"Las acciones habitualizadas retienen, por supuesto, su carácter significativo para el individuo, aunque los signifi­ca­dos que entrañan llegan a incrustarse como rutinas en su depósito general de conocimientos que da por establecido y que tiene a su alcance para sus proyectos.  La habituación comporta la gran ventaja psicológica de restringir las opciones.  Si bien en teoría pueden existir tal vez una cien maneras de emprender la construc­ción de una canoa con ramas, la habituación las restringe a una sola, lo que ligera al individuo de la carga de "todas esas decisiones", proporcionando un alivio psicológico basado en la estructura de los instintos no dirigidos al hombre.  (...) De acuerdo con los significados otorgados por el hombre a su actividad, la habituación torna innecesario volver a definir cada situación de nuevo, paso por paso. (...)             La institución aparece cada vez que se da una tipificación recíproca de acciones habi­tua­lizadas por tipos de actores.  Dicho de otra forma, toda tipifica­ción de esa clase es una  institución" [1] 

Las instituciones han sido concebidas para liberar a los individuos de la necesidad de reinventar el mundo y reorientarse diariamente en él.  Las instituciones crean “programas” para el manejo de la interacción social y para la “ejecución” de un curriculum vitae determinado.  Proporcionan modelos probados a los que la gente puede recurrir para orientar su conducta.  Al poner en práctica estos modos de comportamiento “prescritos”, el individuo aprende a cumplir con las expectativas asociadas a ciertos roles; por ejemplo, los de esposo, padre, empleado, contribuyente, conductor de automóvil, consumidor.  Si las instituciones están funcionando en forma razonablemente normal, entonces los individuos cumplen los roles que les son asignados por la sociedad en forma de esquemas de acción institucionalizados y viven su vida de acuerdo con currículos asegurados institucionalmente, moldeados socialmente y que gozan de una aceptación generalizada e incondicional.  En sus repercusiones, las instituciones son sustitutos de los instintos: permiten la acción sin que haya necesidad de considerar todas la alternativas.  Muchas interacciones sociales de importancia societal tienen lugar en forma casi automática (...) 

 

Peter Berger y Thomas Luckmann, Modernidad, Pluralismo y Crisis de Sentido,  EL MERCURIO, Suplemento Artes y Letras, 17.11.1996.