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HOMBRES, ENVEJECIMIENTO Y SALUD Conservar la salud a lo largo de la vida archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Grupo de estudio de Enfermedades no transmisibles y salud mental
Departamento de Prevención de las enfermedades no transmisibles y promoción de la salud
Unidad del Envejecimiento y el curso de la vida
Organización Mundial de la Salud
Ginebra
AGRADECIMIENTOS
El borrador de este documento lo prepararon, bajo la dirección del Programa sobre Envejecimiento y Salud de la OMS, dos jóvenes profesionales, en aquel momento destinados en la OMS como internos. Asistieron al Primer Congreso Internacional sobre el Hombre al Envejecer, que tuvo lugar en Ginebra, del 4 al 8 de febrero de 1998, y tomaron abundantes notas. Así, la contribución inicial de Hans-Georg Justl y Emily Hartigan, mediante la combinación de sus capacidades (Hans como estudiante de medicina en sus últimos años y Emily como periodista sobre salud pública recientemente graduada), proporcionó un muy buen comienzo. A continuación el borrador lo mejoraron varios directores técnicos que trabajaban en el Programa: Ken Black, Ingrid Keller, Irene Hoskins y, críticamente, Paul Kowal. El Profesor Egon Diczfalusy aportó una dirección crucial a lo largo de todo el proceso. El borrador resultante se envió entonces a miembros individuales de la Sociedad Internacional para el Estudio del Hombre al Envejecer (ISSAM) para que lo revisaran.
A continuación, el Profesor Robert Beaglehole asumió la tarea de la edición final en estrecha colaboración con Alexandre Kalache (Coordinador de la Unidad de Envejecimiento y Curso de la Vida de la OMS, WHO-ALC o WHO Ageing and Life Course Unit). La versión final del Profesor Beaglehole se sometió a un Consejo de Redacción presidido por el Profesor Bruno Lunenfeld, presidente de la ISSAM, y compuesto por otros miembros de la ISSAM como representantes de distintas disciplinas (Profesor Claude Schulman, Profesor Eino Heikkinen, Dra. Hana Hermanova, Dr. David Crook, Profesor Ronald Swerdloff, Dr. Jean Kaufman, Profesor Egon Diczfalusy, Profesor Jean-Pierre Michel, Dr. Wojtek Chodzko-Zajko, Sr. Horace Deets, Dra. Ruth Bonita, Profesor Giuseppe Benagiano, Dr. Taina Rantanen y Sr. Todd Petersen). Por la presente, reconocemos y agradecemos su asesoramiento y el tiempo que nos han dedicado. El Dr. J. O’Brien, de la Universidad de Newcastle, también contribuyó de manera significativa.
Una reunión del consejo de redacción al completo tuvo lugar en Ginebra el 9 de febrero de 2000, inmediatamente antes de la sesión de apertura del Segundo Congreso sobre el Hombre al Envejecer. Durante el Congreso, se celebró un simposio especial, abierto a todos los participantes como una sesión plenaria. En este simposio, copresidido por el Profesor Egon Diczfalusy, el Profesor Bruno Lunenfeld y el Dr. Alexandre Kalache, el Profesor Robert Beaglehole presentó el documento, sección por sección, y pidió a los participantes que hicieran comentarios y sugerencias para realizar las correcciones finales. En este proceso le ayudó Hans-Georg Justl como reconocimiento de su importante contribución inicial. Se aprobó una resolución, aprobando este trabajo como un documento que expresa los puntos de vista, tanto de la OMS como de la ISSAM, sobre el tema en cuestión.
Una versión preliminar de este documento se publicó en el número de marzo de 2000 de The Ageing Male (El hombre al envejecer), la revista oficial de la ISSAM.
Esta versión actual ha incorporado contribuciones adicionales, esta vez del Dr. Sanjeeb Sapkota, un interno que asistió a la Unidad de Envejecimiento y Curso de la Vida de la OMS (WHO-ALC) de octubre de 2000 a junio de 2001, y también del Profesor Robert Beaglehole e Ingrid Keller, siempre bajo la dirección de la WHO-ALC.
Este largo proceso no sólo aseguraba la calidad del producto final sino que también proporcionó un modelo para una colaboración eficaz entre la comunidad científica y una Agencia especializada de la ONU, última responsable de proporcionar información basada en datos sobre asuntos de salud.
ÍNDICE
PREFACIO: La salud y el hombre que envejece
1. INTRODUCCIÓN Y DEFINICIONES
1.1. Definición de salud y envejecimiento
2. UN MARCO CONCEPTUAL PARA LA SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
2.1. El
envejecimiento como proceso y el proceso de envejecimiento
2.2. La
perspectiva de género
2.3. La
perspectiva mundial
2.4. La
perspectiva del curso de la vida
2.5. Los
determinantes de la salud
2.6. La
perspectiva de la sanidad pública
3. LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA Y LA SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
3.1. Transiciones
en el envejecimiento de la población y en la esperanza de vida
3.2. Diferencia
de género en los indicadores demográficos
3.3. La
diversidad en el envejecimiento mundial
3.4. Niveles
y tendencias del estado de salud y del bienestar de los hombres mayores
4. DETERMINANTES DE SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
4.1. Determinantes
hereditarios
4.2. Determinantes
socio-económicos
4.3. Determinantes
del estilo de vida y del comportamiento
4.4. Determinantes
relacionados con el género
4.5. Determinantes
culturales
4.6. Determinantes
políticos
4.7. Determinantes
espirituales y religiosos
5. PRIORIDADES DE SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
5.1. Definición
de las prioridades de salud
5.2. Principales
causas evitables de morbilidad y mortalidad
5.2.1. Enfermedades
cardiovasculares
5.2.2. Cánceres
5.3. Condiciones
crónicas de discapacidad
5.3.1. Deteriro
de las funciones fisiológicas de los hombres al envejecer
5.3.2. El
envejecimiento del sistema endocrino del hombre
5.3.3. Hipertrofia
prostática benigna
5.3.4. Incontinencia
urinaria
5.3.5. Disfunción
eréctil y sexualidad
5.3.6. Osteoporosis
5.3.7. Sarcopenia
5.3.8. Asuntos
nutricionales del hombre al envejecer
5.3.9. Problemas
de salud bucal
5.3.10. Deterioro
sensorial
5.3.11. Co-morbilidad
5.4. Salud
mental
5.4.1. Demencia
5.4.2. Depresión
5.4.3. Trastornos
del sueño
5.5. Discapacidad
funcional
6. MEJORAR LA SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
6.1. Marco
general para mejorar y conservar la salud del hombre al envejecer
6.2. Estrategias
específicas para mejorar y conservar la salud del hombre al
envejecer
7. ACCIONES PARA LOGRAR UN ENVEJECIMIENTO SALUDABLE
La salud y el hombre que envejece
Alexandre Kalache* y Bruno Lunenfeld**
*Coordinador, Envejecimiento y curso de la vida, OMS, Ginebra,
Suiza
**Presidente de la Sociedad Internacional para el Estudio del
Hombre al Envejecer
Es imposible entender el envejecimiento y la salud sin una perspectiva de género. Tanto desde el punto de vista fisiológico como desde el psicosocial, los determinantes de salud a medida que envejecemos están intrínsicamente relacionados con el género. Hay una aceptación cada vez mayor de que a no ser que las investigaciones y los programas (tanto de ciencias clínicas como de salud pública) reconozcan estas diferencias, no serán eficaces. Aunque las mujeres sufren mayores cargas de morbilidad y discapacidad, los hombres mueren antes; las razones de dicha mortalidad prematura no se entienden completamente. La rapidez con la que está envejeciendo la población de todo el mundo exige un enfoque acertado sobre temas de género si se quieren desarrollar planes de acción válidos. Sin embargo, muy a menudo, el género en el contexto de la salud se utiliza únicamente con temas relativos a la mujer.
Este enfoque tiene su origen en las exitosas campañas orquestadas por grupos de mujeres en los años 70 y 80. Estas campañas eran indispensables. El estado de salud de la mujer se había dejado de lado a lo largo de toda la historia, y era esencial centrar la atención sanitaria sobre ellas con el fin de extender los servicios a millones de mujeres en todo el mundo cuya salud no recibía atención alguna y que estaban expuestas a una carga innecesaria de enfermedad. Por tanto, en gran parte debido a las acertadas acciones llevadas a cabo (frecuentemente por organizaciones no gubernamentales), la importancia de la salud de la mujer adquirió gradualmente prominencia en muchos países, aunque aún no en todos. Este logro no debe perjudicarse; al contrario, necesita consolidarse.
En general, las razones del éxito de dichas acciones provenían del hecho de que las mujeres estaban librando una batalla contra sus opresores (los hombres, quienes desde siempre habían retenido el poder mediante la política, la economía y su prominencia en la sociedad). El reto de situar firmemente los intereses de los hombres entre los asuntos a tratar en materia de salud es incluso mayor, puesto que supondrá orquestrar una lucha en la que no hay un oponente, no hay un opresor. La batalla se librará contra la complacencia, contra las actitudes arraigadas, hacia una cultura en la que los hombres reconozcan la importancia de cuidar de sí mismos, una cultura del cuidado personal, opuesta a la actual creencia general de los hombres que se consideran “máquinas indestructibles”. Y esta batalla podría eventualmente llevar al sector de la salud a reconocer el hecho de que también debería atender los temas de salud propios del hombre. Muy a menudo, en todo el mundo, el mensaje transmitido por los servicios sanitarios es “No estamos interesados en vuestra salud”; muchos hombres tienen contacto con el sector sanitario sólo durante su infancia y al final de sus vidas. Demasiado poco, demasiado tarde. Para cuando consultan con un médico, enfermedades que podrían haberse prevenido o tratado adecuadamente con una detección más precoz ya han alcanzado un grado irreversible, lo que llevará a una muerte prematura. Resulta que se necesita una perspectiva que tenga en cuenta todo el curso de la vida en cuanto al género y la salud; nuestra salud, al final de nuestras vidas, es el resultado de experiencias anteriores en términos de estilo de vida, medioambiente al que estamos expuestos y encuentros con el sector sanitario.
El documento sobre “Hombres, Envejecimiento y Salud” lo ideó el Programa de la OMS sobre Envejecimiento y Salud en un intento de resumir los conocimientos adquiridos en los últimos años sobre la salud de los hombres a medida que envejecen. Asimismo, el documento identifica vacíos en dichos conocimientos que deberán rellenarse mediante esfuerzos de investigación y recomienda acciones específicas que deben tomarse inmediatamente si la situación debe mejorar. Esta iniciativa de la OMS se ha beneficiado enormemente de la ayuda y colaboración de la Sociedad Internacional para el Estudio del Hombre al Envejecer, por medio de su Junta Directiva y de muchos miembros individuales que aportaron información y comentaron los sucesivos borradores de manera entusiasta.
A pesar de los enormes progresos médicos logrados en las últimas décadas, sigue dándose el hecho de que los últimos años de vida aún conllevan una salud y una discapacidad que empeoran con los años. El factor clave del envejecimiento saludable es la capacidad de conservar una vida independiente durante el mayor tiempo posible. Los programas eficaces de fomento del envejecimiento saludable y de prevención de las discapacidades entre las personas mayores darán como resultado una utilización más eficiente de los servicios sanitarios y sociales, y mejorarán la calidad de vida de las personas mayores pues les permitirán seguir siendo independientes y productivas.
Además, existen intervenciones, como la terapia de reposición de hormonas, que pueden ayudar a prevenir lo prevenible y a retrasar lo inevitable. Los datos demuestran que dichas intervenciones pueden ralentizar la progresión de enfermedades entre las mujeres. Hay una urgente necesidad de conseguir información comparable en el caso de los hombres.
A la vista de esto, se debe proporcionar más información al público sobre los conocimientos médicos ya consolidados y debe incrementarse la investigación clínica, socioeconómica y epidemiológica básicas. Este reto necesitará un salto espectacular en los esfuerzos de investigación internacionales, ayudados por nuevas asociaciones entre sectores intergubernamentales, gubernamentales , privados y voluntarios.
Deseamos sinceramente que este documento refuerce la conciencia de que el conjunto de asuntos a tratar en materia de sanidad pública en el S. XXI necesita incorporar el tema de la salud de los hombres al envejecer como uno de los temas principales. A medida que esto ocurra, los beneficios los compartirá el conjunto de la sociedad.
1. INTRODUCCIÓN Y DEFINICIONES
El año 2002 marca el 20° aniversario de la adopción del Plan Internacional de Viena para la Acción sobre el Envejecimiento (Vienna International Plan of Action on Ageing, o IPAA) por parte de la Asamblea Mundial sobre Envejecimiento. Este plan, posteriormente aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue el primer documento con un programa sobre el envejecimiento adoptado por consenso internacional. Su objetivo fue el de reforzar la capacidad de los gobiernos y de la sociedad civil para responder a las necesidades de las poblaciones que están envejeciendo al mismo tiempo que promueven la figura de las personas mayores como recurso vital para todas las sociedades.
Las perspectivas en cuanto al aumento de las cifras y proporciones de personas de la tercera edad son impresionantes. Entre los años 2000 y 2050, la proporción mundial de personas de más de 65 años se espera que alcance más del doble de la actual: del 6,9% al 16,4% (1). La proporción de personas muy mayores (aquéllas mayores de 79 años) aumentará durante este período del 1,9% al 4,2%. La población de personas centenarias en 2050 será 16 veces mayor que en 1998 (2,2 millones frente a 135.000), con la relación hombre-mujer de personas centenarias bajando a aproximadamente 1 por cada 4.
Sobre las bases del IPAA y los Principios de la ONU para las Personas Mayores y a la vista de las expectativas en cuanto al envejecimiento de la población, el Programa de la OMS sobre Envejecimiento y Salud defiende ahora un enfoque género-específico para el envejecimiento saludable (2). Un enfoque específico de género se refiere no sólo a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, sino también a los papeles creados por la sociedad y que dan forma a las identidades de hombres y mujeres a lo largo de sus vidas. Un enfoque específico de género ayudará a entender las diferentes necesidades sanitarias y sociales de cada sexo de acuerdo con las distintas formas en que hombres y mujeres envejecen.
Aunque a menudo se utiliza un enfoque género-específico para destacar desigualdades persistentes en la posición de las mujeres, la situación específica del hombre, especialmente la del hombre de la tercera edad, también requiere investigación y más estudios, en particular respecto de los determinantes de salud. Por ejemplo, ¿por qué los hombres siguen teniendo los riesgos más altos de sufrir la mayoría de las causas importantes de mortalidad? ¿Por qué la esperanza de vida de los hombres de cualquier edad sigue siendo menor que la de las mujeres en prácticamente todos los países?
Este documento constituye una base para desarrollar programas y estrategias aplicables a temas de envejecimiento y salud de los hombres tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo. Aunque este informe no puede abarcar todas las disparidades en el perfil del envejecimiento ni estudiar las necesidades sanitarias de todos los hombres, sí proporciona un amplio fondo de información, centrado tanto en los asuntos médicos como en los socioeconómicos que afectan a la salud del hombre. También traza estrategias para tratar dichos asuntos. Mediante información y ejemplos específicos de iniciativas y programas que tuvieron éxito con anterioridad, este informe ofrece a los profesionales de la salud y a los encargados de tomar decisiones y crear programas, así como a los hombres mayores mismos, la perspectiva de optimizar el proceso de salud y envejecimiento.
1.1. Definición
de salud y envejecimiento
La OMS define la salud como un “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia”. Esta amplia definición puede aplicarse de igual forma a países desarrollados y a países en vías de desarrollo y a ambos géneros. La salud es un estado cumulativo, que debe cuidarse a lo largo de toda la vida con el fin de asegurarse de que se disfruten todos los beneficios a edades avanzadas. La buena salud es esencial para que las personas mayores conserven una calidad de vida aceptable, y para asegurar su contribución continuada en la sociedad (3).
Es importante distinguir el envejecimiento como proceso, del proceso de envejecimiento. El envejecimiento como proceso (“envejecimiento normal”) representa los cambios biológicos universales que se producen con la edad y que no están afectados por la influencia de enfermedades o del entorno. No todos estos cambios relacionados con la edad tienen consecuencias clínicas negativas.
Por el contrario, el proceso de envejecimiento está muy influenciado por los efectos de los estados del entorno, del estilo de vida y de las enfermedades, que, a su vez, están relacionados con el envejecimiento o cambian por su causa pero que no se deben al envejecimiento en sí. A menudo, lo que una vez se consideró que era una consecuencia del envejecimiento normal se atribuye ahora, más apropiadamente, a factores relacionados con el envejecimiento. En este contexto, las definiciones comunes del envejecimiento raramente separan los dos procesos. Por ejemplo, el envejecimiento se ha definido como un “deterioro de las funciones progresivo y generalizado, que produce una pérdida de respuesta adaptiva al estrés y un mayor riesgo de sufrir enfermedades relacionadas con la edad” (4). Un objetivo importante de la investigación es el de identificar los dos factores que contribuyen a la mala salud de las poblaciones mayores. El concepto de envejecimiento activo, fomentado ahora por la OMS, anima al “proceso de hacerse mayor sin envejecer mediante el desarrollo continuado de actividades físicas, sociales y espirituales a lo largo de toda la vida” (3).
Las definiciones categóricas de viejo, tercera edad, mayor y envejecimiento no son ni claras ni universalmente aplicables. Viejo es un término específico de cada persona, cultura, país y género. Las definiciones pueden variar entre ambos sexos a medida que los acontecimientos de la vida contribuyen a las transiciones del envejecimiento, por ejemplo, la jubilación del trabajo. Una definición cronológica de tercera edad o de persona mayor se usa con mucha frecuencia, pero es cuestionada. La ONU utilizaba tablas con cifras tanto para personas de 60 años como de 65, y para más mayores (5), posibilitando estimaciones y previsiones más detalladas para las personas de avanzada edad de la mayoría de los países. La OMS utiliza categorías que empiezan a la edad de 65 años y a los 80 años (Tabla 1).
Para muchos hombres y mujeres, especialmente en países en vías de desarrollo, la tercera edad vendrá acompañada de enfermedades y discapacidades crónicas, el resultado de unas vidas vividas en la pobreza, con escaso (o ningún) acceso a una asistencia sanitaria adecuada. Muchas personas son “mayores” funcionalmente en la cuarentena o en la cincuentena, lo que pone en duda la pertinencia de las definiciones cronológicas de la vejez. Para las personas mayores de países desarrollados la importancia de la salud personal se clasifica constantemente al mismo nivel que la de la seguridad material como preocupación prioritaria (6).
La región del sur de África tiene el porcentaje más elevado de habitantes de edad avanzada de todo el continente; en 1997 el grupo de personas de más de 60 años constituía el 6,2%, ligeramente por encima que en la región del norte de África (7). Aunque una de las definiciones de tercera edad se basa en la edad oficial de jubilación, en muchos países esta clasificación es incongruente con la vida africana dado que pocas personas trabajan en el sector oficial con pensiones de jubilación adecuadas. Excepto en Sudáfrica y Namibia, donde existen pensiones de jubilación tanto para el sector oficial como para el no oficial, en la mayor parte de África la “jubilación” del trabajo es la edad en que bien la edad o bien la mala salud hacen que sea imposible permanecer activo (8). En Ghana, la tercera edad se define en relación con la capacidad de trabajar y los atributos sociales de la experiencia y el liderazgo. Por lo tanto, se considera que una persona es mayor cuando él o ella no puede trabajar a causa de la avanzada edad y la pérdida de fuerza física o por su mala salud. Basándose en esta capacidad física para trabajar, las personas mayores se clasifican en tres categorías (9):
(1) Mayores recientes: personas que aún están en
activo y llevan a cabo actividades normales sin
ayuda;
(2) Mayores: personas que trabajan con dificultad y por tanto
desarrollan actividades limitadas;
(3) Muy mayores: aquéllos
que trabajan con dificultad en sus casas o que no trabajan en
absoluto.
Tabla 1: Categorías del grupo
de personas mayores
Categoría Grupo
de edad (años)
Mayores
65+
(a veces 60+)
Muy mayores 80+
En Sudáfrica, en cambio, la tercera edad se define
en relación con el aumento de dependencia de los demás debida
a la creciente necesidad de seguridad causada por debilidades físicas
y una salud que se deteriora. En África, y otros países, las
personas mayores pueden considerarse una carga por culpa de su discapacidad
o dependencia. Generalmente, el momento en que las personas mayores dependen
del apoyo familiar constituye la base para definir la tercera edad
(10).
A pesar de estas diferencias, los momentos en que se producen las transiciones del papel que desempeña una persona en la sociedad, como convertirse en padre o abuelo y perder la capacidad de reproducirse, surgen como indicadores de la tercera edad en muchas sociedades africanas (11). Los términos utilizados en muchas culturas para describir a las personas mayores son sinónimos de sabiduría, experiencia y visión, guardianes de la tradición, y los lazos que unen a la familia.
2 UN MARCO CONCEPTUAL PARA LA SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
Los enfoques constructivos en programas y estrategias para la salud del hombre al envejecer tendrán más posibilidades de evolucionar si se desarrollan en un marco conceptual explícito. Deberían incluir:
(1) El envejecimiento normal y el envejecimiento como
proceso;
(2) Una perspectiva de género;
(3) Una
perspectiva que abarque toda la vida;
(4) Una perspectiva
mundial, que reconozca que la mayoría de los hombres que envejecen
lo hacen en países en vías de desarrollo;
(5) Los
amplios determinantes sociales, económicos y culturales de la salud;
y
(6) Una importante perspectiva de la sanidad pública.
En el Gráfico 1 se expone una representación esquemática de este enfoque conceptual completo para entender y mejorar la salud del hombre al envejecer.
2.1. El envejecimiento
como proceso y el proceso del envejecimiento
Identificar las características específicas del envejecimiento normal y del proceso de envejecimiento con respecto a la salud del hombre que envejece requiere un plan formal de investigación, cuyos resultados es probable que tengan importantes consecuencias en los programas para mejorar la salud de los hombres de avanzada edad.
2.2. La perspectiva
de género
La perspectiva de género respecto de la salud del hombre,
incluido el hombre al envejecer, se desarrolla sobre la experiencia del
movimiento para la salud de la mujer, aunque está lejos de estar
igual de bien articulado. Esta perspectiva reconoce que la salud del hombre
no puede separarse de los papeles que les han sido asignados por la sociedad.
A cambio, dichos papeles están muy influenciados por las opiniones
sobre la masculinidad que predominan en las distintas culturas. La posición
social de la masculinidad, la forma en que se espera que los hombres se
comporten, parece que es un importante determinante de salud entre los hombres
de todas las sociedades. La salud del hombre está inevitablemente
influenciada por la naturaleza de sus relaciones sociales. Debido a que
se considera que el hombre tiene menos habilidad para crear redes de contactos
sociales y lazos familiares, una importante proporción de hombres
puede quedar más aislada y recibir menos apoyo social que las mujeres.
Se sabe que una adecuada integración social es beneficiosa para la
salud.
La importancia de esta perspectiva de género sobre la
salud del hombre se puede comprobar observando los efectos variables que
tiene la violencia entre personas sobre el estado de salud de los hombres.
Otra demostración de la diferencia de géneros es el reciente
aumento de los índices de mortalidad entre los hombres rusos de avanzada
edad, en respuesta a la presión provocada por los desórdenes
sociales y económicos de la Federación Rusa (12).
La experiencia adquirida mediante el análisis de la salud de la mujer desde una perspectiva de género indica que muchas de las principales causas de mala salud de los hombres de la tercera edad pueden estar igualmente vinculadas con procesos sociales, económicos, culturales y psicológicos. Los problemas de salud de los hombres al envejecer tienen mayores repercusiones sobre la vida de las mujeres que a la inversa. Las soluciones a estos problemas de salud basados en el género se encuentran en muchos niveles distintos dentro de la sociedad y no únicamente a nivel individual.
2.3. La perspectiva
mundial
La mayoría de los hombres y mujeres de la tercera edad viven actualmente en países en vías de desarrollo. A medida que la transición demográfica avance en las zonas más pobres, una proporción aún mayor de los hombres y mujeres mayores del mundo vivirán en los países y regiones con menores recursos para hacer frente a sus necesidades. Evidentemente, un enfoque mundial de la salud de los hombres y mujeres que envejecen no puede olvidar las necesidades sanitarias de las personas mayores que viven en países ricos. No obstante, si este enfoque quiere tener sentido debe centrarse en las perspectivas y necesidades de los hombres y mujeres mayores de las regiones más pobres. La salud de los hombres y mujeres indígenas al envejecer también debe considerarse como parte de esta perspectiva mundial. Muchos grupos de hombres y mujeres indígenas de avanzada edad están especialmente en desventaja desde el punto de vista de su salud, por razones íntimamente relacionadas con su anterior experiencia como colonia y el racismo que experimentan en la actualidad.
Mientras que existen un número limitado de estudios
disponibles sobre asuntos de salud de la mujer al envejecer en países
en vías de desarrollo, los datos sobre los hombres al envejecer son
especialmente limitados. Desafortunadamente (como quedará claro en
próximos apartados) la mayor parte de los datos sobre la salud del
hombre al envejecer, limitados como son, provienen de sociedades relativamente
ricas y están cada vez más influenciados por una pequeña
cantidad de problemas de salud específicos de sociedades prósperas.
2.4. Perspectiva
que abarca todo el curso de la vida
Esta perspectiva reconoce que la salud del hombre al envejecer está influenciada por los acontecimientos que tienen lugar a lo largo de su vida, quizás incluso por acontecimientos ocurridos antes de su nacimiento. Por ejemplo, el estado nutricional de la madre influye sobre el crecimiento intrauterino, sobre el peso al nacer y posiblemente sobre los riesgos en la vida futura de sufrir varios problemas importantes de salud, como las enfermedades cardíacas y otras (13).
Esta perspectiva que abarca todo el curso de la vida induce a tomar importantes decisiones en los programas y estrategias. Es claramente posible, y desde luego deseable, mejorar el estado de salud del hombre al envejecer. Sin embargo, un enfoque complementario para mejorar la salud del hombre al envejecer se centraría en realizar intervenciones adecuadas desde edades más tempranas.
2.5. Los
determinantes de la salud
Los determinantes de la salud de los hombres de la tercera edad son muy numerosos y se extienden desde los genéticos y moleculares hasta las fuerzas cada vez más poderosas de la globalización económica, tecnológica y cultural. Un marco completo para el estudio de la salud del hombre al envejecer debe reconocer todos estos factores (Gráfico 2).
Lamentablemente, el enfoque que normalmente se ha utilizado para la mejora de la salud ha sido el de centrarse en el hombre mayor mismo. El desarrollo de un enfoque completo para mejorar la salud del hombre al envejecer, basado en los muchos determinantes de la salud, está todavía en mantillas. En el Gráfico 2 se muestra una representación esquemática de los determinantes de la salud del hombre mayor. Puede encontrarse un análisis más detallado de los determinantes de la salud del hombre al envejecer en el apartado sobre transiciones demográficas y la salud del hombre al envejecer.
2.6. La perspectiva
de la sanidad pública
La sanidad pública es “el arte y la ciencia de prevenir las enfermedades, fomentar la buena salud, y prolongar la vida mediante los esfuerzos organizados de la sociedad” (14). Tradicionalmente, la sanidad pública se ha ocupado de fomentar la mejora de la salud y prevenir las enfermedades, optimizar los determinantes fundamentales de la salud, e incrementar la eficacia y eficiencia de la asignación de presupuestos para la asistencia sanitaria.
La práctica de la sanidad pública moderna es más
difícil debido a dos asuntos fundamentales (15). El primero es la
importancia clave de las desigualdades en materia de salud. Puesto que las
desigualdades sociales y materiales en el seno de una sociedad generan desigualdades
en la salud, un objetivo importante de la sanidad pública es el de
identificar, por medio de la investigación, los determinantes fundamentales
de estas desigualdades en la salud. Los conocimientos que se adquieran con
esta investigación deberán entonces aplicarse, en parte a
través de la práctica de la sanidad pública, al desarrollo
de programas sociales para mejorar la salud.
El segundo es el reconocimiento
de que los cambios a largo plazo en la estructura y las condiciones de los
entornos sociales, económicos y naturales, tanto a nivel local como
a nivel mundial, afectan al nivel de buena salud dentro de las poblaciones
y a la conservación de dicha buena salud.
El alcance de la práctica
contemporánea de la sanidad pública incluye las consecuencias
sobre la salud de la rápida urbanización, los cambios demográficos,
la globalización de las relaciones económicas, sociales y
culturales, y los cambios medioambientales mundiales provocados por el hombre.
Todos estos factores afectan al estado de salud del hombre al envejecer.
El enfoque de la sanidad pública para mejorar la salud del hombre
que envejece debe estudiar todos estos asuntos así como los problemas
de salud específicos del hombre individual.
3. TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA Y SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
3.1. Transiciones en el envejecimiento de la población y en la esperanza de vida
El mundo está viviendo las últimas etapas de una larga transición demográfica, de un patrón predominante de alta mortalidad - alta fertilidad a un patrón de baja mortalidad - baja fertilidad. La mejoría a nivel mundial de la esperanza de vida y los marcados descensos de los índices de fertilidad son la razón fundamental del actual y rápido aumento de la edad media de la población. Las previsiones medias de las variantes sobre el crecimiento de la población calculan que para el año 2050, el 16% de la supuesta futura población mundial de 9.000 millones de personas será mayor de 65 años (Tabla 2). Las consecuencias sociales y económicas de esta transición sobre las proporciones de personas dependientes serán enormes.
De acuerdo con estas mismas previsiones, una de cada cuatro personas de las zonas más desarrolladas del mundo tendrán más de 65 años en el año 2050, y la proporción en las zonas menos desarrolladas se triplicará hasta alcanzar el 15% en el mismo período (Tabla 3).
La población de personas muy mayores, los de más de 79 años, constituye una proporción relativamente pequeña de la población actual, pero hoy en día es el segmento de población de crecimiento más rápido (Tabla 4). Los países del norte, oeste y sur de Europa tienen las mayores proporciones de personas muy mayores (casi el 4,8% de la población total de Suecia), mientras que China tiene el mayor número total de personas muy mayores: 10,5 millones.
La proporción hombre - mujer se reduce significativamente a medida que aumenta la edad: 55 hombres por cada 100 mujeres entre los octogenarios; 35 hombres por cada 100 mujeres entre los nonagenarios; y sólo 26 hombres por cada 100 mujeres entre los centenarios.
3.2. Diferencias
de género en los indicadores demográficos
Las poblaciones se hacen proporcionalmente más mayores y las medias de esperanza de vida siguen aumentando en todas las regiones del mundo (Tabla 5), aunque las estimaciones para África parecen demasiado optimistas a la vista de la epidemia de SIDA. La esperanza de vida del hombre sigue siendo, de media, 7-8 años más corta que la de la mujer. La diferencia de la esperanza de vida a favor de la mujer puede llegar hasta los 12-13 años en algunos países de la antigua Unión Soviética. La diferencia media en la mayoría de los países desarrollados está entre 5 y 8 años (la media es de 7,4 años) (17). Unos pocos países en vías de desarrollo tienen esperanzas de vida mayores para los hombres que para las mujeres, pero, la media de esperanza de vida a favor de las mujeres en la mayoría de los países en vías de desarrollo es ligeramente menor a 5 años. Generalmente se prevé que la diferencia entre géneros disminuirá en los países desarrollados y aumentará en los países en vías de desarrollo (16).
Tabla 2: Poblaciones del mundo
dependientes (%).
Grupo de edad 1950 1975 2000 2025 2050
Menores de 15 años 34 37 30 24 21
Mayores de 65 años
5 6
7 10 16
Total 39 43 37 35 37
Tabla 3: Número (en millones) y proporción
(porcentaje de la población total) de personas de 65 años
y mayores.
Región 1997 2025 2050
Número (%) Número
(%) Número (%)
África 17,7
(3) 37,9 (4) 97,0
(6)
Las Américas 62,7
(8) 136,9 (13) 227,7
(19)
Mediterráneo oriental 16,7
(4) 44,1 (5) 116,3
(10)
Europa
112,5 (13) 169,8
(18) 229,4 (25)
Sudeste
asiático 60,5
(4) 166,7 (8) 370,0
(16)
Pacífico occidental
110,7 (7) 267,7
(14) 450,1 (23)
Tabla 4: Población mundial (millones) de personas
mayores y muy mayores.
Población 2000 2025 2050
Total (millones) 6.055 7.823 8.900
Personas mayores 65+ (%)
6,9
10,4 16,4
Mayores muy mayores 80+ (%)
1,1
1,9
4,2
Tabla 5: Esperanza media de vida al nacer por regiones.
Región Esperanza
media de vida al nacer (años)
1975 1997 2025
África
46
53
65
Las Américas
67
73
77
Mediterráneo oriental
52
64
72
Europa
70
72
77
Sudeste asiático
52
63
72
Pacífico occidental
64
70
75
Aunque las cifras absolutas prevén un incremento de la diferencia total entre géneros, la evolución futura de la diferencia entre la esperanza de vida de hombres y mujeres es difícil de predecir. No obstante, las diferencias en las esperanzas de vida sí aumentan a medida que aumenta la edad y varían entre una región y otra. Para el año 2050, se espera que las mujeres africanas tengan una esperanza de vida 4,3 años superior a la de los hombres; las mujeres en Asia 4,4 años mayor; las mujeres en Latinoamérica 5,5 años; las mujeres en Norteamérica 5,6 años; y las mujeres en Europa 6,2 años (19). Parece que a nivel mundial, para el año 2050, las mujeres tendrán una esperanza de vida de 5 años de media mejor que la de los hombres. Las diferencias entre géneros en esperanzas de vida específicas a distintas edades se mantienen iguales en las categorías de los más mayores (Tabla 6). A los 65 años hay una ventaja de 3 años para las mujeres, y a los 90 años hay una ventaja de 9 meses.
La Tabla 7 muestra la relación hombre-mujer en las seis regiones de la OMS para el año 1997. Estas relaciones entre sexos para las personas mayores (de 65 años y más) y las muy mayores (80 años y más) cambiarán dramáticamente para el año 2025 (17). La relación de hombres mayores respecto de las mujeres aumentará en 8,3 hombres (de 69,7 a 78) por cada 100 mujeres, y la de los muy mayores aumentará en 11,5 hombres (de 44,3 a 55,8) por cada 100 mujeres en los países desarrollados entre los años 1998 y 2025. En los países en vías de desarrollo, las previsiones para la relación hombre-mujer en personas de 60+ años se calculan en 5,2 hombres menos (de 91,5 a 86,3) por cada 100 mujeres, y para los muy mayores en 4,1 hombres menos (de 70,2 a 66,1) por cada 100 mujeres durante el mismo período. No se tienen explicaciones precisas para estas diferencias de género y de país en las esperanzas de vida previstas, pero podrían incluir una compleja interacción de aspectos conductuales, biológicos y sociales.
3.3. La diversidad
en el envejecimiento mundial
De la población mayor de 64 años, el 79% vivirá en países en vías de desarrollo en el año 2050, comparado con el 59% en 2000 (5). Esto se corresponde con el aumento de las cifras absolutas de personas mayores de 64 años, de 418 millones en 2000 a 816 millones en 2025 y a 1.460 millones en 2050 (Tabla 8).
Tabla 6: Esperanzas de vida medias a edades específicas.
Edad
(años) Esperanza
de vida (años)
Hombres Mujeres
60
21,8
24,8
65
17,5
20,4
70
13,6
16,2
75
10,2
12,3
80
7,5
8,9
85
5,2
6,2
90
3,5
4,3
95
2,3
2,9
100
1,5
2,0
Tabla 7: Relación hombre-mujer por categorías
de edad y por región.
Región Número
de hombres por cada 100 mujeres
65-69
años 70-74 años 75-79
años 80+ años
África
89
88
86
83
Las Américas
85
79
72
58
Mediterráneo
oriental 102
100
98
95
Europa
79
65
55
42
Sudeste asiático
95
94
93
105
Pacífico occidental
97
86
75
57
Tabla 8: Poblaciones de regiones del mundo
Población (en millones) 2000 2025 2050
Total 6.055 7.824 8.909
Países más
desarrollados 1.188 1.215 1.155
Países menos desarrollados 4.867 6.609 7.754
> 65 años
Total
419
817 1.459
Países más
desarrollados
171
254
299
Países
menos desarrollados
248
563 1.159
Tabla 9: Distribución de esperanzas de vida al
nacer: porcentaje de países en cada categoría de esperanza
de vida, 1998.
Esperanza
de vida (años)
Países desarrollados
-70
años 70-74 años 75-79
años 80+ años
Hombres
27%
41%
30%
2%
Mujeres
4%
14%
30%
52%
Países en vías de
desarrollo
-50
años 50-59 años 60-69
años 70-79 años 80+
a
Hombre
20%
20%
32%
28%
-
Mujeres
14%
17%
20%
42%
8%
Los porcentajes de población de avanzada edad y de las esperanzas de vida específicas de cada género variarán a lo largo de las próximas décadas tanto en países desarrollados como en países en vías de desarrollo. China (199 millones), India (108 millones) y la Unión Europea (37 millones) tendrán las mayores poblaciones de personas de 65 años y más en el año 2010, pero el país con la mayor proporción de hombres mayores será Japón (el 26% del total de la población masculina), mientras que la Unión Europea tendrá un 20% (19). La relación actual hombre-mujer suele ser más alta entre las personas mayores (aquéllas que tienen 65 años o más) de países desarrollados, y más baja en países en vías de desarrollo (3).
En los países desarrollados se prevé que el equilibrio será mayor para el año 2025, pero en los países en vías de desarrollo aumentará el desequilibrio, con menos hombres mayores en relación al número de mujeres. Incluso en el seno de cada país, la esperanza de vida puede variar considerablemente según la región. Las estructuras de esperanza de vida para países desarrollados o para países en vías de desarrollo son ahora bastante diferentes (Tabla 9), pero tenderán a parecerse más en el futuro pues la esperanza de vida media aumenta a mayor velocidad en los países en vías de desarrollo.
Estas estadísticas de población plantean importantes preguntas sobre la provisión de asistencia sanitaria para estas poblaciones que envejecen en países desarrollados y en países en vías de desarrollo, y sobre la situación económica de estas mismas personas. Este reto se ve incrementado por el cambio demográfico de los índices de fertilidad y de las poblaciones en edad de trabajar. Estos índices y poblaciones están descendiendo, lo que significa que la ayuda social necesaria para reubicar a un grupo de edad cambiante puede ser insuficiente. Una mayor población de personas mayores y dependientes impondrá mayores exigencias económicas sobre la población trabajadora y los presupuestos estatales (19). Éste será el caso especialmente en los países menos desarrollados, los cuales habrán tenido un período de tiempo mucho menor en el que adaptarse y reubicar a una población de avanzada edad. No obstante, el tema de las poblaciones dependientes es uno de los temas que pueden mejorarse mediante programas adecuados de trabajo y jubilación para la población que envejece, y es uno de los objetivos de los programas de envejecimiento activo.
3.4. Niveles
y tendencias del estado de salud y del bienestar de los hombres mayores
Índices de mortalidad
Existen grandes variaciones en los índices y tendencias de mortalidad de los hombres mayores tanto si se tiene en cuenta todas las causas de muerte como si se tienen en cuenta ciertas causas específicas. Lamentablemente, los datos disponibles por rutina se refieren únicamente a un pequeño número de países desarrollados.
Tabla 10: Índices de
mortalidad masculina total y por causas específicas (por 100.000)
en once países; hombres de 65-74 años y de 75-84 años
Mortalidad
total Mortalidad por Mortalidad
por
enferm. cardiovascular
cáncer
País 65-74 75-84 65-74 75-84 65-74 75-84
EEUU (1997) 3.191 7.116 1.269 3.145 1.058 1.770
Japón (1994) 2.387 6.930
654 2.375
994 1.881
Francia (1996) 2.799 6.678
788 2.361 1.187 1.986
Hungría (1995) 5.590 11.612 2.783 6.877 1.594 2.538
Fed. Rusa (1997) 6.292 11.920 3.659 8.150 1.386 1.570
Reino Unido (1997) 3.387 8.342 1.488 3.775 1.142 2.104
Australia (1995) 2.880 7.352 1.138 3.423 1.070 1.951
Nueva Zelanda (1996) 3.107 7.815 1.336 3.691 1.065 1.980
Argentina (1996) 3.880 8.506 1.678 3.837
937 1.666
Méjico (1995) 3.133 6.715
910 2.275
519 968
Hong Kong (1996) 2.795 6.734
738 1.875 1.084 1.820
Estas variaciones entre países se ilustran en la Tabla 10, que muestra los índices de mortalidad por grupos específicos de edad en once países seleccionados. Los índices totales de mortalidad varían desde tan alto como 6.300 por 100.000 en la Federación Rusa hasta tan bajo como 2.400 por 100.000 en Japón, dos veces y media más bajo. Las variaciones en los índices de mortalidad por cáncer son muy parecidos, pero las variaciones de los índices de mortalidad a causa de enfermedades cardiovasculares son aún mayores.
Una de las principales facetas de las estadísticas mundiales sobre la salud durante la última mitad del siglo ha sido el descenso generalizado de los índices de mortalidad específicos de cada grupo de edad, incluidos los grupos de mayor edad, especialmente en Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda y la mayoría de los países de Europa occidental. Por el contrario, parece que los índices totales de mortalidad no han descendido en la misma medida en varios países del este de Europa. El Gráfico 3 muestra el contraste entre las tendencias de los índices de mortalidad total de los hombres al envejecer en EEUU y Hungría.
En muchos países desarrollados, el reciente e importante descenso de los índices de mortalidad a causa de enfermedades no transmisibles ha hecho que aumentara la esperanza de vida a edades avanzadas. El descenso de los índices de mortalidad de las principales enfermedades cardiovasculares ha sido sorprendente desde que empezó esta tendencia a finales de los años 60 y principios de los 70 en muchos, aunque no en todos, los países desarrollados. Hay datos que indican que este descenso es ahora más lento, e incluso puede que se haya detenido, en los EEUU, a pesar de que los índices de enfermedad cardiovascular siguen siendo muy elevados en comparación con otros países desarrollados, por ejemplo, los países mediterráneos y Japón.
Gráfico 3: Tendencias en los índices de mortalidad total (por 100.000) en EEUU y Hungría; hombres de 65-74 años y de 75-84 años; 1950-1997
Existen menos datos disponibles con los que comparar los
índices de morbilidad en distintos países. Sin embargo, parece
que se dan las mismas variaciones geográficas para los índices
de morbilidad y mortalidad a causa de enfermedades cardiovasculares. Por
ejemplo, los resultados limitados obtenidos por los centros de proyectos
de la OMS de Observación multinacional de las tendencias y determinantes
de las enfermedades cardiovasculares (MONICA), que reunieron datos sobre
las tendencias y determinantes de las enfermedades cardiovasculares en las
personas mayores, muestran una marcada variación, a edades avanzadas,
de los índices tanto de enfermedades coronarias fatales como de las
no fatales.
Las diferencias en el estado de salud sólo dan indicios sobre el considerable impacto del género sobre la salud y el bienestar personales. Esto se demuestra con la comparación de las diferencias entre las esperanzas de vida saludable y las esperanzas de vida en hombres y mujeres (Tabla 11). Esta tabla presenta datos comparables de la esperanza de vida saludable, medida desde un punto de vista de esperanza de vida sin limitaciones funcionales (21). Los hombres también se quejan de menos enfermedades y dolores que las mujeres a edades avanzadas. Tanto las diferencias biológicas como los papeles culturales, sociales y económicos género-específicos del hombre y de la mujer dan lugar a distintos problemas de salud y distintas secuelas. El curso de las enfermedades, la respuesta ante las enfermedades y la respuesta societal a dichas enfermedades presentan diferencias de género y a menudo reciben tratamientos diferentes y tienen distinto acceso a la asistencia sanitaria.
Tabla 11: Esperanza de vida (EV, años) y Esperanza de vida saludable (ES, años) en seis países al nacer y a los 65 años
Al
nacer
A los 65 años
País Hombre
Mujer Hombre
Mujer
EV ES
EV ES EV ES
EV ES
Australia, 1993 75,0 58,4
80,9 64,2 15,7 6,5
19,5 9,1
Dinamarca,
1994 - -
-
- 14,3 9,9
17,8 9,7
Holanda, 1986-8 73,5 64,1
79,9 65,1
- -
-
-
Nueva Zelanda, 1992-3 -
- -
- 14,8 10,0
18,4 10,2
España,
1986 73,2 61,6
79,6 63,6 15,0 7,0
18,4 6,9
Reino Unido,
1985 71,7 63,6
77,5 66,5
- -
-
-
Las tendencias en la esperanza de vida son de vital importancia para la supervisión de los programas sanitarios y sociales que se centran en las personas de la tercera edad. No obstante, muy pocos países han realizado estudios fiables de la esperanza de vida saludable a lo largo del tiempo. Es necesario que se invierta en infraestructuras de investigación para asegurar que se lleven a cabo estudios sistemáticos de salud y discapacidad que utilicen metodología comparable. La Red internacional de esperanza de vida saludable (International Healthy Life Expectancy Network o REVES) ha demostrado las limitaciones de los datos disponibles en la actualidad (22). La aplicación de índices de frecuencia de discapacidad a edades más tempranas y más tardías supondrá una gran diferencia para las previsiones de carga de discapacidad y de salud durante las próximas dos décadas. Los datos disponibles sobre EEUU e Inglaterra, que utilizan el criterio de discapacidad grave, indican que la esperanza de salud está aumentando a mayor velocidad que la esperanza de vida (23, 24). Lamentablemente, dichos datos son sospechosos, debido a la posible parcialidad en la elección de los sucesivos grupos de estudio de personas mayores y a las diferencias en las sucesivas cohortes de personas mayores en cuanto a la forma de interpretar las preguntas sobre discapacidad. En los EEUU las recientes tendencias positivas de la discapacidad se han interpretado como una demostración de los efectos de la mejora de los servicios sanitarios (25).
4. DETERMINANTES DE SALUD DEL HOMBRE AL ENVEJECER
Tanto la salud como el envejecimiento son consecuencias sociales y culturales además de estar determinados biológicamente. Existen tres fuentes básicas para las diferencias en el envejecimiento saludable: los determinantes hereditarios, las circunstancias socioeconómicas y el estilo de vida y otros factores conductuales. Las diferencias de género abarcan los tres campos. Los factores culturales y políticos también influyen en la salud del hombre al envejecer.
4.1. Determinantes
hereditarios
Los efectos de los factores genéticos sobre los varios componentes de la salud y el envejecimiento aún no se entienden. Se estima que únicamente un 20-25% de la variabilidad en la edad de fallecimiento viene determinada por factores genéticos (26, 27). Alrededor del 50% de la variación de la duración de la vida humana puede atribuirse a factores de supervivencia que ya se han fijado en cada individuo cuando alcanzan los 30 años, pero se cree que únicamente entre un tercio y la mitad de este efecto se debe a factores genéticos(27). La influencia de los factores genéticos sobre el desarrollo de afecciones crónicas varía significativamente. Muchas personas tienen una predisposición genética a sufrir ciertas afecciones crónicas, como enfermedades coronarias, diabetes, determinados cánceres y la enfermedad de Alzheimer. Más que indicar genes asociados con el aumento de la longevidad, los estudios de familias y de gemelos recalcan el papel de genes nocivos que llevan a una muerte prematura debido a sus efectos perjudiciales: genes únicos relacionados con las dislipidemias, por ejemplo, o genes múltiples relacionados con enfermedades cardíacas y algunos cánceres (28). El efecto de los factores hereditarios sobre la incidencia de afecciones crónicas parece disminuir a medida que aumenta la edad (29, 30). Los cálculos de la contribución genética sobre tareas físicas se han sacado en gran parte de estudios de sujetos jóvenes.
4.2. Determinantes
socioeconómicos
Los determinantes sociales y económicos del envejecimiento saludable abarcan una gran variedad de factores incluidos el estado laboral, las condiciones y seguridad del trabajo, y a edades más jóvenes la educación que se ha obtenido, el entorno de vida y la permanencia en él, y las circunstancias familiares. Es probable que cada una de estas circunstancias actúe sobre la salud de forma distinta en cada etapa de la vida. Desde el punto de vista del envejecimiento saludable, un importante tema a investigar es la medida en que las raíces de las desigualdades de salud en la tercera edad se encuentran en las circunstancias socioeconómicas de la vida anterior.
De estudios de la historia de la vida en la infancia y adolescencia se puede sacar la conclusión de que los factores sociales probablemente operan de forma cumulativa. Hay importantes diferencias entre las clases sociales en cuanto a los índices de crecimiento y de otros aspectos del desarrollo físico, así como sobre la incidencia de enfermedades infecciosas y de otra naturaleza y sobre el riesgo de lesión. La mayor vulnerabilidad a la mala salud física durante la infancia y más adelante en la vida adulta está relacionada con la mala situación socioeconómica de los padres y con unos niveles bajos de educación y preocupación por parte de los padres (12). Estudios transversales muestran diferencias en mortalidad y morbilidad como una función del estado socioeconómico, en varias categorías de enfermedades a lo largo de toda la vida (31) (véase también el apartado sobre estilos de vida y otros determinantes conductuales).
Asimismo, varios estudios longitudinales han mostrado que el nivel de educación y el estado civil tienen una importancia grande a la hora de predecir la mortalidad. Además, la edad, el género, y el estado socioeconómico influyen sobre la esperanza de vida sin discapacidad.
El estado civil es uno de los aspectos principales de la transición demográfica, puesto que es de crucial importancia en lo que se refiere a las necesidades de ayuda socioeconómica. En el grupo de edad de personas de 60 años y más, hay de lejos muchas más mujeres que no están casadas que hombres solteros del mismo grupo de edad en la mayoría de los países (tanto desarrollados como en vías de desarrollo) en todo el mundo (Tabla 12).
Evidentemente, muchas de estas mujeres mayores que no están casadas en la actualidad son viudas, y habrán perdido a sus maridos en la mediana y tercera edad debido a los mayores índices totales de mortalidad de los hombres. En China, por ejemplo, la gran mayoría de mujeres mayores sin marido eran viudas, con cifras sólo insignificantes de mujeres divorciadas o aún solteras. Se encuentra un patrón parecido entre los hombres (Tabla 13).
Tabla 12: Porcentaje de hombres y mujeres mayores de 59 años
de los países más poblados del mundo que no están casados
en la actualidad.
País Mujeres Hombres
China
54
28
India