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LAS INFLUENCIAS DE SCHELLER EN “EL HOMBRE” DE GEHLEN archivo del portal de recursos
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- INTRODUCCIÓN
La antropología filosófica nace en 1928 de la mano de Max Scheller (1874-1928) durante su conferencia titulada “El lugar del hombre en el cosmos”.
En esta obra se pregunta por lo específico del hombre en base a las ciencias biológicas y comienza por hacer un repaso de los diferentes grados del ser psicofísico.
Puede decirse que es en este momento cuando la conciencia del problema del hombre alcanza su madurez.
Son muchos los que sitúan a Helmut Plessner (1892-1985) en la posición de cofundador de la antropología filosófica. Su conferencia “Los grados de lo orgánico y el hombre. Introducción a la antropología filosófica” fue publicada también en 1928.
Plessner plantea su antropología filosófica sobre la base de la biología. Su objetivo es ver la relación entre viviente, entorno y los diversos grados de la existencia.
Arnold Gehlen (1904-1976) se suele contar entre los clásicos de la antropología filosófica.
Gehlen plantea una antropología de la acción, la cual debe entenderse también como una antropobiología. Se centra en la deficiente constitución biológica del hombre como base para el desarrollo de su discurso.
Se le puede considerar de alguna manera como la segunda generación dentro de la antropología filosófica puesto que queda patente en su obra “El hombre. Su lugar y su naturaleza en el mundo” la influencia de los fundadores de la nueva disciplina filosófica, especialmente la de Max Scheller.
Así pues este trabajo se centrará en la influencia de la obra de Max Scheller en el pensamiento de Gehlen.
- HACIA UNA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
En “El puesto del hombre en el cosmos” Max Scheller toma como hilo conductor de su exposición de la antropología filosófica la contraposición entre espíritu e impulso vital. Afirma que el principio que hace hombre al ser humano es totalmente contrapuesto a toda vida.
La esencia del espíritu es su desvinculación existencial, su separabilidad de la dependencia propia de lo orgánico.
Tal ser espiritual ya no estaría ligado a la pulsión y al medio ambiente, sino liberado del entorno o abierto al mundo.
El espíritu es la ruptura con la vida, aquello distanciado tanto del cuerpo como del carácter biológico del hombre. Entendido de este modo el espíritu es el ser del hombre, es lo que diferencia al hombre de los demás seres vivos.
Así Scheller establece una separación tajante entre el hombre y el animal.
La antropología filosófica de Gehlen es el intento de unir los dos campos en los que se ha dividido la investigación empírica del hombre: biología y cultura, entendiendo por cultura el resultado de la acción del hombre.
De este modo la antropología de Gehlen se puede designar como una antropobiología y una antropología de la acción. Ambos términos se autoimplican.
Para Gehlen la antropología debe ser empírica debido a que pretende proporcionarle un carácter estrictamente científico. Es debido a esto que toma como base la biología, aunque con un carácter mucho mas amplio de lo habitual.
La antropobiología estudia la disposición corporal del hombre y su interioridad. Así pretende explicar desde la biología tanto las funciones corporales como las anímicas evitando así el dualismo de Scheller.
Para Scheller, como hemos dicho, lo específicamente humano es un principio heterogéneo a la vida.
Gehlen intenta romper esta disyunción estableciendo que existe una diferencia específica entre hombre y animal; y que esta no es algo extraño a la vida.
La diferencia específica entre hombre y animal propuesta por Gehlen rompe completamente con Scheller. El hombre es un ser orgánicamente deficiente. Morfológicamente esta caracterizado por sus propias deficiencias.
Así, igual que lo hicieron Nietzsche, Kant, Schiller y Herder, Gehlen enuncia que la característica fundamental del hombre es su déficit.
- LOS INSTINTOS Y LOS GRADOS DEL SER PSICOFÍSICO
El primero de sus déficits se puede resumir en la falta de instintos. A diferencia del animal, el hombre no posee instintos suficientemente definidos como para que le sirvan de una guía clara a lo largo de su vida.
La debilidad instintiva del hombre se manifiesta en una ruptura entre la pulsión y la satisfacción de esta pulsión. Existe un momento de reflexión tras experimentar una pulsión, una reflexión que solo tiene lugar en el hombre.
Es aquí donde se manifiesta la voluntad, pues aquello que el hombre quiere por instinto lo consigue por decisión propia, a diferencia de la bestia que intenta satisfacer sus impulsos en cuanto le son dados.
Aquí encontramos ya una relación con Scheller. Para el fundador de la antropología filosófica los instintos son comunes en todos los seres vivos (excepto las plantas, que carecen de ellos).
Scheller establece una serie de grados del ser psicofísico. Por lo que se refiere al límite de lo psíquico este coincide con el límite de la vida en general. A mayor complejidad psíquica corresponde una mayor complejidad fisiológica.
Así sitúa en el peldaño mas bajo a las plantas, seguidas de cerca por los insectos y posteriormente de los vertebrados superiores, de entre los cuales el hombre ostenta el grado mas alto de complejidad.
Estos grados son, por orden creciente de complejidad: el impulso afectivo, propio de la vida vegetal; y en la vida animal la vida instintiva, la memoria asociativa y la inteligencia práctica.
Todos los grados psicofísicos contienen los grados inferiores de modo que todos los seres vivos poseen el impulso afectivo.
Cabe destacar que, contra la concepción clásica, lo propio del hombre no es la inteligencia práctica, sino, como hemos mencionado anteriormente, el espíritu.
La segunda forma psíquica esencial, que sigue al impulso afectivo en el orden gradual y objetivo de la vida es el instinto. La vida instintiva la concibe Scheller como algo fijamente programado, heredado y ligado a un entorno particular; vinculado a las necesidades de la especie.
En los animales superiores el instinto posee un carácter fundamental; mientras que en el hombre, como para Gehlen, los impulsos no son lo suficientemente fuertes como para seguir una tendencia, el hombre es así un ser desprogramado.
La diferencia fundamental es que mientras para Scheller los instintos retrasados son una consecuencia del carácter superior del espíritu humano; para Gehlen no son sino una deficiencia mas del hombre.
Gehlen rechaza por completo el esquema de los grados de Scheller. Lo describe como una ordenación engañosa a la que no podemos confiarnos.
Niega que la diferencia entre la inteligencia práctica y la humana sea gradual; de este modo el hombre ya no puede ser definido por una mayor complejidad de las propiedades psicofísicas.
Gehlen considera falso el que exista un orden evolutivo de operaciones que vayan desde el instinto hasta el espíritu humano como su culminación.
Entre el comportamiento instintivo y el inteligente no existe una relación de grado sino una tendencia a excluirse mutuamente.
Con ello también rechaza que esa escala de operaciones se presente como una sucesión desde los animales inferiores a los superiores y de estos al hombre. No existe ningún paralelismo entre el dispositivo estructural de las operaciones y la sistemática de animales superiores e inferiores, paralelismo según el cual el hombre debería ocupar un lugar necesario en la cumbre.
- LIBERTAD DEL ENTORNO Y ABERTURA AL MUNDO
También podemos añadir a la lista de deficiencias el que el hombre nace prematuramente. Es así en sus primeros años un ser indefenso cuya supervivencia depende de los demás miembros de su especie.
Otro déficit del hombre es que no posee órganos sensoriales ni funcionales suficientemente adaptados a sus necesidades biológicas. No tiene buena vista, oído u olfato ni garras o pelo.
Este déficit lo compensan con un periodo muy largo de aprendizaje o de infancia.
Por el contrario los animales están completamente adaptados a su entono. Están especializados en unos instintos, que les impulsan a satisfacer sus necesidades, y poseen un equipamiento sensorial y motor adaptado a su modo de vida.
Cada especie animal esta especializada en un entorno y estos entornos no son mutuamente intercambiables. Siendo seres de estímulos los animales solo reaccionan ante los estímulos del entorno al que están adaptados.
El hombre, en cambio, se encuentra nulamente especializado. Debido a esto Gehlen manifiesta que el ser humano no tiene entorno sino mundo.
Recibe una sobrecarga de estímulos procedente del mundo que le rodea, no percibe lo que es vital para él sino que lo percibe todo.
Podemos decir así que el hombre esta abierto al mundo en la medida en que no esta predeterminado por el medio.
Es libre del entorno por lo que recibe un excedente de estímulos por parte de este.
Los términos “libre del entorno” y “abierto al mundo” los recoge Gehlen directamente de “El puesto del hombre en el cosmos”.
Para Scheller el espíritu es aquella fuerza capaz de decir no a los instintos. Esto no es un último grado de la vida sino una ruptura con esta.
Es la independencia frente a la vida lo que hace al hombre libre del entorno y abierto al mundo. Cabe destacar que el hombre es libre del entorno en la medida que es abierto al mundo.
Así el espíritu se caracteriza por la autonomía y la libertad.
Los animales no son libres sino que están determinados y ligados a un entorno cerrado.
Scheller entiende por entorno aquel espacio vital perfectamente delimitado sobre el que se establece de forma específica un ser vivo.
Lo más importante es que los animales abrazan la realidad bajo ciertos aspectos determinados y reaccionan ante ellos de forma instintiva ligada a la especie.
Es un hecho que estos no pueden superar su entorno, no son libres.
Si entorno es por definición un espacio delimitado y cerrado, el mundo es un espacio abierto y rompe con cualquier delimitación precisa.
El hombre puede distanciarse de su entorno, es capaz de salir de él y de objetivarlo.
Es esta capacidad de objetivación lo que marca la autonomía del hombre. El ser humano es capaz de crear distancias con su entorno y es capaz de acomodarse a diferentes condiciones ambientales.
De la capacidad de objetivación surge también la autoconciencia. El hombre es capaz de objetivar su entorno pero también es capaz de objetivarse a sí mismo. Así, al convertirse en su propio objeto adquiere conciencia de sí mismo.
Mientras que el animal sabe de sí, el hombre sabe que sabe de sí mismo.
Esta reflexión de tercer grado permite al hombre utilizar una serie de categorías como herramientas para comprender la realidad.
La conducta humana esta abierta mas allá de un entorno determinado, es movible, práctica y adaptable.
Para Scheller la libertad del entorno y la obertura al mundo son virtudes que no hacen sino reafirmar la capacidad de negar la vida y demostrar la superioridad del espíritu.
Libertad, autonomía y autoconciencia son características del espíritu que establecen una clara diferencia con el mundo de la vida.
- EL SER ACTIVO DEL HOMBRE
Para Gehlen por el contrario libertad y abertura son una carga para el hombre. Esta abertura al mundo genera todo un excedente por parte del medio que satura al hombre.
Dado todo este excedente el hombre requiere una orientación; y esta orientación la consigue gracias a la acción.
De este modo la abertura al mundo implica la acción.
El déficit biológico del hombre hace que su vida se le presente como una tarea que debe resolver construyendo un mundo propio.
El hombre no puede conformarse con la vida biológica porque dada la sobrecarga de estímulos no sabe como actuar y por tanto no tiene posibilidades de sobrevivir.
Debe construirse un mundo cultural en el que poder vivir naturalmente.
Así, la diferencia entre el hombre y el animal es, por tanto, estructural.
El hombre compensa sus deficiencias mediante la acción, que hace del hombre un ser cultural. Puede decirse entonces que la cultura es el producto de la acción del hombre.
Es también un ser previsor, vive en el presente y de cara al futuro.
Gehlen niega que el hombre haya podido ser nunca natural puesto que sin la acción compensadora su existencia sería precaria.
El mundo cultural es entonces el entorno natural del hombre, su segunda naturaleza; es el fragmento de la naturaleza transformado por él y convertido en una ayuda para su vida.
Hombre y cultura son dos términos que se implican mutuamente. El hombre se hace haciendo cultura.
Entendiendo por acción el principio de autoconservación en la existencia podemos llegar a discernir que la antropología filosófica de Gehlen se estructura gracias a la categoría de la acción.
Ya antes de 1940, periodo en que la filosofía de Gehlen se centra en el idealismo alemán, el autor de “El hombre” toma como hilo principal de su exposición la categoría de la acción.
En Scheller el tema de la acción esta íntimamente ligado a la noción de persona.
La persona es el modo concreto y real de existencia del espíritu. Es el centro activo en el que el espíritu se manifiesta.
La persona la entiende Scheller como la unidad entre el vivir y el actuar, no solo precede sino que fundamenta todos los actos diversos; es decir, la persona es el ser concreto para el cual los actos son concretamente distintos.
Toda persona se expresa todo acto porque es la totalidad de la persona la que está en acto en toda acción.
A partir de aquí entendemos que la persona no puede ser objetivada. La persona es lo que posibilita todo acto, pero ella misma no es acto, es la realizadora de la acción, por lo que no puede ser objetivada.
La persona no viene fundada por la conexión de actos sino que es ella la que fundamenta sus actos y así es como estos cobran su sentido concreto.
Por persona Scheller no entiende una unidad estática ni un punto de reposo, sino un ser actuante. Es actualidad, realizadora de actos.
La persona dota de concreción a sus actos; sin referencia a ella estos serian algo puramente abstracto.
De este modo Scheller afirma que el obrar es el ser.
Aquí encontramos el punto de unión entre Scheller y Gehlen.
El ser del hombre consiste en la acción, es decir, que el hombre es un ser activo por naturaleza. Necesita actuar para sobrevivir en el medio que lo rodea. Todas las potencialidades del hombre carecen de sentido si no son puestas en acto.
La puntualización es que para Gehlen la diferencia entre el hombre y el animal es estructural. El hombre es constitutivamente activo, la acción es un moverse transformando.
En cambio el animal se mueve pasivamente, adaptado a la naturaleza.
- EXONERACIÓN DEL EXCEDENTE
Como hemos dicho, para Gehlen, el fin de la acción es asegurarnos la supervivencia, pero su función principal es la de exonerarnos de la sobreabundancia de estímulos que hemos de controlar.
Debido a su no-especialización recibe un excedente de estímulos de la que necesita descargarse.
Esta sobrecarga proviene de dos ámbitos: por una parte desde el entorno que, convertido en mundo, se ha vuelto indefinido para el hombre; y por otra debido al excedente pulsional.
Este excedente pulsional es correlativo a la falta de especialización, y es por tanto universal. Debe entenderse como un a priori humano que nos obliga a la acción.
El excedente, por tanto tiene sus raíces en la abertura al mundo y en la falta de instintos.
Pese a ser la abertura al mundo y la falta de instintos conceptos acuñados por Scheller la consecuencia de la sobreabundancia de estímulos no se encuentra ni tan solo esbozada en Scheller. Al contrario, para este autor comportan la grandeza del ser humano y no pueden entenderse sino como virtudes.
Como hemos dicho, en Gehlen, la sobrecarga comporta la posibilidad de la descarga o exoneración.
Esta descarga la regulamos estableciendo costumbres, a través de la moral, de leyes, de instituciones.
Al recibir un estímulo no lo exoneramos automáticamente. Existe una reflexión después de la pulsión. Este hiato es lo que caracteriza la vida pulsional del hombre y precede siempre a toda reacción.
Esta ruptura entre estímulo y reacción es lo que diferencia al hombre del animal.
Para el ser humano las necesidades se convierten en intereses, en propósitos de la acción; es decir, que en el hombre la vida pulsional es consciente.
Dado que somos conscientes de nuestras propias pulsiones también podemos reprimirlas en el caso de que existan otros intereses más importantes.
Este carácter inhibible se explica por la capacidad de previsión. Solo mediante esta suspensión del ahora podemos ser capaces de jerarquizar unos intereses y de suspender unas pulsiones en favor de otras venideras.
Así la vida pulsional esta guiada por imágenes, por fantasmas de un futuro venidero.
De este modo encontramos que las pulsiones son también orientables y que esta orientación se lleva a cabo mediante imágenes.
La estructuración de la vida interior humana se realiza eligiendo, prefiriendo y por tanto imponiendo unos intereses frente a otros igualmente posibles; es decir fijando unos e inhibiendo otros.
Con esta elección proponemos como objetivo de nuestra acción ciertas cosas y rechazamos otras. Esto lo hacemos por la necesidad de estructurar el excedente pulsional.
Lo que vamos eligiendo va configurando nuestro carácter; es por tanto el hombre un ser amaestrable.
Las respuestas a las diferentes situaciones en las que nos encontramos a lo largo de nuestras vidas crean hábitos y moldean nuestro carácter.
Las respuestas quedan con el tiempo establecidas en forma de instituciones sociales.
Estas instituciones son el resultado de la puesta en práctica de la exoneración.
Así la cultura se estructura en instituciones como resultado de la deficiencia del hombre.
- EL LENGUAJE
Para Gehlen el lenguaje es la consecución de mayor nivel de la exoneración.
Es un elemento decisivo y condición de posibilidad de la acción del hombre, pues es el lenguaje la herramienta que nos permite el construirnos una cultura para poder sobrevivir.
El lenguaje, por tanto, es un sistema con raíces biológicas. Esta perspectiva biológica se pone de manifiesto en la ordenación que establece entre los fenómenos.
Es mediante el lenguaje como podemos anticipar lo que no está presente y de este modo realizar una planificación.
El lenguaje posee una capacidad de intención. Por capacidad de intención Gehlen entiende una capacidad de “dirigirse hacia”
Esta es una capacidad que ya se encuentra en los animales como constata el experimento de Paulov.
Como hemos dicho es un comportamiento activo, pero no puede considerarse acción dado que la acción es transformadora.
En cambio su función puede considerarse como el hacer que las cosas nos puedan ser conocidas. Es capaz de simbolizar el excedente proveniente tanto del exterior como de nuestro interior para que podamos comprenderlo. Por tanto posibilita la acción.
El lenguaje es capaz de condensar la plenitud del mundo. Mediante él disponemos en el acto de las cosas a través de los símbolos.
Constituye un mundo propio en el que las cosas quedan reducidas a símbolos.
Así el lenguaje permite la exoneración del aquí y del ahora, nos libera de la dureza del contacto con el mundo real, y por tanto de la sobrecarga de estímulos.
Gehlen afirma también que la simbolización del mundo real se realiza mediante sonidos y que esta representación es la base del pensamiento.
Una última faceta que añade es que el lenguaje nos hace libres. No estamos atados a las cosas ni a las situaciones porque ante ellas podemos hacernos presentes otras distintas.
Para Scheller la libertad no toma como base el lenguaje sino que viene dada por la abertura al mundo.
Somos libres en tanto que dejamos de estar ligados a un entorno. Pues el no depender de unos instintos es la mayor liberación.
En Gehlen, en cambio, la libertad es consecuencia de esta abertura al mundo. El desamparo en que nos deja el estar abiertos al mundo nos convierte en seres activos por el simple hecho de la supervivencia.
Y es el lenguaje la condición de posibilidad de esa acción que nos hace posible ordenar el mundo que nos rodea.
Así la libertad nos llega cuando el lenguaje está plenamente formado y no antes como en Scheller, pues en este no hay un excedente de estímulos como consecuencia de la abertura al mundo.
- CONCLUSIONES
Como hemos podido ver a lo largo de este trabajo la influencia de la obra de Max Scheller “El puesto del hombre en el cosmos” en la que posteriormente escribiría Arnold Gehlen y a la que titularía “El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo” es larga y profunda.
Gehlen recoge términos acuñados por Scheller como “abierto al mundo” y “libre del entorno” y los dota de una función y unas consecuencias completamente nuevas.
Pero quizás su logro más importante sea el haber construido una antropología filosófica sobre la base de la biología para así evitar el dualismo en el que se encuentra sumergida la obra de Scheller.
La pareja de opuestos vida-espíritu es para Gehlen el reflejo de una vieja concepción de la naturaleza y del hombre para la que no cabe lugar en una antropología filosófica madura.
Cabe concluir aquí con un último apunte; que no se ha tomado en cuenta para este trabajo la obra de Helmut Plessner “Los grados de lo orgánico y el hombre” y es esta una obra cuyas reflexiones marcaron profundamente el pensamiento de Gehlen.
- BIBLIOGRAFÍA
· Max Scheller, “El puesto del hombre en el cosmos”. Editorial Losada S.A., Buenos Aires 1938.
· Arnold Gehlen, “El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo”. Ediciones Sígueme S.A., Salamanca 1987.
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