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TEXTOS OLVIDADOS DE LA DOCTRINA SOCIAL
DE LA IGLESIA archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Sumario
1.
"La economía actual... plagada de vicios gravísimos"
(QA 28)
2. Nuestro sistema económico
3. Algunas consecuencias
del sistema
4. Las relaciones laborales
5. La intervención
del Estado
6. Las relaciones internacionales
7. Problemas concretos
8. El compromiso de la Iglesia
9. Conclusión
Siglas y contextualización de los documentos
RN: Rerum novarum (1891) - León XIII - Primera palabra
de la Iglesia después de la primera Revolución Industrial
QA: Quadragésimo anno (1931) - Pío XI - Época
de los fascismos, corporativismo y colectivismo Sol: La solemnità
(1941) - Pío XII - En plena Segunda Guerra mundial, llama a la justicia
y la paz
MM: Mater et Magistra (1961) - Juan XXIII
PT: Pacem in
Terris (1963) - Juan XXIII - Apertura a nuevos problemas sociales, derechos
humanos y paz "obra de la justicia"
GS: Gaudium et spes (1965)
- Concilio Vaticano II - La nueva presencia de la Iglesia en el mundo
PVI: Discurso a los empresarios (1964) - Pablo VI
PP: Populorum Progressio
(1967) - Pablo VI
OA: Octogésima adveniens (1971) - Pablo VI
- La solidaridad mundial en el desarrollo. Década del desarrollo,
Vaticano II y mayo del 68
LE: Laborem exercens (1981) - Juan Pablo
II
SRS: Sollicitudo rei socialis (1987) - Juan Pablo II
CA: Centesimus
annus (1991) - Juan Pablo II - En la crisis del desarrollo, prioridad de
la persona sobre el capital.
El término "doctrina social de la Iglesia"
(DSI) fue creado por Pío XII. Luego se ha preferido hablar de diversas
"enseñanzas sociales" de la Iglesia, para evitar que se
las entienda de una manera fijista, perdiendo de vista su carácter
dinámico.
Es un dato conocido que la primera encíclica
social (demasiado tardía) fue publicada por León XIII en 1891
y que, desde 1941, apenas ningú;n papa ha dejado pasar los aniversarios
de aquella fecha, para alguna nueva declaración social. A pesar de
todo, hemos tenido interés en no dejar textos de las primeras encíclicas
sociales que hoy siguen resultando llamativos, hasta el extremo de que alguien
haya lanzado la pregunta retórica: "caído el Este ¿ha
llegado la hora de la DSI?".
Se podrá decir que esta selección
es incompleta, que faltan textos esenciales. No deseábamos en un
Cuaderno tan breve ser exhaustivos, ni eruditos. Intentábamos confeccionar
como una especie de trailer que subrayara textos originales y animara a
descubrir su valor profético en medio de una sociedad dormida. Los
trailers pueden resultar sesgados, llamativos, provocadores o descontextualizar
las escenas.
Tal vez hayamos caído en eso. Pero nosotros temíamos
más bien resultar aburridos. Por eso avisamos que no es éste
un Cuaderno para ser leído de un tirón: bastaría leer
(y reflexionar) un texto o grupo de ellos por día. A otros les parecerá
que no se dan soluciones concretas ante un problema tan grave y difícil;
la Iglesia no pretende dar soluciones técnicas, pero quiere recordar
que cualquier solución técnica ha de poner al hombre por encima
del dinero.
Ante la posible sospecha de unilateralidad que pueda tener
el lector de nuestra selección, quisieramos decir, ante todo, que
la selección es verdadera: todos los párrafos citados han
sido firmados por los papas ypertenecen a las enseñanzas sociales
de la Iglesia.
En segundo lugar, quisieramos añadir que:
a) Algunos de estos textos son de los más ocultados y por eso conviene
ponerlos de relieve. La DSI no se ha limitado a decir que el comunismo era
malo o a generalidades de titular de periódico (vg: la DSI condena
por igual a capitalismo y socialismo; pretende o no pretende ser una vía
media; la propiedad es legítima...), sino que ha dicho cosas bien
concretas e interpelantes. (Otra cuestión será si la misma
Iglesia ha tenido luego valor y audacia para cumplir y aplicarse a sí
misma lo que ella enseñaba).
b) Estos textos forman parte de
los textos más proféticos, de los que menos actualidad han
perdido y más vigencia mantienen en la inevitable decantación
que el avance histórico produce sobre todos los caminos morales que
buscamos los seres humanos. La misma Biblia tiene enseñanzas morales
superadas, porque Dios se ha manifestado a una humanidad en desarrollo histórico.
Pues bien: sería ilícito que esa Iglesia que aplica con razón
una hermenéutica histórica a la Escritura, no permitiera aplicarla
a sus propias enseñanzas, como si éstas tuvieran más
consistencia que la Palabra de Dios. ¡También la enseñanza
de la Iglesia tiene sus "antiguos testamentos"!
Cada cuál
es libre de aceptar la respuesta que prefiera: que son los textos más
olvidados, o que son más valiosos. Nosotros sólo podemos indicar
nuevamente que las inevitables reducidas dimensiones de un Cuaderno como
éste, nos han impuesto otra selección que es muchas veces
aleatoria y que obliga a dejar fuera otros textos que hubiéramos
querido mantener. Más de una vez el texto que citamos podría
ir acompañado por otros varios muy similares. Por esto nos permitimos
remitir al lector a dos libros: J. RENAU, Interpelados por la realidad (Sal
Terrae, 1994) e I. CAMACHO, Doctrina Social de la Iglesia, aproximación
histórica, (Paulinas, 1994, 2ª ed.), el primero de talante más
divulgativo, el segundo, un manual completo.
1. "HEMOS EXAMINADO LA ECONOMÍA ACTUAL Y LA HEMOS ENCONTRADO PLAGADA DE VICIOS GRAVÍSIMOS" (QA 28)
Elegimos como título una frase de Pio XI. Se puede pensar que "economía actual" se refiere sólo a la de los años 30-40 y que luego fue corregida (estado del bienestar, etc.). Se puede pensar también que precisamente la mundialización de la economia actual, con muchos países en proceso de industrialización (y con durísimas condiciones sociales que los vuelven más competitivos que los paises ya industrializados, p.e. el caso de los "tigres") vuelve más actuales que nunca las palabras de Pio XI. En cualquier hipótesis transcribimos seguidamente algunos juicios de otros dos papas.
1. En algunas... naciones, frente a la extrema pobreza de la mayoría,
la abundancia y el lujo desenfrenado de unos pocos contrastan de manera
abierta e insolente con la situación de los necesitados; en otras
se grava a la actual generación con cargas excesivas para aumentar
la productividad de la economía nacional de acuerdo con ritmos acelerados
que sobrepasan por entero los límites que la justicia y la equidad
imponen; finalmente, en otras naciones un elevado tanto por ciento de la
renta nacional se gasta en robustecer más de lo justo el prestigio
nacional o se destinan presupuestos enormes a la carrera de armamentos (MM
69).
-Son intolerables las diferencias existentes. Se va demasiado
deprisa, pero no para reducir la carencia de los pobres, sino para aumentar
la sobreabundancia de los que pueden pagar. Se gasta intolerablemente en
armas. ¨Como no ha de ser ésta una economía plagada de
"vicios gravísimos"?
2. No sólo la contratación
de trabajo, sino también las relaciones comerciales de toda índole
se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el extremo de que un número
sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que
el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios... La
crueldad de los ambiciosos... abusa de las personas sin moderación,
como si fueran cosas para su medro personal (RN 2 y 31).
Leon XIII
se atrevió a comparar la situación económico-social
de su época con la de la esclavitud que la Modernidad se gloriaba
de haber abolido. Pero, naturalmente, todas estas pinceladas sólo
podrán ser calificadas como males o vicios, desde un presupuesto
que ya no es económico sino previo a la economía. Es lo que
aclara el texto siguiente:
3. El desarrollo económico y el progreso
social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías
sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza
de la nación. En orden a lo cual hay que vigilar y procurar, por
todos los medios posibles, que las discrepancias que existen entre las clases
sociales por la desigualdad de la riqueza no aumenten, sino que, por el
contrario, se atenúen lo más posible (MM 73).
la economía
es una ciencia que no se cultiva sólo para producir más (esperando
que luego el azar ya distribuirá bien lo producido) sino para distribuir.
En la frase subrayada, la palabra "participación" aparece
como una finalidad más primaria que la palabra "aumento de riqueza"
la cual, por necesaria que sea, aparece sólo como presupuesto o finalidad
secundaria respecto a la anterior. De estos presupuestos ha de brotar un
análisis y un juicio éticos sobre nuestro sistema económico.
2. NUESTRO SISTEMA ECONÓMICO
1. Descripción
4. Sobre estas nuevas condiciones de la sociedad ha sido construido
un sistema que considera el provecho como motor esencial del progreso económico
la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada
de los medios de producción cómo un derecho absoluto, sin
límites ni obligaciones sociales correspondientes. Este liberalismo
sin freno, que conduce a la dictadura, justamente fue denunciado por Pío
XI como generador de "el imperialismo internacional del dinero"....
Sería injusto que se atribuyera a la industrialización misma
los males que son debidos al nefasto sistema que la acompaña (PP
26).
-Este párrafo es tan espléndido que basta con atender
a las palabras subrayadas que dan algunos de los rasgos principales sin
necesidad de ningún otro comentario.
2. Valoración
5. Salta a los ojos de todos... que en nuestro tiempo no sólo se
acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica
potencia económica en manos de unos pocos que, la mayor parte de
las veces no son dueños, sino sólo custodios y administradores
de una riqueza en depósito, que ellos manejan a su voluntad y arbitrio.
Un dominio ejercido de la manera más tiránica por aquellos
que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan
también de las finanzas y señorean sobre el crédito
y, por esta razón, se diría que administran la sangre de que
vive toda la economía y parecen tener en sus manos el alma de la
misma, de modo que nadie puede ni respirar contra su voluntad.
Esta
acumulación de recursos y de poder "nota casi característica
de la economía contemporánea"-, es el fruto natural de
la ilimitada libertad de los competidores, de la que han sobrevivido sólo
los más poderosos, lo que con frecuencia equivale a decir: los más
violentos y los más desprovistos de conciencia.
Ultimas consecuencias...
son: la libre concurrencia se destruye a sí misma; la dictadura económica
se adueña del mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la ambición
desenfrenada de poder; toda la economía se ha hecho horrendamente
dura, cruel y atroz...; pérdida del prestigio del Estado que, (aunque
debería ocupar el puesto de rector y árbitro supremo de las
cosas libre de todo interés de partes y atento exclusivamente al
bien común y a la justicia), se hace por el contrario esclavo, entregado
y vendido a la pasión y a las ambiciones humanas... (QA 105-109).
-Estremece pensar que estos párrafos no son de 1996, sino de
1931. ¿Cuántos ricos "cristianos o no" aceptarían
hoy que no son dueños sino administradores de una riqueza en depósito
y que no pueden manejarla a su voluntad? Pío XI no tiene inconveniente
en usar las palabras "tiranía" y "dictadura"
donde nosotros sólo hablamos de democracia (porque sin democracia
económica no puede haber democracia política). En una tiranía
el triunfo no es señal de más capacidad sino de más
violencia y de menos conciencia. El resultado es que los mismos valores
ideales del sistema "se destruyen a sí mismos" (párrafo
tercero).
6. Si la Iglesia condena los regímenes marxistas actuales,
no puede dejar de advertir que el obrero, en su esfuerzo por mejorar su
condición, tropieza con un sistema social que lejos de estar de acuerdo
con la naturaleza, se opone al orden establecido por Dios y a la finalidad
que El asignó a los bienes de la tierra" (Pío XII, el
7 de sept. de 1947) (Texto tomado de la Nueva Historia de la Iglesia de
ediciones Cristiandad, vol V, p. 513).
7. El sistema económicosocial,
creado por el liberalismo manchesteriano y que todavía perdura en
el criterio de la unilateralidad de la posesión de los medios de
producción, de la economía encaminada a un provecho privado
prevalente, no trae la perfección, no trae la paz, no trae la justicia,
si continúa dividiendo a los hombres en clases irreductiblemente
enemigas, y caracteriza a la sociedad por el malestar profundo y lacerante
que la atormenta, apenas contenido por la legalidad y la tregua momentánea
de algunos acuerdos en la lucha sistemática e implacable, que debería
llevarla a la opresión de una clase contra la otra.
Muchas desgracias
consecuentes a la búsqueda del bienestar humano, fundado exclusiva
y prevalentemente en los bienes económicos y en la felicidad temporal,
nacen precisamente de esta estructuración materialista de la vida,
imputable no solamente a aquellos que del viejo materialismo dialéctico
hacen el dogma fundamental de una triste sociología, sino también
a todos cuantos colocan el becerro de oro en el puesto que le corresponde
al Dios del cielo y de la tierra. Habéis comprendido que para vosotros
la aceptación del mensaje cristiano es un sacrificio: mientras que
para las clases carentes de bienes es un mensaje de bienaventuranza y esperanza,
para vosotros es un mensaje de responsabilidad, de renuncia y de temor (PVI).
-Según el duro texto de Pío XII el sistema es antinatural.
Pablo VI aclara este adjetivo: el sistema no es de justicia y paz sino de
injusticia y guerra (párrafo 1º). Y lo es porque se asienta
sobre un materialismo [no ateo sino] idólatra (párrafo 2º).
Un ejemplo de esa lucha de clases, concebida como hecho consecuente al sistema
y no como medio para su superación, es esta interpelación
personal del mismo documento de Pablo VI, (dirigido, recuérdese,
a empresarios):
8. Vosotros mismos ¿no experimentáis este
extraño resultado en vuestros esfuerzos?...en la aversión
que surge contra vosotros precisamente en aquellos mismos a quienes habéis
ofrecido... trabajo? Vuestras empresas, maravillosos frutos de vuestros
esfuerzos ¿no son acaso motivo de disgustos y ataques? Las estructuras
mecánicas y burocráticas funcionan perfectamente, pero las
estructuras humanas no. La empresa... ¿no es acaso todavía
hoy una fricción de espíritus e intereses? ¿No se la
considera a veces como argumento contra quien la ha constituido, la dirige
y la administra? ¿No se dice de vosotros que sois capitalistas y
los únicos culpables?... Ha de tener algún vicio profundo,
una radical insuficiencia este sistema, si desde sus comienzos cuenta con
semejantes reacciones sociales.
- Estas palabras fueron consideradas
en su día, como de las más importantes que haya dicho nunca
un papa. Y lo siguen siendo. Su valor está precisamente en que el
papa no culpabiliza en absoluto a sus destinatarios. Más bien, al
lamentar la hostilidad que surge contra ellos, los lleva a descubrir alguna
insuficiencia profunda del sistema. Y esa insuficiencia consiste en la radical
primacía de las estructuras económicas sobre las estructuras
humanas.
3. Elementos para su corrección
9. Prioridad del
trabajo humano sobre... el capital... El trabajo es siempre una causa eficiente
primaria, mientras que el capital... es sólo un instrumento... El
conjunto de medios es fruto del patrimonio histórico del trabajo
humano.... Intrínsecamente verdadero y a su vez moralmente legítimo
puede ser aquel sistema que, en su raíz, supera la antinomia entre
trabajo y capital, tratando de estructurarse según el principio expuesto
más arriba de la sustancial y efectiva prioridad del trabajo.
Desde esta perspectiva, sigue siendo inaceptable la postura del "rígido"
capitalismo, que defiende el derecho exclusivo a la propiedad privada de
los medios de producción, como un "dogma" intocable en
la vida económica. El principio del respeto del trabajo, exige que
este derecho se someta a una revisión constructiva en la teoría
y en la práctica. En efecto, si es verdad que el capital, al igual
que el conjunto de los medios de producción, constituye a su vez
el producto del trabajo de generaciones, entonces no es menos verdad que
ese capital se crea incesantemente gracias al trabajo llevado a cabo con
la ayuda de ese mismo conjunto de medios de producción... (LE 12.13.14).
-Quizá sea bueno recordar que estas líneas son rigurosamente
contemporáneas del comienzo de la "era Reagan" (aunque
el atentado al Papa retrasó unos meses su publicación). En
ellas hay un principio fundamental que significa a la vez la crítica
y la vía de superación del sistema: la primacía del
trabajo sobre el capital, fundamentado en que el capital (y los medios de
producción) son sólo instrumento, mientras que el trabajo
es causa de la riqueza. De ahí se sigue, entre otras consecuencias,
una desabsolutización de la propiedad privada de los medios por parte
del capital, dado que, en buena parte al menos, son obra del trabajo. (Véase
también el texto de QA 54 que citaremos al hablar del salario).
4. Balance final
10. Queda demostrado cuán inaceptable es la
afirmación de que la derrota del socialismo deje al capitalismo como
único modelo de organización económica. Hay que romper
las barreras y los monopolios, que dejan a tantos pueblos al margen del
desarrollo, y asegurar a todos "individuos y naciones" las condiciones
básicas que permitan participar en dicho desarrollo (CA 35).
-El capitalismo no es pues ni el modelo victorioso, ni el mejor modelo,
ni siquiera el único posible. Aunque sea el único de que disponemos
ahora. Pero, una vez en él, hay que ser muy conscientes sobre algunas
de sus consecuencias que son nefastas no ya para sus víctimas sino
para todos. Y hay que intentar salvar el máximo de justicia en las
relaciones laborales. A eso van los dos capítulos siguientes.
3. ALGUNAS CONSECUENCIAS DEL SISTEMA
1. El consumismo como antiecología personal y ambiental
11. A través de las opciones de producción y de
consumo, se pone de manifiesto una determinada cultura como concepción
global de la vida. De ahí nace el fenómeno del consumismo.
Al descubrir nuevas necesidades y nuevas modalidades para su satisfacción,
es necesario dejarse guiar por una imagen integral del hombre que respete
todas las dimensiones de su ser y que subordine las materiales e instintivas
a las interiores y espirituales. Por el contrario, al dirigirse directamente
a sus instintos, prescindiendo en uno u otro modo de su realidad personal,
consciente y libre, se pueden crear hábitos de consumo y estilo de
vida objetivamente ilícitos y con frecuencia incluso perjudiciales
para su salud física y espiritual.
El sistema económico
no posee en sí mismo criterios que permitan distinguir correctamente
las nuevas y más elevadas formas de satisfacción de las nuevas
necesidades humanas, que son un obstáculo para la formación
de una personalidad madura (SRS 36).
12. Por eso es necesario esforzarse
por implantar estilos de vida, a tenor de los cuales los elementos que determinen
las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones sean la búsqueda
de la verdad, de la belleza y del bien común, así como la
comunión con los demás hombres... A este respecto, no puedo
limitarme a recordar el deber de la caridad, esto es, el deber de ayudar
con lo propio "superfluo" y, a veces, incluso con lo propio "necesario"
para dar al pobre lo indispensable para vivir. Me refiero al hecho de que
también la opción de invertir en un lugar y no en otro, en
un sector productivo en vez de en otro, es siempre una opción moral
y cultural (CA 36).
13. Es asimismo preocupante, junto con el problema
del consumismo y estrictamente vinculado con él, la cuestión
ecológica. El hombre, impulsado por el deseo de tener y gozar, más
que de ser y de crecer, consume de manera excesiva y desordenada los recursos
de la tierra y su misma vida. En la raíz de la insensata destrucción
del ambiente natural hay un error antropológico, por desgracia muy
difundido en nuestro tiempo (CA 37).
-El sistema económico no
tiene criterios para decidir qué es lo que hace más hombres
a los hombres ni más hogare¤a a la tierra. Sólo tiene
criterios para saber quiénes pueden pagar, y cómo inducir
a pagar, aun a aquellos que pueden menos (vg. produciendo armas).
2.
La deuda externa como expolio perpetuo
14. Habiendo cambiado las circunstancias,
tanto en los países endeudados como en el mercado internacional financiador,
el instrumento elegido para dar una ayuda al desarrollo se ha transformado
en un mecanismo contraproducente... Los países endeudados, para satisfacer
los compromisos de la deuda, se ven obligados a exportar los capitales que
serían necesarios para aumentar o, incluso, para mantener su nivel
de vida... por la misma razón, no pueden obtener nuevas fuentes de
financiación indispensables (SRS 19).
Es ciertamente justo el
principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio,
exigir o pretender su pago cuando éste vendría a imponer de
hecho opciones políticas tales que llevarían al hambre y a
la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que
las deudas contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables.
En estos casos es necesario encontrar modalidades de reducción, demora
o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de
los pueblos a la subsistencia y al progreso (SRS 35).
-No parece que
estas palabras necesiten mucho comentario, lo que requieren es voluntad
para aceptarlas. Quizá sí conviene añadir que la SRS
es de 1987, y que, desde entonces se han encontrado algunas modalidades
(el "plan Brady" de 1988) que, si no han hecho la deuda del todo
compatible "con el derecho fundamental de los pueblos" sí
que han servido para suavizarla en muchos casos.
3. La amenaza armamentista
15. La justicia, la recta razón y el sentido de la dignidad
humana exigen urgentemente que cese ya la carrera de armamentos: que de
un lado y de otro las naciones reduzcan simultáneamente los armamentos
que poseen; que las armas nucleares queden proscritas, que, por fin, todos
convengan en un pacto de desarme gradual, con mutuas y eficaces garantías.
No se puede permitir que la calamidad de una guerra mundial, con sus estragos
económicos y sociales y sus crímenes y perturbaciones morales,
se ensañe por tercera vez sobre la humanidad (PT 106).
16. Si
la producción de armas es un grave desorden que reina en el mundo
actual respecto a las verdaderas necesidades de los hombres y al uso de
los medios adecuados para satisfacerlas, no lo es menos el comercio de las
mismas. Más aún: a propósito de esto es preciso añadir
que el juicio moral es todavía más severo (SRS 24).
17.
A pesar de que las guerras recientes han traído a nuestro mundo daños
gravísimos materiales y morales, todavía a diario en algunas
zonas del mundo, la guerra continúa sus devastaciones. Es más,
al emplear en la guerra armas científicas de todo género,
su crueldad intrínseca amenaza llevar a los que luchan a tal barbarie,
que supera enormemente la de los tiempos pasados. La complejidad de la situación
actual y el laberinto de las relaciones internacionales permiten prolongar
guerras disfrazadas con nuevos métodos insidiosos y subversivos.
En muchos casos se admite como nuevo sistema de guerra el uso de los métodos
del terrorismo (GS 79).
18. Las consecuencias de este estado de cosas
se manifiestan en el acentuarse de una plaga típica y reveladora
de los desequilibrios y conflictos del mundo contemporáneo: los millones
de refugiados, a quienes las guerras, calamidades naturales, persecuciones
y discriminaciones de todo tipo han hecho perder casa, trabajo, familia
y patria. La tragedia de estas multitudes se refleja en el rostro descompuesto
de hombres, mujeres y niños que, en un mundo dividido e inhóspito,
no consiguen encontrar ya un hogar (SRS 24).
-¡Qué proféticas
resultan las palabras de los dos últimos párrafos leídas
en 1996! Ojalá no lo resulten las palabras finales del primero de
estos cuatro textos. En cualquier caso, ahí queda el juicio del Vaticano
II de que la barbarie de nuestro mundo "civilizado" puede competir
con la de épocas anteriores. Pero ocurre que p. ej. las minas ¡son
tan lucrativas! Si el sistema conlleva esas amenazas intrínsecas
es lógico que se busquen los mecanismos para su superación.
En el texto 9 se hablaba de prioridad del trabajo sobre el capital y desabsolutización
de la propiedad privada de los medios de riqueza. Esto nos lleva a los dos
capítulos siguientes: las relaciones laborales y la intervención
del estado en la economía.
4. LAS RELACIONES LABORALES
1. La relación capital-trabajo es actualmente injusta y por eso conflictiva
19. El problema del trabajo, en la época del desarrollo
industrial, ha sido planteado y se ha manifestado en el contexto de un gran
conflicto entre el "mundo del capital" y el "mundo del trabajo",
es decir, entre el grupo restringido, pero muy influyente, de los empresarios,
propietarios o poseedores de los medios de producción y la más
vasta multitud de gente que no disponía de estos medios, y que participaba,
en cambio, en el proceso productivo exclusivamente mediante el trabajo.
Tal conflicto ha surgido por el hecho de que los trabajadores, ofreciendo
sus fuerzas para el trabajo, las ponían a disposición del
grupo de los empresarios, y éste, guiado por el principio del máximo
rendimiento, trataba de establecer el salario más bajo posible para
el trabajo realizado por los obreros.
La llamada a al solidaridad y
a la acción común lanzada a los trabajadores... tenía
un importante valor... Era la reacción contra la degradación
del hombre como sujeto del trabajo y contra la inaudita y concomitante explotación
en el campo de las ganancias, de las condiciones de trabajo y de provisión
hacia la persona del trabajador (LE 11 y 8).
20. Durante mucho tiempo,
en efecto, las riquezas o "capital" se atribuyeron demasiado a
sí mismos. El capital reivindicaba para sí el rendimiento,
la totalidad del producto, dejando al trabajador apenas lo necesario para
reparar y restituir sus fuerzas. Pues se decía que, en virtud de
una ley económica absolutamente incontrastable, toda acumulación
de capital correspondía a los ricos, y que, en virtud de esa misma
ley, los trabajadores estaban condenados y reducidos a perpetua miseria
o a un bienestar muy escaso... No siempre ni en todas partes la realidad
de los hechos estuvo de acuerdo con esta opinión de los liberales
vulgarmente llamados manchesterianos, aun cuando tampoco pueda negarse que
las instituciones económico-sociales se inclinaban constantemente
a este principio (QA 54).
-Por primera vez un Papa se encara con el
principio de que la falta de equidad entre capital y trabajo es una "ley
incontrastable de la economía", aunque eso sea lo aceptado por
"la mayoría de las instituciones": es más bien una
ley injusta de un determinado sistema económico, que ha de provocar
conflictos y reacciones lógicas de parte de las víctimas.
Si el texto 19 es estrictamente contemporáneo de la "reaganomía",
el 20 es cincuenta años anterior.
2. Primacía del trabajo
no significa colectivismo ni propiedad estatal
21. Se puede hablar
de socialización únicamente cuando quede asegurada la subjetividad
de la sociedad, es decir, cuando toda persona, basándose en su propio
trabajo, tenga pleno título a considerarse al mismo tiempo "copropietario"
de esa especie de gran taller de trabajo en el que se compromete con todos.
Un camino para conseguir esa meta podría ser el de asociar, en cuanto
sea posible, el trabajo a la propiedad del capital y dar vida a una rica
gama de cuerpos intermedios con finalidades económicas, sociales,
culturales: cuerpos que gocen de una autonomía efectiva respecto
a los poderes públicos... (LE 14).
3. Significa derecho al trabajo
y atención al sujeto del trabajo
22. La Iglesia lo ha vuelto
a afirmar solemnemente en el último Concilio: "La persona humana
es y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones".
Todo hombre tiene derecho al trabajo, a la posibilidad de desarrollar sus
cualidades y su personalidad en el ejercicio de su profesión (OA
14).
23. No hay persona que no se dé cuenta de la actualidad
y de la creciente gravedad del desempleo en los países industrializados.
Si éste aparece de modo alarmante en los países en vías
de desarrollo, con su alto índice de crecimiento demográfico
y el número tan elevado de población juvenil, en los países
de gran desarrollo económico parece que se contraen las fuentes de
trabajo, y así las posibilidades de empleo, en vez de aumentar, disminuyen
(SRS 18).
24. Por eso, hay que seguir preguntándose sobre el
sujeto del trabajo y las condiciones en las que vive. Para realizar la justicia
social en las diversas partes del mundo, en los distintos Países,
y en las relaciones entre ellos, son siempre necesarios nuevos movimientos
de solidaridad de los hombres del trabajo. Esta solidaridad debe estar siempre
presente allí donde lo requiere la degradación social del
sujeto del trabajo, la explotación de los trabajadores, y las crecientes
zonas de miseria e incluso de hambre.
El trabajo humano es una clave,
quizá la clave esencial, de toda la cuestión social, si tratamos
de verla verdaderamente desde el punto de vista del bien del hombre. Si
la solución gradual de la cuestión social... debe buscarse
en la dirección de hacer la vida humana, entonces la clave, que es
el trabajo humano adquiere una importancia fundamental y decisiva (LE 8
y 3).
-El problema de la economía es si pretende hacer la vida
humana más humana para todos, o sólo más fácil
para unos pocos. Según se elija una u otra finalidad, las leyes de
la economía serán muy diferentes. Por eso se puede decir:
"la economía se ha hecho para el hombre (para todos los hombres),
no los hombres para la economía" (de unos pocos).
4. Todo
esto significa revisar los criterios salariales
25. Si el obrero, obligado
por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta, aun no
queriéndola, una condición más dura, porque la imponen
el patrono o el empresario, esto es ciertamente soportar una violencia,
contra la cual reclama justicia (RN 32).
-Por ejemplo: si hay una gran
masa de parados el obrero aceptará cualquier cosa para sí,
y reivindicará mucho menos para su clase: no porque así lo
quiera libremente sino "forzado por la necesidad".
26. Hay
que luchar denodadamente, por tanto, para que los padres de familia reciban
un sueldo lo suficientemente amplio para atender convenientemente a las
necesidades domésticas ordinarias. Y si en las actuales circunstancias
esto no siempre fuera posible, la justicia social postula que se introduzcan
lo más rápidamente posible las reformas necesarias para que
se fije a todo ciudadano adulto un salario de este tipo (QA 71).
27.
Cierto es que para establecer la medida del salario con justicia hay que
considerar muchas razones; pero generalmente tengan presente los ricos y
los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los desvalidos
y buscar su ganancia en la pobreza ajena, no lo permiten ni las leyes divinas
ni las humanas. Y defraudar a alguien en el salario debido es un gran crimen,
que llama a voces las iras vengadoras del cielo. "He aquí que
el salario de los obreros... que fue defraudado por vosotros, clama; y el
clamor de ellos ha llegado a los oídos del Dios de los ejércitos"
(Sgo 5, 4). Por último, han de evitar cuidadosamente los ricos perjudicar
en lo más mínimo los intereses de los proletarios con violencias
o con engaños, o con artilugios usurarios; tanto más cuanto
que no están suficientemente preparados contra la injusticia y el
atropello, y, por eso mismo, mientras más débil sea su economía,
tanto más sagrada debe considerarse (RN 14).
28. Todo hombre
tiene derecho a una remuneración equitativa que le permita a él
y a su familia "llevar una vida digna en el plano material, cultural
y espiritual", a la asistencia en caso de necesidad por razón
de enfermedad o de edad (OA 14).
-Reléanse a la luz de estos
textos, y de la cita bíblica del nº 27, todos nuestros discursos
sobre el "ajuste", la "moderación" salarial y
demás eufemismos. Reléanse las condiciones impuestas por el
FMI a los países más pobres. No hay duda de que éste
es el punto en que la DSI más choca con la práctica habitual
del capitalismo. Pero no sólo porque esto no sea factible en un determinado
momento, sino porque no existe en absoluto la voluntad de "ir caminando
lo más rápidamente posible" hacia esa meta, como pedía
Pío XI. La voluntad latente es más bien la contraria, en un
sistema que sólo se rige por la competitividad, olvidando el contrapunto
necesario de la solidaridad... Queremos notar también que los papas
hablan sólo de la funcionalidad, no de la cuantía del salario.
Esa función se puede realizar bien por su volumen, bien por formas
de participación en la empresa, etc.
5. Todo lo anterior se agrava
considerablemente cuando la economía se convierte de "productiva"
en "especulativa"
29. Es necesario denunciar la existencia
de unos mecanismos económicos, financieros y sociales, los cuales,
aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi
automático, haciendo más rígidas las situaciones de
riqueza de los unos y de pobreza de los otros. Estos mecanismos, maniobrados
por los países mas desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen
a causa de su mismo funcionamiento, los intereses de los que los maniobran,
aunque terminan por sofocar o condicionar las economías de los países
menos desarrollados. Es necesario someter en el futuro estos mecanismos
a un análisis atento bajo el aspecto ético-moral (SRS 1).
-A partir de aquí, quizás podemos dar ya respuesta a
la frase de Pío XI que sirvió de título a nuestro capítulo
I: ¿cuáles son esos "vicios gravísimos" de
nuestra economía?:
30. La economía no es viciosa por naturaleza,
sino que viola el recto orden sólo cuando el capital abusa de los
obreros y de la clase proletaria con la finalidad y de tal forma que los
negocios e incluso toda la economía se plieguen a su exclusiva voluntad
y provecho, sin tener en cuenta para nada ni la dignidad humana de los trabajadores,
ni el carácter social de la economía, ni aun siquiera la misma
justicia social y el bien común (QA 101).
-La pregunta mordaz
que han lanzado contra la Iglesia algunos defensores del sistema ("¿está
Dios contra la economía?") tiene aquí la respuesta, dada
hace ya medio siglo.
Y si el sistema conlleva esa dinámica intrínseca
de injusticia, uno de los mínimos remedios que exige (no para ser
transformado pero
al menos para ser suavizado) será la intervención del estado.
5. LA INTERVENCIÓN DEL ESTADO
31. Mientras el estado, durante el s. XIX, por exagerada exaltación
de la libertad, consideraba como fin exclusivo suyo tutelar la libertad
con el derecho, León XIII le advirtió ser igualmente suyo
el aplicarse a la atención social, procurando el bienestar de todo
el pueblo y de todos sus miembros, particularmente de los débiles
y de los desheredados (Sol 9).
-En estas palabras (que provienen de
un mensaje con motivo del 50 aniversario de RN) reaparecen las dos posturas
que hoy vemos debatirse entre derechas e izquierdas: el estado no debe intervenir
más que para garantizar la libertad del capital, porque siempre que
interviene, la economía va peor. A la que Pío XII contrapone
esta otra concepción: el estado casi no tiene más razón
de ser que garantizar la defensa de los más débiles y, a partir
de ahí, el bienestar de todos los ciudadanos. La razón, profundamente
bíblica, la había dado ya, cincuenta años antes, León
XIII:
32. La raza de los ricos, como se puede amurallar con sus propios
recursos, necesita menos del amparo de la pública autoridad; el pueblo
pobre, como carece de medios propios con que defenderse, tiene que apoyarse
grandemente en el patrocinio del estado... Queda al alcance de los gobernantes
beneficiar a los demás órdenes sociales y aliviar grandemente
la situación de los proletarios; y esto en virtud del mejor derecho
y sin la más leve sospecha de injerencia, ya que el Estado debe velar
por el bien común como propia misión suya (RN 22 y 23).
33. Y de ninguna manera se ha de caer en el error de que la autoridad civil
sirva al interés de uno o de pocos, habiendo sido establecida para
procurar el bien de todos. Sin embargo, razones de justicia y de equidad
pueden tal vez exigir que los poderes públicos tengan especiales
consideraciones hacia los miembros más débiles del cuerpo
social, encontrándose éstos en condiciones de inferioridad
para hacer valer sus propios derechos y para conseguir sus legítimos
intereses (PT 51).
-La parcialidad hacia los más débiles
es la única manera de que la autoridad sea verdaderamente "de
todos los ciudadanos". Una de las razones primarias de la autoridad
es, por tanto, la defensa de los indefensos y de los que carecen de recursos.
Cómo debe entenderse este apoyo lo sugiere el siguiente texto:
34. La falta de seguridad, junto con la corrupción de los poderes
públicos y la proliferación de fuentes ilícitas de
aumento del patrimonio familiar, y de beneficios fáciles basados
en actividades ilegales o puramente especulativas, es uno de los obstáculos
principales para el desarrollo y para el orden económico (CA 48).
-Debería darse una interacción entre unos poderes que
controlen la corrupción económica de los pudientes, y una
ciudadanía que controle la corrupción de los poderes públicos.
Eso sería una verdadera democracia. Alguna concreción de esas
"especiales consideraciones" (de que hablaba el texto 33) la sugiere
el texto siguiente:
35. No menor empeño habrán de poner
los que tienen el poder civil en lograr que a los obreros aptos para el
trabajo se les ofrezca la oportunidad de conseguir empleos adecuados a sus
fuerzas; que la remuneración del trabajo se determine según
criterios de justicia y equidad; que en los complejos productivos se dé
a los obreros la posibilidad de sentirse responsables de la empresa en que
trabajan; que se puedan constituir unidades intermedias que hagan más
fácil y fecunda la convivencia de los ciudadanos; que finalmente
todos, por procedimientos aptos y graduales puedan tener participación
en los bienes de la cultura (PT 59).
-Derecho al trabajo, derecho al
salario justo, derecho a la corresponsabilidad y a niveles autónomos
de gestión, derecho a la cultura. Un sistema que no facilite esos
objetivos, aunque consiga otros, no es un sistema racional ni humano ni
justo, como sugiere el párrafo siguiente:
36. La experiencia
atestigua que, dondequiera que falte una apropiada acción de los
poderes públicos, los desequilibrios económicos, sociales
y culturales de los seres humanos tienden, sobre todo en nuestra época,
a acentuarse más bien que a reducirse, y se llega por lo mismo a
hacer que "derechos y deberes del hombre" no sean más que
vocablos desprovistos de toda eficacia (PT 58).
-Pero toda esta intervención
estatal debe hacerse siempre respetando el importante "principio de
subsidiariedad" (que desgraciadamente, parece no tener valor para la
misma Iglesia que lo proclama): lo que pueden hacer las instancias más
cercanas, no deben hacerlo las más lejanas:
37. Esta intervención
estatal que fomenta, estimula, organiza, protege y completa, descansa sobre
el principio de subsidiariedad, establecidas por Pío XI: "sigue
en pie y firme... aquel grave principio inamovible...: como no puede quitarse
a los individuos lo que ellos pueden realizar con su propio ingenio o esfuerzo,
y darlo a la comunidad, así tampoco es justo, sino que constituye
una grave perturbación... que se quite a las comunidades menores
o inferiores lo que ellas pueden realizar y conseguir, para dárselo
a una instancia más elevada. Pues toda acción de la sociedad,
por su misma fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del
cuerpo social, pero no destruirlos ni absorberlos (MM 53, QA 79).
-"Potenciar
sin destruir". Una de las grandes dificultades para todo esto, en el
momento actual, es la tremenda interdependencia de todas las economías
y la conversión de un mundo tan espantosamente desigual en "aldea
global".
38. Es el Estado el que debe realizar una política
laboral justa. No obstante... dentro del sistema actual de relaciones económicas
en el mundo, se dan entre los Estados múltiples conexiones... por
ejemplo, en los procesos de importación y exportación... Estas
relaciones crean a su vez dependencias recíprocas y, consiguientemente,
sería difícil hablar de plena autosuficiencia... por lo que
se refiere a cualquier Estado, aunque sea el más poderoso en sentido
económico.
Tal sistema de dependencias recíprocas, es
normal en sí mismo; sin embargo, puede convertirse fácilmente
en ocasión para diversas formas de explotación o de injusticia,
y de este modo influir en la política laboral de los Estados y en
última instancia sobre el trabajador que es el sujeto propio del
trabajo (LE 17).
-Esto nos lleva a la necesidad de considerar las relaciones
internacionales también en el campo de la economía. La SRS,
escrita a raíz del aniversario de la PP, comenzaba señalando
que lo que más ha cambiado desde aquella encíclica hasta hoy
es precisamente la mundialización de la economía que pone
de relieve, a la vez, nuevas irracionalidades e injusticias, junto con innegables
dificultades para solventarlas a niveles particulares. Ello nos lleva a
un nuevo capítulo en esta antología.
6. LAS RELACIONES INTERNACIONALES
39. Mientras por una parte
siguen sin utilizarse recursos importantes de la naturaleza, existen por
otra grupos enteros de desocupados o subocupados y un sinfín de multitudes
hambrientas un hecho que atestigua sin duda el que, dentro de las comunidades
políticas como en las relaciones existentes entre ellas a nivel continental
y mundial en lo concerniente a la organización del trabajo y del
empleo hay algo que no funciona y concretamente en los puntos mas críticos
y de mayor relieve social (LE 18).
40. Pero el problema tal vez mayor
de nuestros días es el que atañe a las relaciones entre las
naciones económicamente desarrolladas y los países en vías
de desarrollo económico: las primeras gozan de una vida cómoda;
los segundos, en cambio, padecen durísima escasez. La solidaridad
social, que hoy día agrupa a todos los hombres en una única
familia, impone a las naciones que disfrutan de abundante riqueza económica
la obligación de no permanecer indiferentes ante los países
cuyos miembros, oprimidos por innumerables dificultades interiores, se ven
extenuados por la miseria y el hambre y no disfrutan, como es debido, de
los derechos fundamentales del hombre. Esta obligación se ve aumentada
por el hecho de que, dada la interdependencia progresiva que actualmente
sienten los pueblos, no es ya posible que reine entre ellos una paz duradera
y fecunda si las diferencias económicas y sociales entre ellos resultan
excesivas (MM 157).
-Los promotores de la plataforma del 0'7 decían
que se trataba sólo de un primer paso. Juan XXIII añade una
razón para ese modo de ver: "res nostra agitur!": nos jugamos
nuestra propia paz duradera y fecunda. La primera consecuencia de la "aldea
global" es la necesidad de la igualdad entre las naciones:
41.
Las mutuas relaciones entre las Comunidades políticas han de estar
reguladas por la verdad. La cual exige antes que nada, que de estas relaciones
se elimine toda huella de racismo; y que, por tanto, se reconozca como principio
sagrado e inmutable que las Comunidades políticas, por dignidad de
naturaleza, son iguales entre sí; de donde se sigue un mismo derecho
a la existencia, al propio desarrollo, a los medios necesarios para lograrlo
de modo que cada una sea la primera responsable en la actuación de
sus programas... (PT 80).
-Ello lleva a proclamar la necesidad y las
funciones de una autoridad mundial:
42. Debiendo esta autoridad desempeñar
su oficio eficazmente, conviene que sea igual con todos, exenta de toda
parcialidad y orientada al bien común de todas las gentes. Si las
Naciones más poderosas imponen por la fuerza esta autoridad universal,
con razón habrá que temer que sirva al provecho de unos pocos
o que esté del lado de una sola Nación. De este modo la fuerza
y eficacia de su acción correrían peligro. Las Naciones, por
mucho que discrepen entre sí en el aumento de bienes materiales y
en su poder militar, defienden tenazmente la igualdad jurídica y
la propia dignidad moral. Por eso, no sin razón, los Estados se someten
de mal grado a una potestad que se les impone por la fuerza, o a cuya constitución
no han contribuido o a la que no se han adherido espontáneamente
(PT 130).
-Pero todo lo anterior resultará inútil si,
tanto las relaciones internacionales como la autoridad mundial, están
viciadas por el pecado original de unas relaciones económicas injustas,
como son las del comercio internacional, denunciado por Pablo VI en unos
párrafos famosos:
43. Los esfuerzos.. que se han hecho para ayudar
a los países en vías de desarrollo, serán ilusorios
si sus resultados se ven parcialmente anulados por las relaciones comerciales
entre países ricos y pobres. La confianza de éstos se quebrantará
si tienen la impresión de una mano les da lo que les quita la otra.
Las naciones industrializadas exportan sobre todo productos elaborados,
mientras que las economías poco desarrolladas no tienen para vender
más que productos agrícolas y materias primas. Gracias al
progreso técnico los primeros aumentan rápidamente de valor
y encuentran suficiente mercado. Por el contrario, los productos primarios
que provienen de los países subdesarrollados, sufren amplias y bruscas
variaciones de precio, muy lejos de esa plusvalía progresiva. De
ahí provienen para éstos últimos grandes dificultades
cuando han de contar con sus exportaciones para equilibrar su economía
y realizar su plan de desarrollo. Los pueblos pobres permanecen siempre
pobres y los ricos se hacen cada vez más ricos (PP 56.57).
A
este respecto, deseo recordar particularmente: la reforma del sistema internacional
de comercio, hipotecado por el proteccionismo y el creciente bilateralismo;
la reforma del sistema monetario y financiero mundial, reconocido hoy como
insuficiente; la cuestión de los intercambios de tecnologías
y de su uso adecuado; la necesidad de una revisión de la estructura
de las organizaciones internacionales existentes en el marco de un orden
internacional (SRS 43).
-Plusvalía progresiva para unos y "minusvalía"
regresiva para otros. Estas palabras han resultado dolorosamente proféticas.
Muchos pueblos subdesarrollados se han visto obligados a substituir una
agricultura de subsistencia (maíz, arroz etc.) por unos cultivos
de exportación (flores, plantas colorantes...) que de ningún
modo alcanzan después a la subsistencia de los campesinos. Así
no les quedan a éstos más que dos salidas: o la emigración
loca a las horribles megápolis de muchos países del tercer
mundo, o el cultivo de la droga. Ante estos hechos, continuaba Pablo VI:
44. La regla del libre cambio no puede seguir rigiendo ella sola las relaciones
internacionales. Sus ventajas son claras sólo si las partes no se
encuentran en condiciones demasiado desiguales de potencia económica...
Pero ya no es lo mismo cuando las condiciones son demasiado desiguales de
país a país: los precios que se forman "libremente"
en el mercado pueden llevar consigo resultados no equitativos. Por consiguiente
queda cuestionado aquí el principio fundamental del liberalismo como
regla de los intercambios comerciales... Una economía de intercambio
no puede seguir descansando sobre la sola ley de la libre concurrencia,
que engendra también demasiado a menudo una dictadura económica
(PP 58.59).
-En efecto: los mismos países que proclaman las
excelencias del liberalismo de intercambios, tienen luego medios para introducir
formas de aranceles o "proteccionismos camuflados" en sus relaciones
comerciales con los países pobres. De este modo nunca será
posible el ideal que Pablo VI definía como "convencer que realicen
ellos mismos su propio desarrollo y que adquieran progresivamente los medios
para ello" (PP. 55).
Y tras esta especie de "cuerpo doctrinal,
nos queda sólo el prestar atención a algunos puntos o problemas
concretos. Por ejemplo los referentes a la emigración, la mujer,
la huelga o la propiedad:
7. PROBLEMAS CONCRETOS
1. El derecho a la emigración
45. A la abundancia de bienes y servicios disponibles en algunas
partes del mundo, sobre todo en el Norte desarrollado, corresponde en el
Sur un retraso inadmisible, y es precisamente en esta zona geopolítica
donde vive la mayor parte de la humanidad.
Dejando a un lado el análisis
de cifras y estadísticas, es suficiente mirar la realidad de una
multitud ingente de hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos,
en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que sufren
el peso intolerable de la miseria. Son muchos millones los que carecen de
esperanza debido al hecho de que, en muchos lugares de la tierra, su situación
se ha agravado sensiblemente (SRS 14 y 13).
-"ES suficiente mirar".
El mayor pecado en lo referente a la pobreza y la injusticia es el hábito
de no mirar, de cerrar los ojos. Si se afrontan datos como los citados,
es fácil esperar las conclusiones:
46. Todo hombre tiene derecho
a la libertad de movimiento y de residencia dentro de la Comunidad política
de la que es ciudadano; y también tiene derecho de emigrar a otras
Comunidades políticas y establecerse en ellas cuando así lo
aconsejen legítimos intereses. El hecho de pertenecer a una determinada
Comunidad política, no impide de ninguna manera el ser miembro de
la familia humana y pertenecer en calidad de ciudadano a la Comunidad mundial
(PT 20)
47. Pues bien, entre los derechos de la persona humana, también
se cuenta el que pueda cada uno emigrar a la nación donde espere
poder atender mejor a sí y a los suyos. Por lo cual, es deber de
las autoridades públicas el admitir a los extranjeros que vengan
y, en cuanto lo permita el verdadero bien de esa comunidad, favorecer los
intentos de quienes pretenden incorporarse a ella como nuevos miembros.
Aprovechamos la presente oportunidad para aprobar y elogiar públicamente
todas las iniciativas de solidaridad humana o de cristiana caridad, enderezadas
a aliviar los sufrimientos de quienes se ven forzados a emigrar de sus países
(PT 101).
2. La discriminación de la mujer
48. Un hecho
de todos conocido (es) el ingreso de la mujer en la vida pública.
En la mujer se hace cada vez más clara y operante la conciencia de
la propia dignidad. Sabe ella que no puede consentir en ser considerada
y tratada como un instrumento (PT 35).
49. En muchos países,
es objeto de estudios y a veces de reivindicaciones vivas, una legislación
sobre la mujer que haga cesar esa discriminación efectiva y establezca
relaciones de igualdad de derechos y de respeto a su dignidad. No hablamos
de una falsa igualdad que negaría las distinciones establecidas por
el mismo Creador, y que estaría en contradicción con la función
específica, tan capital, de la mujer en el corazón del hogar
y en el seno de la sociedad. La evolución de las legislaciones debe,
por el contrario, orientarse en el sentido de proteger la vocación
propia de la mujer y, a la vez, reconocer su independencia en cuanto persona
y su igualdad de derechos a participar en la vida económica, social,
cultural y política (OA 14).
-La presencia de la mujer en la
vida pública, y no sólo en la casa, es un signo de los tiempos
que merece ser acogido en un esfuerzo hacia la plena igualdad. El hecho
de que ese signo de los tiempos pueda ser falsificado en movimientos que
confundan la plena igualdad con la falta de respeto a las diferencias, no
invalida la justeza de la causa. La Iglesia no ha caído aquí
en el error fácil de desautorizar una causa santa amparándose
en aquellos que la defienden mal.
50. La Iglesia ha defendido siempre
el principio de que a la mujer trabajadora se la debe, por igual prestación
de trabajo y en paridad de rendimiento, la misma retribución que
al trabajador. Sería injusto y contrario al bien común explotar
sin miramientos el trabajo de la mujer, por la sola razón de que
se consigue a menor precio, con daño tanto de la obrera como del
obrero, que quedaría de ese modo expuesto al peligro del paro. (Pío
XII, Assai numerose, alocución de 15 de agosto de 1945).
-Todavía
hoy, la desigualdad de salarios suele ser objeto de comentarios y denuncias
no infrecuentes. En España los sueldos de las mujeres son en torno
a un 20% más bajos. Por eso hemos elegido las palabras anteriores
que son de hace más de cincuenta años.
3. El problema
de la huelga
51. En caso de conflictos económicos-sociales hay
que esforzarse por encontrarles soluciones pacíficas. Aunque se ha
de recurrir siempre primero a un sincero diálogo entre las partes,
sin embargo, en la situación presente la huelga puede seguir siendo
medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro
de las aspiraciones justas de los trabajadores. Búsquese con todo
cuanto antes caminos para negociar y para reanudar el diálogo conciliatorio
(GS 68).
-La huelga es legítima pero debe ser un último
recurso al que se acude cuando ha fracasado el diálogo previo. Es
un derecho "para las aspiraciones justas del trabajador". Resulta
muy difícil justificar con estas palabras algunos tipos de huelgas
corporativistas de quienes ganan ya mucho pero pretenden ganar todavía
más, o pretenden hundir a la empresa para hacerse con la propiedad
de ésta.
4. El problema de la propiedad
52. Dios ha destinado
la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos.
Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones
legítimas de los pueblos, jamás debe perderse de vista este
destino universal de los bienes. El hombre... no debe tener las cosas exteriores
que legítimamente posee como exclusivamente suyas sino también
como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente,
sino también a los demás (GS 69).
-La propiedad no es
un derecho último y absoluto, sino un derecho secundario, subordinado
al cumplimiento del destino universal de los bienes. Las demás enseñanzas
derivan de este principio fundamental.
53. Si la tierra está
hecha para procurar a cada uno los medios de subsistencia y los instrumentos
de su progreso, todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que
necesita. Todos los demás derechos, sean los que sean, incluso el
de propiedad, están subordinados a ello. [La propiedad] no constituye
para nadie un derecho incondicional y absoluto... El bien común exige
algunas veces la expropiación si por el hecho de su extensión,
de su explotación deficiente o nula, de la miseria que de ello resulta
a la población, del daño considerable producido a los intereses
del país, algunas posesiones sirven de obstáculo a la prosperidad
colectiva.
El Concilio ha recordado... no menos claramente, que la
renta disponible no es cosa que queda abandonada al libre capricho de los
hombres; y que las especulaciones egoístas deben ser eliminadas.
Desde luego no se podría admitir que ciudadanos provistos de rentas
abundantes, provenientes de los recursos y de la actividad nacional, las
transfiriesen en parte considerable al extranjero, por puro provecho personal
sin preocuparse del daño evidente que con ello infligirían
a la propia patria (PP 22.23.24).
54. La propiedad, según la
doctrina de la Iglesia, nunca se ha entendido de modo que pueda construir
un motivo de conflicto social con el trabajo... La propiedad se adquiere
ante todo mediante el trabajo, para que ella sirva al trabajo. Esto se refiere
de modo especial a la propiedad de los medios de producción: considerarlos
aisladamente como un conjunto de propiedades separadas, con el fin de contraponerlos
al trabajo, en la forma de "capital", es contrario a la naturaleza
misma de estos medios y de su posesión. Estos no pueden ser poseídos
contra el trabajo, no pueden ser poseídos ni siquiera para poseer,
porque el único título legítimo para su posesión
es que (en forma de propiedad privada o pública) sirvan al trabajo...
El reconocimiento de la justa posición del trabajo y del trabajador
dentro del proceso productivo, exige varias adaptaciones en el ámbito
del derecho mismo a la propiedad de los medios de producción (LE
14).
-Si la propiedad de los medios de producción se adquiere
sobre todo mediante el trabajo, se sigue de aquí que, cuando al trabajador
se le "modera" el salario por debajo de lo justo, para invertir
en la producción, los medios adquiridos con esas medidas pertenecen,
al menos en buena parte, a los trabajadores y no al capital. Esto ya había
sido insinuado por León XIII y Pío XI:
55. Tengan en cuenta
los ricos y empresarios que oprimir para su lucro a los necesitados e indigentes
y sacar sus beneficios a través de la pobreza ajena, no lo permiten
ni las leyes divinas ni las humanas (RN 14).
-Las leyes divinas puede.
Las humanas no tanto porque suelen estar hechas por los mismos que buscan
esa opresión para su beneficio... En cualquier caso, la doctrina
de la Iglesia ha ido evolucionando en este punto y ha recuperado elementos
perdidos de los Santos Padres y de la tradición primitiva. Los primeros
documentos, en este punto, estaban demasiado infectados por "la figura
de este mundo" (Rom 12, 2) y por el miedo a determinados eslóganes
comunistas, ante los que no se supo hacer una serena "discreción
de espíritus".
¡Pero incluso el documento que tiene
una más que discutible doctrina sobre la propiedad (superada por
documentos posteriores) dice eso!
8. EL COMPROMISO DE LA IGLESIA
56. Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias
de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos
sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos
de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón.
La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en
Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia
el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación
para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y
realmente solidaria del género humano y de su historia (GS 1).
57. La Iglesia esta vivamente comprometida en esta causa porque la considera
como su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad
a Cristo, para poder ser verdaderamente la "Iglesia de los pobres".
No corresponde a la Iglesia analizar científicamente las posibles
consecuencias de tales cambios en la convivencia humana. Pero la Iglesia
considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los
hombres del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos
derechos, y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico
progreso del hombre y de la sociedad (LE 8 y 1).
58. Hoy más
que nunca, la Iglesia es consciente de que su mensaje social se hará
creíble por el testimonio de las obras antes que por su coherencia
y lógica interna. De esta conciencia deriva también su opción
preferencial por los pobres, la cual nunca es exclusiva ni discriminatoria
de otros grupos (CA 57).
-Cabe preguntar si los miembros de la Iglesia
somos conscientes de hasta qué punto nos obligan los textos citados.
Ahí se pone en juego la misión de la Iglesia y su fidelidad
a Jesucristo, quien reveló a Dios como un Dios de los pobres. Esa
credibilidad no es tanto cosa de teorías coherentes como de testimonio
de obras. Y todo ello aunque la Iglesia no esté en posesión
de soluciones técnicas, y su trabajo haya de ser más bien
"recordar, denunciar y contribuir". En esa contribución
y ese compromiso de obras ha de tener un lugar decisivo la opción
de la Iglesia por los pobres y su empeño por ser una "Iglesia
de los pobres":
59. Quiero señalar aquí la opción
o amor preferencial por los pobres. Esta es una... forma especial... en
el ejercicio de la caridad cristiana. Se refiere a la vida de cada cristiano...
pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente,
a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente
sobre la propiedad y el uso de los bienes.
Hoy, vista la dimensión
mundial que ha adquirido la cuestión social este amor preferencial,
con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas
muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos
y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor. Ignorar [esta realidad]...
significaría parecernos al "rico epulón", que fingía
no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta (SRS 42).
-La acción por los pobres no es sólo personal o asistencial,
sino "política". Que en muchos miembros de la Iglesia y
de la sociedad se encarna hoy la imagen del "rico Epulón"
de la parábola de Jesús ¿quién podría
negarlo? Y sin embargo los cristianos seguimos cantando "está
enfermo, está preso está desnudo. Pero El nos va a juzgar
por todo eso"...
60. Frente a tantos nuevos interrogantes, la Iglesia
hace un esfuerzo de reflexión para responder, dentro de su propio
campo, a las esperanzas de los hombres. El que hoy los problemas parezcan
originales debido a su amplitud y urgencia, ¿quiere decir que el
hombre se halla impreparado para resolverlos? La enseñanza social
de la Iglesia acompaña con todo su dinamismo a los hombres en esta
búsqueda... No interviene para confirmar con su autoridad una determinada
estructura establecida o prefabricada, [pero] no se limita, sin embargo,
simplemente a recordar unos principios generales. [Es] una reflexión
madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso
del Evangelio que se convierte en fuente de renovación, desde el
momento en que su mensaje es aceptado en la plenitud de sus exigencias.
Se desarrolla con la sensibilidad propia de la Iglesia, marcada por la voluntad
desinteresada de servicio y la atención a los mas pobres; finalmente,
se alimenta en una rica experiencia multisecular (OA 42).
-A pesar
de eso, la tarea de la Iglesia no es encontrar soluciones técnicas.
Pero sí que puede aspirar a que, luego de dar su propio testimonio
práctico y no meramente teórico, se sientan estimuladas en
la búsqueda de soluciones, tanto las autoridades civiles, como las
comunidades cristianas:
61. Los responsables de las naciones y los mismos
organismos internacionales..., no han de olvidar dar la precedencia al fenómeno
de la creciente pobreza. Por desgracia, los pobres, lejos de disminuir,
se multiplican no sólo en los países menos desarrollados,
sino también en los más desarrollados, lo cual resulta no
menos escandaloso (SRS 42).
62. Frente a situaciones tan diversas nos
es difícil pronunciar una palabra única, como también
proponer una solución con valor universal. No es éste nuestro
propósito ni tampoco nuestra misión. Incumbe a las comunidades
cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país,
esclarecerla mediante la luz de la palabra inalterable del evangelio, deducir
principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción
según las enseñanzas sociales de la Iglesia tal como han sido
elaboradas a lo largo de la historia... A estas comunidades cristianas toca
discernir con la ayuda del Espíritu Santo, en comunión con
los obispos responsables, en diálogo con los demás hermanos
cristianos y con todos los hombres de buena voluntad, las opciones y los
compromisos que conviene asumir para realizar las transformaciones sociales,
políticas y económicas que se consideren de urgente necesidad
en cada caso (OA 4).
-Además de señalar que aquí
habla Pablo VI de "enseñanzas sociales" y no de Doctrina
Social de la Iglesia, es más importante notar que nunca la Iglesia
se ha mostrado más descentralizada, menos decidida a imponer soluciones
desde la distancia y más dispuesta a colaborar absolutamente con
todos. Es sólo desde esa actitud, como se podrá dirigir después
a los gobernantes de la tierra.
9. CONCLUSIÓN
-Abríamos esta selección
con una alusión a los "gravísimos vicios" (texto-título
del cap. 1) de nuestro sistema económico. Podríamos cerrarla
ahora aclarando más aquella expresión. Hay en nuestro sistema
unos mecanismos de injusticia denunciados en el texto siguiente:
63.
Es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos económicos,
financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de
los hombres, funcionan de modo casi automático, haciendo más
rígidas las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los
otros. Estos mecanismos, maniobrados por los países más desarrollados
de modo directo o indirecto, favorecen, a causa de su mismo funcionamiento,
los intereses de los que los maniobran, aunque terminan por sofocar o condicionar
las economías de los países menos desarrollados. Es necesario
someter en el futuro estos mecanismos a un análisis atento bajo el
aspecto ético-moral (SRS 16).
-Y señalar para concluir
dos concreciones de esos mecanismos: el tipo de desarrollo seguido y la
absolutización del mercado:
64. Hoy, quizá más
que antes, se percibe con mayor claridad la contradicción intrínseca
de un desarrollo que fuera solamente económico (SRS 33).
65.
Existen numerosas necesidades humanas que no tienen salida en el mercado.
Es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que queden sin satisfacer
esas necesidades humanas fundamentales y que perezcan los hombres oprimidos
por ellas (CA 34).
A MODO DE EPÍLOGO
-Esta selección habría
de ser completada con textos de las asambleas latinoamericanas de Medellín
(1968) y Puebla (1979) más el sínodo de obispos de 1971 sobre
la justicia en el mundo. Por razones de espacio, nosotros la hemos limitado
a textos de papas, con alguna referencia breve del Vaticano II. La derecha
económica y los medios de comunicación cercanos a "Wall
Street" han tendido a calificar cada documento social de la Iglesia
como "marxismo recalentado". Las izquierdas radicales los descalificaban
como "defensa del capitalismo". No se trata ahora de hacer apologética,
pero quizá se pueda decir hoy que los textos presentados constituyen
las enseñanzas sociales más avanzadas por el momento ¡a
nivel mundial! Por eso, quienes argumentan que la caída del Este
supone la hora de la DSI, habrían de preguntarse a qué se
debe su falta de audiencia. Y, dejando ahora las causas externas mencionadas
(u otras no carentes de importancia como su lenguaje ampuloso y de lectura
pesada etc.), quizá convenga reflexionar sobre estas dos causas posibles:
a) un innegable eclesiocentrismo ("la Iglesia siempre se ha preocupado
del obrero...") que acababa dando la sensación de que algunas
cosas se decían sólo para tranquilizar una mala conciencia
inconfesada, y
b) creer que estas enseñanzas no le afectaban
a ella. Algo parecido a lo que ocurre con los derechos humanos, que la Iglesia
predica para los de fuera, sin reexaminar si los cumple ella.
Que hoy
sea inviable esta praxis no significa que lo sea siempre y absolutamente.
Más bien nos revela que una organización socialmente justa
es inviable en una cultura de la satisfacción y del refinamiento,
la cual siempre genera una economía a su servicio. Sólo podrá
serlo en una cultura y una civilización de la sobriedad compartida
© Cristianisme i Justícia, Roger de Llúria
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