Para Diamond (2001) el mayor punto de discordancia entre Bowlby y Freud es que el primero va a criticar fuertemente el viraje que dio Freud en 1897 (Freud, 1897). Para Bowlby el darle prioridad a la realidad psíquica sobre la realidad externa fue teóricamente incorrecto y clínicamente improductivo. Como psiquiatra comprometido en el trabajo con familias y niños, observó el impacto de los problemas parentales sobre los hijos, llegando a la conclusión de que lo más importante, a nivel etiológico, era la interacción entre el individuo y su entorno.

De esta forma, Bowlby propicia un retorno, con variantes, a la primera teoría de la neurosis de Freud, la teoría traumática, que tanta importancia le otorgaba a las experiencias en la génesis de los síntomas. Dentro de su teoría, las experiencias fueron redefinidas en términos informacionales (Juri, 2001).

Sin embargo, es importante tener en cuenta que, como afirma Fonagy (2001), tanto Freud como Bowlby empezaron el recorrido de su obra con la preocupación de las consecuencias psicológicas ante deprivaciones significativas tempranas. Pero, mientras que Bowlby siguió está línea investigando sobre las deprivaciones reales dentro de un contexto psicológico, social y biológico, Freud abandonó su hipótesis de la seducción originaria a favor de su segundo modelo en donde enfatizó la teoría del desarrollo psicosexual. A pesar de esto, Freud nunca suprimió su teoría de la seducción. Por ejemplo, en la 23ª Conferencia de Introducción al Psicoanálisis afirma que “Particular interés presenta la fantasía de la seducción, aunque sólo sea porque a menudo no es una fantasía sino un hecho real” (Freud, 1917, p.337). En textos posteriores, como Sobre la Sexualidad Femenina (1931) y Moisés y la religión Monoteísta (1939) Freud va a volver a aportar puntos de vista similares a los de la teoría de la seducción. Para Fonagy (2001) la diferencia crucial que existe entre el realismo naïve de las primeras teorías de Freud y la epistemología de Bowlby, descansa en la atención que Bowlby (1980) le dio a la representación de las experiencias. Esto refuta cualquier sugerencia respecto a que la teoría de Bowlby representa un retorno a la teoría reduccionista del modelo del trauma. El cambio que Freud dio de su teoría de la seducción traumática a su modelo topográfico, representa un cambio de una percepción de la realidad reduccionista, de un ambientalismo extremo, hacia un idealismo en donde los fenómenos son principalmente vistos como productos de la mente, carentes de una relación actual con la realidad. Punto de vista con el que no concuerda Bowlby.

 

En el capítulo I de El vínculo afectivo (1969) el mismo Bowlby trata de ubicar su perspectiva dentro del psicoanálisis exponiendo las afinidades y diferencias que él considera existen entre sus postulados y los de Freud.

Bowlby retoma que, para Freud, el concepto de trauma es un tema central dentro de los factores causales de la neurosis. Esto aparece tanto en sus primeras formulaciones como en las últimas. De esta forma, en trabajos como “Moisés y la religión Monoteísta” (1939) y “Esquema de Psicoanálisis” (1940) dedica varias páginas a discutir la naturaleza del trauma, el rango de edad en el que el individuo es especialmente vulnerable, los tipos de acontecimientos potencialmente traumáticos y los efectos que parecen tener en el desarrollo de la psique. Freud concluye que el trauma está en función de la interacción entre: el acontecimiento en sí mismo y la constitución del individuo que lo experimenta. Cuando una experiencia evoca una reacción patológica inusual se debe a que la persona ha sido expuesta a cantidades de excitación mayores de las que es capaz de afrontar.

Con respecto a los factores constitucionales, Freud (1939) plantea que dependiendo del individuo variará la capacidad de responder a la demanda “con facilidad se puede formular el argumento de que en cierta constitución producirá el efecto de un trauma algo que en otra no lo tendría” (p. 70). Al mismo tiempo, habla de la existencia particular de un periodo en la vida, los primeros 5 o 6 años, en los que todos los individuos tienden a ser vulnerables. Freud cree que la razón de ello se debe a que en esta edad el yo “todavía es endeble, inacabado e incapaz de resistencia” (1940 p. 185). En consecuencia, no es de extrañarse que el yo durante esta época fracase ante tareas que más tarde podría resolver con la mayor facilidad utilizando los recursos de la represión y escisión. Freud considera que estas son las razones por las que “Al parecer, únicamente en la niñez temprana (hasta el sexto año), pueden adquirirse neurosis, si bien es posible que sus síntomas sólo mucho más tarde salgan a la luz” (1940 p. 184).

Freud al referirse a la temprana infancia tiene en mente varios años: en Moisés y la religión Monoteísta se refiere a los primeros cinco y en Esquema de Psicoanálisis a los primeros seis. Dentro de este intervalo, él piensa que “el período entre los dos y los cuatro años aparece como el más importante” (Freud, 1939 p.71). Los primeros meses no aparecen de forma especial en su descripción e incluso plantea que no está seguro de su significación “no se puede establecer con certeza el momento, a partir del nacimiento, en que se inicia este periodo de receptividad” (Freud, 1939 p.71).

 

Bowlby aboga que sus postulados respecto al apego encajan adecuadamente dentro de esta teoría etiológica. La separación del niño de la madre puede ser contextualizada como una experiencia traumática en concordancia con la definición propuesta por Freud en términos de sus condiciones causales y sus consecuencias psicológicas. Con respecto a las primeras, es sabido que la separación del infante de la madre en escenarios extraños provoca estrés durante un periodo prolongado de tiempo, lo cual concuerda con la hipótesis freudiana de que el trauma aparece cuando el aparato mental recibe una excesiva carga de excitación. Con respecto al segundo punto, los cambios psicológicos que suelen seguir ante el estrés prolongado sufrido por la separación son: la represión, escisión y negación, siendo precisamente estos los procesos defensivos que Freud planteó como resultados del trauma.

Además, el periodo en el que el sujeto es más vulnerable a la separación con la figura de apego coincide con el periodo de la infancia que Freud postuló como especialmente vulnerable, aunque es importante destacar que Bowlby  sí escribe sobre cómo se va formando e influyendo el vínculo desde que nace el bebé.

 Bowlby (1969) concluye planteando que el agente etiológico elegido por él puede ser visto como un ejemplo particular de la clase de acontecimientos que Freud concibió como traumáticos. No obstante, es importante considerar que, aunque la separación de la figura de apego podría encajar adecuadamente con la teoría del trauma, Freud sólo en raras ocasiones contextualizó la separación o pérdida en la temprana infancia como fuente de trauma. Cuando Freud habló en sus últimos escritos respecto a las situaciones potencialmente traumáticas utilizó términos muy generales y abstractos para describirlos, por ejemplo, en Moisés y la Religión Monoteísta (1939) únicamente mencionó que el trauma “Se refiere a impresiones de naturaleza sexual y agresiva, y por cierto que también a daños tempranos del yo (ofensas narcisistas)” (p. 71). Aunque las separaciones tempranas, con toda certeza, pueden ser contextualizadas como ofensas al yo, resulta incierto si está es la visión que Freud tenía en mente cuando escribió su artículo.

Otro punto en común es que el mismo Freud, al tratar de explicar el sentimiento oceánico en la actitud religiosa, reconoció el papel clave que juega la necesidad del infante de sentirse protegido por el cuidador primario “No se puede indicar en la infancia una necesidad de fuerza equivalente a la de recibir protección del padre” (Freud, 1930, p.73). Aspecto con el cual coincide la teoría del apego al señalar que la meta del sistema de conducta del apego es la proximidad física o el sentirse seguro, protegido (Ainsworth & Bowlby, 1991).

 

Con relación a las diferencias entre sus ideas y las de Freud, Bowlby (1969) plantea que pese a que Freud en su búsqueda de encontrar explicaciones siempre se refirió a la infancia, casi nunca basó su propia información en la observación directa; como resultado de ello la mayoría de los conceptos psicoanalíticos sobre la primera infancia se han obtenido por medio de un procedimiento de reconstrucción histórica basada en la información obtenida por adultos. Ante esto Bowlby hará un cambio de perspectiva radical, el punto de partida ya no será los síntomas que están causando perturbaciones, sino el acontecimiento o experiencia considerado potencialmente patológico para el desarrollo de la personalidad, el trabajo es entonces prospectivo y ya no retrospectivo.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que fue el mismo Freud quien también habló de las limitaciones del método retrospectivo, por ejemplo, en su trabajo Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina (1920b) en el apartado IV plantea que “Durante todo el tiempo en que perseguimos el desarrollo desde su resultado final hacia atrás, se nos depara un entramado sin lagunas, y consideramos nuestra intelección acabadamente satisfactoria, y quizás exhaustiva. Pero si emprendemos el camino inverso, si partimos de las premisas descubiertas por el análisis y procuramos perseguirlas hasta el resultado, se nos disipa por completo la impresión de un encadenamiento necesario, que no pudiera determinarse de ningún otro modo.... De este modo, la causación en el sentido del análisis puede reconocerse con certeza en todos los casos, pero su previsión en el sentido de la síntesis es imposible” (p.160).

Los roles complementarios en psicoanálisis de los estudios retrospectivos y prospectivos, de hecho, son sólo una instancia especial de la complementariedad de roles de otras esferas de conocimiento: la del método de las ciencias sociales con las naturales. Mientras que el método histórico siempre será el método principal utilizado en el consultorio, para efectos de investigación se puede y de hecho es aconsejable utilizar métodos que incluyan el planteamiento de hipótesis, deducciones predictivas y pruebas.

De este modo, en lugar de obtener solamente la información durante el tratamiento psicoanalítico con el paciente, Bowlby (1969) abogará también por la búsqueda de esta información en la observación directa del comportamiento de los infantes en situaciones experimentales y de la vida real. Para Bowlby, cuando los niños son observados en situaciones que derivan en ansiedad o estrés es posible obtener información sumamente relevante para muchos conceptos centrales en la disciplina: amor, odio y ambivalencia; seguridad, ansiedad y duelo; desplazamiento, escisión y represión.

 

Aunque Freud raramente basó sus postulados en la observación directa, en una o dos ocasiones que lo hizo esto resultó clave para el desarrollo de su teoría. Ejemplo de ello es la observación del juego del niño con el carrete en el que basa mucho de su argumentación en Más allá del principio del placer (1920a) y en Inhibición, Síntoma y Angustia (1926) en donde, al tratar de dar una nueva explicación a las conclusiones contradictorias respecto a la angustia, busca y encuentra “tierra firme” en cómo los niños se comportan cuando se quedan solos, en la oscuridad, o con extraños (p. 129). Por otra parte, también es importante rescatar que en Tres ensayos sobre la teoría sexual (1905) explícitamente recomienda la observación directa infantil como complemento a la investigación psicoanalítica.

Vinculado con la importancia que le da Bowlby a la observación directa y a los estudios prospectivos está su creencia respecto a que la teoría debería ser sometida a pruebas empíricas para ser verificada, una idea considerada revolucionaria entre los psicoanalistas en ese tiempo y que hoy en día, en ciertos círculos, aún causa revuelo (Osofsky, 1995). Sin embargo, gracias a este énfasis es que la teoría del apego ha tenido tanto auge dentro de las investigaciones actuales en donde, por ejemplo, retomando las evaluaciones hechas a través de la Situción Extraña (SE) y la Entrevista del Apego en el Adulto (EAA), se ha logrado dar un fuerte sustento empírico a postulados de la teoría del apego y del psicoanálisis (Van IJzendoorn, 1995).

Un punto importante en el que difiere Bowlby del psicoanálisis tradicional es que se basa fuertemente en el modo en que miembros de otras especies responden a situaciones similares de presencia o ausencia de la madre, tomando, de este modo, un amplio rango de nuevos conceptos de la etología. Sin embargo, con relación a ello Freud en Esquema de Psicoanálisis (Freud, 1940) expresa que “Este esquema general del aparato psíquico habrá de considerarse válido también para los animales superiores, semejantes al hombre en lo anímico” (p. 145). Y se puede apreciar cierto sentimiento de lamentación cuando concluye “La psicología animal no ha abordado todavía la interesante tarea que esto le plantea” (p. 145). Los estudios de conducta animal aún tienen un largo camino para poder iluminar los tipos de procesos y estructuras que Freud tenía en mente. Pero de todos modos, durante los años transcurridos desde la publicación de Esquema de Psicoanálisis (1940), los estudios que se han hecho de conducta animal difícilmente hubieran fracasado en atraer la atención e interés de Freud.

 

Con relación a las contribuciones de Bowlby sobre el apego infantil a la madre, en su artículo La naturaleza del lazo entre el niño y la madre (1958) va a mencionar las diferencias y similitudes entre su concepción y la de Freud. De manera resumida plantea que:

·                    Freud se concientiza de la importancia del apego a la madre de manera tardía y únicamente en su texto “Sobre la sexualidad femenina” (1931)

·                    Bowlby rescata las observaciones de Freud (1920a) respecto a que la soledad y abandono resultan estresantes para el infante de 18 meses.

·                    La angustia está enraizada en el miedo a la pérdida de la madre, que Freud conceptualiza como miedo a que las pulsiones no sean gratificados (1926).

·                    Bowlby rescata el reconocimiento de Freud (1940) de que la relación del niño con la madre es única y se convierte en el prototipo de las posteriores relaciones amorosas en ambos sexos. Freud también reconoce en este texto que el amor existente dentro de la relación entre el niño y la madre va más allá de la comida, y que el sentimiento de sentirse cuidado repercute directamente en la autoestima (catexia narcisista). Sin embargo, Bowlby señala que Freud le da mayor énfasis a los fundamentos filogenéticos de esta relación que a la calidad de maternaje que recibe el niño. De esta forma, la teoría de Freud no parece dar cabida para incluir el apego como necesidad primaria. Vinculado con esto, Osofsky (1995) también destaca que en contraste con Freud, Bowlby enfatizará la importancia de la capacidad de respuesta materna a las señales del infante y su disponibilidad emocional hacia el sistema de conductas de apego del infante. Dentro de la teoría del apego, en la relación temprana, el tener un apego seguro o inseguro, formará el molde de los Modelos Operativos Internos (IWM: Internal Working Models) para todas las relaciones posteriores, basado en el ambiente de cuidado temprano.

 

Semejanzas y diferencias  de la teoría del apego con la metapsicología psicoanalítica freudiana

Bowlby también dentro del capítulo: “Puntos de Vista” de El vínculo afectivo (1969) compara la metapsicología que él propone con la metapsicología freudiana, aunque en este punto es importante rescatar que fue Rappaport y Gill (1959) quienes definieron los puntos de vista  que abarcaba la metapsicología freudiana y no Freud quien en su obra únicamente se refirió a los puntos de vista Económico, Dinámico y Tópico.

De este modo, los cinco puntos de vista de la metapsicología freudiana y los tipos de postulados que cada uno requiere tal como la definió Rapaport y Gill (1959) son:

● Dinámico: Fuerzas psíquicas, en último término de origen pulsional, involucradas en determinados fenómenos resultantes del conflicto.

● Económico: Energía psíquica involucrada en el fenómeno.

● Tópico: Estructuras psíquicas estables comprendidas en el fenómeno.

● Genético: Origen psíquico y desarrollo de un fenómeno.

● Adaptativo: Relación entre el fenómeno y el ambiente en que se produce.

Bowlby plantea que concuerda con los puntos de vista: tópico, genético y adaptativo, pero no con el dinámico y el económico por lo que prescindió de cualquier concepto relacionado con estos postulados. En este sentido, como lo señala Marrone (2001) la intención de Bowlby fue postular un nuevo concepto de conducta pulsional dentro del cual la necesidad de formar y mantener las relaciones de apego era primaria y diferenciada de la necesidad sexual o de alimentación; y de adoptar una teoría de sistemas de control o cibernético que permitiera entender la organización psíquica. Para sostener sus argumentos sugirió un cambio innovador y necesario a los desarrollos en biología, la teoría de la evolución, la etología, la cibernética, y los sistemas de información.

El contexto de Bowlby estuvo más determinado por la biología que por la física como en el caso de Freud. Su pensamiento estuvo impregnado de las ideas evolucionistas. Al respecto Mitchell (1998) realiza una distinción entre lo que él llama el Darwin de Freud y el Darwin de Bowlby. Freud se centró en las ideas de Darwin referentes a la influencia de la herencia filogenética: cómo “fuerzas primitivas” actúan bajo la apariencia de la civilización. En contraste, Bowlby retomó de Darwin lo referente a los conceptos de adaptación y sobrevivencia. Dentro del “ambiente adaptativo de evolución”, los infantes están expuestos a los predadores, la única garantía de seguridad es el lazo con un pariente, lo que provocará una fuerte presión selectiva a través de las conductas de apego, y por lo tanto es legítimo ver al apego como una pulsión “altamente cableada” dentro del sistema nervioso. Para Freud, el conflicto intrapsíquico era entre un “primitivo” ello darwiniano, un superyó rudo, y un yo que trataba de hacer lo mejor para mediar entre ellos. En la postura neo–darwiniana de Bowlby el conflicto es entre el narcisismo de un organismo determinado para maximizar su ajuste evolutivo a corto plazo y la necesidad a largo plazo de colaboración, que implica la habilidad de poder poner de lado las metas egoístas cuando sea necesario y valorar las relaciones interpersonales. Ser capaz de entender el punto de vista del otro es una parte esencial en este proceso, como lo es la habilidad de ver el propio self y los propios deseos desde afuera.

 

Así como en la época de Freud la noción predominante era la de “energía”, a mediados del siglo pasado y las décadas posteriores fueron dominadas por la idea de la “información”, en donde el énfasis en la biología estaba puesto en los conceptos de información y organización, los cuales son independientes de los de materia y energía; además de que se basan en la conceptualización del ser humano como un sistema abierto, no cerrado. Como resultado de ello Bowlby va incorporar al psicoanálisis las ideas de procesamiento inconsciente de información, y las aplicará a las relaciones entre el niño y la figura de apego. Para Bowlby el modelo físico energético freudiano, en vez de representar una integración entre el psicoanálisis y la ciencia moderna, representaba una barrera. Bowlby (1969), en lugar del modelo energético y su descarga, plantea como conceptos centrales los derivados del sistema conductual y su control, la información, la retroalimentación negativa y una forma conductual de homeostasis. Las formas más complejas de conducta instintiva son consideradas como el resultado de formas de ejecución de planes que, dependiendo de la especie, son más o menos flexibles.

Strachey, en una comunicación personal con Bowlby, le señaló que el modelo conductual instintivo que proponía, especialmente el concepto de retroalimentación, de la finalización de una acción como consecuencia de la percepción de cambios en el ambiente, coincidía con lo planteado por Freud en Proyecto de psicología (1895). En este texto, Freud postula que la acción es iniciada como resultado de la percepción del exterior y es también finalizada por una nueva percepción exterior para ser de nuevo reiniciada como consecuencia de otra percepción exterior. De igual forma, el concepto de retroalimentación puede encontrarse en la conceptualización respecto al objeto y meta de la pulsión en Pulsiones y destinos de Pulsiones (Freud, 1915).

Con relación a la teorización de los mecanismos de defensa, el modelo estructural freudiano provee un marco útil a la teoría del apego. Freud (1923, 1933, 1940) propuso la hipótesis de que los conflictos dentro de la mente del ser humano están organizados alrededor de temas correspondientes a las tres instancias: Ello, Yo, Superyó; el conflicto planteado por Freud entre deseo y realidad, mundo interno y mundo externo, permanecen como bloques esenciales en la construcción de la teoría del apego (Fonagy, 2001). En particular, la capacidad del yo para crear defensas que organicen la constitución caracterológica y sintomática es punto clave en la teorización de Bowlby. Durante toda su obra, pero principalmente dentro de su volumen La Pérdida Afectiva (1980), Bowlby describirá con detalle los mecanismos de distorsión perceptual y cognitiva necesarios para el funcionamiento de los Modelos Operativos Internos (IWM: Internal Working Models), en donde la meta es protegerse de percepciones, sentimientos y pensamientos que de otro modo causarían ansiedad intolerable y sufrimiento psicológico.

El estudio de los mecanismos de defensa contra la ansiedad de separación mostró que estos mecanismos no son generados internamente, sino que surgen como respuesta a sucesos interpersonales (Marrone, 2001). De este modo, Holmes (2001) plantea que la diferencia entre Freud y Bowlby respecto a este punto es que para los teóricos del apego el punto clave de las defensas es el plantear que son estrategias interpersonales para lidiar con ambientes por debajo de lo óptimo. Su meta no es tanto preservar la integridad del individuo cuando éste es confrontado con los conflictos de sus pulsiones internas, sino más bien tratar de mantener el apego enfrentado fuerzas que amenazan con destruir el vínculo.

Aunque el proceso defensivo tiene una función adaptativa de autoprotección a corto plazo, en el futuro interferirá con la posibilidad de actualizar adecuadamente los IWM. Desde el punto de vista de Bowlby (1980), los procesos defensivos no son necesariamente inconscientes pero recorren la gama desde represiones involuntarias hasta supresiones o evitaciones deliberadas de percepciones, pensamientos y conductas. Además, varía el grado de éxito de la exclusión. Investigaciones sobre memoria procedimental (Sé como), semántica (Sé que) y episódica (Recuerdo cuando), le permitieron especular que la exclusión defensiva podría estar facilitada por la segregación de información contradictoria dentro de los diferentes sistemas de memoria. Este aspecto ha sido retomando en la EAA en donde un punto crucial de análisis para determinar la seguridad del apego es si existe o no coherencia entre la memoria semántica y la episódica.

 

Semejanzas y diferencias con la teoría de la Angustia:

Freud en “Inhibición, Síntoma y Angustia” (1926) va a plantear que la angustia se base en un aumento de la excitación que, por un lado, produce el carácter de displacer y, por otro, encuentra alivio mediante los actos de descarga. De esta forma, Freud contextualiza la angustia dentro de una metapsicología en donde los conceptos de energía, excitación y descarga son fundamentales. Esto corresponde a su suposición de que la angustia es libido reprimida. Esta posición es totalmente extraña a la teoría del apego. De cualquier manera, en este mismo texto también señala que “sólo pocos casos de la exteriorización infantil de angustia nos resultan comprensibles... Se producen: cuando el niño está solo, cuando está en la oscuridad, y cuando halla a una persona ajena en lugar de la que le es familiar (la madre). Estos tres casos se reducen a una única condición, a saber que se echa de menos a la persona amada (añorada)” (p.129). De esta forma, Freud reconoce la ligazón existente entre la angustia y el sentimiento de añoranza de la madre.

Más adelante, Freud sugiere que la función que cumple la angustia es producir una señal para ser rescatado en el caso de un peligro que se anticipa. Para Freud, los peligros existentes son: la pérdida del objeto en la niñez temprana, la castración en la etapa fálica, la amenaza del superyó durante la latencia, la pérdida del amor del objeto. Sin embargo, en otra dirección de pensamiento, también agregará que la angustia podría ser el resultado de fantasías sádicas por el subsiguiente castigo. Así la pérdida del objeto (la madre) fue considerada por Freud como una amenaza comparable al miedo de la pérdida de una parte del cuerpo o de la autoestima. Esta revisión restaura la adaptación al mundo externo como un componente esencial de los acontecimientos psicoanalíticos. Ya en los 30’s, el discípulo favorito de Freud: Ferenczi, se había enfocado en el aspecto de la realidad de niños que habían sido traumatizados por la incomprensión adulta, anticipando así los riesgos asociados con la insensibilidad por parte del cuidador. Sin embargo, su énfasis en los factores interpersonales más que en los intrapsíquicos, marcó finalmente una grieta significativa con Freud (Fonagy, 2001; Marrone, 2001).

La angustia señal estaría al servicio del sostén del vínculo, al dar una aviso de alarma ante el peligro de pérdida. Si bien es cierto que Freud mantiene en esta obra el esquema basado en los principios económicos (las situaciones de peligro para el bebé son las magnitudes de excitación que él no podría dominar, peligro que luego se desplaza a la pérdida de objeto) el desencadenamiento de la señal no queda necesariamente subordinado a factores económicos, ya que puede funcionar como símbolo mnémico, anticipatorio de una situación que se teme y se trata de evitar (Juri, 2001).

 

Bowlby encuentra afinidades con Freud en este texto, por el valor que se le da a la ansiedad de separación, lo que armoniza con la importancia que ésta posee en sus teorías sobre el apego. La ansiedad de separación sería para Bowlby una disposición básica, no secundaria, adquirida en el curso de la evolución y compartida con otras especies, que tiene como finalidad sostener un lazo protector. La disposición hacia esta ansiedad vuelve comprensible el poderoso efecto de ciertas experiencias de la infancia que la desencadenan: separación, abandono, rechazo y amenazas parentales (Juri, 2001).

En su trabajo La angustia de separación (1960) Bowlby señala que la teoría psicoanalítica tradicional no llega a explicar la intensidad del apego del niño/a a la figura materna, ni sus dramáticas respuestas a las separaciones. Señaló la necesidad de encarar la especificidad del vínculo con la madre para poder entender adecuadamente la angustia de separación. Para Bowlby, la excesiva angustia de separación está normalmente facilitada por experiencias y comunicaciones familiares adversas que hacen que el niño se sienta inseguro en sus relaciones de apego. Sin embargo, también exploró la importancia de aquellos casos en los que existe un mecanismo de defensa inconsciente frente a esta angustia, de tal manera que aparece extremadamente baja o totalmente ausente. De esta forma, la angustia se basa principalmente en la amenaza de la posibilidad de perder al objeto y en la inseguridad de las relaciones de afecto. Distingue las consecuencias emocionales entre una pérdida actual y los peligros de una posible pérdida en el futuro. Los orígenes de la ansiedad no pueden reducirse a fuentes internas. La ansiedad debe de ser colocada en un contexto interpersonal. Debido al hecho de que las ansiedades son difíciles de tolerar, suelen generar defensas (Marrone, 2001).

 

Semejanzas y diferencias entre la teoría del apego y la teoría de las relaciones objetales

Como señala Marrone (2001), en líneas generales la teoría del apego puede ser considerada como descendiente de la teoría de las relaciones objetales. Sin embargo, el término de relaciones objetales es en sí mismo problemático, ya que puede referirse tanto a las relaciones con otras personas como a las representaciones mentales que se tienen de otro sujeto significativo.

Bowlby decidió abandonar el uso de la palabra objeto debido a que consideraba que era un término inexacto que se prestaba a interpretaciones diferentes, ya que la palabra objeto se vincula tanto a una concepción innata sobre el otro, que en opinión de algunos autores precede a la experiencia interpersonal, como a representaciones mentales de otra persona, que se originan en la vida real. Además, el objeto puede ser considerado como un objeto total o parcial. Bowlby, en vez de referirse al cuidador primario como un objeto exterior, prefirió el término de figura de apego. En vez de considerar la representación interna del otro como un objeto interno, utilizó el término de modelo operativo interno de las figuras de apego (Marrone, 2001).

Como parte del legado de la escuela de relaciones objetales, la teoría del apego reconoce que lo que se observa en la conducta exterior debe de ser acompañado por la descripción de lo que se experimenta en su correlato del mundo interno. Lo que se siente no es un lazo de apego –sea seguro, ambivalente, evitativo– sino uno mismo en relación con otro, ya sea la madre, el terapeuta u otra persona (Holmes, 2001).

Existe una sutil, pero a la vez importante diferencia, entre las formulaciones de Bowlby y las de la teoría de las relaciones objetales (ej. Fairbairn) a un nivel molecular de la conducta. Dentro de la teoría del apego la meta del infante no es el objeto, por ejemplo la madre. La meta que regula el sistema es inicialmente un estado físico, el mantenimiento de un grado deseable de proximidad al objeto. La meta física es suplantada más tarde por una meta de origen psicológico, el sentimiento de seguridad. Dado que la meta no es un objeto en sí sino un estado de ser o sentir, el contexto en el que el niño vive, que abarca la respuesta del cuidador, influirá fuertemente en el sistema de apego (Fonagy 2001).

Para los efectos de este trabajo únicamente me centraré en las diferencias entre la teoría de Bowlby con Klein y Bion pero si el lector está interesado en otros autores sugiero nuevamente el trabajo de Fonagy (2001), Eagle (1995), o Holmes (1993).

 

Semejanzas y diferencias entre la teoría del apego y Klein

Como señala Holmes (1996), se podría plantear que mientras que la teoría kleiniana se centra en el mundo intrapsíquico de un solo individuo, la teoría del apego está dirigida principalmente al nivel de interacción entre dos personas, y la teoría de Freud, con el Complejo de Edipo, a cómo la introducción de “un tercero” afecta a estos dos niveles anteriores.

La formación de Bowlby en la Sociedad Psicoanalítica Británica estuvo fuertemente influenciada por la teoría de Klein. Su centramiento en el primer año de vida del infante como una época crucial en el desarrollo posterior es altamente compatible con la teoría de Klein. De igual forma, como Fonagy (2001) señala, existe una correspondencia entre la dicotomía propuesta por Klein de la posición esquizo-paranoide y la depresiva con el tipo de apego infante-madre seguro e inseguro de Bowlby. Fonagy ejemplifica esta correspondencia principalmente con los puntos en común entre la clasificación del apego seguro–inseguro según la Entrevista del Alego en el Adulto (EAA) y los postulados teóricos de Klein respecto a la posición esquizo - paranoide y la depresiva.

Klein consideraba que había una alternancia entre las dos posiciones durante toda la vida, pero que en cada individuo podía predominar una sobre la otra. Un punto clave que caracteriza la posición esquizo paranoide es la escisión, el atribuirle todo lo bueno y todo el amor a un objeto idealizado y todo el dolor, estrés y lo malo al objeto persecutorio. La escisión operacionalizada como una discrepancia entre la memoria semántica y la episódica, constituye un marcador importante de inseguridad en la EAA, especialmente, dentro de la categoría Inseguro Desentendido.

La posición esquizo-paranoide está marcada por la extrema labilidad de las representaciones mentales. El objeto bueno rápidamente puede ser experimentado como malo, lo malo se convierte en peor y lo bueno se convierte en un objeto aún más idealizado. Este concepto también se vincula con el sistema de códigos de la EAA, dado que este tipo de contradicciones e inconsistencias marcan que el individuo sea clasificado con apego inseguro. A diferencia de esta posición, en la depresiva, el objeto ya no se ve de forma parcial, sino total, el objeto es la fuente de experiencias tanto buenas como malas. (Klein, 1935). La operacionalización del apego seguro en las historias narrativas se manifiesta como una balanza entre el amor y el odio, el reconocimiento y aceptación de la imperfección del cuidador.

 

En la posición depresiva el infante se conciencia de su propia capacidad de amar y odiar a los padres. El descubrimiento del niño de esta ambivalencia y el miedo ante la amenaza de perder el objeto atacado, abren al niño a la experiencia de culpa tras esta hostilidad (Klein, 1929) En la EAA la memoria y el reconocimiento del propio rol, dentro del conflicto interpersonal, aumenta la coherencia del relato. Más aún, la capacidad de monitorear los propios pensamientos y sentimientos es evaluada como marca metacognitiva de un estado de la mente seguro. La teoría kleiniana mantiene que el dolor psíquico asociado con la integración del objeto parcial escindido puede ser tan grande que el sujeto puede llegar a requerir la utilización de la negación en forma maníaca, el uso de reparación de forma obsesiva o el desprecio al objeto. Una vez más, en la EAA el sistema de codificación está dirigido a encontrar narrativas desorganizadas (desprecio), a la incapacidad de recordar (negación) o a la idealización (reparación maníaca), como muestras de apego inseguro.

Segal (1964) vinculó la capacidad de simbolización y sublimación con la reparación depresiva. La codificación de la EAA está fuertemente orientada hacia el análisis del habla y del discurso, en donde los individuos seguros también muestran de forma substancial una mayor competencia en este domino.

Psicoanalistas kleinianos modernos ven como aspecto crítico en la posición depresiva el que el niño/a pueda separarse de la madre y tenga la capacidad de percibir al objeto como ser independiente. Esto lleva a las formulaciones sobre el desarrollo kleinianas a estar más cerca del modelo del apego referente a la idea de la existencia de una separación saludable.

Las investigaciones en torno al apego han producido muchos datos que comprueban la estabilidad de las diferencias individuales predichas por la clasificación del tipo de vínculo entre el infante y el cuidador. Esto puede entenderse con fundamento en mecanismos básicos como la regulación emocional, la cual probablemente provee patrones conductuales continuos. La teoría kleiniana destaca otra posible explicación al considerar que el término posición implica una constelación particular de relaciones de objeto, fantasías, ansiedades y defensas a las cuales el individuo es muy propenso de regresar a lo largo de la vida. Ambientes específicos pueden disparar reacciones esquizo-paranoides o depresivas, un patrón seguro o inseguro de apego. El infante puede desarrollar diferentes patrones de apego con cada uno de los padres. Como consecuencia, se debe asumir la presencia concurrente de varios IWM en la mente del niño. Cuál de estos modelos se convertirá en el dominante en el adulto probablemente dependa de la mayor importancia que tenga un cuidador en la vida del niño. Por lo tanto, la noción de alternancia de los IWM, es muy similar al punto de vista kleiniano de la oscilación de las posiciones, aunque ambos siempre destacan la predominancia de alguno (Fonagy, 2001).   

 

Con relación a los puntos divergentes, encontramos que Bowlby, en repetidas ocasiones, marcó su distancia del grupo kleiniano. Uno de los puntos más criticados de Bowlby fue su rechazo al concepto de la fantasía. Sin embargo, como aclara Marrone (2001), lo que Bowlby rechazó de manera enfática fue el concepto kleiniano de fantasía y cualquier idea de que la fantasía era autogenerada dentro del individuo; para este autor la fantasía es una forma de lidiar con la experiencia, pero no la precede. Bowlby conceptualizaba a la fantasía como una manera de intentar dar sentido a la experiencia y como forma de elaboración secundaria del material psíquico utilizado para defenderse del sentimiento de autoestima dañada. Aquí se puede pensar en una forma de fantasía como los sueños diurnos y de realización de deseos.

Desde una perspectiva influenciada por Bowlby, se podría afirmar que lo que en sí tiene mucha importancia son las fantasías de los padres sobre el niño/a, las cuales derivan de sus propios IWM. Estas ideas preconcebidas, que los padres traen del pasado sin estar en contacto con las experiencias y respuestas del niño/a, afectan directamente a las crecientes percepciones del niño/a sobre sí mismo/a. La fantasía no se opone a la realidad exterior porque no es una realidad concreta y sin mediación, sino que se interpreta como un campo interpersonal cargado de significado, donde el lenguaje, la cultura y la creación interpersonal significativa juegan papeles importantes. La fantasía emerge en el contexto de una relación y puede verse como parte de una comunicación transmitida. Hay fantasías intergeneracionales que pueden ser preverbales, incluso sin simbolizar y difíciles de articular, que pueden ser muy poderosas y afectar el intercambio interpersonal (Marrone 2001).

Mientras que la teoría del apego pone énfasis en la internalización como proceso que permite la construcción de los IWM, los cuales están basados en las experiencias reales de la vida del niño, en un entendimiento más diádico de la relación temprana, la teoría kleiniana pone a la proyección como el proceso inicial en la construcción del mundo interno. Klein puso mucho énfasis en los impulsos destructivos generados en el interior del individuo derivados de la pulsión de muerte. Según esta perspectiva, el individuo dirige desde el inicio de la vida el impulso agresivo en forma defensiva hacia el exterior, en contra de un objeto. La proyección distorsiona la percepción de la realidad (Marrone, 2001). Este punto de conflicto entre la teoría del apego y la kleiniana es crucial dado que, como menciona Fonagy (2001), una de las objeciones centrales de Bowlby a la teoría kleiniana fue su abandono del estudio de las experiencias reales por la asunción de la teoría de que las ansiedades infantiles surgen, predominantemente, de tendencias constitucionales.

 

Sin embargo, sería incorrecto decir que Klein se olvidó de la realidad exterior pues en varios textos retoma su influencia en el mundo interno mediante los procesos de introyección y proyección, pero siempre rescatando que la forma en cómo la realidad externa es vivida por el individuo depende de su mundo interno, de sus pulsiones. Las experiencias interpersonales, más que crear los mecanismos de defensa, los sentimientos, lo que hacían era incrementarlos, pero su creación estaba a cargo de los factores internos. Bowlby cuestionará este énfasis en los factores internos por encima de los interpersonales (Marrone, 2001, Fonagy 2001).

Los teóricos post kleinianos integrarán, aún más, los factores externos con los internos (Meltzer, 1974; Rosenfeld, 1965). La capacidad del niño para enfrentar el dolor y las ansiedades en la posición depresiva, viéndose a sí mismo como sujeto envidioso y destructivo, dependerá tanto del mundo externo, como de factores constitucionales. La fuerza del yo es incrementada con la identificación del niño con la representación del objeto bueno internalizado. Este yo fuerte es capaz de regular las ideas destructivas, reduciendo la necesidad de proyectar el odio. El yo débil permanece a merced de las defensas paranoides, no hay una culpa genuina ni una verdadera capacidad de reparación. En este punto, la teoría kleiniana se podría apoyar en constructos de la teoría del apego respecto a la regulación de emociones y fragmentación, el desarrollo incoherente del self o sobre la insensibilidad parental. Los modelos, sin embargo, difieren en que mientras el pensamiento kleiniano atribuye al infante intencionalidad, la teoría del apego evita adultomorfizar al infante y describe este proceso de manera más parsimoniosa en términos de mecanismos psicológicos (Fonagy, 2001).

A diferencia del énfasis de los kleinianos en la pulsión de muerte, en la teoría del apego no hay lugar para este concepto. La teorización kleiniana continúa teniendo como eje principal la destructividad interna infantil, aunque reconoce que el niño resentirá las limitaciones inevitables del cuidado materno, encontrando difícil de tolerar el control materno sobre de él, planteará que la agresión no está inevitablemente ligada a la deprivación. La teoría del apego, por su parte, explora la variabilidad constitucional entre los infantes, aceptando que algunos de ellos sí están biológicamente predispuestos a dar respuestas violentas que pueden interferir con el establecimiento de un apego seguro, a pesar de la sensibilidad del cuidador, pero en general se pone mayor énfasis en la relación diádica que en los factores internos (Fonagy, 2001).

                         

Semejanzas y diferencias entre la teoría del apego y Bion

Un punto de contacto entre la teoría del apego y la perspectiva kleiniana es el concepto de Identificación Proyectiva (IP). Aunque Bowlby restaba validez a este concepto, la IP tiene un papel importante en la comprensión de las relaciones de apego. Si bien Klein lo consideraba esencialmente como un proceso intrapsíquico, la contribución de Bion y otros autores ha sido mostrar como este mecanismo tiene lugar en el área de interjuego entre lo intrapsíquico y lo interpersonal (Marrone, 2001).

Fonagy (2001) rescata el hecho de que entre los puntos en común entre este concepto y la teoría del apego, surge que el patrón desorganizado de apego se manifiesta como una conducta en el niño de control hacia los demás. Dentro del patrón de apego desorganizado, los niños actúan como si dominaran la relación, algunas veces, incluso, tratan a los padres de una forma aparentemente condescendiente o humillante. Aunque las explicaciones de este tipo de conductas se han dado desde diferentes perspectivas a las de la IP, una explicación basándose en este mecanismo resulta muy congruente al tomar en cuenta las historias pasadas de estos infantes. El patrón de apego desorganizado se ha asociado con experiencias parentales de traumas sin resolver, historias de maltrato infantil, depresión materna y abuso parental de drogas y alcohol. Es muy posible que niños expuestos a este tipo de privaciones sean confrontados de forma repetitiva con niveles intolerables de confusión y hostilidad del cuidador y, a su vez, ellos sean forzados a internalizar ciertos aspectos del cuidador que son incapaces de integrar. De esta forma, la estructura del self se forma alrededor de imágenes fragmentadas o de ausencia que el niño debe de externalizar para poder retener cualquier medida de coherencia. El proceso de IP encaja con la conducta descrita de estos niños como un intento de experimentarse a sí mismos como poseedores de un self coherente, externalizando en otros las partes inadmisibles de su interior. El infante mantiene la ilusión de que ahora estas partes están afuera, a través de un sutil control manipulativo de la conducta del otro u otros.

 

Esta sugerencia utiliza la elaboración de Bion (1959; 1962a) respecto al concepto de IP en la infancia. Bion asume que el infante, abrumado por las impresiones del mundo, requiere otra mente humana (un contenedor) que tenga la capacidad de aceptar, absorber y transformar estas experiencias en significados. Una estructura de defensa masiva aparecerá si el cuidador fracasa en la tarea de contener los sentimientos abrumadores del infante, en reconocer y reflejar la comunicación emocional del niño/a. Para Bion, cuando la angustia es muy intensa, en especial por las fantasías persecutorias, el niño debe poder descargarla en su madre. Ella, si tiene ciertas capacidades emocionales, podrá absorberlas, “metabolizarlas” y regresarlas de una manera menos angustiante y, por lo tanto, más asimilable para su hijo/a. Desde esta perspectiva, un cuidador sensible será el progenitor capaz de absorber y retransmitir la experiencia psicológica del infante, de una forma metabolizada, respondiendo a las emociones del infante en términos de cuidado físico, en una manera que experimente y transforme estos sentimientos inmanejables en una forma tolerable. Esto implica la combinación de especularización de los afectos intolerables con señales emocionales que indiquen que el afecto ha sido “contenido”, que está bajo control (función alfa). El infante puede hacer frente a ello, aceptar y reinternalizar lo que ha proyectado anteriormente, de este modo crea una representación tolerable de estos momentos emocionales de interacción con el cuidador. Con el tiempo, el infante será capaz de internalizar esta función de transformación y tendrá la capacidad de contener y regular sus propios estados afectivos negativos. Sin embargo, si las dificultades experimentadas dentro del infante no son contenidas por la madre sino que causan en ella desarraigo emocional, el infante será dejado no con miedo o tristeza, que se vuelven tolerables mediante el cuidado materno, sino con un sentimiento de falta de ser entendido que lleva a la aparición del “terror sin nombre” (Bion, 1962b).

De este modo, para poder pensar o tolerar cualquier emoción de cierta intensidad que involucre un sentimiento psicológico, en necesario que la madre haya realizado bien su función continente; por identificación con esa capacidad materna se adquiere la “pantalla interna” que permite el proceso secundario, el juicio de realidad y la demora en la descarga de los impulsos. Cuando alguien no tiene esa capacidad continente interna, en cualquier situación de tensión elimina proyectivamente el aspecto ansiógeno dentro de un objeto externo (Bleichmar & Leiberman, 1989).

 

La relación continente–contenido se expresa como algo complementario entre la proyección del niño y la receptividad materna. La madre es continente de lo proyectado, lo recibe y lo procesa. Bion designa con la palabra reverie al estado de receptividad materna a través de las funciones alfa, la naturaleza no verbal de este proceso implica que la proximidad física al cuidador es esencial, punto ampliamente retomado por la teoría del apego. La teoría ofrecida por Bion representa una perspectiva alterna con bases sociobiológicas de la necesidad del infante de estar cerca del cuidador, de la mente del adulto (Fonagy, 2001). Bion (1962b) propone que el desarrollo conceptual del infante y el reconocimiento de la distinción entre sujeto y objeto está vinculado a la experiencia emocional de satisfacción y, en particular, al ligamiento de las preconcepciones o expectativas innatas, con su realización en el cuidado materno. Más aún, desde la perspectiva de Bion, cuando la madre y el infante están ajustados el uno al otro, el infante se comporta de tal manera que la IP es un fenómeno realista más que defensivo y forma parte del funcionamiento y condición normal.

Las formulaciones de Bion tienen mucho en común con la sistematización de las relaciones de apego como vehículo primario para la adquisición de la regulación emocional plateada por la teoría del apego, aunque aquí se le suela dar menos importancia a los factores innatos. De este modo, autores como Sroufe (2000) afirman que, dada la extrema indefensión del infante durante los primeros meses de vida y la relativa dependencia durante el perdido juvenil, para estar bien regulado se requiere de mucha ayuda de los cuidadores (que sean sensibles y responsivos) para poder expresar, desde edades tempranas, tanto sentimientos de malestar como de satisfacción y en pocos meses expresar un amplio rango de sentimientos y necesidades. Sroufe también plantea que los infantes están equipados para jugar un papel primitivo en su propia regulación, pero no pueden regularse por sí mismos sino que necesitan cuidadores sensibles y responsivos.

También relacionado con la importancia del apego en la regulación emocional, con fundamento en el trabajo de Bion sobre la descripción de la relación madre- infante óptimamente sensitiva, en términos de la capacidad materna de “contener” los afectos del infante, Fonagy et al. (1995) plantean que dicha capacidad implica no sólo el poder especularizar los afectos de sufrimiento del infante, sino también el no sentirse abrumada por éstos y el poder manejarlos. Aplicando estos postulados a la teoría del apego, Fonagy et al. (1995) predicen que las madres con apego preocupado tienen una fuerte capacidad para especularizar los afectos del infante, pero su capacidad para ayudar al infante a hacerles frente está disminuida. De manera contraria, las madres evitativas, probablemente fracasen en especularizar los afectos del infante pero le transmiten un sentido de estabilidad y de poder enfrentarlos. Desde esta perspectiva, el apego seguro es el resultado de una contención exitosa, mientras que el apego inseguro de un compromiso defensivo

 

Conclusiones

A pesar de las diferencias entres las diversas escuelas psicoanalíticas es necesario poder poner a dialogar estas teorías con el fin de enriquecer nuestro trabajo clínico, teórico y de investigación, sin tratar, como menciona Gutiérrez (1999) de “crear una especie de macrosistema común de ideas, que contemple todo del objeto de estudio e incorpore todas las percepciones diversas. Aunque sí de aceptar las inevitables deficiencias teóricas propias y de abrirse al interés por lo otro, por lo diferente.” Por supuesto, el poder abrirse el interés por conocer los aportes de otras escuelas, el sentir curiosidad por sus propuestas teóricas y metodológicas, sólo puede darse si se acepta que el enfoque propio no puede explicarlo todo. De este modo, es necesario poder abrirse a escuchar las diferencias y similitudes de nuestras propuestas, lo cual puede incluir, por ejemplo, aprender a evaluar qué conceptos se sobreponen con diversos nombres y cuáles términos, a pesar de sonar similares, implican diferentes concepciones teóricas.

De igual forma, siempre se debe tener en mente que las curas son personalizadas, por lo que las teorías o conceptos que le pueden servir a un terapeuta o a un paciente dependerán de muchos factores que no se pueden repetir como recetas de cocina dado que, como el mismo Bowlby  (1988) plantea,  la psicoterapia no es sólo una ciencia sino también un arte.

 

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