Conclusión

A partir del análisis de los resultados obtenidos a través de las encuestas realizadas a los estudiantes de la Universidad podemos concluir que dado el bajo porcentaje de ellos que identificaron la corrupción como una acción que se da en el ámbito privado, es posible que muchas de las acciones que en este informe han sido calificadas de corruptas no posean tal cualidad para los universitarios. De esto podemos concluir que si ciertos actos corruptos no son conceptualizados como tales, entonces no se podrá ejercer un control contra ellos, ya que además de no ser detectados, sólo unos pocos o tal vez nadie tendrá la voluntad y disposición para fiscalizar la posible aparición de actos corruptos.

Integrando estos datos con la concepción de norma perversa de Fernández-Dols, podemos observar como las normas alternativas que se han gestado están constituidas de tal forma que vienen a ser la mejor adaptación que se ha podido realizar frente a la aparición de normas disfuncionales, de manera que las primeras no poseen evidentemente un carácter alternativo, sino que toman casi un cariz de norma legítima frente a la cual la norma escrita o impuesta por las autoridades se aprecia injusta o poco apropiada.

El sentimiento de injusticia que describe Fernández-Dols como una de las consecuencias de las normas perversas, lo hemos podido observar en las respuestas dadas por los estudiantes sobre todo en lo que se refiere al favoritismo que realizan los profesores con ciertos alumnos, generándose en ellos además una suerte de desesperanza aprendida que viene a completar un círculo vicioso, el cual como ha sido descrito en el presente trabajo está siempre presente cuando existe corrupción.

Referencia Bibliográfica.

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