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LA GUERRA DE
RECONQUISTA INKA archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Edmundo Guillén Guillén
Dr. en
Historia , Dr. en Educación y Abogado
Ha dedicado su larga investigación para
rehacer la historia épica de los incas desde la perspectiva peruana. Es autor
de los libros: “Wascar Inka trágico”, la “Versión Inka de la conquista del
Perú”, la “Conquista del Perú”, el “Ejército Inka”, “Vilcabamba, la última
capital de los incas” (en lengua japonesa) y de numerosos ensayos históricos
entre los que destacan el: “Enigma de las momias incas”, “Documentos inédita
para la historia de Vilcabamba”, “450 aniversario de la heroica resistencia del
pueblo de Tumbes”, “Vilcabamba la última capital del Estado imperial Inka”,
“Wila Oma, el intip apun o gran sacerdote y capitán del sol”, etc. En 1976
dirigió la expedición científica que identificó históricamente el lugar donde
yacen los restos de la “Perdida ciudad de los incas”, la ciudad de Vilcabamba,
la última capital del Tawantinsuyo.
SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO I
INICIO DE LA GUERRA
Esta formidable acción militar Inka comenzó con el ataque a la ciudad del Cuzco el 6 de mayo de 1536. Esta proeza bélica no fue una simple rebelión como se afirma, sino que por sus objetivos, magnitud y trascendencia histórica, tuvo los caracteres de una guerra de reconquista Inka: la de recuperar por las armas el territorio que los españoles subrepticiamente habían usurpado, encubiertos por la guerra civil entre los Inkas y sus rivalidades políticas. La primera etapa de esta guerra Inka, - sangrienta y desigual después de varias victorias sobre los españoles en la sierra central, terminó dramáticamente con su retirada a las montañas de Vilcabamba en junio de 1537 retirada que se debió no al poder bélico de los enemigos sino principalmente a la pugna entre las panacas reales y la actitud de curacas contrarios ala hegemonía cusqueña; que en los momentos más cruciales de esta guerra, apoyaron a los españoles y les salvaron de ser destruidos en los cercos de Lima, Cusco y Cochabamba.
1°. EL CERCO INKA A LA CIUDAD DEL CUZCO
Decidida la guerra contra los españoles, Manko Inka Yupanki, inmediatamente
después del juramento de Calca, nombró a Vila Oma(el Inti Apun o Pontífice del
sol), capitán general del ejército imperial y a Paukar Waman su maestre de
campo. Ordenó igualmente que a los capitanes de mayor prestigio fueran a cada
una de las regiones del Imperio a traer sus ejércitos para poner cerco a la
ciudad del Cusco y acabar de un golpe con las fuerzas de sus traidores hermanos
Waypar e Inguill y con los dos centenares de españoles que estaban en dicha
urbe. Hernando Pizarro, informado de que el Inka había tomado las armas, salió
secretamente del Cusco con el ánimo, de sorprenderlo y atraparlo en el valle de
Yucay. Su intento resultó inútil y un total fracaso. Atacado por las fuerzas del Inka, regresó huyendo al
Cusco, al igual que sus hermanos, amedrentados por la proximidad de los
ejércitos de las cuatro regiones del Imperio . Ante la mirada temerosa y
absorta de los españoles a fines del mes de abril, la ciudad quedó cercada por
los cuatro ejércitos imperiales, que acamparon en la parte correspondiente a
las regiones de su procedencia. Según Titu Kusi Yupanki: “Por la parte de
Carmenca, que es hazia Chinchaysuyo, entraron Qori Atao, Cuillas y Taypi y
otros muchos que cerraron aquel postigo con la gente que trayan; por la parte
del Condesuyo que es hacia Cachicachi, entraron Waman Quilcana y Curi Gualpa y
otros muchos que cerraron una gran milla de más de media legua de box, todos
muy bien aderecados, en orden de guerra; por la parte del Collasuyo, entraron
Llicllic y otros muchos capitanes con grandísima suma de gente, la mayor
cantidad que se halló en este cerco, por la parte del Andesuyo, entraron Anta
Allca y Rampa Yupanki y otros muchos, los cuales acabaron de cercar el cerco
que a los españoles pusieron” en este día . Los testigos presenciales coinciden
en el número total de los soldados patriotas que pusieron cerco al Cusco. Sin
embargo, discriminando la confiabilidad de sus cálculos, estimamos que el
ejército sitiador alcanzó la cifra de 50,000 a 100,000 hombres de guerra . Los
defensores de la ciudad sumaron a su vez un número considerable: 40,000
soldados de Waypar e Inguill, 200 españoles- entre “enfermos y cobardes”-, según
el cronista A. Enriquez de Guzmán , algunos centenares de Cañaris, Chachapoyas
y otras etnias, más los 150,000 habitantes del Cusco . Desde el comienzo de la
guerra- como hemos indicado -, la lucha entre incas y españoles fue
trágicamente desigual. Los soldados Inkas entraron a pelear con solamente sus
cascos de madera (huamachuco), reducidos petos de metal (purupura) y pequeños
escudos de madera o cuero (wallkanga), con hondas (waraka), lanzas con puntas
chamuscadas (chuki) y arcos (picta), boleadoras (liwi o ayllu) y porras con
guarniciones estrelladas de cobre (champi y wamanchampi) que resultaron
inútiles frente a las armas defensivas y ofensivas de los enemigos que a su vez
entraban a pelear virtualmente invulnerables, con morriones de acero, coseletes
o edredones de algodón que los protegían de las lanzas, hondas y flechas de los
soldados inkas . En este genero de encuentros, el valor de los incas se impuso
al poder de las armas europeas, no obstante los ingeniosos recursos bélicos que
usaron en las batallas . Blas Valera, - citado por Garcilaso de la Vega- al
comentar esta tremenda desproporción bélica y el valor de los peruanos, dice:
“En lo que toca al arte militar, tanto por tanto, igualadas las armas exeden
los dl Perú a los de Europa. Por que dénme los capitanes más famosos franceses
y españoles, sin los caballos, arneces, armas, sin lanza ni espada, sin
bombardas y fuego, sino con sola una camisa y sus pañetes y por cíngulo una
honda y una cabeza cubierta, no de celadas y yelmos, sino de guirnaldas de
plumas y flores, los pies descalzos por entre las breñas, zarzas y espinas; la
comida yerbas y raíces del campo; Por broquel un pedazo de estera en la mano
izquierda, y de esta manera entraran en campo a sufrir las hachas y los
tridentes de bronce, las piedras tiradas con la honda, las flechas enarboladas
y os flecheros que tiran al corazón e a los ojos. Si de esta manera saliesen
vencedores, diriamos que merecían fama de valerosos entre los indios. Más así
como fuera posible poder sufrir ellos tal género de armas y batalla, así
también, humanamente hablando, era imposible poder salir con la victoria.
Y,
en contra, si los indios tuvieran la potencia de las armas que los de Europa
tiene con industria y arte militar, así por tierra como por mar fueran más
dificultosos de vencer que el gran Turco. De lo cual es testigo la misma
experiencia, que la vez que se hallaron españoles e indios iguales en armas
murieron los españoles a manadas…” En los primeros días de mayo de este año,
Vila Oma terminó de poner cerco al Cusco y ocupó la “Casa del Sol” (Fortaleza
para los españoles) para base de sus operaciones militares . Cuando todo estuvo
preparado par iniciar el salto a la ciudad, Titu Kusi Yupanki, dice, que mandó
avisar a su padre Manko Inka Yupanki- que estaba en Calca- que: “Ya que los
tenía cercados y en gran aprieto que si los matarían o que harían de ellos; y
mi padre le enbió a dezir que los dexase estar ansy en aquel aprieto con
aquella congoxa, que pades ciesen, que también había él, padecido; que él
llegaría otro día y los acabaría. La cual respuesta bino al Vila Oma y el dicho
Vila Oma, como vio lo que mi padre le enbiava a mandar, rescivió gran pena, por
que quisiera él luego acabarlos así como estaban, que tenían arto aparejo para
ello, más no osó por lo que mi padre le envió mandar. El cual mandó luego a
pregonar por todo el exército que so pena de la vida naidie se menease del
lugar donde estava hasta que él se lo mandas, y mando también a soltar todas
las acequias de agua que avía en el pueblo para que anegase todos los campos y
caminos que a la redonda y dentro de el estaban, y esto por que si acaso los
españoles se quisieran huyr, que hallasen toda la tierra anegada, y asi
atollando los cavallos pudiesen ser señores de sus enemigos a pie y en el
lodacal, por que gente vestida amañáse mal en el lodo, lo cual todo fue cumplió
ni más ni menos quel general Vila Oma mandó ” Según el mismo cronista, esta
irreparable demora cambio el curso final de esta guerra. Pues este retraso
resultó funesto para los incas, por que dio tiempo a los españoles y a sus
aliados para defender la ciudad del Cusco y perpetrarse mejor, salvándose así
de un ataque sorpresivo. Sin embargo, para el historiador polaco Mariusz
Ziólkowski, esta demora se debió quizás a la proximidad del plenilunio que los
incas celebraban puntualmente y que en este año cayó el 5 de mayo .
2°. EL ATAQUE A LA CIUDAD DEL CUZCO
Según varios testimonios un día después del
plenilunio, el sábado 6 de mayo de 1536, fecha de San Juan Ad Portam Latinam-
los Incas iniciaron el histórico asalto a la ciudad del Cusco. Los testigos
oculares refieren que el ataque patriota se lanzó simultáneamente por varias
partes. Mientras, unos emprendieron la quema de los edificios de la ciudad con
flechas y piedras incendiarias, otras violentamente avanzaron a su interior en
escuadrones de 10,000 a 12,000 hombres por parcialidades y ayllus, protegidos
por una- densa pedrea que caía sobre los españoles como “un pesado granizo” del
cielo. Durante el ataque, unos iban construyendo albarradas con “agujeros como
troneras” para seguir adelante y otros hacían “cavas” hondas, para que los
caballos se quebraran las patas cuando salieran a combatir . según los mismos
testigos, el ataque fue tan recio y con tanta “determinación” que adueñados de
las calles comenzaron a pelear “mano a mano con los españoles”. Esta intensa y
dramática lucha a muerte duró seis días consecutivos durante los cuales, los
españoles quedaron fatigados y reducidos al perímetro de la plaza cuyos
edificios habían sido consumidos por el fuego . Podría decirse parodiando a la
noche triste de Hernán Cortés en México, que los españoles también tuvieron una
larga semana triste y angustiosa en la ciudad del Cusco.
Pedro Pizarro- uno de los defensores de esta ciudad -, recordando estos
dramáticos sucesos, dice con expresivo realismo: “Que era tanta la gente que
aquí vino que cubría los campos que de día parecía un paño negro que los tenía
tapado todo media legua alrededor desta ciudad del Cuzco, pues de noche eran
tantos los fuegos, que parecia un cielo muy sereno lleno de estrellas. Era
tanta la gritería y vocería que había, que todos estaban atónitos. Pues junta
la gente toda que el Ynga avía embiado a juntar, que a los que entendió y los
yndios dixeron, fueron dozientos mil yndios de guerra los que vinieron a poner
este cerco, pues juntos a todos (como digo), un día de mañana empezaron a poner
fuego por todas partes el Cuzco, y con este fuego ganando mucha parte del
pueblo, haziendo palizadas y albarradas en las calles, para que los españoles
no pudiésemos salir a ellos. Los españoles nos recogimos en la placa, a las
casas que junto a ella estavan, como era Hatucancha (que ya tengo dicho era
donde se aposentaron los españoles cuando en el Cuzco entramos por primera
vez), y aquí estuvimos todos recogidos y en Amarocancha y Caxana y algunos
toldos, por que todo lo demás del pueblo tenían los yndios tomado y quemado; y
para estos aposentos donde digo que estavamos quemárnoslo, hacia un ardid, que
era tomar unas piedras redondas y hecharlas al fuego y hacerlas asquas, y
enbolbiéndolas en unos algodones, y poniéndolas en hondas, las tiraban a las
casas donde no alcanzaban apreender fuego con las manos, y así nos quemaban las
casa sin entenderlo; y otras veces con flechas encendidas tirándolas a las
casas que, como eran de paxa, luego se encendían” . Una versión anónima-
también presencial- que: “Como las cosas fueron del todo quemadas, los indios
podían andar por encima de las paredes, que, como los caballos no los podían
ofender, andaban muy a su salvo; de manera que de día ni de noche los
cristianos no decansaban, por que en anocheciendo salían a derribar las paredes
para desocupar el campo, y deshacer albarradas y cegar hoyos y cavas muy
grandes, y romper acequias por donde los enemigos traían agua para encharcar
las tierras, para que los caballos no pudiesen salir del campo; luego en
amaneciendo hasta que anochecía, tornaban a pelear. Y en ese tiempo Hernándo
Pizarro, pasados seis días de trabajos y peligros, en fin de los cuales los
enemigos estaban apoderados de casi toda la ciudad por que los españoles no
tenía ni poseían más de la plaza con algunas casa e circuitos, muchas personas
particulares mostraban ya mucha flaqueza” Titu Kusi Yupanki, al describir este
ataque desde la perspectiva Inka, afirma que: “Los españoles como se vieron muy
cercados en tanto aprieto y que tanta gente les cercaba, sospechando entre sy
que allí serían los postrímeros días de sus vidas, no habiéndo de ninguna
parte, ningún remedio, no sabían que hacer por que de una parte veíanse
cercados de aquella manera; por otra, beían los escenarios y las befasque los
yndios les hacían tirándoles muchas piedras a los toldos y alcancándoles la
perneta por el poco caso que de ellos hacían; comencabales a quemar las casas,
acometieron a ponerle fuego a la yglesia, sino que los negros que encima della
ella estaban se lo estorbaban, aunque con artos flechazos los yndios satis y
andes tiraron, a los cuales no le hizo daño ninguno por guardarles Dios y ellos
escudarse, pues como estuvieron de esta manera desconfiados de remedio,
tuvieron por prencepal socorro en acudirse a Dios. Los cuales estuvieron toda
aquella noche en la yglesia llamando a Dios que les ayudase, puestos de
rodillas y las manos junto a la boca, que lo bieron muchos yndios, y aún los
que estaban en la plaza en vela hacían lo mesmo, y muchos yndios de los que
eran de su banda… ” .
Finalmente el tardía Guaman Poma, que recogió las huellas de la tradición
popular, ironizando el valor de los españoles y a sus posteriores jactancias,
afirma que: ante el ataque de los incas –cuyo número no “se podía contar”- los
“soldados cristianos pedían misericordia, hincados de rodillas llamaban a Dios
con lágrimas y voces a la virgen, a sus santos y decían a grande voz ¡Santiago!
¡Santa María! Válgame Santa María, ayúdanos Dios. Esto decían en alta voz los
caballeros…hincados de rodillas, diciendo Santa María…” . Estas referencias
citadas como ejemplos, dan clara idea de la lucha Inka contra los desesperados
españoles. Los primeros, por ocupar la ciudad y conservar el prestigio bélico
del Imperio y los segundos, por salvar sus vidas y aferrarse al territorio
ocupado, aprovechando al máximo el poder de sus armas y de su caballería. Al
finalizar esta semana terrible para los españoles, Hernando Pizarro, al darse
cuenta de que unos estaban acobardados y querían huir de la ciudad y otros,
guarecerse desesperadamente en el recinto de Hatucancha, convencidos de que
ambos intentos tendrían un trágico final, con seguridad que lo enaltece, dijo a
sus capitanes: “Ya veís como toda la gente está cansada y desvelada, los
caballos flacos y muy fatigados, la fortaleza en poder del enemigo, de donde
recibimos todo el daño, por que ellas les hace espaldas para metérsenos en el
pueblo, a cuya causa tiene tanto atrevimiento, que, según el estado en que
estamos, conservarse el pueblo los días es imposible pues ya no tenemos ni
poseemos más la plaza; así que es necesario perder todas las vidas o ganar la
fortaleza, por que ganándola se asegura el pueblo y otra manera sería perderse,
y por esto es menester que yo vaya de mañana a tomalla, con toda la más gente
de a caballo que estuviera a punto” Aceptada la propuesta, los españoles
urdieron el riesgoso ardid de simular huir de la ciudad tomando el camino del
Chinchaysuyo, para revolver luego contra sus perseguidores y tomar de sorpresas
la Casa del Sol “fortaleza de Sacsawaman”como fue llamada después,
Infortunadamente los Incas no se percataron del engaño y creyendo efectivamente
que éstos se escapaban de la ciudad, ala voz “Se van a Castilla, a que van a
Castilla, atajadlos”deshicieron parte del cerco para perseguirlos. Mientras el
traidor Pasca que estaba al acecho se abrió pasa hacia la “fortaleza” para
ayudar a los españoles. Vila Oma y Paukar Waman, que peleaban en la ciudad, al
darse cuenta del engaño.precipitadamente, aflojando el cerco subieron a
defender “la Casa del Sol” . El ataque enemigo debió ocurrir el 13 o 14 de
mayo, según se colige del testamento de Juan Pizarro, suscrito el 15 de este
mes (L. Cuestas.p.12-18). Numerosos testimonios dicen que los incas defendieron
el bastión de Sacsawaman con heroísmo y bravura. Que lucharon no solamente con
los españoles, sino también contra los miles de soldados de Waypar e Inguill y
de otros desleales capitanes . Según el anónimo de 1539, la acción más
sangrienta se libró en una de las puertas de la Casa del sol que daba acceso
otra anterior, donde los incas habían cavado una profunda fosa para que cayeran
los que intentaran entrar en el fuerte. En este lugar –dice- que la lucha fue
tan sangrienta que el foso se llenó de cadáveres y que solamente se suspendió,
cuando corrió el rumor que Juan Pizarro –que peleaba sin morrión- había sido
mortalmente herido de una pedrada en la cabeza . Reiniciaba la batalla, poco
después según el cronista Pedro Pizarro, duró tres días más hasta que cayó “la
casa del sol” en poder de los enemigos, cuando sus heroicos defensores,
diezmados, sin agua y sin municiones no pudieron seguir sosteniéndola. En su
defensa murieron muchos valientes capitanes incas en el fragor de los
encuentros y otros prefirieron arrojarse al abismo para no caer en manos de los
enemigos. Se dice que entre los capitanes que quedaron en la “fortaleza”. - cuando Vila Oma salió a pedir refuerzos- estaba
Titu Kusi Wallpa , uno de los juramentados de Calca, al que erradamente llaman
“Cahuide”. El anónimo de 1539, relatando las hazañas de este capitán, dice que
peleaba con el coraje y determinación, que sin hacer caso de las saetas que le
disparaban se mantenía firme donde estaba parapetado, hasta que viendo que su
gente había sido aniquilada y que: “Los españoles por las escalas y por todas
partes cada hora se apretaban más, no teniéndo con que pelear, viendo clara la
perdición de todo, arrojó la porra que tenía en las manos a los cristianos, y
tomando pedazos de tierra la mordía fregándose con ella la cara con tanta
congoja y bascas que no se puede decir. Y no pudiéndo sufrir ver a sus ojos
entrarse la fortaleza, conociendo que entrada era forzado morir según la
promesa que había hecho al Inga, se echó del alto de la fortaleza abajo por que
no triunfasen dél” . El cronista Pedro Pizarro, confirmando el heroísmo de este
jefe Inka, refiere: que lo vio pelear “como a un romano”, con “una adarga y un
morrión en la cabeza” “con la fiereza de un león” y que Hernándo Pizarro
admirando su valor, ordenó que lo “prendiesen con vida”, “jurando de no matarlo
si lo había vivo”. Cuando este capitán en el fragor de la lucha comprendió que
ya era imposible seguir defendiendo este baluarte, echando sus armas a los
enemigos, se “arrojó del cubo abajo que había más de cincuenta estados, y así
se hizo pedazos” . Con este trágico epílogo, terminó esta célebre batalla. La
“Casa del Sol” o “fortaleza” cayó así, defendiéndose heroicamente en poder de
los españoles y de sus aliados Waypar e Inguill. Según los cálculos
astronómicos de Mario Ziólkowski, habría ocurrido en la víspera de la luna
nueva, que en este año cayó el 18 de mayo . La represalia enemiga fue terrible.
Más de 1,500 prisioneros fueron pasados acuchilló por orden de Hernándo
Pizarro, que había preferido pelear hasta el final antes que rendirse. Se dice
que la matanza fue tan pavorosa, que durante varios días centenares de cóndores
devoraron los cuerpos insepultos de los héroes de este famoso bastón Inka. .
Por este macabro acontecimiento, la “casa del sol” habría recibido el nombre de
“Sacsa Waman” o “Sacsay Waman”. En el curso de esta batalle se constato el
funesto efecto de las luchas entre incas. Los españoles, que jamás podrían
tomar solos la “casa del Sol”, lo hicieron con la participación de los miles de
soldados de los incas traidores, derramándose en esta acción como en otras
posteriores, más sangre peruana que española. Desde entonces este gran edificio
pétreo, - aunque muy destruido por la acción de los españoles y del tiempo-, ha
quedado para la historia- épica del Perú como el más agregio monumento al valor
y patriotismo de los incas que inmolaron sus vidas en defensa de la soberanía
nacional.
3°. TRIUNFOS INKAS: DESTRUCCIÓN DE LAS EXPEDICIONES ESPAÑOLAS ENVIADAS DE LIMA AL CUZCO
Pizarro, al conocer que Manko Inka Yupanki se había alzado y
había puesto cerco a la ciudad del Cusco y trataba de tomarla por asalto, para
auxiliar a sus hermanos, envió desde Lima sucesivamente cinco expediciones,
pero ninguna de ellas llegaron a su destino. Las cuatro de ellas fueron
aniquiladas por Kisu Yupanki- gobernador del Chinchaysuyo- en la sierra central
y el último regresó huyendo y sin combatir del valle de Jauja hasta la ciudad
de Lima, como algún cronista dijo, “con el rabo entre las piernas”.
Kisu Yupanki uno de los jefes más prestigiosos del ejército imperial, dio así
el traste con estas expediciones que no tuvieron el apoyo de “indios amigos” y
acabó con el mito arrogante de la caballería invencible del valor de los
españoles a los que corretearon de las serranías a la costa. Aunque no hay
coincidencia documental en el orden que salieron estas expediciones de Lima, no
hay duda que todas ellas partieron entre mayo y junio de 1536, y que fueron
desbaratadas y muertos sus capitanes. Gonzalo de Tapia, en la sierra de Waytara
y Rucana; Diego Pizarro de Carbajal, en la subida de Parcos; Juan Mogrovejo de
Quiñones, sanguinario capitán quemador de pueblos y curacas en las alturas de
Lunahuaná, y Alfonso de Gaete que salió de Lima- con el príncipe Kusi o Kori
Rimachi, hermano de Manko Inkaen el “usno” de un pueblo cercano al tambo de
Hatun Xauxa, después que este príncipe se uniera a las fuerzas patriotas . La
última expedición capitaneada por Francisco de Godoy, escapó del valle de Jauja
al conocer la proximidad de Kisu Yupanki y regresó huyendo sin para hasta la
ciudad de Lima . Manko Inka y Vila Oma informados de estas sensacionales
victorias, ordenaron a Kisu Yupanki, que de inmediato marchara sobre la ciudad
de Lima y destruyera este enclave español, antes de que llegaran los auxilias
militares del exterior y de los encomenderos, que Pizarro angustiosamente había
solicitado para defender la ciudad.
4°. ASEDIO Y ATAQUE A LA CIUDAD DE LIMA
Según testigos presenciales, dos ejércitos Inkas descendieron de la sierra
central a la ciudad de Lima. Uno por la ruta de Mama y otro por el camino de
Quives. Por la ruta de Mama, bajaron Kisu Yupanki y Yanki Yupanki con los
capitanes: Puyo Willka, Allin Sonqo Inka, Wallpa R’oqa y probablemente Qori
Rimachi- el hermano del Inka- y los curacas Nina Willka de los Yauyos y Apo
Xaxalla de Huarochiri con una fuerza de más o menos 30,000 hombres. El otro
ejército al mando de Illa Thupa, avanzó sobre Lima por el camino de Quives con
gente de Atavillos de Canta y parte de Yauyos, de cuyas capitanías no tenemos
noticias. Kisu Yupanki, persiguiendo a Francisco de Godoy, llegó hasta la
localidad de “Ati” y después de arrollar a las avanzadas de Pedro de Lerma y
Diego de agüero, se emplazó en las faldas del cerro que posteriormente se llamó
“cerro de San Cristóbal” . El Cerco Inka no tomó de sorpresa a los españoles.
Por aviso de los curacas “amigos” y de Mama Kuntur Wacho, la “suegra” de
Pizarro, estos estaban preparados para defender la ciudad de Lima. El curaca de
la Magdalena, Cristóbal Wakay refiere por ejemplo, que cuando Pizarro supo de
los planes del Inka, llamó a los curacas del valle de Lima y sus comarcas para
pedirles ayuda. Otro testigo presencial, Juan Tanta Xullka, dice que 15 ó 19
días antes del asedio, llegó a esta ciudad Mama Kuntur Wacho con 1,000 soldados
y bastimentos, para reforzar a lo 4,000 que un tiempo antes había enviado con
el kuraka korima. Kisu Yupanki e Illa Thupa, cumplido los ritos del plenilunio
(que cayó el 16 de agosto), iniciaron el cerco de la ciudad de Lima
probablemente el 19 de este mes de 1536. Por su parte, Pizarro con 400 ó 500
españoles, los estaba esperando con el apoyo de miles de soldados de los
curacas de la Magdalena, Maranga, Surco, Lurigancho, Pachacamac, Chilca y otros
comarcanos, que con la gente de Waqra Paukar señor Hurin Wanka, de Luna Willka
de Hatun Xauxa y los yanakunas de Pizarro, sumaron una fuerza suficiente grande
para el ataque de los incas.
El asalto a la ciudad, se inició un día jueves que debió ser el 24 de agosto
según el testimonio de Martín Pizarro. Es decir, al “sexto día” de cerco, que
refiere el anónimo de 1539 . Unos testimonios dicen que el ataque a esta ciudad
se hizo simultáneamente por tres partes. Otros afirman que el más fuerte se
inició por el lado de Santa Ana donde existía un antiguo adoratorio del valle
de Lima . Pero del que se tiene más referencias, es del ataque inka que partió
de las faldas del cerro san Cristóbal y avanzó par la parte del río Rímac,
comandado personalmente por Kisu Yupanki. La relación anónima de 1539 dice que
este capitán Inka, antes del ataque, dirigió a sus hombres la siguiente arenga:
“Yo quiero entrar hoy en el pueblo y matar a todos los españoles que estén en
el, y tomaremos a sus mujeres, con quienes nos casaremos para hacer generación
fuerte para la guerra, Los que fueren conmigo han de ir con esta condición, que
si yo muriese mueran todos, e si yo huyere huyan todos”. (1934; 55)
Seguidamente, sus capitanes y soldados le respondieron con altiva gallardía y
con gran unción patriótica, diciéndole que “así lo harían”. Kisu Yupanki,
alentado por esta respuesta, de pie en sus andas de guerra y lanza en mano, a
la cabeza del bosque de banderas de su ejército, marcho sobre la ciudad de Lima
con sus capitanes lujosamente ataviados con gargantillas, petos y cascos
emplumados, - según el “fragmento histórico”- con la grita atronadora y
entusiasta de: “embarcar, barbudos a embarcar” . Infortunadamente por aquellos azares
de la historia, el encuentro con la caballería resultó trágico para el avance
patriota. Se afirma, que cuando Kusi Yupanki después de haber “cruzados los dos
brazos del río” (Rima), comenzaba a entrar en las calles de la ciudad y sus
hombres caminaban ya por “por encima de las paredes” de la casa, fue
violentamente atacado por un escuadrón enemigo de 60 jinetes. El Choque fue tan
recio que el Inka que peleaba a la cabeza de sus soldados cayó derribado por
una lanza que le dieron, muriendo con él, como lo habían prometido “40
capitanes y personas de cuenta, que no pareció sino que los habían mandado a
escoger”. Poco después cundió el rumor de que Kisu Yupanki, un Pedro Martín de
Sicilia le habían muerto en el fragor del encuentro. Su muerte en este ataque
trascendental para la historia del Perú constituyó una irreparable pérdida para
el ejército Inka a la vez que llenó de júbilo a los españoles. En efecto, el
soldado Sicilia declaró en su probanza, que él fue el autor de la muerte de
Kisu Yupanki, ufanándose que con esta proeza salvó la vida de sus compañeros y
a la ciudad de Lima de su destrucción total . No obstante la infausta muerte de
Kisu Yupanki, el ataque a la ciudad duró unos días más, probablemente hasta el
30 de este mes- que los incas levantaron el cerco para celebrar los ritos del
novilunio que cayó el 31 del mismo, en cuyo ceremonial los Inkas,
tradicionalmente, no combatían a sus enemigos (anónimo de 1539; 26). Según
varios testimonios presenciales, los capitanes patriotas, al comprobar que la
ciudad de Lima estaba fuertemente defendida y que sus tropas fueran
insuficientes para capturarla, acordaron levantar el cerco y regresar a la
sierra. Illa Thupa y Paukar Waman, por el camino de Quives y Yanki Yupanki con
Puyo Willka, por la ruta de Huarochiri . Para el cronista Murúa, el fracaso
Inka para tomar la ciudad de Lima, no se debió a la herida a muerte de Kisu
Yupanki, ni siquiera a la tenaz resistencia que hicieron los españoles y sus
aliados para defender esta urbe, sino el azar de la historia. Afirma que se
debió a la infortunada demora de los Wanka y de los que con ellos venían,
quienes no llegaron a tiempo para consumar la toma de Lima- añadiendo- que si
hubiera llegado oportunamente, en este día abría acabado la guerra, muertos los españoles y
destruida esta ciudad sin dejar “memoria” de su existencia (1962; 2069). Esta
afirmación tiene sustentos históricos. Como están indicado, desde 1533, los
curacas del valle de Jauja se inclinaron por los españoles y no quisieron
colaborar con Kisu Yupanki cuando ocupó este valle. Lo mismo ocurrió con los
curacas Yauyos quienes se debieron; unos a favor del Inka y otros, a favor de
los españoles, por lo que los llamaron hombres “de dos corazones” y al parecer,
así corrió también entre los curacas Angaraes y Chavircos. Lo cierto es, que
los Wanka no llegaron a tiempo para coordinar el ataque con Kisu Yupanki.
¿Porqué no llegaron a tiempo? Será difícil saberlo, si por aquellos
imponderables de la historia o por que se entendieron antes con los enemigos,
como ocurrió con parte de los curacas de Huarochiri, persuadidos por Marka
Yuto, “un orejón” de linaje Yawar Waqaq puesto por los Pizarro en esta
provincia. Pero, cualesquiera que hubieran sido las causas del fracaso para
tomar la ciudad de Lima, sus consecuencias fueron funestas para la guerra de
reconquista Inka. Los españoles alentados por esta victoria iniciaron, con los
refuerzos recibidos, la gran ofensiva al mando del mariscal Alvarado para
auxiliar a los españoles sitiados en el Cusco.
5°. LA LUCHA INKAIKA CONTRA LA EXPEDICIÓN ESPAÑOLA ENVIADA AL CUZCO
Casi inmediatamente después de la retirada Inka a la sierra central, comenzaron a llegar los auxilios militares que Pizarro había pedido desesperadamente. De Chachapoyas llegó Alonso de Alvarado; de Guayaquil, Hernán de Zaera; de Puerto Viejo, Gonzalo de Olmos y de Quito, Diego de Sandoval con 500 Cañaris; poco después los refuerzos de Panamá, Centroamérica y el Caribe . Con estos efectivos y la gente de guerra de los curacas colaboracionistas, Pizarro envió al mariscal Alonso de Alvarado para romper el cerco del Cusco. Este ejército partió de Lima el 8 de noviembre de 1536, por el camino de Huarochiri, rumbo a esta urbe; pero este aguerrido ejercito español nunca llegó a su destino. Los Inkas con la táctica de desgaste, no la dejaron avanzar al Cusco, al extremo que cuando llegaron a Qochaqasa en abril de 1537, Manko Inka Había levantado el cerco al Cusco y Almagro con Paullu ocupado esta ciudad y apresado a los Pizarro. Es difícil todavía determinar el número de batallas que libraron con el mariscal Alvarado y sus aliados. Lo cierto que esta lucha a sangre y fuego los capitanes incas les disputaron el terreno palmo a palmo, desde noviembre de 1536 hasta marzo de 1537. Según varias versiones, el primer encuentro se libró frente al adoratorio de Pachacamac y la vindicta de los españoles fue tan terrible que a los prisioneros les “cortaron los brazos y las narices” y a las mujeres, brutalmente las “tetas”, como terrorífica advertencia para los que “quisiesen ser más rebeldes, habían de partir con aquel cuchillo” . El segundo encuentro se produjo días después- el 15 de noviembre- en la localidad de Olleros, donde cayeron prisioneros “mil orejones” los cuales fueron muertos por los curacas Wanka que imitaron la crueldad de los españoles . En los meses siguientes- de diciembre a marzo de 1537, - los encuentros se multiplicaron en los valles y páramos de la sierra, donde los jefes Incas vendieron caras sus vidas. En Ayavirí, murió Allin Sonqo Inka; en el puente de Huarochiri, Kamacachi; en Andamarca, Yanki Yupanki y otros capitanes en distintas acciones y lugares. A esta resistencia patriota, Alvarado respondió con el terror, quemó curacas, incendió pueblos, marco el rostro de prisioneros jóvenes con hierro ardiente para hacerlos esclavos y dejó a su paso un reguero de sangre y fuego ganándose la triste fama de Atila de los Andes . Si bien en esta larga y sangrienta resistencia patriota en la sierra central, fue aniquilado el ejército Inka, sin embargo a este terrible precio, Illa Thupa y Paukar Waman lograron su objetivo estratégico: demorar el avance enemigo al Cusco para que el Inka tuviese tiempo de reconquistar esta agregia ciudad, capital del Tawantinsuyo . Aunque para Titu Kusi Yupanki, con la toma de la “fortaleza” de Sacsa Waman acabó el cerco del Cusco la verdad histórica es, que continuo con algunas alternativas a favor y otras en contra, hasta abril del indicado año de 1537, meses en que Almagro y Paullu ocuparan esta ciudad y apresaran a los Pizarro, acusándolos de haber usurpado el Cusco, capital de la flamante gobernación de Nueva Toledo. La lucha durante el cerco esta llena de episodios épico como arrancados de una Ilíada Inka. Según testimonios españoles, los incas para contrarrestar sus armas de fuego y caballería renovaron sus tácticas de guerra. Aprendieron a manejar arcabuces, a usar lanzas y hasta cabalgar caballos con cierta destreza. El cronista Herrera, - quizá recogiendo datos de Cieza de León -, dice que en un encuentro que ocurrió en los llanos de Sacsa waman o Xaquixaguana en el segundo semestre de 1536 los españoles quedaron sorprendido y aterrados cuando vieron a los incas salir a pelear al “estilo de los castellanos”, con algunos arcabuces y cabalgando un piquete de caballería, haciendo gala de audacia y temeridad que los espantaron de tal modo, que imaginaron que Manko Inka había organizado un ejército con armas europeas. El mismo cronista afirma, que en otros encuentros también los incas salieron a pelear con hondas y arcos, lanzando sus proyectiles por turnos y unos detrás de otros como lo hacían arcabuces y ballesteros españoles, formando cuadros con adargas y lanzas para contener el ímpetu de sus caballos, y que esta nueva manera de pelear le dio tan buenos resultados, que los españoles para luchar contra ellos, tenían que romper antes sus cuadros con el fuego de sus arcabuces y dispersarlo, para luego arremeter con su caballería . Estos esfuerzos del Inka aunque fueron alentadores, infortunadamente desde el mes de agosto empezó a agudizarse la falta de bastimentos para atender al ejército sitiador. Parte de él tuvo que regresar a sus parcialidades para cultivar la tierra, reduciéndose por esta causa la intensidad y la estrechura del cerco. Entre tanto como en un Ilíada Inka –según Garcilaso--, se produjeron duelos singulares y lances épicos entre incas y españoles e incluso de la “Virgen María” y el apóstol Santiago Matamoros” convertido en mataindios”, - se dice- que a la vez que alentó la fe cristiana de los españoles , deprimió el entusiasmo de los jefes incas y de los tarpuntaes (arúspices) que revisaban en las vísceras de los animales, la suerte del imperio y el curso de la guerra. Con estas alternativas, el cerco al Cusco siguió hasta setiembre y octubre de este año. Hernando Pizarro, aprovechando que había disminuido el rigor del asedio, con un golpe de mano quiso sorprender a Manko Inka en su cuartel general de Tambo con fuerza de españoles y 30,000 soldados colaboracionistas . Según el cronista Herrera- Hernando Pizarro – ejecutando discretamente su s planes, sorpresivamente llegó a Tambo al amanecer de cierto día y en lugar de dar una sorpresa, quedó sorprendido al ver las recias defensas del Inka. Según el citado cronista: las cosas que había pensado resultaron de diferente manera, “Havia muchas centinelas en el campo, i por los muros mucho cuerpos de guarda; i tocándo al arma, con gran grita, como los indios suelen i con estruendo de sus bocinas y atambores, se juntaron más de treinta mil hombres , sin desmandarse aguardando acasión para ofender a los castellanos, i estándo muy recatados para no ser alanceados, ni atropellados: era cosa notable, ver salir algunos ferozmente con espadas castellanas, rodelas y murriones; y tal indio huvo, que armado de esta manera, se atrevió embestir con un caballo, estimando en mucho la muerte de la lanca, por ganar nombre de valiente: parecía el Inga a caballo entre su gente con su lanca en la mano teniéndo el ejército recogido, i arrimando al lugar, que estaba muy bien fortificado de muralla i de un río, con buenas trincheras y fuertes terraplenados, a trechos, i por buena orden. Y Considerando Hernando Pizarro que allí no se podía ganar nada, determino irse retirando; i cargándole un gran número de indios con las hondas dardos y flechas, halló que en río Yucay havían hecho una represa en el vado” . Titu Kusi Yupanki ironizando este fracaso español dice que: “Asentando su toldo a prima noche e hicieron sus lumbradas a la madrugada, a guisa de que querían pelear y antes que amaneciecen volvieron volvieron las espaldas hacia el Cusco y que cuando el Inka y sus capitanes pensaron que estaban allí e la mañana, no hallaron ninguno de que les dio mucha risa, diciendo que- habían huído de miedo” . En efecto, Hernándo Pizarro al darse cuenta de que había caído en una trampa y que corría el peligro de perderse, aprovechando la oscuridad de la noche, dejando fuegos encendidos en sus toldos y bagajes, emprendió precipitado regreso a la ciudad del Cusco , soportando al día siguiente el implacable ataque de los incas en tal medida que esquivando galgas, derrumbando albarradas y cruzando lodazales con los caballos desjarretados, entró huyendo a la ciudad ante el pánico y sorpresa de los españoles que lo esperaban . Aunque esta victoria alentó transitoriamente al Inka no cambio en nada el curso de la guerra. Contrariamente, en los meses siguientes, el asedio se hizo cada vez más difícil de mantener por falta de alimentos, las temerarias incursiones del enemigo y la defección de algunos curacas que se pasaron al bando español. En marzo de 1537, la situación se tornó crítica. Manko Inka Yupanki al saber que el ejército de la sierra central había sido destruida, que el mariscal Alvarado avanzaba al río Apurimac y que Almagro con el traidor de Paullu se aproximaban al pueblo de Urcos, a pocas leguas de esta ciudad, entendió que ya era imposible mantener el cerco a la ciudad y con gran amargura e impotencia, levantó el asedio del Cusco y se fortifico en su cuartel general del Tambo, a la espera de los futuros acontecimientos.
6°. RECHAZO INKA A LAS PROPUESTAS DE PAZ DE LA FACCION ALMAGRISTA
Según versiones españolas, - por este tiempo- Manko Inka Yupanki recibió cartas del mariscal Almagro, en las que se le rogaba con fingida cordialidad y sometimiento, que fuera a verlo al pueblo de Urcos para negociar la paz y entrar juntos triunfalmente en la ciudad del Cusco, y que el Inka, sospechando de su palabra le pidió antes que se comprometiera a entregarles a los Pizarro y a sus secuaces, los que cobardemente le habían afrentado en la prisión. No se sabe lo que entonces le habría respondido el viejo mariscal. El hecho es que las negociaciones se truncaron. Según unos, por una carta que Hernando Pizarro le escribió, advirtiéndolo que Almagro quería engañarlo para tomarlo preso y quemarlo vivo. Según otros, por las intrigas de Paullu que no deseaba este entendimiento, para señirse espuriamente la borla de Inka que Almagro le había ofrecido y reinar ilusamente en esta parte mutilada del Tawantinsuyo, que formaba la gobernación de Nueva Toledo. Las vacilaciones del Inka para negociar con Almagro terminaron cuando sus mensajeros llegaron de Urcos y le contaron con alegría, que había tenido la suerte de no haber ido a este pueblo, por que entonces estaría muerto y “tirado de la vida”. Le dijeron que habían visto que la gente del mariscal y la de Pizarro se había entendido como si fueran “hermanos y compañeros”. Entre tanto, Almagro y Orgoñez, si sospechar de la desconfianza del Inka, acudieron al valle de Yucay, para entrevistarse con él y formalizar una alianza para ocupar la ciudad del Cusco. Cieza de León, para explicar que los capitanes del Inka no estaban de acuerdo con estos tratos, refiere que Almagro, camino a Yucay, se encontró con un joven capitán del linaje de Hanancusco, llamado Paukar, que altivamente y con franqueza agresiva, le dijo: que lamentaba que el Inka no lo hubiera autorizado hacerle la guerra, por que estaba seguro que lo habría desbaratado; pero que supiera que no le temía a él ni al relincho de sus caballos, ni al hierro de sus lanzas y que sentía que el Inka tuviera todavía confianza en los españoles, sabiendo que pretendían sorprenderles con falsas promesas . Manko Inka y Vila Oma, creyendo que era cierto que Almagro con doble juego pretendían atraparlos, suspendieron la entrevista y acordaron echarlo del valle. Según varios testimonios, Almagro y su gente tuvieron que salir huyendo del valle de Yucay ante la gritería de 15,000 guerreros que le decían a voces “Mentiroso” eres Almagro, ya sabemos que querías “engañarnos” con tus “cautelas” . De esta manera, terminaron las negociaciones que Almagro Había propiciado, sin que se pueda imaginar en que medida esta alianza hubiera cambiado el curso de la historia del Perú. Pero cualesquiera que fueron las causas que motivaron el fracaso de estas negociaciones, la verdad es, que los capitanes patriotas quedaron satisfechos de esta ruptura y Manko Inka Yupanki, convencido que estaba solo en la lucha por la libertad de la patria y frente a tres enemigos: los españoles de Pizarro y Almagro los pueblos alzados contra su autoridad y sus hermanos Waypar, Inguill y Paullu que se habían aliado a los españoles para disputarles la borla, sin importarles el peligro que se precipitaba sobre la existencia misma del Tawantinsuyo. El 8 de abril de 1537, Almagro entró violentamente al Cusco defendido por los Pizarro y 40,000 soldados de los principales colaboracionistas y tomó posesión de esta ciudad, que consideraba capital de su gobernación “La Nueva Toledo” .
CAPITULO II
VILCABAMBA, EL HEROICO REDUCTO INKA 1537- 1572
Vilcabamba fue el lugar estratégico que Manko Inka escogió- en junio de 1537-para continuar la guerra de reconquista. Su decisión se fundó en su ubicación geográfica próxima al Cusco y a la sierra central, en su accidentado territorio y sus infranqueables defensas naturales. Esta región se convirtió así en el escenario épico del final trágico del primer intento de reconquista, donde el Perú perdió su soberanía política. La ciudad de Vilcabamba la última capital del Tawantinsuyo, por su importancia histórica, constituye por si misma el gallardo testimonio que demuestra al mundo, que los Inkas jamás se rindieron al enemigo y que luchando en condiciones adversas, prefirieron morir heroicamente bajo el signo inexorable de la guerra.
1°. LA RETIRADA INKA A LAS MONTAÑAS DE VILCABAMBA
Manko Inka Yupanki, después de la ocupación del Cusco
por Almagro y Paullu, entendiendo que la guerra desde la fortaleza de Tambo era
insostenible, antes que lo atacaran los enemigos, en junio de 1537, se retiró a
la abrupta y estratégica región de Vilcabamba, elegida para el centro de sus operaciones militares y continuar la
guerra de reconquista1. Titu Kusi Yupanki, recordando este episodio, refiere
que su padre el Inka antes de retirarse a Vilcabamba, reunió a la gente que lo
había acompañado en los trabajos y tribulaciones de la guerra y a modo de
testamento político, les dijo con sencillez conmovedora: “Lo primero que
haréis, será que a estos barbudos que tantas beffas a mi me han hecho por me
ffiar dellos tanto, no les creáis cossa que os dixeren, por que mienten mucho,
como a mi en todo lo que conmigo han tratado me han mentido y ansí haran a
vosostros; lo que podréis hacer es dar muestra por de fuera lo que consentís a
los que os mandan y dar algún camarico y lo que pudieres, que en vuestras
tierras ouiere, por que como esta gente es tan brava y de diferente condición
de la nuestra, podría ser que no se lo dando vosotros, os lo tomasen por la
ffuerca a vos maltratasen por ello; y por evitar esto os será buen remedio
hacer lo que os digo. Lo otro, que estéis siempre con avisso para quando os
enviare a llamar o auisar de lo que con esta gente hauéis de hacer, y si acaso
ellos os acometieren o quisieren tomar vuestras tierras, no dexéis de
defenderlos y sobre ellos perder la vida si fuere menester; y si también si os
ofreciere necesidad de mi persona, darmeéis auiso por la posta a donde quiera
que yo estuviere, y mirar que estos engañan por buenas palabras y después no
cumplen lo que dicen…” Finalmente, pidiendo que siempre conservaran el culto a
sus divinidades tutelares, les recomendó que no adorasen a los “paños pintados”
de los españoles, diciéndoles que si alguna vez: “Por ffuerza o engaño os han
de hacer adorarlo que ellos adoran: quando más pudiéredes, hacedlo delante de
ellos, por otra parte no olvidéis nuestras ceremonias. Y, si os dixeren
quebrantéis nuestras guacas, y esto por ffuerza mostrarles lo que no pudiéredes
hacer menos, y lo demás guardaldo, que con ello me daréis a mi mucho contento”2.
Con estas recomendaciones, - el Inka- ante el dolor y llanto de su pueblo, dejó
la fortaleza del Tambo3 con el resto de su ejército, sus tiernos hijos y
familiares siguió al valle de Amaybamba, llevando los cuerpos embalsamados de
sus abuelos: Wanakaure, Wirakocha Inka, Pachakuti Inka Yupanki, Thupa Inka y de
su padre Wayna Qhapaq, con muchos otros de hombres y mujeres importantes del
Imperio4. Según Cieza de león, - en este intervalo- Manko Inka Yupanki,
haciendo un último esfuerzo para unir a sus hermanos contra los españoles y
salvar el Tawantinsuyo de su ruina final, requirió a Paullu para que rompiera
con Almagro y se juntara con él, pero éste con infortunada miopía política le
mandó decir con su sarcasmo, que era mejor que parase la guerra y no siguiese
aumentando el número de viudas y huérfanos. Que si antes no había podido contra
ellos, ahora que eran tan poderosos no podrían hecharlos del Perú y
contrariamente, le sugirió que hiciese la Paz con los españoles y que él
renunciaría a la borla o mascaypacha que Almagro le había dado5. El mismo
cronista añade, que el Inka quedó tan desengañado con esta respuesta, que
resolvió con los patriotas que le seguían continuar la guerra hasta el final y
si fuera necesario perder la vida en ella. Estando en el valle de Amaybamba,
Manko Inka al informarse que Almagro organizaba una fuerza para ir contra él,
procedió a fortificar el valle. Con este propósito rompió puentes, embalsó
acequias para desbordarlas y juntó piedras en las alturas- como un esfuerzo
máspara detener o acabar con los enemigos que entrasen en el valle.
2°. PRIMERA INCURSIÓN ESPAÑOLA A VILCABAMBA: LA SORPRESA DE VITCOS (1537)
En
efecto, Almagro, al conocer que el Inka había dejado la fortaleza de Tambo.
Para evitar que se le fuera de las manos y se fortificara en el valle de
Amaybamba, inmediatamente después de la derrota de Alvarado en la batalla de
Abancay (12 de julio de 1537), ordenó al mariscal Rodrigo Orgoñez que fuera en
seguimiento y lo trajera vivo o muerto al Cusco6. Orgoñez salió de esta ciudad
a mediados de 1537 con 500 españoles bien armados y millares de soldados
colaboracionistas en pos del Inka. Desde los primeros momentos, Manko Inka,
resueltamente defendió el valle y contuvo los ímpetus de Orgoñez. La lucha
habría sido larga y difícil para los españoles y la gente de Paullu, si no
hubiera sido por la infortunada traición de “Chukillasa” kuraka de los
mitmakuna de los Chachapoyas que en último momento, se paso a los enemigos.
Producida esta traición, el Inka sin otra alternativa se replegó hasta Waman
Marka (residencia que había sido de su abuelo Thupa Inka) y después de cruzar
el puente de Chikichaka sobre el río Wilkamayo (río Urubamba)7 se adentró por
el valle de Vitcos al “pueblo” del mismo nombre donde resolvió permanecer. Pero
Ordoñez que lo había seguido a marchas forzadas para atraparlo de sorpresa,
sigilosamente rodeó el pueblo. Así habría ocurrido fatalmente, si el Inka por
sus guardas no se percataba del peligro. Con suerte, Manko logró evadirse al
amparo de la noche con algunos familiares y Wila Oma perdiéndose en los
glaciares de la cordillera de Vilcabamba, dejando burlado al mariscal Orgoñez8.
Cuando ese jefe español lo buscaba infructuosamente en las serranías y en la
montaña, recibió la orden de Almagro para que regresara a la ciudad del Cusco y
le acompañara a la costa para negociar con Pizarro, los límites de las
gobernaciones de Nueva Castilla y Nueva Toledo en que había sido dividido el
Tawantisuyo. Probablemente a fines de agosto de este año de 1537, Orgoñez
regresó a esta ciudad con un cuantioso botín de oro y plata, teniendo entre los
prisioneros de la familia real9 a Titu Kusi Yupanqui – el mayor de los hijos de
Manko Inca- y como macabros trofeos, los cuerpos momificados de los incas con
otros que habían sido sacados del Cusco para salvarlos de la rapiña y la
profanación de los enemigos. Entre estos cuerpos, estaba el de Wayna Qhapaq,
que fue entregado a Paullu para que lo enterrase, según se afirma en “cierto
lugar “ y en presencia de pocas personas, para que su momia no recibiera los
servicios y cultos tradicionales.10 Almagro, seguro de que el Inka no
intentaría atacar la ciudad del Cusco tan pronto, salió para la costa el 15 de
setiembre de este año de 1537, llevando a Hernando Pizarro como un importante
rehén, para negociar con su libertad el reconocimiento del Cusco como la
capital de la Gobernación de Nueva Toledo que el rey español le había
adjudicado. Esta confianza de Almagro en su antiguo socio Francisco Pizarro, -
como se verá después – fue el comienzo de su desastrado final. 3. CAMPAÑAS
INKAS Entre tanto, Manko Inka Yupanki, repuesto de la sorpresa sufrida en
Vitcos examinó la propuesta que le hicieron los Chachapoyas para fortificarse
en “Raban – tu” y la de lo Charcas para establecerse en su lejano territorio.
Pero considerando la ubicación estratégica de la serranía y de las montañas de
Vilcabamba para seguir la guerra contra los españoles, prefirió por su
proximidad al Cusco y a los poblados de los ríos Apurimac y Willkamayo quedarse
en esa región y establecer su capital de exilio en él tambo o centro
administrativo de Vilcabamba, ubicado en el estrecho valle del río Chontomayo
afluente del Pampakona.
En este lugar, El Inka creyó estar más seguro por estar protegido por los
glaciares de la cordillera del Vilcabamba y los caudales del río Apurimac y del
río Wilcamayo, defensas naturales que los enemigos tendrían que vencer para
poder llegar a esta ciudad Inka protegida por estrechos valles y accidentadas
serranías, fácilmente definibles en los pasos y quebradas de recias peñolerías.
La nueva capital se adecuaba así con los planes de reconquista del Inka y sus
proyectos guerrilleros a las localidades próximas al valle de Tambo por las
alturas de Pichu (actual Machu Pichu), a Limatambo por el valle de Choqekirao,
a Guamanga y Andaguaylas por los puentes de Usampi y Laqo sobre el río
Apurimac. Es importante aclarar que la elección de Vilcabamba como nueva
capital del Tawantisuyo, no significó la creación de un nuevo estado Inka
algunos historiadores han creído. Esta urbe fue solamente la capital de exilio
de los incas, desde la cual lucharon permanentemente para reconquistar el
territorio ocupado por los españoles. Ellos no formaron un nuevo estado.
Vilcabamba solamente fue el último reducto para defender la soberanía del
Tawantisuyo. Por esta evidencia, es impropio de hablar de los Inkas de
Vilcabamba como si hubieran formado un presunto “neo imperio”, en vez de tratar
de los últimos Inkas del Tawantisuyo. En este mismo año de 1537, Manko Inka
trazó los planes para seguir la guerra y organizar la resistencia en cada uno
de las grandes regiones del Tawantisuyo. Wila Oma marchó al Contisuyo ,Illa
Thupa quedó en las comarcas de Huánuco, Tisu Yupanqui fue a la extensa región
del Collasuyo y el propio Inka quedó en Vilcabamba para amagar la estratégica
región central de Jauja y del Valle de Abancay. a. En La Sierra Central El gran
objetivo de esta campaña fue recuperar el dominio de esta región, densamente
poblada y el granero más importante de la sierra central para el Perú, además
de ser llave estratégica para amenazar Lima y cortar las comunicaciones entre
esta ciudad y el Cusco. La primera campaña Inka contra los curacas del valle de
Jauja se inició probablemente a fines de 1537, mientras Pizarro y Almagro discutían
en Mala los límites de sus gobernaciones. Esta campaña Inka estuvo dirigida
contra los Hurin y los Hanan Wanka que en los momentos cruciales de la guerra
de la reconquista se plegaron a los españoles e hicieron fracasar el cerco de
Lima, Porque los curacas comprometidos no llegaron a tiempo. El Inka tenía así
razones para castigar a los de Hanan y Hurin Wanka y después a los de Hatun
Xauxa. Esta campaña y las otras que envió aunque asolaron el valle de Hatunmayo
(actual Mantaro), no pudieron someter a los Wanka que se defendieron valerosa y
sucesivamente rechazando a cada una de las expediciones incas. Los curacas
Francisco Kusichaka y Jerónimo Waqra Paukar, contando a su manera la derrota de
estas expediciones, dicen en sus “Memorias” y “Probanzas” que ellos con su
propio esfuerzo, las rechazaron una tras otra. En la batalla de “Guancayoc”
mataron al capitán Titu Yupanki, en la de Pututo a los capitanes Kolla Thupa y
Ango. Después, en el puente del río Hatunmayo, derrotaron a Illa Thupa; en
Comas, al capitán Puyo Willka, en Andamarca apresaron a Paukar Poma y
posteriormente derrotaron al propio Manko Inka, primero en Andamarca y después
en “Cuxivilca” o “Auxivilca” cerca del tambo de Hatun Xauxa, jactándose de esta
manera de una presunta serie de victorias que culminaron con el vencimiento de
Paukar Waman en “Guamanga” y de Manyuto en la localidad de Paucarbamba11.
Titu Kusi Yupanki, recordando esta incursión , dice que su padre Manko Inka, en
represalia a la tenaz resistencia que le ofrecieron los Wankas, “desenterró” al
ídolo Wariwillka- que ellos adoraban- y que luego de arrastrarlo un trecho lo
arrojó a las turbulentas aguas del Hatunmayo12. Es posible que estas
incursiones al valle de Jauja pudieron haber ocurridocomo esta indicado- entre
fines de 1537 y los primeros meses de 1538, por que cuando en junio de este
año, Pizarro pasó por Hatun Xauxa todo había terminado. (C.A. Romero. RHXI, p.
184). Entre tanto, Almagro, que había jugando mal sus cartas políticas y
fracasado en las negociaciones para fijar los límites entre las gobernaciones
de Nueva Castilla y Nueva Toledo, escapando de la celada de los Pizarro regresó
huyendo al Cusco por el camino de Waytara y Vilcas perseguido de cerca por
Hernando Pizarro. Los detalles de esta sangrienta guerra civil entre españoles
no requieren mayor comentario, por estar ampliamente reseñadas en las crónicas
de su tiempo y conocidas por la información contemporánea. Almagro derrotado en
la batalla de las Salinas el 8 de abril de 1537, después de un juicio inicuo fue
sentenciado a muerte por Hernando Pizarro y ejecutado con ensañamiento el 8 de
julio de este mismo año. Manko Inka Yupanki informado de este trágico desenlace
y de cómo su hermano Paullu, cambiando la bandera se había hecho amigo de los
Pizarro y se prestaba con éstos a conquistar el Collasuyo. Comprendió con
amargura que la campaña bélica que había planeado en esta región se había
tornado crítica y corría el inminente peligro de fracasar. Para distraer la
atención de los españoles, resolvió abrir un nuevo frente de batalla, atacando
a los encomenderos vecinos del río Apurímac, para evitar que estos marcharan al
Collasuyo contra Tisu Yupanki. En efecto, - quizás en setiembre de este año de
1538- Manko Inka cruzó el puente de Usampi y por la parte de Ninabamba avanzó
hasta Orongoy para amenazar a Guamanga y a los Chancas del valle de
Andahuaylas. Pizarro, alarmado por esta noticia y por otra que le avisaban que
su hermano Gonzalo estaba cercado en Cochabamba, dispuso que el factor Illán
Suárez de Carbajal fuera precipitadamente al valle de Andaguaylas13 y Hernándo
Pizarro acelerara su marcha para auxiliar a los sitiados en Cochabamba. Por
distintas fuentes, se sabe que el factor Illán Suárez de Carbajal acampó en el
pueblo de Uripa y que de este lugar comisionó al capitán Villadiego para
indagar por el paradero del Inka. Se dice que este bisoño capitán al saber que
estaba en el “alto de una sierra”, más con afán de gloria que prudencia
resolvió ir contra él y tomarlo de sorpresa. Su precipitación resultó trágica.
Manko Inka que estaba al acecho y espiando sus movimientos, sorpresivamente dio
sobre él a la subida de los montes de Orogo y haciendo gala de temeridad con su
pequeña caballería lo desbarato fácilmente, y haciéndolo caer en una nueva
celada terminó por matarlo, escapando de sus manos solamente algunos soldados
que alcanzaron a bordear un río14. Titu Kusi Yupanki relatando esta hazaña,
dice con orgullo que su padre el Inka, cabalgando en pelo y con una lanza en la
mano acabó con unos doscientos españoles “armados con todas las armas” que
intentaban apresarlo. Refiere que cuando el Inka supo de éstos ascendía por el
monte de Orongoy, les tendió una celada. Primero puso en orden su caballería y
ordenó que las mujeres se pusieran en “riglera” con lanzas en las manos para
que los enemigos imaginaran que eran hombres y después que todo estuvo
preparado, dio en tropel con “lanzas y adargas sobre los españoles” haciéndoles
huir “cuesta abajo”. Y para que nadie escapara acudió al ardid de simular
cansancio, para que el inexperto capitán volviera a subir al monte. En efecto, Villadiego cayó ingenuamente en la
celada, y el Inka en una nueva embestida mató a él y a muchos de sus hombres,
de los cuales pocos escaparon para dar cuenta del desastre al Factor Illán
Suárez de Carbajal. Pero este triunfo, - lejano y glorioso antecedente de la
batalla de Junín- tuvo más trascendencia psicológica que militar, pues en nada
hizo variar la difícil situación de Tizo Yupanki en el Collasuyo.
Contrariamente, Pizarro percatado del peligro salió inmediatamente del Cusco
antes de Navidad y poco después llego al Tambo de Vilcas, cuando el Inka ya se
había retirado al reducto de Vilcabamba. Para evitar nuevas incursiones de
Manko Inka a esta parte de la sierra central, Pizarro ordenó la fundación de la
Villa de San Juan de la Frontera de Guamanga, la misma que se hizo el 29 de
abril de 1539. b. En El Collasuyo. Tisu Yupanki destacado en esta región desde
1537, hasta el primer semestre de 1538 había conseguido con la habilidad
política el apoyo militar de siete de las más importantes provincias del
Collasuyo. De los Charcas, Chuis, Quillacas, Carangas, Suras, Caracaras y
Chichas,- que tenían la fama de guerreros belicosos- y que antes se había
distinguido con Wayna Qapaq en la guerra contra los Pastos y después
defendiendo lealmente a Waskar Inka en la batalla de Cotapampa en agosto de
153215. Los planes de Tisu Yupanki para contener el avance de los españoles y
de la gente de Paullu al valle de Charcas, sufrieron un duro revés. Por aquellos
imponderables de la historia, en este tiempo Kari Apaza, Señor de los Lupacas y
Kintiraura de los Pakajes se aliaron para luchar a la vez contra los incas y
españoles, creyendo que podrían recuperar la libertad que antiguamente habían
tenido sus pueblos. Como se vera después, esta inesperada actitud de los
Lupacas y Pakajes comprometió definitivamente la suerte del Collasuyo,
facilitando su posterior sometimiento a los españoles. Según varias fuentes,
los curacas de Hatun Callao antiguos rivales de estas provincias alegando que
les hacían la guerra, pidieron ayuda militar a los españoles y a Paullu
probablemente a fines del primer semestre de este año de 1538. En efecto,
Hernando Pizarro y Paullu acudieron en su auxilio y con 5,000 hombres de esta
provincia, marcharon contra los Lupakas y Pakajes que habían elegido a
Kintiraura por su capitán general. Según las versiones detalladas del anónimo
de 1539 y de otras fuentes coetáneas, la batalla que se dio entre ambos
ejércitos en el paso del río Desaguadero, fue recia y sangrienta. Por varios
días se mantuvo indecisa, sin que los Hatun Collao y sus aliados pudieran
cruzar los caudales de este río hasta que Paullu mandó hacer balsas con las
maderas livianas que su padre había dejado en Zepita. Solamente con este ardid,
los españoles pudieron pasar a su gente y caballería al otro lado del río,
precipitando la derrota y prendimiento de Kintiraura16. Después de esta
victoria los españoles y sus aliados se dirigieron al valle de Cochabamba
(Cotabamba), clave estratégica para someter a las demás provincias del
Collasuyo. Aunque Tisu Yupanki trató de contenerlos en Tapacari no pudo evitar
que ocuparan este importante valle y reorganizado su ejército, marchó a
Cochabamba y los cercó en el pueblo del mismo nombre, seguro de acabar con
ellos17. Aunque J. Hemming- apoyándose en Cieza de Leónlo llama “Torinaseo”,
creemos que se trata de una razonable confusión con el nombre o la persona del
capitán Tisu Yupanki, por que entonces, nadie como él tenía más autoridad
militar que el Collasuyo para dirigir la guerra contra los españoles y sus
aliados. Más aún, si se acepta la versión del cronista Murúa (1962, p. 217) quien dice que Tisu
Yupanki, la segunda persona del Inka fue el sitiador de Cochabamba18. Este
famosos cerco, que pudo marcar el final de la audaz expedición española,
termino trágicamente contra los incas pues cuando ya celebraban sus victorias,
diciendo a grandes voces “aguardad un poco cristianos que tardaron mucho tiempo
que la cabeza de vuestro capitán Gonzalo Pizarro esté en nuestro poder e de su
casco haremos un vaso con que todos los señores de esta provincia han de beber”
(Cieza de león. Guerra de las salinas. Cap. LXXXIX ). Esta ilusión, se disipo
dramáticamente y cambió el curso de los acontecimientos, cuando Paullu con
audacia y temeridad increíble, rompió el vigoroso cerco inca del pueblo de
Cochabamba y salvó a los españoles de una muerte segura. Tisu Yupanki
lamentando la traición de Paullu tuvo que replegarse a Pocona, con la esperanza
de reorganizar sus fuerzas para volver atacar en la primera oportunidad
(Probanza de Paullu. CDIHCH, VI). Aunque en este lugar el joven Inka trató de
incrementar sus tropas y ordenó la muerte de un Chalco Yupanki gran colaborador
de sus enemigos que en su tiempo de Wayna Qhapaq había sido gobernador del
Collasuyo, no pudo resistir un nuevo ataque de Paullu y de los españoles. Sin
otra alternativa, tuvo que retirarse a las lejanas tierras de los Huamahuacas
para reestructurar un nuevo ejército. Su esfuerzo resultó imposible, por que
sus aliados persuadidos por Paullu, hicieron la paz separadamente y depusieron
las armas. Coysara, el gran señor de Charcas, Moroco de los Caracaras, con
otros importantes señores, dejaron solo a Tisu Yupanki, que un tiempo después a
instancias de Paullu, capituló honrosamente y regresó al Cusco con los Pizarro,
el 18 ó 20 de marzo de 1539, aunque según carta de Francisco Pizarro al
emperador, habría llegado a esta ciudad en la primera quincena de febrero de
este año(Cusco, 27. II. 1539)19. c. En Huánuco y sus comarcas La resistencia
Inka en esta región de 1537 a 1545 fue sin duda la más tenaz y sangrienta de la
guerra de reconquista cuyo héroe epónimo fue Illa Thupa, miembro del más rancio
linaje de los incas. Este capitán héroe del cerco de Lima y de la lucha contra
el mariscal Alvarado para impedir que éste llegara el Cusco, quizás a fines de
1537- se retiró a la región de Huánuco donde estableció su cuartel general. En
1538, batió al capitán Mercadillo y castigó sus crímenes y depredaciones. En 1539,
al mariscal Alvarado que iba continuar la conquista de los Chachapoyas e hizo
fracasar a la ciudad española fundada por Gómez de Alvarado en el tambo de
Wanacopampa (Huánuco)20. A mediados de este año, batió también al genocida
Francisco Chavéz en la provincia de Conchucos, que según el dominico Tomas de
San Martín y otros testimonios, cometió atrocidades, exterminó niños y
poblaciones en el vano intento de sofocar el espírito nacionalista de los
peruanos de esta región21. R. Porras, repudiando el terror criminal de este
capitán- pariente de los Pizarro- dice: “No respetó ni a mujeres ni a niños, y
aún recurrió al auxilio de los perros, las casas fueron saqueadas, robados los
campos y ahorcados muchos pobladores. Era la respuesta española a la insurrección
de Manko. Cuéntase que Chávez, hacía que los niños a quienes debían ejecutar
pronunciasen antes de morir su fatídico nombre”22. En 1540, Illa Thupa en
respuesta a este genocidio siguió combatiendo con más valor y sin amilanarse
ante el poder y crueldad de los enemigos. En este año hizo fracasar la marcha
de Gonzalo Pizarro a Quito y lo obligó a desviarse desde la serranía de Wari
hacia la costa. Igualmente organizo a los curacas, para que amagaran la ciudad
de Trujillo y para demostrar que la guerra seguía contra los españoles (Cieza de león. Guerra de
las salinas. Cap. LXVI. Zárate. Lib. 194, p. 493, Gómora 1946, p. 242).23 La lucha de Illa
Thupa contra los enemigos se prolongó hasta 1543, año en que fue apresado por
el capitán Juan de Vargas enviado contra él por Pedro de Puelles el fundador de
la actual ciudad de Huánuco. Lo que no se sabe lo que le ocurrió a este
valeroso capitán Inka, es muy posible que se salvara de la represalia enemiga,
pues según el cronista A. De Zárate, al año siguiente estaba libre y había
tomado el partido del Virrey Blasco Núñez de Vela, al que le informó de los
planes del pizarrista Pedro Puelles en las comarcas de Huánuco.24
4°. FRACASO DE LA SEGÚN INCURSIÓN A VILCABAMBA Y OCUPACIÓN DEL CONTISUYO
Probablemente en junio de 1539 Gonzalo Pizarro, con Waypar, Inguill y Paullu, entraron en el gran reducto de Vilcabamba para acabar con la resistencia de Manko Inka Yupanki-, quien como se verá después-, se les fue de las manos y sin pena ni gloria fue memorable. Si los españoles y sus aliados salvaron entonces de un desastre total, fue sin duda por aquellos imponderables de la historia. De la emboscada Inka en el “paso de Chukillusca” (Valle de Vitcos), escaparon por el valor y la serenidad de Paullu, quien enérgicamente evitó el desbande de las aterrorizadas fuerzas españolas, divididas en- dos partes por una gigantesca avalancha de piedras25. En este lugar- como en Cochabamba-, tuvieron también que agradecer, una vez más al traidor de Paullu por haberles salvado de una muerte segura. En el valle Pampakona, cerca de Hatun Pukara o fortaleza grande, los aliados se salvaron asimismo – por extraña casualidad- por otra celada que ardidosamente les había tendido Manko Inka. Según Pedro Pizarro- quien estuvo en esta campaña- los españoles se salvaron de morir por una pedrezuela que se metió en la bota de Gonzalo Pizarro, ya que para sacársela, detuvo la marcha de su gente en el preciso momento que un aluvión de piedras se deslizó desde las alturas26. El susto fue tal que los enemigos precipitadamente regresaron al pueblo de Pampakona para reponerse y pedir refuerzos, mientras el Inka se fortificaba en Hatun Pukara situado a tres leguas de la ciudad de Vilcabamba. Probablemente en julio de este año, se dio la batalla por la toma de Hatun Pukara. Se dice que esta fue tan reñida y sangrienta que la lucha duró más o menos 10 días, hasta que los españoles tomaron sigilosamente las alturas y atacando desde este lugar conquistaron este fuerte para atrapar al Inka. Este difícil triunfo español, en la práctica resulto un chasco, una victoria pírrica. El Inka, - como antes a Orgoñez- se les escapó de las manos y según se afirma, se dio el lujo de desafiarlos desde el otro lado del río, haciéndoles burlas para que lo siguiesen por lo intrincado de las montañas, diciéndoles: “Yo soy Mango Inga; yo soy Mango Inga”. En este fuerte, los españoles encontraron los cuerpos decapitados de Waypar e Inguill, los traidores hermanos del Inka, a la reina Kura Oqllo que no había querido retirarse del lugar de duelo por sus hermanos muertos; a Qori Rimachi capitán general del ejército Inka; a dos hijos menores de Manko y a varios de sus familiares27. Titu Kusi Yupanki; rememorando con orgullo estos hechos dice de su padre: “Peleó ffuertemente con ellos a la orilla de un rrio vnos de vna parte y otros de otra, que en diez días no se acabó la pelea por que peleaban a rremuda los españoles con la gente de mi padre y con mi padre, siempre les hiba mal por el ffuerte que nosotros teníamos; y vinieron a tanto, que viniendo allí un hermano carnal de mi tía Cura Ocllo llamado Gúaspar (Waypar”, y mi padre se enojó tanto por él le venía a buscar, que le vino a costar la vida, el negocio, y queriéndolo matar mi padre con el enojo que tenía, la Cura Ocllo se lo quiso astoruar por que le quería mucho, y mi padre no queriéndo consentir a sus ruegos cortoles las cabezas a él y a otro su hermano llamado Inguill, diciendo estas palabras; “más justo que corte yo sus cabezas que no que lleven ellos la mía”. Y mi Tía por enojo que recibió de la muerte de sus hermanos, nunca jamás se quiso mudar del lugar donde estauan muertos.” 28 Con esta trágica escena terminó la ocupación de Hatun Pukara. En Vano, Gonzalo Pizarro requirió al Inka para que se rindiera, con la bravata de “echarlo del mundo”. Fue también inútil su búsqueda por la jungla y los glaciales de la cordillera. Un tiempo después, desesperado y con la gente hambrienta salió de Vilcabamba con sus regios cautivos y un menguado botín.29 Probablemente en setiembre de este año de 1539, Pizarro para disimular el fracaso de la campaña a Vilcabamba, emprendió la ofensiva al Contisuyo con el propósito de apresar o matar Wila Oma, quien desde 1537 estaba parapetado en esta región. Aunque los datos sobre la resistencia que ofreció son todavía escasos, queda en claro que en octubre de 1539, Wila Oma el hombre más respetado del Tawantisuyo, cayó prisionero luego de recios encuentros en su “albarrada”, donde murieron más de 2,00 de sus hombres peleando hasta el final contra los españoles.30 Se dice, que Pizarro reconociendo la “grande autoridad” que tenía entre los incas, lo trató bien esperanzado que con sus influencias podría lograr que Manko Inka se rindiera para salvar la vida de la reina Cura Oqllo y de sus capitanes. Pero Wila Oma no cayendo en el juego se mantuvo firme y rechazó airadamente las presiones de Pizarro. El Inka por su parte, prefiriendo los intereses de la patria a los de sus sentimientos, rechazó a su vez, la innoble propuesta de salvar la vida de la reina a cambio de su rendición. Pizarro, fracasado en su intento en cruel e indigna represalia, - después de tolerar el ultraje de la reina por su hermano Gonzalo Pizarro -, ordeno que la martirizaran y le dieran muerte. Se dice después que la azotaron con varas la amarraron a un árbol y allí la mataron a flechazos. Un sobrino del jefe español el cronista Pedro Pizarro confirmando este crimen, dice que su tío ordenó la muerte de Kura Oqllo esposa de Manko Inka: “Haciéndole varear con varas y flechar con flechas…y entiendo yo- añade – que por esa crueldad, y por la otra hermana del Inga que mandó matar en Lima…que se llamaba Mama Azarpay, me parece a mí que nuestro señor le castigo con el fin que tuvo”31. Por su parte Titu Kusi Yupanki, más patéticamente dice, que la reina Kura Oqllo; La; “Asaetearon vihua, sufriéndolo élla por la castidad por la cual dixo estas palabras quando la asaetearon: ¿en vna mujer venga vuestros enojos? ¿Qué más hiciera otra muger como yo?. Daos prisa a acabarme, por que se cumpla vuestro apetito en todo; y ansí la acabaron de presto teniéndo con vn paño tapados los ojos ella misma”.32 Con esta inaudita crueldad y con el cuerpo de la reina arrojado a las aguas del Willkamayo, Francisco Pizarro se vengó del Inka; - que como está dicho -, prefirió el amor a la Patria al de la vida de su esposa, la reina Kura Oqllo. Manko Inka, consumido por el dolor de esta inicua venganza, con mayor sacrificio que antes resolvió continuar la guerra a muerte contra los españoles.
5°. CAMPAÑAS GUERRILLERAS DE MANKO INKA YUPANKI
Pasados estos hechos, sin posibilidad de
inmediata de reorganizar su ejército el Inka cambiando de táctica inicio una
nueva modalidad de lucha, la guerra de guerrillas, que le permitiría mantener en alto la expectativa y la confianza de los pueblos en el
triunfo patriota sobre los invasores. La nueva táctica causó preocupación y
hasta pánico en los enemigos según testigos presenciales, de 1540 a 1541 Manko
Inka con sus belicosos capitanes Puma Supa y Sanoyto no los dejo en paz. Ataco
a los encomenderos a la margen izquierda del río Apurimac, se acercó al Cusco
por el camino de Limatambo, atacó el valle de Amaybamba a la localidad de Pichu
encomendada (a un Arias de Maldonado) y de manera permanente amago la villa de
Guamanga y otros lugares. En esta campaña guerrillera las zonas más afectadas
fueron Ongoy, Oco-bamba , Guamanga, Cotomarca, Andaguaylas, Huraguasi,
Limatambo y Sacsa Wana o Xaquixaguana, de cuyo pueblo el Inka liberó a más de
“doscientas personas con sus mujeres e hijos” sin que los “españoles fueran parte
para ellos” y destruyó a la vez los cocales del valle Amaybamba causando
estragos en sus propiedades.33 Las incursiones guerrilleras a Guamanga están
confirmadas por el libro de Cabildos de esta villa. En este libro se dice, que
el teniente gobernador Basco de Guevara salió a combatir al Inka en 1541 y que
los vecinos se quejaban por que no les dejaban en paz y que los acosaba
permanentemente “por veinte mil partes”. Fueron así tan intensos los ataques al
valle de Andaguaylas y las comarcas de Guamanga que Pizarro alarmado autorizó a
Vasco de Guevara a negociar la paz con el Inka y poner atajo a su violenta
acción guerrillera34. En 1541, el Inka se había hecho tan popular y la fama de
sus hazañas guerrilleras se habían extendido por todos los pueblos, que los
españoles resolvieron hacerle la guerra total para acabar con sus aspiraciones
de reconquista. La provisión del 7 de mayo de 1541, dirigida al teniente
gobernador de la Villa Hermosa de Arequipa, ordenándole que reuniera gente y
dinero para combatir al Inka, expresa la profunda preocupación del gobernador
español. En esta provisión se decía: “Por quanto como es público e notorio que
el cazique Mango Inga Yupangue señor natural de estos dichos indios anda alzado
e rebelado de la obediencia de su magestad e servidumbre de los españoles el
qual con sus capitanes e valedores andan haciendo inmensos daños, estragos e
muertes de xipianos e de naturales dysipando muchos pueblos de yndios
alcanzándolos e revelandolos e impidiendo los camynos…convocando a los dichos
naturales e impoyendoles que vienen otras nuevas alteraciones e malos
propósitos absolvéndoles del servicio de encomiendas…e los dichos sus capitanes
e valedores andan cerca de la villa de San Juan de Ffrontera e se dice que
vienen sobre ella a la facer guerra e así mismo soy ynformado que vino el Cusco
al repartimiento de Andaguaylas con copia de gente de guerra…dio sobre los
varios españoles que en el dicho repartimiento estavan e los hizo guerra e mato
a varios de ellos e sitio al Cusco… E por que si en ello no se preveyese
remedio cada día yirian los dichos daños en crecimiento y el dicho ynga o sus
valederos cobrarían más anymo para los facer. E porque esperando e deseando
hacer la dicha guerra al dicho ynga yo mandé e hice pregonar primeramente varios
capítulos de cossas que se concedían a todas cualquier personas que quisiese yr
a la dicha guerra e porque viendo que es cossa tan importante… que se haga la
dicha guerra me pareció que porque oviese efecto en que se hiciese este verano
convenía e conviene que se aperciban e junten copia de cien hombres e los que
más haber pudiere los mejores parecieren ser de pie e de caballo los cuales
sean a de dicha villa e cibdad del Cusco villa de San Juan de Frontera esta
cibdad de los Reyes e cibdad de Trujillo e San Miguel e los vezinos y moradores
de las dichas cibdades e villas que han correspondido a cada uno conforme el
provecho de tierra”35
No sabemos si esta villa reunió o no a los cien hombres y los “mil pesos de
buen oro” para combatir al Inka. El asesinato de Pizarro el 26 de junio de este
año, perpetrado por los vengadores de Diego de Almagro cambió de hecho el curso
de los acontecimiéntos bélicos. En efecto, el primer semestre de 1541 fue
intensa la beligerancia, Manko Inka a su sentimiento patriótico, sumó su encono
y afán de vindicta contra Pizarro, No podía olvidar que 1536 mandó matar a Mama
Azarpay una de las hijas más distinguidas de Wayna Qhapaq. Tampoco el cobarde
asesinato de su esposa, la coya Kura Oqllo en noviembre de 1539,la quema de sus
capitanes, la mutilación de sus soldados y de las mujeres warmiauka o guerreras
entre 1536 y 1537; más aún, la quema y el ahogamiento de los más preclaros
hombres- del Tawantisuyo: Wila Oma, Titu Yupanqui , Qori Atao, Oskoq, Orqo
Waranga, Atoq Suki, Tanki Wallpa , Taype y Tambo , entre muchos más asesinatos
sin proceso y secretamente en el valle de Yucay en la cuaresma de 1540,
crueldad de los Pizarro que causó escándalo y lástima en los propios
españoles36, Finalmente, el Inka ,recordaba con horror entre otros crímenes,
matanza de niños y mujeres perpetrada por Francisco Chávez , quien ganó el
triste mote de “Herodes Español” .Esta suma de crímenes y atrocidades, hicieron
del apellido Pizarro, el más temible y odioso del Perú. El asesinato de
Francisco Pizarro resultó para el Inka una fecha memorable que marcó el final
de su primer gran enemigo y el inicio de su alianza con al mestizo Almagro el
Mozo. Se dice que el Inka entusiasmado del triunfo alamgrista, suspendió el
ataque a la desguarnecida ciudad del Cusco para ayudar al joven rebelde. En
efecto le dio caballos, armas y coracinas. Incluso se afirma que hubiera
participado personalmente en la batalla de Chupas si su hermano Paullu no se
hubiera comprometido a pelear al lado del mestizo rebelde37. Por esta
circunstancia la derrota de Almagro el Mozo el 16 de setiembre de 1542, en la
batalla de Chupas resultó un grave revés para las expectativas del Inka. Por
aquellos avatares de la historia, el joven Almagro fue apresado cuando se
dirigía a refugiarse a Vilcabamba que luego de un proceso sumario, fue
decapitado en la ciudad de Cusco (Herrera, Dec. VII, lit. III,
cap. VII, p. 33). Mientras
tanto que Manko Inka Yupanki, que había suspendido sus actividades
guerrilleras, se mantuvo a la expectativa de la actuación del licenciado
Cristóbal Vaca de Castro, el nuevo gobernador del Perú.
6°. LAS NEGOCIACIONES DE PAZ DEL GOBIERNO ESPAÑOL CON EL INKA
Terminada la insurrección almagrista, Vaca de Castro se propuso amainar las incursiones guerrilleras de Manko Inka. Disimulando el apoyo que este había dado a la facción de Almagro y cumpliendo las instrucciones reales, inició las negociaciones para traerlo pacíficamente a la “obediencia del rey”. El Inka sin bajar la guardia ni alterar sus planes bélicos, aceptó entablar las negociaciones diplomáticas. Quizás más para ganar tiempo que formalizar un acuerdo con los españoles, considerando que en algún momento los tratos se romperían cuando el no quisiera someterse, ni ellos irse de la tierra. Sin embargo, estos fueron sumamente cordiales. Vaca de Castro entusiasmado por la buena disposición de Manko, escribió al emperador diciéndole: Los “tratos que traigo con el Inga andan con mucho calor…él me envía papagayos y yo a él brocados”, indicándole además que le había mandado tres de sus embajadores para negociar los términos de la paz que le ofrecía el gobierno español38. Estas negociaciones se interrumpieron en los primeros meses de 1544, cuando se supo la próxima llegada del primer Virrey del Perú Blasco Núñez de Vela. Según- se dice- el Inka habría tomado contacto con él para unirse contra los Pizarro, y que estos tratos, se truncaron por el prendimiento y destierro del virrey por la facción pizarrista39. Como se sabe el virrey llegó al Perú para imponer “Las Nuevas leyes” y acabar con el abuso y la insolencia de los encomenderos convertidos en señores de “Horca y cuchillo”. Los encomenderos oponiéndose a su aplicación, eligieron a Gonzalo Pizarro, su “procurador general” para que la defendiera, si fuera necesario por las armas. La intolerancia del Virrey precipitó los hechos y Gonzalo Pizarro se alzó en el Cusco y se marchó a Lima para echarlo del Perú. Mientras tanto Manko Inka aprovechando esta coyuntura, suspendiendo la amenaza a la Villa de San Juan de la Frontera se dirigió a la ciudad del Cusco para atacarla por sorpresa en octubre de este año de 1544, mientras los rebeldes marchaban a Lima por el camino de “Guamanga”40. Después de este intento, que no tuvo efecto, se pierden las huellas de las actividades guerrilleras del Inka, hasta la infausta noticia, de su asesinato por un grupo de españoles refugiados en su residencia de Vitcos.
7°. ASESINATO POLÍTICO DE MANKO INKA YUPANKI EN VITCOS
Aunque todavía son insuficientes los elementos de juicio, para explicar en toda su magnitud, las causas que determinaron el asesinato y los detalles de su muerte. Las nuevas investigaciones históricas dejan en claro que fue víctima de una conspiración pizarrista fraguada por Alonso de Toro- teniente gobernador del Cusco- con los refugiados almagristas, que gozaban de protección y confianza del Inka. Algunas versiones para justificar este crimen y dañar la egregia imagen del Inka, sostienen con algunas variantes que uno de los refugiados fue abofeteado por el Inka – por su discrepancia en el juego – cegado por la ira, lo hirió mortalmente a puñaladas. Para Cieza de León, el Inka fue muerto al tratar de impedir que loa almagristas salieran de Vilcabamba para verse con el Virrey Blasco Nuñez de Vela. Según Porras Barrenechea – iniciador de la historia científica del Perú – la verdad es otra. Manko Inka no fue víctima de una reyerta ocasional, sino, de una conspiración del bando Pizarrista con los refugiados almagristas , que vivían en la corte Inka. Porras al comentar el “Fragmento Histórico” – recogido por el cronista Montesinos -, dice que el plan del crimen fue negociado por Alonso de Toro – teniente de Gonzalo Pizarro en el Cusco -, con el grupo almagrista, con la promesa de perdonarles la vida si mataban al Inka41, para cultivar sus cocales del valle de Amaybamba y de paso, acabar con la resistencia Inka de Vilcabamba. La perspicaz intuición del historiador peruano está confirmada por la reciente publicación de Juan Betanzos, quien por ser marido de Cusi Rimay , mujer de linaje de los incas, tuvo información directa y segura de la conspiración para asesinar al Inka. A su vez, ratifica el fondo de la versión de Titu Kusi Yupanki, testigo presencial de este crimen político. Según Betanzos: “Llegó del Cusco allí a ellos un mestizo el cual vino de allí en son de que venía huyendo de los cristianos del Cuzco a servir a Mango Ynga y traía una carta de no se quién del Cuzco y dióla secretamente a Diego Méndez por lo cual la carta le enviaban decir lo que bien le estuvo a quien le enviaba y el Ynga como viese al mestizo venir desarrapado mandolé vestir de terciopelo…y como el mestizo se viese a solas con el Diego Méndez díjole de palabra lo que pasaba y el Diego Méndez en aquella sazón tenía una negra la cual la negra había oido lo que el mestizo decía a su amo y vióle la carta en las manos y el Diego Méndez juntóse con Gómes Pérez y con los demás españoles y díjoles lo que la carta decía y Lo que el mestizo le había dicho y ordenado de matar al Ynga y mandaron hacer muchos bollos para llevar de comer… lo cual sabido por los principales fuéronselo a decir al Ynga”. El cronista dice que el Inka, no les creyó pensando que eran intrigas, y con esta confianza los españoles siguieron con sus planes para asesinarlo. En connivencia con ellos, el mestizo traidor informó al Inka que Gonzalo Pizarro con toda su gente de guerra, habían salido a Lima y que Alonso de toro, su teniente gobernador, estaba en el Cusco con solamente 58 hombres , descuidado, sin “caballos ni cabalgaduras”, para consumar su crimen , invitaron al Inka a jugar con ellos y como éste no quisiera, pusieron que “juzgase los tiros”. Refiere, que en este momento llegó un mensajero de Puma Supa y que cuando lo estaba atendiendo , importunándolos para que les “fuese a juzgar cierto tiro y reyerta que tenían” le dieron: “Un rempujón en su muslo y volvió el Ynga el rostro a Gómez Pérez que se lo había dado díjole enojadamente al Gómez Pérez que esperase a que despachase aquel mensajero y que acabaría y vería lo que decía y con esto torno el Ynga a volver la cabeza sombre el hombre a hablar con el mensajero y como esta vez postrera volviese la cabeza allegándose allí todos los españoles y Gómez Pérez saco su daga y diole al Ynga una puñalada en los pechos y el Ynga como le diese aquella puñalada levatóse en pie y arrojóle la manta a los ojos el Gómez Pérez tornole a dar otra puñalada y acertóle por parte que cayó el Ynga y los dos señores que estaban con él levantáronse en pie y arrojaron las mantas a los españoles y los españoles saltaron con ellos y sus dagas matarónlos la mujer del Ynga como viese lo que pasaba dio gritos y como los españoles hubiesen hecho esto dijeron a uno de ellos que acabase de matar al Ynga que aún resoplaba y ellos fueron corriendo a la casa de armas y como quedase aquel español acabando de matar al Ynga y a la mujer diese voces vinieron allí los flecheros y Timbayci el capitán con ellos y como viesen a aquel que estaba matándo al Ynga fueron a él todos y matáronle a flechazos allí” (cap. XXXII; 303 ss.). Los demás asesinos, sorprendidos por la gente del capitán Timbayci, sin poder escapar, fueron muertos y al que huyó también, en los glaciares de la cordillera. Años después – en mayo de 1565- cuando D. Rodriguez de Figueroa pasó por Vitcos dice que vio siete calaveras de los asesinos que habían matado a Manko Inka Yupanki. Es difícil precisar la fecha del asesinato político. Es posible que este ocurriera a fines de 1544, o más propiamente en enero de 1545, fecha en que Alonso de Toro ya ejercía el cargo de teniente gobernador del Cusco.Por otras referencias se sabe que en este año, el Inka se dice que ordenó favorecer al realista Diego Centeno y Que habría remitido instrucciones a los “araucanos” para que lucharan contra Pedro de Valdivia que Peleaba en Chile42. En cuanto a los detalles y aciaga circunstancias que rodearon la trágica muerte del Inka,desechando las versiones españolas y las de Garcilazo de la Vega. Reproducimos el testimonio de Titu Kusi Yupanki, hijo mayor del Inka quien estuvo presente en el escenario del crimen, en el momento que los conjurados atacaron a mansalva a su confiado y desprevenido padre, en el refiere que lo hirieron cuando intentó defenderlo y lo hubieran muerto, si no se escondieran entre las arboledas de la residencia de Vitcos. Titu Kusi Yupanki, al relatarnos esta trágedia,dice: Estauando un día con mucho regocijo jugando herrón solos mi padre y ellos y yo, que entonces era mochacho,sin pensar mi padre cosa ninguna ni haber dada crédito a vna india de vno dellos, llamada Bauba, que le auían dicho muchos días antes que le querían matar aquellos españoles. Sin ninguna sospecha déstos ni de otra cosa se holgaua con ellos como antes; y en este juego, como antes; y en este juego, como esta dicho yendo el dicho mi padre a levantar el herrón para hauer de jugar, descargaron todos sobre él con puñales y cuchillos y algunas espadas; y mi padre como se sintió herido, con la rabia de la muerte, procuraba deffenderse de vna parte y de otra; más como era solo y ellos siete, y mi padre no tenía arma ninguna, al fin lo derrocaron al suelo con muchas heridas, le dejaron muerto. Y yo era pequeño y vi a mi padre tratar de aquella manera, quise ir allá a guarecerle; y volviendose contra mí muy enojados, arrojándome un bote de lanza con la misma lanza mi padre, que a la sazón allí estaua, que erraron poco que no me mataron a mí también. E yo de miedo, como espantado de aquello huíme vnos montes auajo , porque avnque me buscasen no me pudiesen hallar y ellos, dexaron a mi padre ya para expirar, salieron por la puerta con mucho como regocijo diciendo: Ya hemos muerto al Inga, no hayáis miedo. Y vnos andes a la sazón llegaron, y el capitán Rimache Yupanki, les pararon luego de tal suerte, que antes que pudiesen huir mucho trecho, a vnos tomaron el camino mal de su grado, derrocándolos de sus caballos abajo, y trayéndolos por la fuerza…”43. Añade Titu Kusi Yupanki, que su padre sobrevivió a las heridas por algunos días y que antes de expirara, le dijo: “No consientas que los españoles que entren en tu tierra aunque más te conviden con palabras, porque sus palabras melosas me engañaron a mí y ansí harán a ti, si los crees”, y con gran sentimiento le recomendó que tratase con amor y justicia al pueblo que lo había acompañado asta allí, dejando sus tierras y naturaleza44. Aunque generalmente se cree que el Inka dejó tres hijos varones menores de edad. Según algunos documentos, fueron cinco: Titu Kusi Yupanki, Sayri Thupa, Qhapaq Yupanki, Thupa Wallpa y Thupa Amaro45, sin que se pueda establecer con seguridad la edad de Thupa Amaro. La muerte de Manko Inka Yupanki, - en las circunstancias políticas indicadas – constituyó un a irreparable pérdida para el futuro éxito de la guerra de reconquista. Si bien su falta no amainó la guerra contra los españoles, de todos modos su inesperada muerte desvió el curso de la historia del Perú.
8°. NUEVAS NEGOCIACIONES ESPAÑOLAS CON LA CORTE DE VILCABAMBA 1548- 1557
a. Del Presidente Gasca Atoq Supa y no Kayu Thupa- como se afirma-, quedó como regente de Vilcabamba hasta que el sucesor del Inka tuviera edad para gobernar este último reducto del Tawantinsuyo46. Mientras tanto, la corte de Vilcabamba, se sobrepuso al desastre histórico que significó la muerte de Manko Inka y mantuvo los objetivos básicos e su política: Continuar la lucha con la táctica de “guerra de guerrillas”, atacando principalmente las comarcas vecinas a los ríos Apurimac y Willkamayo (Urubamba) esperando el resultado de la rebelión de los encomenderos. El 9 de abril de 1548, la gloria efímera y la arrogancia de Gonzalo Pizarro, acabaron con su humilde rendición en los llanos de Xaquixaguana. Así termino la vida de este último de los Pizarro, sentenciado a morir decapitado por el mariscal Alonso de Alvarado, el mejor amigo de esta familia. Desecho el poder de los encomenderos y restablecida la autoridad real, el presidente Gasca decidió poner atajo a las guerrillas Incas dirigidas por el casi adolescente Sayri Thupa contra el Cusco Y Guamanga. Proponiéndose por disuasión o maña acabar con la resistencia Inka de Vilcabamba, usando el doble juego: la amenaza y la dádiva. Con este fin, encomendó a Paullu y Kayu Thupa para que de alguna manera persuadiera a Sayri Thupa- que lo presumió heredero de Manko Inka47, para que dejase el retiro de Vilcabamba y fuese a vivir a la ciudad del Cusco. La corte de Vilcabamba, evitando los riesgos de una negativa, aceptó a seguir el juego político del astuto licenciado y convino entablar las negociaciones diplomáticas. Gasca, envanecido por esta condescendencia y todavía con los humos de la victoria sobre el mando pizarrista, envió al interprete Martinillo de Poechos para que en su nombre tratase con Puma Supa- “ayo” de Sayri Thupa- la salida de ese príncipe por la advertencia presuntuosa, que si no salía “por bien, sería forzado a venir por la fuerza ”.48 La insolencia del licenciado no resultó. En carta al emperador- del 17 de julio de 1549- lamentaba su poca ventura y para encubrir su fracaso49 le avisaba que Paullu camino a Vilcabamba, había caído enfermo y muerto después en la ciudad del Cusco en la primera quincena de julio de este año de 154950. b. Del virrey Marqués de Cañete y su fiasco diplomático Después que el licenciado Gasca viajara a España en 1550, las negociaciones con Vilcabamba, que se habían interrumpido primero por la muerte del Virrey Antonio de Mendoza en junio de 1552 y después, por el alzamiento de Francisco Hernández Girón en noviembre de 1553. El nuevo Virrey Marqués de Cañete, cumpliendo la R. C. Del 10 de mayo de 155, en julio del año siguiente reinició las negociaciones con Vilcabamba. Según este virrey, para acabar con aquella “ladronera” y sacar a Sayri Thupa pacíficamente o por la fuerza de las armas, convencido de que, mientras los incas siguieran en este reducto del Tawantinsuyo, la conquista del perú no había terminado. La causa inmediata se presento cuando supo que el joven Sayri Thupa, seguía dirigiendo la guerra con los encomenderos de las márgenes de los ríos Apurimac y Willkamayo. El virrey para poner término a estos ataques, envió a Vilcabamba una comisión integrada por el corregidor del Cusco Juan Bautista Muñoz, el dominico Melchor de los Reyes, Juan Betanzos (casado con doña Angelina hija de Wayna Qhapaq) y el mestizo Juan Sierra Leguísamo (hijo del español del mismo nombre) en Beatriz Yupanki(hija también de Wayna Qhapaq). Esta comisión al no tener permiso para entrar en Vilcabamba por el paso del río Apurimac, tuvo que dar la vuelta y penetrar por el territorio Inka por el puente de Chukichaka. La comisión oficial tuvo cierto éxito, el gobierno de Vilcabamba considerando las propuestas españolas, aceptó tratarlas directamente con el virrey, para cuyo efecto dispuso que sus embajadores: Qori Paukar, Sutiq y Yauri fueran a la ciudad de Lima con los comisionados del citado virrey. Por su parte Titu Kusi Yupanki da la siguiente versión de los objetivos de esta comisión, diciendo que: “En el tiempo que ffue virrey de estos reinos del Perú el marqués de Cañete, me enuió a esta tierra donde yo estoy un padre de la Orden de santo domingo para que tratáse conmigo de estarme allá fuera del Cusco, diciendo que el señor visorrey tenía mandato del emperador don Carlos para que saliéndo yo allá ffuera y queriendo ser cristiano, me daría de comer, confforme a mi calidad e yo, acordádose del tratamiento que los españoles habían hecho a mi padre estando en el Cusco en su compañía… no quise entonces dar consentimiento, que el padre fray Melchor de los Reyes me solicitaba”51. Añade que para tratar este asunto envió a Lima “ciertos capitanes” para que se informaran de la “certinidad del negocio” que le proponía el virrey, con la advertencia de que si convenía, enviaría “en su lugar” a uno de sus hermanos para que “experimentase la vivienda de los españoles”. De esta manera Titu Kusi Yupanki, con su acción guerrillera, impuso condiciones al Marqués de Cañete para el mejor trato a favor de su hermano, el príncipe Sayri Thupa. Según la versión del cronista Diego Fernández los embajadores incas, estuvieron en Lima 8 días, durante los cuales: “Se vieron muchas veces con el virrey y sobre dar corte en las mercedes y cosas que el Inga se habían de dar para salir de paz y dar la obediencia al rey. El virrey los consultó con los obispos y oidores, y acordó darle para sus gastos (que como señor pudiese sustenta) diez y siete mil castellanos de renta para él y sus hijos, con encomienda de los indios del repartimiento de Francisco Hernández con el valle de Yucay (yndios del repartimiento de Francisco Pizarro, hijo del marqués) y más unas tierras encima de la fortaleza del Cusco para hacer su morada y casa de sus indios”. Hecho este acuerdo, los embajadores incas y Juan Sierra regresaron a Vilcabamba con la provisión del Virrey, que daba el plazo de 6 meses para que Sayri Thupa saliese de esta ciudad y fuera a vivir al Cusco, contados a partir del 5 de julio de 155752. Los términos de esta provisión virreinal eran tan claros, que implicaba de facto un ultimátum político. La corte de Vilcabamba sin otra alternativa, autorizó la salida de Sayri Thupa para no confrontar los riesgos de una guerra que no tenían posibilidades de éxito militar. Diego Fernández dice que cuando los embajadores incas regresaron a Vilcabamba, con el ultimátum del virrey, Sayri Thupa ya había recibido la borla o mascaypacha y estaba dispuesto a viajar a la ciudad de Lima y que justificando su decisión había manifestado a su pueblo: que él salía no por “miedo” al virrey, sino acatando la “voluntad de sus guacas”. Verdad o no el texto de esta versión, el 7 de octubre de 1557 antes de vencerse el plazo dado por el virrey, Sayri Thupa dejó la tierra de Vilcabamba con los capitanes que le habían seguido en sus hazañas guerrilleras53 y una escolta de “Trescientos” soldados. Se dice que el joven príncipe, a lo largo del camino, fue recibiendo el conmovido homenaje de los pueblos que le vieron pasar con una profunda nostalgia, como el crepúsculo de la historia del Tawantinsuyo. El 7 de enero de 1558 llegó a Lima y fue percibido personal y “amorosamente” por el virrey quien lo hospedó en su palacio54. El 12 de este mismo mes, le entregó el último título de “adelantado” con el nombre de “Sayri Topa Mango Cápac Yupangui” y los documentos que le otorgaba el dominico del valle de Yucay, y otras tierras en el Cusco. (RHC., IV, p. 223). El entusiasmo del virrey , se disipo un año después cuando supo por carta de Titu Kusi Yupanki de el 20 de junio de 1559, que Sayri Thupa no era Inka, sino su hermano Thupa amaro por legitima sucesión de su padre Manko Inka. La carta decía: “Ya vuestra merced es informado en la cuidad, que el Ynga mi señor y hermano Topa Amaro es el Ynga recta y verdaderamente por directa línea según nuestro padre y señor Mago Ynga Yupangui, lo dejó ordenado y mandado, y que Sayri Topa nuestro hermano, fue elegido entre nosotros, por lugarteniente para que la gente de guerra tuviese atención a que había señor que lo gobernase hasta tanto que el Ynga mi señor y hermano tuviese algún entendimiento de razón para podernos gobernar”55. La sorpresa e indignación debió de ser grande al constatar su fiasco diplomático y como los otros hijos del Inka asesinado, seguían altivos y desafiantes en el reducto de Vilcabamba. No se conoce lo ocurrido después, no las medidas adoptadas frente a los jóvenes incas de Vilcabamba. A comienzos de 1561, murió el virrey, al parecer envenenado, y a mediados del mismo año, el príncipe Sayri Thupa – según el rumor general- también fue envenenado por el cañari Francisco Chillche, incondicional servidor de los españoles. Aunque no se le pudo probar que fuera el autor del crimen, sin embargo, su viuda doña María Kusi Warkay siempre esta segura de que su esposo Sayri Thupa fue muerta por una ponzoña que le dieron. Ahora bien ¿Sayri Thupa, fue realmente el sucesor de Manko Inka Yupanki?. Según la documentación que hemos compulsado, podríamos decir que no. Los testigos que en la probanza de Diego Rodríguez de Figueroa hecha en el pueblo de Carco en julio de 1567, dijeron unánimemente que Sayri Thupa no fue sucesor de Manko Inka. Según el cronista Pedro Sarmiento Gamboa (1965, p. 276) y el segundo marido de doña María Kusi Warkay, Thupa Amaro fue el legítimo sucesor del Inka asesinado. De lo expuesto resulta enteramente cuestionable, la documentación oficial del virrey Marqués de Cañete y la preparada por el capitán Martín García de Loyola para probar con testigos complacientes, que Sayri Thupa- padre de su mujer doña Beatriz- fue el sucesor del gobierno de Vilcabamba. Loyola alegaba que Sayri Thupa fue hijo mayor y legítimo de Manko Inka y que por la presunta voluntad de su abuela Thupa Inka, lo llamaron desde su infancia “Wayna Inga” (Inka mozo) y que muerto Manko Inka, le dieron la borla y lo reconocieron como Inka. Esta afirmación contradice el texto oficial del Crónica Fernández, según la cual o Sayri Thupa, le impusieron la borla o mascaypacha en setiembre 1557 y no antes. Por otra parte, si se acepta la versión de Titu Kusi Yupanki que Sayri Thupa fue a vivir al Cusco, aparecería en los anales de la historia del Perú como el príncipe que para salvar a Vilcabamba de la amenaza de una guerra , simuló el cargo de Inka para vivir en el valle de Yucay, la llave maestra y estratégicas de las comunicaciones patriotas del Cusco con Vilcabamba.
9°. LA GRAN CONSPIRACIÓN MILITAR Y RELIGIOSA INKA EN LA DÉCADA DE 1560- 1570 Y LAS PROPUESTAS DE PAZ DEL GOBIERNO ESPAÑOL
Según la documentación coetánea, los
incas desde los inicios de esta década o antes, habían comenzado a organizar a
escala nacional un gran alzamiento militar y religioso para culminar la guerra
de reconquista del Perú. Los testimonios españoles afirman que en 1562, Thupa
Amaru y Titu Kusi Yupanki, muerto Sayri Thupa reiniciaron las campañas
guerrilleras y saliendo a los caminos y asaltando las encomiendas españolas
vecinas a los ríos Apurimac y Willkamayo (Urubamba), particularmente
incursionando a las localidades de Amaybamba y Pichu. En 1561 el conde de Nieva
sucesor del Marqués de Cañete, reaccionando más políticamente que militarmente
y ciñéndose a la consigna real de procurar la paz con el Inka, prefirió amainar
las guerrillas por la vía diplomática. Con este propósito ordenó al corregidor
del Cusco, Gregorio González de cuenca para que de inmediato propusiera a los
jóvenes incas, que dejasen su beligerancia y salieran pacíficamente de
Vilcabamba. La gestión fracasó y los incas con mayor altivez, intensificaron
sus incursiones guerrilleras, para recordar al gobierno español, que la guerra
de reconquista continuaba con el apoyo de los pueblos desengañados y cansados
de su prepotencia y tiranía. Como se constatará después, estas incursiones, al
parecer, formaron parte un plan de insurrección general del Perú, que se hizo
para distraer la atención de las autoridades coloniales y encubrir la
conspiración militar y religiosa que se urdía desde Quito hasta Charcas, bajo
la dirección del gobierno de Vilcabamba.
Parte de este plan fue descubierto fortuitamente a fines de 1564, y causo
profundo estupor en el gobierno colonial, como aparece en la carta del
gobernador Lope García de castro dirigida al cabildo de Cusco el 23 de marzo de
1565. En esta le informaba que por infidencia de un Kuraka del valle de Jauja,
supo también que otros de este valle, con los de Guamanga y Huánuco, habían
fabricado más de 3,000 mil lanzas y juntado gran números de armas para alzarse
contra los españoles advirtiéndole que: “Tengan entendido - que los pueblos- andaban
desvercasados para levantarse contra nosotros y lo que ha parecido ansy por la
información que aquel se ha hecho como por la que hize en Xauxa y Guánuco y
Guamanga y otra que se envió a Cañete, que ellos azer tenían concretado de
alzarse todos en un día y que el ynga salía afavorecerles y matar todos los
españoles que hallasen apartados en sus grajerías y en pueblos pequeños y en
esto y estan considerados todos los caziques de los Charcas hasta Quito y que
para esto tenían enviados muchos mensajeros los unos a los otros y que juntaron
muchas armas y caballos y tenían repartidos en el pueblo de xauxa por sus
ayllus más de tres mil picas y auian retirado sus ganados a las sierras y los
depósitos de los bastimentos que tenían no lo auian querido dexar repartir
entre los pobres como solían diciendo que era menester para cierta cosa…” Otra
carta de Gaspar de Sotelo- vecino de Guamanga- fechada el 244 del mismo mes de
marzo, avisaba también al cabildo cusqueño que esta conspiración tenía
vinculación con el gobierno de Vilcabamba y que el Inka saldría con ellos
después recogidas las cosechas, para atacar a la vez las poblaciones de
“Guamanga, Guánuco y Chachapoyas” y después marchar con todo su poder, sobre la
ciudad del Cusco65. En 1565, estos hechos conmovieron, desde sus cimientos al
gobierno colonial del licenciado Lope García de castro. Las denuncias sobre un
movimiento ideológico anticristiano, eran evidentes. Con la propaganda que las
“guacas” vencidas en Cajamarca (en 1532) habían “resucitado” y que las iglesias
andinas estaban unidas para luchar contra los españoles y sus deidades, y
logrando que muchos apostaran a la fe cristiana. La reacción del clero fue
rápida y resuelta con el apoyo político del gobierno colonial. En Huánuco de
apresó al Cunaq (predicador) Chanka Willka, que anunciaba públicamente la
resurrección de “Pachacamac”. En este mismo año el clérigo Luis Olvera denunció
que en la provincia de Parinacochas se había propagado una – “yerronía e
idolatría” que anunciaba la resurrección de las huacas: “Tiahuanaco, Guanakauri
y Pachacamac”. Que este movimiento que tenia los caracteres de una cruzada o
guerra santa andina se aprestaban a luchar contra la religión cristiana,
ganando prosélitos mediante danzas ceremoniales- que por sus parecidos por los
ritos para curar la enfermedad “Takiy Onqoy”- le llamaron con ese nombre 66. El
canónigo Cristóbal de Albornoz- nombrado por el cabildo eclesiástico del Cusco-
para combatir a esta “nueva secta” o “nueva apostasía” en el Cusco, Arequipa y
Guamanga, culpó a los Incas de Vilcabamba alentar a este movimiento y de
haberlo “sembrado en todo el reino” desde 1560, y que lo más “manchado” de esta
“nueva apostasía” estaba entre los pueblos del Cusco como parte de los planes
de reconquista de Thupa Amaro y Titu Kusi Yupanki. El canónigo Albornoz,
sosteniendo su opinión dice que: “Estos ingas siempre desearon volver a
recuperar estos reinos por los medios posibles, y lo han intentado y, no
hallando otro de más comodidad que su religión resucitar su predicación, procuraron
indios ladinos criados entre nosotros y los metieron allá dentro con dádivas y
promesas E a éstos los derramaron por todas las provincias del Pirú como un
modo y predicación rogando y exhortando a todos los que le eran fieles a su
señor que creyesen que las guacas bolvían ya sobre sí y llevavan de vencida al
Dios de los cristianos, que hiciezen el deber e que sacasen a su señor natural de las montañas donde
estaba desterrado. Y tratavan del mucho valor que Topa Amaro tenía e de cómo
los honraría, defendería y ampararía e que creyesen e que las guacas estavan
dexenojadas e que cada día enbiavan sus mensajes a su señor Inga”67. El
gobierno colonial, dándose cuenta de la gravedad de la amenaza Inka, con
habilidad y fanatismo religioso, desde 1565 trató de conjurar el peligro por
disuasión militar y la vía ideológica con el apoyo de los llamados
“extirpadores de idolatrías” para reprimir en cada pueblo a los kunaq o
predicadores incas que habían sido adoctrinados en Vilcabamba. Titu Kusi
Yupanki, al conocer que la conspiración nacionalista había sido descubierta y
que se culpaba a su gobierno de dirigir este movimiento y que el gobernador
Castro estaba haciendo gente en Guamanga y en el Cusco, para hacerle la guerra
y poner coto a este movimiento anticristiano. El Inka, para disipar los planes
del gobernador, no obstante ser “pontífice del sol”-, acudió al ardid de
hacerse cristiano y con este propósito, escribió a los frailes del Cusco,
avisándoles que tenía la voluntad de bautizarse. Castro, más interesado en una
solución pacífica que en una acción militar68 cayó en el juego del Inka y
suspendiendo los preparativos bélicos, dispuso que Diego Rodríguez de Figueroa
fuese a Vilcabamba a negociar la “paz perpetua” con el Inka. El meollo de esta
condición, era que Titu Kusi Yupanki saliera del refugio de Vilcabamba para
residir en el Cusco o Guamanga a cambio de recibir una renta anual y que su
hijo Quispe Titu se casara con su acaudalada prima Beatriz, hija de Sayri Thupa
en la princesa Kusi Warkay. Esta era la situación del gobierno colonial en los
primeros mese de 1565, ante la presión guerrillera de los incas y la
conspiración de las iglesias andinas contra la ideología cristiana. Luis
Millones, Tom Zuidema y Nathan Wachtel entre otros investigadores, han estudiado
este movimiento dándole un cariz de una especie de mesianismo andino y con
amplia erudición y acopio documental Pierre Duviols en su libro “La destrucción
de las religiones andinas” (México. 1977). a. La misión diplomática española a
la corte de Vilcabamba Fracasadas las negociaciones iniciadas por García melo,
el gobernador Lope García de castro, encargo a Diego Rodríguez de Figueroa,
hombre ladino en asuntos políticos, negociar la paz directamente con Titu Kusi
Yupanki para que viviese pacíficamente en el Cusco o Huamanga con rentas y
privilegios compatibles con su regia dignidad. Diego Rodríguez de Figueroa,
partió al Cusco el 8 de abril de 1565 y por el difícil camino del valle de
Amaybamba, llegó el 18 del mismo mes al paso de Chukichaka. Luego de varios
días de tensa espera, recibida la autorización del Inka, cruzó el río
Willkamayo (Urubamba) en un canasto, por una “oroya” (soga tendida a través del
río) improvisada. Así comenzó su aventura en la tierra Inka o “tierra de
guerra”. Diego Rodríguez de Figueroa, en la “Relación…” que escribió sobre este
viaje . Al relatar los detalles de su itinerario desde el puente de Chukichaka
hasta el pueblo de Pampakona, en el páramo de Vilcabamba, cuenta que camino con
mucho miedo, por que los capitanes del Inka mirándolo con desconfianza les
ponían dificultades para evitar que entrase en la tierra. Añade que sin
embargo, armándose de coraje, por un “ruin” y “mal camino” llegó al pueblo de
Lucma y siguió después al de “Arangalla”, situado junto a un nevado y un fuerte
“muy grande”. De este pueblo camino a Pampakona- dice que vio- en Vitcos las
calaveras de los asesinos de Manko Inka y que llegó a Pampakona el 13 de mayo
para esperar al Inka69. En el relate patético de esta entrevista, da una clara
idea de la situación de Titu Kusi Yupanki en el refugio de Vilcabamba, de sus
dudas, suspicacias y vacilaciones. Según Diego Rodríguez de Figueroa, el Inka aparentaba entonces tener 40 años de edad.
Era de mediana estatura, tenía el rostro moreno picado de viruelas con “jesto
algo severo” y que cuando se presentó a Pampakona estaba atabiado: “Con una
carocinas de plumas de muchos colores y con una patena de plata delante de los
pechos (purapura) e vna rodela de oro en sus manos (Wallkanqa) e vna media
lanza con el hierro e vnas cintas que volteaban la lanza, e vnos garabatos, e
todo de oro (Llacsa chuki). Traía vnos cenojilles de plumas en las pantorrillas
y en los tovillos, colgado de ellos vnos cascabeles de palo (chanrara). Traía
en la cabeza un diadema de muchas plumas (pillkokara) asimesmo en el pescuezo
otra (Wallkanga Kamentira). Traía vn puñal dorado en la mano de la rodela de
Castilla, y venía enmascarado de vn mandul (freziera Chysphyla) colorado que
ellos se ponen e á cabos morados de diferentes colores”. Así vio el comisionado
español al Inka, sin mascapaycha y como un espectro doloroso de su pasado
esplendor. Sus modestos arreos, con influencia selvática, al igual que de sus
capitanes, ponían en evidencia las limitaciones que sufría en las ásperas
montañas de Vilcabamba. La entrevista fue accidentada y tensa por la mutua
desconfianza que había entre ellos. Diego Rodríguez de Figueroa, resuelto a
persuadir al Inka para que se entrevistara con el oidor Juan de Matienzo,
soportó con paciencia y miedo las burlas y bravatas de Titu Kusi Yupanki y de
sus capitanes. El comisionado español, refiriendo algunos detalles de esta
entrevista, dice que: “El Ynga me enbio a llamar sobre tarde, e fui contra mi
voluntad. E luego me mando sentar, y empezo a decir decir cosas muy brabas,
diziendo que auían de matar a todos cuantos españoles, que avian en todo este
reino, e que él solo bastava, para matar cincuenta españoles. E tomo una
lancilla, que tenía en las manos, e vna rodela, e empezo hazer del valiente,
edixo luego a grandes voces: ¡vayan luego y traiganme a esa gente que estaai
detrás dese cerro Andes; que yo quiero ir sobre los españoles , e todos los que
mataré, quiero que estos los coman!. E luego que hay un poquito vinieron como
hasta seiscientos o setecientos yndios Andes, todos con sus arcos y flechas e
masas e hachas, y entraron por su orden y hizieron reverencia al sol e al Inga,
e se pusieron en sus lugares. El boluio a blandear la lanza, e dixo que en su
mano estaba alzarse todos los yndios del Pirú, e que en su mano estava para
mandárselo, para que luego lo hiciesen. e luego vinieron todos aquellos Andes a
ofrecerse al Ynga, e que si quería, que luego me comerían allí crudo e
diziéndoles: ¿Qué hace con este barbudillo aquí, que te quiere engañar?, más
vale que lo comamos luego. E luego vinieron dos orejones yngas de rrenegados
con dos lanzas en las manos derechos hacia mí, tirándome botes y arrimándome el
hierro en las costillas, diziendo: ¡a barbudos nuestros enemigos!. E yo a todo
esto me reía, a por otra parte me encomendaua a dios. E le dixe al Ynga que me
hiziese merced, que quería ir a proveerme; y asi me escabulle… y me escondí
hasta la mañana”70. Pasadas estas demostraciones del Inka ante sus capitanes,
comprendió que él no tenía otra alternativa que tratar con los españoles para
salvar a Vilcabamba de la guerra, mas cuando le avisaron, que los kurakas de
Jauja comprometidos para el alzamiento general estaban presos y que el
gobernador Castro, hacía gente en Huamanga y en el Cusco para invadir a
Vilcabamba. Ante estos hechos Titu Kusi Yupanki, aceptó al final entrevistarse
con el oidor Matienzo; en el puente de Chukichaka. d. La entrevista de
Chukichaka
Esta se realizó el 18 de junio de 1565, en el puente de Chukichaka, - sobre el
río Willkamayo- construido para el encuentro del Inka con el oidor Matienzo. Al
comienzo hubo vacilación por la mutua desconfianza de caer en alguna celada. El
oidor se negó a cruzar el puente alegando que “estaba bellaca” y estar
adolorido de una caída de caballo. Titu Kusi Yupanki dándole ejemplo de valor
lo cruzó para verse con él. En la crónica que el oidor escribió sobre esta
entrevista, refiere que estuvieron presentes, el capitán general Mayta Yupanki,
los cuales le entregaron dos memoriales (L. Lohman RMP. XXIII, p. 11). En el
primero, el Inka justificaba las causas que motivaron el retiro de su padre
Manko Inka a las montañas de Vilcabamba, en el segundo indicaba las condiciones
para que él y sus capitanes salieran de este refugio. Durante la entrevista,
Titu Kusi Yupanki pidió su reconocimiento oficial de Inka con derechos
sucesorio y después el matrimonio de su hijo Quispe Tito con su prima, la
princesa Beatriz del río Apurimac y derecha del río Willkamayo, con la
autorización para hacer pueblos en el valle de Amaybamba y en Pichu encomienda
de un Arias Maldonado, y además otras demandas, con el argumento que lo que
pedía era lo suyo, lo que los españoles le habían robado a su padre71.
Matienzo, simulando regatear las pretensiones del Inka, aceptó las propuestas o
condición que saliese de Vilcabamba y recibiera un corregidor español en su
tierra y religiosos que catequizaran a su gente, hasta que las negociaciones
fueran aprobadas por el rey. Si bien Titu Kusi Yupanki, creyó haber hecho un
buen negocio político, la verdad es que el oidor Matienzo con gran habilidad
había logrado su propósito, meter en Vilcabamba un caballo de Troya que
significaba la presencia del corregidor y de los frailes, para que directamente
espiaran el poder bélico de Vilcabamba. Así ocurrió. Como se vera después el
gobierno español constató que Titu Kusi Yupanki, no tenía más defensa que 500
soldados, los glaciares de la cordillera y los caudales de los ríos Apurimac y
Willkamayo. e. La Capitulación de Acobamba: Convenio de “Paz Perpetua” entre
Inkas y Españoles Este documento se firmó a la vera del río Acobamba- que forma
el valle del mismo nombre- el 24 de agosto de 1566. La capitulación que la
llamamos de Acobamba – no obstante sus términos- no significó la claudicación
de Titu Kusi Yupanki ni la abdicación a sus derechos reales, sino otro capítulo
más de su hábil juego político para conseguir con firmeza y solercia, la
supervivencia oficial del linaje incaico y del territorio de Vilcabamba, el
último reducto del Tawantinsuyo72. Por esta capitulación, Titu Kusi Yupanki
consiguió además de su reconocimiento oficial de Inka con derecho sucesorio:
a). La posesión definitiva de los pueblos que formaban parte del territorio de
Vilcabamba y mantener jurisdicción sobre las provincias de: “Auancay”, “Sicuane”,
“Chacumanchay”, “Nigrias”, “Opatari”, “Paucarmayo”, “Pilcosuani”, “Guarampay”,
“Peati”, “Chirinaua” y “Chiponaua”, además sobre las provincias de “Vitcos”,
“Manari” y “Guarampay” o “Guaranico”73, y en los pueblos de cachora y Zonora,
en las vecindades del Cusco. b). La autorización para casar a su hijo Quispe
Tito con la princesa Beatriz, hija de Sayri Thupa, para tener derecho a los
repartimientos de Yucay, Jaquijaguana, Gualaquipa y Pukara, en los términos del
Cusco. c). Una renta de 5,000 pesos anuales por “todos los días de su vida” y
que a su muerte lo gozaran sus descendientes en vía de mayorazgo. d). La facultad para retener la gente de los repartimientos vecinos de Guamanga
y Cusco que había liberado en sus incursione guerrilleras74 y después la autorización
para hacer dos pueblos en Amaybamba y poblar Pichu. A cambio de estas
concesiones, Titu Kusi Yupanki se obligó teóricamente: a mantener la “Paz
perpetua” con los españoles y hacerse vasallo del rey, devolver a la justicia
española a los negros, “indios” y españoles que se refugiaban en Vilcabamba,
aceptar un corregidor español- en Vilcabamba y a frailes para que predicaran de
fe cristiana en su tierra etc. Como se constata. Titu Kusi Yupanki con gran
habilidad escamoteó la cláusula que le obligara a salir de Vilcabamba, con la
promesa de ir a vivir a Guamanga o al Cusco después que la capitulación fuera
aprobada. Aunque las bases de esta Capitulación no satisfacieron al gobernador
castro, sin embargo las aceptó por conveniencias políticas siguiendo la
consigna del oidor: de sacar al Inka de Vilcabamba a cualquier precio, para que
“andando el tiempo se pudiera hacer de él lo que los españoles quisieran”75.
Sin embargo, obligó a Titu Kusi Yupanki a respetar expresamente los términos de
la Capitulación a nombre de su hijoQuispe Tito76 y sus hermanos Qhapaq Yupanki,
Thupa Wallpa y Thupa amaro, bajo pena de sufrir guerra sin previó aviso y con
cargo a sus rentas y tributos. Además, la obligación de acudir con sus armas al
servicio del rey, cuando lo requiriera a dejar en libertad a la gente que
quisiera salir de Vilcabamba, a no conspirar contra el rey, a garantizar las
funciones del Corregidor, la predicación de los frailes doctrineros y evitar
idolatría y ritos paganos en Vilcabamba etc.77. Con estos términos la
Capitulación de Acobamba fue enviada a la Corte española para su aprobación
real. Aunque es posible que el Inka pensara que esta capitulación no tenía sino
un carácter dilatorio, para dar tiempo que el descontento contra los españoles
se hiciera general. Los hechos posteriores demostraron lo contrario. Fracasada
la conspiración de los Wanca en 1565, neutralizada la guerra anticristiana
(Takiy Onqoy) por los extirpadores de idolatrías y descubierto el plan de
rebelión mestiza en 1567, Titu Kusi Yupanki quedó políticamente solo sin otra
alternativa que simular una actitud exageradamente pacifista y conciliadora.
Lamentando sin duda, que la gente española que había recibido en Vilcabamba,
había puesto al descubierto su debilidad militar, poniéndolo a merced de sus
enemigos78. El virrey Francisco de Toledo, que había llegado al Perú a fines de
156979, pronto se dio cuenta de la situación política de Vilcabamba y
desembozadamente demostró su fobia contra los incas y sin ánimos de cumplir los
términos de la Capitulación de Acobamba, escribió al rey diciéndole: que Titu
Kusi Yupanki, era “hijo ilegítimo”, que no le correspondía el gobierno de
Vilcabamba que no tenía nada que darle sin quitar a la gente pobre que había
servido a la corona. E insinuándole malévolamente, le decía que el Inka no
tenía más que “quinientos indios de guerra”, que sus únicas defensas eran las
“riveras” de los ríos Apurimac y Urubamba y el “áspero de las montañas”, que
con una “bicoca” de gente se podría acabar con este “padrasto”, en que la gente
tenía puestas sus esperanzas de libertad80.
10°. LA MUERTE TAWANTINSUYO DE TITU
KUSI YUPANKI: PENÚLTIMO INKA DEL
Mientras tanto, al conocerse en
Vilcabamba las descomedidas opiniones del virrey Toledo, su propósito de acabar
con este reducto y de sacar a Titu Kusi Yupanki pacíficamente o por las fuerzas
de las armas, las opiniones incas se dividieron en dos temperamentos
antagónicos: uno en defensa de la política conciliadora de Titu Kusi Yupanki y
otros, más radicales, en romper con el gobierno español y retornar a la beligerancia en
respuestas a las prepotencias y las amenazas del nuevo virrey. No se sabrá cual
habría sido la decisión final del Inka, ante esta alternativa política, por que
uno de los meses del primer semestre del año 157181, a poco de un altercado con
el fraile agustino Diego de Ortíz, inesperadamente enfermó y falleció 24 horas
después, echando “sangre por la boca y narices” y con la “lengua hinchada”. Por
estos síntomas, según la testigo presencial doña Angelina Llacsa Chuki, se
sospechó: “que le habían dado solimán”, por lo que doña Angelina Palla Quilaco
mujer del Inka denunció al agustino Diego de Ortíz y al escribano Martín de
Pando de haberle dado la “ponzoña”. Cierto o no, los capitanes incas, creyeron
que efectivamente, el fraile Ortíz en vindicta al trato recibido de Titu Kusi
Yupanki, con la complicidad de Martín Pando le habrían envenenado, como parecía
por las apariencias. Pocos días después, ambos fueron victimados y con más
crueldad, el fraile agustino en el pueblo de Markanay, con detalles
patéticamente descritos por el mercedario Murúa y el agustino Calancha82. Si
Titu Kusi Yupanki fue asesinado o falleció de muerte natural será, sino
difícil, quizás imposible saberlo. Pero si se reflexiona, sobre las circunstancias
políticas que rodearon su muerte y los planes belicistas del virrey Toledo,
podría presumirse- sino del fraile Ortíz - de Martín Pando que desde antes
traicionaba al Inka 83, fuera el lejano instrumento de una conspiración para
acabar con el reducto de Vilcabamba o quizás si ambos fueron simplemente, los
chivos expiatorios de una conspiración urdida por los capitanes incas,
descontentos de la política pacifista y conciliadora de Titu Kusi Yupanki,
entre los que se encontrarían Qori Paukar, Manakutana, Macora, Sutiq, Atoq,
Paukar Unya, Chegne Wallpa, Rimachi Yupanki entre otros, según se desprende los
testimonios publicados por el P. Teófilo Aparicio López (Valladolid. 1989), y
los comentarios de P. Beningno Urraya.
CAPITULO III
VILCABAMBA, 1572, EPÍLOGO TRÁGICO: PÉRDIDA DE LA SOBERANÍA DEL PERÚ
La ocupación militar de esta ciudad y la posterior decapitación de Thupa Amaro, el último de los incas, marcó históricamente el final del primer intento de reconquista del Perú y la pérdida de su antigua soberanía política, hasta 1824 que gloriosamente la recuperó en los llanos de Ayacucho. Este desastre nacional de 1572, - según la documentación confrontada- se debió más que al poder de los españoles, a las pugnas intestinas que socavaron la unidad política del Tawantinsuyo. En esta crisis, mientras unos lucharon por la soberanía de la Patria, otros, por intereses particulares o por vindictas se unieron a los españoles, y prefirieron el triunfo del enemigo al de sus rivales. Estas luchas antagónicas se dieron en tal magnitud y tan obcecadamente, que en las batallas- por extraño sarcasmo- se derramó por ambas partes, más sangre peruana que española. Esta evidencia histórica que pone término definitivo, al viejo error que en Cajamarca un “puñado de españoles” derrumbaron al imperio Inka y demuestra que la soberanía del Tawantinsuyo o Perú Inka acabó trágicamente en 1572, con la toma de la ciudad de Vilcabamba y la decapitación posterior de Thupa Amaro en la plaza del Cusco.
1°. PREPARATIVOS ESPAÑOLES PARA INVADIR VILCABAMBA
Muerto Titu Kusi Yupanki, los capitanes contrarios a su política conciliadora y
pacifista, reconocieron de facto a su hermano Thupa Amaro1 para que con firmeza
y patriotismo asumiera la defensa de Vilcabamba, el último retazo del
Tawantinsuyo. Este nuevo Inka, que había participado en las campañas
guerrilleras contra los españoles, asumiendo una actitud que lo enaltece en la
historia universal, rompió todo trato con ellos, cerró las fronteras de
Vilcabamba y rechazando las amenazas del virrey Toledo le hizo entender, que
los incas jamás se rendirían y que lucharían hasta el final, en defensa de la
ciudad de Vilcabamba y de la soberanía del Perú. Cuando en julio de 1571, el
dominico Gabriel de Oviedo y el licenciado García de los Ríos, quisieron entrar
a Vilcabamba para entregar al Inka los documentos que aprobaban la Capitulación
de Acobamba y la autorización para que Quispe Tito se casase con su prima
hermana, la ñusta Beatriz, los centinelas no los dejaron pasar, hasta que
después de varios meses de inútil espera, en octubre de este año, fueron al
Cusco con esta novedad2. La indignación de Toledo fue manifiesta. Contrariado y
arrogante, escribió a Titu Kusi Yupanki –que lo suponía vivo- una carta
insolente y amenazadora en la que le advertía sin respeto a su jerarquía, que
para su “seguridad” y la de sus “hijos”, “hermanos y capitanes”, debía en lo
sucesivo acatar la autoridad del gobierno colonial3. Por esta carta descomedida
nunca llegó a su destino. Tilano o Atilano de Anaya que lo llevaba, al cruzar
el puente de Chukichaka - sin autorización del Inka, fue matado por los
centinelas4. Esta muerte, guardando las distancias históricas, podría decirse
que fue el Sarajevo Inka. Resultó el pretexto que Toledo esperaba para
justificar la “guerra a sangre y fuego” contra los incas5. El virrey,
magnificando las proyecciones de este infortunado suceso, preparó la invasión
de Vilcabamba y para este propósito, organizó el más poderoso ejército de su
tiempo, para acabar de un golpe con la resistencia incaica. Según la relación
de Antonio Bautista Salazar, el virrey Toledo, paralelamente mandó a averiguar:
“Las entradas y caminos para la provincia; con cuales confiaba; que cantidad de
indios habría en ella y en las circunstancias que pudiesen dar al Inga; a que podría
huirse y esconderse, siendo desvaratado; qué fuerzas tenían, o aspereza de
malos pasos, donde tantos desbaratados habían hecho a los capitanes y gente que
allá pretendieron entrar. Y tomada de lo dicho razón, de los que habían hallado
con los capitanes que a ella fueron y de otras personas, que muchas veces
habían a ella entrado; habiendo tratado desde negocio con el cabildo de la
ciudad y teniendo acuerdo diferentes días con algunos vecinos y caballeros de
los que más práctica, noticia e inteligencia podían tener, los cuales la dieron
de la aspereza del camino y malos pasos y cerros, donde tenían fuerzas de
galgas (piedras)que echaban sobre la gente que pasaba, que era los que había
desbaratado los capitanes los capitanes pasados; diciendo que podría ser
haberse con el Inga juntado los indios Andes y los Opataries, y los de las
provincias de los Manaríes, Pilcozones, y los de Momori, los Satis y
Zapacaties, y otros que con estas confinaban con quien el Inga tenía
comunicación ”6. Con estos informes, el virrey, para que el Inka no se le fuera
dé las manos, se alió con Apu katinti, kuraka principal de los Manaries. Y
seguidamente nombró a Martín Hurtado de Arbieto, teniente general del ejército
que debía invadir Vilcabamba a Juan Alvarez Maldonado, su maestro de campo y
par asesores de esta guerra, a Mancio Sierra de Leguismo, Alonso de Mesa, Juan
de Pancorbo y Hernándo de solano soldados viejos que en 1539 habían peleado en
Vilcabamba contra Manko Inka Yupanki. A su vez nombró a Francisco Cayo Thupa
general de las tropas cusqueñas, a Francisco Chillche, general de los cañaris y
a Cristóbal Chikimis de los Chachapoyas etc. Asimismo ordenó a los
mestizos que habían ofrecido a Titu Kusi Yupanki, “sus armas y personas”, fueran a
pelear contra Thupa amaro7. Al mismo tiempo para amedrentar a los patriotas
cusqueños, ordenó abrir proceso criminal contra ellos –por el delito de
conspirar contra el rey. Entre los acusados estaban: Carlos Inka (hijo de
Paullu), Cayo Inka, Agustín Cunti Mayta y Alonso Titu Atauchi, denunciados de
complicidad con los “incas de Vilcabamba”8. Asimismo, en una especie de subasta
bélica, ofreció a la ñusta Beatriz -la rica heredera de Sayri Thupa- darla en
matrimonio al que lograra la hazaña de capturar a Thupa Amaro, el último de los
Inkas del Tawantinsuyo. Terminados estos aprestos bélicos contra el Inka,
decidió invadir el territorio de Vilcabamba simultáneamente por tres partes a
la vez: el capitán Luis Toledo de Pimentel, por el puente de Osambre (Usampi),
Gaspar de Sotelo, por los bajíos de Curampa y Martín Hurtado de Arbieto, por el
puente de Chukichaka9.
2°. APRESTOS OFENSIVOS DE THUPA AMARO INKA
Entre tanto , el Inka, sin trepidar ante el poder y número de los enemigos, con Wallpa Yupanki, Qori Paukar Yauyo, - su capitán general y maestre de campo- los capitanes Kolla Thupa, Qori Paukar, Usca Mayta; Capullina, Maras Inka, el Cayambi Parinango y con otros más10 organizó un pequeño y aguerrido ejército para defender este último bastión del Tawantinsuyo. Thupa Amaro, calculando que la invasión española se iniciaría por el puente de Chukichaka, destacó a este lugar a los capitanes Aukaylli y Quispe Yupanki para cerrar este paso, ordenando a la vez la fortificación de los lugares más accidentados del valle de Vitcos, particularmente el “paso de Chukillusca”, donde su padre Manko Inka en 1539 había desbaratado a Gonzalo Pizarro. Además ordenó la fortificación de las peñolerías y desfiladeros del valle de Pampakona hasta el fuerte de Wayna Pukara (construido diez años antes), para reforzar el Hatun o Machu Pukara, distante tres leguas de la ciudad de Vilcabamba. En Wayna Pukara –como se vera después- el Inka pensaba con un aluvión de piedras acabar con los españoles cuando pasaran por el desfiladero que seguía por sus bajíos. Toda esperanza del Inka, estaba pues basada en el valor de sus hombres y en el éxito de las celadas que había preparado en los valles de Vitcos y Pampakona.
3°. INVASIÓN ESPAÑOLA DE VILCABAMBA Y HEROICA RESISTENCIA INKA
a) La defensa del valle de
Vitcos: Batalla de Kuyaochaka A fines de mayo de 1572, los españoles iniciaron
la invasión de Vilcabamba por el puente de Chukichaka. Según testimonios
enemigos, Aukayli y Quispe Yupanki lo defendieron heroicamente hasta que
arrollados por el poder y número de los contrarios se replegaron al Fuerte de
Kondor Marka (ruinas de Cusipata). De este lugar, como atrayéndolos se fueron
retirando al “paso de Chukillusca” para que cayeran en la celada que el Inka
les había preparado. Pero los españoles, advertidos que en este paso Gonzalo Pizarro
fue desbaratado en 1539, sorteando el peligro, prosiguieron su marcha por el
accidentado valle de Vitcos. Fracasada esta celada, los capitanes Inkas se
fueron retirando, resistiendo en cada unas de las quebradas del valle,
principalmente en Quinuaraqay y Tarkimayo11hasta llegar al “paso de
Kuyaochaka”, donde se parapetaron para sorprender a los enemigos. Según
testimonio presencial, el 10 de junio12 se libro en este lugar la batalla más
sangrienta y desesperada de toda la campaña. Según las probanzas españolas, fue
la acción más peligrosa que confrontaron contra los incas. El testigo
presencial Esteban Rivera dice que:
“El segundo día de Pascuas de Espíritu Santo, yendo el dicho capitán (Martín
García de Loyola) con los soldados en su compañía habiendo andado dos leguas
por el más áspero y fragoso camino que hasta allí se hubiera ido por ser tierra
y camino de montaña muy áspera y cerrada y haber en ellas muchas ligas (sic) y
pasos quebrados donde tuvieron por entendido que los dichos indios habrían de acometer
como lo hicieran por ser la dicha tierra tal como dicho tiene por ser jornada
prostera que de montaña había hasta entrar en el valle de Vitcos donde los
dichos enemigos tenían sus comidas, los dichos indios acometieron al dicho
capitán y le dieron una guazabra por tres partes tomando en medio toda la
compañía a el dicho capitán sin le dejar descansar, dándoles batería por la
parte de arriba con lanzas y piedras y por la parte de abajo con flechas lo
cual los dichos indios hicieron con tanto ánimo y determinación y pelearon con
tanta furia que fue muy necesaria la resistencia y buena solicitud que él dicho
capitán puso en la guazabara y refriega proveyendo a unas partes y otras donde
vía que era más menester que fue causa que los dichos indios se retirasen a
cabo de una hora que duró la guazabara donde mataron muchos de los dichos
indios de los más principales de los que entre ellos había en quien dichos
indios tenían puesta su confianza… y vio tratar este testigo acabada la dicha
guazabara a personas que han andado en la guerra de Chile y en otras guerra…que
jamás habían visto acometer a indios con tanto ánimo e ímpetu como el con que
acometieron los dichos indios ”13. Martín Murúa que debió conocer informes
directos sobre esta batalla, refiere como un hecho digno de memoria, la hazaña
de un jefe Inka llamado “Wallpa” muerto cuando temerariamente pretendía rodar
al abismo con el capitán García de Loyola que lo tenía atrapado con sus brazos.
Este mismo cronista, relatando otros detalles dice, que en esta acción murieron
también los capitanes: Maras Inka y el cayambe Parinango. Sarmiento de Gamboa
(Alférez real de esta campaña) refiere a su vez que él, mató de un tiro de
arcabuz al jefe Inka, que heroicamente peleaba en esta batalla14. En la
relación de Salazar, se dice: “dieron los indios esta batalla junto al río que
llaman Cayaochaca, que en nuestra lengua dice río de sauces, aunque no los hay.
El sitio era muy propósito para los indios, por que sus contrarios no podían
marchar sino de uno en uno, por ser el camino muy estrecho, y del un lado y
otras ásperas sierras entre las cuales pasa el dicho gran río, en especial de
invierno. Por la banda de arriba estaban en diferentes partes emboscados los
indios, por la de abajo otros con lanzas, para recibir con ellas los que
cayesen; por si alguno escapase de sus manos, tenían de la otra indios
flecheros. Comenzaron a tocar gran fuerza de tarquis que son a manera de
trompetillas; y apenas fueron oídas, cuando los indios estaban con sus lanzas y
picas entre ellos, y otros con macanas, dándoles tan gran prisa y tanto en que
entender que deseaban más manos si posible fuera, pues los pies no les eran de
provecho, que huyendo de Scila daban en Caribdis, por que en medio era el ruido
de las combas, que son las galgas. Metíanse por la boca de los arcabuces, no
temiendo la ofensa que los podían hacer, por solo venir a las manos. Y tal
hubo, que se asió de repente a brazos con el capitán Loyola, y andubo por buen
espacio luchando con él, para despeñare la barranca abajo, un indio suyo
desenvainó un alfange que llevava y jarretó de una pierna al contrario y luego
a la otra. El capitán salido de este trance, peleaba con su espada y rodela y
lo propio sus soldados por que viendo a los enemigos juntos consigo, y que de
los arcabuces no se podían aprovechar, los dejaron..”. Los incas pelearon así
con tal denuedo, que su propio valor los perdió, pues con el deseo de alcanzar
la victoria y vengar a sus compañeros, con los pechos descubiertos y sin temor
a la muerte se arrojaban contra los enemigos15.
En esta batalla una vez más el valor de los hombres se impuso el poder de las
armas. Kolla Thupa y Qori Paukar Yauyo, sin fuerzas para contener el avance de
los españoles, con gran amargura se retiraron por la ruta de Rayangalla al valle
de Pampakona, dispuestos a defender cada uno de sus recodos y pasos
accidentados. b. Ocupación del Pueblo de Pampakona Según testigos presenciales,
los españoles, después de salir de la densa vegetación de la montaña de
Kuyaochaka, en el valle de Vitcos, se pertrecharon con el ganado de Castilla y
el “maíz a punto de cosechar” que habían dejado los incas en su retirada a
Pampakona. Después sin ninguna oposición, luego de cruzar el páramo de
Urcoscalla y el abra de Qollpaqasa, acamparon en el pueblo de Pampakona los
primeros días de junio de este año de 1572,a donde llegaron los capitanes
Gaspar de Sotelo y Luis Toledo de Pimentel que entraron en el territorio de
Vilcabamba, por Usampi y Curampa16. En este lugar los jefes enemigos tuvieron
serios altercados sobre el camino a seguir para ir a la ciudad del Inka.
Mientras unos porfiaban que era mejor continuar por las alturas para evitar
sorpresas y riesgos, otros propusieron seguir por el “camino de los fuertes”
incas del valle de Pampakona. Al final, la mayoría se decidió –a manera de
desafía- continuar la marcha por el valle de Pampakona, para enfrentarse
directamente con las defensas patriotas. Después de 11 ó 13 días de descanso en
este pueblo, el 16 de junio con pertrechos de guerra para “diez días”, reiniciaron
la marcha a la ciudad de Vilcabamba17. c) Defensa del valle de Pampakona:
Batalla de Wayna Pukara Según el relato presencial de Pedro sarmiento de
Gamboa, el mismo día 16 de junio, el ejército español y sus aliados, a la
llanada de Hututo donde ahorcaron al soldado Inka, llamado Kanchari, apresado
cundo huía con una capa y espada española a campo de Thupa Amaro18. El avance
enemigo de Hututo adelante, fue difícil y riesgoso. Los testigos presenciales
dicen, que los españoles, de miedo a las celadas y trampas hechas con púas de
palmas untadas de ponzoña, apartados del “camino real”, machete en mano, se
abrieron paso por la tupida vegetación y salvaron los estrechos desfiladeros
del valle19. En su recorrido –según el cronista Murúa- los españoles tuvieron
recios encuentros con los incas y pasaron con gran riesgo por una “peña rajada
en un trecho largo a la vereda de un río caudaloso”, al que erradamente llama
“Chukillusca” y que después de cruzar el paso de Tumichaka llegaron al paraje
de Anonay. En este accidentado lugar, dicen varios testigos directos, que los
incas intentaron una vez más contener el avance enemigo a la ciudad de
Vilcabamba, peleando heroicamente entre las peñolerías y densa vegetación20. Se
cuenta que un capitán Inka que había caído prisionero en esta acción, -quizás
bajo tormento- dio aviso a Martín Hurtado de Arbieto, de la celada que el Inka
les había preparado en los bajíos de Wayna Pukara para destruirlos cuando
pasaran por el desfiladero que caía sobre el río Pampakona y además, le informó
también de la manera cómo podría ocupar este fuerte sin riesgo para su
ejército21. Con este informe, los enemigos, el 20 de junio llegaron al paraje
de Pantipampa de donde divisaron el perfil en media luna de la montaña donde
estaba el baluarte de Wayna Pukara que era, según la descripción del capitán
Inka: “Vn sitio muy largo de una lengua y media, assi que llegaba a dos, y
distancia como media luna el camino por donde avian de marchar, muy angosto, de
gran pedregal y montaña y vn río ancho y caudaloso, que corre a la vereda del
camino, quer todo era de más peligroso y temeridad yendo pasando y peleando con los enemigos que estarían en los altos
de esta distancia de legua y media, en los altos que hace media cuchilla
fragosa que no se puede caminar ni pasar yendo dos compañeros juntos a la par.
Tenían los indios hecho vn fuerte de piedra y lodo, muy ancho, donde estava la
fortaleza con muchisimos montes de piedra para tirar a mano y con hondas, y
encima del fuerte, con toda la cuchilla, estavan montes de pedregonazos y
encima o detrás de los montones, piedras muy grandes con sus pelanías que en
meneado cualquier muchacho aquéllas , desperdigonazen las galgas, y esto auían
de hacer , estando metida en esa media luna de la cuchilla el campo español ,
con los indios amigos de guerra y todo el bagaxe, que caminaba a la par, de
suerte de que si los enemigos, -permitiendolo dios- pusieran por obra lo que
tenían trazado y aparejado, no quedara de todo el campo alma viua, ansí de
indios como de españoles, que las galgas los mataban a todos y los llevaran por
delante rodando, y el que dellas se escapara con vida era fuerza venir a
hecharse en el río, donde se ahogaran cayendo derrepente y con el embarazo de
las armas y vestidos, y cuando alguno escapara de las galgas y el río , también
pareciera por que auían de la otra parte quinientos indios chunchos de los
Andes flecheros, que no dejaran nadie a vida que ha flechazos no los acabaron,
y ansí en el aviso de Puma Ynga estuvo el bien del campo español aquel día y
salir con el intento deseado, feneciendo la guerra”22. En efecto, según varias
versiones, el fuerte Wayna Pukara estaba construido en el cuchillar de un cerro
de gran altura, cuyo perfil formaba en el horizonte una especie de media luna.
Según un testigo presencial, parecía “cosa inexpugnable” y el “fuerte más
fuerte que jamás había visto y entendido”. Según otro, que era imposible seguir
adelante sin ser muerto desde las alturas. Por estas características
topográficas –dicen los mismos testigos- que los incas escogieron este abrupto
lugar para contener en su desfiladero el avance de los enemigos y con otra
celada acabar de un golpe, con el curso de esta guerra23. Confirmado esta
descripción topográfica de Wayna Pukara y la previsión militar de Thupa Amaro,
en la “Razón” enviada por Hurtado de Arbieto al virrey Toledo se dice, que los
incas tenían: “Fortificados…tres cuartos de legua en unos pasos estrechos con
muchas galgas, y al cabo de un cuchillar tenían hecho el fuerte de una pared de
doscientos pasos de largo y de dos de ancho almenados para defenderse de la
arcabucería y con cuatro cubos y gran cantidad de pedrería para echar a mano
sobre el camino que vertía a la ribera y antes de un tiro de arcabuz les tenía
puestas muchas puntas de palmas untadas con hierba y una puerta estrecha por
donde podría entrara- un hombre solo al dicho fuerte”24. Según este documento y
otros, el ataque a Wayna Pukara se inició en la madrugada del día sábado 21 e
junio, de este año de 1572. Martín Hurtado de Arbieto, informado de los planes
de Thupa Amaro, para distraer su atención, dispuso que el grueso del ejército
simulara entrar con todo el bagaje en el desfiladero de la celada, mientras que
discretamente, cincuenta arcabuceros, veinticinco rodeleros con soldados cusqueños
y cañaris escalasen en la montaña por la densa arboleada y peñascos, para que
desde las alturas y l parte posterior atacaran el fuerte de sorpresa. El plan
de Hurtado Arbieto dio infortunado resultado para los incas, que al final
resultaron víctimas de su propia celada. Según otros testimonios, mientras los
incas sigilosamente apostados, esperaban con impaciencia el paso de los
españoles por el desfiladero, en la tarde del mismo día, los que escalaron la
montaña, desde las alturas, sorprendieron a la retaguardia Inka de Wayna Pukara
aunque trataron de reponerse de la sorpresa, sin otra alternativa: Kolla Thupa,
Qori Paukar Yauyo, “Kalpinay” (Callupiña), Suti con otros capitanes más, fueron
a parapetarse en el fuerte de Macchu Pukara, para cubrir la retirada de Thupa
Amaro Inka y del prícipe Quispe Titu a la ciudad de Vilcabamba25.
El soldado Esteban Rivera – uno de los que subió a Wayna Pukara con Alvarez de
Maldonado y Martín de Loyola- dice, que esta sorpresa fue definitiva para
vencer a los Incas, por que si no se ganara este fuerte, el ejército español n
habría podido “pasar por dicho camino” y hubiera sido “desbaratado” por la
gente del Inka26. De esta manera, lo que entonces pudo haber sido una victoria
patriota, por una infortunada delación, se trocó en drama para los incas y una
vez más, resultaron víctimas del azar de la historia y de los imponderables de
la guerra. Luego de la caída de Wayna Pukara, los hechos se precipitaron. El 22
de junio, los españoles sin mayor resistencia tomaron Hatun o Machu Pukara, la
“fortaleza grande” o “fortaleza vieja” –donde en 1539- Manko Inka Yupanki, paró
en seco el ejército de Gonzalo Pizarro y sus aliados los incas
colaboracionistas. Al día siguiente –23 de junio- tras breve resistencia,
ocuparon también el pueblo de Markanay, distantes dos leguas de la ciudad de
Vilcabamba. Thupa amaro, desecho su ejército en las siguientes batallas
libradas en los valles de Vitcos y Pampakona, considerando ya imposible la
defensa de la ciudad de Vilcabamba, dramáticamente ordenó su evacuación e
incendió las resistencias y depósitos de bastimentos. Y para cubrir su retirada
a los pueblos de los Pillcosuni, dispersó a sus capitanes y familiares en
distintas direcciones para que los enemigos no lo siguieran fácilmente. El capitán
Kalpinay o Kallupiña - por el camino a Pampakona- fue a esconder al hijo del
Inka entre los Manaries, sus hermanos Thupa Wallpa y Qhapaq Yupanki con la
“familia real” fueron al pueblo de los “Panquises”. Quispe Titu con su mujer
“en días de parir”, a la fragosa montaña de “Ututo”, mientras que Thupa Amaro y
la coya (en avanzado estado de gravidez), con una pequeña escolta y el capitán
general Wallpa Yupanki, siguieron el camino a los Pillcosuni por la tierra de
los Manaries.
4°. OCUPACIÓN DE LA CIUDAD DE VILCABAMBA, ÚLTIMA CAPITAL DEL TAWANTINSUYO
En la mañana del 24 de junio de 1572, -día de San Juan Bautista y
mes en que los incas celebraban la gran fiesta del sol, el Intipraimi- los
españoles y sus aliados entraron triunfalmente con las banderas desplegadas y a
tambor batiente a la ciudad de Vilcabamba. Para sorpresa de ellos esta última
capital de los incas estaba silente y abandonada como un espectro de una pasada
grandeza, sus “guacas e idolatrías” abandonadas y sus cuatrocientas casa
deshabitadas, las residencias y grandes depósitos de víveres consumidos por el
fuego27. Así encontraron lo enemigos esta ciudad Inka después casi de un mes de
sangrienta lucha, jalonada de batallas y encuentros, desde el puente Chukichaka
hasta el pueblo de Markanay. Esta urbe que había sido sede del gobierno Inka
desde 1537, en 1572 después de su heroica resistencia, entró por derecho propio
y por la puerta grande en los anales de la historia universal y se transformó
en símbolo y paradigma de la historia épica del Perú, de la lucha de la
soberanía y contra toda dominación extranjera. Este mismo día, el capitán Pedro
Sarmiento de Gamboa – alférez real del ejército españoltomó posesión de esta
ciudad a nombre del rey de España. Y en señal de conquista, suscribió el Acta de
Ocupación cuyo texto es el siguiente: “In Dei nómino amén. Sea notorio en todos
cuantos estuvieren cómo hoy día de San Juan Bautista a veinticuatro días del
mes de junio de mil quinientos sesenta y dos a gloria y honra de Dios nuestro
Señor y su santísima y gloriosa madre y servicio suyo y della magestad del rey
don Felipe nuestro señor.
El campo y ejército real de su magestad de que es lugarteniente del capitán
general don Francisco de Toledo visorrey y gobernador y capitán general de
estos reinos del Pirú por su magestad por ente mi el secretario de la guerra de
dicho cuerpo entró en este pueblo de Vilcabamba que hasta ahora estado alzado y
turanizado contra el ral servicio para los yngas que ha habido y sus secuaces y
habíendo entrado el dicho real ejército con las banderas tendidas y a son de
tambores y en ordenamiento en la plaza de dicho pueblo , presentes todos los
maeses de campo y capitanes y soldados y oficiales del dicho señor general puso
en medio una cruz (+), en señal de posesión en nombre de la corona real de
Castilla y de León bajo de cuyo amparo propuesto y subrogado el dicho pueblo y
su comarca y de su excelencia en real nombre y mando del capitán Pedro
sarmiento de Gamboa alférez general de dicho campo que plantase el estandarte
real que las manos tenían en dicha plaza y sitio donde estaba el cual un
cumplimento dijo: yo el capitán Pedro sarmiento de Gamboa, alférez general de
esta campo por mandado del ilustre señor Martín Hurtado de Arbieto general de
él tomo posesión de este pueblo de Vilcabamba y sus comarcas, provincias y
jurisdicciones y dicho esto, campeó el dicho estandarte tres veces diciendo en
voz alta: ¡Vilcabamba! Por don Felipe rey de Castilla y León y lo plantó lo que
puso pacíficamente en presencia del dicho gobernador Juan Alvarez de Maldonado
maese de campo general y de los capitanes Martín García de Loyola y don Antonio
Pereira y Martín Meneses y Ordoño de Valencia y Antonio de Gatos sargento mayor
y Juan Ponce de León alguacil mayor y los demás oficiales y soldados los cuales
dispararon el arcabucería y fue disparada la artillería y se dijo misa en el
dicho pueblo y así quedó su magestad y su excelencia en su real nombre por
pacífico señor. De lo cual doy fé. Yo el dicho secretario”28. Terminada esta
ceremonia, Martín Hurtado de Arbieto considerando que la guerra no estaría
acabada mientras Thupa Amaro estuviera libre, ordenó su inmediata persecución,
proclamando entre los capitanes que, al que prendiese al Inka se le daría en
matrimonio a la princesa Beatriz la rica Heredera de Sayri Thupa. Con esta
ilusión, la búsqueda del Inka fue intensa y dramática. Los capitanes enemigos,
ávidos de gloria y de riqueza con la desleal colaboración de la gente
comarcana, iniciaron la implacable persecución del Inka a lo largo del mes de julio
de este año. Entre tanto, un grupo de príncipes mestizos prendieron a su
pariente Quispe Titu, hijo de Titu Kusi Yupanki y a su joven esposa en el cerro
de “Ututo”. El Factor Pérez A. Fonseca, al hijo del Inka y a su custodio
“Kalpinay”- a cuarenta leguas de Pampakona- en el valle de Concharco, tierra de
los Manaries. Por el mismo tiempo , el capitán Antonio Pereyra prendió a los
capitanes incas: Kolla Thupa, Paukar Unya, Wamán, Ñañapaq o Naupaq Maras a 10
leguas de Vilcabamba en el valle de Mapaguay, Martín García de Loyola, a los
hermanos del Inka, Qhapaq Yupanki y Thupa Wallpa, a sus sobrinos y mujeres
principales en los pueblos de los Panquises o Panaquies (tierra de los Sapacati
o Sapacatin)29 a 6 leguas de la ciudad de Vilcabamba, con un botín de “un
millón” de pesos de oro, ídolos y ropas etc. Y poco después al capitán Qori
Paukar Yauyo y otros en la misma comarca de los Paquies30.
5°. TRAICIÓN DE LOS MANARIES Y PRENDIMIENTO DE THUPA AMARO
El Inka no se entregó a los españoles por temor a los peligros de la selva o confiando en la generosidad de estos como erradamente dice Garcilaso de la Vega, sino fue prisionero a 50 leguas de la ciudad de Vilcabamba por traición de un kuraka Manarie del pueblo de Momori. Su retirada con la coya –en avanzado estado de gravidez- fue tensa y dramática a lo largo de su azarosa caminata por los arcabucos de la selva. No obstante que peligraba su vida estaba por medio del destino histórico del perú., Thupa Amaro prefirió no apartarse de ella como el mayor testimonio del amor andino en aquellas días de angustia en infortunio. El capitán Loyola con los “principales mestizos ” de su compañía31 al informarse que el Inka iba por los Manaries a la tierra de los “Pillkosuni” , emprendió un seguimiento temerario por imprevisibles trochas de la jungla. Según testigos presenciales, rastreando al Inka, cruzó a nado ríos procelosos, caminó descalzo y sin alimentos por la densa vegetación de la selva, hasta llegar a las proximidades del pueblo de Momori, donde supo con certeza de Thupa Amaro y su pequeña comitiva estaban en la comarca acercándose al río Picha. Thupa Amaro, al saber que el capitán Unka Mayta- que cubría su retirada había sido apresado por sus tenaces perseguidores y que se aproximaban al pueblo de Momori, ordenó a “Yspaca”, kuraka de este pueblo, ir con sus guerreros para contener a los enemigos. Un testigo presencial dice, que entonces Loyola con buenas “palabras y ardides” , lo ganó a su favor para que lo traicionase al Inka, fue sorprendido en una montaña áspera del lugar (JLPB. IV. 216), días después, el propio Inka a la vera del río Taupa, “a tres leguas de desembarcadero del río Picha” ° distante más o menos cincuenta leguas de la ciudad de Vilcabamba. La declaración de Loyola y otros testimonios, prueban la verda de estos hechos. Murúa, al reseñar los pormenores de esta sorpresa, dice que el Inka fue apresado por e capitán Loyola y varios de sus parientes mestizos , cuando ya estaban a punto de embarcarse en un río caudaloso, para perderse en las profundidades de la selva amazónica32. Con este procedimiento – que debió ocurrir a fines de julio o comienzos de agosto de 1572terminó la campaña española contra los incas, en una palabra la conquista del perú, según la opinión del virrey don Francisco de Toledo. A fines de agosto, Thupa Amaro Inka dio la postrera mirada a la ciudad de Vilcabamba, la última capital y reducto del Tawantinsuyo, cuyos escombros quedaban como el monumento imperecedero a los héroes que ofrendaron sus vidas en defensa de la libertad y soberanía del Perú. Días después, -el 4 de octubre- el Inka prisionero con sus familiares y capitanes, llegó a la explanada de Hoyara- a la vera del río Vitcos- y con inmenso dolor, presenció como los españoles para borra la memoria de la ciudad Inka de Vilcabamba, fundaron en este lugar un pueblo con el pomposo nombre de “San Francisco de la victoria de Vilcabamba” para que fuera la capital de la nueva “Gobernación de Vilcabamba” y se recordara por siglos, el triunfo español y el final de la conquista del Perú33.
6°. APOTEOSIS INKA: DECAPITACIÓN DE THUPA AMARO, EL ÚLTIMO SOBERANO DEL TAWANTINSUYO
El 21 de
setiembre de 1572, Thupa Amaro entró en la ciudad del Cusco, ante la mirada
compungida de su pueblo, pero no con la angustia del vencido, sino con aquella
gallarda altives del hombre que ha cumplido gloriosamente con su misión
histórica. Seguían a Thupa amaro la coya, sus tiernos hijos, sus hermanos y
familiares. Después sus valerosos capitanes con los rostros taciturnos e
imponentes. Cerraba el dolorido séquito, el cuantioso botín tomado en
Vilcabamba, los cuerpos embalsamados de Manko Inka Yupanki y Titu Kusi Yupanki
y como espléndidos trofeos los ídolos “Punchao” y “Pacha Mama”34. El ídolo
“Punchao” era todo de oro en cuyo interior estaban depositados el polvo de los
corazones de los incas que habían gobernado el Tawantinsuyo. Murúa relata con
admiración el señorío y la presencia de ánimo del Inka, dice que entró en la
ciudad, asido del pescuezo con una cadena de oro tirada por el capitán Loyola
le pidió “que se quitara la borla” y saludara al virrey Toledo que Thupa Amaro,
desdeñosamente le dijo, que él no saludaba a “yanakuna” (sirviente) del rey, al
igual que los capitanes incas que sin quitarse sus llautos solamente le
hicieron una discreta reverencia con altiva dignidad35. Luego se precipitaron
los hechos. El Inka fue enterrado en el antiguo palacio de Colcampata
(Qolqampata) –residencia que había sido de Paullu. Después de un juicio sumario
fue condenado a morir decapitado en la plaza del Cusco. Aunque se especulaba si
la sentencia fue justa o no, la verdad es que se trato de un proceso político
calculado, y que el virrey Toledo –por razones de estado- no hizo sino cumplir
la decisión del gobierno español, según se colige del tenor de su carta al rey,
fechada el 24 de setiembre de este mismo año. Según el testimonio presencial de
Quispe Condor (Qespe Kuntur), la ejecución del Inka se realizó el 23 de
setiembre de 1572, fecha que concuerda con la indicada carta de Toledo al rey,
en la que lacónicamente decía: “Lo que vuestra magestad manda a cerca del Inga,
se ha hecho” 36. La ejecución de Thupa Amaro Inka se hizo con extraña
solemnidad, como la escenificación de una tragedia griega ante una multitud
compungida, donde el destino consume al hombre y surge la apoteosis del héroe.
Refieren los testigos , que había tanta gente en la plaza del Cusco y que
estaban tan apretujados , que si alguien hubiese tirado una naranja a la
muchedumbre esta no habría podido caer al suelo37, metáfora expresiva que da
idea del gentío, que unidos por el dolor, se habían congregado en la plaza para
ver y admirar de cerca de su joven Inka, por primera y última vez. Se dice que
Thupa Amaro llegó al cadalso, cabalgado en una mula cubierta con una gualdrapa
de terciopelo negro, pasando por en medio de una apretada multitud, resguardado
por una escolta de españoles y que subió al tabladillo del suplicio con serena
altivez, muy lejos de aquella pusilanimidad que le atribuyen algunas versiones.
Garcilaso de la Vega refiere, que el Inka, emocionado por la fidelidad y
devoción de su pueblo, para calmar el llanto sobrecogedor, alzó el brazo
derecho y con la mano abierta lo llevó a la altura del oído luego lo bajó
lentamente hasta ponerlo en el muslo derecho, y que con este signo cabalístico,
de inmediato cesó la desgarradora “grita y vocerío”, produciéndose un emotivo
silencio, tan absoluto, “que parecía no haber ánima nacida en toda la
ciudad”38. Murúa reseñando este infausto momento dice que: “Fue cosa notable, y
de admiración, lo que refieren : que como la magnitud de yndios en la plaza
estauan y toda la enchían, biendo aquel espectáculo triste y lamentable, que
auía de morir allí su Ynga y señor, atronacen los cielos y los hiciesen
retumbar con gritos, bocería y los parientes suios, que cerca estuan , con
lagrimas y sollozos selebrasen esta triste trejedia, los que en el tablado
estaba a la execusión mandasen callar a quella gente a la cual el pobre Tupa
Amaro alzando la mano dio una palmada con la cual toda la gente calló y se
sosegó, que parecía que no había en la placa alma viuente, y no se oyó más
llanto no boz ninguna, que fue indicio y señal manifiesta de lo obediencia
,temor y respeto que los indios tenían a sus incas y señores. Pues aquel que
jamás los más auían visto, pues siempre estuvieron en Vilcabamba, retirado
desde niño, a una palmada reprimieron llantos y lágrimas salidas del corazón
que tan dificultosas son de ocultar y esconder”.39 Un testigo presencial cuenta
enternecido, que el Inka – como ultima voluntad – pidió despedirse de sus tiernos
hijos que luego de abrazarlos en el tablado, se dispuso a la muerte40 con
dignidad conmovedora.
Pasado este instante de tensa emoción, oficiando de verdugo, un cañari cortó la
egregia cabeza de Tupa Amaro, el último de los incas del Perú ante el llanto
general de la consternada multitud que llenaba la plaza del Cusco41. A
continuación, se cumplieron las otras sentencias: Wallpa Yupanqui, el
gobernador de Vilcabamba y capitán general del ejército Inka, fue decapitado.
Qori Paukar Yauyo y Wanka fueron ahorcados. A Colla Thupa, Manakutana y Paukar
Unya Inka les cortaron las manos. Se ignora las penas que le impusieron a los
demás y valerosos capitanes que cayeron prisioneros en Vilcabamba42. El cuerpo
de Tupa Amaro fue velado en la casa de su hermana, la insigne patriota Kusi
Warkay- viuda de Sayri Tupa- y los funerales se hicieron en la catedral del
Cusco con inusitada solemnidad y la asistencia del virrey Toledo vestido de
luto riguroso, de quien se cuenta que- comp. Pizarro en Cajamarca gimoteó sobre
el cuerpo de su infortunada víctima. Según el fraile Gabriel de Oviedo,
terminada la ceremonia el cuerpo del Inka fue entregado a los padres dominicos
para que en cumplimiento de la última voluntad de Tupa Amaro, lo enterrasen en
el Templo de santo Domingo – construidos sobre los muros de Coricancha
(Qoricancha)- para yacer al lado de sus hermano Sayri Thupa43. Baltasar Ocampo,
autor de la “Descripción y sucesos históricos de la provincia de Vilcabamba”
cuenta como tradición, que la cabeza del Inka expuesta en una picota para
escarnio público, no se corrompió. Lo que es más , se hizó tan bella que atrajo
a multitud de gente que le querían rendir homenaje, hasta que las autoridades
españolas informadas del extraño caso, la retiraron y dispusieron que fuera enterrada
con su cuerpo44. Terminadas las exequias, el virrey Toledo ordenó incinerar el
cuerpo embalsamado de Manko Inka Yupanqui en la fortaleza de Quispi Waman, sin
saberse lo que se hizo con el cuerpo de Titu Kusi Yupanqui, que quizás por
haber muerto cristiano fue enterrado en uno de los templos de la ciudad de
Cusco 45. Según distintas fuentes, Tupa Amaro dejó cinco hijos: dos varones y
tres mujeres. Uno mayor de más o menos tres años de edad y otro llamado Martín-
que según el dominico Gabriel de Oviedo, tenía tres meses de edad cuando el
virrey lo desterró a la ciudad de Lima. Sus hijas doña María Magdalena Mama
Wako, doña Juana Pillko Wako y doña Isabel tuvieron vidas distintas46 se dice
que se casó con el kuraka de Canas don Diego Felipe Condorkanki presunto
antepasado del famoso José Gabriel Thupa amaro descuartizado en la plaza del
Cuzco, en 178147. Como epilogo trágico, el Perú perdió su soberanía política y
el virrey Toledo se propuso extinguir la sucesión y el linaje real de los incas
patriotas, mediante el destierro de unos a Lima, de otros a México, Panamá y
Chile, sentencias que no se cumplieron por la serena y justa actitud de la real
audiencia de Lima, que puso atajo al desmedido celo político y encono del
virrey. No obstante este intento genocida , el nombre de Thupa Amaro se
inmortalizó y con el tiempo se hizo símbolo de la lucha libertaria y leyenda de
la tradición popular. Desde entonces se forjó la esperanza de su glorioso
retorno para acabar con el dominio español y devolver al Perú su antigua
soberanía política e ideológicamente restaurar el imperio de la justicia social
andina. Entre tanto Martín García de Loyola poco después de la decapitación del
Inka , a fines del año de 1572 – se comprometió con doña Beatriz y con
autorización del virrey entró en posesión de los bienes de su prometida hasta
que en 1574 se avoca un largo y copioso juicio con el fiscal, para que le
devolvieran los 563 tributarios de los repartimientos de Yucay y Xaquixaguana
48. Cuando en 1580 se disponía a casarse, tuvo que confrontar el juicio con Cristóbal Maldonado que alegó’o ser el marido legítimo de doña
Beatriz. Después de cinco años, terminado el juicio, el capitán Loyola recién
pudo casarse , él de 40 años y ella de 30 años de edad49 y siendo gobernador y
capitán general del reino de Chile. En 1592 nació su hija, doña Ana María
Lorena García Sayri Thupa de Loyola , que años después se casó con un sobrino
de San Francisco de Borja, el rico poderoso caballero don Juan Enríquez de
Borja y Almanza primo del virrey don Francisco Borja y Aragón, príncipe de
Esquilache. El 23 de diciembre de 1598, Loyola fue sorprendido y muerto por
patriotas araucanos en su campamento de Curalava y su cráneo convertido en un
vaso ceremonial fue recuperado en 1641. Entre tanto su hija Ana María , ganó en
1618 el juicio que su padre había seguido, logrando aunque tardíamente que le
devolvieran los tributarios del valle de a seguido, logrando aunque tardíamente
que le devolvieran los tributarios del valle de Yucay, le otorgaran la pensión
de 10’000 ducados y el título de Marquesa de Santiago de Oropesa.