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CONTENIDO DE LA PSIQUIATRÍA EXISTENCIAL archivo del portal de recursos
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Maribel Rodríguez
¿Existe la persona para la psiquiatría?
Trabajo presentado en el 6º Congreso Virtual de Psiquiatría
Resumen
La
psiquiatría en su afán por estudiar científicamente la enfermedad
mental, sus manifestaciones, sus causas, clasificaciones, tratamientos
más adecuados aplica una metodología que es la que considera más
adecuada en cada circunstancia para mantener un rigor científico y
hacer extrapolables los datos obtenidos a la población general y esto
es evidentemente necesario. Pero en este estudio del ser humano y sus
patologías psíquicas puede incurrir en el error de olvidar a la persona
confundiéndola con la suma de sus partes o quedarse sólo con una parte
como puede ser la biológica, la conductual, las dinámicas
intrapsíquicas, etc. La psiquiatría puede en ocasiones incurrir en el
error de obviar la visión de la totalidad, de ignorar la complejidad de
la persona en todos sus elementos que se manifiestan en una interacción
permanente que aún es un misterio saber cómo se produce para dar lugar
a las manifestaciones del psiquismo o yendo a un nivel más simple aún
no hay una respuesta clara para entender cómo se producen los fenómenos
psíquicos si nos quedamos en estudiar sólo la dimensión biológica de la
persona o sólo los pensamientos, las emociones, o las conductas entre
otros. Si no tomamos conciencia de nuestras limitaciones como
científicos y la inmensidad del campo que aún nos queda por explorar y
comprender es posible que nuestra actitud no sea ni siquiera científica
por perder la honestidad en la búsqueda de una visión rigurosa de la
realidad que se nos manifiesta.
La
psiquiatría en su afán de seguir una metodología científica, trata de
entender el proceso de la enfermedad mental, de buscar las causas que
la producen, de encontrar una clasificación adecuada de los trastornos
mentales, de buscar tratamientos eficaces, etc. Su objetivo, entre
otros, es tratar de estudiar la enfermedad mental para combatirla
eficazmente, aplicando para ello una metodología científica
determinada. Una vez aplicada dicha metodología, se indaga en los
resultados para comprobar si nos dan alguna respuesta a las hipótesis
que nos planteemos inicialmente, para así ir avanzando en el
conocimiento y comprensión de lo que es su objeto de estudio. ¿Pero
cuál es su objeto de estudio? ¿Sólo la enfermedad mental? ¿O lo es la
persona y sus padecimientos? ¿Y es la persona un mero objeto de estudio
científico? ¿Se puede estudiar a la persona cómo se estudia a los
objetos? ¿Vemos al paciente como realmente es? ¿O simplemente
proyectamos sobre él nuestras teorías y expectativas? Estas son algunas
de las preguntas que podemos plantearnos al reflexionar sobre lo que es
la psiquiatría y sus objetivos, y sobre todo al tratar de averiguar qué
significa la persona para el psiquiatra.
Gracias a la aplicación
de una metodología científica determinada hemos avanzado respecto a
tiempos previos en los que la enfermedad mental se achacaba a causas
sobrenaturales, a la alteración de los humores corporales, a la
vulneración de la ley divina, etc.; y al ir buscando un rigor
científico mayor la psiquiatría actual se va decantando cada vez más
por las dimensiones más controlables y estudiables a través del método
científico, es decir, las que tienen que ver con la biología. Se trata
de buscar respuestas estudiando dicha biología; se estudia el cerebro
humano para encontrar las causas de los trastornos mentales y
comprender las conductas humanas. Lo que lleva a posturas con
frecuencia reduccionistas, porque se centran exclusivamente en la
biología y sus alteraciones, ignorándose otros aspectos de la persona
enferma como son sus experiencias subjetivas, su biografía, sus
relaciones sociales y familiares, su visión del mundo, etc. Aspectos
que se han estudiado en más profundidad en disciplinas más
“humanísticas” como por ejemplo la filosofía, la antropología y la
sociología.
Esa forma materialista de estudiar científicamente
al hombre es evidentemente válida para alguna de sus dimensiones, pero
insuficiente si nos quedamos sólo ahí. Nos pone delante la tentación de
la seguridad, por estar estudiando algo controlable y que podemos
entender intelectualmente, dejando de lado lo que no podemos ni pesar,
ni medir, ni controlar. ¿Y dejar de lado todo ello nos permite tener
una visión realmente objetiva de la realidad?
Como afirmaba
Jaspers “se identifica falsamente la ciencia y las ciencias de la
naturaleza. Tanto más que algunos psiquiatras acentúan el carácter
científiconatural de sus maneras de conocimiento, especialmente allí
donde este falta de hecho (...). La ciencia natural está limitada a la
naturaleza como manifestación somática, que es casualmente captable.
Ahora bien, las ciencias naturales son fundamento y elemento esencial
de la psicopatología, pero también lo son las ciencias del espíritu, y
por eso la psicopatología no es de ninguna manera menos científica,
sino que es también científica de otra manera” (Jaspers, 1999, p. 847)
Si
sólo tenemos en cuenta la biología en la psiquiatría caemos en una
postura reduccionista como el monismo materialista o bien en el
dualismo. Buscar con verdadero rigor científico supone tener en cuenta
todos los aspectos de aquello que se estudia. No tiene sentido omitir
nada y menos si esa omisión se hace conscientemente o por mera
comodidad. Es necesario considerar globalmente toda realidad que
estudiemos como científicos. En coincidencia con esta idea, Llopis
(1970), haciendo referencia al perspectivismo orteguiano, afirma que
“el conocimiento de cualquier realidad es tanto más perfecto cuanto
mayor sea el número de aspectos parciales de tal realidad que podamos
sintetizar en él”. Para Llopis, “los puntos de vista del filósofo y del
biólogo no son más que perspectivas distintas de una misma realidad”
(Llopis 1970, p. 335). En el perspectivismo orteguiano la captación de
la realidad de las cosas cambia en función de la posición del
observador, pero también según la estructura sensorial y las
capacidades emocionales e intelectuales de los que observan (Llopis,
1970). Si esto sucede al estudiar al hombre, ¿cuál de las posturas que
parecen contradecirse entre sí es acertada? ¿es posible integrar las
verdades parciales en una verdad más amplia teniendo en cuenta las
diferentes perspectivas? ¿y todas las posturas son igualmente válidas o
hay criterios para saber cuáles corresponden a la realidad esencial del
hombre? No es posible que toda visión de la realidad sea válida, porque
entonces sería equivalente la percepción delirante a la percepción
realista de las cosas y por ello tiene que haber alguna manera de
determinar unos criterios mínimos de validez y fiabilidad de los
métodos para estudiar a los seres humanos. Por esta razón hay que
establecer siempre una metodología que sea lo más adecuada posible a la
realidad estudiada, lo que está claramente definido en las ciencias de
la naturaleza pero no en las ciencias que estudian a los seres humanos.
Al
tener en cuenta diferentes perspectivas se pueden considerar más
dimensiones aparte de la biológica como son la social, la psíquica, la
espiritual. ¿Pero cuál es el método más adecuado para considerar todo
ello?
Otra forma de tener más dimensiones es cuenta es
considerando, por ejemplo, las repercusiones de la enfermedad en la
vida de las personas que las padecen, su sufrimiento, sus limitaciones,
las repercusiones que tiene en sus relaciones interpersonales, en su
mundo, su biografía y la relación de esta con su vida actual, etc. Por
ser la psiquiatría una disciplina que trata con seres humanos, con
personas tiene que tener en cuenta todos sus aspectos, tiene que
considerar al hombre en su totalidad en interacción con su mundo
interno (subjetividad, valores, creencias) y externo (sociedad,
familia, entorno físico).
En sintonía con la idea de buscar una
visión más completa de paciente, Barcia afirma que “las doctrinas
elaboradas sobre saberes positivos, biológicos y psicológicos no pueden
dar respuesta cabal sobre la enfermedad humana, porque la enfermedad es
un acontecimiento que afecta al hombre como tal, y los estudios sobre
la patología, tanto los concebidos biológicamente como los de índole
psicológica, si bien nos dan conocimientos sobre aspectos de la
“enfermedad humana”, poco o nada aportan sobre qué es el “hombre
enfermo”. (Barcia, 2003, p. 11).
Según
Viktor Frankl (1999) nuestra teoría antropológica está presente en
nuestra práctica psicoterapéutica, lo que también se podría afirmar la
práctica la psiquiatría. En la teoría antropológica que asumamos,
estaría nuestra visión de lo que es un ser humano, que puede ser
contradictoria con otras imágenes que muestran distintas escuelas
psicológicas. Para superar dichas contradicciones Frankl propone una
apertura a una dimensión superior, “la dimensión humana con sus
fenómenos específicamente humanos; sólo si seguimos a la persona humana
en esta dimensión, es posible captar su unicidad, así como su
humanidad” (Frankl, 1999, p18). La misma idea la manifiesta Demetrio
Barcia, al afirmar que los modelos que utiliza la psiquiatría deben
tener una fundamentación antropológica que siempre subyace, aunque no
sea manifiesta, en cualquier doctrina psiquiátrica. Pero citando a Max
Scheler y a Von Bertalanffy señala que la imagen del hombre que se
ofrece desde la antropología es variable y contradictoria; y en dicha
imagen no se ha encontrado una imagen válida del hombre que conjugue
todas las cuestiones que se le plantean hoy en día a la humanidad, en
relación con la persona. Las distintas imágenes del hombre que tenemos
son parciales y para unificar los distintos hallazgos es necesaria
“otra perspectiva más global y profunda”, lo que está en paralelismo
con las ideas ya mencionadas de Frankl. Pero concluye que para llegar a
una dimensión superior o a una imagen más completa del ser humano, es
precisa la “una reflexión epistemológica” sobre quién es el hombre
(Barcia, 2003).
Laín Entralgo también puso de manifiesto la
necesidad de basar el saber médico (y por tanto el psiquiátrico) en una
antropología, sobre una teoría del hombre, que al menos ha de
explicitarse (Barcia, 2003). Pero no hay consenso en cuál es la
antropología más adecuada para abordar la tarea de la psiquiatría,
aunque sería más adecuada la que considere más elementos de la persona,
por ser más realista.
La psiquiatría actual se olvida de la
persona en muchas ocasiones, ignora que su objetivo es tratar a
personas y no tiene en cuenta que con quién está tratando es con seres
humanos que en cuanto a su valor intrínseco son iguales al psiquiatra
que está en relación con ellas. Se puede ver al otro, al paciente, como
un semejante que sufre y no como un objeto para adoptar una visión más
realista de lo que está sucediendo. No se puede ser un buen psiquiatra
sin un interés genuino por la persona del paciente porque entonces no
se parte de una posición realista, sino reduccionista.
También
Jaspers ahonda en esta línea al decir que “toda investigación
distingue, separa, toma algo singular e individual como objeto y busca
en ello lo general. Pero aquello de que se separa, es en realidad un
todo” (Jaspers, 1999, p. 36).
La psicología existencial ya puso
de manifiesto las limitaciones de los reduccionismos al criticar la
tradición positivista en psiquiatría y psicología en la que se valora
únicamente el método empírico de validación del conocimiento sin ser
conscientes de que así pierden a la persona, que sería mucho más que la
suma de las partes que se han estudiado aisladamente. La psicología
existencial también señala la importancia de darnos cuenta de que nos
encontramos con una persona que existe y es y no con un sujeto
abstracto o con un objeto. Quieren descubrir a la persona viva. (May y
cols., 1977).
Como alternativa a los métodos habituales
utilizados en diferentes ciencias que estudian a los seres humanos,
Husserl proporciona con su método fenomenológico la posibilidad de ir
más allá del método de conocimiento del ser humano y de trascender la
escisión sujeto-objeto y critica la aplicación de los métodos de las
ciencias naturales en las ciencias que estudian al hombre (Husserl,
1991).
Frankl (1988, 1999) propone también una visión más global
del hombre en su ontología dimensional en la que propone una visión de
unidad del hombre a través de la integración de verdades parciales.
Esta visión unitaria daría lugar a una nueva dimensión como
consecuencia de la unión de las diferentes dimensiones y de la vida
exterior e interior, sería una unidad en la multiplicidad o bien unidad
múltiple que definiría la existencia humana. Según Frankl las escuelas
psicológicas no tienen una antropología definida, clara, como tiene la
Logoterapia, ésta le da la dimensión humana a la psicoterapia, le da la
dimensión antropológica que la psicoterapia no tiene (González y
Villagra, 1999).
Aportaciones de la filosofía
Aparte
de lo que proponen diferentes escuelas psicológicas y los diferentes
intentos de integración o de inclusión de una visión antropológica,
desde la filosofía podemos ampliar nuestra capacidad de captar al otro
en su totalidad; porque la filosofía se ha dedicado desde hace siglos
al estudio de lo que es el hombre, su pensamiento y su esencia. Y
dentro de la filosofía el existencialismo de Kierkegaard y la filosofía
personalista pueden aportarnos una perspectiva más amplia y humana
De
Kierkegaard nos pueden servir algunas de sus ideas para ampliar nuestra
visión de lo que es un ser humano. Su afirmación de que cada hombre
posee algo único e irrepetible, puede ayudarnos a no generalizar y a no
quedarnos totalmente satisfechos con emitir un diagnóstico sin más. En
la idea de que cada ser humano con el que nos encontramos (sea o no un
paciente), también ahondó Viktor Frankl. En la Logoterapia de Frankl
cada uno es una historia única porque pertenece a un ser humano con
unas características que sólo se van a producir una vez, que no se van
a dar en nadie más en las mismas circunstancias. Frankl dice que el
encuentro terapéutico es una ecuación con dos incógnitas: la
personalidad del terapeuta y la personalidad del paciente (González y
Villagra, 1999).
También es importante la idea de Kierkegaard
de que el espíritu humano se define más por relaciones personales que
por su relación con objetos (Burgos, 2000), la relación del psiquiatra
con su paciente no es una relación con un objeto sino con un ser
humano, es una relación entre dos seres humanos que se definen también
a través de dicha relación.
Otra aportación de Kierkegaard es
que el hombre es un proyecto abierto por la capacidad de hacerse a sí
mismo lo que supone una capacidad de decisión libre y que sus
decisiones determinan su destino (Burgos, 2000), si vemos esta
capacidad de libertad en el hombre es más fácil infundirle esperanza en
una realidad positiva, esperanza en superar su enfermedad o en el peor
de los casos el enfrentarse a ella con una actitud nueva que le
posibilite una mejor visión de si mismo. Frankl también tiene esa
visión positiva de la capacidad del hombre de ser libre ante las
adversidades e introduce el concepto de valores de actitud como
aquellos valores que desarrollamos cuando no podemos cambiar
circunstancias adversas y decidimos que actitud tomar ante las mismas
(Frankl, 1988).
El personalismo nos puede enriquecer y ayudar a
tomar conciencia de lo que son las personas, de cómo son sus
relaciones, sus intereses, cuál es su valor y su dignidad y gracias a
esto no perder de vista el centro de aquello que estudiamos (el ser
humano) aunque estemos concentrados en una de sus moléculas o en los
síntomas de una enfermedad. Barcia señala que “si la Medicina no parte
de la consideración del hombre como persona, es decir, si no establece
una antropología personalista, no podrá ser plenamente médica” (Barcia,
2003, p.53). La persona es mucho más que la suma de sus partes y el
personalismo puede ayudarnos a ver esto porque “sitúa a la persona en
el centro de su reflexión y de su estructura conceptual” (Burgos,
2000), para lo que hay que ir clarificando cuál es nuestra concepción
del hombre.
Dentro del ámbito de la psiquiatría quizás sea la
Logoterapia Viktor Frankl la postura más cercana al personalismo, que
aunque hunde sus raíces principalmente en el existencialismo acaba
haciendo planteamientos de tipo personalista y proponiendo una visión
global o integral del ser humano.
El personalismo pone de
manifiesto la crisis de las visiones parciales y muestra el valor de
los intentos de integración de diferentes perspectivas (Burgos, 2000).
Son varios los filósofos personalistas los que buscan un modo de
acercarse a la realidad a través de la experiencia sin reduccionismos
como Edith Stein, Nedoncelle, Maritain, Mounier, etc.
Vemos en
el filósofo personalista Mounier una inquietud por ver al hombre como
es sin reducirlo a sus elementos constituyentes, pues para él es
necesario que se tome a la persona en serio en todas sus dimensiones:
yo-tú-nosotros (Burgos, 2000).
Los personalistas Raïsa y Jacques
Maritain manifiestan la necesidad de encontrar una visión global de la
realidad en la que también lo negativo pueda tener sentido (Burgos,
2000). Viendo al ser humano globalmente y buscando un sentido que
abarque toda la realidad y todo lo que sucede es posible encontrar
sentido incluso a lo que nos parece más negativo, incluso en casos de
sufrimiento extremo.
En esta inquietud por buscar a un ser
humano completo, Edith Stein también señala la insuficiencia de algunas
imágenes que existen en nuestro mundo sobre lo que es el hombre. Para
ella no dan una respuesta completa ni los idealismos, ni la psicología
profunda porque descomponen la unidad espiritual del hombre y el
sentido objetivo de su creación cultural. (Stein, 2002).
El misterio del ser humano
Aún
teniendo en cuenta la necesidad de considerar al otro como una
totalidad, como una persona, resulta imposible abarcar todas sus
dimensiones y aún menos hacerlo simultáneamente. Por mucho que queramos
tener en cuenta todas las dimensiones es muy posible que haya aspectos
que se nos escapen por la complejidad de lo que es un ser humano, el
cómo se desarrolla su relación con el mundo, su subjetividad, la
interrelación simultánea de todos sus componentes, etc. Por eso se
podría afirmar que la esencia última de lo que es una persona es aún un
misterio.
Como ya afirmó Jaspers, el ser humano es inaccesible
en sí mismo al conocimiento, proponiendo una posibilidad de síntesis de
las diferentes modalidades de conocerlo y estudiarlo, solamente “por la
estructuración de nuestro conocimiento acerca del hombre, como
desarrollo de las modalidades básicas de nuestra concepción, de nuestro
pensamiento y sus categorías, es decir de nuestros métodos. En ese
esbozo metodológico llega la ciencia tan lejos como sean accesibles los
objetos, en tanto que tales. Pero para llegar a ese límite, hay que
estar cómodo más allá de esos límites. Ya que no experimentamos lo que
es el hombre más que a través de nosotros mismos” (Jaspers, 1999, p.
826), habiendo una base en nosotros mismos que tiene que estar siempre
presente como instrumento de nuestro conocimiento. Según Jaspers “hay
que organizar más bien el conocer para echar mano del hombre en todas
sus dimensiones, en todos los planos posibles de la cognoscibilidad”
(Jaspers, 1999, p. 826) pero, sin embargo “el todo único del ser humano
no se vuelve un objeto para nosotros” (Jaspers, 1999, p. 827). Es
imposible captar el todo como se capta cualquier objeto de la realidad,
pero también pretender que la captación de todas las partes posibles
nos dé una visión global.
Jaspers (1999) considera falsa la
generalización absoluta que pretende tener el todo propiamente dicho
del hombre en el conjunto de todas las totalidades que se abarcan. Por
lo que sería una falsa exigencia el hacer del todo del ser humano un
dominio especial de investigación y enseñanza. Esta idea la completa
con la siguiente afirmación: “en los métodos de la exploración del ser
humano no nace una imagen unitaria del hombre, pero sí muchas imágenes
y cada cual con un poder propio de ella que se impone” (Jaspers, 1999,
p. 836) y al decir que “si hubiese una terminación empírica del ser
humano, una división completa de su ser como ser explorable, no habría
ninguna libertad” (Jaspers, 1999, p. 837).
Según Jarpers “ningún
hombre es totalmente abarcable, sobre ninguno es posible un juicio de
conjunto definitivo. Por tanto “no quisiéramos perder la conciencia de
la inagotabilidad y de lo enigmático de cada individuo aislado
mentalmente enfermo, ni siquiera frente a los casos aparentemente más
cotidianos” (Jaspers, 1999, p. 846)
Jaspers también señala la
limitación de nuestra capacidad de captar a otros hombres porque “en el
explorar del hombre somos no sólo espectadores de algo extraño a
nosotros, sino también hombres. Somos nosotros mismos los que nos
examinamos cuando investigamos a los otros.” (Jaspers, 1999, p. 845).
Es decir, somos observadores y al mismo tiempo lo observado, por lo que
no somos diferentes a aquello que consideramos objeto de estudio y esto
dificulta o tal vez imposibilite la imparcialidad como observadores
externos.
Tal y como plantearon los existencialistas en la
realidad queda siempre una dimensión de opacidad o misterio que no es
posible desentrañar plenamente y esto se pone especialmente de
manifiesto en el caso de la persona y en la insuficiencia de los
métodos que tratan de estudiar su naturaleza (Mounier, 1967). Lo cual
no quiere decir que debamos desdeñar el conocimiento empírico de la
realidad aunque sí sea importante ser conscientes de sus limitaciones.
Edith
Stein (2002) nos muestra un camino posible para explorar en ese
misterio de la individualidad afirmando que “sólo se podrá acceder a la
singularidad de cada individuo mediante un contacto espiritual vivo” y
esta comprensión sólo será posible cuando el alma se exprese libremente
y para que dicha expresión se favorezca es precisa una mirada de amor
que permite abrir una brecha por la que atravesar las defensas del otro
y conocerle como es realmente. Es decir, que sin una mirada de
aceptación y aprecio por el otro y por su vida no será posible verle en
su totalidad.
Otra opción de acceso al alma humana nos la
puede dar el arte y la literatura, para Edith Stein las obras maestras
de la literatura a lo largo de la historia y las obras de arte nos dan
capacidad para acceder al interior de las almas, cobran una gran
relevancia como introducción y entrenamiento para la captación del modo
de ser del hombre (Stein, 2002).
Está claro que somos mucho más
que cualquier esquema conceptual y que las ciencias son en sí mismas
insuficientes, aunque necesarias para comprender a los seres humanos.
El ser humano es en su esencia aun un misterio que aún no somos capaces
de entender totalmente, quizás sólo comprendemos muy poco. Seguramente
necesitamos mucha humildad como científicos y como personas para
enterarnos de quienes. Para transmitir lo que es una persona no hay
nada mejor que una experiencia que vaya más allá de lo que cualquier
esquema o mapa puede transmitir y por eso hemos de ir a nuestra
experiencia real cotidiana de interacción con nosotros mismos, con la
realidad y con otras personas.
Es importante que partamos de poner a la persona en el centro de nuestra reflexión como psiquiatras o como psicólogos. Y también fundamental que aprendamos a ponerla en ese centro a través de una mirada de aceptación incondicional en la que el hombre se muestra ante nosotros como la máxima expresión de un arte que se escapa a nuestra comprensión y que nos puede revelar mucho si sabemos mirar. Esa forma de mirar el ser humano puede ser un universo fascinante por explorar en cada una de las personas que nos encontramos en cada instante de nuestras vidas y de nuestra práctica profesional.
Bibliografía
- Barcia, D. “Psiquiatría y humanismo”. Quaderna Editorial – Interlibro. Murcia, 2003.
- Burgos, J.M. “El Personalismo”. Ediciones Palabra, 2000.
- May, R.; Angel, E.; Ellenberger, H.F. “Existencia“. Nueva dimensión en Psiquiatría y Psicología. Ed. Gredos, 1977.
- Frankl, V.E. “El hombre en busca de sentido”. Editorial Herder, Barcelona, 1988.
- Frankl, V.E. “La idea psicológica del hombre”. Ediciones Rialp. Madrid 1999.
-
González Álvarez, E.; Villagra Vera, N. “Encuentro con Oscar Ricardo
Oro en Madrid”. NOUS, Boletín de Logoterapia y Análisis Existencial,
Número 3, Otoño 1999, p.55-66
- Husserl, E. “La Crisis de las Ciencias Europeas y la Fenomenología Trascendental”. Barcelona, Editorial Crítica, 1991
- Jaspers, K. “Psicopatología general”. Fondo de Cultura Económica, México, 1999
- Llopis, B. “Introducción dialéctica a la psicopatología”. Ediciones Morata. Madrid, 1970.
- Mounier, E. “Introducción a los existencialismos”. Madrid, Ed. Guadarrama, 1967
- Stein, E. “La estructura de la persona humana”. Biblioteca de Autores Cristianos