06.01.2009
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UN CULPABLE TRAS LAS SOMBRAS archivo del portal de recursos
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Fabián Harari
Historiador, investigador del CEICS y docente de la Universidad de Buenos Aires
06.01.2009
GUERRA EN LA FRANJA DE GAZA
Un culpable tras las sombras
El "problema palestino" es consecuencia del desarrollo del capitalismo en la región. Y la solución que se pretende es siempre la misma: eliminar lo que sobra. Fabián Harari.
A
comienzos del siglo XX, Palestina conformaba una economía sobre la base
de pequeños productores rurales. Entre 1948 y 1967, el Estado de Israel
produjo un violento desalojo de la población rural originaria, que fue
expulsada hacia tierras marginales (Gaza y Cisjordania). Aquellos que
sabían cultivar sus tierras se vieron sin medios para producir, sin su
casa y en la necesidad de trabajar para otros. Es decir, una parte
importante de propietarios palestinos fueron convertidos, por la
fuerza, en obreros. De un lado, el capital concentró tierra y recursos.
Del otro, una inmensa masa de población sin qué vivir: los migrantes
judíos y los refugiados árabes.
Los “nuevos” trabajadores
tuvieron que emplearse en establecimientos palestinos, jordanos e
israelíes. En 1967, Israel conquistó las tierras palestinas y la casi
exclusividad de su mano de obra. Sin embargo, no parecía prudente
incorporar 4 millones de pobres a un Estado que los había expropiado
recientemente. Además, Israel es un Estado confesional. Por lo tanto,
no podía aceptar una mayoría “hereje”. Lo que se resolvió es que los
espacios fueran “ocupados”, pero no “anexados”. Los palestinos fueron
considerados “habitantes”, pero no “ciudadanos”. Se dividió, entonces,
a la clase obrera israelí: trabajadores ciudadanos y sindicalizados,
frente a una mayoría con salarios miserables y sin derecho social ni
político alguno. Éstos debían cruzar la frontera todos los días, para
ir a sus lugares de trabajo. Cisjordania y Gaza se convirtieron en un
reservorio de mano de obra barata que podía ser “precintada”
geográficamente, en caso de ser necesario. El drama palestino es, por
lo tanto, una consecuencia de la expropiación (expulsión de tierras) y
proletarización (convertirse en obrero) que se desata en Israel luego
de 1948 y que permite la expansión de relaciones capitalistas en la
región. Esto, bajo el velo de una diferencia religiosa, que es real,
pero que no explica el problema: trabajadores musulmanes, cristianos y
drusos sí tienen ciudadanía israelí, mientras los palestinos de la
Jordania musulmana son segregados.
En la década del ’90, tanto
el desarrollo tecnológico como la concentración de empresas produjeron
una menor necesidad de brazos. Asimismo, Israel comenzó a recibir
inmigrantes de Europa Oriental, que trabajaban en las mismas
condiciones que los palestinos. Por lo tanto, éstos se convirtieron en
población “sobrante”. Hoy son sólo una fuente de conflicto. Gente que
se no se resigna a morir de hambre. El “problema palestino” es,
entonces, consecuencia del desarrollo del capitalismo en la región. Y
la solución que se pretende es siempre la misma: eliminar lo que sobra
(¿no se hizo aquí lo mismo con los indígenas?). No es un problema
cultural, ni religioso. Nunca lo fue. No hay que expulsar a judíos ni a
árabes. Tan sólo hay que dar con el verdadero culpable, que suele
ocultarse tras diferentes máscaras.
(Crítica de Argentina, martes 6 de Enero de 2008)