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Félix Guattari
DELEUZE / BIBLIOGRAPHIE ET MONDES INéDITS
La cuestión de la cuestión par Felix Guattari
Marzo 1992
Esta naciendo una nueva inteligencia del oikos, la casa del mundo. El aire, el agua, la energía, devienen asuntos humanos. Los paisajes, las cosas de la vida vegetal y animal unidos a los de la red de ciudades, tanto como a los de los continentes de la miseria.
Las configuraciones geopolíticas se modifican a toda marcha mientras que los
universos de la tecnociencia , de la biología, de la asistencia por computador,
de la telemática de los medios desestabilizan cada día más nuestras coordenadas
mentales. La miseria del tercer mundo, el cáncer demográfico, el crecimiento
monstruoso y la degradación de los tejidos urbanos, la destrucción insidiosa de
la biosfera por las poluciones, la incapacidad del sistema actual de recomponer
una economía social adaptada a los nuevos datos tecnológicos: todo debería
concurrir a movilizar los espíritus, las sensibilidades y las voluntades. En
lugar de esto, la aceleración de una historia, que quizá nos arrastra a los
abismos, es enmascarada por la imaginería sensacionalista, y en realidad
banalizante e infantilizante, que los medios nos confeccionan a partir de la
actualidad.
La crisis ecológica remite a una crisis mas general de lo social, de lo
político y de lo existencial. Lo que se cuestiona aquí, es una especie de
revolución de las mentalidades a fin de que dejen de garantizar un cierto tipo
de desarrollo, fundado sobre un productivismo que ha perdido toda finalidad
humana. Entonces, lancinante, retorna la pregunta: ¿cómo modificar las
mentalidades, como reinventar las prácticas sociales que volvieran a dar a la
humanidad, si alguna vez la ha tenido, el sentido de la responsabilidad, no
solo respecto a su propia supervivencia, sino igualmente al porvenir de toda
vida sobre este planeta, la de las especies animales y vegetales, como la de
las especies incorporales, tales como la música, las artes, el cine, la
relación con el tiempo, el amor y la compasión por el prójimo, el sentimiento
de fusión en el seno del cosmos? Conviene ciertamente recomponer los medios de
concertación y de acción colectivos adaptados a una situación histórica que ha
devaluado radicalmente las antiguas ideologías, las prácticas sociales y las políticas
tradicionales. Señalemos, a este respecto, que no se puede excluir que los
nuevos instrumentos informáticos contribuyan a la renovación de semejantes
medios de elaboración y de intervención.
Pero no serán ellos, como tales, quienes desencadenan los centelleos creadores,
que engendrarán los focos de toma de conciencia capaces de desplegar
perspectivas constructivas. A partir de empresas fragmentarias, de iniciativas
a veces precarias, de experimentaciones titubeantes, de comenzar a buscar
nuevos agenciamientos colectivos de enunciación, otras maneras de ver y hacer
el mundo, otras maneras de ser y actualizar inéditas como de aprender y de
crear, sobre los modos fácticos, las virtualidades existenciales mutantes.
Esta toma en cuenta de los factores subjetivos de la Historia y el salto de
libertad ética que entraña la promoción de una verdadera ecología de lo
virtual, no implican de ningún modo un repliegue sobre sí (tipo meditación
trascendental) o una renuncia al compromiso político. Requiere, al contrario,
una refundación de las prácticas políticas.
Desde finales del siglo XVIII, el impacto de las ciencias y de las técnicas
sobre las sociedades desarrolladas ha estado nutrido de una bipolarización
ideológica, social y política entre las corrientes progresistas frecuentemente
jacobinas en su aprehensión del Estado y las corrientes conservadoras que
preconizan una fijación a los valores del pasado. A nombre de las luces, las
libertades, el progreso, después de la emancipación de los trabajadores, se ha
constituido un eje izquierda-derecha como una especie de referente de base.
Hoy los social-demócratas se han convertido sino al liberalismo al menos al
primado de la economía de mercado, mientras que el hundimiento generalizado del
movimiento comunista internacional ha dejado abierto uno de los términos
extremos de esta bipolaridad. ¿Debe pensarse, en estas condiciones, que esta
está llamada a desaparecer, como lo proclama la consigna de algunos
ecologistas: "ni izquierda, ni derecha"? ¿No sería lo social mismo lo
que estaría llamado a esfumarse como un señuelo, como lo han afirmado ciertas
tendencias post-modernistas? Al encuentro de estas posiciones, considero que
está llamada a reconstruirse una polarización progresista a través de esquemas
más complejos, según modalidades menos jacobinas, más federativas, más
disensuales, con relación a las cuales se resituarán los diferentes refritos de
conservadurismo, de centrismo, incluso de neo-fascismo. Las formaciones
partidistas tradicionales están demasiado entremezcladas en los diferentes
engranajes estatales para desaparecer de la noche a la mañana de los sistemas
de democracia parlamentaria. Y esto a pesar de su evidente perdida de crédito,
que se traduce en una creciente desafección del electorado, tanto como por una
falta de convicción flagrante de la parte de los ciudadanos que continúan
votando. Es claro que los juegos políticos, sociales y económicos escapan cada
vez más a las justas electorales que se vuelven frecuentemente hacia las
grandes maniobras mass-mediaticas. Una cierta forma de "política
politicastra" parece llamada a desaparecer frente a un nuevo tipo de
práctica social mejor adaptada a la vez a las cuestiones de los asuntos locales
y a los problemas planetarios de nuestra época. ¡La cuestión de la cuestión!
Eso es lo que se plantea con la problemática ecologista. Hay una cuestión
social que hoy en día toma formas nuevas, hay una cuestión urbana, una cuestión
de las energías no-renovables, una cuestión geo-política, una cuestión
demográfica. La cuestión de la cuestión es ¿cómo se articulan estas cuestiones,
en un sentido procesual, hacia una salida creadora; cómo, también, un universo
heterogéneo complejo, una constelación de universos de valores representan
ciertas promesas: el universo del politeísmo medioambiental (ríos, peces,
árboles, etc.), la constelación urbana de las redes de socialidad, el universo
político de las colectividades locales, la expresión de un rechazo profundo
frente a la crisis de las formas políticas, la apertura sobre agenciamientos
comunicacionales y sobre una dimensión mundialista.
¿Tiene un sentido articular la cuestión urbana y la cuestión ética, se puede
trabajar la cuestión? Asunto de práctica. El problema está planteado: de ahí la
ambigüedad total de la cuestión ecológica. Si no se hace de esta una cuestión
natural, corremos el riesgo del lastre de los modos de cuestionamiento en la
vía del totalitarismo. Pero al mismo tiempo, a través de la cuestión ecológica,
¿Qué otros asuntos se plantean?
La izquierda, el movimiento obrero se construyeron sobre la cuestión social, la
de la miseria. En cierta medida, hoy ese capítulo solo permanece abierto en el
antagonismo con el tercer mundo. ¿Cuál va a ser el factor de finitud, de
angustia existencial hoy? Pasa por la finitud de la biosfera y esta gestión de
la finitud introduce un lazo con la preocupación del tercer mundo, de la
pobreza, del otro lado de las fronteras. La ecología representa un riesgo de
totalitarismo pero igualmente una palanca extraordinaria para las prácticas
sociales y los diversos cuestionamientos: mentales, sociales, éticos.
Puede conducir a un descentramiento de la subjetividad. En ese dispositivo, los
"Khmers verdes", estigmatizados por Actuel, son, por su obcecación,
un elemento esencial de palanca: si estamos por el disenso, hay que asumir la
ambigüedad de los Verdes.
Realmente golpea constatar en cuanto el movimiento ecologista francés, en sus
diversos componentes, se ha mostrado incapaz, hasta ahora, de hacer vivir las
instancias de base. Está por entero consagrado a un discurso de orden
medioambiental o político. Si usted interpela a los ecologistas sobre lo que
van a hacer para ayudar a los desempleados de su barrio, generalmente responden
que no es su asunto. Si les pregunta como van a salir de sus prácticas
grupusculares y de cierto dogmatismo, muchos de ellos ven bien fundada la
pregunta, pero ¡se sienten en un aprieto como para aportar respuestas! Entonces
en verdad, el problema hoy en día, para ellos, ya no es posicionarse a igual
distancia de la izquierda y de la derecha, sino contribuir a reinventar una
polaridad progresista, refundar la política sobre otras bases, rearticular
transversalmente lo publico y lo privado, lo social, lo medioambiental y lo
mental. Para ir en ese sentido se deben experimentar nuevos tipos de instancias
de concertación, de análisis, de organización, primero a pequeña escala y luego
más ampliamente. Si el movimiento ecologista, que hoy en día en Francia se
presenta bajo un sol prometedor, no se consagra a está tarea de recomposición
de instancias militantes en un sentido nuevo, es decir de agenciamientos
colectivos de subjetivación, entonces, sin duda, perderá el capital de
confianza del que se encuentra investido, los aspectos técnicos y asociativos
de la ecología serán recuperados por los partidos tradicionales y el poder de
Estado. El movimiento ecologista deberá entonces, a mi modo de ver, preocuparse
prioritariamente de su propia ecología social y mental.
Hacía una era post-media
Octubre de 1990
La unión entre televisión, telemática e informática está operándose bajo
nuestros ojos y se cumplirá sin duda en el decenio por venir. La digitalización
de la imagen televisual llegará hasta que la pantalla de tele sea al mismo
tiempo la del computador y la del receptor telemático. Así las prácticas, hoy
separadas, encuentran su articulación. Y las actitudes de pasividad, estarán,
tal vez, obligadas a evolucionar. El cable y el satélite nos permitirán zapear
entre cincuenta canales, mientras la telemática nos dará acceso a un número
indefinido de bancos de imágenes y de datos cognitivos. El carácter de
sugestión, de hipnotismo, de la relación actual con la tele ira esfumándose. Se
puede esperar, a partir de entonces, que se operará una modificación del poder
mass-mediático que aplasta la subjetividad contemporánea y se entre en una era
post-media consistente en una reapropiación individual y colectiva, y un uso
interactivo de las máquinas de información, de comunicación, de inteligencia,
de arte y de cultura.
A través de esta trasformación, lo que se encuentra modificado es la
triangulación clásica: el eslabón expresivo, el objeto referido y la
significación. La foto electrónica, por ejemplo, ya no es la expresión de un
referente unívoco, sino la producción de una realidad entre otras posibles. La
actualidad televisiva resulta de un montaje a partir de componentes
heterogéneos: figurabilidad de la secuencia, modelización de la subjetividad en
función de los patrones dominantes, presión política normalizante, fuente de un
mínimo de ruptura singularizante. En el presente, en todos los dominios, pasa a
primer plano una tal producción de realidad inmaterial, frente a la producción
de vínculos materiales y de servicios.
¿Debemos volver a los "buenos viejos tiempos" en que las cosas eran
lo que eran, independientemente de su modo de representación? Pero jamás ha
existido ese tiempo, solo en el imaginario cientista y positivista. Ya en el
paleolítico, con sus mitos y sus rituales, la mediación expresiva había tomado
sus distancias con la "realidad". Cualquiera que sea, todas las
antiguas formaciones de poder y sus maneras de modelizar el mundo han sido
desterritorializadas. La moneda, la identidad, el control social pasan bajo la
egida de la carte à puce. Los acontecimientos de Irak, lejos de ser un retorno
a la tierra, nos hacen despegar en un universo de subjetividad mass-mediático
propiamente delirante. Las nuevas tecnologías secretan, en el mismo movimiento,
de la eficiencia y de la locura. El poder ampliado de la ingeniería del software
no desemboca necesariamente sobre la del Big Brother. Está más fisurado de lo
que parece. Puede explotar como un parabrisas bajo el impacto de prácticas
moleculares alternativas.
Modelo de coacción
Modelización creadora
Abril de 1991
Después de Michel Foucault, y sin pretender dar una interpretación histórica
general de las formaciones de poder, se pueden distinguir las sociedades de
soberanía, las sociedades disciplinarias y las sociedades de control. El
soberano deducía su parte del trabajo humano a partir de instancias de poder
dominando y sobrecodificando los conjuntos sociales que conservaban una cierta
identidad y autonomía territorial -etnias, pueblos, corporaciones. La
modelización social permanecía, así, relativamente exterior a las herramientas
y a los dispositivos de explotación económica. Con la disciplina capitalista la
división del trabajo, el peso creciente de las máquinas energéticas, los
instrumentos semióticos reactuan sobre la economía
"desterritorializando" los antiguos grupos sociales para constituir
espacios productivos constituyendo dispositivos de encierro materiales,
institucionales y mentales. El capitalismo remodeliza lo social en sus menores
detalles, desde los aparatos de estado, los equipamientos colectivos hasta los comportamientos
y afectos individuales. Por su parte, la máquina urbana funciona como una
especie de proto-computador que secreta, en la medida de la evolución de las
necesidades del sistema, las oposiciones duales entre sus clases explotadas y
sus "elites", sus ciudadanos respaldados y sus excluidos, sus
normales y sus locos. En la edad del control generalizado, la modelización se
hace más totalitaria y hegemónica. La producción de subjetividad no procede
solamente por grandes conjuntos y por masas sino por una programación
molecular. El catecismo del nuevo Dios programador ya no se hace de la boca a
la oreja, sino directamente sobre las estructuras modulares nerviosas y
psíquicas. El niño tiene desde la cuna esquemas pilotos que le son trasmitidos
por la tele y que modelizan su percepción, su imaginario y sus valores de
referencia; el obrero está cogido en el engranaje de los sitios productivos
asistidos por computador, por comandos numéricos de todo tipo; los
comportamientos del consumidor y del elector son teleguiados en bucles de
retroacción por la publicidad, los sondeos y la hipnosis televisual.
La sociedad de control esta dominada por una especie de pulsión determinista
colectiva que, paradójicamente, no está menos minada desde el interior por la
necesidad imperiosa de preservar un mínimo de grados de libertad, de
creatividad, de inventividad, en el dominio de las ciencias, las técnicas, las
artes, a riesgo de que el sistema se hunda en una especie de inercia entrópica.
Este régimen de modelización programada desde el exterior, quizá es solo una
fase llamada a desaparecer frente a una modelización reasumida del interior por
los agenciamientos colectivos de enunciación que desarrollarían
sistemáticamente esta dimensión de creatividad. Tal evolución depende, de una
parte, del desarrollo de las ciencias, de las técnicas y de las artes y, de
otra parte de la recomposición de prácticas sociales adecuadas. Tomemos dos
ejemplos: la teoría científica, concebida como un cuerpo de restricciones
cerrado sobre si mismo, tienda ya a dar lugar a sistemas de modelización
evolutivos dejando totalmente abierta la definición de sus objetos y el
estatuto de sus procedimientos. En el dominio de la película, nuevas
tecnologías conducirán, quizá, al espectador a tomar parte activa en el
espectáculo, dirigiendo el mismo su punto de vista, su posición, sus primeros
planos, sus zooms, sus picados. Ulteriormente se posicionará como
espectador-narrador de la acción. Por ejemplo, podrá, a su gusto, cambiar de
campo en un western o en una guerra como la del Golfo.
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