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Ignacio Ramonet
Director de 'Le Monde Diplomatique'
Publicado en la página 23 de la edición
impresa del 24 de marzo de 2003.
¿Cuáles son las causas verdaderas de
la actual agresión contra Irak? ¿Qué objetivos persigue exactamente la
Administración de George Bush? Los argumentos oficiales esgrimidos por
Washington para desencadenar este conflicto no son convincentes. Por eso la ONU
no ha autorizado el uso de la fuerza contra el régimen de Bagdad. Estamos ante
una guerra ilegal y al invadir Irak, Estados Unidos se ha convertido, de hecho,
en un Estado delincuente.
LOS ARGUMENTOS DE LA AGRESIÓN: Los argumentos
oficiales para atacar Bagdad fueron definidos por el presidente en su
intervención ante la Asamblea General de la ONU el 12 de septiembre del 2002. En
lo esencial, se resumen en cuatro: Irak no ha respetado 16 resoluciones del
Consejo de Seguridad; posee armas de destrucción masiva; comete violaciones de
los derechos humanos y tiene vínculos con organizaciones terroristas. Después de
los atentados del 11 de septiembre del 2001, el presidente Bush se rodeó de una
camarilla de ideólogos muy influenciados por ideas a la vez fundamentalistas
religiosas y lindantes con la extrema derecha. Constituyen una extraña mezcla de
fundamentalistas cristianos y de fanáticos proisraelís. Como consecuencia del
trauma de los atentados, considerados como un "acontecimiento catalizador", este
grupo de halcones ha adquirido una enorme influencia sobre el presidente. Ellos
han diseñado la guerra contra Irak.
LA CAMARILLA BELICISTA: ¿Quiénes son
esos halcones? Los principales son cuatro: el vicepresidente, Richard Cheney, el
secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, el número dos del Pentágono, Paul
Wolfowitz, y el presidente del Defense Policy Board, Richard Perle (apodado El
príncipe de las tinieblas).
Estos cuatro halcones constituyen --junto con
Condoleeza Rice la consejera de Bush para cuestiones de seguridad y, en cierta
medida, Colin Powell, secretario de Estado-- el verdadero gabinete de guerra.Son
cuatro hombres peligrosos. Con una paradójica particularidad: ninguno ha
participado nunca en ninguna guerra. Todos se las arreglaron para evitar ir a
Vietnam. A finales de los años 80 ya estaban reunidos en torno al presidente
Bush padre. Y ellos fueron los primeros en teorizar, 15 años después del final
de la guerra de Vietnam, que tanto había traumatizado a los norteamericanos, el
recurso a la guerra como instrumento de política exterior.
EL PRECEDENTE
DE PANAMÁ: La primera gran aventura militar de este cuarteto infernal fue la
invasión de Panamá en diciembre de 1989, sin autorización de la ONU y ni
siquiera del Congreso norteamericano. Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz y Perle (con
Colin Powell de jefe de Estado Mayor del Ejército) imaginaron de cabo a rabo la
operación Causa Justa, que ya entonces consistía en invadir militarmente Panamá,
derrocar al autócrata Noriega y "restaurar la democracia" colocando en el poder
a su protegido Guillermo Endara. Estos cuatro halcones imaginaron el guión que
consistía en lanzar primero una intensa campaña mediática para demonizar a
Noriega (ex agente a sueldo de la CIA), calificándolo de "traficante de droga",
"verdugo de su pueblo", "pornógrafo", "adepto de la brujería vudú" y, claro
está, "dictador adicto a la tortura y violador de los derechos humanos". Una vez
la opinión publica preparada, se produjo el ataque repentino, masivo y sin
testigos. La prensa no fue avisada de la ofensiva, y unos comandos
norteamericanos abatieron, el 21 de diciembre de 1989, a Juantxu Rodríguez,
fotógrafo español del diario El País, por curioso. Se recurrió a los comandos
especiales de las bases militares de la Zona del Canal, que aún era entonces
posesión de Estados Unidos. Se utilizaron, por primera vez, los aviones furtivos
F-117A Stealth (esos mismos que bombardearon Bagdad el primer día de la actual
ofensiva), los cuales queriendo alcanzar --para decapitar el régimen-- el
cuartel general de Noriega en Ciudad de Panamá bombardearon por error el barrio
popular del Chorrillo, causando cerca de 2.000 muertos civiles inocentes. Se
inauguraban así los que luego, con hipócrita eufemismo, los medios calificarían
de daños colaterales. La ONU condenó esta agresión, pero el embajador de Estados
Unidos hizo uso de su derecho de veto.
Ese equipo de halcones, después de
la victoria de Panamá, había demostrado que la guerra no era una opción de alto
riesgo sino un método aceptable de regulación diplomática. Estos cuatro hombres
duros habían conseguido lo que se proponían: devolverle a las fuerzas armadas su
caracter de herramienta fundamental de la política exterior de una
archipotencia. A partir de ahora, el superpoderío militar de Estados Unidos
estaría al servicio de un proyecto de dominación imperial del
planeta.
Estos mismos halcones fueron quienes planearon la guerra del
Golfo en 1991, y se quedaron muy frustrados porque el presidente Bush padre,
obedeciendo a la ONU y a las recomendaciones de sus aliados de entonces, no
permitió a las tropas proseguir su ofensiva hasta Bagdad.
EL ORIGEN DE LA
GUERRA PREVENTIVA: Durante los años de Bill Clinton (1992-2000), los halcones se
refugiaron en universidades o centros de estudios donde siguieron defendiendo y
afinando sus tesis. El más duro de los cuatro, Paul Wolfowitz, apodado el
Velociraptor , expuso, en un memorando publicado en 1992, las principales
conclusiones políticas que sacaba de la guerra del Golfo. Afirmaba Wolfowitz,
hace ya 10 años, y mucho antes de los atentados del 11 de septiembre del 2001,
la necesidad de pasar a la "guerra preventiva", de atacar directamente a los
estados gamberros como Corea del Norte, Irán e Irak, y de hacerlo sin demora
porque la desaparición de la Unión Soviética permitía a Estados Unidos
aprovechar la ocasión. Insistía en que Washington no debía limitarse a
administrar las crisis y a gestionarlas a medida que estallaban, sino a tomar la
iniciativa, por vía militar, para redibujar las fronteras y reorganizar el
mundo.
LOS OBJETIVOS DEL ATAQUE CONTRA IRAK: Ellos son los que han
convencido al presidente Bush de atacar Irak. Con los objetivos siguientes:
Aportar una respuesta concreta al ataque del 11 de septiembre, aunque no se haya
podido demostrar que hay el menor vínculo entre Sadam Husein y Osama bin Laden.
La opinión pública reclama venganza, el 55% de los norteamericanos piensan que
Irak participó de alguna manera en los atentados, y se les va a satisfacer
atacando a Bagdad.
Recuperar el control del conjunto del golfo Pérsico,
territorio donde se hallan las dos terceras partes de las reservas conocidas de
petróleo, elemento fundamental del crecimiento económico de los países
desarrollados. El ataque contra Irak podría presagiar otro, mas tarde, contra
Irán, con el mismo objetivo petrolero pero ampliado esta vez hasta el Mar
Caspio.
Proteger a Israel contra un improbable ataque iraquí y favorecer
las condiciones geopolíticas para una mejor inserción del Estado judío en la
región, dándose por descontado que la cuestión palestina hallará mas fácilmente
solución en un Oriente Próximo controlado militarmente por Washington e
Israel.
Establecer una democracia en Irak con el propósito de extender
luego este tipo de régimen político a Oriente Próximo.
Influenciados sin
duda por la propaganda dominante, algunos expertos pretenden que Washington va
en efecto a intervenir no sólo en Irak sino, de paso, en el conjunto de la
región para desembarazarla por fin de todas las dictaduras que por allí hay. La
liquidación de Sadam Husein sería solo el botón de muestra. Y por eso nos
invitan a aplaudir esta "guerra por la democratización del mundo árabe". En
cierto modo, nos dicen, el fin (la democracia por venir) justificaría los medios
(la guerra preventiva y las víctimas inocentes).
LA HISTORIA OBLIGA A
DESCONFIAR: Este cuento de hadas no lo puede creer nadie ya que Estados Unidos
ha sembrado dictaduras por doquier. Principalmente en América Central y el
Caribe, en donde pocos han olvidado las sangrientas tiranías de Pérez Jiménez en
Venezuela, de Batista en Cuba, de Trujillo en la República Dominicana, de
Duvalier en Haití, de Somoza en Nicaragua, de Ríos Montt en Guatemala, de
Stroessner en Paraguay, de Videla en Argentina y de Pinochet en Chile, por citar
sólo algunas de las más memorables.
Pero, en el propio Oriente Próximo,
el proyecto de establecer una democracia en Irak resulta muy poco creíble puesto
que Estados Unidos es el padrino de las peores dictaduras de la región y nunca
ha hecho nada en estos países para alentar el establecimiento de
democracias.
Washington apoya, desde hace decenios, algunas de las más
espantosas autocracias: Egipto (que vive en estado de sitio desde hace 22 años y
es uno de los países que más presos políticos tiene en el mundo, más de 20.000),
Arabia Saudí (foco principal del islamismo radical), los Emiratos del Golfo,
Pakistán (protector durante años de los talibanes), Uzbekistán... El argumento
propagandístico es excelente: morir por la democracia. La realidad, mucho más
prosaica: conquistar el petróleo iraquí y proteger a Israel.
LA
INDEPENDENCIA DE EUROPA: Esta hipocresía y los peligros que conlleva la
conquista por un país occidental de un Estado musulmán en el contexto actual han
sido denunciados por Francia y Alemania. En realidad, pocos esperaban tanta
muestra de independencia de Europa frente al Gran Hermano yanqui. Basta con ver
cómo, desde el primer minuto, el Reino Unido, Italia y España se precipitaron a
postrarse ante el amo de Washington en humillante gesto de vasallaje. Al
principio, en la propia Francia, muchos pensaron que la actitud de Chirac era
una mera gesticulación, una actitud simpática pero sin trascendencia, destinada
a la opinión pública interna. Se creía que, a la primera exigencia seria de
Washington, el soberanismo se desvanecería. Se estimaba que la fecha límite para
la resistencia francesa era la de la presentación de las pruebas contra Irak por
Colin Powell en la ONU. Pero no fue así. París declaró que nada había cambiado,
que las pruebas no eran convincentes, y contraatacó proponiendo duplicar o
triplicar el numero de inspectores de la ONU en Irak. Luego vino el veto en la
OTAN y la declaración de Putin que alineaba a Rusia con las posiciones
franco-alemanas.
A partir de entonces, todos comprendimos que la
resistencia de París iba en serio. Y París y Berlín crearon una dinámica
internacional que, con el apoyo explícito de Moscú y Pekín, pasaba por la
amenaza del derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Todo eso produjo el
mayor descalabro diplomático que jamás haya conocido Washington, a quien se le
negó la autorización explícita de usar la fuerza contra Bagdad. Tal firmeza no
ha impedido la guerra. El presidente Bush la deseaba y sabíamos que la haría.
Pero el contexto internacional se ha modificado completamente. En primer lugar,
se ha puesto fin al unilateralismo dominante que transformaba a Estados Unidos
en la hiperpotencia hegemónica del mundo. Y ha aparecido, a escala planetaria,
un contrapeso --no hostil-- constituido por el cuadrilátero inédito
París-Berlín-Moscú-Pekín.
ESTADOS UNIDOS, FUERA DE LA LEY: No por ser una
archipotencia se esta fuera de toda ley. Desde el punto de vista del derecho
internacional, Estados Unidos es hoy por hoy un Estado delincuente, que está
llevando a cabo una agresión ilegal contra un país soberano y miembro de
Naciones Unidas. Las familias de todas las víctimas inocentes de esta agresión
pueden reclamar ante el Tribunal Penal Internacional y ante algunas
jurisdicciones nacionales (Bélgica por ejemplo) la condena de este agresor y las
indemnizaciones correspondientes.
Convertido en el malo de la película,
es posible que Washington considere que la ONU ha dejado de estar bajo su
control. Después de su victoria militar en Irak, podría amenazar con retirarse
de las Naciones Unidas. Eso significaría el fin del sistema internacional creado
después de la segunda guerra mundial. Y entraríamos entonces en territorio
desconocido.