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VIOLENCIA
DE GÉNERO: CONSECUENCIAS EN LOS HIJOS archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Laura Fátima Asensi Pérez
Psicóloga Clínica y
Forense
Psicojurix - Psicólogos Jurídicos y Forenses
Alicante
-España
Ponencia expuesta en Alicante, el 2 de octubre de
2006 en las Jornadas informativas de violencia de género,
organizadas por la
Audiencia Provincial de Alicante y el Tribunal Superior de Justicia de la
Comunidad Valenciana
Artículo Publicado el 16 de enero de 2007
Resumen
Dado que ya se ha hablado y ofrecido información y orientación a las mujeres
víctimas de la violencia de género, yo he preferido centrarme en esas otras
víctimas invisibles de este tipo de violencia: los niños -hijos e hijas de la
violencia doméstica-. Niños expuestos a situaciones de malos
tratos.
Con esta ponencia pretendo plasmar una visión general aunque
esquemática de lo que sabemos sobre el maltrato infantil en tanto que modalidad
específica de violencia doméstica.
A lo largo de la exposición nos
iremos deslizando por diferentes niveles de análisis.
Introducción
En este marco, definimos la violencia familiar
(Cantera, L. 2002. Maltrato infantil y violencia familiar de la ocultación a la
prevención. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en El Salvador.
PNUD 32 pp.) como un comportamiento consciente e intencional que, por acción o
inhibición, causa a otro miembro de la familia un daño físico, psíquico,
jurídico, económico, social, moral, sexual o personal en general. La violencia
de género se refiere al maltrato físico, psíquico o sexual que reciben mujeres
por parte de hombres con quienes han vivido o siguen viviendo una relación
íntima.
La violencia de género (según la Ley Integral contra la
violencia de género, 2004) se trata de una violencia que se dirige sobre las
mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores,
carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.
Recientemente está dejando de ser considerada un asunto privado y
cobra la relevancia de un problema social que debe ser comprendido y prevenido.
Definimos el maltrato infantil (Centro Internacional de la Infancia
de París) como cualquier acto por acción, omisión o trato negligente, de
carácter no accidental, realizado por individuos, por instituciones o por la
sociedad en su conjunto, y todos los efectos derivados de estos actos o de su
ausencia que priven a los niños de su libertad o de sus derechos
correspondientes y/o que dificulten su óptimo desarrollo.
Quiero
incidir y resaltar que además de ser altamente probable que los niños sean
también víctimas directas de violencia física o psicológica en situaciones de
maltrato doméstico, los hijos de las mujeres maltratadas son receptores directos
de la violencia contra sus madres, aunque ellos directamente no hayan recibido
ni un solo golpe.
Vivenciar la angustia de la madre maltratada, su
temor, inseguridad, tristeza, les produce una elevada inseguridad y confusión.
Esa angustia se traduce en numerosos trastornos físicos, terrores nocturnos,
enuresis, alteraciones del sueño, cansancio, problemas alimentarios, ansiedad,
estrés, depresión...
La UNICEF señala que aunque no se les ponga la
mano encima, presenciar o escuchar situaciones violentas tiene efectos
psicológicos negativos en los hijos. Aunque no sean el objeto directo de las
agresiones, padecen violencia psicológica, que es una forma de maltrato infantil
y que la Convención Internacional de los Derechos del Niño -ratificada por
España- considera una forma de maltrato infantil y la recoge en el artículo 19
como "violencia mental".
Los niños no son víctimas sólo porque sean
testigos de la violencia entre sus padres, sino porque "viven en la violencia".
Son víctimas de la violencia psicológica, a veces también física, y que crecen
creyendo que la violencia es una pauta de relación normal entre adultos (Save
the Children, ONG)
Pero lo peor, al estar en fase de crecimiento y
desarrollo madurativo, conforman su personalidad en función de la violencia y la
toman como modelo, interiorizando los roles de maltratador o maltratada.
Interiorizan patrones de comportamiento violentos y no discriminan lo que es
adecuado o está bien, de lo que es injustificable.
En la mayoría de los casos
la violencia se produce en etapas donde los niños maduran su desarrollo
psicológico. Las agresiones de una figura primordial de referencia en su
desarrollo (el padre) sobre el agente de socialización por excelencia (la
madre). Los hijos de un maltratador crecen inmersos en el miedo. Ellos y ellas
son candidatos al diagnóstico de toda la variedad de trastornos por estrés
traumáticos, depresiones por desesperanza o de posibles trastornos de
personalidad. Todo ello sin un solo golpe, sin un maltrato "directo". El
ejercicio de la Violencia Doméstica siempre afecta a los niños, siempre, bien
como receptores, bien como testigos.
Me dirijo en este caso a las
madres, que como víctimas en ocasiones no pueden, y en otras no son conscientes
de que sus hijos, aunque no sean directamente agredidos, sí lo están siendo de
forma indirecta, sólo por el hecho de presenciar o vivir una situación de
violencia en el ámbito familiar. Y los efectos de la violencia sobre los niños,
de todas las edades, son terribles.
A grosso modo, las consecuencias
para estos niños de la violencia familiar son gravísimas, tanto a corto, como a
largo plazo. De hecho, los trastornos y problemas psicológicos y sociales que
presentan estos niños son similares a los que presentan sus madres como víctimas
de violencia de género. Es decir, los niños en esta situación, insisto, también
están siendo agredidos.
Es un mito, dentro de la violencia contra la
mujer, que la conducta violenta del agresor a la mujer no es un riesgo para los
hijos. Sin embargo, muchísimos estudios prueban que los hijos, sean víctimas
directas o indirectas, padecen enormes consecuencias negativas, tanto para su
desarrollo físico como psicológico, tanto efectos a corto como a largo plazo,
afectando a sus emociones, pensamientos, valores, comportamiento, rendimiento
escolar y adaptación social. Manifiestan conductas externas: agresivas,
antisociales, desafiantes... e internalizadas: inhibición, miedo, baja
autoestima, ansiedad, depresión, síntomas somáticos...
Efectos en los niños, víctimas o testigos, de la
violencia de género
Las alteraciones detectadas en los niños/as afectan a
diferentes áreas: física, emocional, cognitiva, conductual y social (Wolak,
1998):
Problemas físicos:
- Retraso en el crecimiento.
- Dificultad o problemas en
el sueño y en la alimentación.
- Regresiones.
- Menos habilidades
motoras.
- Síntomas psicosomáticos (eczemas, asma...).
- Inapetencia,
anorexia.
Problemas emocionales:
- Ansiedad.
- Ira.
- Depresión.
-
Aislamiento.
- Baja autoestima.
- Estrés post-traumático.
Problemas cognitivos:
- Retraso en el lenguaje.
- Retraso del desarrollo.
-
Retraso escolar (rendimiento).
Problemas de conducta:
- Agresión.
- Crueldad con animales.
- Rabietas.
-
Desinhibiciones.
- Inmadurez.
- Novillos.
- Delincuencia.
- Déficit
de atención-hiperactividad.
- Toxodependencias.
Problemas sociales:
- Escasas habilidades sociales.
- Introspección o
retraimiento.
- Rechazo.
- Falta de empatía/Agresividad/Conducta
desafiante.
Figura
1 - Efectos directos e indirectos de la violencia en hijos de
mujeres maltratadas

Los
factores que determinan el alcance del impacto de la violencia en los niños son,
básicamente:
- Edad y nivel de desarrollo.
- Género.
- Tipo, severidad
y tiempo de exposición a la violencia.
- Contexto familiar.
- Tipo de
intervención social.
- Acumulación de otros factores estresantes.
Transmisión generacional de la violencia. El modelo de
aprendizaje
Existen efectos a más largo plazo que se producen en los niños
expuestos a violencia en el contexto familiar. El más destacado es el modelo de
aprendizaje de comportamientos violentos. Se ha estudiado que estos niños, de
mayores, con más frecuencia y probabilidad maltratarán a sus parejas y que las
niñas serán víctimas de violencia de género.
Los hijos de la violencia de
género están viviendo de forma continuada y prolongada situaciones de violencia
y abuso de poder, experiencias que les marcarán en su desarrollo, personalidad,
comportamiento y valores en la edad adulta. Aprenden a entender el mundo y las
relaciones de forma inadecuada. Tengamos en cuenta que la familia es el primer
agente socializador y el más determinante para el desarrollo y la formación de
modelos y roles.
Las relaciones familiares violentas influirán en el
significado que el niño atribuya a las relaciones interpersonales, y más
concretamente a las relaciones entre géneros, entre hombres y mujeres. Estos
patrones violentos de comportamiento y relación se aplicarán a sus propias
relaciones, desarrollando conductas sexistas, patriarcales y
violentas.
Algunos autores llegan a la conclusión de que los menores
expuestos a violencia hacia su madre desarrollarán unas creencias y valores
asociados a la violencia de género, tales como:
1) El hombre es el que
manda en la familia; todos los demás deben obedecerle.
2) Las mujeres son
inferiores al hombre y no tienen los mismos derechos.
3) Si un hombre
golpea a una mujer es porque se lo merece o porque ella lo provoca.
4) El
pegar a las mujeres es normal, es frecuente y no tiene repercusiones.
5)
Si quieres que te respeten tienes que ser violento.
No tienen opción
a aprender estrategias más adecuadas de relación interpersonal, de solución de
conflictos, flexibilidad, diálogo, respeto...
Evaluación de los menores víctimas de la violencia de
género
- Debemos ser conscientes de las consecuencias negativas que sufren
los niños víctimas directas de la violencia doméstica. Asumir que también son
víctimas y pueden sufrir graves perjuicios en su desarrollo físico y
emocional.
- Prevención/intervención inmediata desde los servicios
sociales, psicológicos, sanitarios, educativos, fuerzas policiales, desde el
ámbito jurídico, etc. A fin de detectar cuanto antes este problema. También las
madres, los vecinos, la sociedad en general.
- A las madres, los
psicólogos, profesores, profesionales de la salud, hacer un llamamiento para
estar atentos a fin de determinar indicadores/síntomas/trastornos que puedan
estar originados por la exposición a la violencia intrafamiliar. (Muchas madres
acuden a consulta con diversa sintomatología psicológica sin ser conscientes de
que es producida por el maltrato que sufren, a veces, incluso, "empujadas" por
el sujeto maltratador, trasladándoles a ellas la culpa de su
estado).
- Desde el contexto judicial, en cada situación que indique
violencia contra la mujer y en el que haya niños inmersos se debería actuar lo
más rápido y eficazmente posible para valorar la victimización
infantil.
- En este contexto, la práctica pericial por profesionales,
psicólogos adscritos al juzgado, sería la vía a seguir para la realización de
una valoración psicológica forense de la existencia de violencia y las
consecuencias de ésta en los menores, a fin de tomar medidas oportunas para su
protección, reflejando el impacto de la violencia, física o psicológica sobre su
salud física o psíquica. Estos informes serían una contribución añadida a las
pruebas periciales.
- Atención a la victimización secundaria de las
personas que sufren de violencia de género, mujeres y niños. Sufrimiento
añadido, que a las víctimas, a los testigos y mayormente a los sujetos pasivos
de un delito les infieren las instituciones más o menos directamente encargadas
de hacer justicia: policías, jueces, peritos, abogados, fiscales,
funcionarios... La victimización secundaria es la respuesta que da el sistema a
una víctima, respuesta que la hace de nuevo revivir su papel de víctima, con el
agravante que esta nueva victimización se da por parte de las instancias de las
que ella espera ayuda y apoyo. Esta vez no es sólo víctima de un delito, sino de
la incomprensión del sistema.
- El daño psíquico padecido por las
víctimas de malos tratos, más la vulnerabilidad de tales víctimas, lleva a que
sea fácil reforzar su victimización, que los hace "revivir" varias veces en una
relación asistencial (biomédica, jurídica, psicológica, social, etc.),
generadora de victimización secundaria, que victimiza a la víctima de nuevo al
obligarla a contar la historia de su trauma por enésima vez, con el consiguiente
riesgo de recaída en el daño o dolor padecidos.
- Se debería procurar
evitarse que los procedimientos en que las víctimas o los testigos son niños
sufran dilaciones innecesarias. El lenguaje y los aspectos formales deberían de
tener en cuenta la edad y el desarrollo del menor. Los profesionales que
intervienen han de tener experiencia y formación especializada acreditadas.
Habría de evitarse que el menor tenga que declarar dos o más veces sobre los
mismos hechos. Habría que evitar el enfrentamiento con el agresor, procurar la
protección visual del menor, siempre que sea necesario, y preservar la intimidad
del menor celebrando el juicio a puerta cerrada.
Si aquí hay madres que han sufrido malos tratos y profesionales
implicados en estos asuntos, entenderán lo complicado que resulta a veces hacer
entender en los procesos judiciales, la violencia sufrida por los niños.
Ejemplos, muchos y continuos. Siguen prevaleciendo, por desgracia,
algunos mitos, como: 1) Si un hombre arremete contra la mujer, no influye en su
relación con los niños y 2) la figura paterna es imprescindible para el correcto
desarrollo de los menores. Yo haría una puntilla: siempre y cuando la relación
del padre con sus hijos no los perjudique. En caso contrario, más vale no contar
con la figura paterna, que tener una figura inadecuada y
destructiva.
La importancia de una detección precoz del maltrato
infantil
Antes de proceder a un repaso de estas herramientas del trabajo
preventivo que constituyen los indicadores del maltrato infantil, debemos
hacernos las siguientes reflexiones:
1. Los niños y niñas que sufren
maltrato suelen presentar problemas en su proceso evolutivo, en los niveles
emocional, cognitivo, conductual y social que les dificultan el desarrollo
adecuado de su personalidad. De ahí la necesidad de la Prevención en este
campo.
2. Considerada esta cascada de efectos negativos para el
desarrollo personal de la persona menor maltratada, tiene mucha importancia el
detectar cuanto antes el maltrato infantil.
3. La detección precoz
del maltrato infantil puede realizarse mediante una lectura inteligente de
indicadores del mismo.
4. Estos indicadores consisten en señales de
alarma que "indican" una potencial situación de riesgo de
maltrato.
5. Un uso adecuado de los indicadores debe tener en cuenta
criterios como la frecuencia de las manifestaciones, así como el contexto, el
modo, el dónde y el cuándo aparecen y la eventual "constelación" de los
mismos.
6. Los indicadores apuntan a circunstancias de riesgo, no
son factores determinantes del maltrato infantil. No son
causa-efecto.
7. Desde estas reservas, podemos considerar algunos de
los indicadores más corrientes en la evaluación precoz del maltrato
infantil.
Indicadores en la víctima infantil
En la víctima infantil del maltrato pueden aparecer señales en
distintos niveles:
1. Somático y fisiológico
- Cicatrices, hematomas, fracturas, magulladuras, cortes, quemaduras,
raspaduras, marcas de mordeduras, etc.
- Trastornos de la alimentación, de la
vigilia y del sueño.
- Descuido y suciedad corporales y de la
vestimenta.
- Dolores frecuentes y diversos.
- Retrasos en el desarrollo
físico, emocional, cognitivo y psicosocial.
2. Actitudinal y emocional
- Nerviosismo, ansiedad, irritabilidad, recelo, vigilancia, aislamiento,
hostilidad.
- Cansancio, desmotivación, inapetencia y pasividad.
-
Fluctuaciones bruscas en el estado de ánimo.
- Depresión, tristeza y baja
autoestima.
- Aversión al contacto físico o a la interacción social con
personas adultas.
3. Conductual
- Absentismo escolar reiterado e injustificado.
- Entrada temprana y
salida tardía de la escuela.
- Crisis repentina de rendimiento escolar.
-
Declaraciones reiteradas de que nadie se ocupa de mí.
- Miedo de regresar a
casa.
- Afirmación de que le han maltratado.
- Expresión pública de
comportamiento sexual precoz.
- Peleas y discusiones frecuentes.
-
Comportamiento agresivo, antisocial y destructivo.
- Explosiones de llanto
sin motivo aparente.
8. Intervención
Tres aspectos a tratar, principalmente, en los niños víctimas de
violencia familiar:
- Emocional. Ofrecer al niño la posibilidad de
ser escuchado y de hablar sobre sus sentimientos a fin de que se libere y
normalice sus emociones.
Muchas madres no saben que la violencia que
ellas han recibido afecta también a sus hijos.
Aclarar sus dudas, a
madres e hijos, y disminuir su incertidumbre.
- Cognitivo. Ayudar
al niño a reestructurar sus valores y creencias sobre la violencia.
-
Conductual. Ayudarlo en la inseguridad que siente y percepción de falta de
control sobre su vida. Manejar la asertividad, planes de actuación de
protección, aprender a personalizar recursos y estrategias de afrontamiento y
prevención. Enseñarle a manejar la tensión, y posibles conductas resistentes,
desajustadas o agresivas.
A modo de conclusión
Así pues, a los hijos e hijas de las mujeres víctimas de la violencia
de género los consideramos también víctimas, las víctimas invisibles y por ello
necesitan la concienciación, la atención, el apoyo y protección tanto de sus
madres y padres como de todos los profesionales inmersos o no en el contexto
social-psicológico-sanitario-jurídico.
Destaco una cita de Lorente en
su libro sobre violencia de género y suicidio: "Hay muchos ojos que no ven
porque sus corazones y sus conciencias no quieren mirar".
Cuando
estamos ante una mujer víctima de violencia de género, y es madre, debemos de
tomar conciencia de que estamos ante más de una víctima.
Insistir en
la victimización secundaria que es un fenómeno que ocurre cuando una víctima de
violencia familiar recurre a alguna institución (comisaría, hospital, servicios
sociales, juzgado, etc) o a algún profesional (médico, psicólogo, abogado) en
busca de ayuda y dichas instituciones o profesionales, quizás poco informados
acerca del problema e impregnados por los mitos acerca de la violencia
doméstica, se conducen culpando a la víctima. Incurren así en conductas que en
lugar de ayudar, convierten a la persona por segunda vez en víctima. Aquí
también, la tarea de prevención informando y orientando a la comunidad ayudaría
a evitar estas conductas.
Creo necesario insistir en campañas de
sensibilización e información a nivel familiar, escolar y social sobre la
problemática de la violencia familiar en todas sus modalidades y atendiendo a
todas sus víctimas.
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