|
CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Fuente: Kant, Immanuel. La paz perpetua. Presentación de Antonio Truyol y Serra. Traducción de Joaquín Abellán. Madrid. Editorial Tecnos, 1985.
ÍNDICE:
1- INTRODUCCIÓN
2- OBJETIVO DE LA OBRA
3- LA INTUICIÓN: EL ESPACIO y EL TIEMPO
4- LAS CATEGORÍAS
5- EL ENTENDIMIENTO Y LOS CONCEPTOS
6- LAS ILUSIONES Y LA RAZÓN
7- LA ABROGACIÓN DEL SABER
8- KANT
8.1 VIDA
8.2 PENSAMIENTO Y OBRA
8.3 INFLUENCIA
1.INTRODUCCIÓN Crítica de la razón pura, principal obra escrita por el filósofo alemán Immanuel Kant. Fue publicada en 1781 en alemán (título original: Kritik der reinen Vernunft) y fue reeditada (con alguna revisión) en 1787..
2.OBJETIVO DE LA OBRA:
Según el propio Kant, el propósito de esta obra era que la filosofía experimentara su propia “revolución copernicana”. Cuestionar la razón como facultad de conocer y tomar conciencia de las limitaciones de la propia filosofía, en tanto que la metafísica quiere acceder a la condición de ciencia, es el propósito que Kant abordó en Crítica de la razón pura. Hasta entonces, en efecto, la metafísica oscilaba entre el empirismo (que no concebía ningún conocimiento fuera de la experiencia) y el racionalismo (que planteaba su objeto en lo absoluto). Kant intentaba eludir esta alternativa, demostrando que si, según David Hume, todo conocimiento supone la dimensión experimental del objeto, ésta implica también una disponibilidad innata en el sujeto. Y, de hecho, Kant se pregunta si es posible hacer de la metafísica una ciencia a semejanza de las matemáticas (donde son probadas demostraciones irrefutables) o de la física (que obtiene leyes que las experiencias confirman). Al examinar dichas ciencias, se observa que en el origen de su progresión se encuentran las proposiciones (o juicios) sintéticas a priori, en virtud de las que la razón presupone sus objetos, incluso en ausencia de éstos: “¿Cómo pueden nacer en nosotros proposiciones que no nos ha enseñado ninguna experiencia?”. Ahora bien, si las proposiciones sintéticas son necesarias para las ciencias teóricas, la condición científica de la metafísica depende necesariamente de ellas; se trataría, en efecto, de definir su propio ámbito de investigación. Si éste se caracteriza, pues, por su aprioridad (trascendental) por oposición a la aposterioridad (experimental) de la física, es entonces la facultad de conocer la llamada a comparecer ante su propio tribunal: el instrumento de esta comparecencia es la Crítica, encargada de determinar los límites intrínsecos del “conocimiento de la razón en sí misma” y de trazar “el campo de su correcto uso (...) con una certeza geométrica”.
3- LA INTUICIÓN: EL ESPACIO Y EL TIEMPO:
La Crítica de la razón pura comienza, pues, con una teoría
de la sensibilidad intuitiva llamada estética trascendental. ¿En qué condiciones accede el ser humano a los datos empíricos? Se observa en este caso que el doble sentido, externo (el espacio) e interno (el tiempo) no supone una representación discursiva o a posteriori; en cambio, hace posible
todas nuestras representaciones espaciales o temporales, empíricas o
abstractas. De ello se deduce que “todas las cosas que intuimos en el espacio o
en el tiempo (...) no son más que fenómenos, es decir, puras representaciones”.
Puesto que las formas a priori de la sensibilidad, que son el espacio y
el tiempo, están en el origen de nuestras percepciones como nuestras
concepciones, estas representaciones, para ser sensibles, implican una
idealidad que les da una pureza, es decir, su cualidad trascendental. No
son ni propiedades de las cosas de las que tendríamos una percepción
previamente confusa (que el conocimiento dilucida a posteriori), ni
conceptos formados por abstracción: son intuiciones puras que, por el
contrario, fundamentan a la vez construcciones de conceptos (por ejemplo
matemáticos) y su verificación o aplicación en física. En resumen, hay un conocimiento
(formal o sine qua non) que precede a toda impresión empírica como todo
conocimiento objetivo. Por ello, el fenómeno no es ni la percepción
inmediata de un objeto, ni su concepción a posteriori. En consecuencia,
en el proceso cognoscitivo son los objetos los que se determinan en el sujeto y
no al contrario, puesto que el sentimiento del tiempo y del espacio, a la vez
receptivo (empírico) y susceptivo (trascendental), como facultad en principio
estética, precede a toda verificación, empírica o científica.
4 LAS CATEGORÍAS
De estas formas a priori u originarias y subjetivas,
se puede proceder a la doble deducción trascendental de las formas a
priori del entendimiento, llamadas categorías. Este es el cometido de la
analítica de los conceptos, que se pregunta acerca de la posibilidad de los
juicios. La facultad de juzgar (el entendimiento) subsume lo diverso
representado en la intuición gracias a los conceptos puros o a priori,
es decir, funciones que permiten sintetizar los datos sensibles o unificarlos
en objetos susceptibles de ser conocidos. A partir de su conceptualización,
Kant enumera una serie de categorías donde los juicios son clasificados según
la cantidad (juicios universales, particulares o singulares), la cualidad
(juicios afirmativos, negativos o infinitos), la relación (juicios
categóricos, hipotéticos o disyuntivos) y la modalidad (juicios
problemáticos, asertóricos o apodícticos); estas formas lógicas dependen
respectivamente de las siguientes categorías: unidad, pluralidad, totalidad
(relativas a la cantidad); realidad, negación, limitación (relativas a la
cualidad); sustancia-y-accidente, causa-y-efecto, reciprocidad (relativas a la
relación); y posibilidad, existencia y necesidad (relativas a la modalidad).
Por otro lado, toda experiencia supone “la unidad sintética de lo diverso en la
apercepción”, o sea, un orden que las categorías garantizan: ese es el objeto
de la segunda deducción trascendental. Ahora bien, esta unidad no es otra que
el sujeto del cogito. Éste no se plantea unilateralmente: si el sujeto
cartesiano es reflexivo, el kantiano es igualmente transitivo. Ni intuición, ni
concepto, la unidad del “yo” es, además, la posibilidad o el poder originario
de la consciencia de oponerse a un objetivo cualquiera antes de experimentar
los objetos tal como son. Esta predisposición a anticiparlos es llamada apercepción
trascendental. Además de las intuiciones, el sujeto conocedor dispone,
pues, de los conceptos como herramientas de unión entre aquéllas y las
categorías: por tanto, conocer no es más que aplicar el concepto (a priori
vacío) en la materia de la intuición (a priori ciega).
5-EL ENTENDIMIENTO Y LOS CONCEPTOS
Tras haber delimitado el campo pasivo de la receptividad, queda
pues averiguar los recursos activos de que dispone el entendimiento. O lo que
es lo mismo, analizar cuáles son las condiciones que todo conocimiento objetivo
requiere. Esta cuestión implica estudiar las reglas a las que el entendimiento
debe someterse para usar conceptos acertadamente. Sin embargo, la facultad de
juzgar es esa instancia de jurisdicción, es decir de subsunción de los
datos (empíricos) a los conceptos generales (entendimiento), como trata de
demostrar la Analítica de los principios. Por un lado, los datos
sensibles, y por otro, el concepto puro del entendimiento: se pasará de un
término al otro de esta polarización del campo delimitado por la estética
trascendental, gracias al término medio que es el esquema trascendental: “esta
representación intermediaria ha de ser pura (sin ningún elemento empírico), y
sin embargo es necesario que sea, por un lado intelectual y, por el
otro, sensible” escribía Kant. El esquematismo es la
transposición sensible (pero no empírica) de los conceptos (no determinados)
que originariamente se efectúa en la imaginación. Así, el concepto de “perro”,
antes de ser la experiencia actual del susodicho animal o la enumeración de sus
caracteres propios, significa primeramente “una regla según la cual mi
imaginación puede experimentar, en general, la figura de un cuadrúpedo”; en
resumen, es una imagen (un esquema) al que el concepto se refiere
inmediatamente: ésta no es ni reducible al contenido concreto de una intuición,
ni a la pura y simple reproducción mental de un objeto cualquiera. Esta (pre)
visión, anterior a toda experiencia, tiene por origen, según Kant, el tiempo,
como “imagen pura (...) de todos los sentidos en general”.
Sigue así un sistema de principios que establece que las condiciones de la experiencia son igualmente las condiciones a priori de los objetos (físicos) de la experiencia; se articula como sigue: 1) los axiomas de la intuición, en virtud de los cuales todo fenómeno comporta una magnitud espacio-temporal extensiva; 2) según la intención, las anticipaciones de la percepción suponen obligatoriamente “un grado de influencia sobre los sentidos” o contenido material de toda percepción futura; 3) analogías de la experiencia, que regulan las uniones entre los fenómenos, ya que todo fenómeno es, según la permanencia, la sucesión o la simultaneidad, relativa al tiempo; esta relatividad supone el principio de la sustancia que hace posible la diferencia entre sucesión y simultaneidad; además, si el principio de causalidad explica la sucesión, entonces la reciprocidad (o reversibilidad de la causa y del efecto) implica la simultaneidad; 4) por último, los postulados del pensamiento empírico en general, que son lo posible (satisfaciendo a las “condiciones formales de la experiencia”), lo real (satisfaciendo a las “condiciones materiales” de la experiencia) y lo necesario (satisfaciendo a las “condiciones generales de la experiencia”). Para aumentar la modalidad, se observa que estos postulados no intervienen más que indirectamente en la constitución de un objeto de conocimiento: relacionan los objetos dados a nuestras facultades. Estos principios que fundamentan la experiencia de un objeto, concluye Kant, son las leyes universales de la naturaleza. Acotan el campo de la experiencia posible, fuera del cual ningún conocimiento objetivo es posible, ya que excede nuestro poder cognoscitivo. El entendimiento no se ocupa, pues, más que de los fenómenos, sean las cosas tal como nos parecen y no tal como son. Fuera de la esfera fenomenal las cosas residen en sí, inaccesibles de hecho a la experiencia. Por este motivo los poderes de la propia razón están limitados, porque “nuestro conocimiento proviene de dos fuentes fundamentales (...): la receptividad de las impresiones y la espontaneidad de los conceptos”.
6-LAS ILUSIONES DE LA RAZÓN:
La dialéctica trascendental extrae así las consecuencias que se pretendían investigar. La razón, constata Kant, aunque condicionada, no puede evitar razonar o especular sobre una última condición que daría razón, por así decirlo, de su condición, proyectándose espontáneamente en el mundo de las ideas suprasensibles. Este paso al límite, que excede el campo definido por la estética, así como los poderes del entendimiento, es una ilusión natural propia de la razón misma. De ahí el título de ilusiones trascendentales que Kant da a las ideas, por oposición a los conceptos. Sobreestimadas en su valor y en el papel que se pretende que desempeñen, así le aparecen las ideas del alma (fruto en psicología de paralogismos), del mundo (fruto en cosmología de antinomias) y de Dios (fruto en teología del ideal de la razón); en cuanto a esto, las ideas no tienen más que una “apariencia dialéctica”, porque suponen un objeto sin predicado, una totalidad sin partes y una causa sin efecto. O, dicho de otro modo, datos de los que no se puede tener ninguna experiencia concreta. Ahora bien, estas ideas trascendentes salen en realidad, y respectivamente, de la inmanencia de una triple “unidad absoluta”: las del “sujeto pensante”, de la “serie de condiciones del fenómeno” y de la “condición de todos los objetos del pensamiento en general”. Se puede, ciertamente, probar la existencia de Dios, argumentando pruebas ontológicamente (ideas), cosmológicamente (ser supremo) o físico-teológicamente (fin de fines) determinadas; pero supone descender del orden nounomenal (el de las cosas en sí) al orden fenomenal (el de los objetos posibles). En prueba de lo cual, toda objeción equivaldría a una demostración, y viceversa. La metafísica no puede pues dar lugar a un saber objetivo más que limitándose al uso prescrito por los objetos posibles de la experiencia. No obstante, concluye Kant, estas conjeturas no son sin embargo más que la expresión de un noble ideal.
7-LA ABROGACIÓN DEL SABER:
Por último, resta prevenir acerca de los usos abusivos de la razón determinando las “condiciones formales de un sistema completo de la razón pura” en una teoría trascendental del método. Ello implica una disciplina y un canon. Respectivamente, el ser humano debe abstenerse de imitar, en filosofía, el método matemático que desemboca en el dogmatismo, que induce a la polémica y al escepticismo metódico también cuestionados. Que se proceda por hipótesis o que se administren pruebas, la crítica pide que se les remita siempre al campo de la razón, a una moral que supone tres postulados: la libertad de la voluntad, la inmortalidad del alma y la existencia de Dios. Es así como, escribe Kant, “todo interés de mi razón (especulativa como práctica) está contenida en estas tres preguntas: ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? ¿qué me está permitido esperar?” Estas preguntas, a las que la C rítica de la razón pura no responde más que a través de hipótesis decisivas, abren desde este momento el campo a una investigación respecto a la credibilidad de la razón: “he tenido que abrogar el saber para hacer un sitio a la fe” concluye Kant, antes de empezar la Crítica de la razón práctica (1788), que anuncia esta profesión de fe.
Éste es el resultado de la amplia investigación crítica emprendida por Kant con respecto a la metafísica, con el doble título de “disposición natural” y de “ciencia”. En el fondo, se trataba nada menos que de descubrir, “bajo la mirada crítica de una razón más elevada que ella, el punto de error de la propia razón”. La razón, en efecto, tiene pasiones que la dogmática ignora. Así es como Kant elaboró como crítica una metafísica de la metafísica, según la cual la razón no podría dar razón de sí misma, más que con la condición de permanecer en todo momento susceptible de fijar sus condiciones, sus objetos y sus límites intrínsecos.
8- Kant, Immanuel (1724-1804), filósofo alemán, considerado por muchos como el pensador más influyente de la era moderna.
8.1 VIDA
Nacido
en Königsberg (actual ciudad rusa de Kaliningrado) el 22 de abril de
1724, estudió en el Collegium Fredericianum desde 1732 hasta 1740, año
en que ingresó en la universidad de su ciudad natal. Su formación primaria se basó sobre todo en el estudio de los clásicos, mientras que sus estudios superiores
versaron sobre Física y Matemáticas. Desde 1746 hasta 1755, debido al
fallecimiento de su padre, tuvo que interrumpir sus estudios y trabajar
como preceptor privado. No obstante, gracias a la ayuda de un amigo
pudo continuarlos en 1755, año en que recibió su doctorado. Comenzó
entonces una intensa carrera docente
en la propia Universidad de Königsberg; primeramente impartió clases de
Ciencias y Matemáticas, para, de forma paulatina, ampliar sus temas a
casi todas las ramas de la filosofía. Pese a adquirir una cierta
reputación, no fue nombrado profesor titular (de Lógica y Metafísica)
hasta 1770. Durante los siguientes 27 años vivió dedicado a su
actividad docente, atrayendo a un gran número de estudiantes a
Königsberg. Sus enseñanzas teológicas (basadas más en el racionalismo
que en la revelación divina) le crearon problemas con el gobierno de
Prusia y, en 1794, el rey Federico Guillermo II le prohibió impartir
clases o escribir sobre temas religiosos. Kant acató esta orden hasta
la muerte del Rey; cuando esto ocurrió se sintió liberado de dicha
imposición. En 1798, ya retirado de la docencia universitaria, publicó
un epítome en el que expresaba el conjunto de sus ideas en materia
religiosa. Falleció el 12 de febrero de 1804 en Königsber
8.2 PENSAMIENTO Y OBRA :
La piedra angular de la filosofía kantiana (en ocasiones denominada “filosofía
crítica”) está recogida en una de sus principales obras, Crítica de la razón
pura (1781), en la que examinó las bases del conocimiento humano y creó una
epistemología individual. Al igual que los primeros filósofos, Kant
diferenciaba los modos de pensar en proposiciones analíticas y sintéticas. Una
proposición analítica es aquella en la que el predicado está contenido en el
sujeto, como en la afirmación “las casas negras son casas”. La verdad de este
tipo de proposiciones es evidente, porque afirmar lo contrario supondría
plantear una proposición contradictoria. Tales proposiciones son llamadas
analíticas porque la verdad se descubre por el análisis del concepto en sí
mismo. Las proposiciones sintéticas, en cambio, son aquellas a las que no se
puede llegar por análisis puro, como en la expresión “la casa es negra”. Todas
las proposiciones comunes que resultan de la experiencia del mundo son
sintéticas.
Las proposiciones, según Kant, pueden ser divididas también en
otros dos tipos: empíricas (o a posteriori) y a priori. Las
proposiciones empíricas dependen tan sólo de la percepción, pero las
proposiciones a priori tienen una validez esencial y no se basan en tal
percepción. La diferencia entre estos dos tipos de proposiciones puede ser
ilustrada por la empírica “la casa es negra” y la a priori “dos más dos
son cuatro”. La tesis sostenida por Kant en la Crítica de la razón pura
consiste en que resulta posible formular juicios sintéticos a priori.
Esta posición filosófica es conocida como transcendentalismo. Al explicar cómo es
posible este tipo de juicios, consideraba los objetos del mundo material como
incognoscibles en esencia; desde el punto de vista de la razón, sirven tan sólo
como materia pura a partir de la cual se nutren las sensaciones. Los objetos,
en sí mismos, no tienen existencia, y el espacio y el tiempo pertenecen a la
realidad sólo como parte de la mente, como intuiciones con las que las
percepciones son medidas y valoradas.
Además de estas intuiciones, afirmó que también existen un número
de conceptos a priori, llamados categorías. Dividió éstas en cuatro
grupos: las relativas a la cantidad (que son unidad, pluralidad y totalidad),
las relacionadas con la cualidad (que son realidad, negación y limitación), las
que conciernen a la relación (que son sustancia-y-accidente, causa-y-efecto y
reciprocidad) y las que tienen que ver con la modalidad (que son posibilidad,
existencia y necesidad). Las intuiciones y las categorías se pueden emplear
para hacer juicios sobre experiencias y percepciones pero, según Kant, no pueden
aplicarse sobre ideas abstractas o conceptos cruciales como libertad y
existencia sin que lleven a inconsecuencias en la forma de binomios de
proposiciones contradictorias, o antinomias, en las que ambos elementos de cada
par pueden ser probados como verdad.
En la Metafísica de las costumbres
(1797) Kant describió su sistema ético, basado en la idea de que la
razón es la autoridad última de la moral. Afirmaba que los actos de
cualquier clase han de ser emprendidos desde un sentido del deber que
dicte la razón, y que ningún acto realizado por conveniencia o sólo por
obediencia a la ley o costumbre puede considerarse como moral.
Describió dos tipos de órdenes dadas por la razón: el imperativo
hipotético, que dispone un curso dado
de acción para lograr un fin específico; y el imperativo categórico,
que dicta una trayectoria de actuación que debe ser seguida por su
exactitud y necesidad. El imperativo categórico es la base de la moral
y fue resumido por Kant en estas palabras claves: “Obra como si la
máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza”.
Las ideas éticas de Kant son el resultado lógico de su creencia en
la libertad fundamental del individuo, como manifestó en su Crítica de la
razón práctica (1788). No consideraba esta libertad como la libertad no
sometida a las leyes, como en la anarquía, sino más bien como la libertad del
gobierno de sí mismo, la libertad para obedecer en conciencia las leyes del
Universo como se revelan por la razón. Creía que el bienestar de cada individuo
sería considerado, en sentido estricto, como un fin en sí mismo y que el mundo
progresaba hacia una sociedad ideal donde la razón “obligaría a todo legislador
a crear sus leyes de tal manera que pudieran haber nacido de la voluntad única
de un pueblo entero, y a considerar todo sujeto, en la medida en que desea ser
un ciudadano, partiendo del principio de si ha estado de acuerdo con esta
voluntad”.
Su pensamiento político quedó patente en La paz perpetua (1795), ensayo en el que abogaba por el establecimiento de una federación mundial de estados republicanos. Además de sus trabajos sobre filosofía, escribió numerosos tratados sobre diversas materias científicas, sobre todo en el área de la geografía física. Su obra más importante en este campo fue Historia universal de la naturaleza y teoría del cielo (1755), en la que anticipaba la hipótesis (más tarde desarrollada por Laplace) de la formación del Universo a partir de una nebulosa originaria. Entre su abundante producción escrita también sobresalen Prolegómenos a toda metafísica futura que pueda presentarse como ciencia (más conocida por el nombre de Prolegómenos, 1783), Principios metafísicos de la ciencia natural (1786), Crítica del juicio (1790) y La religión dentro de los límites de la mera razón (1793).
8.3INFLUENCIA:
La
filosofía kantiana, y en especial tal y como fue desarrollada por el
filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, estableció los cimientos
sobre los que se edificó la estructura básica del pensamiento de Karl
Marx. El método dialéctico, utilizado tanto por Hegel como por Marx, no
fue sino el desarrollo del método de razonamiento articulado por
antinomias aplicado por Kant. El filósofo alemán Johann Gottlieb
Fichte, alumno suyo,
rechazó la división del mundo hecha por su maestro en partes objetivas
y subjetivas, y elaboró una filosofía idealista que también influyó de
una forma notable en los socialistas del siglo XIX. Uno de los
sucesores de Kant en la Universidad de Königsberg, Johann Friedrich
Herbart, incorporó algunas de las ideas kantianas a sus sistemas de
pedagogía.
|
Tus compras en Argentina |
|
Tus compras en México |
|
Tus compras en Brasil |