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EL
ESTADO QUE PIDE A SU CONGRESO QUE VIOLE LA LEY archivo del portal de recursos
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El vice de EE.UU. pide luz verde para que la CIA pueda torturar
Dick Cheney se opone a una enmienda del Senado que prohíbe los tratos abusivos a detenidos en el extranjero. Y quiere que los agentes de inteligencia tengan las "manos libres" en la lucha antiterrorista.
Ana Baron
WASHINGTON.
CORRESPONSAL
abaron@clarin.com
El vicepresidente Dick Cheney padeció ayer un
doble revés y quedó al borde de ser procesado. Por un lado, el diario The
Washington Post reveló que el número dos del gobierno de Bush concibió un
plan para que la CIA quede exenta de la prohibición de torturar, que el
Congreso de Estados Unidos está por aprobar. Por el otro, The New York
Times denunció que fue Cheney quien reveló el nombre de una agente de la CIA
que luego fue filtrado a la prensa, un acto que en Estados Unidos es considerado
un crimen y por el cual puede ser procesado.
Ambas noticias plantean
serios interrogantes sobre la manera en que se mueve el vicepresidente en el
detrás de la escena de la Casa Blanca y sobre lo que algunos consideran "su
gran impunidad".
Si bien Cheney quiere darle a la CIA el poder de
seguir torturando, al mismo tiempo no parece tener ningún problema en divulgar
el nombre de una agente de la CIA sólo porque su esposo, el embajador Joseph
Wilson, lo contradijo públicamente cuando escribió un artículo diciendo que Irak
no había intentado comprar uranio en Níger y, por lo tanto, no estaba a punto de
fabricar una bomba nuclear. Eso decía la Casa Blanca para justificar la guerra
en Irak.
Nadie sabe todavía si el fiscal Patrick Fitzgerald, encargado de
investigar la filtración del nombre de la agente de la CIA Valery Plame a la
prensa, tiene suficientes pruebas para procesar a Cheney. Pero lo que sí es
seguro es que el vicepresidente tendrá muchas dificultades en que el Congreso
apruebe su plan para que la CIA quede exenta de la prohibición de
torturar.
La semana pasada, el Senado aprobó por 90 votos sobre 100 una
enmienda a la ley del presupuesto de defensa que no sólo prohíbe la tortura,
sino también todo "trato cruel, inhumano y degradante".
El plan que
Cheney, acompañado por el director de la CIA Porter Goss, le presentó al senador
John McCain es que la prohibición de los "tratos crueles, inhumanos y
degradantes" no debería ser aplicada sobre las operaciones de
contraterrorismo conducidas en el extranjero o sobre las conducidas por
"elementos del gobierno de Estados Unidos" que no pertenecen al Departamento de
Defensa, léase, la CIA.
El argumento que usó Cheney para ese pedido es
que Bush "necesita el máximo de flexibilidad para llevar adelante la guerra
global contra el terrorismo".
Si bien casi todos los detenidos están bajo
custodia militar, se sabe que hay algunos en manos de la CIA. De acuerdo a ex
agentes de inteligencia, la CIA mantiene a estos detenidos en campos
clandestinos que se encuentran en el exterior. Estos detenidos —explican— son de
particular interés para las operaciones de inteligencia. Entre ellos se sabe que
figuran jefes de Al Qaeda como Khalid Sheikh Mohamed y Abu Subaida.
Según José Miguel Vivanco, de la organización Humans Rights, en derecho
internacional una cosa es la tortura —es decir, los crímenes de lesa humanidad—
y otra, los "tratos crueles inhumanos y degradantes", como los que tuvieron
lugar en la prisión de Abu Ghraib.
"La buena noticia es que la
enmienda de McCain busca prohibir todo. No sólo las torturas sino también
los malos tratos (que son una forma de tortura) de detenidos nacionales o
extranjeros. Es decir, quiere cortar de raíz el problema de manera tal que no
empiecen con el jueguito de que no lo dejan dormir durante una semana y luego le
hacen el submarino y eso no es tortura. Pero Cheney está buscando dos
excepciones: con los extranjeros y con la CIA. Lo que equivale a una excepción
para torturar", comentó.
El Senado norteamericano rechazó ayer el plan
de Cheney. "Este es un tema que no desaparecerá y con el tiempo ganaremos",
dijo el senador republicano John McCain, criticando la intervención de la Casa
Blanca. Su colega demócrata Ted Kennedy se declaró "conmocionado" por el hecho
de que la Casa Blanca tome en consideración la posibilidad de plantear el veto a
la medida "de modo que la CIA pueda seguir utilizando la tortura". Pero el
portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, negó que el gobierno quiera
favorecer prácticas abusivas. "El presidente dijo con claridad que no
permite las torturas ni autorizará el uso de torturas", sostuvo.
Sin
embargo, la Casa Blanca ha indicado que Bush vetará el proyecto de ley de gasto
militar por 400.000 millones de dólares y la enmienda de McCain.
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Barbarie
Telma
Luzzani
tluzzani@clarin.com
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de origen
Es la naturalización de la barbarie. Primero, con
las vejaciones a los presos de Abu Graib, la Casa Blanca dijo que eran casos
"aislados" de soldados que actuaban sin el conocimiento de sus jefes. Pero poco
después alguien descubrió que eran "torturas de libro". Un manual de 1983, con
instrucciones para la CIA, contenía el mismo catálogo de tormentos para ser
aplicados contra los "izquierdistas" de Honduras. Y un hecho nada casual: en
aquel momento era embajador en Tegucigalpa, John Negroponte, actual embajador en
Bagdad. Pero hasta hace poco, eran acciones clandestinas porque socialmente
estaba claro que pertenecían al orden de lo criminal. Hoy, llegamos a un tiempo
en que un Estado pide a su Congreso que viole la ley.
ESTADOS UNIDOS: ANTECEDENTES
El uranio y la falsa pista de Niger
enlace
de origen
El episodio por el
cual el cerco de las sospechas empieza a rodear al vicepresidente estadounidense
Dick Cheney se originó en julio de 2003, cuando el nombre de la agente de la CIA
Valerie Plame —que por ley debe ser secreto—, apareció en una nota del
periodista Robert Novak que publicó la revista Newsweek.
Alguien
del gobierno lo había filtrado como venganza. Fue porque una semana antes
el esposo de Plame, el ex embajador Joseph Wilson, había acusado públicamente al
gobierno de George Bush de torcer la verdad para justificar la invasión a
Irak. Ocurre que en 2002, Wilson había sido enviado por el gobierno de EE.UU. a
Niger, con especial interés de Dick Cheney, según se supo luego, para investigar
si Saddam Hussein había buscado comprar uranio en ese país africano para
fabricar armas químicas.
Al volver a su país, el diplomático aseguró
que no había nada entre Irak y Niger, y que por lo tanto las sospechas de la
Casa Blanca sobre un supuesto arsenal de armas prohibidas por parte del régimen
de Saddam eran falsas.
En enero de 2003, Bush dijo en un discurso
a su país que había existido una operación sobre uranio enriquecido orde nada
por Bagdad, en el marco de su supuesta capacidad para desarrollar armas de
destrucción masiva. Un año antes, lo mismo había dicho el gobierno británico de
Tony Blair. Y dos meses después que Bush, otro aliado hizo lo propio, el
entonces jefe del gobierno español José María Aznar.
Sobre esa mentira se
montó la invasión a Irak que ha dejado hasta ahora decenas de miles de muertos
en el país árabe.
Ello, pese al veto de la Organización de las Naciones
Unidas y de un dictamen de marzo de 2003 del Organismo Internacional de Energía
Atómica (OIEA) según el cual los documentos sobre el tema del uranio "no son
auténticos", rezaba.
Karl Rove, principal consejero político de la Casa
Blanca, fue uno de los sospechados de haber filtrado el nombre de Plame, de
acuerdo con correos electrónicos que analizó la justicia.
Wilson lo
había acusado en un primer momento de poner en riesgo a su familia, al dar a
conocer la identidad de su esposa, aunque luego se retractó.
Los
periodistas involucrados en el caso (no Novak de Newsweek, pero sí otros
de la revista Time —que aportó pruebas— y del diario The New York
Times), enfrentaron la justicia y Judith Miller, del Times, pasó un
tiempo entre rejas por negarse a revelar la fuente que le dio el nombre de la
agente de la CIA. Las sospechas ahora apuntan al entorno de Cheney, uno de los
más agresivos defensores de invadir Irak.