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FILOSOFÍA POLÍTICA ARISTOTÉLICA archivo del portal de recursos
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Rubén Dri
1.
Contexto histórico
Los orígenes
de esa construcción política original de los griegos que es
la polis se remontan al siglo VIII a.C.: una unidad especial de ciudad y
campo, en la cual “la tierra de cultivo aparece como territorio de la ciudad,
no ya la aldea como mero accesorio de la tierra”, como dice Marx.
Los
fundadores constituyen una aristocracia que domina políticamente,
pero pronto se incorporan nuevos grupos sociales: granjeros, mercaderes,
navieros, artesanos que pasan a formar parte del ejército como “hoplitas”,
es decir como infantes. Estos nuevos sectores, que podemos denominar medios
frente a la aristocracia o “eupátridas”, pasan a compartir el poder
político frente a los pobres, en general campesinos.
La contradicción
principal que se plantea desde entonces es entre los ricos eupátridas
y sectores medios contra los pobres. Estos pugnan por la redistribución
de las tierras, la cancelación de las deudas y otras reivindicaciones
semejantes. Ello hace que cobre singular importancia el legislador.
En el siglo VII los gobiernos aristocráticos o monárquicos
son reemplazados por la tiranía. Los tiranos surgen en general de
los sectores medios, pero expresan a los pobres. Se hacen del poder con
la promesa de reformas que efectivamente realizan. Protegen el comercio
y la industria y rompen con el gobierno de la aristocracia.
En el siglo
VI Solón tiene un papel fundamental en las reivindicaciones campesinas
ante la aristocracia. Mediante determinadas leyes “se cancelaron las deudas
y numerosos atenienses que estaban sujetos a la entrega de una parte de
la cosecha o que habían pasado a servidumbre por deudas fueron liberados.
Una nueva ley prohibía en lo sucesivo la costumbre de hipotecar a
las personas mismas como fianza de sus deudas” (IAO p. 291).
Quebrar
el dominio absoluto de los eupátridas fue una de las intenciones
fundamentales de la política de Solón. La sociedad quedó
dividida en cuatro clases sociales de acuerdo a su fortuna y por primera
vez los sectores medios adquieren derechos políticos. Poco después
de Solón, un miembro de la aristocracia, Pisístrato logra
hacerse del poder e instalar la dinastía de los pisistrátidas,
que durará treinta y cinco años. Con la tiranía de
los pisistrátidas culmina la época de la tiranía.
Expulsados los pisistrátidas, son los alcmeónidas quienes
inician propiamente la etapa democrática, sobre todo por obra de
Clístenes, quien estructura una nueva polis basada en la “isonomía”
o igualdad ante la ley. Rompe las antiguas alianzas de familias, crea las
tribus territoriales, reorganiza el ejército, crea el Consejo de
los quinientos -Boulé- y establece el ostracismo para proteger a
la naciente democracia en contra de las ambiciones personales.
A la
muerte de Clístenes, Atenas tenía un conjunto de instituciones
políticas que permitían la amplia participación de
los ciudadanos: el Areópago, la Boulé, la Ekklesía
o Asamblea, y las magistraturas. El Areópago pertenecía a
la aristocracia, peroen la Boulé y en la Ekklesía participaban
miles de atenienses pertenecientes a los sectores medios.
En la mayoría
de las polis dominaba la oligarquía, de manera que Atenas era una
especie de excepción. Cada polis era autónoma. Las unía
una cultura común expresada sobre todo en lo religioso. El oráculo
de Delfos tenía en este sentido un papel importante.
En el siglo
V se desarrollan las guerras médicas, historiadas por Heródoto,
con las cuales se inicia una nueva época: “Los días tranquilos
de la vida de las pequeñas ciudades-estados pertenecían al
pasado, y se abrían ahora nuevas perspectivas de política
mundial” (GyP p. 60). En el 478 se funda la liga délico-ática
hegemonizada por Atenas.
Del 461 al 429 Atenas llega a su mayor esplendor.
Se le quita poder al Areópago para dárselo a los organismos
de los sectores medios, a la Boulé, a la Ekklesía y a los
Tribunales. Es el denominado siglo de Pericles, la época de mejor
funcionamiento de la democracia. En el 431 comenzará la guerra del
Peloponeso, que tiene como antagonistas fundamentales a Atenas y Esparta,
y que abarca a todas las polis terminando con la decadencia general.
El siglo IV se caracteriza por la decadencia general de las polis. Hay un
deseo extendido de paz. El entusiasmo nacional prácticamente ha desaparecido.
El dinero ha aumentado. El peligro siempre latente y que a menudo se hace
realidad es la desestabilización de la polis, cualquiera sea su forma
de gobierno. Ello constituirá un tema central de las filosofías
tanto de Platón como de Aristóteles, quien dedicará
el libro V (VII) al tema.
2. Contexto económico, social,
político y cultural
La población
de Atenas en el siglo V sumaba 120.000 habitantes como máximo, de
los cuales 35.000 eran ciudadanos. Esparta rondaría los 200.000,
de los cuales sólo 5.000 como máximo eran ciudadanos. Había
en Esparta 40.000 periecos y 150.000 ilotas.
Como observa Finley, en
Grecia siempre hubo un considerable número de trabajadores libres
junto con trabajadores subordinados, en los distintos rubros de la agricultura
en primer lugar, pero también para el comercio, la manufactura, las
obras públicas y la industria bélica.
Se considera que
la base de la producción era esclavista. En el primer libro de la
Política, Aristóteles no dejará de fundamentar filosóficamente
el por qué de los esclavos. En su concepción estricta el esclavo
es aquél que es propiedad de otro hombre, de modo que éste
puede disponer de aquél como de cualquier otro instrumento. Las polis
estaban estructuradas en hombres libres y esclavos, pero en el medio había
una serie de gradaciones.
La esclavitud, a su vez, no es una categoría
que exprese a un sector social en forma monolítica. Existían
en efecto diferentes tipos de esclavitud: el esclavo propiamente dicho,
instrumento del hombre libre, pero también el “esclavo por deudas”,
que no era propiamente un esclavo; el “oikeus” que era más un siervo
de la casa que un esclavo; el “esclavo manumitido condicionalmente”, el
“liberto”; y en Esparta, el “ilota”.
En las polis más arcaicas,
comenta Finley, la figura decisiva, base de la economía la constituyen
el ilota y el esclavo por deuda. En las polis más avanzadas, en cambio,
la figura decisiva es el esclavo. “La esclavitud era la forma más
flexible, que se adaptaba a todos los tipos y niveles de las sociedad, mientras
que el ilota y el resto eran más apropiados para la agriultura, pastoreo
y servicio doméstico, pero mucho menos para la manufactura o el comercio”
(LCGA p. 106).
La actividad económica fundamental siempre fue
la agricultura, cultivada en general por pequeños propietarios, siendo
una minoría la de los verdaderos terratenientes. La industria era
muy limitada, formada por pequeñas empresas. Las relaciones entre
el propietario y los empleados eran patriarcales.
Culturalmente es significativo
que el siglo IV se inicie con la muerte de Sócrates, pues la acusación
fue por introducir otros dioses y corromper a la juventud, signo evidente
de que se había producido una ruptura cultural de la que se lo hacía
responsable. Euripides, su contemporáneo, expresa esta ruptura en
sus tragedias, que ya no se refieren a la tragedia ática de Esquilo
y Sófocles, es decir la contradicción entre la familia arcaica
y la polis, sino a las contradicciones personales que vive el individuo
de la polis.
Si bien Eurípides es del mismo siglo que Sócrates,
sus obras se representan en el siglo IV. Monopolizan las obras teatrales,
haciendo palidecer a las demás. Es el siglo de la producción
de la comedia media, la gran comedia de Aristófanes.
“Pese a
sus rasgos materiales inconfundibles, el siglo IV es una época de
gran florecimiento intelectual. En Platón y Aristóteles los
griegos tuvieron a dos individuos cuya obra perdurará mientras haya
hombres en la tierra. Adondequiera que se mire, por todas partes se agita
vida nueva: en retórica, en historia, en las ciencias exactas, en
medicina, y no menos en las artes plásticas” (GyP p. 248).
Como
ya he señalado, hay una gran inestabilidad. Frente a ello encontramos
escuelas filosóficas como las de los cirenaicos -Aristipo de Cirene-
que sostienen el hedonismo a modo de alternativa, y los cínicos -Antístenes,
Diógenes de Sínope-, que marginan de la polis y se proclaman
ciudadanos del mundo.
Las respuestas de Platón y Aristóteles,
por el contrario, serán refundar - Platón- o -reformar -Aristóteles-.
En realidad toda la obra de Platón puede ser vista desde este punto
de vista, pero especialmente la República, el Político, y
finalmente las Leyes. Refundar la polis es la única solución.
Ya en la madurez de su pensamiento, en el Liceo, Aristóteles hace
un análisis minucioso de las causas de la inestabilidad, estudiando
las más variadas polis y formas de gobierno. Le dedica un libro de
su política a la síntesis de este análisis, y otros
siete a proporcionar soluciones.
3. Evolución del pensamiento
aristotélico
La concepción de
un Aristóteles que habría nacido con el sistema filosófico
ya formado en su cabeza fue destrozada por los estudios de Werner Jaeger,
quien estableció definitivamente las líneas generales de la
evolución del pensamiento aristotélico. Decimos “las líneas
generales” porque es natural que algunas de sus hipótesis, basadas
fundamentalmente en el análisis filológico, sean discutibles.
En particular, no es posible solucionar las numerosas contradicciones que
se detectan en su pensamiento mediante el solo recurso a la evolución.
Muchas tienen que ver con las contradicciones mismas de la polis que Aristóteles
detecta, describe y trata de solucionar mejo
r que nadie, sin encontrar muchas veces la solución. Pierre
Aubenque ha hecho sobre ello aportes significativos.
De manera que vamos
seguir a Jaeger a fin de dar una idea de dicha evolución. Ello es
indispensable para estudiar todo el pensamiento aristotélico, pero
especialmente para obras como la Metafísica y la Política,
que están formadas por libros escritos en distintos momentos de esa
evolución.
Distinguimos pues en la filosofía aristotélica
tres fases fundamentales:
La primera es la de la Academia. Aristóteles
nace en el año 385 aC, en Estagira, aldea de la Macedonia, de manera
que pertenece a la periferia de la cultura griega. En el 367 se traslada
a Atenas y se incorpora a la Acedamia platónica. Las obras de esa
época expresan palmariamente la influencia platónica, aunque
de ninguna manera se les puede negar originalidad.
La segunda comienza
con el alejamiento de la Academia, en el 347, que coincide con la muerte
de Platón. Se dirige a Asos, Asia Menor, donde reinaba Hermias, de
quien se transforma en consejero e inicia sus investigaciones biológicas.
Luego pasa a Mitilene, en la isla de Lesbos, donde se encuentra con Teofrasto
que será su gran amigo, y finalmente a Pela, Macedonia, como preceptor
de Alejandro, el hijo del rey de Macedonia, Filipo II. Esta etapa dura del
347 al 335. Es una etapa intermedia, en la que Aristóteles va madurando
su propio pensamiento, entablando una aguda discusión tanto con el
Platón real, el de los diálogos que conocemos, como con el
Platón que él llevaba dentro.
La tercera etapa, que podemos
denominar propiamente aristotélica, transcurre nuevamente en Atenas,
en la que funda el Liceo. Aristóteles ya ha madurado su propio pensamiento.
Funda la escuela peripatética. La etapa se extiende desde el 335
al 323, cuando muere Alejandro Magno y crece en Atenas el clima antimacedónico.
Aristóteles se traslada la isla de Eubea, donde muere al año
siguiente.
A la primera etapa pertenecen distintas obras de Aristóteles,
de las que sólo nos han llegado fragmentos. Entre las principales
figuran: Eudemo, Protréptico, Grilo, De la Justicia, Político,
Sofista, Symposium. Estos escritos son llamados: ‘ekdedómenoi, ‘en
koinó, tà ‘egkúklia, dados al público, de dominio
común, en circulación.
A la segunda etapa pertenecen diversas
obras, de las cuales algunas nos han llegado íntegras, y otras en
fragmentos. Destacamos algunas de las principales:
Manifiesto de la
filosofía.
Etica eudemia.
Política II, III, VII (IV)
y VIII (V).
Metafísica A, B, G, M 9-10-N, K, L (I, III, IV, XIII
9-10-XIV, XI, XII).
Alejandro o de la colonización, De la monarquía.
Física, Del cielo, De la generación y la Corrupción.
A la etapa del Liceo pertenecen:
Etica nicomaquea.
Política
IV, V, VI (VI, VII, VIII).
158 Constituciones.
Metafísica
Z, H, TH, E, M 4-5, I, D (VII, VIII, IX, VI, XIII 4-5, X, V).
De las
Partes de los animales, De la Generación de los Animales.
Primera
etapa: Platónica (La Academia)
El Eudemo lleva el nombre del
amigo chipriota de Aristóteles. Se suma a la expedición de
Dión a Siracusa, con otros miembros de la Academia. Muere en los
combates en las afueras de Siracusa. En este diálogo sostiene el
origen celeste del alma y la vuelta al más allá. Sustenta
además un ascetismo como el sostenido por Platón en el Fedón.
Se trata de un libro de consolación.
Manifiesta independencia
de Platón en las esferas lógica y metodológica. Aristóteles
escribió el libro sobre las Categorías cuando ya estaba en
el Liceo, pero descubre las categorías cuando aún estaba en
la Academia. Por otra parte, nunca reconoció a la Lógica como
parte de la filosofía. Según Jaeger, en el Eudemo Aristóteles
se muestra como dependiente de Platón en la Metafísica, pero
independiente en el método y en la lógica (Cfr. AJ p. 67).
El Protréptico va dirigido a Temisón, príncipe de Chipre,
seguramente un pequeño déspota ilustrado. “En el siglo IV
rivalizaban las escuelas para obtener la atención de los poderes
temporales, con el fin de ganar influencia en la política” [...]Seguramente
“formaba parte de las actividades políticas de largo alcance a que
estaba entregada por aquel tiempo la Academia” (AJ p. 69). En la introducción
a la carta Aristóteles “decía que la riqueza y el poder de
Temisón le hacían especialmente apto para la filosofía”,
en lo cual dependía de Platón.
“Protréptico” significa
exhortación, sermón, con origen en los sofistas. Estaba destinado
a hacer prosélitos. Como es sabido, fue adoptado con mucho éxito
por la Iglesia. Presenta el ideal de vida filosófica para el hombre
de acción. No será ésta la concepción posterior
de Aristóteles.
En esta carta se encuentra la célebre
demostración de que debemos filosofar. “O debemos o no debemos filosofar.
Si debemos, debemos. Si no debemos, también debemos, para justificar
esta manera de ver. Por consiguiente en todos los casos debemos filosofar”
(AJ p. 72).
Es también en el Protréptico que Aristóteles
distingue los tres géneros de vida, es decir, la vida dedicada al
placer y al lujo, la vida de acción, y la vida entregada a los estudios
filosóficos. Durante toda su vida permanecerá fiel a esta
clasificación de los tipos de vida. Evidentemente desprecia el primer
tipo y valora los otros dos: la vida del político, y sobre todo la
del filósofo.
El Protréptico tiene mucha importancia.
De hecho Aristóteles vuelve sobre las ideas en él contenidas
en Metafísica, A, caps. 1 y 2, que constituyen una versión
abreviada del Protréptico. El capítulo 5 de la Etica Nicomaquea,
por su parte, reproduce el ideal de vida contemplativa expresado en el tercer
género de vida expuesto en el Protréptico.
Interesan además
en esta carta la concepción de la “política” como ciencia
y la “frónesis” como conocimiento.
La Política requiere
“más aún que la medicina y demás, partir de la naturaleza
en el sentido propio del término, esto es, del verdadero ser. Nada
sino el conocimiento de éste puede dar al hombre de estado una visión
íntima de las últimas normas (`óroi) de acuerdo con
las cuales debe dirigir su actividad. La política sólo puede
llegar a ser un arte exacto llegando a ser de un cabo a otro filosofía”.
Ello significa que es una ciencia teorética. Aristóteles quiere
refutar a los simples empíricos que no conocen nada mejor que las
constituciones modelos de Esparta y Creta. lo que demuestra que la discusión
de los tres estados ideales (Esparta, Creta y Cartago), que se repite en
el libro II de la Política, se remonta por su contenido al período
académico (Cfr. AJ p. 95).
Se ocupa además el Protréptico
de la relación entre la sabiduría y el placer. Allí
Aristóteles sostiene que la frónesis es la vera felicidad,
mientras que en la Etica nicomaquea sostendrá que la verdadera felicidad
consiste en la vida teorética. Ello se debe a que la frónesis,
concepto central en el Protréptico, es el conocimiento filosófico
en cuanto tal. En Metafísica y en el libro VI de la Etica nicomaquea,
en cambio, sostiene que es una facultad práctica. En consecuencia
se diferencia tajantemente de la sofía y el Nous .
En la Ética
nicomaquea la frónesis es considerada un hábito práctico,
deliberativo, no una especulación. No se refiere a lo universal,
como hace la especulación, el verdadero conocimiento teórico,
sino a los aspectos cambiantes de la vida. De acuerdo a los autores y a
las distintas etapas de su pensamiento, el concepto se va modificando:
a) Para Sócrates la frónesis significa “el poder ético
de la razón, sentido modelado sobre el lenguaje ordinario al que
Aristóteles devuelve sus derechos en la Etica nicomaquea”.
b)
Para Platón consiste en la comprensión ética de las
ideas, especialmente de la idea del Bien. En la contemplación de
as Normas se amalgaman el ser y el valor, el conocimiento y la acción.
c) Aristóteles hace la distinción entre razón práctica
y razón teórica, hasta entonces confundidas en la frónesis.
Produce la ruptura con las ideas y con la frónesis (Cfr. AJ, pp.
102-103).
Este concepto de frónesis lo lleva a Aristóteles,
en el Protréptico, a sostener, de acuerdo con Platón, que
la filosofía política es una ciencia exacta, puramente teorética.
Luego cambiará esta concepción, como podemos ver en la Etica
nicomaquea, en la que sostiene que, a diferencia de las matemáticas,
tanto la ética como la política no pueden pretender la exactitud
(Cfr. EN , cap. 1).
En el Filebo Platón sostiene que la ética
es una ciencia exacta, concepción que será compartida por
Aristóteles, el cual sostendrá en el Político que “el
Bien es la medida más exacta”, y en el citado Protréptico,
que la política es una ciencia de puras normas. Por el contrario,
posteriormente sostendrá la concepción de que en la ética
no existen normas universales ni medida
Es conocida la sentencia de
Protágoras de que el hombre es la medida. Pues bien, en Las Leyes
Platón le respondió con una sentencia contraria: Dios es la
medida, sentencia compartida por Aristóteles, quien sostiene en el
Político que el Bien es la medida, mientras que en la Etica nicomaquea
afirma: “La política no puede ser la más alta sabiduría
en mayor medida de aquella en que los fines de la vida humana pueden aspirar
al bien supremo, avizorado solamente por el sabio en su intuición
de la divinidad” (AJ, p. 108).
Segunda etapa: Intermedia (Asos, Mitilene,
Pela)
A la muerte de Platón, Espeusipo lo sucede al frente de
la Academia. Aristóteles se marcha con Jenócrates, dirigiéndose
a Asos, en la costa de la Tróade, y se une a Erasto y Corisco de
Escepsis. Todos se colocan bajo la protección de Hermias, el tirano
de Atarneo.
“Una vez instalada esta oligarquía de sab
ios exigieron naturalmente los filósofos que Hermias estudiase
geometría y dialéctica, exactamente como un día lo
había exigido Platón de Dionisio, su discípulo Eufreo
de Perdicas, rey de Macedonia, y Aristóteles de Temisón de
Chipre” (AJ, p. 135).
Hermias se aplicó al estudio con un celo
creciente. Cambió su tiranía “en una forma más suave
de constitución”. Nuevos territorios pasan voluntariamente a su dominio,
lo que demostraría el cambio benéfico producido por la influencia
de Aristóteles y su grupo.
A esta época pertenece el Manifiesto
de la Filosofía, la única obra literaria de Aristóteles
que es antiplatónica. En ella argumenta en contra de la concepción
de las ideas como números. Es un tratado más bien sistemático
que se encuentra en un camno intermedio entre “las primeras obras, platónicas
y los tratados”, que pertenecen a la época del Liceo.
Poco después
de la muerte de Platón, Aristóteles escribe para el público
De la Filosofía, obra de la que bebieron estoicos y epicúreos,
y el Libro A de la Metafísica, bosquejo de los resultados de las
discusiones sobre las formas (Cfr. AJ p. 150).
El desarrollo de la historia
de la filosofía según el De la Filosofía comienza con
los Magos de oriente, a los que les siguen los teólogos, los órficos,
Hesíodo, y finalmente los Siete Sabios. La sabiduría es conservada
por el dios de Delfos.
Cuestiona la autenticidad de los poemas órficos,
indaga la antigüedad del “conócete a ti mismo”, y sostiene que
en la historia humana vuelven a aparecer las mismas verdades, las cuales
se conservan en los Proverbios (Cfr. AJ pp. 151-152).
Al examinar el
“conócete a ti mismo” concluye que la máxima es más
antigua que Quilón y no procede de los 7 Sabios, sino que fue revelada
por la Pitonisa de Delfos, el centro en el cual Sócrates recibió
el impulso externo para su búsqueda, descubriendo así un vínculo
estrecho entre religión y filosofía. Aristóteles estaba
convencido de la antigüedad del orfismo: “lo que le llevó a
investigar la fecha de su origen fue sin duda su reciente retorno, en una
forma más espiritualizada, en la doctrina de la otra vida y de la
trayectoria del alma de Platón”(AJ p. 154).
Aristóteles
se interesa por el oriente, tema tratado por la Academia. Desea enlazar
a Zaratustra con Platón. Se refiere a las enseñanzas de los
magos, es decir, al dualismo persa según el cual la realidad está
compuesta de los dos principios, el
bueno y el malo, Ormuz y Ahrimán,
que Aristóteles identifica con Zeus y Hades, “el dios de la luz celeste
y el dios de la oscuridad ctónica”(AJ p. 156).
Como antecedente
del dualismo platónico, Aristóteles pone a Ferécides
en Grecia y a los Magos en oriente. El descubrimiento de Zaratustra llevó
a la Academia “a pensar que la doctrina platónica del Bien como un
principio divino universal había sido revelada a la humanidad del
Este por un profeta oriental miles de años antes” (AJ p. 157).
En síntesis, el Manifiesto de la Filosofía presenta en el
libro primero a Platón por sobre todos, como hombre de todos los
tiempos. En el segundo inicia la crítica de las ideas, para culminar
en el tercero con la exposición de una cosmología y una teología
que era fiel a la teología astral de los últimos días
de Platón.
El Motor inmóvil se cierne sobre todos los
demás dioses, inmaterial y separado del mundo como Forma pura, cosa
que Aristóteles corregirá posteriormente. Como dice Jaeger,
“en la metafísica posterior de Aristóteles no siguió
ya aislado el principio del motor inmóvil, como sabemos; se asignó
un motor trascendental especial a cada una de las esferas que producen las
progresiones, retrogradaciones y puntos estacionarios aparentes de los cuerpos
celestes” (AJ pp. 165-166).
Los libros de la Política y de la
Metafísica que escribe en esta etapa serán tratados más
adelante.
Tercera etapa: Aristotélica (El Liceo)
Esta etapa,
la más conocida, será el tema central de lo que sigue.
4. El sistema filosófico
aristotélico
En el siglo IV al que
pertenece Aristóteles, la polis, fundada en el esclavismo, ha dado
todo lo que podía dar. Su crisis terminal se muestra de manera alarmante.
Dos grandes pensadores, Platón y Aristóteles, buscan caminos
de superación de esa crisis, elaborando los primeros sistemas filosóficos.
Para conocer la filosofía política aristotélica es
conveniente tener una idea aproximada de dicho sistema tal como es elaborado
ya en su madurez en el Liceo. En este sistema figuran conceptos elaborados
en las distintas etapas de su pensamiento, pues no es posible que, una vez
que hubo criticado al platonismo, haya descartado todo lo que de él
había aprendido.
Hay dos principios contrapuestos que vertebran
toda la construcción teórica de la realidad, denominados acto
y potencia -en MT TH (IX)- o forma y materia -en MT Z-H (VII-VIII). Simplificando
estos conceptos, podemos decir que el acto o forma es la realización
de un determinado ente, mientras que la potencia o materia es su posibilidad
de realización. Por ejemplo: la semilla, vista desde el árbol
es potencia o materia. El árbol es, en relación a la semilla,
acto o forma.
Está claro que si considero a un determinado ser
en acto, por ejemplo, al citado árbol, lo primero es la potencia.
Primero tuvo que poder ser árbol. Una piedra no puede serlo. Pero
si considero la realidad en general, debo decir que primero es el acto,
porque ninguna potencia pude pasar al acto si no es mediante otro acto.
Si no hay ningún árbol que produzca semillas, no puede haber
semillas. Estas, por otra parte, necesitan de las fuerzas de la tierra,
la humedad, el calor en acto.
Aplicando estos dos principios, y teniendo
en vista la actividad artesanal y artística, es posible detectar
en la realidad cuatro causas que, finalmente, se reducen a una: causa material,
causa formal, causa eficiente, y causa final.
La causa material es aquello
de que algo se hace, o sea, es aquello que puede ser algo otro. Es la potencia
que puede devenir acto. Es el mármol que se acaba de sacar de la
mina de Carrara y puede convertirse en una estatua.
La causa formal
es la que le da forma a ese algo que está en potencia. Es la conformación
del algo en potencia. Es el acto al que estaba destinada la potencia. Es
la estatua en la que se podía convertir el mármol. La forma
de estatua es el acto de ser estatua, es su esencia.
La causa eficiente
es aquella que motoriza para que la causa material pase a la formal, para
que la potencia se transforme en acto. Es Fidias que transforma el pedazo
de mármol en la estatua de Venus.
La causa final es la que expresa
la finalidad del ente en cuestión. La estatua fue creada para ser
contemplada como objeto de belleza, o para representar a la divinidad que
debe ser adorada, o como mercancía.
Con estos principios Aristóteles
elabora el sistema filosófico cosmovisivo que tendrá honda
y prolongada vigencia en la cultura occidental.
En la cúspide
del universo se encuentra el Theós, Dios -MT L (XII)-, que es acto
puro, forma pura, motor inmóvil, pensamiento del pensamiento. Dios
es pura actualidad, pura efectivización. Si tuviese alguna mezcla
de potencia no sería perfecto. Como es la suma perfección,
no puede contener nada de potencialidad.
El Theós es pensamiento
del pensamiento -nóesis noéseos-, pensamiento que se piensa
a sí mismo. Efectivamente, si pensase otra cosa distinta de él
mismo, pasaría a depender en el pensamiento de esa cosa, lo cual
lo tornaría imperfecto. Por otra parte, es “motor inmóvil”
-kinoûn akíneton. Es motor en tanto es el que mueve a todo
el universo. Pero es inmóvil en cuanto lo mueve atrayéndolo
hacia sí, como causa final, como el amado atrae al amante.
En
el Theós funden, pues, las cuatro causas. Es la causa eficiente porque
es el que todo lo mueve. Es la causa final, porque todo lo mueve hacia sí.
Es la finalidad de todo el universo que aspira a llegar a él. Es
la causa formal, porque la finalidad radica en su propia esencia. Es su
propia perfección, que lo hace ser el bien supremo para todos, que
lo transforma en la causa final. La causa material desaparece, reabsorbida
completamente por la causa formal.
Debajo del Theós se ubican
los Theoí, los dioses: son los astros que se mueven con movimiento
circular, alrededor del Theós. El movimiento circular es el movimiento
más perfecto en cuanto imita la inmovilidad. Junto al Theós
comparten el “mundo supralunar” cualitativamente superior al “mundo sublunar”
al que pertenecen todos los demás seres de la creación.
Así como en la cúspide del mundo se ubica la forma pura, el
acto puro, en el extremo inferior se ubica la materia pura, la potencia
pura. En realidad la materia pura es inexistente, pues sería pura
posibilidad. Pero debe ser pensada como contrapartida de la forma pura.
Viene a ocupar el lugar del caos de los grandes mitos que Aristóteles
bien conocía.
Entre la forma pura y la materia pura, en el ámbito
del “mundo sublunar”, se ubican los restantes seres en orden jerárquico.
La jerarquía viene establecida por la relación existente entre
forma y materia, acto y potencia. Los seres en los que predomina el acto
o forma son superiores a aquellos en los que predomina la materia. A su
vez, habrá gradaciones en el predominio tanto de la forma como de
la materia.
En esta jerarquía la escala superior está
ocupada por el varón, pues es en él en quien se realiza con
mayor plenitud la forma, es decir, la racionalidad. La mujer está
en una escala inferior, porque la forma es deficiente con relación
a la del varón. Debajo de la mujer están los esclavos, quienes
para participar de la racionalidad deben someterse al amo. Más abajo
los animales, los vegetales y los minerales.
El hombre está compuesto
de alma y cuerpo. El alma, a su vez, tiene una parte irracional y otra racional.
La parte irracional es sede de las virtudes éticas, y la racional
de las dianoéticas o intelectuales. Para comprender su filosofía
política, es importante tener una visión panorámica
de estas virtudes que Aristóteles desarrolla en la Etica.
Las
virtudes dianoéticas fundamentales son el nous, la episteme, la sofía,
la téjne y la frónesis. Las tres primeras son virtudes puramente
teoréticas. Están volcadas completamente a la theoría.
La frónesis está volcada a la praxis, y la téjne a
la poíesis. Aristóteles entiende por praxis un tipo de actividad
o creatividad cuyo producto es interno a ella, como por ejemplo el vivir.
El vivir es una actividad cuyo producto es el mismo vivir. La poíesis,
en cambio, es una actividad cuyo producto le es ajeno, como por ejemplo
hacer una mesa o una casa.
Se entiende que la praxis es superior a la
poíesis por el hecho de que, al ser el producto interno a la misma
actividad, ésta no es dependiente de las leyes del producto. La actividad
se incrementa a sí misma. La theoría, por su parte, es superior
a todo otro tipo de actividad porque es la praxis suprema. El Theós
sólo práctica la theoría.
El nous, que Robledo
traduce por “intuición”, es la captación de los primeros principios.
La episteme, cuya traducción literal es “ciencia”, consiste en el
desarrollo de las conclusiones que se derivan de esos principios. La sofía
o sabiduría abarca los primeros principios y sus conclusiones, y
equivale a nuestra filosofía como cosmovisión.
La frónesis
es la ciencia de la praxis, y la téjne de la poíesis. El concepto
de frónesis, que ya hemos considerado en los escritos tempranos de
Aristóteles, juega un papel fundamental en la política. “La
ciencia política y la frónesis son el mismo hábito,
pero su esencia no es la misma. De la frónesis que se aplica a la
polis, una, considerada como arquitectónica, es la frónesis
legisladora; la otra, que concierne a los casos particualres, recibe el
nombre común, y es la frónesis política” (EN VI Cap.
VIII)
Las virtudes éticas son: la fortaleza, la templanza, la
liberalidad, la magnificencia, la justicia y la equidad. Es un verdadero
manual de los sectores medios, con la excepción de tres virtudes
que pertenecen a la aristocracia: la magnificencia, la liberalidad y la
magnanimidad, para las cuales se requiere tener fortuna abundante y ser
considerado honorable. Volveremos sobre esto, porque aquí se manifiesta
una de las contradicciones en la teoría aristotélica que no
se puede explicar simplemente mediante la evolución estudiada por
Jaeger.
5. Clasificación de las ciencias
Aristóteles hace la siguiente división de las ciencias:
a) Ciencias teoréticas
Tienen por objeto la theoría .Comprenden
la “filosofía primera” o “teología”, la “ciencia del ser en
general” u “ontología”, la física, y las matemáticas.
La filosofía primera o teología estudia al ser “eterno, inmóvil
y separado” (MT E (VI), 1026 a 10-11). La “ciencia del ser en general” estudia
“el ser en tanto que ser y los atributos que le corresponden esencialmente”(MT
G (IV) 1003 a 21-22). El ser en tanto que ser es el ser en general, el ser
del que todos participamos, mientras que el ser primero es el Theós.
Es evidente que se trata de dos ciencias distintas.
Aristóteles
pretendió unificarlas, haciendo de la ciencia del ser primero la
ciencia del ser en general. Efectivamente, afirma que la filosofía
es la ciencia universal “porque primera” (MT E (VI) 1026 a 30). Como observa
Aubenque, en realidad se trata de una solución de compromiso. Aquí
vuelve a aparecer la contradicción que señalábamos
al referirnos a las virtudes. Efectivamente, al considerar a la filosofía
como ciencia del ser universal, del ser del que todos participamos, nos
ubicamos en una perspectiva democrática. Si la consideramos, en cambio
como ciencia del ser primero, del Theós, nos ubicamos en la perspectiva
de una elite.
Las matemáticas estudian ciertos entes “en tanto
que inmóviles y en tanto que separados” (MT E (VI) 1026 a 7-8). Aristóteles
se refiere a los números que en el platonismo se consideraban como
entes separados e inmóviles, cosa que él rechaza.
La física
es también una ciencia teorética, “pero teorética de
esa clase de ser que es susceptible de movimiento, y teorética de
la sustancia formal pero no separada de la materia”(MT E (VI) 1025 b 27-30).
b) Ciencias prácticas
Tienen por objeto la praxis. Son la política,
la economía y la ética. La política estudia la praxis
de la polis, la economía hace lo propio con la praxis de la oikía
o casa, y la ética estudia la praxis del individuo. De esta manera,
como sostiene Agnes Heller, Aristóteles sobrepasa el estudio de la
ética o comportamiento de la comunidad, para avanzar hacia la moral
o comportamiento del individuo.
La ciencia -episteme- política
es “la ciencia soberana y más que todas arquitectónica [...].
Ella, en efecto, determina cuáles son las ciencias necesarias en
las polis, y cuáles las que cada ciudadano debe aprender y hasta
dónde” (EN I cap. II).
La ciencia política es la ciencia
soberana pero en el seno de las ciencias prácticas. Saca sus principios
de las ciencias teóricas, sobre todo de la filosofía primera
y la ciencia del ser en general. Pero el hecho de ser la ciencia soberana
y arquitectónica no aumenta su precisión y exactitud, pues
“no debemos, en efecto, buscar la misma precisión en todos los conceptos,
como no se busca tampoco en la fabricación de objetos artificiales.
Lo bueno y lo justo, de cuya consideración se ocupa la ciencia política,
ofrecen tanta diversidad y tanta incertidumbre que ha llegado a pensarse
que sólo existen por convención y no por naturaleza”.
Por lo cual Aristóteles concluye que en “esta materia”, refiriéndose
a la ciencia política, en la cual incluye la ética, “hemos
de contentarnos con mostrar en nuestro discurso la verdad en general y aun
con cierta tosquedad”, pues “propio es del hombre culto no afanarse por
alcanzar otra precisión en cada género de problemas sino la
que consiente la naturaleza del asunto”. Para que no queden dudas al respecto,
agrega: “Igualmente absurdo sería aceptar de un matemático
razonamientos de probabilidad como exigir de un orador demostraciones concluyentes”
(EN I cap. III).
Como vemos, la concepción de la ciencia política
ha variado fundamentalmente. Ciencia teorética, y además exacta,
como la considerara en la primera etapa de su pensamiento, muy cercana a
Platón, es concebida ahora como una ciencia práctica y lejana
a la exactitud de las matemáticas. Aristóteles señala
que “el fin de esta ciencia no es el conocimiento sino la praxis” (EN I
cap. III).
La economía, ciencia propia de la casa que estudia
la manera de usar los bienes, es decir, los esclavos, difiere de la crematística,
que enseña la manera de adquirirlos. La crematística natural
es aquella que enseña la manera de adquirir bienes para “vivir bien”,
es decir, para vivir de acuerdo a los valores de la polis, con suficientes
bienes materiales y espirituales. El “vivir bien” establece los límites
necesarios de la crematística.
Pero hay otra crematística,
innecesaria, que no conoce límites. Su finalidad no es el “vivir
bien”, sino el simplemente el “vivir”. Opera con el cambio y la usura. Sobre
esta crematística los juicios de Aristóteles son terminantemente
condenatorios:
“La crematística tiene, como hemos dicho, dos
formas: una la del comercio al por menor y otra la de la economía
doméstica, esta última necesaria y laudable, y la de cambio
justamente censurada -pues no es natural, sino a costa de otros-; y con
tanta más razón se aborrecerá la usura, porque en ella
la ganancia se obtiene del mismo dinero y no de aquello para lo que éste
se inventó, pues el dinero se hizo para el cambio, y en la usura
el interés por sí sólo produce más dinero” (AP
I 1258 a 39-40; 1258 b 1-5).
c) Ciencias poiéticas
Son las
ciencias que tienen por objeto una determinada poíesis, es decir,
una actividad cuyo objeto le es externo. La estatuaria, la arquitectura,
la albañilería constituyen ejemplos de estas ciencias. Entre
todas éstas, Aristóteles sólo se ocupa del desarrollo
de la retórica y la poesía.
6. Relaciones entre la política,
la metafísica y la ética
La
producción teórica de Aristóteles es asombrosa: “Hay
obras sobre lógica y sobre la lengua, sobre las artes, sobre ética,
política y derecho; sobre historia constitucional y sobre historia
intelectual, sobre psicología y sobre fisiología, sobre historia
natural -zoología, biología, botánica-, sobre química,
astronomía, mecánica, matemáticas; sobre la filosofía
de la ciencia y la naturaleza del movimiento, del espacio y el tiempo; sobre
metafísica y teoría del conocimiento. Escojan un campo de
investigación, y Aristóteles trabajó en él;
tomen un área del empeño humano, y Aristóteles discurrió
sobre ella. Su alcance es asombroso”(BA p. 14).
Pero esta asombrosa
producción no es meramente enciclopédica. Se integra en la
cosmovisión que hemos expuesto. No está exenta de contradicciones
que no se resuelven suponiéndolas simplemente como producto de la
evolución de su pensamiento, tal como tiende a hacerlo Jaeger. Muchas
de sus contradicciones tienen que ver con las contradicciones propias de
la polis.
Un defecto fundamental que se suele cometer al estudiar la
filosofía aristotélica es por una parte estudiarla sin tener
en cuenta su contexto, la situación de la polis, las prácticas
sociales que están en la base de esa filosofía, y por otra
hacerlo sin conectar los distintos campos del pensamiento aristotélico.
Hay tres campos que constituyen el arco que une toda la cosmovisión:
la política, la metafísica y la ética.
No se puede
estudiar uno sin el otro. La metafísica, incorporando en esta denominación
tanto a la ciencia del ser primero como a la ciencia del ser en general,
o sea a la teología y a la ontología, elabora las
categorías fundamentales que han ser utilizadas en la política y en la ética. Pero la metafísica no puede elaborar sus categorías prescindiendo de la política. Las prácticas políticas condicionan la elaboración de las categorías. La ética, por su parte, se encuentra al interior de la política.
7. Estructura de la política
y contenido de sus diversos libros
Lo que
conocemos como libro de la política de Aristóteles no es un
libro, sino un conjunto de ocho libros escritos en distintos momentos de
su evolución. Por otra parte, conocemos dos ordenamientos distintos
que es necesario tener en cuenta. Uno es el ordenamiento originario, no
el originario de Aristóteles, que desconocemos, sino el que llegó
hasta nosotros y es adoptado por Jaeger y Ross. Otro es el que proponen
Julián Marías y Newman.
Los ocho libros, a su vez, componen
tres grupos diferenciados:
a) Los tres primeros libros componen lo que
podemos denominar la introducción. En la ubicación de éstos
no hay diferencia en ambos ordenamientos. El libro I constituye una verdadera
introducción, probablemente agregada posteriormente por Aristóteles,
para incorporar la economía y la crematística a la política.
Contiene categorías fundamentales, previamente establecidas en la
metafísica, que luego desarrollaremos.
Los libros II y III pertenecen
al período intermedio. Fueron escritos probablemente mientras Aristóteles
se encontraba en Asos. El libro II contiene las críticas que formula
a las constituciones que considera ideales, especialmente a la República
y a las Leyes de Platón, y a las constituciones de Esparta, Creta
y Cartago, consideradas en general como constituciones ejemplares. El libro
III está dedicado a la teoría del ciudadano y a la clasificación
de las constituciones. Se detiene finalmente en la monarquía y en
sus diversas formas.
b) Hay un segundo grupo formado por dos libros
que figuran como VII y VIII en el ordenamiento de Jaeger-Ross, y como IV
y V en el de Julián Marías-Newman. Tratan de la denominada
polis ideal. El libro VII (IV) se refiere propiamente a la polis ideal,
es decir a todo aquello que debe poseer para ser la mejor. El VIII (V) programa
la educación de los jóvenes para formar la polis ideal.
c) Finalmente nos queda un tercer grupo formado por los libros IV, V y VI
en el ordenamiento de Jaeger-Ross, y por los VI, VII y VIII en el otro.
Es el grupo de libros pertenecientes sin duda a la etapa del Liceo, que
tiene como base el estudio de 158 constituciones. El libro IV (VI) trata
de la mejor constitución posible. El V (VII) sobre la inestabilidad
de las polis, y el VI (VIII) sobre las democracia y la oligarquía.
De modo que sintéticamente nos quedaría el siguiente cuadro:
Jaeger-Ross:
IntroducciónParte empíricaEstado ideal
I - II - IIIIV - V - VIVII - VIII
Marías-Newman:
IntroducciónEstado
idealParte empírica
I - II - IIIIV - V VI - VII - VIII
Es
evidente que la parte empírica forma parte de la última etapa
del pensamiento de Aristóteles. En ese sentido, Marías y Newman
tendrían razón en su ordenamiento. Pero el texto de la política
no llegó a nuestras manos de esa manera: tal cual fue descubierto,
presentaba el ordenamiento que han conservado Jaeger y Ross. El reordenamiento
a que se sometió dicho texto, tal como acontece en Marías-Newman,
es lo que no se debe hacer con ningún texto. Porque, como dice Jaeger,
si ante cada nuevo descbrimiento reordenamos el texto, nunca tendremos un
texto.
Todos los textos suelen tener interpolaciones que se les hicieron
en diversas etapas. Es tarea de la crítica estudiar dichas interpolaciones,
interpretarlas, pero no cambiar el texto. A nadie se le ocurre reordenar
un texto como la Biblia, que ha sido escrito a lo largo de once siglos,
con las más diversas interpolaciones.
Por otra parte, no nos
es posible saber exactamente en qué orden dejó los libros
Aristóteles. El orden en que fueron encontrados tiene un sentido.
Efectivamente, luego de los libros introductorios viene el desarrollo del
cuerpo doctrinal contenido en los tres libros de la parte empírica.
Los libros de la polis ideal quedan finalmente como utopía, como
horizonte al que debe tender toda polis. De modo que por nuestra parte adoptamos
el ordenamiento de Jaeger-Ross, poniendo entre paréntesis el otro.
8. Categorías claves
En el libro I, probablemente agregado posteriormente
a la introducción que comenzaba con el libro II, Aristóteles
coloca como premisas para la filosofía política una serie
de categorías desarrolladas en la metafísica. Nos detendremos
brevemente en las fundamentales.
- La polis es la comunidad suprema
La polis es definida como la comunidad -koinonía- suprema -kyriotáte-,
“que comprende a todas las demás”. Por otra parte, como “toda comunidad
está constituida en vista de algún bien”, la comunidad suprema
que es la polis debe estar construida en vista del bien supremo.
La
polis es la comunidad suprema. No es cualquier tipo de asociación,
sino una asociación especial, una koinonía, una vida en común.
El lazo que cimenta esta comunidad no es otro que la amistad –filía.
Aristóteles le dedica los libros VIII y IX de la Ética nicomaquea,
pues “en cada una de las politeias la amistad aparece en la misma medida
que la justicia” (EN VIII cap. XI).
Para Platón era la justicia
la que cimentaba la unión de todos los miembros de la polis. Aristóteles
coloca la amistad al mismo nivel que la justicia. No puede haber polis sin
koinonía, sin comunidad, la cual es impensable sin la filía,
sin la amistad. Si no existe la amistad, no se tendrá una polis,
una comunidad que merezca tal nombre, sino sólo una “alianza”-symajía-,
en la cual la ley es simplemente un “convenio” -synthéke-, tal como
lo especifica Aristóteles en el libro III.
En una bella definición
Aristóteles concluye: “La polis es la comunidad de familias y de
aldeas en una vida perfecta y autosuficiente, y ésta es, a nuestro
juicio, la vida feliz y hermosa”. Es evidente que nos encontramos con una
definición muy cercana al platonismo. Entendemos que Aristóteles
no se desprenderá nunca de esta concepción, si bien la mantendrá
en su etapa del Liceo como un ideal, una utopía, que debe estar presente
pero no debe ser confundida con la polis mejor posible, de la que tratará
en el Libro IV (VI), el primero de la parte empírica.
Aristóteles
habla de la vida “perfecta”. En griego “perfecta” se dice teléia,
palabra derivada de télos, que significa fin, finalidad. La vida
perfecta es aquella que cumple su finalidad, la que le es intrínseca.
Esta finalidad está constituida por la eudaimonía, que traducimos
por “felicidad”, pero que en griego está cargada de un sentido afectivo
mayor. Eu significa bueno, benigno, y daímon es demonio, dios, divinidad.
El concepto está emparentado con lo religioso.
La polis es autosuficiente
-“La polis es la comunidad perfecta de varias aldeas que tiene, por decirlo
así, el extremo de toda autosuficiencia, y que surgió por
causa de las necesidades de la vida, pero que existe ahora para vivir bien
-eû dsên-”.
La polis es autosuficiente o autárquica.
Se acerca al concepto de sustancia definido en la metafísica. La
polis no es un accidente sino una sustancia, es decir, un ser que se autobasta,
que no depende de otro para la satisfacción de todas la necesidades,
no sólo materiales sino también espirituales, de manera que
sus miembros, los ciudadanos, puedan “vivir bien”, es decir, realizando
todas sus potencialidades humanas.
En la formulación de la polis
ideal que Aristóteles elabora en el libro VII (IV) la autosuficiencia
es el criterio fundamental para determinar la cantidad de población,
la extensión del territorio, la cantidad de funciones o servicios
que debe tener la polis para ser realmente la polis ideal que proporcione
todos los medios para que el hombre libre pueda vivir la mejor vida posible,
la vida contemplativa.
- La polis existe “por naturaleza”
“De modo
que toda polis es por naturaleza -fysei- si lo son las comunidades primeras;
porque la polis es la finalidad de ellas y la naturaleza es finalidad. En
efecto, llamamos naturaleza de cada cosa a lo que cada una es, una vez acabada
su generación, ya hablemos del hombre, del caballo o de la casa”.
Ya conocemos, por la metafísica, las cuatro causas. Sabemos también
que en último término se reducen a una. La naturaleza es la
esencia o forma. Es la causa formal. Afirmar que la polis es por naturaleza,
significa que es por esencia. La polis no existe accidentalmente, sino esencialmente.
No puede no existir desde el momento en que existen seres humanos, pues
éstos son esencialmente políticos, como veremos inmediatamente
después. Pero además la naturaleza es finalidad -télos.
Es causa final.
- El hombre es por naturaleza un animal político
“De todo ello resulta, pues, manifiesto que la polis es una de las cosas
naturales y que el hombre es por naturaleza un animal político -politikón
dsôon- y que el apolítico por naturaleza y no por azar o es
mal hombre o más que hombre”.
“La polis es una de las cosas naturales”,
es decir, de las cosas “por naturaleza”, por esencia. El hombre es “por
naturaleza”, por esencia, un “animal político”, esto es, “un animal
de la polis”. En lugar de “animal político” se suele traducir “animal
social”. Entiendo que de esa manera no se es fiel al verdadero pensamiento
aristotélico. Aristóteles afirma que la participación
en la polis como ciudadano es algo “por naturaleza”, algo esencial al ser
humano.
El ser humano es político por naturaleza. Aristóteles,
como buen griego, pensaba que la polis era el ámbito esencial del
ser humano como tal. Quien se encuentra fuera de la polis es mal hombre,
un hombre disminuido,
o más que hombre, un dios.
- El hombre es por naturaleza
un animal que tiene logos
“El hombre es el único animal que tiene
palabra” que no se debe confundir con la voz, que también tienen
los demás animales. Pero la voz sólo sirve para manifestar
“el dolor y el placer”, mientras que “la palabra es para manifestar lo conveniente
y lo dañoso, lo justo y lo injusto , y es exclusivo del hombre, frente
a los demás animales, el tener, él solo, el sentido del bien
y del mal, de lo justo y de lo injusto, etc., y la comunidad de estas cosas
es la que constituye la oikía y la polis”.
El hombre es el único
dsóôn lógon éjon, el único que tiene logos,
es decir razón-palabra. Los demás animales sólo tienen
foné, voz. Pueden dar gritos de dolor o de alegría, pero no
pueden manifestar lo que es dañoso o bueno. No tienen el sentido
de lo justo e injusto, no tienen sentido ético.
Sólo el
animal que tiene sentido ético, es decir, que tiene lógos,
razón-palabra es el que habita la oikía, la casa y la polis.
Estos son ámbitos de la ética. Son los ámbitos en los
que los hombres son realmente hombres.
- La polis es anterior a la oikía
“La polis es por naturaleza anterior -próteron- a la oikía,
a la polis y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior
a la parte”. Se trata de la anterioridad de naturaleza o de esencia, no
de la anterioridad temporal. El cuerpo es anterior a la mano, en este sentido.
No es anterior porque se forme antes que la mano. Ello es imposible. Se
forman al mismo tiempo. Pero la mano no es sin el cuerpo, mientras que éste
sí es sin la mano.
“Es evidente, pues, que la polis es por naturaleza
y anterior al individuo, porque el individuo separado no se basta a sí
mismo, será semejante a las demás partes en relación
con el todo, y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada para
su propia suficiencia, no es miembro de la polis sino una bestia o un dios”.
Fuera de la polis, fuera de la koinonía, el hombre no es, pues pierde
su autosuficiencia. Deja de ser sustancia para convertirse en accidente.
Fuera de la polis sólo pueden vivir, es decir, ser autosuficientes,
las bestias por abajo, y dios o los dioses por arriba.
- El ciudadano
y su virtud
No todo habitante de la polis es ciudadano, pues “el ciudadano
-polítes- sin más por nada se define mejor que por participar
en la justicia -krísis- y en el poder -’arjé-”, afirma Aristóteles
en el Libro III.
Administrar justicia significa separar, distinguir,
discernir lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto. Krisis, del verbo
kríno, significa separación. El juez separa, distingue. El
administrar justicia es una característica esencial del ciudadano.
Pero además debe participar de la ’arjé. Esta palabra significa
principio, origen, causa primera. Entre otras definiciones aristotélicas
de la filosofía está la de ser “la ciencia de los primeros
principios”, es decir, de las primeras ’arjaí. Los primeros principios
mandan. De allí el significado de mando, poder.
Naturalmente,
se participa de distinta manera del poder. Algunos ejercen el poder supremo
por un tiempo determinado. Pero todos los ciudadanos ejercen el poder al
participar como miembros de la ekklesía, o sea de la asamblea. Quedan
excluidos de la ciudadanía muchos habitantes de la polis como los
metecos y los esclavos. Hay también ciudadanos imperfectos, o no
plenos, como los niños y los ancianos.
La virtud que distingue
al ciudadano no es necesariamente la del hombre bueno, pues depende del
régimen de gobierno o forma de polis a la que pertenezca. No es lo
mismo ser ciudadano de una monarquía, de una aristocracia o de una
democracia. “La virtud de un ciudadano digno parece consistir en ser capaz
tanto de mandar como de obedecer bien”, y es fácil entender que no
es lo mismo mandar y obedecer en una monarquía que en un democracia.
9. La mejor polis posible (Libro
IV (VI))
En el Libro IV Aristóteles
despliega toda su concepción sobre la polis mejor posible. Nos introducimos,
de esa manera, en el pensamiento maduro de Aristóteles, que tiene
detrás de sí el análisis de 158 polis. Lo tomaremos
como centro de nuestra exposición de la filosofía política
de Aristóteles, moviéndonos hacia otros libros cuando ello
sea necesario o conveniente. Las citas están tomadas de la edición
de Julián Marías que figura en la bibliografía. Para
mayor comodidad indicaremos sólo la página.
Es necesario
tener presente que Aristóteles escribe este libro, junto con el V
y el VI, al mismo tiempo que escribe los libros Z, H, TH (VII, VIII, IX)
de la Metafísica y la Etica nicomaquea.
9.1. Status quaestionis
/ Categorías
“En todas las téjne y en todas las epistéme
que no son parciales, sino que abarcan por completo un género de
objetos, corresponde a una sola considerar lo referente a cada género”
(p. 166). Las téjne que se suele traducir por “arte” son los saberes
poiéticos que ya hemos considerado.
Ergo: en lo referente a la
politeía “corresponde a una misma ciencia considerar cuál
es la mejor y qué cualidades debería tener para responder
mejor a nuestros deseos si no existiera ningún obstáculo exterior
y qué politeía es adecuada a quiénes”. Aristóteles
está hablando aquí de una ciencia práctica: la ciencia
arquitectónica.
La política como ciencia distingue entre
la politeía mejor -aplôs, en absoluto; la mejor -`ek tôn
`ypokeiménon- según las circunstancias, y la que está
fundada -’ecs `ypothéseos- en un supuesto previo.
Son tres casos
distintos que serán tratados pormenorizadamente. El de la mejor politeia
posible es el caso de la polis ideal. Aristóteles ya la trató
en los Libros VII-VIII (IV-V), con rasgos en los que se deja la influencia
platónica. Aristóteles nunca eliminirá este libro,
lo cual no puede menos que significar que juzgó importante conservar
esta polis utópica como horizonte de toda su construcción
teórica.
La polis mejor “según las circunstancias” es
la mejor posible, es decir, la mejor dadas las circunstancias en las que
es necesario construirla. Esta es la polis del realismo aristotélico,
si así puede llamarse. Es la teoría de la polis que tiene
como base el estudio de las 158 polis diversas, y es precisamente la polis
de la que trata el Libro IV (VI) que ahora comentamos.
El último
caso, el de la polis “en un supuesto previo”, se refiere a la politeía
que ya está instalada, que no es la mejor posible, pero que sería
desastroso querer cambiar. También esta polis debe ser estudiada
por la ciencia política. Es necesario saber cómo conservarla.
Será estudiada en diversos libros. Aquí entra incluso la tiranía,
estudiada en el libro V (VII).
“Al legislador no deben ocultársele
cuántas son las variedades de cada politeía y de cuántas
maneras pueden componerse -syntíthentai-. La frónesis le hará
ver también las mejores leyes y las más adecuadas a cada politeía
, pues las leyes deben darse -títhesthai- y todos las dan a las politeías
y no las politeías a las leyes” (p. 167).
El legislador debe
tener en cuenta tanto el tipo de politeia al que debe dar las leyes, como
las diversas circunstancias de dicha politeia. Dicho conocimiento se lo
proporciona la frónesis, saber volcado a la praxis, como hemos visto.
Se trata, naturalmente, de la praxis política. Podemos detectar de
esta manera el cambio que ha habido entre la época de la Academia,
cuando Aristóteles escribió el Protréptico, y la época
del Liceo, a la que pertenece este libro IV.
Las leyes deben ajustarse
a la politeia en cuestión y no al revés: texto claramente
antiplatónico. No se trata de construir una polis ideal, con leyes
ideales. No están primero las leyes construidas mentalmente para
luego ajustar a la politeia a las mismas, sino al revés. Primero
la realidad de la polis en cuestión, y luego las leyes que le corresponden.
Montesquieu lo tendrá en cuenta al plantear la necesidad de ajustar
las leyes al “espíritu” de la sociedad para la que se establecen.
“Politeía es la organización de los poderes en las polis -politeía
mèn gàr esti tácsis taîs pólesin `e perì
tàs ‘arjás-, cómo se distribuyen, cuál es el
elemento soberano -tò kùrion- y cuál el fin de la koinonía
en cada caso” (pp. 166-167).
La politeia es el régimen político,
la organización del Estado que comprende: organización y distribución
de los poderes, determinación del poder soberano, y, finalmente,
la finalidad que debe cumplir la comunidad, es decir, la polis como comunidad.
9.2. Tipos de politeias o formas de gobierno
Aristóteles distingue
entre politeías rectas -’orthaí- y tres desviaciones -parekbáseis.
Las politeias rectas son la monarquía, la aristocracia y la politeia
o república, y las desviaciones son la tiranía, la oligarquía
y la democracia. En la Etica nicomaquea Aristóteles dice de la politeia
que “por estar fundada en el censo de la propiedad podría llamarse
apropiadamente timocracia, por más que la mayoría acostumbre
llamarla politeia”(EN VIII, cap. X).
Es una verdadera tipología
cuya ascendencia platónica es evidente. No tiene como base la empiria.
Se trata de una construcción teórica, semejante a la formulación
de los tipos weberianos. Aristóteles utiliza dos criterios para hacer
esta tipología: “quién gobierna y cómo gobierna” (NB
p. 34).
Aplicando el primer criterio, el de la cantidad, los tres tipos
resultan con claridad tanto en las formas rectas como en las desviadas.
Si gobierna uno solo la politeia será monarquía o tiranía;
si gobiernan unos pocos, será aristocracia u oligarquía; si
gobiernan todos o la mayoría, será politeia o democracia.
El segundo criterio, de la cualidad o valoración, resulta en la tipología
de las politeias rectas, es decir, buenas, aprobadas, y las desviadas, malas,
reprobadas. Si se atiende al bien común la politeia es recta, y es
desviada si el
que tiene el poder o los que tienen el poder lo utilizan
sólo para ellos. Estos están constituidos “sobre la base de
la virtud provista de recursos”.
A continuación Aristóteles
formula un programa de investigación de acuerdo a los siguientes
puntos:
1) Variedades de cada politeía, puesto que hay varias
formas de democracia y de oligarquía”.
2) La más universal
y preferible después de la mejor, mirando preferentemente a la aristocracia.
3) Cuál de las otras es preferible “pues quizá algunos necesitarán
más bien una democracia que una oligarquía, y otros más
bien ésta que aquélla”.
4) Distintas formas de democracia
y oligarquía (Libro VI (VIII)).
5) Destrucción y conservación
(Libro V (VII)).
Monarquía y aristocracia son para Aristóteles
las mejores formas de gobierno si se las considera en sí -aplôs-,
pero las polis no se rigen por esas formas de gobierno. La mayoría
tiene politeias que fluctúan entre la oligarquía y la democracia.
En consecuencia, la investigación tendrá esas politeias como
tema central.
9.3. Causas de la existencia de diferentes politeias
La causa es que “toda polis tiene varias partes”: familias, ricos, pobres
e intermedios. Como si esto fuera poco, Aristóteles aclara que “los
ricos están armados y los pobres sin armas” (p. 169).
Luego hace
una distinción entre la composición del pueblo y la de los
ciudadanos distinguidos. En el pueblo, Aristóteles detecta la existencia
de campesinos, comerciantes y obreros. Entre los segundos nos dice que las
diferencias se establecen de acuerdo a la riqueza, el linaje y la virtud.
Son criterios para distinguir los estamentos.
Pero Aristóteles
no deja de subrayar la importancia de la riqueza, que se manifiesta especialmente
en la posibilidad de criar caballos, pues esto otorga un poder especial.
Efectivamente, “en los tiempos antiguos todas las polis cuya fuerza consistía
en caballería estaban gobernadas por oligarquías” (p. 170).
Como “la politeía es una ordenación de los poderes -’arjón-,
que todos distribuyen según el poder de los que participan de ellas
o según alguna igualdad común a todos ellos”, “es forzoso
que existan tantas politeías como ordenaciones”. Pero de hecho, existen
dos formas de politeías, “la democracia y la oligarquía”,
pues la aristocracia es llamada oligarquía, y la democracia politeía.
El tema de la diferenciación de las distintas politeias es de suma
importancia para Aristóteles. Precisamente, una de las críticas
centrales a la filosofía política platónica es el concepto
de unidad. Para Platón, el concepto de unidad es unívoco.
Se entiende de una sola manera. Aristóteles, en cambio, entiende
tanto el ser como lo uno, o el ser y la unidad “se dicen de distintas maneras”
(MF E 1026 a 33). Una es la unidad de una piedra, otra la de un árbol,
otra la de una oikía, otra la de las distintas polis.
9.4. Formas
de democracia y de oligarquía
A Aristóteles les preocupan
fundamentalmente la democracia y la oligarquía, porque las polis
fluctúan entre esos dos sistemas de gobierno. Es importante por lo
tanto saber en qué consisten. “Es una democracia cuando los libres
y pobres, siendo los más, ejercen la soberanía, y una oligarquía
cuando la ejercen los ricos y nobles, siendo pocos”.
En consecuencia
Aristóteles entiende por democracia a aquella polis en la cual son
más numerosos “los libres y pobres”, es decir, los libres que son
pobres. La democracia, por lo tanto, es el gobierno de los pobres. Si el
gobierno lo ejercen los que son “ricos y nobles, siendo pocos”, se trata
de una oligarquía (p. 172).
Definida de esa manera la oligarquía,
se confunde con la aristocracia. Es probable que el texto sea incompleto,
pues Aristóteles se preocupa de distinguirlas claramente, siendo
la aristocracia una “forma recta”, y la oligarquía en cambio una
“desviación”. Es por ello que Aristóteles vuelve sobre la
aristocracia: “El nombre de aristocracia puede aplicarse legítimamente
a la politeia que hemos estudiado en los primeros libros -lógoi (pues
la politeia constituida por los absolutamente - ‘aplôs- mejores en
virtud, y no según un supuesto determinado, es el único que
puede denominarse aristocracia, ya que sólo en ella el mismo varón
- ‘o aútós ’anèr- en absoluto es a la vez hombre bueno
y buen ciudadano, mientras que en las demás los ciudadanos son buenos
desde el punto de vista de su politeia)” (pp. 180-181).
Esta caracterización
de la aristocracia es notable, pues revela una de las contradicciones fundamentales
en las que se mueve Aristóteles. Su opción para las polis
griegas es la politeia en sentido específico, que se suele traducir
por “república”, basada en los “sectores medios” -mésoi. Sin
embargo, admira a la aristocracia, a los sectores altos que tienen riqueza
y poder. Naturalmente, les exige que sean virtuosos. Al hablar de la politeia
en sentido específico volveremos sobre el tema. Sabemos por el Libro
III que ser buen ciudadano no es lo mismo que ser buen hombre. Sólo
en la aristocracia se da la plena coincidencia del hombre con el ciudadano.
Habiendo clarificado concepciones de la oligarquía y la democracia,
se da a la tarea de hacer la clasificación de las distintas partes
de la polis, o sea, de los distintos estamentos. Distingue ocho estamentos
pero sólo enumera siete, lo cual significa que parte del texto se
ha perdido. Los estamentos enumerados son los siguientes: campesinos, artesanos,
comerciantes, jornaleros, militares, ricos y funcionarios públicos
(pp. 173-175).
Las partes o estamentos principales son “los ricos y
los pobres. Además, como generalmente los ricos son pocos y los pobres
muchos, estas partes de la ciudad aparecen como contrarias, de modo que
la preponderancia de una u otra constituye las politeias, y éstas
parecen ser dos: la democracia y la oligarquía” (p. 175).
Estas
dos politeias, a su vez, conocen distintas formas. Aristóteles se
detiene en cada una de ellas. Enumera cinco formas de democracia y cuatro
de oligarquía. El criterio fundamental consiste en las condiciones
de participación.
9.5. La politeía
“La politeía
es, en términos generales, una mezcla -mícsis- de oligarquía
y democracia: las que se inclinan a la democracia suelen llamarse politeías,
y las que tienden más bien a la oligarquía, aristocracias”
(p. 182). Aristóteles no utiliza ahora la precisión que exigiría
el tratamiento científico. Se atiene a la empiria, a la denominación
general. Por eso dice “como hablando en general” -’os ‘aplôs ‘eipeîn-.
Como acertadamente observa Jaeger, mientras en el Libro III la oligarquía
constituye una desviación de la aristocracia, y la democracia una
desviación de la politeía, en el Libro IV entran como partes
integrantes de la politeia mediante la cual se podrán superar las
crisis en las que se ven envueltas las polis.
Aristóteles no
renuncia a formular una tipología al estilo platónico, pero
no intenta hacer entrar a las polis en la camisa de fuerza de una polis
ideal tal como es formulada en la tipología. El principio formulado
en la Metafísica, “ser se dice de muchas maneras”, significa que
no hay un único tipo de polis, una única polis ideal a la
que todas las polis deben adecuarse. Las polis en general son mezclas. Sobre
esas mezclas debe trabajar el legislador si efectivamente quiere contribuir
a superar la crisis en que se encuentran todas las polis.
Por ello,
es necesario que el legislador sepa qué leyes son necesarias, pues
“las leyes pueden ser las mejores posibles para ellos o las mejores en absoluto”.
Las leyes idealmente mejores no siempre son las mejores para una polis determinada.
Pueden, incluso, ser contraproducentes. Es fundamental tener en cuenta de
qué polis se trata, de qué politeia y en qué condiciones
se encuentra.
Así el legislador deberá tener en cuenta
que “el principio de la aristocracia es la virtud, el de la oligarquía
la riqueza, y el de la democracia, la libertad”. Las leyes, en consecuencia
no pueden ser las mismas para estas distintas politeias. La virtud debe
ser el fundamento de las leyes de una politeia aristocrática, pero
además es necesario ver las circunstancias particulares de la aristocracia
de que se trata. Lo mismo dígase de las otras politeias.
Como
“en la mayoría de las polis existe la forma -eídos- llamada
politeía”, que consiste en una “mezcla de ricos y pobres” que se
estructuran como oligarquía y democracia, Aristóteles se preocupa
por elaborar principios fundamentales para formar una politeia. Se trata
de mezclar la democracia con la oligarquía. Tres son los modos conducentes:
1)Incorporar un término medio común de los caracteres de ambas
legislaciones, por ejemplo: mezclar la multa que en las oligarquía
se impone a los ricos si no la ejercen, con el salario que en las democracias
se paga a lo pobres.
2)Incorporar un término medio común
de lo que cada una exige. Por ejemplo, “democracias no exigen propiedad
alguna, o muy pequeña, para participar en la ekklesía; las
oligarquías exigen una gran propiedad. El término común
no será ni uno ni otro, sino el medio -tò méson- entre
ambas propiedades”.
3)“El tercer modo es una combinación de las
dos instituciones, parte de la oligárquica y parte de la democrática
(pp. 183-184).
Aristóteles concluye esta propuesta afirmando
que democracia y oligarquía “están bien mezcladas cuando la
misma politeía puede ser llamada democracia y oligarquía”,
y pone como ejemplo a Esparta.
9.6. La mejor politeía
En
la filosofía política del Aristóteles maduro, que desarrolla
su actividad en el Liceo, es fundamental el tema de la mejor politeia posible.
Trata de aclarar “cuál es la mejor politeia -’aríte politeía-
y cuál es la mejor clase de vida para la mayoría de las polis
y para la mayoría de los hombres, sin asumir un nivel de virtud que
est
é por encima de personas ordinarias, ni una educación
que requiera condiciones afortunadas de naturaleza y recursos, ni una politeia
a medida de todos los deseos, sino una clase de vida tal que pueda participar
de ella la mayoría de los hombres y una politeia que esté
al alcance de la mayoría de las polis” (p. 186).
Se trata de
encontrar “la mejor politeia” no en términos absolutos, como ideal
o utopía, sino como posibilidad real, para que “la mayoría
de los hombres”, y no la minoría, ya sean los ricos o los nobles,
en “la mayoría de las polis” puedan vivir “la mejor vida” -’áristos
bíos.
Recurre a la Etica nicomaquea: “Si se ha dicho con razón
en la Etica que la vida feliz es la vida sin impedimento de acuerdo con
la virtud, y que la virtud consiste en un término medio, necesariamente
la vida media -méson bíon- será la mejor, por estar
el término medio al alcance de cada uno”.
Por otra parte, en
la polis “hay tres elementos: los muy ricos, los muy pobres y, en tercer
lugar, los intermedios -mésoi- entre unos y otros; y puesto que hemos
convenido en que lo moderado y lo intermedio es lo mejor, es evidente que
también
cuando se trata de la posesión de bienes, la fortuna
-ktésis=posesión- media -mése- es la mejor de todas,
porque es la que más fácilmente obedece a la razón”
(p. 186).
El término medio o mediedad -mesótes- es una
de las categorías centrales de toda la filosofía aristotélica
en lo social, en lo político, en la ética y en la ontología.
Nos detendremos, pues, en cada uno de estos niveles:
a) Nivel social
En el ámbito social o político-social, el término medio
está constituido por el sector medio o “los intermedios” -mésoi-.
Es importante tener en cuenta que desde el principio, como veíamos
en el contexto, se forma un sector medio que entra en contradicción
con los eupátridas.
Aristóteles se pronunciará
por esos sectores medios para asegurar una polis estable en la que se pueda
llevar la mejor vida, y da las razones para ello:
-Obedecen a la razón.
“Los que son demasiado hermosos, fuertes, nobles, ricos, o por el contrario,
los demasiado pobres, débiles o despreciados, difícilmente
se dejan guiar por la razón, pues los primeros se vuelven soberbios
y grandes malvados, y los segundos malhechores y capaces de pequeñas
maldades, y de los delitos unos se cometen por soberbia y otros por maldad”
(pp. 186-187).
-La filía y la koinonía se dan en ellos.
La polis es una comunidad, no una mera asociación. El lazo de la
comunidad es la amistad -filia-. Pero ésta se da entre “elementos
iguales y semejantes en el mayor grado posible”, precisamente lo que se
da en el sector medio.
-Tienen mayor estabilidad. Ello es así
“porque ni codician lo ajeno como los pobres, ni otros desean lo suyo, como
los pobres lo que tienen los ricos, y al no ser objeto de conspiraciones
ni conspirar, viven en seguridad” (p. 187).
-Están libres de
sediciones -stáseis-. “Que la politeia intermedia es la mejor, es
evidente, puesto que es la única libre de sediciones -stáseis-.
En efecto donde el sector medio es numeroso es donde menos sediciones y
disensiones civiles se producen” (p.188).
-Los mejores legisladores
-nomothétai- han salido de los méson. Aristóteles pone
como ejemplos a Solón, Licurgo y Carondas.
b) Nivel político
En el ámbito político la mediedad está expresada por
la politeia. Aristóteles deja de lado la monarquía y la aristocracia
porque en la situación en que se encuentran las polis, son regímenes
ideales, impracticables. Sus análisis se centran en la oligarquía
y la democracia, las dos politeías que eran hegemónicas de
diversas formas. Su propuesta será combinarlas de manera tal que
conformen una verdadera politeia, una polis gobernada por el sector medio.
c) Nivel ético
En la ética la mediedad se aplica a las
virtudes éticas. “La virtud es, por tanto, un hábito selectivo,
consistente en una posición intermedia -’en mesóteti- para
nosotros, determinada por la razón y como lo determinaría
el hombre prudente -frónimos-”(EN II cap. VI). El término
medio -mesótes- es el criterio para determinar la virtud ética.
Pero no se trata de una determinación taxativa o exacta. El hombre
prudente, el de la frónesis, es quien determina dónde se sitúa
el término medio en cada caso.
d) Nivel ontológico
En el nivel ontológico la doctrina de la mediedad se expresa como
la concepción de la “episteme del ser en general” o del “ser en cuanto
ser”. La contradicción que se le plantea a Aristóteles entre
la ciencia del ser primero y la ciencia del ser en general se corresponde
con la contradicción entre la aristocracia y los sectores medios.
Aristóteles se ha pronunciado por los sectores medios. Son éstos
los que pueden asegurar la estabilidad de la polis en crisis. La episteme
que fundamenta esta opción es la episteme del ser en general” o del
“ser en tanto que ser”. El ser en general es el ser del que todos participan.
Se trata de una concepción democrática de la episteme.
Pero Aristóteles nunca dejó de admirar a la aristocracia.
Puede verse aquí una influencia del platonismo, pero ello no es suficiente.
Hay en él un sentido aristocrático, de élite. La vida
teorética es la vida de algunos. Sin duda, sus contactos y su vida,
ya sea en la corte del rey de Macedonia o en las cercanías del tirano
Hermias, han influido en esta atracción por los grupos aristócratas.
Es por ello que no puede dejar de lado la concepción de la episteme
del ser primero, concepción aristocrática en la medida en
que el conocimiento del ser primero, el theós, está reservado
para pocos. La solución que intenta en el Libro E (VI), afirmando
que “la filosofía es universal porque primera”, tiene todos los visos
de ser una solución de compromiso, como afirma Aubenque.
9.7.
Los tres elementos / El elemento deliberativo -tò bouleuómenon
Los tres elementos de toda politeía:
a)El deliberativo - tò
bouleuómenon-.
b)Las magistraturas o poderes -’ai ‘arjaí-.
c)La justicia -tò dikácson-.
“El elemento deliberativo
tiene autoridad sobre la guerra y la paz, las alianzas y su disolución,
la pena de muerte, de destierro y de confiscación, el nombramiento
de las magistraturas y la rendición de cuentas”.
En la democracia,
“todos los ciudadanos deciden de todas las cuestiones”, pudiendo hacerlo
de diversas maneras.
En la oligarquía sólo algunos ciudadanos
deliberan sobre todas las cuestiones, pudiendo hacerlo también de
diversas maneras.
10. Crisis de la polis
En el siglo IV, como hemos visto, la polis se encuentra en plena
crisis. Las guerras médicas, la guerra del Peloponeso, la expansión
del comercio hicieron de la polis un espacio demasiado estrecho. Platón
intentó la solución práctico-teórica con sus
obras, especialmente con la República, el Político y las Leyes.
Aristóteles lo hace mediante la investigación que realiza
el equipo del Liceo sobre numerosas polis. Sabemos del estudio de 158 polis,
de las que lamentablemente sólo conservamos el estudio de Atenas.
Como resultado de ese estudio, Aristóteles escribe el libro V (VII)
de la Política.
Aristóteles centra el estudio en la stásis,
es decir en la revolución, en el sentido de una intervención
activa, violenta, de los miembros de la polis, para producir un cambio que
puede asumir diversas formas. En efecto, el cambio puede consistir en:
a)Cambiar una politeia por otra, “por ejemplo, la democracia por la oligarquía,
o la oligarquía por la democracia, o ésta por la politeia
y la aristocracia por aquélla” (p. 205). Éste sería
el caso de lo que podemos llamar propiamente “revolución”, en la
medida en que es el sistema político el que se transforma.
b)Cambiar
sólo las personas en el poder. Esto es propio de lo que solemos denominar
golpes de Estado.
c)Acentuar o disminuir la forma de politeia establecida.
Así, se tratará de hacer más efectiva y acentuada o
menos efectiva y más suave la dominación oligárquica,
o de hacer más efectiva e igualitaria la democracia y viceversa.
d)Alterar algún elemento de la politeia en cuestión, como
“por ejemplo, establecer o suprimir alguna magistratura” (p. 05).
2
Para entender por qué se producen las crisis, Aristóteles
dice que en primer lugar se debe “establecer el principio de que hay muchas
politeias y están de acuerdo sobre la justicia y la igualdad relativa,
aunque no las consiguen” (p. 204). Este es el punto fundamental. Las politeias
se fundan en la justicia y la igualdad. Este es, por lo tanto, el punto
a ser clarificado.
Las polis se establecen sobre los fundamentos de
la justicia y la igualdad, o mejor, sobre la igualdad. Una polis es justa
cuando realiza el fundamento de la igualdad. Pero la igualdad se entiende
de dos maneras: la igualdad aritmética o absoluta, y la igualdad
geométrica o relativa o proporcional.
“Las revoluciones -stásis-
tienen pues siempre por causa la desigualdad, pero no si los desiguales
tienen lo que les corresponde (pues la monarquía hereditaria sólo
es desigual si existe entre iguales), y en general los que se sublevan lo
hacen buscando la igualdad”( pp. 205-206).
Quienes se sublevan buscan
la igualdad que según perciben se les niega injustamente. La igualdad
proporcional es la que corresponde a los méritos, a la virtud o a
la riqueza de acuerdo a la politeia de que se trate. En la aristocracia,
por ejemplo, la igualdad consiste en que los privilegios de la virtud no
superen los méritos de ésta. La igualdad debe ser proporcional
a los méritos. Si se percibe que los privilegios que consiente esa
igualdad son sobrepasados, comienza a gestarse la sublevación.
“Todos están de acuerdo en que lo absolutamente justo es la igualdad
según los merecimie
ntos, pero discrepan [ ...] porque los unos, si son iguales en
algún aspecto, creen ser completamente iguales, y los otros, si son
desiguales en algún aspecto, reclaman para sí la desigualdad
en todas las cosas. Por eso también las politeias son principalmente
dos: la democracia y la oligarquía, porque mientras la nobleza de
sangre y la virtud se encuentran en pocos, los atributos en que se fundan
la democracia y la oligarquía se encuentran en más; en efecto,
los nobles y los buenos no llegan en ninguna parte a ciento, pero ricos
hay en todas partes”(p. 206).
Siendo diferentes las politeias, es evidente
que no se pueden fundar absolutamente en una sola clase de igualdad. “Los
hechos lo ponen de manifiesto, ya que ninguna de tales politeias es duradera,
y la causa de ello es la imposibilidad de que de un principio inicial erróneo
no resulte al cabo algún mal; por eso se debe aplicar unas veces
la igualdad numérica, y otras la igualdad según los merecimientos”
(p. 206).
La igualdad es fundamento de toda politeia, pero no la igualdad
absoluta, sino la igualdad proporcional. La proporcionalidad de la justicia
dependerá de la politeia en cuestión: en la aristocracia,
la proporcionalidad se establece de acuerdo a la virtud; en la oligarquía,
de acuerdo a la riqueza.
El problema central es la crisis de la polis.
Es importante, en consecuencia, determinar cuál de las diversas politeias
presenta mayores posibilidades de estabilidad. El problema se sitúa
entre la oligarquía y la democracia, pues entre esas dos politeias
se reparten prácticamente todas las polis. En esto Aristóteles
es claro: “es más segura y menos susceptible de desestabilización
la democracia que la oligarquía”. Por otra parte, “la politeia de
los sectores medios - ‘e ’ek tôn méson politeía- está
más cerca de la democracia que de la oligarquía, y es la más
segura de las politeias de esta índole” (pp. 206-207).
Los motivos
fundamentales de las desestabilizaciones son el afán de lucro, la
ambición de honores, el miedo a los castigos o a la injusticia, el
desprecio, el crecimiento desproporcionado de la población.
En
las democracias los causantes principales son los demagogos, que utilizan
varios medios como acusar falsamente, hacer irritar al pueblo contra los
ricos, hacerse tiranos y utilizar la retórica. En las oligarquías,
las sediciones son provocadas por la opresión que se ejerce sobre
el pueblo, por la pérdida de la propia fortuna que experimentan algunos
oligarcas, por vivir desenfrenadamente, y finalmente “cuando dentro de la
oligarquía se constituye una segunda oligarquía”.
11. Conservación de la polis
A Aristóteles le preocupa enormemente la salvación
de la polis. El sustantivo sotería que traducimos como conservación,
significa en realidad salvación. Aristóteles quiere salvar
la polis. Naturalmente, salvarla es conservarla, es decir, conseguir su
estabilidad. Tema central. Lejos de la polis ideal, que quedará como
horizonte, como utopía, como meta a la que tender, Aristóteles
se preocupa por las politeias existentes, incluso por la tiranía,
porque la desestabilización es la anarquía, el desastre total.
“En las politeias bien constituidas nada debe vigilarse tanto como que los
ciudadanos no quebranten en nada la ley, poniendo especial cuidado en las
pequeñeces, porque la transgresión se insinúa sin ser
advertida, lo mismo que un pequeño dispendio, repetido con frecuencia,
acaba con una fortuna” (p. 223).
Además de esta medida general,
Aristóteles se detiene en medidas especiales a tomar como el presentar
causas de temor, prevenir rivalidades, aumentar o disminuir las contribuciones,
no permitir que nadie se enriquezca demasiado y “aumentar el sector medio
-tò méson aúcsein-, pues así se deshacen las
sediciones -stáseis- que tienen por causa la desigualdad”(p. 226).
Para conservar o salvar las polis es fundamental el comportamiento de los
que ejercen el poder, es decir, los magistrados. Deben reunir tres condiciones:
“En primer lugar, amistad -filía- con la politeia establecida; en
segundo lugar, la mayor competencia en las tareas propias de las magistratura;
y en tercer lugar, la virtud y la justicia adecuadas a cada politeia” (p.
228).
“Además de esto, no debe echarse en olvido, como ocurre
actualmente en las politeias desviadas, el término medio -tò
méson-, pues muchas medidas que parecen democráticas destruyen
las democracias, y muchas de las que parecen oligárquicas, las oligarquías”
(Ibidem). “Pero entre todas las medidas mencionadas para asegurar la permanencia
de las politeias es de la máxima importancia la educación
de acuerdo con la politeia, que ahora todos descuidan” (229-230).
12. Conservación de la tiranía
Para la salvación de la tiranía
Atistóteles recomienda dos tipos de medidas distintas y contrapuestas.
El primer tipo de medidas consiste en hacer el poder tiránico “más
tiránico”-tyrannikotéra-, y el segundo en hacerlo “más
semejante a la realeza -basilikotéra-.
El primer tipo de medidas
tiene como finalidad imponer de manera tal el poder tiránico que
desaliente toda esperanza de poderlo derribar. Después de enunciar
una serie de medidas, de las que sin duda Maquiavelo tomará debida
nota para aconsejar al Príncipe, las sintetiza en tres medidas centrales:
“Primero, apocar a sus gobernados -pues un pusilánime no puede conspirar
contra nadie-”; segundo, fomentar la desconfianza entre ellos, porque la
tiranía no se derriba hasta que haya algunos que confíen en
sí mismos [ ... ]; y tercero, la impotencia para la acción,
porque ninguno emprende lo imposible, de modo que tampoco intentará
nadie derribar la tiranía sin disponer de fuerza” (240-241).
El segundo tipo de medidas es tratar de aparecer como un rey. Por lo tanto,
todas las contribuciones deben aparecer como necesarias para la administración
común: él debe aparecer majestuoso, de tal modo que suscite
veneración y no temor; debe cultivar el valor militar y respetar
a los jóvenes de ambos sexos; debe usar los placeres con moderación,
adornar la polis como un verdadero guardián y no como un tirano,
y preocuparse del culto a los dioses. Debe abstenerse de toda clase de violencias,
cuidarse de los que se sienten agraviados, asociar a su gobierno al sector
más fuerte, y aparecer como “como padre de familia o como un rey”.
Siglas
AJAristóteles
(Jaeger)
BAAristóteles (Barnes)
EN I, cap. 2Etica nicomaquea,
Libro I, capítulo 2
GyPGriegos y persas
IAOLos imperios del
antiguo oriente
LCGAClases y luchas de clases en la Grecia Antigua
MTMetafísica
NBLas teorías de las formas de gobierno en
la historia del pensamiento político (Bobbio)
Estructura de la Metafísica
La Metafísica está formada por catorce
libros numerados en letras griegas y en números romanos. Se pueden
agrupar de la manera siguiente:
A, a, B, G (I, 2, III, IV): forman un
todo al que se une E (VI). Constituyen una introducción a la ciencia
del ser en general. El libro B (III) es el libro de las aporías o
contradicciones. En él Aristóteles expone las contradicciones
que intenta solucionar mediante el desarrollo metafísico. Viene a
ser el libro central. Todo el bloque pertenece a la etapa intermedia, salvo
el libro a (II) que es un agregado posterior.
Z, H, TH (VII, VIII, IX):
es el bloque central de toda la Metafísica, escrito durante la etapa
del Liceo, al mismo tiempo que los libros IV, V, VI de la Política,
luego de la investigación de las 158 polis. En los libros Z, H trata
de la sustancia y TH sobre el acto y la potencia. Son las categorías
centrales de toda la filosofía aristotélica.
D (V): es
una obra independiente. Consiste en un vocabulario filosófico.
I (X): es un tratado sobre lo uno y lo múltiple, y constituye también
una obra independiente.
K (XI): contiene dos partes, la primera que
repite el contenido de ABG, y la segunda que es una compilación de
la Física.
L (XII): contiene la ciencia del theós. Para
Tricot es el libro en el que confluye todo el estudio de la Metafísica,
su meta final. Para Jaeger, se trata de una obra independiente, escrita
en la etapa intermedia, con mucha influencia todavía del platonismo.
Aquí se encuentra la célebre definición del theós
como nóesis noéseos.
M, N (XIII, XIV): retoman la crítica
al sistema platónico en su última etapa.
Faltarían todavía algunas observaciones al
esquema:
A, 9 y M, 4-5: ambos textos están dedicados a criticar
las ideas platónicas. Pero A, 9 está escrito directamente
contra la Espeusipo que sustituye las ideas por los números. M, 4-5,
en cambio, critica a Espeusipo y Jenócrates que identifican las esencias
matemáticas con las ideas.
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Biblioteca Virtual CLACSO
La filosofía política
clásica
De la antigúedad al renacimiento
Atilio Borón
- compilador