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MEMORIA DE AL'ANDALUS: EL ISLAM Y EL
VINO archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Rafael Castellano
Maverick Press
En el
cementerio de Arlington (donde, más que las innúmeras
estelas, impresionan las verdes praderas vacías,
aguardando) un chino colocaba ante la lápida
de otro chino una escudilla con granos de arroz. Cerca,
un caucasiano, como se nos llama en EU a los godos blanquecinos,
adornaba la lápida con el consabido ramo de flores.
Y le dijo el godo al chino, irónico: "¿Cuándo
va a salir tu pariente a comer el arroz?" Y el
chino: "Cuando salga el tuyo a oler las flores".
Esta breve pero ilustrativa escena me la han
sugerido los ritos, mitos y endoculturaciones que en
una Europa no muy lejana se van a imbricar pese a todas
las medidas que el poder tome para neutralizar eso que
llaman extranjería, olvidando que todos somos
extranjeros. La necesitamos con urgencia. Sobre todo,
en los sindicatos y con derecho a manifestarse y afiliarse.
Pronto, los votos de la inmigración serán
objeto del deseo. El sistema se verá obligado
a ejercer en ellos sus más subrepticias demagogias.
Hablando de chinos, alguien de la industria del zapato
en la Rioja me habló de que la mar está
surcada por monocascos viejos y habilitados para llevar
en sus entrañas inmensas factorías flotantes
donde los esclavos del lejano Oriente cosen zapatillas
de deporte, o balones, o elaboran tablas de chips para
ordenador. Lo sabremos el día en que choquen
con el "Queen Mary 2".
Fíjense. Se diría que los vendedores
de alfombras mágicas se hubiesen esfumado de
Madrid y zonas limítrofes. También de
las periferias estatales de este reino subpirenaico.
Desconfían y, con fina intuición, cruzan
los Pirineos. Y allí les aguarda Chirac, como
Charles Martel, el campeón que detuvo el avance
islámico en Poitiers (historia occidental oficial,
esto es, leyenda). El mayestático jefe de las
Galias, rígido Obelix con gomina, ejerce de fundamentalista
laico con su paganismo en forma de abeto, sus tiendas
fluorescentes, y sus anuncios perfumados. Malas fechas
corren para entrar en polémicas acerca de cultos
y culturas. En las escuelas se aprenden villancicos.
¿Los va a prohibir también por Ley Orgánica
de la República? Los choques rígidos entre
tradiciones y religiones, todas de raíz común,
después articuladas según la fantasía
de los chamanes y hierofantes de cada rincón
del orbe, empobrecen al individuo. Lo más creativo,
desde el mando, es la permisividad de rasgos y signos.
El ensamblaje. Que de las comunidades islámica
y hebrea que habitan una Francia jacobina a ultranza
puedan saltar chispas, no es razón suficiente
como para uniformizar la escuela. Donde los judíos
varones gozan de una ventaja: que no se les ve la circuncisión.
Ahora sólo falta vigilar las operaciones de fimosis
a cargo de la Seguridad Social.
Síndrome de Herodes
Malas calendas, sí, para vetar exotismos.
En las cadenas francesas de tv ya se infiltran sutiles
y mercachifles el Noel y el año nuevo, no lo
olvidemos, cristiano. El día 22 de diciembre,
fecha de las vacaciones escolares, han emitido en horario
preferente de tv- Aquitaine, Francia, la película
"Quo Vadis", con Robert Taylor en el papel
de Marcus Vinitius. Y los leones. No es una coincidencia.
Toda la parrilla reluce de ofrendas culturales y de
rojiblancos barbudos.
Se celebra, si nos atenemos a los breviarios, el Adviento, o sea, el nacimiento de Jesús. Sincretismo absoluto. Los árabes tienen al Cristo por uno de sus profetas menores, junto a Abraham y Moisés. Creen asimismo en la Virgen, a su manera. Después todo se concreta en las asociaciones de Belenistas: la gruta de los brujos del auriñaciense, ámbito en el que renace el fruto de una Inmaculada Concepción, para todas las religiones mistéricas y fundamentadas en la fe, empezando por los vedas. Se honra a un Dios cósmico (el Sol) cuyo hijo-héroe es el Fuego y que se manifiesta frotando dos maderos (la Cruz), avivado por un soplillo (el Espíritu Santo). En la cueva, antiquísimas zoolatrías con sus epónimos: el buey y la mula. Sobre el corcho y el musgo, la caravana explícitamente arabizante, bajo un meteoro de purpurina, de los magos astrofísicos. Muchas figurillas llevan atuendo palestino.
Pero aquí ya no se detienen, repito,
los moriscos. Raro es hoy el derviche que se interna
en cafeterías y soportales con su "barato,
barato, pashá"; escasos los audaces beréberes
en los mercadillos con sus relojes, pelendengues, mecheros,
artesanías y tapices orientales de Valencia.
Les informaron de que el ex-Visir Aznar, de Al'Andalus,
era amiguete de Bush, asesor del verdugo, y se lo piensan.
Bush, no lo olvidemos, padece síndrome de Herodes
reflejado en los reclusos de Guantánamo. Por
cierto, otro fariseismo habitual es la recomendación
de no regalar juguetes bélicos. Podían
empezar por los juguetes bélicos de verdad, que
ruedan, vuelan, se arrastran y ametrallan en más
de 50 guerras declaradas, como poco. Que son carísimos.
Que ocupan un espacio colosal en los presupuestos de
la OTAN. Y no hemos incluido las infinitas guerrillas
ya instituidas como terrorismo o combate unívoco,
a quienes se nutre asimismo de fusiles de asalto y lanzamisiles.
No obstante, más que a las armas biológicas
se teme a las metafísicas.
Dieta arábiga
Por mucho que se haga apología de la
dieta mediterránea, se olvidan los orígenes.
Qué sería de la Navidad en Al'Andalus
sin su dieta de frutos secos confitados; sin polvorones,
alfajores, turrones, roscos de vino, garrapiñadas,
guirlaches, mazapanes; sin amontillado ni moriles; sin
besugo de Mauritania. Cómo se prolongaría
la Pascua cristiana sin ese climax de paganismo constituido
por el Baltasar, o por el servidor o eunuco instalado
a la puerta de los Grandes Almacenes para recoger cartas
enviadas nada menos que a Oriente, donde las llamas
hoy las apagan las lágrimas. Ya no precisa, el
nativo, de untarse la cara con betún o exagerar
los labios. Hay baltasares y esclavos mágicos
de pura etnia jafética. Una Europa de escuela
laica total, exige Chirac por la radio mientras, al
pisar el freno en el peaje de la A-8, me contempla un
monigote que representa un aldeano harapiento tiznado,
pipa en boca, que, en Euskal Herria, representa al deshollinador
(baja por la chimenea con los regalos) o al antiquísimo
carbonero de encinar, y es quien deposita los juguetes
junto al calcetín. Me refiero a Olentzaro, en
estricta etimología 'trabajador de la ferrería',
ferrón que domestica el hierro con el fuego y
que cada año, según el cántico
que lo celebra, acude a las ciudades y villas en el
solsticio de invierno para hincharse a comer "capones,
huevos y una botella de vino". No es religión,
pero es religiosidad. ¿Qué separa la creencia
de la trascendencia? Sin hagiografía no saldrían
adelante los enormes 'stocks' de ventas en masa. En
un almacén de barrio he leído este cartel
desconcertante: "Rebajas durante todo el año".
Bula para la casa Dior
Hablan de la que se nos viene encima, de que
la realidad migratoria supera a las en su día
carísimas medidas de blindaje del Estrecho de
Gibraltar. Sabemos, pues, acerca de esos trágicos
cadáveres y personajes exhaustos que arriban
a Canarias o Cádiz, que lo suyo es un drama humano
cuya resolución no nos compete. (Han sido muchos,
ya, los viñetistas que ironizaron la Ley de Inmigración
aplicada a los Reyes Magos). Para eso están los
políticos y sus presupuestos. En cuanto a los
antropólogos, lo consideran un movimiento demográfico
similar a los cataclismos, glaciaciones o estampidas.
Seguimos, pues, en un clima de Cruzada contra el Islam
petrolífero. Contrarreforma social. Puritanismo
puro. Prohibidos quedan los crucifijos ostentosos, la
'hijab' (tocado) de las discípulas árabes,
la estrella de David. Yo me pregunto (y respondo) cómo
se puede perseguir la ostentación externa de
cualquier etnografía inmediata, y me refiero
a si Chirac va a permitir o a anatemizar también
el pírsing de labio o aleta de la nariz. ¿Y
los zarcillos o pendientes? ¿Y las mariposas
tatuadas en el omóplato? Y, ¿qué
ocurriría si la casa Dior, o Balenciaga, o Paco
Rabanne, o Witton realizasen un desfile de moda- primavera
partiendo de la antedicha hijab? Tendrían bula,
no lo duden.
En giro copernicano hacia el pasado, dos culturas
van a tener que fusionarse de nuevo como lo hicieran
a partir del siglo VIII, cuando Tarik cruzó el
Estrecho con todas las de ganar. Traían buenas
tácticas y armas de combate, y estrategas de
lujo. Y el libro del Alkoram, la lectura por antonomasia,
interpretada y enmendada por quienes más allá
de los conocimientos ejercitaban la sabiduría:
imames, mullahs, ulemas. Lo hicieron y hacen según
la dinámica de los siglos, la tribu, la latitud,
los usos de los diversos territorios musulmanes. Y resulta
elocuente que muchos de los que llegan sanos y salvos,
en vez de detenerse en la capital manchega de toponimia
arábiga, Magerit, prosigan la odisea hacia el
norte. Quieren alcanzar el mundo hiperbóreo.
Donde se adora a un pino engalanado con velas aromáticas
y guirlandas; donde un personaje alegórico, en
principio San Nicolás, incita al consumo desenfrenado
y a meter ritualmente una tarjeta cibernética
en buzones cósmicos que la cambian por teléfonos
móviles carentes de intimidad, vistosas peleterías,
juguetes que juegan solos y chorros de cava. O de burdeos.
O de rioja.
De jueces árabes y borrachos
El estereotipo islámico que más
perdura es que los vendedores de alfombras mágicas
no prueban bebidas fermentadas ni mucho menos destiladas.
Asunto que trajo de cabeza al suegro de Mahoma y califa
de 632 a 634 al fallecer aquél, Abú Bakr.
En diversas crónicas acerca del califato de Córdoba
y la Corte musulmana de Sevilla se leen párrafos
que, de primeras, rompen el cliché que tenemos
de las prédicas y hábitos del árabe.
Leo: "... el visir Ben-Amar, procurando alejar
de su mente las negras ideas que atribuía a los
vapores del vino...". o: "Querido amigo, los
vapores del vino te han ofuscado la razón".
Abú Bakr, siempre según esos testimonios
antiguos, "al faltar el Profeta tuvo que intervenir
en estas cosas, porque Mahoma murió sin señalar
concretamente que debiera castigarse al borracho con
una pena que formara parte de las otras penas".
Todo un compromiso que repercutió más
tarde, después de constituirse el califato en
Al'Andalus, en los escaqueos de los jueces y en los
castigos a infligir a los bolingas del zoco y el bazar.
Porque nunca quedó claro, en el Alkoram inicial,
la cualificación como pecado o delito del beber
en exceso.
En la "Historia de los jueces de Córdoba" señala su autor, Al- Joxamí, narra: "Lo que se cuenta de la conducta de los jueces andaluces en esta materia, es decir, el que los jueces cerraran los ojos para no ver a los borrachos, y su evidente negligencia en castigarlos y hasta la excesiva benignidad con que los trataban, no me lo explico de otra manera, visto que en Al' Andalus se hablaba de esas cosas en todas partes y se les excusaba el vicio, sino por la razón que voy a exponer: la pena que ha de aplicarse al borracho es, entre todas las del derecho musulmán, aquella que no está marcada taxativamente en el libro revelado; ni siquiera hay una tradición mahomética, admitida y segura. Sólo consta que al Profeta le presentaron un hombre que había bebido vino, y el Profeta ordenó a sus compañeros que le aplicaran unos azotes por haber faltado a sus deberes". Esto es, por absentismo. Sigue: "En virtud de esa orden le pegaron unos zapatazos", aún hoy gravísimo insulto, "y unos zamarrazos con las cimbrias de la mantilla o bufanda que llevaban al cuello". El velo masculino. Con envidiable rigor, los eruditos musulmanes parlamentaban y en sus debates prevalecía el mejor orador. No pudiendo acogerse al libro sagrado, Abú Bakr solicitó el consejo y consulta de una asamblea de sabios. Alí ben Abí-Talib, tío de Mahoma, era uno de ello. Célebre por su capacidad dialéctica, adujo este sofisma: "Quien bebe se emborracha; quien se emborracha hace disparates; el que hace disparates, forja mentiras y, a quien forja mentiras, debe infligírsele la pena. Yo creo que deben darse ochenta azotes al que bebe".
Aunque de momento la junta de ulemas estuvo
de acuerdo, los tradicionistas, los sunníes,
mantienen que Abú Bakr, agonizante, dijo: "Lo
único que me preocupa es una cosa, la pena del
que bebe vino, por ser cuestión que dejó
de resolver el Profeta, y es uno de esos asuntos sobre
los cuales no hemos pensado hasta después de
morir Mahoma".
Cuentos del califato
Dice Al Joxamí,
escribe y describe: "Un día iba yo en compañía
del juez Ahmed ben Bakí, a tiempo que casi nos
tropezamos con un borracho que iba delante de nosotros.
El juez tiró de las riendas de su caballería
y refrenó su marcha, esperando que el borracho
advirtiera o notara que el juez estaba cerca y se largase
apresuradamente; pero cuanto más lentamente iba
el juez, más se detenía el borracho, hasta
que el juez no tuvo más remedio que acercarse
y darse por entendido. Yo pude notar, viéndole
perplejo ante ese espectáculo y sabiendo que
era hombre de muy blando corazón, la repugnancia
que sentía en imponer a nadie la pena de azotes,
y dije como para mí: 'Ah, caramba. A ver cómo
te las compones para salir de este apuro, Ben Bakí'.
Y al acercarnos al borracho, veo, con gran estupefacción
mía, que el juez se vuelve hacia mí y
me dice: '¡Mira, mira este desgraciado transeúnte:
me parece que ha perdido el seso!'. Yo contesté:
'Sí, es una gran desgracia'. El juez se puso
a compadecerse de él y a pedir a Dios que le
curase la locura y le perdonara sus pecados". En
otra ocasión relata el mismo cronista: "Dice
Ahmed ben Obada que un hombre que estuvo al servicio
de Mohamed ben Selma y le solía acompañar
cuando iba por la calle, le refirió lo siguiente:
"Un día, yendo por la calle, el juez vio
a un borracho y me dijo: 'Préndelo para aplicarle
la pena con que la ley castiga la borrachera'. Y el
borracho exclamó: '¡Señor juez,
ven tú mismo y préndeme; rediez, si me
tocas te voy a arrear un sopapo que te sentará
muy bien!'. Al ver el cariz que la cosa presentaba,
el juez se desvió del camino que el borracho
llevaba, yéndose por otra parte. El juez me dijo
luego: '¿Has oído lo que decía
el borracho? Pardiez, yo creo que es capaz de hacerlo.
Gracias a Dios que nos hemos librado'"
Existen muchos ejemplos similares. Alí
ben Abí-Talib había expuesto bien su ponencia,
pero téngase en cuenta que el Alcorán
inicial le fue dictado a Mahoma, en varias fases o trances,
por el arcángel San Gabriel (Yabrá-il).
Por cierto, antes de entrar en la polémica he
tenido la osadía de consultar en referendo a
varias partes interesadas, y sólo sintonizan
en un punto concreto: vacaciones judías, vacaciones
cristianas, vacaciones árabes, vacaciones hinduistas,
vacaciones aztecas, vacaciones totémicas y vacaciones
animistas. La nueva ley repercutirá pronto en
nuestros respectivos territorios. Corre peligro la peineta
de Martirio. Ah, en "Quo Vadis" ganan los
buenos, los cristianos, cuyas mujeres llevan velo, todas.
Y merece la pena la inolvidable interpretación
como Nerón, el malo, a cargo de Peter Ustinov.
Sin interrupciones. Algo es algo.