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CULTURA,
DEPORTE Y SOCIEDAD archivo del portal de recursos
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de origen
Ms. Ida
Galván Rodríguez
Master en Pedagogía
Universitaria y Profesora Titular de Sociología del Deporte.
Facultad de
Cultura Física de Pinar del Río, Cuba.
Ms. José Juan González Troya
Master en Didáctica de la Enseñanza de la Biología, y Profesor Titular
de Bioquímica de la Actividad Física.
Facultad de Cultura Física de Pinar
del Río, Cuba.
idagr@fcf.pinar.cu
RESUMEN
El deporte como manifestación de la vida de los hombres es muestra del
contexto cultural en el cual vive, a tal punto que éste interfiere en todas las
aristas concebidas como cultura, apreciándose como el deporte se inserta en la
cultura de todas las épocas y en las manifestaciones literarias, el cine, la
vestimenta, la escultura, la numismática y la filatelia entre
otras.
"CULTURE, SPORTS AND
SOCIETY"
SUMMARY
Sports as a
manifestation in men life shows the cultural context in which he lives, and
influences in all branches of culture.
In this workshop we can appreciate
that sport is present in culture of all ages and in literature, movies, fashion,
sculpture, philately among others.
INTRODUCCION
En vísperas del
advenimiento del siglo XXI, autorizadas opiniones aseguran que el deporte
constituye la Institución Social más llamativa del presente siglo, donde
arrastra tras de sí a una infinidad de personas, pues éste les ofrece amplias
posibilidades de socializarse o insertarse en un mundo cultural fabuloso y
multifacético.
Si atendemos al origen de la palabra deporte, ésta se
remonta al proceder de los marinos provenzales, cuando identificaban que "estar
deporta" era estar de descanso, aunque resulta útil aclarar que éste no era
sinónimo de ocio, pues al coincidir marineros de diferentes latitudes se
producía un encuentro cultural muy rico, a través de las conversaciones, de las
artes de pescas, de los rituales y marcadamente por el desarrollo de los juegos
de fuerza y destreza como las cañas, justas y anillos. (1)
También desde
el "Cantar del Mió Cid"(1140), hasta la "Crónica de Ramón Muntaner" (1325),
aparece el vocablo DEPORTAR como sinónimo de ejercicio físico y diversión, con
reiteridad significativa.
Además desde tiempos inmemoriales, los convites
olímpicos reunían al pensamiento cultural más ilustrado del momento, como a los
poetas, filósofos, escultores, oradores y todos gustaban de aprovechar la
multitudinaria coyuntura para hacer disertaciones de su erudición.
La
Cultura es el rostro de la personalidad del hombre, por lo que manifiesta tanto
la consecución de sus valores como las de la sociedad donde vive. La cultura de
una época tiene sus cimientos en esos valores de los hombres y su manifestación
más evidente en el contexto social.
Considerando al deporte dentro de la
meditación anterior nos dice que este está insertado en una Época Cultural
determinada, como elemento legítimo y como real representante de esa sociedad y
de su cultura.
El deporte como expresión de la vida cultural de la
humanidad se interpenetra en múltiples aristas que son manifestaciones de la
CULTURA. Tal es así que nuestro Alejo Carpentier hace algunas décadas reconoció
a Píndaro como el cantor de los deportistas de su época , cuando narró de forma
subliminal una regata; cuando Platón y Plinio exaltaron la belleza de la
equitación, cuando el escritor humanista francés Rabelais tuvo la clarividencia
de plantear el papel educativo del deporte de una de sus obras cumbres. Nos
recordaba Carpentier también como el juramento que inició la auténtica
Revolución Francesa, se efectuó en una instalación construida para el juego de
béisbol.
Como vemos el deporte aparece reflejado como baluarte de la
cultura universal en la antigüedad pero no se expresa en ese ritmo en otras
manifestaciones culturales, como en la literatura del siglo XIX, que ignora esta
temática, a no ser en sus finales que en obras de Jorge Honet y D. Annunzio se
referían a la esgrima, pero solo reconociendo su faceta en saldar deudas entre
los caballeros de la época, además se refirieron a los deportes de caza y
equitación.
Fuera de lo planteado todo aquello que cultivara la actividad
física o tan solo la asistencia a un espectáculo deportivo, se consideraba algo
burdo. Así oscilaban las concepciones de la cultura deportiva de la
época.
Estas concepciones van variando al arribar el presente siglo
alentados por jóvenes practicantes, también con procedencia social burgués,
aunque esta inclinación se adhería a deportes que para su práctica requerían de
especializados medios y recursos financieros como el POLO, el GOLF, el TENIS,
jugándose en clubes.
La práctica deportiva estaba concentrada en esta
clase social y ponían el deporte en función de su status social soslayando toda
voluntad de explotar los beneficios del adiestramiento de los músculos.
Esta
polarización seguía, pues en el polo contrario aparecía otra cultura deportiva
que iba encaminada a la creación de grupos sociales espontáneos a la
movilización de grandes masas, en función del boxeo, béisbol, de eventos de
atletismo, donde cada día sumaban más espectadores y se aunaban esfuerzos
populares para construir instalaciones deportivas, que en ocasiones fueron
rústicas.
Se adentraba el siglo, se desarrollaba y popularizaba el
deporte, y se acentuaba una cultura deportiva, pues en las competiciones
vibraban las odas al deporte e himnos a los campeones que ya tomaban fuerza no
solo en la literatura, sino se coreografiaban piezas de ballet siguiendo los
movimientos de un tenista, como "JUEGOS" del músico francés Claude Debussy;
"Rugby" poema llevado a la sinfonía por el suizo y autor de obras de cámara
Arthur Hongger, las pinturas que ilustraban a ciclistas y nadadores del pintor
francés Fernand Leger y a consideración del escritor francés , nacido en Suiza
Blaire Cendras en los movimientos de un gimnasta, hay tanta belleza como en una
pieza de ballet.
A propósito de lo antes dicho, hoy se considera que el
ballet resulta cada vez más deportivo al desarrollar elementos de gimnasia. En
una declaración de la primera bailarina Maia Plisetskaya comentaba, que si sus
bailarinas saltaran como Marina Lóbach gimnasta búlgara, el Bolchov sería el
mejor ballet del mundo, siendo de gran regocijo que esta personalidad considere
que tanto en las gimnastas como en las bailarinas están presentes elementos
artísticos.
El séptimo arte también ha penetrado en el campo deportivo,
aunque a consideración de directores y realizadores, ejecutar filmes olímpicos
es algo muy complejo, pues consideran que la televisión es un medio más
expresivo y más completo para comunicar grandes emociones.
No obstante
podríamos hacer referencia a innumerables películas que han abordado el deporte
desde diferentes contextos de la vida. FILMES como:
“Olimpiada” (1936)
dirigida por Rufenstahl, colaboradora cercana a Hitler, donde se tergiversaron
los principios olímpicos en post del nacional socialismo y se apologizaba la
“raza suprema” por lo que aquí el deporte sirve de colofón a la EXALTACION
POLITICA.
En: “Castillos de Hielo” se narra una historia
sentimental.
- “Rasgos de valor”, resulta una denuncia a las manipulaciones
políticas.
- La historia de Bob Mathías, con un carácter biográfico.
-
“El complot del Aned” (1989), no revela la ficción.
- “Apartamento para
tres”, del género comedia.
No pudiendo dejar de mencionar a “Carros de
Fuego” de Hugh Hudson (Inglaterra ? Marzo 1982), donde fue galardonada con
varias estatuillas “Oscar” en: la mejor película, el mejor vestuario, a la mejor
partitura musical, al mejor guión original...
Resultando plausible que en
24 por segundo también ha estado el deporte.
Otra muestra en que deporte
y cultura se interpenetran es el majestuoso Museo Olímpico de Ouchy en Laussana,
Suiza, concebido por el aliento de Pierre de Coubertin quien siempre quiso
externizar la imbricación entre arte, cultura y deporte.
Esta joya de la
cultura deportiva de la humanidad ofrece al visitante todo lo que en esta
materia se puede ofertar pues dispone:
* Biblioteca con 15 mil volúmenes y
millones de documentos.
* Archivo fotográfico de 200 mil imágenes.
*
Extensa área de 3400 m² dedicados a exhibir colecciones de objetos olímpicos y
obras de arte, entornándose aquí la historia como patrimonio cultural.
*
Contiene antorcha etrusca del siglo VI a.n.e. hallada en Tarquinia.
* La
escultura “El atleta americano” (1904) de Augusto Nódin.
* El primer sello
emitido con la efigie de Pierre de Coubertin.
*Trofeo Faberge, realizado por
el orfebre que lleva su nombre, pieza poco común fundida en oro y plata y
ofrecida por el Zar Nicolás II al ganador del decatlón de los juegos de
Estocolmo.
* La numismática muestra sus piezas acuñadas para las distintas
convocatorias olímpicas.
El museo resulta suntuoso al ver la diversidad
de esculturas deportivas desde “Las Blancas Columnas de Mármol” en las cuales se
fijan que Grecia dio origen a los Juegos. La vela del escultor italiano
Francisco Cremoni, las cerámicas policromadas del nadador holandés que imitan un
jardín barcelonés a lo moderno, hasta “Los tres ciclistas” que genialmente
fueron esculpidos para que las ruedas de sus ciclos formaran los cinco anillos
olímpicos.
La Filatelia también irrumpe dentro de esta esfera, en
especial cuando se agasaja a un deporte, o por sus hazañas, o cuando convoca un
evento de envergadura, además los sellos conmemorativos ya sean Olímpicos,
Panamericanos o de Campeonatos Mundiales son muy codiciados por los
coleccionistas, ayudando así los servicios postales a mostrar que estos aspectos
no solo son manifestaciones deportivas.
Mencionando las Colecciones de:
- Las Espartaquiadas de Leipzig en 1983, emitidas por la antigua Alemania
Federal.
- La XVI, XVII Juegos Centroamericanos y del Caribe emitido por
Cuba.
- La bella colección emitida por Cuba en ocasión del centenario del
COI, donde se ilustra de variadas formas la unidad deportiva mundial.
*
La colección, cuando Barcelona 92, que plasmó las efigies de Ramón Font, Pipian
Martínez y Martín Dihigo, emitidos por Cuba.
* La variada colección que
emitió Mongolia en ocasión del Mundial de Fútbol en 1990 en Italia.
* La
emitida por Rumania cuando el Montreal 76.
Todas estas ediciones postales
son disímiles pues plasman desde selecciones de un deportista de renombre, o
deportes de grandes masas, así como también obras artísticas que aunque no tocan
la temática deportiva se emiten saludando cualquier evento de esta
esfera.
Algo muy cercano del deporte con la identidad cultural de los
pueblos son los vestuarios en las olimpiadas de todo el personal oficial que
participa, y ello toca muy de cerca a las grandes masas, a tal punto que esa
vestimenta participa en concursos desde 1928, donde se requiere que por esas
ropas se identifiquen con facilidad la función que ejerce cada participante y en
el caso particular de los atletas que por sus atuendos identifiquen a sus
respectivos países.
Dado el interés social que despiertan estos
vestuarios en 1892 el Museo Textil Aleman Krefeld convocó una fabulosa
exposición de ropa deportiva.
Por tanto son variados los roles que se le
atribuyen a los uniformes deportivos: demostración del status social, exigen
acatar una disciplina, medio de seguridad, jerarquía, identificación ante un
grupo social, etnia, raza, nación o de carácter emblemático.
Resulta muy
llamativo en estas ceremonias, las prendas de ropa de las azafatas y en
particular las que portan las medallas y sus acompañantes. Las premiaciones se
realizan de forma majestuosa, quedando marcadas por el engalanamiento de estas
muchachas que le proporcionan al evento cualidades mitológicas.
En las
celebraciones olímpicas en EE.UU., Moscú, Montreal, Los Angeles, Seúl,
Barcelona, los trajes de estas lindas muchachas se caracterizaban por su
acentuación fundamentalmente folklórica, al llevar sobre sí los usados en galas
nacionales.
Puede resultar representativo describir como Seúl en 1988 la
capitana de las muchachas que tenían a su cargo el fardo de las medallas, iba
muy gallarda con un diseño a nuestros tiempos del Wónsam; prenda que utilizaban
las reinas coreanas en las magistrales ceremonias y sus acompañantes portaban
trajes que resultaban símbolo de la indumentaria cortesana.
Esta
celebración de premiación por enclavarse en el contexto social que lo rodea y
tener presente todos esos aspectos en perfecta relacionalidad hace que tengan
una profunda connotación sociológica.
Las Olimpiadas se convierten en
una gran fiesta, pues han existido países que dándole curso a lo preconizado en
la Carta Olímpica, de celebrar en este marco un programa cultural han convocado
a Olimpiadas del Arte, tal es así que en Lillchammea al efectuarse los XVII
Juegos Olímpicos de Invierno, organizaron 500 manifestaciones
culturales.
La literatura recoge y los presentes recuerdan a la Opera de
Oslo, Catedral de Hamar, pero también hubo espacios para disfrutar la música
Rock, indígena, religiosa, prestar atención a bandas militares y a conciertos de
Jazz.
Ha sido muy recordado que al convocarse un concurso de esculturas
de hielo ofrecieran como premiación al vencedor, la imposición de una medalla de
oro, con características similares a las de los campeones de estos juegos
invernales. Esto provocó la participación voluntaria en esta actividad de 20
países.
Al deporte debemos insertarlo tanto en la cultura material de la
sociedad como en la cultura espiritual, pues ésta es la expresión activa del
hombre y de la realización multilateral de sus fuerzas esenciales, de ahí que
esta actividad de los hombres tengan un resultado de valor socialmente
indiscutible; debido a que va encaminado a forjar una personalidad que conjugue
en sí, riqueza espiritual, limpieza moral y perfección física.
De ahí que
muchos investigadores en materia culturológica, parten del criterio de que el
hablar del deporte como cultura, esta urgida de que se conforme todo un aparato
conceptual-terminológico para establecer una estrecha relación con la cultura
moral, estética y laboral entre otras, determinando su lugar dentro de la
cultura integral de la sociedad.
Sí bien acentuamos que el deporte
resulta un pivote básico en la formación de los hombres, se debe hacer todo por
preservar en un primer plano los factores de índole educativo, de lo contrario
puede que se convierta en un autobjetivo, en un culto a la autosuficiencia, a la
agresividad, al egoísmo. Estas situaciones prefijadas resultarían un serio
obstáculo en el desarrollo de los matices culturológicos espirituales del
deporte.
Refiriéndonos al problema de cuando el deporte se encierra en sí
mismo y se convierte en un autobjetivo se produce un rompimiento de las
relaciones estructurales de una cultura asimilada socialmente, teniendo
consecuencias sociales y personales nefastas.
Además el deporte es
expresión de las tradiciones nacionales de determinada región del mundo.
Pensamos en las características inaugurales de los Juegos de Tokio en 1964,
donde estuvo presente el sable samurai, los Panamericanos de la Habana en 1991,
donde los contagiosos ritmos y bailes caribeños incitaron la efervescencia de
los espectadores y el gran colorido y marcialidad de las pizarras humanas y las
tablas gimnásticas dejaron ensimismados a los asistentes. Y qué decir de
Barcelona/92 cuando en ella estuvo presente una versión moderna de la
historicidad del olimpismo y disfrutamos todos del talento melódico de grandes
de la ópera europea.
Por tanto también es cultura, porque es espectáculo
y en este se cultiva lo bello, lo sublime, lo dramático, lo emocionante, lo
instructivo y desde el punto de vista del practicante porque demuestra maestría
en el evento que ejecute.
Como institución social, la más llamativa de
nuestros tiempos a criterio de muchos autores también es cultura, porque nos
enseña la historia, nos reconstruye hechos, nos obliga a tener cierto
conocimiento intelectual para comprender cómo se desarrolla el juego, cuáles son
sus reglas normativas, porque pone sobre sí la atención de millones de personas,
desde el activo practicante, hasta el pasivo espectador o radio?escucha
hogareño.
En nuestros tiempos, el deporte forma parte de la política
cultural que rige la vida, encarnando una cultura universal, pues incluye el
principio de aceptación absoluta, independientemente de credos religiosos,
doctrinas políticas, etnias, razas, lenguas o latitud donde se ubique, es por
ello que ningún otro fenómeno que sea expresión de cultura posee estas
cualidades suigeneris.
CONCLUSIONES
Existe una cultura
del deporte, somos partícipes en plantearlo como hecho consumado, ya que
sobrados elementos aquí expuestos hacen opinar que DEPORTE ES CULTURA (2) PORQUE
LA CULTURA COMO MODO DE SER, DE VIVIR Y DE HACER A LOS HOMBRES, COMPRENDE Y
ABARCA LA BELLA Y DURADERA HUELLA QUE IMPRIMA Y QUE DEJEN EN LOS PUEBLOS, EL
EMPEÑO Y EL LOGRO DEPORTIVO (3), a decir de nuestro gran Carpentier y del
directivo olímpico Juan Antonio Samaranch,
respectivamente.
CITAS
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Reflexiones sobre Olimpismo y Cultura. Revista Olímpica (COI) 309-310: 289?29 b,
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Código ISPN de la Publicación:
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Publicado Thursday 23 de November de 2006