tradicional de
"emprendedor" -la compañía para la que trabaja la
gente- se está deshilachando. Cada vez más personas tienen
empleos temporarios. La tercerización (out sourcing) se generaliza.
Lo que subyace en todo esto es el paso al conocimiento como recurso
clave de producción.
Hay sin embargo un gran problema: la deslocalización
de la mano de obra. Las personas que obtienen los nuevos empleos no son
las mismas que perdieron los viejos. Los nuevos empleos no están
en las fábricas, empresas, e industrias, donde estaban los antiguos.
De tal modo, la transición amenaza la seguridad del empleo",
nos dicen Peter Drucker e Isao Nakauchi (ob. cit.).
"Estamos en una etapa de capitalismo sin capitalistas. Existen
grandes inversores institucionales especialmente los fondos de pensiones
y los fondos de inversión.
No nos enfrentamos a un nuevo orden
mundial (1993) sino a un nuevo desorden mundial.
El dinero no tiene
patria. Tampoco la información.", nos dice Peter Drucker en
su libro La Sociedad Poscapitalista (Editorial Sudamericana - 1993).
" Con referencia a la sociedad del conocimiento (el autor se pregunta y se contesta): son trabajos importantes. Pero tanto cerebro y nada de fuerza muscular no pueden ser buenos para el país. ¿Todos intelectuales?. La historia no es alentadora; nunca ha nacido una nación así ", nos dice Shintaro Ishihara en su libro El Japón Que Sabe Decir No (Editorial Sudamericana - 1992).
"¿Son los estados-nación verdaderamente los
actores más importantes de la economía mundial actual?. En
un mundo en el que las fronteras económicas se desvanecen de manera
progresiva, ¿son sus fronteras arbitrarias, históricamente
accidentales, genuinamente significativas en términos económicos?.
Si la respuesta es no, ¿que tipo de fronteras tendrían sentido?
A medida que la mecánica de los mercados verdaderamente
mundiales de capital reduce casi a la nada su capacidad para controlar los
tipos de cambio o para proteger su divisa, los estados-nación han
pasado a ser vulnerables a la disciplina impuesta por las elecciones tomadas
en otros lugares por personas e instituciones sobre las que no tienen control
práctico.
En una economía sin fronteras, cualquier régimen
estadístico que tenga el estado-nación como unidad principal
de análisis está obligatoriamente desfasado. Las estadísticas
oficiales (comercio exterior) son una falacia descarada y manifiesta. No
son un reflejo exacto de nada. Las cifras que todo el mundo conoce y que
todo el mundo utiliza son, simplemente, inexactas.", nos dice Kenichi-Ohmae
(ob. cit.).
"Si buscamos el momento histórico que más se
asemeje al nuestro, inevitablemente señalaremos esa hora oscura en
que la civilización materialista y el espíritu científico
y racional del mundo antiguo sufrió un descalabro que allanó
el camino de la civilización medieval.
Si los gustos y la ética
de nuestra generación y la siguiente difieren de los que fueron propios
de la sociedad industrial, la sociedad que surja como consecuencia de nuestras
nociones de progreso quizás posea ideologías y paradigmas
divergentes respecto de su predecesora y no sería extraño
que estas sociedades, disponiendo de menos bienes materiales de consumo,
se distancien del espíritu racional del pasado. La gente de
la edad media, como resultado de lo que se consideraba grandes adelantos,
creó una sociedad mejor con menos consumo material y un espíritu
racional.
Si se quisiera sintetizar en una sola frase aquello que define
a la edad media, diría "falta de bienes, exceso de tiempo",
nos dice Taichi Sakaiya en su libro
Historia del Futuro - La Sociedad
del Conocimento (Editorial Andrés Bello - 1994).
"¿Cuál puede ser el nuevo orden mundial?. 1ª hipótesis, que sea un orden policial; 2ª hipótesis, que haya un surgimiento de nuevos profetismos capaces de trastornar ese orden; 3ª hipótesis, que llamaré la hipótesis liberal y militante, es que el corte del mundo y de las sociedades industriales en dos es inevitable en la medida en que no haya existido una verdadera reflexión sobre el problema de la pobreza", nos dice Guy Sorman en su libro Hacia un Nuevo Mundo (Emecé 1991).
"A medida que el capital y la tecnología fluyan hacia
las naciones de salarios bajos, sus salarios subirán con su competividad.
Como resultado no tendrán grandes superavits comerciales con las
naciones avanzadas, tendrán déficits, como contrapartida a
la entrada de capitales.
Es difícil no concluír
que este cambio en la demanda (nivel medio de la fuerza de trabajo) impulsado
por la tecnología, ha sido una razón clave para el crecimiento
de la desigualdad de los ingresos dentro de los Estados Unidos, así
como el aumento del desempleo en Europa. Podría haber ocurrido que
el aumento de la demanda de trabajadores cualificados fuese no tanto el
resultado de una mayor demanda dentro de cada actividad industrial, sino
de un cambio en la composición del conjunto de actividades hacia
aquellos sectores que emplean una mayor proporción de trabajadores
cualificados sobre los no cualificados. Un cambio de esas características
podría, por ejemplo, ser el resultado de un mayor comercio con países
del tercer mundo en el que el trabajo es abundante. Pero de hecho la evidencia
abrumadora es que la demanda de trabajadores no cualificados ha caído
no porque haya cambiado el que producimos, sino el como producimos",
nos dice Paul Krugman en su libro El Internacionalismo Moderno (Editorial
Crítica - 1997).
Veamos ahora algunos datos significativos:
"Se estima
que el 92% de la exportaciones y el 77% de las importaciones de los
Estados Unidos ocurrieron dentro de las corporaciones mundiales ",
(Robert B. Reich, ob. cit.).
"Los flujos diarios en moneda extranjera representan alrededor de un billón de dólares (antes de 1992) y superan con creces las sumas empleadas en la compra internacional de bienes y servicios o las inversiones en fábricas de ultramar. En realidad a fines de la década de 1980, más del 90% de este intercambio de monedas extranjeras no tenía relación con el comercio o la inversión de capital", (Paul Kennedy, ob. cit.).
"Como consecuencia de los adelantos en la automatización
se pronostica que en los próximos 30 años tan sólo
un 2% de la actual fuerza laboral "será necesaria para producir
todos los bienes necesarios para satisfacer la demanda total.
El número
de americanos que viven con unos ingresos medios ha pasado de un 71% de
la población en1969 a menos de un 63% a principios de la década
de los años 90. La familia media americana sufrió una pérdida
de ingresos de alrededor del 2% entre 1989 y 1990. Este declive se hizo
más dramático entre aquellas personas con estudios universitarios.
Entre 1987 y 1991 los salarios reales (de los trabajadores universitarios)
descendieron en un 3,1%.
Más del 35% de graduados en fechas
recientes se han visto en la obligación de aceptar empleos que no
requieren diploma universitario, frente al 15% de hace 5 años.
El mercado laboral para graduados universitarios es, en la actualidad (1994)
el más pobre desde el final de la guerra mundial.
Aunque muchos
de los profesionales que configuran las nuevas elites de analistas teóricos
trabajan en las mayores ciudades del mundo, tienen muy poco o ningún
arraigo con el lugar.Estos nuevos grupos emergentes de trabajadores internacionales
de alta tecnología, cuyos salarios para el año 2000 representaran
algo más del 60% de los ingresos de los habitantes de los Estados
Unidos, pueden apartarse de las responsabilidades cívicas en el futuro,
si prefieren no compartir sus ganancias y sus ingresos con la totalidad
del país" (Jeremy Rifkin,ob. cit.).
"En la década de los sesenta la economía creció
a un ritmo del 5% anual(una vez corregido por inflación). En los
años setenta, el crecimiento disminuyó hasta un 3,6%
anual. En los años ochenta hubo una desaceleración más
hasta un 2,8% anual y en la primera mitad de la década de los noventa
el mundo ha estado experimentando un ritmo de crecimiento de apenas un 2%
anual.
En dos décadas el capitalismo perdió un 60% de
su impulso.
Si un trabajador despedido tiene quince o más
años de antigüedad, vive en una región de lento crecimiento
y se ve obligado a cambiar de industria, por lo general pierde más
del 50% de su salario anterior. Aquéllos que están por encima
de los 55 años de edad simplemente son desalojados de la fuerza laboral.
Los precios de los recursos naturales -una vez corregidos por inflación-
han caído casi un 60% desde mediados de los años setenta a
mediados de los ochenta. Y se presume otra caída del 60% para los
próximos 25 años.
En promedio, las industrias de servicios
pagan salarios un tercio menos que la industria manufacturera.
De 1964
a 1992 la producción del primer mundo subió el 9%, pero las
exportaciones treparon un 12% y los préstamos internacionales
subieron un 23%.
En una jornada normal(1992) los mercados mundiales
de capital mueven 1,3 billones de dólares y todas las exportaciones
representan solamente 3 billones anuales" (Lester C. Thurow, ob. cit.).
"La vieja noción del pleno empleo aparece cada
vez más anticuada.A principios de 1990, la C.E.E. tenia 16 millones
de personas sin empleo, el 10% de lo que "debería ser"
la masa laboral. Hasta el año 2000 se necesitarán 10 millones
de nuevos empleos para bajar al 7% la tasa de paro. Otros 25 millones de
nuevos puestos harán falta hasta el año 2010, sólo
para absorber el 15% de crecimiento de la masa laboral de la C.E.. ¿de
dónde saldrán estas colocaciones?.
Al mismo tiempo que
se incrementa el paro, se advierte un descenso de la presión para
el aumento del sueldo por parte de los trabajadores con empleo en Estados
Unidos. Por ejemplo, en 1978 y 1988 se crearon 7,5 millones de nuevos
puestos para varones pero, en 1988, 18,4 millones de trabajadores varones
ocupaban puestos con salario inferior a los niveles de l978. Sin embargo,
aumentó el numero de colocaciones para mujeres y su sueldo medio
pasó del 43% de los varones al 54% en l988.
Pero los salarios
reales descendieron a lo largo de la década para las dos terceras
partes de los trabajadores norteamericanos de ambos sexos, una proporción
realmente impresionante.
Entre 1973 y 1990, los sueldos reales por
hora para trabajadores no supervisores, que son aproximadamente las dos
terceras partes de la masa laboral de los Estados Unidos, bajaron un12%
y los sueldos reales por semana bajaron un18%. El resultado ha sido un vertiginoso
aumento de la desigualdad en Estados Unidos" (Tim Lang y Colin Hines,
ob. cit.)
"En el próximo siglo, el 20% de la población
activa bastará para mantener en marcha la economía mundial.
No se necesitará más fuerza de trabajo.
En el año
1996, en la OCDE buscaban trabajo inútilmente más de 40 millones
de personas.
Desde hace 4 décadas el intercambio mundial de
bienes y servicios crece más a prisa que
la producción.
Desde l985, el crecimiento del volumen comercial
supera incluso en el doble al aumento de la productividad económica.
En 1995, una quinta parte de los bienes y servicios que se recogían
estadísticamente en el mundo se negociaban por encima de las fronteras.
Según la última ronda de rebajas de aranceles del GATT
(Dic./93) que incluyó muchos servicios, se crearían 6 millones
de puestos de trabajo, 2% menos de déficit presupuestario y 4,5%
más de crecimiento económico. Similares promesas acompañaron
la fundación del NAFTA y de la OMC.. De hecho ocurrió todo
lo contrario: las cifras de parados se elevaron, así como los déficit
presupuestarios, el crecimiento en cambio mas bien se ralentizó",
(Hans-Peter Martin y Harald Schumann, ob. cit.).
"De acuerdo con los datos aportados por la OIT en marzo
de l994 existen en el mundo unos 820 millones de personas entre desocupados
y subocupados; que representan el 30% de la fuerza laboral mundial. El organismo
ha indicado también que ésta es la peor crisis mundial de
empleo, desde la depresión de l930, además cada año
38 millones de personas adicionales ingresan a la fuerza laboral existente,
sin encontrar los puestos de trabajo necesarios para dicha masa creciente
de trabajadores.
En los países centrales pertenecientes a la
C.E. crece el empobrecimiento relativo de su población. Existen
en la actualidad (1993) unos 50 millones de personas en situación
calificada técnicamente de pobreza. En los Estados Unidos subsisten
otros 35 millones de pobres.
23 países industrializados cuya
población era en 1990 de 773 millones de personas tienen un PBI equivalente
al 73,2% del producto mundial, mientras que 130 países en desarrollo
tienen un PBI equivalente al 17,9% del total mundial, y en 23 países
ex-socialistas su PBI, representa el 8,9% del total. La población
de estos 153 países era superior a los 4400 millones de personas.
En los 24 países de la OCDE existe en la actualidad (1993) una
masa del orden de 36 millones de desocupados, casi l0 millones más
que en 1990.
Los países miembros de la C.E. se están
convirtiendo en auténticas "fábricas de parados",
ya que en dichos países se ha pasado en las ultimas tres décadas
de 3 a 17 millones de desocupados
En el seno del G-7 la desocupación
llega a 23 millones de personas.
En verdad la "muerte de dinero"
ha partido el mundo en dos categorías económicas de
poder, amplitud y fundamentos desiguales. La más pequeña puede
llamarse "real" y por ahí circulan billetes, monedas, bienes,
comercio, servicios tangibles, tecnología, etc.. En la economía
real figuran fábricas, trabajadores, médicos, arquitectos,
docentes, obras públicas, comercios..... en fin la vida cotidiana.
Lo dramático es que esa sea la parte más expuesta de la economía,
marginada por los inversionistas, y su contracción está vulnerando
el tejido social -a través del desempleo estructural-, la calidad
de vida y los servicios básicos de las grandes ciudades.
La
otra economía puede llamarse "financiera". Hacia fines
de 1993 ya era unas 35 veces más voluminosa en números que
la real. No es una economía de producción ni de comercio,
sino de especulación pura que, en rigor, comercia sólo
con instrumentos y productos financieros. Se centra mayormente en papeles
de renta variable (acciones, obligaciones) o fija (bonos, títulos
de deuda). En verdad se ha convertido en la más reciente y enorme
forma de deuda y, como tal, protagoniza esta economía financiera.
Venga como viniere el futuro, el presente está en manos de un
neodinero que se ha vuelto mera imagen, capaz de aparecer, simultáneamente,
en millones de pantallas alrededor del mundo. Pero en realidad no está
en ningún lado, no precisa tesoros donde guardarse, se crea y se
esfuma en una dimensión intangible, donde millones de inversores,
operadores, banqueros, gerentes financieros, agentes bursátiles,
analistas y funcionarios manipulan cifras por la megarred electrónica
global.
Cada tres días el volumen del neodinero que pasa por
el lóbulo de la red neural que es New York equivale a la producción
total, en un año, de todas las empresas norteamericanas y su fuerza
laboral.. Cada quincena, el volumen de la especulación electrónica
que circula por Manhatan iguala el producto total del mundo.
Ya
el mercado electrónico global procesa una masa de 180 billones de
dólares anuales, capaz de comprar 3 veces cuanto hay en la tierra
o de generar supernovas que se traguen el mundo real en un paroxismo inflacionario
todavía imposible de describir"( Naum Minsburg - Hector Valle
y otros, ob. cit.)
"La industria tiene una productividad laboral mucho más alta que la de los otros sectores (agricultura o servicios), por lo cual sus salarios suelen ser un 150% a un 200% más elevados. La industria y no el comercio, es la principal fuente de prosperidad" (Ravi Batra, ob. cit.)
Antes de concluír este capítulo, quisiéramos
volver a lo que a nuestro juicio, actuó como catalizador de todo
este proceso. El final del comunismo, su quiebra, su involución,
fue lo que facilitó que el polvo se transformara en lodo.
En
las empresas, en los países, y en las regiones económicas
el "miedo" al comunismo hacía de freno, demoraba, atenuaba
o suspendía -en muchos casos- la acción descarnada del capitalismo.
La tolerancia de formas de gobierno social-demócratas, socialistas,
laboristas o demócratas-cristianos, en regiones sensibles al avance
comunista se consideraban "pragmáticas" para evitar males
mayores. El estado del bienestar fue el bálsamo para detener o disminuír
la peligrosidad de los disconformes, de los necesitados, de los postergados,
de los perdedores. Hacía falta mucha "red de seguridad"
para evitar fugas, desvíos o aún peor derivaciones. El mayor
ejemplo del caso lo tenemos en Italia, donde por 50 años Estados
Unidos apadrinó (nunca mejor dicho) la connivencia de la mafia y
la democracia cristiana, para evitar la llegada democrática de un
gobierno comunista.
Y así se hizo en cantidad y calidad suficiente, mientras
fue necesario. Cuando el estado de necesidad desapareció la "abuelita
se transformó en el lobo" y conocimos la "verdad verdadera".
Al ganar "por abandono". el capitalismo queda "sólo
en el ring", con todo su espíritu (doctrina) y cuerpo (tecnología),
para pelear en el futuro únicamente con su sombra.
Con el monopolio de la razón, sin competidores ideológicos, y con las fuerzas íntegras el capitalismo -puro y duro- se lanza a la conquista del mundo (globalización), imponiendo la supervivencia del más fuerte (competitividad), y no aceptando ningún tipo de límites o barreras condicionantes (libre comercio).
A partir de ese momento la única ley vigente es la del mercado. El único símbolo reconocido es el dinero. La única divisa válida es "el que gana se lleva todo". El hombre sólo interesa como consumidor y los países como mercado. La especulación sustituye a la producción. Y la única intervención del gobierno tolerada es para "socializar" las pérdidas de los poderosos.
Todo lo dicho y reproducido anteriormente, sirve de marco para ver, en los próximos capítulos, quienes ganan, quienes pierden, y quienes pueden competir en los mercados globalizados.