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LA TERAPIA SEGÚN MILTON ERICKSON archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Jairo A. Rozo Castillo
Psicólogo e investigador
social
Estudiante doctorado
Universidad de Sevilla
Sevilla,
España
Resumen
Este trabajo, resume la vida de Milton Erickson y el desarrollo de su particular estilo de terapia. Su origen puede encontrarse en sus vivencias personales tan particulares y la forma en que enfrentó su enfermedad, y aunque la hipnosis fue una herramienta importante, lo fundamental de su modelo terapéutico era el cambio en la otra persona a través de la relación interpersonal. Su modelo terapéutico no responde a escuela clínica alguna, excluyéndose de la influencia del psicoanálisis, del conductismo y de la terapia sistémica.
Para entender el enfoque terapéutico que desarrolló Milton Erickson, es
necesario conocer a la persona antes que al terapeuta, pues en este caso, más
que en ningún otro, las particularidades de su vida determinaron de forma
fundamental su enfoque de trabajo clínico.
Erickson nació en 1901 en
Aurum, una pequeña ciudad -ya desaparecida- de Nevada. Su familia, conformada
por sus padres, siete hermanas y un hermano, emigró a Wisconsin, donde sus
padres tenían una granja y toda la familia participaba en los trabajos.
Erickson acumulaba una serie de déficits físicos: era
daltoniano, no distinguía los colores (el único color que podía reconocer como
tal y que por tanto apreciaba desmesuradamente era el púrpura; le hubiera
gustado rodearse de objetos de este color: teléfono, paredes del cuarto de baño,
pijamas, etc.) y padecía sordera tonal. A esto hay que añadir que cuando
Erickson cumplió los dieciséis años, sufrió su primer ataque de polio. Según los
médicos, el joven no sobreviviría y en el mejor de lo casos, no podría caminar
nunca más.
Permaneció en cama, incapaz de mover el menor músculo y sin
ninguna sensación corporal; lo único que podía mover todavía eran los ojos y,
felizmente, el oído no se había visto afectado. Ya que el joven Erickson no
podía determinar dónde estaban sus brazos o sus piernas en la cama, se dedicó
durante horas a tratar de localizar sus extremidades, acechando la menor
sensación de una mano, un pie o un dedo, por lo cual se volvió particularmente
atento a los movimientos. Para matar el aburrimiento postrado en la cama, empezó
a observar cuidadosamente a la gente y su entorno, comprendiendo la importancia
del lenguaje no verbal y corporal de sus hermanas. Entendió que sus hermanas
podrían decir "no" cuando pensaban "sí" y viceversa.
Se volvió así
muy atento a los movimientos, incluso pequeñísimos, de su propio cuerpo,
movimientos que intentaba entonces amplificar. Observaba a los bebés que
aprenden a caminar para descubrir el encadenamiento de sus movimientos, la
coordinación de sus esfuerzos, el modo cómo el peso del cuerpo se reparte sobre
miembros, etc. Y de ahí sacó lecciones tanto para su propia reeducación como
para su trabajo en psicoterapia.
Con lo que había aprendido, desarrolló un manejo adecuado de
los músculos que la polio le había dejado servibles y aprendió a caminar
cojeando con la mínima tensión posible. Pero esto también le hizo consciente de
los movimientos físicos y de cómo la gente utiliza pequeños indicadores o
movimientos de adaptación, que se vuelven reveladores para quien los observa.
Dentro de nuestra comunicación es fundamental el movimiento
corporal.
Debido a su sordera tonal, centró su atención en los
elementos relacionales más que en el contenido del discurso verbal. Como él
mismo aseguraba, muchos patrones del comportamiento en una persona están
reflejados en el modo como la persona dice algo, más que por lo que
dice.
En menos de un año fue capaz de caminar con muletas. Empezó
entonces sus estudios de medicina. Sus primeros contactos con la hipnosis
tuvieron lugar en sus cursos en la Universidad de Wisconsin, donde el doctor
Clark L. Hull acudió para hacer una demostración. Milton quedó fascinado y se
ejercitó en las técnicas hipnóticas con todo el que se prestó a servir de
cobaya: sus condiscípulos, sus amigos, los miembros de su familia, etc. Al año
siguiente asistió a un seminario con Hull, durante el cual la mayor parte del
tiempo estuvo dedicada a analizar las experiencias del joven
Erickson.
Después de su primer año de universidad, un médico le
aconsejó hacer la mayor cantidad de ejercicio físico posible, al aire libre y
sin cansar demasiado las piernas. Erickson decidió entonces hacer un viaje en
canoa durante las vacaciones del verano (Wittezaele y García, 1994). Este viaje,
sin lugar a dudas, reflejó la personalidad de Erickson. Se procuró una canoa de
cinco metros de largo y vestido solamente con un traje de baño, un mono y un
pañuelo anudado en la cabeza a guisa de sombrero, se lanzó a la
aventura.
Por provisiones disponía de un saquito de judías, otro de
arroz y algunos utensilios de cocina, además de dos dólares y treinta y dos
centavos para comprarse productos suplementarios. Con estas provisiones pasó de
junio a septiembre viajando en el lago de Madison, descendiendo el Yahara, el
río Rock, el Mississippi, hasta unos pocos kilómetros de San Luís, y después
volvió al río Illinois, luego hacia el río Rock y hasta Madison. Así que, al
final del verano había recorrido casi dos mil kilómetros prácticamente sin
dinero ni alimentos, sin tener en las piernas la fuerza suficiente para
transportar su canoa alrededor de las presas que le bloqueaban el camino y tan
débil al principio que sólo podía remar unos pocos kilómetros en el sentido de
la corriente para no quedar completamente agotado. Pero su periplo lo transformó
físicamente: su pecho aumentó en quince centímetros, era capaz de nadar sin
respiro durante más de un kilómetro y medio y de remar a contracorriente desde
el amanecer hasta el crepúsculo. Al final, también conseguía transportar su
canoa por sí mismo para pasar las presas.
Sin embargo, en 1952 sufrió un nuevo ataque de polio que le
dejó parcialmente paralizados el brazo y el lado derechos. Como, además, padecía
numerosas alergias, le aconsejaron que se instalara en un lugar desértico, por
lo que se fue a vivir a Phoenix, en Arizona. Allí crió a los tres hijos que
había tenido de un primer matrimonio, así como los otros cinco que tuvo con su
segunda esposa, Elizabeth.
Erickson nunca vivió en la opulencia, a pesar de
tener una reputación cada vez mayor en los medios de la hipnosis clínica. Desde
los años cuarenta, la revista "Life" se interesó por sus trabajos y cuando
Margaret Mead buscó un experto que pudiera explicarle las convergencias entre
los trances de los balineses y los trances hipnóticos, se dirigió a él. En los
años cincuenta, participó en una de las conferencias Macy y le confiaron la
redacción del artículo sobre la hipnosis para la Encyclopaedia Britannica.
Colaboró también con Aldous Huxley quien, por medio de la hipnosis intentó
descubrir algunos recuerdos precoces, así como explorar los mecanismos de la
creatividad.
En 1953, Jay Haley y John Weakland comenzaron sus visitas
semanales a Phoenix, dentro de su investigación sobre las paradojas en la
comunicación. Haley fue el primer gran difusor de las técnicas brillantes de
Erickson. Como consecuencia de estas numerosas publicaciones, Erickson fue cada
vez más célebre, hasta terminar su vida como el "gurú de Phoenix".
En
esa época, Milton Erickson vivía en una casa modesta y recibió a sus pacientes
en un minúsculo despacho. Su salón le sirvió de sala de espera y sus pacientes
se mezclaban con la vida familiar y con los numerosos niños, todavía de corta
edad, que circulan por toda la casa. Erickson no buscaba ni la gloria ni el
dinero; cobró una módica suma tanto a sus alumnos como a sus pacientes. Casi no
estableció diferencia entre la terapia, la supervisión y la enseñanza: utilizó
las mismas técnicas de influencia. Para él, un cambio era un cambio y la terapia
era sólo un aprendizaje, como los otros.
Jeffrey Zeig, uno de sus alumnos, fue testigo de las
dificultades físicas y de los sufrimientos que marcaron el final de la vida de
Erickson. Tenía que pasar por largas horas de autohipnosis cada mañana para
poder continuar con su trabajo por la tarde. Después de una nueva crisis,
incluso tuvo que volver a aprender a hablar; el maestro de las entonaciones de
voz difícilmente conseguía comunicarse. En 1980, Zeig decidió rendir un homenaje
a Erickson organizando el Primer Encuentro Internacional de Hipnosis
Ericksoniana. Sin embargo, Erickson nunca asistió a esta consagración de su
larga carrera, pues falleció ese mismo año.
La terapia según Milton Erickson
II
Como hemos visto, los hechos vitales que marcaron la
existencia de Erickson fueron muy especiales y por ello definieron su especial
acción terapéutica: un ejercicio clínico novedoso y diferente de todo lo que
existía en su momento (la terapia psicoanalítica o la terapia conductual), que
no se encuadraba ni limitaba a modelo teórico alguno y que estaba basada en la
novedad, la creatividad, la comprensión del otro y, sobre todo, la importancia
del cambio.
Su excéntrica forma de hacer terapia le llenó de magia y
misterio. Llegó a ser llamado "gurú", "genio loco", un "brujo de la hipnosis" y
demás apelativos que trataban de describir el desconcierto ante su particular
forma de manejar los casos.
Pero para situarnos en contexto, es
necesario narrar algunos conocidos procesos terapéuticos de Erickson y pasar
posteriormente a la disección de su estrategia terapéutica.
El primer caso tiene que ver con un joven (Wittezaele
y García, 1994) que al presentarse en la consulta, expuso sus dos problemas al
terapeuta. Aunque se quejaba de una pérdida de peso constante, su preocupación
se fundamentaba, sobre todo, en el segundo: su esposa y él no habían podido
todavía consumar su matrimonio celebrado nueve meses antes. De hecho, su esposa
le prometía cada noche que aceptaría las relaciones sexuales, pero, al primer
movimiento de su marido para acercarse a ella, entraba en un estado de pánico y
le rogaba esperar hasta el día siguiente. Él acababa por preguntarse si
conseguiría él mismo tener una erección a pesar de su deseo desbordante. ¿Cómo
podría el terapeuta ayudarles?
Se concertó una cita para ella. Debía
presentarse en casa del terapeuta sabiendo que había de estar dispuesta a
hablar, sobre todo de su desarrollo sexual desde la pubertad. La esposa acudió a
la entrevista y, a pesar de su gran turbación, contó su historia. Explicó su
comportamiento por "un terror incontrolable" que la superaba completamente.
Relacionó vagamente su miedo con su educación moral y religiosa. Durante la
conversación sacó una libreta de notas en la que estaba anotado cuidadosamente
el día y la hora del comienzo de cada período menstrual. Examinando la libreta,
se observaba que durante los diez últimos años, había tenido sus reglas cada
treinta y tres días entre las 10 y las 11 de la mañana; ni una sola vez había
tenido la regla prematuramente (a veces, un pequeño retraso). Su próxima regla
estaba prevista para diecisiete días más tarde. A la pregunta: "¿Quiere
recibir ayuda para su problema conyugal?", respondió: "Sí",
apresurándose a añadir, en un estado de pánico evidente: "¿Podemos esperar
hasta mañana?"; Erickson la tranquilizó afirmando varias veces que la
decisión sólo le correspondía a ella.
Después de esta conversación,
Erickson indujo un trance hipnótico durante el cual le hizo varias sugestiones
encubiertas en una larga perorata. Le dijo, substancialmente: "Con asombro
por su parte, podría encontrarse, e incluso es probable que se encuentre frente
a la desaparición súbita de su miedo y, sin que pueda sospecharlo, esto le
permitirá cumplir su promesa antes de lo previsto".
Se hizo
entonces entrar al marido, a quien se le aseguró que en la noche siguiente
tendría relaciones sexuales con su esposa. El marido telefoneó al día siguiente
para decir que su esposa, al regresar de la entrevista, había tenido la regla:
¡con un adelanto de diecisiete días! El terapeuta lo tranquilizó diciéndole que
esto era muestra del deseo sexual que su esposa sentía por él y citó a la pareja
para una entrevista inmediatamente después de la regla.
El día de la
consulta, Erickson recibió primero a la esposa y le indujo un trance. Le dijo
que la consumación del matrimonio debía tener lugar -y que tendría lugar- dentro
de los diez días siguientes. Esto sucedería la noche del sábado, o la noche del
domingo, pero él prefería que fuera el viernes por la noche. Continuó entonces
pasando revista incansablemente a los diferentes días en que podría tener lugar
la consumación, señalando siempre su clara preferencia por el viernes por la
noche. La despertó entonces y le repitió sus palabras. Recibió entonces al
marido, a quien le pidió que permaneciera pasivo, que no hiciera ningún intento
y que incluso evitara responder demasiado rápidamente a los de su
esposa.
El viernes siguiente, el marido estaba al teléfono: "Ella
me ha pedido que le diga lo que sucedió ayer por la noche. Ocurrió tan pronto
que ni siquiera me di cuenta de lo que me caía encima. Prácticamente me violó. Y
me despertó antes de la medianoche para repetirlo. Esta mañana, se reía. Cuando
le he preguntado: "¿Por qué?", ella ha insistido en que le telefonee para
decirle que no era viernes. Le he dicho que precisamente hoy es viernes. Pero
ella simplemente se ha reído y ha añadido que usted comprendería eso de que no
era viernes".
Otro ejemplo (Haley, 1997) es el caso de un doctor
ya mayor, un hombre extremadamente rígido en sus comportamientos, que acudió a
Erickson para recuperarse de un miedo a los ascensores. Este médico trabajaba en
un hospital en el quinto piso. Siempre había subido por las escaleras, a pesar
de que los ascensores eran maneados por una competente mujer joven y eran
lugares seguros. Se estaba volviendo viejo y frágil, y no podía continuar
subiendo por las escaleras.
Erickson fue al hospital con el anciano
médico y observó los ascensores con él. Dado que el doctor podía entrar y salir
de los ascensores, Erickson eligió un ascensor y le pidió a la joven
ascensorista que lo mantuviese en ese piso. Hizo que el doctor entrase y saliese
del ascensor, y el doctor demostró que podía hacerlo. Erickson pidió al doctor
que entrase y saliese una vez más. Esta vez, cuando el doctor entró la
ascensorista cerró la puerta. Ella le dijo. "No puedo controlarme, siento un
irrefrenable deseo de besarle". El mojigato médico le contestó.
"Aléjese de mí, compórtese". La joven mujer dijo, "Siento impulsos
de besarle". El doctor contestó, "¡Abra este ascensor ahora
mismo!" Ella pulsó la palanca y el ascensor comenzó a subir. Entre los
pisos ella volvió a parar el ascensor y le dijo. "Estamos entre dos pisos,
nadie puede verme besarle". "Ponga en marcha este ascensor replicó el doctor",
y ella lo hizo. El miedo del doctor a tomar un ascensor terminó con una
sola intervención.
Un tercer ejemplo es un caso muy conocido que cita
Haley (1997). Una madre acudió a Erickson y le dijo que su hija adolescente se
había retirado del mundo y que no podía dejar la casa ni ir a la escuela ni a
ningún sitio. Tenía la idea de que sus pies eran demasiado grandes y que no
debía mostrarlos en ningún lugar. En aquella época un terapeuta estaba
incapacitado por la regla de que solamente deben verse los clientes en la
consulta. Algo típico de Erickson era que siempre hacía lo que tenía que hacer
dentro de los límites de su fortaleza. Acudió a la casa por dos razones obvias:
una, que la chica no iría a su despacho, y dos, Erickson quería ver el tamaño de
sus pies. Erickson observó que los pies de la niña eran de un tamaño normal. Usó
la excusa de que su madre no se encontraba bien y que como médico le hacía una
visita a domicilio. Examinó a la madre y entonces le pidió a la hija que le
ayudase estando detrás de él sosteniendo toallas, o cualquier cosa que pudiese
necesitar, hasta que la niña estaba justo detrás de él, y dando un paso hacia
atrás la pisó tan fuerte como pudo, hasta que la niña gritó de dolor. Erickson
se giró y le dijo agriamente "si tus pies fueran lo suficientemente grandes
como para que un hombre pudiera verlos, no te hubiera pisado". Continuó
examinando a la madre mientras la hija parecía pensativa. Más tarde, la madre le
llamó a Erickson y le dijo que su hija le había preguntado si podía salir a ver
una película y posteriormente salió. Al día siguiente fue al colegio. El
problema estaba superado.
Para finalizar, vamos a narrar el caso de
una joven inhibida que era fóbica a la relación sexual. La hipótesis era que la
madre la había asustado con discursos para prevenirla contra el sexo; siendo
todavía niña la madre murió. Erickson hizo regresar a la mujer a su infancia, a
un tiempo donde la madre le había dado las advertencias que la habían asustado.
Entonces le habló de cómo las madres advierten de tal forma que sólo cubren
partes de un problema y ellas mismas, más tarde, ofrecen una enseñanza más
completa cuando saben que sus hijas están lo suficientemente maduras para
recibirlas y entenderlas. Cuando Erickson llevó a la joven atrás en el tiempo,
cuando su madre le asustaba con aquellas advertencias, primero demostró estar de
acuerdo con lo que la madre le había dicho. Entonces discutió con la joven lo
que su madre le hubiese dicho acerca del sexo en el futuro, si hubiese vivido.
La hija entonces hubiera sido lo suficientemente madura como para hacer juicios
correctos en relación con el sexo y su madre le hubiera hablado de aspectos
positivos del mismo. Su desafortunada muerte le impidió a la madre poder
completar la educación de su hija. Ahora la joven mujer estaba preparada para
aceptar lo que Erickson podía darle: una visión más positiva del sexo que la
madre le hubiera dado si la mujer hubiera vivido.
Como podemos darnos
cuenta, estas estrategias terapéuticas no son nada ortodoxas, nada "esperables"
ni tradicionales a ninguna línea de acción clínica, ni a ningún modelo
psicológico aplicado por la época en que Erickson empezó a ser
terapeuta.
Modelo terapéutico
¿Cómo podemos definir, clasificar o entender este estilo
terapéutico? Para entender el modelo terapéutico bajo el cual actuaba Erickson,
es necesario partir de una conclusión fundamental: la estrategia terapéutica de
Erickson era totalmente original para su época.
Con esto quiero decir
que Erickson no partía de influencias reconocibles de otros autores, al estilo
de mentores o maestros, ni había deducido su manera de actuar de alguna escuela
psicológica o terapéutica. Cuando Erickson inició su recorrido por la terapia,
la gran escuela que influyó en la terapia fue el psicoanálisis y, obviamente, él
no hacía parte de sus filas, como tampoco lo hizo del posterior movimiento
conductista. Para Erickson, el pasado no era la clave para solucionar el
conflicto. El pasado, según sus palabras, no se puede cambiar, y aunque se pueda
explicar, lo que se vive es el hoy, el mañana, la próxima semana, y eso es lo
que cuenta.
Digamos que fue lo suficientemente intuitivo, observador,
disciplinado e independiente como para crear su propia estrategia de acción a
partir de la hipnosis. Sin embargo, no podemos reducir su accionar terapéutico a
la hipnosis, pues a medida que pasaba el tiempo disminuyó cada vez más su
utilización, dándole más relevancia a la metáfora y al lenguaje
imperativo.
Para Erickson aprender la hipnosis era ante todo aprender a
observar al otro, a comprender su visión del mundo, a seguirlo paso a paso de
manera que se puedan utilizar todas estas informaciones para ayudar al paciente
a comportarse de otro modo (Wittezaele y García, 1994). Por lo tanto, podemos
entender que en la visión de Erickson, la hipnosis no es el punto clave, es una
herramienta más para llegar al punto clave: el cambio a través de la influencia
interpersonal.
Su gran capacidad de observación y estudio del
lenguaje no verbal de las personas, a partir de la inmovilidad que le produjo su
enfermedad, el conocimiento que le brindó el aprendizaje de la hipnosis para
influir en el comportamiento del paciente, y su autonomía como creador de un
proceso terapéutico no influenciado por escuela de pensamiento alguno, produjo
lo que ya hemos visto, como excepcional e incluso "milagroso", en cuanto a la
curación de algunos problemas de sus pacientes.
¿Cómo podemos
configurar el enfoque ericksoniano? Tal vez debamos partir de entender que
gracias a su capacidad de observación, su imperiosa premisa era resolver el
problema, pero sin recurrir a recetas, por lo cual contaba con la paciencia y
minuciosidad como para enfrentar cada problema de forma diferente; era tan
original en la forma de abordar sus casos, que esto hacia tremendamente difícil
transmitir lo que sabía, crear escuela, si se quiere.
Si quisiéramos reconocer los pilares de su estrategia terapéutica, tal vez
deberíamos seguir a Jeffrey Zeig (1985, en Wittezaele y García, 1994), quien
propone los siguientes puntos:
- No tener ideas preconcebidas sobre el paciente
Este punto subraya la importancia de la observación y, sobre todo, de
la no clasificación clínica. Esto implica una compresión más certera de la
problemática y permite huir de la estrechez de la clasificación para centrarse
únicamente en el universo del paciente.
- Pretender un cambio progresivo
Su meta era lograr objetivos concretos para futuros próximos. El terapeuta no
puede aspirar a controlar todo el proceso de cambio del paciente, solo lo
inicia, posteriormente éste sigue su camino, es como una bola de nieve que rueda
por una montaña convirtiéndose en una avalancha que, sin embargo, se adapta a la
forma de la montaña. Para Erickson, la tarea del terapeuta no consistía en
definir una patología, ni en permitir una toma de conciencia, ni en dirigir la
vida de una persona.
- Establecer el contacto con el paciente
en su propio terreno
Esta idea no sólo tiene que ver con la
manera cómo Erickson salía de la consulta e intervenía en la calle o en la casa
del paciente, tiene que ver también con el modo cómo el terapeuta debe entrar en
contacto con el paciente, la forma de establecer una relación con él.
Desarrollar la escucha y dejar a un lado las interpretaciones, con el fin de
poder comprender las particularidades de cada paciente. Escuchar al paciente
implica no encasillarlo en un diagnóstico ni en una categoría teórica, implica
entender su mundo para entrar en él. Esto supone un trabajo intenso, largas
horas de reflexión y paciencia, y Erickson lo demostró tajantemente cuando
empezó a hablar el idioma incoherente del paciente esquizofrénico y a
comunicarse con él en sus mismos términos. Hablar el lenguaje del paciente
implica no sólo las palabras o su sintaxis, sino entender su esquema de valores,
la imagen que tiene de sí misma y del mundo que le rodea, sus miedos y cómo
enfrenta los conflictos, entendiendo lo que dicen y también lo que quieren
decir.
Si la persona estaba acostumbrada a que le trataran de una
forma dura, Erickson trataba al paciente de tal forma, era su manera de llegar a
contactar con él, era necesario para la comunicación.
- Crear
situaciones en las que las personas puedan darse cuenta de su propia capacidad
para modificar su manera de pensar
Para Erickson era fundamental permitir al paciente reconocer
sus capacidades situándolo en un marco en el que éstas puedan manifestarse. Por
lo tanto, había que dejarle control al paciente de la situación y motivarle para
que ejerciera el cambio. Algo que hizo magistralmente en el caso de la pareja
que no podía tener relaciones sexuales.
También era típico de
Erickson salir del contexto de la consulta y utilizar personal auxiliar cercano
o no al paciente para ayudarle a implementar su acción
terapéutica.
Erickson utilizaba el insight aunque de forma diferente al
enfoque psicodinámico. Erickson nunca ayudaría a un chico enclenque a darse
cuenta de que estaba celoso de su hermano, pero sí le ayudaría a descubrir que
era rápido y mucho más ágil que su grande y musculoso hermano. El enfoque
educacional de Erickson enfatizaba el descubrimiento del lado positivo (más que
del negativo) para producir el insight en el paciente.
Erickson no se concentraba en traumas pasados, se concentraba
en un cambio mediante una acción en el presente. Se centraba detalladamente en
los síntomas; ofrecía cambios en sus pacientes sin su conciencia. Influir sobre
la persona sin que ella supiera que se le estaba influyendo. Por ello utilizaba
muchas sugestiones fuera de la conciencia del sujeto. Lo hipnotizaba, le daba
sugestiones y les provocaba amnesia para que el efecto se desarrollara sin la
conciencia del paciente.
Erickson utilizaba el moldeamiento de la
conducta y usaba técnicas que ahora se pueden interpretar como conductuales, y
mucho antes de que se descubriesen las terapias del aprendizaje, pero no era
conductista en el sentido estricto de la palabra, según Haley no utilizaba el
refuerzo positivo como se suele hacer en terapia.
Erickson nunca se
definió a sí mismo como un terapeuta familiar, gestáltico, grupal,
psicodinámico, Rogeriano o existencial. Al parecer no quería ser clasificado,
pues deseaba maximizar su libertad de acción: ver pacientes con una amplia gama
de recursos y enfoques diferentes.
No basaba sus ideas en la teoría
psicodinámica ni usaba la herramienta básica de ese enfoque, la interpretación
inconsciente. Tampoco de la terapia de la conducta, ni usaba su herramienta
principal, el refuerzo positivo explícito. No aceptaba la teoría sistémica
familiar y su idea básica de que el comportamiento de cualquier miembro en un
sistema es el producto del comportamiento de otro miembro.
Bibliografía
Haley, J. (1997). Típicamente Erickson. En: Revista de
Psicoterapia, 8 (29) pp.: 63-82.
Wittezaele, J. y García, T.
(1994). La Escuela de Palo Alto. Historia y evolución de las ideas
esenciales. Barcelona: Editorial Herder.