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BREVE RESEÑA DE HISTORIA ARGENTINA archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Instituto Salesiano de Estudios Superiores
Compilación y armado Sergio Pelliza
Depto. Apoyatura Académica
Banco datos biblioteca
Los Orígenes (1516-1535)
En
febrero de 1516, el navegante español Juan Díaz de Solís, que a la sazón
buscaba un paso por el suroeste hacia las Indias Orientales, introdujo su nave
en el gran estuario del actual Río de la Plata, y reclamó la región circundante
en nombre de España.
Sebastian Caboto, un navegante italiano al servicio de España, visitó el
estuario en 1526. En busca de comida y suministros, Caboto y sus hombres
remontaron el río que posteriormente se llamará Paraná, hasta llegar a un lugar
cercano a la actual Rosario; allí construyeron un fuerte y siguieron remontando
el río hasta la región hoy ocupada por Paraguay. Caboto, que no abandonó la
región durante casi cuatro años, obtuvo de los nativos varias cantidades de
plata, un nombre que pronto se aplicó a la cuenca de estos ríos y a la mayor
parte de las regiones circundantes.
La Colonización (1535-1776)
La colonización de la región fue iniciada en 1535 por el
adelantado español Pedro de Mendoza. En febrero de 1536, Mendoza —que había
sido nombrado primer adelantado del Río de la Plata— fundó Buenos Aires; los
esfuerzos de la expedición de Mendoza por establecer una colonia permanente se
vieron enormemente dificultados por la falta de alimentos y la hostilidad de
los nativos, por lo que los colonizadores abandonaron el lugar cinco años
después.
En 1537, uno de los lugartenientes de Mendoza, Juan de Salazar de Espinosa,
fundó Asunción (hoy capital de Paraguay), que fue el primer asentamiento
permanente en la cuenca del Río de la Plata. Desde su base en Asunción, los
españoles fueron gradualmente controlando todo el territorio situado entre los
ríos Paraná y Paraguay. Entretanto, las favorables condiciones naturales
hicieron que los pequeños rebaños de ganado traídos desde España se
multiplicaran y extendieran por la Pampa, creando una situación apta para una
economía agrícola estable.
Santiago del Estero, el primer asentamiento permanente de lo que hoy es
territorio argentino, fue fundado en 1553 por colonizadores españoles
provenientes de Perú. En 1573 fueron fundadas Córdoba y Santa Fe, y en 1580
Juan de Garay realizó una segunda fundación de Buenos Aires. Juan de Garay
permaneció varios años organizando nuevamente las instituciones de la vida
urbana. Viajando a Santa Fe sufrió una emboscada de los indios guaraníes, y
falleció en 1583.
En 1620, toda la región del Río de la Plata quedó bajo el control
administrativo del Virreinato del Perú. Debido a la restrictiva política
comercial del gobierno español, la colonización de la región fue lenta durante
el siglo siguiente. Buenos Aires, centro de un floreciente tráfico de productos
importados, creció constantemente y a mediados del siglo XVIII su población se
acercaba a los 20.000 habitantes.
El Virreinato del Río de la Plata (1776-1810)
En 1776, el territorio ocupado por las actuales Argentina,
Bolivia, Paraguay y Uruguay fue separado de Perú, creándose el Virreinato del
Río de la Plata.
En 1794, el auge mercantil de Buenos Aires decidió a la Corona a instalar un
Consulado de Comercio en esta ciudad. La principal figura fue su secretario,
Manuel Belgrano. Entre otros funcionarios del Consulado se encontraban muchos
de los miembros de la futura Primera Junta de mayo de 1810 y de otros gobiernos
revolucionarios.
En 1806, Buenos Aires fue atacada por una flota británica al mando del
almirante Home Riggs Popham, sin autorización del gobierno británico, ante la
que el virrey no opuso resistencia alguna; los invasores ocuparon la ciudad,
pero fueron expulsados por una milicia popular en agosto siguiente. La nueva
fuerza expedicionaria que el gobierno británico envió a Buenos Aires fue
forzada a rendirse en 1807. La expulsión de los ingleses fue posible por el
entusiasmo del pueblo guiado por Santiago Liniers, quien fue nombrado virrey
por Buenos Aires, después de deponer al virrey Sobremonte.
Estos acontecimientos tuvieron consecuencias imprevistas: los miembros de la
colonia habían comprobado su capacidad de combate y la ineficacia de las
autoridades coloniales españolas, por lo que pronto participaron de forma
activa en el movimiento independentista que había comenzado a recorrer la
Sudamérica española.
La Revolución de Mayo (1810)
El sentimiento revolucionario en la región alcanzó su apogeo en
el periodo siguiente al destronamiento del rey español Fernando VII por
Napoleón Bonaparte en 1808. El pueblo de Buenos Aires se negó a reconocer a
José Bonaparte, hermano de Napoleón, que se instaló en el trono español. Al ser
Liniers de nacionalidad francesa, la Junta de Sevilla —creada para mantener la
resistencia contra los franceses— decidió en 1809 que éste debía entregar el
poder a un nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros.
La incapacidad de la corona Española para defender el Virreinato cuatro años
antes ante los ingleses y la diferencias entre los funcionarios españoles y los
criollos desembocó en la Revolución de Mayo.
El Cabildo Abierto del 25 de mayo de 1810 destituye al Virrey Cisneros y nombra
una Junta Provisional Gubernativaconformada por: Cornelio de Saavedra, Juan
José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo
Matheu, Juan de Larrea, Juan José Paso y Mariano Moreno.
Poco tiempo después el gobierno provisional rompió con los representantes de
Fernando VII y lanzó una enérgica campaña para llevar al interior del país a la
revolución, pero resultó un fracaso. Sin embargo, los ejércitos realistas
sufrieron importantes derrotas en 1812 y 1813.
La parte liberada del virreinato se dividió en 14 provincias en 1813. Después
de la Revolución de Mayo, algunas ciudades —como Córdoba— se opusieron a la
decisión arbitraria de Buenos Aires. Surgieron algunos movimientos
antirrealistas. Mientras tanto, Buenos Aires decidió enviar expediciones para
propagar el movimiento revolucionario. En 1812 llegaron José de San Martín y
Carlos de Alvear para ponerse al frente del ejército rebelde, proporcionándole
un carácter más profesional.
Las Luchas por la Independencia (1810-1819)
La Revolución de Mayo trajo como consecuencia luchas armadas por
todo el continente americano. Es en esta época donde se producen la mayoría de
las emancipaciones de América del Sur. Al ser derrotado Napoleón en Europa y el
restablecimiento de la corte en España se intensificaron estas luchas.
Cuando José de San Martín regresó al Río de la Plata, creó la Logia Lautaro
junto a Carlos de Alvear. La Logia privilegiaba la lucha por la independencia,
y llegó al poder en 1812 otorgando una orientación más radical a la Revolución.
Pero a sus ejércitos les costaba avanzar hacia el Alto Perú. San Martín elaboró
una nueva estrategia: el Cruce de los Andes, para lo cual debía preparar un
ejército más profesional.
En 1814 Fernando VII recuperó el trono de España, jurando guerra a muerte a los
patriotas criollos. El Río de la Plata no había declarado la independencia
pero, estaba luchando en una guerra por la independencia. La intervención de
San Martín y Belgrano fue decisiva, promoviendo la convocatoria a un nuevo
Congreso Constituyente que declarase la independencia.
Los representantes de las distintas provincias se reunieron en Tucumán en marzo
de 1816. El 9 de julio de ese año, los delegados proclamaron la independencia
de España y declararon la constitución de las Provincias Unidas de América del
Sur (más tarde Provincias Unidas del Río de la Plata). Aunque se designó a un
"Director Supremo" para encabezar el nuevo Estado, se sancionó una
Constitución centralista que no tuvo vigencia.
En abril de 1818 las tropas americanas, al mando de San Martín, vencieron a los
ejércitos realistas en la batalla de Maipú (en territorio chileno). El virrey
del Perú ya no tiene recursos para armar otro ejército que ataque a Chile o al
Río de la PLata. Es el momento adecuado para preparar una invasión al Perú y
terminar con el poder realista en América. Así, San Martín pudo cumplir su
compromiso con la lucha por la independencia de toda América del Sur.
Por ese tiempo, las ideas del federalismo estaban en su auge, produciéndose así
la primera batalla de Cepeda en 1820. Los caudillos federalistas López y
Ramírez derrotaron a las tropas del gobierno nacional (o Directorio). Se formó
así una especie de federalismo unigénito. Se formaron las 13 provincias, que en
1833 serán 14 al separarse Jujuy de Salta. El problema a resolver era la
formación de un gobierno estable, luego de la caída del Directorio.
Las hostilidades entre las dos facciones fueron en aumento y provocaron un
enfrentamiento civil en 1819.
Las Autonomías Provinciales (1820-1829)
En 1820 se restableció
la paz, pero el problema principal —la formación de un gobierno estable— quedó
sin resolver. Durante la mayor parte de la década siguiente reinó la anarquía
en las Provincias Unidas, situación que hubiera continuado de no ser por la
guerra con Brasil, ya que ésta exigía una forma de organización constitucional.
Buenos Aires convocó a una reunión a las provincias en 1824. El Congreso estuvo
dominado por los unitarios, se eligió a Bernardino Rivadavia como presidente y
fue entonces Buenos Aires la dueña del poder en la República Argentina
(denominación que comenzó a usarse desde ese momento). Argentina le declaró la
guerra a Brasil por la ocupación de la Banda Oriental; Brasil fue derrotado y
la Banda Oriental se declaró independiente, al igual que Bolivia (Paraguay se
mantenía neutral).
El régimen unitario fracasó y se volvió a la antigua forma de gobierno, en la que cada provincia se autogobernaba y delegaba en Buenos Aires las relaciones con el resto del mundo. El gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego —en quien confiaban el resto de los gobernadores por ser federal— fue derrotado por el unitario Juan Lavalle, lo que dio lugar a una guerra civil. En Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas fue el encargado de resistir a los golpistas del gobierno de Dorrego. En 1829 se acordó que Rosas fuera el gobernador de Buenos Aires y se restituyó la cámara legislativa.
Color de Rosas (1829-1852)
En el interior se creó una liga unitaria que no actuaba como
tal. Se enfrentó con la provincia de Buenos Aires; este enfrentamiento
desembocó en el Pacto Federal de 1831 (Buenos Aires, Corrientes, Entre Ríos y
Santa Fe), por el que se acordó que, cuando estuvieran dadas las condiciones,
se erigiría un gobierno federal. Además, se estableció un compromiso militar
por el que si alguien atacaba a una de las tres provincias, las tres se
considerarían agredidas.
El enfrentamiento entre la liga unitaria y los federales llevó a una guerra
civil en la que vencieron estos últimos. Entre 1829 y 1831, Rosas había logrado
poner orden en la provincia de Buenos Aires y logró la pacificación, negándose
a seguir como gobernador si no se le otorgaban facultades extraordinarias. Se
sucedieron algunos gobernadores hasta que en 1834 se produjo una guerra entre
las provincias de Tucumán y Salta; Rosas ordenó a Facundo Quiroga que, como
delegado de la provincia, fuera a pacificar la situación.
El pensamiento de Rosas quedó plasmado en la Carta de la Hacienda de Figueroa;
en ella se estipulaba que las condiciones no eran las adecuadas para establecer
un régimen federal, pues las provincias no tenían dinero, se acababa de salir
de una guerra civil y todavía seguían luchando los unitarios. Rosas proclamó
una constitución nacional y entre 1835 y 1852 fue gobernador de Buenos Aires.
La Organización Nacional (1852-1880)
Luego de la batalla de Caseros, Justo José de Urquiza, vencedor
de Rosas crea un gobierno provisional y proclama una constitución en San
Nicolás que es aprobada por todos menos por Buenos Aires. En 1862 Buenos Aires
acepta la constitución y a partir de ahí se suceden tres presidencias que
fomentan la educación, la inmigración y el comercio.
Se genera una guerra contra el Paraguay y se inicia la conquista de los
territorios ocupados por los indios en la llamada "Campaña del
Desierto", encabezada por Julio Argentino Roca.
La Generación del Ochenta (1880-1916)
Luego de la "Campaña del Desierto", Julio Argentino Roca se transforma en presidente de la nación. Este hombre ocupará el centro de la escena política durante los siguientes 36 años, hasta las primeras elecciones presidenciales luego de la Ley Sáenz Peña en 1916. Esta época se caracteriza por grandes inmigraciones europeas y cuantiosas inversiones británicas. Se incrementa la exportación de materias primas agropecuaria y ganadera. A esta época se la llamo la "Generación del Ochenta".
Las Presidencias Radicales (1916-1930)
Luego de la Ley Sáenz Peña en 1912, que proclama el voto secreto, los radicales llegan por primera vez al poder. Durante sus presidencias tuvieron diferentes problemas: la primera guerra mundial, la postguerra, el crecimiento del autoritarismo en Europa y la caída de la bolsa norteamericana en 1929, lo que produjo una gran recesión en el país y mostró su dependencia exterior, esto facilitó el primer golpe de estado de 1930.
La Década Infame (1930-1943)
Apoyado por la ideas autoritarias europeas y por la crisis
económica, Jóse Félix Uriburu produce en septiembre de 1930 el primer golpe de
Estado al ser derrocado Hipólito Yrigoyen.
En 1936, Argentina adoptó una política independiente y disputó a EE.UU. el
liderazgo en América. Se propuso y logró terminar una guerra particularmente
sangrienta entre Bolivia y Paraguay. De esa manera, la Cancillería argentina
neutraliza el avance de los EE.UU. tendiente a lograr el panamericanismo
mediante un nuevo pacto que estipulaba la no intervención y declaraba fuera de
la ley toda intervención diplomática excesiva. Así, el canciller Carlos
Saavedra Lamas logró detener a EE.UU. y dio personalidad a la política exterior
del país adjudicándose méritos para obtener el Premio Nobel de la Paz por su oportuna
gestión ante Paraguay y Bolivia.
Esta década es caracterizada por fraudes electorales reiterados, esta situación
se repite hasta la revolución de junio de 1943, que acercaría al poder al
coronel Perón el cual cambiaría la forma de hacer política en el país.
El Peronismo (1943-1955)
La revolución de 1943 tenía entre sus mandos al Coronel Perón,
que en un principio desde la secretaría de Trabajo y gracias a sus leyes
sociales, fue ganando más poder hasta llegar al puesto de vice presidente en
1945 y a la presidencia en 1946. Realizó durante sus dos primeras presidencias
grandes cambios tanto sociales como políticos y nacionalizó los servicios.
El 1° de mayo de 1949 se promulga la reforma constitucional, apoyada en una
nueva realidad nacional, básicamente condicionada por el protagonismo de un
sector social —la clase obrera—, ausente en el momento en que se había
redactado la Constitución de 1853.
Eva Perón impulsó el sufragio de las mujeres, organizó el Partido Peronista
Femenino —también conocido como Rama Femenina— y se dedicó a tareas de
asistencia social. Eva Perón murió en julio de 1952, desde entonces, la figura
de "Evita" adquirió ribetes míticos entre los sectores sociales más
humildes y simbolizó al peronismo irredento posterior a 1955.
Civiles y Militares (1955-1973)
Se abre en 1955 una época pendular con gobiernos civiles que se
alternan con militares, hasta el regreso de Perón en 1973.
En las elecciones de 1958, con el apoyo peronista acordado con Perón, Arturo
Frondizi asume la Presidencia de la Nación, después de tres años de régimen
antiperonista. Frondizi intentó acabar con las proscripciones gremiales y
políticas, pero los militares "vigilaron" la marcha del gobierno y,
periódicamente, realizaron "planteos", exigiendo constantes cambios.
También fue criticada su política exterior, por ser considerada poco firme ante
el comunismo. Las filas de los militares "gorilas", que lo acosaron a
lo largo de cuatro años con crisis y planteos, concluyeron destituyéndolo en
marzo de 1962 y José María Guido, titular del Senado, asume la Presidencia de
la Nación.
Con el peronismo proscripto, en julio de 1963 se realizaron comicios para
elegir presidente y vicepresidente. El candidato de la Unión Cívica Radical del
Pueblo, Arturo H. Illia, fue elegido con el 25% de los votos, porque contó con
el apoyo de otras fuerzas en el Colegio Electoral. El voto en blanco alcanzó el
19%. El nuevo presidente debió enfrentar dos problemas cruciales: la
proscripción del peronismo y el estado deliverativo en que se encontraban las
Fuerzas Armadas. La honestidad fue uno de los rasgos sobresalientes del
presidente Illia, aunque ese mérito tardó en ser valorado plenamente.
El comandante en jefe del Ejército, general Juan Carlos Onganía, que fue pasado
a retiro, comenzó a preparar el golpe. Tuvo el apoyo de algunos políticos,
empresarios y periodistas, que difundieron la imagen de un gobierno lento.
El Regreso de Perón (1973-1983)
En 1973 se produce el regreso de Perón, pensando que se podría
estabilizar el sistema; pero, con la muerte de Perón en junio de 1974, se
agrava la crisis política existente. Asume su esposa Isabel Perón y el contexto
de desgobierno alienta el último golpe de Estado del país.
El 24 de marzo de 1976 se consumó dicho golpe de Estado, el más trágico de
nuestra historia. La Junta Militar decidió acabar con la "subersión".
Este término englobaba a las organizaciones guerrilleras —prácticamente ya
extinguidas en marzo de 1976— pero también a los activistas o simpatizantes de
cualquier movimiento de protesta o crítica social. No hubo "errores"
ni "excesos", sino un plan deliberado. El terrorismo de Estado cubrió
el país como la noche más oscura de nuestra historia.
El 2 de abril de 1982 se produce el desembarco de tropas argentinas en las
Islas Malvinas. La contienda se cobró 648 vidas argentinas. Mientras se
desarrollaba la guerra se llevaron a cabo gestiones oficiales y no oficiales
por parte de nuestro país que eran conocidas por nuestro canciller Nicanor
Costa Méndez, las que se vieron frustradas. El fracaso diplomático coronó la
derrota militar y las tropas argentinas se rindieron. Luego de la derrota en la
guerra de Malvinas, los militares intentaron negociar con los sectores
políticos y convocaron a elecciones.
La Vuelta a la Democracia (1983-1999)
Luego del fracaso de Malvinas, el país vuelve a tener una
democracia estable después de más de 50 años de de interrupciones militares, se
suceden varias presidencias en forma continua, radicales y peronistas conviven
en forma armónica, cada una tiene rasgos distintivos de gestión. Raúl R.
Alfonsín juzgará y encarcelara a los miembros de la junta militar de la última
dictadura. A mediados de 1989, la situación del gobierno de Alfonsín se volvió
insostenible y se temió por la continuidad institucional.
La crisis terminal en que estaba sumido el gobierno de Alfonsín apresuró el
acceso a la Presidencia de Carlos Saúl Menem, quien inició una profunda
transformación de la Argentina. La convertibilidad monetaria, montada sobre una
ola de privatizaciones en gran escala, suministró un marco de certidumbre
macroeconómica.
En 1994 se procedió reformar la Constitución Nacional, y muchas de las
estructuras organizativas del país sufrirán cambios, los que se producirán a
partir de julio de 1995. Tal el caso de las nuevas instituciones, como Jefe de
Gabinete de Ministros y la autonomía de la ciudad de Buenos Aires.
La política exterior de Menem, en contraposición con la de la gestión de
Alfonsín que era una política universalista, se basa en el concepto de interés
nacional, buscándose una relación privilegiada con un solo país: los EE.UU.
Ante el Nuevo Milenio (1999-actual)
En 1999, la "Alianza" que expresaba la necesidad de un
cambio político —el menemismo, hasta entonces exitoso, ya no pudo seguir
ofreciendo una cierta imagen de prosperidad— proclama la fórmula Fernando De la
Rúa-Carlos "Chacho" Alvarez que gana las elecciones y asume el
gobierno del país. Pronto se vio que no es lo mismo acordar para una elección
que constituir una alianza de gobierno.
La noche en que "las cacerolas" coparon la Plaza de Mayo: la noche
del 19 de diciembre de 2001, Fernando De la Rúa renunció empujado por saqueos y
muertes en el conourbano y ante una multitudinaria manifestación de vecinos con
cacerolas, sin una sola bandera política, gritando la consigna: "Que
se vayan". El sistema político atravesó por su peor crisis desde el
regreso a la democracia. Después, el país tuvo cuatro presidentes en once días.
El resto es historia reciente, el 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner asume
como presidente de la Nación.
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