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HOMBRES
MALTRATADORES - El agresor en la
violencia de género: anatomía del maltratador archivo del portal de recursos
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Por su especial interés y ser un médico forense especializado en violencia de género que colabora habitualmente con la Federación de Mujeres Progresistas, y autor de libros como “Mi marido me pega lo normal” y “el Rompecabezas”, vamos a reproducir la parte de esta conferencia impartida por Miguel Lorente Acosta en Gijón, en 2005, que se refiere a los maltratadores.
... La violencia que se genera como elemento de control y dominio va aumentando, va creciendo y puede llegar al homicidio; de hecho es la causa que más frecuentemente llega al homicidio cuando estamos hablando de asesinatos de mujeres.
Desde la perspectiva del agresor tenemos que ver esa situación como un instrumento que es utilizado para conseguir sus objetivos. Por eso el componente instrumental de la violencia es fundamental, porque precisamente es lo que se niega sistemáticamente.
Romper con este componente instrumental es quebrar lo que es la realidad de la violencia contra las mujeres. Sin esa realidad no podemos hacer nada, porque estaremos hablando de casos aislados que terminan precisamente con el fallecimiento, con la denuncia, con la actuación de la sociedad por medio del Juzgado, la policía, etc., cuando en realidad el significado es completamente distinto.
Por eso cuando hablamos de violencia contra la mujer tenemos que entender que ese elemento instrumental es fundamental ya que estamos dentro de lo que se denomina un “crimen por autojustificación” o “crimen moral”, como llaman algunos autores: el agresor actúa por coherencia, por convencimiento, como consecuencia de la idea que él tiene de esa relación, de esa estructura familiar, de esa estructura de pareja que él va imponiendo a base de intimidación, de coerción, de amenazas, etc.
Esa estructura es la que levanta el agresor y por lo tanto actúa con pleno convencimiento de que lo que está haciendo está haciéndolo por un bien superior al daño que produce. Es decir, el agresor en todo momento es consciente de que está produciendo un daño a la mujer y por eso se protege, por eso intenta que la mujer no denuncie, por eso le pide perdón en la fase de luna de miel, por eso la amenaza y le dice “como me denuncies te voy a quitar a los hijos, te vas a quedar en la calle, te vas a ver sola...”; eso lo va haciendo precisamente para mantener esa situación de violencia ya que él reconoce que está produciendo un daño. Lo que ocurre es que para él el beneficio que produce esa violencia es superior a ese daño.
Eso es algo muy común en la delincuencia; es decir, el terrorista que pone un coche bomba en una esquina sabe que va a matar a cualquier persona que pase (incluso si pasa un autobús de niños les va a matar), pero para él la liberación de la patria o el acabar con una cultura determinada tiene más valor que la vida de esas personas; hay una justificación moral: “yo lo hago, voy a hacer un daño pero el objetivo, el beneficio mayor de lo que pretendo conseguir... merece la pena ese daño”.
Cuando hablamos de una violencia continuada (no estamos hablando de una agresión puntual, sino de una estructura de violencia), el agresor lo hace con convencimiento de que el bien superior (la buena familia, la buena reputación, que su mujer sea una ama de casa adecuada, una buena madre-esposa-ama de casa, etc.) merece más la pena que el que él tenga que corregirla, porque además como él la corrige porque la mujer ha hecho algo que, para él, está mal, se ve todavía mucho más legitimado para llevar a cabo esa agresión.
Por eso utiliza la justificación moral para reforzarse en su posición y por eso aplica la violencia de manera diferente, como venimos diciendo desde hace ya muchos años. No resuelve el problema que según él se ha presentado por medio de un puñetazo sino que necesita dar una paliza, porque esa paliza, esa violencia excesiva que recurre a objetos al alcance de la mano (un martillo, una sartén, un destornillador, un vaso, un jarrón...), innecesaria para conseguir la resolución del conflicto que se ha planteado (porque podía hacerlo con la mano, con el puño, con un empujón...) es la que alecciona a la mujer; es la que le sirve a él para decirle “esto es lo que te pasa por no seguir lo que yo te estoy diciendo que hagas”.
Ese elemento aleccionador es fundamental para que la mujer vaya hundiéndose en esa situación, vaya quedando atrapada en ese clima de violencia, de intimidación, de amenaza, que se produce además con el ejemplo, con la constatación objetiva por medio de este tipo de agresiones que sufre de manera excesiva, porque es la forma de aleccionar.
Por eso es muy importante que entendamos la violencia de género como unaviolencia de continuidad. No es una violencia que se limite a agresiones puntuales. No es una violencia que sea representada exclusivamente por esas denuncias, por esas noticias... Es una violencia que busca el control, el dominio, el sometimiento, el privilegio del agresor; el dominio de la mujer, el privilegio del agresor.
Tú le preguntas a un agresor “¿usted por qué intenta dominar a su mujer?”, y él contesta: “¿yo a mi mujer? si yo a mi mujer no la domino, si ella es la que lleva los pantalones y yo...”. Nosotros aquí decimos las cosas con una forma muy teórica pero ellos no utilizan el poder, no utilizan la amenaza... lo que buscan es privilegio. El agresor ni siquiera busca ese bien (al menos tan directamente) de la familia para que su hijo tenga una buena referencia, una buena educación... Ellos buscan un status de privilegio y lo consiguen por medio de la violencia, porque todos los que son los elementos a los que tú te tienes que enfrentar en tus posicionamientos, en tus ideas, en tus actitudes, en tus decisiones..., él los evita por medio de la imposición, o sea por medio de decir “aquí se hace lo que yo diga” o simplemente da un puñetazo en la mesa y es suficiente.
Esa situación no es una situación que surja de la nada. Lógicamente surge de un contexto cultural, patriarcal en el que eso se puede hacer. Se parte de la idea de que su rol es conseguir ese status y por tanto debe desarrollarlo por los mecanismos que considere oportunos, entre ellos la violencia, y por lo tanto eso permite que vaya aumentando, que vaya creciendo. Eso por una parte, como contexto general. Pero en el contexto individual la violencia contra las mujeres no surge de la nada, o no surge de un día para otro, sino que se va construyendo; va produciéndose de manera paulatina.
Sobre una situación de no violencia, que sería la relación normal en cualquier relación humana pero en este caso relativo a una situación de pareja, va produciéndose un aumento progresivo de la violencia en forma de control, de cuestionamiento, de intimidación, de limitación, de restricción... va cuestionando y criticando sus gustos, sus amistades, las fuentes de apoyo externo (amistades, trabajo, familia...), sus hobbies (“pasas mucho tiempo fuera, “hay que ver las guarrerías o las tonterías que estás leyendo”, “a ver si dejas al tío ese, que ese es comunista” o “ese es facha” “y ponte a leer cosas más interesantes...”), etc.; son cosas que siempre van minando la autonomía, la independencia, la libertad de la mujer para hacer lo que considere ella oportuno que debe hacer con todo el compromiso que tiene contraído en la relación, etc.
Pero eso ocurre progresivamente; no empieza un día con una paliza ni empieza un día con una situación especialmente violenta, sino que va construyéndose de manera progresiva, de manera que un día en lugar de decirle “deja de leer eso” o “no vayas hoy al gimnasio” o “no vayas hoy a ver a tu amiga”... se lo dice con un insulto; eso lo va percibiendo la mujer, y la percepción de la mujer hace que lógicamente haya una reacción al tema pero que al mismo tiempo empiece a entender que esa actitud, esa situación, es algo propio de la relación de pareja porque ya ha pasado el amor, ya hay muchos problemas (la hipoteca, lo otro, lo de más allá) y todo se va integrando; no se va rechazando, no se va cuestionando, porque la cultura permite que todo eso se vaya integrando.
Conforme va aumentando la situación de violencia, llega un momento en el que elagresor percibe (tampoco lo va notando él) que tiene control, que tiene dominio sobre la mujer, y se siente seguro en lo que está haciendo; ya no duda tanto (ya no hay tanta fase “luna de miel” después de la agresión) sino que ya sabe que la mujer está en una situación de vulnerabilidad, de cierta dependencia emocional y por lo tanto pasa a una actuación violenta mucho más manifiesta. Es cuando aparecen las agresiones físicas o psíquicas puntuales; la intensidad es diferente (a veces más intensa, a veces menos intensa, a veces se repiten más, otras se distancian en el tiempo...) pero ya son ataques puntuales, ya son agresiones, y las agresiones surgen dentro de la violencia.
Por eso digo que cuando hablamos de violencia contra las mujeres no podemos quedarnos con las agresiones. Además, en los juzgados sólo suelen aparecer las agresiones de especial intensidad, aquellas que han superado unos límites para que la mujer ponga la denuncia, o los vecinos llamen a la policía, o el médico o la médica manden el parte de lesiones...; además eso es lo que aparece en los medios de comunicación.
Nosotros no podemos reducir toda la situación de violencia (toda esta situación generada, construida sobre la imposición, sobre la restricción y el control de la mujer) a los ataques puntuales que se producen en determinadas ocasiones y que son denunciados o aparecen en los medios de comunicación. Porque además, gracias a la información, gracias al mayor asesoramiento que tienen las mujeres, ahora estamos viendo también cómo otro tipo de agresiones menos intensas en el resultado también están siendo denunciadas como consecuencia de la violencia contra las mujeres. ¿Y qué ocurre? que en lugar avanzar en el sentido de decir “esto va mejorando, esto va aumentando, ya vamos conociendo lo grave y lo menos grave, ya vemos que hay una situación de violencia...”, lo que se está haciendo es minimizando, rechazando la violencia; se está diciendo: “¿ves cómo las mujeres denuncian por cualquier tontería?”, “¿ves cómo no tiene sentido esto?”, “¿ves cómo es mentira que las mujeres...? lo que pasa es que se aprovechan ahora para separarse...”, etc. En lugar de insertar todo eso en lo que es la violencia de género, está siendo utilizado para cuestionar la violencia de género.
Si por exceso, cuando la agresión es especialmente grave, se justifica por medio del alcohol, de los celos, de la pasión, etc., cuando el resultado es más leve se está diciendo que no tiene importancia, que las mujeres denuncian por cualquier cosa y que en el fondo lo hacen para conseguir quedarse con la casa, con la custodia de los niños, etc.
Por tanto, si nos damos cuenta, tanto por exceso como por defecto la violencia de género parece no existir como realidad, sino que existen los casos que en algunas circunstancias no pueden ser justificados bien por exceso o bien por defecto. Esa situación es una situación sobre la que tenemos que reflexionar porque de una manera u otra, a pesar de la objetividad de los datos y de los elementos que vemos, sigue cuestionándose la realidad de la violencia de género. Y esa situación sin darnos cuenta, cuando no actuamos adecuadamente y permitimos que se prolongue en el tiempo, es la que da lugar a la cosificación de la mujer, como dicen los juristas; da lugar a que el agresor entienda que la mujer es algo de su propiedad y que él puede recurrir a los elementos que considere para obtener los objetivos, los beneficios que él también estime oportunos.
Porque la clave precisamente, en ese desarrollo de la violencia desde la perspectiva del agresor, está en diferenciar lo que es la acción (el resultado de una agresión puntual) de lo que es la exposición a la violencia (el estar viviendo, conviviendo con una persona que ha impuesto una pauta de relación basada en la desigualdad, basada en la imposición, en la amenaza, en la coacción, en la restricción, en el cuestionamiento sistemático); ese vivir en esa circunstancia genera una serie de consecuencias, mientras que la acción, la agresión, da lugar a una serie de resultados.
Esa matización es importante porque el resultado, es decir la consecuencia o el elemento derivado de una agresión, de un ataque puntual, de un hecho, es algo más delimitado, es más objetivo, está más relacionado de causa-efecto con la agresión y por lo tanto se puede identificar e interpretar más fácilmente. Pero junto a ese resultado objetivo, que aparece como consecuencia de la acción puntual de la agresión, también vamos a encontrar las consecuencias de la violencia: el hecho de estar sometida a esa situación. Y las consecuencias no son tan objetivas en cuanto que aparecen solapadas con otra sintomatología; no se puede establecer una relación de causa-efecto tan directa, porque pueden ser por la violencia, como veremos, pero también pueden ser por otras circunstancias, y eso hace que en lugar de entender e interpretar desde esa perspectiva global lo que es la violencia, a veces se tienda a justificar por causas externas a la violencia.
En cuanto al estudio, por lo tanto, a la consideración de lo que es el resultado y las consecuencias debemos de ser conscientes de que cuando hablamos de resultado (de la consecuencia de una acción puntual de una agresión) vamos a tener una repercusión en el plano físico y una repercusión en plano psíquico. En el plano físico aparecen las lesiones que, muchas veces lo hemos comentado, se caracterizan básicamente por dirigirse a la cabeza y al tronco porque la ropa y el cabello las cubre y por lo tanto la mujer puede hacer vida normal y nadie ve ningún signo de que esta mujer está siendo maltratada. Además, como consecuencia de esas agresiones repetidas, aparecen agresiones en diferente data evolutiva: aparece un hematoma morado, azulado, junto a otro amarillento o verdoso... señal de que va evolucionando en el tiempo, derivado de esa diferente data como consecuencia de las diferentes agresiones que sufre la mujer.
En el plano psíquico aparece la reacción aguda, la fase de schok, de aturdimiento... como consecuencia de ser víctima de una agresión por parte de tu pareja. Eso siempre conlleva un cuadro ansioso bastante marcado, que es el elemento más característico que representa la fase psíquica aguda siempre y cuando estemos cerca del momento de la agresión; cuando nos distanciemos de ese momento el cuadro será más débil, más solapado, habrá otras reacciones que se han producido y por lo tanto no lo veremos tan florido como cuando estamos cerca de la agresión.
Pero, en esa estrategia que desarrolla el agresor para controlar a la mujer, es muy importante que la consecuencia de esa exposición a la violencia se va a producir tanto sobre la mujer como sobre los menores. Es muy importante si queremos hacer una adecuada valoración integral de la violencia de género. Si hablamos de un clima generado por el agresor, si hablamos de un clima frío, de un distanciamiento emocional, de una sensación de amenaza, de control..., ese clima frío lo va a sufrir tanto la mujer que está en esa relación como los menores que están expuestos a la misma temperatura emocional.
Por lo tanto, cuando un menor percibe, oye, ve la situación de violencia generada por el agresor, este menor va a desarrollar una reacción, va a sufrir una serie de alteraciones derivadas precisamente de esa exposición. Ahora lo comentaremos más despacio.
Desde el punto de vista de esas consecuencias sobre la mujer, de esa exposición ala violencia, es importante entender que hay una serie de patologías, de alteraciones que han sido descritas clínicamente (publicadas en la revista Lancet) y que hacen referencia a que muchas patologías teóricamente banales o comunes que puedan estar relacionadas con otros factores también pueden ser consecuencia, o de hecho son consecuencia, de la violencia; situaciones como el dolor crónico de cabeza, de espalda, alteraciones gastrointestinales, alteraciones de la conducta alimenticia, hábitos de bulimia, de anorexia, problemas derivados de infecciones de vías respiratorias altas de repetición... se ha comprobado que en todo ese tipo de alteraciones (que pueden ser, y de hecho son con mucha frecuencia, derivadas de factores completamente distintos a la violencia) hay un doble mecanismo: el estrés crónico por una parte y la disminución de las defensas del sistema inmunitario por otra, y pueden ser consecuencia de la violencia.
Esa situación, por esos dos mecanismos, puede dar lugar a este tipo de patologías y por lo tanto sabemos además que como consecuencia de estas patologías y de la percepción que tienen las propias mujeres de su estado de salud, acuden un 20% más a demanda de atención médica, de atención clínica que las mujeres no maltratadas.
Luego si tenemos esa mayor demanda de asistencia clínica y alteraciones teóricamente, o posiblemente, banales pero que pueden ser consecuencia de la violencia, tenemos una fuente muy propicia para poder detectar la violencia y por tanto para poder utilizar esos datos, esa información, como elemento para poder conseguir alcanzar la valoración integral de la violencia.
Pero además, junto a lo que es el plano físico general, también se ha encontrado que en el aparato genito-urinario se producen patologías con una incidencia también más elevada que el resto de mujeres. Fundamentalmente por esa cosificación de la mujer, por esa consideración de que la mujer es un objeto que el agresor puede utilizar cuando él considere, esa situación da lugar a que aproximadamente en el 40% de los casos en los que hay maltrato también se produzcan agresiones sexuales; es decir, el maltratador agrede sexualmente, mantiene relaciones sexuales forzadas con la mujer porque él la impone, y lo hace de forma que da lugar a enfermedades de transmisión sexual cuando hay promiscuidad; éste es un elemento que utilizan muchos agresores para humillar a la mujer, le dicen “me voy a acostar con otra mujer, me voy a tal sitio, porque tú no me das placer, porque tú no vales ni para la cama...”, ésta es una forma de hundir, de humillar, de denigrar a la mujer y a veces da lugar a una mayor incidencia de enfermedades de transmisión sexual, pero también se produce sangrado vaginal, fibrosis vaginal, dispareunia, infecciones genito-urinarias de repetición, etc.