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LA REVOLUCIÓN DE MAYO VISTA POR UN COMERCIANTE INGLÉS archivo del portal de recursos
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Fuente:
Biblioteca de Mayo, Colección de Obras y Documentos para la Historia
Documentos políticos y legislativos, Tomo 18, parte I
Imprenta del
Congreso de la Nación, Nicanor M. Saleño, págs. 16163-16166, 1966.
Entre criollos y españoles
Reunido en la Plaza
de la Victoria, hoy Plaza de Mayo, el pueblo de Buenos Aires impuso su
voluntad al Cabildo y creó la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la
Plata, conocida como Primera Junta. Se iniciaba así el proceso
revolucionario que desembocaría en la declaración de la Independencia el
9 de julio de 1816. Se transcribe una carta del
comerciante inglés Alejandro Mackinnon al secretario de Estado del
Departamento de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, informándole
sobre lo que ocurría en Buenos Aires.
Buenos Aires, 1º de junio de 1810.
Duplicado.
Original por el
sloop de guerra de su majestad el Mutine, capitán Fabián.
Señor:
Bajo
la inseguridad de saber quién es actualmente secretario de Estado de su
majestad, continúo a escribirle a ese departamento, sin distinción de
título o rango, lo que sinceramente confío que no se me impute a mí como
falta de respeto y la debida consideración que merece cualquier noble
lord que actualmente llene dicho oficio.
Lord Strangford, el enviado
extraordinario y ministro plenipotenciario en la corte del Brasil, se
ha complacido mencionar en dos cartas dirigidas a esta comisión de
comerciantes británicos, que le ha trasmitido a usted una copia de
nuestra correspondencia con el virrey de Buenos Aires y el comandante en
jefe naval de este río. Usted habrá visto que su excelencia, fiel a la
influencia de los comerciantes de Cádiz que lo colocaron a él aquí, y
pronto a condescender a los pocos viejos comerciantes españoles de ésta,
que por tiempo inmemorial han gozado este comercio exclusivamente, ha
determinado adherirse al espíritu de las leyes coloniales españolas con
respecto a la residencia de extranjeros, que no tienen aparente legítimo
motivo para residir aquí, pero manifestó una inclinación a extender su
indulgencia a los súbditos británicos que tienen negocios que transar,
permitiéndoles un plazo de cuatro meses para vender sus mercaderías,
liquidar y terminar sus asuntos; sin embargo, él no sería inducido en
ninguna forma hasta que la voluntad del supremo gobierno de España sea
conocida, para dar un más extensivo, o general y público permiso a todos
los comerciantes británicos en Buenos Aires para prolongar su estada en
este país. Los viejos españoles monopolistas que se oponían a la
apertura de los puertos eran incansables en sus tentativas para oponer
todas las dificultades posibles a nuestra industria: tenían fácil acceso
al virrey e igual facilidad en persuadir, cuando las inclinaciones
estaban predispuestas a la necesaria precaución de oír la parte
contraria.
Por estas causas los súbditos británicos eran
constantemente confundidos y molestados por avisos de emigrar y amenazas
que se les comunicaban a ellos por alcaldes de barrio, que son en
general viejos españoles y pequeños almaceneros dependientes de los
viejos comerciantes españoles. La manera de comunicar estas órdenes era
siempre impartida ásperamente y frecuentemente, en forma ruda e
insolente, provocando reacciones violentas. Últimamente se presentó la
oportunidad que estábamos esperando ansiosamente, en orden de poder
aliviarnos de la anormal condición bajo la que vivíamos con respecto a
la posesión y dirección de nuestra propiedad, después de haber pagado
los impuestos, etcétera, nos daban el mismo poder que había constituido
el acta de cinco de noviembre permitiendo la apertura del puerto para su
intercambio con los extranjeros sin distinción, sin haber reservado
para los súbditos británicos más favor o consideración que otros
neutrales. Usted verá la naturaleza de nuestra solicitud a través del
papel número 23, adjunto, que en una copia de nuestra carta del 10 de
abril al oficial en jefe de este río, y el número 24, copia de la larga e
impertinente contestación del virrey, le demostrará a usted el fracaso
de nuestra tentativa.
La tenebrosa apariencia de los asuntos de
España y la inflexibilidad de esos viejos medios de influencia que
detuvieron nuestros intereses y frustraron nuestros esfuerzos, nos
indujeron a refrenar por el momento, de presionar para remover algunos
de los infundados argumentos dirigidos contra nuestras solicitaciones.
Sin embargo, la aludida necesidad de una estricta observancia de las
leyes españolas de las Indias, parece que es un fuerte argumento, como
punto de apoyo como gobernador, a pesar de eso, cuando se aparta de esa
ley, asumiendo la autoridad de abrir los puertos, por la razón de la
gran renta que el intercambio del comercio ha producido, hubiera
ciertamente sido una menor desviación y una mayor justicia el habernos
preservado un natural control que los hombres deben siempre gozar cuando
no son ni prisioneros de guerra ni confinados bajo ninguna acusación
criminal. Pero sin apoyo por una eficiente cooperación, vimos que
cualquier tentativa por parte nuestra no produciría ningún bien a
nuestra causa. Actualmente las cosas han cambiado fundamentalmente con
respecto a nuestra situación y existe la perspectiva de remover todas
las dificultades que afectan las causas bajo las que hemos trabajado.
Los infortunados reveses en España y las posiciones del enemigo hasta el
trece de marzo son conocidas en ésta. Estos fracasos han sido hasta
ahora insensatamente ahogados por malas interpretaciones y falaces
anuncios y convertidos en magníficas victorias y gloriosos
acontecimientos; pero no podían continuarse bajo tal estudiado sistema
de decepción. El pueblo de esta ciudad está perfectamente informado de
los reveses de España y convencido que su fin está decidido.
Los
patricios y criollos ansiosos de libertarse del estado de opresión y
exclusión de cualquier puesto de honor y provecho, que tan injustamente
se les impide participar a causa de las intrigas y ser suplantados por
personas venidas de España, hallándose excluidos de tratos comerciales
con Europa, han tenido varias reuniones secretas desde hace dos semanas
atrás y han llegado a la resolución de que estando la madre patria
perdida, el superior gobierno de la España monárquica, ha sido disuelto
en Sevilla, de modo que la nueva organización, fue un acto compulsivo
del pueblo, desconociendo las autoridades nombradas por la junta de
Cádiz, como inexistente en este hemisferio.
Los magistrados,
comandantes de cuerpos militares y algunos de los principales habitantes
se consultaron mutuamente y decidieron que el poder del virrey debía
cesar, ellos le comunicaron estas opiniones a él y su excelencia el
virrey aceptó esta determinación.
Una reunión compuesta de los
principales habitantes y propietarios se reunió en asamblea en el
palacio del Cabildo el veintidós de mayo y después de una deliberación
de alrededor de doce horas, los votos de una gran mayoría decidieron la
disolución del viejo gobierno y que uno nuevo debía formarse constituido
por magistrados y la voz del pueblo: durante el curso de la misma noche
y el día siguiente, se había elegido al virrey como presidente y otras
cuatro personas fueron nombradas para formar una junta provisional en
nombre del rey Fernando VII.
Los honores y nombramientos agregados
al virrey, debían ser continuados en don Baltazar Hidalgo de Cisneros
como presidente. Este convenio sin embargo dio un gran y general
descontento, por cuanto la elección había sido hecha por los
magistrados, sin consultar la opinión de los calificados habitantes.
El
descontento que se fermentó entre los criollos patricios, había llegado
a un punto serio durante el veintitrés de mayo y toda esa noche, y fue
necesario que se recomendara mucha prudencia para evitar que ellos
cometieran actos de violencia.
Estas son consecuencias naturales
inseparables en las vicisitudes de un violento cambio de gobierno; en
todos los cambios populares debe haber una considerable agitación en
proporción a la diversidad de opiniones y de intereses afectados y el
temperamento de las partes, para allanar este turbulento espíritu y
satisfacer la expectativa de los mejores criollos, otra junta ha sido
nombrada constituida por las siguientes personas: don Cornelio de
Saavedra, como presidente y comandante de las fuerzas; don Juan José
Castelli, vocal; don Manuel Belgrano; don Miguel Azcuénaga, don Domingo
Matheu, don Juan Larrea, y don Mariano Moreno, como secretario.
La
población en general está ahora contenta con este nombramiento, que ha
sido publicado por un bando impreso o proclama y otras formalidades. Se
declara que éste es un gobierno provisional asumiendo la dirección de
los asuntos sin intentar por el momento cambiar o abolir algunas de las
leyes fundamentales excepto aquellas que excluyen los patricios o
nativos de llenar cargos públicos.
Esta junta debe comunicarse con
los demás gobiernos de Sudamérica y consultar juntos qué sistema debían
desde ahora en adelante implantar para establecer una confederación
general.
Ninguna tentativa ha sido hecha por parte alguna para
quitar de sí su finalidad a su infortunado monarca Fernando VII; pero
los viejos españoles que son poquitos en número y muy impopulares para
atentar cualquier oposición, están verdaderamente enojados y
mortificados.
Ellos se animaron a manifestar abiertamente su
desaprobación con la medida adoptada, y no pocos de ese limitado número
estarían dispuestos, aún, a complotarse con Napoleón en términos
ventajosos, para poder guardar sus relaciones y mantener el sistema de
monopolio exclusivo con la vieja España.
Algunas personas parece que
han sido ganadas (especialmente en las oficinas públicas) por ocultos
medios y seductivas consideraciones para abogar por el encumbramiento de
un personaje de nuestra vecindad.
Los viejos españoles, quienes han
sido siempre tradicionalmente enemigos de los portugueses, están ahora
muy dispuestos a acceder a esa pretensión, si pudieran con certeza
declarar tal pensamiento.
Si se persiste en estas prematuras
pretensiones, la natural antipatía entre los dos pueblos probablemente
los excitará a actos de venganza y como consecuencia a los horrores de
una guerra.
Se inventan informes para excitar las distintas partes,
promoviendo la discordia: los que fomentan estos disturbios, sin
fundamento de ninguna clase, se muestran por lo menos muy seguros, en
inventar manifestaciones como las que, el gobierno británico, apoya las
pretensiones de ese personaje y los sostendrá por la fuerza.
Aunque
esto por lo general nadie lo cree, crea dudas y malestar.
Cuando
alguna persona de distinción me ha hecho preguntas y ha pedido mi
opinión al respecto, he contestado que el gobierno británico había
expuesto ante la faz del mundo que estaba en favor de la causa y
confirmado por un manifiesto público y por la más activa cooperación.
Esas
solemnes promesas de nuestra nación y la conocida constancia del
carácter personal de nuestro Rey son fuertes seguridades de la línea de
conducta que Inglaterra proseguirá.
He mencionado esto, como mi
opinión personal, no teniendo autoridad para adelantarla, ni dar mi
opinión en política, sino obedecer las leyes de mi propio país y
respetar las disposiciones del gobierno británico en todos los lugares
del mundo.
Me satisface poder informarle, para el crédito de
nuestros compatriotas, que en medio de estos cambios y conmociones,
ninguno de ellos, por lo menos, hasta donde yo he sabido, ha tomado
parte en los procedimientos, y en general no han expresado ninguna
decisiva opinión al respecto.
Mientras tanto me alegra decir que
tenemos seguridades del nuevo gobierno de protección, de amistad y los
«privilegios» de los demás habitantes.
Le envío con ésta todos los
documentos numerados uno al siete que han sido publicados respecto a
estos cambios.
Tengo el honor de ser con el mayor respeto su más
obediente y humilde servidor.
Alejandro Mackinnon.
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