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5 La objetividad de la investigación social

 

Se aspira en la investigación social a la mayor objetividad posible. Sin embargo la objetividad no implica la neutralidad. Ninguna investigación social puede ser neutral. La pretensión de neutralidad en la investigación social se traduce por lo común, en una puesta al servicio del poder dominante. Toda investigación social siempre tiene un objetivo (el por qué), un fin (el para qué) y unos destinatarios (para quiénes), aunque no necesariamente estén explicitados. O sea, la no neutralidad de la investigación social se halla exactamente en su sentido mismo. Dentro de éste habrá que intentar lograr la mayor objetividad posible.

Los métodos cualitativos buscan tratar a los grupos, procesos, personas, como sujetos, con todas sus características particulares y con sus diferencias de tiempo y espacio.

En los métodos cuantitativos, por el contrario, se trata a los fenómenos investigados como objetos de su investigación. Las características de tales fenómenos, grupos o personas son desagregadas en determinados factores y elementos que, a través de la abstracción, se operacionalizan. Por medio de este proceso de abstracción se logra objetivizar el conocimiento de la realidad, ya "limpio" de sus características particulares, presentándose las generalizaciones como categorías a través de los datos estadísticos.

A pesar de todos estos procedimientos, hay que tener presente que "la objetividad en las ciencias sociales se logra generalmente a través de la intersubjetividad" (véase De Schutter, 1977).

Un gran problema en la recolección de datos está implícito en la pregunta: ¿la investigación social trata lo que la gente hace o de lo que dice? Es decir, si se trata de analizar sus expresiones verbales, sus actitudes, o su comportamiento. Resulta claro que no se puede percibir una actitud de manera directa: únicamente puede observarse su manifestación eventual a través del comportamiento. Por otra parte, una actitud no es algo real, sino una abstracción (un constructo) por parte del investigador. Por ejemplo, las escalas de Thurstone (1928 "Actitudes can be measured") para la medición de actitudes, facilitan la exclusión de la influencia personal del investigador. Pero aun en este caso puede influir algún factor que haga que el encuestado exprese una actitud positiva, en la suposición que le favorece tal actitud. Otra tendencia señalada al respecto se manifiesta en la expresión de actitudes que el entrevistado cree que el investigador preferiría.

Muchos ejemplos sobre lo expuesto se pueden encontrar en los estudios de E. J. Webb (1966) y L. Deutscher (1973), quienes demuestran con toda claridad la diferencia entre lo que la gente hace y lo que dice y también en el análisis realizado por Bovenkerk 1977 en su publicación "Palabras o Hechos".

Estas observaciones ponen en duda muchos resultados de encuestas y entrevistas, instrumentos tan frecuentemente utilizados en las investigaciones sociales.

Las posibilidades de aumentar la objetividad al respecto son múltiples, mayormente a través del examen de la validez y confiabilidad de las técnicas e instrumentos a utilizarse.

La confiabilidad se puede aumentar a través de las siguientes técnicas: preguntas proyectivas; empleo de dos listas de preguntas, que tendrían que producir respuestas iguales; utilización conjunta de diferentes técnicas (por ejemplo, entrevista y experimento, etc.) y evidentemente la prueba previa de cualquier instrumento.

 

5.1 El problema de la interpretación de los datos

Aunque el análisis en la investigación social sigue en parte reglas metodológicas, la interpretación de los resultados es la parte de la investigación donde más influye la subjetividad. Esta subjetividad tiene sus raíces en las fases anteriores, sobre todo en la conceptualización de los términos que se empleen para la interpretación de los resultados. "...la multiplicidad de puntos de vista a que puede llegarse en la interpretación de un hecho social, se halla, y no en escasa medida, determinada por el sistema conceptual que hayamos utilizado en la interpretación. Pero este sistema conceptual, nuestra definición de los conceptos, depende de nuestra posición y de nuestro punto de vista que, a su vez, está influido en gran parte, por las etapas inconscientes de nuestro pensamiento". (Mannheim, 1958, p. 166). En la misma obra, Mannheim sostiene (pp. 165-166) que los hechos se presentan al espíritu en un contexto social e intelectual, y para que puedan ser comprendidos y formulados se necesita la existencia de un aparato conceptual.

González Seara, en la misma línea, sin negar la posibilidad de la investigación empírica ni la existencia de los hechos sociales, se apoya en Raymond Aron (1967, p. 365) para afirmar que las ciencias sociales interpretan y dan significado a los hechos sociales, diciendo: "Lo que se llama comprensión implica, precisamente, aprehender, captar la significación interna de los fenómenos sociales. Pero en esa captación es donde surge el problema, porque científicos distintos son capaces de captar 'significaciones' distintas, cuando no contradictorias, de un mismo hecho social" (González Seara, 1971, p. 357).

La interpretación de las expresiones humanas (entre otras las expresiones verbales), es un punto central en la investigación social. La mención de un hecho como: "La educación formal está orientada a la obtención de un grado", puede ser interpretada por un investigador como una crítica a alguna situación, y por otro como la expresión de un interés.

Merton nos indica la relación entre lenguaje conceptual, percepción, pensamiento y conducta (más recientemente profundizado por autores como Chomsky y Mattelart): "En la investigación, como en las actividades menos disciplinadas, nuestro lenguaje conceptual tiende a fijar nuestras percepciones y, derivadamente, nuestro pensamiento y nuestra conducta. El concepto define la situación y el investigador responde en consecuencia. El investigador obtiene consecuencias diferentes para la investigación empírica cuando cambia su aparato conceptual" (Merton, 1974, p. 101).

Para la interpretación, o sea para darle sentido, a los datos descritos y analizados acerca de los procesos y hechos sociales, se requiere de un marco teórico específico para los fenómenos y relaciones que se estudian. De otra manera la investigación quedaría a nivel descriptivo o exploratorio, sin posibilidad para indicar el significado específico de los resultados. El materialismo dialéctico propone una solución para este problema a través de la construcción de las categorías de observación a partir de la realidad social específica. Estas categorías requieren de una conceptualización dentro del mismo marco teórico, en el que se indican las relaciones de estas categorías con las de nivel global. No obstante esta aclaración, de hecho muchas investigaciones de los marxistas emplean el aparato conceptual global del materialismo histórico para interpretar las realidades específicas sin recurrir a la construcción de las categorías relativas a estas realidades.

 

5.2 El problema de los valores en la investigación social

En toda ciencia existe el problema de los valores, y quizás se necesita de la subjetividad explicitada, como indica Russell en "La perspectiva científica", (1974, pp. 213-221), para poder orientar a la ciencia y seleccionar los temas de investigación, trabajo que está fuertemente ligado a los valores culturales y políticos de una sociedad determinada y que se refleja en los criterios selectivos del investigador.

En las ciencias sociales se agudiza el problema, especialmente por tratarse de una relación del investigador con sujetos (siendo el investigador un sujeto más, influido por valores sociales, de los cuales él puede estar más o menos consciente) a quienes resulta difícil convertir en objetos de investigación (a través del control completo de todas las variables independientes).

Justamente por ser el investigador también un sujeto inserto en un sistema social, él no tiene que perder de vista las consecuencias prácticas de su actuación como científico. Se puede aquí tomar en cuenta la advertencia de González Casanova: "El problema esencial... de la ciencia social es que la teoría con que se trabaja, representa la posición política con que se obra, y que conforme desaparecen las categorías que están en la base de la investigación, las posiciones políticas de los participantes se oscurecen también, se borran sus fundamentos ideológicos. Cuando al proceso de oscurecimiento de las categorías que están en la base de la investigación corresponde un proceso de esclarecimiento y precisión en la medición de los fenómenos sociales, como ocurre en gran parte de la investigación empírica contemporánea, surge la falsa idea de un rigor científico que nada tiene que ver con la política, y el investigador oculta el origen 'moral' de su ciencia, lo sumerge en el subconsciente científico; su ego se siente seguro en el terreno de la precisión matemática" (González Casanova, 1973, pp. 16 y 17).

Parece que uno de los mejores remedios, en general, para este problema es la explicitación de los elementos subjetivos: los supuestos, los valores, nuestro enfoque ideológico y metodológico, los objetivos de la investigación y el marco teórico en el que se basa la investigación.

"Sabemos que la objetividad de nuestro conocimiento es limitada, que los valores orientan nuestro estudio, y que nuestros conceptos, elaborados desde supuestos ideológicos, conducen a una determinada interpretación de la realidad. Pero, por saber esto, debemos hacer patente cuáles son nuestros valores, empezando por ser nosotros mismos conscientes de ellos, y haciendo lo posible por separarlos de los resultados que encontremos en nuestras investigaciones" (González Seara, 1971, p. 361).

"Hay que distinguir la descripción de los hechos, que debe ser siempre objetiva, de la interpretación, que puede ser más personal, a condición que no se confundan ambas cosas. (Grawitz, 1975, Tomo 1, p. 270).

Mansilla plantea, especialmente en el caso del positivismo, que la ideología está presente en cualquier método de investigación. Además sostiene, como se verá en la cita, que es recomendable que el investigador explicite los valores de los investigados a partir de su posición en el sistema social, vía que garantiza una mayor objetividad: (p. 87). Esta observación plantea uno de los fundamentos de la investigación participativa que reconoce y rescata el conocimiento del sujeto de su realidad social. En la investigación participativa se abre este camino para lograr una mayor objetividad en la interpretación de los hechos y procesos a partir de la explicitación de los valores tanto del investigador como de los sujetos de la investigación. Así, Mansilla señala: "Horkheimer, al igual que Adorno, exige que toda teoría crítica conciba al sujeto como conocedor a partir de las relaciones de la praxis social, a partir de su posición tanto en el proceso del trabajo como en el proceso de la ilustración de las fuerzas políticas sobre sus propios fines". (p.95).

 

Todo investigador tiene que procurar la mayor objetividad posible, a través de la aplicación rigurosa de métodos, técnicas e instrumentos disponibles, evidenciando los elementos subjetivos que acompañan toda investigación social.

La no explicitación de los valores subjetivos resulta, muchas veces, en un desconocimiento de los valores propios del investigador. Generalmente, estas investigaciones sirven para mantener el status quo, y no para aportar soluciones a problemas fundamentales, ni mucho menos para esclarecer situaciones conflictivas, como demostró Sánchez Vázquez en su artículo sobre "La ideología de la neutralidad ideológica en las ciencias sociales". (1975).

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