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LA VEJEZ Y SUS MITOS archivo del portal de recursos
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Jesús Sánchez Caro y Francisco Ramos.
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Mitos sobre la vejez.
La vejez, lo mismo que la muerte, constituye un tabú.
Hay quien habla, con una visión optimista, de los años de
la jubilación, de nuestros abuelos, de nuestros mayores, y piensa
que la Seguridad Social solucionará sus problemas económicos,
les proveerá de residencias agradables, así como de los cuidados
médicos necesarios.
Otra corriente de opinión, en cambio,
no es tan optimista. Los viejos están acabados, anticuados, confusos,
chochos.
El viejo sano puede encontrar energía física
y psíquica suficiente para adaptarse a los cambios y pérdidas,
y hacerlo de una manera creativa.
Se le discrimina para el trabajo e
incluso se le despide por el medio sutil y refinado de la jubilación.
De acuerdo con N. Butler, la gente de edad está afectada por multitud
de mitos y prejuicios, entre los que se destacan:
· El mito del
envejecimiento cronológico.
· El mito de la improductividad:
aunque muchos creen que el anciano es un ser improductivo, está claro
que, en ausencia de enfermedades y adversidades sociales, puede permanecer
productivo e interesado por la vida.
· El mito del desasimiento,
descompromiso o desvinculación.
· El mito de la inflexibilidad,
de la incapacidad para cambiar y adaptarse a situaciones nuevas.
·
El mito de la senilidad, es decir, de la pérdida de memoria, de la
disminución de la atención y de la aparición de episodios
confusionales, productos todos ellos de la lesión cerebral.
·
El mito de la serenidad que, en contraste con los anteriores, sitúa
al anciano en una especie de paraíso terrenal. Es fácil demostrar
que los senescentes están sometidos a un mayor stress que otros grupos
de edades: enfermedades crónicas, jubilación, pérdida
de seres queridos, soledad, etc. Todo ello origina mayor tendencia ala ansiedad,
a la depresión y a la pena. E, inevitablemente, a la disminución
de la autoestima, resultante además de su peor status social.
¿Se puede controlar el envejecimiento humano?
Las personas no mueren “de viejas”, sino de trastornos
o enfermedades específicas. El organismo se hace más vulnerable
frente a las enfermedades o accidentes.
La progeria o envejecimiento
prematuro se caracteriza por la aparición precoz de rasgos físicos
seniles y enanismo, con dilatación de las venas de la caja craneana
y caída del pelo hasta la calvicie completa. No obstante, el desarrollo
mental puede ser normal.
Las hormonas se utilizan clínicamente
para retrasar el envejecimiento, sobre todo en mujeres después de
la menopausia, por sus efectos cosméticos y de conservación
del estado de los huesoso.
“La juventud es la edad de conseguir, la
madurez , la de mejorar, y la vejez, la de dar; una juventud negligente
suele ir seguida de una madurez ignorante, y ambas, a su vez, de una vejez
vacía”, ha escrito Anne Bradstreet.
Zhores Medvedev, formuló
la hipótesis de que la información transmitida en los procesos
de transcripción y traducción del mensaje genético,
desde el ADN al ARN y a las enzimas y otras moléculas proteicas,
podría estar sujeta, con el tiempo, a un número progresivamente
mayor de errores.
Una segunda hipótesis sobre las bases genéticas
delo envejecimiento parte del hecho de que muchos de los genes de la molécula
de ADN están repetidos en secuencias idénticas.
La tercera
hipótesis genética sugiere la existencia de “genes de envejecimiento”,
que frenarían o detendrían vías bioquímicas
de forma secuencial y llevarían a una expresión programada
de los cambios específicos del proceso de envejecer.
Solamente
las células cancerosas y las células germinales (el espermatozoide
y el óvulo) escaparían al proceso de envejecimiento y muerte.
Historia de una marginación.
El hombre, a lo largo de la historia, se ha planteado
dos problemas básicos en torno a la vejez: ventajas e inconvenientes
inherentes a la misma y cómo se puede impedir el proceso de envejecimiento.
También es indudable que no hay concepciones únicas, definitivas,
sino más bien opuestas y variables a lo largo de la historia y de
las culturas respecto a este tema.
Hay distintas concepciones sobre
la vejez. En la cultura griega, romana, musulmana de la Edad Media, durante
el período del Renacimiento y del Barroco, la visión de la
vejez era muy pesimista.
A finales del siglo XIX se separan vejez y
enfermedad en el anciano, teniendo lugar el nacimiento de la Gerontología
y de la Geriatría. Pero la sociedad no cambia substancialmente, y
el anciano sigue marginado, aunque de otra forma más sutil: nuestra
civilización basa su cultura en el trabajo, el rendimiento y el consumo;
es una sociedad orientada básicamente hacia la juventud y sus valores.
El anciano, al ser improductivo y tener, en general, pocas posibilidades
para el consumo, vuelve a ser marginado.
Hacia una sociedad envejecida.
Para apreciar si una población es joven o vieja,
acudimos al estudio de las llamadas pirámides de edades y sexos,
distribuyéndose las edades por grupos y colocando los grupos más
jóvenes de edades en la base de la pirámide, y así
sucesivamente hasta llegar a la cúspide. A uno y otro lado del eje
de ordenadas, se colocan los datos de edad relativos a cada uno de los sexos.
De acuerdo con las formas que pueden tomar estas pirámides, podemos
hablar de:
· Población en aumento, cuando la base tiene
un gran número de personas en edades jóvenes (ejemplo: México
e India).
· Población estacionaria, cuando casi en todos
los grupos de edades existe el mismo número de personas (crecimiento
cero; ejemplo, Suecia y Hungría).
· Población en
disminución, cuando en la base, las edades jóvenes están
poco representadas (ejemplo, República Federal de Alemania y Luxemburgo).
Son países jóvenes aquéllos que tienen un índice
de envejecimiento inferior al 7 por 100, países en transición,
entre un 7 y un 11 por 100; países envejecidos, por encima del 11
por 100, reservándose el de muy envejecidos para aquéllos
países que superan el 15 por 100.
Desde un punto de vista económico,
los adultos de menos de 65 años tienen que soportar una sobrecarga
cada vez mayor para alimentar las pensiones, retiros y subsidios a la vejez.
Se han propuesto diversas medidas para aliviar esta situación:
· Elevar la edad de la jubilación.
· Favorecer
el mantenimiento de la actividad a numerosas personas de edad.
·
Ampliar la población laboral mediante el aumento de la inmigración,
la mayor participación de las mujeres en el trabajo, la readaptación
de los enfermos al trabajo, la reconversión de los empleos, la prolongación
de la vida activa, etc.
En principio, parecería una solución
fomentar la natalidad, pero eso conduciría a la superpoblación
de la tierra.
Cómo envejecen lo órganos.
La disminución funcional no es la causa del envejecimiento,
sino más bien su consecuencia.
La piel es el primer órgano
en el que se anuncia el envejecimiento. La clave está en la atrofia
de la epidermis, con su pérdida de tonicidad y elasticidad. El cabello
encanece, las uñas crecen más lentamente.
Hay cambios
en la silueta en general: el individuo se encoge y se encorva, sus articulaciones
son menos flexibles, sus músculos se atrofian, disminuyen de tono
y pierden fuerza. Por eso la postura típica es de flexión.
La marcha se produce a pequeños pasos, arrastrando los pies y sin
apenas balancear los brazos. La masa ósea disminuye (osteoporosis)
y son frecuentes las fracturas. En el plano funcional, el ojo y el oído
son los órganos que antes envejecen. El envejecimiento de los párpados
se manifiesta por la aparición en el ángulo externo del ojo
de la “pata de gallo” y se produce la pérdida de brillo de la mirada.
En la córnea aparece un anillo grisáceo que se denomina arco
senil. El oído presenta una “presbiacusia”, es decir, una disminución
de su agudeza, que será funcionalmente molesta entre los ochenta
y los noventa años. Los traumatismos sonoros de nuestra vida moderna,
pueden precipitar la sordera de la senescencia.
El envejecimiento del
aparato respiratorio se expresa principalmente por una disminución
de la capacidad vital, que es aquélla que corresponde al máximo
de gas obtenido después de una inspiración forzada. Varía
entre 4,5 y 5 litros en el hombre adulto, y 3,2 a 3,5 litros en la mujer.
El descenso comienza hacia los cincuenta años y puede bajar hasta
el 50% de su capacidad normal en las personas de 85 años.
Por
otra parte, el envejecimiento del aparato cardiovascular consiste en una
ligera disminución del ritmo cardíaco, con la aparición
ocasional de extrasístoles (pulsación cardíaca añadida),
aumento de la presión arterial y disminución del suministro
cardíaco como consecuencia de la disminución del volumen de
contracción del corazón. Todo ello origina un déficit
en la irrigación cerebral.
La arteriosclerosis, o endurecimiento
de las arterias, es la enfermedad que con mayor frecuencia aparece en el
senescente. Las dificultades para la digestión, la mayor propensión
para las úlceras de estómago y duodeno y la pérdida
progresiva - si no se detiene con medios adecuados - de los dientes por
caries y piorrea, son consecuencia del envejecimiento del aparato digestivo.
El hígado, aunque disminuye de volumen y de peso, se mantiene mucho
tiempo sin sufrir involución. La disminución del volumen de
los riñones y de su velocidad de filtración es característica
del envejecimiento.
En el hombre es frecuente la alteración de
la próstata, que le origina dificultad en la micción y una
progresiva retención de la orina.
Finalmente todas las glándulas
se encuentran afectadas por el proceso general de involución. Aparecen
trastornos vasomotores e inestabilidad neurovegetativa como consecuencia
de las modificaciones en la hipófisis.
El tiroides realiza una
actividad más reducida, por lo que los intercambios metabólicos
se hacen más lentos. Las glándulas suprarrenales segregan
menos hormonas con propiedades andrógenas (esto es, virilizantes).
La involución de las glándulas sexuales conduce, en la mujer,
a una atrofia de los ovarios, con imposibilidad para el embarazo, acompañada
de supresión de los ciclos menstruales al llegar a la menopausia
(hacia los 49 años, aproximadamente). El cese de la actividad hormonal
ovárica se produce entre los 60 y los 65 años. La alteración
de los conductos seminíferos es el dato más relevante en el
envejecimiento del aparato genital masculino, pero se siguen produciendo
espermatozoides incluso después de los 70 años. Antes de los
50 años, el hombre habrá atravesado una etapa, que algunos
autores denominan andropausia, en la que aparecen algunos fallos en la actividad
sexual por disminución de las hormonas. Sin embargo, la actividad
sexual, tanto en el hombre como en la mujer, pueden permanecer hasta edades
muy avanzadas, ya que no sólo va ligada a la genitalidad sino también
a la vida sentimental y a la imaginación.
Envejecimiento cerebral.
El envejecimiento del organismo no se produce de una manera
homogénea. Los tejidos formados por células intermitóticas,
no envejecen, se renuevan constantemente.
Existen células muy
especializadas, llamadas células post-mitóticas fijas, que
no se dividen una vez alcanzado cierto grado de diferenciación. Por
ejemplo, la célula nerviosa, la neurona, que no puede dividirse y
multiplicarse, y cuya edad equivale, por ello, a la del organismo. Al no
poder dividirse la neurona, tampoco puede renovarse la macromolécula
de ADN y por ello, se hace imperfecto el soporte del código genético.
Desde el punto de vista funcional es evidente, en primer lugar, el progresivo
enlentecimiento, a partir de los 60 años, de la actividad eléctricas
cerebral. Por otra parte, en las personas que han superado los cincuenta
años se observa una evidente disminución de la irrigación
sanguíneo encefálica por la modificación de la red
capilar de la corteza cerebral.
En sujetos de 65 a 74 años,
se ha evidenciado un ensanchamiento del diámetro de los capilares;
también hay disminución del metabolismo oxidativo neuronal
y de la glucosa.
Cuando disminuye el oxígeno y se produce una
anoxia (carencia de oxígeno), las principales funciones cerebrales
sufren un descenso, especialmente la consciencia.
La edad es un importante
factor determinante del nivel de las sustancias químicas denominadas
neurotransmisores. Estas sustancias, fundamentales para la regulación
de la función cerebral, son principalmente: la noradrenalina, la
dopamina y la serotonina.
Enfermedades más frecuentes.
En primer lugar se encuentran las enfermedades cardiovasculares
y, sobre todo, los accidentes cerebrovasculares. Representan alrededor del
50% de las causas de mortalidad del anciano, afectando más a las
mujeres que a los hombres.
La arteriosclerosis juega un papel fundamental.
Indudablemente la arteriosclerosis es la enfermedad más frecuente
en la vejez y puede manifestarse en cualquier localización, tanto
en el corazón, en forma de coronariopatía que da lugar a un
infarto, como en el cerebro, ocasionando un síndrome de insuficiencia
cerebrovascular.
También puede ser de localización abdominal,
afectar al riñón o a las extremidades. La manera más
inteligente de luchar contra ella es prevenir los llamados factores de riesgo.
Colesterol, aumento de la tensión arterial, obesidad, stress, la
vida sedentaria, el tabaco, el alcohol, la diabetes y el ácido úrico.
En segundo lugar en importancia se encuentran los procesos neoplásicos
(tumores).
En tercer lugar se encuentran los traumatismos, que producen
fracturas. Parece que es la osteoporosis (disminución de la masa
ósea) la principal causa de que las caídas de los viejos les
produzcan tantas fracturas.
El siguiente lugar en importancia lo ocupan
los trastornos mentales, y por último la malnutrición.
En Geriatría hay que tener en cuenta, además, los llamados
signos físicos desorientadores, que justifican el examen periódico
del enfermo.
Rejuvenecer: en busca del “elixir”.
Podemos agrupar en cuatro apartados los principales intentos
científicos contemporáneos para lograr el rejuvenecimiento:
las terapéuticas glandulares, las sueroterapias especiales, los extractos
de tejidos y la novocainización.
Aunque el ser humano continúa
buscando el “elixir de la eterna juventud” parece más lógico
recomendar a la gente que vigile su salud y lleve una vida adecuada, preocupándose
de la alimentación y manteniéndose en forma, física
y psíquicamente.
¿Cuántos años podemos vivir?
Existe lo que se llama la longevidad potencial o duración
de la vida máxima de una especie, al margen de las condiciones ecológicas.
El número medio de años vividos por el conjunto de los individuos
nacidos en un período determinado y en una determinada región
es lo que se denomina longevidad media.
El número de años
que podemos alcanzar en función de nuestra biología y de los
factores del medio, es lo que se conoce con el nombre de longevidad efectiva.
Finalmente, la longevidad diferencial indica las variaciones interindividuales
dentro de un mismo grupo y las variaciones de un grupo respecto a otro.
El hombre tiene un ciclo vital que se desarrolla en tres fases: crecimiento,
madurez y senescencia.
Entre todos los vertebrados de sangre caliente,
el hombre es el que puede vivir más, alcanzando un techo máximo
de ciento doce años.
Se ha pensado que cada uno dispondríamos
al nacer de un potencial de división celular y moriríamos,
salvo en caso de accidente, al terminar ese potencial. Que la herencia influye
sobre la longevidad lo demuestran varios estudios.
Se han realizado
estudios con mellizos homocigóticos y se ha observado que los signos
del envejecimiento aparecían al mismo tiempo y eran muy semejantes.
En un estudio realizado por Kalman, se demostró que hay diferencias
de longevidad muy importantes entre gemelos heterocigóticos (procedentes
de distinto huevo).
Aparte de la herencia, existen otros factores que
pueden afectar a la longevidad: determinados abusos que desgastan al organismo
- como el tabaco y el alcohol - , una mala alimentación, enfermedades,
accidentes, influencias del medio en que se vive, e incluso la naturaleza
misma de la profesión que se ejerce. El tabaco agrava las afecciones
cardiovasculares.
El exceso de alimentación conduce a la obesidad,
que tiene una tasa de mortalidad siempre superior a la normal. El exceso
de grasas, sobre todo de colesterol, se ha relacionado frecuentemente con
la arterioesclerosis.
Por otra parte, la gente vive más en los
países desarrollados que en los subdesarrollados, y, por profesiones,
viven más los que realizan alguna de tipo liberal que los empleados
de oficina y los agricultores, y a su vez éstos más que los
obreros especializados.
Sentirse viejo.
Sentirse viejo es una situación vital a la que
todo individuo est{a abocado.
Sin embargo, la autopercepción
del envejecimiento es vivida por las personas de muy diversas formas, que
dependen no sólo de la edad del sujeto, sino también de su
personalidad, de su contexto sociocultural y, sobre todo, de su capacidad
de adaptación a los cambios biológicos, psicológicos
y sociales.
El envejecimiento es un proceso individual. Es preciso reconocer
que en nuestro contexto sociocultural la palabra “viejo” tiene casi siempre
connotaciones peyorativas.
Crisis de la vejez
Internos
Primera “crisis” Cambios corporales
Externos
Segunda “crisis” Pérdida
del papel Jubilación
social
y familiar.
Tercera “crisis” Pérdida
de personas Soledad
significativas.
Viudez
Cuarta “crisis” Disminución
de la Sentimiento
de
actividad.
inutilidad
Quinta “crisis” Enfrentamiento
Aceptación
con
la muerte Rechazo
Miedo
Ansiedad
El problema principal de los ancianos consiste en vencer los obstáculos
y resolver las dificultades que plantea la adaptación a los cambios
psicológicos y sociales que acontecen con los años.
La
capacidad de adaptación a estos cambios es una característica
de la senectud, de la vejez normal. La falta de adaptación lleva
a la senilidad, al deterioro progresivo y a la desintegración de
la personalidad del anciano.
Teorías psicosociales del envejecimiento.
Existen dos teorías contrapuestas respecto a la mejor forma de envejecer:
la teoría de la actividad y la teoría de la desvinculación.
La primera, parte de que el buen envejecer está asociado a mantenerse
activo y útil a la sociedad, ya que son precisamente la inactividad
y la pérdida de los contactos sociales las que provocan la inadaptación
del anciano.
La segunda defiende el punto de vista contrario, sosteniendo
la hipótesis de que la persona de edad desea ciertas formas de aislamiento
social y una reducción de los contactos sociales, sintiéndose
feliz y satisfecha cuando lo logra. Proponen los autores de esta teoría
dejar descansar al anciano para que, replegándose sobre sí
mismo, desaparezca progresivamente.
En la actualidad una solución
de compromiso entre ambos puntos de vista ha dado lugar a la teoría
de la desvinculación diferencial. Ésta reconoce a la vez las
disminuciones propias de la edad y la necesidad de permanecer activo y comprometido
con la vida durante la vejez.
El mito de la decadencia intelectual.
La dinámica intelectual juega un papel decisivo
en el diagnóstico de muchos trastornos psicopatológicos y
neurológicos.
Las personas que poseen un mayor bagaje educativo
y cultural muestran un declive menor que los individuos de niveles culturales
más bajos.
Psicólogos prestigiosos, como Horn y Catell,
comprobaron una disminución de las aptitudes que se pueden definir
como inteligencia fluida, mientras que las aptitudes que engloba la inteligencia
cristalizada aumentarían.
La inteligencia general no declina
con la edad. Por ejemplo, Kant legó sus mayores contribuciones filosóficas
a una edad avanzada y después de sufrir una grave enfermedad; Einstein
culminó su teoría sobre la relatividad también en su
ancianidad y Picasso, a los 91 años de edad, podía ser considerado
como el más joven de los pintores españoles.
Por eso hay
que tener en cuenta también la influencia de otras variables como
el nivel cultural, la profesión, el estado de salud, el entorno del
sujeto.
Nunca es tarde para aprender.
Un individuo puede aprender la misma clase de conocimientos
y habilidades a los sesenta que a los veinte.
El dicho popular “nunca
es tarde para aprender” tiene plena validez en el caso de los ancianos,
tal como lo han demostrado diversos estudios al respecto, en los que se
ha constatado que personas de edad avanzada son capaces de obtener grados
de conocimiento que igualan o superan a los de las personas más jóvenes.
Corresponde a nuestra sociedad promover y fomentar todo tipo de alternativas
en este sentido, ya que la idea hoy predominante, tanto a nivel preventivo
como terapéutico, es que una de las mejores formas de envejecer consiste
en que después de la jubilación se inicie el aprendizaje de
una nueva tarea que abra la curiosidad hacia nuevos horizontes.
La personalidad del anciano: ¿gruñones o cascarrabias?
Se ha descrito un perfil de personalidad en el que se
adjudican al anciano diverso rasgos negativos y otros positivos. Entre los
primeros, destacan el egoísmo, la machaconería, la sensiblería,
el autoritarismo, el rechazo social, la tendencia al aislamiento y a la
pasividad. Entre los segundos, los más relevantes son la prudencia,
la reflexión y la serenidad.
La conclusión más
válida y general que puede extraerse de las últimas investigaciones
al respecto es que en las personas sanas y adaptadas la personalidad tiende
a permanecer estable durante toda la vida.
El amor nunca muere.
Erróneamente se ha creído que no existían
actividad ni interés sexuales en la vejez, o que cuando se producían
eran de tipo morboso y patológico (“el viejo verde”). Hoy se admite
que la vida sexual persiste y se transforma constantemente a lo largo de
toda la evolución individual, y sólo desaparece con la muerte.
Sin embargo, la vida sexual de los ancianos es un tema mal conocido en nuestro
ámbito sociocultural y sigue pesando sobre ella un tabú social
muy marcado.
Se produce un declive, más o menos acentuado, entre
los sesenta y los setenta años.
Por qué se deprimen los ancianos.
Los factores son varios:
1.- Disminución
de los ingresos económicos.
2.- Disminución de la
importancia del papel que juegan en la sociedad.
3.- Pérdida
de seres queridos.
4.- Situaciones de aislamiento por incapacidad
física.
Se suelen distinguir básicamente dos tipos de
depresiones: la llamada depresión mayor (originada desde dentro,
de origen orgánico por disminución de los neurotransmisores),
con alto riesgo de suicidio y la llamada depresión neurótica
o menor, en la cual siempre existe algún motivo externo que la justifica.
Lo importante es saber que las depresiones en los ancianos, si son tratadas
médicamente de una forma adecuada, evolucionan favorablemente hacia
la curación. No se debe caer, por tanto, en el error de juzgarlos
“seniles” o de creer que sus cerebros están enfermos en forma irreversible.
“No se conoce, no se recuerda, hay confusión”.
Los cambios que se producen en el cerebro, relacionados
con la edad, dan lugar, más pronto o más tarde, a una serie
de modificaciones mentales - cognoscitivas, afectivas y del comportamiento
-, así como a una disminución de la capacidad para enfrentarse
con las tareas de la vida cotidiana. Es lo que se conoce con el término
diagnóstico de insuficiencia cerebral senil.
En dos tercios de
los pacientes se encuentra que la causa primaria del estado patológico
es el envejecimiento cerebral. Existen algunos trastornos pasajeros, reversibles
con un tratamiento adecuado, que pueden originar confusión y a la
larga un cuadro de insuficiencia cerebral senil.
Estos son, principalmente,
la mala nutrición, la anemia, las infecciones, la diabetes, la insuficiencia
cardíaca, el infarto de miocardio, la disfunción tiroidea,
así como los efectos de los anestésicos, diuréticos
y psicofármacos.
Hay también una serie de factores psico
- sociales relacionados con el envejecimiento que juegan un papel importante
como precipitantes de stress y tensión y que derivan todos ellos
de las numerosas pérdidas de la ancianidad.
En primer lugar,
se produce una afectación cognoscitiva que se ha resumido en esta
frase: “no se conoce, no se recuerda, hay confusión”.
Finitud y muerte.
Las actitudes del ser humano ante la muerte son muy complejas,
dependen de la personalidad del sujeto, de su estilo de vida, y están
muy influenciadas por el contexto sociocultural.
Se ha demostrado que
la proximidad de la muerte produce poco miedo entre los ancianos, mientras
que entre los jóvenes, para quienes el futuro está poco estructurado,
y tienen todavía mucha vida por delante, el grado de tolerancia a
la idea de morir es pequeño.
Las necesidades más urgentes
con las que ha de enfrentarse un paciente terminal, son las de controlar
el dolor, mantener su dignidad o sentimiento de su propio valor y
la necesidad de amor y afecto.
El anciano y la familia.
A la familia constituida por las tres generaciones (abuelos,
padres e hijos) se la fue reemplazando por la familia nuclear durante la
sociedad pos industrial.
A los abuelos, los han ido desplazando aunque
ellos en cierta manera ayudaban a suavizar conflictos e integrar a la familia.
Pérdida de un ser querido.
Cuando existe la pérdida de un ser querido, se
pasa por tres fases: un corto período de shock, que dura unos pocos
días; la segunda que es el período de una pena intensa, acompañada
por indiferencia, trastornos del sueño, falta de apetito y pérdida
de peso, y finalmente la fase en la cual se vuelve a recuperar el interés
por la vida.
Para no caer en la depresión, es en la segunda fase
donde necesita más ayuda. Está comprobado que hay una mayor
mortalidad en los siguientes seis meses a la pérdida que en las edades
similares que no han enviudado.
Las personas después de una
pérdida tienen que resolver varias cosas: nuevas relaciones con los
parientes políticos y los hijos (viudos/as), aspectos financieros,
papeles burocráticos, etc.
En varios países se han constituido
los grupos de ayuda mutua, con tendencia muy positiva.
Aislamiento y soledad.
Existen varios factores que llevan al aislamiento, pero
la mayoría de los ancianos no se sienten solos ni aburridos. Aunque
en la gran ciudad el anciano esté solo, no suele sentirse así,
siendo más frecuente este sentimiento en el medio rural.
Si bien
podemos decir que el problema de aislamiento y soledad en los ancianos tiene
suficiente importancia como para tenerlo en cuenta, es preciso situarlo
en el lugar que le corresponde, sin desorbitarlo y sin olvidar los importantes
factores socioeconómicos y demográficos que lo sustentan,
ya que en la lucha contra estos factores - es decir contra las consecuencias
negativas que de ellos se derivan - ésta es la única garantía
de solución para estos problemas.
Los caminos del suicidio.
Según la OMS, figura en casi todas las estadísticas
entre las diez primeras causas de muerte; la frecuencia del suicidio aumenta
en las personas de edad avanzada, siendo precisamente los hombres por encima
de los 65 años, solteros, divorciados o viudos, los que más
lo realizan, tendiendo a aumentar notablemente su incidencia en primavera
y verano.
Una gran mayoría de las personas que se suicidan lo
,hacen bajo el efecto de una depresión.
Los métodos empleados
son medicamentos, armas de fuego, ahorcamiento o saltar al vacío
desde grandes alturas. También se puede producir de una forma “subintencional”
o “enmascarada”, mediante la negativa a comer o a tomar medicinas, bebiendo
en exceso, retrasando un tratamiento o corriendo todo tipo de riesgos físicos.
Muchas veces, después de un intento de suicidio vemos a la persona
angustiada evolucionar favorablemente al recibir ayuda, amistad o tratamiento,
médico y psicológico.
“¡Queremos ser útiles!”
En la mayoría de los casos la jubilación
origina diversos cambios psicosociales que van a exigir del individuo un
gran esfuerzo de adaptación.
Los trabajos científicos
realizados sobre el tema no permiten apoyar el criterio de la jubilación
obligatoria, más bien insisten en una jubilación flexible,
que tenga en cuenta no sólo la edad, sino la situación concreta
de cada persona.
Es muy importante que los jubilados mantengan ocupaciones
asociadas con la edad avanzada donde apliquen su experiencia, perspectiva,
reflexión y sabiduría.
Muchas de las dificultades que
se encuentran para la adaptación a la jubilación son debidas
a haber realizado un trabajo deshumanizado, alienante, mutilador, que no
les ha permitido el enriquecimiento cultural ni el desarrollo libre de sus
posibilidades creadoras. De ahí que al pasar bruscamente y sin ninguna
preparación, de un exceso de trabajo a un contexto de ocio, el anciano
se desorienta, se minusvalora, se deprime; en ocasiones se vuelve agresivo,
desconfiado y gruñón, en un deterioro progresivo que sólo
termina con la muerte.
Asistencia geriátrica.
Las enfermedades geriátricas, tales como su tendencia
a la elevada producción de secuelas invalidantes, exigen para una
adecuada atención médica, una peculiar organización
de la asistencia.
Es importante la implementación de la unidad
de geriatría, que es un servicio especializado en medicina para los
ancianos dentro de un hospital general.
Al hospital de día, auténtica
prolongación del centro sanitario, el anciano acudirá bien
por sus propios medios o por el medio de transporte que le facilite el hospital.
Hasta finalizada la merienda por la tarde, se beneficiará del tratamiento
médico, psicológico, rehabilitador y social.
Las residencias
de larga estancia son instituciones destinadas a pacientes que presentan
invalidez total o parcial.
Otras instituciones importantes dentro de
la asistencia geriátrica son: las residencias, los clubes de ancianos,
(hogares del pensionista) y los talleres protegidos.
En ellas se debe
realizar una medicina no asistencial, sino más bien de tipo preventivo.
Lo ideal es crear residencias pequeñas, bien situadas, con personal
adecuado, donde el anciano encuentre un medio lo más familiar posible
y pueda proseguir su realización personal. Los clubes de ancianos
u hogares del pensionista dependen del Estado y tienen como misión
promover la convivencia, facilitar atención geriátrica, alimentación,
actividades recreativas y culturales, terapia ocupacional y asesoramiento.
Finalmente, la asistencia geriátrica domiciliaria (ayuda a domicilio)
cumple una misión muy importante dentro de la mecánica de
la asistencia, ya que supone trasladar hasta el hogar del anciano algunos
servicios médicos o de enfermería y de asistencia social del
hospital.
¿Deben seguir en casa?
Algunos insistirán en permanecer en casa “a toda
costa”. La casa es el lugar de las cosas familiares, que temen perder al
dejarla, así como su libertad e independencia, el contacto con familiares,
amigos y vecinos.
Pero otros ancianos no dudan en ir al hospital o a
una institución geriátrica ya que nunca se han adaptado a
una vida familiar, o se encuentran en un estado desagradable de soledad
o indigencia, con graves dificultades para continuar en casa.
La decisión
deberá ser valorada de acuerdo con las necesidades individuales de
cada uno. El tratamiento a domicilio - siempre que esté bien organizado
- ofrece grandes ventajas.
En el caso de aquellos ancianos que viven
con familiares, la actitud de éstos es fundamental. Muchas familias
se encuentran dispuestas a realizar cualquier sacrificio para mantener a
sus padres o abuelos en casa. Otras muchas lo harán si se les ayuda
de alguna forma, ya que no tienen posibilidad de cuidarles permanentemente.
La ayuda a domicilio puede ser mucho más ambiciosa y completa,
y convertirse en la solución ideal.
Cuidar la salud.
El chequeo en los ancianos no sólo es aconsejable,
sino que también sirve para hacer un balance del estado de los órganos
y su funcionamiento, así como de las enfermedades crónicas
que el sujeto sabe que padece (frecuentemente, reumatismo, gota e hipertensión).
Es importante explorar todos los órganos, pero especialmente el corazón,
el sistema vascular, los pulmones y el aparato génito urinario (la
próstata en el hombre), así como medir la presión arterial.
Aparte de los chequeos periódicos, las personas de edad deben llevar
una buena higiene de vida, cuidando el sueño, realizando algún
tipo de actividad física para disminuir la involución muscular
y mantener la mayor flexibilidad posible de las articulaciones, favorecer
la respiración y la circulación e incluso frenar la descalcificación.
Asimismo se debe combatir la ociosidad, crearse intereses nuevos para seguir
implicados en la vida social, acudir a reuniones, jugar, incluso hacer deporte
o buscar distracciones. En definitiva, es preciso saber organizar cada uno
una nueva vida.
Comer bien para envejecer poco.
La necesidad de energía va a disminuir de acuerdo
con la reducción de la actividad física y el metabolismo basal
y, si no se adapta adecuadamente la aportación de energía,
habrá una tendencia a engordar. De acuerdo con un informe de la FAO
(Organización Internacional para la Agricultura y la Alimentación),
se considera que las necesidades calóricas bajan en más de
un 20% desde los 25 hasta los 65 años. Así, se ha propuesto,
como media para un hombre de 65 a 75 años con actividad moderada,
un régimen de 2.400 calorías y para la mujer, en iguales condiciones,
de 2.100 calorías.
La gente madura necesita una tasa de proteínas
similar a la de los adultos jóvenes, es decir alrededor de un gramo
diario por kilogramo de peso corporal (de 78 a 80 gr. para un régimen
de 2.400 calorías). Las proteínas, además de energía,
suministran aminoácidos necesarios para restituir los tejidos.
En general, los regímenes demasiado ricos en grasa son nocivos para
los ancianos, ya que les exponen al riesgo de padecer arteriosclerosis.
Para un régimen de 2.400 calorías se consideran suficientes
de 75 a 80 grs. de lípidos. También la tasa de hidratos de
carbono tiene que ser limitada, no debiendo superar los 340 gr. para el
régimen de 2.400 calorías. Entre las sales minerales hay que
destacar el calcio y el hierro.
Es común la disminución
del hierro en la dieta de los ancianos, ya que éstos eliminan alimentos
costosos, como el hígado, muy rico en él. El hierro abunda
también en las espinacas, las verduras y las lentejas. Los ancianos
suelen presentar hipovitaminosis dietéticas, como la carencia de
vitamina C, si les faltan verduras o frutas, y falta de vitamina B, si no
consumen huevos o carne o ambas cosas. El agua debe consumirse en cantidades
importantes, de 1,5 a 2 litros diarios.
Mantenerse en forma.
Las actividades físicas y deportivas son una fuente
de salud y rejuvenecimiento. A cada anciano, según su estado de salud
física y mental y su experiencia deportiva pasada, se le podrán
aconsejar aquellas actividades que le sean más beneficiosas.
Especial interés tienen hoy las llamadas técnicas de movilización
(fisioterapia, socioterapia, terapia ocupacional) que se vienen utilizando
en la rehabilitación de ancianos que padecen enfermedades cardiovasculares,
cerebrovasculares, neurológicas o de la motilidad, e incluso en aquéllos
que presentan una clara sintomatología psicopatológica.
En todos los casos, aunque de forma diferente, si se actúa a tiempo
se pueden lograr recuperaciones totales, o cuando menos parciales, evitando
que el anciano termine en un hospital, postrado en cama.
En la actualidad,
vienen siendo utilizados en diversos contextos: hogares, residencias, asilos,
hospitales. Se pretende así, lograr la adaptación psicosocial
del anciano a su medio ambiente.
Ocio y cultura.
La revalorización del ocio cobra en la vejez una
gran importancia, ya que es la época de la vida en la que uno puede
y debe dedicar más tiempo a sus ocupaciones favoritas y a sus hobbies.
Las actividades que el anciano puede realizar son muy variadas y dependen
de su personalidad y de su experiencia previa.
El nivel cultural juega
también un papel muy importante, pues normalmente los sujetos más
cultos encuentran mayores posibilidades de entretenerse con actividades
diversas (leer, oír música, ir al teatro, viajar), mientras
que los menos desarrollados culturalmente suelen tener actividades rutinarias
y fijas (jugar la “partida” , jugar a la petanca, cuidar a sus nietos).
Los hogares, los clubes, los talleres protegidos y otros centros similares,
pueden contribuir eficazmente a orientar y canalizar muchas de las expectativas
que los ancianos tienen.
Una experiencia significativa para el desarrollo
cultural de los ancianos son sin duda las llamadas “Universidades de la
tercera edad”
Las actividades que se llevan a cabo en estos centros
parten de una concepción integral de las necesidades del anciano
y, en consecuencia, sus programas atienden tanto los aspectos intelectuales
como físicos de la persona.
Los medios de comunicación
ejercen también un gran influjo porque buena parte de su audiencia
está constituida por ancianos. Por eso, sería deseable que
se tuviesen más en cuenta sus preferencias y sus gustos y se dedicasen
programas específicos para ellos.
La vejez asumida.
Los ancianos presentan una serie de características
que, como señalan Butler y Lewis, están íntimamente
asociadas con el sentido de haber vivido largo tiempo y aceptar el ciclo
de vida plenamente, desde el nacimiento hasta la muerte. Podemos citar:
· Deseo de dejar un legado.
· Natural propensión
a compartir con el joven el conocimiento y la experiencia acumulados por
medio de consejos y guía.
· Apego a los objetos familiares,
cosas que le dan un sentido de continuidad, le ayudan en su memoria
y le proveen de consuelo, seguridad y satisfacción.
·
Cambio en el sentido del tiempo; vive más el presente, el aquí
y el ahora, gozando intensamente de los más elemental de las cosas
- los colores, las formas - y de las emociones humanas.
· Sentido
completo del ciclo vital; el anciano bien adaptado percibe la vida como
un todo, aceptando sus propias modificaciones a lo largo de ella.
·
Creatividad, curiosidad y capacidad de sorpresa; esta dos últimas
son cualidades que lo ayudan considerablemente a la adaptación en
cualquier edad y mucho más en la vejez.
· Sentido de la
propia realización, cuando ha logrado resolver sus conflictos personales
y, al revisar la vida, la encuentra aceptable y gratificante.
Ser viejos mañana.
Hay que admitir que el envejecimiento supone un cierto
deterioro físico, por lo que hay que luchar, cada uno dentro de sus
posibilidades por el logro de un adecuado desarrollo de la asistencia geriátrica
integral. Pero si el envejecimiento biológico es algo tangible, objetivable,
la vejez es, tal y como se nos describe en la actualidad, una especie de
ente imaginario, sin más base real que todo un conjunto de mitos
y prejuicios impuestos por presiones económicas y sociales que es
preciso desterrar.
Dado el peligro, siempre acechante en la vejez, de
caer en estado de soledad y aislamiento, será preciso también
hacer un balance de nuestra situación familiar, de nuestras amistades
y relaciones humanas para, en caso de estar “en déficit”, incrementarlas
convenientemente.
El otro gran problema que nos espera es el de la pérdida
del trabajo; habrá que formularse antes de llegar a ese momento nuevos
proyectos, nuevos centros de intereses, otras vinculaciones sociales.
Si vivimos la existencia como algo impuesto, ello supondrá un freno
a nuestra realización personal. Muchos tratan de escapar de esta
situación llevando una “infravida” paralela y secreta, mantenida
frecuentemente con gran esfuerzo. Hay quienes adoptan una vida de “callada
desesperación” y quienes simplemente desaparecen.
La mejor respuesta
que todas las personas podemos dar al reto de la muerte es la aceptación
plena y creativa de la vida. Los mitos y prejuicios no permiten entradas
ni salidas.
Esto debe construirse desde la gerontología.
Debemos tomar conciencia del problema gerontológico y seguir pensando
en la problemática de la tercera edad para mejorarla cada vez más.
Atender la salud y no la enfermedad.
Los viejos tienen que ser respetados
no por lo que fueron, sino por lo que son.
Tenemos que darle participación
en los proyectos para que así eleven su autoestima.
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