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SOBRE INDIGENISMO archivo del portal de recursos
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FEDERICO GONZALEZ
El investigador que se adentra en el estudio de los símbolos
precolombinos por medio del arte de esos pueblos (arquitectura, iconografía)
y se compenetra con su historia, usos y costumbres, así como con
su pensamiento cosmogónico y metafísico, del cual derivan
sus ideas sobre lo social, lo económico, sus instituciones, etc.,
explícitas en las crónicas de los descubridores y conquistadores,
en las de los propios indígenas (códices anteriores y posteriores
a la colonia), e igualmente en los relatos de viajeros extranjeros, advierte
que puede confirmar su trabajo y aun complementarlo, con los datos de la
etnología y la antropología, que desde el siglo pasado ofrecen
numerosas perspectivas en coincidencia con los principios de las culturas
estudiadas, muchas de las cuales siguen practicando los mismos ritos, mantienen
idénticos mitos y símbolos (algunas veces adaptados a circunstancias
de tiempo y lugar) y conservan iguales usos y costumbres, y casi la misma
lengua que sus antepasados precolombinos. Se trata, pues, de culturas que
se mantienen vivas, que guardan en alguna –y diferente– medida las antiguas
concepciones tradicionales, su cosmovisión, y determinadas prácticas
espirituales, religiosas y mágicas, vinculadas con el conocimiento
de otras realidades en el orden creacional y metafísico que aquéllas
que suelen procurar la programación condicionante del mundo moderno,
y el engaño ilusorio de los sentidos, como únicas garantías,
materiales, positivas y concretas de percibir una supuesta "realidad".
Lógicamente el interés del investigador al conocer estos hechos
es inmediato y al profundizar en esas culturas con los elementos que le
brindaron otros colegas que han pasado años de trabajo in situ enriquece su labor, a la
vez que se va interesando en esas comunidades, a las que ve como depósitos
de una Tradición Original, como fragmentos de culturas arcaicas en
pleno funcionamiento, o sea como posibilidades de desarrollo de la naturaleza
humana, aún vigentes para numerosos grupos, las cuales, incluso,
se han constituido en algunos casos como alternativas para el atormentado
hombre moderno y la horrible vida vacía en espantosos trabajos y
ciudades.
De más está decir que quien recibe esta luz y advierte
la naturaleza extraordinaria de las culturas de los "contemporáneos
primitivos" trata de preservarlas a toda costa, en la medida de sus
fuerzas, pues se siente comprometido con el punto de vista de estos hombres
y mujeres, que han decidido durante cinco siglos –en el caso de los indoamericanos–
mantener su identidad, su lengua, sus mitos, ritos y símbolos, sus
valores culturales, aunque hayan tenido que enfrentar durante ese lapso
de tiempo la pobreza, la marginación y el desprecio del ignorante
hombre occidental contemporáneo gracias al cual, por su falta de
inteligencia, sentido de justicia, ferocidad y arrogancia, y sobre todo
por su espiritualismo material y los espejismos de su ciencia menesterosa
y su idea de un poder de tan corto alcance como destructor, estamos situados
los habitantes de todo el mundo en una situación límite, que
demográfica y ecológicamente (para nombrar sólo dos
factores) es imposible de mantener como hasta ahora lo pretenden los "especialistas"
de distintas minucias y la "clase política", pseudónimo
actual de sinvergüenzas disfrazados, elementos verdaderamente peligrosos
de la disolución final, que lejos de verse como una catástrofe,
debería significar el fin de la enfermedad, el dolor y la mentira,
y la posibilidad de un orden nuevo y de una vida digna de llamarse de esa
manera, posibilidades que los indígenas saben que no son de este
mundo, pero que sí pueden obtenerse en este mundo, constituyendo
ellas garantías y gérmenes vitales para cualquier tipo de
vida futura.
De hecho, si nuestro investigador está interesado en el
pasado "arqueológico" de estas culturas, por decirlo de
alguna manera, ¿cómo no ha de interesarse por las estructuras
y jirones que aún se mantienen vivos, aunque algunos de ellos estén
aparentemente alejados de lo tradicional y cercanos a lo folklórico?
¿Cómo no intentaría proteger estas manifestaciones
culturales? ¿Cómo no desearía que se revalorizaran
en su exacta dimensión, a la que es ajena la mentalidad contemporánea?
¿Acaso no es extraordinario que se mantenga una cultura arcaica,
en medio de la ignorancia y la perversidad del hombre actual que no es capaz
de advertir siquiera que su propia velocidad está generando un cataclismo?
Aquí llegamos al problema del indio actual, a la vertiginosa pérdida
de sentido de sus propias tradiciones para los indígenas, muchos
de los cuales las desconocen, así como sus raíces, y se contentan
con algún signo superficial que los distingue, y que perderán
de aquí a muy poco tiempo sin remedio, a menos que comprendan la
naturaleza exacta de su propia Tradición y sus medios como camino
o vía para la realización de sus posibilidades individuales
y comunitarias; las que siempre comienzan por lo espiritual: lo metafísico
y cosmológico.
Se debe señalar que el período cíclico en
el que los contemporáneos estamos insertos es universal y toca a
cada uno de los seres, fenómenos y cosas que existen en este mundo.
La caída, especialmente marcada en Occidente por la escisión
provocada por el racionalismo cartesiano, preparada previamente por lo que
de más denso tuvo el Renacimiento, al punto de desembocar en un "humanismo",
es hoy de una multiplicación vertiginosa y cubre áreas hasta
hace un siglo impensadas, como selvas, altas montañas, desiertos
y lugares helados, donde toda clase de basura consumista invade los últimos
reductos de las culturas "primitivas". Aunque debe manifestarse
que los medios de comunicación, especialmente la televisión,
son los verdaderos heraldos de la penetración materialista, caracterizada
por sus pasiones y violencia, por la ignorancia y exhibición y culto
de lo más elemental, como si fuera algo en sí, para colmo
verdadero y novedoso; igualmente por creer en la ilusión de lo "real",
caracterizado por ser concreto, útil y satisfactorio de acuerdo al
programa modélico de la clase pequeño-burguesa, llena de tabúes
y prejuicios tan falsos como efímeros, y capaces de cambiar inmediatamente
a los opuestos por un golpe de la moda, o simples intereses particulares
de cualquier tipo, o grupo.
Esta situación, propalada por el Occidente y que alcanza
a todos los pueblos del mundo, sin exclusión de color, clases culturales
sociales o económicas, profesiones, oficios, sexos, etc. es el medio
"natural" del hombre actual y toca también a la totalidad
de sus instituciones, comenzando por sus religiones, cuyas perspectivas,
en el mejor de los casos alcanzan lo piadoso y ciertas supuestas "buenas
acciones" siempre ligadas a lo exterior, ignorando, o negando por ignorancia
y mala fe sus orígenes esotéricos, es decir vaciándolas
completamente de sentido al grado de constituirse en pantomimas y burlas
de lo espiritual, donde los mitos, los símbolos y los ritos han perdido
todo sentido para propios y extraños.
Esta profanización total ha tocado a todos los hombres
y mujeres del siglo XX, y sólo se salvan de ella los seres y comunidades
que se marginan totalmente (por el simple expediente de no creer de modo
alguno en esos supuestos que comprueban experimentalmente como falsos),
ya que su descripción del mundo y la realidad participan de la verdad
de otros espacios y planos –que están igualmente en este mundo y
en el hombre mismo– ligados a lo metafísico, en los cuales acreditan
sin ninguna hesitación por su propia evidencia, encarnada en ellos
mismos y manifestada en el total de la expresión universal, y por
lo tanto comprobable en todo tiempo y lugar, gracias a los signos que permanentemente
la revelan.
Se ha de destacar, sin ir más lejos, que estos seres y
comunidades a que nos referimos en último lugar constituyen pequeñas
minorías dentro de la corriente general, hoy identificada con la
ilusión del progreso y la superstición científica.
Entre ellas siempre se han destacado las culturas indoamericanas, muchas
veces atacadas de frente por falsas ideas acerca de la vida, la felicidad,
el confort, y la justicia misma, miradas desde las valoraciones profanas
del hombre blanco, el que de una manera verdaderamente imperialista trata
de imponer ideologías propias de su "raza", así
sean las del consumismo "capitalista", como las del resentimiento
"marxista" disfrazado de justicia social, ambas completamente
ajenas a la mentalidad de la tradición amerindia, y sólo esgrimidas
para hacer de los indígenas, no hombres dignos pertenecientes a una
Tradición, permanentemente ligada a los valores eternos, propios
del ser humano y su función como hijo directo de Dios y producto
del gesto creacional, sino como meros factores de la producción (al
igual que los proletarios industriales), que los hace o ciudadanos de quinta
categoría, miserables que pueblan las periferias de las ciudades
como autómatas, entre gases tóxicos, con el único auxilio
de la televisión como guía de sus pasos, mientras aguardan
la posibilidad del auto y la casa propia con los años, a la par que
sus hijos son capaces de elevarse hasta obtener un título, hacerse
ejecutivos, políticos, o narcotraficantes, o escoger por cualquiera
otra de las indefinidas opciones de incorporarse al caos y a la ignorancia
general. 1
En términos generales, diremos que hay distintas "etnias"
dentro de cada país moderno: bastantes de esas etnias se encuentran
fragmentadas y aun polarizadas entre sí, a tal punto que, en realidad,
la pertenencia a tal o cual grupo la da en última instancia el municipio
en el que vive el indígena, y las autoridades civiles –en la mayoría
de los casos también religiosas– que lo rigen son las encargadas
de velar por los asuntos internos de la comunidad, a la par que sirven de
puente con el "exterior", o sea, con los engranajes del gobierno
nacional.
Estas comunidades suelen dividirse en Latinoamérica en
dos grandes grupos: a) los tradicionales y b) los progresistas. Los primeros
a su vez se subdividen en dos grupos; en el primero se encuentran los hombres
de conocimiento, chamanes y personas que verdaderamente conocen su Tradición,
viven en ella y la practican cotidianamente como forma de vida, y en el
segundo, los que bien podrían ser llamados tradicionalistas, pues
sin conocer a fondo los misterios últimos de su cosmovisión,
sin embargo participan en distintos grados de ella, de lo cual se sienten
orgullosos, así como de sus costumbres y su riquísimo acervo
cultural (entre ello de su lengua) que respetan y gozan.
En cuanto a los "progresistas", se les puede dividir
a su vez en tres grupos: 1) los "evangélicos", que han
tenido mucho éxito en su prédica estos últimos años
debido fundamentalmente a su condena del alcohol, problema que padecen los
indígenas, pues la misma sustancia que utilizan en sus ceremonias
y ritos, ha transformado a algunos en alcohólicos consuetudinarios
con problemas sociales. 2) los catequistas, grupos juveniles de activistas
católicos que ponen énfasis en su trato igualitario con los
indios y se ocupan de ciertas obras deportivas y sociales, descuidando completamente
la vida espiritual, de la que participan a su modo las etnias desde hace
cinco siglos, poniendo sólo énfasis en las necesidades materiales
de los autóctonos a los que ve como indigentes, ya que su abandono,
desde el punto de vista de la sociedad de consumo, es grande. Hoy en día,
siguiendo órdenes papales, se empeñan en una "teología"
de la "justicia social" que éste acaba de oficializar (pidiendo
perdón a los indígenas por los pecados cometidos) destinada
a erradicar la "teología de la liberación", pero
que parte de los mismos supuestos materiales de ella.
Agregaremos
que en muchos templos los mismos indígenas han tenido que salir en
defensa de ceremonias y ritos y fiestas netamente católicas que los
progresistas han pretendido eliminar. 3) en tercer lugar están los
"marxistas", en muchos casos apoyados por el grupo que acabamos
de describir, interesados sólo en la política (en sus intereses
políticos), y apoyados por la demagogia de los partidos existentes.
Para esta gente el indio es sólo un pobre diablo hambreado e ignorante
que no tiene la menor idea de nada, un "objeto" que una vez detectado
es fácil de manipular. Demás está decir lo que piensa
un auténtico chamán indoamericano sobre estos "progresistas",
salvo que los considera los enemigos más grandes, demonios capaces
de dar la última puñalada a estos pueblos, al quitarles de
manera directa (o indirecta) su Tradición y convertirlos definitivamente
en masa, es decir en nada; situación en la que los indígenas
serán los únicos perjudicados, y que anuncia los días
de la muerte de su cultura, y por lo tanto de su identidad, en aras de una
"civilización" que está abocándonos a todos
a un fin inminente, y que sin más pretende disolver las tradiciones
precolombinas forjando un signo más de la disolución universal,
como lo sabe muy bien ese chamán al que nos estamos refiriendo.
En realidad el problema es claro: se cree que la sociedad moderna,
o post-moderna, técnica o electrónica, constituye un avance;
si se considera que la humanidad va evolucionando y aun se cree en el "progreso",
como a fines del siglo pasado, es obvio que los indígenas, (que siempre
se han apartado de las congregaciones blancas desde la invasión europea),
son sumamente atrasados e incomprensibles. ¿Cómo puede perder
su tiempo el ama de casa india torteando su maíz cuando puede comprar
su tortilla empaquetada en el supermercado, o regodearse con los corn flakes? ¿Cómo
van a vivir en ranchos de paja y barro cuando tal vez podrían acceder
al monoblock y a las ciudades satélites? ¿Cómo siguen
atendiéndose con el chamán e ingiriendo yerbas, cuando para
eso están la medicina alopática, la cirugía y los hospitales?
¿Acaso no es ridículo producir artesanías con elementos
del entorno cuando pueden fabricar en serie y en forma masiva con máquinas
y utilizando el plástico como materia prima? ¿Por qué
insisten en trabajar personalmente su milpa, cuando podrían ser proletarios
sindicalizados y poseer televisión y otros artefactos del hogar?
Y sobre todo: ¿Cómo es que no abandonan sus ridículas
creencias y se unen democráticamente a las de la mayoría que
desea un civilismo laico, productivo y materialista?
Lamentablemente este tipo de planteos son propios de los gobiernos
y los estados subdesarrollados y en vías de desarrollo, que aún
acreditan en la masificación cuantitativa. Por el contrario las naciones
(e individuos) desarrollados que han sufrido en carne propia las maravillas
del "progreso" y para cuyas juventudes "no hay futuro",
consideran al mundo moderno no como evolucionado sino en proceso de total
involución y creen en un fin inevitable y no muy lejano, precisamente
por esas circunstancias. Por lo que la cuestión resulta clara y sencilla:
para los que aún se ilusionan con el progreso indefinido los indígenas
han de ser salvados de su barbarie –y dejar de ser indígenas– para
incorporarse al mercado de consumo, y a la producción industrial,
cuando no se los trata de manipular política y demagógicamente
por gobiernos y estados corruptos. A la inversa, para aquéllos que
saben que la sociedad moderna está ya viviendo su fin, los indígenas
y su forma de vida se presentan como fragmentos de lo que el ser humano
aún tiene de tal y por eso como ejemplos de la cosmogonía
y la metafísica de una sociedad tradicional, y aun como modelos alternativos.
Pero esto de ninguna manera significa negar a los autóctonos determinados beneficios obvios propios de la sociedad contemporánea como pueden ser el agua corriente, los alcantarillados y desagües, la propia protección ecológica y las conquistas de la medicina en el campo de la inmunología, para nombrar sólo algunos pocos de ellos; también es fundamental la educación bilingüe, es decir, el estudio de la lengua aborigen para quien no la conoce y la del idioma oficial, para quien no la habla, por la necesidad que tienen actualmente los naturales de pertenecer a los países modernos y como forma de adquirir elementos de todo tipo para la valorización y defensa de su propia cultura, al igual que para impedir la explotación ejercida hoy y ayer por aquellos que han pretendido liberarlos y hacer de ellos personas "decentes", que no se distingan de la mediocre uniformidad del conjunto, razón por la que los propios indígenas deben tomar conciencia de esta situación y evitar ser engañados como hasta ahora con chatarra, así ésta consista tanto en "cuentas de vidrio", como en ideologías e "ismos" propios del hombre blanco.
Aunque serían necesarios más arquitectos indígenas
para orientar y realizar sus construcciones con un plan arquetípico
y sagrado, como antaño hicieron con sus templos y como siguen haciéndolo
hoy en la milpa, a cielo descubierto. Además podrían seguir
la carrera de medicina de las universidades con el fin de incorporar los
elementos de su arte terapéutico como contribución a la salud
general. Igualmente sería necesario continuar con la producción
de sus artesanías, no perder la calidad y procurar buen precio por
ellas, debida cuenta del valor económico de los objetos realizados
a mano en los países más desarrollados, los que para muchas
cosas los prefieren a la producción industrial. También sería
loable que algunos de ellos –incluso chamanes u hombres de conocimiento–
estudiaran leyes para poder defender sus derechos, pero que evitaran comprometerse
en el peligroso y delicado mundo de la política de los países
que habitan. Asimismo otros que pudieran estar capacitados en técnicas
administrativo-contables e informática electrónica, para ser
voceros de sus comunidades y respetados en el ámbito nacional. Y
todos conocedores de su propia Tradición y de los valores cosmogónicos,
filosóficos y metafísicos que entraña.