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PSICOSIS Y RETRASO MENTAL archivo del portal de recursos
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Lindis Castillo
Resumen
El presente trabajo
hace una reseña sobre la prevalencia y la clínica de las psicosis entre los
grupos de personas con retraso mental, ya sea institucionalizadas o no, en
comparación con las personas sin retraso mental, los riesgos de padecer de
psicopatología y las causas de dichos disturbios.
I. Introducción
Es bien conocida la
alta prevalencia de desórdenes psicóticos en personas con retraso mental, ya
sean éstos de tipo procesal o bien psicógenos, en comparación con lo
observado en la comunidad general; lo que es muy discutido por los diversos
autores son las causas de dichos trastornos.
Estos problemas han
sido mejor estudiados en las poblaciones de instituciones, las que adolecen de
serios inconvenientes metodológicos, ya que la misma institucionalización (y
esto es más evidente cuanto más temprana es la edad de la internación)
produce deprivaciones afectivas que alteran considerablemente el desarrollo de
la personalidad.
El presente trabajo
intenta descifrar las causas de dichos trastornos y fundamentalmente dejar
asentadas las bases de prevención de la psicopatología dentro del retraso
mental.
II. Historia
El debate entre las
causas y consecuencias de los desórdenes psiquiátricos arranca desde 1828,
cuando Esquirol expresa que los retrasados mentales y los desórdenes psiquiátricos
son entidades separadas.
Phelps (1897) sostiene que las enfermedades mentales y los retrasos mentales son
partes continuas y no entidades separadas.
En contraste,
Tredgold (1908) dice que los desórdenes mentales son más frecuentes en el
retraso mental que en la población general.
Kraepelin adopta
una posición intermedia y dice que algunos casos de demencia precoz se
desarrollan como resultado de un retraso mental y algunos casos de retraso
mental resultan de tempranas formas de psicosis.(5)
Trabajos
posteriores han demostrado que los desórdenes mentales son entidades separadas,
más comunes entre los individuos con retraso mental. Dewan (1948) establece una
relación inversa entre el CI y la inestabilidad psiquiátrica.(5)
Kurt Schneider
llama la atención sobre las graves y peculiares “reacciones vivenciales
anormales” de presentación episódica en los retrasados mentales. Ésta,
considerada su estructura primitiva como complicación del cuadro psicopatológico,
muestra mucha analogía con la esquizofrenia por sus episodios de excitación
paranoide, sus estados de miedo, pánico y alucinaciones. Pero son solamente
episódicos y más tarde no hay nada que pueda concebir como alteración
esquizofrénica duradera de la personalidad. Descarta el término “hebefrenia
injertada”, aunque acepta que en los retrasados mentales hay psicosis endógenas
de tipo esquizofrénico, pero es raro que aparezcan en éstos psicosis de tipo
maníaco depresivas.(3,6,7)
Day (1985) demuestra el aumento de los desórdenes psiquiátricos que ocurren
desde las personas jóvenes con retraso mental hasta las edades seniles.(5)
Varios
investigadores han querido relacionar la naturaleza de los trastornos
emocionales con el defecto intelectual.
Webster propone que
hay rasgos psicopatológicos característicos de los niños con retraso mental
que no se observan en los niños con inteligencia normal. Estos rasgos incluyen
“el autismo no psicótico, la repetitividad, inflexibilidad, pasividad
emocional, inmadurez e insuficiente diferenciación de las funciones del
yo”.(4)
Chess admite
algunas peculiaridades del retraso mental como la conducta repetitiva,
estereotipada, obsesiva y el retraso en el desarrollo del lenguaje. Sin embargo,
esta autora dice que los elementos no dependen del trastorno emocional, sino del
síndrome del retraso.(4)
Phillips mantiene
que la conducta trastornada que muestra la mayoría de los retrasados mentales
no se debe a un déficit intelectual, sino que deriva más bien de un retraso
del desarrollo de las funciones de la personalidad y de las relaciones
interpersonales alteradas. Tampoco acepta la idea de la especificidad psicopatológica
de los retrasados mentales.(4)
Beck y col. (1987),
Linter (1987), Matson y col. (1988), Mc Cracker y Diamond (1988) y otros han
demostrado que los desórdenes afectivos son más comunes entre los individuos
con retraso mental no institucionalizados, con una frecuencia varias veces mayor
que en la población general.(2)
No se pueden
separar los aspectos intelectuales y emocionales del desarrollo de las
personalidad, pues éstos interactúan constantemente y son interdependientes,
como veremos más adelante.
III. Prevalencia
Durante los últimos
años, investigaciones epidemiológicas han explorado la prevalencia de
psicopatología entre los retrasados mentales.
Entre un tercio y
dos tercios de los individuos han demostrado tener un significativo grado de
psicopatología, varias veces superior al encontrado entre los normales.
La variabilidad de
dicha prevalencia se da en estudios cruzados, reflejando seguramente diferencias
en la toma de datos y metodológicas en el criterio y diagnóstico y en el grado
de retraso mental de los diferentes grupos.(2)
Los comportamientos
mal adaptados reflejan un patrón de restricción de oportunidades para que el
chico tenga un normal desenvolvimiento y un aprendizaje satisfactorio; esto se
refiere a los apropiados medios de sociabilización, la interacción con otras
personas o la satisfacción de las necesidades y los deseos del niño.
IV. Patrones de psicopatología
El tipo de síntomas
psiquiátricos y síndromes observados en niños y adultos con retraso mental
leve o moderado son similares a los observados en individuos con inteligencia
normal.
En adultos
institucionalizados, Wrigth (1982) halla 5,5% de prevalencia de desórdenes
afectivos mayores y 1,8% de esquizofrenia entre 1.507 sujetos, mientras que
Vitello y col. (1989) encontraron 3,8% de desórdenes obsesivo compulsivos entre
283 sujetos.(2)
El patrón
psicopatológico en los individuos con retraso mental parece diferente: autismo
y comportamiento perverso son comunes. Los investigadores han reportado que un
cuarto a un tercio de los retrasos mentales manifiestan comorbilidad en cuanto a
tener desórdenes de comportamiento perverso.
El comportamiento estereotipado (flaping de manos, rocking, etcétera) aparece en el 20% de los retrasos mentales severos, mientras que el comportamiento autoagresivo (golpes de cabeza) aparece en más del 10%.
La estereotipia y
el síndrome de autoagresión pueden ser síntomas de un desorden neuropsiquiátrico
mayor subyacente, como puede ser un autismo o desórdenes afectivos o problemas
aislados.
Particular interés
han tomado los diagnósticos de esquizofrenia y los desórdenes del humor dentro
de esta población. La relación entre esquizofrenia y retraso mental ha sido
objeto de controversia por un siglo. Hay acuerdo general que entre el 2% al 3%
de los retrasados mentales sufren de esquizofrenia, una prevalencia varias veces
mayor que la encontrada en la población general a pesar de que las
alucinaciones y los delirios pueden ser simples y menos sistematizados.(5,2)
Los desórdenes
afectivos han sido muy estudiados. Estos reportes sugieren que la depresión y
los trastornos bipolares son más comunes entre los retrasados mentales no
institucionalizados. Estudios con métodos estandarizados para la población
normal han sido utilizados en chicos y adultos con retraso mental. Se encontró
que por lo menos la mitad de éstos tenían criterios de desórdenes afectivos
con una frecuencia varias veces superior a la encontrada en los grupos de
comparación de no retardados. Estos hallazgos deben aún ser confirmados con más
pruebas.(2)
El test de supresión
de la dexametasona se utilizó en los pacientes con retraso mental y comprobó
lo útil del método para estudios de depresión mayor en esta población.(2)
V. Factores de riesgo y psicopatología
A. Factores
neurológicos
La condición
neurológica previa es correlativa con el grado de retraso mental y hay una
mayor prevalencia en severos. La coexistencia de epilepsia y parálisis cerebral
(disfunción cerebral) fue del 30,6% en la población institucionalizada(5). En
este grupo fue menor la proporción de personas con desórdenes psiquiátricos,
aunque hay que reconocer que su evaluación es más difícil.(2)
B. Factores genéticos
Las anormalidades
genéticas son responsables de los retrasos mentales en más de la cuarta parte
de chicos y adolescentes. El síndrome de Down y el síndrome x frágil producen
más de la tercera parte de los casos genéticos.(1)
Hay una evidencia
interesante de que estos factores genéticos contribuyen a desarrollar
psicopatologías entre los individuos con retraso mental, asociándose con
patrones específicos de estos desórdenes.
En el síndrome x
frágil aproximadamente tres cuartas partes de los niños afectados tiene déficit
de atención, además otros estudios han reportado una estrecha asociación de
desórdenes de interacción social muchas veces diagnosticados como autismo
(10%) o síndrome de evitación basado en la ansiedad.
Niños y adultos
con síndrome de Prader Willi tienen disturbios en la forma de alimentarse, como
ser: hiperfagia, compulsión a la comida y obesidad, y muchas veces muestran un
perfil de comportamiento desafiante o de oposición.
En contraste con
los individuos con x frágil y Prader Willi, aquellos con síndrome de Down son
generalmente sociables y afectivos, con alta adaptación y aprendizaje
adaptativo y relativamente bajas tasas de psicopatología, especialmente de
autismo. Los desórdenes neuropsiquiátricos en el síndrome de Down tienen una
frecuencia menor que los que ocurren en asociación con otros síndromes de
retraso mental.(2)
C. Factores psicosociales
Tienen un
importante rol en el desarrollo de dificultades de comportamiento y afectivos
entre los niños con retraso mental. Por ejemplo fallas repetidas,
desaprobaciones, ostracismo social, han sido relacionadas a sentimientos de
ansiedad, enojo y disforia, baja autoestima, autoconciencia y dependencia y
también al estilo de interacción interpersonal.(2)
Los disturbios de
comportamiento y afectivos en individuos con retardo mental son muchas veces el
resultado de una interacción compleja entre lo biológico y lo psicosocial, por
lo que se desprende que una aproximación comprensiva interdisciplinaria es
importante para su tratamiento.
VI. Conclusiones
La prevalencia de
psicosis dentro del retraso mental es mayor que en la población general y a su
vez suele tener formas diferentes entre las personas institucionalizadas y
aquellas que no lo son; esto depende del desarrollo previo de su personalidad,
factores biológicos y psicosociales, como así también de la edad de internación
de estos individuos.
La capacidad
intelectual muestra una diferencia sustancial para las manifestaciones psicóticas.
El CI alto con un buen desarrollo del lenguaje hacen que la sintomatología sea
más florida o presenten síndromes afectivos. Un CI más bajo con serio daño
neurológico dificulta más el diagnóstico de una psicosis, produciendo
trastornos contactuales más primitivos.
Es importante tener
en cuenta lo dicho anteriormente para evitar la internación del niño y
adolescente con retraso mental y permitir un desarrollo normal de su
personalidad dentro de su grupo familiar, ofreciéndole las más amplias
posibilidades de integración dentro de nuestra sociedad.
Bibliografía
1. Bregman, J. / Hodapp, R., “Current
developments in the understanding of mental retardation. Part I. Biological and
phenomenological perspectives”, en: J. Am. Acad. Child Adolesc. Psychiatry,
30, 5, sept. 91.
2. Bregman, J., “Current developments in the understanding of mental
retardation. Part II. Psychopathology”, en: J. Am. Acad. Child Adolesc.
Psychiatry, 30, 6, nov. 91.
3. Ey, H., Tratado de psiquiatría, Masson, 1987, pág. 571.
4. Freedman, A. / Kaplan, H. / Sadock, B., Tratado de psiquiatría, Salvat,
1982, pág. 1319.
5. Linaker, O. / Nitter, R., “Psychopathology in institutionalised mentally
retarded adults”, en: British Journal of Psychiatry, 1990, 156, págs.
522-525.
6. Schneider, K., Patopsicología clínica, Paz Montalvo, 1975, pág. 95.
7. Wetbrecht, H., Manual de psiquiatría, Gredos, 1977, pág. 271.
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