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RADIO Y PODER EN LA ARGENTINA archivo del portal de recursos
para estudiantes |
Brenca de Russovich.
María Luisa Lacroix.
Se propone aquí una ojeada sobre las relaciones entre Estado y radio en nuestro país durante los años que van de 1920 a 1953.
Capítulo 1: El nido del huevito.
Los cambios producidos por las guerra de 1914 - 1918 se manifestaron en la reacomodación del poder mundial.
La entreguerra y la economía agentina.
En 1912, la incorporación de grandes masas de electores
al voto por obra y gracia de la Ley Sáenz Peña lleva a los
sectores populares nativos a la arena política.
Ocurre así
el triunfo en 1916 de Hipólito Yrigoyen que es seguido por otro gobierno
radical en 1922 para luego asumir nuevamente en 1928.
El golpe militar
de Uriburu en 1930 hace suponer una intervención directa de Estados
,Unidos en la estructura de poder político argentino.
Pero el
proyecto del uriburismo es reemplazado por una programada candidatura de
la “concordancia” que mediante el “fraude patriótico” lleva al general
Justo al poder.
Su gobierno persiste en la adhesión al viejo
imperio inglés y es responsable del pacto Roca - Runciman. Le sigue
en 1937 la fórmula Ortiz - Castillo de extracción conservadora
y durante el gobierno de Castillo sobreviene la segunda guerra mundial (1939
- 1945).
Ya durante el primer conflicto bélico, la necesidad
local de provisiones había traído un avance en los proyectos
industriales nativos, cuando se vuelve al régimen de intercambio
de nuestras “inacabables” riquezas agropecuarias por manufacturas venidas
del exterior (origen europeo).
Volver a la situación de preguerra
era la ilusión de la oligarquía autóctona y de sus
portavoces, La Prensa por ejemplo.
La década que siguió
a la de la guerra (1920 - 1930 fue una época de optimismo generalizado.
Contra los propósitos de la oligarquía era imposible volver
a la situación de preguerra, porque en la liza mundial habían
entrado otros países de gran desarrollo interno, diferentes de nuestros
clásicos proveedores - compradores.
Los nuevos cachorros de león
(Estados Unidos, Alemania) querían tener su buena parte en el mercado
latinoamericano y por lo tanto se preparaban a inclinar nuestras decisiones.
Entretanto en la Argentina se producían desplazamientos de población
del campo a las ciudades, del interior al litoral. Este proceso se acentuaría
con la industrialización substitutiva que sigue a la crisis de 1929/30.
Así, luego de 1930, bajo Justo, son los mismos conservadores quienes
impulsan una industrialización, aunque acotada. Esta “industrialización
substitutiva” refuerza el .proceso de migración interna hacia las
ciudades y hacia Buenos Aires, tanto más que el gobierno conservador
del ‘30 prácticamente suspendió el ingreso de inmigrantes
externos.
Forcejeos imperiales.
Después de la primera guerra mundial los países
protagonistas surgen en un nuevo acomodamiento de poder.
En nuestro
país esta puja entre intereses norteamericanos e ingleses se desarrolla
sin disimulos.
El medio propicio es el estado de semiindustrialización
de la Argentina, oportunidad abierta a los Estados Unidos para “reemplazar
la explotación británica por la ayuda norteamericana”.
Fue característico del capital británico “limitar su participación
como inversor a las industrias grandes con mercado en el exterior”.
Habrá que esperar a la década de los años 20 para que
se desarrolle una corriente de capital extranjero interesada en la inversión
en manufacturas para el mercado interno, pero esta vez correspondiente a
otro imperio.
Por razones climáticas los Estados Unidos en relación
a la Argentina en una situación diferente de la de Inglaterra: aquél
país no estaba interesado en nuestra producción agropecuaria.
Los norteamericanos buscaban una vía de expansión hacia nuestros
países a través de la instalación de ellos de planes
de montaje de bienes de consumo durables que tenían una demanda masiva
a nivel mundial.
Capítulo II : Emisoras de Primera generación.
La radiodifusión comenzó en la Argentina
en agosto de 1920 en un círculo pequeño pero de tendencias
expansivas.
La estructuración del “modelo” organizativo de nuestra
radio coincide:
1.- con el ascenso de la influencia norteamericana
en América Latina, donde busca desplazar la hegemonía europea
(inglesa) debilitada por la guerra de 1914.
2.- con la mencionada
formulación mundial de una ideología de la radio como medio.
3.- con el diseño de consecuentes modelos alternativos de control.
Considerando estos factores puede señalarse en la evolución
de la radio argentina un primer período de formación de tendencias
e ideas que aparecen ya bastante consolidadas en 1928 cuando el gobierno
transfiere a Correos y Telégrafos la dependencia de la radiodifusión.
Se abre un segundo período de fuertes disensos en torno al estatuto
jurídico de la radio que tomará finalmente un camino sin remisión
a favor del sistema privado con financiación publicitaria al aprobar
el Congreso la creación de la cadena R.A.D.E.S. en 1941.
Entre
esa fecha (1941 y la de la primera Ley de Radiodifusión (1953) ocurrirán
hechos capaces de hacer pensar en un camino distinto del ya decidido en
los años 30.
La ley de 1953, finalmente formalizará el
contradictorio “privatismo oficialista” que ha sido y es la esencia del
régimen de medios electrónicos de la Argentina.
Nacimiento de la radio: entre Wagner y Contursi.
Todo el mundo recuerda que la primera radio - luego llamada
LOR Radio Argentina - se oyó en agosto de 1920 con la difusión
de “Parsifal” desde el teatro Coliseo.
Sólo en 1923 las emisiones
provocaron oleadas perceptibles.
La radiodifusión era un hecho
que se extendía en todos los niveles. Y eran radioaficionados los
que instalaban transmisores.
Radioaficionados elegantes fundaron en
octubre de 1921 el Radio Club Argentino.
Las potencialidades del nuevo
medio eran sólo confusa y diferentemente recibidas, tampoco parecían
bien delimitadas las intenciones de emitir y recibir, en última instancia
ambas constituían una única aspiración para el radioaficionado.
En 1925 hay ya doce estaciones en la Capital y diez en el interior.
Gente de los grandes diarios se interesa en la radio y varios diarios del
interior adquieren permisos para emitir como “broadcasters” , por ejemplo,
“El Liberal” de Santiago del Estero.
Se generan así humildes
“pools” de intereses afines: en la Capital, por ejemplo, Radio Cultura tiene
una emisora, una revista y vende discos y receptores; Jaime Yankelevich
llega al negocio de la radio desde el comercio de radio partes y receptores
al comprar LOY, que luego será LR3.
El negocio de la venta de
receptores alentaba el crecimiento de las emisoras en Estados Unidos a través
de las corporaciones y en Argentina desde los abarrotes de material importado.
El disco entra en las emisoras desde el principio pero la crítica
culta lo rechaza, se prestigiaban sólo con el concierto.
La tecnología
sigue los pasos de los grandes fabricantes: primero serán los transmisores
y receptores con “audiones” con un solo auricular; más tarde
con lámparas que permitirán acoplar varios auriculares a la
misma radio. Hacia fines de las década la potencia se medía
en kilovatios. Como en los Estados Unidos las radios argentinas se desvinculan
rápidamente del negocio de la venta de receptores para convertirse
en un negocio per se, mediante su explotación como medio de publicidad.
En cuanto a los contenidos, la radio argentina de los 20 no gozó
del favor de la crítica. Había música, se transmitían
óperas, valses, operetas; era la “ música ligera” . Había
también música bailable, sobre todo tango, demasiado para
el purismo de los que veían en la radio un modo de difundir la cultura
aceptada como tal, según el modelo BBC.
En cambio los deportes
aparecen desde el comienzo al transmitirse paso a paso, a través
de la lectura de cables la pelea Firpo - Dempsey en 1924.
Hubo noticiosos
desde bastante temprano también.
Cuando éstos se organizan
sus horarios revelan que los servicios no se superponen.
En suma, el
espectáculo radial de la década del 20 tiene que haber sido
de nivel popular, modesto en cuanto a sus talentos, pero distintivo e influyente
en los gustos y hábitos de entretenimiento de una gran masa poblacional.
Los años de formación de la radio y sus perspectivas.
La transmisión instantánea a larga distancia
es un hecho del siglo XIX y aún anterior, pero sólo la transmisión
inalámbrica (del siglo XX casi) abrió el camino a la radiodifusión.
Cuando en Argentina se implantan empresas de telégrafos por cables,
el Parlamento les impone normas.
En esas normas de la ley (750 y 1/2)
aparecen atisbos del control que recaerá más tarde sobre la
radiodifusión.
Esta ley establece un régimen de licencia
previas, aunque transferibles con la anuencia de la autoridad.
Como
la función de las empresas de telégrafos era transmitir mensajes,
el legislador los aprisionó en disposiciones censoras explícitas
referidas a la “moral y buenas costumbres” , disposiciones que implicaban
la sujeción del medio a los límites de lo socialmente admitido.
En 1904 una nueva ley hace entrar en las disposiciones de la 750 y 1/2 los
teléfonos y telégrafos inalámbricos.
Otra ley de
1913 pone una mosca en la sopa de todos los futuros regímenes de
radiodifusión pues sin mencionar este medio establece que “el servicio
radiotelegráfico es exclusividad del Estado”.
Esta modesta ley
ignoraba las argucias a las que tendrían que apelar los futuros legisladores
para sortear su inquietante visión estatista de las transmisiones
hertzianas.
Con el desarrollo de las comunicaciones “sin hilos” y a
los fines de fijar jurisdicciones para “estaciones” y servicio radiotelegáfico
el gobierno dicta en julio de 1917 un decreto que divide al país
en dos zonas:
a) Zona Marítima - Ministerio de Marina.
b) Zona Terrestre - Ministerio del Interior.
Este decreto sigue
el principio estatizante de la ley de 1913 (9127) de la que proviene; cuando
llega la radio en 1920 está en vigencia este doble régimen
ministerial. La radio desciende jurídicamente del telégrafo
y este carácter confunde su naciente identidad de medio masivo.
En 1923, cuando el “broadcasting” empezó a sonar con insistencia
en Buenos Aires el Poder Ejecutivo Nacional formó una comisión
para poner cierto orden en el aire.
Un decreto de setiembre de 1925
evidencia que la radio porteña ha conquistado su propio caos. Interferencias,
irregularidades y discontinuidades de servicio, excesos de toda índole
en los contenidos provocan una regulación específica para
la radio que agrega:
a) que el ministerio pertinente asignará
las longitudes de onda a cada emisora.
b) que el hecho de poseer
una licencia implicaría la exigencia de mantener un servicio.
c) que en los contenidos no debería predominar propaganda política,
religiosa, comercial y noticiosa.
y el Estado seguía reservándose
el derecho de modificar las gamas de onda y de clausurar emisoras a su arbitrio.
El próximo paso de la política estatal frente a la radio será
en 1928. Pero en ese año la radio es un medio de pantalones largos.
Con los mismos objetivos de orden de siempre, el Ejecutivo dicta en 1928
un decreto por el que se considera conveniente someter a “las estaciones
privadas de broadcasting” a la sola jurisdicción y fiscalización
del Ministerio del Interior, a través de Correos y Telégrafos.
Este decreto se reglamenta en 1929 y con ello caducan todas las licencias
existentes. Pero se comienza a hablar de explotación de las emisoras
abriéndose una perspectiva cierta a la explotación comercial
ya existente de hecho en el medio.
Esta reglamentación de 1929
sigue afirmando que el Estado es el dueño de las frecuencias, que
su otorgamiento a particulares tiene carácter precario y que los
permisos pueden caducar en cualquier minuto.
La censura previa, ya presente
en la reglamentación de 1925, ajusta el torniquete: ahora las emisoras
debían enviar a Correos y Telégrafos los programas de transmisiones
con ocho días de anticipación y se reiteran los patrones culturales
del inasible modelo BBC.
Pero la gran innovación de este reglamento
es que desaloja las plantas transmisoras de la Capital Federal y de toda
zona urbana para llevarlas al descampado.
En la Argentina el Estado
disimulaba el carácter de “medio masivo” de la radio y soslayaba
así el problema de la libertad de prensa, sometiendo al aire temible
pero controlable a una explícita censura previa a través del
subterfugio de la asignación de frecuencias, contando con el asentimiento
del pequeño comercio que se había instalado en la emisión.
Pero el control estatal no inclinaba al Estado al papel de emisor; sólo
en la década siguiente (LRA) inaugurará su modesta estación,
instalada mediante un intercambio con un nuevo permisionario: Editorial
Haynes.
Por lo tanto el período de 1928 a 1930 trae un reacomodamiento
general debido a la intervención estatal para poner orden en un universo
que ya era extenso y conflictivo.
En estas luchas por regir su funcionamiento
interviene cada vez más con mayor fuerza el poder político,
árbitro del mensaje radial y poderoso terciador entre los distintos
sectores interesados en las políticas para la radio, los “broadcasters”
y su entorno frente a los grandes diarios (especialmente La Prensa).
La radio en este período es un fenómeno público que
se discute y critica; puntos más enumerados por los diarios: programas
y exceso de publicidad.
La radio argentina parecía mirar con
más cariño al modelo norteamericano aunque sus críticos
tuvieran una secreta esperanza de que la ley por venir consagraría
el modelo BBC.
Capítulo III - Los modelos: “The one and the other”.
De 1930 a 1943 la radio argentina decide su futuro.
El proceso de industrialización substitutiva, que incluye la implantación
de empresas norteamericanas, favorece el crecimiento del negocio radial
y el desarrollo técnico - empresarial del medio.
Así la
lucha entre la preeminencia del modelo norteamericano de redes privadas
financiadas por publicidad (Radio Act. 1927) y el modelo inglés basado
en una entidad nacional de carácter público sin publicidad
(BBC de 1927) puja en la que a comienzos de la década y hasta y hasta
el informe de la comisión de 1938 la posición gubernamental
parece inclinarse a favor del modelo inglés, termina con el híbrido
proyecto de esta comisión que nunca llegó a aplicarse.
En los hechos se consagra finalmente el modelo “network” ( o de redes) norteamericano
al crearse por una discutida ley en 19412 la tercera cadena argentina de
radio con centro en radio Splendid.
¿Populista o paternalista?
La radio en la década del 30 era ya una presencia
fundamental en la vida cotidiana del pueblo.
La disputa sobre su orientación
y sobre su estatuto legal involucraba a una extenso público y a un
conjunto empresario con peso que hacía
La primera y obvia razón de la prevalencia del
modelo formal norteamericano es que la radio se inició y configuró
en el país como empresa privada, con emisión centralizada
en Buenos Aires y financiada por publicidad.
Toda otra organización
que se proyectase suponía deshacer lo que ya estaba funcionando de
hecho y que había creado importantes intereses nacionales a su alrededor.
Este problema fue visto con total claridad por la Comisión de 1938.
Otra causa de persistencia y triunfo de la radio privada con financiación
publicitaria es el interés de las grandes corporaciones norteamericanas
instaladas aquí por emplear el medio como vehículo de sus
impetuosa técnicas de comercialización.
Todos quedaron
más o menos conformes con el camino finalmente seguido porque hubo
inversiones publicitarias abundantes, censura estatal explícita y
los programas mejoraron , ya no en lo concerniente a servicios populares,
democratización, federalismo ni auténtica cultura. No hay
como nombrar una comisión, para que todo siga igual.
En 1938,
casi al fin de una década de reglamentaciones y polémicas,
siguen señalándose los mismos problemas en la radio.
El
Poder Ejecutivo entonces pone en marcha el calmante adecuado, una comisión
para que examine y evalúe los permisos precario y establezca la organización
integral del medio.
Esta comisión es la primera y más
importante mirada global sobre el hecho de la radio, una esperanza cierta
para las fuerzas conservadoras de la cultura y el control político.
También para la mayoría de los grandes diarios que siguen
sosteniendo el carácter inmoral de una radio con publicidad.
Según la comisión la mala calidad se originaba en la competencia
comercial. Los malos programas gana cierto público. La correlación
entre radio comercial y baja calidad aparece clara.
La comisión
de 1938 se expide en 1939 sin pena ni gloria. Ninguna ley de radio surge
de sus conclusiones y en 1941 a las dos cadenas privadas existentes se suma
la tercera centrada en LR4 radio Splendid.
La segunda guerra mundial
no trajo en 1939 otro cambio en el desarrollo de nuestra radiofonía
que la escasez de materiales.
Este cuadro de bienes y males de la radio
se mantenía cuando acaece el golpe militar de 1943.
El golpe de 1943 y sus 307 artículos.
Con el nuevo panorama creado el 4 de junio de 1943 la
radio desplaza el foco de su problemática comercial al campo puramente
ideológico.
El 18 de junio, 15 días después del
golpe se crea una comisión para rever los permisos. De esa comisión
surge el decreto 1895/44 que reglamenta el otorgamiento de concesiones,
exigiendo que las radios estén en manos de ciudadanos nativos o naturalizados
con no menos de diez años de ejercicio de la ciudadanía.
Poco antes de asumir el nuevo gobierno constitucional aparece el decreto
que pone en vigencia el Manual de Instrucciones para las Estaciones de Radiodifusión.
Se inspira en el carácter censurante de las anteriores reglamentaciones
de 1933 y 1934 y lleva el control hasta el ridículo.
Los controles,
suspensiones y clausuras de emisoras son significativas.
Todo el sistema
de radiodifusión argentino parecía estar en desequilibrio.
Este traspaso al ámbito oficial de la mayoría de las emisoras
entre los años 1947 y 1948 provoca un proyecto de resolución
del diputado conservador por San Luis R. Pastor quien cuestiona el “exceso
de intervención estatal en los distintos aspectos de la vida nacional”.
Lo que critica Pastor es el control gubernamental y la falta de libertad.
La presencia del gobierno en las radios no implica que éstas dejen
de financiarse con publicidad.
De cómo el Estado entra y sale de la radio. La Ley de 1953.
Cuando el Congreso trata en 1953 la primera Ley de Radiodifusión
hay en nuestro país 64 emisoras, 15 en la Capital y 49 en el interior.
Las cadenas comerciales son tres:
· LR1 (cabecera + 22 emisoras)
· LR3 (cabecera + 24 emisoras)
· LR4 (cabecera + 14 emisoras)
Subsisten en el sistema ocho radios independientes: Libertad. Porteña,
Mitre, Excélsior, Argentina, Rivadavia, y Del Pueblo, más
la cadena estatal de LRA y sus nueve emisoras del interior. La televisión
(con ATC) no es aún competencia. La radio sigue siendo el modo hegemónico
de recibir noticias.
En setiembre de 1953 se da a luz la ley 14.241
a partir de un proyecto del Poder Ejecutivo Nacional.
Esta primera
ley de radiodifusión es breve (26 artículos) privatista y
centralista.
Implica el paso a manos privadas mediante licitación
de las cadenas LR1, LR3 y LR4. Los contenidos que se alientan para el medio
son los culturales de unidad nacional, con participación del arte
y cultura del interior.
En esta ley hace su aparición el SOR
(Servicio Oficial de Radiodifusión) que tiene el carácter
de una cuarta cadena igualmente centrada en Buenos Aires.
La ley se
reglamenta en diciembre de 1953, el reglamento añade que la radiodifusión
entra en el ámbito exclusivo del Ministerio de Comunicaciones.
Las licencias, cuya duración por ley es de veinte años con
opción de las mismas empresas de nuevos períodos, pueden heredarse.
La ley atribuye el carácter de “interés público” en
lugar del de “servicio público”.
La razón es que puesto
que se proyectaba la radiodifusión en manos privadas no podía
ser servicio público. Se adopta entonces la forma de “interés
público” que ya había aparecido antes y correspondía
al modelo norteamericano.
Aprobada la ley, las licitaciones se producen
en 1954.
· La red A (LR1 y su red) a Vicente Aloé.
· La red B (LR3 y su red) a Jorge Antonio.
· La red C
(LR4 y su red) a La Razón.
La radio salía de la égida
del Estado y se quedaba en al área del gobierno.
En 1955, el
golpe de setiembre anula por ilegales los decretos que aprobaban las licitaciones
de 1954.
Otros decretos manejan la nueva situación creada y todo
el sistema pasa de nuevo al Estado.
Conclusiones:
1.- En el debate de su personería, la radio
está corporizada por “broadcasters” de raíz comercial y no
industrial. La entonces débil industria argentina no se involucra
en el área de la radio.
2.- La ausencia de esos intereses
de peso demora la definición ideológico - jurídica
de la radio y prolonga las vacilaciones en las actitudes del poder frente
a este medio.
3.- Otro poderes adoptan claras posiciones contrarias
a la radio comercial, sobre todo ante la absorción por esta área
de las inversiones publicitarias hacia fines de la década del 20.
4.- La penetración de la oferta de bienes norteamericanos y
sus novedosas técnicas de comercialización, amplía
la inversión publicitaria, tranquilizando la oposición al
modelo de radio privada.
5.- El Estado regula intermitentemente,
sin legislar, empleando un discurso opuesto a la realidad de la radio.