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LA GLOBALIZACIÓN, NUEVA FORMA
DE COLONIALISMO archivo del portal de recursos
para estudiantes |
No son la prosperidad universal y la hermandad lo que marcan el inicio del nuevo siglo, sino la desigualdad y el conflicto. En las palabras pronunciadas en la sesión de apertura del Foro del Milenio, el 22 de mayo en el hall de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, reproducidas a continuación, Martin Khor, director de la Red del Tercer Mundo, ataca la distribución desigual del poder y la riqueza en el mundo y exhorta a oponerse a la nueva forma de colonialismo que representa el sistema actual de globalización.
Nos reunimos a comienzos del nuevo siglo, enfrentando las graves
crisis que venimos arrastrando del siglo pasado. Hace poco años alguien
predijo el "fin de la historia", el fin de los conflictos de ideas
o conflictos físicos en la medida que todos los países y pueblos
abrazan el objetivo único de la libertad de los mercados y la democracia
liberal.
Pero el fin de la Guerra Fría no dio paso a la
prosperidad o la hermandad universal. El escándalo de la pobreza
continúa arraigada, y hay crecientes desigualdades entre países,
clases sociales, hombres y mujeres, pueblos indígenas y quienes desean
colonizar sus recursos. En lugar de paz y seguridad, hay conflictos e inseguridades,
algunos de ellos resultantes de las presiones mundiales y las desigualdades
y la pobreza. Está la crisis ambiental, que plantea dudas sobre la
supervivencia de la Tierra y la humanidad. Está la amenaza de una
tecnología mal encaminada, como la energía nuclear, los productos
químicos y la ingeniería genética. En el sector de
la salud, los científicos predicen el final de la era de los antibióticos
en la medida que las enfermedades provocadas por bacterias y virus resisten
en abuso de antibióticos y levantan el fantasma de nuevas epidemias.
Nuestra época también está definida por el proceso
de la globalización. Hay diferentes enfoques de este fenómeno.
Algunos dicen que es inevitable y básicamente bueno; sólo
hay que adaptarse a él y aprender y recoger los beneficios. Otros
se preocupan por los costos y proponen algunas redes de seguridad que amortigüen
la caída de los perdedores. En realidad, la esencia de la globalización
es la embestida de las grandes compañías e instituciones financieras
en procura de aumentar su poder, de crecer más a expensas de otros,
y de aumentar sus ganancias. Han presionado a sus gobiernos, de los países
ricos, para desbaratar las fronteras nacionales que les impiden tener un
acceso libre y total a los mercados de todo el mundo, especialmente de los
países en desarrollo.
Las economías de esos países
habían sufrido durante la época de colonización, por
lo que en la primera etapa de la independencia, los gobiernos de muchos
de esos países implantaron medidas para levantar su débil
economía nacional, las empresas, bancos y predios agrícolas
nacionales. Aplicaron políticas que favorecieron la economía
y las empresas locales, y las defendieron de las grandes firmas extranjeras
depredadoras. Esas grandes firmas quieren ahora desmantelar todo tipo de
barrera para poder apropiarse de las empresas y precios agrícolas
del mundo en desarrollo, y aumentar su monopolio. Es así que ahora
vemos la liberalización del comercio, las finanzas y la inversión.
Pero en los sectores donde las grandes compañías y sus gobiernos
podrían perder con la liberalización, practican el proteccionismo,
por ejemplo la imposición de normas de propiedad intelectual estrictas
en todo el mundo, que es un tipo de proteccionismo, de creación de
monopolio de la tecnología por parte de grandes empresas que obstaculizan
la transferencia de tecnología.
La globalización
tal como se practica actualmente es un tipo de apartheid, un término
mencionado por Juan Somavia, director General de la OIT, en su reciente
discurso. Es equívoco y evasivo hablar sólo en términos
de "compartir mejor los beneficios de la globalización"
y ayudar a los "marginados". Esto presupone que la globalización
sólo produce beneficios, pero que algunos ganan más que otros.
En realidad, la globalización crea beneficios para algunos y pérdidas
para otros, y lo que es peor, el mismo proceso que genera los beneficios
también genera pérdidas. Así, parte de los beneficios
de los que ganan se logra a expensas de las pérdidas de los que pierden.
La globalización es un proceso que puede ser denominado recolonización,
un término acuñado por Chakravarthi Raghavan, editor de SUNS,
cuando escribió un libro sobre el GATT, la ronda Uruguay y el Sur.
Está en marcha una nueva forma de colonialismo. Cuando se luchó
contra la esclavitud, o el apartheid, o el colonialismo, no se hablaba en
términos de compartir mejor los beneficios de la esclavitud o el
apartheid o el colonialismo. Se luchó contra los sistemas de la esclavitud,
el apartheid y el colonialismo. De manera que nosotros tampoco podemos hablar
de repartir mejor los beneficios de la globalización. Tenemos que
combatir el sistema de globalización que tenemos actualmente.
El quid del problema es la distribución desigual de poder y
riqueza en el mundo. Debemos reconocer esto y no eludir el tema. Quienes
detentar el poder y la riqueza desean mantenerla y protegerla. Por lo tanto,
vemos que hay un doble discurso entre lo que se predica a los demás
y lo que protegen para mantener el monopolio del poder y la riqueza. Tuvimos
la exitosa campaña para prohibir las minas de tierra, una victoria
de los movimientos populares. Pero las potencias nucleares todavía
se niegan a prohibir las armas nucleares. Se habla mucho de lograr transparencia
y democracia a nivel nacional, y nosotros, como organizaciones no gubernamentales,
hemos sido parte de esta campaña en nuestros países. Pero
los países más poderosos se niegan a democratizarse a nivel
internacional, donde principalmente el Grupo de los Ocho o la OCDE o las
instituciones de Bretton Woods y la OMC toman las decisiones mundiales sin
la debida participación de los países más pequeños,
menos aún de la sociedad civil. Hubo una gran presión de los
países ricos para obligar a los países más pobres a
liberalizar sus economías, pero el Norte practica el proteccionismo
cuando insiste en patentar sus tecnologías, cuando practica la biopiratería,
cuando no abre sus puertas a la mano de obra que le llega desde el Sur.
Uno de los cuatro temas centrales del foro es cómo revitalizar
la influencia de la ONU. En realidad, como todos sabemos, la ONU ha sido
vaciada de poder no porque sea ineficiente o inútil sino porque es
demasiado transparente y demasiado democrática, y sus decisiones
son tomadas con la participación de todos los países. El Consejo
de Seguridad es la excepción. Los países en desarrollo tienen
demasiado influencia en la ONU en la medida que las decisiones se apoyan
en el criterio de un voto por país. Es así que a principios
de los años 90, las grandes potencias decidieron reformar y remodelar
la ONU, y transfirieron su autoridad en temas económicos y sociales,
al FMI, el Banco Mundial y la OMC, instituciones que controlan. Las decisiones
del FMI y el Banco Mundial son en función de un voto por dólar.
La OMC tiene un sistema de toma de decisiones que en momentos cruciales
ha excluido a la mayoría de los países en desarrollo, en especial
mediante el tristemente célebre "proceso de negociación
de sala verde".
Necesitamos una democratización de
las instituciones mundiales. Para que eso ocurra, las potencias deben aceptar
aflojar el lazo tendido en torno a las instituciones y relaciones internacionales.
Sólo lo harán cuando los movimientos de los pueblos y la sociedad
civil les haga saber que ése es su deseo.
Necesitamos democratización
y transparencia en el sector privado, en las instituciones y mercados financieros,
en las compañías transnacionales.
Necesitamos
comunicar nuestra preocupación por la concentración de la
riqueza a través de compras de empresas y fusiones, su capacidad
de destruir la riqueza de países pequeños a través
de la especulación financiera.
Necesitamos que haya una
transformación del sistema y las instituciones financieras. Las protestas
de Washington, en Chiangmai, demostraron que el pueblo conoce ahora el tremendo
daño que han causado las políticas impuestas por instituciones
financieras tales como el FMI y el Banco Mundial. Su sistema de gobierno
debe cambiar y también el papel que cumplen y las políticas
que aplican, o que el cambio del sistema financiero incluya su acotamiento
a un papel adecuado, más restringido y pequeño.
Necesitamos
cambiar el sistema multilateral de comercio. El principio de liberalización
a cualquier costo que rige la OMC es equívoco y ha provocado alteraciones.
Muchos de sus acuerdos tienen fallas y deben ser cambiados. Por ejemplo,
el Acuerdo sobre Agricultura, que conduce a la liberalización de
la importación en los países en desarrollo, supone una amenaza
para millones de formas de vida rural y pone en riesgo la seguridad alimentaria.
Los productos alimenticios de los países en desarrollo para consumo
local deberían ser excluidos de las obligaciones emanadas del acuerdo
sobre liberalización de las importaciones y subvención interna.
El Acuerdo sobre derechos de propiedad intelectual aumentará los
precios de los medicamentos, impidiendo la transferencia de tecnología
y facilitando la biopiratería. Varias ONG han llegado a la conclusión
de que ese acuerdo no tiene cabida en una organización comercial
que, además, se supone que promueve la liberalización, no
el proteccionismo sobre la tecnología. Y debería haber una
moratorio a la introducción de temas nuevos como inversión,
competencia, contratación pública, que darán aún
más poder a la OMC y tendrán consecuencias desastrosas.
Necesitamos que la ONU tenga mayor poder. En efecto, la ONU también
debería ser reformada, especialmente en la estructura y el sistema
de formulación de decisiones del Consejo de Seguridad. Debería
ser más eficiente y efectiva para servir a "nosotros, los pueblos".
Pero todos reconocemos que podrá hacerlo sólo si Estados Unidos
paga sus aportes a la ONU, y que no los condicione a la introducción
de reformas que la debilitarán aún más, ya que eso
es chantaje. Los países ricos no deben retener sus pagos a la ONU.
También puede dársele poder a la ONU cuando las grandes potencias
acuerden devolverle su legítimo papel en los procesos decisorios
y programas referidos a los asuntos económicos y sociales. El Banco
Mundial, el FMI y la OMC pueden cumplir funciones importantes, pero deben
ser apropiadas, que promuevan políticas correctas, y deberán
redimensionar el papel desmedido que tienen actualmente. Debe haber una
transferencia de poder y autoridad de esas instituciones (y de mecanismos
que dan participación exclusiva a los ricos, como el Grupo de los
Ocho y la OCDE) a la ONU.
Y así, nosotros, los pueblos,
nos enfrentamos a un mundo dividido, un mundo de desigualdad y conflicto.
Debemos trascender las bellas palabras de diplomáticos y burócratas,
ya que tal vez las bellas palabras y el lenguaje cauteloso formen parte
de su trabajo. No se espera que nosotros, la sociedad civil, utilicemos
un lenguaje cauto y diplomático. Debemos tratar de identificar y
eliminar las fuentes de pobreza y conflicto, y la desigualdad de riqueza.
Al hacerlo, primero debemos rendir homenaje a los héroes populares
que han surgido a lo largo de años y siglos de luchas sociales. Los
que lucharon por derrocar las poderosas fuerzas opresivas de la esclavitud,
el feudalismo y el colonialismo. Los que luchan para que la gente común
y pobre, los pequeños agricultores y campesinos, los obreros, los
desempleados y los sin techo tengan derechos. Los que luchan por el uso
seguro y democrático de las tecnologías, contra la contaminación
nuclear y química, contra la ingeniería y la contaminación
biológica. Los que luchan por reforma agraria y derechos sobre la
tierra, por el derecho de los trabajadores a recibir una remuneración
decente y trabajar en condiciones laborales dignas, por los desposeídos
de los tugurios y las zonas y plantaciones de ocupantes. Incluso aquéllos
que integran burocracias internacionales y nacionales, incluso los diplomáticos
y funcionarios de la ONU que dan lo mejor de sí para desviar la marea
del frente diplomático.
Nos comprometemos a hacer nuestro
el espíritu y las lecciones de esos luchadores valientes de todos
los siglos y a emprender las luchas de la era moderna, el siglo XXI, y a
utilizar métodos innovadores y efectivos, a servir al pueblo, y con
ello al mundo y a nosotros mismos. Nosotros, los pueblos, podemos sobrevivir
y forjar un mundo mejor que sea socialmente justo y ecológicamente
sustentable y, como resultado, que sea un mundo de paz y seguridad. Invitamos
a la ONU y a los gobiernos a sumarse, así como la Secretaría
General de la ONU nos invitó esta mañana a sumarnos a las
actividades de la ONU. Pero con o sin la ONU, nosotros, los pueblos, tenemos
que hacerlo, llevar a cabo nuestra misión de forjar un mundo mejor.