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FILOSOFÍA
DE LA COMUNICACIÓN archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Fernando Buen Abad Domínguez
Introducción:
Algo anda mal si no aparece el concepto Trabajo, es decir su historia, desarrollo calamidades y magnificencias teóricas y prácticas, como premisa implícita y explícita necesaria para cualquier estudio sobre Comunicación.
A esta Filosofía de la Comunicación le interesa construirse, dialécticamente, sobre la realidad vigente del Trabajo con sus complejidades y contradicciones. Le interesa comprenderlo desde lo abstracto, idealizado o fetichizado hasta lo concreto, manual e intelectual, identificado como energía humana que se materializa en productos para el estómago o para el espíritu. Trabajo real que incluye ideas y actos, Trabajo real que es historia, tiempo y relaciones de producción muy diversa. Trabajo identificado en todas sus expresiones de la potencia al acto. Sin omitir contradicciones y calamidades, debates y conquistas, dolores y poesía.
Si algo anda mal por omisión del Trabajo como premisa mayor en investigaciones sobre Comunicación[1] andará mal toda deducción o conclusión por seductora o novedosa que parezca. Es necesario que el Trabajo sea objeto y objetivo de toda producción en teoría y práctica científicas. Es necesario que el Trabajo sea objeto central de toda elaboración teórico práctica. Elaboración teórico práctica capaz de caracterizar con toda precisión el estado objetivo que guarda el Trabajo sometido a las determinaciones históricas y contradictorias de clase, que han hecho de él no la posibilidad de riqueza material y espiritual para las sociedades sino la peor calamidad infligida por la lógica de la explotación.
Preciso actualizar una Filosofía del Trabajo como ciencia programática transformadora, marco en las luchas contra la esclavitud reinante, en la lucha de clases y en la resolución de la dicotomía capital-trabajo. Filosofía el Trabajo cuyo objeto y objetivo, entre otros, sea producir ciencia para enriquecer el conocimiento y la libertad humana ante sus procesos de Comunicación y sus mediaciones en el intercambio de informaciones y emociones.
Sin un marco filosófico dedicado a precisar el papel del Trabajo en el desarrollo de las cualidades humanas, dedicado a identificar toda forma de intercambio humano como Trabajo; dedicado a profundizar el conocimiento del Trabajo como productor de toda herramienta de Comunicación; dedicado a cuestionar cuanto ha reducido la investigación comunicológica a lo exclusivamente mediático... iremos necesariamente a más errores del mismo género ya insostenible.
La idea de identificar el Trabajo como premisa para entender la Comunicación exige una serie compleja de precisiones. Especialmente las que permitan eludir cualquier neo idealización. Aquí abordaré las que están a mi alcance.
Es preciso partir de las condiciones que han determinado históricamente la situación actual del trabajo y es preciso establecer mecanismos teórico prácticos para caracterizar la contradicción que hace de la actividad creadora y liberadora por excelencia un modo de esclavitud, represión y explotación. ¿Qué hace posible desfigurar la actividad transformadora de la naturaleza para la satisfacción de todas las necesidades de la especie y convertirla en penuria y miseria para quien produce la riqueza?. ¿Qué y quiénes sostienen y profundan el absurdo de convertir la naturaleza liberadora del Trabajo expansivo, realizador de la felicidad individual y común en miseria impune de jornadas laborales de indignidad legitimada por el capitalismo monopólico e imperialista?.
Así una ciencia Filosófica del Trabajo deberá ser ciencia contra la explotación y arma contra todo lo que haga del trabajo miseria en las cloacas neoliberales. O será nada. Filosofía del Trabajo contra toda humillación del trabajador. Contra la acumulación monopólica de la riqueza, el terror de la inestabilidad laboral, el embrutecimiento, la fatiga y la desesperación.
No una ciencia Filosófica para el entrenamiento de malabarismos intelectuales estériles y sin compromiso con la abolición total del estado de desigualdades que agobia a la humanidad, la Comunicación y el Trabajo. Tampoco una ciencia para el regodeo de explicacionismos rentables que sirva como coartada académica para cierto mercenarismo intelectual que gusta de poner sus mejores producciones al servicio de los intereses esclavizantes.
Al pensar en el lugar del Trabajo como premisa y fundamento que permite abordar coherentemente el nacimiento y desarrollo de toda forma de Comunicación con sus medios, identifico la necesidad de una actitud y método programático científico dispuesto a refundar todos los valores de la filosofía y la ciencia a través de los valores mismos del Trabajo, es decir a identificar la producción intelectual misma como Trabajo emanado históricamente del desarrollo general del Trabajo humano. Hacia la superación de las dicotomías entre trabajo manual e intelectual.
En este redefinir, por supuesto, no hay vocación novedosista, hay vocación, en todo caso, de profundizar la exigencia de una transformación radical en toda producción teórica subordinándola a una escala de valores de uso y cambio nuevos en los que el propio productor de pensamientos y demostraciones no sea ajeno a su marco histórico general y su papel como trabajador determinado por intereses concretos. En esta reformulación la postura, método y programa con que la producción científica se posicione ante el Trabajo y el trabajador, aclarará para él y para todos el lugar que ocupa en el conflicto histórico fundamental entre el Trabajo y el capital. Y tal aclaración es impostergable, ética, científica y filosóficamente.
Es el Trabajo, nota humana distintiva, energía, materia y movimiento que se actualizan ante la dialéctica toda de la naturaleza. La humanidad da uno de sus saltos cualitativos más complejos. El comportamiento mismo de la naturaleza suscita el surgimiento del Trabajo, es decir del Trabajo concebido a partir de la producción de herramientas.
Nada hay en ese parto magnífico dado por la especie humana que no contenga dialécticamente la síntesis de la semilla y el fruto de esta gran revolución de la naturaleza registrada en una de sus criaturas. El nacimiento del Trabajo inicia la aventura de la separación (al mismo tiempo encuentro) del hombre sobre sí para auto concebirse como un ser en entre otros seres.
La construcción de las primeras herramientas marca el amanecer de la conciencia misma y la primera luz de un proyecto que al ser necesariamente social se verá marcado también por un salto cualitativo monumental implícito y explicitado por el intercambio de informaciones, en su etapa rudimentaria, y el nacimiento de la también herramienta, llamada Comunicación.
El Trabajo, entendido como la actividad humana fundante de todo su ser y hacer intelectual, al desarrollar la Comunicación se desarrolla también él mismo. Con todas su notas esenciales, y su caracterización como fuerza transformadora de la naturaleza, el Trabajo provee a la especie, es decir la especie se provee a través del trabajo, un recurso de integración colectiva contradictoria que en su desarrollo suma experiencias y las depura paulatina e infatigablemente. Da por un lado herramientas para la cohesión mientras individua la expresión. De esta depuración comunicante producida por el Trabajo devienen todos los lenguajes humanos articulados como estrategia exteriorizante que oscila entre lo individual y lo colectivo hasta alcanzar siempre procesos actualizantes no exentos de retrocesos, crisis y avances nuevos. Se trata de un proceso dialéctico de da origen a todas las formas de Comunicación, que no son pocas, sobre la base práctica de un camino largo en el que desde cantidad de experiencias se salta cualitativamente a su perfeccionamiento.[2]
Desde sus etapas más abstractas hasta las más concretas, de lo simple a lo complejo, de lo particular a lo general y viceversa, el desarrollo del Trabajo es al mismo tiempo desarrollo de la Comunicación y los lenguajes, desarrollo de los procesos de información y su ordenación en movimiento, desarrollo del intercambio y su complejidad en todo ámbito social.
Esta influencia extraordinaria del Trabajo sobre todo hacer humano y todo el hacer humano perfeccionando su Trabajo, no estuvieron ni están exentos de contradicciones y calamidades de todo tipo. Ya se ha dicho y denunciado muchas veces en muchos lugares de manera diversa. Nunca será suficiente.
Información, intercambio y Comunicación sometidos históricamente a vaivenes ideológicos de todo tipo quedaron preñados con significados di símbolos, contradictorios e incluso aberrantes. La mayor parte de las tergiversaciones en sus significados devienen de separar cada concepto de su matriz histórica que es el Trabajo no alienado. Información, intercambio y Comunicación se desfiguran semántica, sintáctica y pragmáticamente al separarlos de su base histórico filosófica del Trabajo. Muchos esfuerzos que han intentado filosofar, teorizar, sobre conceptos aislados,[3] se empantanan con etimologías aventureras y tautologías idealistas que pretenden rellenar con especulaciones más o menos doctas el vacío producido por olvidar la unidad indispensable de todo hacer humano a partir de su práctica más decisiva que es el Trabajo.
Advirtamos, para liberarnos de todo peligro, la existencia de neolaborismos fanáticos, de altares fetichizadores del Trabajo. Está en el espíritu de esta Filosofía de la Comunicación negarse sistemáticamente a todo cuanto pretenda adosarle noción alguna que no dependa de la práctica liberadora concreta del Trabajo y de sus luchas históricas cada vez más profundas y agudizadas.
Teoría y práctica de la información, el intercambio y la Comunicación que no devengan de teoría y práctica del Trabajo merecen entrar al callejón de las sospechas y los debates más acuciosos. Especialmente si se privan de estudiar el sentido original, originario y revolucionario del Trabajo en contraste con la esclavitud, explotación y degradación que históricamente lo han desplazado de sus ejes privilegiados.
Esto tampoco deja de ser un alegato político en el sentido político impreso en la definición misma de la Comunicación e impreso en el sentido mismo de la unidad intelectual entre ciencia, filosofía y arte que atañen inevitablemente a todo estudio programático de la Comunicación y de sus medios. Alegato político crítico que no se enceguece ni amedrenta con los espejismos del poder para incidir en la necesidad histórica de construir un poder nuevo: el poder de los trabajadores en plena libertad. Alegato por otra parte que debería ser requisito necesariamente metodológico de cualquier deontología o ética científica. Sólo a partir de profundizar, ensanchar y clarificar la obligatoriedad de un marco teórico programático que situé al Trabajo como punto de partida para el estudio de la Comunicación podremos garantizar que tal es verdaderamente compromiso de análisis y síntesis científico para la transformación de la realidad hacia un nuevo orden mundial de la Comunicación, su reivindicación como Trabajo humano creador y la desaparición de toda apropiación privada de los medios para la Comunicación. No habrá transformación real de la Comunicación si no hay transformación real de la sociedad.
La especie humana al sintetizar su experiencia dialéctica, emanada del proceso necesidad-satisfactor, en la creación de herramientas, salta a un estado nuevo plagado con necesidades nuevas. El cúmulo de sus intercambios también enfrenta necesidades nuevas y se obliga a generar satisfactores nuevos. Es en este marco, el marco mismo de los intercambios, donde el Trabajo experimenta jalones cualitativos, donde el intercambio de información hace saltos cualitativos de Comunicación. El surgimiento del lenguaje también es un salto cualitativo que obedece a una dialéctica instrumental de tipo nuevo indisociable de la producción de herramientas.
Nada hay en Comunicación que no sea al mismo tiempo herramienta. La propia construcción de una nueva conciencia del intercambio, que cambia cualitativamente el intercambio de información, da materialización a un proceso nuevo en la producción de herramientas de Comunicación. Es inaceptable la idea peregrina, que flota en muchas teorías, de una generación espontánea de la Comunicación o el lenguaje.
La determinación del proceso necesidad satisfactor sobre el surgimiento de un nuevo intercambio de Comunicación, vinculado este íntimamente al nacimiento de las herramientas y al nacimiento de la conciencia, presenta un paisaje de complejidad nueva donde los seres humanos inician procesos nuevos también de identificación de sí ante el universo. Esto probaría la unidad dialéctica indisoluble de lo particular con lo general. Esto establecería la necesidad de una reformulación dialéctica del significado del intercambio como categoría filosófica concreta, redefiniéndolo como factor central del desarrollo y de la identificación de la conciencia, como parteaguas epistemológico, como resorte estético fundamental y como o paradigma central en el entendimiento de todo contenido y forma de Comunicación.
Como el intercambio no puede ser estudiado al margen de la dialéctica necesidad-satisfactor, los métodos de análisis y producción en Comunicación están obligados a reelaborar teorías y prácticas concretas dedicadas a explorara el impacto, influencia, movilidad y transformación que el intercambio procura a la conciencia toda y a sí mismo.
El intercambio en todas sus expresiones fija las notas esenciales de la socialización. No es su único motor. Es en todo caso uno de los componentes centrales que expresan el cómo y por qué de la búsqueda permanente entre seres humanos, la búsqueda del otro con algún fin material o espiritual concreto, incluso, a veces, confuso. Es en el intercambio donde están las claves de un comportamiento que históricamente se ha hecho complejísimo y que ha diversificado sus expresiones hasta casos incontables. En evolución permanente el intercambio es siempre determinante y determinado por los elementos de su mediación.
El intercambio como producto de la relación necesidad-satisfactor crea medios, es decir, los seres humanos para satisfacer sus necesidades producen intercambios en los que se suscitan como satisfactores, medios, mediaciones, intermediarios. Al emerger un medio, a su vez como respuesta a una necesidad, este emerge determinado por el plano originario de la necesidad que lo crea y nace determinado por una necesidad peculiar adicionada: la necesidad de perfeccionarse en la práctica.
El medio no debe instituirse estáticamente, no puede, está en su ser la urgencia de transformarse dialécticamente para perfeccionar el flujo de informaciones perfeccionándose a sí mismo. El medio durante los procesos de intercambio no esta inmóvil ni es inocente, se somete a un oleaje de intereses en los que participa el carácter práctico de los intereses de cada emisor, de informaciones concretas. El medio requiere una plasticidad no ambigua, requiere para ser obediente a su propio grado de progreso, una capacidad de sensibilidad y transmisión de oleajes de informativos tan amplia y dúctil como su propia razón histórica. Si no, fracasa y debe surgir otro medio y otro proceso de mediación.
El intercambio que da base a toda forma de Comunicación es un acontecimiento económico que tiene balances muy delicados. Sin él es imposible la puesta en común, sin él es impensable el desarrollo social. El intercambio admite junto a la diversidad de mercancías, valores, una diversidad de emociones. El intercambio no se agota con esquemas mecanicistas. El intercambio produce redes complejas de relaciones humanas y espectros amplísimos de flujos y reflujos uni y multi direccionales. De la sutileza de ciertos gestos a la complejidad táctica y estratégica de los movimientos sociales, de dominación o de liberación. El intercambio, desde su base en los procesos de Comunicación, faculta y examina la veracidad de la Comunicación misma. Es a través del intercambio que sabemos el estado real de los intercambios, su pie de igualdad, su flujo y reflujo permanente y dialéctico; cuánto de tales fluires y refluires verdaderamente hacen Comunicación, cuánto realmente se pone en común.
La Comunicación es una forma superior del intercambio. Lo que en la Comunicación implica ensamblaje de comunidad, puesta en común, en el intercambio implica flujo. Aunque no implique comunidad necesariamente.
La Comunicación, la puesta en común perfecciona la acción del intercambio y perfecciona la idea de sociedad. Toda tergiversación de estos factores, voluntaria o no, es ejemplo de un proceso de crisis que como en el capitalismo imperial expresa un estado perverso y patológico: el intercambio más desigual con la información más deformadora y Comunicación menos en comunidad.
Es información lo que se intercambia como una mercancía producida por la experiencia práctica en estado de verificación social. Datos sensibles organizados por la conciencia en secuencias de imágenes y conocimiento que se encadenan espiralmente. La información es el producto del Trabajo de la conciencia en relación dialéctica indisoluble con los sentidos y con la naturaleza toda. Información es masa de datos que gracias al Trabajo de la conciencia se ordena con patrones de desarrollo desigual y combinado determinado social e históricamente por el grado de avance social. Información es materia prima producida por los sentidos para reflejar en imágenes sobre la conciencia, la naturaleza y la realidad tal como son percibidas y transformadas por la conciencia misma. Y es también producción de la conciencia. Es la materia organizada sensorialmente con la que la humanidad trabaja su propia identidad tras un proceso que, a saltos cualitativos, convierte información en transformación del mundo gracias al carácter social del intercambio y al carácter cohesionante de la Comunicación que terminan siendo cultura, arte, poesía. Entre otras cosas. La información también es forma superior de la materia transformada por la conciencia humana.
Así como intercambio no implica por sí mismo comunidad, información no implica Comunicación por sí sola. El proceso de Intercambio de información cuando se perfecciona y formaliza en estado de propiedad colectiva, cuantitativa y cualitativamente, se hace Comunicación. La Comunicación, que tiene en su base la relación necesidad-satisfactor, su carácter histórico de herramienta social y la determinación del intercambio ya hecha producción humana, es además proceso de cada una de sus cualidades en lo específico y en conjunto, capaz de sustentar y sustentarse en el principio de solidaridad humana más enigmático y profundo.
Otro deber de esta Filosofía de la Comunicación es constituirse en advertencia, es decir, advertir sobre los riesgos o faltantes productores de errores que suelen presentarse en muchos estudios dedicados a la Comunicación. Advertir, en el sentido de darse cuenta, sin sentirse exclusivista de sus advertencias, y mejor aun, en búsqueda de advertencias similares que conformen una corriente de advertidores capaz al menos de presentar líneas claras para el debate, y superación, de faltantes teóricos indiferentes a las premisas aquí expuestas.
También la aventura de llamar a este estudio Filosofía de la Comunicación advierte sus desafíos centrales por cuanto se obliga a autodefinirse en la práctica. Tal práctica tiene escenarios específicos en ámbitos académicos donde estudiantes e investigadores podrán objetar y superar las dolencias necesarias de mis pretensiones filosóficas. Pero no es ese su escenario más importante. Este está en la dinámica misma de la transformación social. Está en las manos de los trabajadores, de la clase trabajadora, del proletariado internacional que libra hoy batalles impostergables, a ello quiere servir como contribución, paradójicamente modesta y plagada de ambiciones, esperanzas y certezas en espera de su auto transformación dialéctica, en espera activa de la práctica revolucionaria para un mundo que deje abolida para siempre la propiedad privada de los medios de producción comunicativa. En cualquiera de sus expresiones.
Milita, pues, este estudio con un aliento poderoso devenido de la filosofía del surrealismo[4], en las filas de un filosofar que encarna en el derecho a producir pensamientos bajo riesgo y responsabilidad propios, ordenando y desordenando premisas al calor de una libertad de síntesis que vive determinada por las realidades y esperanzas más diversas, por ejemplo: que la Comunicación sea hecha por todos.
Esta Filosofía de la Comunicación como toda producción deberá alejarse de cualquier vulgarización en que incurra consciente e inconscientemente. Por ignorancia, omisión, limitación o desarrollo escaso. Y no podrá hacerlo sola, requerirá la colaboración del tiempo, el estudio, el esmero en la investigación y la autocrítica y especialmente de la colaboración de sus lectores. No hay muchos más modos de perfeccionar un trabajo.
Esto obliga a establecer respecto a la Filosofía del Surrealismo al menos una precisión inicial. Me atengo a lo dicho por André Bretón en sus manifiestos del surrealismo. Me atengo al desarrollo histórico de este movimiento, con lo que tuvo de revolucionario en materia de Comunicación arte y poesía, creándose una política para la movilización del espíritu que marcó para siempre los derroteros de casi toda forma de expresión contemporánea, lo sepa o no. Me atengo a la experiencia dialéctica del pensamiento surrealista que se depuró y perfeccionó, hasta donde pudo, incluso gracias a la colaboración entre Andre Breton y León Trostsky. Me atengo a la conciencia de todo lo que quedó incompleto, sugerido o recomendado por el surrealismo para ser profundizado y perfeccionado por quienes profesan fe y militancia en sus filas. Este trabajo también quiere ser parte de eso.
Objetivos:
1. El objetivo principal de este trabajo es presentar, a manera de ensayo, una interpretación de aspectos hipotéticamente constitutivos de mi Filosofía de la Comunicación. No intento presentar de ellos elaboraciones exhaustivas, únicamente notas producidas por mí en torno (y por momentos desordenadamente) de algunos de esos aspectos de una manera coherente y en búsqueda una comprensión particular de su desarrollo dialéctico. Un objetivo sucedáneo es mostrar que sólo mediante la comprensión dialéctica de los elementos constitutivos de una Filosofía del Trabajo es posible una explicación correcta de los problemas de la Comunicación y sus interdependencias con el trabajo real concreto.
2. Pretendo además contribuir en la construcción de un cuerpo de pensamientos Filosóficos que clarifiquen el lugar de la Comunicación, su estudio y producción, como indisociables del Trabajo humano, histórica y socialmente determinado.
3. Pretendo establecer síntesis entre los principales problemas Filosóficos de la Comunicación con otras problemáticas Éticas, Estéticas, Poéticas y Políticas.
4. Está en este estudio la intención de producir argumentos sobre la necesidad de un nuevo orden Comunicacional Internacional, de tipo comunitario, en oposición al modelo Globalizado de los monopolios imperiales neoliberales.
5. Este estudio pretende producir pensamientos para una práctica consecuente en la lucha proletaria internacional hacia su liberación definitiva y la construcción de un hombre nuevo, una Comunicación libre y una revolución poética permanente.
6. Este estudio se propone como producción de ideas hacia un debate abierto que tenga como destinatarios principales a los trabajadores involucrados inevitablemente (directa o indirectamente) con los llamados mass media.
7. En este estudio me propongo ofrecer una aproximación crítica a las maneras, históricamente diversas, de entender el concepto Comunicación, especialmente aquellas que lo reducen a planos idealistas, abstractos, individualistas, mercantilistas, formalistas, tecnócratas... para disociarlo de su fuente y fin dialéctico y social fundamental que es el Trabajo humano.
8. Este estudio busca poner en marcha una aplicación, provisional, de cierta interdisciplinariedad, como respuesta a necesidades metodológicas fundamentales en oposición a todo exclusivismo teórico del tipo reduccionista.
9. Este estudio pretende establecer la importancia e influencia del Surrealismo como filosofía contemporánea sintetizadora donde la Comunicación, la Estética, la Poesía y la acción Política se muestran indisociables y transformadoras. Establecer la importancia del Surrealismo como movimiento filosófico revolucionario de las comunicaciones.
Resumen:
FILOSOFIA DE LA COMUNICACION
¿Por qué y para qué una Filosofía de la Comunicación?
“Primero surgió el Trabajo; después de él y enseguida a la par con él el lenguaje” F Engels. Dialéctica de la naturaleza.
“Del proceso del trabajo surge la necesidad de comunicarse entre sí, decirse algo unos a otros” V.Afanasiev
Comunicación[5] es en primer lugar cualidad[6] del Trabajo y Trabajo[7] ella misma. Nada conduce a error mayor que convertir el concepto Comunicación y su práctica en, en demiurgo o fetiche de adoraciones idealistas e individualistas, universal abstracto decorativo para discursos eruditos. La Comunicación, a pesar de la diversidad de significados que la benefician y aquejan, es una producción humana concreta, realización de su ser individual-colectivo y problema magnífico que exige apasionarse críticamente por ella, con pasión científica, de expedicionario y amante. La Comunicación es una forma superior del intercambio.
La Comunicación es obra humana definible sólo por su práctica social concreta. Es necesidad en practica de exteriorización constante sometida siempre a determinaciones de lugar, tiempo y clase social que la definen dinámicamente asignándole un papel histórico concreto. Ni ángel ni demonio por sí misma. En muchos sentidos Comunicación es obediencia de intereses. De todo tipo. Jamás es inocente. Es imposible e invalidable cualquier definición de Comunicación que no tenga base económica[8] objetiva.
Entiendo aquí como Comunicación un proceso entre iguales (material, concreto y determinado) cuyo fin es transformar dialécticamente el intercambio de información en perfeccionamiento de la conciencia. Es decir entiendo aquí Comunicación como lo que no es, o es muy poco, en la práctica real contemporánea entre individuos y como lo que en nada se parece al uso de medios electro mecánicos, reproductores masivos de informaciones unidireccionales y mercantiles, usados como maquinaria de guerra ideológica para someter la conciencia y economía de las clases subordinadas: Mass media.
Cualificar la cualidad:
Entiendo la Comunicación como proceso entre iguales que no admite reducciones. No debemos incurrir en equivocaciones sobre la igualdad y su práctica. Igualdad no es uniformidad. Igualdad se entiende aquí como consenso de voluntades libres, es decir conciencia de las necesidades habilitada para transformar la realidad con pleno acceso colectivo a la producción y creación de signos, códigos y medios. Igualdad se entiende aquí como actualización del derecho ajeno en el marco de las prioridades propias. Como empeño por la felicidad concreta del otro que se empeña en la mía lucha y la conquista como valor ético donde la única supremacía deviene del trabajo socialmente desempeñado para el bienestar de todos. Igualdad concreta legitimada en creación de comunicaciones que fluyen sobre medios que son propiedad común, del contenido a las formas. Proceso irreducible al individualismo aunque de cada individuo se espere siempre aportes para el grupo. Proceso complejo, exigente y delicado que somete a examen permanente las destrezas y hábitos comunes necesarios para asegurar sus ciclos evolutivos.
Se rompe la Comunicación si se rompen sus condiciones. No de trata de un modelo ideal, utópico, se trata de un proceso difícil, de un trabajo, individual y colectivo, en estado de perfeccionamiento constante en el que se verifica claramente el estado de desarrollo social de los grupos. Proceso frágil, determinado históricamente, que se fortalece con la práctica de convenios entre actores liberados de toda forma de chantaje, usura, explotación. Comunicación implica igualdad que sólo es real cuando socialmente se imponen determinaciones para evitar el beneficio de unos sobre las necesidades de otros. Es decir, Comunicación es algo que ocurre en grados muy relativos en el marco de las sociedades capitalistas.
El estado actual de la Comunicación y la invención de medios para el intercambio, en el marco de todas las desigualdades habidas y por haber, expresa la paradoja brutal de un despliegue financiero inédito dedicado a depauperar los discursos. Paradoja que pone en evidencia el poderío de un armamento para la gran guerra contra la clase trabajadora. Despliegue ostentoso que manejado por ejércitos de periodistas, payasos, faranduleros y publicistas hacen pasar por industria del espectáculo, del entretenimiento, la táctica y estrategia del capitalismo que hizo de los mass media y de la “Comunicación” el pulpito desde donde se adoctrina al enemigo para que se rinda, de cuerpo y conciencia, haciendo rentable su rendición.
La Comunicación, según la definición que presento, es impensable en el capitalismo imperial. Lo que conocemos son grados de la Comunicación que se expresan según los grados de desarrollo social. Tales grados de desarrollo se expresan históricamente de manera desigual y combinada. Lo que algunos grupos, sectores sociales, entienden o logran como ejercicios de Comunicación, no necesariamente implican la Comunicación entre una sociedad toda. Lo que siempre está en interrogación es qué se pone en común. Si comunicar implica puesta en común, no basta la comunidad de códigos o señales para que socialmente se valide el intercambio entre iguales, para poner en común necesidades y satisfactores. No basta el adiestramiento de un grupo para que responda en común a una orden o mandato del mercado dominante, de la política dominante, para que se configure un hecho de Comunicación social. No basta la respuesta uniformada de consumidores, en la adquisición compulsiva de marcas o ideas, par que eso se llame Comunicación. Incluso los más obedientes y fieles seguidores de órdenes mercantiles e ideológicas, domesticados para la complacencia de los poderes esclavizantes suelen tener en común nada. Suelen ser protagonistas del individualismo más esquizofrénico y los pleitos nihilistas más escandalosos.
Según mi definición la Comunicación ha sido suplantada para que abandonemos toda noción, y esperanza, de igualdad y comunidad, ha sido suplantada por un plan modelador de conciencias, planeado con el rigor de la inversión financiera que implica para lograr un efecto social doble. Por una parte presentar un mundo ideal de la mercancía donde es feliz quien se esfuerza en validar su ser por medio del ser mercancía. Por otra parte hacer disfrutable la esclavitud. Contentos lo sometidos, satisfechos con su miseria, y contentos los sometedores, enriqueciéndose gracias al trabajo de sus esclavos. Este esquema, como tal, simplista, es en el fondo un mapa de la tortura intelectual a la que es sometida la población impunemente. Obra de un ejército de estrategas ideológicos rentados para la esclavitud, incluso la de ellos. Hay un plan maestro.
¿Cómo mantener cerca [9]una masa humana proveedora de mano de obra barata, cómo explotarla y al mismo tiempo mantenerla en “orden”, es decir, sin que exprese capacidad alguna de organización, que sea dócil y resignada? ¿Cómo en última instancia “educar” a esa masa para que sirva a los propósitos de producir riqueza sin que se sienta dueña de ella, o mejor aun, que aprenda a respetar toda riqueza como ajena, como propia “naturalmente” de otros, como incluso, realidad reservada para algunos que no son ellos? ¿Cómo domesticarlos para que entiendan que la riqueza producida por ellos debe quedársela el patrón empresario, político o clérigo? ¿Cómo adiestrarla para que se desorganice. Para que ignore su fuerza? El capitalismo trata de contestar y resolver parte de estas preguntas y problemas ayudado por el aparato descomunal de su “Industria de la Comunicación” mass media.
En esta caracterización el papel de los mas media y desenmascaramiento de lo que el capitalismo propone como Comunicación no falta el debate peregrino de algunos que reducen la discusión al problema tecnológico satanizandolo como estrategia para desviar la atención del fondo.
Se camufla el plano ideológico estratégico tras un humanismo redentor que culpa a las máquinas de producir, como fetiches tribales, por sí mismos, males morales en los pueblos buenos. Se reproduce la vieja idea de destruir las máquinas porque esclavizan y “deshumanizan”. Está vivo también el debate y la lucha en torno a la ideologización de la tecnología, si hay mensaje en el medio, si la tecnología es ideología. En estos debates el problema central del trabajo no alienado como premisa mayor no aparece. Como suele no aparecer la realidad laboral de los héroes mediáticos, especialmente los burgueses.
Desde sus crisis actuales el capitalismo se las ingenia para resolver el problema crucial de cómo convivir con una masa de mano de obra barata, creciente, empobrecida y desesperada, que es su enemigo permanente. Cómo mantener indiferente, desinformada, inocua la fuerza de millones, que generan riqueza para que el capital de unos cuantos se acreciente y mantenga a salvo.
Cómo resolver la contradicción de necesitar trabajadores sometidos a cargas de trabajo descomunales, pagarles poco, con horarios y sueldos despiadados, sin que protesten. Cómo al mismo tiempo convencerlos de que su mejor y único destino es esa condición de explotación. Cómo convivir con el enemigo de clase, hacerlo útil a los intereses que lo denigran y mantenerlo diezmado, inmóvil, manso y, por qué no, feliz con su miseria y la agradezca.
La medida en que una mano de obra barata y dócil representa un gran negocio es la medida en que se organiza y perfecciona una estrategia de control rentable en la que se invierten capitales exorbitantes como acompañamiento de la otra estrategia de inversión clave: las armas y los ejércitos. El proyecto de mantener a la masa trabajadora dócil y feliz resultó ser además rentable en todas sus direcciones, resultó autofinanciable. “Que la masa pague su propia droga” bien podría ser la consigna de algún ideólogo capitalista. Que bailen, canten, se transporten y consuman y desarrollen una “cultura” de esclavos, no tiene por qué no ser negocio capitalista. Y para eso se desarrolla una red de medios de adiestramiento masivo. Empresarial y capitalista también.
Las empresas de sometimiento ideológico masificado son parte de un arsenal de guerra que se diversifica y expande progresivamente como empresas de control que aceptan bajo su cobijo a toda la sociedad. Esta es la base concreta para la distinción contemporánea entre Comunicación, Información y transporte. Especialmente su relación con el concepto medios.
¿De qué medios(materiales e intelectuales) se vale la sociedad para poner en común la información toda que produce como resultado de su experiencia, conocimiento, conciencia y trabajo?
Producir información, conocimiento y conciencia, que es un trabajo social, que debería planearse y sancionarse socialmente bajo un pie de igualdad participativa capaz de poner en común sus prioridades y conquistas. Como trabajos fundantes del desarrollo humano, social la producción de información, conocimiento y conciencia no deben dejarse en manos de empresas privadas así como las empresas privadas no deberían existir. Conviene decir que la producción de información, conocimiento u conciencia producidas por el Capitalismo no necesariamente entran al plano de hacerse comunes. De hacer Comunicación aunque ellos así le llamen a su proyecto. Recibir información que es un hecho sensible e intelectual cotidianos no implica que tal sea propia, se apropie, ni se ponga en común.
Desde otro punto de análisis no toda producción de información requiere estados de comunidad, no necesariamente u obligatoriamente debe ser de todos o para todos. La condición es que la sociedad libremente compare, analice y elija críticamente. Una sociedad libre que pueda comunicar en pie de igualdad, con los mismos medios, el estado de comunidad que asume ante la información mediada.
No la información que produce una minoría es necesariamente importante para una mayoría. ¿Pero quién decide esto? No todo proceso de Comunicación necesariamente involucra el interés de una comunidad toda. ¿Pero quién decide? Hay Comunicación entre pares que no implica libertad para todos. ¿Quién sanciona?
En el estado de desarrollo social vigente ¿cómo y cuándo se verifica realmente la Comunicación si toda o en partes no constituye un proceso al que comunitariamente se pueda acceder sin restricciones en lo material y en lo intelectual?. ¿Cuándo ocurre la Comunicación si toda o en partes está limitada por ejercicios de apropiación de códigos, medios, culturas y beneficios ideológicos y económicos?. ¿Dónde esta la Comunicación, tangiblemente, en la práctica?.
El desarrollo social supone también desarrollo de los medios y modos para producir información, conocimiento y la habilidad humana para comunicarse, ese proceso está, al igual que todos los procesos sociales, en estado de invención y perfeccionamiento constantes. En sentidos múltiples. El modelo económico dominante frena el desarrollo social y estimula es desarrollo sectario de los medios de Comunicación, el desarrollo de los medios tecnológicos exclusivamente, el de las formas, el de los soportes, los significantes. Tal desarrollo fragmentado, el de una parte, desde luego no implica desarrollo coherente del todo. Peor aún desarrollar una parte de un proceso complejo produce deformaciones que pueden ser monstruosas tal cual ocurre con la Comunicación, con la definición enmascarada ideada por el sistema que llama Comunicación a su proyecto de esclavitud ideológica y que no se agota en los mass media sino que, pasa a colonizar todos los campos de la actividad organizada de la tal manera que el modelo ideológico de la Comunicación inventada por el sistema impregna con sus paradigmas la vida social segmentada del capitalismo. Así en fábricas, oficinas, iglesias, etc. la idea de Comunicación posee el mismo carácter distorsivo que la aleja la idea y acción de toda organización hacia la propiedad y producción colectiva, comunicativa, organizada libremente.
El estado de atraso de los procesos de Comunicación, que no de ciertos medios, es reflejo del estado de atraso social todo. En algunos campos del arte y de la experimentación expresiva se dan ciertas claves para el desarrollo de formas de Comunicación “rebeldes”pero no habrá desarrollo real hasta que no haya desarrollo social pleno, es decir transformación radical de toda determinación que cancele lo mejor de los seres humanos en benéfico de algún negocio privado.
El desarrollo tecnológico para la transmisión de información no implica desarrollo de la Comunicación, No son lo mismo. El perfeccionamiento de la Comunicación sólo es posible en formas de organización social desarrolladas donde se cumplan las condiciones humanas de participación igualitaria. Esto que tiene raíz filosófica profunda también debe tener ramas programáticas concretas.
El desarrollo de la Comunicación emergerá de la crisis misma de los modelos vigentes, incompletos y excluyentes que transmiten informaciones (ordenes) hegemónicas para domesticar a la masa salvaje de trabajadores necesarios para la producción de la riqueza y enceguecidos ante ella.
Uno no puede científicamente dejar de prever este proceso y no puede verlo llegar sin un programa filosófico concreto porque desarrollo de la Comunicación emergerá sólo de un debate encarnizado que oponga formas superiores de Comunicación al modelo mercantil y unidireccional que transmite mandatos para la esclavitud con todos sus medios disponibles. Emergerá de la confrontación total de la sociedad contra su miseria y emergerá sólo determinada por el propio desarrollo social en transformación integral. No habrá transformación completa alguna si no se transforma primero la sociedad toda.
Lo que discutimos ahora es cómo caracterizamos y ayudamos a transformar esto que, llamado Comunicación, es en realidad ajeno y enemigo de todo principio de comunidad en todas sus acepciones, es decir que eso que se llama Comunicación en realidad es una ilusión fetichista que en el mejor de sus sueños aspira a que sea comunitaria sólo la idea de esclavitud como máximo logro moral producido por unos cuantos contra una gran masa miserable.
Uno no puede debatir sobre ilusiones cuando es necesario establecer con qué armas opera el plan concreto del capitalismo y cómo esas armas se hacen invisibles para la población en general. Cómo se camuflan de diversión las armas de la explotación, y cómo las hacen negocio. La información producida como bienes de capital fluye bajo leyes de distribución monopólica y su carácter de mercancía, espectáculo o fetiche de progreso, son sistemáticamente dispositivos de guerra para una lucha desigual. La tecnología para la transmisión de informaciones ha de experimentar un cambio radical en el régimen de propiedad para avanzar hacia un proceso de desarrollo en el campo comunicativo. Y esto bajo condiciones actuales del modelo capitalista imperial es imposible. Los modos hegemónicos de transmisión o transportación e imposición de informaciones en tanto que obedecen a un modelo ideológico esclavista, están inhabilitados hacia cualquier proceso de Comunicación. Son insisto máquinas unidireccionales que imponen discursos muy lejos de cualquier respeto por el consenso y la participación comunitaria. Peor aun, en su contra.
Algunas de las experiencias avanzadas de lo que la burguesía llama Comunicación y que se reserva para sí y entre sí (como videoconferencias y sistemas de video telefonía portátil satelital, autopistas privilegiadas, barrios cerrados con comunicaciones y transito restringido, trenes, aviones, barcos separados por clases... donde es posible que emisor y receptor posean códigos y medios habilitados para emisiones y respuestas en pie de igualdad clasista, prueban que el impacto tecnológico no alcanza para satisfacer la idea de Comunicación es decir el proceso Comunicación aquí expuesto y que este es irreconocible en la experiencia de la sociedad actual. Es decir que no basta con que el modelo de Comunicación sea verificado por una tecnología reservada para los poderosos, esa Comunicación que sólo es transmisión de informaciones entre pares no contiene aun la nota esencial de la propiedad comunitaria que incluye según mi definición a la sociedad por entero.
En contraste las experiencias de Comunicación llamada no sin debates “alternativa” “independiente” o “insurgente” con base y aspiración proletarias o populares están generalmente viciadas por la miseria y sus efectos: marginalidad, pobreza, atraso, superchería. La Comunicación está determinada por el grado de desarrollo social e independencia autogestiva de los modos de organización que los trabajadores experimentan.
La ilusión de la Comunicación:
La fábrica de ilusiones. Los dueños del circo mediático, los payasos mediáticos el público decorativo, consumidor y a crítico. No son la Comunicación que aquí se expone y propone.
No deberíamos creer que lo ingenioso, erudito y rentable de cierto desempeño en los mass media los habilita para ser y hacer Comunicación. El discurso imperante, la moraleja reiterada, el adiestramiento para la mansedumbre y el alimento inclemente para la moral de esclavos que son uno y el mismo: consumir lo que el capitalismo produce para paliar su crisis histórica, tiene en los medios (trenes, autobuses, barcos, teléfonos, Internet T.V. presa, cine, radio etc.) sus expresiones más odiosas. El interés común, es decir el de las comunidades, no ha sido premisa para decidir el trazo de vías de Comunicación marítima, carreteras, ferroviarias, ni para el tendido de redes telefónicas, telegráficas o ciberespaciales. Ha imperado el criterio mercantil empresarial que logró subordinar la complacencia de estados y gobiernos cómplices de la usura.
No hay límite a la ridiculez, la indignidad. Publicidad tampoco es Comunicación.
No hay Comunicación en el mensaje de un fabricante que alquila servicios de profesionales para comprar tiempo o espacio en uno o varios medios con el objetivo de incrementar ventas o narcotizar al público. No hay Comunicación en un medio mercenario que vende espacios y tiempos al mejor postor sin importar el impacto del contenido del mensaje y sin su sanción colectiva. La dictadura del raiting y el zaping no son expresión de la libertad de elección son estética histérica de la saturación. No hay Comunicación, no podría llamarse Comunicación, como aquí se invoca, al discurso de la democracia burguesa, que tiene por fin último concreto la práctica de cuidar la riqueza de los patrones a cambio de concesiones corruptas, a cambio de narcotizar al electorado.
No hay Comunicación porque no hay igualdad alguna para discursos iguales.
No hay comunidad del decir, el cómo y a quién.
No hay comunidad de códigos. Medios, ruidos y signos.
No hay comunidad distributiva del producto de la riqueza mediática.
No hay comunidad en la propiedad de ideas, medios y fines.
Cuando se quiere hacer pasar por “logro humano” la baratija mediática o de “Comunicación” con toda su pedagogía de la desigualdad, una ciencia filosófica de la Comunicación no alienante debe desenmascarar metodológicamente el fardo mediocre presentado como “logro máximo de la cultura”. Que no nos expresa y dice expresarnos. Que vende como conquista social la audacia e impunidad individual de negociantes que perfeccionan sus maquina de guerra para la dominación ideológica. No somos estúpidos.
El capitalismo supo que debía adiestrar, incluso contra su voluntad, y valiéndose de cierta ignorancia funcional, cuadrillas de comunicólogos llevados al no muy honroso trabajo de poner altavoces a la mediocridad empresarial, a la decadencia del capitalismo y su crisis permanente que tiene por escenario preferido el bolsillo de los trabajadores. El capitalismo entendió la necesidad de crear centros de adiestramiento para mano de obra universitaria barata, obnubilada con palabrería cientista, agobiada por el desempleo y sometida a la resignación servil implícita en la complacencia y agrado del patrón. Le llaman “Comunicación social”... y le llaman “formación científico académica” a eso que en la práctica es adiestramiento táctico y estratégico de la información mercantil dominante que, además de vender bien, debe convencer a otros de que este es el mejor de los mundos posibles. Llaman “ciencias de la Comunicación” a eso que en términos generales es formación contradictoria producto de una mezcla de necesidades hegemónicas emanadas de la crisis capitalista para hacer más eficientes sus armas ideológicas. Llaman “ciencias de la Comunicación”, “ciencias de la información” y el “periodismo”, al reclutamiento y entrenamiento de obreros alienados por el discurso exitista del sistema, atravesados por las mismas calamidades de todo trabajador, pero inoculados con un status que “dignifica” el oficio de manipular ideológicamente a las sociedades. Incluso logran creerse “genios” y a su modo el capitalismo los produce e incentiva. No haremos aquí un recuento de casos pero los hay. En la guerra ideológica del capitalismo, desde la revolución industrial hasta la revolución Internet, han visto la obra grandes militantes de la esclavitud muchos de ellos, paradójicamente, también esclavos. Para maquillar la miseria con hipocresía trágica, amarillismo bursátil, candilejas y lentejuelas de payasos mediáticos, el capitalismo también recluta teóricos cuyo ingenio mayor radica en desvincular toda reflexión de su marco de clase. Entre cátedras, becas y cenáculos de auto halago, los ejércitos de élite intelectual capitalista publican y enseñan tácticas y estrategias de “posicionamiento”, (tal cual, como quien invade un territorio para colonizarlo) para discursos y ordenes hegemónicos. Toman de aquí y de allá argumentos de ciencias diversas, con marcos teórico-filosóficos convenientes, los mezclan y aparecen cada tanto como amos y señores de inventos “científicos” que se comportan como modas epistemológicas en la pasarela autista de la vanidad escolástica.
Normalmente lejos del debate, sin consenso plural, sin compromiso social, siempre en búsqueda de un cliente ansioso de probar eficacia y eficiencia de un modelo de invasión social en beneficio de marcas o caudillos: desde la farándula hasta la política (que a veces no se distinguen.
El problema de la Comunicación que está en el régimen de propiedad de los medios no se toca. Es decir el régimen de propiedad privada de los medios para la expresión e intercambio, su legalidad y legitimidad económico-cultural, su peso ético y estético, mas todas las contradicciones que incluye su modo de producción ideológica en sociedades plagadas por la miseria, son perfiles virtualmente vedados. Las excepciones, en cuanto lo son, expresan la realidad. Mencionarlo, sólo, pasa a ser “de mal gusto”. Pasa a ser objeto de “otras ciencias”.
La legitimación del eufemismo “ciencias de la Comunicación”, con sus sub-eufemismos y variables, proviene mayormente de las urgencias del capitalismo agudizadas por las crisis de sobreproducción que saturan sus mercados de sí mismos. El éxito de las instituciones académicas que adiestran mano de obra altoparlante tiene ejes muy claros y códigos muy estrictos. Nada que salga del prontuario ideológico imperial. Por el capitalismo todo, contra el capitalismo nada. Se admite el ser creativo, artista, genio, simpático, creíble, sobre todo eficaz y eficiente. Ordenado, ambicioso e incansable. Vender, vender y vender, a toda costa, los que sea, como sea, comenzando por la mano de obra, sin límites. El sistema premiará. Hay títulos de grado y pos grado, cátedras, becas de investigación, congresos, asociaciones, academias, honores y loas.
He ensayado en otra obra[10] sobre causas y efectos de las traiciones cometidas por intelectuales progresistas (perdidos para sus causas) que venden su trabajo a críticamente y a precio de logro moral, al servicio de empresas nacionales o multinacionales, algunos de ellos también fundadores y directores de agencias de publicidad, trágicamente mercenarias, convertidos en teóricos, directivos y/o profesores en Universidades, Institutos o Colegios, complacientes con la brutalidad de la miseria reinante.
Esta caracterización sobre el modo de producción intelectual que se verifica en las aulas de muchos centros de enseñanza no es ajena al debate más amplio sobre la transformación general de las Universidades y en plena interrogación sobre su destino inmediato y mediato. Debate que también toca, desde su lugar, el debate más amplio sobre la transformación de la sociedad toda y el tipo de sociedad que queremos desde hoy y para el futuro.
Así, lo que me importa de la Comunicación, como se define en este ensayo, es su ser herramienta del trabajo humano y trabajo en sí misma, siempre en simultáneo. Desfigurada y atravesada por las tensiones y luchas de clase pero en espera de correcciones, precisiones, profundizaciones dialécticas e históricas, políticas, éticas y estéticas que actualicen su poder y fulgor en la lucha donde la Comunicación es más importante: la lucha por la libertad.
Importa su ser deseo humano, de sí para otro, en práctica recíproca y transformación permanente hacia la poesía[11]. Su ser necesidad y praxis enraizada en los tejidos complejos de la historia humana... sus ascensos y descensos, avances o retrocesos. Su ser acción productora que se actualiza constantemente en contenidos y continentes, creaciones y transformaciones, medios y modos. Su ser humana haciendo al humano, como el Trabajo. Su ser social por necesidad que produce intercambios determinados históricamente. Repitamos que, para esta Filosofía de la Comunicación, así como la humanidad es impensable sin la Comunicación, la Comunicación es inestudiable al margen del Trabajo humano. Eso quiere decir que no hay hecho de Comunicación que no guarde relación, directa o indirecta, con las actividades productivas humanas, sus intereses de clase, sus determinaciones éticas, políticas y estéticas. Que es inadmisible, en cualquier cuerpo de ideas, el faltante de una sola de las premisas conceptuales trabadas con la idea central e liberar a la humanidad de toda esclavitud. La Comunicación es estrategia del Trabajo, potencia y acto del intercambio su perfeccionamiento, no existe separada de él y es imposible conceptuarla al margen de las condiciones concretas en que se presentan ambos.
Comunicación es producto y coautora del proceso histórico complejísimo que ha llevado a la humanidad a ser lo que es. Con aciertos y calamidades. Objeto de estudio que ha sido victimado por toda clase de reduccionismos, academismos y mercantilismos. Botín y esclava de voluptuosidades variopintas en las refriegas más estrambóticas: para vender ideologías, esclavitudes y vanidades. Y también, como muchas otras formas de la propiedad colectiva, (de lo que pertenece a la humanidad), privatizada, malversada, tergiversada y desfigurada al capricho de triunviratos de toda época y laya: Clericales, gubernamentales o empresariales siempre monopólicos. Todos.
Comunicación no es lo mismo que medios de Comunicación aunque se sirva de ellos. Se trata de una distinción del tipo contenido y forma. Aunque más precisamente potencia y acción en transformación dialéctica. Distinción, por su parte, que no significa división, fragmentación, atomización. La producción comunicante es indisoluble de los medios que se eligen, o crean, como vehículos para el intercambio, como es indisoluble del resto de los factores de la producción comunicante: códigos, lenguajes, ruidos y demás. Como es indivisible la relación habilidad para el Trabajo y herramienta.
Todos los medios de Comunicación desde la palabra hasta la imprenta, incluidos los puentes, caminos, teléfonos, telégrafos, televisión, radio, cine etc. tuvieron y tienen aplicaciones sociales y contradicciones de clase muy diversas. Desde la Comunicación militar hasta la Comunicación empresarial que se cruzan y confunden
La Comunicación es una necesidad y práctica constitutiva del tejido de las relaciones sociales. Proceso de intercambio de informaciones. Trabajo productor de herramientas intelectuales y materiales, en la dialéctica necesidad satisfactor para la construcción de la cultura. Comunicación no son los medios aunque se insista desde las palestras más diversas. Comunicación no son los medios aunque su función estratégica sea igualmente central para su actuación mediática ante las sociedades. Comunicación no es sólo forma. Comunicación no son los medios aunque ciertas interpretaciones vivan de fetichizarlos.
Comunicación es la potencia del intercambio, capacidad y talento humanos desarrollados históricamente en la lucha por la sobre vivencia. Produce el intercambio que es su expresión como proceso de Trabajo. La Comunicación es Trabajo.
La medida en que las relaciones sociales se complejizan en el intercambio de mercancías, se complejiza la Comunicación necesaria que objetiva el universo de intercambios y que le da nominación codificada. La Comunicación como habilidad y potencialidad se fragua y crece al mismo tiempo que crecen las habilidades de la mano y al mismo tiempo que se complejiza el tramado de los intereses sociales. Esta complejidad hace de la Comunicación una unidad diversa. Una unidad que se torna muchas comunicaciones simultáneas. Tantas como exigencias tienen el intercambio de bienes, de gestos, de emociones, de miedos y esperanzas. La Comunicación se multiplica gracias a las ideas y no sólo a la mediaticidad.
La Comunicación explosiona en nervaduras dialécticas por donde fluye un van y vienen de informaciones, sensoriales y conceptuales, que van construyendo las espirales del intercambio, del individuo con su entorno y del individuo con los grupos, hasta ofrecer producciones objetivas y subjetivas nuevas al fragor de la praxis. La Comunicación es cualidad necesaria del Trabajo. Avanza cuantitativamente con sus ensayos y errores en repeticiones para dar saltos cualitativos que se expresan en el desarrollo de lenguajes, formas de expresión: Comunicación.
Hay Comunicación (en sentido estricto) sólo cuando hay intercambio de información (actualizada en bienes materiales o espirituales) bajo condiciones de igualdad. Y sólo cuando el intercambio se supera cualitativamente en praxis coincidente que mueve socialmente a transformar un hecho de consenso objetivo, concreto, dialéctico. Si no mueve a la sociedad en su conjunto el concepto de Comunicación esta en crisis. En este sentido la palabra Comunicación, que alude a un estado de comunidad respecto a algo, supone estado de comunidad respecto a la información, la experiencia, la emocionalidad con sus valores intrínsecos y contextuales. Pero también alude al estado de comunidad respecto a los medios, su valor de herramienta, sus condiciones técnicas, su accesibilidad y subordinación.
El estado de comunidad implica por su parte un estar en común no sólo en el campo de la comunidad semántica. Implica estar en común el régimen de propiedad, de disponibilidad igualitaria para la dialéctica social del intercambio libre. Siempre en la práctica. Nada hay común, para la comunidad y la Comunicación, en tanto el pie de igualdad necesario para el intercambio esté viciado por alguna forma de limitación que determine la hegemonía de algún actor o factor de la producción. El proceso de Comunicación es exigente porque determina claramente que pie de igualdad exige. Porque exige la prueba de la práctica sostenida y dialéctica. No implica uniformidad, porque intercambio no implica sólo relaciones mercantiles, porque comunidad implica unidad de la diversidad y conciencia socializada de las necesidades: materiales, espirituales y emocionales.
Todo hecho de Comunicación para serlo exige la concentración actual y potencial de todas esas categorías que la definen íntegramente. Su grado de perfeccionamiento histórico, hasta el punto en que se encuentra hoy, da ya requisitos inalienables para orientar su papel contemporáneo en el tejido social y la exigencia desde le cual debemos modelar un marco critico. Es decir que, lo que no satisface los requisitos de este hacer humano no debería llamarse Comunicación, que deberíamos evitar el equívoco que pone la parte por el todo y miente (filosóficamente hablando) cuando hace pasar por Comunicación lo que es sólo transporte de información. En muchos casos transporte autoritario, mercenario, mercantil y esclavizante.
Dicha concentración actual y potencial de categorías en Comunicación implica la presencia de las causas y los alcances. No se produce la Comunicación sólo para validar sus virtudes para el intercambio. La Comunicación posee siempre finalidad que no se agota en el hecho inmediato. La Comunicación es también práctica transformadora estimulante de procesos de construcción subjetiva que no tiene por fin sólo la acumulación de informaciones, Comunicación supone respuesta elaborada comunicacionalmente. Implica una expectativa de transformación que somete toda información a una dialéctica siempre actualizadora donde las posiciones entre emisor y receptor se intercambian permanentemente y donde ambas figuras son productores del proceso y el producto. Por eso nadie puede ser dueño exclusivo del proceso ni del producto. Dadas las condiciones de concentración de los elementos exigentes que definen a la Comunicación la única forma de propiedades la propiedad común. Objetiva, práctica y dinámica.
Un proceso de Comunicación tiene siempre origen y destino diversos. Ni hay un origen único ni un destino único. El proceso de Comunicación además de proceso en estado de construcción permanente es intercambio que se enriquece con la praxis transformadora material y espiritualmente. La Comunicación, logra en pie de igualdad, cumplir la tarea del intercambio pero no por el intercambio mismo. La Comunicación para serlo es confrontación con la realidad en una práctica de transformación que supera sin omitir los intereses de los actuantes individuales y colectivos en el proceso. Eso quiere decir que nadie comunica desde una realidad individual, exclusiva, única, nadie traba relaciones de Comunicación desde una posición igualmente única, individual o exclusiva y nadie puede, en tales términos, construir terceras realidades exclusivistas, únicas o marginales. La Comunicación para serlo actualiza el todo histórico en cada actor que mutando de receptor a emisor actualiza su individualidad en la sociabilidad, si y sólo si, es pertinente con el contexto. No hay Comunicación real si no actualiza el futuro como un posible común y libre. De otra manera la Comunicación no ocurre. Y si algo ocurre eso suele poner la voluntad de uno de sus actores al margen.
Esa realidad donde se buscan las condiciones de igualdad para el intercambio comunicacional la produce sólo el trabajo no alienado. No significa esto que dicha realidad se presente creada por el trabajo en condiciones idóneas. Mas adelante será abordada de manera sucinta la historia del trabajo plena de contradicciones y calamidades y que bajo la mirada de Marx y Engels presenta estados de degradación muy diversos. Es preciso aclarar que el grado de exigencia que la Comunicación impone para verificarse plenamente no deviene de un estado ideal Platónico desde un mundo donde ya existe la armonía comunicacional perfecta, ni deviene de una utopía o idealización que sirva de coartada para llorar plañideramente las calamidades sufridas por la Comunicación. Trato de establecer en qué definición la Comunicación plena es posible y es posible sólo en una sociedad plenamente transformada. Es decir en condiciones de un desarrollo social no esclavizado.
La Comunicación, como aquí se expone, contiene ese germen “político” esa noción de sociedad igualitaria donde el intercambio de información materializada en bienes o servicios no se agota con la satisfacción inmediatista de necesidades sino que tiene a una superación dialéctica en la transformación permanente de sus realidades. Físicas y Psíquicas.
En tanto que la Comunicación es intercambio está sujeta a condiciones sociales concretas. El devenir humano que ha escalado de manera errática conquistas y fracasos, tiene con la Comunicación conquistas y fracasos de todo tipo. Incluso en los logros más reputados de la historia de la Comunicación cabe una lista de contradicciones fundamentales para entender el devenir pasado y el futuro de la Comunicación toda y de sus formas de mediación.
La contradicción más evidente, por amplia y medular es la contradicción de clases sociales. Las sociedades de clases en sentido estricto no admiten el concepto Comunicación. Es imposible el intercambio de bienes materiales o espirituales e sociedades que no tiene base de igualdad para virtualmente ningún intercambio. Ni el intercambio de palabras, ni el intercambio de simpatías y mucho menos el intercambio de mercancías. Es ineludible señalar el hecho de que las formas y contenidos de la Comunicación en las sociedades divididas en clases poderosas y sometidas están signados por la impronta de clase.
En otro sentido la Comunicación generada por el trabajo alienado expresa al menos dos características dominantes. Una, la que muestra formas de intercambio viciadas por la desigualdad a las que se les lama Comunicación siempre sin rigor y siempre referida a la Comunicación entre clases. Es decir la Comunicación entre las clases hegemónicas o la Comunicación entre las clases sometidas. La otra característica es la que pondría en evidencia, atenidos a nuestra definición estricta de Comunicación, la ruta del ascenso en las conquistas sociales en materia de Comunicación, entre lo deseable y lo obligatorio trazados por la propia mano de las necesidades colectivas en proceso permanente de maduración.
Que no hay Comunicación en las sociedades clasistas lo prueba directamente el régimen de propiedad de los medios para la Comunicación o si se prefiere las herramientas para la Comunicación. El despojo generalizado en que viven desde siempre las clases sometidas también es despojo de Comunicación. La miseria toda con sus implicaciones más desgraciadas y severas es igualmente miseria en la Comunicación de los pueblos sometidos a un transito desigual y perverso de información donde los modos de producción comunicante y sus medios padecen las mismas injusticias verificadas en la practica económica general.
La cuestión se expone aquí en la misma línea en que se exhibe el despojo en su sentido más amplio a la vista de todos. Despojo que indica cancelación de derechos, imposición de obligaciones, impunidad generalizada y represión sistemática. Pero despojo no implica inacción de los despojados ni incapacidad de organización y respuesta por más que esta sea lenta o viciada por sus propios atrasos y limitaciones. El despojo no implica incapacidad de contraofensiva y capacidad creativa para al gestación de formas nuevas de Comunicación que acompañen y se perfeccionen al ritmo del perfeccionamiento de las luchas contra la miseria y la usura. Es decir la transformación definitiva de la sociedad toda.
El debate entre capital y trabajo es un debate también sobre la distribución de la riqueza comunicativa sus condiciones objetivas de producción y el desarrollo de la producción y propiedad de las herramientas para la producción comunicante. La realidad ha sido contundente y desastrosa. Lo mismo para la Comunicación posible entre las clases dominadas y lo mismo para los sistemas de transmisión o imposición de modelos informativos desde las clases dominantes hacia los dominados. En las iglesias, las escuelas o las oficinas. Simplemente no existe pie de igualdad ante las necesidades y creaciones comunicativas de la sociedad en pleno.
¿Cómo nos involucra semejante historia? ¿Qué deberemos decir, comunicar y hacer ante este panorama añejo y actual? Producir programas para la transformación de la realidad histórica de la Comunicación. ¿Programa, bajo que premisas, que prioridades, qué modelos y qué resultados? Concibo al menos aquí la necesidad de responder a estas interrogaciones en una Filosofía de la Comunicación dispuesta a luchar contra toda forma de mansedumbre resignación o complicidad con el estado ancestral y vigente de la desigualdad en materia de Comunicación.
Al hablar de un programa aparecen problemas de todo orden que deben ser resueltos filosófica, sistemática y cronológicamente. Problemas que atañen a la sociedad toda y que encarnan de manera sui géneris en los ámbitos de profesionalización donde se estudia o se dice estudiar la Comunicación. Estos últimos recurrentemente contaminados por atomismos de todo tipo desde los producidos viciadamente por considerarse moral y jurídicamente habilitados para tratar y manejar científicamente la Comunicación.
Programa no puede significar sólo o no sólo, ruta temática académica. No puede significar repertorio conceptual libresco plagado con todo tipo de reduccionismos e intereses de clase. No puede significar adiestramiento para profesionales de la Comunicación que vendan su fuerza de trabajo a los monopolios de la Comunicación masiva o de índole cualquiera. Programa tendrá que significar crítica a esos usos de restrictivos que suelen hacerse en los claustros universitarios. Programa filosófico práctico sobre la Comunicación deberá significar incluso transformación de la práctica académica y transformación de la práctica comunicacional monopólica y transformación de la sociedad toda.
Pero programa de filosofía para la praxis comunicativa deberá significar teoría y acción, ensambladas con las luchas reivindicadoras de la base misma de donde surge la Comunicación, del trabajo mismo, de la lucha de clases. Y no por el trabajo en condiciones de abstracción filosófica sino del trabajo en su desarrollo histórico y en su emancipación total. Programa de Filosofía de la Comunicación implicará programa de pensamiento y acción para la transformación y liberación social que contribuya a restituir al trabajo su dignidad y fuerza transformadora por excelencia. Trabajo no alienado, creativo, fértil y poético.
Definir qué es Comunicación tiene hoy dificultades peculiares. No hay definición totalizante que sirva de catalizador o justificación teórico práctica. Hay intentos más o menos felices registrados por la historia de la filosofía y por algunos recuentos más o menos actualizados en materia de aportes de las llamadas ciencias de la Comunicación. Hay caos, palabrería y desacuerdo, es decir debate en plena ejecución plagado por investigaciones de orden diverso unas más y otras menos comprometidas con la realidad social. Hay debate el pleno tramite cruzado con perspectivas inter, tans y multidisciplinarias donde la propia definición de la Comunicación se pelea como propiedad de ciencias muy diversas. Hay para dar y prestar. Sin embargo este haber no parece cristalizarse en acciones sociales organizadas que colegien homogéneamente las tareas de especialistas y los haga coincidir al menos en las luchas básicas posibles. Mucho menos hay (aunque las haya y muy dignas) experiencias ricas de participación de profesionales de la Comunicación involucrados con la organización, crecimiento y ascenso de los trabajadores organizados es decir los productores reales de la riqueza. Y menos hay un movimiento internacional sólido capaz de oponerse al estado actual que guarda la Comunicación en todas sus expresiones clasistas. (Con excepciones incipientes por supuesto.
Definir la Comunicación es también tarea de un programa para definirla de manera dialéctica y permanente. Definida en y por una praxis de consenso que ponga en claro de una vez por todas que las definiciones de escritorio suelen ser sospechosas si no presentan una praxis consecuente (no con los intereses individuales de su invento) con los intereses sociales de unas sociedades secuestradas por los monopolios comunicacionales para benéfico de los monopolios y de la esclavitud de conciencias. Definir la Comunicación como herramienta y lucha de tipo filosófico y político, de tipo tecnológico y poético, definir la Comunicación como herramienta y lucha para que de una vez por todas triunfe el trabajo no alienado sobre la miseria fabricada por el capitalismo.
En Comunicación, de nuevo en el sentido que aquí se propone, ninguna producción humana es, individual. No hay código posible sin base social. Signos, lenguajes, información y mensajes surgen y sirven para un ser social que los engendra y los necesita en retorno dialéctico permanentemente. ¿Por qué ocurre entonces la separación teórica de los elementos para la Comunicación, es decir a quién le sirve? ¿Cómo se caracteriza la contradicción propiedad privada de los medios para la Comunicación? ¿Cómo surge, cómo se comporta, como se refuta?
Pensar la Comunicación implica pensar críticamente en los medios para la Comunicación. Antes de actualizarse mediáticamente la Comunicación, en tanto función necesaria y herramienta del ser humano, ocupa un lugar crucial para la construcción de las relaciones sociales.
Todo conocimiento que la humanidad produce contiene necesariamente el germen de la Comunicación. La Comunicación es herramienta del Trabajo social determinado socialmente que se expresa indivisiblemente en formas, contenidos e intereses muy diversos. Es Trabajo y herramienta socialmente determinado por el marco filosófico de donde dimana y por los intereses de clase a que responde. No hay Comunicación sin filosofía. Su conflicto central es la libertad. No hay Comunicación plena capaz de responder a los mandatos dialécticos de la transformación social, si no hay conciencia de las necesidades comunicacionales colectivas, programas conjuntos para el desarrollo de las habilidades comunicativas y crítica permanente del hacer comunicacional de los medios, los modos, la estética y la ética. Al margen de esto lo que hay es individualismo, autoritarismo y dominación cultural. Y ya hemos tenido bastante.
Recurrentemente la Comunicación se preña con banalidades y sublimaciones como se preña con banalidad o sublimación al Trabajo. Se le saca del eje social donde tiene su peso real y papel crucial, para diluirla con la moral de la farándula o la obnubilación de la cursilería. Las iconografías clásicas de la Capilla Sixtina y las parafernalias mass medieras tienen por objeto la construcción de símbolos de Comunicación, estereotipos mejor dicho, donde no está expresado el carácter social esencial del Trabajo Comunicación.
No está el correlato de clase, la base de igualdad, el principio de propiedad y construcción colectiva. No está en suma expresado el carácter liberador fundamental de una potencia que, por necesidad, es y hace de los seres humanos “agentes de exteriorización constante”. Y por supuesto tampoco está el carácter dialéctico inseparable del concepto mismo y de sus funciones políticas. Está sí, el principio de separación, de jerarquía clasista y de propiedad privada con su proyecto de acumulación monopólico y rentabilidad mercantil como valores morales supremos.
Que el término Comunicación tenga hoy un lugar distinto al que tuvo en otros momentos de la historia no hace suponer que las operaciones de la Comunicación no estuvieran igualmente presentes en la actividad social desde siempre. El lugar actual del termino Comunicación, su buena prensa, obedecen a una estrategia desarrollada por el capitalismo para confundir la Comunicación con los púlpitos cotidianos más eficientes para la tarea de publicitar bienes, servicios y valores morales burgueses. Pero no es la Comunicación – Trabajo colectivo y herramienta la que tiene buena prensa, son la histerización formalista de los medios privados para la propagación publicística, es la exageración fragmentarista de la parte en lugar del todo, la herramienta sin el Trabajo, el producto sin el proceso. El objeto comunicándose con objetos sin la presencia de sus productores. Se trata de estratagemas religiosas, militares, políticas y empresariales burguesas para hacer pasar el mundo por el ojo de la aguja mediática.
La práctica monopólica de ciertos medios que atiende a formatos mercantiles desinteresados por la libertad humana se ubica en posición contradictoria con la Comunicación misma y con el desarrollo de las sociedades. Eso tendrá su costo real desde los términos hasta las acciones. Tales medios de “Comunicación” se llaman así como parte del engaño orquestado para confundir el todo con la parte. Son en realidad medios para la publicidad o la propaganda ideados desde su base tecnológica para la emisión unidireccional y autoritaria, altamente militarizada, de una con una ideología tecnológica de progresismo neoliberal cuyo diseño e idea de no incluye otra respuesta o feed back que la respuesta del consumo y la modorra social.
Individualismo y Comunicación son términos que se excluyen. Nada en lo individual, por y para exclusivamente lo individual hace Comunicación. En ultima instancia lo individual no existe o existe relativamente sólo si legitima su ser en la condición humana de la suma, la asimilación a otros, el aporte a otros y la dialéctica del individuo que lo es sólo por que primero es ser social.
La Comunicación es Trabajo social y herramienta siempre incompletos. La mercancía llamada información se hace Comunicación sólo en el intercambio dialéctico de informaciones entre iguales que acuerdan una práctica transformadora y sostenida dialécticamente en beneficio de la comunidad de intereses de todos. Se hace Comunicación cuando devuelve socialmente el producto de todos los intercambios materi