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CIENCIAS DE LA RELIGIÓN EN EL PERÚ
(CONTINUACIÓN)
2.7 La perspectiva antropológica
A partir de la segunda mitad de los años cuarenta un grupo
de especialistas peruanos, vinculados al Instituto de Etnología y
Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, entre
los que destacaban Luis Valcárcel, Jorge Muelle, José Matos
Mar y José María Arguedas, comenzó a organizar el trabajo
antropológico autónomo en el Perú. 53 Las primeras investigaciones llevadas a cabo eran una especie
de inventarios de los elementos culturales e institucionales autóctonos
que sobrevivían en las comunidades. Estos elementos están
en las características particulares de una cultura: en el lenguaje,
en las costumbres, en el sistema de parentesco, en el sistema económico,
en fin, en la cultura material. Se realizó un inmenso trabajo de
campo para recolectar material de primera mano suficiente como para cumplir
con el objetivo de conocer los pueblos y sus costumbres antes de que la
modernización alterase los patrones de vida y de conducta de sus
habitantes.
José María Arguedas (1911-1969) fue el
primero que se dedicó de manera explícita a coleccionar e
interpretar narraciones, canciones y costumbres de origen religioso con
fines antropológico-folclóricos. Entre las cinco partes integrantes
de su obra antropológica (el mundo andino, el folclore, la religión,
el arte popular, y las tradiciones), 54 la vida religiosa de los pueblos andinos ocupa un lugar privilegiado.
55 Lo religioso aparece a veces
como parte del folclore o de la música. Arguedas descubre en los
himnos quechua/católicos tres niveles de simbolismo, y detecta el
proceso de mimetización en las fiestas religiosas, así como
en las danzas donde se denuncia el mal trato que se da a los indígenas.
56 Entre los trabajos más
conocidos referidos al tema religioso se encuentra la colección del
mito de Inkarri, fruto de dos visitas a Puquio, en agosto de 1952 y septiembre/octubre
de 1956. A partir de ese momento el mito de Inkarri 57
se convierte en un tema permanente de los antropólogos,
al igual que lo fue la interpretación y transformación de
Wiracocha para los etnohistoriadores. Vinculado con la problemática
del Inkarri aparece el llamado mesianismo andino y su insinuación
en movimientos históricos como el Taki Oncoy. 58 En torno a este problema, Juan Ossio publicó el año
1973 una vasta antología en la cual se dieron a conocer las dos versiones
del Inkarri: la de Arguedas y la de Alejandro Ortiz Rescaniere. Sin embargo,
el hecho más importante por esos años fue la edición
de Dioses y Hombres de Huarochirí (1966) con narraciones míticas de la Sierra, traducidas
por Arguedas; y esta publicación fue auspiciada por el Instituto
de Estudios Peruanos. Arguedas sostuvo que estos textos míticos tenían
la misma importancia para los pueblos quechuas que el Popol Vuh para los
quichés.
El mérito de la generación de Arguedas,
enlos que se cuentan intelectuales de la talla de Efraín Morote Best,
de la Universidad San Cristóbal de Huamanga, y de Oscar Núñez
del Prado, de la Universidad del Cuzco, consiste sobre todo en que posibilitaron
el acceso al material de investigación religiosa y antropológica
en general. Las investigaciones llevadas a cabo por la antropología
social dentro del Proyecto de Perú-Cornell, entre los años
1951-1956 en la Hacienda de Vicos, dieron otro giro a la antropología.
Los antropólogos se volvieron promotores sociales y técnicos,
influenciados por la orientación fundamentalmente funcionalista y
la aplicación del método de la observación participante.
La investigación de la religión campesina perdió importancia.
Esta situación recién cambió con el gran auge de la
antropología en el Perú, entre los años setenta y ochenta.
En esa época recibe un gran impulso la investigación de las
fiestas patronales y de su trasfondo religioso. 59
Esos años fueron el escenario de un reavivamiento
de las discusiones ideológicas entre los antropólogos peruanos
en este campo, debido a la influencia creciente y sucesiva de las corrientes
teóricas: estructural-funcionalistas, marxista y estructuralista.
Se define la importancia del sistema religioso en una cultura como parte
constitutiva, vale decir, regulativa y eje de una sociedad, o como ideología,
que interpreta y ordena las cosas. Más tarde, apoyándose en
teorías que proporcionan la categoría de redes sociales (parecida
a las redes de parentesco), se reemplaza la categoría de clases sociales
por la investigación de la función de la religión en
un mundo; aquí el conflicto social es considerado algo secundario.
Juan Ossio afirma, en el prefacio a la antología Ideología mesiánica del mundo andino, que es tarea del investigador distinguir claramente entre el
nivel ideológico (sistema de valores y creencias) y el nivel empírico
(o de acciones). Se plantea allí el problema acerca de una investigación
adecuada de la religión. "Enfatizando pues el nivel empírico
uno corre el peligro de dejarse llevar por sus propias representaciones
colectivas, heredadas de su ambiente cultural y social, y de dar realidad
objetiva a algo que no es sino una construcción mental del investigador".
60 Esto sería
cierto con respecto a cualquier hecho que esté siendo investigando
en las Ciencias Sociales; pero, en el caso de las investigaciones sobre
la religión el problema adquiere mayor gravedad pues se requiere,
sobre todo, distinguir entre el contenido y el efecto de lo religioso. Ossio
se pregunta, como muchos otros investigadores de la religión, si
tratar a la religión por sus efectos no es asumir una actitud reduccionista,
ya que deja de lado su esencia. Entonces, el asunto giraría en torno
a la posibilidad de renunciar a la exigencia de que el objeto de cualquier
investigación científica deba ser empíricamente verificable.
Es natural, y existe consenso al respecto, que esto sea imposible. Por eso,
para hacer de la religión un objeto con esta característica
no queda otra cosa que reducirla a sus efectos sociales, psicológicos
y a todo aquello que se puede captar mediante la aplicación de la
teoría y los métodos de las ciencias humanas, "... hay
que reconstruir los fenómenos religiosos como productos sociales
relativamente autónomos, con efectos sociales pertinentes y específicos
sobre sus propias condiciones sociales de la producción". 61 La discusión sobre
sus contenidos, incluso el simbólico, es arte interpretativo y corresponde
a la filosofía, la lingüística o la teología.
Esos presupuestos deben ser aclarados toda vez que un investigador se aventure
a examinar la religión desde las Ciencias Sociales y no esté
dispuesto a lamentarse después ante la imposibilidad de descubrir
con sus métodos la esencia de lo religioso.
En resumen,
las investigaciones realizadas en el campo de la antropología, marcadas
por la influencia del evolucionismo o del difusionismo 62 y, más tarde, por el estructuralismo y el funcionalismo
63, ponen en evidencia
que los primeros trabajos interpretativos buscaban entender las funciones
que cumple la religión en la vida de los individuos y de las colectividades.
A finales de los años sesenta se realizó un cambio en la orientación
de los trabajos sobre la religión. El centro de atención eran
las fiestas religiosas y el aspecto económico de las comunidades,
como parte de un sistema de redistribución de poder y de igualación
social. Este enfoque fue luego desplazado para ser reemplazado por la preferencia
hacia los significados. Ossio consideró que este cambio fue causado
por la mayor influencia que ejercieron los trabajos de Mircea Eliade, los
cuales fueron presentados por primera vez en el Perú por Onorio Ferrero.
A su vez, Imelda Vega-Centeno lo adscribe a la influencia de la antropología
francesa de Lévi-Strauss, Balandier y Moscovici. En su opinión
el acercamiento a lo religioso mediante el simbolismo sería más
fructífero para obtener explicaciones debido a que revaloriza y amplía
la base explicativa de los hechos sociales 64. Esta afirmación debe ser vista con mucho cuidado para
no mezclar lo interpretativo con lo explicativo, en caso contrario se abrirían
nuevamente las puertas a la especulación en las Ciencias Sociales.
Debemos subrayar que en todas estas discusiones se reconoce la necesidad
ineludible de contar con teorías explicativas. Nos parece que la
ausencia o presencia fragmentaria, o ecléctica, de teorías
en los respectivos trabajos muestran con toda evidencia un lado débil.
En efecto, el punto de partida de la escuela funcionalista fue el reconocimiento
de la interacción mutua de la teoría y la investigación
empírica, tan magistralmente expuesto por Robert K. Merton, en los
capítulos II y III de su trabajo Teoría
y estructuras sociales bajo los subtítulos:
"Influjo de la teoría sociológica sobre la investigación
empírica" e "Influjo de la investigación empírica
sobre la teoría sociológica", respectivamente. 65 Identificados con esta escuela, antropólogos europeos y
norteamericanos tomaron conciencia de la necesidad de una teoría
antropológica que al igual que la teoría general de las Ciencias
Sociales sirviese para explicar la realidad; por eso buscaron un buen respaldo
teórico, basado en un sistema filosófico, que les permitiera
sustentar sus tesis. La idea era saber si el microcosmos (la etnia, la comunidad,
la religión) reflejaba de una u otra manera las estructuras del macrocosmos.
Entonces, la teoría con la cual se trabaje pasaría a ocupar
el primer plano y la investigación serviría para proporcionar
el material de prueba, el sustento empírico. Pero, los antropólogos
que investigan las distintas culturas de los pueblos del Perú no
tienen esa inquietud. Ellos se encuentran parcialmente atrapados todavía
por la corriente empirista: les importa recoger primero el material para
luego buscar una teoría que les sirva para la interpretación
de los mismos 66.
El cuerpo de estas investigaciones está formado por los estudios
de las fiestas patronales o del culto a los santos y su fusión en
la vida social de un grupo dado, tal como lo encontramos por ejemplo en
trabajos de Luis Millones.
Sobre los estudios de la vida tradicional,
orientados a reconstruir las ideas del Perú antiguo debemos mencionar
el trabajo de Tom Zuidema sobre los Ceques 67, y el de Lorenzo Huertas 68. En ellos se encuentra un breve bosquejo de los estudios realizados
sobre la religiosidad andina hasta aquel entonces. Entre los estudios sobre
los mitos destacan los de Alejandro Ortiz, En torno
al mito andino (Tesis doctoral de 1971) y su recopilación
de relatos mitológicos De Adaneva a Inkarri
y Huarochirí;
69 los de Fernando
Fuenzalida, Santiago y el Wamani 70 y El
Cristo pagano de los Andes; 71 los de Luis Millones sobre el mesianismo en el movimiento del
Taki Oncoy, 72 y
el de Jorge Flores Ochoa sobre El hombre y su medio
en Q´ero. 73
Con el inicio de las grandes migraciones de la población rural
hacia las ciudades entra un nuevo tema en la investigación antropológica:
la migración y su influencia en las formas de la vida urbana. 74 Bajo este influjo se estudia
la transformación de la concepción religiosa en los migrantes.
Ya no importan únicamente los grupos tradicionales con sus formas
de vida, sino las modificaciones que se producen en correspondencia a las
nuevas exigencias y circunstancias. En esta temática destacan los
trabajos realizados por Efraín Morote Best sobre la fiesta de las
cruces en Huancayo y el de Manuel Marzal acerca de El
mundo religioso en Urco y Los
caminos religiosos de los migrantes en la Gran Lima.
2.7 Investigaciones sobre
la religiosidad popular
El concepto religiosidad popular se emplea en
algunos casos como sinónimo de catolicismo
popular que surge del discurso teológico
interno de la Iglesia católica 75. Con él se pretende distinguir las diferentes formas de
la práctica de la fe católica. Por ser un concepto normativo,
su aplicación científica no está exenta de dificultades,
76 a pesar de eso,
los trabajos antropológicos son realizados bajo esta perspectiva,
la mayoría de las veces sin discutir las implicancias ideológicas
que trae consigo. Su carga ideológica no viene solamente por estar
relacionado íntimamente con la fe católica 77, sino también por el uso bastante vago del concepto popular.
¿Qué
es la religiosidad popular y por qué nos referimos a ella en este
ensayo? La religiosidad popular expresa el interés por el folclore
religioso y no es nada reciente, ni algo específico de América
Latina. La idea de tomar en consideración el folclore religioso como
expresión auténtica de las capas populares surgió ya
durante el romanticismo alemán. Johann Gottfried Herder fue quien
estudió con mucho empeño las costumbres religiosas. Pensaba
que el espíritu popular debía estar plasmado en ellas. Para
Herder lo popular representaba lo genuino de un pueblo y era anterior a
cualquier orden estatal, entendido esto último como algo impuesto
y que amenaza al pueblo. Cuando surge la etnohistoria se retoma esta tradición
romántica del trato al folclore, el cual a veces bordea lo irracional
y místico:
"Acercarse al pueblo es acercarse a la estratigrafía fascinante de unos yacimientos profundos acumulados por incontables acarreos de materiales de todo tipo, vastos y complejos. Al bucear en la conciencia colectiva, nos encontramos como un precipitado que se ha ido posando en el alma del grupo y allí ha quedado depositado para siempre". 78
En la tradición de la etnohistoria se entiende al folclore
como la memoria de los sentimientos y pulsiones colectivas con sus manifestaciones
en las creencias, los mitos, las leyendas, los relatos, los romances, las
canciones, las artes plásticas, los sueños y las utopías.
Sin embargo, según nuestro parecer, la intención de borrar
la noción de lo irracional en el trato con el folclore no se logra
con la simple referencia a Max Weber y a su teoría de los grados
del desarrollo humano, la cual permite interpretar el desarrollo de la humanidad
desde lo espontáneo y carismático hacia la institucionalización.
Lo espontáneo y carismático es visto como forma característica
del pensar y actuar popular. Tampoco son suficientes las referencias a Miguel
de Unamuno y su identificación entre pueblo, tradición e historia
no-evenencial o intrahistoria. Lo irracional surge, justamente, por la renuncia
a una definición de pueblo en su relación con las fuerzas
determinantes de la historia, es decir, negar el carácter de clase
que pueda tener. El pueblo aparece como una entidad anónima, abstracta,
que es invocada misteriosamente como guardián de lo mejor, de lo
profundo, etc. El carácter demagógico tampoco se pierde mediante
la referencia a Antonio Gramsci y su intento de definir pueblo mediante su relación con la cultura, siendo parte de ella,
y en la relación entre pueblo y religión. Gramsci, quien parte
de una posición marxista, no llega más allá de afirmar
que lo popular es lo opuesto a lo oficial y que eso queda en evidencia en
la oposición de la cultura hegemónica con la cultura subalterna.
79 La cultura del
pueblo rural de Italia se realizó, según Gramsci, en el culto
a María, a los santos, en el sincretismo, en las formas arcaicas
que expresan una resistencia pasiva frente a un mundo enajenante.
Resumamos: En los trabajos pastorales teológicos el concepto de religiosidad
popular es producto de la distinción entre catolicismo oficial y
tradicional, o clásico, y el catolicismo ilustrado, o secular. De
allí que se defina religiosidad popular como aquella forma de la
vida religiosa que está fuera de la liturgia oficial; como por ejemplo
la veneración a los santos, imágenes, peregrinajes, lugares
de revelaciones especiales, etc. 80 La mayoría de sus prácticas están estrechamente
vinculadas a las prácticas religiosas ancestrales no cristianas.
La fusión del cristianismo con las prácticas religiosas autóctonas
es llamada sincretismo, concepto otra vez intencionalmente manejado porque
se toma como punto de referencia la verdad absoluta de la fe cristiana.
La fe cristiana permanece como hilo ordenador, mientras que las demás
formas religiosas son absorbidas por ella.
La religión es
vista, en la perspectiva de la antropología, únicamente como
un sistema cultural del cual se espera encontrar modelos sistemáticos
de creencias, valores y comportamientos. Por otro lado, desde el momento
en que se entendió la religiosidad popular como una categoría
específica del folclore se le atribuyó el contenido de las
capas arcaicas de las tradiciones ancestrales, las mismas que mostraron
gran resistencia ante cualquier clase de cambios por imposición de
pueblos dominantes. No necesitamos recordar que los procesos de sometimiento
o de conquista de un pueblo traen consigo, por lo general, la imposición
al vencido de la cultura del pueblo vencedor; a partir de ese momento devendrá
en cultura oficial protegida y fomentada. Sin embargo, y no obstante todos
los esfuerzos realizados por los encargados de difundir la nueva cultura
dominante, la antigua cultura no desaparece por completo, antes bien subsistirá
como una corriente subterránea, oculta, camuflada. Este mecanismo
conocido permitirá presumir que en las representaciones de la religiosidad
popular se encuentran formas de las antiguas creencias, las mismas que han
sobrevivido. Ello es la razón del interés antropológico
en este tema 81.
Uno de los primeros investigadores en esta área fue Federico
Schwab. Él destacó porque durante los años cuarenta
realizó investigaciones sobre el folclore religioso en la zona de
Huancayo. Después de él siguió, en los años
cincuenta, Efraín Morote Best, quien realizó estudios sobre
las costumbres folclórico-religiosas de Ayacucho. A partir de los
años setenta se observa un crecimiento significativo en la producción
intelectual sobre temas referidos a la religiosidad popular. Actualmente
existen trabajos llevados a cabo por teólogos, quienes, por estar
guiados por sus preocupaciones pastorales, le imprimen a sus estudios una
perspectiva doctrinal que los limita bastante en sus alcances científicos.
Entre los años 1979-1984 se elaboró un informe general sobre
La religión popular en el Perú con el auspicio del Instituto de Pastoral Andina (IPA) y bajo
la conducción general de José Luis González Martínez.
En este trabajo también participaron Manuel Marzal, Diego Irarrázaval,
Domingo Llanque, Catalina Romero, Margarita Salas, Teresa María van
Ronzelen, Hans Hillenbrand, Jaime Regan, Mateo Garr y Hortensia Muñoz,
entre otros; cada uno de ellos conocidos por trabajos individualmente publicados.
La intención del informe fue presentar un inventario sistematizado
de las costumbres religiosas observadas y registradas en regiones representativas
del país.
Entre las investigaciones antropológicas
destacaron aquellas que trataron las fiestas religiosas o patronales. Su
objetivo fue mostrar cómo funciona el mecanismo de la transformación
religiosa, el cual es causado por el impacto de la conquista española
y la imposición del cristianismo en la población campesina
de los Andes durante la época colonial, así como por el cambio
social resultante de la migración de las aldeas a las grandes ciudades.
En este rubro merecen especial mención los trabajos de Héctor
Martínez, quien abordó la función de la fiesta observada
en la Hacienda Vicos; asimismo, el de David Gow sobre la relación
entre el cambio social y la transformación religiosa en comunidades
cuzqueñas; el de Arturo Jiménez Borja titulado Perú: fiestas y costumbres;
el de Ernesto Cuentas Ormachea, La Fiesta de la
Virgen de La Candelaria en Puno (1984); el de
Manuel Marzal, La transformación religiosa
peruana (1983); el de Luis Millones,
Religión y poder en los Andes y el de Alejandro Diez con investigaciones recientes sobre Santa
Rosa de Lima.
3. Centros de investigación sobre religión en el Perú
Los primeros trabajos científicos sobre las prácticas
religiosas de los pueblos antiguos en el Perú fueron realizados por
intelectuales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos dentro de las
áreas de arqueología, antropología y etnohistoria.
Aunque en el transcurso de los años surgieron otras instituciones
dedicadas a investigar en este campo, esta casa de estudios siempre desempeñó
un rol importante en el avance del conocimiento de las religiones autóctonas.
En sus comienzos, la dedicación al estudio de las prácticas
religiosas se concentró en el Instituto de Etnología y Arqueología
y en el Instituto de Historia de la Facultad de Letras de San Marcos. En
1951, el Instituto de Historia organizó el Primer Congreso de Peruanistas,
en el cual participaron especialistas de todo el mundo interesados en temas
peruanos. Su temario demuestra un abanico muy amplio de interés,
comprendía desde el arte y la filosofía hasta el derecho y,
por su puesto también, temas referidos a las religiones antiguas
del Perú. Los resultados del Congreso fueron publicados en la revista
Letras, del año
1953. En ésta se encuentran las ponencias presentadas por Luis Valcárcel,
Rebeca Carrión, José Antonio Encinas y Warren E. Cook. Cuando
las Ciencias Sociales se separaron de la Facultad de Letras prosiguió
la preocupación por los temas religiosos del Perú antiguo,
pero nunca como tema explícito. Recién en agosto de 1994,
la Unidad de Posgrado de Ciencias Sociales, dirigida por el sociólogo
Héctor Salazar, en coordinación con la Comisión de
Estudios de Historia de la Iglesia en América Latina (CEHILA) organizó
el Seminario Internacional "Pluralismo Religioso en América
Latina". Posteriormente, en el año 1999, el Museo de Antropología
y Arqueología de San Marcos, dirigido por la arqueóloga Ruth
Shady, organizó un Congreso Internacional sobre "Religiones
Antiguas del Perú".
En los años cincuenta se
estableció la especialidad de antropología en algunas universidades
del interior del país: Cusco y Huamanga. A partir de entonces se
llevó a cabo un intenso trabajo regional sobre las formas de vida
de los campesinos de los Andes; dichos trabajos incluyeron también
un interés por las prácticas religiosas. Destacan investigadores
como Óscar Núñez del Prado, Juvenal Casaverde, Jorge
Flores Ochoa y algunos investigadores extranjeros como Bernard Mishkin,
William Rowe, Nathan Wachtel, Robert Kubler, John Murra y Tom Zuidema. En
la Universidad San Cristóbal de Huamanga, Efraín Morote Best
impulsó este trabajo y fue continuado por Lorenzo Huertas.
Cuando se fundó la Facultad de Ciencias Sociales en la Pontificia
Universidad Católica del Perú la investigación en el
campo religioso recibió otro impulso. Aparte de sus departamentos
que se dedicaban a temas antropológicos, históricos y sociológicos
se establece la cátedra Historia de las Religiones a cargo del profesor
y sinólogo Onorio Ferrero. Luego, se fundó el Centro de Estudios
Orientales dentro de la Facultad de Humanidades. Los estudios realizados
en esta casa de estudios sobre cuestiones religiosas abarcaron una amplia
variedad de fiestas tradicionales, migraciones, peregrinajes, surgimiento
de nuevos movimientos religiosos, así como las diversas manifestaciones
de las religiones andinas y amazónicas. También fue evidente
el dominio de los trabajos referidos a la época colonial los cuales
estaban vinculados a la problemática del sincretismo católico.
De ellos destacan, por ejemplo, los estudios de historia y etnohistoria
de Franklin Pease y de María Rostworowski. En antropología
están los trabajos de Manuel Marzal, Juan Ossio, Fernando Fuenzalida,
Luis Millones, Alejandro Ortiz, Juan Ansión, José Sánchez,
Raúl Romero y de Giesela Cánepa; en sociología, los
de Catalina Romero y de Imelda Vega-Centeno.
Las demás instituciones
que en la actualidad están dedicadas a realizar investigaciones sobre
la religión en el Perú tienen sus orígenes en los años
sesenta. Éstas son entidades paraeclesiásticas como el Instituto
de Pastoral Andina en el Cusco con su revista Allpanchis editada a partir de 1969.En esta línea también
está el Centro de Estudios Rurales Andinos "Bartolomé
de las Casas" del Cusco y su Revista Andina como medio de difusión científica, la cual acoge
en sus páginas las contribuciones de científicos de alto nivel;
cuenta además con la revista Cuadernos para
la Historia de la Evangelización en América Latina dirigida más bien a un público de feligreses. Asimismo,
están el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación
Práctica (CAAAP), Lima-Iquitos, cuyo órgano de expresión
es la revista Amazonía Peruana; así como el Instituto de Estudio de Aymaras (IEA), Puno,
promotor de estudios sobre el tema. A éstas instituciones se añaden
un sinnúmero de Organizaciones no Gubernamentales (ONG) como TAREA,
por ejemplo, que se dedica a la problemática de la religiosidad en
el país; pero, no para ofrecer aportes en la investigación
científica, sino que obedece a fines de acción pastoral entre
sus feligreses.
Como hasta el momento no existe en la oferta de
las universidades peruanas la carrera de Ciencias de la Religión,
como en los Estados Unidos y en algunos países europeos, tampoco
existe una entidad que asuma la tarea de proporcionar una cierta definición
de las líneas de investigación o la coordinación entre
ellas. Este vacío no ha podido ser llenado ni por las cátedras
ni por los centros de estudios especializados debido al propósito
marcado por los objetivos misionales y por la ideología que siguen.
Pero, a pesar de todas estas deficiencias, es preciso reconocer que el Perú
se destaca, en relación a los países vecinos, por la cantidad
y calidad de las investigaciones realizadas. La explicación es bastante
simple: en Bolivia y Ecuador la arqueología y la antropología
han sido fundadas muchos años después, por lo que su trayectoria
no es tan larga, ésa es la razón por la que no tienen una
producción intelectual tan amplia. 82 Una exposición acerca del estado de la cuestión
respecto a la investigación religiosa, antropológica y etnohistórica
se encuentra en los trabajos de Luis Millones, Juan Ossio, Manuel Marzal,
Imelda Vega-Centeno, Heraclio Bonilla y Henrique Urbano. 83
Después de haber expuesto de manera abreviada
y cronológica cuál ha sido el desarrollo de las instituciones
que se han dedicado al tema de las religiones en el Perú, explicaremos
cuáles son las áreas temáticas, los enfoques teóricos
y la metodología de la Maestría de Ciencias de la Religión
de la UNMSM, en ésta destacaremos lo nuevo, sus objetivos y qué
ofrece.
4. El impacto de las nuevas religiones
en la vida religiosa del Perú
Si bien hasta ahora el tema principal de este ensayo ha girado en torno
a la manera cómo se trabajó el problema de la religiosidad
en el Perú, y sobre todo en la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos, hay que admitir que existieron áreas a las cuales no se les
dio ninguna importancia en el debate académico universitario, incluso
en San Marcos. Éste es el caso de las costumbres religiosas populares,
así como el impacto que tiene en la vida religiosa del país
el surgimiento de nuevos movimientos religiosos. Aunque la presencia de
estos movimientos mostró y muestra repercusiones políticas,
hasta ahora no han sido considerados desde esta perspectiva como objetos
de estudio riguroso. Una de las razones de esta ausencia puede ser la subestimación
de la vigencia de formas religiosas no oficiales en la población;
otra razón puede ser que han sido rebasados, pues no se esperaba
ni la presencia ni la influencia en la magnitud alcanzada en una sociedad
aparentemente moderna y secularizada. Sea como fuere, es un hecho que el
actual panorama religioso ha quedado durante mucho tiempo fuera de la investigación
académica universitaria. Han sido más bien los mismos representantes
de los movimientos quienes han elaborado una especie de historia apologética
y misional de su agrupación; o en otros casos han sido investigadores
extranjeros, quienes ven en la transformación religiosa, anteriormente
homogénea, un fenómeno de la posmodernidad con su carácter
modificador desde la formalidad hacia una informalidad en América
Latina.
Entre tanto, la bibliografía sobre la influencia de las
nuevas religiones se ha incrementado de tal forma que ya se presentan dificultades
para un manejo adecuado. Por esta razón proponemos una tipología
de estas investigaciones:
Trabajos que tratan de generalizar el problema del surgimiento de nuevas agrupaciones religiosas en regiones de América Latina, el Caribe o América Central, por ejemplo.
Investigaciones muy puntuales y especializadas que en forma de monografía examinan un solo movimiento religioso o un fenómeno relacionado a él.
Estudios vinculados a los problemas de desarrollo de los movimientos religiosos identificados con el fenómeno de la posmodernidad y que examinan la transformación y la mutación religiosa, la pluralidad, la relación entre religiosidad y compromiso político, social etc., o que constituyen expresiones teóricas de las nuevas propuestas que surgen del debate modernidad/posmodernidad en el campo religioso.
4.1 Las Investigaciones Generalizadoras
Entre los trabajos de esta categoría observamos la preferencia
por el enfoque histórico factual o misional. El tema fue abordado en gran parte por estudiosos
comprometidos con una religión determinada, por eso no sorprende
que el carácter de las mismas tenga fuertes connotaciones apologéticas.
84 La referencia al Perú,
en los trabajos recientes, por su entrada generalizadora no es sobresaliente
por una simple razón: el país no se presta para demostrar
de manera ejemplar el impacto significativo de los nuevos movimientos en
el campo religioso. El Perú, Ecuador y Bolivia son países
con relativa estabilidad en el terreno religioso. Se piensa que ese fenómeno
se debe al gran porcentaje de población campesina. 85 Pues bien, el tema de mayor presencia en la literatura especializada
está dedicado al impacto de las iglesias pentecostales que penetraron
a partir de los años treinta y demostraron un dinamismo considerable.
Entre los primeros autores que intentaron explicar este hecho se encuentran
los sociólogos de la religión Emilio Willems y Christian Lalive
d´Epinay. 86
Según ellos, el rápido crecimiento de los grupos pentecostales
en América Latina es consecuencia de la crisis económica,
la cual es causante del cambio del entorno social campo-ciudad y con ello
del ámbito religioso. Para Willems estas congregaciones serían
una especie de contra-sociedades de tipo hacienda en donde el pastor asume
el rol del patrón. Por el contrario, Lalive d´Epinay ve en
ellas la presencia de una forma del catolicismo popular, esto es, no han
cambiado los contenidos de fe, sino únicamente la forma de cultura
religiosa. Esto equivale a decir: la práctica popular, ejercida en
la actualidad, es únicamente una simplificación de la fe cristiana.
La función de la religión consistiría en dar apoyo
a la racionalización de los problemas de la vida cotidiana. A partir
de los trabajos de Lalive d´Epinay y de Willems los estudios sobre
el tema han aumentado en tal medida que sólo podemos referirnos a
una pequeña parte de ellos. En esta oportunidad abordaremos los trabajos
de Hans-Jürgen Prien La Historia del Cristianismo
en América Latina; 87 de Jean-Pierre Bastian, Protestantismo
y Modernidad latinoamericana 88 e Historia del Protestantismo en América
Latina; 89 de Pablo Deiros,
Historia del Cristianismo en América Latina
90 y, finalmente,
el trabajo de David Stoll, ¿América
Latina se vuelve protestante? 91
El trabajo de Hans-Jürgen Prien, La
Historia del Cristianismo en América Latina,
pretende ser una investigación panorámica en forma de cortes
transversales y longitudinales que ofrece conocimientos referidos a todos
los países latinoamericanos, desde la conquista hasta el presente.
El problema de los trabajos históricos globalizantes es que no problematizan
el hecho del colonialismo, lo que da la impresión de que el Perú
recién comienza en ese momento su historia. Esta posición
se ve más enfatizada porque deja de lado la historia autóctona
de los pueblos invadidos, o la reduce a unas pocas líneas, distorsionando
las verdaderas proporciones entre su propia historia y la colonial. Así,
las historiografías sobre la misión cristiana asumen directa
o indirectamente el punto de vista colonial a despecho de cualquier autoproclamación
de progresistas.
Entre los trabajos sobre las diferentes iglesias,
el de Prien muestra mayor amplitud pues asume un estilo enciclopédico.
Compite, en cierta medida, con la obra Historia
General de la Iglesia en América Latina, 92 editada por la Comisión de Estudios de la Iglesia en América
Latina (CEHILA), la cual en los años setenta y ochenta se dedicó
a exponer la misión del cristianismo católico en todos los
países latinoamericanos; también tenemos como referencia el
libro de Enrique Dussel, Historia de la Iglesia
en América Latina. 93
El trabajo de Prien, además de dar una
vista panorámica de las iglesias y de su desarrollo en todo el subcontinente,
intenta realizar una presentación desde la perspectiva de los mismos
actores y se identifica, aunque sólo sea de manera verbal, con la
Teología de la Liberación. Como nota preliminar Prien observa
cómo los estudios de aquel entonces sobre los movimientos religiosos
se reducen solamente a ciertas regiones del subcontinente, por ejemplo a
México, Argentina y a los países andinos, sin ninguna referencia
a Brasil, o se limitan a una historiografía de la Iglesia católica
sin mencionar a los demás movimientos religiosos. En este sentido,
su libro es un esfuerzo para proporcionar por primera vez no sólo
una visión del conjunto de los países latinoamericanos, sino
que interpreta el concepto Latinoamérica como una referencia cultural, social y política que participa
de una historia común a partir de la conquista hasta el presente,
cuya característica sería una existencia dependiente; además
también toma en consideración los demás movimientos
religiosos no católicos. Sin embargo, debemos anotar que su reflexión
acerca de lo específico de una historiografía religiosa en
América Latina se queda en cuestiones técnicas de periodizaciones,
lo cual le sirve para justificar su enfoque. Le falta sensibilidad para
captar la historia del cristianismo, como parte integrante y sustancial
de la colonización, ya que esto implicaría tomar distancia
de todos los procesos que prolongan este hecho injustificable. No obstante,
reprocharle a la historiografía positivista objetiva el apoyarse,
aparentemente, en los "puros hechos", él también
se encuentra prisionero de la tradición positivista cuando desarrolla
una historia, con amplia exploración de fuentes y de material estadístico,
pero sin trascender de la mera descripción erudita. El carácter
de manual de sus obras posibilita una orientación fácil. Pero
si observamos la parte teórico-explicativa, entonces el autor queda
en deuda con nosotros, pues la explicación expuesta es insuficiente.
Otro es el caso de Jean-Pierre Bastian. A este autor le gana más
bien la ambición de ofrecer explicaciones que a veces nos parecen
bien atrevidas. No obstante estas observaciones, resaltaremos también
sus dos libros Protestantismo y modernidad latinoamericana 94 e Historia del Protestantismo en América Latina. Además de ser interesantes por sus puntos de vista funcionalista,
también lo son por el debate que llevan a cabo con otras teorías
explicativas referidas a fenómenos sociales en América Latina.
Bastian rechaza cualquier interpretación basada en una perspectiva
marxista con el argumento de que esta forma dogmática ya está
superada. En su opinión, la presencia de protestantes sería
ya un signo de modernidad en América Latina e indicaría el
inicio de una apertura forzada del poder católico; además
el aporte de cualquier confesión distinta a la Iglesia católica
repercute en la quiebra de su monopolio porque los protestantes, aun con
sus discutibles prácticas religiosas, la obligan a ceder su dominio,
hasta entonces unívoco e indiscutible en el terreno religioso que
hegemonizaba; Bastian para argumentar se basó en la tesis de Eric
Hobsbawm. Este último afirma que los grupos disidentes forman el
meollo de futuros cambios sociales en una sociedad homogénea. Bastian
aplica este principio a México y al entorno de los grupos disidentes
que participaron en la Revolución de 1911-1919. 95
Él cree que la Iglesia católica
está obligada a compartir su influencia religiosa y política
con otros grupos religiosos, sobre todo con el pentecostalismo cuya influencia
alcanzó, inclusive, a la propia Iglesia católica ya que dio
lugar a un movimiento carismático en su interior. Algunos investigadores
no ven en este hecho algo trágico, sino más bien una saludable
renovación de ella.
Bastian aborda el fenómeno de
las iglesias pentecostales desde varios ángulos; pero, sobre todo,
le brinda especial atención a las causas sociales que implican la
increíble vitalidad mostrada en los inicios y desarrollo de estas
iglesias, así como en la velocidad con que se han difundido en los
asentamientos humanos de las grandes ciudades. Busca, asimismo, responder
la pregunta: ¿qué es lo que esta forma religiosa ofrece a
las capas sociales empobrecidas que atrae? Sostiene que estos grupos humanos,
compuestos principalmente por inmigrantes, reciben de esta corriente religiosa
un sostén moral y económico que antes les brindaban sus comunidades.
Objeta la idea de una religión condenada a desaparecer en el mundo
y señala más bien que ésta se encontraría en
un proceso de cambio. Consecuentemente, rechaza la tesis evolucionista la
cual plantea que el incremento cada vez mayor de conocimientos científicos
actuará como disolvente de la religión, sobre todo porque
la religión perdería su función interpretativa del
mundo. En su opinión, esta concepción no toma en consideración
las nuevas modalidades que actualmente asumen las nuevas expresiones religiosas
tales como las prácticas esotéricas orientales, muy comunes
en las capas medias. En fin, a través de su tesis principal sostiene
que la religión no desaparece, por el contrario, sólo se encuentra
en un proceso de cambio y esa tendencia conduce a una feligresía
desde las grandes iglesias bien institucionalizadas hasta los grupos libres
espontáneos. El proceso de la mutación religiosa refleja la
flexibilidad en las costumbres religiosas, las cuales varían según
la demanda emocional entre los creyentes, es decir, según las necesidades
religiosas de una población dada.
Cuando hablamos de nuevos
movimientos religiosos nos referimos aquí en lo fundamental a los
movimientos protestantes que penetraron el subcontinente a finales del siglo
XIX y crecieron a partir de los años cincuenta y sesenta del siglo
XX de una manera significativa. Este hecho es interpretado por los líderes
de las iglesias protestantes y por algunos historiadores como un primer
paso en el proceso de arrebatar el predominio religioso a la Iglesia católica
en América Latina. Pero, es obvio que el crecimiento de las iglesias
protestantes es algo muy relativo y no cuestiona de ninguna manera el dominio
de la Iglesia católica en el subcontinente. Por esta razón
debemos observar con cierta reserva las afirmaciones que hablan de impactos
considerables de las iglesias no católicas o de tendencias cambiantes
en la actitud religiosa. Es comprensible ver a los investigadores comprometidos
con sus iglesias con un interés existencial de autopresentación
y con la pretensión de dar la mejor imagen de sí mismos. Mientras
no abandonen su ámbito religioso teológico para encontrar
explicaciones más acertadas de un proceso que comprometa su desarrollo,
esto es, le atribuyan a factores divinos o sobrenaturales y les cueste admitir
que los factores sociales, políticos o económicas influyen
sobre él, el problema continuará presente y sin solución.
El libro del teólogo argentino Pablo Deiros,
Historia del Cristianismo en América Latina, 96
es ejemplo del trabajo hecho desde una perspectiva
interior enfocando el problema del compromiso o no-compromiso político
en los movimientos evangélicos. En este libro Deiros nos presenta
una mezcla entre un tratado histórico y teológico. Su estrecha
vinculación con el protestantismo se refleja, entre otros, en la
sobrevaloración del crecimiento numérico de las iglesias protestantes,
su cada vez mayor presencia en la vida pública y su participación
activa en la política, lo cual es interpretado por el autor como
el comienzo de un cambio radical en la actitud religiosa. Tomando como punto
de partida la búsqueda de una identidad evangélica en el contexto
religioso, el cual fue forjado por el catolicismo de la contrarreforma,
bosquejó una historia del protestantismo en América Latina.
Para esto desarrolló algunas tipologías teológicas
y las sistematizó de acuerdo a las periodizaciones, para cuya elaboración
tomó como criterio las oleadas de llegada de las diferentes misiones
evangélicas. Deiros no determinó la identidad evangélica
con criterios doctrinales, sino que lo determinó por la experiencia
de vida como minoría en un contexto un tanto hostil, esto a su vez
es compensado por un fervor militante muy ligado a la vida en congregación.
El grupo pequeño cierra filas para protegerse de un mundo diferente
a él y eso es lo que le da fuerza y sentimiento de superioridad.
Esta actitud forma la base para discernir entre un mundo de afuera, hostil
y mundano, y el mundo interior del grupo que es santo, diferente a los demás
y que impide cualquier forma de compromiso. Desde allí nos explica
la reserva entre los grupos protestantes de participar en la vida política.
Actitud que cambió en los años ochenta y noventa cuando los
primeros protestantes asumieron cargos políticos, lo cual fue entendido
como la aceptación necesaria; además, adquirieron la seguridad
de que su voz tenía peso y era escuchada.
El investigador
norteamericano David Stoll trabajó en su libro ¿América
Latina se vuelve protestante? la misma problemática
planteada por los grupos protestantes sobre si debían asumir o no
un compromiso político. Él propuso una explicación
diferente a la de Pablo Deiros, quien describía en realidad solamente
la manera cómo los protestantes habían pasado de ser excluidos
a aceptados por la sociedad. En esta oportunidad Stoll adoptó la
llamada teoría de la conspiración, según la cual las
misiones protestantes llegaron con los primeros comerciantes al subcontinente
latinoamericano y formaron parte de la élite que promovió
el estilo de vida americano (american way of life). En cambio, las misiones que llegaron durante los años
sesenta tenían como objetivo combatir a los movimientos de izquierda
de una manera indirecta y no ofensiva. El autor demuestra, de forma muy
convincente, que la actitud política de la mayoría de los
grupos protestantes fue conservadora o abiertamente anticomunista. El rechazo
a lo político siempre fue justificado con el argumento de lo mundano
y sucio de la política, por ello se insistió en la abstinencia
de cualquier compromiso político entre los feligreses. Pero ese discurso,
contrario al compromiso político, cambió tan pronto la izquierda
dejó de constituir una fuerza política. Entonces no sólo
se asumió un claro compromiso político, sino que muchas veces
lo promovió abiertamente y, como consecuencia de esto, aparecieron
nuevos líderes políticos de corte protestante en la vida pública.
4.2 Las Investigaciones
de Casos Específicos
La creciente producción
de estudios monográficos acerca de los diferentes grupos religiosos
y su impacto social se debió a la significativa e intensa penetración
de éstos, que desde los años cincuenta se llevó a cabo
en el subcontinente. Tenemos estudios sobre movimientos religiosos de los
Testigos de Jehová, de los Adventistas del Séptimo Día,
de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
(los Mormones), de la Asociación Evangélica de la Misión
Israelita del Nuevo Pacto Universal (los Israelitas), de las diferentes
iglesias protestantes y de los movimientos no cristianos como Bahai, Nueva
Era, Hare Krishna y otros movimientos esotéricos. El nombre oficial
que recibieron estos grupos, en el lenguaje eclesial, fue el de sectas. Hay cursos universitarios,
aparentemente académicos, que discuten la diferencia entre secta
e iglesia basándose en la argumentación de Durkheim, Weber
y Troeltsch. 97 Nosotros
somos partidarios del principio de que en el mundo religioso todos los movimientos
tienen el mismo valor, estén o no en conformidad con el sistema político
cultural. La diferenciación entre iglesia y secta es de corte ideológico
y no tiene sustento en el trabajo científico. Según la teoría
de la iglesia como sistema cultural, desarrollada por Troeltsch, Weber y
Durkheim, ésta es portadora y defensora de una cultura determinada,
de la cual se excluyen a los grupos minoritarios, a los separatistas. Estos
investigadores ven en la religión una fuerza cohesionadora de una
sociedad aparentemente homogénea; por eso afirmaron que cualquier
disidente de la iglesia era sectario porque se encontraba fuera del sistema
cultural y por ende de la religión dominante. En la época
de la pluralidad cultural el concepto secta resulta siendo anacrónico y difamador.
98
Para tener una idea del significado del tema, mencionaremos
el libro titulado Sectas y otras doctrinas en la
actualidad 99 de Francisco Sampedro Nieto. En ese trabajo el autor nos presenta
a los grupos religiosos de mayor importancia en América Latina, tales
como los Testigos de Jehová, los Mormones, los de la Nueva Acrópolis,
Alfa y Omega, Hare Krishna, entre otros. En la parte introductoria Sampedro
sensibiliza al lector en contra del contenido de menosprecio que tiene el
concepto secta; sin embargo,
él mismo lo aplicará en los capítulos siguientes sin
mayor escrúpulo ni remordimientos. Por el contrario, la intención
de su trabajo es informar y crear en los feligreses católicos una
actitud contraria a los disidentes. 100
Las mejores fuentes para ponerse al tanto de los estudios
relacionados con los nuevos grupos religiosos son los artículos publicados
en revistas como Cristianismo y Sociedad, Concilium,
Revista Teológica Limense, Selecciones
de Teología, para
el sector católico, y Caminos y Signos de Vida
para el sector evangélico. El valor de ellos es, desde el punto de
vista científico, limitado porque los autores asumen posiciones de
defensa de su fe. Con esto no queremos decir que participamos de la idea
de la imparcialidad absoluta, imposible de lograr tal como lo demuestran
muchos trabajos epistemológicos. Si hablamos de investigaciones específicas
debemos mencionar también la cantidad de estudios sobre las diferentes
denominaciones cristianas dadas a conocer a partir de los años setenta.
Como punto de partida se pueden tomar los trabajos ya mencionados de Willems
y Lalive d´Epinay. La primera historia sobre las actividades misionales
de las diferentes iglesias protestantes fue presentada por el teólogo
holandés Juan Kessler, quien vivió un buen tiempo en el Perú
y Chile. Él escribió Historia de
la Evangelización en el Perú 101 en donde nos proporciona
una visión panorámica del desarrollo de las diferentes denominaciones
protestantes, desde sus inicios hasta el presente. Hoy, además, existen
estudios sobre una sola denominación, como el que realizara Saúl
Barrera sobre la Iglesia Evangélica Peruana, o el estudio de Santiago
Human y de Rubén Zavala sobre las Asambleas de Dios, o los ensayos
de Tomás Gutiérrez sobre eventos y personalidades significativas
para el desarrollo de las denominaciones evangélicas. También
hay un buen número de ensayos y antologías sobre el compromiso
político de los protestantes; estos ensayos fueron publicados por
Samuel Escobar, Orlando Costas, Víctor Arroyo, Bernardo Campos, Martín
Ocaña, Pablo Barrera, Héctor Laporta, Catalina Santos, entre
otros. 102
Un enfoque interesante nos presenta la comunicadora social Gina Gogin. Según
ella el campo religioso sirve también para acercarse a la problemática
cultural y social del país. Esta afirmación lo demostró
en su trabajo titulado Presencia religiosa en las
radios limeñas. 103 En él expone su investigación sobre el discurso
religioso de las diferentes emisoras, así como las estrategias mediáticas
que se usan en ellas para evaluarlas luego según el criterio de estética
radiofónica. Pretende hacer un diagnóstico del panorama religioso
por medio de los programas radiales religiosos; es decir, evalúa
en ellos el lenguaje y la función que otorgan a la radio los grupos
religiosos que la usan. Su interés no se dirige específicamente
al contenido del mensaje transmitido, sino más bien al valor estético
de su edición. Tipifica primero los espacios radiales por la forma
de propiedad, lo cual permite una evaluación con respecto a la influencia
y la fuerza económica. Hay emisoras que son de propiedad de los mismos
grupos religiosos, así por ejemplo: Radio Santa Rosa y Radio Pacífico;
pero, la mayoría de los programas de corte religioso son emitidos
en emisoras alquiladas por horas. La intención de la autora es ofrecer
una muestra representativa que refleje los grupos religiosos según
su importancia en la sociedad y en los espacios radiales. Según ella,
la radio es el medio de masas por excelencia porque es escuchada en lugares
donde la televisión o cualquier medio impreso no llegan. Su observación
general es que con la existencia de programas religiosos radiales se crea
una nueva cultura religiosa. La radio reemplaza en parte al culto tradicional
por su fuerza invocadora de sus locutores. La vivencia religiosa ahora ya
no se experimenta necesariamente en la congregación religiosa, sino
frente a un medio de masas. Este estudio es un verdadero aporte a las investigaciones
que se realizan sobre los problemas de la religiosidad moderna. En su opinión,
los programas producidos en otros países, (en su mayoría en
los EE.UU.), forman una buena parte de la difusión radial (más
de la mitad de todos los programas). A través de ellos se profundiza
el proceso de globalización, pues junto con el mensaje religioso
llegan también recomendaciones de estrategias de vida, las cuales
son, como ella lo demuestra, de corte conservador. 104
Otro estudio interesante por su carácter pionero
es la investigación de Juliana Ströbele-Gregor, de la Universidad
Libre de Berlín, titulada Indios de piel
blanca. 105 Es
un estudio sobre la labor misionera que se realizó con la población
indígena de la región de La Paz y el sur del Perú por
parte de los adventistas, desde comienzos del siglo XX. El valor de esta
investigación consiste en el enfoque novedoso referido a los adventistas,
quienes hasta ahora habían tenido poca presencia en la investigación
científica, a pesar de que en algunas regiones del país ellos
mantienen una influencia considerable. De esa manera, la autora nos presenta
un material hasta entonces inédito sobre las formas que adoptaron
las misiones adventistas entre la población inmigrante aymara en
el centro de Bolivia y en el sur del Perú.
Califica a la
Iglesia Adventista del Séptimo Día como un movimiento fundamentalista
(lo que nos parece incorrecto, pues más bien se trata de movimiento
del reavivamiento y escatológico). En su opinión, este movimiento
llegó desde los Estados Unidos como portador de una modernidad civilizadora.
Para probar su tesis realizó un examen de los logros en la educación,
en el cambio de valores éticos y su influencia en el proceso de asimilación
de valores modernos. Sus conclusiones fueron que los Adventistas ofrecían
a la población educación, prevención de la salud, un
racional manejo del tiempo y del dinero, así como normas para la
vida familiar; la comunidad religiosa reemplazaría ahora a la comunidad
tradicional, con sus vínculos familiares y sus obligaciones de organizar
fiestas. La nueva comunidad abre caminos alternativos para satisfacer las
necesidades sociales sin hacer los gastos propios de las fiestas tradicionales,
con la única condición para ello de cumplir con las normas
de la ética adventista que hace de los indios gente de piel blanca
abandonando así sus lazos tradicionales para adaptarse mejor a las
exigencias de la vida urbana. Es decir, el cambio religioso estaría
al servicio del cambio social. Esto lo veremos mejor trabajado, desde un
ángulo más integral, en los estudios sobre las formas religiosas
en las sociedades modernas.
4.3
Religión y Sociedad Moderna en el Perú
En
esta parte del trabajo presentaremos tres ejemplos que ventilarán
explicaciones teóricas con respecto al fenómeno religioso
actual en América Latina. Se trata de obras dedicadas a resolver
el problema que gira en torno a la emergencia de nuevos movimientos religiosos;
estas obras van más allá del estudio de casos. Lo común
en estas investigaciones explicativas es la interrogante sobre el porqué
las religiones mantienen su vigencia aun en sociedades modernas aparentemente
secularizadas. Los resultados de estas investigaciones son realmente optimistas,
pues, en el marco global encuentran evidencias fundamentales del crecimiento
de los nuevos movimientos religiosos, mientras resuelven la génesis
de otros grupos actuales como producto de la globalización y la posmodernidad.
En 1995, Fernando Fuenzalida dio a conocer su libro Tierra Baldía.
En él desarrolló su tesis de que la religiosidad evoluciona
no obstante se la crea superada, pues si bien las grandes iglesias sufren
deserciones considerables, éstas se dirigen hacia los nuevos grupos
religiosos que han comenzado a proliferar. Este fenómeno se observa
en todo el mundo, muchas veces acompañado por conflictos étnicos,
como por ejemplo en la antes Yugoslavia, Rusia, África central y
del norte, etc. Aunque existen suficientes evidencias de que la religiosidad
posmoderna tiene implicancias severas en el actuar político y social
de las personas se puede observar que los científicos sociales no
le prestan la debida atención como objeto de una investigación
rigurosa. El libro de Fuenzalida es uno de los intentos por llenar este
vacío. No abarca solamente los problemas del Perú, sino que
pretende dar una explicación que los trascienda. Abre su argumentación
con referencias al filósofo alemán Oswald Spengler. En su
opinión todas las teorías habrían llegado a su fin
y sólo se podría restaurar una a partir de la religión
arcaica, la cual se manifiesta a través de un sincretismo popular.
Debido a la crisis que experimentan las explicaciones racionales habrían
surgido nuevos movimientos religiosos con propuestas de soluciones inmediatas
para todos los males del mundo. El ser humano necesita una orientación
e interpretación de los acontecimientos de gran impacto en su vida
y al no encontrarlas en los sistemas filosóficos contemporáneos
va en búsqueda de otras alternativas. La simplicidad de los sistemas
dogmáticos propios de los nuevos movimientos religiosos facilitan
un acceso rápido para el consumidor religioso.
Lo novedoso
del trabajo de Fuenzalida consiste en la demostración de que la atracción
ejercida por los nuevos movimientos religiosos no se limita solamente a
países tradicionalmente religiosos.
Fuenzalida explica la
diversidad religiosa en el mundo moderno por oposición a lo “tradicional”
o “premoderno”. Así, en las sociedades premodernas y tradicionales
existiría una práctica religiosa bien definida para todos
sus miembros, es decir, que no existía la posibilidad de una libre
elección y por ende era imposible que se produjera la proliferación
de diferentes géneros religiosos. En cambio, en sociedades basadas
en la existencia de individuos libres, como entidad impulsora, aparece la
posibilidad de expresar y vivir convicciones personales. Su tesis se puede
resumir de esta manera: a mayor diferenciación social de los habitantes
de una sociedad mayor será su diversificación en el campo
religioso. Este cambio a favor del individuo está acompañado
por su preferencia a la espontaneidad, por lo que se observa, además,
una transición desde la institucionalidad hacia una informalidad.
Para la dinámica social los movimientos institucionalizados se vuelven
contraproducentes porque evitan una rápida reacción ante los
cambios en la actuación de las personas. Ya no se busca la estabilidad,
la continuidad de las cosas y la duración de un movimiento, sino
que se sepa recoger y canalizar las emociones de masas según el espíritu
de la época. La función de la religión ya no se reduce
solamente a proporcionar explicaciones sobre los acontecimientos de la vida
—la llamada interpretación de las contingencias—, 106 ahora su función
será ayudar a definir la identidad del ser humano, sobre todo en
un mundo globalizado donde el modelo Estado-Nación ya no cumple ese
rol.
En el trabajo de Christian
Parker titulado Religión y Postmodernidad (1997), encontramos afirmaciones
explicativas parecidas a las de Fernando Fuenzalida, pero con diferente
base argumentativa y distinto ámbito. Mientras las explicaciones
del último se apoyan en las teorías de Maurice Godelier y
Régis Debray, para quienes la necesidad de contar con una identidad
llevaría a las personas a buscarla en las antiguas etnias o en la
creencia religiosa. Parker, en cambio, ubica la sobrevivencia de la religiosidad
en lo psicológico, esto serviría más bien de válvula
de escape de la actitud antimodernista, lo cual es el resultado de la asimilación
no reflexionada conscientemente de las revoluciones tecnológicas.
El desmoronamiento de las instituciones y la preferencia de lo espontáneo
e informal forma parte de esta explicación psicológica. Como
consecuencia de la primera revolución industrial, la razón
se convierte en la base para las explicaciones del mundo; actualmente, en
cambio, se subraya el desencanto de la razón. A partir de la segunda
revolución industrial, representada por la tecnología virtual,
se produce un reencanto de las cosas y una nueva búsqueda hacia lo
trascendental y lo simbólico. Sin embargo, este cambio no significa
un simple regreso al estado anterior de las cosas, sino que ahora se produce
una dicotomía entre secularización y sacralización
causada por una actitud contraria a la modernidad. Cada vez más se
percibe, la tecnología como algo alienante y se prefiere un retorno
a lo simbólico, a lo lúdico, al goce y al placer; se huye
así de la confrontación directa y de la serenidad que exigen
los problemas de la vida. La religiosidad se vuelve en este proceso una
vía más de escape por lo que deviene en una de las tantas
ofertas del mercado de diversión y uno de los espacios necesarios
de descanso frente al mundo racional. Y como la religión está
obligada a competir con las demás ofertas en este campo, entonces
se verá subrayado su carácter lúdico presente, según
Parker, de manera latente o abierta en ella por medio del carácter
festivo y simbólico. Lo lúdico apoya la recreación
del individuo, así como su creatividad, por eso tiene aceptación
en la sociedad posmoderna. Lo nuevo ahora es la ubicación de lo religioso
a nivel del juego y del placer puesto que no exige una reflexión
serena o una insinuación a algo doloroso. Esta nueva forma de la
religiosidad no es más que la secularización e instrumentalización
de sus formas tradicionales antiguas. Al mismo tiempo que admite el carácter
negativo de este proceso, el autor indica que, de esta manera, la religión
recobra importancia en una sociedad en camino de secularización y
en búsqueda de reemplazos para los espacios simbólicos.
A su vez, Jean-Pierre Bastian subraya en su libro La mutación
religiosa de América Latina (1997), la existencia de una estrecha
relación entre la diversidad económica y la religiosa, ya
que ambas serían expresiones de estrategias utilizadas para la supervivencia.
La proliferación de nuevos movimientos religiosos sería un
fenómeno global observado en todas partes del mundo como consecuencia
del intercambio mundial. Junto con las nuevas formas que adoptan las economías
aparecen también propuestas novedosas en el ámbito de lo imaginario.
En América Latina este fenómeno presenta algunos rasgos específicos.
En efecto, este fenómeno constituiría la fuerza motriz que
conduciría el tránsito desde una sociedad semimoderna a una
moderna. Los nuevos movimientos religiosos en el Perú y en toda América
Latina son acogidos en una mayor cantidad por la población pobre
y, dentro de ella, por los inmigrantes provenientes del campo para asentarse
en las grandes ciudades. A medida que las personas abandonan las estructuras
sociales con sus lazos familiares tradicionales, el simbolismo heredado
pierde su significado. Este vacío estructural y simbólico
es reemplazado en muchos casos por las comunidades religiosas. Sus estructuras
jerárquicas, su doctrina simple y sus promesas de alcanzar rápidamente
el éxito se prestan de una manera extraordinaria para reemplazar
los espacios perdidos de identidades y relaciones sociales. Para el autor,
entonces, el significado social del surgimiento de estos grupos radicaría
no solamente en lo útil del apoyo moral que brindan, sino también
en la ayuda económica efectiva que muchas veces prestan, impulsando
así proyectos para pequeñas empresas.
Los autores, para resumir, afirman que en períodos de cambios sociales
la religiosidad es usada como instrumento para satisfacer varias funciones.
Una de ellas sería la de definir o proporcionar una identidad nueva,
otra sería ofrecer alivio en un mundo alienado, luego prestar referentes
trascendentales frente a las interpretaciones racionales de la vida y, finalmente,
reemplazar los lazos sociales perdidos. Todos estos fenómenos se
observarían en el Perú. En los estudios de casos arriba reseñados
encontramos referencias a cada una de las funciones mencionadas.
5. La Maestría de Ciencias
de la Religión: su origen y desarrollo
La existencia de
una Maestría de Ciencias de la Religión en una universidad
nacional, que ha pasado por las aguas del positivismo y del anticlericalismo
(si bien leve, pero persistente), es algo muy especial en toda América
Latina. Por esta razón probablemente haya chocado con la incomprensión
o cuanto menos haya causado la sorpresa de algunas personas, quienes no
sólo manifiestan cierto rechazo porque están juntos los conceptos
ciencia y religión. Probablemente, piensan en su fuero interno, y
de manera equivocada, que la denominación tendría la oculta
pretensión de declarar científica a la teología.
Se justifica entonces que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿cuál
es la función que desde el comienzo le atribuyeron a esta Maestría
quienes concibieron la idea de fundarla y organizarla? Subrayemos la particularidad
de la comisión que fijó su contenido primigenio. Ésta
era heterogénea en cuanto a la concepción del mundo religioso
y no-religioso. En ella participaron Raymundo Prado, José Carlos
Ballón, Héctor Salazar, Tomás Gutiérrez y Dorothea
Ortmann. El objetivo central de la Maestría fue hacer de la religión,
o de la religiosidad, un objeto de estudio necesario de comprender dada
su importancia en la vida social del Perú, así como por la
naturaleza conflictiva manifiesta en muchos lugares del mundo. Pero, cumplir
esta tarea no es nada fácil, es más complicado de lo que se
piensa. El origen de las Ciencias Sociales en Europa estuvo acompañado
por un deslinde religioso y por su separación de la filosofía.
Los investigadores sociales se vieron con la necesidad de deshacerse de
la religión, por eso pretendieron destruirla para liberar el espacio
de pensamiento necesario para la producción científica relacionada
a lo social. Pero, a pesar de eso, muchos se vieron obligados a reflexionar
sobre ella. Sorprende que incluso Comte, quien consideraba a la religión
como la forma más arcaica del desarrollo del espíritu humano
—aunque finalmente se convenciera de su utilidad para la creación
del consenso social—, fundamentara la existencia del orden. Por eso se propuso
transformar su filosofía en una nueva religión. Comte identificó
la realidad social como el Gran Ser, el cual es presentado como “el conjunto
de seres pasados, presentes y futuros que contribuyen a perfeccionar el
orden social”. 107 Desde
entonces los representantes de las distintas disciplinas sociales hicieron
de la religión un objeto de investigación. En cambio, en el
Perú no se ha dado un proceso de ilustración filosófica
que sometiera a crítica la religión, tampoco se produjo la
ola del fuerte anticlericalismo como en México o Colombia. Intelectuales
como Manuel González Prada fueron personajes aislados con poco eco
en su afán de liberar a la nación de una religión enajenante,
la cual era usada para el embrutecimiento de las masas. Los indigenistas,
incluido el marxista Mariátegui, tenían una actitud inocua
con respecto a la religiosidad. Si bien ellos tomaban una actitud hasta
cierto punto anticlerical, no rechazaban la religiosidad en sí porque
la sentían vinculada a la idea de la reivindicación del indígena/campesino
y no entendían por qué debían cuestionarla. Supongo
que en épocas de influencia marxista se negaba la religiosidad sin
preocuparse seriamente por entender su por qué. Simplemente no estaba
de moda, por eso nunca se llegó a un cuestionamiento serio de su
funcionamiento y de la función que cumple aun en sociedades secularizadas.
Esta herencia ambigua de una idealización de la religiosidad campesina,
por un lado, y la indiferencia frente a la fuerza real que la religiosidad
posee, por el otro, hacen de ella algo nebuloso que no llega a ser palpable
y por ende no puede ser fácilmente objeto de investigación
científica. Si alguien quiere en verdad entender qué es la
religión debe pasar por este proceso de cuestionamientos para que
lo libere de prejuicios.
Si vemos bajo esta perspectiva
los trabajos realizados en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos se
puede constatar que el mayor interés de las investigaciones sanmarquinas
se concentró en trabajos sobre la religiosidad de las culturas antiguas
del Perú.108 Aparentemente
los investigadores actuales siguen la tradición indigenista reivindicativa
de los pioneros, interesados ellos en encontrar instrumentos para la interpretación
de prácticas religiosas o problemas de la cosmovisión antigua.
Esta dedicación en temas del pasado es una de las causas del porqué
hasta ahora no se ha producido un debate teórico acerca de la religión,
o de la religiosidad, en el país por parte de los científicos
sociales. Esta ausencia impide que el investigador esté obligado
a ubicarse dentro de un marco teórico bien definido con respecto
al tema. El problema de las teorías que estuvieron relacionadas con
el sistema religioso en los pueblos antiguos, a finales del siglo xix y hasta mediados del siglo xx, fue que tenían como premisa
que todas las culturas poseían un sistema religioso; presupuesto
que fue confirmado por la realidad de su entorno contemporáneo. Por
eso no fue extraño encontrarlos buscando las evidencias respectivas
en aquellas sociedades, cuyos vestigios constituyeron objeto de investigación,
fortaleciendo así la idea de que la religiosidad era una de las universalidades
de la humanidad. Esta premisa, aceptada a priori, conduce con mucha facilidad
a la interpretación de cualquier representación de un animal
poderoso en una vasija como un ser religioso, sin ventilar otras posibles
interpretaciones o si acaso existieron otras formas de creencias anteriores
a la religión. Por lo tanto, es muy probable que las teorías
sobre los estadios de desarrollo del conocimiento del ser humano, en los
cuales la religiosidad ocupa un rol determinante, se encuentren todavía
muy atrasados para explicar todos los fenómenos que se presentan
en los pueblos. La única forma de certificar la validez de estas
teorías sería una argumentación apoyada en evidencias
de la cultura material, argumentación que explique contundentemente
el surgimiento y la función social de la religión. Esto significa
que se debería prestar atención tanto al aspecto empírico
como al teórico.
Nos parece que esa tarea la
cumple de manera convincente el arqueólogo Luis Lumbreras con sus
trabajos sobre las culturas antiguas del Perú. Allí él
demuestra la función social de la religión durante el período
del surgimiento del Estado, el mismo que coincide con la institucionalización
de la religiosidad, pero hubiera sido interesante que se pronunciara sobre
si hubo formas anteriores a ella. Pues bien, la religión surge, según
él, por causa del desenvolvimiento de las fuerzas productivas y la
diversificación del trabajo; sin embargo, al mismo tiempo, deja de
lado el desarrollo de la conciencia social, importante elemento constitutivo
del hombre y de la sociedad. Allí aparecen los sacerdotes como grupo
social autónomo que ya no participa directamente en la producción
de víveres; la existencia de los sacerdotes estaba asegurada por
la cesión —voluntaria o no— de los excedentes de la producción
por parte de los productores. Ellos obtuvieron esa posición privilegiada
gracias a la capacidad de prever acontecimientos naturales útiles
para las actividades agrícolas; estas predicciones estuvieron basadas
en sus conocimientos adquiridos sobre los fenómenos de la naturaleza.
Esta conclusión de Lumbreras se basó en la aplicación
de la teoría materialista, en su esfuerzo por explicar el material
encontrado, trascendiendo así la mera descripción de lo aparente.
Apoyado en una interpretación crítica y sin mistificaciones
de la religiosidad, da una explicación del rol social de ésta.
Lo tomamos como ejemplo para mostrar que lo ideal sería moverse entre
estos dos polos: las teorías vigentes sobre la religión y
su contrastación con la cultura material, cuya presencia no se encuentra
siempre de manera explícita en la mayoría de las investigaciones
realizadas.
Así pues, la Maestría deberá
promover la reflexión y el debate teórico del fenómeno
religioso en el Perú. La gran cantidad de material arqueológico
puede ser de gran provecho para aprobar o desaprobar las teorías
vigentes; el método adecuado para ello sería la contrastación
de la teoría con las evidencias de la cultura material y espiritual.
Otro objetivo es el de aspirar a que gente académicamente formada
apoye la divulgación de una cultura de tolerancia y de respeto al
otro. Se debe convencer de que no se necesita renunciar a una determinada
convicción religiosa, toda vez que se trabaja sobre la religión
de manera racional. Además, la maestría debe contribuir con
la adecuada definición del objeto de investigación en el campo
religioso, que por su naturaleza poco palpable es una tarea difícil
de realizar. Finalmente, el objetivo general de la maestría es formar
docentes e investigadores en el campo religioso que manejen los métodos
y técnicas de las Ciencias Sociales para aproximarse con ellos a
su objeto de investigación y difundan a la comunidad científica
sus resultados.
¿Qué es lo que hemos logrado
hasta ahora? La primera promoción se inició en el año
1995. Los alumnos que se inscribieron venían de carreras universitarias
muy diferentes. Entre ellos hubo egresados de Ciencias Sociales: historiadores,
arqueólogos; antropólogos y, además, profesores de
educación religiosa y teólogos. Los alumnos, entonces, traían
diferente formación académica, lo cual ya estaba previsto,
sin embargo, el nivel sí era diferente por lo que los cursos del
primer semestre fueron diseñados para nivelarlos. El primer plan
de estudios prestó mucha atención a un acercamiento crítico-filosófico
del fenómeno religioso en el país para poder apoyar, de esta
manera, a la teorización de los fenómenos singulares. Además,
se pensaba ampliar el conocimiento de los estudiantes sobre las distintas
expresiones de las religiones universales. Sin embargo, la intervención
que sufrió la Universidad en el gobierno dictatorial de Fujimori
impidió que se cumpliera esa exigencia y por ende los alumnos no
egresaron con los resultados esperados.
Como esta
maestría todavía presentaba problemas de aceptación
en los sectores influyentes de la facultad, se pensó integrarla a
la de sociología. Se suponía que de esta manera el objeto
de investigación lograría un enfoque más concreto y
se evitaría así el malentendido que no era más que
el encubrimiento de una prolongación de los estudios teológicos
bajo el techo de San Marcos. Los cursos de teoría programados fueron
compartidos con los de sociología política y cursos específicos
de sociología de la religión. En el año 1998 se reelaboró
el plan de estudios, con lo que se recuperó la denominación
de Ciencias de la Religión. El comité organizador, encargado
de su reformulación, estuvo integrado por Manuel Marzal, Fernando
Fuenzalida, Catalina Romero y Dorothea Ortmann. El desarrollo de este plan
de estudios obedecía más a criterios prácticos. Ya
no se pensaba específicamente en un acercamiento teórico-crítico
a la materia, sino más bien en recoger las experiencias existentes
en el país y ver lo que se podía resumir a través de
ellos. Los cursos principales estaban constituidos por cinco asignaturas
clásicas de las Ciencias de la Religión: antropología,
sociología, historia comparada, filosofía y psicología
aplicada al estudio de las religiones. Además, se pretendía
abrir un espacio más amplio para debatir temas específicos,
como por ejemplo la religiosidad popular rural y urbana o la religiosidad
en el umbral de la posmodernidad. La promoción que se inscribió
en esta maestría, con el plan renovado, está a punto de concluir
sus ciclos de formación. La mayoría de ellos cuentan ya con
proyectos de investigación bastante avanzados. La novedad a partir
del año 1999 es la oferta de un curso de teoría clásica
integral para todas las maestrías y el refuerzo en los talleres de
investigación. Así, el peso en los cursos de las maestrías
ya no se concentra únicamente en el dictado de clases magistrales,
donde se imparten conocimientos, sino más bien en seminarios y en
el taller de investigación. Ambos aspectos deberán proporcionar
mayor intensidad y dinamismo en la preparación y culminación
de los trabajos de investigación. Todavía es temprano para
evaluar si este último reajuste cumplió o no su tarea.
El gran problema de las maestrías, según nuestro
parecer, no está referido a saber si los cursos responden o no a
las exigencias de los alumnos y de la sociedad, sino más bien concierne
al tiempo suficiente que cada alumno debe disponer y dedicar a una investigación.
El puro hecho de que las maestrías aparecen en formas de cursos escolarizados
da la impresión de que el peso de ellas descansa en la aprobación
de las materias programadas; por eso es difícil hacerles entender
que el eje central de que una maestría es, justamente, iniciarse
como investigador y presentar un aporte original como resultado de la investigación
científica en su área respectiva. Esto quiere decir que hay
que trabajar mucho más en la toma de conciencia de los participantes
para que entiendan que los cursos sirven únicamente de apoyo a sus
trabajos de investigación. Éstos deben realizarse por cuenta
propia, con mucho empeño, y abandonar la actitud del alumno tradicional
que sólo quiere cumplir con las tareas recibidas en aula.
Podemos decir que el afán de esta maestría es formar
cuadros especializados y capacitados para acercarse a la problemática
religiosa con una actitud favorable y con una convicción de que los
trabajos sobre religiosidad no necesariamente son especulativos y edificantes,
como solía ser, sino que tienen un efecto esclarecedor para el resto
de la sociedad. Si se llegaran a ventilar los problemas del país
con su pasado y presente religioso de una forma que aprendamos más
sobre nosotros como pueblo, me parece que habremos cumplido con el principal
objetivo de la maestría. Ella ofrece realmente un espacio intelectual
de libertad y tolerancia, puesto que no es condición para estudiar
la renuncia a las convicciones personales. La participación en el
debate intelectual deberá estar orientada a proporcionar fundamentos
sólidos para demostrar sus afirmaciones o tesis. Para alcanzar este
objetivo el espacio que ofrece un centro de estudios como la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos es excepcional ya que es propicio para preparar
el campo en el cual se pierde el temor de establecer contacto entre personas
comprometidas con diferentes iglesias, agnósticos y, no por últimos
menos importantes, ateos. Así, se creará un clima único
de diálogo intelectual que promueva un proceso de ilustración
el cual, como lo señaláramos anteriormente, en el Perú
ha quedado en un estado muy poco desarrollado y por eso mismo constituye
un foco de prejuicios e intolerancia: O se ve a la religiosidad con mucha
veneración o se la ignora; pero, no se la confronta como factor importante
que ejerce gran influencia sobre la conducta de la mayor parte de la población.
El gran reto de la Maestría de Ciencias de la Religión,
viendo los trabajos ya realizados, es continuar siendo un espacio de teorización.
Esta teorización enriquecerá la gran tradición de esta
casa de estudios, la cual, como ya lo dijéramos se inició
con la labor pionera de Julio C. Tello, Rebeca Carrión, José
María Arguedas o, en épocas más recientes, con el trabajo
de Luis Lumbreras.
53No coincidimos con la posición de Manuel Marzal y Heraclio
Bonilla quienes ponen los comienzos de la antropología científica
en el Perú con la edición del Handbook of South American Indians
porque no presenta el comienzo autóctono, sino más bien se
refiere a investigaciones llevadas a cabo por extranjeros. Véase:
Marzal, Manuel, Balance de los Estudios sobre Religión Andina 1920-1980,
Sobretiro, Lima, PUCP, 1983; Bonilla, Heraclio, “Situación y tendencias
de la investigación antropológica en los países andinos”.
En: Ángel B. Espina (comp.) Antropología en Castilla León
e Iberoamérica. Aspectos generales y Religiosidades Populares. Castilla
de León, Dirección General de Universidades e Investigación,
1998, p. 23.
54Véase Montoya, R., “Antropología y política”.
En: José María Arguedas veinte años después,
Lima, Escuela de Antropología de la UNMSM, 1991, p. 20 y ss.
55Véase Merino, M. “Bibliografía”. En: José
María Arguedas veinte años después: huellas y horizonte
1969-1989. Comp. por Rodrigo Montoya. Lima, UNMSM 1991, p 116-144.
56Ob. Cit., p. 35.
57Arguedas, J. M., “El Mito de Inkarri”. En: Bourricaurd, François
(con igual titulo): FACI, año IV, 1956, N.° 4, pp. 178-187. Fotos.
58Véase Ossio, J. Ideología mesiánica del mundo
andino. Lima, Ed. Ignacio Prado, 1973.
59Vea Bonilla, H., “Situación y tendencias de la investigación
antropológica en los países andinos”. En: Ángel Espina
Barrio (comp.) Antropología en Castilla y León e Iberoamérica.
Aspectos generales y religiosidades populares, Salamanca, Instituto de Investigaciones Antropológicas
de Castilla y León, 1998, p. 23-30.
60Ossio, J. Ideología mesiánica del mundo andino. Lima, Ed. Ignacio Prado Pastor, 1973, p. XII.
61Vega-Centeno, I. La construcción social de la sociología.
Invitación a la crítica. Lima, Fundación Friedrich
Ebert, 1996, p. 139.
62Véase Aramburu, C. E. “Aspectos del Desarrollo de la Antropología
en el Perú”. En: Estado de las Ciencia Sociales en el Perú.
Editado por Bruno Podestá, Lima, Universidad del Pacífico,
1978, p. 9.
63Véase, Ortiz, A. En torno a los mitos andinos. Tesis Doctoral
de Antropología, UNMSM, Lima, 1971.
64Vega-Centeno, I. Ob. Cit., p. 140.
65
Cf. Merton, Robert K. Teoría
y estructura sociales. México FCE, 1970, pp. 95-127.
66Véase Aramburu, C. E. Ob. Cit.; Montoya, R. Acerca del objeto de la antropología en el
Perú. Lima, UNMSM, 1972/73, Textual N.° 3, Lima, Dic. 1971.
67Zuidema, T. The Ceque System of Cusco.
Leiden, E.J. Brill, 1964.
68Huertas, L. La religión en una sociedad rural andina (siglo
XVII), Huamanga, UNSCH, 1981.
69Ortiz, A. De Adaneva a Inkarri y Huarochirí, Lima, INDIDE,
1973.
70Fuenzalida,
F. Santiago y el Wamani. Lima, PUCP, 1973.
71Fuenzalida, F. El Cristo pagano de los Andes. Lima, PUCP, 1980.
72Millones,
L. (comp.) El retorno de los huacas. Lima, IEP, 1990.
73Flores Ochoa, J. El hombre y su medio en Q´ero. Lima, Banco
Central de Reserva del Perú, 1989.
74Golte, J./Adams, N. Los caballos de Troya de los invasores, Lima,
IEP, 1987; allí véase la bibliografía: p. 234 y ss.
75Véase el documento
sobre la Pastoral Popular: p, 4: “Esta religiosidad pone la Iglesia ante
el dilema de continuar siendo Iglesia universal o de convertirse en secta,
al no incorporar vitalmente a sí, a aquellos hombres que se expresan
con este tipo de religiosidad”.
76Compárense las definiciones en las encíclicas correspondientes;
Puebla (444, 451).
77Ibídem.
78Maldonado, L. Introducción a la Religiosidad Popular. Santander,
Sal Terrae, 1985, p. 23.
79Gramsci, A. Literatura y vida nacional. Torino, 1950.
80Véase “Volksfroemmigkeit“. En: Adam A./Berger, R. Pastoralliturgisches
Handlexikon. Leipzig, Benno, 1982, pp. 541-542; Goldstein, H. “Volksfroemmigkeit“.
En: Idem. Kleines Lexikon zur Theologie der Befreiung. Duesseldorf, Patmos,
1991, pp. 235-238; Maldonado, L. Introducción a la religiosidad popular.
Santander, Sal Terrae, 1985.
81Véase Schwab, F. Teoría e investigación del
Folclore, Lima, UNMSM, 1993, p. 12 y ss.
82Véase Bonilla, H. Ob. Cit.; Vega-Centeno, I. La constitución
social de la sociología. Invitación a la crítica. Lima,
Fundación Friedrich Ebert, 1996, p. 18 y ss.
83Véase Marzal, M. Balance de Estudios sobre Religión
Andina 1920-1980. Lima, PUCP, 1983; Millones, L. “Etnohistoriadores y Etnohistoria
Andina: una tarea difícil, una disciplina heterodoxa”. En: Socialismo
y Participación N.° 14, 1977, pp. 77-94; Ossio, J. “Introducción”.
En: Idem, Ideología mesiánica del mundo andino, Lima, Edición Ignacio Prado Pastor, 1973, p. XI-XXXV;
Bonilla, H. “Situación y tendencias de la investigación antropológica
en los países andinos”. En: Ángel Espina Barrio (comp.) Antropología
en Castilla y León e Iberoamérica. Aspectos generales y religiosidades
populares. Salamanca, Instituto de Investigaciones Antropológicas
de Castilla y León, 1998, pp. 23-30; Aramburú, E., “Aspectos
del Desarrollo de la Antropología en el Perú”. En: Bruno Podestá
(comp.) Ciencias Sociales en el Perú. Un balance crítico.
Lima, Universidad del Pacífico, 1978, pp. 1-33.
84Véase Ritchie, McIntosh y Escobar. El movimiento Evangélico
en el Perú y en América Latina. Dpto. de Misionología
del Seminario Evangélico de Lima, Mimeo; Costas, Orlando. El protestantismo
en América Latina hoy. San José, Indef, 1975; Deiros, Pablo.
Historia del Cristianismo en América Latina. Buenos Aires, 1992.
85Véase Bastian, J.-P. La mutación religiosa de América
Latina. México, FCE, 1997, p. 98 y ss.
86Willems, Emilio. Followers of the New Faith. Cultural Change and
the Rise of Protestantism in Brasil and Chile. Nashville, Vanderbilt University
Press, 1967; Lalive d´Epinay, Christian. El refugio de las masas. Santiago de Chile, El Pacífico,
1968.
87Prien, H.-J. Historia del Cristianismo en América Latina.
Salamanca, Ed. Sígueme, 1985.
88Bastian, J.-P. Protestantismo y modernidad latinomaericana, México, FCE, 1994.
89Bastian, J.-P. Historia del Protestantismo en América Latina.
México, Ed. CUPSA, 1990.
90Deiros Pablo, Historia del Cristianismo en América Latina. Buenos Aires, 1992.
91Stoll, D. ¿América latina se vuelve protestante? Berkeley, University
of California Press, 1990.
92Dussel,
E. (comp.) Historia general de la Iglesia en America Latina. (Tomo I-XI)
Salamanca, Ed Sígueme, 1983.
93Dussel, E. Historia de la Iglesia en America Latina, Bogotá,
USTA, 1991.
94Bastian, J.-P. Protestantismo y Modernidad Latinoamericana. México, FCE, 1994.
95Bastian, J.-P. Los disidentes, sociedades protestantes y revolución
en México. México, El Colegio de México-FCE, 1989.
96Deiros, P. Historia
del Cristianismo en America Latina, Buenos Aires, 1990.
97Se trata de cursos llevados
a cabo en la Facultad de Teología Pontifica y Civil de Lima.
98En agosto de 1994,
en las vísperas de la inauguración de la Maestría de
Ciencias de la Religión se organizó un Seminario Internacional
en la UNMSM, con el auspicio del CEHILA, sobre “Pluralismo Religioso en
América Latina”, en el cual los exponentes, expertos en el campo
de la investigación religiosa, rechazaron el uso del término
sectas como difamante para los feligreses y no apto como concepto científico.
99Sampedro Nieto,
Francisco. Sectas y otras doctrinas en la actualidad. Santafé de
Bogotá, 3.a
ed., Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), 1995.
100Ibídem.
101Kessler,
J. Historia de la Evangelización en el Perú, Lima, PUMA, 1993.
102Cf. Costas, O. El Protestantismo en América Latina hoy.
Ensayo del camino 1972-1974. Costa Rica, Publicaciones INDEF, 1975; Kessler,
J. Historia de la Evangelización en el Perú. Lima, Puma, 1993;
Gutiérrez, T. (comp.) Protestantismo y Cultura en América
Latina. Aportes y Proyecciones, Quito, CLAI, 1994; Idem, Los Evangélicos
en el Perú y América Latina. Ensayos sobre su Historia. Lima,
CEHILA-AHP, 1997; Idem (comp.) Protestantismo y Política en América
y el Caribe. Entre la Sociedad y el Estado. Lima, CEHILA, 1996; Idem, El
Hermano Fujimori. Evangélicos y Poder Político en el Perú
del ´90. Lima, Ediciones AHP, 2000; Barrera, S. Orígenes y
Desarrollo de la Iglesia Evangélica Peruana. 100 Años de Misión.
Lima, CBT-CEDEPP, 1993.
103Véase Gogin, G. Presencia religiosa en las radios limeñas.
Lima, Universidad de Lima, 1997.
104Ob.Cit., p. 75 y ss.
105Stroeberle-Gregor, J. Indios de piel blanca. Berlín, Freie Universitaet,
1989.
106Luhmann, N. Die Funktion der Religion in der Gesellschaft. Frankfurt,
1990.
107Vea Gurtwich, G. Tres capítulos de la historia de la sociología:
Comte, Marx, Spencer. Buenos Aires, Nueva Visión, 1970, p. 13 y ss.
108Véanse los capítulos 1 y 2 de este libro.