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PROCESOS COGNITIVOS EN EL TRASTORNO DE LA ANSIEDAD GENERALIZADA archivo del portal de recursos
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Procesos cognitivos en el trastorno de ansiedad generalizada,
según el paradigma del procesamiento de la información.
enlace de origen
S. Arcas Guijarro
A. Cano Vindel
Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos).
Universidad Complutense de Madrid (España).
1. Introducción.
2. Ansiedad y procesamiento de la información.
3. Sesgo atencional: Teoría de la Hipervigilancia de Eysenck.
4. Sesgo de memoria.
5. Sesgo de interpretación del entorno: las preocupaciones.
6. Conclusiones.
1.
Introducción
La ansiedad ha sido
estudiada como respuesta emocional y como rasgo de personalidad. Como emoción,
la ansiedad puede ser entendida como un conjunto de manifestaciones experienciales,
fisiológicas y expresivas, ante una situación o estimulo,
que es evaluado por el individuo como potencialmente amenazante, aunque
objetivamente pueda no resultar peligroso (Cano Vindel, 1989).
Hablamos
de emociones para referirnos a ciertas reacciones que se vivencian como
una fuerte conmoción del estado de ánimo. Esta vivencia suele
tener un marcado acento placentero o displacentero y va acompañada
por la percepción de cambios orgánicos, a veces intensos.
Al mismo tiempo, esta reacción puede reflejarse en expresiones faciales
características, así como en otras conductas motoras observables.
Por lo general, las emociones surgen como reacción a una situación
concreta, aunque también puede provocarlas información interna
del propio individuo (Cano Vindel, 1997, p. 132).
Según el modelo
de Lang (1968) las manifestaciones de ansiedad, de miedo, o de cualquier
otra emoción se pueden observar a tres niveles diferentes (experiencia,
cambios somáticos y conducta), pudiendo darse el caso de la falta
de concordancia entre las manifestaciones observadas en los tres canales
de respuesta (cognitivo-subjetivo, fisiológico y motor), por lo que
cabe pensar que cada canal obedece a un sistema conductual diferente. Nos
encontraríamos así con tres sistemas de respuesta parcialmente
independientes (Lang, 1968).
Como rasgo de personalidad, la ansiedad
se estudia a partir de las diferencias individuales en la propensión
a sentir o manifestar estados o reacciones de ansiedad. Dicho estado se
caracteriza por sentimientos de tensión, aprensión, inseguridad,
así como autovaloraciones negativas; asimismo, en el nivel fisiológico
se observan distintas alteraciones, que pueden reflejar distintos niveles
de activación del S.N.A. y de la tensión muscular; finalmente,
se pueden observar distintos índices característicos de la
agitación motora, que interfieren en la conducta normal adaptada.
Para atender a esta doble vertiente (rasgo y emoción), desde la psicología
de la personalidad, ha surgido el modelo rasgo-estado. El rasgo de ansiedad
se entiende como una característica de personalidad o tendencia a
reaccionar de forma ansiosa, con independencia de la situación. En
cambio, el estado de ansiedad es un concepto que se refiere a una situación
y un momento. Se trata de un estado emocional transitorio y fluctuante,
determinado por las circunstancias ambientales (Cattell, y Scheier, 1961).
Ambos conceptos (rasgo y estado) son interdependientes, pues las personas
con un elevado rasgo ansioso están más predispuestas al desarrollo
de estados de ansiedad, al interactuar con los estímulos ansiógenos
del entorno.
Existen diferentes modelos rasgo-estado que han tratado
de explicar las diferencias interindividuales en las manifestaciones de
ansiedad. Dentro de estos modelos cabe diferenciar entre los modelos de
corte fisiológico y los psicológicos. Las teorías fisiológicas
proveen una perspectiva unidimensional del rasgo y poseen una escasa confirmación
experimental. Las teorías psicológicas posibilitan explicaciones
más complejas y multidimensionales, poseen una mayor confirmación
empírica y, a lo largo de su desarrollo, han ido concediendo progresivamente
un mayor peso a los factores cognitivos en la determinación del rasgo.
Las teorías fisiológicas consideran que las diferencias en
el rasgo de ansiedad están afectadas por factores hereditarios. Las
personas con un alto rasgo ansioso serían genéticamente más
sensibles a la información potencialmente amenazante del entorno,
experimentando con mucha más frecuencia estados de ansiedad. En este
sentido, Eysenck (1967) planteó el "Visceral Brain", compuesto
por hipocampo, cíngulo, amígdala, septum e hipotálamo,
como el mecanismo fisiológico responsable de las diferencias individuales
en "neuroticismo". Para Gray (1982), la ansiedad se activaría
a través de un mecanismo mediacional denominado: sistema de inhibición
comportamental, regido por el septo hipocampal. El hipocampo, responsable
de comparar la información del input estimular con una expectativa
creada específicamente para la situación, con la que el sujeto
interactúa, desencadenaría la ansiedad al percibir una discrepancia
entre la situación actual y su expectativa. Las diferencias, en cuanto
al rasgo de ansiedad, estarían provocadas por una mayor activación
de este sistema de inhibición comportamental ante los estímulos
aversivos o novedosos.
Pero se ha podido comprobar experimentalmente
que la aportación de los factores genéticos en la determinación
del rasgo de ansiedad es, en realidad, muy modesta (Tongersen, 1983), a
partir de las investigaciones llevadas a cabo con gemelos homocigóticos
y dicigóticos. Las teorías fisiológicas proveen una
perspectiva unidimensional del rasgo, altamente simplificada y no estudian
los factores medioambientales, que tienen un peso importante sobre las diferencias
individuales en ansiedad.
Las teorías de corte psicológico,
sin embargo, han aportado explicaciones más complejas, haciendo un
especial hincapié en el aprendizaje y la determinación medioambiental.
Desde sus inicios, con Cattell, a su posterior desarrollo hacia el modelo
interactivo-multidimensional, han asumido progresivamente una mayor determinación
de los factores cognitivos en la explicación del rasgo ansioso.
Así, Spielberger (1966) describía el Estado de Ansiedad como
un estado emocional transitorio caracterizado por una percepción
subjetiva de sentimientos de aprensión y temor, y una alta activación
del Sistema Nervioso Autónomo; aquellas situaciones que fuesen percibidas
como amenazantes, con independencia del peligro real, suscitarían
Estados de Ansiedad. El Rasgo de Ansiedad constituiría una predisposición,
por parte del individuo, a percibir las circunstancias ambientales como
amenazantes y por tanto una tendencia a responder, con frecuencia, con fuertes
estados de Ansiedad. Para Spielberger, el mecanismo fundamental es, pues,
la valoración cognitiva de amenaza que realiza la persona a cerca
de los estímulos externos (estresores) e internos (pensamientos,
sentimientos o necesidades biológicas).
Hoy en día los
modelos cognitivos de la ansiedad (Lazarus, y Folkman, 1986; Eysenck, 1992,
1997) gozan de general aceptación. Desde los modelos cognitivos de
la valoración (Lazarus, y Folkman, 1986), la situación es
percibida por el individuo y sometida a un proceso de evaluación
o valoración de las implicaciones que dicha situación tiene
para el individuo. Si el resultado de la valoración es que dicha
situación supone cualquier tipo de amenaza para el propio individuo,
se iniciará una reacción de ansiedad; aunque dicha reacción
estará mediada por otros procesos cognitivos de afrontamiento que
intentarán reducirla (Fernández-Abascal, y Cano Vindel, 1985).
Los modelos cognitivos más recientes del sesgo conciben la ansiedad
como fruto de una serie de sesgos cognitivos (cognitive bias) o tendencias
en la interpretación de la situación. Cuando esta tendencia
o sesgo es muy exagerada o errónea tiende a producir reacciones de
ansiedad muy intensas que pueden llegar a ser patológicas (Eysenck,
1992, 1997).
Estas teorías cognitivas se han fundido con las
concepciones multidimensionales del rasgo a partir del modelo interactivo
(Endler, y Magnusson 1974, 1976; Endler, 1983).
El modelo interactivo
del rasgo de personalidad es un modelo multidimensional, pues existen diferencias
individuales de rasgo asociadas a tipos de situaciones. Surgen de esta manera
diferentes rasgos específicos asociados a tipos de situaciones. Esta
nueva concepción se opone o complementa al constructo de rasgo general
que defendía su unidimensionalidad. La perspectiva interactiva plantea
que la explicación del comportamiento ansioso no se supedita tan
solo al rasgo o al estado, sino que está determinada por una interacción
entre las cualidades del individuo y la específica situación
ambiental. Así, los factores cognitivos y motivacionales que predisponen
al individuo a hacer interpretaciones amenazantes a cerca de la situación
(rasgo), unidos al significado psicológico que tienen ciertas características
ambientales que se están produciendo en este momento (situación),
son ambos factores determinantes de la reacción ansiosa (estado).
Endler (1977) propone su hipótesis de la congruencia o diferencial,
por la cual para que la interacción rasgo x situación de lugar
al estado de Ansiedad, debe darse una congruencia entre el rasgo del individuo
y el tipo de situación.
Conjugando las aportaciones de este
modelo interactivo multidimensional con las del modelo sobre el triple sistema
de respuesta en ansiedad de Lang (fisiológico, cognitivo y motor),
Miguel Tobal y Cano Vindel, construyen el Inventario de Situaciones y Respuestas
de Ansiedad (ISRA), que evalúa el nivel general de ansiedad (rasgo),
la ansiedad en los tres sistemas de respuesta (cognitivo, fisiológico
y motor), así como también cuatro rasgos específicos
o áreas situacionales: Ansiedad ante las Situaciones de la Vida Cotidiana,
Ansiedad ante la Evaluación, Ansiedad Fóbica y Ansiedad Interpersonal.
(Miguel Tobal ,y Cano Vindel, 1984, 1988, 1994). De estos cuatro rasgos
específicos de ansiedad, por su definición, el rasgo específico
de Ansiedad ante Situaciones de la Vida Cotidiana probablemente sea el más
similar al Rasgo General de Ansiedad.
Recapitulando lo anteriormente
expuesto, el rasgo se definiría atendiendo prioritariamente a factores
cognitivos como: la predisposición cognitiva a interpretar ciertas
situaciones como amenazantes, independientemente del peligro real, respondiendo
con intensos estados de ansiedad.
Desde la concepción multidimensional
del rasgo, existirían diversos rasgos de ansiedad específicos,
cada uno caracterizado por su sesgo cognitivo propio. Así por ejemplo,
las personas con Ansiedad Interpersonal presentarían una tendencia
a percibir las situaciones sociales (o cualquier circunstancia que tuviese
implícita una evaluación social) como amenazantes, desencadenando
sólo entonces su respuesta emocional ansiosa. De la misma forma,
los sujetos con alta Ansiedad ante Situaciones de la Vida Cotidiana (situaciones
de trabajo, o estudio, "a la hora de ir a dormir", o "por
nada en concreto"), tienen un comportamiento muy similar a los individuos
de bajo rasgo en aquellas situaciones que no sean cotidianas, al contrario
de lo que sucedería en aquellas situaciones que son congruentes con
sus preocupaciones, en las que manifestarían una importante elevación
del arousal o activación.
Hasta aquí estamos considerando
a la ansiedad como una reacción normal de los seres humanos, que
aparece en determinadas situaciones, dependiendo en buena medida de cómo
interpreten los individuos dichas situaciones. Pero estas reacciones de
ansiedad pueden llegar a ser patológicas en algunos casos, cuando
la intensidad de la reacción es muy alta y desproporcionada a la
amenaza que realmente presenta la situación. Los trastornos de ansiedad
son muy frecuentes, tanto, que se calcula que una de cada siete personas
llegará a padecer alguno a lo largo de su vida. De los diferentes
trastornos de ansiedad (APA, 1994/1995) vamos a centrarnos en el trastorno
de ansiedad generalizada.
El DSM-III-R (APA, 1987/1988) definía
el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) atendiendo principalmente al
componente cognitivo de la Ansiedad, como " una expectativa aprensiva
(ansiedad y preocupación no realistas y excesivas), que se da de
modo permanente (con una antigüedad al menos de seis meses), sobre
distintas circunstancias de la vida cotidiana". Este componente cognitivo
se caracteriza por una "hipervigilancia" en la que se observan
una serie de síntomas, tales como sentirse atrapado o al borde de
un peligro, exageración de las respuestas de alarma, dificultad para
concentrarse o situaciones de mente en blanco, irritabilidad…etc. A su vez,
el TAG también se caracteriza por una fuerte sintomatología
vegetativa y motora: sensación de ahogo, palpitaciones, mareos, dolor
muscular, temblor, fatigabilidad excesiva, etc.
Hoy en día el
DSM IV (1994/1995) recalca aún más el componente cognitivo
desencadenante del trastorno, añadiendo al primer criterio (de ansiedad
y preocupación excesivas a cerca de eventos de la vida cotidiana),
un segundo criterio de incontrolabilidad de estas preocupaciones, y reduciendo
la importancia de los componentes somático y motor en la definición
de dicho trastorno (al requerir menos síntomas de este tipo para
que el TAG pueda ser diagnosticado).
El paralelismo entre el sesgo cognitivo
específico de las personas con alto rasgo de ansiedad ante las situaciones
cotidianas y el propio de los pacientes con TAG es evidente. La diferencia
estriba en que el sujeto con TAG parece experimentar una ansiedad patológica
casi constante y elevadísima, ante la gran mayoría de las
situaciones con las que interactúa, por nimias que éstas sean.
La persona con alto rasgo específico de ansiedad ante situaciones
cotidianas, mostrará en general niveles algo más bajos de
ansiedad que el sujeto con TAG y, además, requiere la interacción
con situaciones ambientales más precisas, aunque de alta frecuencia,
para desencadenar ese intenso estado ansioso; por otro lado, en un entorno
libre de la influencia de sus preocupaciones, su respuesta emocional, sería
muy similar a la de un sujeto con bajo o medio rasgo de ansiedad.
Desde
esta perspectiva, se puede entender con facilidad cómo lo que se
denomina tradicionalmente alto rasgo de ansiedad (que no es más que
la tendencia a experimentar ansiedad ante la mayoría de las situaciones
ambientales con las que se interactúa) o Rasgo de Ansiedad ante las
Situaciones de la Vida Cotidiana puede constituirse como un factor de vulnerabilidad
para el desarrollo de un TAG.
Michael W. Eysenck (1992) argumenta, al
respecto, que las personas caracterizadas por un alto Rasgo de Ansiedad
padecen una predisposición para desarrollar un Trastorno de Ansiedad
Generalizada; de manera que, según un modelo de diátesis-estrés,
los sujetos de alto rasgo general de ansiedad poseerían un factor
de vulnerabilidad latente, activado únicamente bajo ciertas circunstancias
estresoras, consistente en un determinado sesgo de procesamiento, similar
al manifestado en los pacientes con TAG.
Sandín, Belloch, y Ramos
(1995) plantean un modelo esclarecedor, a cerca de cómo un elevado
Rasgo de Ansiedad puede predisponer al desarrollo de un futuro Trastorno
de Ansiedad (aunque no especifican concretamente referirse a un TAG). Los
autores postulan un sesgo cognitivo pre-atencional consistente en una asignación
de recursos de procesamiento sobre los estímulos amenazantes, que
tendría como consecuencia un aumento de la activación autonómica.
Este sesgo selectivo sobre los estímulos amenazantes, unido a la
fuerte activación fisiológica y al fracaso de determinadas
estrategias controladas para reducir la información amenazante, produciría
un condicionamiento pavloviano de ansiedad hacia dichos estímulos,
lo cual facilitaría el futuro desarrollo de trastornos ansiosos.
Finalmente, cabe decir que el aumento de la activación autonómica
del organismo (y la percepción subjetiva de la misma) puede elevar
el Rasgo de Ansiedad y su sesgo cognitivo característico, generando
una espiral de incremento de la Ansiedad que contribuye a su cronificación
y a la aparición de un trastorno psicopatológico.
El sesgo
cognitivo fundamental del TAG es, pues, compartido en alguna medida por
las personas de alto rasgo ansioso.
Desde los modelos del procesamiento
de la información, toda una serie de teorías han contribuido
a esclarecer las características de este sesgo.
2.
Ansiedad y procesamiento de la información
En los años 60 surgen los que se suelen considerar como
los primeros modelos cognitivos de la emoción (Schachter, y Singer,
1962), en los que se empieza a suponer que hace falta cierta actividad cognitiva
(procesos de atribución de causalidad, o valoración de las
consecuencias de la situación, por ejemplo) para que se desarrolle
una reacción emocional. Durante esta década comienza a desarrollarse
el enfoque cognitivo de la psicología como un nuevo paradigma (Cano
Vindel, 1989; Fernández-Abascal, y Cano-Vindel, 1985). Desde los
inicios de este nuevo paradigma ha tenido un gran desarrollo el enfoque
del procesamiento de la información que, por analogía con
las computadoras, considera al ser humano como un sistema que procesa información,
con un input, o entrada, una salida, o output, más una serie de procesos
intermedios, principalmente de tipo cognitivo.
Las relaciones entre
cognición y emoción se han estudiado fundamentalmente desde
dos perspectivas diferentes:
1. Desde la primera, en el contexto de
las teorías cognitivas de la emoción. En los modelos cognitivos
sobre la emoción se destaca que la emoción surge fundamentalmente
como consecuencia de cierta actividad cognitiva. En estos modelos el término
cognición (esta actividad cognitiva) hace referencia a varios significados:
1. por un lado, a los procesos cognitivos de valoración, atribución,
etiquetado, interpretación, etc., que el sujeto realiza sobre la
situación, para dar un significado a la misma;
2. por otro lado,
a los contenidos cognitivos y sus representaciones en proposiciones, imágenes,
esquemas, etc.;
3. por otro, a las creencias, expectativas, valores,
objetivos, etc., del individuo (disposiciones individuales que pueden influir
en el procesamiento cognitivo);
4. finalmente, también se habla
de cogniciones calientes, que vendrían a ser los afectos, los sentimientos
subjetivos, etc. (contenidos subjetivos emocionales).
2. En cambio,
desde otra perspectiva, en el contexto de los estudios sobre la influencia
de la emoción en los procesos cognitivos, el término cognición
hace referencia a memoria, juicios, razonamiento, toma de decisiones, etc.
(la actividad cognitiva superior). En estos estudios se investiga cómo
la emoción puede afectar a estos procesos cognitivos.
Pensamos,
por lo tanto, que el problema del estudio de las relaciones entre ansiedad
y procesamiento de la información es necesario enfocarlo en esta
doble perspectiva: (1) el estudio de la actividad cognitiva que está
en la base de la conducta emocional; y (2) el estudio de la influencia de
la emoción sobre la actividad cognitiva superior. Se trata de dos
campos de investigación bien diferenciados, hasta el punto de que,
hasta hace poco tiempo, quien había estudiado el problema de las
relaciones entre cognición y emoción desde una de las dos
perspectivas, había ignorado por lo general la otra.
En general
se suele decir que las situaciones son sólo potencialmente ansiógenas
porque no siempre producen reacciones de ansiedad. Lo cual es explicado
de muy distintas formas, pero en general desde los modelos cognitivos se
considera que lo que genera la reacción es el significado o la interpretación
de la situación que hace el individuo.
En ocasiones el individuo
reconoce (es consciente) que la situación no supone una amenaza objetiva
para él, pero sin embargo no puede controlar voluntariamente su reacción
de ansiedad. De entre todos aquellos factores de tipo cognitivo que se han
estudiado, en el presente artículo nos centraremos en los sesgos
en el procesamiento de la información.
2.1 Sesgo cognitivo que guía la atención, la interpretación
y la memoria.
Aunque en los años sesenta están surgiendo
modelos cognitivos de la emoción, los grandes manuales de "psicología
cognitiva" de esta década ignoran la emoción. En realidad,
hasta la década de los setenta los psicólogos cognitivos no
comienzan a tratar la emoción. Es a partir de estos años cuando
variables cognitivas, tales como esquemas, redes asociativas, etc., comienzan
a aplicarse al estudio de la ansiedad o la depresión. Será
también a partir de este momento cuando se inicien los primeros estudios
sobre cognición y emoción, como los de estado de ánimo
y memoria, en los que se encuentran relaciones entre el tipo de estado emocional
y el tipo de recuerdos, revelando por ejemplo, que los sujetos con estado
deprimido tienen una mayor tendencia a recordar sucesos tristes.
2.1.1
Esquemas.
Beck (Beck, 1976; Beck, y Emery 1985) propuso un modelo que
relacionaba la Depresión y la Ansiedad con un sesgo cognitivo congruente
con el estado emocional. Así, los sujetos ansiosos y depresivos poseerían
esquemas cognitivos inadaptativos de un modo latente, que constituirían
una vulnerabilidad cognitiva para el desarrollo de sus psicopatologías.
Un esquema es un cuerpo almacenado de conocimientos que interactúa
con la codificación, la comprensión y el recuerdo, de esta
manera guía la atención, la interpretación y la memoria.
Los esquemas operarían de modo que, desde un procesamiento dirigido
por los datos, el sistema cognitivo buscaría el esquema que se acomodase
al input estimular y una vez localizado, desde un procesamiento dirigido
conceptualmente, la activación de este esquema dirigiría la
atención, la interpretación de los estímulos y su posterior
recuerdo. Es fácil deducir que sólo recibirán procesamiento
aquellos estímulos congruentes con el esquema.
Los esquemas poseen,
así mismo, una influencia organizacional sobre la nueva información,
puesto que están estructurados de modo estereotípico. Sólo
contienen información genérica y prototípica; de manera
que las instancias específicas de los estímulos son procesadas
según un prototipo semántico, el esquema tiene así
la capacidad de proveer información suplementaria y resolver la ambigüedad
estimular. Tienen, además, una naturaleza de carácter modular,
de modo que la activación de una parte siempre lleva a la activación
del todo.
Según este modelo de diátesis-estrés,
propuesto por Beck, la aparición de los cuadros ansioso y depresivo
sería consistente con la interacción entre este factor de
vulnerabilidad cognitiva (constituido por los esquemas inadaptativos) y
formas específicas de estrés ambiental. La diferencia entre
ambos trastornos radicaría en los diferentes contenidos de sus sesgos
de procesamiento.
Los sujetos con predisposición al desarrollo
de trastornos depresivos poseerían una vulnerabilidad cognitiva en
forma de esquemas cognitivos negativos a cerca de uno mismo, el mundo y
el futuro, adquiridos a través de experiencias pasadas negativas
y traumáticas; que permanecerían latentes hasta que ciertos
acontecimientos estresantes, similares a los implicados en la formación
del esquema, se hicieran responsables de su activación.
Las
personas con vulnerabilidad para el desarrollo de trastornos de Ansiedad,
dispondrían de una serie de esquemas relativos a la amenaza, sobre
todo en torno a tres temas: aceptación, competencia y control. En
situaciones ansiógenas donde estuviera implícita una evaluación
social o un potencial rechazo de los otros, posibles críticas por
la asunción de responsabilidades laborales o una pérdida del
control ejercido sobre el ambiente, se desencadenaría el estado emocional
ansioso. Los esquemas ansiógenos dirigirían el procesamiento
hacia los aspectos internos y externos congruentes con ellos, de manera
que el individuo atendería selectivamente a los estímulos
amenazantes del ambiente, daría interpretaciones amenazantes a los
estímulos ambiguos y recuperaría de la memoria información
relativa a la amenaza.
2.1.2. Redes asociativas
Anderson y Bower, plantearon también un modelo de red asociativa
para explicar la relación entre el estado emocional y la memoria.
En su teoría sobre La Memoria Asociativa Humana (1973), los hechos
se representarían en la memoria como proposiciones descriptivas,
formadas por una serie de redes asociativas entre las diferentes instancias
de un concepto, usadas para describir ese hecho. La activación, a
lo largo de la red, se desencadenaría de un nodo a otro creando nuevos
caminos asociativos. El recuerdo consistiría en ir probando caminos
de la red, hasta que el camino correcto fuese identificado, aquél
que fue creado en la fase de activación. Cada emoción estaría
representada por un nodo en la red asociativa, que se conectaría
con otros aspectos de dicha emoción a través de su asociación
con otros nodos. De esta manera, un estado emocional determinado produciría
un recuerdo del material congruente con él, es decir daría
lugar a cierto sesgo cognitivo.
Bower (1981, 1987) propuso su teoría
de La Red Semántica para el estudio de La Ansiedad. Según
dicha teoría, la activación del nodo emocional de ansiedad
facilitaría la accesibilidad al material congruente con este estado
de ánimo, produciéndose un sesgo en el procesamiento de la
información; que afectaría a la atención, la interpretación
y la memoria, dándose una atención preferente para los estímulos
amenazantes, interpretándose el material neutro con un significado
de amenaza y recordándose prioritariamente hechos compatibles con
estas ideas amenazantes.
Las teorías de Beck y de Bower tienen
en común la predicción de un sesgo congruente con la amenaza,
que estaría constituido por una serie de proposiciones abstractas
almacenadas en la memoria semántica (Recuérdese que la memoria
semántica es la parte de la memoria a largo plazo o permanente que
trata con la información de carácter general y los conocimientos
(Tulving, 1972).
Ambas teorías difieren, sin embargo, en la apreciación
del mecanismo subyacente que Beck concebiría como un esquema y Bower
como una red asociativa.
2.1.3 Scripts o guiones
Según Shank, y Abelson (1977) un guión o script es una cadena
de sucesos, temporalmente organizados y causalmente conectados, en la memoria
episódica. Es la representación de las rutinas diarias en
la memoria como consecuencia de las experiencias pasadas. Contienen información
almacenada sobre lo que es probable que pase en situaciones familiares.
Los scripts ofrecen la posibilidad de planificar la acción, de anticipar
una futura secuencia de acontecimientos y de abortar una cadena de sucesos
que se dirige irremisiblemente a un resultado no deseado. Los scripts son
activados por los sucesos ambientales que más se asemejan a los primeros
eslabones de su cadena. A menudo se piensa en los guiones como un tipo especial
de esquemas.
Riskind y sus colaboradores (Riskind, Kelly, Moore, Harman,
y Gaines, 1992; Riskind, 1997; Riskind, en prensa), al igual que Beck y
Bower consideran que las personas ansiosas sesgan hacia la amenaza todo
su procesamiento de la información.
El autor afirma, sin embargo,
que los sujetos ansiosos perciben la estimulación amenazante no como
un objeto estático e inerte, en el sentido postulado por las teorías
de Beck y Bower, sino como un cuerpo en movimiento que rápidamente
va incrementando su proximidad física y temporal. Por ello, los estímulos
estáticos difícilmente suscitan ansiedad y, sin embargo, los
objetos en movimiento sí elicitan un aumento de la activación
fisiológica.
Con este sentido de la amenaza "como un cuerpo
en movimiento", Riskind et al. (1992), desarrollan su Teoría
acerca de la Vulnerabilidad a la Amenaza en los sujetos ansiosos, apelando
a los scripts cognitivos almacenados en la memoria episódica. La
memoria episódica se englobaría dentro de la memoria permanente
y sería la encargada de almacenar, retener y recuperar la información
relativa a episodios con una referencia autobiográfica, es decir:
contextualizados en el tiempo (Tulving, 1972).
Según Riskind,
las personas tenemos una serie de secuencias de acción o scripts,
a cerca de los estímulos amenazantes, almacenadas en nuestra memoria
episódica. Las personas no ansiosas predicen una trayectoria de los
acontecimientos amenazantes más basada en las propiedades objetivas
de los estímulos, que la de los sujetos ansiosos (Riskind, et al.,
1992, estudio 3). Así, los individuos ansiosos requieren una información
estimular mínima (e incluso relativamente estática) para que
toda la cadena de sucesos, almacenados en la memoria episódica, se
active; presentan, además, un mayor número de eslabones intermedios
en sus secuencias de acción y, según se avanza en estos eslabones
de la cadena, se incrementa la aceleración con la que los acontecimientos
se abocan a un desenlace fatal. La posibilidad de generar guiones o scripts
con más eslabones intermedios en los sujetos ansiosos, hace que su
sentido de la amenaza sea prácticamente impredecible y de difícil
habituación.
Los estímulos ambientales, que activan los
guiones o scripts de la memoria y son similares a los primeros eslabones
de su cadena, son objetos en movimiento, estímulos intensos o bien
estímulos que cambian de intensidad. Así, un animal acercándose,
la viveza de un color, o el incremento en la intensidad de un sonido, se
asocian con un aumento de los niveles previos de Ansiedad; de modo que el
sentido de la amenaza como un cuerpo en movimiento (entendiendo el movimiento
en un sentido amplio, también como un cambio en la intensidad del
estímulo) es inherente a la idea de peligro (Riskind et al., 1992,
estudio 3).
Llegado a este punto, continúa Riskind, cabe preguntarse:
1. Es fácil imaginar un estímulo fóbico como un objeto
en movimiento, que aumenta su proximidad espacio-temporal respecto a mí.
¿Pero que ocurre con aquellas amenazas más abstractas y cognitivo-sociales?.
2. Por otro lado, la aceleración de los acontecimientos,
a medida que se progresa en los eslabones de la secuencia de acción,
¿aporta algo al concepto de "inminencia", propuesto por
Rachman en 1984?.
Como respuesta al primer interrogante, Riskind argumenta
que cuando un individuo ansioso se enfrenta a un estímulo temido,
de carácter difuso y cognitivo, predice una rápida aceleración
hacia un desenlace fatal, en la secuencia de acontecimientos encabezada
por dicho estímulo. Es decir: un sujeto que, por ejemplo, padeciese
un miedo intenso a "contaminarse", tendría la capacidad
de imaginar una rápida proliferación de gérmenes a
su alrededor.
Respecto al segundo interrogante, el autor establece
que la estimación de la amenaza, como un objeto en movimiento, contribuye
a la aparición de la Ansiedad de forma independiente a otro tipo
de valoraciones cognitivas tales como: la probabilidad percibida de amenaza,
su inminencia etc. (Rachman, 1984). En este sentido, Riskind afirma que
la amenaza, como "un cuerpo que crece, se desarrolla y viene hacia
mí," se puede medir indirectamente a través de un aumento
de la probabilidad subjetiva de peligro y un incremento de su inminencia;
dada la alta correlación encontrada entre este tipo de valoraciones
cognitivas y el sentido de "la amenaza en movimiento". (Riskind
et al., 1992). Por tanto, "amenaza en movimiento" e inminencia
son dos conceptos distintos, a pesar de su aparente similaridad. El autor
propone un ejemplo esclarecedor: una persona con miedo a desarrollar un
cáncer hereditario, podría pensar que todavía la enfermedad
está lejos de producirse (no es inminente) y, sin embargo, sería
capaz de imaginar una rápida expansión de las células
cancerígenas por todo su cuerpo.
La Teoría sobre la Vulnerabilidad
a la Amenaza asume, además, la perspectiva multidimensionalidad del
rasgo, al afirmar que cada trastorno de ansiedad poseería su sesgo
propio y característico a cerca de la amenaza en movimiento. De manera
que los sujetos con TAG tienen un sentido especial de "amenaza en movimiento"
para una multiplicidad de estímulos difusos y de carácter
cognitivo, y no obstante no sobrestiman la velocidad con la que, por ejemplo,
un estímulo fóbico rápidamente se aproximaría
en el espacio-tiempo, más propia de la Ansiedad Fóbica. (Riskind,
en prensa).
Este sentido de la amenaza sería, además,
para Riskind un factor clave en el diagnóstico diferencial entre
la Ansiedad y la Depresión. El sesgo, basado en las propiedades activas
de la estimulación amenazante, caracterizaría a la ansiedad,
produciéndose por la activación de los guiones o scripts almacenados
en la memoria episódica. Los depresivos procesarían la información
del entorno a través de un esquema cognitivo negativo almacenado
en su memoria semántica, originando un sesgo disfórico de
interpretación de la realidad, consistente en la rumiación
sobre hechos pasados percibidos como inertes o estáticos. Así,
en un experimento llevado a cabo por Riskind et al. (1992, estudios 1 y
2) se pidió a los sujetos que crearan ejemplos de acontecimientos
que les suscitasen Ansiedad y Depresión; los sucesos relacionados
con la Ansiedad se referían a objetos activos, con una alta velocidad
de aproximación; la Depresión, sin embargo, se asoció
a la percepción de pequeños cambios en acontecimientos aversivos
ya pasados
Este sesgo, específico de la Ansiedad, guiaría
el procesamiento de la información en su conjunto; produciendo una
hipervigilancia para todos los estímulos ambientales potencialmente
amenazantes, desencadenando una mayor preocupación a cerca de estos
estímulos y redundando en un posterior recuerdo mucho más
preciso para este tipo de material.
2.2 Priming vs
Elaboración
Scheneider, y Shiffrin (1977), diferenciaron entre
un procesamiento automático y otro estratégico. Según
los autores, el procesamiento automático opera rápidamente,
es ajeno a la conciencia, tiene una capacidad ilimitada y se realiza en
paralelo. Por el contrario, el procesamiento estratégico es relativamente
lento, de naturaleza consciente, y tiene una capacidad limitada, pues se
realiza de modo secuencial o serial (no paralelo).
Graf, y Mandler (1984),
apuntaron una distinción entre dos procesos: priming o integración
y elaboración. El priming es un proceso automático, por medio
del cual la exposición a un estímulo implica la activación
automática de los componentes constitutivos de su representación,
haciéndolo más accesible. En cambio, la elaboración
es un proceso estratégico que requiere que la representación
activada se relacione con representaciones asociadas, para crear una relación
entre distintos estímulos-palabra; de esta manera, este tipo de procesamiento
hace a la palabra más recordable y la relaciona con un contexto determinado.
De asumir las teorías de Beck, Bower y Riskind, existiría
un sesgo en el procesamiento de las personas con alto rasgo de ansiedad
que operaría en todos los niveles del procesamiento de la información
afectando a la atención, la interpretación y la memoria. Pero
los datos extraídos a partir de la moderna investigación experimental
proporcionan tan sólo una confirmación parcial de estos presupuestos.
Efectivamente, las personas ansiosas manifiestan una atención selectiva
para los estímulos amenazantes e interpretan los estímulos
neutros en dirección a la amenaza pero, sin embargo, muestran una
inhibición para recuperar de la memoria este material ansiógeno
(Williams, y Broadbent, 1986). Estos efectos diferenciales de la ansiedad
sobre la atención y la memoria, tan sólo pueden ser comprendidos
desde la consideración de diferentes fases de procesamiento relativas
al priming y a la elaboración. En este sentido, Williams, Watts,
McLeod, y Mathews (1988) formulan una teoría capaz de suplir las
deficiencias de los anteriores modelos.
Williams, considerando las distintas
fases en los estadios de procesamiento apuntadas por los autores anteriores,
estableció que diferentes trastornos emocionales podrían producir
sesgos distintos en el priming y en la elaboración. Es decir: unos
estarían afectados por un sesgo en el priming y no en la elaboración
y otros, de forma inversa, se caracterizarían por un sesgo elaborativo,
conservando intactos los mecanismos pre-atentivos. De esta manera, de acuerdo
con distintos niveles de procesamiento, se daría una disociación
en los sesgos cognitivos, no predecible a partir de las teorías de
La Red Semántica de Bower, El Esquema de Beck y la Vulnerabilidad
a la Amenaza de Riskind, que consideran todo el procesamiento de la información
en su conjunto.
En el estadio pre-atentivo, según Williams, un
mecanismo de decisión afectiva asignaría valencia emocional
a los estímulos ambientales y en base a esta decisión el organismo
conferirá o no recursos de procesamiento pre-atencional hacia dichos
estímulos. Los sujetos con bajo Rasgo de Ansiedad, en este temprano
estado de procesamiento, asignan recursos fuera de los estímulos
valorados por el mecanismo de decisión afectiva como amenazantes,
como una forma de protección que limita el incremento de la ansiedad.
Sin embargo, los ansiosos, aportan recursos pre-atentivos de modo prioritario
a los estímulos amenazadores, con lo que focalizan su atención
preferentemente en ellos y desambiguan los estímulos neutros en dirección
a la amenaza Así, la ansiedad, afectaría al aspecto más
pasivo y automático del procesamiento, haciendo a las representaciones
mentales de amenaza mucho más accesibles debido a su mayor integración.
En el estadio elaborativo, se asignan recursos adicionales para codificar
los estímulos elegidos por el mecanismo de decisión afectiva,
dada su valencia emocional. Y, en este estadio, esos recursos son procesados
de un modo más estratégico y consciente. En la ansiedad, existe
una tendencia a no elaborar el material amenazante, de modo que se impide
la asociación de las representaciones mentales de las palabras amenazantes
con otras representaciones relacionadas. Los recursos del procesamiento
elaborativo se dirigen fuera del material amenazante y por ello, los estímulos
amenazantes, suponen un material de difícil recuperación y
recuerdo.
Las diferencia fundamental entre la depresión y la
ansiedad consistiría en que, uno y otro, afectan de forma distintiva
al aspecto pasivo del procesamiento y al estratégico.
La ansiedad
implica sesgos de procesamiento en la fase más automática
de la codificación y el recuerdo, de manera que activa con más
frecuencia las representaciones mentales amenazantes, dándolas una
mayor integración y produciendo una atención selectiva hacia
la amenaza. Sin embargo este trastorno emocional no afectaría al
procesamiento controlado y por esta razón se inhibiría el
recuerdo de la información ansiógena.
La depresión
produce sesgos de procesamiento en la fase estratégica de la codificación
y el recuerdo. Así, una mayor elaboración de las cogniciones
de tipo depresivo haría que este material se recordase mejor. Pero
como este trastorno emocional no afecta a la fase del procesamiento automático,
no se daría una atención preferente sobre los estímulos
que implicasen pérdida.
El autor estructura su teoría
de acuerdo con un modelo de diátesis-estrés. De forma que
las personas con alto rasgo de ansiedad presentarían una predisposición,
tras la valoración realizada por su mecanismo de decisión
afectiva, a orientar recursos hacia los estímulos amenazantes, en
la fase pre-atentiva y a inhibir la búsqueda relacional, en la fase
de elaboración. Estas personas, de rasgo ansioso, serían vulnerables
al desarrollo de estos sesgos cognitivos cuando se encontrasen bajo fuertes
condiciones de estrés, mostrando poco o ningún signo de patología
cuando las condiciones ambientales no implicasen grado alguno de amenaza.
La teoría de Williams, más compleja y elaborada que las formulaciones
anteriores, no está sin embargo exenta de críticas. De alguna
manera, el autor parecía intuir sus limitaciones al afirmar: "Parece
improbable que la ansiedad nunca afe
cte a la memoria elaborativa y la depresión al estadio
pre-atencional. De otro modo, La ansiedad y La depresión pueden co-ocurrir
y tampoco arrojamos luz sobre esta comorbilidad." (p. 183).
2.3
Confluencia de los Procesamientos: Automático y Estratégico
La intuición de Williams de que podrían encontrarse sesgos
automáticos en depresivos como estratégicos en ansiosos, es
defendida por teorías posteriores. Beck, y Clark (1997), plantean
una reformulación de la teoría de 1985 que, aunque adopta
la diferenciación automático-estratégico, encuentra
que esta distinción se ha defendido con demasiada rigidez y postula
que entre los estadios más pasivos y elaborativos del procesamiento
existe cierta interdependencia. Por eso no sólo establece que la
Ansiedad tiene implicaciones a nivel de sesgos cognitivos en el procesamiento
automático, sino que estudia como una serie de procesos estratégicos
se ven también afectados.
Para defender la interdependencia entre
ambos estadios del procesamiento Beck recurre a los estudios de McNally
(1995). Este autor afirma que toda tarea experimental se ve afectada, en
diversos grados, por el procesamiento automático y por el estratégico;
siendo prácticamente imposible encontrar una tarea que afecte a uno
sólo de estos estadios de forma pura. Ejemplifica la interdependencia
entre ambas fases del procesamiento de la información, alegando que
las tareas automáticas son susceptibles de hacerse conscientes como
las controladas de adquirir automatismo con la práctica.
Partiendo
de estas consideraciones, Beck, y Clark (1997), defienden un modelo del
procesamiento de la información en Ansiedad, basado en la distinción
de tres estados, afectados diferencialmente por un mayor o menor grado de
intervención de los procesos automáticos y estratégicos:
? Estado 1 de Registro Inicial: Es la primera fase del procesamiento de
la información caracterizada por un modo de orientación y
representa el procesamiento automático por excelencia. La Ansiedad
produce un sesgo en este estado, que redunda en una excesiva orientación
dirigida hacia la amenaza o el sesgo selectivo atencional.
? Estado
2 de Preparación Inmediata: Es la segunda fase del procesamiento
definida por un modo principal, que aunque se corresponde con mecanismos
cognitivos automáticos, también afecta en menor medida al
procesamiento estratégico. Los estímulos ambientales son procesados
desde un cluster formado por una serie de esquemas interrelacionados, a
cerca de los patrones de respuesta de la Ansiedad: cognitivos, fisiológicos
y comportamentales. Estas respuestas se desencadenan automáticamente,
con un valor adaptativo para la supervivencia. A nivel fisiológico:
se incrementa el arousal; se aprecian conductas de huida, defensa o inhibición;
y las cogniciones se caracterizan por sentimientos de irrealidad e hipervigilancia,
bloqueos en el pensamiento y dificultades en la concentración, así
como distorsiones cognitivas, imágenes amenazantes y pensamientos
automáticos. Como consecuencia de la activación de estos procesos
automáticos, el sujeto otorga un significado de amenaza a su entorno,
que constituye su primer análisis semántico y consciente.
Producto de él, son toda una serie de pensamientos automáticos,
de contenido amenazante, susceptibles de hacerse conscientes. De esta forma
este estado quedaría caracterizado por un procesamiento automático
prioritario y una serie de procesos estratégicos emergentes que se
derivan de asignar a la estimulación ambiental un significado de
amenaza o daño potencial.
? Estado 3 de Elaboración Secundaria:
El procesamiento, desde este último estado, es semántico y
elaborativo y se lleva a cabo desde un modo metacognitivo. Desde este estado,
el sujeto, evalúa la situación ansiógena, en su contexto,
apareciendo dos tipos de cogniciones: la preocupación, en torno a
los sucesos desencadenantes de la Ansiedad y la valoración de las
señales de seguridad disponibles, frente a la amenaza. La preocupación,
tal y como es definida por Borkovec, Robinson, Pruzinsky y De Pree constituye
una respuesta adaptativa, caracterizada por la búsqueda de solución
a un problema; en el caso de los trastornos de ansiedad, se vuelve excesiva
e incontrolable, anticipando comportamientos disfuncionales, que redundan
en un incremento de la ansiedad. La valoración de las señales
de seguridad depende, según Rachman (1984), de la probabilidad percibida
de que un suceso amenazante ocurra y las estrategias de afrontamiento, que
el sujeto cree disponer, para resolver la situación. En este sentido,
los ansiosos se caracterizan por sobrestimar la probabilidad de que un evento
dañino suceda y subestimar sus capacidades de afrontamiento.
La Ansiedad se explica, entonces, desde la conjunción de los estados
segundo y tercero. La prevalencia del estado 2 sobre el 3 desencadena un
incremento de la Ansiedad al fallar los procesos estratégicos y no
producirse una revaloración más realista de la situación;
aunque en ocasiones también puede hacer descender la Ansiedad si
el sujeto opta por una respuesta de evitación o escape. La preponderancia
del estado 3 sobre el 2 puede disminuir los niveles de Ansiedad, desde la
consideración de una baja probabilidad de aparición de la
amenaza y un alto grado de capacidad de afrontamiento.
Este hecho tiene
importantes implicaciones en el tratamiento. Pues al activar el modo metacognitivo,
mediante terapias cognitivas, se desactivaría el modo principal automático.
De esta manera, disminuiría la ansiedad, al producir un sesgo positivo
de interpretación de la realidad, reductor de las preocupaciones
y potenciador de las señales de seguridad.
Todos los modelos
teóricos revisados, en este capítulo, proporcionan una visión
integradora a cerca del sesgo cognitivo característico de las personas
ansiosas, basándose en el paradigma del procesamiento de la información.
Estas teorías se subdividen en dos grandes grupos: aquellas que intentan
dilucidar los procesos automáticos y/ o estratégicos que se
ven interferidos por la ansiedad y las que estudian la interferencia de
la ansiedad en todo el conjunto del procesamiento de la información,
sin pararse a diferenciar entre procesos pasivos y elaborativos. Pero todas
ellas tienen en común el proporcionar un marco de referencia teórico,
abarcativo y globalizador, en el estudio de dicho sesgo.
Recientemente,
un amplio conjunto de investigaciones, se han focalizado específicamente
en algún aspecto parcial de este sesgo. Algunas, han generado teorías
especializadas en el aspecto atencional del sesgo, otras han dado lugar
a diversos modelos explicativos del sesgo de memoria y del sesgo de interpretación
del entorno. Dichas teorías presentan una mayor confirmación
experimental que las expuestas hasta el momento, esclarecen el carácter
latente del sesgo en los sujetos con alto rasgo de ansiedad (aumentando
así su probabilidad de un futuro desarrollo del TAG), pero dejan
importantes interrogantes en cuanto a la forma como la ansiedad afecta a
los procesos automáticos o estratégicos.
3.
Sesgo atencional: Teoría de la Hipervigilancia de Eysenck
Las principales líneas de investigación experimental
en torno al sesgo atencional, de los sujetos ansiosos, han sido llevadas
a cabo por dos equipos investigadores: el grupo inglés, actualmente
en Cambrigde (M. Eysenck, Mathews, Mogg, May, Richards, Klug y Williams)
y el grupo de McLeod en Australia (McLeod, Cohen y Hagan).
Todos ellos
buscan la confirmación experimental de un sesgo selectivo atencional,
dirigido hacia la amenaza, en los pacientes con Trastorno de Ansiedad Generalizada,
responsable también de la interpretación de los estímulos
ambiguos como amenazantes.
Su pretensión es demostrar, que este
sesgo atencional, se refiere al procesamiento automático de la información
y no al elaborativo (en la línea propuesta por Williams y compatible,
también, con la reformulación de Beck y Clark; que da una
preponderancia del procesamiento automático sobre el estratégico,
en ansiosos, que es la causa del fallo en sus mecanismos elaborativos).
También quieren dilucidar cuales serían las relativas contribuciones
del Rasgo y Estado de Ansiedad en la determinación de este sesgo.
Apostando a priori por un modelo de diátesis-estrés que establezca,
el alto Rasgo de Ansiedad, como un factor de vulnerabilidad al desarrollo
del sesgo cognitivo, que sólo aparecería bajo situaciones
fuertemente estresantes y ansiógenas.
Intentan aclarar, a su
vez, si dicho factor de vulnerabilidad puede definirse como manifiesto o
latente.
Si fuese manifiesto, la distorsión cognitiva estaría
presente, en los sujetos de alto rasgo, la mayor parte del tiempo, tanto
en los momentos de estrés como bajo circunstancias emocionalmente
menos demandantes; y no se darían diferencias, en el procesamiento
cognitivo, entre los sujetos ansiosos y los pacientes con TAG. Por tanto,
la distinción entre el alto rasgo de ansiedad y el Trastorno de Ansiedad
Generalizada se debería a las respuestas motoras o fisiológicas,
lo cual parece improbable y resulta contraintuitivo.
Si fuese latente,
los sujetos con alto rasgo, tendrían un funcionamiento cognitivo
muy similar al de los normales; diferenciándose sólo en circunstancias
ansiógenas, donde desarrollarían el sesgo atencional que caracteriza
a los pacientes de TAG. Los autores apuestan, fuertemente, por esta hipótesis
que es la que mejor explica la predisposición del alto rasgo de ansiedad
a degenerar en un TAG.
Pero también podría ocurrir que
el sesgo fuese característico, únicamente, de los pacientes
con ansiedad clínica y que, por tanto, altos y bajos en Rasgo de
Ansiedad no experimentaran esta distorsión cognitiva bajo ninguna
circunstancia (estresante o neutra). De demostrarse esta hipótesis
el alto rasgo de ansiedad no evolucionaría hacia el desarrollo de
un Trastorno de Ansiedad Generalizada.
Y desde la multidimensionalidad
del Rasgo de Ansiedad, quieren demostrar empíricamente que sólo
es posible experimentar una atención selectiva hacia aquellos estímulos
ambientales que son congruentes con el entorno de las preocupaciones del
sujeto (rasgos específicos).
De la revisión de gran parte
de estos trabajos experimentales, realizados por ambos grupos, y de la puesta
en práctica de nuevos estudios empíricos que confirman las
conclusiones por ellos extraídas, M. Eysenck (1992), construye la
Teoría de la Hipervigilancia para explicar las características
de este sesgo atencional.
La Hipervigilancia consistiría, inicialmente,
en un constante rastreo de los estímulos ambientales, con motivo
de la detección de cualquier posible amenaza. En esta primera fase,
el espectro de atención es muy amplio, es fácil que el sujeto
evalúe un sin fin de estímulos neutros como potencialmente
amenazantes y que su procesamiento se vea interferido por numerosos estímulos
irrelevantes, redundando en una elevada distracción.
Posteriormente,
una vez que el individuo focalizase su atención en los estímulos
amenazantes, el sesgo selectivo atencional, centrado en la amenaza, impediría
que pudiese fijar su atención en cualquier otro aspecto del input
sensorial más positivo, que hubiese ayudado a solventar las actuales
circunstancias. En esta segunda fase, se aprecia, entonces, un estrechamiento
del espectro de atención, con una fuerte focalización sobre
el peligro y la imposibilidad de redirigir la atención a cualquier
otra parte del campo estimular.
La ampliación del espectro atencional,
en sujetos ansiosos, que les hace más susceptibles a la distracción,
encontró su confirmación experimental en una serie de trabajos,
en los que se pedía a los sujetos el procesamiento de ciertas tareas
primarias en presencia de otras secundarias o distractoras. Cuando los individuos
eran sometidos a shocks eléctricos (inducción de un estado
emocional ansioso) y las tareas distractoras eran relevantes para el procesamiento
de la principal, se producía una ampliación del espectro de
atención, en un intento de maximizar la probabilidad de captar todos
los estímulos importantes, que redundaba en un alto grado de distracción
(Cornswet, 1969).
La focalización de la atención, en los
estímulos amenazantes, obtiene confirmación empírica,
principalmente, a través de las investigaciones llevadas a cabo con
los paradigmas de stroop modificado, escucha dicótica, detección
de puntos...
El Paradigma de Escucha Dicótica: supone la presentación
simultánea de dos mensajes auditivos en cada oído, debiendo
el individuo atender selectivamente a uno de ellos y en ese caso repetirlo
(sombrearlo), mientras que ignora el otro. Si se presentan palabras amenazantes
en el oído no atendido y se tiene un sesgo selectivo hacia la atención
de la amenaza, entonces se producirá una interferencia en el sombreamiento.
Por el contrario, si las palabras amenazantes se dan en el oído atendido,
se manifestará una facilitación de este sombreamiento.
La prueba de detección de puntos: es una prueba de procesamiento
visual que elimina los problemas asociados al procesamiento verbal del anterior
paradigma, como los que se derivan de procesos múltiples: como la
respuesta verbal o la memoria verbal. La prueba consiste en que son presentadas,
en la pantalla de ordenador, dos palabras (superior e inferior) separadas
verticalmente por 3 cm. El sujeto debe leer la superior y, de esta manera,
focalizar la atención en ella; así se estaría controlando
un posible sesgo de respuesta responsable de que atendiese, tan sólo
de entrada, a la palabra amenazante. Tras esta presentación, las
palabras desaparecen de la pantalla y un pequeño punto podría
aparecer, en algunos ensayos, en el lugar de una u otra. Entonces el sujeto
respondería pulsando la barra espaciadora del teclado, tan pronto
como fuese capaz de detectar el punto. Se predice una menor latencia de
respuesta, en los sujetos ansiosos, en la detección del punto, cuando
este ocupa el lugar donde antes se encontraba una palabra amenazante. Esto
se produciría como consecuencia de dirigir su atención hacia
los estímulos amenazantes.
La Prueba de Stroop Modificada: es
una adaptación de la prueba de Stroop (1935) original al estudio
del sesgo atencional selectivo, sobre las palabras de significado amenazante.
La prueba original consistía en decir el color de una palabra que
no coincide con su significado, por ejemplo: la palabra "rojo"
estaría impresa en tinta azul y se preguntaría a los sujetos
a cerca del color con el que la palabra estaría pintada. En este
caso se produciría un incremento en el tiempo de reacción
conocido como interferencia de stroop, que no se daría en el caso
de que el color nombrado y el impreso coincidieran.
En el stroop modificado,
habría que nombrar el color en el que están impresas ciertas
palabras con valencia positiva, negativa (o amenazante) o neutra. Un sujeto
que manifestase una atención diferencial hacia los estímulos
amenazantes, enlentecería sus tiempos de reacción al nombrar
el color de una palabra con significado de amenaza, hecho que no ocurriría
si no estuviese tan predispuesto a atender el contenido amenazante de la
palabra. Si el sesgo atencional de este sujeto se refiriese a palabras emocionales,
en general, entonces la interferencia de stroop sucedería con aquellas
palabras tanto de valencia positiva, como de valencia negativa.
Existe
una fuerte similitud entre todas aquellas conclusiones recabadas desde estos
paradigmas experimentales. Citarlas todas, resultaría una labor reiterativa,
que incrementaría considerablemente la extensión de este trabajo.
Por ello, se exponen sólo, a continuación, los resultados
obtenidos con pruebas de stroop modificado. Tómense, las conclusiones
sobre el paradigma de stroop, como una representación del conjunto
de las conclusiones extraídas en estos tres paradigmas:
1. Los
sujetos altos en Rasgo de Ansiedad muestran una atención selectiva
hacia las palabras amenazantes; manifestada a través de un enlentecimiento
en sus tiempos de reacción en la denominación del color, con
el que estas palabras están impresas. Los sujetos con bajo Rasgo
de Ansiedad no manifiestan la interferencia de stroop con palabras amenazantes
y sus tiempos de reacción, con este tipo de palabras, son los mismos
que hacia las palabras neutras. El alto Rasgo de Ansiedad opera como un
factor de predisposición, al sesgo atencional dirigido hacia la amenaza;
pues solo muestra esta interferencia en situaciones estresantes, capaces
de generar un intenso Estado de Ansiedad (Richards, y French, 1990; Richards
y Millwood, 1989).
2. Los pacientes con TAG evidencian una interferencia
de stroop con palabras amenazantes. (Mogg, Mathews, y Weimman, 1989).
3. El sesgo forma parte de un proceso pre-atencional; ya que el mayor tiempo
de reacción, en nombrar el color de las palabras amenazantes, se
produce también con la presentación subliminal de estas palabras
(McLeod, 1990; Mathews, McLeod, y Tata, 1992).
4. Se da una multidimensionalidad
en el Rasgo de Ansiedad, al producirse una interacci
ón entre el rasgo específico, poseído por
el sujeto, (ej.: Ansiedad Interpersonal) y la situación en la que
se encuentra (evaluación social). De esta manera los sujetos, con
ese rasgo específico, tienen una interferencia de stroop, referente
a las palabras congruentes con las preocupaciones de dicho rasgo (Mogg,
Mathews, y Weimman, 1989).
Para finalizar y, a la luz de lo anteriormente
expuesto, podríamos resumir las características de la Teoría
de la Hipervigilancia, de M. Eysenck, en seis puntos fundamentales:
1. Parte de la recopilación de aquellas conclusiones extraídas,
por los dos principales grupos investigadores, a cerca del sesgo atencional
en ansiosos.
2. Esclarece las características de dicho sesgo.
3. Recibe un fuerte apoyo experimental.
4. Es compatible con los
modelos explicativos de Williams y Beck (1997), en cuanto a la interferencia
prioritaria de la ansiedad sobre el procesamiento automático.
5. Expresa la relación entre el alto rasgo de ansiedad y la ansiedad
patológica, a través de un mecanismo cognitivo de predisposición
subyacente.
6. Defiende las concepciones actuales sobre la multidimensionalidad
del rasgo.
4.1 Sesgo Negativo de la Memoria Implícita en los pacientes
con TAG
De acuerdo con Schachter (1987), la memoria implícita
se revela cuando determinadas experiencias facilitan la ejecución
de tareas posteriores que no requieren un recuerdo intencional o consciente.
Así la presentación de una palabra guiaría la activación
automática de su representación interna en la memoria, produciendo
una huella perdurable que facilitaría la ejecución de un test
de memoria implícita.
Roediger y Blaxton (1987), definen el procesamiento
de pruebas de memoria implícita como un proceso guiado por los datos
y desencadenado (vía priming) por estímulos externos, es decir:
relativo al procesamiento automático.
Son tareas características
de memoria implícita los test de completamiento de palabras, en los
cuales los sujetos deben completar ciertos fragmentos de palabras con lo
primero que se les ocurra. Previa a la ejecución de este tipo de
pruebas, los sujetos, leen una lista de palabras; la medida de la memoria
implícita consiste en la tendencia a completar los fragmentos con
las palabras presentadas en la lista anterior.
También pueden
constituir tareas de memoria no deliberadas o incidentales los tests relacionados
con el conocimiento conceptual y perceptivo. Tras la presentación
de una lista de palabras, los sujetos, realizan una tarea, aparentemente
sin ninguna conexión con la anterior; deben decir miembros pertenecientes
a una categoría conceptual, la facilitación se produce si
aparecen, como miembros de la categoría, las palabras de la lista
inicial, con una mayor probabilidad que palabras no pertenecientes a la
lista. De la misma manera, en tareas de decisión léxica, donde
se varía el tiempo de presentación de un ítem con un
taquitoscopio, hasta que el sujeto lo califica como una palabra o un conjunto
de caracteres que no conforman una palabra, las palabras de la lista requerirán
tiempos menores de exposición.
Según Schachter, la memoria
explícita tiene lugar cuando la ejecución de una tarea requiere
el recuerdo consciente de experiencias anteriores. De manera que la elaboración
del material, que supone el procesamiento del significado de las palabras
activadas y su conexión con palabras asociadas, facilita la ejecución
de estos tests de memoria explícita.
Roedinger y Blaxton describen
las tareas de memoria explícita como procesos guiados conceptualmente
e iniciados por el propio sujeto, dependientes del procesamiento estratégico.
Representan tareas de memoria explícita las pruebas de reconocimiento,
recuerdo libre y recuerdo con indicios (claves, pistas).
Existe gran
evidencia experimental de que los pacientes con TAG muestran un sesgo negativo
de la memoria implícita, no manifestando un mejor recuerdo del material
amenazante en tareas de memoria explícita.
En estos trabajos,
las muestras experimentales están constituidas por tres grupos:
1. Pacientes con TAG.
2. Sujetos con alto rasgo de ansiedad (o, en
su lugar, pacientes recobrados: son personas que padecieron un Trastorno
de Ansiedad Generalizada hace 6 meses; presentando, en la actualidad, niveles
subclínicos de ansiedad, lo que les hace equivalentes a las personas
con un alto rasgo ansioso).
3. Individuos de bajo rasgo.
Con una
lista de palabras neutras y amenazantes, los sujetos, deben realizar dos
tipos de tareas:
? Tareas de memoria implícita.
? Tareas
de memoria explícita.
La muestra experimental no es sometida
a condiciones de estrés, con lo que los resultados alcanzan una limitada
validez en apoyatura a la hipótesis de la vulnerabilidad latente.
Los resultados obtenidos apuntan hacia un mejor completamiento de palabras,
con las palabras amenazantes de la lista y presentaciones más breves
en el taquitoscopio, para este tipo de material (tareas de memoria implícita),
en los pacientes con TAG. Sin embargo, estos pacientes, no experimentan
un mejor recuerdo o reconocimiento de las palabras amenazantes, con respecto
a las neutras (tareas de memoria explícita). Los sujetos altos en
rasgo de ansiedad (o pacientes recobrados) muestran un procesamiento equivalente
al de los bajos en rasgo, con ambos tipos de tareas. (Mathews, Mogg, May,
y Eysenck, 1989; McLeod, 1990).
Las conclusiones, antes comentadas,
llevan a confirmar las predicciones de Williams (1988) a cerca de un sesgo
característico de los pacientes con TAG relativo a su procesamiento
automático (tareas de memoria implícita), permaneciendo inalterados
los mecanismos de procesamiento estratégico (tareas de memoria explícita)
Respecto a la manifestación del alto Rasgo de Ansiedad como un factor
de vulnerabilidad latente que predispone al padecimiento de un TAG, los
resultados son coherentes con esta posibilidad, aunque no pueden afirmarla
concluyentemente. En ausencia de condiciones estresantes, la hipótesis
de la vulnerabilidad latente, predice un procesamiento equivalente de los
sujetos de elevado Rasgo de Ansiedad con los controles (bajos en rasgo),
como efectivamente puede apreciarse en estos trabajos. Pero para poder confirmarse
esta hipótesis es necesario someter, a los pacientes con TAG, sujetos
altos en Rasgo de Ansiedad (o, en su lugar, pacientes recobrados) y controles
(bajos en Rasgo de Ansiedad), a condiciones estresantes que eleven su Estado
de Ansiedad. Pues sólo entonces, las personas con alto Rasgo de Ansiedad,
manifiestan un procesamiento de la amenaza paralelo al de los pacientes
ansiosos.
4. 2 Sesgo Negativo de Memoria Explícita en los sujetos
con alto Rasgo de Ansiedad
Estas investigaciones, con la misma clase
de tareas y similar tipo de muestras experimentales, inducen condiciones
de estrés. Casi siempre pidiendo al sujeto que visualice una situación
donde aparezcan los contenidos amenazantes de la lista de palabras.
Las investigaciones centradas en el sesgo de memoria implícita revelan
resultados contradictorios. Si bien algunos trabajos muestran un mejor completamiento
de las palabras de contenido amenazante, en individuos de alto rasgo, cuando
son sometidos a la condición estresora de "visualización"
(Richards, y French, 1991). Se hace muy difícil explicar por qué
otros, pese a la mayor integración de las representaciones mentales
de amenaza, que experimentan las personas con alto rasgo ansioso, cuando
se encuentran estresadas, no producen los resultados esperables en estas
pruebas de memoria implícita. (Mathews et al., 1989).
Pero los
resultados claramente inconsistentes, con la hipótesis inicial, se
manifiestan en torno a las investigaciones a cerca del sesgo negativo de
memoria explícita. Pues parece que las personas de alto rasgo, en
situaciones estresantes, presentan un recuerdo preferente para el material
amenazante, relativo a la fase más elaborativa y estratégica
del procesamiento (Norton, Schaefer, Cox, Dorward, y Wozney, 1988; Eysenck,
1992).
Los resultados, a cerca del procesamiento de las personas con
alto rasgo de ansiedad, se muestran, pues, incompatibles con la teoría
de Williams (1988). Siendo mucho más próximos a los modelos
de Beck (1985), Bower (1981, 1987) y Riskind (1997), que predicen un sesgo
hacia la amenaza que guiaría todo el procesamiento de la información,
repercutiendo de modo general sobre la memoria, afectando tanto a las pruebas
de memoria implícita como de memoria explícita.
Estas
teorías tienen, entonces, un poder explicativo parcial. Williams
predice los resultados obtenidos con pacientes con TAG, y Beck, Bower y
Riskind los extraídos a partir de muestras de personas con alto rasgo
ansioso. ¿Significa esto que no disponemos de una teoría globalizadora,
capaz de dar cuenta de la totalidad de los resultados?; o si asumimos que
el procesamiento de los sujetos con ansiedad subclínica, en condiciones
estresantes, no es paralelo al de las personas con TAG, ¿debemos
descartar la hipótesis de la vulnerabilidad latente?. La investigación
en torno al sesgo de interpretación, de las personas ansiosas, revela
las mismas contradicciones.
5.
Sesgo de interpretación del entorno: las preocupaciones
La preocupación es definida por Borkoveck, Robinson, Pruzinsky,
y De Pree (1983) como: "Una cadena de pensamientos e imágenes,
relativamente incontrolables, acompañados de un estado afectivo negativo.
La preocupación constituye una tentativa de solucionar un problema,
cuyo resultado es incierto y que contiene la posibilidad de una o más
consecuencias negativas. De manera que la preocupación contribuye
a cerrar el ciclo iniciado por el miedo" (p. 9).
Borkoveck et al.
(1983) definió la preocupación como el componente cognitivo
central del alto Rasgo de Ansiedad; a raíz de la elevada correlación,
encontrada en su investigación, entre el rasgo ansioso y el tiempo
invertido en preocuparse (r= 0,63). De la misma manera veíamos, en
el capítulo introductorio, como las clasificaciones nosológicas
vigentes, DSM III-R y DSM IV, también describen este componente cognitivo
como el ingrediente central definitorio de un TAG.
Diversas teorías
han contribuido a el esclarecimiento de las características de este
sesgo de interpretación del entorno, tan característico de
la ansiedad.
5.1 La preocupación como una forma de Evitación
Cognitiva (Borkoveck, Metzer, y Pruzinsky, 1986; Borkovech, Shadick, y Hopkins,
1990)
Una de las teorías iniciales, acerca de la preocupación,
es la propuesta por Borkoveck (1986), que recoge elementos de la teoría
del aprendizaje, la teoría del self y el procesamiento cognitivo.
Para el autor, desde la teoría del procesamiento cognitivo,
la preocupación se definiría como un conjunto de patrones
verbales y visuales, a cerca de los estímulos amenazantes, que tendrían
la propiedad de alertar al organismo y prepararlo para la acción,
siendo prioritarios en el procesamiento.
Según la teoría
del aprendizaje, las preocupaciones se desencadenarían ante determinados
estímulos amenazantes del entorno, que habrían adquirido su
carácter de amenaza a través del condicionamiento clásico
por su asociación con circunstancias vitales frustrantes. La preocupación,
además, se constituiría como una conducta cognitiva de evitación
con la propiedad de reducir la activación fisiológica. Con
lo que la persona invertiría cada vez más tiempo en esta actividad
reforzante, por sus efectos reductores de la ansiedad (proceso de reforzamiento
negativo).
Borkoveck apela a la teoría del self para definir
el concepto de frustración, ligado a la amenaza. Así, la frustración
se perfilaría como el resultado de la discrepancia entre la realización
actual del sujeto y sus expectativas.
Pero el modelo de Borkoveck presenta
algunas limitaciones:
1. Resulta, en primer lugar, contraintuitivo el
hecho de que los ansiosos vivan de modo tan aversivo la preocupación
si, como afirma el autor, es una conducta cognitiva de evitación
con propiedades reductoras de la ansiedad.
2. Por otro lado, esta capacidad
de la preocupación de disminuirlos niveles de arousal, es defendida
por Borkoveck apoyándose en trabajos experimentales que muestran
un descenso de la tasa cardiaca concurrente con las preocupaciones. Lo que
resulta un tanto paradójico a la luz de toda la evidencia empírica
sobre el aumento de la actividad cardiovascular y de los síntomas
somáticos, en los pacientes ansiosos, en sus instantes de preocupación.
3. Tampoco es sencillo conciliar, en este modelo, los elementos aportados
por el procesamiento cognitivo y la teoría del aprendizaje. Pues
cómo pueden coexistir el carácter evitativo de la preocupación
con su objetivo de alertar al organismo frente a la amenaza y abocarlo a
la acción.
En años posteriores, el autor, realiza una
reformulación de esta teoría que persiste en la descripción
de la preocupación como una forma de evitación cognitiva,
dejando los anteriores interrogantes sin resolver.
Así, Borkoveck
et al. (1990), identifica la preocupación con una conducta cognitiva
evitativa de tipo lingüístico, caracterizada por reducir o inhibir
las actividades: imaginaria y fisiológica.
El autor encuentra
soporte para los presupuestos de su teoría desde diversas investigaciones:
1. En un experimento, llevado a cabo por Johnson, y Borkoveck (1986), las
personas al preocuparse incrementaban su actividad beta del EEG en el hemisferio
frontal-izquierdo. Al ser el hemisferio izquierdo el centro cerebral del
lenguaje, parece probable que la preocupación se estructure como
una conducta lingüística.
2. En sus trabajos posteriores
(1990), confirma la hipótesis de que la preocupación funciona
como reductora de las actividades imaginaria y fisiológica. Así
encuentra que los pacientes con TAG en los periodos de relajación
presentan una actividad imaginaria constitutiva del 36% de toda su actividad
mental mientras que, en los momentos de preocupación, la actividad
imaginaria se reduce, conformando el 20% de la actividad cognitiva. Del
mismo modo, evidencia un descenso de la activación fisiológica
de los ansiosos consecuente al aumento de sus preocupaciones; en este último
trabajo, se pidió a una muestra de fóbicos a hablar en público
que formasen una imagen a cerca de la escena temida, en los periodos inter-imágenes
se les sometió a tres tipos de condiciones: (de manera que la muestra
quedó subdividida en tres grupos) 1/ sujetos en condiciones de relajación,
2/ individuos con la instrucción de pensar en palabras neutras y
3/ sujetos que debían pensar en hablar en público, los resultados
mostraron un incremento de la tasa cardiaca sólo en las dos primeras
condiciones (permaneciendo constante en aquellos fóbicos que tenían
pensamientos sobre hablar en público).
Frente a estas teorías,
que se centraban prioritariamente en definir en qué consiste la preocupación
y cuáles son sus funciones, se desarrollaron toda una serie de modelos,
expuestos a continuación, cuyo objetivo es describir el curso de
la preocupación dentro del procesamiento de la información.
5.2 La Preocupación como Autofocalización (Barlow,
1988)
El modelo de Barlow (1988) describe el curso de las preocupaciones
como un ciclo capaz de retroalimentarse. Según el autor, los pacientes
ansiosos tienen almacenadas en su memoria ciertas proposiciones, de contenido
ansiógeno, que se activan ante determinadas situaciones ambientales,
o consecuentemente con una elevación del arousal.
La activación,
de estas proposiciones ansiógenas, provoca un cambio en los procesos
atencionales, que dejan de focalizarse en el medio ambiente externo para
autofocalizarse (de manera interna). Esta autofocalización consiste
en un estrechamiento atencional o hipervigilancia que impide redirigir la
atención sobre los estímulos externos, lo que redunda en esa
sensación de incontrolabilidad de las preocupaciones. Por efecto
de esta hipervigilancia se desencadena, en el sujeto, un estado afectivo
negativo que produce un renovado aumento de la activación fisiológica.
Con lo cual la autofocalización es cada vez mayor, como también
lo es la incontrolabilidad de las preocupaciones. Por eso decíamos
que las preocupaciones siguen un curso capaz de retroalimentarse.
Otro
punto de inicio, en este ciclo de la preocupación, es el fracaso
en la interacción con el entorno. Pues este tipo de preocupaciones
sólo puede encabezar ejecuciones disfuncionales, responsables de
incrementar, una vez más, el estado afectivo negativo y los niveles
de arousal.
Nótese que se trata de una teoría referida
a los pacientes ansiosos y no aplicable a los individuos con alto Rasgo
de Ansiedad cuyas preocupaciones, a cerca de los acontecimientos futuros,
podrían posibilitar su adecuado afrontamiento y la ejecución
de conductas adaptativas.
5.3 El Curso de Las Preocupaciones: Factores desencadenantes,
de mantenimiento y finalización. La Teoría Estructural de
Tallis y M. Eysenck (1992)
Como el modelo de Barlow, Tallis y M. Eysenck
describen el curso de las preocupaciones a lo largo del procesamiento de
la información. Y lo hacen, atendiendo a sus factores desencadenantes,
de mantenimiento y finalización. Al mismo tiempo, como en las teorías
propuestas por Borkoveck, pretenden dilucidar las funciones de la preocupación.
La Teoría Estructural de Tallis y M. Eysenck constituye, pues, un
interesante modelo integrador de las formulaciones anteriores capaz, también,
de suplir algunas de sus deficiencias.
Barlow consideraba las preocupaciones
como un acto improductivo, para Tallis y M. Eysenck están dotadas
de tres importantes funciones:
1. En primer lugar, la preocupación
tendría una función de alarma, capaz de alertar al organismo
sobre la aparición de estímulos amenazantes.
2. Seguidamente
la preocupación cubriría una función de impronta, responsable
de la aparición de pensamientos e imágenes amenazantes en
la conciencia.
3. Y en tercer lugar, desarrollaría una función
de preparación, anticipando las consecuencias de determinadas líneas
de acción, sobre los acontecimientos futuros, y reduciendo la ansiedad
por un proceso de habituación.
Desde el punto de vista del curso
del procesamiento , la preocupación se inicia a partir de una compleja
interacción entre varios desencadenantes:
1. Un aumento de la
probabilidad subjetiva de ocurrencia de un suceso aversivo.
2. Una
mayor inminencia subjetiva del suceso negativo (los acontecimientos son
tanto más aversivos, cuanto más próximos están
en el tiempo).
3. Una más alta aversividad percibida del suceso
(definida a través de tres variables: la importancia del suceso,
su intensidad y el número de objetivos bloqueados en su consecución).
4. Y una inhabilidad percibida de las estrategias de afrontamiento,
disponibles por el sujeto, para paliar la situación estresora.
Responsables del mantenimiento de la preocupación, una vez iniciada,
sería la existencia de determinados clusters, en individuos ansiosos,
consistentes en estructuras organizadas de información relacionada
con las preocupaciones. Estos clusters se encontrarían en un mayor
número y estarían mejor estructurados en los pacientes ansiosos
y sujetos con alto Rasgo de Ansiedad, que en los individuos de bajo rasgo.
La finalización de la preocupación sucede si ésta
cumple su objetivo de preparación de los acontecimientos futuros,
entonces la preocupación encabeza un adecuado manejo del problema.
También puede cesar por el aumento de las demandas ambientales; como
los recursos de la memoria de trabajo son limitados, una inversión
extra en el ambiente estimular, sólo puede redundar en una reducción
de las preocupaciones. (Eysenck, 1983).
Si realizamos un análisis
detallado de las teorías a cerca de la preocupación, expuestas
en los puntos anteriores, incurrimos otra vez en las mismas contradicciones
a las que nos llevaban los trabajos experimentales sobre memoria, ya que
algunas definen a la preocupación como un pensamiento automático
y otras la describen como un pensamiento de tipo más reflexivo y
elaborado.
Para Borkoveck la preocupación tiene la propiedad
de alertar al organismo, frente al peligro y prepararlo para la acción.
Barlow la describe como un estado de autofocalización e hipervigilancia.
Tallis y M. Eysenck definen sus dos primeras funciones como de alarma e
impronta. Desde todas estas consideraciones, la preocupación, requiere
un mayor priming de las representaciones internas de amenaza y, por lo tanto,
afecta al procesamiento automático.
La Teoría Estructural
establece una tercera función de la preocupación, relacionada
con la preparación de futuros cursos de acción. Función
que se emplaza en los estadios más estratégicos del procesamiento.
¿Significa esto que debemos descartar la hipótesis de Williams?,
¿qué el sesgo característico de los ansiosos engloba
todo el procesamiento de la información, desde sus estadios más
automáticos a los más elaborados, como apuntaban Beck y Bower?
¿Y cómo reconciliamos esta afirmación con el hecho,
empíricamente demostrado en pruebas de memoria, de que los pacientes
con TAG no sesgan sus procesos estratégicos? Todos estos interrogantes
nos llevan a un conjunto de especulaciones, tratadas en el siguiente punto,
que operan a favor de la teoría de la Interdependencia de los Procesos
Automático y Estratégico, defendida por Beck, y Clark (1997).
6. Conclusiones
Los procesos cognitivos parecen ser la clave en torno a la cual
se estructura el Trastorno de Ansiedad Generalizada; así podemos
definir el TAG en base a una serie de preocupaciones, no realistas, excesivas
y percibidas como incontrolables, sobre múltiples circunstancias
de la vida cotidiana (DSM-IV).
De la misma manera, los modelos estado-rasgo
han evolucionado hacia una mayor determinación de los factores cognitivos
en la explicación del rasgo de ansiedad. Describiendo el alto rasgo
ansioso como la predisposición a interpretar determinadas situaciones
como amenazantes, con independencia del peligro real (Spielberger, 1966).
Desde la concepción interactiva-multidimensional del rasgo, existirían
ciertos rasgos específicos cada uno caracterizado por un sesgo cognitivo
propio (Ansiedad ante la Evaluación, Ansiedad Fóbica, Ansiedad
Interpersonal y Ansiedad ante las Situaciones de la Vida Cotidiana) (Miguel
Tobal, y Cano Vindel, 1984, 1986, 1994). El estado de ansiedad se desencadenaría,
entonces, al interaccionar, el sujeto, con aquellas situaciones ambientales
congruentes con las preocupaciones específicas de su sesgo.
Existe, pues, un paralelismo, en cuanto a procesos cognitivos se refiere,
entre la ansiedad subclínica (o rasgo específico) y los trastornos
psicopatológicos de la ansiedad. Es decir: el sesgo cognitivo característico
de la Ansiedad Interpersonal es el mismo que subyace a un Trastorno de Fobia
Social, y lo mismo podríamos afirmar respecto al rasgo específico
de Ansiedad ante las Situaciones de la Vida Cotidiana y el TAG, y de cada
uno de los restantes rasgos y trastornos clínicos.
Sin embargo,
en la ansiedad subclínica o rasgo, estos sesgos cognitivos sólo
se activan en situaciones de estrés; manifestando el sujeto una transitoria
desadaptación en circunstancias ambientales más demandantes,
y un funcionamiento "normal" en un entorno tranquilo y rutinario.
En la ansiedad patológica el sesgo cognitivo y la ejecución
disfuncional son constantes.
Por eso decimos que los rasgos específicos
se constituyen como factores de vulnerabilidad latentes, aumentando la probabilidad
de llegar a desarrollar, en un futuro, un trastorno de ansiedad patológico.
Centrándonos en el TAG, su principal predisponente sería un
alto Rasgo de Ansiedad ante las Situaciones de la Vida Cotidiana. Esta predisposición
a interpretar la gran mayoría de las situaciones vitales como amenazantes,
o Ansiedad ante las Situaciones de la Vida Cotidiana, presenta un gran paralelismo
con la definición de Spielberger del alto Rasgo de Ansiedad, en general
(sin descomponerlo en diversos rasgos específicos). Por eso M. Eysenck
(1992) afirma que el alto rasgo de ansiedad es un factor de vulnerabilidad
latente para el desarrollo de un TAG.
En un intento de dilucidar las
características de este sesgo cognitivo, propio de las personas con
alto rasgo ansioso y de los sujetos con TAG, se han propuesto diversas teorías
explicativas:
1. Según las teorías de Beck, Bower y Riskind,
los altos en rasgo y los pacientes con TAG poseerían determinadas
representaciones mentales internas con un contenido amenazante, a modo de
esquemas, redes asociativas o scripts, que guiarían todo el procesamiento
de la información en su conjunto (tanto en los estadios automáticos
como elaborativos) afectando a la focalización de la atención
sobre el entorno, a su interpretación y su recuerdo. Estos esquemas,
redes o scripts, se activarían sólo en circunstancias que
incrementasen el Estado de Ansiedad; por eso los individuos altos en Rasgo
de Ansiedad sesgarían hacia la amenaza su atención, su interpretación
del input estimular y su recuerdo afectados por un fuerte estrés.
Efectivamente, los trabajos experimentales en torno al sesgo atencional
muestran una focalización selectiva sobre los estímulos amenazantes,
tras una primera fase de distracción e interferencia de distractores
ambientales, conocida como Hipervigilancia. Y que se produce tanto en los
pacientes con TAG, como en los sujetos de alto rasgo sometidos a estrés
(Eysenck, 1992).
Del mismo modo, las preocupaciones (o sesgos de interpretación
del entorno) se sesgan hacia la amenaza en todas las fases del procesamiento
de la información. Barlow (1988), en su teoría de carácter
procesual a cerca de las preocupaciones, describe este componente cognitivo
clave de la Ansiedad a nivel del procesamiento automático, como un
estado de autofocalización o hipervigilancia que impide redirigir
la atención a los estímulos ambientales externos y que encabeza
ejecuciones disfuncionales. M. Eysenck (1992), en su Teoría Estructural,
establece tres funciones de la preocupación: de alarma, de impronta
y de preparación, que se corresponden con los dos estadios del procesamiento,
las dos primeras con el automático y la última con el estratégico.
Como el sesgo implica a todas las fases del procesamiento, la memoria manifestaría
un recuerdo preponderante de los sucesos amenazadores tanto en pruebas de
memoria implícita como de memoria explícita, en ambos grupos
de sujetos, cuando padeciesen una elevación de su Estado de Ansiedad.
Los sujetos altos en Rasgo de Ansiedad y los pacientes con TAG muestran
efectivamente un sesgo negativo de la memoria implícita, los sujetos
de alto rasgo evidencian, además, un sesgo negativo en la memoria
explícita, pero lo que no hace a esta hipótesis plausible
es la ausencia de sesgo negativo de memoria explícita en pacientes
con TAG.
2. Williams (1988) propone que el sesgo característico
de los sujetos ansiosos se produce en los estadios automáticos del
procesamiento de la información, no quedando afectada la elaboración.
Cuando el mecanismo de Decisión Afectiva establece una valencia amenazante
del input estimular, el sujeto dirige sus recursos de procesamiento estratégico
fuera de esa amenaza, en lo que el autor denomina una Estrategia de Evitación
Cognitiva.
Por eso no aparece un sesgo negativo en la memoria explícita
en los pacientes con TAG. Lo que no resulta tan fácil de explicar,
por esta teoría, es el sesgo negativo de memoria explícita
encontrado en los individuos de alto Rasgo de Ansiedad. Como también
resulta complejo entender la relativa dificultad en demostrar el sesgo negativo
de memoria implícita de los sujetos con elevado rasgo ansioso, dada
la mayor integración de sus representaciones mentales internas relativas
a la amenaza.
En lo referente a las preocupaciones de las personas
ansiosas, cabe decir que una de sus funciones fundamentales es preparar
posibles cursos de acción en una situación estresante (Tallis
et al., 1992); que, como ya se ha dicho, se enmarca dentro de la fase más
estratégica del procesamiento. Lo que se muestra incompatible con
la hipótesis de Williams.
3. Para explicar estas inconsistencias
M. Eysenck (1992) realiza una serie de propuestas:
Como el sesgo negativo
de memoria explícita está ausente en los pacientes con TAG
y presente en los controles de alto rasgo; el autor establece que ambos
grupos de personas poseen esquemas negativos de contenido amenazante que
se activan ante un incremento en el Estado de Ansiedad. Estos esquemas activados
dan lugar al sesgo negativo de memoria explícita en los sujetos de
alto rasgo, sesgo que no aparece en los pacientes con TAG porque algún
tipo de estrategia cognitiva de evitación previene su manifestación.
M. Eysenck previene contra la falta de evidencia empírica en la demostración
de esta estrategia cognitiva de evitación y no proporciona una definición
contundente del término. De manera que dicha estrategia evitativa
podría referirse tanto a un sesgo en el procesamiento estratégico,
en apoyatura a la hipótesis de Beck, Riskind y Bower, como a una
evitación de este tipo de procesamiento elaborativo, más en
la línea de Williams.
M. Eysenck se muestra poco concluyente
en este punto, resistiéndose a descartar la hipótesis de Williams
y a dar confirmación a las teorías del Esquema, de la Vulnerabilidad
a la Amenaza y la Red Semántica que predicen sesgos en todo el procesamiento
de la información, en general, de los ansiosos. El autor dice encontrar
sólo evidencia experimental para las dos primeras funciones, de impronta
y alerta, (enmarcadas en el procesamiento automático). Y apunta una
inconsistencia respecto a la evidencia de la tercera función (referida
al procesamiento elaborativo), apoyada en la argumentación de Janis
(1958) de que los ansiosos tienen tendencia a negar el daño, incluso
a desarrollar expectativas de inmunidad; lo que se muestra incompatible
con la rumiación constante sobre como solucionar los problemas, característica
de las preocupaciones.
En cualquier caso, M. Eysenck, se contradice
al tratar de negar el sesgo en el procesamiento estratégico de los
ansiosos, cuando describe como desencadenantes de la preocupación
ciertos pensamientos conscientes, reflexivos y elaborados que pertenecen
a la fase estratégica del procesamiento de la información
(probabilidad subjetiva sobre la aparición de un suceso aversivo,
inminencia subjetiva del hecho, aversividad percibida y percepción
a cerca de las propias estrategias de coping).
4. La teoría de
la interdependencia entre el procesamiento automático y estratégico
(Beck, y Clark, 1997) se ofrece como un interesante modelo explicativo de
todas estas contradicciones. Parece, según lo expuesto con anterioridad,
que en las personas ansiosas priman los mecanismos automáticos sobre
los estratégicos; pero, al mismo tiempo, tampoco podemos descartar
la existencia de ciertos fallos en la elaboración de la información.
Desde esta teoría se argumenta que es precisamente la preponderancia
del priming sobre la elaboración, en personas ansiosas, la responsable
del fallo de los mecanismos estratégicos, impidiendo una reevaluación
más realista del input estimular. Es decir: se producen algunos sesgos
de tipo estratégico debido a la inefectividad del procesamiento elaborativo.
Si bien esta hipótesis se perfila como una propu
esta altamente consistente con los resultados encontrados, no
ha sido objeto de investigación experimental. Su confirmación
empírica contribuiría a esclarecer las, todavía ambiguas
y difícilmente explicables, características de este sesgo
cognitivo propio de la ansiedad.
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Vol.
3, No. 1, Enero 1999
ISSN 1137-8492
Departamento de Psicología Básica II (Procesos Cognitivos).
Facultad de Psicología. Buzón 23.
Universidad
Complutense de Madrid
28223 Madrid (España).
E-mail: canovindel@psi.ucm.es
Referencia a este artículo según el estilo
de la APA:
Arcas Guijarro, S., Cano Vindel, A. (1999). Procesos cognitivos
en el trastorno de ansiedad generalizada, según el paradigma del
procesamiento de la información. Psicologia.COM [Online], 3 (1),
145 párrafos. Disponible en: http://www.psiquiatria.com/psicologia/vol3num1/art_6.htm
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