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Sobre el Cómo Ayudarnos y Ayudar a Otros a Enfrentar la Muerte de un Ser Querido
FUNDAMENTOS
TEÓRICOS
Los intentos para explicar la fenomenología del duelo normal y
sus reacciones anormales han resultado en el desarrollo de diferentes modelos
que proporcionan una trama conceptual para entender los síntomas y las
reacciones normales de la aflicción; los modelos teóricos se derivan
fundamentalmente de estudios empíricos; se suelen solapar unos con otros al
describir los mismos fenómenos desde diferentes perspectivas. Los modelos
también sugieren una mayor convergencia de conceptos psicodinámicos y
cognitivo-conductuales, soportando la aproximación conceptual del duelo no
adherida a un punto de vista rígido. Por otra parte, los clínicos a menudo
encuentran más fácil usar una aproximación ecléctica al
aplicarlos.
SIGMUND FREUD
Propuso la primera teoría intrapsíquica del duelo en su trabajo
"Duelo y melancolía"; si bien no tuvo interés particular en el fenómeno
mismo del duelo, lo consideró como una respuesta normal en el curso de la vida:
"Todos tenemos pérdidas, todos nos afligimos, todos
sobrevivimos".
Para Freud, el duelo es una reacción normal a la pérdida de una
persona amada o a la pérdida de alguna abstracción que ha tomado el lugar de
aquella, tal como la patria, la libertad o una idea. Si bien es un período
especial de la vida, nunca deberá ser considerado como una condición mórbida que
requiere tratamiento médico. Además, la interferencia del proceso puede aun
llegar a ser peligroso para el deudo.
De los modelos propuestos para explicar las reacciones del duelo,
el más completamente desarrollado es el psicodinámico, basado en las teorías
psicoanalíticas propuestas por Freud, el cual se enfoca en el proceso
intrapsíquico de la aflicción.
De acuerdo a esta teoría, el proceso de la aflicción es
acompañado por un retiro gradual de la energía emocional (libido) del objeto
amado perdido. Debido a que renunciar a esta unión es emocionalmente doloroso,
los síntomas de la aflicción pueden ser entendidos como una negación inicial de
la pérdida seguido por un período de preocupación, con pensamientos de la
persona muerta, durante el cual los recuerdos son recuperados y revisados,
permitiendo así que la unión a la persona muerta sea gradualmente retirada. El
trabajo del duelo es completado cuando el individuo ha emocionalmente liberado
la energía, estimulándose por nuevas relaciones.
Para Freud, la semejanza entre el duelo y la melancolía reside
en la pérdida del objeto amado, siendo en la melancolía el sujeto mismo (su
autoestima y autoconfianza) el objeto perdido. El ego llega a empobrecerse y
estar vacío; en el duelo normal, por el contrario, no hay pérdida de la
autoestima debido a que no existe una relación ambivalente -al menos en la
aflicción normal- hacia el difunto. Si existiesen sentimientos ambivalentes, el
duelo resultaría en una organización patológica que él llamó "reproches
obsesivos" o un "estado obsesivo de auto-denigración" causado por el conflicto
de la ambivalencia. Estos "reproches" se presentarían en forma de sentimientos
de daño, abandono, desilusión y expectativas delusionales de
castigo.
Al valorar la realidad -y reconocer que el objeto amado ya no
existe- se requiere que toda la libido sea retirada de su unión al objeto amado
(lo cual, de hecho, demanda un gran esfuerzo) y el individuo esté nuevamente
libre para reinvertirla en otro sujeto. Debido al rechazo a dejar el objeto
amado, este proceso sólo puede ser realizado lentamente, poco a poco con el
tiempo. Durante este período de "decathexis" (dejar ir), la persona pierde el
interés por todas las cosas, no puede experimentar amor y le invade un
sentimiento de desesperanza.
Apuntes en referencia al texto Duelo y Melancolía 1917 (1915).
S. Freud
Presentado en "Aula Vicentina", Mayo/2004, J. Montoya
Carrasquilla, 2004
A. EL DUELO ES UN PROBLEMA DE LOS AFECTOS, ES ALGO NORMAL Y ES
UNA REACCIÓN A LA PÉRDIDA. CIRCUNSCRIPCIÓN DEL DUELO SOLO A LA PÉRDIDA REAL DEL
OBJETO.
1. “... comparándola con un afecto normal: el
duelo”
2. “… El duelo es, por regla general, la reacción frente a la
pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la
patria, la libertad, un ideal, etc.”
3. ”.. Esto nos llevaría a referir de algún modo la melancolía
a una pérdida de objeto sustraída de la conciencia, a diferencia del duelo, en
el cual no hay nada inconsciente en lo que atañe a la
pérdida”
4. “... Por eso la melancolía puede surgir en una gama más
vasta de ocasiones que el duelo, que por regla general sólo es desencadenado por
la pérdida real, la muerte del objeto...”
B. A PESAR DE QUE EL DUELO TRAE CONSIGO GRAVES DESVIACIONES DE
LA CONDUCTA (ES DECIR, ES NOTABLEMENTE TRASTORNADOR A TODO NIVEL), NO PRECISA
ATENCIÓN (ES INOPORTUNA) Y EXIGE CIERTO TIEMPO. EL DUELO COMO UN FENÓMENO
BORDELINE
1. “... En verdad, si esta conducta no nos parece patológica,
ello sólo se debe a que sabemos explicarla muy bien”
2. “… a pesar de que el duelo trae consigo graves desviaciones
de la conducta normal en la vida, nunca se nos ocurre considerarlo un estado
patológico ni remitirlo al médico para su tratamiento. Confiamos en que pasado
cierto tiempo se lo superará, y juzgamos inoportuno y aun dañino
perturbarlo”
C. EL DUELO ES UN SÍNDROME, SE VISLUMBRA LA POSIBILIDAD DE
ENCONTRAR UN SUSTITUTO
1. “... la reacción frente a la pérdida de una persona amada,
contiene idéntico talante dolido, la pérdida del interés por el mundo exterior
-en todo lo que no recuerde al muerto-, la pérdida de la capacidad de escoger
algún nuevo objeto de amor -en reemplazo, se diría, del llorado-, el
extrañamiento respecto de cualquier trabajo productivo que no tenga relación con
la memoria del muerto”
D. EL DUELO ES UN ESTADO, TIENEN UNA CAUSA CLARA Y CIERTAS
PRESENTACIONES O VARIANTES.
1. “… La conjunción de melancolía y duelo parece justificada
por el cuadro total de esos dos estados (ver nota). También son coincidentes las
influencias de la vida que los ocasionan, toda vez que podemos
discernirlas”
2. “... La mancomuna al duelo este rasgo: pasado cierto tiempo
desaparece sin dejar tras sí graves secuelas registrables
...”
3. “… El duelo pesaroso…”:
E. FACTORES QUE MODIFICAN LA RESPUESTA A LA PÉRDIDA. SE INTUYE
EL APEGO COMO UNO DE LOS DETERMINANTES DE LA RESPUESTA A LA
PÉRDIDA
1. “... Sí el objeto no tiene para el yo una importancia tan
grande, una importancia reforzada por millares de lazos, tampoco es apto para
causarle un duelo o una melancolía...”:
F. EL DUELO TIENE UNOS FACTORES DE RIESGO. EL DUELO MUESTRA LOS
MISMOS RASGOS QUE LA DEPRESIÓN (melancolía), SI BIEN NO SE AFECTA LA
AUTO-ESTIMA.
1. “… A raíz de idénticas influencias, en muchas personas se
observa, en lugar de duelo, melancolía (y por eso sospechamos en ellas una
disposición enfermiza)”
2. “… el duelo muestra los mismos rasgos (que la melancolía),
excepto uno; falta en él la perturbación del sentimiento de sí. Pero en todo lo
demás es lo mismo”
G. EL PROCESO DE RECUPERACIÓN DE LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO
ES ABSORBENTE Y NO DEJA ENERGÍA PARA OTRA COSA (SE INTUYE YA LA ECONOMÍA DEL
DUELO). REFERENCIA A LA DIFÍCIL TAREA, NO EXCENTA DE DOLOR, DE LA ACEPTACIÓN DE
LA NUEVA REALIDAD. EL AGOTADOR PROCESO DE RECUPERACIÓN DEL DUELO. EL DUELO COMO
TRABAJO QUE CONSUME ENERGÍA SOLO DURANTE UN TIEMPO DE TODO EL
PROCESO.
1. “... Fácilmente se comprende que esta inhibición y este
angostamiento del yo expresan una entrega incondicional al duelo que nada deja
para otros propósitos y otros intereses”
2. “... ¿Por qué esa operación de compromiso, que es el
ejecutar pieza por pieza la orden de la realidad, resulta tan
extraordinariamente dolorosa?”
3. “... En primer término: El duelo normal vence sin duda la
pérdida del objeto y mientras persiste absorbe de igual modo todas las energías
del yo
4. “... Podemos imaginar que esa desatadura se cumple tan
lentamente y tan paso a paso que, al terminar el trabajo, también se ha disipado
el gasto que requería...”
H. EL DUELO COMO UN TRABAJO REAL Y CONSCIENTE. EL TRABAJO DEL
DUELO COMO PROCESO QUE ABSORBE. EL DUELO COMO TRABAJO. EL DUELO COMO UN TRABAJO
INTERIOR. EL DUELO COMO TRABAJO VARIADO.
1. “... Ahí mismo se efectúan los intentos de desatadura en el
duelo, pero en este caso nada impide que tales procesos prosigan por el camino
normal que atraviesa el Prcc hasta llegar a la
conciencia...”
2. “... En el duelo hallamos que inhibición y falta de interés
se esclarecían totalmente por el trabajo del duelo que absorbía al
yo”
3. “... Ahora bien, ¿en qué consiste el trabajo que el duelo
opera?”
4. “... Pero esto es, según sabemos, secundario; es la
consecuencia de ese trabajo interior que devora a su yo, un trabajo que
desconocemos, comparable al del duelo...”
5. “... Con relación a aquel nos enteramos de que se necesita
tiempo para ejecutar detalle por detalle la orden que dimana del examen de
realidad; y cumplido ese trabajo, el yo ha liberado su libido del objeto
perdido...”
6. “... y la ejecución de ese quite de libido no puede ser un
proceso instantáneo, sino, sin duda, como en el caso del duelo, un proceso lento
que avanza poco a poco...”
7. “... ¿Comienza al mismo tiempo en varios lugares o implica
alguna secuencia determinada?”
I. CONSECUENCIAS DEL DUELO SOBRE EL PROPIO
MUNDO
1. “... En el duelo, el mundo se ha hecho pobre y vacío...”
J. SE VISLUMBRA YA UNA TEORÍA SOBRE LA ECONOMÍA DEL DUELO. UN
PASO MÁS HACIA LA TEORÍA SOBRE LA ECONOMÍA DEL DUELO. ELEMENTOS PARA LA
CONSTRUCCIÓN DE UNA TEORÍA ECONÓMICA DEL DUELO.
1. “... Aprobaremos también la comparación que llama «dolido»
al talante del duelo. Es probable que su legitimidad nos parezca evidente cuando
estemos en condiciones de caracterizar económicamente al dolor (ver
nota)”
2. “... He ahí algo que no puede indicarse con facilidad en una
fundamentación económica”
3. “... Ni siquiera podemos decir cuáles son los medios
económicos por los que el duelo consuma su tarea...”
K. SE VISLUMBRAN LAS TAREAS DEL DUELO. EL RECONOCIMIENTO DE LA
PÉRDIDA COMO ELEMENTO NECESARIO PARA QUE SE DE EL DUELO. REFERENCIA A UNA DE LAS
TAREAS DEL DUELO. BASES DE LA SUPERACIÓN DEL PROCESO A PESAR DE SER NOTABLEMENTE
TRASTORNADOR A TODO NIVEL. EL DUELO COMO PROCESO DE ADAPTACIÓN. SE ESTABLECEN
DIFERENCIAS ENTRE ACEPTACIÓN INTELECTUAL Y ACEPTACIÓN AFECTIVA. LA ACEPTACIÓN DE
LA REALIDAD COMO ELEMENTO PRIMORDIAL PARA QUE SE DE EL DUELO. SE MENCIONA LA
IMPORTANCIA DE LAS RESISTENCIAS AL CAMBIO Y SE RECONOCE PLENAMENTE EL FENÓMENO
DEL SUSTITUTO DEL OBJETO PERDIDO. EL DUELO COMO FENÓMENO DINÁMICO Y CON
ESPERANZA DE SUPERVIVENCIA.
1. “... y de él emana ahora la exhortación de quitar toda
libido de sus enlaces con ese objeto”
2. “... El examen de la realidad ha mostrado que el objeto
amado ya no existe más...”
3. “... Cada uno de los recuerdos y cada una de las
expectativas en que la libido se anudaba al objeto son clausurados,
sobreinvestidos y en ellos se consuma el desasimiento de la libido (ver
nota)”
4. “... Y lo notable es que nos parece natural este displacer
doliente. Pero de hecho, una vez cumplido el trabajo del duelo el yo se vuelve
otra vez libre y desinhibido (ver nota)”
5. “... Se ejecuta pieza por pieza con un gran gasto de tiempo
y de energía de investidura, y entretanto la existencia del objeto perdido
continúa en lo psíquico”
6. ”... Para cada uno de los recuerdos y de las situaciones de
expectativa que muestran a la libido anudada con el objeto perdido, la realidad
pronuncia su veredicto: El objeto ya no existe más...”
7. “... A ello se opone una comprensible renuencia:
universalmente se observa que el hombre no abandona de buen grado una posición
libidinal, ni aun cuando su sustituto ya asoma”
8. “... Así como el duelo mueve al yo a renunciar al objeto
declarándoselo muerto y ofreciéndole como premio el permanecer con
vida...”
L. ANTECEDENTES DEL DUELO PATOLÓGICO. DURANTE EL DUELO EL YO NO
SE EMPOBRECE. GRAN DIFERENCIA ENTRE EL DUELO Y LA MELANCOLÍA: MIENTRAS EN
ELDUELO SE EMPOBRECE EL MUNDO, EN LA MELANCOLÍA LOHACE EL
YO.
1. “... Esa renuencia puede alcanzar tal intensidad que
produzca un extrañamiento de la realidad y una retención del objeto por vía de
una psicosis alucinatoria de deseo (ver nota). Lo normal es que prevalezca el
acatamiento a la realidad. Pero la orden que esta imparte no puede cumplirse
enseguida”
2. “... El melancólico nos muestra todavía algo que falta en el
duelo: una extraordinaria rebaja en su sentimiento yoico {Ichgefühl}, un enorme
empobrecimiento del yo”
3. “... en la melancolía, eso le ocurre al yo
mismo...”
M. EL DUELO COMO FACTOR DE RIESGO DE PSICOPATOLOGÍA. EL DUELO,
EN SÍ MISMO, Y LA PERSONALIDAD PRE-MÓRBIDA COMO FACTORES DE RIESGO DE
PSICOPATOLOGÍA.
1. “... La pérdida del objeto de amor es una ocasión
privilegiada para que campee y salga a la luz la ambivalencia de los vínculos de
amor...”
2. “... Y por eso, cuando preexiste la disposición a la
neurosis obsesiva, el conflicto de ambivalencia presta al duelo una conformación
patológica y lo compele a exteriorizarse en la forma de unos autorreproches, a
saber, que uno mismo es culpable de la pérdida del objeto de amor, vale decir,
que la quiso...”
3. “... En esas depresiones de cuño obsesivo tras la muerte de
personas amadas se nos pone por delante eso que el conflicto de ambivalencia
opera por sí solo cuando no es acompañado por el recogimiento regresivo de la
libido”
OTTO FENICHEL
Establece dos puntos críticos: (1) La introyección ambivalente
en el duelo es una respuesta adaptativa, y (2) la culpa siempre estará presente
en algún grado en todo duelo .
Para Fenichel, el duelo se caracteriza por una introyección
ambivalente del objeto perdido, la continuación de sentimientos hacia lo
introyectado -que previamente habían sido dirigidos contra el objeto- y la
participación de sentimientos de culpa a todo lo largo del proceso. Así, este
autor divide el duelo en dos pasos: a) establecimiento de una introyección
(llevar al difunto dentro de uno mismo) y b) liberación del objeto
introyectado.
La introyección actuaría como un amortiguador para preservar la
relación mientras el proceso de renuncia al objeto perdido tiene lugar. Por otra
parte, la introyección ambivalente puede inmovilizar al deudo y tener
consecuencias graves (p.ej., un secreto deseo de que el otro muera). Cuanto
mayor sea la relación amor-odio con el difunto, mayor será el auto-reproche y
mayor será la aflicción. A pesar de ello, el odio es finalmente resuelto y se
torna en sentimientos positivos hacia el difunto. Sin embargo, aun cuando la
ambivalencia sea resuelta, siempre persiste un sentimiento de culpa. Aun en
casos benignos, hay siempre un conocimiento agridulce de que la muerte ha
ocurrido a otro y no a nosotros mismos o a nuestra familia (Síndrome del
Minotauro).
E. LINDEMANN
De este autor proviene el primer estudio sistemático de la
aflicción aguda , basado en sus observaciones de la aflicción de aquellos que
perdieron familiares en el desastre del "Coconut Grove Nightclub" en Boston
(USA).
Describió el curso clínico del duelo, los síntomas mayores del
"estrés somático" (fenómeno que ocurre en "oleadas" de 20 minutos a una hora, y
consistentes en sensación de ahogo, opresión, necesidad de suspirar, una
sensación de vacío en el abdomen, debilidad muscular y una intensa angustia
subjetiva experimentada como tensión o dolor mental; tales oleadas pueden ser
desencadenadas al oír hablar del muerto o recibir las condolencias), la
preocupación con la imagen del difunto (que puede acompañarse de un ligero
sentimiento de irrealidad), culpa, hostilidad, pérdida de los patrones usuales
de conducta y asunción de síntomas o rasgos del difunto.
Además, exploró también las desviaciones del duelo,
caracterizándolas en lo que el llamó "congoja mórbida o anormal", describiendo 9
rasgos de reacción excesiva o distorsionada del duelo.
H.S. SULLIVAN
Desarrolla la teoría del duelo basado en el concepto
interpersonal de las relaciones . Con esta aproximación se dio la dimensión
social al duelo. Para Sullivan, el duelo ofrece al superviviente la oportunidad
de liberarse de sus relaciones de apego con el difunto que amenazan con el
mantenimiento de la ilusión de amor eterno.
De acuerdo a este autor, al repetirse una y otra vez el
reconocimiento de la muerte, se oblitera el objeto de la obsesión -se neutraliza
la tendencia a apegarse a la persona perdida- y se refuerza el reconocimiento de
la realidad. Así, de forma gradual, las asociaciones con el difunto son
borradas. Cuando las relaciones con el difunto se basaron en un patrón complejo
y neurótico, donde el sistema de seguridad estaba basado en la inversión en el
otro, la amenaza a la pérdida de este sistema lanza al deudo hacia un estado de
gran ansiedad y el duelo llega a ser un modo de vida que es usado para el
mantenimiento de la seguridad.
G. POLLOCK
Su teoría se basa en un proceso ego-adaptativo donde el deudo
lucha por renovar un balance interno mientras se readapta a un entorno
amenazante. En su opinión, el proceso del duelo consta de los siguientes
componentes :
A. Fase
aguda:
1. Shock: Trastorno inicial del equilibrio del ego,
caracterizado por quejidos, lamentos y desmayos.
2. Aflicción propiamente dicha: Se crea un "dolor psíquico"
explicado por la "hipótesis del edema" (abultamiento del ego por la excitación
secundaria y la incapacidad para descargar la energía debido a la pérdida del
objeto) y la "hipótesis de la avulsión" (empobrecimiento del ego). Cuando esto
sucede, el único camino es aislarse, retirarse y conservar la
energía.
3. Separación: Renuncia al difunto. Sin embargo, si el deudo
continúa manteniendo una introyección con el difunto (una comunicación secreta),
la resolución del duelo puede verse aplazada.
B. Fase crónica o de
reparación:
Proceso de adaptación sin la persona amada en el cual se
intenta mantener la fidelidad del equilibrio psíquico interno. Sin embargo,
debido a que el deudo encara varias pérdidas secundarias como resultado de la
muerte -grupo social, posesiones, etc.-, nuevos duelos son agregados, pudiendo
sobrecargar al deudo y hacer la reparación más
difícil.
JOHN BOWLBY (1907-1990)
Médico psicoanalista inglés que propuso su teoría sobre el
apego a partir de su trabajo clínico, inicialmente, y antes de graduarse, como
voluntario en una escuela a la que asistían niños con desajustes emocionales
agudos, observaciones que en principio le convencieron acerca de la importancia
de los vínculos familiares y de la necesidad de involucrar a los miembros de la
familia en el abordaje terapéutico de esos niños, y posteriormente – tras la
Segunda Guerra Mundial (1945) - ya como Jefe del Departamento de Niños de la
Clínica Tavistock, en Londres, donde pudo crear su propia unidad de
investigación centrada en el estudio de las relaciones familiares y las
consecuencias de las disrupciones en los vínculos madre-hijo (Brenlla, M.E.,
Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos.
Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Bowlby, J.:
Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books,
1969).
Alejándose de los planteamientos teóricos psicoanalíticos que
habían hasta entonces (se consideraba que el estrecho vínculo afectivo que se
establecía entre la madre y el bebé se fundamentaba básicamente en el amor
interesado o teoría del impulso secundario), Bowlby elaboró una elegante teoría
desde el marco de la etología. Debido a que sus ideas no fueron inicialmente
bien recibidas, especialmente por sus supervisores psicoanalíticos Melanie Klein
y Joan Riviere, decidió acercarse a colegas que realizaban investigaciones en
otras ramas de la ciencia, especialmente en etología (su teoría muestra una
indudable orientación etológica al considerar el apego entre madre e hijo como
una conducta instintiva con un claro valor adaptativo), biología, el
procesamiento de la información, la psicología evolutiva, cognitiva y social, la
neurobiología, la teoría sistémica y el mismo psicoanálisis. Sin embargo, su
concepción de la conducta instintiva iba más allá de las explicaciones que
habían ofrecido etólogos como Lorenz, con un modelo energético-hidraúlico muy en
consonancia con los antiguos postulados de la física mecánica. Basándose en la
teoría de los sistemas de control, Bolwlby (1969) planteó que la conducta
instintiva no es una pauta fija de comportamiento que se reproduce siempre de la
misma forma ante una determinada estimulación, sino un plan programado con
corrección de objetivos en función de la retroalimentación, que se adapta,
modificándose, a las condiciones ambientales (Bowlby, J.: Attachment and Loss.
Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado
actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y
del Adolescente, 4 (1); 65-81)
En los orígenes de la teoría del apego, Bowlby, tomó los
estudios de Harlow, Spitz sobre el hospitalismo y de Lorenz sobre la impronta
(García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos
al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS, 2005; Bowlby, J.:
Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969), y colaboró
con su colega John Robertson en la recolección de datos sobre los efectos de la
hospitalización en el desarrollo psíquico de los niños, trabajo que daría paso a
sus hallazgos más significativos (Bowlby y Robertson describieron una secuencia
de tres fases en la conducta de los niños de entre 15 y 30 meses de edad,
criados por sus madres en forma exclusiva y que por primera vez debían
temporalmente separarse de ellas y pasar un período en una
institución).
Estas “separaciones temporarias” que sufren algunos niños,
generalmente por causa de fuerza mayor, fueron tomadas por Bowlby como el
paradigma del estudio de campo para la observación de los efectos de éstas sobre
los niños en su primera infancia (García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión
infantil: de los modelos clásicos al constructo de afectividad negativa.
INTERPSIQUIS. 2005; Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London,
Basic Books, 1969).
En 1944 reporta sus primeros estudios relacionados con el apego
(Díaz Atienza, J.: Apego y Psicopatología en la infancia. Facultad de Medicina
de Granada. Diciembre, 2003); inicialmente lo hace en jóvenes delincuentes,
quienes presentaban como antecedente -hasta en un 40% de los casos- alteraciones
en los cuidados maternos (falta de oportunidad para formar el lazo
materno-infantil en los tres primeros años de vida, carencia emocional o falta
de amor de la madre durante un período limitado de 3 a 6 meses en los dos
primeros años de vida y cambios de figura materna durante el mismo período)
entre los 6 meses y 5 años de edad. Estos hallazgos confirman sus sospechas
respecto a que estas dificultades en los cuidados podrían generar una alteración
de la personalidad, personalidad que describe como “exenta de ternura”, y que se
caracteriza por:
1. Relaciones humanas superficiales.
2. Carencia de sentimientos e imposibilidad para formar nuevas
amistades.
3. Inaccesibilidad.
4. Falta de respuesta emocional apropiada acompañada de
despreocupación.
5. Engaño, mentira y evasión, frecuentemente sin
sentido.
6. Frecuentemente presencia de conductas agresivas que se
presentan desde la formas más ligeras de negativismo o burla, hasta las más
severas de delincuencia.
7. Con frecuencia presencia de un amplio círculo de
pseudoamigos.
8. Con frecuencia despiertan agresividad en quienes los
cuidan.
9. La actividad en grupo está limitada por la imposibilidad de
soportar frustración de estos niños.
10. Marcada distraibilidad.
11. Posibles actos de tipo antisocial como resultado de las
características antes mencionadas.
En 1946 describe tres fases en la separación del niño de su
cuidador primario: fase de protesta (se asusta, grita y llora), con conductas
innatas y lucha por restablecer la proximidad; fase de separación o indefensión
aprendida, con pérdida de interés por el medio, problemas psicosomáticos y
anorexia, y fase de desapego, en donde el niño abandona las conductas de
búsqueda y parece olvidarse al precio de la indiferencia afectiva. Para 1946 ya
diferencia “función del apego” (adaptativa y de protección) de “conducta de
apego” (integrada en un sistema más general que escapa a la leyes generales del
aprendizaje; existe un periodo sensible para que se de, no necesita del refuerzo
y hay resistencia a la extinción en ausencia del refuerzo); también es durante
este período en que describe las etapas del desarrollo del apego: a) fase de
pre-apego (antes de los dos meses, presencia de conductas diferenciadas); b)
fase de apego en construcción (de los 2 a los 7 meses, existe diferencia de
fines y medios, diferencia a las personas y es posible sustituir la figura de
apego); c) fase de apego (se da a partir de los 7 meses y ya la separación no es
posible; se empiezan a producir síntomas de ansiedad ante la separación. La
figura de apego se representa como figura total; aparte de la figura total,
pueden existir figuras secundarias); el niño puede intentar influir sobre la
figura de apego (pertenencia ajustada).
En 1954, Bowlby, a partir del resultado de sus investigaciones
y en su informe para la OMS, recomienda: “Es esencial para la salud mental que
el bebé y el niño pequeño tengan una relación íntima, cálida y continuada con su
madre en la que los dos encuentren alegría y satisfacción” (Garelli, J.C.
Montuori, E.: Vínculo afectivo materno-filial en la primera infancia y teoría
del attachment. Arch. Arg. Pediatr, 1997, vol. 95:122-126; Cano de Escoriaza,
J.: El apego, factor clave en las relaciones interpersonales, INTERPSIQUIS.
2001; García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos
clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005). Sin
embargo, es en 1958 (su primera formulación sobre la teoría del apego la realizó
en su trabajo “La naturaleza del vínculo que el niño tiene con su figura de
apego”, de 1958) cuando Bowlby plantea una hipótesis que difiere por completo de
las anteriores teorías (teoría del impulso secundario, teoría de succión del
objeto primario, teoría del aferramiento a un objeto primario y teoría del
anhelo primario de regreso al vientre materno) que en la literatura
psicoanalítica y en las obras de psicología en general se venían defendiendo:
postula que el vínculo que une al niño con su madre es producto de una serie de
sistemas de conducta, cuya consecuencia previsible es aproximarse a la
madre.
Bowlby señala que los lazos afectivos entre los niños y quienes
les cuidan y protegen tienen una base biológica que debe ser analizada en el
marco de un contexto evolucionista. Los recién nacidos se comportan de una
manera que asegura el acercamiento a adultos protectores; las condiciones que
amenazan las posibilidades de salud y sobrevivencia ponen en juego los
comportamientos de apego. La teoría sobre el apego se focaliza entonces en el
estudio de los procesos a través de los cuales niños desarrollan sentimientos de
confianza en la protección paterna y/o adulta (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y
Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de
Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Bowlby, J.: Attachment and Loss.
Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). En su trabajo, Bowlby sustituye
la noción de energía libidinal y la necesidad de descarga –propuesta por Freud
sobre la base de una neurofisiología del siglo XIX- por un nuevo sistema que
pone énfasis en los vínculos tempranos, en la ansiedad de separación, en el
duelo y en el trauma infantil (Cano de Escoriaza, J.: El apego, factor clave en
las relaciones interpersonales, INTERPSIQUIS. 2001).
Más tarde, en 1968, Bowlby define la conducta de apego como
cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve
proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido. Plantea que
como resultado de la interacción del niño con el entorno y, en especial con la
principal figura de ese ambiente (la madre), se crean determinados sistemas de
conducta que son activados en la conducta de apego (Rosas Mundaca, M., Gallardo
Rayo, I. y Angulo Díaz, P.: Factores que influyen en el apego y la adaptación de
los niños adoptados. http://www.ucrania.galeon.com/apego_adopcion.pdf). Para
Bowlby, estos sistemas de comportamiento son característicos de cada especie, se
organizan en torno al cuidador primario y le sirven al niño para unirse a él;
esta conducta tiene como objetivo asegurar su protección y supervivencia (Zan,
F.: Avances de la investigación “Relación entre vínculo temprano y trastornos
psiquiátricos. http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc); además,
considera que los sistemas de apego infantiles son similares, en su naturaleza,
a los que más tarde se ponen en juego en las relaciones amorosas y, en realidad,
señala pocas diferencias entre las relaciones cercanas, sean éstas entre padres
e hijos o entre pares (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación
de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de
Buenos Aires, 2001). Así, el apego es una conducta instintiva, activada y
modulada en la interacción con otros significativos a lo largo del tiempo
(Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L.M.: Apego en
adultos y percepción de los otros. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko
Unibertsitatea. Anales de psicología 2001, vol. 17, n°2, diciembre, 159-170;
Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books,
1969).
El surgimiento de la teoría del apego puede considerarse sin
ninguna duda uno de los hitos fundamentales de la psicología y la tanatología
contemporánea.
El modelo de Bowlby
“El apego se mantiene en el individuo de la cuna a la
tumba”
Bowlby parte del supuesto de que la conducta de apego se
organiza utilizando para ello sistemas de control propios del sistema nervioso
central, al que se le ha atribuido la función de protección y supervivencia; se
trata pues de una conducta instintiva. Existe la tendencia a responder
conductual y emocionalmente con el fin de permanecer cerca de la persona que
cuida y protege de toda clase de peligros (si bien, el apego, a medida que se
crece, no se queda solo en esto); y aquellos que poseen estas tendencias tienen
más probabilidades de sobrevivir y de poder traspasar dichas tendencias a
generaciones posteriores (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment.
London, Basic Books, 1969; Valdés Sánchez, N. (2002): Consideraciones acerca de
los estilos de apego y su repercusión en la práctica clínica. V Congreso
Sudamericano de Investigación en Psicoterapia Empírica y III Encuentro
Psicoterapéutico, organizado por la Society for Psychotherapy Research, el
Comité de Psicoterapia de la Sociedad Chilena de Neurología, Psiquiatría y
Neurocirugía, y la Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Realizado del 8 al 11
de agosto de 2002: Reñaca, Viña del Mar). De acuerdo con Bowlby, “la teoría del
apego es una forma de conceptualizar la propensión de los seres humanos a formar
vínculos afectivos fuertes con los demás y de extender las diversas maneras de
expresar emociones de angustia, depresión, enfado cuando son abandonados o viven
una separación o pérdida”. El apego es el vínculo afectivo que se infiere de una
tendencia estable a buscar la proximidad, el contacto, etc., activada y modulada
en la interacción con otros significativos a lo largo del tiempo. Subyace a las
conductas que se manifiestan, no de una forma mecánica sino en relación con
otros sistemas de conducta y circunstancias ambientales (Cano de Escoriaza, J.:
El apego, factor clave en las relaciones interpersonales, INTERPSIQUIS. 2001;
Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books,
1969).
Bowlby definió la conducta del apego o “attachement” como
cualquier forma de conducta que tiene como resultado el logro o la conservación
de la proximidad con otro individuo y vínculo de apego con otro individuo
claramente identificado al que se considera mejor capacitado para enfrentarse al
mundo. El apego que tiene un individuo hacia otro significa que está dispuesto a
buscar proximidad y contacto con ese individuo, y lo hace especialmente en
circunstancias específicas (especialmente cuando la persona está enferma o
asustada): “la conducta de apego es una forma fundamental de conducta con una
motivación distinta de la alimentación y el sexo”. Dicha conducta puede
manifestarse de diferentes maneras, en diferentes circunstancias y con
diferentes individuos; como núcleo de la teoría se encuentra la reciprocidad de
las tempranas relaciones, la que es una pre-condición del desarrollo normal
probablemente en todos los mamíferos, incluyendo a los humanos (Bowlby, J.:
Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; García Losa,
E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo
de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005; Cano de Escoriaza, J., Gutiérrez
Nieto, B.: La sensibilidad o accesibilidad materna, factor clave para el
desarrollo de un apego seguro. INTERPSIQUIS. 2002).
La teoría del apego postula que las personas tienen una
tendencia innata a buscar vínculos de apego, y cuyas funciones principales son
tres:
1. La supervivencia de la especie
2. La protección
3. La satisfacción individual
Las conductas de apego del infante humano (p.ej., búsqueda de
la proximidad, sonrisa, agarrarse y colgarse) son correspondidas con las
conductas de apego del adulto (tocar, sostener, calmar) y refuerzan la conducta
de apego del niño hacia ese adulto en particular.
Bowlby define el apego como un sistema de control, es decir, un
mecanismo que adapta la conducta a la consecución de fines determinados por las
necesidades del momento. Así, el deseo del niño de proximidad o contacto con la
figura de apego no es constante, sino que depende de factores tanto endógenos
como exógenos (p. ej., miedo del niño, enfrentar situaciones potencialmente
peligrosas). Si el niño se siente amenazado, buscará la seguridad que le brinda
la proximidad de su figura de apego; si no, se dedicará a explorar el ambiente
(Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969;
Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L. M. (2001):
Apego en adultos y percepción de los otros. vol. 17, nº 2, diciembre, 159-170).
Así, la teoría del apego es una forma de conceptualizar la propensión de los
seres humanos a formar vínculos afectivos fuertes con los demás y de extender
las diversas maneras de expresar emociones de angustia, depresión, enfado cuando
son abandonados o viven una separación o pérdida (Bowlby, J.: Attachment and
Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969).
Cuando las personas nacen se apegan generalmente a las personas
cercanas que cuidan de él (sus cuidadores primarios), normalmente la madre,
aunque no necesariamente la madre biológica: “si no se desarrolla un vínculo de
apego tempranamente los individuos son vulnerables a sufrir diferentes
padecimientos”. Bowlby dirigió la atención hacia la ansiedad excesiva ante las
separaciones como relacionada generalmente con experiencias adversas en la
familia, tales como amenazas repetidas de abandono, o los rechazos de los
padres, o la madre, o las enfermedades, o la muerte de los hermanos, de lo cual
el niño se siente responsable. Además, relacionó las dificultades de apego al
principio de la vida, así como el experimentar sucesivos desapegos, con
dificultades en la vida adulta para formar nuevos vínculos de apego o la
incapacidad de ser empático. Aunque no lo consideró como depresión infantil sino
como una forma universal de duelo secundaria a la separación, otros autores lo
postularon como un factor de riesgo para la depresión en niños, especialmente
relacionada con el modo en como se establecen dichos vínculos (Bowlby, J.:
Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; García Losa,
E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los modelos clásicos al constructo
de afectividad negativa. INTERPSIQUIS. 2005).
Las principales ideas de Bowlby sobre la influencia de la
experiencia anterior vivida por el individuo en su adaptación a las
circunstancias actuales se reflejan en el concepto de “developmental pathways” o
recorridos evolutivos. Bowlby y otros investigadores como Sroufe, Main y Rutter
(citados por Yárnoz Yaben, S.: Normalidad y patología: aportaciones de las
teorías del apego. INTERPSIQUIS. 2003) expresan sus ideas sobre la normalidad y
la patología, basándose en los siguientes puntos:
• No hay una forma única de normalidad, sino que hay diversas
conductas que pueden ser consideradas como tales.
• Comenzar un camino desviado de la normalidad no determina el
resultado final (la patología). Siempre existe la posibilidad de volver a la
normalidad, o de desviarse aún más de ella, dependiendo de las circunstancias
que rodean al individuo.
• Cuanto más tiempo se ha seguido por un camino desviado, más
difícil resulta volver a la centralidad (normalidad).
Bowlby sugiere que la etiología de muchas de las neurosis
infantiles está relacionada con la manera en que los niños son tratados por sus
madres: “lo crucial es que la patología es siempre el resultado de una falla de
cuidados maternos: separación y abandono en familias rotas; inestabilidad,
hostilidad, abusos y comunicaciones ansiógenas en la familia intacta” (Bowlby,
J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Cano de
Escoriaza, J.: El apego, factor clave en las relaciones interpersonales,
INTERPSIQUIS. 2001). Dicha patología es vista como una desviación en el
desarrollo evolutivo del niño que refleja disturbios de su relación real con las
personas significativas de su ambiente.
El modelo propuesto por Bowlby se basaba en la existencia de
cuatro sistemas de conductas relacionados entre sí (Bowlby, J.: Attachment and
Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004):
Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del
Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81):
1. El sistema de conductas de apego: hace referencia a todas
aquellas conductas que están al servicio del mantenimiento de la proximidad y el
contacto con las figuras de apego (sonrisas, lloros, contactos táctiles, etc.).
Se trata de conductas que se activan cuando aumenta la distancia con la figura
de apego o cuando se perciben señales de amenazas, poniéndose en marcha para
restablecer la proximidad.
2. El sistema de exploración: está en estrecha relación con el
anterior aunque muestra una cierta incompatibilidad con él pues cuando se
activan las conductas de apego disminuyen las de exploración del
entorno.
3. El sistema de miedo a los extraños: este sistema también
muestra su relación con los anteriores, ya que su aparición supone la
disminución de las conductas exploratorias y el aumento de las conductas de
apego.
4. El sistema afiliativo: aunque entra en cierta contradicción con
el miedo a los extraños, se refiere al interés que muestran los individuos, no
sólo de la especie humana, por mantener proximidad e interactuar con otros
sujetos, incluso con aquellos con quienes no se han establecido vínculos
afectivos.
Por lo tanto, lejos de encontrarnos ante una simple conducta
instintiva, que aparece siempre ante la presencia de un determinado estímulo o
señal, el apego hace referencia a una serie de conductas diversas (en plural),
cuya activación y desactivación, así como su intensidad y la morfología de sus
manifestaciones, va a depender de diversos factores contextuales e individuales
(Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969;
Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de
Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81). Así, el
sistema de apego se mantiene activo durante todo el tiempo y está continuamente
monitorizando el ambiente y la disponibilidad de figuras de
apego.
Modelos Internos de Trabajo (Internal Working
Model)
El Sistema Comportamental de Apego es un sistema de control
motivacional-conductual, evolucionista y adaptativo. Tiene como objetivo la
promoción de la seguridad en la infancia y la niñez a través de la relación del
niño con una figura de apego, su cuidador primario. El concepto “apego” adquiere
entonces componentes sociales, emocionales, cognitivos y conductuales. El apego
pasa a ser una propiedad de las relaciones psicosociales donde un sujeto más
débil y menos capaz confía en la protección que le brinda otro sujeto, más
competente y poderoso. Ambos sujetos desarrollan vínculos emocionales recíprocos
“y construyen una representación interna de la relación vincular”. Esta
representación mental interna que construyen los infantes es denominada por
Bowlby “internal working model” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.
(2001): Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología,
Universidad de Buenos Aires. Cátedra M.M. Casullo;
http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc; Yárnoz, S., Alonso-Arbiol,
I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L.M.: Apego en adultos y percepción de los
otros. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Anales de
psicología 2001, vol. 17, n°2 (diciembre), 159-170). Así, a través de contactos
sucesivos con el mundo exterior y de la consecuente capacidad de respuesta o
disponibilidad de las figuras de apego, el niño construye estos “modelos
internos activos” del mundo y de las personas significativas dentro de él,
incluido él mismo, cada vez más complejos (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol
1: Attachment. London, Basic Books, 1969). Una vez organizados, tienen tendencia
a operar de forma automática, es decir, fuera de la conciencia. Además, toda
nueva información recibida es asimilada a estos modelos preexistentes. Por estas
dos razones, estos modelos tienen tendencia a la estabilidad, aunque pueden ser
modificados en determinadas circunstancias (Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I.,
Plazaola, M. y Sainz de Murieta, L.M.: Apego en adultos y percepción de los
otros. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Anales de
psicología 2001, vol. 17, n°2 (diciembre), 159-170).
Los modelos internos de trabajo propuestos por Bowlby
constituyen un esquema mental donde se depositan las expectativas acerca de los
comportamientos de otros hacia el sí mismo, basados en la representación
internalizadas de las experiencias de apego pasadas. Este modelo es también un
patrón sobre el que se basará la auto-percepción, servirá al sujeto para
percibir e interpretar las acciones e intenciones de los demás y para dirigir su
conducta, y nos ayudará a entender la estabilidad o inestabilidad del apego
romántico en adultos. Cada modelo referido a una relación particular incluye
siempre no sólo conceptos o representaciones acerca del si mismo (self) y del
otro, sino también expectativas acerca de la relación; así, el niño que recibe
respuestas adecuadas a lo largo del tiempo, se ve a sí mismo como seguro,
valioso y merecedor de atenciones y de cuidados (en este sentido constituyen una
de las bases de la propia identidad y de la autoestima). Estos modelos de
vinculación suele mantenerse constante durante toda la vida y trasmitirse de
generación en generación (Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de
Murieta, L.M.: Apego en adultos y percepción de los otros. Universidad del País
Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Anales de psicología 2001, vol. 17, n°2
(diciembre), 159-170; Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de
los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos
Aires, 2001; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego.
Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1);
65-81).
Un aspecto clave de estos modelos, que incluyen componentes
afectivos y cognitivos, es la noción de quiénes son las figuras de apego, qué se
espera de ellas y dónde han de encontrarse. El hecho de que estos modelos
deriven de las experiencias de interacción con los cuidadores primarios supone
que distintas experiencias llevarán a distintas representaciones mentales. Desde
este punto de vista sería posible la existencia de múltiples modelos, si bien lo
determinante de la relación con el cuidador es su reacción ante los intentos del
niño de buscar su proximidad (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1:
Attachment. London, Basic Books, 1969). Las posibles respuestas del cuidador
pueden clasificarse en tres tipos:
1. Mostrarse sensible a las llamadas del niño y permitir su
acceso, que llevaría a un modelo de apego seguro;
2. Mostrarse insensible e impedir el acceso del niño, lo que
supondría un modelo de apego inseguro-evitativo;
3. Atender y permitir el acceso del niño de forma imprevisible,
sólo en algunas ocasiones, lo que generaría un modelo
inseguro-ambivalente.
Los modelos representacionales pueden construirse también en
ausencia de interacción con la figura de apego, ya que si el niño llora y pide
la proximidad del adulto y éste no está presente, lo importante será la falta de
respuesta del cuidador (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment.
London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría
del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4
(1); 65-81).
Aunque Bowlby (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1:
Attachment. London, Basic Books, 1969) admitió que el niño puede llegar a
establecer vínculos afectivos con distintas personas, consideraba que los niños
estaban predispuestos a vincularse especialmente con una figura principal, y que
el apego con esta figura sería diferente cualitativamente del establecido con
otras figuras secundarias. Esta monotropía o monotropismo (entendido como la
tendencia a tener una jerarquía de preferencias en la que existe un figura
central principal de apego) le llevó a considerar que la situación más favorable
para el niño era la de establecer un vínculo afectivo principal con la madre,
por lo que las situaciones en las que los niños eran criados y atendidos por
varias personas no eran las más convenientes (Bowlby, J.: Attachment and Loss.
Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). Como bien recuerda Oliva Delgado
(Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de
Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81), esta
primera postura no fue sostenida por Bowlby en escritos posteriores, incluso
afirmó haber sido mal interpretado. Tampoco resulta extraño que Bowlby planteará
la existencia de la monotropía, ya que la tradición psicoanalítica en la que se
había formado Bowlby daba una especial importancia a la relación con la madre;
además, las observaciones de los etólogos, en quien basó muchos de sus estudios,
parecían confirmarlo.
Si hablamos de “situación más favorable”, no hay duda de que
“la situación más favorable para un niño es establecer un vínculo afectivo
principal con la madre”, aunque “esta madre” no sea su madre biológica, y aunque
se den otros cuidadores cercanos: la existencia de una figura central principal
de apego es esencial para el niño. Sabemos que a lo largo de la infancia existe
una organización piramidal de las figuras de apego, en la cúspide de las cuales
normalmente está la madre; si bien, los niños se apegan también al padre, a los
hermanos o a otras figuras, tales como abuelos o profesores. A medida que el
niño va creciendo, van tomando importancia figuras externas al grupo familiar,
tales como los amigos, compañeros de colegio, hasta que en la edad madura se
cierra el círculo, y son los propios hijos los que pasan a ser figuras de apego
para el sujeto (Yárnoz, S., Alonso-Arbiol, I., Plazaola, M. y Sainz de Murieta,
L. M. (2001): Apego en adultos y percepción de los otros. vol. 17, nº 2
(diciembre), 159-170).
Estos “internal working model” van a tener una profunda
influencia sobre las relaciones sociales del sujeto (Bowlby, J.: Attachment and
Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969). Si una persona, durante su
infancia, tuvo un apego seguro con sus padres u otras personas significativas
que se mostraron sensibles, responsivos y consistentes, en su vida posterior
tendrá una actitud básica de confianza en las personas con las que establezca
sus relaciones. Por el contrario, si el sujeto tuvo experiencias negativas con
sus figuras de apego, tenderá a no esperar nada positivo, estable o gratificante
de las relaciones que pueda establecer en su vida adulta. Como siempre, esperará
rechazos o falta de respuesta empática.
No obstante, el apego evoluciona, se adapta, cambia, y la
persona puede aprender a distribuir su mundo de forma diferente; y si las
condiciones son favorables, puede llegar a ser una persona normal: “los internal
working model pueden cambiar cuando un individuo logra o construye una
interpretación nueva de sus experiencias pasadas, particularmente de aquellas
relacionadas con el apego. Para Bowlby algunos aspectos de esos modelos
internos, en especial los que no son accesibles a la conciencia, son
especialmente resistentes al cambio” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio,
A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología,
Universidad de Buenos Aires, 2001).
Aunque se reconoce la influencia de las ideas psicoanalíticas
en el modelo de representaciones objetales, Bowlby también se vio influenciado
en el desarrollo de su teoría por los trabajos del neurobiolólogo Young
(Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego
en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001) quien, a
su vez, había adoptado algunas propuestas de Kenneth Clark, pionero en estudios
de lo que con el tiempo se denominaría “inteligencia artificial”. Clark, dicen
Brenlla y colaboradores (2001), sostuvo que los individuos capaces de
desarrollar “modelos activadores internos” de sus entornos, aumentan de manera
considerable sus probabilidades de sobrevivencia: “la capacidad de construir y
usar tales modelos para valorar las diversas consecuencias posibles de acciones
alternativas que podemos realizar, permite que nuestros comportamientos sean más
flexibles y adaptativos” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.:
Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología,
Universidad de Buenos Aires, 2001). Debido a que Clark no se dedicaba al estudio
de comportamientos infantiles (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.:
Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología,
Universidad de Buenos Aires, 2001), Bowlby se interesó de manera especial en las
ideas de Piaget sobre el período sensorio-motriz, para quien las concepciones
infantiles sobre los objetos son las resultantes de acciones concretas que los
niños realizan al manipularlos. En el mismo sentido, las relaciones reiteradas
que los niños tienen con figuras cuidadoras y protectoras constituyen la base de
representaciones sobre tales relaciones (internal working model),
representaciones que al ser evocadas operan frente a nuevas situaciones de
apego. Los modelos activadores internalizados se resisten al cambio gracias a la
acción de procesos de asimilación, en el sentido piagetiano del término
(Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego
en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001; Bowlby,
J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books,
1969).
Las investigaciones realizadas sobre la estructura y función de
los “internal working model” (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.:
Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología,
Universidad de Buenos Aires, 2001) permiten apreciar cuatro componentes
interrelacionados: (1) memorias de las experiencias de apego, (2) creencias, (3)
actitudes y (4) expectativas. Los “internal working model” afectan también las
reacciones emocionales inmediatas frente a una determinada situación; así, en un
momento posterior, el procesamiento cognitivo de la situación puede mantener,
ampliar o minimizar la respuesta emocional inicial, dependiendo de cómo el
individuo interprete la experiencia.
Por otra parte, varios factores determinan la estabilidad de
estos modelos (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los
estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos
Aires, 2001):
1. Los individuos tienden a seleccionar los ambientes en los
cuales las creencias acerca del si mismo y de los demás son
compartidas.
2. Los propios sujetos mantienen los modelos que han
construido.
3. Las personas procesan la información de modo tal que sea
posible sostener la existencia de sus modelos internos.
La estabilidad de los modelos puede cambiar, o se pone en
riesgo, cuando las circunstancias en el entorno son contrarias a los modelos ya
existentes. El impacto de cada experiencia negativa dependerá de su duración y
del compromiso emocional que signifique para cada uno (Brenlla, M.E., Carreras,
M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de
Psicología, Universidad de Buenos Aires, 2001).
Separaciones temporarias
Como habíamos visto, Bowlby y Robertson describieron una
secuencia de tres fases en la conducta de los niños de entre 15 y 30 meses de
edad, criados por sus madres en forma exclusiva y que por primera vez debían
temporalmente separarse de ellas y pasar un período en una institución. Estas
tres fases son (Bowlby, J.: Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London,
Basic Books, 1969; Garelli, J.C. Montuori, E.: Vínculo afectivo materno-filial
en la primera infancia y teoría del attachment. Arch. Arg. Pediatr, 1997, vol.
95:122-126; García Losa, E.: Vínculo, ruptura y depresión infantil: de los
modelos clásicos al constructo de afectividad negativa. INTERPSIQUIS.
2005):
Fase de protesta
La fase inicial de protesta se inicia poco después de partir la
madre y dura desde unas pocas horas hasta una semana, aproximadamente. Durante
esta fase, el niño está ansioso, nervioso, excitado, llora intensa, larga y
fuertemente, golpea y sacude su cuna, busca a su madre, tiene expectativas de
que vuelva pronto, pregunta por ella y se niega a recibir ayuda o consuelo de
otras mujeres que se le acerquen, rechazándolas. Cuando mejor es la relación con
la madre, mayor es el grado de ansiedad que el niño muestra en esta etapa. La
ausencia de la etapa de protesta es indicadora de una relación insatisfactoria
previa con la madre.
Fase de desesperación
Durante esta fase su excitación psicomotriz empieza a disminuir,
llora con menos intensidad, en forma más monótona, está distante e inactivo y su
conducta sugiere desesperanza, empieza a dudar de que su madre vaya a volver.
Nada le interesa, no se conecta con el medio que lo rodea y se pasea de acá para
allá sin objetivos, como sintiéndose profundamente deprimido.
Fase de desapego
En esta fase desaparece la excitación psicomotriz, el chico deja
de llorar y empieza nuevamente a interesarse por el medio que lo rodea; parece
como si se estuviera recuperando. Ya no rechaza a las enfermeras u otras
personas desconocidas a su cargo: acepta sus cuidados, la comida, y los juguetes
que le ofrecen y a veces hasta sonríe y está más sociable. Pero cuando la madre
viene a visitarlo se encuentra con un niño cambiado, que parece no reconocerla,
se mantiene indiferente, apático y distante. Sin embargo, periódicamente se
observan sollozos, ataques de agresividad, no desea compartir sus juguetes con
los otros niños y los esconde para que no se los quiten. Si su estadía es
suficientemente prolongada, poco a poco puede llegar a perder interés en las
personas e interesarse cada vez más en los objetos materiales, juguetes,
caramelos y comida. Ya no se ve ansioso frente al cambio de enfermeras, idas y
venidas de los padres, ya no le tiene miedo a nadie, ni le importa nadie. Las
reacciones de los niños muestran la influencia que la separación de la madre
tiene sobre ellos y los mecanismos psicológicos defensivos que se movilizan para
sobreponerse a la pérdida.
Se debe tener en cuenta que aunque estas tres fases se observan
en todos los casos, su duración e intensidad individual variará según el entono
en el que el niño transcurre su período de separación de la madre. Para el niño
es muy diferente si queda al cuidado de un pariente conocido, y en su propia
casa, que si es trasladado a una institución o un hogar para niños, y lo mismo
ocurre con la persona o personas destinadas a su cuidado: resulta mucho más
traumático para el niño no contar con una figura estable que lo cuide, tal como
sucede en las guarderías y asilos para niños (Bowlby, J.: Attachment and Loss.
Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado
actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y
del Adolescente, 4 (1); 65-81).
Es de notar que el reencuentro posterior con la madre también
muestra a un niño alterado emocionalmente y afectado psicológicamente en su
relación con la mamá. Reconciliarse con la mamá después de la separación le
llevará un tiempo que dependerá de la duración de la separación y de las
características del vínculo que previamente tenía con su madre (Bowlby, J.:
Attachment and Loss. Vol 1: Attachment. London, Basic Books,
1969).
La activación de conductas de apego depende de la evaluación
por parte del niño de un conjunto de señales del entorno que dan como resultado
la experiencia subjetiva de seguridad o inseguridad; el experimentar seguridad
es el objetivo del sistema de apego, que es, por tanto, primero y por encima de
todo, un regulador de la experiencia emocional (Bowlby, J.: Attachment and Loss.
Vol 1: Attachment. London, Basic Books, 1969; Oliva Delgado, A. (2004): Estado
actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y
del Adolescente, 4 (1); 65-81).
G. ENGEL
Levanta la polémica relacionada con la posibilidad de
considerar al duelo como una enfermedad .
Contribuye de forma notable a la literatura del duelo con su interpretación de
la aflicción desde el punto de vista de dos modelos biológicos primarios de
respuesta al peligro y asociados con la pérdida de objeto.
Engel propone que el SNC está organizado mediante dos patrones
opuestos de respuesta: (1) Reacción de lucha-huida (fight-flight reaction"),
considerada como el fundamento biológico de la ansiedad y que tiene como
propósito preparar al organismo para un esfuerzo físico vigoroso y protegerle
contra el trauma físico y, (2) Sistema de conservación-retirada ("The
Conservation-Withdrawal System"), considerado como el fundamento biológico de la
depresión y el aislamiento. Este sería un estado adaptativo en el que se
favorece el reposo del organismo físicamente enfermo, permitiendo la subsecuente
recuperación y supervivencia.
Según Engel, el duelo debe así ser considerado una enfermedad
desde el punto de vista de que "lo patológico" se refiere a un "cambio de
estado" y no al hecho de la respuesta. Consecuente con su teoría, divide el
duelo en 6 estados o fases:
1. Shock e incredulidad: Aturdido en principio, el deudo
necesita tiempo para procesar el hecho de la muerte.
2. Desarrollo de la conciencia de pérdida: El patrón de lucha y
huida es activado en términos de impulsos emocionales; llanto, rabia,
irritabilidad y culpa como formas comunes de manifestar la
angustia.
3. Restitución: Los rituales de luto sirven para mantener a la
familia y amigos juntos en su esfuerzo de apoyo. El proceso de recuperación se
iniciaría cuando la realidad de la pérdida es reconocida. La religión y las
creencias espirituales proporcionarían un sentido de paz cuando las expectativas
de reunión después de la muerte son enfatizadas.
4. Resolución de la pérdida: El aislamiento de otros permitiría
que el trabajo del duelo tuviese lugar, y al mismo tiempo permitiría conservar
la energía. Al utilizar el reposo, el deudo sería capaz de recuperar fuerzas y
moverse hacia una curación más saludable ("The Conserva tion-Withdrawal
System").
5. Idealización, que ayudaría a reprimir sentimientos negativos
hacia el difunto.
6. Resultado: El proceso total del duelo tomaría 1 año o más de
duración. Para Engel, el grado de culpa, ambivalencia, dependencia, la edad y el
número de pérdidas previas afectarían el resultado y el tiempo empleado en la
resolución del duelo.
Además de la polémica desatada con su interpretación del duelo
como un clásico modelo de enfermedad, con Engel, y posteriormente con Parkes, se
afianza la teoría biológica del duelo.
Años más tarde, Hofer , utilizando los síntomas
psicológicos y conductuales descritos por Lindemann y la teoría de los apegos
descrita por Bowlby, presenta su "perspectiva psicobiológica" del duelo; Hofer
vio las uniones de apego como resultantes de interacciones sociales que sirven
como importantes reguladores de sistemas biológicos internos a todo lo largo de
la vida. Los síntomas fisiológicos y conductuales de la aflicción, especialmente
los crónicos, opuestos a las oleadas agudas de malestar, representarían el
retiro de reguladores internos que fueron el resultado de interacciones
constantes y emocionalmente significativas con un individuo con el que había un
apego significativo.
C.M. PARKES
Para este autor, el duelo se asemeja a un trauma físico más que
a cualquier otro tipo de enfermedad , y considera al duelo como un
estresante mayor que tiene profundas implicaciones sobre la salud (lo que dio
pié a que Elliot y Eisdorfer y Osterweiss y Colb. examinen
posteriormente el duelo desde el punto de vista de la "teoría de crisis". Por
otra parte, ya Holmes y Rahe habían considerado la pérdida del cónyuge como
el evento que produce más cambios en la vida adulta).
Según Parkes, el superviviente se encuentra en un estado de enorme excitación
durante mucho tiempo, que en ocasiones se aproxima al
pánico.
Las diferencias individuales hacen que las respuestas a la
pérdida sean algunas veces "estresor-específicas" ( muerte súbita/muerte
anticipada ) y algunas otras "sujeto específicas" (individuo predispuesto al
estrés ). En ambos casos, la situación de pérdida amenaza la seguridad del
individuo por lo que la persona activa un sistema de alarma ( reacción "fight-
flight" de Engel ). Esta alarma es la respuesta inicial característica para el
superviviente cuando una persona emocionalmente significativa de su entorno ha
muerto. En su opinión, la
resistencia al cambio, la renuencia a ceder posesiones, personas, "status",
expectativa, etc., sería la base del duelo (perspectiva que recuerda el modelo
psicodinámico propuesto por Freud). De igual forma, las respuesta aprendidas en
pérdidas pasadas
influencian la respuesta a pérdidas futuras. Para este autor,
el proceso de reordenar nuestras suposiciones y creencias del mundo para adoptar
un nuevo marco de cambios sería el proceso del duelo.
Parkes describe 4 fases del duelo y establece que cada uno
de estos estados representa ciertas cualidades del proceso de la aflicción que,
más que fijas e inalterables, involucran una sucesión de cuadros clínicos que se
solapan y reemplazan unos con otros. La vulnerabilidad individual es
especialmente notable en cuanto a la intensidad de su efecto y la duración del
duelo.
MARY D. SALTER AINSWORTH
(1913-1999)
Psicóloga estadounidense nacida en Glendale, Ohio, PhD en
psicología del desarrollo en 1939 de la Universidad de Toronto, Canadá. Tras su
matrimonio con Leonard Ainsworth en 1950, se trasladó a Londres en donde se unió
al equipo de investigación en la Clínica Tavistock de Londres, donde John Bowlby
era el director de proyecto. Aquí, Ainsworth se implicó en el proyecto que
investigaba los efectos de la separación maternal sobre el desarrollo de la
personalidad de los niños. Fue en la Clínica Tavistock donde se planeó conducir
unos estudios de campo longitudinales de la interacción madre-hijo a fin de
examinar el desarrollo de las relaciones infantiles; esta posibilidad se dio en
1954 cuando ella abandonó la clínica para trasladarse a África (Uganda), lugar
donde su esposo había aceptado un cargo en un instituto de investigaciones
sociales (http://www.webster.edu/~woolflm/ainsworth.html).
Después de dos años en Uganda, Ainsworth y su esposo se
trasladaron a Baltimore, lugar donde éste había encontrado trabajo como
psicólogo forense. Los resultados de sus investigaciones en Uganda se hicieron
públicos años más tarde, cuando ella se hizo un miembro de facultad en la
Universidad Johns Hopkins, lugar donde tuvo grandes problemas con la
discriminación sexual. A raíz de un cuadro depresivo tras su separación en 1960,
buscó la terapia psicoanalítica, la cual tuvo gran influencia sobre su carrera.
En 1998, la Fundación Americana de Psicología le concedió la Medalla de Oro por
Contribuciones Científicas y fue co-recipiente del primer Premio de Mentoring en
la división de psicología del desarrollo del APA
(http://www.webster.edu/~woolflm/ainsworth.html). Considerada con John Bowlby
como los grandes pioneros en el desarrollo de la teoría del apego, Ainsworth
diseñó una situación experimental para examinar, bajo condiciones de alto
estrés, el equilibrio entre las conductas de apego y de exploración, es decir,
para observar los modelos internos activos “en acción”; este bien reconocido
procedimiento de laboratorio es conocido como la “Situación del Extraño” o
“Procedimiento de la Situación Extraña”.
El trabajo de Ainsworth (Ainsworth, M.D. (1967): Infancy in
Uganda: Infant care and the growth of love. Baltimore: Johns Hopkins University
Press) ponen bien en claro que entre los niños de la tribu ganda, salvo una
pequeña minoría, la conducta afectiva se pone de manifiesto con toda claridad a
los 6 meses de vida, como lo demuestra no sólo el llanto del niño cuando la
madre sale de la habitación, sino el modo en que la saluda cuando regresa, lleno
de sonrisas, con los brazos en alto, y dando grititos de placer (Ainsworth, M.D.
(1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love. Baltimore: Johns
Hopkins University Press; Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona,
Paidós). Según las observaciones de Ainsworth, la edad a la que se desarrolla la
conducta de apego en los ganda no difiere mayormente de la edad a la que se
desarrolla esa conducta entre los niños escoceses, de acuerdo con lo investigado
por Schaffer y Emerson (citados por Bowlby, 1993); en este sentido, Bowlby
(1993) señala: “ambos informes coinciden de modo notable en otros aspectos;
entre ellos, la gran diversidad de edades a las que niños diferentes ponen de
manifiesto por primera vez la conducta afectiva (desde antes ce los 4 meses a
después de los 12); nunca han de olvidarse las amplias variaciones
individuales”.
En sus estudios, Ainsworth advierte que, poco después de que el
bebé comienza a gatear, no siempre permanece junto a la madre. Por el contrario,
realiza varias incursiones alejándose de ella, busca explorar otros objetos y
gentes y, si se le permite, incluso puede alejarse de su campo visual. Pero sus
confiadas incursiones llegan a fin abruptamente de darse una de dos condiciones:
a) si el niño se siente aterrorizado o es herido, b) si la madre se aleja de su
lado. Entonces aquél vuele con la progenitora tan rápido como le sea posible,
con signos más o menos evidentes de zozobra, o bien llora desamparado. En niño
ganda más pequeño en quien Ainsworth observó esta pauta de conducta contó 28
semanas de vida. Después de los 8 meses la mayoría de ellos la ponía de
manifiesto (Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona,
Paidós).
En su informe sobre los bebés ganda, Ainsworth (Ainsworth, M.D.
(1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love. Baltimore: Johns
Hopkins University Press) señala que, desde alrededor de los 5 meses, aunque se
dan variaciones entre los niños, éste tiende a llorar cuando la madre deja la
habitación, incluso si hay alguna otra persona con él. Después de los 9 meses
con frecuencia lloran menos, porque entonces les resulta más fácil seguir a la
madre (mejor y mayor actividad motriz). Como era de esperar, la frecuencia del
llanto no sólo varía de un niño al otro sino también según las condiciones
específicas. Por ejemplo, siguiendo a Bowlby (1993), en cualquier hogar puede
observarse que la conducta de un pequeño de doce meses ante la partida de su
madre depende en gran medida del modo en que ésta se moviliza. Una partida lenta
y sin causar alboroto suele despertar pocas protestas, en tanto que en caso
contrario el pequeño suele romper a llorar o quejarse a viva
voz.
Se distinguen 2 tipos de separaciones parento-filiales: las
físicas y las emocionales. Las “separaciones físicas” son aquellas en que por
cualquier causa (enfermedad, viaje, muerte) el niño está físicamente separado de
sus padres por un tiempo variable (entre 24 horas y varios días). Las
“separaciones emocionales” son aquellas en donde puede o no existir separación
física, pero se verifican parámetros observables de desconexión psicológica de
la madre con el bebé (Garelli, J.C. Montuori, E.: Vínculo afectivo
materno-filial en la primera infancia y teoría del attachment. Arch. Arg.
Pediatr, 1997, vol. 95:122-126).
Ainsworth (Ainsworth, M.D. (1967): Infancy in Uganda: Infant
care and the growth of love. Baltimore: Johns Hopkins University Press)
describe más de 12 tipos diferentes de conductas registradas en los bebés
durante su primer año de vida:
1. Interrupción diferencial del llanto cuando se levanta en brazos
al bebé
2. Llanto diferencial ante la partida de la madre
3. Sonrisa diferencial ante estímulos visuales
4. Vocalización diferencial
5. Orientación diferencial visopostural
6. Aproximación diferencial
7. Seguimiento diferencial
8. Respuestas de saludo diferenciales
9. Acciones de treparse y de explorar
diferenciales
10. Acción diferencial de ocultar el rostro
11. Empleo de la madre como base exploratoria
12. Huida hacia la madre en busca de seguridad
13. Aferramiento diferencial
Al analizar sus resultados, ella resalta que para hacer
justicia a los datos obtenidos es preciso utilizar una serie de escalas
diferentes, y no simplemente tratar de clasificar a esos niños en un orden
linear, según la intensidad de su afecto. En este sentido, un elemento que halla
de particular utilidad es el de la seguridad del vínculo afectivo del niño. Por
ejemplo, Ainsworth clasifica como “lleno de seguridad” al niño de 1 año que
explora con bastante liberta en una situación extraña, utilizando a su madre
como “base segura”, que sabe dónde se halla su madre durante su ausencia y que
la saluda a su regreso; no importa que la ausencia de la madre le produzca
preocupación o que pueda soportar su ausencia, no demasiado prolongada, sin
manifestar inquietud. En el extremo opuesto se clasifican los niños “inseguros
de sus afectos”: aquellos que no inician una conducta exploratoria incluso
cuando la madre se halla presente, que experimentan profunda alarma ante la
aparición de un extraño, que se muestran totalmente desorientados e impotentes
en ausencia de la madre y que, a su regreso, tal vez no la saludan (Ainsworth,
M.D. (1967): Infancy in Uganda: Infant care and the growth of love. Baltimore:
Johns Hopkins University Press; Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo.
Barcelona, Paidós). Ainsworth suponía que en condiciones normales la conducta
del niño pequeño hacia la exploración del mundo externo se veía contrarrestada
por el apego que le retenía cerca de la madre. Observó que la madre que era la
que les proporcionaba a los niños la seguridad necesaria para poder explorar el
mundo externo (Cano de Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento
importante en el desarrollo del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS.
2001).
Ainsworth y otros investigadores (Ainsworth, M.D., Blehar,
M.C., Waters, E. y Walls, S. (1978): Patterns of attachment, a psychological
study of the strange situation. Hillsdale, NJ: Erlbaum; Bolwby, J. (1988): A
secure base. New York: Basic Books) denominaron “fenómeno de base segura” a esta
interacción entre el niño y su cuidador y lo postularon como central en la
teoría del apego (Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.: Evaluación de los
estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos
Aires, 2001).
Después de un estudio ulterior de los datos, Ainsworth (Bowlby,
J., 1993. El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós) llegó a la conclusión de que
un indicador particularmente valioso de seguridad podría ser el modo en que el
niño responde a la madre a su regreso tras una ausencia muy breve. Sus datos
sugieren que un niño seguro pone de manifiesto una secuencia organizada de
conductas con corrección de objetivos: después de saludar a la madre y acercarse
a ella, busca que lo tomen en brazos, trata de aferrársele o bien permanece muy
junto a la progenitora. Las respuestas registradas en otros niños son de dos
tipos principales: desinterés por el regreso de la madre, o muestras de zozobra
y, quizás, “rabietas”, sin efectuar ningún esfuerzo organizado por llegar a
ella. El valor del factor seguridad-inseguridad, puntualizado por Ainsworth, es
reafirmado por su descubrimiento de que los niños que en la situación
experimental representan casos extremos también difieren ampliamente en su
conducta en el seno de sus hogares (Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo.
Barcelona, Paidós).
Ainsworth enumera una serie de indicadores de conducta materna
que, a su entender, contribuyen al desarrollo de un vínculo de afecto
caracterizado por su firmeza. Algunos de estos índices son similares a los de
Yarrow (citado por Bowlby, J. (1993). El Vínculo Afectivo. Barcelona, Paidós).
Su listado incluye:
1. contacto físico frecuente y sostenido entre el bebé y la madre,
en especial durante los 6 primeros meses, y habilidad de la madre para apaciguar
a un bebé ansioso sosteniéndolo en brazos;
2. sensibilidad de la madre ante las señales del bebé y, en
particular, su habilidad para sincronizar sus intervenciones de acuerdo con el
ritmo de aquél;
3. ambiente regulado de tal manera que el bebé puede percibir las
consecuencias de sus propias acciones.
4. Deleite mutuo. Otra condición que enumera la investigadora, y
que tal vez sea tanto el resultado de las citadas anteriormente como condición
en sí, es el deleite mutuo que la madre e hijo descubren en su
compañía.
Situación del Extraño (Procedimiento de la Situación
Extraña)
El estudio de las conductas de apego y de la calidad del
vínculo entre madre (o cuidador primario) e hijo se puede realizar a través de
la prueba de la “Situación extraña” diseñada por Mary Ainsworth, basándose en
que las figuras de apego actúan como sustento de la conducta exploratoria y por
tanto las separaciones son seguidas de efectos psicológicos y fisiológicos en el
niño; la autora partía de la hipótesis de que el tipo de respuestas que el niño
mostraba en estas situaciones de laboratorio era consecuencia del estilo en la
interacción madre-hijo en el hogar. Reflejaba en cierta manera, el grado de
disponibilidad materna percibida por el hijo y, en consecuencia, la mayor o
menor seguridad o inseguridad experimentada por el mismo. Es considerado de gran
valor diagnóstico y se usa en la clínica de niños para evaluar la calidad del
vínculo entre ellos y sus madres en los primeros años de vida (Cano de
Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento importante en el desarrollo
del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS. 2001; Rosas Mundaca, M., Gallardo Rayo, I. y
Angulo Díaz, P.: Factores que influyen en el apego y la adaptación de los niños
adoptados. http://www.ucrania.galeon.com/apego_adopcion.pdf; Zan, F.: Avances de
la investigación “Relación entre vínculo temprano y trastornos psiquiátricos.
http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc; Garelli, J.C. Montuori,
E.: Vínculo afectivo materno-filial en la primera infancia y teoría del
attachment. Arch. Arg. Pediatr, 1997, vol. 95:122-126; Oliva Delgado, A. (2004):
Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del
Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81). Aunque la mayoría de observaciones sobre
conductas de apego han tenido lugar sobre niños pertenecientes a la cultura
occidental, la realización de estudios en otras culturas han cuestionado la
validez universal de la Situación del Extraño como procedimiento para evaluar el
apego.
La “situación extraña”, original diseñada por Ainsworth, se
llevó a cabo en un laboratorio experimental. Ainsworth amuebló una pequeña
habitación con tres sillas, dejando un espacio abierto en el medio. Una silla,
en uno de los rincones, era para la madre; otra, frente a ella, para una
desconocida, y una tercera silla, en el extremo opuesto, se destinaba a sostener
una pila de juguetes. Se diseñó la situación de manera tal que fuese lo bastante
novedosa como para excitar el interés del niño, pero no lo bastante novedosa
como para aterrorizarlo. La entrada de una persona desconocida debía ser lo
bastante gradual como para que todo atisbo de temor que pudiese provocar fuese
atribuido a la falta de familiaridad del pequeño con ella, y no a una conducta
abrupta o alarmante (Ainsworth, M.D., Bell, S. M., Stayton, D. J. (1971)
Individual differences in strange situation behavior of one year olds. In H. R.
Shaffer, The origins of human social relations. New York: Academic Press.; Cano
de Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento importante en el desarrollo
del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS. 2001).
El Procedimiento de la Situación Extraña consta de una serie de
episodios experimentales (Ainsworth, M.D., Bell, S. M., Stayton, D. J. (1971)
Individual differences in strange situation behavior of one year olds. In H. R.
Shaffer, The origins of human social relations. New York: Academic Press.),
organizados de manera tal que los menos perturbadores se registraran en primer
lugar; se trataba de situaciones de la vida diaria, similares a muchas otras
experiencias del bebé. Tanto la madre como la desconocida recibían instrucciones
por adelantado sobre los papeles que debían desempeñar. En un episodio
preliminar la madre, acompañada de uno de los observadores, llevaba al bebé a la
habitación; luego partía el observador. Durante la serie total de episodios,
observadores situados detrás de una ventana que permitía la visión en una
dirección única registraban la conducta del bebé, la madre y la desconocida. La
duración aproximada de cada una de las etapas es de tres minutos aproximadamente
(Cano de Escoriaza, J.: La sensibilidad parental: elemento importante en el
desarrollo del vínculo afectivo. INTERPSIQUIS. 2001):
Etapa 1 (madre-niño):
La madre y el niño interactúan de una forma natural. Se evalúa la
exploración del entorno por parte del niño en presencia de la
madre.
Etapa 2 (extraño-madre-niño):
Un extraño entra en la habitación, se sienta silenciosamente
durante un minuto, conversa con la madre en el siguiente minuto (pero sin hablar
ni dirigirse al niño) y, gradualmente, se aproxima entonces al niño (en este
momento, la madre tiene que apartar la mirada de la situación, de manera que no
haya contacto ocular con su hijo, ni asentimientos ni interacciones de ningún
tipo). Al final del tercer minuto, la madre abandona discretamente la
habitación. Se evalúa la respuesta al extraño en presencia de la
madre.
Etapa 3 (extraño-niño):
Si el niño está feliz jugando, el extraño no participa. Si el niño
está inactivo, el extraño intentará interactuar con él utilizando formas
adecuadas como para que el niño se involucre con él. Se evalúa la respuesta del
niño a la separación.
Etapa 4 (madre-niño):
La madre entra, se queda parada en la entrada para dar al niño la
oportunidad de iniciar una respuesta espontánea hacia ella. La madre se comporta
de forma natural, hasta que a los tres minutos se despedirá diciendo “adiós”. Se
evalúa la respuesta del niño al reencuentro.
Etapa 5 (niño solo):
El niño se queda solo, a menos que esté tan estresado que la etapa
tenga que interrumpirse. Se evalúa la respuesta del niño a la
separación.
Etapa 6 (extraño-niño):
El extraño entra y se comporta como en la tercera etapa. Se evalúa
la reacción del niño al extraño, después de la separación.
Etapa 7 (madre-niño):
La madre regresa y el extraño se va. Después de observar la
reunión, la situación se termina. Se evalúa la respuesta del niño al
reencuentro.
Ainsworth y colaboradores (Ainsworth, M.D., Blehar, M. C.,
Waters, E. y Walls, S. (1978) Patterns of attachment, a psychological study of
the strange situation. Hillsdale, NJ: Erlbaum) clasificaron las respuestas
conductuales del niño a la situación extraña en cuatro
tipos:
1. Apego: el niño permanece pegado a la madre o escondido detrás
de ella.
2. Miedo y recelo: llora o se retrae ante la persona extraña;
rechaza el juguete que le ofrece.
3. Conducta exploratoria: el niño muestra interés por el objeto
que le ofrece la persona desconocida y todavía más por la persona extraña (la
interferencia de la conducta exploratoria del niño aumenta su dependencia y
falta de autonomía.).
4. Conducta participativa: el niño busca la relación con el
extraño con sonrisas, vocalizaciones, aproximación, contacto corporal o cogiendo
el objeto que le ofrece esta persona.
En base a estos hallazgos, Ainsworth encontró claras
diferencias individuales en el comportamiento de los niños ante esta situación.
Estas diferencias le permitieron describir tres patrones conductuales que eran
representativos de los distintos tipos de apego establecidos (Oliva Delgado, A.
(2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de
Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81; Rosas Mundaca, M., Gallardo
Rayo, I. y Angulo Díaz, P.: Factores que influyen en el apego y la adaptación de
los niños adoptados. http://www.ucrania.galeon.com/apego_adopcion.pdf; Zan, F.:
Avances de la investigación “Relación entre vínculo temprano y trastornos
psiquiátricos. http://www.enduc.org.ar/comisfin/ponencia/106-11.doc; Díaz
Atienza, J.: Apego y Psicopatología en la infancia. Facultad de Medicina de
Granada. Diciembre – 2003; Brenlla, M.E., Carreras, M.A. y Brizzio, A.:
Evaluación de los estilos de apego en adultos. Facultad de Psicología,
Universidad de Buenos Aires, 2001; Valdés Sánchez, N. (2002): Consideraciones
acerca de los estilos de apego y su repercusión en la práctica clínica. V
Congreso Sudamericano de Investigación en Psicoterapia Empírica y III Encuentro
Psicoterapéutico, organizado por la Society for Psychotherapy Research, el
Comité de Psicoterapia de la Sociedad Chilena de Neurología, Psiquiatría y
Neurocirugía, y la Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Realizado del 8 al 11
de agosto de 2002: Reñaca, Viña del Mar):
1. Niños de apego seguro
Inmediatamente después de entrar en la sala de juego, estos niños
usaban a su madre como una base segura a partir de la que comenzaban a explorar
(se muestran seguros mientras permanece la “base de seguridad”). Cuando la madre
salía de la habitación, su conducta exploratoria disminuía y se mostraban
claramente afectados (presentan ansiedad durante la separación). Su regreso les
alegraba claramente y se acercaban a ella buscando el contacto físico durante
unos instantes para luego continuar su conducta exploratoria. Existe una
confianza por parte del niño hacia sus padres (o figuras parentales), quienes
serán accesibles, sensibles a las señales del niño y colaboradores cuando el
infante se encuentre en situaciones adversas o amenazantes. Esto le permitirá
explorar el mundo con seguridad y confianza. La regulación afectiva es adecuada
cuando el niño se recupera fácilmente del estado sobreexcitado de ansiedad, y
mantienen una percepción positiva tanto de sí mismos como de los otros,
mostrándose bien predispuestos para poder acercarse e involucrarse afectivamente
con otros. Se sienten cómodos con la intimidad y la autonomía. El apego seguro
se da cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y
atención a las señales de éste. En el dominio interpersonal tienden a ser más
cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el intrapersonal
suelen ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo.
Este modelo ha sido encontrado en un 65-70% de los niños observados en distintas
investigaciones realizadas en USA (Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la
teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del
Adolescente, 4 (1); 65-81).
2. Niños de apego inseguro-evitativo
Se trataba de niños que se muestran bastante independientes, y
desde el primer momento comienzan a explorar e inspeccionar los juguetes, aunque
sin utilizar a su madre como base segura, ya que no la miran para comprobar su
presencia, sino que la ignoran. Cuando la madre abandona la habitación no
parecen verse afectados y tampoco buscan acercarse y contactar físicamente con
ella a su regreso (aparentan estar menos ansiosos por la separación). Incluso si
su madre buscaba el contacto, ellos rechazan el acercamiento (no demuestran más
preferencia por el cuidador que por un extraño). Debido a esta conducta
independiente, su conducta en principio puede interpretarse como saludable. Sin
embargo, Ainsworth intuyó que se trataba de niños con dificultades emocionales;
su desapego era semejante al mostrado por los niños que habían experimentado
separaciones dolorosas. Esta conducta se da cuando el cuidador deja de atender
constantemente las señales de necesidad de protección del niño, lo que no le
permite el desarrollo del sentimiento de confianza que necesita. Se sienten
inseguros hacia los demás y esperan ser desplazados sobre la base de las
experiencias pasadas de abandono. El niño desconfía de que sus padres le
entregarán la ayuda necesaria o requerida por él y tiene la convicción de que en
este intento no será apoyado por ellos; así, el niño intenta ser una persona
emocionalmente autosuficiente, no buscando el amor ni el apoyo e otras personas.
En definitiva, no tolera la distancia de la madre y la proximidad no desactiva
las conductas de apego. Las personas evitativas otorgan importancia a la
realización personal y la auto-confianza a costa de perder la intimidad con
otros. Defensivamente, desvalorizan la importancia de los vínculos afectivos.
Estos niños suponen el 20% del total de niños estudiados en USA (Oliva Delgado,
A. (2004): Estado actual de la teoría del apego. Revista de Psiquiatría y de
Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1); 65-81).
3. Niños de apego inseguro-ambivalente
Estos niños se muestran tan angustiados y preocupados por el
paradero de sus madres que apenas exploran. Pasaban un mal rato cuando ésta sale
de la habitación y ante su regreso se muestran ambivalentes y oscilantes:
vacilaban entre la irritación, la resistencia al contacto, el acercamiento y las
conductas de mantenimiento de contacto. Este tipo de apego se da cuando el
cuidador está física y emocionalmente disponible sólo en ciertas ocasiones (el
cuidado es inconsistente, existe sensibilidad y calidez en algunas ocasiones, y
frialdad e insensibilidad en otras), lo que hace al individuo más propenso a la
ansiedad de separación y al temor de explorar el mundo. Diversos estudios
realizados en distintas culturas también han encontrado relación entre el apego
inseguro-ambivalente y la escasa disponibilidad de la madre. No tienen
expectativas de confianza respecto a la disponibilidad y respuesta de sus
cuidadores, debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales. Es
evidente un fuerte deseo de intimidad, si bien también tienen una sensación de
inseguridad respecto a los demás. Estos niños suponen el 10% del total de niños
estudiados en USA (Oliva Delgado, A. (2004): Estado actual de la teoría del
apego. Revista de Psiquiatría y de Psicología del Niño y del Adolescente, 4 (1);
65-81).
4. Niños de apego inseguro
desorganizado/desorientado
Aunque los tres tipos de apego descritos por Ainsworth han sido
los considerados en la mayoría de las investigaciones sobre apego, hoy día
también se considera la existencia de un cuarto tipo de apego denominado
inseguro desorganizado/desorientado que recoge algunas de las características de
los dos grupos de apego inseguro descritos, y que inicialmente eran considerados
como inclasificables (Main, M. y Solomon, J. (1986). Discovery of a new,
isecure-disorganized/disoriented attachment pattern. En T.B. Brazelton y M.
Yogman (Eds.), Affective development in infancy. Norwood, NJ: Ablex.). En este
grupo se ubican los niños que muestran la mayor inseguridad. Cuando se reúnen
con su madre tras la separación, estos niños muestran una variedad de conductas
confusas y contradictorias; así, pueden mirar hacia otro lado mientras son
sostenidos por la madre, o se aproximan a ella con una expresión triste y
monótona. La mayoría de ellos comunican su desorientación con una expresión de
ofuscación; algunos lloran de forma inesperada tras mostrarse tranquilos, o
adoptan posturas rígidas y extrañas o movimientos estereotipados
(inmovilización, golpeteo con las manos, golpeteo con la cabeza, deseo de
escapar de la situación aún en presencia de los cuidadores), y conductas
aparentemente no dirigidas hacia un fin, dando la impresión de desorganización y
desorientación. Se considera que para tales niños el cuidador ha servido como
una fuente tanto de temor como de reaseguramiento, consecuencia de lo cual la
activación del sistema conductual del apego produce intensas motivaciones
conflictivas. No es de extrañar que una historia de severa desatención o de
abuso sexual o físico esté asociada a menudo con este patrón.
Fases del duelo
La primera fase del duelo sería la del "aturdimiento", que ocurre inmediatamente después de oír la pérdida o minutos más tarde, y duraría de unas horas a pocos días. Este aturdimiento debe ser visto como adaptativo, ya que actúa como una barrera psicológica y física al dolor inmediato y capacita al deudo para la realización de los rituales correspondientes.
En la segunda fase, de búsqueda y anhelo, el aturdimiento da gradualmente paso a un componente de búsqueda y anhelo por el difunto. La característica de este comportamiento es la de una hiperactividad psicomotora, incapacidad para concentrarse en cualquier otra cosa que no sea la persona perdida, rumiaciones alrededor de la muerte junto a una pérdida de interés en otras cosas y personas. Las llamadas por Parkes "punzadas" ("pangs") serían episodios de dolor psicológico y ansiedad grave, semejantes a las oleadas descritas por Lindemann.
Durante la tercera fase, depresión, una vez que las intensas punzadas del duelo desaparecen-y cuando se reconoce que el comportamiento de búsqueda es infructuoso y el enojo pierde potencia-, predominan sentimientos de apatía y desesperación. El individuo es forzado a aceptar un cambio en su mundo supuesto en un intento de sobrevivir.
La cuarta y última fase, la recuperación, viene cuando las viejas suposiciones y los modos de pensar previos son abandonados. Hasta entonces, el individuo no es libre de empezar de nuevo.
Con Parkes, y posteriormente con Sanders, se da el primer paso en una comprensión integrativa y ecléctica del duelo.
C.M. SANDERS
Utilizando como base las teorías de los autores precedentes, y su propia investigación empírica ("The Tampa Bereavement Study"), construye su "Teoría integrativa del duelo" .
El elemento central de esta teoría es el hecho de que cada fuerza psicológica que opera durante el proceso del duelo tiene también un fundamento biológico que determina el bienestar físico del individuo; tiene en cuenta factores de la personalidad que influyen en los patrones del duelo, y considera además variables "moderadoras internas" (edad, fuerza del ego, sexo, apego al difunto, relaciones de ambivalencia y dependencia, funcionamiento físico actual) y "externas" (sistemas de apoyo social, circunstancias y características de la muerte y del muerto, situación socio-económica, religiosidad, muerte estigmatizante, crisis concurrentes). Por otra parte, aporta el concepto de "motivación"; esto es, lo que hace que el deudo se mueva de una fase a la otra a pesar de lo doloroso del asunto.
Como otros autores, divide el duelo en 5 fases - cada una con un grupo de respuestas orientativas- cuya dinámica no representa un patrón inflexible. Por el contrario, el deudo se movería hacia adelante y hacia atrás cuando las circunstancias o la necesidades lo requieran, y ocasionalmente permaneciendo en una fase y otra por algún tiempo.
Sanders ve el duelo como un estado de progresión hacia la resolución y homeostasis, como adaptativo más que debilitativo, como crecimiento más que regresión. El "continuum" del duelo variaría desde "mucho", "muy largo", hasta "poco", "muy corto".
La decisión de sobrevivir no es, sin embargo, el final del proceso del duelo; sólo cuando el individuo ha alcanzado un nuevo nivel de funcionamiento, incorporando los cambios necesarios, se puede decir que el individuo ya está listo para empezar de nuevo -resolución del duelo-, una nueva persona, una nueva vida. La duración del proceso total del duelo, propia para cada individuo y sujeta a diversas variables, tomaría habitualmente hasta 3-4 años.
Las 5 fases del duelo descritas por Sanders, cada una con sus propias características, síntomas físicos y aspectos psicológicos particulares (ver diagrama 1), persisten al clínico orientar sus aproximación y situar al deudo en la dinámica del duelo. La flexibilidad de su postura y la comprensión integral de sus conceptos hacen de esta un instrumento útil a toda aproximación al seguimiento del duelo, la aflicción y el luto por parte de aquellos que se ven involucrados en el cuidado y atención del enfermo moribundo y su familia.
Diagrama 1 - Aproximación Integral al Duelo
Fase 1: Shock o Aflicción aguda
Características
Incredulidad, confusión, inquietud, sentimientos de irrealidad, regresión e impotencia: estado de alarma
Síntomas Físicos
Sequedad de boca y mucosas, respiración suspirante, debilidad muscular, llanto, temblor incontrolable, perplejidad, trastornos del sueño, pérdida del apetito, manos frías y sudorosas, náuseas, bostezos
Aspectos Psicológicos
Fenómeno egocéntrico, preocupaciones con pensamientos del muerto, distanciamiento psicológico
Fase 2: Conciencia de la Pérdida
Características
Ansiedad de separación, conflictos, expectativas emocionales impulsivas, estrés prologado
Síntomas Físicos
Añoranza, llanto, cólera, culpa, frustración, vergüenza, trastornos del sueño, temor a la muerte
Aspectos Psicológicos
Irritabilidad, comportamiento de búsqueda, incredulidad y negación, sintiendo la presencia, ensoñación
Fase 3: Conservación/Aislamiento
Características
Aislamiento, desesperación, apoyo social disminuido, desamparo, impotencia
Síntomas Físicos
Debilidad, fatiga, necesidad de sueño, depresión del sistema inmune
Aspectos Psicológicos
Patrón de hibernación mantenida, repaso obsesivo, trabajo de duelo, punto de retorno
Fase 4: Cicatrización
Características
Punto de retorno, asumir el control, re-estructurar la identidad, abandono de roles
Síntomas Físicos
Curación física, incremento de la energía, restauración del patrón de sueño y del sistema inmune
Aspectos Psicológicos
Perdonando, olvidando, búsqueda de significado, cerrando el círculo, esperanza
Fase 5: Renovación
Características
Nuevo sentido de autocompasión, aceptación de responsabilidades, "aprender a vivir sin"
Síntomas Físicos
Revitalización, estabilidad funcional, suministro de las propias necesidades físicas
Aspectos Psicológicos
Viviendo para sí mismo, reacciones de aniversario, soledad, "alargando la mano", tiempo para el procesamiento del duelo
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