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CANNABINOIDES:
NEUROBIOLOGÍA Y USOS MÉDICOS archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Uxmal Rodríguez
Elisa Carrillo
Enrique
Soto
Instituto de Fisiología de la
buap.
uxmalr@yahoo.com.mx
La planta de mariguana, Cannabis sativa, ha sido
utilizada por el hombre desde la antigüedad con varios fines: obtención de
fibras textiles, propósitos curativos, recreativos, en la gastronomía, en
lienzos para pintura al óleo (la palabra canvas, es decir, lienzo, deriva de cannabis,
oil on canvas) entre
otros. 1 Su cultivo es relativamente simple y
constituye la planta con más alto potencial para la generación de biomasa en el
planeta, por lo que su uso industrial es muy importante, aunque lamentablemente
es desaprovechado ya que su cultivo está prohibido en prácticamente todos los
países. Sus efectos biológicos se deben a un conjunto de compuestos presentes en
la resina secretada por las hojas y brotes florecidos de la planta (Figura 1),
la que produce cerca de cuatrocientos compuestos químicos, de los cuales unos
sesenta se consideran dentro del grupo de los
cannabinoides. 2 No se conoce bien la función de los
cannabinoides en las plantas, aunque se ha propuesto que tienen un efecto
protector contra los insectos. En animales, las principales acciones de los
cannabinoides son sobre los sistemas cardiovascular, inmunológico y nervioso
central (SNC). En el sistema cardiovascular producen disminución
de la presión arterial debido a la vasodilatación, aumento subsecuente de la
frecuencia cardiaca e hipotensión ortostática. En altas dosis, muy por arriba de
las que se usan para consumo recreativo, producen una depresión significativa
del sistema inmunológico. A nivel del SNC sus acciones se
caracterizan principalmente por una importante reducción de la movilidad,
disminución de la temperatura y analgesia, además de sus bien conocidos efectos
de tipo cognitivo. 1
FIGURA 1. Microscopía
electrónica de barrido de una glándula pedunculada de una hoja de la planta
Cannabis sativa.
Los cannabinoides son substancias que tienen una estructura
carboxílica con veintiún carbonos y están formados por tres anillos,
ciclohexano, tetrahidropirano y benceno (Figura 2). Los principales
cannabinoides son el D9-tetrahidrocannabinol
(D9-THC),
el D8-tetrahidrocannabinol
(D8-THC),
el cannabidiol (CBD) y el
cannabinol (CBN). Otros
cannabinoides presentes en la planta aparecen en cantidades diferentes según la
variedad de Cannabis . El ácido cannabidiólico, que tiene actividad
antibiótica, es un constituyente del
cáñamo. 3

FIGURA 2. A la
izquierda, la estructura del principal cannabinoide psicoactivo, el D9-tetrahidrocannabinol y la
estructura de los principales cannabinoides endógenos: la anandamida
(araquidonil-etanolamida) y el 2-araquidonil-glicerol. A la derecha, principales
acciones de los cannabinoides a nivel neuronal. Los cannabinoides se sintetizan
a partir de lípidos de membrana, se producen bajo demanda y no se almacenan en
vesículas como ocurre con otros neurotransmisores. Los endocannabinoides se
producen como consecuencia de aumentos en el
Ca2+ intracelular e interactúan con
receptores CB1 ubicados en las neuronas presinápticas, modulando
la liberación del neurotransmisor (NT). Éste activa a receptores
ionotrópicos (iR) y/o metabotrópicos (mR). Los endocannabinoides son removidos
del espacio sináptico por un transportador específico (T); ya en el citoplasma,
son degradados por la hidrolasa de la amida de ácidos grasos
(FAAH) a etanolamina (Et) y ácido araquidónico
(AA). (Modificado de Guzmán, 2003.)
En 1964
el grupo de Mechoulam, en Israel, encontró que el principal compuesto
psicoactivo de la mariguana –y el de mayor potencia– es el D9-THC.
Éste presenta propiedades hidrofóbicas, por lo que es muy soluble en lípidos.
Esto hace que su distribución en el organismo y su eliminación presenten
diferencias con respecto a lo descrito para otras drogas de abuso.
El D8-THC
tiene un perfil farmacológico muy parecido al del D9-THC,
aunque sus efectos son más débiles; sólo aparece en algunas variedades de la
planta y su concentración es pequeña en comparación con la del D9-THC.
4
De
manera análoga a lo sucedido con los opioides, en particular la morfina y sus
derivados, donde su estudio llevó a proponer la existencia de receptores
específicos para estas substancias en el SNC –hecho que
finalmente permitió identificar las encefalinas y endorfinas como ligandos
endógenos de dichos receptores–, 5 ocurrió que el estudio de los
mecanismos de acción de los cannabinoides, en particular del D9-THC,
llevó a pensar que en el cerebro realmente existían receptores para
cannabinoides. Finalmente se demostró que éstos ejercen su efecto a través de
receptores específicos de membrana y, en 1990, se clonó e identificó el primer
receptor a cannabinoides en tejido nervioso, el cual se conoce como
CB1 (cannabinoid binding
1). 6 En 1993 se clonó, en células del sistema
inmunológico, otro receptor a cannabinoides, el receptor
CB2. 7
En consonancia con la idea de
que existían receptores a cannabinoides, en 1992 Devane y colaboradores
reportaron a la etanolamida del ácido araquidónico como el primero de los
endocannabinoides, los cuales son ligandos endógenos de los receptores a
cannabinoides (Figura 2). 8 A esta substancia, los
investigadores que la descubrieron la denominaron “anandamida”, que deriva de
una palabra en sánscrito, ananda, que
quiere decir “el bienestar interior”, “la gloria”, “la bienaventuranza”.
Posteriormente se encontraron otros ligandos endógenos de los receptores a
cannabinoides, como el 2-araquidonil-glicerol, la palmitoiletanolamida y otros
lípidos relacionados. Los endocannabinoides se producen principalmente en el
hipocampo, el tálamo, el cuerpo estriado, la corteza cerebral, el puente, el
cerebelo y la médula espinal.
Cabe destacar que lípidos del tipo de los
cannabinoides endógenos no son exclusivos del cerebro de los vertebrados
superiores, y algunas plantas producen estas substancias. De hecho, se discute
si parte de los procesos que determinan el apetito peculiar que algunas personas
tienen por el chocolate es debido a que el cacao contiene pequeñas
concentraciones de anandamida y 2-araquidonil-glicina, por cierto, también
presentes en muy bajas concentraciones en la leche materna.
Los cannabinoides
endógenos se sintetizan a partir de la N-araquidonil-fosfatidil-etanolamina en
la membrana celular, y son degradados aparentemente por hidrolasas de ácidos
grasos (Figura 2). La síntesis de los cannabinoides es modulada por las
concentraciones intracelulares de Ca2+
aunque, a diferencia de otros neurotransmisores, los endocannabinoides no se
almacenan en vesículas sinápticas, sino que se liberan directamente de la
membrana celular. Se discute además, aunque no se ha corroborado de forma
definitiva la existencia de un mecanismo de transporte específico que pudiera
permitir a las neuronas transportar los
endocannabinoides. 9
En conjunto, estos resultados
han llevado a postular que en el cerebro de los mamíferos superiores existe un
sistema endocannabinérgico que participa en la transmisión de información en el
sistema nervioso central. Se han descrito receptores específicos, ligandos
endógenos, los mecanismos de síntesis de dichos ligandos, así como de la
eliminación y recaptura de éstos a nivel sináptico.
RECEPTORES A CANNABINOIDES
Hasta el
momento se han identificado dos tipos de receptores para cannabinoides: los
receptores CB1 y CB2, ambos pertenecientes a la
superfamilia de receptores acoplados a proteínas G, caracterizados por tener
siete dominios transmembrana (Figura 3). El receptor CB1 se
localiza fundamentalmente en el sistema nervioso central; el receptor
CB2, en el bazo, amígdalas y células del sistema inmunológico.
Entre ambos receptores, CB1 y CB2, hay una
homología de alrededor del 48%. 10 Existen evidencias
que sugieren la existencia de un subtipo de receptor a cannabinoides que, se ha
propuesto, es una variante por empalmes alternativos (alternative splicing) del receptor
CB1. En el humano y en la rata, este receptor tiene 61
aminoácidos menos en el extremo amino terminal que el CB1, y de
acuerdo con ello se nombraría CB1b. 11
En ratones en los que por medio de biología molecular se elimina la expresión de
los genes que codifican para el receptor CB1 (ratones knock-out CB1 -/-), se ha
estudiado el efecto que tienen los agonistas y antagonistas de estos receptores
midiendo la activación de proteínas G. La anandamida y el agonista a
cannabinoides Win 55212-2 demostraron tener actividad en estos
ratones. 12 Estos resultados refuerzan la idea de la
existencia de un subtipo de receptor CB1. Sin embargo, hay
también evidencias que sugieren la expresión de receptores a cannabinoides
distintos de CB1/CB1b y CB2 en las
células gliales de la corteza cerebral en la
rata. 13

FIGURA 3. Representación esquemática de los
receptores CB1 y CB2. Los receptores tienen siete
segmentos transmembrana. (Círculos negros) Aminoácidos
comunes a los dos receptores; (círculos vacíos) aminoácidos diferentes; (y) sitios consenso de glicosilación. (e1, e2, e3) son asas extracelulares; (i1, i2, i3) son asas
intracelulares.
El receptor CB1 es muy abundante
en el sistema nervioso central, pero no está distribuido de manera homogénea ya
que se expresa principalmente en la corteza cerebral, hipocampo, núcleo
caudado-putamen, substancia nigra pars
reticulata, globo pálido y cerebelo. Además, se encuentra en bajos
niveles en los centros respiratorios del tallo cerebral y también se expresa en
las células gliales. Fuera del SNC el receptor CB1
se ha detectado en el bazo y, curiosamente, también en los testículos.10 Cabe
destacar que los receptores CB1 son los más abundantes de todos
los receptores acoplados a proteínas G en el cerebro, hecho que indica un papel
funcional altamente relevante en una gran diversidad de circuitos y sistemas
neuronales. 14
El receptor
CB2 se encuentra fundamentalmente en células del sistema
inmunológico y, en menor grado, en nódulos linfáticos y en el
bazo. 10 En el SNC se
expresa principalmente en las células gliales y su expresión en neuronas es
mínima, por lo que el papel funcional de los receptores tipo CB2
en el SNC parece limitado a la modulación de las respuestas
inmunológicas.
La unión de los cannabinoides a sus receptores desencadena una
cascada de segundos mensajeros. Inicialmente activan una proteína G que, a
través de la subunidad a, modula la actividad de la adenilato ciclasa, la cual,
a su vez, regula los niveles de adenosín monofosfato cíclico
(AMPc) que modula la actividad de la proteína cinasa A
(PKA).10 Finalmente, la activación de
cinasas lleva a la fosforilación de diversas proteínas, incluyendo canales
iónicos, proteínas de vesículas sinápticas, proteínas que regulan la
transcripción genética y enzimas. Se ha demostrado que los cannabinoides inhiben
canales de calcio dependientes de voltaje tipo N, P, Q y L, y que pueden también
activar o inhibir corrientes de potasio. El efecto combinado sobre estos dos
tipos de canales parece la base de la inhibición que los cannabinoides ejercen
en la liberación de otros
neurotransmisores. 15
Otros efectos que pueden
producir los cannabinoides son el aumento de la producción de óxido nítrico
(NO) y la activación de la proteína cinasa C
(PKC); también hay reportes que indican la activación de la
cinasa activada por mitógenos, la proteína cinasa B, fosfolipasas y el aumento
de los niveles de calcio a expensas de los compartimentos
intracelulares. 10
Por ejemplo, se ha demostrado que
en el hipocampo la producción de endocannabinoides y su unión a receptores tipo
CB1 funciona como un mecanismo de neurotransmisión retrógrada que
media la inhibición de la liberación de ácido gamma amino butírico
(GABA, principal neurotransmisor inhibitorio en el
SNC). De hecho, se ha establecido la posibilidad de que dicha
función como neurotransmisor retrógrado tenga un papel importante en el
desarrollo de la potenciación de larga duración que, a nivel celular, constituye
un elemento fundamental en los procesos de
aprendizaje. 9
En suma, tenemos compuestos de origen
vegetal como el D9-thc, D8-thc y
cannabidiol, y compuestos de origen endógeno en organismos animales, como la
anandamida y el 2-araquidonil-glicerol, todos ellos con acción sobre los
receptores a cannabinoides. A ellos se agrega una serie importante de compuestos
de origen sintético como el Win 55212-2 (derivado de aminoalquilindoles) y el
SR141716A (rimonabant) entre muchos otros, todos,
naturales y sintéticos, con potenciales usos médicos y que constituyen una
fuente importante de investigación en busca de nuevos
fármacos. 16
CANNABINOIDES Y NOCICEPCIÓN
La
nocicepción es una modalidad sensorial somática que tiene una importante función
protectora, ya que focaliza la atención en un estímulo nocivo que amenaza la
integridad del organismo y que debe, por ende, ser evitado. La capacidad para
responder a estímulos nocivos es una característica básica de todos los
organismos de la escala filogenética, desde los unicelulares hasta los
mamíferos. Por ejemplo, en anélidos existe un grupo celular (células N)
considerado como nociceptor; los pulpos tienen vías nerviosas que conducen
información nociceptiva. En otros phyla
(platelmintos, artrópodos, moluscos) se han descrito conductas que pueden
considerarse antinociceptivas. 17 En algunos moluscos
se ha encontrado que los opioides modulan la respuesta ante estímulos térmicos
nociceptivos así como la actividad de algunos grupos
neuronales. 18 Los mecanismos más complejos de
respuesta a los estímulos dolorosos se encuentran en los vertebrados, sobre todo
en los mamíferos, en los cuales procesos antialgésicos sumamente complejos
producen un control fino de la aferencia nociceptiva. En este sentido, el
sistema cannabinérgico parece tener un papel importante, ya que cannabinoides
endógenos y sintéticos producen analgesia. Agonistas CB1
aplicados localmente disminuyen la nocicepción ejerciendo su acción de manera
periférica. 19 También se produce analgesia al
microinyectar cannabinoides intracerebralmente en la zona gris periacueductal y
en la región rostral ventromedial del bulbo. Esto plantea la posibilidad de que
los cannabinoides tengan una acción a nivel central en las zonas donde ejercen
su acción analgésica los opioides. 20 De hecho, se han
localizado receptores tipo CB1 en áreas del cerebro que procesan
información nociceptiva.16 Todo esto ha llevado a
proponer un sistema analgésico cannabinérgico similar al opioide y que podría
actuar de forma sinérgica o alternativa al mediado por
encefalinas. 5
USOS MÉDICOS DE LOS CANNABINOIDES
Un
campo sumamente activo de investigación relacionado con los cannabinoides tiene
que ver con su uso potencial en medicina. El hecho de que hoy se discuta
seriamente en varios países la legalización de la mariguana para el tratamiento
de las náuseas y el vómito en pacientes bajo tratamiento antineoplásico, para
prevenir la pérdida de peso en pacientes con SIDA, o para aliviar
la espasticidad en pacientes con esclerosis múltiple, constituye un aliciente
para que diversas compañías farmacéuticas dediquen un esfuerzo a la búsqueda de
derivados activos de los ligandos cerebrales de los receptores a cannabinoides.
Actualmente están disponibles el dronabinol y la nabilona como cannabinoides
para uso clínico, pero existen pocos estudios acerca de su efectividad real. La
idea detrás de los estudios que pretenden desarrollar nuevos fármacos, es
disociar los diversos efectos de la molécula original. Por ejemplo, resulta
atractivo obtener un fármaco que mantenga el poder antiemético de la mariguana,
sin producir efectos de tipo psicológico, o lograr un derivado susceptible de
consumo oral, ya que en individuos sin experiencia previa en su uso y sin
experiencia en el fumar, la mariguana como tal resulta inútil, ya que amén del
rechazo que causa por los efectos psicológicos, está el daño pulmonar secundario
al hecho de fumar. Como resultado de estas investigaciones se tienen ya algunos
derivados químicos sintéticos de los cannabinoides con mayor potencia que
el D9-THC
y que además constituyen, para bien o para mal, una fuente potencial de
compuestos de uso recreativo.
TABLA I. Usos terapéuticos del cannabis y
derivados. (Modificado de CADIME, 2002.)
Los
cannabinoides se han utilizado con múltiples indicaciones, incluyendo el
tratamiento de las náuseas y el vómito, la anorexia, el dolor, alteraciones del
movimiento, epilepsia, glaucoma, espasticidad muscular, asma, insomnio y como
inmunosupresores (Tabla I). 21 Por el momento, las
aplicaciones clínicas más prometedoras parecen ser el alivio de las náuseas y la
estimulación del apetito. En relación con el efecto inmunosupresor, se ha
propuesto que los cannabinoides pudieran ofrecer una alternativa terapéutica
(quizá la única) en los pacientes con enfermedad de Alzheimer. Recientemente se
ha reportado que análogos sintéticos de los cannabinoides reducen la inflamación
cerebral y previenen el deterioro mental en estos pacientes. Por otra parte, se
ha demostrado que los receptores CB1 y CB2 están
significativamente disminuidos en la microglía (tejido con funciones
inmunológicas en el sistema nervioso central) del cerebro de pacientes con
Alzheimer, lo que podría ser uno de los factores que promueven un proceso
inflamatorio en el sistema nervioso de estos pacientes. Experimentos en ratas en
que se ha inyectado la proteína amiloide (típica de las placas amiloides de los
pacientes con Alzheimer), demuestran que la administración de cannabinoides
previene la activación del tejido inmunológico (microglía) en el
SNC con la consecuente reducción en los procesos inflamatorios y
en el deterioro en la ejecución de tareas de
discriminación. 22 Por otra parte, se ha descrito
también un importante potencial antineoplásico de los cannabinoides, hecho que
ha creado otro foco de interés por estos fármacos. 23
Estos resultados han determinado que los cannabinoides aparezcan hoy como uno de
los campos de investigación con mayor potencial de expansión a futuro.
Es
importante destacar que el consumo de la mariguana o sus derivados no está
exento de efectos secundarios. Se han reportado de forma sistemática casos de
episodios psicóticos agudos en individuos sanos que consumen mariguana. Por
ejemplo, en Pakistán y en la India, donde la mariguana se consume de forma
ritual en una bebida con nueces y leche, se ha reportado que frecuentemente se
presentan manifestaciones psicóticas caracterizadas por megalomanía, excitación
incontrolable, hostilidad, falta de cooperatividad, conducta alucinatoria y
alteraciones del contenido del pensamiento. En adolescentes, el uso de Cannabis sativa se asocia con un incremento de
dos a tres veces en la probabilidad de desarrollar
esquizofrenia. 24 Se estima que una de cada 10 personas
que usan mariguana experimentan eventualmente síntomas psicóticos (oír voces,
convencimiento de que alguien les quiere dañar o de que son perseguidas).
Recientemente, en estudios bien controlados en sujetos que consumen Cannabis de forma regular, se han reportado
casos de síntomas psicóticos que incluyen también despersonalización,
sentimientos paranoides y desrealización. 24 Estos
reportes merecen atención especial e implican una limitación importante en los
potenciales usos médicos de los cannabinoides, ya que es evidente que en algunos
pacientes el daño que producen podría ser mayor que el beneficio. De ahí la
importancia de desarrollar fármacos en que pudieran disociarse las diferentes
acciones de los cannabinoides y reducir al mínimo sus efectos psicoactivos.
Adicionalmente, estos estudios sobre eventuales alteraciones psiquícas en
usuarios de la mariguana demuestran que su consumo con fines recreativos no es
totalmente inocuo, y debe desaconsejarse su uso cotidiano, especialmente en
sujetos con antecedentes de tipo esquizoide. Esto por ningún motivo debe
entenderse como que los autores tenemos una posición favorable a la prohibición
existente sobre la mariguana para usos recreativos. Como todas las
prohibiciones, ésta parte de un principio equivocado e impone una limitante a la
libertad humana de elegir lo que más conviene a cada individuo en su
circunstancia y de acuerdo a su experiencia individual.
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