|
FOUCAULT: PODER, SUJETO, HISTORIA Y RESISTENCIA archivo del portal de recursos
para estudiantes |
enlace
de origen
Nelida Zubillaga
Profesora de Filosofía, Psicología y Pedagogía
Paraná-Entre Ríos
Argentina
> Tema: El poder y la constitución del sujeto moderno,
según el pensamiento de Michel Foucault.
> Problema: ¿De qué manera en la época moderna, las
estrategias de poder se vuelven constitutivas de los sujetos?.
> Hipótesis: En la época moderna las estrategias de poder se vuelven constitutivas de los sujetos en cuanto ellos mismos surgen como producto de un proceso de sometimiento continuo e ininterrumpido ejercido sobre sus gestos, fuerzas, energías, deseos y pensamientos. Se constituyen no sólo como su efecto sino también como instrumentos que vehiculizan a un poder que reproduce y crea a través de ellos.
Indice:
Introducción
Capitulo I: La historia como discontinuidad
I.I: Arqueología y genealogía, el estudio de la discontinuidad
Capitulo II: Las tecnologías políticas, transformación y desarrollo
II.I: Del
poder monárquico a la institución carcelaria
Capitulo III: El poder y el sujeto
III.I: El
ejercicio del poder y la ocupación del cuerpo
III.II: Disciplina y formación de la Individualidad normativa
Capitulo IV: El poder disciplinario
IV.I: La
formación de la sociedad disciplinaria
Capitulo V: Verdad y poder
V.I: Verdad y poder: el círculo perpetuo
V.II: La
lucha por el poder y el rol de los intelectuales
Capitulo VI: La resistencia al poder
VI.I: El poder de resistir
Conclusión
Introducción
A partir del
siglo XVIII el modelo punitivo se transforma y Foucault intenta penetrar en el
análisis de esta ruptura, recorrer los intersticios y analizar los nuevos
discursos así como las prácticas que le sirven de correlato.
Foucault va a afirmar que el momento clave de estas transformaciones es aquel
en el cual se descubre a la vigilancia como un medio mucho más rentable que el
castigo. Desaparece entonces el espectáculo punitivo y un nuevo tipo de poder
se abre paso.
Nace así un poder polimorfo, polivalente que mientras más se oculta más dominio
tiene sobre el cuerpo social. Las condiciones que hacen posible su
invisibilidad, son las mismas que le dan fortaleza, y le permiten a su vez
clasificar, separar e inclusive crear aquello sobre lo cual ejerce dominio.
Envueltos en esta red de poder, los sujetos son blanco pero también
instrumento, son presa de un poder que los vuelve sujetos sometidos. Este poder
que los constituye y utiliza es reproducido por ellos por las instancias de
placer que genera.
Lejos de ser sólo represivo, es un poder generador de toda una red productiva
de saberes y discursos, los mismos que han dado lugar a la aparición de las ciencias
humanas y al hombre como objeto de la ciencia.
La pregunta fundamental es entonces: ¿cómo a través de qué mecanismos y
prácticas hemos llegado a ser lo que somos?, y el intento de Foucault se dirige
a vislumbrar de qué manera se ha constituido el sujeto moderno, pero la
búsqueda no se orienta hacia las raíces para hacerlas aparecer reconstruyendo
nuestra identidad, el intento es muy otro, disiparlas y hacerlas emerger con
todas las discontinuidades que nos atraviesan.
CAPITULO
I
La Historia como Discontinuidad
I.I Arqueología y Genealogía, el estudio de la discontinuidad:
Foucault parte de comprender a la historia no de un modo lineal, sino por el
contrario como imbuida de fracturas, luchas e invasiones. Lejos está entonces
de interpretarla como una extensa continuidad de hechos que se suceden unos a
otros y paso a paso en un largo camino infinito.
Por el contrario, y en oposición a los análisis históricos que privilegian
valores suprahistóricos o supuestos metafísicos tales como la verdad, el alma y
la conciencia, el sentido histórico para Foucault debe destruir en su propio
ejercicio todo aquello que se involucre con la historia tradicional y remita a
ella. Por esto los sucesos han de valorarse a partir de su singularidad y del
análisis de los efectos que producen.
De este modo, el método de la discontinuidad tal como Foucault lo entiende,
realiza una periodización histórica a partir de diferentes sucesos a los que la
historia tradicional rechaza, o bien resta importancia. Estos sucesos, a su
vez, deben para este autor, ser periodizados pero en función de nuevos
criterios y tomando en consideración el nivel al que estos se refieren,
estableciendo así periodizaciones distintas.
La complejidad de esta metodología de trabajo ha generado críticas a este
filósofo por los espacios de referencia poco precisados que utiliza en sus
investigaciones. Sin embargo, Foucault argumenta que sin dicha metodología de
trabajo, hubiera sido muy difícil para él descubrir las intrínsecas relaciones
que se establecen entre el poder y el saber.
Su cambio de método ha permitido desocultar y avanzar en la comprensión de
cuestiones que hasta el momento no emergían. Por ello afirma: "Desde
el momento en que se puede analizar el saber en términos de región, de dominio,
de implantación, de desplazamiento, de transferencia, se puede comprender el
proceso mediante el cual el saber funciona como un poder y reconduce a él los
efectos" 1.
Por ello la realización de un estudio no sólo a nivel temporal, sino también
espacial y estratégico del saber nos permite vislumbrar relaciones que de otro
modo, permanecerían ocultas y vedadas en una comprensión globalizante y
temporal.
En este sentido afirma Deleuze: " Otra teoría, otra práctica de lucha,
otra organización estratégica es lo que está en juego en el libro de Foucault "
2.
Por esto, el propósito presente en sus trabajos de intentar nuevos análisis que
permitan la generación de nuevas prácticas, así como nuevas maneras de
comprender lo que nos pasa, y frente a ello, qué es lo que podemos hacer.
Para dicho autor, tener en cuenta los análisis espaciales no es hacer
anti-historia, es por el contrario hacer no sólo visibles sino también
comprensibles los procesos del poder.
Espacio y tiempo quedan de este modo atravesados por una mirada distinta que
los conjuga y permite la apertura a nuevos análisis.
Los cambios y transformaciones efectuados en el ámbito de los discursos
aparecen a partir de este nuevo modo de comprensión íntimamente emparentados
con los procesos del poder. Por ello la necesidad de llevar adelante no sólo
una observación periódica realizada en función del tiempo, sino también
espacial a partir de implantaciones, organizaciones, dominios de objeto, etc.
generadas en el orden del saber.
Dicha investigación no se detendrá en la superficie de los grandes sucesos,
sino que ha de inmiscuirse en los procesos subterráneos que se desarrollan y
provocan profundos cambios históricos en el ámbito del saber y del poder.
En otras palabras, y a modo de ejemplo, podemos decir que una investigación de
este tipo no estudiará a la medicina como ciencia en el ámbito de la historia
universal únicamente, sino que también analizará los cambios producidos en su
propio campo en relación a los giros y transformaciones generadas en los discursos,
y en su organización e implementación a través de diferentes prácticas. Todo
ello da cuenta de los entrecruzamientos con el poder, e incluso nos permite
detectar los momentos en los que ella misma se constituye como un poder sobre
los individuos.
Los sucesos en los que dicho autor se detiene, no son analizados como formando
parte de una evolución natural de las cosas, menos aún como elementos de un
movimiento teleológico, sino como clara expresión de una lucha de fuerzas que
se da en el ámbito del azar.
Por ello es que Habermas afirma que Foucault, en su intento de llevar adelante
una nueva investigación histórica, "... se permite un concepto
a-sociológico de lo social" 3. Dado que, deja de tener en cuenta la
formación social a la que se está refiriendo en su investigación y le otorga un
mayor énfasis al estudio de las formaciones discursivas y el poder, pero como
instancias casi autónomas de producción.
La historia es para Foucault la expresión del reino de la necesidad donde se
entrecruzan sucesos sin relación construidos sobre la base de fantasmas y
errores.
La búsqueda del origen deja, en dicha concepción de tener sentido, la esencia,
esa primera entidad anterior a todo lo que le es externo, pierde primacía
frente al protagonismo absoluto dado a los accidentes.
El disparate es entonces el telón de fondo, sobre el que todas las cosas
adquieren existencia.
La investigación histórica, afirma Foucault, ha de develar un sólo secreto
íntimo en las cosas: " ...el secreto de que ellas están sin esencia ".
(M P, 10)
Foucault se niega a efectuar tanto interpretaciones metafísicas, como discursos
de carácter global, por ello critica al historiador tradicional que pretende
lograr una comprensión total, sin exclusión alguna y sin el establecimiento de
distinciones.
Este modo de actuar, se asemeja para dicho autor, al de un demagogo quien
tiende a emparejar y reducir todo al denominador más débil, basándose en su
pretendida objetividad y saber.
Dicho historiador, basa sus análisis y objetividad en la existencia de esencias
eternas, abandona así su propia vida en función de la vida de otros. Mortuoria
se vuelve esta existencia que busca por todos los medios posibles ocultar el
menor atisbo que exprese algún tipo de preferencia introducido por el
historiador. Según Foucault, nada es más errado que esto en cuanto todo querer
y todo saber no pueden borrar de sí la marca de un poder que los constituye.
Frente a este saber que enmascara, hay un trazo de poder que se despliega.
El verdadero sentido histórico será aquel capaz de reconocerse como una
perspectiva injusta, pudiendo reconocer en su propio accionar la intervención
del poder.
Por eso es que reniega de los discursos globales, ya que según su criterio,
producen efectos inhibitorios en el ámbito de las prácticas. Tal es la crítica
que realiza al psicoanálisis y al marxismo.
Su trabajo en cambio, tiene la particularidad de ser fragmentario, repetitivo y
discontinuo. Genera así investigaciones que no se unifican aunque dejan
huellas, rastros, indicios que luego podrán ser retomados por otros.
Afirma el descubrimiento y revalorización progresiva de una crítica local, de
producción autónoma, " ... que no necesita, para afirmar su validez
del beneplácito de un sistema de normas comunes ". (M P, 128)
Crítica que encuentra sustento en su propia singularidad, y da cuenta no de un
modo universal sino específico de aquello que ha producido o descubierto.
Es esta una intención, no en vano, de escaparle a ese todo que cercena las
singularidades convirtiéndose en instancia de dominación que impide el
reconocimiento de aquello que sucede a nivel ínfimo, pero que no por eso deja
de poseer relevancia.
La tarea de la genealogía ha de ser en este sentido, muy distinta a la de la
historia tradicional, puesto que lejos de los supuestos metafísicos mirará a lo
más próximo, ha de sumergirse en documentos, y por otro lado intentará
comprender a los sucesos en lo que tienen de únicos.
Requiere por ello de un método severo y minucioso que le permita mostrar la
dispersión, dando lugar a aquello que ha sido mantenido oculto por "la
historia". Implica esto, además, dar espacio a lo que no ha sido nombrado,
dar cabida a la emoción, los odios y amores que muchas veces han decidido
nuestra historia.
El genealogista será, según Foucault, quien dejando de lado toda interpretación
metafísica recobre las circunstancias distintas, y hasta en algunos casos
opuestas que nos constituyen. Historias que por otro lado, no podrían ser de
ningún modo forzadas a penetrar en los cánones de una historia única.
Ver así en los comienzos, las monstruosidades, la poca perfección y belleza,
los sinsabores y combates que han producido la sociedad que tenemos y lo que
somos.
Este es el trabajo que dicho autor intenta llevar adelante, y que posee,
además, características tales como la utilización de los llamados
"retornos del saber", estos saberes olvidados, dejados de lado, son
retomados permitiéndoles su insurrección después de siglos de sometimiento.
Por saberes sometidos Foucault comprende dos cosas:
Por un lado, designa de este modo a aquellos " ... contenidos
históricos que han estado sepultados, enmascarados en el interior de
coherencias funcionales o en sistematizaciones formales ". (M P, 128)
Elementos que han marcado nuestra historia, y, sin embargo, han quedado
perdidos en los discursos totalizantes, y que son revalorizados por esta
crítica local a través del elemento de la erudición.
Puesto que si esta crítica ha sido posible, es por el desarrollo de un trabajo
sumamente arduo y minucioso de búsqueda de documentos, textos, reglamentos y
legislaciones que han permitido reconocer detalles y vicisitudes que la
historia general no muestra.
Por otro lado, dicho autor denomina así, a " ... toda una serie de
saberes calificados como incompetentes, o, insuficientemente elaborados:
saberes ingenuos, inferiores jerárquicamente al nivel del conocimiento o de la
cientificidad exigida ". (M P, 129)
Son saberes marginales con respecto al saber científico, es la palabra del
loco, del delincuente, del alumno los que esta crítica revaloriza. Saberes
locales y fuertes, por la oposición que representan frente al poder que los
rodea y atraviesa, saberes que el mismo Foucault denomina "de la
gente".
Y aunque parezca contradictoria esta unión que se ha realizado entre saber
erudito sosterrado y el saber de la gente descalificado por la ciencia, para
dicho autor, por el contrario, todo esto tiene mucho sentido ya que tanto unos
como otros, han sido ocultados, desvalorizados y minimizados porque justamente
representan un saber histórico de las luchas que se han llevado a cabo hasta la
constitución de nuestras sociedades actuales. Y este saber de las luchas es
justamente lo que no debe conocerse, dado que representa el tipo de
conocimiento que pone en entredicho al poder, por ello este saber se ve
coartado y obstaculizado por un sistema estratégico de oposición al mismo.
De este modo, y a partir de la revalorización de estos saberes es como ha
podido generarse una genealogía, suma de múltiples investigaciones, que para
poder surgir debió enfrentarse a los discursos totalizantes.
Dicha
genealogía, es definida por Foucault como " ... el acoplamiento de los
conocimientos eruditos y de las memorias locales que permite la constitución de
un saber histórico de la lucha y la utilización de ese saber en las tácticas
actuales ". ( M P, 130) El saber que a través de ella se obtiene no
es un saber inútil, sino por el contrario un saber que da elementos de
reflexión para comprender nuestro presente, y por consiguiente, actuar sobre
él.
No es que aquí se revalorice a los hechos en detrimento de la teoría, tampoco
el proyecto genealógico pretende enmarcarse dentro de una postura empirista o
de corte positivista. Lo que intenta Foucault, según sus propias palabras es
hacer entrar en juego esos saberes locales para que puedan oponerse frente a
esa instancia única, el saber científico, que los mantuvo durante tanto tiempo
sometidos, y que por otro lado los ha recortado, nivelado, etc., proponiéndose
como el único saber verdadero.
Por eso es que este filósofo sostiene que las genealogías son precisamente
anti-ciencias en cuanto niegan la totalidad dando pistas de otras
organizaciones, de racionalidades ocultas y distintas. Estas genealogías nos
presentan un gran rompecabezas donde cada parte nos da la pauta de una forma,
una figura, pero donde la unidad completa de todas las partes nunca se logra.
Lo propio de éstas investigaciones es la dispersión, aunque entre ellas puedan
establecerse conexiones.
Por esto el silencio con el cual fueron recibidas por los intelectuales de su
época, este silencio daba cuenta según Foucault, del miedo que éstas
genealogías les generaban.
Ahora bien, ¿cuál es el sentido que persiguen estas genealogías frente al saber
constituido de la ciencia?. El objetivo es a través de la reaparición de estos
saberes sometidos, oponerse a los efectos de un saber que se ha instalado y
organizado en nuestra sociedad, a partir del discurso científico propiamente
dicho y de la circulación del mismo a través de las instituciones.
Las genealogías terminan, de este modo, por desmitificar esa creencia que
sostiene que entre poder y saber no existe ningún tipo de relación, y demuestra
por el contrario, la trama intima que los une.
" ... la genealogía debe dirigir la lucha contra los efectos de poder
de un discurso considerado científico ". (M P, 130)
No importan aquí tanto los conceptos utilizados por la ciencia, ni los métodos
o contenidos, el blanco a destruir son los efectos de poder promovidos por ése
discurso.
Lo que Foucault viene a reivindicar son todos aquellos discursos y saberes que
han sido esclavizados frente al poder que detenta esta ciencia que se considera
a sí misma como el único refugio de la veracidad y la certeza.
No obstante, la historiografía generada por Foucault ha sido ampliamente
criticada por Habermas, filósofo que en su libro El discurso filosófico de la
modernidad asevera:" ...la historiografía genealógica se delata como
la pseudo-ciencia presentista, relativista y criptonormativa que no quiere ser "4.
Habermas fundamenta su postura diciendo que si bien Foucault reniega de las
interpretaciones hermenéuticas en cuanto remiten siempre a un sujeto de
conciencia, no puede a pesar de esto escapar de ellas en cuanto todos los
análisis aunque sean de tipo genealógico se ven imposibilitados a borrar de sí
su punto de partida, la situación hermenéutica del intérprete. En este sentido
no sólo existiría la marca de un poder, presente más allá de cualquier
subjetividad, sino la subjetividad propia de un autor que no puede desligar de
sí la marca que esta subjetividad ha dejado.
Por otro lado, para Habermas, la genealogía se hace relativista en cuanto
intenta generar un análisis del presente que finalmente termina dependiendo del
contexto al que se estudie.
Gilles Deleuze, también se refiere a este relativismo cuando analiza la obra de
Foucault, dado que afirma el hecho de que en ella, " ... los
enunciados y las visibilidades se enlazan directamente como luchadores, se
fuerzan y se capturan, constituyendo cada vez la 'verdad '"5.
Por esto, sostiene Deleuze que según el pensamiento foucaltiano, en cada época
histórica se dirá todo lo que se pueda decir, y se hará visible todo lo que se
pueda ver en función de las reglas de enunciado y visibilidad que funcionan a
modo de 'a prioris' que hacen posible y delimitan a su vez todo lo que puede
decirse y todo lo que puede verse. La verdad evidentemente dependerá de cada
contexto y de las condiciones de posibilidad que la hagan posible, hablamos
entonces de una verdad absolutamente relativa.
Otro de los ataques habermasianos que debemos considerar, le atribuyen a la
genealogía cierto criptonormativismo dado que la crítica que intentan generar
los estudios de Foucault no pueden dar cuenta de sus fundamentos normativos.
Pese a estas críticas que con posterioridad ampliaremos, no puede dejarse de
considerar lo original del planteo foucaultiano dado que a este autor se le ha
ocurrido algo evidentemente novedoso, puesto que afirma que si queremos
estudiar lo que es el poder no debemos considerarlo una instancia abstracta;
para saber lo que es el poder, hay que empezar por examinar los hilos más
finos, los extremos en donde los sujetos enfrentan y expanden los efectos del
poder de manera concisa.
Es importante aclarar que quienes se vuelven objeto científico para otros, no
son sólo blancos del poder, como hemos mencionado, sino, además, vehículos del
mismo, por otro lado esta relación puede generarles instancias positivas a
nivel del deseo. Es posible de este modo, verse atrapado por el poder y
consentir este hecho en cuanto ello genera instancias positivas en algún
sentido para el individuo.
Por todo esto es que no estamos hablando sólo de represión sino de motivación,
estimulación, es decir, de instancias positivas que incluso pueden ser deseadas
por el individuo mismo.
La genealogía se opone entonces a este saber jerarquizador, unitario, teórico y
formal de la ciencia constituyendo un saber disperso, fragmentario que
involucra tanto a la teoría como a la práctica, al saber formal como al saber
de la vida.
De este modo, la arqueología sería: "... el método propio de los
análisis de las discursividades locales..." . (M P, 131)
En otras palabras, la arqueología es el análisis de los discursos, o de las
formaciones discursivas, es decir, aquello que se dice en el ámbito de cada
ciencia.
La genealogía vendría a completar la tarea de la arqueología puesto que a
partir de saber que dice el discurso científico se descubre todo aquello que no
ha sido dicho y se lo hace entrar en juego, según Foucault la genealogía es
" ... la táctica que a partir de éstas discursividades locales así
descritas, pone en movimiento los saberes que no emergían, liberados del
sometimiento ". (M P, 131)
La apuesta de la genealogía es para este autor ser mantenida de manera
fragmentaría sin encontrar una teoría que unifique el todo, pues esto seria
permitir la colonización de las genealogías por parte del discurso científico,
por ello el objetivo es persistir en la tensión, en la oposición, en la lucha,
y esta será una batalla ganada contra los efectos de este poder centralizador.
Hacer la genealogía es " ... ocuparse en las meticulosidades y azares
de los comienzos... ". (M P, 11) Saber reconocer sucesos, marchas,
retrocesos, legados, derrotas y victorias para poder comprender a la historia,
o si sé quiere "las historias".
Lo propio de la genealogía, el objeto al que ha de dirigirse es, retomando
conceptos ya utilizados anteriormente por Nietzsche, la procedencia (herkunft)
y la emergencia (entstehung). La procedencia es el conjunto de marcas que se
entrecruzan y forman la raíz de lo que somos. Las múltiples historias que nos
configuran e impiden toda identidad y coherencia.
La procedencia nos muestra la dispersión en las cosas, lo poco de verdadero y
estable que podemos encontrar en ellas.
En otras palabras, introduce la fractura en el ser y la verdad, todo lo
transforma en desorden e inestabilidad. El ser, esa verdad primera anterior a
todo conocimiento deja de existir, se vuelve fractura, diferencia y hasta
podría decirse, nada.
Esta verdad primera no es más que un error surgido y sostenido por la historia.
No hay que partir entonces del error de los orígenes, en cambio, ha de
valorarse la verdad presente en la procedencia y la emergencia. En las
múltiples líneas que demuestran la falta de toda identidad, y en los combates
presentes bajo el manto aniquilador de "la historia tradicional".
La emergencia, en este sentido, se presenta como una lucha de fuerzas que se
contraponen, es por esto un espacio de lucha, un combate presente por obra del
azar. De este modo, y en función de la resolución de estas luchas se establece
la sumisión.
La historia transcurre para este filósofo de dominación en dominación, por ello
el análisis y descubrimiento de dichas emergencias permite estudiar el juego
del poder y el sometimiento.
Foucault se ha detenido así a investigar acerca de emergencias tales como el
encierro, la prisión, los diferentes modos de castigo y poder.
La emergencia es siempre una relación de dominación, donde el juego nunca se
plantea en igualdad de condiciones. Esta relación impone a su vez, una suma de
reglas ha respetar (derechos, obligaciones valores) cuya finalidad es sólo
mantener dicha dominación.
La regla es para este autor: " ... el placer calculado del encarnizamiento,
es la sangre prometida. Ella permite relanzar sin cesar el juego de la
dominación ". ( M P, 17)
Las reglas para Foucault no están finalizadas cualquiera puede imprimirles una
dirección nueva. El problema es entonces, quien usa o abusa de ellas, en que
dirección, con quien y a favor de quienes. Las diferentes emergencias tienen
que ver con este juego de saber quien se adueñará de las reglas, por esto
expresan avances y retrocesos, y son el exponente de una lucha.
Deleuze sostiene que en la concepción foucaultiana, son las reglas establecidas
las que permiten, no sólo el decir sino también el ver: "Hablar y ver,
o más bien los enunciados y las visibilidades son elementos puros, condiciones
a priori bajo las cuales todas las ideas se formulan y los comportamientos se
manifiestan en un momento determinado" 6. Por ello la importancia de
reconocerlas como instancias que pre-existen a cualquier discurso, y a su vez
determinan lo que en una época puede decirse y las cosas acerca de las cuales
puede hablarse.
Interpretar se vuelve entonces para Foucault apropiarse de reglas que ya han
sido instituidas para imponerles otra dirección, darles otro sentido y
comprender a partir de este giro el devenir de la historia.
La genealogía es la historia de las diferentes emergencias. El genealogista
será quien no reconozca ningún absoluto y rechazando toda fe metafísica
establezca diferencias y separaciones que impidan toda reconciliación en las
cosas. La historia así planteada será quien " ... introduzca lo
discontinuo en nuestro mismo ser ". (M P, 20)
Hacer historia, sostiene Foucault, es siempre comprometerse con algo, tomar
posición, por eso se eligen ciertos temas, se pone énfasis en ciertos aspectos
no en otros. De este modo lo demuestra él mismo al realizar investigaciones a
partir de sus prácticas diarias en un hospital psiquiátrico, experiencia que
marca todo el desarrollo teórico de dicho autor.
Allí observó quiebres, luchas, oposiciones que lo llevaron a interesarse por
determinados temas y a tratar de elaborar un discurso que pudiera dar cuenta de
las vivencias de estas cuestiones. Así es como intenta incansablemente (y aquí
el núcleo del problema) " ... mantener un discurso verdadero y que sea
estratégicamente eficaz . . . ". (M P, 120)
La cuestión no es sólo la búsqueda de la verdad, sino cómo hacer valer esa
verdad, que ésa verdad tenga efectos, pueda utilizarse en los momentos y
lugares justos para que provoque cambios. Por ello es que es una verdad
comprometida con el aquí y ahora, con el presente que no pretende sólo ser
valorada como cierta, sino que implica, además, el analizar " ... cómo
puede la verdad de la historia tener efecto políticamente ". (M P,
112)
Su objetivo es generar un discurso verdadero a partir de ciertos combates en
los que él mismo se ha visto involucrado, y que tienen que ver con la medicina,
la psiquiatra y la penalidad.
Por esto, lo interesante es para este autor, partir de los combates en los que
nos vemos comprometidos, y generar en función de ellos, discursos verdaderos que
tengan efectos políticos con respecto a las luchas, oposiciones, en definitiva
a las relaciones de poder que se planteen en ése ámbito.
Concluimos entonces diciendo que, la finalidad que atraviesa la obra de este
autor es el problema de la verdad, la historia de la misma, sus efectos y su
entramado con las relaciones de poder. En función de este interés Foucault ha
analizado a la historia pero con una metodología diferente: la metodología de
la discontinuidad. Arqueología y genealogía se constituyen como herramientas de
dicho análisis, la arqueología al analizar los discursos en el ámbito de las
ciencias se vuelve un instrumento para desocultar poderes; la genealogía, por
su parte, será la herramienta que permita la emersión de los saberes sometidos.
De este modo el sentido histórico, tal como Foucault lo entiende, ha de
parodiar nuestra historia haciendo de ella una contra-memoria. Destruirá de
esta manera todo lo que la historia supra-histórica ha construido, mostrando
diferentes matices partiendo de una nueva concepción del tiempo.
Se disipará ése centro del que creemos provenir, nuestra identidad aparecerá como una conjunción de elementos múltiples y la discontinuidad se mostrará formando parte de nuestro mismo ser.
CAPITULO
II
Las tecnologías políticas, transformación y desarrollo
II.
I: Del poder monárquico a la institución carcelaria
En este capítulo pasaremos a considerar a uno de los sucesos históricos en los
que Foucault se ha detenido, el cambio que se produce en el modo de castigar a
partir del siglo XVIII, y las implicancias que esta transformación genera en el
ámbito social.
Comenzaremos por tratar de interpretar el sentido que Foucault atribuye a las
denominadas tecnologías políticas. En primer lugar nos remitiremos a la
definición que ha dado de las mismas, en su libro Vigilar y Castigar
, en este afirma que toda tecnología política es " un
saber del cuerpo y un dominio de sus fuerzas" 1. Saber que no se basa
sólo en el modo en que el cuerpo funciona, sino que lo sobrepasa. El cuerpo como
tal se halla inscripto en un campo político, atravesado por múltiples
relaciones de poder.
En cada sociedad, el carácter que el poder adquiere, y el modo en que se ejerce
produce efectos no sólo a nivel del saber, sino también de los cuerpos que
quedan prendidos en dichas relaciones.
Examinaremos las tres tecnologías políticas que se desarrollaron según Foucault
desde la Edad Media hasta la formación de las sociedades modernas (siglo
XVIII).
En primer término, consideraremos al poder monárquico en sus características
particulares:
Este poder se basaba por sobre todo en el arte de los suplicios. La represión
penal consistía por esta época en el sufrimiento casi morboso del condenado, se
buscaba por sobre todo el dolor, la marca en el cuerpo, la sangre, el llanto y
todo aquello que pudiera funcionar a modo de espectáculo. Tal como una puesta
en escena se presentaba al infractor, frente a un público ávido de violencia y
temeroso a su vez del poder del soberano.
Pero por sobre todo el suplicio es una pena que se aplica sobre el cuerpo
marcándolo con el poder del soberano. Está calculado para que produzca cierta
cantidad de sufrimiento, aplicado con cierta jerarquía graduada que puede ir
desde la ausencia de todo dolor hasta la muerte del condenado.
Por todo esto es considerado como una técnica con reglas propias, que se
incluye a su vez en todo un ritual que marca como infame al criminal
exponiéndolo al poder supremo de la justicia que se muestra en todo su
esplendor. El soberano y los jueces, eran en ésta época quienes detentaban la verdad a
partir de la cual juzgaban y castigaban prácticamente sin la participación del
infractor ni del pueblo.
Esta verdad producida sólo por los especialistas del derecho, desemboca
finalmente en la confesión del culpable, la cual va a ser requerida como
aceptación por parte del acusado de su crimen, convirtiéndolo así en prueba y
asunción de la verdad por parte del mismo.
El cuerpo del acusado permite articular, por un lado, la investigación de la
verdad, y por el otro la confesión.
Incluso la tortura aplicada en esta época se une a toda una economía en la que
se vincula el ritual que produce la verdad, y aquel que produce el castigo.
" El cuerpo interrogado en el suplicio es a la vez el punto de
aplicación del castigo y el lugar de obtención de la verdad" . (V C,
48)
El suplicio cumplía además con una función jurídico-política en cuanto
reconocía la soberanía perdida por el crimen, y mostraba por otro lado el poder
supremo del soberano.
De este modo, el suplicio no sólo permite acceder a una verdad, también se
vuelve realizador de un poder. Revela la verdad del crimen, lo repite, lo
muestra, da cuenta de su culpable, y por otro lado expone al infractor como
alguien que ha violado la ley de la cual es detentor el soberano, quien a su
vez ha de aplicar su poder disminuyendo a su enemigo a la nada.
El poder del soberano es así un poder que se aplica sobre los cuerpos de manera
rigurosa, y que si bien es capaz de perdonar delitos menores, venga
desenfrenadamente a aquellos que atacan a su figura misma. El poder soberano,
es un poder armado, capaz de soportar todo menos la hostilidad de sus enemigos.
Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, la aplicación de los suplicios comienza
a ser rechazada, y motivo de un gran debate dentro de los teóricos del derecho.
Se busca entonces castigar el delito pero sin acudir a los suplicios que son
cada vez más ampliamente repudiados por el pueblo y que conllevan siempre el
peligro de la rebelión popular.
A partir de entonces, se abre el debate sobre el delincuente, su conciencia,
sus actos, su locura. Se examina cada caso, el delito, las penas, pero de la
ejecución en sí no se habla, y sin embargo está presente a partir de un
consentimiento mudo. Pasa de este modo a ser lo prohibido, lo oculto del
proceso penal, sin por eso perder eficacia.
El castigo se efectúa entonces a partir de un ámbito autónomo que saca este
peso a la justicia para dársela a estos "nuevos verdugos modernos":
los médicos, los vigilantes, educadores, etc.
De este modo, y a partir de la desaparición de los suplicios toda una nueva
gama de prácticas suavizan la acción que antes se ejercía sobre el cuerpo.
El castigo, ya no pasa por inflingir un sufrimiento corporal, sino por la
privación de la libertad. Sin lugar a dudas esta privación tiene sus efectos en
el cuerpo, pero de un modo secundario puesto que el objeto de todo esto es la
vivencia por parte del condenado de una suspensión absoluta de los derechos.
" ...la pena ha dejado de estar centrada en el suplicio como técnica
de sufrimiento; ha tomado como objeto principal la pérdida de un bien o de un
derecho" . (V C, 23)
El delito ya no se paga con la destrucción de un cuerpo, porque todas estas
nuevas modalidades punitivas intentan provocar cambios más profundos que no
tienen que ver ya con un cuerpo, sino con el alma, la voluntad, los deseos. Y
para hacer posible esta intervención jurídica en la personalidad misma del
delincuente, debió darse en primer lugar un conocimiento científico que los
hiciera emerger como blancos de intervención.
De este modo, toda una serie de juicios y diagnósticos aportados por la ciencia
comienzan a ser considerados en el proceso penal.
Vemos aquí como la ciencia constituye un saber a partir del cual el poder
comienza a operar. Así es entonces, como el sistema judicial funciona en
referencia constante a un saber ajeno a él. De pronto el juicio de expertos
psiquiatras, psicólogos, educadores, se cierne como sentencia del delincuente,
se vuelven así jueces menores que funcionalizan el poder de castigar, en cuanto
ellos mismos lo aplican a partir de sus apreciaciones.
Se desplaza de este modo el blanco sobre el que se aplica el poder, y aparece
todo un nuevo régimen de verdad. Todo un nuevo saber científico se presenta
como aquella instancia a partir de la cual se logra extraer un saber, una
verdad, y además vigilar, controlar motivar o incentivar un alma, unos deseos y
unos pensamientos. Por eso, el análisis que intenta generar Foucault parte no
sólo del derecho penal, sino también de las ciencias humanas para analizar la
existencia o no de una matriz común a partir de la cual el alma humana se ha
vuelto objeto de estudio.
En este sentido, los métodos punitivos han de analizarse no sólo a partir de
sus efectos negativos, sino también positivos que las hacen funcionar de manera
compleja a nivel social.
Además tendremos por esta época nuevas cuestiones que comienzan a pensarse,
entre ellas la necesidad de un respeto hacia la humanidad del condenado. El
hombre como tal se presenta como límite frente a cualquier venganza, a
cualquier tiranía, pero es también este un hombre convertido en medida para la
aplicación del poder.
Este poder que se ejerce ahora en el castigo, si bien intentará corregir y
transformar, no podrá ya marcar su fuerza a partir de los cuerpos, por el
contrario se implementará a través de toda una nueva tecnología que le
permitirá dominar pero de una manera sutil, casi imperceptible, interviniendo
de modo distinto. Se aplica entonces toda una nueva economía de los castigos, puesto
que: "el castigo ha de tener la humanidad como 'medida' " .
(V C, 78)
No olvidemos que en este momento se da toda una revalorización del hombre en
cuanto a su potencialidad en favor de la transformación no sólo de la
naturaleza, sino de la sociedad misma. Recordemos el planteo de los filósofos
de la Ilustración, sobre todo con respecto al poder de la razón y la idea de
progreso.
La humanidad misma del hombre se vuelve el límite que ha de respetarse, porque
es un individuo al que puede transformarse y corregirse. La posibilidad de
progreso puede aplicarse a cada ser humano.
De todos modos, es interesante observar como los ilegalismos se transforman,
incluso con el suavizamiento de las leyes. Se incrementan robos, estafas, etc.
mientras disminuyen los crímenes violentos. Toma entonces preponderancia todo
un ilegalismo contra la propiedad.
Todo esto manifiesta innumerables cambios que se dan a nivel social, tales como
el crecimiento demográfico y el incremento de la riqueza.
En consecuencia, mientras hasta el siglo XVIII el valor más preciado era la
vida, por la cercanía constante con la muerte en la guerra, las pestes,
enfermedades, etc. A partir de ese momento esto se modifica, y comienza a
adquirir mayor importancia y valor la defensa y multiplicación de los bienes y
riquezas.
La manera de castigar se transforma, en la sociedad medieval el peor castigo es
la muerte acompañada por el suplicio; en la sociedad moderna, en cambio, el
castigo pasa por la desposesión total del condenado, desposesión de bienes, de
libertad, de derechos. Para Foucault, siguiendo con lo planteado anteriormente:
" ... el desplazamiento de las prácticas ilegalistas es correlativo de
una extensión y de un afinamiento de las prácticas punitivas" . (V C,
82)
Una nueva política es aplicada sobre los cuerpos, nuevas técnicas y una mayor
vigilancia que promueven un control mucho más continuo y exhaustivo por sobre
toda la población.
Para dicho autor, lo que se persiguió en esta transformación jurídica es menos
una mayor humanidad y respeto, que una justicia más fina que pueda abarcar todo
el poder social puesto que en dicha época existían conflictos respecto al poder
de castigar, por la presencia de múltiples instancias no coordinadas entre sí a
partir de las cuales se ejercía este poder.
Para este filósofo, "El verdadero objetivo de esta reforma (...) no es
tanto fundar un nuevo derecho de castigar (...) sino establecer una nueva
economía del poder de castigar...". (V C, 85)
Hacer que el poder pueda ejercerse de manera articulado en innumerables puntos
del cuerpo social, con una vigilancia continua y constante. Debe marcarse aquí
una diferencia, antes de la mencionada transformación jurídica ocurrida en el
siglo XVIII, toda una serie de ilegalismos era consentida por el poder a las diferentes
capas sociales. Pero a partir de entonces toda una nueva economía de los
castigos es establecida.
La burguesía, que en un primer momento necesitó de ciertos ilegalismos para
adquirir mayores riquezas (contrabando, etc.) al llegar al poder comienza a
perseguir por sobre todo al ilegalismo de bienes para asegurar su propiedad.
"El ilegalismo de los derechos, que aseguraba con frecuencia la
supervivencia de los más desprovistos, tiende a convertirse, con el nuevo
estatuto de la propiedad, en un ilegalismo de bienes" ( V C, 91),
esto es así en cuanto el derecho que más ha de defender la clase burguesa es el
derecho de propiedad. Por todo esto es que las clases más desprovistas serán
ahora rigurosamente castigadas para evitar por todos los medios un ataque a las
posesiones de las clases dominantes. De este modo, toda una nueva gama de
infracciones comienzan a ser incorporadas en los códigos, y como efecto de
ello, castigadas y controladas. Se divide así el ilegalismo de bienes del
ilegalismo de los derechos, el primero corresponderá a las clases populares, el
segundo a la burguesía.
Las clases populares, más próximas al ilegalismo de bienes, se enfrentan
entonces a los tribunales ordinarios que decididamente castigan, mientras que
la burguesía, deja para sí el ilegalismo de derechos y "la posibilidad
de eludir sus propios reglamentos y sus propias leyes" . (V C, 91)
Esto significa, en otras palabras, que la burguesía, o sí se quiere los grupos
de poder, se amparan en las leyes para defender su propio patrimonio. Pero en
función de su propio beneficio, pueden por otro lado, no cumplir la ley,
evitarla o ir en contra de ella, mientras que al resto de la población se les
controla y exige su indefectible cumplimiento.
En definitiva, el ilegalismo de derechos está permitido para la clase burguesa,
no así el ilegalismo de bienes para las clases populares, que son violentamente
reprimidas y castigadas por dichos delitos.
Foucault sostiene que la ley ha cumplido, al igual que el sistema penal, con la
función de administrar los ilegalismos. No está destinada a impedir el
cumplimiento de los delitos, por el contrario, los ordena y distribuye de tal
modo que algunos podrán llevarse a cabo, y otros por el contrario serán
castigados.
Retomando este concepto se han llevado a cabo estudios de investigación que
demuestran cómo esta administración de ilegalismos se ha efectuado incluso en
las últimas décadas en nuestro país. En este sentido, y haciendo un paralelismo
con el planteo de Foucault, es interesante analizar el trabajo efectuado por un
grupo de psicólogos pertenecientes a la Universidad Nacional de Rosario,
quienes en base a esta idea planteada por Foucault observan de que modo esta
administración de ilegalismos fue implementada durante la última dictadura militar.
En dicha investigación afirman: "Se podría señalar cómo en el proceso
fue necesario construir un sistema punitivo que administrara ilegalismos
haciendo diferencias entre lo permitido y lo no permitido pero que no tendía a
hacer desaparecer a los ilegalismos sino a redistribuirlos" 2. Demás
está aclarar los delitos que por esta época fueron permitidos por el poder
estatal como soporte del sistema que se había establecido, entre ellos el robo
de niños, la tortura, la muerte, la desaparición de personas, etc. Vemos como
en nombre de un pretendido 'orden' fue violada la ley en el marco de un sistema
punitivo que no sólo tuvo como objetivo administrar diferencialmente los
ilegalismos, sino que además justificó el delito, mientras que sancionaba y
castigaba a otras supuestas infracciones establecidas por el delirio de algún
perturbado dictador.
Por otro lado, y continuando con el planteo de Foucault, vemos como pronto este
autor comienza a analizar el hecho de que la reforma penal que se dio a partir
del siglo XVIII va en contra del poder soberano del rey, y también contra los
ilegalismos populares que este permitía. La misma se realiza con el objeto de
establecer un nuevo poder de castigar más disperso que impida realmente los
ilegalismos intolerables para la burguesía.
No hablamos entonces de una mayor humanidad en las penas, sino de la búsqueda
de una nueva forma de ejercer el poder en contra del poder soberano y el
ilegalismo del pueblo, y aquí la noción de hombre es utilizada para cumplir con
ambas funciones.
De este modo se constituye toda una nueva tecnología y economía de los
castigos.
Esta nueva estrategia se basa en la teoría general del contrato, donde todos
los ciudadanos afianzan un pacto, por el cual quien rompe con él se transforma
en un enemigo común que debe ser castigado en defensa de la sociedad. Quien
rompe el pacto traiciona, y merece el castigo social, se vuelve casi un
monstruo sobre el cual el poder ha de ejercerse. Pero si esto es así: ¿de dónde
proviene el planteo que reclama una mayor humanidad en las penas?, ¿cuál es la
necesidad de ella si hablamos de un traidor, de un monstruo?. Según Foucault,
la humanidad al ejercerse el castigo se persigue, no en favor del delincuente
sino del resto de la sociedad que es testigo y no puede soportar dicho
espectáculo. En este sentido, y volviendo al trabajo de investigación
mencionado anteriormente, es llamativo investigar el hecho de que en la
dictadura militar del 76', el desaparecido funcionaba a modo de símbolo para el
resto de la sociedad, nadie sabía de su paradero, sin embargo todos intuían de
que se trataba, el desaparecido no era visto, sin embargo funcionó para
incrementar el miedo y la pasividad de grandes sectores de la población. De
este modo es como se hizo presente una representación a través de la ausencia.
"Durante el período de la dictadura militar este efecto de terror
provocado por las torturas, "suplicios", opera justamente porque son
sustraídas a la visibilidad, porque son omitidos de la escena pública" 3.
Se intenta medir, calcular de qué modo castigar sin que ello afecte a la
sensibilidad de los espectadores, sin que este castigo y el poder que allí se
ejerce sean rechazados por quienes atestiguan su ejercicio, y sin embargo
teniendo la plena certeza de que el castigo se ejecuta, no se ve pero está
presente en la representación colectiva.
Siguiendo con el planteo foucaultiano respecto a las transformaciones
efectuadas en el siglo XVIII, este pedido que reclama una mayor humanidad en
las penas, sostiene Foucault no se pide a favor del delincuente, sino que de la
humanidad de la que se habla no es de la del delincuente, sino que esta se
vuelve un intento cuyo objeto se dirige a regular los efectos que genera el
poder al ser aplicado.
"`Humanidad es el nombre respetuoso que se da a esta economía y a sus
cálculos minuciosos" . (V C, 96)
Se habla entonces del hombre, del respeto a su humanidad, cuando en realidad,
lo que se persigue es el modo de volver aceptable la utilización del poder de
castigar.
Por otro lado, respecto al delito que se castiga, ¿qué se busca con ello?
¿reestablecer el pacto?, ¿reparar el daño o la no-repetición del mismo en el
futuro?. Evidentemente, son mucho más peligrosos y mayormente castigados los
delitos más comunes y corrientes que pueden muy bien ser consentidos y
repetidos por otros. Por esto queda demostrado por este filósofo la necesidad
de castigar, no en función de la gravedad del delito, sino a partir de los
efectos, del desorden, de las repeticiones que pueden darse por parte del resto
de los ciudadanos. No importa tanto el delito cometido, sino la manera en que
este ha de influir en la sociedad.
Se genera de este modo toda una economía del poder de castigar que evitará la
repetición de los delitos a partir de toda una serie de signos punitivos que
impiden su realización.
A partir de todo lo dicho, vemos como en función de una pretendida humanidad,
se ha implementado toda una nueva economía del poder. Ya no se busca marcar el
cuerpo sino el espíritu a través de signos minuciosamente calculados, el
universo no ya de cuerpos supliciados sino de almas colmadas de
representaciones.
Respecto a Vigilar y Castigar, el libro en el cual Foucault plantea la
existencia de estas transformaciones en las tecnologías políticas, Habermas
considera que se vuelve falsa la tesis cuando este autor tiende a generalizar
el hecho de la implantación del poder disciplinario, y de la existencia
progresiva de una mayor racionalidad y humanidad aplicada a las penas y a los
castigos.
Afirma Habermas que cuando se generaliza esta tesis, la misma se vuelve falsa.
Por otro lado, la creciente preocupación de Foucault por el estudio de las
disciplinas deja de lado a partir del Siglo XVIII la consideración de la
organización jurídica en el ejercicio de la dominación.
"...la implantación biopolítica del poder disciplinario, deja de lado
el hilo de la organización jurídica del ejercicio de la dominación" 4.
El análisis jurídico pasa a ocupar un lugar secundario en las investigaciones
de Foucault, esto es cierto, pero ¿cómo explicamos entonces su concepción
acerca de que el aparato jurídico ha desempeñado históricamente divisiones muy
profundas en la sociedad?, probablemente podríamos responder a este
interrogante afirmando que, en realidad, Foucault estaba interesado por sobre
todo en privilegiar estudios referentes más que nada a la expansión de las
disciplinas, no porque desconociera el papel que muchas veces ha jugado la ley
en las estrategias de control, sino porque análisis de esta índole aún no
habían sido desarrollados, y según su criterio esto ha representado un gran
problema al que se han enfrentado las luchas actuales.
Pese a esta consideración, Habermas afirma que finalmente el reducido análisis
que llevó a cabo Foucault ha promovido el surgimiento de "...la
infundada impresión de que el Estado constitucional burgués no es otra cosa que
una reliquia..." 5. Dejando de este modo de percibir, según el
mencionado filósofo, que muchas veces el propio Estado con sus medios jurídicos
es el que pone en peligro a los ciudadanos, a los que supuestamente está
protegiendo.
Por esto considero que la tesis foucaultiana no es completamente errónea, sino
que le ha faltado considerar en mayor medida el importante papel que ha
desempeñado el Estado en el juego de la dominación, en cuanto es importante no
sólo desenmascarar a las estrategias de poder establecidas a través de las
disciplinas, sino también y en este mismo proceso lograr desocultar el papel
mantenido por las leyes y el estado.
Siguiendo con el análisis histórico que realiza Foucault, vemos como la
implementación de este nuevo proyecto político aplicado a partir del siglo
XVIII, provoca el hecho de que comiencen a objetivarse, por un lado al
delincuente, que por esto representa un interés para la investigación
científica; y por otro el crimen. Se intenta generar un campo de prevención y
de circulación de signos, de representaciones, de verdades, etc.
Según Foucault: "Los procesos de objetivación nacen de las tácticas
mismas de poder y en la ordenación de su ejercicio" . (V C, 106)
Esto significa que sobre la base de una nueva forma de ejercer el poder que
comienza a aplicarse, toda una nueva organización del mismo fue precisa,
innumerables cambios fueron produciéndose no sólo en el modo de ejercer el
poder, sino también en el ámbito de los ilegalismos, dado que nuevos delitos
fueron definidos e introducidos en los códigos. Además, la manera de castigar
estos delitos fue transformándose hasta abandonar definitivamente los suplicios
por penas más suavizadas aunque no por ello menos efectivas.
Aparece así toda una nueva semiotécnica de poder que a partir de la
movilización de signos y representaciones comenzó a operar no ya sobre los
cuerpos, sino sobre el espíritu de sus receptores. Quedan de este modo
definidos a partir de todo ello nuevos objetos de investigación científica, por
un lado el delincuente, por el otro los crímenes.
Tecnología de los signos que hace del castigo y el delito una pareja
inseparable, y que promueve la desaparición del deseo de delinquir por la
representación que ha esta infracción acompaña. "... un juego de
signos-obstáculo que puedan someter el movimiento de las fuerzas a una relación
de poder" . (V C, 108)
Este juego se inscribe de tal modo que de pronto parece convertirse en algo que
corresponde al orden natural de las cosas.
Sin embargo, para que este juego funcione ha de ser transparente el delito y el
castigo. En este juego un signo debe enviar al otro y viceversa. Pensar en el
delito nos conecta con la idea del castigo al que remite, por otro lado pensar
en el castigo nos envía como signo al crimen que está castigando.
Al quedar todo esto como perteneciendo a un orden natural, la mano del hombre
que lo ha generado se borra, el poder humano que castiga desaparece.
Todo esto nos lleva a pensar en dos cuestiones fundamentales: si el delito es
una invención humana, naturalmente será expresión de una determinada cultura, y
en función de ella planteará lo aceptable o no respecto de la moral que a esta
cultura corresponda; por otro lado, la manera en que estos delitos se castigan
corresponde principalmente al tipo de poder que en ésa sociedad se ejerza.
Es entonces el poder una de las instancias primordiales a la hora de promover
discursos de verdad que dividan lo ilegal de lo legal, y respecto a lo cual se
plantearán castigos íntimamente ligados al tipo de poder que en esa sociedad se
ejerce.
Se constituye entonces, un complejo sistema a partir del cual las relaciones de
poder son vehiculizadas por toda la sociedad, a través de la conjunción entre
poder, derecho y verdad.
Y al hacer de todo esto algo natural la asociación entre crimen y castigo se
extiende en la representación colectiva.
Por otro lado, la representación del castigo ha de fortalecerse debilitando el
deseo del delito. El interés y las pasiones han de movilizarse contra la fuerza
que ha impulsado al delito. Se conforma entonces una economía de los intereses
y una dinámica de las pasiones que a partir de entonces intentará dirigirlos
oponiéndolos a la infracción cometida.
Ahora este castigo, esta pena, se valdrá de toda una utilización temporal
modulada. La pena no debe efectuarse indefinidamente, por tanto ha de tener
decididamente un tiempo de aplicación que dependerá no sólo del delito sino del
comportamiento del recluso. En cuanto al castigo, no va dirigido sólo al
delincuente, se aplica sobre él pero se dirige a toda la sociedad, para que de
él se aprenda todo este juego de signos articulados.
"...el culpable no es más que uno de los blancos del castigo. Este
afecta sobre todo a los otros, a todos los culpables posibles" . (V
C, 112) La sociedad ha de encontrar en el castigo ventaja y utilidad en cuanto
el condenado ha de retribuir a ésta poniéndose al servicio de todos. Pasa a ser
entonces el condenado un bien de utilidad común, pero no sólo eso sino la
persona a partir de la cual el signo del crimen y el castigo será marcado en la
representación de todos.
Se genera a partir de esto toda una publicidad del crimen y del castigo, antes
representada en el suplicio, en el terror y el miedo que esta escena provocaba.
Ahora, la publicidad será la lección que queda, el discurso, el signo como
expresiones de la moralidad pública.
En el castigo han de leerse las leyes, se restablecerá el código, se harán
presentes los signos, se establecerán ciertos discursos. Por esto la pena no ha
de ser secreta para lograr este cometido de "que los castigos sean una
escuela más que una fiesta".
El castigo pasa así del terror concreto a toda otra significación, ya no es el
hecho del castigo en sí, sino todo aquello al que este nos recuerda. El castigo
es entonces el instrumento a partir del cual se hacen presentes las leyes.
En el discurso de los hombres se vehiculizará la ley, el delincuente ya no será
admirado, sino que será el enemigo común a quien deberán enseñársele las leyes,
y el discurso será quien extenderá estos signos-obstáculo por todo el cuerpo
social.
La prisión, no cumplía con estos efectos, por ello fue rechazada por los
reformadores. Sin embargo, este modo de castigo fue implementándose poco a poco
hasta ser instituido como la única forma punitiva.
Según Foucault, durante la Edad Media existieron casas de reclusión que
representan un antecedente de la prisión moderna.
Los puntos en común que tienen estas casas de reclusión son:
La inversión temporal del castigo , en ellas no se pretende
borrar el delito sino evitarlo en el futuro. Todos sus dispositivos se dirigen
e al futuro y a impedir cualquier posibilidad de repetición.
"No se castiga para borrar un crimen, sino para transformar a un culpable..."
(V C, 132)
El castigo persigue entonces la corrección del reo , y es por
esto una técnica preventiva que intenta transformar al individuo, ajustándose a
su propio carácter individual. Si bien esto nos recuerda a los objetivos
perseguidos por los reformadores, estas técnicas no son simplemente su
desarrollo, sino por el contrario la implementación de toda una nueva
metodología de castigo.
Dos cosas han cambiado en ella y son por un lado el blanco de la intervención
punitiva que pasa de la representación a la intromisión en el cuerpo y el alma;
y por otro los instrumentos a partir de los cuales se interviene ya no son el
juego de las representaciones, sino formas de coerción y coacción, ya no se
utilizan signos sino ejercicios, movimientos, tiempos, etc.
El sujeto al que se quiere recomponer no es ya el sujeto de derecho, sino el
sujeto sometido.
Según este autor lo que se busca a través de esta técnica correctiva es
reconstituir a "... el sujeto obediente, el individuo sometido a
hábitos, a reglas, a órdenes, a una autoridad que se ejerce continuamente en
torno suyo y sobre él, y que debe dejar funcionar automáticamente en él" .
(VC, 134)
El poder de castigar se realiza sobre el individuo y actúa de forma autónoma a
partir de sus propias reglas, de su propio saber y modo de funcionamiento, de
una manera secreta y aislada dentro del cuerpo social, el individuo queda así
dominado frente a un poder que lo cerca.
Y aquí presentamos la tecnología política que con su aparición ha
dejado definitivamente atrás al modo de operar del poder monárquico, y a la
reforma introducida por los juristas mediante una intervención mucho más fina y
minuciosa en el cuerpo.
La institución carcelaria, no sólo ha triunfado en la época moderna,
sino que ha logrado como ninguna otra tecnología política volver al sujeto
instrumento de su propio sometimiento.
La períodización que utiliza este autor como base de sus
investigaciones, han sido ampliamente criticadas por Dominique Lecourt, quien
sostiene: "...es posible discutir la períodización que él
establece e interrogarse acerca de si la modificación que evoca es tan radical
como dice, pues no es en absoluto evidente que antes del siglo XVIII no hayan
existido 'minúsculos ejercicios de poder'..." 6. Lecourt nos
llama la atención acerca de si realmente este corte que Foucault utiliza en el
siglo XVIII, a partir del cual se origina otro tipo de poder, otro régimen de
verdad y otro modo de castigar, fue tan radical como Foucault lo expresa. Para
esta autora, sería importante que nos preguntemos hasta qué punto dicho autor
construye una representación ficticia de lo que fue la monarquía absoluta en
apoyo a su demostración.
De cualquier modo, Foucault fundamenta sus tesis en el hecho de que la
época moderna ya no necesita el escenario de los cuerpos sufrientes, porque
otro es el tipo de poder y otra la manera de operar. Desde entonces, para este
autor, el cálculo y la sutileza se hacen aliados del poder en la tarea de
someter cada vez más a los sujetos, -no sólo de una manera restrictiva, sino
productiva-, y de extenderse por toda la sociedad a partir de su intromisión en
niveles ínfimos. Así es como el sujeto moderno, lejos de la plena conciencia y
autonomía, se constituye a sí mismo en el campo abierto desde entonces por las
disciplinas.
CAPITULO III
El Poder y el Sujeto
III.I:
El ejercicio del poder y la ocupación del cuerpo:
Los cambios producidos en el ejercicio mismo del poder suscitan
indefectiblemente la pregunta acerca de qué es en definitiva el poder. Sin
embargo, intentar responder a esta pregunta desde el pensamiento Foucaultiano,
implica en primer lugar destruir la pregunta misma, en cuanto nos induce a
preguntarnos por el poder como algo que existe, que tiene entidad, que se
presenta a modo de un objeto, por ello dicho autor promueve su análisis a
partir de una perspectiva diferente.
La investigación que este autor impulsa se orienta más a tratar de
responder no tanto al qué del poder sino al cómo del mismo, a partir de su
ejercicio y funcionamiento.
Para David Couzens Hoy, la analítica del poder que Foucault generó:
"...no intenta decirnos qué es realmente el poder, sino sólo dónde
buscar" 1. Y de este modo permitirnos así desocultar las estrategias de
dominación que este poder sostiene. Por esto Foucault ha recibido el nombre de
cartógrafo en cuanto se ha dedicado ha delinear el mapa y la geografía propia
que el poder utiliza para operar.
Podríamos decir entonces, que el objetivo de Foucault es estudiar al poder "...
en sus extremidades, en sus confines últimos, allí donde se vuelve capilar, de
asirlo en sus formas e instituciones más regionales, más locales...". (M
P, 142)
Analizar de este modo las prácticas que favorece, los blancos sobre los que se
apoya, y los efectos que a su vez genera en instancias ínfimas dónde nadie
antes había procurado descubrirlo.
Foucault en este sentido no sólo se ha ocupado de descentrar al sujeto a partir
de su análisis arqueológico, sino que también podemos atribuirle el mérito de
haber descentrado al poder. Para dicho autor el poder no viene de un centro,
está disperso, y eso es lo que aún no ha sido tenido en cuenta a la hora de
tratar de generar una comprensión del modo en que el poder se maneja.
El planteo de dicho autor es claro, aquí no importa el para qué y el quién del
poder, sino que lo que se busca comprender es qué hace el poder más allá de las
intenciones y las declaraciones ostentosas. Poder verlo funcionar y atraparlo
cuando se muestra en prácticas reales que conllevan innumerables efectos.
Rechaza para este análisis el planteo de Hobbes, filósofo del siglo XVII, quien
postuló a partir de la multiplicidad de individuos la constitución de la
soberanía en el Leviathán, cuerpo formado de la unión de todas las voluntades
en una, la del príncipe. El príncipe es la figura del poder, en él todo el
poder presente en la sociedad se concentra. El príncipe se vuelve condición de
posibilidad para la existencia del todo, sin él todo se remitiría al caos.
Foucault, en oposición a este planteo afirma la necesidad de, en vez de
intentar explicar a partir de la multiplicidad como surge el poder en lo alto,
según él, lo que se debe es observar de qué modo surgen esos cuerpos
periféricos que se establecen como efectos de poder a modo de sujetos.
Siempre al intentar estudiar al poder desde un punto de vista jurídico se parte
de un
poder central que se constituye a partir de las individualidades, esto nos
impide ver la existencia de cuerpos que se generan alrededor de ése poder
central como su efecto, permitiendo su reproducción y expansión. Sin ellos el
poder central no tendría ningún sentido.
En función de todo esto procura Foucault reelaborar una noción de poder viciada
por los análisis jurídicos y tratar de comprender dicho poder a través de
relaciones que se establecen a nivel micro y que como tales no son simple
proyecciones del poder del Estado, sino "... más bien el suelo
movedizo y concreto sobre el que ése poder se incardina, las condiciones de
posibilidad de su funcionamiento". (M P, 157)
Para Foucault, en oposición al planteo de Hobbes, aquello que se vuelve
condición de posibilidad para la existencia del poder en lo alto, es la suma de
los múltiples puntos que a nivel micro se incardinan.
Sin estas relaciones de poder entre el profesor y el alumno, el padre y el
hijo, etc., que se establecen a nivel ínfimo, el poder estatal no tendría razón
de ser. Son todas estas relaciones de dominación con su propia configuración y
autonomía, a las que Foucault ha intentado sacar a la luz con sus
investigaciones.
Estos cuerpos periféricos que vehiculizan al poder, en un primer momento,
fueron generados de manera independiente, y progresivamente han sido
anexionados por este poder central brindándole así elementos para su mejor
desenvolvimiento.
De esta manera y a través de diferentes mecanismos se ha implementado la
dominación, la cual no representa el poder de un clase por sobre otra, sino que
se constituye a través de múltiples dominaciones y sometimientos ejercidos a
nivel social a partir de diferentes ámbitos.
Para Gilles Deleuze, el análisis de Foucault "... no niega la
existencia de las clases y sus luchas, sino que construye un cuadro
completamente distinto..." 2. Es como si el planteo de Foucault
intentara explicar esta dominación global a partir de las múltiples estrategias
y tácticas que utiliza.
De este modo trabaja en el desarrollo de una explicación más compleja y
profunda que la tradicional explicación marxista que lo reduce todo a la
oposición entre burgueses y proletarios.
La dominación a la que Foucault se refiere no ha de ser comprendida como una
dominación global en cuanto el poder que funcionaliza no lo es. Por ello para
comprender a la dominación que se ejerce debemos cambiar en primer lugar la
concepción del poder que poseemos, puesto que: "El poder tiene que ser
analizado como algo que circula, (...) como algo que no funciona sino en
cadena". "No está nunca localizado aquí o allí, no está nunca en las
manos de algunos, no es un atributo como la riqueza o un bien". (M P,
144)
Deteniéndonos un poco en esta caracterización que dicho autor elabora
respecto al poder, comprendemos que al analizarlo como algo que circula no
considera el hecho de que exista un "lugar"del poder sino que lo
concibe como algo disperso, diseminado en la sociedad de tal modo que sería
imposible ubicarlo definitivamente en algunas manos y no en otras.
Por otro lado, al funcionar como en cadena, se desenvuelve en una especie de
circuito, donde la única constante es la sucesión de este poder de un lugar al
otro.
El poder, por otro lado afirma, no es propiedad de nadie, no es algo de lo que
alguien pueda sentirse dueño, no es posible venderlo, ni comprarlo, ni
cambiarlo porque tampoco es un bien.
Todo lo dicho no hace más que demostrarnos la intangibilidad del poder, el
mismo es algo que está, que se hace presente ejerciéndose, pero que no se
percibe sino por sus efectos. Por ello la imposibilidad de analizarlo de una
manera más profunda dado que hasta el momento no se ha contado con los
instrumentos adecuados, y por otro lado, la imposibilidad proviene de esta
concepción tan difundida y arraigada en nosotros que tiende a localizar al
poder en el aparato de estado.
Siguiendo con la caracterización efectuada por Foucault del poder, este
expresa: "El poder funciona, se ejercita a través de una organización
reticular. Y en sus redes no sólo circulan los individuos sino que además están
siempre en situación de sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco
inerte o consintiente del poder ni son siempre los elementos de conexión".
(M P, 144)
Al hablar de una organización reticular, este autor se está refiriendo
específicamente a que el poder se organiza en nuestra sociedad en forma de red,
y al hablar de red estamos mencionando a un conjunto de hilos, líneas que
atraviesan el cuerpo social en todas direcciones, donde existen conexiones
paralelas, transversales, verticales, en definitiva, de todo tipo, y en donde
la única certeza que tenemos es que allí el poder se ejercita.
Ahora bien, toda red ha de funcionar necesariamente para sostener o apresar
algo, y en este sentido ha de cumplir con alguna finalidad.
Según Foucault, esta red de poder sostiene a los individuos y a su vez los
constituye como efectos de ése poder que se ejerce y al que a su vez ellos
funcionalizan.
El dilema aquí en lo que respecta a la libertad del hombre lo pone en la
disyuntiva de resistir o permanecer sometido a las múltiples dominaciones.
Aunque, la resistencia se vuelve también problemática en la medida en que toda
resistencia parte de una relación previa con el poder. Pero este es un tema al
que nos dedicaremos en otro apartado.
Para Foucault, pensar en la existencia de un sujeto representa uno de los
primeros efectos del poder: "EI individuo es un efecto de poder, y al
mismo tiempo, o justamente en la medida en que es un efecto, el elemento de
conexión. El poder circula a través del individuo que ha constituido". (M
P, 144)
El individuo se constituye como un producto del poder que este ha generado para
funcionar. El individuo creado por el poder servirá a su vez de conexión ampliando
la red de dominación del mismo.
Nacemos en una sociedad ya organizada como efectos del poder que se
ejerce, y desde niños somos introducidos en ésa red de poder conformada por el
derecho, las normas, las ciencias que producen lo verdadero o lo aceptable como
tal y las instituciones. De este modo crecemos en una familia, luego asistimos
a la escuela, a la fábrica, a la universidad, creamos nuestra propia familia y
sostenemos cada vez en mayor medida esa red de poder que nos ha creado, y a la
que recreamos constantemente a través nuestro y de nuestros hijos.
El poder se ejerce entonces sobre los cuerpos, se hunde materialmente en ellos,
los marca y constituye a través de estas relaciones toda una red de biopoder,
de somatopoder que actúa por sobre los individuos más allá de que estos
adquieran conciencia de ello o no.
Dicho autor sostiene que no adquirimos conciencia de nuestro propio
cuerpo sino por una previa ocupación del mismo por el poder. Pero este efecto
retorna contra el poder mismo en cuanto el sujeto comienza a revalorizar su
propio cuerpo en contra del poder.
Sin embargo, el poder siempre tiene la posibilidad de renovarse y sacar
rédito de las nuevas situaciones.
Para Foucault, el poder se expone en el cuerpo, pero lo que no debe
olvidarse de ningún modo es que todo esto se desarrolla a la manera de una
lucha en donde individuo y poder se articulan de formas inimaginables, y donde
la posición de uno al cambiar, puede generar a su vez un cambio en el otro.
Esta lucha como tal puede reproducirse siempre o finalmente desaparecer pero
todo ello depende necesariamente de los lugares estratégicos que vaya
adquiriendo cada una de las partes en disputa.
Es como si el poder nos hiciera tomar conciencia de la propia existencia, del
tener un cuerpo, y al valorar, el individuo todo ello y defenderlo, esto
implica una oposición necesaria frente a este poder que estando afuera, también
está adentro, internalizado en cada uno de nosotros haciéndonos ser.
Todo esto se muestra a modo de la relación existente entre amo y esclavo, el
esclavo se reconoce como tal por la existencia del amo que pese a estar fuera
está dentro permitiéndole al esclavo reconocerse como tal. Pero en la medida
que el hombre se reconoce como esclavo puede revindicar su propia libertad a
partir de este reconocimiento, lo que implica la oposición declarada al amo.
Pero la relación es también inversa, puesto que el esclavo hace ser al amo, y
esto en relación con el poder nos demuestra que no solo el poder hace ser al
individuo, sino que a su vez no hay ejercicio del poder sin individuos sobre
quienes ejercerlo.
Esta es la lucha que nos plantea Foucault, que según él no es de característica
dialéctica porque se presenta como algo indefinido en cuanto al tiempo, dado
que no hay certeza de una superación.
Lo que Foucault no afirma ni descarta es que el esclavo logre su libertad
superando la contradicción. La lucha es para él indefinida, puesto que no es
posible determinar cuándo terminará, sin embargo esto no quiere decir que este
fin no pueda alcanzarse algún día.
El problema del cuerpo ha ido adquiriendo cada vez mayor importancia dentro del
proceso político hasta volverse una cuestión esencial. Al contrario de las
tesis que sostienen que en nuestras sociedades el poder ha olvidado el cuerpo
en la revalorización del alma, el filósofo francés, sostiene que: "...no
hay nada más material, más físico, más corporal que el ejercicio del poder
...". ( M P, 105) El cuerpo es el elemento que el poder busca
dominar, controlar, estimular, etc. De todos modos, el poder no es solo una
instancia negativa de represión, sino que también genera instancias positivas
de producción.
El poder, según Foucault, no es como pensaba Marcuse una instancia de
represión, sino también de producción, estimulación y creación. Esto queda
ampliamente, demostrado en cuanto el poder necesita para circular de diversos
discursos de verdad que lo sustenten.
La verdad se vuelve un instrumento a partir del cual el poder de ejerce
convalidado por las reglas del derecho.
En función de este discurso verdadero se producen efectos que tienen que ver
con el ejercicio del poder, su producción y funcionamiento ."Estamos
sometidos a la producción de la verdad desde el. poder y no podernos ejercitar
el poder más que a través de la producción de la verdad". (M P, 140)
La verdad como fundamento hace ser al poder, y este, a su vez, necesita de
ella, por eso no hay ejercicio del poder sin una producción de la verdad, y no
hay producción de verdad sin la intervención del poder.
Ahora bien, ¿De qué verdad nos está hablando Foucault?, de la verdad producida
por las ciencias, explícitamente en lo que hace a las investigaciones que ha
realizado se refiere a la medicina, la psiquiatría, la criminología, el
derecho, entre otras.
Se observa aquí una triangulación entre el ejercicio del poder, la producción
de verdad y las reglas del derecho. Las ciencias postulan la verdad a partir de
sus discursos, mientras que el derecho establece normas y leyes que le permiten
al poder operar.
Un ejemplo de todo esto se presenta en el siglo XVIII a partir de un nuevo tipo
de control que se ejerce no sólo sobre las riquezas sino también por sobre los
hombres. Este tipo de control necesita de la utilización de discursos de verdad
que dieran fundamento y permitieran un dominio más minucioso, tal es el caso de
las ciencias sociales las que promoviendo una objetivación creciente del ser
humano, dieron al poder elementos para ejercer una mayor vigilancia.
En el caso del derecho, aparece con mayor énfasis la figura del delincuente, y
se acrecienta una moral burguesa que se opone a este mostrándolo como alguien
peligroso. Paralelamente, el derecho a la propiedad privada es revalorizado con
la subsiguiente penalización de los delitos de esta índole. Vemos entonces,
claramente de que modo el poder, en función de su propio ejercicio produce
discursos de verdad y reglas de derecho que promueven su funcionamiento.
El derecho que surge en un primer momento para legitimar el poder del rey,
luego es utilizado para destituirle, es decir que el, derecho en las sociedades
occidentales se ha construido alrededor de la figura del. rey.
Esta teoría del derecho ha tenido para Foucault la función de dar legitimidad
al poder y por otro lado promover la obligación legal de la obediencia, mientras
se mantiene oculto el hecho de la dominación y los efectos que de ella
provienen.
En definitiva, el derecho ha sido un instrumento de dominación que a partir de
su puesta en funcionamiento se ha constituido como un freno a la rebeldía y por
otro lado como un elemento facilitador de la obediencia.
Por todo lo expuesto hasta aquí es que este filósofo se propone investigar al
poder en función de los diferentes ámbitos de ocupación en los que circula y se
apoya, por ello afirma la necesidad de llevar adelante "... un
análisis ascendente del poder, arrancar de los mecanismos infinitesimales que
tienen su propia historia, (... ), su propia técnica y táctica, y ver después
cómo ésos mecanismos han sido y todavía están investidos, colonizados,( ... )
por formas de dominación global". (M P, 145)
No debe buscarse la explicación de todo esto en la dominación burguesa, puesto
que seria muy fácil el remitir la explicación de todo esto a ella. El problema,
es mucho más complejo, y en vez de intentar explicarlo todo desde esta
dominación, habrá que remitirse a niveles más ínfimos y cercanos, y ver quiénes
han sido los instrumentos de esta dominación. Hay que analizar entonces el
papel de la familia, los médicos, los pedagogos, etc. y el rol que han ocupado
en esta implementación.
Según Foucault, técnicas y procedimientos utilizados a nivel local fueron poco
a poco colonizados por la burguesía quien encontró en ellos ventajas no sólo
políticas, sino también económicas, que le permitieron la obtención de
diversos, beneficios.
Por esto expresa dicho filósofo. "... el sistema ha encontrado su propio
interés". ( M P, 146) Porque realmente a la burguesía lo único que le
interesa es mantenerse en el poder, no le preocupan los locos, los niños, etc.
lo único que le importa es encontrar los medios adecuados que le permitan
conservar el poder que ha adquirido. Y lo paradójico es que quizás sin
buscarlos los ha conseguido al adueñarse de prácticas, técnicas y
procedimientos que surgieron de manera independiente pero que pronto representaron
un interés para la burguesía y la dominación que esta intenta mantener.
De este modo casi azaroso es como se fue constituyendo esa red de poder, esa
microfísica del poder, actualmente enquistado en las sociedades occidentales.
Otra de las características que atribuye Foucault al poder es el de crear
instrumentos de formación y acumulación de saber, punto que ya hemos analizado
con anterioridad.
En función de todo lo expuesto, podemos observar que dicho autor intenta
analizar al poder a partir de las tácticas y técnicas que utiliza para ejercer
la dominación.
Respecto a este tema Jurgen Habermas sostiene que Foucault comienza a orientar
su trabajo hacia la problemática del poder "...como un intento (...) de
resolver los problemas a los que (...) se ve enfrentado tras haber efectuado en
Las palabras y las cosas un desenmascaramiento de las ciencias humanas sólo con
los medios de un análisis de los dicursos"3.
Habermas considera que este análisis efectuado por Foucault resulta
insuficiente para explicar las prácticas sociales y su conexión con los
discursos. Por esto, para él, Foucault intenta salvar estos problemas
recurriendo a la categoría de poder, la cual abre la posibilidad del
establecimiento de vínculos entre el ámbito discursivo y las prácticas
sociales.
En este sentido podemos decir que el análisis puramente arqueológico termina
demostrando su reduccionismo descriptivo, motivo por el cual Foucault se ve
obligado a completar su trabajo a través de la creación de la genealogía, y por
ende de un análisis social en términos de relaciones de poder.
Por otro lado, y continuando con el planteo foucaultiano, dicho autor sostiene
que la teoría de la soberanía mientras existió la sociedad feudal, cubría todo
el ejercicio de poder que se daba en esa sociedad, principalmente en lo que
respecta a la relación entre el soberano y sus súbditos. Pero, a partir del
siglo XVII o XVIII aproximadamente, se produjo toda una nueva manera de operar
del poder, esta nueva mecánica deja de ejercerse por sobre la tierra, los
bienes, la riqueza, deja de interesarse por los controles discontinuos
ejercidos mediante los impuestos y comienza a sustentarse por sobre los
cuerpos, lo que estos hacen, su tiempo, su trabajo, supone una vigilancia
constante que no parte del soberano en lo alto, sino de las múltiples controles
diseminados por todo el cuerpo social.
El fin que persigue este nuevo tipo de control, no es otro que extraer la mayor
cantidad de fuerza de aquellos que están sometidos para favorecer cada vez más
a aquellos que los someten.
Un nuevo modo de ejercer el poder denominado poder disciplinario, se hace
incompatible con la teoría de la soberanía. Este nuevo poder, ha sido una
invención de la burguesía y "... un instrumento fundamental en la con
constitución del capitalismo industrial y del tipo de sociedad que le es
correlativa ..." (M P, 149)
El capitalismo como tal no podría haberse establecido sin una necesaria
utilización e implementación de estos nuevos procedimientos de poder. Por esto
intentar oponerse sólo al poder del Estado es para Foucault algo ridículo,
puesto que si el Estado burgués ha persistido en el poder ha sido justamente
por la utilización de este poder ejercido a nivel micro-social.
En referencia a este tema, afirma José Fernández Vega, que comparando el
trabajo de Foucault con el realizado por los filósofos de la Escuela de
Frankfurt: "Tanto Adorno como Foucault buscaron desenmascarar el
autoproclamado heredero único de las luces: el liberalismo" 4.
Fernández Vega considera que el verdadero objetivo que ha perseguido la obra de
Foucault es justamente elaborar una crítica que ponga al descubierto el aspecto
sombrío del siglo de las luces.
El poder disciplinario del que nos habla Foucault es este poder que se ha ido
desarrollando desde el siglo XVIII, y que ha permitido no sólo el desarrollo
del capitalismo, como antes sosteníamos, sino también la ideología que este ha
consagrado.
Este poder que al parecer se ejerce de manera totalmente heterogénea con
respecto a la teoría de la soberanía, ha dejado según Foucault , para ella un
lugar muy importante al permitirle investir a los mecanismos disciplinarios a
través de la postulación de un sistema de derecho que tiene como finalidad
esconder la dominación que se ejerce .
Puesto que por un lado la igualdad de todos ante la ley se postula, legalmente
somos portadores de derechos soberanos que en la práctica se omiten para dar
paso a la dominación a través los mecanismos de coacción disciplinaria.
Para Foucault "Los poderes se ejercitan en las sociedades modernas entre
un derecho público de la soberanía y una mecánica polimorfa de las
disciplinas". (M P, 150) Las disciplinas lejos de formarse en acuerdo con
los parámetros planteados en las leyes, por el contrario los superan
ampliamente conformándose inclusive en contra del marco legal.
Por otro lado es necesario aclarar que, según lo expuesto por este autor, el
derecho no es el fundamento a partir del cual se ejercen las disciplinas, por
el contrario son campos diferentes que coadyuvan a un mismo fin. Las
disciplinas encuentran su propia fundamentación en la generación de discursos
de verdad que las sostienen (normas), estos discursos se encuentran integrados
dentro del horizonte teórico de las ciencias humanas.
Incluso, el discurso de las ciencias humanas ha surgido del choque de éstas dos
líneas el derecho y las disciplinas.
Por eso, oponerse a las disciplinas revalorizando al discurso de la soberanía o
del derecho es mantenerse en el círculo de la dominación, puesto que a través
de ambos esta ha sido implementada. Lo importante en esta lucha es para
Foucault: "...ir hacia un nuevo derecho que sea antidisciplinario al mismo
tiempo que liberado del principio de la soberanía". (M P, 152)
En conclusión, la complejidad intrínseca al poder ha impedido hasta el
momento un análisis adecuado del mismo y en consecuencia formas de lucha y
resistencia acordes con su funcionamiento, por todo ello es que las luchas
generadas hasta el momento contra el poder han fracasado al haber privilegiado
al aparato de estado como "el lugar del poder".
Foucault considera que este ha sido el error que han cometido todos los
partidos "de izquierda", puesto que han minado el aparato de estado
pero no hasta el final, todo esto no ha hecho más que provocar el encalle del
proceso revolucionario.
Para que todo esto no vuelva a ocurrir, dicho autor sostiene que debe
comprenderse que el poder no está localizado en el aparato de estado, por lo
tanto una verdadera transformación sólo será posible cuando logremos adquirir
una verdadera conciencia de lo que esto significa, y llevemos adelante una
lucha para destruír esos mecanismos y estrategias que por lo bajo permiten que
el poder de estado se levante imponiendo esa táctica general que no es más que
la suma de estas mínimas dominaciones.
Si se ataca el poder a nivel ínfimo, ya no podrá recomponerse el estado porque
las relaciones y efectos que lo sustentan habrán desaparecido. Nada nos
recordará ya a las sociedades industriales, a la moral burguesa, a lo normal y
anormal porque el sujeto habrá tomado las riendas de su destino, y en un dejo
de libertad olvidado todas las coerciones a las que lo sometía su ya olvidada
individualidad normativa.
Ill.II:
Disciplina y formación de la individualidad normativa:
Foucault afirma que a lo largo de la Edad Clásica ha habido todo un
descubrimiento del cuerpo como aquello que se puede corregir, dominar, educar,
etc., y como el elemento a partir del cual además pueden obtenerse respuestas
que hacen a la obediencia, a la habilidad y a la multiplicación de las fuerzas.
Es aquí donde se da, según palabras de dicho filósofo "... todo un
descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder". (V C, 140)
En ésta época se entrecruzan dos registros:
" El anatomo-metafísico que intenta hacer del cuerpo algo inteligible;
" Y el técnico-político plasmado en reglamentos militares, escolares,
etc., que intentaban hacer del cuerpo un elemento útil y sumiso.
Sostiene Foucault que La Mettrie en su libro El hombre Máquina, cruza ambos
registros al plantear la noción de docilidad, la que se refiere no sólo al
cuerpo que puede ser objeto de un análisis, sino de aquel al que puede
utilizarse, dominarse y en todo caso transformarse. Sin embargo, el poder
ejercido sobre el cuerpo en el siglo XVIII a partir de los llamados esquemas de
docilidad no es nada nuevo en cuanto el cuerpo es en toda sociedad cercado por
un poder que coacciona sobre él.
De todos modos lo nuevo de las técnicas implementadas en ésa época es
para Foucault el hecho de que controlan al cuerpo en cada una de sus partes, y
coaccionan sobre las fuerzas mismas a partir de la utilización de ejercicios.
Por esto para este autor, el siglo XVIII, y en mayor medida la sociedad
moderna que desde entonces se construye, son la expresión pura de la extensión
del poder disciplinario.
Y aquello a lo que el mencionado autor denomina disciplinas es a los: "...Métodos
que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan
la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de
docilidad-utilidad..." (V C, 141)
Las disciplinas son ante todo métodos, maneras, estrategias que se
utilizan con un determinado orden, en función de cierto objetivo, en este caso
el de controlar cada parte del cuerpo, y no sólo eso, sino que a partir de
dicho control mantienen sujetas sus fuerzas y logran su sumisión, al mismo
tiempo que su utilización. Son por ello para este autor fórmulas generales a
partir de las cuales se logra la dominación.
Se forma entonces aquí toda una política de las coerciones, un arte a través
del cual se establece un vínculo que hace del cuerpo un elemento cada vez más
útil cuanto más sometido.
El cuerpo queda prendido en todo un mecanismo de poder con lo que se configura
toda una anatomía política del mismo. Y ésta no es más que el poder que se
ejerce a nivel corporal en cada una de sus partes constitutivas, es el poder
operando y haciendo del cuerpo un elemento dócil.
Así pues, la disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo en cuanto a su utilidad
pero las disminuye en cuanto el sujeto es un individuo sometido.
Son estos procesos, estas técnicas desarrollados a nivel ínfimo los que
constituyen una nueva microfísica del poder, y los que permitieron la
transformación del régimen punitivo en la época moderna.
Según Foucault, a partir de esta importancia dada al detalle, a éstas técnicas,
a éstos saberes que se han propuesto controlar y utilizar al hombre "...
ha nacido el hombre del humanismo moderno" (V C, 145). Por esto su
ferviente crítica al humanismo dado que según su criterio, con el objetivo de
liberarnos de todas las coerciones no ha hecho más que favorecer la expansión
de la sociedad normalizada y del individuo sometido.
La disciplina es para este autor un arte de las distribuciones, utiliza
el espacio y distribuye en él a los individuos a partir de diferentes técnicas:
la clausura (lugar cerrado sobre si mismo); la organización de un espacio
analítico, que permite conocer, dominar y utilizar a los individuos; y la celda
que es un procedimiento utilizado generalmente en el ámbito de la religión.
Según este filósofo, el espacio disciplinario es el que tiende a
dividirse en tantas partes como individuos existan, a su vez que genera
esquemas que permiten analizar las individualidades al mismo tiempo que
consiente el controlarlas. Todos estos espacios individualizantes y celulares
caracterizan a las disciplinas.
Otra de las técnicas utilizadas es la creación de espacios útiles, que
son usados con diferentes objetivos.
De este modo, diferentes espacios son construidos para darles un uso
administrativo y político, base que permite la clasificación y selección de los
individuos, de la cual nacerá luego un espacio utilizable también médicamente.
La disciplina ha permitido también la progresiva articulación entre la
división del trabajo y la división del proceso de producción y por ello se ha
vuelto facilitadora del desarrollo de la gran industria.
Vemos como poco a poco todo un saber se articula con determinadas técnicas
permitiendo de este modo operar al poder a partir de una mayor comprensión e
inteligibilidad del ser humano y de la aplicación de procedimientos que lo
someten promoviendo su utilización como fuerza útil. Queda claro aquí el
entrecruzamiento planteado, anteriormente entre un análisis del hombre y
técnicas que lo usan a la vez que lo dominan.
Las disciplinas se basan a su vez en el rango, unidad a partir de la cual se
clasifica y selecciona a los elementos de un conjunto. Así es como las
disciplinas fabrican a partir de las celdas, los rangos y lugares, la
constitución de espacios complejos "... que establecen la fijación y
permiten la circulación: recortan segmentos individuales e instauran relaciones
operatorias; marcan lugares e indican valores; garantizan la obediencia de los
individuos pero también una mejor economía del tiempo y de los gestos". (V
C, 152)
Arte de la distribución, selección y clasificación, así como del
análisis y valorización de los individuos. Arte también del control y
dominación, donde no sólo se administra el tiempo sino cada detalle y cada
gesto. Vemos aquí como realmente no se equivoca Foucault al plantear el hecho
de que el moderno poder disciplinario se constituye a través del cruce del
registro utilizado para las pestes y la clausura y aislamiento utilizada en el
caso de los leprosos. Realmente lo que persiguen las disciplinas es el
aislamiento, la individualización, así como también el control minucioso, la
vigilancia y el registro de lo que a cada uno le ocurre para establecer a
partir de cada caso un análisis y un conocimiento.
Esto es lo que son en definitiva las disciplinas su objetivo es por
sobre todo establecer el orden en la multiplicidad, y así es como se origina el
cuadro, técnica de poder y procedimiento de saber. Se establece el orden y la
distribución del todo, pero también el dominio sobre lo individual que
constituye ese conjunto.
Toda esta ordenación es la que permitirá el desarrollo de toda una microfísica
del poder a nivel celular.
Igualmente, otro de los controles ha realizarse se refiere a la actividad,
control que ha de basarse en el empleo del tiempo. Se establecen de este modo
ritmos que han de seguirse, ocupaciones específicas, tiempos de repetición.
Todo un gran arsenal destinado a hacer del tiempo un elemento útil, de donde
extraer los mayores efectos posibles. Nada debe realizarse fuera del efecto que
se busca, por ello el máximo control, la presencia de vigilantes que disminuyan
al mínimo todo aquello que vaya contra la tarea requerida. Todo se lleva a cabo
en la mayor exactitud, tiempos, horas, minutos, incluso segundos son regulados.
El control constante promueve la aplicación, elementos con los que ha de
lograrse no sólo un tiempo útil, sino rigurosamente calculado para rendir al
máximo de calidad.
Así, todos los actos se vuelven regulados por el tiempo, pero el ritmo que se
cumple ya no es imposición externa sino interna que cumple con un articulado
esquema anatomo-cronológico.
Así pues, "El tiempo penetra el cuerpo, y con él todos los controles
minuciosos del poder". (V C, 156)
Pero lo importante aquí no es la realización del gesto mismo, sino la
coherencia que dicho gesto ha de mantener con la actitud general del cuerpo.
Debe existir esta relación, esta coherencia para que cada movimiento se vuelva
eficaz.
Además este cuerpo ha de mantener un estrecho vínculo con el objeto ha
manipularse sea este un arma, una máquina o un instrumento, ya que está
claramente expresado el cómo de los movimientos que sintetizan esta relación
cuerpo-objeto.
Por un lado se expresa el cómo del cuerpo, los gestos, los movimientos; por el
otro el instrumento, máquina o arma. Luego el vínculo entre ambos. Todo
continúa con esta regulación del detalle de lo ínfimo y da cuenta además de que
el poder disciplinario mantiene un vínculo de tipo coercitivo que enlaza su
proceder al sistema de producción. Entre la máquina y el hombre se logra a
través de las disciplinas el vínculo exacto que no sólo el sistema productivo
necesita, sino que necesita en sí la maquinaria de poder para lograr operar.
De este modo, no sólo busca extraer fuerzas del individuo, sino sintetizar todo
movimiento corporal con la utilización de un objeto, además de generar el
establecimiento de un vínculo que coacciona la labor.
La disciplina, utiliza al tiempo de manera positiva, dividiéndolo internamente
y extrayendo de él la mayor cantidad de momentos posibles, y sustrayendo a su
vez de ellos fuerzas cada vez más útiles. Por esto, el cuerpo al ser atravesado
por todos estos nuevos mecanismos de poder, se ofrece según Foucault a nuevas
formas de saber, se presenta como un organismo al que no sólo puede analizarse
en su individualidad, sino también en su naturaleza orgánica.
Por el año 1737, se organiza según dicho autor una escuela de dibujo para los
aprendices de los gobelinos, en ella se plantea por primera vez una nueva
técnica de utilización del tiempo. Los individuos comienzan a ser analizados a
partir de una capitalización del tiempo. Todo lo que hacen se rige en función
de ello, sus fuerzas, capacidades, etc. son regidas por este tiempo que se
medirá acumulativamente en miras a la utilidad y el provecho que de él pueda
extraerse. Un nuevo tipo de control se ejerce, las disciplinas se convierten en
aparatos susceptibles de capitalizar en tiempo las existencias y las fuerzas
que de ellas puedan extraerse.
Los procedimientos que utilizan son los siguientes:
> Dividir la duración del tiempo en segmentos que poseen un
determinado término.
> Organizar cada uno de estos segmentos de acuerdo a un
esquema analítico.
> Fijar un término a estos segmentos marcados por una
prueba que dará cuenta de lo aprendido y que permitirá además compararlo con el
de los demás, así como también diferenciar al individuo en base a sus propias
aptitudes.
> Disponer series de series, donde los ejercicios serán
diferenciados según la serie a la que corresponda, la antigüedad, nivel, etc.
De este modo es dividido el tiempo en series sucesivas y progresivas en cuanto
a dificultad, y una nueva pedagogía analítica es creada.
Los procedimientos disciplinarios hacen aparecer un tiempo lineal, un tiempo
evolutivo, evolución que se presenta a partir de series individuales, evolución
en términos de génesis.
Vemos como en esta época, las técnicas administrativas y de control ven al
tiempo social como evolucionando de manera progresiva. Del mismo modo las
técnicas disciplinarías plantean un tiempo evolutivo a nivel individual. Esto
es correlativo según Foucault, de las técnicas de poder aplicadas en ésta
época.
En todo caso la aparición de la seriación evolutiva individual se
vincula con las nuevas técnicas de poder. La disciplina la hace surgir como su
efecto y objeto.
Pero dentro de ellas aparece un procedimiento nuevo, el ejercicio, que es la
técnica por la cual se le imponen a los sujetos determinadas tareas repetitivas
y graduadas. Dicho procedimiento no sólo permite caracterizar al individuo en
función de la serie a la que pertenece, sino con relación a los otros
individuos y a una trayectoria temporal. que ha de ser cumplida.
Es el ejercicio entonces quien permite una novedosa utilización del tiempo, y
la extracción de un provecho y control cada vez más detallado sobre la vida de
los individuos por la aparición de un tipo de poder que opera por medio de él.
Sin embargo, poco a poco se pide a la disciplina construir una máquina que a
partir de la articulación de las piezas de las que está conformada provoque un
efecto de conjunto mucho mayor. Así es como el cuerpo singular es la pieza que
puede moverse, articularse, etc. Según Foucault el cuerpo "... se constituye
como pieza de una maquinaria multisegmentaria". (V C, 169) Y no sólo eso,
además se vuelve necesario el articular las series cronológicas para obtener un
resultado de conjunto. Las series también son piezas a coordinarse.
Pero para que todo esto adquiera unidad y coherencia se requiere un
sistema de mando que se manifieste a través de la expresión de órdenes claras,
breves y terminantes.
En definitiva, lo que intenta expresar Foucault a lo largo de este análisis es
como poco a poco se ha ido constituyendo una individualidad que posee diversas
características: es celular por la distribución que realiza de los individuos
en el espacio; orgánica en cuanto cada gesto ha de estar reglado, cifrado;
genética por la capitalización y acumulación del tiempo individual; y
combinatoria, por la articulación que realiza entre las diferentes fuerzas para
lograr un efecto de conjunto.
Para lograr la construcción de esta individualidad fueron utilizadas
diferentes técnicas, analizadas anteriormente: la construcción de cuadros, la
prescripción de maniobras, la imposición de ejercicios, y por último, para
hacer posible la combinación de fuerzas diferentes, la táctica.
La táctica es definida por Foucault como el "... arte de construir con
los cuerpos localizados, las actividades codificadas y las aptitudes formadas,
unos aparatos donde el producto de las fuerzas diversas se encuentra aumentado
por su combinación calculada...". (V C, 172)
En otras palabras, hemos hablado del análisis histórico que realiza
este autor en cuanto a la creación una individualidad celular, orgánica,
genética y combinatoria. Por otro lado, hemos hecho un recorrido por las
diversas técnicas que han originado esta nueva individualidad. En primer lugar,
mencionamos el encierro que plantea una nueva distribución de los espacios, los
que tienden a dividirse en tantos como cuerpos haya, de este modo se contribuyó
a la formación de la individualidad celular, a través del uso de la celda. La
técnica que hizo esto posible es el cuadro al permitir un mayor control y
análisis tanto a nivel micro como macro .
En segundo lugar, hicimos referencia a todo un nuevo control que se ejerce
sobre cada gesto, sobre cada movimiento particular del cuerpo, al cual se
intenta armonizar con el movimiento general de todas las partes. Todo gesto
sigue una secuencia que no es impuesta externamente sino por el propio
individuo, esta es la denominada individualidad orgánica. La técnica en ella
utilizada es la prescripción de determinadas maniobras.
En tercer lugar, nos referimos a una progresiva utilización del tiempo, de su
capitalización, la constante búsqueda de utilidad, y su división en el máximo
de momentos posibles, en estas series se los incluye a los individuos quienes a
partir de entonces deberán responder al control ejercido por la maquinaria. De
este modo el poder controla a partir de la inclusión del tiempo en el cuerpo.
El tiempo individual se hace evolutivo, y la técnica utilizada para ello es el
ejercicio.
Por último, hablamos de una individualidad combinatoria, de un cuerpo,
unos gestos, una existencia, una actividad que sirve en cuanto pieza útil.
Pieza que ha de combinarse con otras fuerzas y logra maximizar así la eficacia
del conjunto. La técnica utilizada para lograr dicha individualidad ha sido la
más elevada de toda práctica disciplinaria, ésta es la táctica.
Para concluir, debemos decir que lo que Foucault intenta desocultar a partir de
su investigación en lo que respecta principalmente a la formación de esta
individualidad celular, orgánica, genética y combinatoria es el hecho de que a
la par del sueño de una sociedad perfecta enarbolado por los juristas del siglo
XVIII, existió también otro sueño, un sueño militar perseguido por los
militares y técnicos de la disciplina que persigue por sobre todo "...
la coerción individual y colectiva de los cuerpos".
(V C, 174)
Lejos de la sociedad perfecta, hoy comprendemos que aquella utopía
disciplinaria finalmente ha triunfado, lejos también del humanismo vemos ante
nosotros el triunfo del hombre normativizado, ¿qué dirían aquellos militares y
técnicos si pudieran por un momento vivenciar la victoria del poder
disciplinario?, seguramente sin salirse de su asombro descubrirían que no
estaban para nada equivocados al confiar tan plenamente en todo lo que podía
construirse a partir del poder de una mirada.
Capítulo IV
El Poder Disciplinario
IV.I:
La formación de la sociedad disciplinaria
Comenzaremos por analizar el planteo de Foucault respecto a las medidas y
reglamentos establecidos a fines del siglo XVIII para llevar adelante el
control de la peste en una ciudad.
Los reglamentos puestos en práctica por entonces permitían imponer el orden
sobre la multitud que día a día vivenciaba el ser marcada, analizada y
dividida. Cada uno respondía a un nombre, a un lugar, a un puesto, y
fehacientemente se controlaba el nacimiento, la continuidad de la vida o la
muerte de cada uno de aquellos que eran sometidos a control.
Todo se volcaba en un sistema de registro que permitía la intervención del
poder y la obediencia de los individuos mediante el uso de la inspección y la
vigilancia.
Todo estaba presente en ésas 'revistas de la vida y la muerte', como
Foucault las denomina, y se vuelven éstas a su vez expresión de un nuevo tipo
de poder
"... omnipresente y omnisciente que se subdivide él mismo de manera
regular e ininterrumpida hasta la determinación final del individuo, de lo que
lo caracteriza, de lo que le pertenece, de lo que le ocurre" .
(V C, 201) El poder ahora se hará cargo de los mínimos detalles, se preocupará
por cuestiones que antes se consideraban intrascendentes y de este modo pasará
a ocupar nuevos espacios, nuevas geografías a partir de las cuales toda una
nueva física del poder se hará posible.
De este modo todo un nuevo poder capilar se establece, nombrando a los
individuos, marcándoles un lugar, calificándolos, y en definitiva
controlándolos y estableciendo a partir de ellos una verdad. Así es como el
loco, el enfermo, el vivo y el muerto se encuentran igualmente localizados por
ese poder que hace de la multiplicidad una ordenada dispersión.
En los reglamentos utilizados para el control de la peste se encuentra el
modelo de todo dispositivo disciplinario, esos reglamentos que empezaban a
desarrollarse tímidamente, sufrirán más tarde un desarrollo tan importante que
les permitirá su introducción a diversos niveles por toda la sociedad.
Para dicho autor, las medidas tomadas en contra de la peste se basan en el
sueño de una sociedad disciplinaria dado que sus disposiciones permiten la
creación de espacios reticulados a partir de los cuales el poder opera y logra
extenderse.
Sin embargo, para que fuese posible la creación de las modernas instituciones
de corrección, fue necesario el cruce de dos registros que hasta el momento
habían funcionado de modo independiente, estos son la exclusión, usada en el
caso de los leprosos, y los dispositivos disciplinarios utilizados contra la
peste.
Dicha articulación se produce a partir del siglo XIX, y desde entonces el
control ejercido no solo tiende a encerrar a los individuos, sino también a
determinar un lugar, un espacio desde donde es posible la vigilancia, el
control, el registro, la división, así como también la asignación de un nombre
y una calificación. De esta manera opera este poder disciplinario, no homogenizando
la masa sino descomponiéndola en tantas partes como fuese necesario para
diferenciar las unidades singulares y separarlas.
Las multitudes dispersas se organizan, la masa se vuelve orden e
inteligibilidad, la disciplina lo ha hecho posible cumpliendo con lo que se
vuelve su función esencial "enderezar conductas" multiplicando
las fuerzas y convirtiéndolas en fuerza útil. El orden de pronto reina sobre
individuos útiles y sometidos. La disciplina, según dicho autor: " ...
fabrica individuos; es la técnica especifica de un poder que se da a los
individuos a la vez como objetos y como instrumentos de su ejercicio" .
(V C, 175)
El poder entonces opera por sobre los individuos transformándolos, y
tornándolos elementos de expansión del poder. Nada quedará ya fuera del dominio
de este poder que crea individuos para luego apoyarse en ellos como blanco,
transformarlos, enderezarlos y luego utilizarlos como transmisores.
El poder disciplinario se filtra de este modo por toda la sociedad en
diferentes niveles.
Según Michel Walzer: "Foucault nos da una versión importantemente
errónea de la disciplina local; retóricamente inflada y desprovista de
distinciones morales, de todos modos capta algo de la realidad de la sociedad
contemporánea" 1.
Muchos autores atribuyen a Foucault una concepción exagerada del modo en que
han operado las disciplinas en la época moderna, y consideran que tergiversa en
cierto modo las cosas que han sucedido para fundamentar sus hipótesis.
La expansión de las disciplinas, tal como Foucault la plantea, mucho le debe a
la modestia con que han sido establecidas, dado que han utilizado en su propio
ejercicio menos la exageración, que el análisis y la sutileza.
De cualquier modo, tratar de comprender el porqué de la expansión de las
disciplinas a lo largo del siglo XVIII, requiere de una explicación más
detallada que intentaremos emprender a continuación. En primer lugar es
importante reconocer este fenómeno incluyéndolo dentro de dos procesos
históricos propios de esta época: el aumento de la población y el desarrollo
del aparato de producción, que por otro lado fomentaron el desarrollo de la
sociedad disciplinaria, en cuanto esta permitió la articulación de ambos
procesos. Dentro de ellos, las disciplinas han cumplido con funciones específicas:
a) La ordenación de multiplicidades humanas, que se logra a partir de
un aumento de la docilidad y utilidad de los individuos, por esto las
disciplinas no sólo buscan extender el poder, sino mejorar su rendimiento.
Y este poder, ya no se basa en la violencia, sino en técnicas que generan
un mayor crecimiento y utilidad en los aparatos en los que son incorporados. De
este modo, mientras que por un lado ordenan la multiplicidad de hombres,
organizan el aparato para que la producción sea constante y la utilidad máxima.
Pero para lograr esto, en primer lugar debe anular todo aquello que pueda
convertirse en obstáculo a dicha ordenación y producción. El poder ha de ser
siempre productivo y eficaz, toda resistencia ha de ser prevista y evitada.
Por
esto la utilización de las separaciones y la verticalidad, puesto que lo que ha
de evitarse por sobre todo es la fuerza propia de la multiplicidad de hombres
organizados, comunicados y resistiendo.
De cada elemento ha de extraerse el máximo de utilidad, y el conjunto a
su vez ha de ser mucho más eficaz que la suma de las producciones individuales.
Para Foucault, "... las disciplinas son el conjunto de las minúsculas
invenciones técnicas que ha permitido hacer que crezca la magnitud útil de las
multiplicidades haciendo decrecer los inconvenientes del poder..." .
(V C, 223)
De esta manera, a través de la vigilancia, el registro, etc., no sólo ha sido
posible el sometimiento y control de una magnitud humana cada vez mayor, sino
también la posibilidad de la acumulación de capital. En otras palabras, sin las
disciplinas no hubiera sido posible el desarrollo del capitalismo que sólo
puede generarse cuando fue posible poner orden en la multiplicidad, extrayendo
de ella el máximo de fuerza útil, y reduciendo su fuerza política.
b) La expansión de la modalidad panóptica sin una dependencia directa de
las estructuras jurídico-políticas:
El ascenso de la burguesía fue fundamentado en el derecho, como antes
había sucedido con el poder de los reyes. Así es como se construyó todo un
edificio jurídico basado en la igualdad de derechos y deberes, y la afirmación
de un gobierno representativo.
Sin embargo, para este filósofo, a la par de este edificio se constituyeron los
diversos dispositivos disciplinarios.
Por debajo del establecimiento de derechos, se generó toda una serie de
micro-poderes, de procedimientos minúsculos que no hicieron más que operar de
un modo inigualitario. Es decir, tras toda una mascarada de igualdad se
desarrollaron a la par y por lo bajo, las disciplinas.
Por esto la sumisión y coerción cotidianas que se reflejan en los contratos
de trabajo, en los reglamentos de las instituciones, en el modo de operar
propio de la policía, poco y nada tienen que ver con el derecho al que dicen
sujetarse.
c) A partir del siglo XVIII los procedimientos disciplinarios logran en su
actuación reforzar el aumento del poder y la formación de saber a través de un
proceso circular.
La disciplina permite que todo lo que sea objetivado se vuelva presa de un
sometimiento (presa del poder), y por otro lado todo aumento de poder genera
una objetivación creciente y la formación de saber.
Para dicho autor, los procedimientos disciplinarios han permitido la formación
de las ciencias humanas. Estas a su vez continúan utilizando, si bien de un
modo depurado, la técnica del examen. Las ciencias humanas se remiten al
esquema saber-poder al que se refiere toda disciplina, y por esto permiten al
poder su aplicación sobre los cuerpos en la medida en que éstas se desarrollan.
De este modo, sólo a partir de la formación de las disciplinas y la
implementación de instrumentos tales como la vigilancia, la norma y el examen,
además de la constitución de todo un tipo de poder nuevo, basado en el juego de
las miradas, en la invisibilidad, en el control constante, en los documentos,
etc. es que han podido generarse las ciencias humanas como efecto de un poder
que ha dominado y controlado previamente a los individuos.
Los individuos como tales, no son más que el resultado de esta previa
ocupación del poder. Pero este poder no ha de ser analizado sólo en sus
aspectos negativos, dado que evidentemente "... produce realidad,
produce ámbitos de objetos y rituales de verdad". (V C, 198) El
individuo es entonces un resultado de esta producción, al igual que el saber
que sobre él se ha creado.
En segundo lugar, es necesario tener en cuenta las características propias de
las disciplinas que les han permitido extenderse por sobre toda la sociedad y
operar dentro de diversos ámbitos. Entre ellas cabe mencionar las siguientes:
> La inversión funcional que realizan al permitir al poder operar no sólo de
un modo prohibitivo y negativo, sino positivo promoviendo el aumento de la
utilidad de los individuos. Por ello su progresiva expansión e inserción en las
diferentes instituciones y sectores productivos.
Para Foucault las disciplinas funcionan cada vez más creando individuos
disciplinarios.
> La enjambrazón de los mecanismos disciplinarios con otras instancias, lo
que permite no sólo la institucionalización de las disciplinas, sino además su
extensión de modo libre por la sociedad configurando focos de control externos
a las instituciones; y por último,
> La nacionalización de los mecanismos de disciplina: Según dicho autor, si
bien la policía como institución fue organizada por el aparato de estado, si
fue retomada por este es justamente porque puede controlar detalles, conductas
y abarcar a partir de lo mínimo e ínfimo el manejo de toda la sociedad.
Vemos de este modo como actúa la mirada de un poder que todo lo hace visible a
condición de volverse él mismo imperceptible.
La policía será el instrumento que hará posible la difusión de las disciplinas
hasta en los mínimos espacios no abarcados por las instituciones. Afirma
Foucault: "'La disciplina' no puede identificarse ni con una
institución, ni con un aparato. Es un tipo de poder, una modalidad para
ejercerlo. . ." . ( V C, 218)
Entonces, la disciplina no es más que un tipo de poder que utiliza sus
propios procedimientos, y que por ello si bien puede incorporarse y operar en
las instituciones o fuera de ellas no se restringe sólo a un ámbito sino que es
un mecanismo susceptible de ser adaptado a diferentes espacios y objetivos.
Por tanto nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad disciplinaria,
y los individuos que la constituyen son construidos por esta gran maquinaria a
la que a su vez sostienen.
Para Foucault, en este orden social "... el individuo se halla
cuidadosamente fabricado de acuerdo con toda una táctica de las fuerzas y de
los cuerpos" . (V C, 220) De este modo, y según palabras de dicho
autor, el individuo conforma el engranaje, y expande los efectos del poder.
Obviamente, esta manera en que el poder disciplinario se ejerce,
expresa toda una anatomía política distinta, en cuanto la manera de ocupar el
cuerpo por parte del poder es diferente, también hablamos de otra mecánica
diferente por la aplicación del poder a nuevos espacios y ámbitos, en los
cuales opera a partir de toda una nueva modalidad.
Sin embargo, esta nueva anatomía, esta nueva física y técnica que utiliza el
poder disciplinario no hubiera podido ejercerse sin el concurso de tres
instrumentos claves que le han permitido su creciente expansión, y estos son:
la inspección jerárquica, la sanción normalizadora y su combinación en el
examen.
La disciplina utiliza la mirada como elemento de coacción, poder ver induce
efectos de poder en aquellos que se saben observados. Todo esto funciona a
partir del juego de las miradas. Ver es más que eso, ver es controlar, es
dominar aquello a lo que se mira. Mientras que el Individuo observado sábese
objeto y sábese blanco de todas las posibles intervenciones.
A lo largo de la edad clásica, sostiene Foucault, se construyen edificios que
ofician de observatorios para los individuos. Ya no se busca una arquitectura
visible que permita vigilar el espacio exterior, por el contrario, la
vigilancia se vuelve sobre el interior, sobre los individuos que permanecen
dentro de estas construcciones.
El objetivo ahora es modelar una arquitectura nueva que permita la
vigilancia a partir de todo este juego de la mirada, y además que sirva como
instrumento para revertir conductas, y en definitiva para transformar
individuos.
Para Foucault: "El aparato disciplinario perfecto permitiría a una
sola mirada verlo todo permanentemente".
(V C, 178)
Y este aparato perfecto es creado a partir de una nueva figura
arquitectónica que expresa la fusión que se establece en el encierro, utilizado
en el caso de los leprosos, y los mecanismos disciplinarios usados en las
pestes.
Esta nueva figura, fue ideada por Bentham 2, y ha sido denominada panóptico. Es
una construcción circular en cuyo centro se halla instalada una torre desde la
cual todo puede ser visto.
Los condenados al encierro ocupan celdas alrededor de la torre, y en
cada una de ellas hay dos ventanas, una permite a la luz atravesar la celda, la
otra que da al interior permite al vigilante ubicado en la torre observar al
detenido.
El panóptico en su arquitectura permite su múltiple utilización, en cuanto
puede ubicarse en estas celdas y bajo la mirada del vigilante a un loco, un
obrero, un escolar, en definitiva a cualquier individuo del que quiera tenerse
un exhaustivo control y registro. De este modo, es como el encierro persiste
pero bajo un nuevo principio de visibilidad.
Todos los condenados pueden ser vistos por un vigilante, pero nunca entre ellos
mismos.
Esta multiplicidad extraña ha sido dividida de tal manera que se impida por
sobre todo la comunicación entre quienes sufren el encierro. Sobre la masa individualizada
y controlada, el poder funciona por una visibilidad constante de una manera
automática.
Así pues no es necesario que la vigilancia sea permanente, sino que lo parezca,
que amenace a partir de la incertidumbre. Esto hace que el poder se ejerza por
el concurso de los propios condenados.
Y aquí no importan jerarquías ni identidades, es indistinto quien vigile o
dirija, la maquinaria funciona por un juego de controles múltiples operados
desde los individuos, y por ello las relaciones de poder que se generan son
estables e independientes de quienes las ejerzan.
Según Foucault, Bentham sostenía que esta construcción panóptica permite
cumplir con dos características esenciales que debe poseer el poder: la
visibilidad e inverificabilidad, así el poder que siempre está presente juega
con la posibilidad de estarse ejerciendo constantemente.
En el panóptico se separan las instancias que permiten ver y ser visto,
puesto que el guardián desde la torre central todo lo ve, mientras que los
condenados nada ven más que la posibilidad de la vigilancia continua que puede
ejercerse sobre ellos. El que observa no es visto, en cambio el objeto de su
observación nada puede ver más que la mirada del otro sobre él.
Para Foucault, "El que está sometido a un campo de visibilidad, y que
lo sabe, reproduce por su cuenta las coacciones del poder; las hace jugar
espontáneamente sobre sí mismo; inscribe en sí mismo la relación de poder en la
cual juega simultáneamente los dos papeles; se convierte en el principio de su
propio sometimiento" . (V C, 206) Por esto, a partir de todo este
mecanismo ya no se hace necesaria la utilización de un poder macizo que caiga
pesadamente sobre los cuerpos, puesto que este poder nuevo más sutil, abandona
su pesadez en cuanto descubre una manera mucho más precisa de penetrar en los
cuerpos y las almas, haciendo permanecer en ellos efectos de poder de un modo
nunca antes visto, puesto que no hay mejor vigilancia que la que puede ejercer
uno sobre sí mismo.
Así el panóptico se vuelve una gran maquinaria a partir de la cual puede
generarse el control de los individuos, el establecimiento de diferencias, la
ubicación de un puesto, un lugar, el análisis y registro de datos, así como la
modificación de conductas y el establecimiento de un saber que encuentra nuevos
objetos en la medida en que el poder se extiende.
Este poder no restringe sino que aumenta la producción en la medida en que
domina cada vez más cuerpos. De esta manera crea saber, aumenta la producción,
etc. Por todo ello es que logra amplificarse por toda la sociedad,
introduciendo las disciplinas en la cotidianidad de la vida humana.
A través de la vigilancia se incluye en dispositivos de los que pasa a formar
parte respondiendo a sus fines y economía, por esto ha sido introducido como un
operador económico en las fábricas en cuanto se une al proceso de producción
favoreciéndolo, del mismo modo ha sido implementado en las escuelas permitiendo
la unificación de instancias de aprendizaje, enseñanza y control.
La vigilancia permite al poder atravesar el conjunto a partir de los individuos
que los vehiculizan, ya que todos vigilan y son a su vez vigilados.
Por esto afirma Foucault, que a este poder no se lo tiene como a un bien sino
que funciona como una gran maquinaria y si bien hay jerarquías "... es
el aparato entero el que produce poder y distribuye a los individuos en ese
campo permanente y continuo" . (V C, 182) Es este entonces un poder
que se esparce por doquier, que vigila a quienes lo vigilan, que controla todo,
que todo lo sabe pero con la sutileza de operar en silencio y en lo oculto.
Poder relacional que se levanta y crea su imperio a partir de la
insignificancia de una simple mirada. Foucault demuestra en sus explicaciones
de qué modo poco a poco se ha producido una transformación que ha llevado a las
sociedades actuales desde el siglo XVIII a una progresiva panoptización.
Respecto a ello, Walzer afirma que Foucault termina por hacer de la sociedad
contemporánea un gran archipiélago carcelario, ya que en la misma: "Nadie
está totalmente libre de estas nuevas formas de control social. Pero se debe
agregar que la sujeción a ésas formas no es la misma cosa que estar en la
cárcel" 3.
Su crítica al planteo foucaultiano se refiere al hecho de que pese a que nos
vemos envueltos en innumerables relaciones de poder, esto no es comparable con
el hecho de estar encarcelado. De todos modos, ya Foucault lo ha dicho
claramente, que estemos sujetos a ciertas reglas, regímenes y relaciones de
poder, no significa que estemos indefectiblemente atrapados.
Otro de los instrumentos del poder disciplinario que Foucault menciona en la
implementación y ejercicio de las disciplinas, es la sanción normalizadora, a
la que caracteriza del siguiente modo:
En primer lugar afirma que todo sistema disciplinario utiliza un mecanismo
penal, una infra-penalidad que cubre espacios vacíos dejados por las leyes. Se
trata en ella de calificar conductas y de reprimir a aquellas que sean
consideradas indeseables castigándolas. Todo puede llegar a ser motivo de
castigo, los individuos permanecen sujetos a una infra-penalidad a partir de la
cual se busca homogenizar conductas.
En segundo lugar, en este marco se penaliza desde el tiempo hasta la
forma de ser del sujeto, la palabra, el movimiento, etc. Todo lo que se aparta
de la regla es punible, por tanto todo ha de seguir un orden, que es a su vez
jurídico, en cuanto se refiere a una ley determinada, y natural, puesto que se
refiere a procesos posibles de ser observados.
Hay una ley y un tiempo que la conducta debe respetar para no ser
sometida al castigo.
En tercer lugar, el objetivo del castigo es la corrección de las conductas,
y esto se logra por la implementación del ejercicio, y la repetición. Por esto
es que "Castigar es ejercitar". (V C, 185)
Por último, sostiene dicho autor, que el castigo forma parte de un doble
sistema de gratificación-sanción. Todo se califica en función de dos polos
opuestos: lo bueno y lo malo, de este modo la diferenciación que se efectúa no
tiene tanto que ver con los actos realizados sino con lo que los individuos son
propiamente, por ello se los divide en buenas y malas personas. De este modo y
a partir de la diferenciación que se efectúa todo un saber sobre los individuos
se construye.
De esta manera, lo bueno es lo útil a la maquinaria. Buenas serán
entonces las personas más normalizadas, los más autómatas frente al poder que
se ejerce. Sin embargo, la maquinaria misma al gratificar los actos
normalizados, los favorece, los promueve, dado que nadie desde entonces querrá
ya pertenecer a la clase de 'los anormales', pues esto implicaría no sólo el
castigo sino también la humillación y la condena a la repetición del ejercicio.
Debido a esto toda una nueva penalidad entra en escena, la penalidad de la
norma, que poco y nada tiene que ver con el aparato judicial, ya que en contra
de lo que él hace, jerarquiza a los individuos, los homogeniza y valora a
partir de la regla, del bien y de del mal.
Por ello para Foucault, el cambio y la transformación penal que se da en la
época moderna, no le debe nada en absoluto al humanismo, sino a las técnicas
disciplinarias que por lo bajo elevaron el poder de la norma.
De este modo la regla por un lado homogeniza, y por otro en función de su
propia utilidad permite aparecer a las diferencias individuales para
clasificarlas y determinarlas.
Por esto el mencionado autor considera a las disciplinas " una especie
de contra-derecho" (V C, 225) a partir de las que se hace posible la
desigualdad, la coerción y el exceso de poder. Mientras que por un lado el derecho
intenta igualar a los individuos, los procedimientos disciplinarios los
dividen, califican y desigualan. Así pues, nos encontramos en el reino efectivo
del contra-derecho que hace claramente posible el hecho de la desigualdad.
Finalmente, el último de los instrumentos que utiliza la disciplina es
el examen, extraña combinación de la norma y la vigilancia. Se vale de la norma
para establecer diferencias individuales y homogenizar, y de la vigilancia
jerárquica para observar, calificar y castigar.
Tanto la sanción normalizadora como la vigilancia jerárquica permiten no sólo
el sometimiento sino la objetivación de aquellos a quienes somete.
El examen se muestra como la intersección que se establece entre las relaciones
de poder y las relaciones de saber, en cuanto el poder que opera no sólo somete
sino que produce una objetivación de los individuos a partir de la cual se
generan ciertos saberes. Por ello es que dicho autor sostiene que las ciencias
humanas al utilizar el examen hacen posible toda una actuación política de este
saber. No son sólo saberes, sino poderes los que actúan sobre ellas.
Hacia el siglo XVIII se da todo un desbloqueo epistemológico no sólo en el
ámbito de la medicina sino de la pedagogía. A partir de entonces los enfermos
serán objetos examinados constantemente, y los alumnos en las escuelas han de
atravesar innumerables pruebas. Esto permite una mayor objetivación y un
desarrollo creciente de estas ciencias.
El examen, según este autor, "... lleva consigo todo un
mecanismo que une a cierta forma de ejercicio del poder cierto tipo de
formación de saber" (V C, 192).
Ambos campos están unidos en el examen y se producen el uno al otro.
El examen posee además ciertas características propias:
1- Invierte la economía de la visibilidad en el ejercicio del poder:
Según lo expuesto anteriormente, en el poder disciplinario, al contrario de
cómo se desplegó siempre el poder, se invierte la economía de la visibilidad.
Antes el poder era lo que se veía, lo que se mostraba, y este despliegue era
condición misma de su existencia. Su fuerza se hacia presente en esta
visibilidad.
El poder disciplinario, en cambio, actúa en la sombra, su condición de
existencia es su invisibilidad. Opera en la medida en que se oculta y dirige
esta visibilidad sobre aquellos sobre quienes se ejerce. Hacerlos visibles da
cuenta del poder que sobre ellos se impone. Y esta visibilidad es la que somete
al individuo en cuanto éste sabe que puede ser observado en cualquier momento.
La mirada, como antes dijimos, es la que somete, pero no a partir de su
presencia, sino de la incertidumbre que genera en los individuos. Estos tienen
presente el hecho de verse expuestos frente a un poder que puede observarlos
constantemente, sin ser visible.
El examen permite esta objetivación continua por parte del poder, a partir
de la cual el mismo manifiesta su poderío y despliega sus efectos.
2- El examen hace entrar también la individualidad en un campo documental:
El examen permite el registro, archivo y documentación de los individuos.
Todo un 'poder de escritura' se establece a partir de las disciplinas.
El individuo como un objeto analizable y descriptible se constituye, a la
vez que todo un sistema a partir del cual se compara entre las personas y se
establecen fenómenos globales.
Todas estas pequeñas técnicas han permitido el desarrollo de las ciencias
humanas, y como ya hemos dicho, la entrada del hombre en el campo del saber.
Por esto para Foucault, el nacimiento de las ciencias del hombre debe
buscarse en la formación de las disciplinas, el examen, el poder de escritura y
la formación de todo un nuevo tipo de poder.
Para este autor, el nacimiento de estas ciencias debe ser buscado en
archivos de poca gloria, que fueron los que dieron origen a este moderno juego
de las coerciones.
En la medida en la que el hombre pudo objetivarse, dominarse, volverse útil
y dócil para un nuevo tipo de poder, todo un nuevo saber aparece para
describirlo, clasificarlo, observarlo, y así establecer registros, normas,
documentos, que se refieren tanto al individuo como al conjunto del que forma
parte.
3- El examen rodeado de todas sus técnicas documentales, hace de cada
individuo un 'caso':
Los dispositivos disciplinarios vuelven descriptibles a aquellas
individualidades que antes permanecían en la sombra. El individuo como tal se
vuelve un caso que analizar, en función de sus características singulares. Pero
este análisis funciona permitiendo la intervención del poder en los individuos.
Esta descripción es también instrumento de dominación y control.
El examen es entonces el instrumento que permite a partir de la
articulación entre poder y saber, el surgimiento de una individualidad celular,
orgánica, genética y combinatoria, de la que hablamos en el capítulo anterior.
Las disciplinas, por otro lado, invierten el eje de la individualización,
mientras que en la época feudal la individualización más fuerte se realizaba
sobre aquellos que poseían poder y privilegios (individualidad ascendente), a
partir de las disciplinas la individualidad se vuelve descendente, en cuanto
están más fuertemente individualizados aquellos que son blancos del poder,
mediante la vigilancia, el control, la detección de desvíos con relación a las
normas y las singularidades propias de cada persona.
"...ese momento en que las ciencias del hombre han llegado a ser
posibles, es aquel en que se utilizaron una nueva tecnología de poder y otra
anatomía política del cuerpo" (V C, 198).
Se establece así una nueva física de poder que ha de moverse por lo bajo al
nivel de los cuerpos, detalles y movimientos.
De este modo un nuevo poder se levanta y extiende a través de la producción
constante de la verdad. Otro poder, otro régimen de verdad y nuevos objetos
para la intervención abren un circulo perpetuo donde los cuerpos quedarán prendidos
al juego infinito de creación de verdad por parte del poder, y de poder por
parte de la verdad.
Capitulo
V
Verdad y Poder
VI. I
Verdad y Poder: El círculo perpetuo
Alejarse de las historias de las grandes cumbres es para Foucault descubrir que
existen lagunas no cubiertas por los estudios históricos. Este es el trabajo
que intenta desarrollar con el propósito de remover y hacer historia de lo
impensado, de aquello que pese a no ser considerado importante constituye
nuestra historia.
Su esfuerzo se dirige a desocultar la manera en que han ido configurándose los
discursos, mostrándose en su imbricación con las instituciones, y en la
construcción de nuestra propia historia, haciendo visibles las conexiones
estratégicas que se plantean entre ellos.
Las investigaciones que ha llevado adelante pretenden demostrar la disparidad
presente en la historia de ciertas ciencias, los quiebres y rupturas que en
ellas se presentan, con el objeto, no de evidenciar el hecho de que vivimos
inmersos en la discontinuidad, sino por el contrario con la finalidad de
descubrir modificaciones profundas que se dan en las reglas de formación de los
enunciados considerados como verdaderos.
Hablamos aquí entonces de cambios de régimen, de reglas, de política que hacen
que en un determinado momento ciertos enunciados sean aceptados científicamente
y por ende puedan verificarse.
Es decir, que enunciados que antes no eran considerados científicos en un
determinado momento y gracias a un cambio de régimen comienzan a ser considerados
como tales.
Las preguntas a las que abren las investigaciones de Foucault, se dirigen a
analizar los efectos de poder que poseen estos enunciados, el régimen de poder
que se plantea entre ellos, y el porqué de los cambios producidos en el régimen
enunciativo.
Estas preguntas orientan su trabajo a la consideración en mayor detalle del
fenómeno del poder que hasta entonces no revestía demasiada importancia para su
análisis.
Obviamente, un filósofo tan controvertido como Foucault, dedicado a múltiples
investigaciones dispersas y sin una aparente conexión, a despertado en muchos
de sus lectores y estudiosos la necesidad de enmarcar su trabajo dentro de
alguna corriente filosófica. Sin embargo, Foucault desorienta realizando arduas
críticas a estas corrientes a las que se lo ha incorporado. Así es como se
declara anti-estructuralista, y muestra su clara oposición a la dialéctica y a
los análisis de tipo semiológico o lingüístico.
De todos modos no puede negarse como filósofo en cuanto el problema que atraviesa
toda su obra es el problema de la verdad.
Con respecto al estructuralismo, afirma este autor, que dado que este ha tenido
como objeto el evacuar por todos los medios posibles el concepto de suceso,
sostiene: "No veo quien pueda ser más anti-estructuralista que
yo" (M P, 179).
No es que su propuesta se refiera a valerse sólo del suceso y ponerlo todo
en este plano, sino por el contrario lo que debe realizarse, según su criterio,
es una estratificación de los sucesos puesto que no son todos iguales, como así
tampoco poseen la misma importancia, y además es fundamental para él observar
como estrechan relaciones entre ellos.
Por esto recurre a la necesidad de un análisis genealógico, que pueda
reconstruir la relación entre los sucesos en función de relaciones de fuerza,
tácticas y estrategias.
Con respecto a los análisis que se basan en el estudio de la lengua y de los
signos afirma: "La historicidad que nos arrastra y nos determina es
belicosa; no es habladora. Relación de poder, no relación de sentido". (M
P, 179)
Según su concepción de la historia, el único modo de hacerla inteligible, es
partir del estudio de las luchas y combates, de las tácticas y estrategias. De
ningún modo concibe que un análisis basado en lo apacible del diálogo y el
lenguaje podría dar cuenta de ellas.
En cuanto a la dialéctica, afirma este autor, que el esquema hegeliano tal como
ha sido planteado hasta ahora provoca una reducción de la realidad, por ello
los análisis que parten de ella no son según su criterio del todo adecuados.
Dominique Lecourt considera que tal vez el error esté en la manera en que
Foucault concibe a la dialéctica, y por esto cuestiona su postura diciendo: "Tal
vez el verdadero problema consista en averiguar si lo pobre no es la concepción
de la contradicción que se ha creado Foucault..." 1. Tal vez esta
superación, sostiene dicha autora, podría darse si se liberara a la dialéctica
de las constricciones idealistas que la llevan a un reduccionismo y pudiera
desarrollársela desde una postura filosófica materialista. Obviamente la
crítica foucaultiana, no sólo se dirige a la dialéctica concebida en términos
idealistas, sino también materialistas, por esto este cuestionamiento de
Lecourt no puede ser reconocido como una legítima defensa de la postura materialista
en cuanto no fundamenta el porqué de su consideración de la dialéctica
materialista como una dialéctica no reduccionista.
En lo que concierne a la cuestión del poder, Foucault no se considera el
primero en haberla planteado, sin embargo sostiene la existencia de cierta
dificultad para llevar a cabo un análisis acerca de este tema. Esta
imposibilidad estaba relacionada sobre todo con el momento histórico previo al
año 1968.
Antes de esta fecha, los análisis sobre el poder realizados, provenían
de dos ámbitos diferentes y claramente opositores: existían interpretaciones
provenientes de grupos 'de derecha' que basaban su análisis en el tema de la
soberanía, y por otro lado, grupos 'de izquierda' que analizaban al poder sólo
en términos de aparato de Estado. Ambos análisis impedían, según este autor,
una real y verdadera comprensión del fenómeno del poder en cuanto a su mecánica
y funcionamiento.
Sólo a partir de 1968, es que pudo desarrollarse un análisis más concreto "...
a partir de luchas cotidianas y realizadas por la base con aquellos que tenían
que enfrentarse con los eslabones más finos de la red del poder" (M
P, 180).
Desde entonces es que se comprendió la necesidad de replantearse la pregunta
por el poder, y sobre todo por su ejercicio a niveles más ínfimos y concretos.
Uno de los obstáculos que se presentaron a esta tarea, es la gran influencia
ejercida por la fenomenología y el marxismo.
La fenomenología, genera análisis basados en la existencia de un sujeto
constituyente, y justamente lo que Foucault pretende llevar adelante es una
investigación que no parta de este sujeto constituyente, sino por el contrario
de los sucesos a partir de los cuales el propio sujeto se ha constituido.
Y esto es para él la genealogía: "...una forma de historia que da
cuenta de la constitución de los saberes, de los discursos, de los dominios de
objeto, etc., sin tener que referirse a un sujeto que sea trascendente en
relación al campo de los acontecimientos o que corre en su identidad vacía, a
través de la historia" (M P, 181).
Sería como un contar la historia al revés, no como estamos acostumbrados en su
continuidad inagotable producida paso a paso por los sujetos y sus voluntades,
sino por el contrario, partiendo de los sucesos y acontecimientos distintos inscriptos
en la discontinuidad a partir de la cual y en función de discursos, saberes,
poderes, etc. se han ido constituyendo los sujetos como resultado de múltiples
inscripciones.
Por otro lado, el marxismo, promueve análisis basados sobre todo en la estructura
económica, y la noción de ideología como falsa conciencia. En cuanto a ello,
Foucault se opone a una interpretación puramente economicista. Y, con respecto
a la noción de ideología basada en la definición antes expuesta, afirma que la
misma como tal se opondría a algo considerado como verdadero. Es decir, si
existe falsa conciencia, será porque se piensa en la posibilidad de una
conciencia verdadera y no alienada.
En referencia a esto debemos decir que, en primer lugar para dicho
autor, los discursos no son ni verdaderos ni falsos, aunque si pueden ser
generadores de efectos de verdad.
En segundo lugar, no existe para él la categoría de sujeto. En consecuencia, no
acepta los análisis que se refieren al sujeto como esa instancia que ocupa un
lugar secundario frente a la estructura económica de la sociedad.
Otra de las nociones que rechaza a la hora de intentar realizar un análisis
sobre el poder, es la noción de represión, en cuanto esta sólo daría cuenta del
mismo como algo negativo, el poder es para este filósofo mucho más que eso, en
cuanto posee una capacidad productiva que escapa a dicha noción, como ya hemos
expuesto con anterioridad.
El poder no es sólo esa instancia privilegiada por los análisis jurídicos que
dice no, que prohíbe, que niega, que reprime, por el contrario: "Lo
que hace que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa como
una fuerza que dice no, sino que de hecho la atraviesa, produce cosas, induce
placer, forma saber, produce discursos ..." (M P, 182). El poder
conforma así toda una red productiva a partir de la cual funciona atravesando
todo el cuerpo social.
El poder plantea las reglas de producción de la verdad, de formación de los
discursos, incentiva la producción y el consumo, incluso genera toda una estética
del cuerpo bello, bronceado, etc. Por todo esto es que se le soporta, porque no
solo se presenta como una instancia negativa de prohibición sino de producción,
creación y desarrollo.
Habermas plantea respecto a la noción de poder generada por Foucault, la
existencia de aporías frente a las que esta noción no puede escapar.
En primer lugar, Habermas niega la posibilidad de una superación de la
filosofía del sujeto a partir de este planteo, ya que Foucault reniega de
cualquier intento que se remita a la búsqueda del origen y por esto no puede
efectuar esta superación basándose en una crítica a la metafísica en términos
heideggerianos.
En segundo lugar, se vuelve problemática también la cercanía a al
estructuralismo que denota el planteo de este autor. Por ello Habermas lo
critica diciendo que una superación estructuralista del pensamiento
antropocéntrico no es posible en cuanto ha sido justamente el estructuralismo
quien "...había proporcionado el modelo para la descripción del
representacionalismo semiótico que caracteriza a la episteme clásica" 2.
El representacionalismo de la época clásica fue posible gracias al modelo
brindado por el estructuralismo, por ende no podría pensarse que el mismo puede
utilizarse para superar el pensamiento antropocéntrico que él mismo ha
posibilitado.
En tercer lugar, Habermas se refiere al problema que enfrenta la obra de
Foucault al realizar una crítica rigurosa de las ciencias humanas basándose
sólo en el análisis de tipo arqueológico. Estas dificultades quedan superadas a
través de la incorporación de la noción de poder , y de la subordinación a la
que somete a la arqueología frente a la genealogía.
De este modo, "...puede dejar tras de sí la filosofía del sujeto
sin apoyarse en modelos estructuralistas o en el modelo de la historia del
ser..." 3. Pero esto es posible en la medida en que extrae la voluntad
de saber del contexto de historia de la metafísica y la reduce a la categoría
de poder.
Cada época representará una voluntad de verdad diferente, y esta voluntad a su
vez será indiferenciada respecto de la voluntad de poder.
El problema, sostiene Habermas es que "Foucault no puede hacer
desaparecer en un concepto de poder tomado a su vez de la filosofía del sujeto
todas aquellas aporías de que acusa a la filosofía del sujeto" 4.
Hemos visto entonces, como Habermas realiza una crítica a la tesis
foucaultiana de poder, así como a la historiografía genealógica.
Reducirlo todo al ámbito discursivo, es un primer reduccionismo que Foucault
intenta superar basándose en la categoría de poder, la que por otro lado, no lo
ayuda a superar la filosofía del sujeto, como él pretende, por el hecho de que
es un concepto extraído de ella. Por otro lado, para Habermas tampoco puede
realizar esto apoyándose ni en una crítica a la metafísica, ni a partir de una
cercanía al estructuralismo, por los motivos que ya hemos analizado.
Continuando con el desarrollo del trabajo, es importante mencionar que el tema
principal al que Foucault dedica su investigación es al de la relación entre el
poder y la producción de la verdad.
La verdad para este autor, no está fuera del poder, ni sin poder, está por el
contrario íntimamente relacionada con él en cuanto el poder mismo no podría
funcionar sin la producción constante de la verdad, del mismo modo en que no
existe verdad sin un poder que la promueva.
Por esto todo análisis que se realice en éstos términos quedará preso del
relativismo en cuanto la verdad dependerá exclusivamente del contexto del que
estemos hablando .
La verdad es producida y conlleva efectos de poder bien específicos. Cada
sociedad tiene, según el criterio de dicho autor, su propio régimen de verdad.
Con esto nos estamos refiriendo a la manera en que se aceptan ciertos discursos
y se los hace funcionar como verdaderos, mientras que otros son dejados de
lado. Foucault considera que existen mecanismos que se encargan de distinguir
lo verdadero de lo falso mediante ciertos procedimientos que por supuesto
excluyen a otros.
En nuestras sociedades, para este autor, existen cinco rasgos que caracterizan
históricamente a la economía política de la verdad, y ellos son:
> La verdad está centrada en el discurso científico y las instituciones que
lo producen.
> La verdad está sometida a una constante incitación económica y política.
> Es objeto de una inmensa difusión y consumo.
> Es producida bajo el control no exclusivo pero sí dominante de
algunos grandes aparatos políticos o económicos.
> Es el núcleo de todo un debate político y de un enfrentamiento social
(Luchas ideológicas).
En definitiva, lo que consideramos como verdadero en nuestras sociedades es lo
que enuncia el discurso científico. La verdad es lo que dice la ciencia. Por
otro lado, estos discursos científicos son producidos por las instituciones
Tanto el poder político como económico necesitan de ésa verdad para funcionar,
por ello la incitan constantemente.
Esta verdad producida circula por aparatos de educación, de producción,
etc., y de este modo no sólo se difunde, sino que además es consumida por la
sociedad.
Esta verdad es producida y difundida de manera dominante por ciertos aparatos
políticos o económicos. En función de ella se plantea un gran debate político e
incluso hasta un enfrentamiento social.
La verdad es para este filósofo "...el conjunto de reglas según las
cuales se discrimina lo verdadero de lo falso y se ligan a lo verdadero efectos
políticos de poder ..." (M P, 188). De este modo vemos como se da
claramente una articulación perpetua entre el poder y la verdad.
Según Foucault, "... ejercer el poder crea objetos de saber, los hace
emerger..." (M P, 99) es decir, en su propio funcionamiento promueve
la objetivación y aparición de objetos, abre campos, y con ellos nuevos
espacios de intervención. Un ejemplo claro de ello es la aparición del hombre
como objeto de estudio, y el desarrollo progresivo de las ciencias humanas en
la medida en que existe toda una nueva necesidad por parte del poder de volver
manejables las masas humanas, haciendo del hombre un ser al que se puede
encerrar, manipular, transformar extrayendo de él la mayor cantidad de fuerzas
posibles para ponerlas al servicio del aparato productivo.
Por otro lado "el saber conlleva efectos de poder", en la medida en
que lo que se descubre surge a partir de una investigación generada por el
poder, y brinda a este mayores elementos para reestructurarse y generar un
mayor dominio y control en donde opera. De este modo se cierra el círculo: el
poder genera objetos de saber, el saber brinda elementos que permiten al poder
perfeccionar su ejercicio.
Volviendo al ejemplo anterior, el hombre se vuelve objeto científico, pero el
saber que de ello se extrae posibilita al poder un mayor control sobre el
hombre mismo.
El combate, del que hablábamos con anterioridad, no se establece por la verdad
en sí misma, sino por los efectos de poder que esta verdad posee a nivel
social.
En este sentido, se evidencia que el régimen de verdad está ligado a los
sistemas de poder que lo producen y mantienen, y a su vez se encuentra unida a
los efectos de poder que induce.
Estamos hablando de tres elementos que se articulan: el poder, la verdad y
el saber. Dijimos con anterioridad que el poder genera un determinado régimen
de verdad, esto es las reglas que permiten diferenciar lo verdadero de lo
falso, dijimos también que en nuestras sociedades sólo se considera como
verdadero lo que posee un estatuto científico, es decir que el saber
considerado verdadero, según el régimen de verdad establecido en nuestras
sociedades occidentales, es el saber científico, el cual termina por ser un
efecto no sólo del poder, sino del régimen de verdad que este ha engendrado, y
como tal el elemento que permite al poder ejercerse y expandirse por toda la
sociedad.
Este régimen de verdad ha sido según Foucault condición necesaria para el
desarrollo del sistema capitalista. Y pese a su aparente omnipotencia, hay una
figura clave capaz intervenir y oponerse al poder generando una
contra-hegemonía, este es el intelectual especifico, aquel que ocupando un
lugar desde el que se combate por la verdad, se enfrenta ante el problema
crucial de saber "... si es posible constituir una nueva política de
la verdad" ( M P, 189).
V.II: La lucha por el poder y el rol de los intelectuales
Examinaremos ahora la concepción de Foucault con respecto al rol que según su
criterio deben cumplir los intelectuales en estos arduos combates que se
desarrollan con relación a la cuestión de la verdad. En su libro, Microfísica
del poder, dedica un capítulo entero a este tema, por lo que debemos
considerarlo un tema importante dentro de sus investigaciones acerca del poder
y su relación con la verdad.
Es relevante en este punto tener en cuenta su oposición frente a los
planteos que reivindican el papel del intelectual como aquel capaz de generar
conciencia a partir de sus discursos. Este autor, rechaza aquella concepción
que da al intelectual el lugar desde donde ha de ser revelada la verdad. Y por
el contrario afirma, que el hecho de que si la ideología burguesa se ha
extendido, ha sido gracias a la intervención de los intelectuales que han
promovido siempre estos intereses en detrimento de los intereses populares.
Sostiene Foucault que durante años se mantuvo vigente la creencia de que las
masas necesitaban de los intelectuales para saber, y lo que se ha descubierto
últimamente, afirma, es "... que las masas no tienen necesidad de
ellos para saber; saben claramente, perfectamente mucho mejor que
ellos..." (M P, 79) en cuanto han sufrido en su propio cuerpo los
daños impuestos por el poder.
En este sentido Foucault revaloriza el saber popular, el saber de las luchas
generadas por lo bajo, que por otro lado, nunca han sido retomadas por el saber
académico. De este modo denuncia la existencia de un poder que coarta este
saber: "...existe un sistema de poder que obstaculiza, que prohíbe,
que invalida ese discurso y ese saber". "Poder que no está solo en
las instancias superiores de la censura, sino que se hunde (...) más sutilmente
en toda la masa de la sociedad" (M P, 79).
El saber académico, se vuelve entonces un saber conformista que acuerda
completamente con el statu quo, y que excluye de sí mismo y a través de la
represión y exclusión todo lo que tenga relación con el saber popular.
Por otro lado, existen diversos filtros que impiden el ingreso de todos los
ciudadanos a estos circuitos del saber academicista, esto es así en cuanto el
acceso es restringido, por un lado, y por el otro las mismas normas que entran
a jugar en este campo van excluyendo a los que no cumplen con las pautas
establecidas. De este modo se establece lo que este autor denomina
"circuitos reservados del saber".
En el ámbito de las academias no existen prácticamente revalorizaciones que
tengan que ver con las movilizaciones populares, en cuanto estas no son
consideradas como luchas por el poder, sino como reclamos aislados que tienen
sólo como objetivo reivindicaciones menores.
Así es como la lucha por el poder se oculta, y el saber de los obreros y del
pueblo es expropiado, su saber técnico es confiscado por la división del
trabajo, y su saber político queda fuera de lo los circuitos del saber, para
que de este modo nada cambie y todo permanezca tal cual está.
Pareciera que una de las estrategias utilizadas por la burguesa ha sido
provocar el olvido de las luchas populares y la conciencia que de ellas se
genera a través de un sistema de poder que prohíbe el discurso de quienes se
enfrentan al poder de manera más próxima, para evitar el descubrimiento de esta
otra verdad oculta y silenciada pero dispuesta a adueñarse del mundo de las
palabras, dado que la resistencia ha de plantearse, poniendo en discurso la
palabra de quien se mantiene silenciado, y generando prácticas a partir de
ella. Un ejemplo de ello es el G.I.P., Grupo de Información de las Prisiones,
del que Foucault participó.
Lamentablemente, según la concepción foucaultiana, muchos intelectuales han
sostenido esta censura frente al loco, al preso, al alumno, al obrero, al
creerse poseedores de una verdad a la que los demás jamás podrían acceder.
Por esto, dicho autor sostiene que el papel del intelectual no debe ser el de
representar la verdad que para otros esta vedada, sino ante todo luchar contra
el poder allí donde él mismo es objeto e instrumento, en el plano del saber, la
verdad y el discurso.
En otras palabras, ejercer la crítica y el análisis para no convertirse en
un reproductor de las relaciones de poder.
El intelectual del que nos habla Foucault recuerda quizás al intelectual
orgánico del que hablaba Gramsci 6 en cuanto su rol se juega en las instituciones
del sistema capitalista, pero justamente para generar una contra-hegemonía y
evitar la expansión de dicho poder.
Es decir, es quien ha de promover una instancia de contra-poder, de inversión
del poder que desde la institución misma revierte el ejercicio y el modo en que
este poder ha sido ejercido.
Sin embargo para Foucault, este cambio debe dirigirse a la institución
misma y transformarla en cuanto como tal es reproductora de la moral y la
ideología burguesa, hablamos entonces de la muerte del intelectual universal,
de aquel que dice su verdad en nombre de todos, y en cambio la reivindicación
del papel que juegan hoy los especialistas, aquellos intelectuales que ocupan
un lugar especifico implicado en un combate, en una lucha por la verdad, que si
bien es sectorial produce efectos a nivel general del régimen de verdad
existente.
Por esto el lugar político clave, no lo ocuparán ya los sabios ni los
escritores geniales, sino "... aquel que posee con algunos otros,
estando al servicio del estado o contra él, poderes que pueden favorecer o
matar definitivamente la vida" (M P, 186).
La vida pasa a ser de este modo el valor más importante a defender mediante la
toma de posturas y de prácticas que se dirijan a este fin.
El intelectual especifico, como Foucault lo denomina, es quien al estar en
contacto con las luchas locales y regionales donde el poder se muestra ha
adquirido un gran conocimiento acerca de cómo el poder opera, y tiene la
posibilidad de generar un discurso de verdad específico que puede convertirse
en un peligro político para el sistema de poder establecido.
En este sentido, podemos decir que la verdad que presenta el intelectual
específico pasa a ser una verdad cuestionadora no sólo del estado de cosas
existente, sino del poder mismo en su ejercicio, y de este modo, interviene
como obstaculizadora de ése poder en las luchas políticas a las que este se
enfrenta.
Respecto a este tema, debemos mencionar el rol que en este contexto Foucault le
atribuye al filósofo, para él la principal tarea que la actualidad demanda a la
filosofía es interrogar nuestro presente, analizarlo y poder vislumbrar de este
modo el campo de experiencias posibles.
El filósofo no será entonces quien marque el camino pronunciando la verdad
desconocida para los otros, sino que ha de ser quien brinde elementos que nos
permitan ampliar nuestro conocimiento del presente, reconocer en mayor medida
que la sociedad actual es fruto de una larga historia, y por sobre todo ha de
ser quien ejerza una crítica destinada a pensar cuales son hoy las prácticas
posibles de ser llevadas a cabo para oponer la experiencia a los sistemas de
hegemonía establecidos.
En conclusión, podemos decir en base a lo expuesto en este capítulo que para
este autor, el problema político esencial es la producción de la verdad. Ahora
la pregunta que aparece es la siguiente: ¿es posible producir una verdad que no
esté relacionada con el poder?. Para Foucault, obviamente esto es algo
imposible, " ya que la verdad es ella misma poder".
Por tanto el planteo no se refiere a esta posibilidad de separar a la verdad
del poder en cuanto ambos funcionan produciéndose mutuamente, sino a "...
separar el poder de la verdad de las formas de hegemonía (sociales, económicas,
culturales)..." (M P, 189). Si bien este concepto de hegemonía no ha
quedado debidamente definido en la obra de este filósofo, podríamos interpretar
esta frase diciendo que el problema central en la lucha por el poder y la
verdad, es ver de qué modo es posible producir un poder de verdad externo al
circuito de verdad establecido, una verdad que pueda de este modo ejercer su
poder no a favor del sistema de poder dominante presente en las escuelas, los
bancos, los hospitales, y el resto de las instituciones, sino que actúe como un
poder que se oponga a todo ello y genere redes de resistencia a partir de las
cuales nuevos regímenes de verdad sean posibles.
Capitulo
VI
La
resistencia al poder
VI.
I: El poder de resistir
Sabemos, sobre la base de lo expuesto en capítulos anteriores, que a partir del
siglo XVIII comienzan a extenderse por toda la sociedad las disciplinas, las
que empiezan a incluirse dentro de aparatos de producción, educación, etc.
conformando los llamados dispositivos disciplinarios.
Estos dispositivos son mecanismos a través de los cuales se implementan las
disciplinas y se busca extraer de ellos cierto provecho sobre todo en lo que
respecta a la transformación de los individuos y su formación como elementos
útiles a la maquinaria.
Sin embargo, al conjunto de estos sujetos sometidos, Foucault les niega la
denominación de plebe, dado que para él 'la plebe' como tal no existe, y no
existe como ese fondo sobre el que han de aplicarse todos los sometimientos.
No podemos hablar entonces del pueblo y sus enemigos, sino de múltiples
relaciones de fuerza que se expanden por toda la sociedad y que generan una
tensión permanente. Equivale esto ha hablar de oponentes que se presentan en
cada punto donde una relación de poder se establece.
Por esto no hablamos sólo de una oposición de clases sociales, el proletariado
y la burguesía, tal como plantearía el marxismo, sino de oposiciones diversas
que se plantean en diferentes ámbitos.
En referencia a ello, Lecourt sustenta que, Foucault analiza al poder como si
fuese una instancia abstracta por ello asevera: "...el poder despojado
de todo carácter de clase, aparece como una sustancia metafísica, buena para
todos los usos..." 1.
Al respecto, es notable observar los artilugios que Foucault utiliza, para
evitar por todos los medios posibles dar el nombre de dominación de clase a
ésta sujeción de la que habla en sus trabajos. Esto es así dado que este sería
uno de los puntos en los cuales su trabajo intenta evitar un análisis planteado
en términos marxistas.
Respecto a ello, Bob Fine considera que: "la concepción sobrenatural
del poder de Foucault lo lleva a olvidarse de que las disciplinas son impuestas
sobre sujetos cuya conexión con la naturaleza está mediada por relaciones de
producción históricas y sociales" 2. Existe cierta tendencia en
Foucault a no reconocer estas relaciones de producción, y dejarlas a un lado
frente a ésa instancia omnipresente, la voluntad de poder / saber.
Foucault reconoce, por otro lado, que en cada punto donde el poder se ejerce,
hay un oponente que resiste, que enfrenta la acción del otro, que intenta
modificar la relación de fuerzas establecida.
Y ése algo presente en los individuos, en el cuerpo social, en las clases, en
los grupos a modo de resistencia "... es el movimiento centrífugo, la
energía inversa, lo no apresable" (M P, 167). Aquello que persiste y
enfrenta al poder sin que este logre capturarlo.
Entonces, si bien estamos hablando de que la plebe como tal no existe para
dicho filósofo, sin embargo ha de existir ese algo que permite deshacerse de la
intervención del poder mediante su oposición. Por lo tanto, hay de igual modo
algo de 'plebe' en los individuos, y esto no es más que esa fuerza que responde
y choca con el poder, lo que a su vez "... no es tanto lo exterior en
relación a las relaciones de poder, cuanto su límite, su anverso, su
contragolpe..." (M P, 167). El poder se ejerce con la resistencia
como límite a su intervención.
Con respecto a ello Habermas sostiene que: "Todo contrapoder se mueve
ya en el horizonte del poder al que combate, y en cuanto se alza con la
victoria se transforma en un complejo de poder que provoca otro contra-poder "3.
Habermas afirma de este modo el hecho de que en el planteo de Foucault todo
contra-poder al lograr la victoria se transforma en un poder, es decir en una
instancia de dominación que a su vez generará su propia resistencia.
Evidentemente esto es así, ya que Foucault ha mencionado su cercanía al planteo
Nietzscheano, y es justamente en uno de los capítulos de su libro Microfísica
del poder donde sostiene que la historia 'progresa' de dominación en
dominación, siendo lo que se pone siempre en juego las reglas, en cuanto a
partir de ellas se establece cada régimen de verdad.
De todos modos y continuando con lo planteado por este autor,
intentemos Imaginar a cada uno de estos puntos en donde se ejerce la relación
de poder como a un lugar de disputa, en donde se presentan dos oponentes, y en
cuyo lugar la tensión es constante, puesto que ambos luchan por obtener la
victoria. Por momentos la obtiene uno, por momentos el otro, pero mientras
ambos estén presentes la lucha como tal ha de continuar.
Por ello es que afirma en su libro Microfísica del poder el hecho de
que han existido históricamente dos modos de comprender el ejercicio del poder,
uno en términos jurídicos, como ya hemos señalado, y otro en términos de
relación de fuerzas, en este último, ubica a Nietzsche, a Marx, e inclusive a
su propio planteo.
En su concepción de estas relaciones de poder, el movimiento de cada uno de los
adversarios tiene como efecto el movimiento del otro. Por esto siempre está
presente la posibilidad de la resistencia y de invertir radicalmente la
relación de fuerzas. De este modo la resistencia de uno es el límite impuesto
al poder del otro y viceversa.
Esta es la noción que defiende Foucault respecto a las relaciones de poder. En
la oposición, en la tensión, en la lucha, se ejerce el poder, pero también la
resistencia, el límite, lo que es capaz de escaparle al sometimiento.
A modo de un gran juego de ajedrez, cada pieza que se mueve promueve en este
mismo ejercicio el movimiento de una contraria, pero lo importante aquí es ver
cómo van operando estratégicamente para comprender en base a cada pieza, a cada
oposición, la estrategia de conjunto.
Así es como todo nuevo corrimiento de la resistencia, provoca una ampliación de
las redes de poder, y por el contrario, toda nueva a ampliación del poder
genera nuevas formas de resistencia.
Respecto al poder, afirma Foucault: "...que el poder está 'siempre
ahí', que no se está nunca 'fuera', que no hay 'márgenes'..." (M P,
170).
Siempre estamos involucrados en relaciones de poder, ellas siempre están
presentes, lo que no significa, según este autor, el hecho de que estemos
indefectiblemente atrapados.
En función de todo lo dicho, y con la intención de comprender con mayor
amplitud la concepción del poder que posee dicho autor, pasaremos a considerar
las diferentes hipótesis que con respecto al mismo presenta:
> El poder es para Foucault coextensivo al cuerpo social. No hay lugar del
no poder.
> Las relaciones de poder están fuertemente imbricadas con otro tipo de
relaciones.
> Dichas relaciones son multiformes, no tienen un carácter sólo prohibitivo.
> Existe una producción multiforme de relaciones de dominación que pueden
parcialmente ser integradas en estrategias de conjunto.
> Las relaciones de poder pueden ser utilizadas en las estrategias.
> No existen relaciones de poder sin resistencias.
Estas hipótesis nos llevan a pensar que estas relaciones de poder se
extienden por sobre todo el cuerpo social, y que por ende no hay un lugar donde
ellas no estén presentes.
En segundo lugar, nos llevan a considerar que estas relaciones se unen a otras
de diferente tipo, ya sea familiares, de producción, etc.
En tercer lugar, nos hace ver a las relaciones de poder como multiformes, es
decir como capaces de adquirir no sólo la forma de la prohibición, y la
negación, sino también formas positivas que favorezcan la estimulación, la
producción, etc.
En cuarto lugar, y al considerar el hecho de la dominación, debemos tener en
cuenta que si bien esta puede ser global, o adquirir estas características, su
establecimiento sólo pude darse a partir de múltiples dominaciones locales que
han podido ser retomadas y organizadas para conformar estrategias de conjunto, como
habíamos mencionado anteriormente.
En quinto lugar, las relaciones de poder adquieren significación, en la medida
en que pueden ser utilizadas por estrategias globales y representar a escala
general algún tipo de beneficio para el sistema de poder.
Por último, ha de tenerse en cuenta, basándose en el planteo Foucaultiano que
la resistencia al poder está siempre presente allí donde se da una relación de
poder, y que esta resistencia es a su vez como el poder, algo disperso, pero
que sin embargo puede generar estrategias globales de oposición al mismo.
Para Tomas Abraham: "Si bien el poder en Foucault se niega a ser ente
-estado o cualquier forma de poder cristalizada- y no es capacidad en el
sentido de pura capacidad indiferenciada -puro ser indeterminado- el poder es
entendido siempre como poder puntual, un advenir determinado, por eso no cabe
aquí la metafísica" 4.
Esto es planteado por Tomas Abraham a modo de respuesta a aquellos que
sostienen que Foucault plantea al poder como un 'a priori', es decir como una
entidad previa a cualquier experiencia posible 5. Sin embargo el poder, y vemos
aquí la influencia de Kant en el pensamiento de este autor, se vuelve condición
de posibilidad de toda experiencia posible.
El análisis propuesto por Foucault es antes que nada un análisis estratégico
que intenta dar cuenta del campo de batalla, que se propone comprender y hacer
visible, aquello que ha permanecido sin una debida atención por aquellos que se
comprometen en las luchas contra el poder, en este sentido es que investiga la
especificidad de los mecanismos de poder y su desenvolvimiento.
Por esto el desafío que promueve es el de utilizar la teoría como caja de
herramientas, es decir: "... construir una lógica propia a las
relaciones de poder y a las luchas que se establecen alrededor de ellas" (M
P, 173). A partir de luchas locales que se han generado por lo bajo y con el
concurso de quienes están comprometidos con ellas es que debe intentarse la
creación de las resistencias.
De este modo, abandona las teorías globales en cuanto según su criterio se
basan en una incomprensión de la manera en que el poder opera, y por esto no
pueden generar una pertinente oposición al mismo.
Toda teoría es para este autor una práctica "... pero local y regional
(...) no totalizadora" (M P, 79). Su rechazo a las teorías globales
tiene que ver con toda una crítica que comienza a elaborarse en la década del
70' a partir del reconocimiento de las prácticas autoritarias en las que derivó
por un lado el marxismo, y por el otro el fascismo.
Por esto una de las tareas que le impone a su propia obra, es tratar de llevar
a cabo, por un lado el análisis de cómo la racionalidad política se ejerce a
veces en la irracionalidad, y por otro tratando de evitar en sus teorías todo
sesgo de autoritarismo.
La lucha, para este autor, debe darse contra el poder en todos los
lugares donde se ejerce, de manera imperceptible para hacerlo aparecer y
atacarlo. Pero no debe plantearse esta lucha por medio de estrategias globales,
sino locales a partir de las cuales puedan tejerse redes que abarquen el
conjunto.
Por esto hablamos de teorías regionales capaces de ser adaptadas a cada nueva
situación que se presente. Teorías que han de ser el sistema regional de cada
lucha, lucha en que se integrará a todos aquellos que se oponen al poder tal
como hasta ahora ha sido ejercido.
Dominique Lecourt sostiene respecto a este planteo que esta teoría que postula
la Microfísica del poder: "no puede inspirar ningún proceso de
organización de las masas para la lucha, sino tan sólo una estrategia de
pequeñas resistencias que deja de lado, negando su existencia, el nudo
principal de toda lucha política que pretenda transformar las bases de
determinada formación social: el poder del Estado" 6.
De cualquier modo, Foucault lleva a cabo un análisis de la formación
del poder de estado cuando analiza en su libro Tecnologías del yo, el
surgimiento del poder pastoral. Y es en este libro también, donde afirma que el
estado ha sido desde su creación "individualizante" y "autoritario".
En base a esto, es importante revalorizar la propuesta de dicho autor , en
cuanto la misma apunta no a desconocer el poder de estado, sino por el
contrario, se dirige a ampliar este modo de concebir al poder haciéndonos notar
que el poder no se ejerce sólo en este punto, sino que lo que hace fuerte al
poder de estado, es el hecho de que se ejerce a partir de múltiples relaciones.
Foucault propone el llevar a cabo acciones puntuales y locales que
tengan como objetivo el poner en cuestión estas divisiones tan arraigadas en
nuestra sociedad como son la división entre inocentes y culpables, normales y
anormales, etc. Borrar fronteras. Por esto, romper con el ciclo de reproducción
del sistema se emparenta con atacar varias represiones sucesivamente. En este
sentido el proceso es doble, no sólo atacar a las instituciones para provocar
un cambio, sino la ideología que las sostiene, la racionalidad o
'irracionalidad' que las gobierna.
El trabajo es complejo en cuanto no sólo se dirige a transformar la institución
sino la racionalidad que esta sostiene a través de sus prácticas y discursos.
En cada foco de poder deben desarrollarse las luchas en su contra, designando
blancos, denunciando y desocultando aquello que ha permanecido mudo.
Por esto las luchas que se generan a partir de los focos de poder han
de ser discontinuas, dado que se presentan como oposiciones planteadas en el
ámbito local, pero que bien puede vertebrarse con otras luchas para conformar
redes de contra-poder.
"La acción revolucionaria se define por una conmoción simultánea de la
conciencia y de la institución; lo que supone que se a taca a las relaciones de
poder allí donde son el instrumento, la armazón, la armadura" (M P,
40).
Foucault se dirige hacia todos aquellos que han sido objeto de ese
poder que los encasilla, encuadra, e incluso excluye en nombre de la moral y la
normalidad.
En esta lucha pueden integrarse todos aquellos que han sufrido la opresión por
parte del poder. De este modo la lucha no es sólo del proletariado, sino de los
prisioneros, los homosexuales, los niños, los escolares y de todos aquellos que
se comprometan con dicha lucha.
La lucha política necesita para poder desplegarse ser como el poder, ejercerse
en diferentes ámbitos. Por esto Foucault afirma: "...debemos estar
presentes en todos los frentes, universidad, prisiones, psiquiatría, no al
mismo tiempo, sino sucesivamente" (M P, 42).
La propuesta es la renuncia a la utopía, a los discursos globales y a la teoría
que conllevan, oponiendo a éstos la práctica, la experiencia concreta en cuanto
movilizadora de cambios que pueden barrer con la subjetividad que conocemos
hasta ahora.
De nada vale para este autor la creación de instituciones nuevas, sí estas
tienen como sustento la misma ideología de las instituciones que se pretendía
hacer desaparecer.
Pues esto equivaldría a un cambio aparente, pero de ninguna manera a un cambio
real, en cuanto el poder se seguiría ejerciendo del mismo modo.
Para dar un ejemplo con respecto a este planteo, Foucault se refiere a lo sucedido
en la Unión Soviética, donde instituciones que pretendían responder a un
sistema diferente terminaron aplicando en sus prácticas cotidianas la ideología
propia de las instituciones burguesas. Y con ellas comienza nuevamente a operar
este poder disciplinario al cual ya hemos caracterizado anteriormente.
Por esto es importante tener presente que si el poder se ejercita de la manera
en que lo hace en nuestras sociedades es justamente "... para mantener
la explotación capitalista" ( M P, 86). Este sería el objetivo de
todo el sistema de poder, permitir que los dueños del poder lo sigan ejerciendo
en su propio beneficio.
En este sentido la resistencia debe operar en contra de las represiones,
intentando generar teorías y prácticas nuevas que nos permitan la asunción de
nuevas ideas, pensamientos, y por sobre todo la formación de una subjetividad
diferente.
Para este autor, "La sociedad futura se perfila quizás a través de
experiencias como la droga, el sexo, la vida comunitaria, una conciencia
diferente, otro tipo de individualidad" (M P, 43)
Oponerse así a esta voluntad social de conservación que sigue vigente y que
realiza una utilización política del delincuente, del loco, del drogadicto,
para reforzar la represión social y el control, y liberarnos de este modo de la
norma y esa ideología del bien y del mal que no a hecho más que promover una
individualidad normativa y negarnos la posibilidad de toda libertad.
Conclusión
A
modo de conclusión, podemos decir que si bien el estudio de la discontinuidad
que Foucault ha generado, ha recibido amplias críticas por parte de numerosos
estudiosos, por parecer por momentos incoherente, repetitivo, por intentar
superar inconvenientes y problemas que muchas veces escapan a las aspiraciones
con las que este análisis pretende cumplir. No por ello debemos dejar de
considerar el objetivo que ha movilizado y puesto en marcha a todas sus
investigaciones.
En primer lugar, estas periodizaciones inciertas que realiza, tal vez no han
querido ser exactas en cuanto no es la exactitud lo que motiva su trabajo, sino
la generación de efectos de sentido. No importa tanto lo que se ha sido dicho,
los documentos que han sido puestos en juego, sino la capacidad de los mismos
para conjugarse y generar cambios en nuestra manera de pensar acerca de las
cosas, con el objeto de transfigurar el modo en que nos concebimos a nosotros
mismos.
De esta manera, mostrar a los discursos luchando entre sí, captándose unos a
otros, combatiendo con determinadas prácticas pretende por sobre todo hacer
visibles los combates, las relaciones de fuerza que se han establecido
históricamente, y el modo en que la manera de pensar los objetos e incluso las
prácticas mismas se han transformado.
Según Foucault: "Hay que admitir un juego complejo, e inestable donde
el discurso puede, a la vez, ser instrumento y efecto de poder, pero también
obstáculo, tope, punto de resistencia y de partida para una estrategia
opuesta" 1.
En este sentido, el discurso es un poder que se ejerce, que se pone en
juego, y que puede servir al sistema de poder, o bien como instrumento de
resistencia, de contra-poder.
Por otro lado, este análisis nos permite, según Foucault, desenmascarar las
arraigadas relaciones que se han establecido, sobre todo en la época moderna,
entre el saber y el poder. El discurso científico, como discurso del poder no
hace más que afianzar el juego mismo de la dominación, y por esto encuentra su
límite, su anverso en las oposiciones al mismo que surgen de las luchas locales
donde este se ejerce.
La clara oposición de Foucault respecto a la búsqueda del origen y el
fundamento nos introduce en el azar del devenir del cual surge un sujeto
descentrado.
La muerte de Dios de la que hablaba Nietzsche no ha sido más que el primer paso
de esta progresiva muerte del hombre.
Por ello es que el hombre, desde la perspectiva foucaultiana, debe desaparecer
dado que ha surgido como resultado de la implantación cada vez más exhaustiva
del poder disciplinario. Por consiguiente, Foucault afirma que del mismo modo
en que en el siglo XVIII se creó al hombre, y se lo introdujo en el ámbito de
la cientificidad, pronto este hombre tal como hoy lo conocemos podría
desaparecer tal como si fuese un rastro en la arena.
La concepción Foucaultiana de la historia en términos de luchas, de relaciones
de fuerza, al ser considerada como un producto del azar, pierde en este sentido
la consideración de las relaciones de producción que se establecen en cada
sociedad, y que en última instancia se vuelven determinantes de las formas de
dominación que en dicha formación social se instituyen.
Por otro lado, es importante considerar las críticas de Habermas a la
historiografía genealógica, dado que cierto es que pese a su negativa, Foucault
termina siendo el sujeto de conciencia que pretende generar interpretaciones
que no pueden escapar de su propia situación hermenéutica. Aunque Foucault lo
niegue, siempre es Foucault el que interpreta, más allá de los
condicionamientos provenientes de los regímenes de verdad que él atribuye a
cada época.
También es verdadera la crítica Habermasiana que tilda a la genealogía por su
carácter relativista, dado que la misma, no sólo responde a esta
caracterización, puesto que cada época construye su propio régimen de verdad,
sino además se hace contradictoria en cuanto genera una crítica despiadada que
no puede sostenerse en ningún fundamento valorativo.
No obstante, su utilización es pertinente para realizar análisis que nos
permitan vislumbrar otros esquemas e implantaciones, nuevos mapas, que sirvan a
nuestras prácticas diarias y a una mayor comprensión de nuestro presente.
Le ha faltado, sin embargo, a este autor arriesgarse a dar motivos que
sustenten sus críticas y fundamenten el porqué de la necesidad de la
resistencia.
De cualquier manera, esta falta de propuesta, esta carencia a la hora de
argumentar sobre el porqué de la resistencia, tiene más que ver con una opción
ética antes que metodológica, en cuanto para él todo programa, toda
prescripción a la práctica lleva al autoritarismo, a la dominación. Respecto a
esto sostiene: "Mi posición es que no tenemos que proponer. Desde el
momento en que se propone, se propone un vocabulario, una ideología, que no
puede tener sino efectos de dominación." 2
Sus análisis de las diferentes tecnologías políticas, lo llevan a considerar
los distintos modos en que el poder ha operado en diferentes épocas. De este
modo, partiendo desde la época clásica, en la que la monarquía absoluta alcanza
su apogeo, analiza las transformaciones que se suceden hasta la formación de
los estados modernos.
Comienza examinando así al poder soberano del rey, el cual operaba según
Foucault, de un modo riguroso y prohibitivo a partir del derecho que poseía el
monarca sobre la vida de los otros.
Este poder se ejercía a partir de la captación de hombres, cosas, impuestos,
etc. y necesitaba del cadalso y la implantación de suplicios. La sangre debía
derramarse a modo de espectáculo, mostrando de modo excesivo la fuerza del rey
y su poder contra los enemigos.
Sin embargo, a partir del siglo XVIII, cambios diversos comienzan a gestarse,
no sólo en el ámbito de las teorías jurídicas, sino en el rechazo progresivo
que comienza a sentir el pueblo frente al espectáculo punitivo. También por
esta época el poder comienza a adquirir nuevas formas.
Muestra Foucault entonces como poco a poco un nuevo tipo de poder comienza a
operar. La diferencia entre el poder monárquico y este nuevo tipo de poder es
que este último, lejos de ser prohibitivo es un poder austero pero incisivo,
que atraviesa niveles, y tiene la característica de ser generador, productivo,
del mismo modo que capaz de expandirse por diversos ámbitos para luego
configurar estrategias de conjunto.
Este nuevo tipo de poder ya no habrá de valerse de la muerte, sino que por el
contrario será un poder que se hace cargo de los cuerpos, y que lejos de ser
restrictivo, promueve la creación, multiplicación y ordenación de las
multitudes. Así es cómo, "...se pasa en un momento determinado, de un
poder que se ejerce como 'derecho de muerte' a un 'poder sobre la vida'" 3.
Otro es entonces el modo de castigar, así como otros son los delitos.
Los delitos de propiedad son desde ése momento los que mayormente reciben
castigo. Y el castigo, abandona el suplicio para permitir por sobre todo la
suspensión de derechos y la falta de libertad.
Sin embargo, este poder administrador de la vida pronto encontrará un nuevo
modelo punitivo que responde en mayor medida a sus intereses.
Este nuevo modelo, la institución carcelaria, no sólo le permitirá la
ordenación de las multiplicidades, sino también la posibilidad de corregir y
transformar a los individuos, motivo por el cual este modelo se extiende y
utiliza en otras instituciones, la escuela, el ejército, la fábrica, etc.
Surgen entonces las disciplinas, y con ellas la ocupación del cuerpo por parte
del poder (anatomo-política), y por otro lado se va gestando otro tipo de
intervención a partir del descubrimiento del fenómeno de la población. El poder
comienza a operar también de modo global a partir de instrumentos tales como la
estadística, nace por esta época la bio-política.
El giro que se produce aquí, y que lleva a Foucault a completar su método
arqueológico con la creación de la genealogía, si bien es para muchos producto
de un viraje que le permite salirse del cerrado círculo de las discursividades,
para dar cuenta de lo que sucede a nivel de las prácticas. No obstante, es
necesario considerar el hecho de que el ámbito de lo no-discursivo, estuvo
desde un principio presente en su trabajo, aunque quizás no fue en un primer
momento debidamente explicitado.
De todos modos, este tema adquiere cada vez mayor importancia en sus
investigaciones, haciendo cambiar la dirección de las mismas hacia la
problemática del poder.
Vemos entonces cómo su trabajo se refiere a dos ámbitos, por un lado lo
enunciable, lo que ha sido dicho, no importa por quién, sino haciendo
pertenecer esto que se ha dicho a un sistema en el que se conjugan enunciados
diversos con ciertas reglas que permiten su formación; y por otro lado, lo
no-enunciable, lo no-discursivo, las instituciones, las prácticas concretas que
se mueven en el ámbito de lo no decible.
Por supuesto, la relación entre ambos ámbitos es ambigua, tensa, pero nunca
coincidente. Las palabras no son las cosas, las cosas no son lo que las palabras
dicen. Pero sin embargo lo discursivo puede tener efectos a nivel de las
prácticas, tanto como éstas pueden generar cambios en el ámbito discursivo. El
discurso puede generar efectos de poder o de contra-poder, las prácticas
cambios de régimen.
La categoría de poder pasa de este modo a adquirir progresivamente un lugar
preponderante en sus análisis. El estudio del poder que Foucault realiza se
aleja de dos modos de concebirlo generados hasta entonces: la concepción
jurídica que habla del poder en términos de soberanía, de ley y prohibición; y
por otro lado, el marxismo, que se basa en análisis referidos al poder de
estado.
Su oposición a dichos planteos se refieren a las características que le
atribuye al poder. Para Foucault, no existe un lugar del poder, incluso a
llegado a decir que el poder no existe, sino múltiples puntos de poder
dispersos en toda la sociedad, a través de los que se presentan diversos focos
de enfrentamiento.
"El poder es algo que no existe"."El poder, en realidad, son
unas relaciones, un conjunto más o menos coordinado de relaciones" 4.
Por otro lado, el poder, o si se quiere estos múltiples poderes no son
considerados como algo que alguien puede poseer, dado que no estamos hablando
de un bien, ni de un objeto de tipo material con cierta entidad, por tanto
nadie puede detentar su propiedad exclusiva.
Y es en esta red conformada por variadas relaciones donde el poder circula de
un lugar a otro, y en ella además, son constituidos los individuos como efectos
de un poder que funciona atravesándolos y utilizándolos como instrumento.
El poder disciplinario, ha encontrado la manera de desarmar al sujeto,
desarticularlo al punto de convertirlo casi en una máquina al servicio del
sistema de poder.
La comprensión que Foucault elabora sobre el poder intenta volcarse hacia una
perspectiva mucho más compleja que se aleja de las nociones tradicionales que
se han generado respecto al mismo. No se pregunta por el qué del poder, sino
que observa el cómo de su estrategia de funcionamiento.
Además, este autor estudia la articulación que se ha generado entre el poder,
el derecho y la verdad.
El derecho, desde ya, sólo ha servido según este autor, para introducir
contradicciones en el seno de las masas, en cuanto promueve la división de los
proletarios y de la plebe no proletarizada. Así es como expande una moral que
lejos de ser universal conviene por sobre todo a la clase burguesa. Por esto es
que según su criterio no funciona como una simple superestructura dado que ha
calado muy profundo en los individuos y generado divisiones que hasta el día de
hoy se mantienen.
Por otro lado, muestra la correlativa producción del poder por parte de la
verdad, y de la verdad por parte del poder. En esto se basa su amplia crítica
efectuada contra el humanismo, que ha negado siempre esta vinculación. Es
justamente al humanismo al que Foucault responsabiliza por el hecho de que
mientras por un lado nos proponía el progreso y la liberación, en contrapartida
a esto el hombre fue 'progresando' cada vez más hacia su sometimiento como un
individuo disciplinario.
Por esto afirma: "...el humanismo es todo aquello a través de lo cual
se ha obstruido el deseo de poder en occidente..." (M P, 34).
Para este autor ha sido justamente el humanismo el que ha hecho del
individuo un sujeto en los dos sentidos del término, lo ha convertido en
pseudo-soberano y por otro lado, lo ha mantenido unido a determinadas
sujeciones. El sujeto que el humanismo ha creado es en definitiva un esclavo de
Dios, de la verdad, de las leyes y de su destino. Por esto su planteo de llevar
a cabo una destrucción del sujeto, dado que mientras se nos hablaba del sujeto
que había que liberar, más y más el sujeto era sometido a la coacción
disciplinaria.
Por otro lado, para Foucault no existe esa esencia humana que durante
tanto tiempo se ha pretendido encontrar, esa esencia, asegura, nunca se
encontró.
En este sentido, Jeffrey Weeks afirma que, la postura de Foucault no se
opone a los valores humanistas en sí, sino al hecho de que "...éstos
no pueden ser construidos directamente sobre una supuesta esencia humana" 5.
En cuanto a las ciencias humanas, estas han sido para Foucault quienes al hacer
del hombre un objeto de la ciencia, permitieron la entrada del poder en el
dominio de la vida del hombre.
La vida humana en sus mínimos detalles comienza a interesarle a un poder que
ahora se hace efectivo en el cuerpo pero de una manera diferente. El cuerpo en
sus gestos, efectividad y docilidad, muestra en toda su materialidad la
presencia del poder.
Obviamente para ello, en primer lugar fueron necesarias ciertas
transformaciones que tuvieron que ver con una diferente utilización del
espacio, del tiempo, un mayor control, y por último la integración de la
individualidad como pieza útil dentro de una gran maquinaria.
Todas estas nuevas técnicas fueron quienes han dado origen a un cuerpo que
atravesado por el poder, da como resultado una individualidad sometida que
incrementa su utilidad y docilidad en la medida en la que pierde su fuerza
política.
El cuerpo sosegado por el poder da origen a una subjetividad diferente que en
vez de resistir al poder se traiciona así misma para incrementar la dominación
que este y su maquinaria han conformado.
La mirada disciplinaria, pronto se esparce por diferentes ámbitos. La
vigilancia se vuelve continua hasta convertir al individuo en el elemento de su
propio control.
Por otro lado, este poder disciplinario, utiliza a la norma como
parámetro a partir del cual establece distinciones entre los individuos en
términos de lo bueno, o lo malo, así como de lo normal y patológico.
La sociedad normalizada es la sociedad que ha surgido con el triunfo de la
burguesía y que ha utilizado para cumplir con su objetivo de mantener
controlada a la plebe a tres instrumentos claves: la vigilancia, la norma y el
examen, extraña combinación de los dos primeros.
El saber como hemos mencionado, abre campos, y descubre objetos que desde
entonces son captados por el poder y utilizados en su ejercicio.
El saber al objetivar le abre camino a la operatoria del poder. El poder a su
vez en la medida en que se ejercita, necesita de esta producción de saber para,
por un lado fundamentar su ejercicio, y por el otro seguir extendiéndose.
Por esto hablamos de un círculo perpetuo que es necesario romper, no con el
objeto de dividir a la verdad del poder, cosa impensable para Foucault, sino
por el contrario, con el propósito de desvincular al poder-saber de las formas
de hegemonía existentes en nuestra sociedad.
En este sentido, el rol del intelectual es muy importante como un instrumento
de resistencia al poder desde el lugar específico que ocupa, denunciando,
informando, haciendo visibles las estrategias de poder, brindando elementos de
reflexión, volviéndose obstáculo de los efectos de poder que el régimen de
verdad establecido conlleva.
De este modo, y siguiendo el planteo foucaultiano de las relaciones de poder,
la posibilidad de la resistencia siempre está vigente, en cuanto es parte
constitutiva de la relación de poder. No hay relación de poder sin la existencia
de resistencias.
Respecto a ello asevera: "No hay poder sin que haya rechazo o rebelión
en potencia" 6. Por esto y pese a que dicho autor no ha desarrollado
ampliamente este tema, no podemos dejar de reconocer en su planteo cierto
optimismo, pero no un optimismo ingenuo, sino por el contrario el optimismo de
aquel que conoce y comprende la complejidad de las luchas actuales, el
optimismo de quien intenta abrir posibilidades a partir del desarrollo de un
análisis exhaustivo del poder que nos muestra la posibilidad de generar
quiebres dentro de este engorroso sistema.
En este sentido debe ser reconocido su trabajo, como un aporte más a las
teorías que a través del ejercicio de la crítica nos permiten conocer y pensar
nuestro presente, así como también considerarlo una contribución frente a las
posibilidades reales de concretar cambios y transformaciones a partir de
nuestras prácticas políticas.
Pensar la complejidad de la tarea, sabiendo reconocer los errores históricos
que se han cometido en las luchas contra el poder, no es algo propio de un
neo-conservador (dote que muchos le ha atribuido), sino de alguien que con las
ideas intenta transgredir lo conocido con la pretensión de escaparle al
dogmatismo, y a la actitud natural con la que muchas veces nos enfrentamos a
las cosas.
Empezar con la crítica a lo establecido es un primer paso en la inversión del
poder, continuar con la lucha en el ámbito del discurso, del saber y las
prácticas es un segundo paso en donde poco a poco la globalidad del disenso se
va construyendo a partir de experiencias que van adquiriendo formas nuevas. Por
esto la esperanza está puesta en la resistencia, en la denuncia, en la lucha,
dado que: "Es simplemente, en la lucha misma y a través de ella, como
las condiciones positivas se dibujan" 7.
De este modo, a las teorías globalizantes, debe oponerse la dispersión, a la
búsqueda del origen, la parodia de nuestra historia, y al poder mismo las
resistencias locales, las experiencias concretas.
En este sentido es que Foucault denomina a la teoría que ha desarrollado
"una caja de herramientas", dado que el intento es que ella pueda ser
utilizada y sirva como una aproximación que permita su múltiple utilización en
situaciones diversas.
Foucault ha intentado en este sentido, dar instrumentos que permitan al
hombre reconocerse como sujeto fabricado a partir de múltiples imposiciones de
diversa índole, y su trabajo es una clara invitación a traspasar todos los
límites. Su filosofía no prescribe, pero se constituye como un grito, una queja
que clama sobre todo por el cambio y la transfiguración.
La estrategia de dominación que ha sido implementada a partir del siglo XVIII,
no se agota en la oposición de dos clases sociales en cuanto múltiples
elementos, como ser nuestra concepción del mundo, aquello que consideramos
verdadero y falso, así como las prácticas cotidianas que realizamos para con
nosotros y para con los demás pueden estarnos determinando a la conformación de
una individualidad que lejos de responder a nuestra propia autonomía, favorece
por sobre todo al sistema de poder.
Por esto es que el ideal de transformación, (si es que así puede llamárselo),
nos impele de manera precisa no sólo a generar cambios en el ámbito político,
sino también simbólico y en el ámbito de la racionalidad propuesta por el
poder.
Resistir, transformar, revolucionar debe acompañarse de una apropiación
presente también en al ámbito de los discursos, denunciar, informar, nombrar.
Pero esta acción no puede de ningún modo terminar allí sino proseguir en la búsqueda
de nuevas racionalidades que nos permitan realmente construirnos como sujetos
libres de toda sujeción.
Y a este fin apunta la obra de Foucault, ha revolucionar lo que somos, a
revertir las clasificaciones y divisiones impuestas, independizándonos de las
imposiciones e intentando de una buena vez construir una subjetividad liberada
de todo sometimiento y toda disciplina. Ya lo había dicho Marx algunos años
atrás: "Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, pero de
lo que se trata ahora es de transformarlo" 8.
Bibliografía
A) Bibliografía Básica:
FOUCAULT,
M. Microfísica
del poder, Madrid, La piqueta, 1979.
FOUCAULT, M. Vigilar y Castigar, Buenos Aires, Siglo XXI editores,
1989.
B) Bibliografía Secundaria:
FOUCAULT, M. La Historia de la Sexualidad, Volumen I: La voluntad de
Saber, México, Siglo XXI editores, 1999.
FOUCAULT, M. Tecnologías del yo, Barcelona, Paidós, 1990.
FOUCAULT, M. Un diálogo sobre el poder, Madrid, Alianza Materiales, 2000.
FOUCAULT, M. Saber y Verdad, Madrid, La piqueta, 1985.
C) Bibliografía General:
AAVV , Foucault y la ética, Buenos Aires, Biblos, 1988.
HABERMAS, J. , El discurso filosófico de la modernidad, España, Taurus, 1989.
DELEUZE, G. , Foucault, México, Paidós, 1991.
AAVV , Foucault, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988.
ABRAHAM, T ., Vidas Filosóficas, Buenos Aires, EUDEBA, 1999.
AAVV , Disparen sobre Foucault, Buenos Aires, El cielo por asalto, 1993
AAVV , Semiotécnicas de los castigos corporales : algunas singularidades en
Argentina durante los últimos 20 años, Facultad de Ciencia Política y
Relaciones Internacionales, Escuela de Comunicación Social, U.N.R.,
Argentina.
Citas
Bibliográficas:
1 FOUCAULT, M. Microfisica del poder, Madrid, La Piqueta, 1979, p. 10. (En adelante M P, Página)
2 DELEUZE, G. Foucault, México, Paidós, 1991, Pág. 57
3 HABERMAS, J. El discurso filosófico de la modernidad, España, Taurus, 1989, Pág. 291
4 HABERMAS, J. , Op. Cit., Pág. 330
5 DELEUZE, G ., Foucault, Paidós, México, 1991, Pág. 95
6 DELEUZE, G . Op. Cit., Pág. 88
1 FOUCAULT, M . Vigilar y Castigar, Buenos Aires, Siglo XXI, 1989, Pág. 33 (En adelante V C, Página)
2 GERMAIN, M ., y otros. Semiotécnicas de los castigos corporales: Algunas singuaridades en Argentina durante los últimos 20 años, Rosario, Facultad de Ciencias de la Comunicación Social-Universidad Nacional de Rosario, 1998, Pág. 1
3 GERMAIN, M ., y otros. Op. Cit., Pág. 1
4 HABERMAS, J. Op. Cit., Pág. 346
5 HABERMAS, J. Op.cit., Pág. 346
6 LECOURT, D. ¿Microfísica del poder o Metafísica?. En Disparen sobre Foucault, Buenos Aires, El cielo por asalto, 1993, Pág. 72
1 COUZENS HOY, D. Poder, represión y progreso: Foucault, Lukes y la Escuela de Franckfort. En Foucault, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988, Pág. 152
2 DELEUZE, G. Op. Cit., Pág.
3 HABERMAS, J. , Op. cit., Pág. 298
4 FERNANDEZ VEGA, J. , Clarín Cultura y Nación. El poder según Foucault una violenta irrupción, Domingo 6 de Agosto de 2000, Pág. 5
1 WALZER, M. La política de Michel Foucault. En Foucault, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988, Pág. 63
2 Filósofo inglés que dearrolla su pensamiento a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.
3 WALZER, M. Op. Cit., Pág. 69
1 LECOURT, D. Op. Cit., Pág. 79
2 HABERMAS, J. , Op.cit., Pág. 320
3 HABERMAS, J. , Ibid, Pág. 322
4 HABERMAS, J. , Op. Cit., Pág. 329
5 Ver página 7-8 donde se amplía la crítica al supuesto relativismo en que cae la genealogía.
6 Filósofo contemporáneo que intentó a través de sus escritos llevar adelante una nueva teoría marxista aplicable a las condiciones del capitalismo avanzado.
1 LECOURT, D . Op. Cit., Pág. 77
2 FINE, B. Las luchas contra la disciplina: La teoría política de Michel Foucault. En Diparen sobre Foucault, Buenos Aires, El cielo por asalto, 1993. Pág. 138
3 HABERMAS, J ., Op.cit, Pág. 336
4 ABRAHAM, T. Vidas Filosóficas, Buenos Aires, EUDEBA, 1999, Pág. 177
5 Ver Pág. 64 donde se transcribe la crítica que Dominique Lecourt genera a la noción foucaultiana de poder.
6 LECOURT, D. Op. Cit., Pág. 80.
1 FOUCAULT, M. , Historia de la Sexualidad Vol. I., México, Siglo XXI, 1999, Pág. 123
2 FOUCAULT, M. , Un diálogo sobre el poder, Madrid, Alianza, 2000, Pág. 110
3 FOUCAULT, M ., Saber y Verdad, Madrid, La piqueta, 1985, Pág. 159
4 FOUCAULT, M. , Saber y Verdad, Madrid, La piqueta, 1985, Pág. 132
5 WEEKS, J. Foucault y la historia. En Disparen sobre Foucault, Buenos Aires, El cielo por asalto, 1993, Pág. 98
6 FOUCAULT, M ., Tecnologías del yo, Barcelona, Paidós, 1990, Pág. 139
7 FOUCAULT, M. , Un diálogo sobre el poder, Madrid, Alianza Materiales, 2000, Pág. 110
8 MARX, C./ENGELS, F. , Obras escogidas en tres tomos, Moscú, Progreso,1981, tomo I, Pág. 10
|
Tus compras en |
|||
|
Argentina |
Colombia |
México |
Venezuela |
| |