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MÚSICO, SOCIÓLOGO Y OYENTE: UNA CRISIS DE IDENTIDADES archivo del portal de recursos
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Robert R. Alford
Traducción: Claudio Benzecry
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Empecé a tomar lecciones de piano de mi madre cuando tenía cinco
años y he sido un serio pianista amateur toda mi vida, especialmente
de música de cámara. He interpretado la mayoría de los
tríos y cuartetos del repertorio de conciertos: Mozart, Beethoven,
Schubert, Brahms, así como Faure, Poulenc, Copland. El punto culminante
de mi carrera fue tocar, con gran poder y autoridad, el Segundo Concierto
para Piano de Beethoven con una orquesta en Santa Cruz (California) en 1988.
Hace cuarenta años me doctoré en Sociología en la Universidad
de California- Berkeley. Primero enseñé en Wisconsin, luego
en California-Santa Cruz y finalmente, en 1988, llegué al Graduate
Center de la City University de Nueva York. Enseñar e investigar han
sido partes centrales de mi vida.
Hace veintidós años descubrí una nueva forma de tocar
el piano que transformó el modo en que tocaba. Comencé, en aquel
entonces, a tomar lecciones y a participar de los cursos de verano de un instituto
en Amherst, Massachusets, dedicado a la obra de Dorothy Taubman, una profesora
de piano de Brooklyn.
Hace veintiún años comencé a usar ayudas auditivas, por
deterioramiento nervioso hereditario. Mi padre estaba completamente sordo
cuando murió a los 90, hace 17 años.
Hace quince años me di cuenta que mi descubrimiento de una nueva manera
de tocar y enseñar el piano podía convertirse en una pregunta
sociológica acerca de las condiciones y consecuencias de la "innovación
cultural y el conocimiento público". Hasta ese momento, mi identidad
musical y mi identidad sociológica nunca se habían conectado.
Comencé a investigar en el Instituto Taubman. Tengo video-grabaciones
de clases magistrales y conferencias, entrevistas con más de 40 pianistas
y profesores y notas de campo de un sinnúmero de talleres, conferencias
y coloquios. He recogido la mayor parte de las monografías en inglés
acerca de la técnica pianística. En 1990 envié un cuestionario
a unos 1500 pianistas y profesores que habían asistido al Instituto
en Amherst o que pertenecían a la Asociación de Maestros de
Música del Estado de Nueva York, preguntándoles acerca de su
pasado profesional y musical, su conocimiento de los conceptos básicos
de la técnica del piano, su filosofía y su experiencia en la
enseñanza; si sentían dolor físico cuando tocaban. Quería
llevar a cabo entrevistas con neurofisiólogos y psicólogos cognitivistas,
así como con médicos especializados en la nueva disciplina de
la "medicina de la performance". Quería, también,
entrevistar a los más importantes pianistas virtuosos, como Leon Fleisher,
para conocer sus experiencias con respecto a los dolores corporales.
Hace diez años perdí la capacidad de escuchar música.
Dejé de tomar lecciones, de tocar, de ensayar, de ir a conciertos con
amigos. Ahora puedo todavía enseñar pequeñas clases y
conversar individualmente en un ambiente silencioso pero no tomo parte en
reuniones, coloquios, fiestas ruidosas, ni voy al teatro o a restaurantes
concurridos. Tengo una "profunda" perdida del oído, de acuerdo
a las categorías clínicas. Dentro de poco quizá sea candidato
a un implante coclear.
Hace cinco años publiqué, junto a Andras Szanto, un artículo
en Theory and Society sobre el "proyecto del piano." Para cuando
el artículo fue publicado yo estaba perdiendo interés en el
proyecto, indudablemente en parte por la pérdida de la música.
Desde entonces no he realizado ningún trabajo serio al respecto, aunque
estoy lleno de datos e ideas. Todavía puedo tocar el piano con una
cierta facilidad y quienes me escuchan dicen que los sonidos son musicales,
pero yo solo oigo ruido. Estoy tratando (¿cargando?) con una identidad
"discapacitada."
Esta sucinta narración resume la crisis de tres identidades: musical,
sociológica, y más recientemente, una identidad "discapacitado."
Si puedo encontrar alguna manera de aceptar esta identidad, quizás
pueda liberar las energías emocionales e intelectuales que me permitan
regresar a este proyecto. O quizás pueda decidir que estoy enfrentando
desafíos nuevos y diferentes en mi vida y mi trabajo.
Incluso comenzar este artículo ha sido un desafío ¿Qué
aspectos de mí, qué identidad estoy presentando? Estos pocos
párrafos introductorios están escritos desde el punto de vista
de lo que puede ser llamado el meta-self, el aspecto de mi ser que está
momentáneamente monitoreando, vigilando e informando sobre los "sub-seres",
aunque claro no está absorbido ni definido por ninguno de ellos. Estoy
atrapado entre identidades, renunciando sin querer a mi identidad musical,
resistiendo a mi identidad discapacitada y paralizado en mi identidad sociológica
(por lo menos en lo que respecta a este proyecto de investigación)
Por estos dilemas no puedo escribir un artículo en una forma linear,
ortodoxa. En reemplazo voy a presentar tres secciones discontinuas, una en
la voz del sociólogo, la segunda en la voz de un músico que
se enfrenta a la pérdida de la música, y la tercera que confronta
los dilemas de la transformación personal.
Parte I: Innovación Cultural: El Caso
de la Técnica Pianística.
[Esta sección del artículo, apenas retocada, fue presentada en
Jacksonville en la National Conference of the Arts en 1991. Esta presentación
está explícitamente dentro de una identidad "sociológica",
aplicando conceptos sociológicos a un problema derivado de mi identidad
musical. No se hace mención de mi creciente pérdida de oído,
que resultará un año luego en la pérdida de la música]
Soy tanto sociólogo como pianista y este proyecto combina los dos intereses.
Hace una década descubrí el trabajo de Dorothy Taubman, una maestra
de piano de Brooklyn que había sintetizado un modo de enseñar
la técnica pianística que era aparentemente novedosa y tiene un
número creciente de adherentes. Sus practicantes proclaman que la utilización
de sus principios permite a los pianistas no solo tocar con poder, precisión
y musicalidad, sino también eludir el dolor que ha sido recientemente
señalado por tantos pianistas.
Estoy estudiando una innovación educacional en conocimiento cultural
en vivo, en una etapa en la que el resultado es aún incierto. El trabajo
de Taubman puede institucionalizarse como la manera correcta (incluso "científica")
de tocar el piano ("conocimiento público") o puede permanecer
como el coto privado de un pequeño grupo de iniciados. Las metáforas
cognitivas acerca de los movimientos corporales que constituyen la base del
anuncio de un nuevo conocimiento cultural se encuentran de a retazos en la literatura
sobre técnica pianística, pero no han sido nunca sintetizados
de esta forma. Un problema es que parece haber una tremenda discrepancia entre
la practica de enseñar el piano y la de tocar en publico. Un hueco que
parece también existir en el cómo la gente enseña, como
toca y los principios abogados por la literatura pedagógica. De hecho,
parece que hubiera poca relación entre el conocimiento "teórico"
de los pedagogos como Tobias Matthay, el conocimiento "clínico"
asentado en los manuales escritos por virtuosos como Gyorgy Sandor y el conocimiento
"practico" utilizado por los profesores de piano del montón.
La fascinación que tanto músicos como audiencias tienen con la
imagen del "genio" musical y la creencia que los virtuosos nacen,
no se hacen, ayudan a mantener estas discontinuidades culturales.
Las habilidades utilizadas por los maestros de conservatorio -maestros artesanos
individuales- son generalmente conocimiento privado acerca del repertorio, interpretación
y manejo de la carrera artística. Por la ausencia de conocimiento publico,
el discípulo nunca puede estar muy seguro si ha dominado o no el conocimiento,
ya que este no esta basado en conceptos analíticos formalmente organizados
en un conocimiento teórico que sea propiedad común de la profesión
y definidos como la base legitima del entrenamiento musical.
Peor aún, muchas de las formas en las que el piano ha sido enseñado
producen dolor. Estirando los dedos mediante ejercicios, estirando hacia posiciones
de la mano, aislando los dedos de la mano y el brazo, reduciendo, como resultado,
la coordinación de todo el cuerpo y creando potenciales tensiones destructivas.
Como hay desacuerdos considerables acerca de sí existe o no conocimiento
sobre la fisiología del movimiento en relación a la mecánica
del piano y porque no hay incentivos fuertes para desarrollar este conocimiento,
los modelos existentes de enseñanza de piano persisten, casi sin desafíos.
Las implicancias de esta situación bastante particular pueden ser expuestas
en distintas hipótesis paradójicas: el gran pianista que no toca
del modo que fue enseñado, pero si enseña de ese modo; los profesores
del conservatorio quienes no enseñan técnica pianística
y esperan que los estudiantes vengan con una técnica pulida, listos para
ser entrenados. Cuanto menos un joven prodigio obedezca a su maestro, menos
probable será que sufra dolor y lesiones.
Una consecuencia del mercado altamente competitivo de los virtuosos puede ser
el celoso guardado en secreto entre los discípulos y -probablemente-
el maestro, de los trucos del oficio, de las habilidades especiales aprendidas
en la practica. Las habilidades pueden ser mistificadas; se identifican con
un individuo en particular, en vez de ser señaladas como propiedad publica
de la comunidad musical entera. Por causa de esta identificación entre
movimiento corporal hábil y la personalidad única y el carisma
de un individuo virtuoso, es difícil redefinir ese conocimiento como
potencialmente universal, como contribuyente a las capacidades humanas generales
y por lo tanto, es casi imposible convertirlo en conocimiento potencialmente
publico acerca de cómo los cuerpos humanos pueden controlar mas eficientemente
el piano (uso la metáfora mecánica muy concientemente para balancear
el aura de la excepcionalidad del artista.)
Los estudiantes de conservatorio -los artistas potenciales- tienen lo peor de
ambos mundos. Son mercancías en el mercado cultural, pero no tienen bases
cognoscitivas firmes que les permitan poder garantizar la actuación.
Como la ocupación esta organizada como una profesión, los maestros
y artistas controlan el acceso, pero como el conocimiento no es publico ni esta
formalizado tienen una fuente adicional de poder sobre sus estudiantes. No solo
tienen poder profesional, sino también el poder del oficio y el gremio,
el poder del maestro sobre el aprendiz tanto como el poder del profesional establecido
sobre el estudiante.
Algunos de los dilemas involucrados en la transición potencial de conocimiento
privado a público en el caso de la técnica pianística son
ilustrados por el método de Dorothy Taubman, una maestra de piano de
Brooklyn que ha enseñado por más de cuarenta años. Su método
está basado en una crítica del trabajo previo de Tobias Matthay,
Otto Ortmann y Jacob Helmann, sintetizando algunos de sus conceptos y añadiendo
elementos nuevos. Taubman dice haber formulado un modo fisiológicamente
apropiado de coordinar los dedos, la mano y el brazo que garantiza movimientos
cómodos y controlados conscientemente. -es decir, sin dolores ni tensiones.
El método Taubman exhibe, en estado embrionario, todas las características
que pueden llevar hacia la institucionalización de un nuevo conocimiento
público y hasta un nuevo paradigma de técnica musical. Hay un
cuerpo de conceptos analíticos -el "brazo caminante", "rotación",
"formar", "dentro y fuera", etc.- que son herramientas para
analizar los requerimientos físicos y musicales de un pasaje en particular.
Los ejemplos son extraídos de diversos pasajes musicales, mostrando como
pueden ser tocados de modo eficiente, correcto y cómodo, al usar los
conceptos para planear el movimiento de dedos, manos y brazos de modo correcto
a las características del pasaje en cuestión. Adicionalmente,
existen casos documentados de pianistas que han curado su dolor usando los principios
Taubman. Un instituto de verano, en el Amherst College, ha sido establecido
para enseñar el método. Los conceptos comienzan a ser formalizados:
Taubman está escribiendo un libro en el que presenta los detalles del
método aplicados a ejemplos, de modo tal que el lector puede testarlo
al piano. Las conferencias en el Instituto presentan a los conceptos analíticos
y demuestran su aplicabilidad al repertorio clásico (y se pueden conseguir
en video) Existe un creciente grupo de practicantes de distintos niveles de
conocimiento: los profesores de Amherst (estudiantes de Taubman y estudiantes
de sus estudiantes), así como un número in crescendo de profesores
profesionales y comunitarios en todo el país que aplican los conceptos
cuando tocan y enseñan. También, profesores del Instituto han
mostrado los videos, "diseminando la palabra" acerca de la utilidad
pedagógica del método en varias reuniones de la Music Teachers'
Associations estatal.
En todas estas formas, el método Taubman cumple con los requisitos para
ser considerado un caso de institucionalización pública del conocimiento.
Solo existe una excepción clave: el reconocimiento de su trabajo todavía
se mantiene asociado a una persona y no es reconocido como legítimo por
la elite de instituciones musicales relevantes y los grupos de pianistas.
Mi punto de entrada en estos temas es el esfuerzo por un cuadro de maestros
y pianistas por institucionalizar el trabajo de Taubman: los esfuerzos del instituto
por crear una credencial "taubman" como una estrategia de profesionalización;
el libro acerca del método en una inversión en la legitimidad
potencial de los conceptos y métodos "científicos".
La escuela Taubman se encuentra en un lugar ambivalente con respecto a la educación
artística. Por una parte, para producir caminos hacia la educación
tipo conservatorio, debe pretender validez artística el mayor grado de
musicalidad e interpretación estética de la literatura pianística.
Por otra parte, para alcanzar la mayor audiencia posible de músicos y
maestros, debe apelar a ellos desde el fundamento clásico de que un nuevo
cuerpo de conocimiento coherente y sistemático les proveerá con
un reclamo mas fundado el título de profesionales.
La legitimación e institucionalización de los principios que guían
el método Taubman requiere que ella pueda prescribir diagnósticos
y tratamientos de rutina. Una cierta posición de las manos y los dedos
debe indicar, de modo concluyente y definitivo, "torcer", "estirar"
o "tirar" y tener un tratamiento particular (por ejemplo, para enderezar
la mano, "cerrar" el cuarto dedo) que pueda ser observado y prescripto
objetivamente. Si no hay una correlación regular entre posturas o movimientos
físicos específicos y consecuencias específicas (sea dolor
y falta de precisión o poder y velocidad), entonces los profesores del
método se van a ver en dificultades y la pretensión de un conocimiento
"científico" o aunque más no sea "clínico"
será difícil de establecer.
¿Existirá un "método Taubman" reconocido como
los métodos Matthay, Ortmann o Leschetizky? ¿Será reconocido
su trabajo como una técnica como las otras? ¿Será Taubman
una de las tantas maestras que entrenó algunos estudiantes, algunos concertistas
y formuló un método pedagógico que se ha convertido en
parte de las múltiples herencias del campo y que es fácilmente
conseguible por subsiguientes generaciones de maestros/ estudiantes? ¿O
su método se convertirá en el modo dominante de enseñar
el piano, reconocido como el que estableció las bases científicas
para comprender los movimientos corporales habilidosos necesarios para tocar
el piano? Estas preguntas están aún abiertas. Las respuestas probablemente
no dependan de la validez del método --esto es, de si los conceptos son
los mejores mecánica y neuro-psicológicamente para controlar con
habilidad los movimientos corporales-. Una variedad de circunstancias institucionales,
a algunas de las cuales he aludido, también afectarán el destino
histórico de su método.
Desde que escribí este texto he perdido contacto con mi co-partícipes en la escuela de Taubman, he dejado de tomar lecciones de piano, he dejado de escuchar música. Aún leo las críticas de conciertos de piano del New York Times con dolorosa nostalgia. El Instituto Amherst continúa aunque recientemente se ha mudado al Bennington College. Cada vez más "maestros Taubman" están trabajando en instituciones académicas o como maestros particulares. El problema de cómo la innovación cultural se origina y se difunde en prácticas y comportamientos establecidos se mantiene como un tópico importante para la investigación y la teoría sociológica. Pero mis dilemas personales permanecen intactos.
ParteII: Crisis de las Identidades
Musical y Sociológica.
Debajo, en orden cronológico, hay fragmentos de cartas
y memoranda de investigación escritos entre 1991, cuando
me di cuenta de que mi perdida del oído esta amenazando
mi habilidad de escuchar música, y 1995 cuando comencé
a dejar de trabajar en el "proyecto de la música".
En primer lugar está una carta escrita a mi "Maestra
Taubman", Edna Golandsky, de quien tomé lecciones
por más de diez años, entre 1980 y 1991. Edna es
la delfina de Taubman. Da clases magistrales y conferencias basadas
en el trabajo de Taubman.
16 de Septiembre de 1991
Querida Edna:
Quiero darte las razones por las cuales he decidido no tomar
lecciones de piano este año y, probablemente, nunca más.
Mi objetivo de mejorar mi musicalidad y habilidad técnica
supone la simple capacidad de escuchar lo que estoy tocando. Empecé
a perder la capacidad de escuchar música, irónicamente,
al poco tiempo de mudarme a Nueva York en 1988,con grandes esperanzas
de dominar finalmente el método Taubman. Las pocas lecciones
que me diste fueron muy dificultosas, como sin duda habrás
notado.
Siento un gran dolor por causa de mi pérdida auditiva,
y por consecuencia de mi capacidad de disfrutar cuando toco o
cuando otros lo hacen. Fui a un concierto de un pianista el año
pasado en el Carnegie Hall y no pude reconocer una pieza que él
estaba tocando y yo conocía muy bien. Este verano en el
rancho familiar mi hijo Jonathan tocó la primer parte de
la Balada de Chopin que yo había trabajado junto a él.
No sabía que era.
El problema no es solo el volumen, sino que algunos de los sonidos
suenan distorsionados. Incluso cuando son lo suficientemente fuertes
como para escucharlos, no puedo distinguir una nota de otra. Lo
mismo ocurre con las consonantes en el habla; son simplemente
una masa, porque mi cerebro no puede distinguirlas. De acuerdo
a mi fono-audiólogo, sólo entiendo un 20 por ciento
de los sonidos significativos que puedo escuchar (es decir, palabras
habladas) Un mínimo del 60 por ciento se necesita para
una comprensión completa.
Aún obtengo algún placer de tocar música
de cámara, aunque debo ajustar mis audífonos frecuentemente,
especialmente cuando en un ensayo paramos y discutimos algún
pasaje. Trato de hacer esto por el tiempo que pueda.
No he renunciado a mi compromiso de aprender lo que pueda acerca
de la obra de Taubman, y transmitirlo, como pueda, a la mayor
cantidad posible de gente. Tampoco quiero perder el contacto con
los amigos que he hecho en Amherst. Así, intento asistir
a su taller el 6 de Octubre y quedarme a saludar y a seguir aprendiendo
acerca de la obra de Taubman.
21 de Mayo de 1992 [Una carta dirigida a Nancy Garniez, director
de los Alaria Chamber Players de Nueva York, con base en el Mannes
College of Music. Fui entrenado por Nancy de 1988 a 1992. Alaria
estuvo y aún está comprometida a ayudar a músicos
amateurs a tocar en el más alto nivel posible.]
Querida Nancy:
Estoy investigando nuevos audífonos -la alta tecnología
puede reestablecer mi habilidad para escuchar música-.
He encontrado cada vez más difícil distinguir tonos
distintos. Seguramente recordarás ese compás en
el Trío de Beethoven donde yo tocaba Si en vez de La. No
podía, literalmente, oír la diferencia. Estoy "escuchando"
con mi cerebro en vez de con mis oídos.
Menciono esto, parcialmente, porque en el otoño tendré
la decisión difícil de si retornar o no al nido
de Alaria, y la única razón por la que quizás
no lo haga es por mi oído. Te llamo a comienzos de septiembre.
[A continuación van fragmentos de mis notas de investigación,
tomadas durante la última vez que fui al Instituto de Piano
en Amherst, en Julio de 1992. Edna Golandsky da la conferencia
matinal acerca de los conceptos y principios del método.]
Edna comenzó su disertación citando un estudio
que decía que entre un 75 y un 80 por ciento de los músicos
sufren algún dolor. Ella mencionó, de modo desaprobatorio
la filosofía de estudio que dice que "sin dolor no
hay ganancia". Enfatizo que las tensiones y los movimientos
musculares responsables por las lesiones son tan pequeñas,
tan sutiles que son invisibles, y cito el numero remarcable de
ocupaciones y actividades que causaban lesiones a las manos y
los brazos: el uso de computadoras, cortar la carne, escribir,
las labores domesticas, etc. Pero incluso los artículos
que informan de estos números repiten el mismo error de
adscribir las lesiones al "sobreuso" en vez de al "mal
uso". Algunos de ellos incluso recomiendan ejercicios y movimientos
que refuerzan el dolor.
[COMENTARIO: Amherst es, como muchos otros mundos sociales ocasionales,
una convergencia de personas en momentos de transformación
personal. Muchos de ellos se encuentran en crisis de identidad
o en transición, de una carrera a otra. Por ello, la experiencia
de Amherst se transforma en significativa para mucha gente: Henry
Micklem de la Universidad de Edimburgo esta renunciando a su puesto
de Profesor de Biología (tienen mas de cincuenta años),
dos años después de que su mujer muriera, para convertirse
en un profesor de piano. Quizás se mude a California o
a Nueva York, para estudiar con Edna o con Nina Scolnik. Cindy
Rose, a quien entreviste ayer, renuncio hace dos años a
una carrera de quince años como enfermera para convertirse
en una maestra de piano y esta aquí por los tres motives
principales -tocar, enseñar y el dolor-. La escuela elude,
de modo resoluto, las referencias a cualquier cosa que involucre
a estas crisis personales, excepto en las cartas a los profesores,
en la que se les recuerda que "es esencial que quien trabaje
con pianistas lesionados sea sensible a su dolor físico
y emocional."]
[COMENTARIO: Muchos de los profesores estaban en la primer conferencia,
para refrescar algunos conceptos básicos de la teoría
Taubman. Esto es probablemente parte de la densa red de supervisión
(lo que Foucaul seguramente caracterizaría como "vigilancia")
de los futuros o actuales maestros Taubman. Me inclino a mirar
esto de modo positivo, o al menos tolerante, como parte del intento
necesario por asegurar la conformidad general con respecto a los
conceptos básicos. Foucault enfatiza los aspectos negativos
de la vigilancia, porque su foco esta en los hospitales para enfermos
mentales, las prisiones, el ejercito y la burocracia. Pero en
mundos sociales pequeños, donde las habilidades están
siendo enseñadas a participantes voluntarios, e incluso
ansiosos, el conocimiento cultural -de danzas folklóricas,
tenis, guitarra o el juego del Go- necesita de maestros expertos
y novicios deseosos, para que el conocimiento sea propagado y
perpetuado. En este caso, donde el conocimiento es aun esotérico
(no se ha convertido en la propiedad común de toda la sociedad),
puede ser aun mas necesario para los reclutas nuevos ser supervisados
cuidadosamente, particularmente si -como dice la teoría-
una mala aplicación puede llevar a empeorar el problema,
es decir, a más dolor]
Edna entonces mostraba las diferentes maneras de sostener la
mano que comunicaban, inmediatamente, la diferencia entre el modo
"normal" de sostenerla y moverla y aquel potencialmente
distorsionado y doloroso. Nos pedía sostener nuestra mano
derecha en una posición similar a una garra, como si estuviéramos
apretando una pelota en la palma. Una de las escuelas de piano
ortodoxas recomienda esta postura. Nos pedía mover la muñeca
hacia atrás y hacia delante con la mano como si fuera una
garra. Uno podía moverla, pero solo con esfuerzo y lentamente.
Entonces nos pidió que abandonáramos la posición
y que moviéramos la muñeca hacia delante y hacia
atrás. Uno podía hacerlo rápida y fácilmente.
Edna dijo: No "sacudan", "tuerzan" o "dejen
caer" la muñeca. Esas son las causas más comunes
de las lesiones, en particular del síndrome carpiano.
Y no "individualicen" los dedos; nunca muevan los dedos
de modo independiente de la muñeca o el antebrazo. Este
es un principio cardinal del método, pero también
viola los principios de la antigua ortodoxia pianística.
"Cada dedo se siente individualizado cuando trabaja junto
a los otros".
La clase terminó a las 11 de la mañana y pocos
minutos después, Edna comenzó una "clínica
de diagnóstico" en la que varios músicos lesionados
tenían unos veinte minutos con ella. Se sentaban al piano
y le mostraban como tocaban mientras ella miraba las manos y les
daba el análisis, tanto a ellos como a la audiencia-unas
cincuenta personas-, de lo que andaba mal. Su maestro se paraba
cerca observando a Edna y a su estudiante.
Luego del almuerzo fui a la Clase Magistral con la Sra. Taubman.
Apenas podía distinguir un tono del otro de la Sonata en
La Mayor de Schubert o de una sonata de Scriabin. Mi cerebro proveía
la melodía del Schubert, ya que la había escuchado
antes, pero el Scriabin era solo una bola de sonido. Podía
escuchar alguno de los comentarios de Taubman pero no todos. Comencé
a preguntarme si valía la pena presenciar la clase magistral
(o, para el caso, las charlas) Necesitaba pasar el tiempo encontrando
más gente para entrevistar, quizá escribiéndoles
cuando el resto estaba ocupado con lecciones o conciertos.
Me siento doblemente aislado acá, y eso es muy doloroso.
Por un lado, por primer vez, no soy un participante, no estoy
tomando lecciones, no estoy yendo a clínicas de diagnósticos
con problemas técnicos ni ensayando. Esta nueva situación
me despierta al hecho brutal de no ser más un pianista
en funciones o un músico, y esto se me hace casi imposible
de aceptar. Me siento - y esto puede o no ser cierto- tratado
de modo diferente por la gente porque no estoy involucrado en
el mismo objetivo personal -como ellos- de intentar mejorar mi
habilidad como músico. Simplemente no compartimos las
mismas experiencias. No ocupamos el mismo espacio social. Por
otro lado, y de modo -por supuesto- relacionado, estoy aquí
como investigador, tomando notas, observando, entrevistando. Esta
es una situación rara, particularmente porque representa
un cambio en las relaciones sociales. Siempre antes, incluso cuando
estaba involucrado en el "Proyecto del piano", era un
músico y un pianista en pleno funcionamiento.
Estoy preocupado que mi falta de audición reduzca mi compromiso
con el proyecto. Puede, también, reforzarlo, como una sublimación,
una participación intelectual en el mundo del piano que
reemplace mi participación musical. O puede, simplemente,
ser muy doloroso trabajar en constante contacto con músicos
e intérpretes. ¿Es éste un humor momentáneo
en Amherst? El contraste entre mi actividad previa como participante
activo y el momento actual como observador pasivo es amargamente
real.
Fui a caminar en vez de escuchar a Robert Shannon tocando el
concierto de Schubert y estaba sintiendo profundamente la pérdida
de la música. Me fui solo al bosque, justo antes de que
la noche cayera y la foresta estaba hermosa. Llovió durante
los últimos días y todo estaba fresco. Los caminos
estaban cubiertos con piñas con flores bajitas saliendo
por los piñones. Un poco antes del atardecer salieron las
luciérnagas. Había como una docena, que se prendían
y se apagaban. Mas tarde, cuando Susan Day volvió del
concierto para la continuación de su entrevista, me dijo
que los Moments Musicaux habían sido mágicos.
La última clase magistral: mientras Frank Levy tocaba,
miré al rededor del cuarto y vi unas 20 caras de gente
que había entrevistado con alguna profundidad durante las
últimas dos semanas. Sabía mucho de ellos -su situación
familiar; si estaban lesionados o no; sus dudas o fe en el método
Taubman; sus sueños, ambiciones y miedos acerca de tocar
y enseñar piano. La mayoría de ellos habían
expresado ambivalencias y ansiedades que yo había prometido
mantener en confianza.
Julio de 1992: [Fragmento de una entrevista con una profesora
de piano experimentada, nueva en Amherst. Había estado
varios años sin tocar por el dolor]
R. Alford: ¿Pero no habrías pasado por tanto dolor
emocional si no hubieras visto lo promisorio del trabajo de Taubman,
no? Si te hubieras dicho: no hay nada por hacer. No puedo soportar
esto.
MR: Claro, yo tenía bronca a mis maestros por no saber
que hacer. Y no era su culpa. Y todavía tengo una puntita
de esa bronca. Estoy de duelo por lo que podría haber hecho.
Tengo que decir, sin embargo, que para las herramientas que tenía
y la enseñanza que recibí, me fue bastante bien.
¿Cómo me lo banqué por tanto tiempo? Como
decías, la gente se aferra a la música porque la
ama tanto. Escuchás música y querés tocar.
Es una alegría.
Cuando miré el video de su estudiante tocando el Tercero
de Rachmaninoff lloré. Sabía que era totalmente
libre técnicamente.
31 de Enero, 1993 [Extracto de otra carta a Nancy Garniez de
los Alaria Chamber Players en New York City]
Querida Nancy:
.... No fui a ninguno de los conciertos de Alaria por culpa de
mi oído. No puedo distinguir armonías ni disonancias,
y no puedo reconocer la diferencia entre Mozart y Schoenberg.
El último semestre que participé en Alaria "escuchaba"
poca "música". Los acordes sonaban (aún
suenan) como una madeja de sonido. Así que decidí
no participar más en conciertos de ninguna clase. No toco
el piano desde que abandoné Alaria y no escucho nada en
casa. Esencialmente, he perdido la música.
Como se puede imaginar, esta es una situación muy dolorosa
ya que la música era una parte central de mi vida. Me estoy
dedicando como loco al trabajo -enseñando, investigando,
escribiendo- como una compensación (o sublimación,
como bien puede ser el caso)
Muchas gracias y suerte para este año con los conciertos,
recitales y las clases.
[30de Enero, 1993: Carta a mi hija adoptiva: Katrina Walker]
Querida Katie:
Como bien sabés, ya no toco el piano más porque
no puedo oír las claves ni las armonías. Los acordes
son una gran nube, no puedo distinguir mayor de menor, así
que no vale la pena. Es interesante cuan importante es el cerebro.
Puedo tocarle una pieza que conozco bien a alguien y seguramente
la disfrutará. Sé que estoy tocando musicalmente,
porque mi cerebro sabe como mover los dedos y cuanta presión
aplicarle a una línea melódica cantante. Pero no
lo escucho como música solo como una bola de sonido. Puedo
escribir "objetivamente' acerca de mi pérdida y generalmente
no me siento demasiado mal -uno no puede lamentarse por siempre-
pero a veces una ola increíble de tristeza pasa sobre mi.
Me pasa de noche, cuando me despierto tocando el Trío en
Si Mayor de Brahms con mis dedos "escuchándolo"
de modo vívido y agudo.
30 de Enero, 1993 [Carta auto-explicativa a la Amateur Chamber
Music Players Society of America]
Amateur Chamber Music Players, Inc.
Queridos Compañeros músicos de cámara y
amantes de la música:
Les hago llegar mi formulario de actualización de membresía,
indicando que mi ficha debe ser borrada por completo. Me siento
muy mal al respecto y quiero explicárselos brevemente.
Mi oído se ha deteriorado durante los últimos años
y he llegado finalmente al punto donde no puedo distinguir armonías
-no puedo escuchar la diferencia entre un acorde menor y uno mayor-.
Nadie me dijo que esto podía resultar del daño nervioso.
Este desarrollo se transformó en algo absolutamente shoqueante
y horripilante hace un par de años, cuando me di cuenta
que no podía escuchar música. Todavía puedo
tocar bastante bien -porque aún puedo escuchar sonidos-
pero mi cerebro me da la música, no mis oídos.
Les escribo no para contarles mi triste historia personal, sino
en parte para ver si alguien en la ACMP ha tenido esa experiencia
y ha encontrado alguna ayuda médica o de otro tipo para
alguna pérdida análoga. He ido obviamente a los
mejores especialistas (ninguno de los cuales ha sido músicos,
sin embargo) y me han dicho que no puedo hacer nada al respecto.
Mi condición es hereditaria (mi padre estaba completamente
sordo cuando murió) y degenerativa. Pero por las dudas...
También, pensé que antes de perder toda conexión
con la ACMP me gustaría decirles que, como muchos de sus
corresponsales, yo he tenido maravillosas experiencias con una
amplia variedad de músicos a través de los años.
Uno de los más memorables fue conocer unos músicos
holandeses durante una beca de un año que pasé en
el Netherlands Institute for Advanced Study in the Humanities
and Social Sciences (soy sociólogo de profesión)
en 1981-2. Antes de dejar California escribía algunas
cartas a un número de músicos en Holanda. Varios
de ellos respondieron y el resultado fue una cantidad de sesiones
maravillosas:
Una tarde de la música para dos pianos de Mozart junto
al Embajador retirado en Indonesia y su adorable esposa, en su
casa en La Haya;
Una noche de cuartetos de Brahms con una familia -el violista
era un reconocido astrónomo, el chelista un profesor de
chelo, la hija violinista era miembro de la Filarmónica
de Holanda) a orillas del Rin en Leiden -y muchos otros.
La ACMP es una institución maravillosa; se ha convertido
en un apéndice de mi vida musical que extrañaré
tantísimo. Muchas gracias.
[14 de Marzo, 1995 [Este es un extracto de un e-mail a Lynn Chancer,
una socióloga que está ahora en Fordham University.
Lynn es una gran pianista.]
Querida Lynn,
Como pianista y como amiga sos una de las pocas personas con
las que puedo compartir esto. Estoy leyendo BODY AND SOUL de Frank
Conroy, acerca de un pianista joven, que tiene muchos detalles
íntimos acerca de como aprender a tocar el piano, diferentes
estilos de enseñanza, y -este es el punto- la alegría
de tocar música. Una escena que leí la última
noche era la primera vez que tocaba el Concierto de Mozart con
orquesta. Describía emotivamente su fraseo musical, su
sentido del cuerpo, sus manos, las conexiones entre frases, sus
respuestas a las frases de la orquesta y del otro piano, su inmersión
total en las subidas y caídas de la línea melódica
y sus respuestas viscerales a los cambios armónicos.
La descripción evocó profundos sentimientos en
mi, tanto acerca de la memoria del disfrute de la música
como en el dolor de su pérdida... Lloré...
No recuerdo momentos musicales en particular, pero en instantes
como este regresan... el pasaje inaugural del Cuarteto con Piano
de Fauré; el Andante del Quinteto con Piano de Brahms;
el movimiento lento del trío en si bemol de Schubert -todas
piezas que conozco de corazón y atesoro. "De corazón"
es una metáfora maravillosa, me doy cuenta.
[Este es un breve boceto autobiográfico que escribí
para una primera versión de mi último libro, THE
CRAFT OF INQUIRY (Oxford University Press, 1998)
Para el momento (1985) en que se publicaba Los Poderes de la
Teoría (con Roger Friedland), comencé a interesarme
por la sociología de la música, aunque no quería
dignificarme usando ese nombre. Es sólo después
de que uno ha terminado un estudio o tiene que describirlo a extraños
que uno se legitima por medio de una subdivisión establecida
del discurso académico. Los orígenes son siempre
más humildes. Pianista durante toda mi vida, había
comenzado a participar de un Instituto de Piano en el Amherst
College en Massachusetts desde el verano de 1982, apenas después
de regresar de un año en el Netherlands Institute for Advanced
Study en Wassenaar, Holanda.
El argumento "macro-micro" en este punto es que la
economía política del mercado internacional de conciertos
crea una enorme presión competitiva entre un número
siempre creciente de pianistas de concierto, produciendo un stress
físico y emocional que ni las instituciones ni los individuos
están preparados para enfrentar. El descubrimiento reciente
de que un numero importante de pianistas sufre un dolor físico
agudo ha encontrado diferentes respuestas en los diversos mundos
del piano: virtuoso, pedagógico y médico. Lazos
emocionales profundos entre el maestro, la madre y el niño
prodigio conducen hacia la negación del dolor hasta que
-en la mayoría de los casos- es muy tarde. El potencial
virtuoso no puede tocar profesionalmente nunca más y se
convierte en un maestro -reproduciendo el dolor en la próxima
generación de pianistas al enseñar del modo que
fueron enseñados.
Ese libro ha sido dejado para terminar éste.
El "libro sobre música" ha sido dejado de lado
por varias razones que ahora parecen más claras. No he
querido (o podido) volver a él.
Parte III: Meta-Self o Transformación
Personal?
Mi hermano David, un filósofo
de las humanidades y un crítico feroz, leyó el borrador
previo y cuestionó mis distinciones básicas. El
argumenta que el "self" de la parte II puede estar reemplazando
al ser profesional, académico, sociológico de la
Parte I. Este capítulo, entonces, antes que "manifestar
lo que vos decís (la multiplicidad de identidades) es de
hecho la anatomía de una evolución". El piensa
que quizás sea para mi el momento de "emular"
a los colegas que han dejado la sociología profesional
"para convertirse en periodistas, poetas, novelistas".
Dice que usa la palabra "emular" de modo deliberado,
ya que no hay un modelo "científico" o "profesional"
para semejante transición. Si esto es verdad, cree David,
este capítulo no es "la autobiografía de un
ser humano discontinuo" sino la "autobiografía
de un artista en ciernes".
Para una persona que adoptó una identidad profesional
y académica hace cuarenta años, este es un mensaje
difícil de escuchar. No estoy seguro de que sea verdad.
Continúo trabajando en mis proyectos de investigación
en sociología política y metodología, sin
un escepticismo de base hacia la actividad intelectual. Quizás
pueda encontrar algún modo de combinar una narrativa personal
con la exploración de los problemas sociológicos
que resumí en la Parte I.
Debería terminar con un informe de la decisión
acerca del proyecto sociológico y/o con algunas conclusiones
acerca de mí, en efecto, con un "final feliz".
Quizás debería discutir las implicancias para las
"teorías de la identidad y el ser." No voy a
ofrecer ningunos de estos finales con punch. Este capitulo se
mantendrá solo como una narrativa de mi estado de mente,
mi condición y mi ser actual.
Un haiku resume este momento:
Como un eco en mi cabeza.
Melodías y armonías
Que nunca serán escuchadas.
Fuera de esa prisión
La vida, el amor, incluso el trabajo, continúan.
Crecerán los Narcisos.
La Tierra gira, inmune
a los dilemas mundanos
de mis muchos seres.
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